Jornada I
Salen Doña Beatriz, y Juana y don Luis, viejo.
BEATRIZ
¿En fin, señor, que contigo
nada han de poder mis penas?
DON LUIS
Tú, Beatriz, tienes la culpa,
porque quien a pedir llega
lo injusto, para negarlo
ya entra dando la licencia.
BEATRIZ
¿Y es injusto que tu hijo
y mi hermano a casa venga?
DON LUIS
Sí, Beatriz y porque hoy
le pongamos fin a esta
plática tan repetida,
escúchame un rato atenta.
Tu hermano, muerta tu madre,
fue con mi gusto a las guerras
del Monferrato, en servicio
del señor Duque de Lerma,
a cuya sombra sirvió
a su majestad en ellas
hasta que pasando a Flandes,
que es de la milicia escuela,
murió el duque (¡oh, quién aquí
tocar de paso pudiera
tal lástima sin que el canto
embarazase a la lengua).
En aqueste desamparo,
aunque le hizo su alteza
merced, la mayor de todas
fue dar a don Juan licencia
para venir a la corte,
atento a tener en ella
dos causas tan justas como
su pretensión y su hacienda.
Vino a Madrid, y en mi casa
le recibí con mil muestras
de amor, que aunque esté enojado,
decir que le quiero es fuerza.
Él, pues, apenas se vio
en la corte cuando llena
su vanidad de arrogancias
que le dio la soldadesca,
dejando sus pretensiones
al necio descuido y puesta
la atención toda en sus galas,
sus festejos y sus fiestas,
trató solo de sus gustos,
y esto con tanta indecencia
que sin respetar mis canas
ni tu estado y tu belleza,
hizo de sus travesuras
testigo a mi casa mesma,
ya buscándole tapadas
mil mujercillas en ella,
ya mil soldados amigos
con libertad descompuesta
hablando en su cuarto a voces
de sus travesuras necias,
y ya, finalmente, entrando
y saliendo sin prudencia
a mil excusadas horas,
como si mi casa fuera
alojamiento y no casa
a quien respetar debiera
como al fin de viejo padre
con una hermana doncella.
Reñíselo muchas veces,
a cuya reprehensión cuerda
la emienda me prometió,
mas nunca me dio la emienda.
Canseme un día con él,
y diome, en fin, por respuesta,
que él era muy grande ya
para estar a mi obediencia
tan subordinado. Yo,
con la cólera que, ciega,
a veces dice mil cosas,
de que después no se acuerda,
le dije que si pensaba
vivir de aquella manera,
mil cuerpos de guardia había
en Madrid, que a uno se fuera.
Que sí haría respondió,
y fuese, según me cuentan,
con un capitán Clavijo,
su camarada —así fuera
su cordura como son
sus hazañas manifiestas—.
En fin, don Juan no contento
con haber hecho esta ausencia,
me puso pleito a otro día,
pidiendo que le dé cuentas
de un mayorazgo, que a él
le toca, su madre muerta,
a quien yo usufructuaba,
como esposo suyo. Esta
demanda importaba poco,
pero para más ofensa,
en todas las peticiones
que da en el pleito que intenta
no se firma mi apellido
de Ayala, sino el de Leiva
materno. Yo le confieso
que el mayorazgo que hereda
por ella, tiene gravamen
de nombre y armas; mas esta
razón en otra ocasión
yo mismo el primero fuera
que así se lo aconsejara;
mas sobre disgustos muestra
que es por hacerme pesar,
puesto que poner pudiera
un nombre y otro, Beatriz,
y pensar que se desdeña
de sangre tan generosa
que refrán antiguo era
decir “quien no tiene Ayala
no tiene nada”, mi fiera
cólera aumenta tanto
que si mil siglos viviera
en mil siglos no me había
de entrar por aquestas puertas,
y así en tu vida, Beatriz,
a aquesta plática vuelvas,
sino, pues tienes ya cosas
de que cuidar, no te metas
en las cosas de tu hermano.
Por puntos mi amor espera
a don Fernando Cardona,
tu esposo con quien ya hechas
están capitulaciones
por poderes, en su ausencia.
Trata de galas y joyas,
y de don Juan no te acuerda;
estese él donde quisiere:
yo le entregaré su hacienda,
pero mire lo que hace
y a mi casa no me venga,
que le echaré, vive Dios,
por un balcón, si entra en ella.
Vase.
BEATRIZ
Espera, señor, aguarda...
Fuese sin que yo le diera
de todos aquellos cargos
por mi hermano la respuesta.
JUANA
A mi parecer, señora
de tener razón no deja.
BEATRIZ
Sí hace, pues la mayor que él
tiene es que mudarse emprenda
su apellido sin mirar
cuán vana pretensión fuera
el pedir un mayorazgo
con una cláusula expresa
faltando en los pedimentos
a las condiciones della.
¡Mas ay de mí!, bien me dijo,
que yo en esto no me meta
pues tengo de qué cuidar;
y es verdad, que de manera
siento el ver cuánto es forzoso
tomar estado, que muerta
estoy de confusas ansias,
no porque yo causa tenga
que en un átomo se oponga
de mi padre a la obediencia,
sino porque mi altivez,
mi vanidad y soberbia,
sentir entregarse a un hombre,
que nunca le he visto, es fuerza.
Ruido.
Pues..., mas mira que es aquello.
JUANA
En casa por esa puerta
que a la calle cae del Carmen,
señora, una silla entra.
BEATRIZ
Pues yo no estoy avisada
hoy de visita; quién sea
no sé.
JUANA
Quizá pasará
a esa otra calle. ¿No echas
de ver que hay de los Preciados
al Carmen correspondencia?
BEATRIZ
¡Cuántas veces a mi padre
le he dicho clave esa puerta
de enmedio y cierre este paso!
JUANA
Pues ya la dama se apea
de la silla.
BEATRIZ
¿Quién será?
JUANA
Paréceme que es aquella
que ayer quería alquilar,
señora, esta casa nuestra
del lado, que está vacía
y ella lo dirá, pues entra.
Sale Elvira.
ELVIRA
Amiga, dame los brazos.
BEATRIZ
¡Oh Elvira hermosa, tú seas
muy bienvenida!
ELVIRA
Mal puede,
aunque a verte, Beatriz, venga,
ser hoy, Beatriz, bienvenida,
quien a verte viene muerta.
BEATRIZ
La hora, el no haberme avisado
y el hablar de esa manera,
ya de algún disgusto son
más que indicios evidencia:
¿qué traes?
ELVIRA
Yo te lo diré,
pues solo a eso vengo.
BEATRIZ
Entra
al estrado.
ELVIRA
Bien estamos
aquí.
BEATRIZ
Aquesas sillas llega,
Juana; prosigue.
ELVIRA
Quedemos
a solas.
BEATRIZ
Salte allá fuera.
Vase Juana.
ELVIRA
Ya te acuerdas, Beatriz mía,
de un día que mis tristezas
se consolaron contigo,
franqueándote las puertas
a todo el murado alcázar
de mi pecho, ya te acuerdas
que te dije que la causa
de mis sentimientos era
amor, porque agradecida
a las continuas finezas
de un caballero, les di
a mis ojos más licencia
de la que debiera darles
o mi estado o mi nobleza.
No te dije el nombre entonces
ni ahora importa que le sepas,
que lo le conocerás
aunque nombrártele quiera,
que es soldado que ha muy poco
que vino a Madrid. Mi estrella,
que aunque no fuerza, Beatriz,
inclina con tal violencia
que en mí apenas se distingue
la inclinación de la fuerza,
me rindió a sus muchas partes,
que aunque defenderse quiera
una mujer cuando amor
poner sitio a un alma intenta,
volando minas de fuego
se burla de las defensas.
Dile ocasión que me hablase,
siendo la noche tercera
de mis yerros, añadidos
a los hierros de una reja.
Dejemos en este estado
nuestra igual correspondencia,
y vamos a la ocasión
que la turba y que la altera:
un caballero, que ha días
que me sirve y me festeja,
a quien yo desobligada
respondí con asperezas,
vino una noche a la calle,
y hurtando, ¡ay de mí!, la seña
a mi amante, que un celoso
no hay cosa, en fin, que no emprenda,
hizo la seña en la calle;
abrí yo, engañada, a ella
la celosía, y aun antes
que desengañar pudiera
los ojos ni los oídos,
el otro vino y como estas
cuestiones son Alcorán,
que la espada las sustenta
y no la razón, al punto
que a reconocerse llegan,
con las espadas se dan
la pregunta y la respuesta.
Yo, que confusa y turbada,
aun para cerrar la reja
acción no tuve, advertí
que al mucho ruido diversas
gentes con luz acudieron
a embarazar la pendencia.
Si ellos después se han buscado
no sé, solo sé que atenta
a darle satisfaciones
con mil rendidas finezas,
a otro día le escribí
un papel; él con la ciega
información de sus ojos,
ni le estima ni le precia.
Volvió a la calle otras noches
pero no volvió a la reja,
que con el duelo y los celos
quiso cumplir, porque vea
aquel que de allí no falta
y estos que a mí no se acerca.
Yo, pues, viendo en mis desdichas
tan culpada la inocencia
que tiene razón y no
tiene razón de tenerla,
hoy un papel le he enviado,
diciéndole que esta mesma
tarde en Atocha me espere.
Agora tu papel entra:
yo no puedo, que ya sabes
cuánto mi tía me cela,
salir de mi casa sola,
que aun esta venida piensa
que es tan a hurto que imagina
que en el cuarto de Marcela
estoy haciendo labor;
allí aqueste manto y esa
silla tomé... Lo que vengo
a pedirte, Beatriz bella,
es que esta tarde por mí
vayas en tu coche; ella
no puede salir de casa
porque se siente indispuesta,
y solamente contigo
me dejará ir. Beatriz, esta
fineza te he de deber,
mis sentimientos consuela,
mis venturas facilita,
mis desgracias lisonjea,
mis desventuras mejora
y mis ahogos alienta,
así no tengas amores,
o con ventura los tengas.
BEATRIZ
Mucho me ha pesado, Elvira,
que tan ciegamente vengas
a pedirme a mí una cosa
en que servirte no pueda.
¿Cómo quieres que en mi coche
nadie hable? ¿No consideras
cuánto soy yo conocida,
y más en parte que es fuerza
que haya tanta gente?
ELVIRA
A eso
es muy fácil la respuesta:
apearémonos del coche,
y dando a las tapias vuelta,
por el portillo saldremos
al ir a entrar en la iglesia.
BEATRIZ
¿Quieres tú que dos mujeres
en este traje que es fuerza
llevar, salgan por portillos?
ELVIRA
Disfrazarnos de manera
que nadie el traje repare.
BEATRIZ
Tú nada miras ni piensas.
ELVIRA
Hablo enamorada y tú
oyes libre.
BEATRIZ
Considera
cómo podemos salir
las dos de las casas nuestras
disfrazadas.
ELVIRA
Para eso
remedio hay.
BEATRIZ
No sé cuál sea.
ELVIRA
Leonor una amiga es mía,
de muy grande confidencia;
pasaremos por su casa,
como que vamos por ella
y allí podremos dejar,
apeándonos a verla,
estos vestidos y mantos,
tomando otros, pues es fuerza
que de su criada o suyos
a propósito los tenga,
que aun para esto viene bien
el vivir, Beatriz, muy cerca,
pues del Olivo en la calle
vive, que es aquí a la vuelta.
BEATRIZ
Tú lo facilitas todo
con tu dolor de manera
que aunque de muy mala gana
contigo iré, como adviertas
que ha de ser aquesta vez
la primera y la postrera
que de mí, Elvira, te acuerdes
para cosas como estas.
ELVIRA
Hazme hoy aquesta merced,
que después cuanto tú quieras
será.
BEATRIZ
Ahora bien, por ti iré
esta tarde.
ELVIRA
A Dios te queda.
BEATRIZ
Él te guarde.
ELVIRA
¡Ay ciego amor,
alguna piedad te deban
mis ansias!
BEATRIZ
¡Oh a cuánto obliga
tener una amiga necia!
Vanse. Salen don Juan y Leonor con manto y una criada.
DON JUAN
Licencia me habéis de dar
para que os vaya sirviendo.
LEONOR
Antes rogaros pretendo,
que os quedéis por excusar
el que no demos los dos
qué decir.
DON JUAN
Grosero fuera,
Leonor, si no me ofreciera,
habiendo visto que vos
tan sola y a pie venís,
a cumplir mi obligación
hallándome a esta ocasión,
y el reparo que advertís
en quien nos ve es excusado,
pues esta justa asistencia
es de criado licencia,
y yo soy vuestro criado.
LEONOR
¡Oh qué de cosas, don Juan,
si tan de paso no fuera,
a eso mi voz respondiera!
Baste decir que no están
de vuestros divertimientos
tan ignorantes mis penas
que no sepan, de ansias llenas,
hasta vuestros pensamientos.
Si hoy de mi casa salí
tapada a pie y sola fue
porque fui cerca y porqué
no había más gusto en mí
de vestirme y de tocarme:
si vos acaso os halláis
a esta ocasión, mal porfiais,
Don Juan, en acompañarme,
porque, si bien lo advertís,
mucho más justo sería...
DON JUAN
¿Qué?
LEONOR
Que acompañéis de día
donde de noche reñís.
DON JUAN
Yo no os entiendo (¡ay de mí!)
si más claro no me habláis.
LEONOR
¿No lo entendéis?
DON JUAN
No.
LEONOR
¿Y gustáis
de que hable más claro?
DON JUAN
Sí.
LEONOR
Pues esta noche os espero
en mi casa; allá podré
hablar más claro porqué
ahora en la calle no quiero,
que al repetir la razón
que de vuestros fingimientos
tienen hoy mis sentimientos
la cólera o la pasión
algo me obligue a decir...
Esta noche lo sabréis
si esta noche no tenéis
otros celos que reñir.
Vase.
DON JUAN
¿Quién le habrá dicho a Leonor
todo lo que ha sucedido?
Sale el capitán Clavijo.
CAPITÁN
¿De qué estáis tan divertido?
¿Son celos, pleito o amor?,
que como todo esto junto
en vos está, por no errar
la causa de ese pesar
de una vez os la pregunto.
DON JUAN
Son tan grandes mis desvelos
que con sentir el rigor
de celos, pleitos y amor
ni es pleito ni amor ni celos
lo que me entristece. ¿Hay cosa
como que ya haya sabido
el disgusto que he tenido
Leonor? Aquí muy celosa
en él, capitán, me ha hablado.
CAPITÁN
Si amar a dos no tuviera
esas pensiones ¿hubiera
tan felicísimo estado
como amar, don Juan, a dos
sin que llegara a saber
una de otra? ¿Queríais ser
el primer amante vos
que gozase sin recelos
tan virtuosa fortuna
como dar favores una
sin que otra pidiese celos?
Quitad de ahí, y persuadido
os consolad, juro a Dios,
con que el don de tener dos
en paz nadie le ha tenido.
DON JUAN
Yo amo a Elvira porque della
me ha rendido la hermosura;
yo sirvo, no sin ventura,
a Leonor, que no es tan bella,
porque es pobre doña Elvira
y casar con ella temo;
Leonor es rica en extremo,
y a esa mi atención aspira,
de modo que en competencia
sirve a las dos mi afición,
la una por inclinación,
la otra por conveniencia,
y así no mi voluntad
admira que una supiese
de otra, mas quien lo dijese.
CAPITÁN
Esa es otra necedad,
pues habiendo vos reñido
en una calle y llegado
tanta gente allí, ¿admirado
estáis de que se ha sabido?
Alguno que os conoció,
acaso se lo diría;
mas ¿dijo ella que sabía
quién era la dama?
DON JUAN
No.
CAPITÁN
¿Ni el hombre?
DON JUAN
Tampoco, que
no era hablar aquí decencia.
CAPITÁN
¿De modo que la pendencia
sabe y no más?
DON JUAN
No lo sé,
que a la noche lo dirá,
dijo; y no sé, tal me veo,
cómo esperar mi deseo
de aquí a la noche podrá.
CAPITÁN
Mirad, aunque convencido
os veáis, negad osado,
don Juan, que lo bien negado
nunca ha sido bien creído.
Dejad que hbale ella primero,
no os coja a palabras, que es
grande ignoranciia, y después
que os haya hecho el cargo entero
dad en hacerla entender
que la pendencia y pesar
fue por quereros capear,
que hoy es fácil de creer,
y ahora, por poder mejor
vencer ese enojo ciego,
vamos a ver dónde hay juego,
que es el despique de amor.
DON JUAN
Tengo un negocio que hacer.
CAPITÁN
¿Qué es?
DON JUAN
Aquí esperando estoy
de un amigo el coche, que hoy
ir a Atocha he menester.
Doña Elvira allí me espera,
que en disculparse porfía,
y yo la dije que iría.
CAPITÁN
Siendo de aquesa manera
yo también tengo que hacer.
DON JUAN
¿Pues y qué es?
CAPITÁN
Irme con vos,
porque viniendo los dos
juntos no ha de suceder
otra vez reñir sin mí.
De vuestra casa os salistes,
a mi posada os venistes;
no ha de decirse que fui
amigo como el broquel
que anda todo el año al lado
y solo el día ha faltado
que quieren servirse dél.
DON JUAN
Yo no he de ir acompañado.
CAPITÁN
Aquesa atención tuviera
su justo lugar si él fuera
el que os hubiera llamado;
pero ella ¿por qué?, supuesto
que vos sois llamado a oír
disculpas y no reñir.
DON JUAN
Con todo yo estoy dispuesto
a irme solo.
CAPITÁN
Aquí no hay duelo,
y si le hay es solo mío,
pues lo reparé, y mi brío
no consiente, vive el cielo,
con escrúpulo quedarme.
DON JUAN
Vamos, ya que en eso dais,
que el coche es el que miráis,
aunque temo ha de culparme
Elvira.
CAPITÁN
Que os culpe o no,
podéis tener por consuelo
que ninguna Elvira el duelo
sabe tan bien como yo.
Vanse. Salen Elvira y Beatriz tapadas y disfrazadas.
ELVIRA
¿Ves como no ha tenido
algún inconveniente haber venido
hasta aquí disfrazadas,
pues saliendo de casa destapadas
con habernos entrado
en casa de Leonor, a quien fiado
habemos el secreto,
mudamos traje? ¿Ves como, en efeto,
dejando del convento en esa puerta
el coche, hemos llegado hasta esta huerta,
que es donde yo le dije que estaría,
sin riesgo alguno?
BEATRIZ
Aún no es pasado el día.
ELVIRA
Grande desconfianza
es la tuya.
BEATRIZ
Es verdad, como no alcanza
mi recato estos lances, aun no puedo
en el primero haber perdido el miedo.
ELVIRA
¿Que en tu vida has tenido
pasión de amor?
BEATRIZ
Su nombre no he sabido,
y cuando le supiera
no me obligara a que este exceso hiciera.
ELVIRA
No hables tan libremente,
Beatriz, que aunque tu pecho ahora no siente
este mortal, esta rabioso efecto
de amor, está sujeto
a sentirle y llorarle, que al fin eres
de la pasta de todas las mujeres.
BEATRIZ
No so, pues que no creo
que mi altivez arrastre mi deseo,
y esto aparte dejado,
lo que mi amor, Elvira, te ha encargado,
pues por ti se aventura en semejante
trance, has de hacer.
ELVIRA
¿Y qué es?
BEATRIZ
Que ese tu amante
no sepa quién yo soy, porque de nada
te servirá.
ELVIRA
Diré, que eres criada
de la amiga de quien yo me he fiado.
BEATRIZ
¿Y a ella, di, quién soy no la has callado?
ELVIRA
Claro está.
Aparte.
(Si supiera.
que yo a Leonor la dije que ella era
la que a mí me traía,
si bien callé su nombre, ¿qué diría?
¡Oh cuánto la pesara!)
BEATRIZ
Muy tarde es y no vienen.
DENTRO
Para, para.
BEATRIZ
Un coche que ha llegado
por fuera de las tapias, ha parado
allí.
ELVIRA
Y el que se apea
es mi amante.
BEATRIZ
(¡Quién hay que mi mal crea!,
que este es don Juan). ¡Por Dios, Elvira, amiga...
ELVIRA
¿Qué tienes?
BEATRIZ
...que quien soy tu voz no diga!
ELVIRA
¡Qué turbación tan rara!
Sale don Juan y el capitán.
DON JUAN
Aunque pequeñas
luces de vos da el traje, por las señas
os conozco, y atento el pecho mío,
vine a cumplir con vos el desafío
a que he sido llamado.
CAPITÁN
Perdonad el venir acompañado,
que es porque sus temores le avisaban,
que eran, señora, dos las que esperaban.
ELVIRA
Yo, señor capitán, que hayáis venido
con don Juan agradezco; que si ha sido
preciso que sepáis las ocasiones
de sus quejas, de mis satisfaciones
es justo que seáis participante.
CAPITÁN
Para saber quién sois no es importante
satisfacerme a mí vuestro cuidado,
que bien sabe don Juan cuánto he culpado
el que él, señora, os culpe
y que a vos con vos misma no os disculpe.
Yo estoy bien satisfecho;
satisfacedle a él, y pues sospecho
que juega amor, en fin, como fullero,
mano a mano mejor que con tercero,
hacia allí me retiro.
ELVIRA
Discreto sois.
BEATRIZ
(¡Ay cielos!, ¿Que esto miro?
Pero disimular será forzoso.)
ELVIRA
La razón que tenéis de estar quejoso,
no os la puedo negar, don Juan, mas puedo
quejarme yo de tan injusto miedo
como de mí tenéis, imaginando
que esté culpada, cuando
debéis a mis tristezas
tan rendidas finezas
como vos mismo veis.
DON JUAN
Ingrata Elvira,
¿pudo, decidme, nunca ser mentira
la comprobada causa de mi queja?
¿Yo no vi un hombre hablando a vuestra reja
con vos misma?
ELVIRA
Es verdad, pero pensaba,
don Juan, que érades vos con quien hablaba.
DON JUAN
Yo siempre, Elvira, creo,
aún más que a lo que escucho a lo que veo;
aquello vi, esto escucho:
con evidencias, no sospechas, lucho,
y así, desengañarme (¡ay Dios!) no puedo.
ELVIRA
No deis voces, don Juan, hablad más quedo.
Salen don Diego y Fabio.
DON DIEGO
Dejadme, Fabio.
FABIO
Mirándoos
desta manera, don Diego,
a pie, solo, y sin color
en el campo, ¿cómo puedo
dejaros? Desde el caballo
os vi y a seguiros vengo,
porque me he de hallar con vos
hoy en qualquiera suceso.
¿Qué tenéis?
DON DIEGO
¿Qué he de tener
sino desdichas y celos?
Disfrazada sigo a Elvira,
porque del disfraz infiero
el último desengaño
de mi vida, y más si advierto
ahora, ¡ay de mí!, Fabio amigo,
en que es aquel caballero
el que en su calle me ha dado
tantos pesares y el mesmo
con quien reñí la otra noche...
ya os conté todo el suceso.
FABIO
¿Sí, mas qué pensáis hacer?
DON DIEGO
¿Pues cómo preguntáis eso?
¿Qué he de querer hacer, cuando
estoy a mi dama viendo
disfrazada hablar con otro,
sino morir?, pues no creo
que nadie que honrado fuera,
a la vista de sus celos,
pudiera jamás tener
cordura de sufrimiento.
FABIO
Pues haced lo que quisiereis,
que con vos a todo vengo.
DON DIEGO
Sois mi amigo.
ELVIRA
¿En fin, no hay
modo de satifaceros?
DON JUAN
No, mientras que yo no sepa
que de vos ese don Diego
está muy desengañado.
DON DIEGO
De mí lo sabréis más presto.
ELVIRA
¡Ay infelice!
DON DIEGO
Y de hallaros
hoy en el campo me huelgo,
donde mejor que en la calle,
vea esa dama que puedo
vengar en vos sus ofensas:
sacad la espada, otro medio
no hay en hechos declarados,
que quedar vengado o muerto.
DON JUAN
Ni yo...
ELVIRA
¡Ay de mí!
DON JUAN
Supe nunca
a tales atrevimientos
responder de otra manera.
ELVIRA
Falta a mi vida el aliento.
DON JUAN
Cayó desmayada Elvira.
BEATRIZ
¡Ay infeliz!
CAPITÁN
¿Qué es aquello?
Don Juan, a tu lado estoy,
mira si el venir fue bueno.
Métenlos a cuchilladas don Juan y el capitán.
DENTRO
¡Cuchilladas, cuchilladas!
Señor Ortiz, corra presto;
ya que en aquesta ocasión
en estas huertas nos vemos,
venga, escribirá la causa.
OTRO
Desafío es por lo menos.
BEATRIZ
¡Quién esconderse pudiera
en el más obscuro centro!
Sin saber adónde, voy
de mis desdichas huyendo.
Vase.
DON DIEGO
Muerto soy (¡ay de mí!)
CAPITÁN
Uno
ya dio consigo en el suelo.
Dentro don Fernando.
DON FERNANDO
Apéate, Roque, y tú
cuenta con las mulas, Pedro.
ROQUE
No te apees tú, señor.
¿Pues quién te mete a ti en eso?
DON JUAN
Muera este esotro.
DON FERNANDO
Aqueso fuera,
a no haber llegado a tiempo
yo, que viendo esa ventaja,
le defenderé.
TODOS
¿Qué es esto?
ALGUACIL
¡Favor aquí a la justicia!
DON FERNANDO
Retiraos, caballero,
a esa iglesia.
ROQUE
¡Que en mi vida
llegase yo a mejor tiempo!
FABIO
¿Cómo me he de retirar,
un amigo herido o muerto?
¡Vive Dios que he de morir
en venganza!
TODOS
Deteneos
a la justicia.
FABIO
Forzoso
es ya retirarme, habiendo
justicia o gente llegado.
Vase.
ALGUACIL
Sigamos al que va huyendo.
Vanse.
DON FERNANDO
Acudamos al herido
los dos, Roque.
ROQUE
¡Bueno es eso!
¿Quién mete a los dos en ser
los Tobías destos tiempos?
Vanse. Salen el capitán y don Juan.
CAPITÁN
Don Juan, estando uno herido,
y tanta gente acudiendo,
mal en esperar aquí
hacemos ya, pues que vemos
que la justicia al que huyó
sigue, vámonos.
DON JUAN
No puedo,
que está desmayada Elvira.
CAPITÁN
En aquese coche nuestro
la llevemos a su casa
alguna causa fingiendo.
DON JUAN
Dices bien.. ¿mas la criada?
CAPITÁN
Por el campo se fue huyendo.
DON JUAN
Busquémosla, no por ella
nos descubran.
CAPITÁN
Ya no es tiempo,
llévesela el diablo; corre
a toda prisa, cochero.
Vanse los dos, y salen don Fernando y Roque.
ROQUE
Señor, pues que ya al herido
han metido en el convento,
y el delincuente también,
según dicen, está dentro,
volvamos a nuestras mulas,
pues que venimos contentos
a bodas y no a pendencias.
DON FERNANDO
¡Cuánto haber llegado siento
a Madrid en ocasión
que lo primero que encuentro
es una desdicha!
Salen los alguaciles y doña Beatriz.
ALGUACIL
Pues
prender ninguno podemos,
una mujer, que esconderse
vi, cuando venía corriendo,
dirá quién son, pues por ella
juzgo que fue.
BEATRIZ
Caballero,
que vuestro valor y señas
dan claras muestras de serlo,
una mujer infelice
soy que aunque en esto me veo,
tengo mucho que perder.
Más soy de lo que parezco:
no permitáis que me prendan,
porque se aventura en esto
mucho honor y muchas vidas.
Que me deis lugar os ruego,
para que pueda tomar
un coche (¡ay de mí!) que tengo
cerca de aquí.
DON FERNANDO
Así lo haré.
Hacedme merced, os ruego
de que no la prendáis.
ALGUACIL
¿Cómo
con un desafío y un muerto,
queréis que en eso os sirvamos?
ROQUE
Muy en la razón se han puesto;
llévenla ustedes, que es justo
y guarda tú tu dinero.
BEATRIZ
Mirad que me va la vida,
y aun la vida es lo de menos.
DON FERNANDO
Ahora bien, si no queréis
por la conveniencia hacerlo,
será de otra suerte.
ALGUACIL
¿Cómo?
DON FERNANDO
Desta suerte. Escapad presto
que ninguno irá tras vos
si yo este paso defiendo.
ROQUE
Enquijotose mi amo.
BEATRIZ
Dadme ánimo y valor, cielos,
hasta que tome mi coche.
Vase.
ALGUACIL
Vaya uno y embargue luego
las mulas y las maletas.
PEDRO
Eso será si yo quiero.
Más que ellas ha de correr
quien me alcance.
ROQUE
El mozo huyendo,
con ellas vuelve al camino.
¿Venir a bodas es esto?
Vanse acuchillando.
ALGUACIL
¡Favor aquí a la justicia!
ROQUE
Iglesia me llamo, perros.
Salen Leonor y Isabel con luces.
LEONOR
¿Isabelilla?
ISABEL
¿Señora?
LEONOR
Pon unas luces ahí.
ISABEL
Ya están las luces aquí.
LEONOR
Pues salte allá fuera agora,
y advierte lo que te mando:
si antes que Elvira volviere
por sus vestidos, viniere
don Juan, dile que entre y cuando
venga Eluira por la puerta
del corredor entrará,
no vea quien aquí está;
tendrasle la puerta abierta
desde luego y dila que es
un deudo el que está conmigo,
¿entiendes bien lo que digo?
ISABEL
Sí, señora.
Vase Isabel.
LEONOR
Vete, pues,
que yo con mi pensamiento
quiero un rato descansar,
por ver si puedo apurar
lo que lloro y lo que siento.
Dos noches ha que un criado
que tarde a casa venía,
me contó cómo se había
en una pendencia hallado
de don Juan y que escuchó
a algunos que la contaban
que los que se acuchillaban
por una dama era; no
dijo la dama quién era,
pero yo, para apurar
toda el alma a mi pesar,
he de fingir de manera
que sé la dama quién es,
que él a confesarlo venga,
si no es que salida tenga
su ingenio a todo después.
Mal hice hoy en prevenir
mi enojo, que es haber dado
tiempo para haber pensado
lo que agora ha de decir.
Sale don Juan.
DON JUAN
Llevó el capitán a Elvira
a su casa, previniendo
que había de entrar diciendo
a su tía esta mentira,
que su coche se volcó
y que siendo conocida
dél, hallándola sin vida
a ampararla se ofreció.
Sus razones cortesanas
y el ir desmayada ella
pudieron satisfacella,
y yo —aunque penas tiranas
me afligen, disimulando
de igual suceso el rigor
me atrevo a hablar a Leonor,
que estoy temiendo y dudando
hasta saber si ella sabe
culpas de empeño tan grave
como hoy me han sucedido—,
vengo...
LEONOR
¿Quién es?
DON JUAN
Yo, Leonor,
soy, que no pudo mi amor
más tiempo haber suspendido
venir a veros, y así
apenas anocheció
cuando en vuestra casa yo
a entrar, Leonor, me atreví,
y aunque pudiera traerme
solo el gusto de miraros,
el deseo de escucharos
es el que hoy pudo moverme
a venir tan presto, pues
de las quejas que hoy me distes,
y para ahora remitistes,
no sé cuál la ocasión es.
LEONOR
Si vos, don Juan, la ignoráis,
yo, don Juan, os la diré,
porque pienso que la sé:
¿qué dama es una que amáis
por quien la pasada noche
reñistes?
Dentro Beatriz.
BEATRIZ
Para.
DON JUAN
A eso diera
disculpas, si no sintiera
que a vuestras puertas un coche
ha parado. Decid vos
quién viene a veros, diré
yo qué disgusto ese fue.
LEONOR
¡Oh qué distante en los dos
de la queja es la razón!
Pluguiera, don Juan, al cielo,
que tuviera mi desvelo
tan fácil satisfación
como el vuestro le tendrá.
DON JUAN
No muy fácil, si es que advierto
que habiendo la puerta abierto
que cae al corredor, ya
gente entra por ella; ver
tengo quién es.
LEONOR
Deteneos,
que sin verla, los deseos
vuestros yo satisfacer
puedo.
DON JUAN
¿Para esto, tirana,
me dijiste que viniera
a verte esta noche?
LEONOR
Espera,
que tu presunción es vana.
DON JUAN
¿Cómo si habiendo parado,
un coche a tu puerta, ya
dentro de la cuadra está
la gente que se ha apeado?
LEONOR
Escucha y después podrás
hacer cuanto tú quisieres.
DON JUAN
Pues dilo presto, si quieres
que yo te escuche.
LEONOR
Sabrás
que hoy una amiga ha venido
a mí muy enamorada
de un galán; ir disfrazada
la importó, y a mí un vestido
me pidió; yo, amiga fiel,
se le di y así estará
deshaciendo el trueco ya
que viene de hablar con él.
DON LUIS
Si no la veo, no creo
que sea verdad.
LEONOR
Desde aquí
sin que te vea ella a ti
sabrás si es verdad.
DON LUIS
(¡Qué veo!
¡Vive el cielo que es Beatriz,
mi hermana! ¿Pues cómo, cielos,
los celos de amor a celos
de honor pasan? ¡Qué infeliz
soy! Mal resistir podré
desdicha tan inhumana,
mirando que ande mi hermana
en estos lances.)
LEONOR
¿De qué,
don Juan, es la turbación?
¿No es mujer esa que ves?
DON JUAN
¡Y cómo que mujer es!
LEONOR
¿Pues de qué es la suspensión?
DON JUAN
De que lo sea; (¡ay fortuna
crüel!)
LEONOR
No veo a Elvira.
DON JUAN
(¡Ay Dios!,
¿qué haré?)
LEONOR
¿Cómo yendo dos
no ha vuelto más que la una?
DON JUAN
(Mas ¿qué discurro?)
LEONOR
El color
perdido, la voz turbada,
me deja mal informada
de qué...
DON JUAN
Déjame, Leonor.
LEONOR
¿Qué te va a ti en que haya ido
a ver, don Juan, a su amante
esa mujer?
DON JUAN
(Semejante
lance ¿a quién ha sucedido?
¿Cómo con tal sufrimiento
estoy?)
LEONOR
¿Qué es esto?
DON JUAN
No sé,
pero yo te lo diré,
cuando esta vil escarmiento
sea del mundo.
LEONOR
Considera...
DON JUAN
Ya me declaró el dolor:
morir matando es mejor,
infame, afrenta mía.
Entra con la daga desnuda y sale por otra parte huyendo Beatriz y él tras ella.
LEONOR
Espera.
BEATRIZ
Don Juan, mira que engañado
por un accidente estás.
DON JUAN
A mis manos morirás.
¿Tú disfrazada...
BEATRIZ
¡Qué airado
hoy el cielo contra mí
se muestra!
DON JUAN
...a ver a tu amante?
BEATRIZ
Poneos, señora, delante.
LEONOR
¿Pues cómo estando yo aquí,
así a mis ojos, don Juan,
con tan públicos desvelos
tenéis de otra dama celos?
DON JUAN
Para responder no están
ahora mis ansias.
LEONOR
Señora,
huid; que no le dejaré.
BEATRIZ
Si puedo huir, yo lo haré;
no entraré en el coche agora
porque en él, ¿ay desdichada!,
me hallará más fácilmente.
Si así teme una inocente
¿cómo teme una culpada?
Vase.
DON JUAN
En vano me detenéis.
LEONOR
Cierra, Isabel, esa puerta.
DON JUAN
Verela a mi fuego abierta.
LEONOR
¿Pues delante de mí hacéis
tales extremos?
DON JUAN
Leonor,
esto importa más que piensas,
no son celos, sino ofensas.
Vase los dos, ella deteniéndole, y salen Roque y don Fernando.
ROQUE
¿Y ahora qué haremos, señor,
ya que habiéndose pasado
aquel turbión te saliste
de la iglesia y no quisiste
parar allí?
DON FERNANDO
Mi cuidado
buscando, Roque, me lleva
de Leonor, que es prima mía,
la casa, porque a ella fía
mi fe que el reparo deba
de tan extraño suceso,
ya que el mozo se ausentó
con las mulas y llevó
ropa y papeles.
ROQUE
Aun eso
muy malo, señor, no fuera,
si mi sisa no llevara.
DON FERNANDO
¿Quién creyera, quién pensara
que esto a los dos sucediera,
Roque, en el primero día
que a Madrid mi amor me tray?
¡Ay de mis deseos!
ROQUE
¡Ay
negra ropa blanca mía!
DON FERNANDO
¿Sabrás tú cuál es la calle
del Olivo?
ROQUE
Sí sabré,
si me la dice alguien.
DON FERNANDO
¡Que
noticia ninguna halle
della!
ROQUE
Serán desatinos
si yo no te llevo allá.
DON FERNANDO
¿Cómo?
ROQUE
Como en ella está
la casa de los Cien vinos.
DON JUAN
Dentro.
La puerta derribaré.
DON FERNANDO
¿Qué es esto?
ROQUE
Por solo un Dios,
no nos metamos los dos
en lo que será ni fue,
pues basta una quijotada
en un día.
Sale Beatriz.
BEATRIZ
Caballero,
si acaso lo sois, yo espero
que una mujer desdichada
en vos amparo ha de hallar
siquiera por ser mujer.
ROQUE
Ahora acabamos de hacer
otro tanto; no ha lugar
vuestra petición, señora,
porque no hay maletas ya
que perder.
BEATRIZ
Mi vida está
pendiente de vos... Si ahora
un hombre tras mí saliere
desa casa, haced, por Dios,
no me siga.
ROQUE
Ya van dos.
DON FERNANDO
Para cuanto sucediere,
señora, en mí habéis hallado
favor, que soy caballero.
ROQUE
Tanto como majadero.
Sale don Juan
DON JUAN
Ya la puerta he derribado,
siguiendo a esta fiera que
porque la valga la noche
no quiso entrar en su coche...
por donde iría no sé.
BEATRIZ
Este es (¡ay de mí!) de quien
me importa ocultar.
DON FERNANDO
Aquí
hallaréis amparo en mí.
ROQUE
En mí, señora, también;
no lo ha de hacer el acero
todo; ven entre los dos
como que es acaso.
BEATRIZ
¡Ay Dios,
qué infeliz soy!
ROQUE
¡Caballero!
DON FERNANDO
¿Llámasle? ¡qué desatinos!
BEATRIZ
¡Buen socorro hallé!
ROQUE
Decí
si es acaso por aquí
la casa de los Cien vinos,
que va esta dama preñada
y ya presumo que mueve
si luego al punto no bebe
un poco de limonada.
DON JUAN
No lo sé... ¿Qué está dudando
la confusa suerte mía?
Pues ella a casa no iría
por aquí iré.
Vase.
ROQUE
Ya doblando
la esquina va.
DON FERNANDO
Ved agora
qué es lo que queréis hacer,
que hasta llegaros a ver
asegurada, señora,
sirviendoos iré.
BEATRIZ
Los cielos
os paguen tanta piedad
y que aumenten perdonad
esa merced mis recelos.
Bien pensareis que ha nacido
el huir de ser culpada,
mas solo ser desdichada
es la culpa que he tenido.
Yo huyo porque no me dan
lugar para discusparme;
y así si llego a mirarme
en mi casa, donde habrán
de oírme, segura estaré;
que allá me llevéis os pido,
que cerca está.
DON FERNANDO
Agradecido
a mi fortuna de que
esta ocasión darme quiera,
iré donde vos queráis.
ROQUE
Y no se lo agradezcáis
que esto lo hace por cualquiera.
Aquesta tarde llegó
y antes de entrar en Madrid
desde la mula advertid
que a otra mujer amparó
de la justicia, y por Dios
que pienso que ha de buscar
otra luego que amparar
en quedando en salvo vos:
amparar son sus cuidados,
y si aquí se llega a ver
cuatro días, no ha de haber
casa de desamparados.
BEATRIZ
¿Que esta tarde habéis tenido
otro empeño?
DON FERNANDO
Aqueste necio
miente, que yo no me precio
nunca de haber procedido
bien; vi una dama afligida
con la justicia empeñada
y rescatola mi espada.
ROQUE
Sí, mas contar se le olvida,
que dos maletas dejó
en prendas de una maleta,
pues entre la bulla inquieta
con ellas el mozo huyó.
DON FERNANDO
¿Quieres callar?
ROQUE
No señor.
DON FERNANDO
A ese loco no escuchéis.
BEATRIZ
En esta calle que veis
me dejad, que mi temor
seguro está, como aquí
os quedéis, por si escucháis
voces.
DON FERNANDO
Cuanto vos mandáis
me toca observar a mí.
BEATRIZ
(Pues mi hermano por aquella
calle fue, presumiría
que yo a mi casa no iría;
mi verdad me lleve a ella,
que hallarme importará allí
poco si la verdad digo,
pues él mismo fue testigo
de la parte donde fui,
que el haber huido yo
fue porque con la primera
cólera escuchar no quiso
mis disculpas). De aquí no
paséis.
DON FERNANDO
Bien segura vais
de que no seréis seguida,
señora, ni conocida
de mí.
BEATRIZ
No solo obligáis
con lo que hacéis, mas el modo
es segunda obligación.
Esto no es satisfación,
deudora quedo de todo,
pero esta joya podrá
de la maleta perdida...
ROQUE
¡Qué dama tan entendida!
BEATRIZ
...suplir la falta.
DON FERNANDO
No está
enseñado mi valor
nunca a dejarse pagar,
y yo no la he de tomar.
ROQUE
Yo la tomaré, señor.
DON FERNANDO
Aparta, loco, desvía.
ROQUE
Si por tu maleta no
la quieres tomar tú, yo
la tomaré por la mía.
DON FERNANDO
Idos, señora, y llevad
la joya, que aquí estaré
creed hasta que entienda que
estáis segura.
BEATRIZ
Quedad
con Dios, y de mi fortuna
creed finezas tan rendidas
que os busquen, si es que dos vidas
se pueden pagar con una.
Vase.
DON FERNANDO
¿Adónde vas?
ROQUE
Voy a ver
dónde entra por saber ya
casa de mujer que da
joyas.
DON FERNANDO
No lo has de saber,
que si en aquesta ocasión
vida la di y conocida
es, no la habré dado vida
si la quito la opinión.
ROQUE
Ya no se mira, señor,
y quieta la calle está.
DON FERNANDO
Pues bien podremos ir ya
la posada de Leonor
otra vez buscando.
ROQUE
Vamos...
¿Hay acaso otra mujer
que se quiera defender
antes que nos recojamos?
Jornada II
Salen don Juan y el Capitán.
CAPITÁN
Terrible estáis.
DON JUAN
¿No os parece
que tengo bastante causa,
habiéndoos dicho... mas no
queráis que vuelvan mis ansias
a afligirme, que estas cosas
decirlas una vez basta;
y aun esa, si a vos no fuera,
a nadie se la contara.
CAPITÁN
Sí, ¿más para qué es, decid,
el venir antes del alba
de vuestro padre a las puertas?
DON JUAN
Mi hermana, si es que es mi hermana
quien mal sus respetos mira,
quien mal sus decoros guarda,
hayó anoche.
CAPITÁN
Ya lo sé.
DON JUAN
Salí a la calle a buscarla,
pensando que no tuviera
osadía, y de mi fama
que a su casa se viniese;
fue lo postrero su casa
donde vine, hallela toda
quieta y las puertas cerradas,
de que inferí claramente...
CAPITÁN
¿Qué?
DON JUAN
Que della no faltaba;
no llamé porque mi padre
jamás a entender llegara
que sé saber mis desdichas
y no sé saber vengarlas,
y así, antes que él nada entienda
vengo aquí tan de mañana,
porque en abriendo he de entrar
en el cuarto de esa ingrata
para que él a un tiempo sepa
su desdicha y mi venganza.
CAPITÁN
Mirad, don Juan, que allí hiciérais
cualquiera acción, disculpada
fuera, porque lo improviso
no dio lugar de pensarla,
pero ya que los sucesos
tiempo han dado a vuestras ansias,
pensadlo mejor, don Juan.
DON JUAN
La puerta abren, allí aguarda.
CAPITÁN
Sí haré, mas quiero primero
deciros una palabra.
Estas cosas, advertid,
del honor...la frase es baja
pero no importa... mejor
se descosen que se rasgan.
No tiréis dellas, sino
poco a poco examinadlas;
alentad viendo que el peor
medio es la mejor venganza.
Vase.
DON JUAN
No lo dudo, mas no tienen
mis penas cordura tanta;
de Beatriz entraré al cuarto.
Salen Beatriz y Juana.
JUANA
¿Tan aprisa te levantas?
BEATRIZ
Sí, que no hay potro peor
que el lecho a quien no descansa.
JUANA
¿Pues qué tienes?
BEATRIZ
Si te he dicho
cuanto ayer... pero quién anda
mira allí afuera.
DON JUAN
Yo soy,
y solo el tiempo que tarda
en hallarte mi desdicha
tarde en matarte mi rabia.
BEATRIZ
Don Juan, hermano, señor,
no te arrojes, tente, aguarda,
sin oírme, que si yo
hui de ti fue porque estabas
ciego y no era allí posible
vencer la primera instancia
de tu enojo, no por verme
en un átomo culpada;
mas ya que el tiempo da tiempo
escúchame una palabra,
y si no me disculpare
contigo mismo, me mata.
DON JUAN
Tanto deseo, cruel,
que disculpa alguna haya
a tu error, que quiero oírte;
entrate allá dentro, Juana,
no hacia el cuarto de mi padre.
Di agora.
BEATRIZ
Elvira, a quien amas,
es mi amiga, ella no sabe,
don Juan, que yo soy tu hermana,
que el llamarte otro apellido
y el vivir fuera de casa
la tienen en ese error...
Vino, pues, ayer mañana
a contarme que por ella
tuviste unas cuchilladas,
si bien no dijo tu nombre,
que aun esta fue mi ignorancia,
que celoso no querías,
ni verla, don Juan, ni hablarla,
que la llevase yo a Atocha,
adonde tú la esperabas
por que de otra doña Elena
no hiciera tal confianza.
Puse mil inconvenientes,
díjome que disfrazadas
habíamos de salir
por defuera de las tapias.
Repliqué, facilitolo
con que una amiga en su casa
nos daría otros vestidos,
venciéronme, al fin, sus ansias.
Fui con ella, por más señas
de que con tu camarada
llegaste tú al mismo instante
que otro vino, las espadas
sacasteis, huyó un herido,
trujiste tú desmayada
a Elvira, quedé yo sola...
no cuento otras circunstancias...
tomé mi coche, volví,
para destrocar mis galas
en casa de Leonor, donde
te hallaste, que mis desgracias
pudieron hacerlo todo,
de suerte que si indiciada
estoy en algo es no más
en que hice a una amiga espaldas.
Si este, don Juan, es error
ríñele, mas con templanza,
como error y no delito,
pues cuando yo esté culpada
no en lo principal lo estoy,
sino en una circunstancia.
DON JUAN
Dicha has tenido, Beatriz,
en que los cielos me hayan
dado espera para oírte;
y aunque razón no me falta
para que de ti me queje
al ver que por nadie hagas
finezas mal parecidas,
mi alegría ha sido tanta
que pues no lo riño todo
no quiero reñirte nada.
Don Fernando de Cardona,
con quien ya capitulada
estás, vendrá presto, y él
sabrá mirar por su casa.
Quédate a Dios, no me vea
mi padre aquí, aunque ya es vana
diligencia.
BEATRIZ
Nada entienda.
DON JUAN
No hará.
Sale don Luis.
DON LUIS
¿Beatriz, con quién hablas?
BEATRIZ
Con mi hermano.
DON JUAN
Yo, señor
soy el que estoy a tus plantas.
DON LUIS
Pues señor don Juan de Leiva
¿qué mandáis en esta casa?
DON JUAN
No me hables, señor, así,
pues entre quien honor trata
pleitear y comer juntos
dice un adagio en España.
A saber de tu salud
y a visitar a mi hermana
he venido.
DON LUIS
No creyera
ser vos, porque no pensaba
que los Leivas se dignasen
de visitar los Ayalas.
DON JUAN
De esa queja la disculpa
tú la sabes.
DON LUIS
Basta, basta,
don Juan, no hablemos en esto.
Bien estuviera excusada
esta visita y Beatriz
también pudiera estorbarla.
BEATRIZ
A mi hermano cuantas veces
él venga a verme, yo tantas
le he de recibir, señor,
con la vida y con el alma.
DON LUIS
¿No he dicho yo que no entre
por estas puertas?
DON JUAN
Repara
en que yo en mi vida hice
contra mi honor ni mi fama
indigna acción por quien pueda
desmerecer esta entrada.
Si tú de tu casa me echas,
para vivir yo en mi casa
¿mi hacienda no he de pedir?
DON LUIS
¿Hablo yo en eso palabra?
Que la pidáis desde lejos
solo os digo.
DON JUAN
Es tan extraña
tu condición, que estorbar
quiero a tu enojo la causa.
Vase.
BEATRIZ
¿Es posible que a tu hijo
con tal despego le hablas?
DON LUIS
Yo tengo razón, Beatriz,
aunque si verdad te trata
mi amor...
BEATRIZ
Dilo.
DON LUIS
Bien quisiera
que a casa don Juan tornara,
que de Barcelona ayer
tuve, Beatriz, una carta,
y don Fernando Cardona
vendrá aquí de hoy a mañana.
No quisiera que a los dos
desavenidos hallara,
pues no es bien que sin tu hermano
el desposorio se haga.
Toma tú la mano en esto
con él y vuélvase a casa
sin que parezca que yo
lo ruego... tú allá lo traza
como a ti te pareciere.
Vase.
BEATRIZ
Yo haré, señor, lo que mandas.
Y agora que mi fortuna
de tan deshecha borrasca
puerto ha tomado, volvamos
desde la orilla a mirarla,
pues al náufrago piloto
que escapó sobre una tabla
desde el primero peñasco,
templo a quien se la consagra,
no hay lisonja como ver
en las salobres montañas
cómo las ráfagas gimen
y cómo los vientos braman...
Mas ¡ay de mí!, que si allí
nuevos bandidos le asaltan
y da en tormentas de fuego
huyendo traiciones de agua
poco a su fortuna debe,
pues la tierra y mar contrarias
convaleciendo a un peligro
dan en otro sus desgracias.
Tal de una desdicha en otra
tropezando van mis ansias,
pues cuando de dos tormentas
ha parecido que escapan
en el puerto donde llego
nuevos peligros me aguardan.
Armadas de fuego están
bandidas mis esperanzas,
y así huyendo lo que ahoga
vengo a dar en lo que abrasa.
¿Qué Santelmo, cielos, fue
aquel que puesto en gavia
en dos deshechas fortunas
se vio favorable a entrambas?
Mas ¡ay de mí!, ¿para qué
doy con tan loca ignorancia
a mi discurso la rienda
en una cosa tan vana
como discurrir agora
en obligaciones tantas?
Ni sé quién es ni a qué viene
a Madrid, y aunque obligada
huya dél, pues él ignora
quién soy yo, no seré ingrata
solicitando un olvido
pues no puedo una esperanza.
A don Fernando Cardona
mi padre de hoy a mañana
espera; suya he de ser,
déjame, memoria, basta,
no me acuerdes mis desdichas,
no me digas mis desgracias,
no me cuentes mis pesares,
no me repitas mis ansias,
pues ya sé que la mayor
que a nadie en el mundo pasa
es que una mujer, por ser
principal, admitir haya
esposo a elección ajena
y más día en que se halla
de otro muy agradecida,
y dél poco enamorada.
Vase. Salen Leonor y don Fernando.
LEONOR
Huésped que sin avisar
tarde y a deshora viene,
si mala posada tiene
de sí se podrá quejar.
DON FERNANDO
Esfera es tan singular
vuestra casa, Leonor bella,
que el sol fuera huésped della,
sin mengua de su arrebol
si ya no temiera el sol
con vos parecer estrella.
LEONOR
No con lisonjas penséis
que habéis de dejar pagada,
don Fernando, la posada.
DON FERNANDO
La merced que vos me hacéis,
tarde cobrarla podéis,
que no hay precio; solo os pido
humilde y agradecido,
supláis el atrevimiento
del haber tan desatento
a vuestra casa venido
a aquella hora y advertid,
que aquesto lo ocasionó
un lance que sucedió
a la entrada de Madrid.
Mi ropa perdí en la lid,
la justicia me seguía;
sabiendo que aquí vivía
vuestra beldad celebrada,
por no irme a una posada
con tal riesgo, prima mía,
aquí me vine, porqué
habiendo en lo sucedido
letras y cartas perdido,
es fuerza esperar a que
otras vengan, y así fue
preciso parte buscar
donde de secreto estar
unos días, que no es bien
llegar desairado quien,
Leonor, se viene a casar.
LEONOR
Aunque nuevas he tenido
de venida y casamiento,
con tan poco fundamento
de allí lo uno y otro ha sido,
que la feliz no he sabido
que merece tal estado,
y así no la he visitado
cumpliendo mi obligación.
DON FERNANDO
Sangre, hermosura, opinión
y hacienda me ha asegurado
la fama y mi padre es
de todo el mejor testigo,
porque ha sido muy amigo
del suyo; él, señora, pues,
atento a tanto interés,
lo ha tratado.
LEONOR
Si os iguala
ella en gentileza y gala,
será su beldad feliz.
¿Cómo se llama?
DON FERNANDO
Beatriz,
hija de don Luis de Ayala.
LEONOR
Por el nombre, no a saber
quién es puedo discurrir.
DON FERNANDO
Pues por aquí ha de vivir.
LEONOR
De vista bien podrá ser
que la llegue a conocer.
ISABEL
El manto está aquí.
LEONOR
Ahora dad
vos licencia, y perdonad,
porque voy a una novena...
(mejor diré que mi pena
me lleva a su voluntad
a saber de doña Elvira
qué amiga suya es aquella
que desde anoche por ella
tanto el corazón suspira).
DON FERNANDO
Mucho que pidáis me admira
la licencia que tenéis.
LEONOR
¿Vos de casa no saldréis?
DON FERNANDO
No lo sé.
LEONOR
Guárdeos los cielos.
(¡No deis tanta prisa, celos,
que presto quién es sabréis.)
Vase Leonor y sale Roque con una maleta.
ROQUE
Tan grande superchería,
solo pudiera conmigo
la vil fortunilla hacerla.
DON FERNANDO
¡Después de no haberte visto
en todo el día, es muy bueno
venir ahora tan mohino!;
¿qué traes?
ROQUE
Tu maleta traigo.
DON FERNANDO
¿Pues y esa qué causa ha sido
de enfado?
ROQUE
No traer la mía.
DON FERNANDO
¿Cómo, dime, ha parecido
una sin otra?
ROQUE
Como una
era tuya, que eres rico,
y otra mía, que soy pobre.
DON FERNANDO
¿De qué suerte lo has sabido?
ROQUE
Pues si tengo de contarlo,
escucha desde el principio.
Después que de amparados
juraste ayer el oficio,
don Quijote de prestado,
don Esplandián de poquito,
y después que aquella dama
segunda en salvo pusimos,
pues fue dejarla en la calle
dejarla donde ella dijo,
buscando los dos la casa
de Leonor, tu prima, fuimos,
y quiso Dios que la hallamos
porque un vecino lo quiso,
que nadie supiera nada
si callaran los vecinos.
Dicha fue, porque si tarda
solo un instante, imagino
que a a calle de los Negros
vamos a media con limpio.
Entraste, y por abreviar,
los episodios prolijos
tú te recogiste y yo
ni desnudo ni vestido,
sino arrojado no más
sobre mi cansancio mismo
me dormí, desperté, oí,
y viéndote a ti rendido
al sueño, salí de casa
con ánimo ambulativo
contra todos los mesones
para ver si algo averiguo
de nuestro Pedro de Mulos.
Llegueme, pues, a un corrillo
que hacia la puerta del Sol
siempre hacen, y uno me dijo
que en un mesón de la calle
de Alcalá anoche había visto
entrar tres nulas; las señas
tomo, voy y a Pedro miro
en el portal de una silla
cosiendo los entresijos;
pregunté por nuestra ropa
y él, muy hosco y muy equivo;
con un alma de demonio
y con un “¡cuerpo de Cristo!”
me respondió: “La maleta
del amo yo la he tenido,
pero la suya, perdone,
que como no tuvo aliño
de ponerla más cordeles,
en todo aqueste camino
se cayo en los trigos cuando
huyendo fui del peligro
del embargo”. Yo le dije:
“Mi maleta, Pedro amigo,
no era tan disparatada
que echase por esos trigos”.
Amohineme y amohinose,
di voces, sacó un cuchillo,
llegaron más de mil mozos
viejos en tales delitos,
y teniendo por desaire
el verme hablar con hocico
trataron de deshacerle
de suerte que por partido
tomé el volver sin maleta.
Esta es la falta que gimo,
esta es la pena que lloro,
esta es la ansia que suspiro,
esta la causa que siento,
la ocasión en que me aflijo,
la ira en que me enfurezco,
y esto hago y esto digo
porque si de carretilla
no lo acabo no habrá vítor.
DON FERNANDO
Esa pérdida no sientas,
pues habiendo parecido
letras y cartas que eran
lo que me tenía escondido,
todo lo demás es fácil
de remediar, y pues miro
que ya que esperar no tengo,
ir a ver me determino
a don Luis de Ayala, padre
de Beatriz, bello prodigio
de amor, a cuya hermosura
desde aquí por fe me rindo.
Abre esa maleta, saca
todos los papeles míos;
esta es la de don Luis
y esta al capitán Clavijo.
ROQUE
La cosa que más extraño,
de que con razón me admiro,
es que en el mundo, señor,
haya hombre tan atrevido
que se case por concierto
con quien nunca vio ni quiso.
Qué la dice a una mujer,
saber quisiera, un marido,
que sin haberla mirado
ni hablado, señor, ni escrito,
en entra en la cama con ella.
DON FERNANDO
Deja aquesos desatinos
y la casa de don Luis
pregunta, pues los vecinos
dicen que vive en la calle
del Carmen, y yo imagino
que es esta.
ROQUE
Espera entre tanto
que aquel barbero examino,
que ellos de todo su barrio
suelen tener los registros.
DON FERNANDO
Por aquí fue donde anoche
a mí aquella mujer vino;
como era a escuras no pude
ver de dónde había salido;
no debe de vivir lejos,
pues que la dejase quiso
a la vuelta desta calle...
ROQUE
No solamente he sabido
cuál es de don Luis la casa,
pero a sus umbrales mismos
estás.
DON FERNANDO
Agora conozco
que dijo bien el que dijo
que adivina el corazón.
ROQUE
Pues es el tuyo adivino
dile que haga una figura
donde me diga en qué sitio
mi maleta se cayó.
DON FERNANDO
Etra ya, loco, conmigo.
ROQUE
Persinareme primero.
DON FERNANDO
¿Entras en un laberinto?
ROQUE
¿Pues qué mayor que en la casa
de amo suegro?
Salen Beatriz y Juana.
BEATRIZ
Aquel que miro
el forastero es de quien
hablaba, Juana, contigo.
JUANA
Hasta aquí, señora, se entra.
BEATRIZ
Sin duda, me ha conocido
y viene a pedir las gracias
de las finezas que hizo
por mí.
JUANA
Necedad, señora,
era el haber presumido,
que anoche no te siguiese.
BEATRIZ
Ya no lo dudo, aunque admiro,
que entrando yo por esotra
calle haya, Juana, venido
hoy por esta otra a buscarme.
JUANA
¿Tan dificultoso ha sido
saber que en casa hay dos puertas?
BEATRIZ
Con todo, has de ver que finjo
no ser yo, en tanto que él
no se da por entendido,
que si va a decir verdad,
no siento el haberle visto.
JUANA
Si tú finges, finja yo.
¿Pues cómo tan trevido
así os entráis, caballero,
hasta aquí?
ROQUE
Como venimos
a casarnos, la primera
necedad que otros han dicho
habemos hecho nosotros.
DON FERNANDO
Perdonad, si inadvertido
hasta aquí entré porque como
os vi, juzgué por más digno
el hablaros que el llamar.
BEATRIZ
Muy vana disculpa ha sido,
que el llamar fuera a una puerta,
pero el hablar es conmigo.
¿Qué mandáis?
DON FERNANDO
(Ya de turbado
apenas sabré decirlo.)
ROQUE
(Yo lo diré.) ¿Nuestro suegro
está en casa?
DON FERNANDO
(¡Qué delirio!)
Al señor don Luis de Ayala
busco; que digáis, suplico,
si está en casa.
BEATRIZ
No está en casa,
que agora fuera ha salido.
(A mi padre busca. ¡Cielos!,
¿quién creerá que a un tiempo mismo
sentí que vino a buscarme
y que a buscarme no vino?)
¿Qué le queréis?
DON FERNANDO
Unas cartas
le traigo. (Roque, ¿tú has visto
igual hermosura?
ROQUE
(Sí,
muchas veces.)
BEATRIZ
Ya os he dicho,
que no está en casa; si a mí
queréis dejarlas, yo fío
que queden seguras.
DON FERNANDO
¿Sois
vos su hija? (Estoy perdido.)
ROQUE
(Debes de ser mi maleta.)
BEATRIZ
Su hija soy.
DON FERNANDO
(Hallé el sentido.)
ROQUE
(Así hallara yo mi hucha.)
DON FERNANDO
El saber quién sois estimo,
pero yo tengo que hablarle.
BEATRIZ
Siendo así que os vais os pido,
y volved cuando esté aquí.
DON FERNANDO
Yo me iré, si en eso os sirvo,
y aunque no os sirva en esotro,
volveré... pero mal digo,
ni me iré ni volveré,
pues desde este instante asisto
con vos porque vivo más
donde amo, que donde animo.
BEATRIZ
¡Ese estilo, caballero,
es tan nuevo en mis oídos,
que no lo entiendo (¡a los cielos
pluguiera!)... en efecto, idos,
y volved si os importare.
(¡Qué a mi pesar le despido!)
DON FERNANDO
(¡Qué a mi costa la obedezco,
porque no me determino
a cómo decir quién soy!)
BEATRIZ
(Sufrid, pensamientos míos.)
DON FERNANDO
(Alentad, mis esperanzas.)
BEATRIZ
¿No os vais?
DON FERNANDO
No acierto el camino,
quedad con Dios.
BEATRIZ
Él os guarde.
ROQUE
(¿Por qué quién eres no has dicho?)
JUANA
(¿Por qué quién es no preguntas?)
DON FERNANDO
(De turbado no he sabido
hablar.)
BEATRIZ
(De confusa no
sé lo que callo ni digo.)
DON FERNANDO
(Pero bien dices; diré
quién soy, pues a eso he venido.)
BEATRIZ
(Pero bien dices; sabré
quién es, ya que a esto me animo.)
¡Ah, caballero!
DON FERNANDO
Señora...
BEATRIZ
Pues ¿a qué volvéis? Decidlo.
DON FERNANDO
¿A qué volvéis? Declaradlo.
BEATRIZ
Yo vuelvo para deciros
que porque mi padre sepa
quién a buscarle ha venido
vuestro nombre me digáis.
DON FERNANDO
Yo volví a aqueso mismo.
BEATRIZ
Pues decid quién sois.
DON FERNANDO
No sé
quién soy ya.
BEATRIZ
¿Tan grande olvido
de vos tenéis?
DON FERNANDO
Sí, que otro
soy del que fui.
BEATRIZ
No imagino
que pueda un hombre jamás
sermotro del que había sido.
DON FERNANDO
¿Quieres ver si puede serlo?
Oye este argumento mío.
El cadáver del hombre cosa es cierto
que no es hombre, que aquel grande renombre
se debe al alma, luego si no es hombre
el que sin alma yace helado y yerto,
y yo sin alma vivo cuando advierto
una rara hermosura, no os asombre
el no ser lo que fui, pues de hombre el nombre
no le puedo tener después de muerto.
Al veros os di el alma en que vivía,
al oiros otra alma he recibido,
luego soy otro ya del que solía,
porque si al alma el ser hemos debido
y yo no tengo el alma que tenía,
es preciso ser otro del que he sido.
BEATRIZ
Que el alma informa al hombrer es asentado,
mas cuando a oír vuestro argumento llego,
estaros obligada es lo que niego
pues me habéis con lisonjas agraviado,
porque si yo de un alma os he privado
y de otra nueva os he informado luego
no hacéis mucho en pintaros de amor ciego
si me amáis con el alma que os he dado.
¿No fuera mayor fe, mayor fineza
ser el que érades antes de mirarme?
Debiéraos ese afecto mi belleza:
sí, porque es ofenderme y no obligarme
el haber de mudar naturaleza
y no ser lo que fuisteis, para amarme.
Esto, porque no quedéis
muy vano y desvanecido
del argumento, respondo,
no porque sé los estilos
de amor; y volviendo al caso
o decid quién sois o idos
sin decirlo, porque a mí...
DON FERNANDO
De todas suertes, señora,
quedo de vos convencido,
y así decid al señor
don Luis...
Sale don Luis.
DON LUIS
¿Qué es esto que miro?
¿Quién con Beatriz está hablando?
DON FERNANDO
...que es el que a buscarle vino
don Fernando de Cardona.
DON LUIS
No habrá menester decirlo
ella, que yo con los brazos
y con el alma os recibo.
BEATRIZ
(¿Don Fernando? ¿Hay mayor dicha,
que ser el esposo mío
a quien la vida le debo
y a quien el alma le rindo?)
DON FERNANDO
Ya, señor, que mi fortuna
a vuestros pies me ha traído,
en tanto que aquestas cartas
de mi padre leéis, os pido
me deis licencia de que
postrado, humilde y rendido,
idólatramente adore,
de amor extranjero indio,
el sol de tanta hermosura.
BEATRIZ
Ese rendimiento es mío.
Muy bienvenido seáis.
DON FERNANDO
Forzoso es ser bienvenido
quien viene a ser vuestro esclavo.
ROQUE
Yo habré de decir lo mismo,
que fuera gran disparate
perder por inadvertido
esta ocasión de besar
este terso, claro y limpio
copo de animada nieve.
BEATRIZ
Levantad del suelo os digo.
ROQUE
En dándome vos la mano.
DON FERNANDO
Quita, necio.
ROQUE
¿Este es delito
u obligación?
DON LUIS
Juana, al punto
el cuarto que prevenido
está al señor don Fernando
se aderece. Del camino
vendréis cansado.
DON FERNANDO
Ya hallé
a todo el cansancio alivio.
DON LUIS
¿Cómo queda vuestro padre?
DON FERNANDO
Bueno y a vuestro servicio.
DON LUIS
¡Oh, allá en muestras mocedades
y qué amigos los dos fuimos!,
y ahora más, pues que con vos
deudo la amistad se hizo.
DON FERNANDO
¿El señor don Juan...?
DON LUIS
No debe
de haber tal dicha sabido...
y todo esto es cumplimiento,
un hidalgo muy prolijo...
BEATRIZ
Entrad, señor, a serviros
desta casa.
DON FERNANDO
Aunque de vos
tan grande merced admito
es fuerza que a despedirme
vuelva (¡ay bello dueño mío!)
de una deuda en cuya casa
me apeé.
DON LUIS
¿Luego delito
tan grande contra mi amor
habéis hecho como iros
antes a otra casa?
DON FERNANDO
Fue
entonces, señor, preciso.
DON LUIS
¿Preciso siendo esta vuestra?
Mal disculparos conmigo
podréis. Agravio me hicisteis.
ROQUE
Yo juraré que no hizo,
porque no se había de entrar
en casa de un suegro rico
un yerno a pie, sin camisas,
cartas, letras y vestidos.
DON FERNANDO
No le oigáis, que este es un loco;
dirá dos mil desatinos.
ROQUE
Sí diré, pero tendré
mucha ocasión de decirlos.
DON LUIS
¿Pues qué es esto de maletas
y cartas?
ROQUE
¿Pues no venimos
en ocasión que a dos damas
sacamos de dos peligros?
Pero tales eran ellas
¡oh, puercas, fuego de Cristo!...
y aunque vencimos con todo
¿el bagaje no perdimos
en la demanda?
DON FERNANDO
No oigáis,
señor, tan grandes delirios.
BEATRIZ
(Bien me entra aqueste criado;
¡si supiera que yo he sido!)
DON LUIS
Ahora bien, si habéis de ir
de esa casa a despediros,
mirad que a comer espero.
DON FERNANDO
Volveré al instante mismo.
(¿Hay hombre más venturoso
que yo?)
BEATRIZ
(¿Hay mujer ni ha habido
más felice?)
DON FERNANDO
(¡Qué hermosura!)
BEATRIZ
(¡Qué talle!)
DON LUIS
(¡Qué ingenio y brío!)
ROQUE
(¡Qué sisa tan mal lograda!
¡Perdí todo el caudal mío!)
DON FERNANDO
(¡Albricias, cielos, Beatriz
es de amor hermoso hechizo!)
BEATRIZ
(¡Cielo, albricias, don Fernando
es a quien el alma rindo).
Sale Elvira y Leonor con mantos.
LEONOR
Yo vengo a saber quién es
aquella gallarda dama
tu amiga.
ELVIRA
Beatriz se llama
de Ayala; ¿qué tienes, pues,
con ella?
LEONOR
(¿Qué escucho? ¡Ay Dios!)
ELVIRA
Don Luis de Ayala...
LEONOR
(¿Hay fortuna
tal?)
ELVIRA
...su padre es.
LEONOR
(Truje una
ocasión y ya son dos)
Esto sabido, me di
¿cómo anoche no volviste
a mi casa y te veniste
a la tuya, sin que allí
te vistieses?
ELVIRA
Como fue
un suceso bien extraño:
ocasionado ha un gran daño.
LEONOR
¿Pues qué hubo?
ELVIRA
Ya te conté
cómo aquella amiga mía
de mi casa me sacó,
y cuán a mi pesar yo
ayer con ella salía.
Fuimos, como vistes, pues,
a tu casa, allí dejamos
los vestidos y tomamos
otros; llegamos después
al campo y un caballero
su amante a quien iba a hablar
quiso apenas entablar
sus quejas, cuando al primero
discurso llegó celoso
otro, sacaron la espada,
y yo entonces desmayada
a un lance tan peligroso
caí en tierra; desde allí
en un coche me trujeron
gentes que me conocieron
y por eso no volví.
LEONOR
Pues sabe, Elvira, que aquella
dama amiga tuya (¡ay Dios!)
no solo tiene esos dos
caballeros que por ella
allá en el campo riñeron,
pero tiene otro, que es quien
riñó con ella también
en mi casa... Tales fueron
sus engaños.
ELVIRA
¿En tu casa?
LEONOR
Esa es la rabia que tengo
y en lo que yo a hablarte vengo.
ELVIRA
¿Pues cómo?
LEONOR
Oye lo que pasa.
Yo, Elvira amiga, he querido,
mal dije he querido, quiero
a un gallardo caballero,
de quien habiendo tenido
celos anoche (¡ay de mí!)
supe que esa dama era
su dama.
ELVIRA
¿De qué manera
lo averiguaste?
LEONOR
Oye.
ELVIRA
Di.
LEONOR
Díjele que anoche fuese
a verme y a tiempo entró
que esa tu amiga llegó
para que se deshiciese
el trueco de los vestidos;
entró por el corredor;
coche, pasos y rumor,
encendieron los sentidos
de mi amante en viva llama
soplada mal de los celos;
yo por quitar sus recelos
dije como era una dama
la que a mi casa venía,
y el suceso le conté.
No satisfecho de que
verdad aquello sería,
quiso verla; siguió, pues,
a la cuadra, cuando al verla
tanto sintió él conocerla
que atrevido y descortés,
sin ver que yo estaba allí,
desatinado y furioso
hizo extremos de celoso.
ELVIRA
¿Delante, Leonor, de ti?
LEONOR
Con esto me traen a hablarte
dos causas; una, a saber
quien es aquesta mujer;
ya lo sé; la otra a rogarte,
que pues sois las dos amigas,
a la mira, Elvira, estés
de su amor, porque después
cuanto pasare me digas,
que busco los desengaños
por no morir de los celos.
ELVIRA
Yo, Leonor, procuraré
saber desde aquí adelante
cuanto a Beatriz con su amante
pase; pero no podré
cuidadosa y advertida
hablar con ella después
si de quién el galán es
no me doy por entendida.
LEONOR
Don Juan de Leiva se llama;
tú no le conocerás,
porque habrá un año no más
que vino aquí.
ELVIRA
Que es su dama
Beatriz, que tú estás celosa
della me basta saber
para lo que yo he de hacer.
LEONOR
Débate yo, Elvira hermosa,
saber en qué estado está
este amor.
ELVIRA
Digo que haré
mil diligencias, porqué
es empeño propio ya.
LEONOR
Pues la palabra me das
de lo que por mí has de hacer,
quiero a doña Elena ver,
tu tía.
ELVIRA
Muy bien harás,
que sabe que estás aquí.
LEONOR
¿No entras?
ELVIRA
(¿Hay quién mi mal crea?)
Para que más breve sea
la visita, entra sin mí.
LEONOR
A mí también me ha importado,
porque tengo un huésped.
ELVIRA
¿Quién?
LEONOR
Cierto primo, que es también
en todo esto interesado.
[Vase.]
ELVIRA
Yo lo soy en que el dolor
reviente en voces deshecho;
esto que me aflige el pecho,
no es posible que es amor;
celos sí, pues dura estrella
caerá que suerte infeliz
tiene Leonor en Beatriz,
tengo yo con Beatriz y ella.
[Vase.] Salen don Juan y el capitán.
DON JUAN
Pues ya de mí se retira
el cuidado del honor
y no está en casa Leonor,
sepamos de doña Elvira
con la ocasión de saber
en qué el desmayo paró
con que la trujisteis... No
hay, capitán, que temer
el entrar en cortesía
a verla.
CAPITÁN
Mucho me espanto,
don Juan, que no sepáis cuánto
es de temer una tía.
DON JUAN
Entrad y de mis deseos
entienda ella las porfías.
CAPITÁN
Voy, válgame Matatías,
padre de los Macabeos.
Pero esperad, que aquí Elvira
en esta cuadra se ve
primera.
DON JUAN
Yo llegaré
a hablarla, pues no se mira
aquí nadie. Elvira hermosa,
tanto ha sido el sentimiento
de tu desmayo, que atento
a tu salud, no reposa
mi deseo hasta saber
entrando aquí cómo estás!
ELVIRA
Traidor, no me digas más;
que hombre que pudo tener
anoche cuando sin vida
me trujo aquí desmayada,
la pasión tan desahogada,
la pena tan divertida
que le quedó gusto (¡ay cielos!)
para ver a su Leonor,
donde buscando un favor,
tropezó con unos celos,
no me hará creer ahora,
que aquí a venir le ha obligado
de mi salud el cuidado.
CAPITÁN
(¡Vive Dios que nada ignora!)
DON JUAN
(¿Hay hombre más infeliz?)
ELVIRA
Di, ¿a qué has venido, traidor?
¿A dar disculpa a Leonor
de los celos de Beatriz?
DON JUAN
Escucha, Elvira... sabrás....
ELVIRA
¿Qué he de escuchar ni saber,
si esto he llegado a entender?
DON JUAN
El grande engaño en que estás.
¿Tú sabes quién es aquesa
Beatriz que has nombrado?
ELVIRA
Sé,
que es una beata que
grande clausura profesa,
pues para ir conmigo ayer,
grandes escrúpulos hizo
y nada la satisfizo
de mi amante proceder,
siendo así que fue celosa
a averiguar nuestro amor,
y luego en cas de Leonor
la halló tu pena amorosa.
DON JUAN
Aunque aquí mi voluntad
sentir, Elvira, debiera
ese enojo, es de manera
el gusto de esa vedad,
que antes que llegue del daño
la queja a satisfacer,
te tengo de agradecer
tan felice desengaño,
porque Beatriz es...
ELVIRA
No quiero
escucharte.
DON JUAN
Elvira, mira...
ELVIRA
Ya sé que será mentira
cuanto digas; tarde espero
satisfacerme de aquestas
quejas; no hables, ve presto.
DON JUAN
Oye.
ELVIRA
No he de oír.
Sale Elvira.
LEONOR
¿Qué es esto?
CAPITÁN
(Cayose la casa a cuestas;
¿esto estaba acá escondido?)
ELVIRA
(¿Cómo pudiera, ¡ay de mí!,
desvelar ahora, que aquí
por mí don Juan ha venido?)
¿Pues qué ha de ser, sino que
te viene ese hombre a buscar
y porfía en que ha de entrar
en mi casa?
LEONOR
¿Tanta fue,
don Juan, vuestra demasía,
que de atrevimientos llena
dais voces en casa ajena?
¿Pues no bastaba en la mía?
Lo que anoche sucedió
en ella bien excusaros
pudo de buscarme, y daros
desengaño de que yo
en mi vida os he de oír
ni os he de hablar ni he de ver,
y así pudiérais tener
biem excusado el venir
buscándome, y pues que vos
siguiendo a ota me dejáis,
detenle, Elvira, por Dios.
Vase.
CAPITÁN
Aún queda la duda en pie.
ELVIRA
Sí haré; yo le detendré.
¿Veis cuán declarada está
la traición de vuestra fe?
Leonor se queja de vos,
y si ella en tales desvelos
siente tener unos celos,
¿qué haré yo, don Juan, con dos?
Ni me habléis ni me veáis
ni estos umbrales piséis,
ni a mis balcones miréis
ni disculpas me escribáis,
porque siempre habéis de hallarme
con la razón que hoy me ofendo.
Vase.
CAPITÁN
“Ni preguntes en qué entiendo
ni quién viene a visitarme”
se le olvidó.
DON JUAN
¿Habrá paciencia
para tanta confusión?
¿Qué haré?
CAPITÁN
Amar por elección
una, otra por conveniencia.
DON JUAN
¿Ahora os burláis, cuando veis
lo que sucediendo está
por mí desde ayer acá?
CAPITÁN
¿Pues no, don Juan? ¿Qué queréis?
¿Que yo me aflija por eso?
Aflíjase el que está herido;
en fin, dél no hemos sabido
DON JUAN
¿Que os acordéis del suceso,
sino el que ahora ha pasado?
CAPITÁN
Pues en lo que os importó
más, don Juan, siempre quedó
vuestro honor asegurado,
que es en cuanto a vuestra hermana,
no os dé lo demás desvelos,
que damas que piden celos
darán favores mañana.
Vanse. Salen don Fernando y Leonor.
DON FERNANDO
No te sabré encarecer
sin que toque en grosería
que delante de una dama
de otra alabanza se diga,
cuánto estoy desvanecido,
Leonor, bella prima mía,
de haber ya visto a mi esposa,
porque es una docta cifra,
donde la naturaleza
redujo a copia sucinta
de su estudio los designios,
y de su pincel las líneas:
¡qué beldad; qué entendimiento!
LEONOR
Mucho siento que me digas
apasionadas finezas
de esa beldad peregrina,
porque no fuera quien soy,
ni tu ilustre sangre altiva
generosamente noble
ardiera en las venas mías,
Fernando, si te callara,
viendo que tu honor peligra,
que no es Beatriz tan perfecta
como tu agora la pintas,
pues no hay perfecta hermosura,
si bien al alma examinas,
donde perfecta virtud
falta, y...
DON FERNANDO
Calla, no prosigas,
que si hoy, Leonor, ignorabas
quién era Beatriz divina,
desde un hora acá no puedes
saber, si no es de la envidia,
tan maliciosas sospechas,
tan sospechosas malicias.
LEONOR
Desde una hora acá he podido
saber lo que no sabía,
y Beatriz de Ayala, que es
de don Luis de Ayala hija,
al ser quién es ha acudido
tan mal, que yo, que yo misma
testigo, sin conocerla,
he sido de alguna indigna
acción para ser tu esposa;
y basta que esto te diga;
si no quisieres creerlo
esta es obligación mía;
tú sabrás cuál es la tuya;
y antes que te cases, mira
lo que haces y no me apures
a que más señas repita,
porque te enviaré a don Juan
de Leiva que te lo diga.
Vase.
DON FERNANDO
¿Habrá rayo más violento,
ponzoña habrá más impía,
más riguroso puñal,
pistola más vengativa,
que una palabra? No, que es
rayo que culebras vibra,
ponzoña que asombros vierte,
puñal que el aliento quita,
pistola que escupe horrores.
Leonor, ¡ay Dios!, no diría
lo que no supiese, no,
fuera que en cosas tan vivas
no es necesario que sea,
pues que basta que se diga.
¡Oh, nunca viera a Beatriz,
nunca su beldad divina
se hubiera tanto lugar
hecho en mí!; mas si venía
con nombre de dueño ¿quién
se resistía a su vista?
¡Oh, nunca a don Luis hablara
ni supiera mi venida!
Llegárame el desengaño
a tiempo...mas no sería,
no, si a tiempo me llegara,
desengaño, sino dicha.
¡Qué mal de uno de dos daños
hoy mi pundonor se libra!
O casarme con sospechas,
cosa a quien soy tan indigna,
o haber de decirle yo
a don Luis, rara osadía,
que no me quiero casar
ni me está bien, con su hija.
Uno y otro es imposible...
Pues medio el ingenio finja
para que lo uno no haga,
para que lo otro no diga...
¿Cuál será?
Sale Roque.
ROQUE
¿Señor, agora
en suspensión tan prolija
estás? ¿Sabes que tu suegro
te espera con la comida?
DON FERNANDO
Solo sé, Roque, que fui
desdichado.
ROQUE
¿Qué desdicha
te ha sucedido?
DON FERNANDO
No sé;
pero luego muy aprisa
vuelve a poner las maletas.
ROQUE
Pondré la tuya, la mía
¿cómo la pondré, que no
se pone lo que se quita?
DON FERNANDO
Pues pon la mía, que solo
el tiempo en que me despida
de Don Luis, tengo de estar
en Madrid.
ROQUE
Pues...
DON FERNANDO
Nada digas.
ROQUE
¿No te pareció Beatriz
hermosa?
DON FERNANDO
¿Qué me replicas?
ROQUE
No replico, sino alabo,
que ¡vive Dios que es muy linda!
DON FERNANDO
Es verdad, mas yo he de irme.
ROQUE
Vamos, señor, pero mira
que ahora vamos por la calle;
no vayas con tanta prisa,
que echan de ver los que pasan
que suegros umbrales pisas...
Ve despacio.
DON FERNANDO
¿Cómo puedo,
que no es mi voluntad mía?
Salen don Luis, Beatriz y Juana.
DON LUIS
Ya os acusaba, Fernando,
mi amistad la rebeldía,
¿cómo habéis tardado tanto?
DON FERNANDO
Aun agora no querría,
señor, haber vuelto a veros,
porque por mí no se diga
que del día del pesar
es víspera la alegría.
DON LUIS
¿Pues qué ha sucedido?
BEATRIZ
(Ya
su daño el alma adivina.)
DON FERNANDO
De un pariente me ha alcanzado
un propio con quien me avisa
que está acabando mi padre,
de un accidente y que asista
es fuerza a vida y hacienda,
y así habré con toda prisa
de volverme a Barcelona.
DON LUIS
Del señor don Juan la vida
mucho importa, pero ya
a violencia tan impía
tarde llegaréis; y en cuanto
a la hacienda no peligra
veinte días más o menos,
y así mi voto sería
que esperéis segundo aviso
y entre tanto...
BEATRIZ
(¡Oh suerte impía!)
DON LUIS
...os desposéis.
DON FERNANDO
No, señor;
para ausentarme sería
excusado el desposarme;
yo volveré a toda prisa.
DON LUIS
Si eso os parece mejor;
nada mi voz os replica,
solo os aduierto que usamos,
don Fernando, acá en Castilla,
que un novio hasta que se case
dentro de casa no viva.
Ven, Beatriz, y nada desto
a don Juan tu hermano digas,
que pienso que de otra suerte
lo tomen sus bizarrías.
Vase.
BEATRIZ
¿En fin, os vais?
DON FERNANDO
Sí, señora.
BEATRIZ
¿Qué os obliga?
DON FERNANDO
Esto me obliga.
BEATRIZ
¿No más?
DON FERNANDO
No sé.
BEATRIZ
Pues no os vais,
si no lo sabéis.
DON FERNANDO
Sería
peor saberlo.
BEATRIZ
Quizá no.
DON FERNANDO
Todos hablamos enigmas;
yo he de irme.
BEATRIZ
Idos con Dios.
Desagradole mi vista;
aquí de mi presunción
y de la vanidad mía:
¿hombre que me vio se ausenta?
Juana, en tanto que yo escriba
dos papeles, ponte el manto;
disfrazar sabré mi firma
y letra de dos maneras;
y envuélveme seis camisas
de las que están para él hechas,
en la toalla; ve deprisa,
llámame a Inés.
[Vanse.]
JUANA
¿Qué intentas?
BEATRIZ
Desagraviar, Juana amiga,
la opinión de mi hermosura,
obligando a quien me olvida
a que se muera de amor.
JUANA
¿Cómo?
BEATRIZ
El suceso lo diga.
Vanse las dos.
ROQUE
¿Señor, qué propio es aqueste
que nosha venido en cifra?
DON FERNANDO
No has menester tú saberlo.
ROQUE
¡Oh, bien haya la poesía
cómica, que a los criados
nada calla!, pero mira
que nos vamos sin comer
y que en casa de tu prima
habrán comido.
DON FERNANDO
¿Qué importa?
ROQUE
Ser lo del perro de Olías,
que por hallarse en dos bodas
fue a Cabañas con gran prisa
y en llegando habían comido,
y volviéndose a su villa
habían comido también...
Comamos, pues...
DON FERNANDO
¡Qué porfía
tan de hombre bajo!
ROQUE
Los reyes
son altos y comen.
DON FERNANDO
Ira
de honrados celos, no tanto
me atormentes ni me aflijas;
a tiempo has llegado; pues
te obedezco ¿qué porfías?
Ya voy huyendo, ¿qué quieres
de un alma que tan rendida
al torpe altar de tu bulto
su esperanza sacrifica?
Salen por una puerta un escudero, y por otra Juana con un azafate cubierto.
ESCUDERO
¿Caballero?
DON FERNANDO
¿Qué mandáis?
ESCUDERO
Aparte hablaros querría.
JUANA
Hidalgo.
ROQUE
¿Es a mí?
JUANA
Sí, a vos.
ROQUE
¿Pues qué mandáis, reina mía?
ESCUDERO
Tomad este y la respuesta
es lo que en él se os avisa.
JUANA
A vuestro amo este papel
dad y aquesta niñería.
DON FERNANDO
¿Cúyo es el papel?
ESCUDERO
No sé.
ROQUE
¿Pues quién es la que lo envía?
JUANA
El papel lo dirá.
ESCUDERO
Nada
preguntéis.
JUANA
Nadie me siga.
DON FERNANDO
¿Qué es esto, Roque?
ROQUE
Una enigma:
aqueste papel me han dado,
y en esta bandeja india
para ti no sé qué alhaja.
DON FERNANDO
A mí otro papel me envían
de otra parte y yo no sé
que haya en Madrid quien me escriba;
este leo. “Los deseos
de un alma, que agradecida
se reconoce, mañana
os ruegan que vais a misa
a la Merced. Dios os guarde.
La dama de la justicia.”
ROQUE
¡Ay señor, ya sé lo qué es
lo que aquesta solicita!
DON FERNANDO
¿Qué?
ROQUE
Como te vio sacar
doblones en la bolsilla,
está muy enamorada;
siempre vi yo que debía
de ser aquella mujer
de guisa baja. Ahora mira
estotro papel, que pienso,
que es de mujer de alta guisa.
DON FERNANDO
“Ya que anoche no quisisteis
tomar una joya mía,
la falta de la maleta
suplan ahora esas camisas,
en tanto que se hacen otras
y doy lugar a la vista.
La dama de los Cienvinos.”
ROQUE
Siempre vi yo que sería
aquella grande señora,
que esa es una gran familia
¿mas sabes lo que imagino?,
que viene errada esa firma;
“la dama de la piedad”
es lo que decir debía,
puesto que se firma la otra,
la dama de la justicia,
pero bien que este regalo
para mí es.
DON FERNANDO
¿De qué lo indicias?
ROQUE
La falta de la maleta
dice que supla y lo envía
a ese fin; luego a mí viene,
pues en aquesta obra pía
no hay que suplir en la tuya
y hay que suplir en la mía.
DON FERNANDO
¿Quién vio más raro suceso?
ROQUE
¿Y qué es lo que determinas?
DON FERNANDO
No sé, que son muchas cosas
las que hoy me pasan; camina
a la posada, salgamos
de pesares y desdichas,
de disgustos y lisonjas,
de agravios y de caricias
pensando qué hemos de hacer
mañana, pues en la enigma
de mi fortuna no hay
más consuelo ni más dicha,
que pensar que a bien o mal,
mañana será otro día.
Jornada III
Salen doña Beatriz, Juana y Inés con mantos.
JUANA
¿No me dirás qué es, señora
tu pensamiento?
BEATRIZ
Sí haré,
aunque es tal que hay muy poco,
Juana, que decir en él.
Con don Fernando Cardona
(¡ay Dios!) me capitulé
por poderes, ya lo sabes,
en su ausencia; vino, pues,
a Madrid, en ocasión,
que pudo una y otra vez
darme y quitarme la vida;
mas esto sabes también,
vamos acortando lances:
viome y hablome y aunque
al principio se mostró
galante, fino y cortés,
volvió de un instante a otro
mudado, dando a entender,
que le importaba volverse
a su tierra. No dudé
que podía ser verdad
la causa que dio, si bien
ni propio ni carta vimos.
Toda aquella prisa, pues,
pudo en mi padre y en mí,
viendo, que no quería hacer
el desposorio, engendrar
claras sospechas de que
mi persona, Juana, no
le había parecido bien.
A esta primera malicia
yo añadí la de temer
si es que le han dicho de mí,
o lo ha sospechado él,
que fui la que socorrió,
y en estas dos cosas es
fuerza estar interesados
o mi honor o mi altivez.
Si por sospechas me deja
que de mí llegó a tener,
en que fui la que libró,
conviene a mi honor que dé
tiempo en que pueda su engaño
llegarse a satisfacer
de la verdad, que no ha de irse
con sospecha tan cruel.
Si de mí desagradado
se va, conviene también
a mi vanidad hacerle
que a mi amor rendido esté,
y para lo uno y lo otro
me ha importado suspender
su partida y ya no quiero
llegarme, Juana, a valer
de otra razón sino solo
de que agradecida dél
he pasado a enamorada
y le quiero detener
por ver si puede un engaño
lo que no puede una fe.
Tres cosas hay que a los hombres
enamoran; esto es,
la hermosura o el ingenio
o el alto empleo; porqué
la hermosura rinde al gusto,
la alma al ingenio y después
lo ilustre a la vanidad,
y así, desde hoy he de ser
quien soy dentro de mi casa,
procurando disponer
que me vuelva a ver en ella;
tapada como me ves,
en la calle una entendida,
que con arte bachiller
le divierta; y en fin, una
grande señora después
de noche, con una traza
le he de hablar, porque ya que
mi hermosura no le agrade,
mi ingenio lo pueda hacer
o su vanidad; y así,
he de doblar mi papel
con esta farsa de amor,
siendo una y haciendo tres.
JUANA
¿Cómo puede durar eso?
BEATRIZ
Como dure hasta saber
yo en qué topa el irse, basta.
JUANA
Pues ya viene hacia aquí él,
que es donde tú le dijiste.
BEATRIZ
Pues retírate tú, Inés,
y estando hablando conmigo,
llegue a darle ese papel.
Vase Inés y salen don Fernando y Roque.
ROQUE
¿En fin, que nuestra partida
se suspendió?
DON FERNANDO
Por saber
quién es, Roque, aquesta dama
que me busca, y para qué,
lo he dilatado por hoy.
ROQUE
Ya me he dicho yo quién es
y para lo que te busca.
DON FERNANDO
¿Tú?
ROQUE
¿Pues no te dije ayer
que es una pataratera
que se enamoró por ver
que eres hombre de bolsillo?
DON FERNANDO
¡Qué siempre en la tema estés
de ese humor!
ROQUE
¿Quieres ver cuánto
lo estoy? El alma pondré
que eran fingidas aquellas
cuchilladas de antiyer
por agarrar mi maleta,
y que está ya en su poder...
y aquesto aparte dejado,
si nuestro suegro nos ve
¿qué le hemos de decir?
DON FERNANDO
¿Luego
nos ha de topar?
BEATRIZ
Ce, ce,
caballero...
ROQUE
Con ce llaman,
grande amiga de la de,
que siempre vivieron juntas.
DON FERNANDO
Puntual vengo a saber
en qué os sirvo, que no dudo
ser, pues llamado me habéis,
vos la que venir aquí
me ha mandado.
BEATRIZ
Cierto es
ser yo la que os suplicó
vinierais aquí, porqué
de vos muy agradecida,
quisiera satisfacer
en parte la obligación,
y el mejor estilo fue
del acabar de pagar
empezar a agradecer.
DON FERNANDO
En obligación ninguna
me estáis; y así no me deis
gracias, que no hice por vos
ninguna fineza, pues
no os conocí; por mí mismo
hice lo que hice.
BEATRIZ
Ya sé,
que quien por sí obra no obliga,
porque es premio el obrar bien
del valor; pero no dudo
tampoco que si después
aquel obrar bien resulta
en mi provecho ya es
mía la deuda; y así,
cuando vos por vos obréis
y no por mí, a mí por mí
y no por vos, yo también
conocida y obligada
obrar me toca, conque
vos por vos y yo por mí
quedaremos todos bien.
ROQUE
Y pregunto, reina mía
¿es muy discreta vusted?
JUANA
Y vuesamerced, pregunto,
¿es muy valiente, mi rey?
ROQUE
¿Por qué lo dice?
JUANA
Lo digo
porque si es querer saber
si soy discreta el mirar
cuánto mi ama lo es,
al ver yo cuánto es valiente
su amo, pregunto también
si lo es uced.
ROQUE
¿No me viste
en la ocasión?
JUANA
Sí, correr...
ROQUE
Distinguo: ¿atrás o adelante?
BEATRIZ
A esto me obligó el saber
quién sois y a qué habéis venido
a Madrid.
DON FERNANDO
Yo os lo diré:
don Fernando de Cardona
soy, un caballero...
BEATRIZ
Bien
el apellido lo dice.
DON FERNANDO
A lo que aquí vine fue
a una pretensión, y apenas
con ella a Madrid llegué
cuando volver me ha importado.
BEATRIZ
¿Tan presto? Novedad es,
que suele estar muy despacio
el que viene a pretender.
DON FERNANDO
Eso es el que conseguir
espera; pero yo hallé
el desengaño tan presto,
que no he de esperar.
BEATRIZ
¿Por qué?
DON FERNANDO
Porque he sabido que hay
otro pretendiente a quien
favorece más la dicha.
BEATRIZ
¿Vistelo vos?
DON FERNANDO
Lo escuché
de alguien que no me mintiera.
BEATRIZ
Pues no así desconfiéis,
que hay desengaños que son
engaños y puede ser
que el desengaño os esgañe,
que aun aquello que se ve,
cuanto más lo que se oye,
nos suele mentir tal vez.
DON FERNANDO
¿Lo que se ve mentir puede?
BEATRIZ
Sí.
DON FERNANDO
¿De qué suerte?
BEATRIZ
Atended.
Nada a nuestra vista ha sido
más claro que el agua bella
siendo así que dentro della
la claridad ha mentido.
Muchos ejemplos ha habido:
baste un remo, el más igual
de corvo nos da señal
como en su esfera se bañe:
¿que habrá que no nos engañe
si nos engaña un cristal?
Nada más distintamente
se ve que la luz del sol
siendo así que su arrebol
con cada viso nos miente;
en púrpura es diferente
que en nieve, y pues a porfía
varios reflejos envía
en que su color se extrañe
¿que habrá que no nos engañe
si engaña la luz del día?
Nada se deja ver más
que ese azul cielo que ves
siendo así que cielo no es
sino un objeto no más
de la vista, a quien jamás
su color halló el desvelo;
pues si a ese claro azul velo
no hay verdad que le acompañe
¿qué habrá que no nos engañe
engañándonos el cielo?
Y así si informado mal
estáis, antes que se crea
el aviso, ejemplo sea
el cielo, el sol y el cristal:
tocad de apariencia igual
la verdad, que si hoy impía
en hacer creer porfía,
como hoy la desechéis,
para que os desengañéis
mañana será otro día.
DON FERNANDO
Si supierais la ocasión
que tuvo para temer
mi desconfianza, no
me aconsejarais más bien.
BEATRIZ
Pues sírvaos de algo el consejo.
ROQUE
¿Y en fin, no sabremos quién
es esta dama?
JUANA
No tengo
yo licencia de hablar.
ROQUE
Pues
habla sin ella. ¿Qué moza
aguarda a que se la den?
JUANA
Dices bien; esta mi ama
es...
ROQUE
Prosigue.
JUANA
...una mujer
soltera.
ROQUE
¿Y llámase cómo?
JUANA
Doña Brïanda.
ROQUE
¿De qué?
JUANA
De Venteboli.
ROQUE
Mil días
de estudio habré menester...
¿dónde vive?
JUANA
A Leganitos.
DON FERNANDO
¿No sabré yo si tal vez
hay beldad donde hay ingenio,
y como habláis parecéis?
BEATRIZ
Yo me descubriera, pero
si os habéis de ir, ¿para qué?
DON FERNANDO
De suerte vuestros avisos
me han trocado que no sé
si me iré tan presto ya.
BEATRIZ
Pues como ocho días estéis
en Madrid, sabréis quién soy.
DON FERNANDO
Digo que los estaré
como ahora os descubráis.
BEATRIZ
Agora no puede ser:
¿son algún siglo ocho días?
DON FERNANDO
Ocho siglos son a quien
desea; pero en efeto,
ocho y más esperaré.
BEATRIZ
¿Es aqueso asegurarme
para iros?
DON FERNANDO
Vos lo veréis.
BEATRIZ
Dadme un fiador.
DON FERNANDO
¿Qué fiador
puedo dar más que mi fe?
BEATRIZ
En prendas esa sortija.
ROQUE
La voz sortija escuché,
si no me engaño...
DON FERNANDO
Tomad,
si a ella más que a mí creéis.
ROQUE
Aquí entra el tate, tate...
¡espera, no se la des!
BEATRIZ
¿Es ayo vuestro, o criado,
ese hidalgo?
DON FERNANDO
Un necio es.
JUANA
¿Tú pides nada?
BEATRIZ
Sí, Juana,
que como voy a coger
a su amor todos los pasos,
aquí por el interés
le prendo y en otra parte
por lo liberal, porqué
el que da o recibe queda
esclavo de una mujer.
ROQUE
¿No basta que mi maleta
por ella llego a perder,
sino tu sortija? Mira
qué modo de enviarnos seis
camisas, como la otra.
BEATRIZ
¿Qué otra?
DON FERNANDO
Es loco, no escuchéis.
BEATRIZ
Si es loco, no le traigáis
con vos, señor, otra vez
que a verme vengáis, que soy
muy enemiga de ver
un criado entremetido,
consejero y bachiller.
ROQUE
Señora doña Brianda...
BEATRIZ
¿Mi nombre has dicho, Isabel?
JUANA
¿Yo, señora?
Sale Inés.
INÉS
Al cielo gracias,
caballero, que os hallé,
perdone esa mi señora
y tomad ese papel.
Vase.
BEATRIZ
Pues hay otra que os escriba
ya no será menester
que sepáis más de mí. A Dios,
señor don Fernando.
ROQUE
Pues
si son cosas acabadas,
volved la sortija.
DON FERNANDO
Ved
que es sin tiempo vuestro enojo,
pues quien me escribe no sé.
BEATRIZ
Para que lo sepáis, quiero
dar lugar.
DON FERNANDO
Mirad...
BEATRIZ
Ya es
otra (¡ay de mí!) la ocasión
con que irme importa; aquel
caballero que allí viene
no me llegue a conocer
(¿que hubiese mi hermano, cielos,
de venir aquí?). Así haced
que no me siga y a Dios.
Salen el capitán y don Juan.
DON FERNANDO
¿Quien vio más rara mujer?
ROQUE
En correr sortijas puede
apostárselas al rey
y a mí y será rey y Roque.
DON FERNANDO
Fingido no puede ser,
que aquel hombre de quien hoy
se recata el mismo es
de la pendencia: procura
de algún criado saber,
en tanto que yo me quedo
si acaso la sigue a ver,
dél el nombre.
ROQUE
Aquí me espera,
que yo, señor lo sabré.
Vase.
DON FERNANDO
Por no perderle de vista,
no leo ahora este papel.
DON JUAN
¿No es es el forastero este,
decid, capitán, por quien
dejé de vengar mis celos?
CAPITÁN
El mismo que llegó es
a la pendencia.
DON JUAN
Yo estoy
tal de llegar a saber
que ya está don Diego bueno,
que porque el estorbo fue
para acabar de vengarme
riñera agora con él.
CAPITÁN
Él al lado del caído
se puso; mucha merced
nos hizo, si bien se mira,
de estorbar su muerte, pues
por no ser nada la herida
no nos llegamos a ver
agora presos o ausentes.
DON JUAN
Tanto he sentido perder
por ese lance a Leonor
y a Elvira, capitán, que
hiciera cualquier locura.
CAPITÁN
Pues no la hagáis y atended,
que quien riñe sin razón,
queda mal aunque ande bien.
Sale Roque.
ROQUE
Por desvelar al criado,
por los dos le pregunté;
el mozo es don Juan de Leiva.
DON FERNANDO
¿Qué dices?
ROQUE
Digo lo que
me dijo, ¿de qué te admiras?
DON FERNANDO
Don Juan de Leiva es por quien
yo, según Leonor me dijo,
dichoso dejo de ser,
y de quien se guarda estotra:
¿adonde, cielos, iré,
que aqueste don Juan de Leiva
pesadumbre no me dé?
ROQUE
El viejo es el capitán
Clavijo.
DON FERNANDO
Y es para quien
traigo una carta; y quiero
trabar plática con él,
pues es suerte hallar camino
uno para conocer
su enemigo. De un criado
quien sois, señor, me informé,
y por las señas os busco.
CAPITÁN
Pues decid qué me queréis.
DON FERNANDO
Esta carta es para vos.
CAPITÁN
Del mayor amigo es,
que tuve jamás.
Ábrela.
DON FERNANDO
Yo estimo
la merced que a Otavio hacéis,
que por su deudo me toca.
CAPITÁN
Dadme licencia de leer.
No leo más... en mucho estimo
la ocasión de conocer
hoy vuestra persona.
DON FERNANDO
En mí
siempre un criado tendréis
que os sirva.
DON JUAN
(Cielos, ¿qué escucho?
Este don Fernando es
de Cardona, que a casarse
viene con Beatriz, que bien
nombre y señas lo publican.
¡Que tan enojado esté
mi padre, que en su venida
cuenta della no me dé!
¡Hay tal rigor!)
DON FERNANDO
(Vive Dios,
que se ha turbado al saber
quién soy don Juan, mas ¿qué mucho,
si amante de Beatriz es
y es fuerza saberlo todo?)
DON JUAN
(Pero aquí hay más que atender:
cuando mi padre de mí
caso no quisiera hacer,
¿Beatriz no me lo avisara?
Sí; qué hay en esto veré.)
Capitán, quedad con Dios.
CAPITÁN
¿Dónde vais?
DON JUAN
Tengo que hacer.
CAPITÁN
Esperad, iremos juntos;
señor don Fernando, ved
en qué os sirvo, mi posada
en aquesta calle es
de Barrionuevo, serviros
hoy della y de mí podréis.
DON FERNANDO
Yo os buscaré.
CAPITÁN
Dios os guarde.
DON FERNANDO
¿Hay estrella más crüel
que la mía?
ROQUE
¿De qué ahora
te lamentas?
DON FERNANDO
Yo lo sé.
ROQUE
¿Es de la sortija?
DON FERNANDO
De eso
antes vano estoy, porqué
en toda mi vida vi
más entendida mujer.
¿Dijo la criada el nombre?
ROQUE
Sí, señor.
DON FERNANDO
¿Y cómo es?
ROQUE
Brïanda Venteboli.
DON FERNANDO
Extranjero el nombre es.
ROQUE
Sí, pero ella es natural;
¿pero has leído el papel
que la otra te trujo?
DON FERNANDO
No;
ahora, Roque, le leeré.
ROQUE
¿Qué has de hacer?
DON FERNANDO
Si el papel entra
por lo de “si os atrevéis”,
¿cómo puedo dejar de ir?
ROQUE
Eso yo te lo diré:
como dejaré de ir yo,
que es no haciendo caso dél.
DON FERNANDO
El empleo y la ventura
de tan principal mujer
como la prevención dijo,
no son, Roque, de perder.
ROQUE
Siempre vi yo que era esta
gran señora: el proceder
lo decía; pero estotra
es una picaña.
DON FERNANDO
¿Quién,
Roque, se ha visto en el mundo
en más confusión?
ROQUE
¿De qué?
DON FERNANDO
Beatriz es la más hermosa
beldad que el sol llegó a ver,
su belleza es el imán
de mis ojos, porque aunque
huya della va conmigo
acreedora de mi fe.
Aquesta mujer tapada,
por lo discreto es también
el imán de mis oídos
que no menos fuerza fue
la que dio amor al oír
que la que dio amor al ver.
Estotra que ahora me llama
con la extrañeza de hacer
misterios, y el pensamiento
de llegar a merecer
un alto empleo me tiene
vano de tal suerte que
he de seguir la aventura:
¿pues cómo, dime, saldré
del empeño que me ofrecen
el pensar, el oír y el ver?
ROQUE
Eso es fácil: viendo a una
ahora y oyendo después
a otra y a otra obedeciendo,
y cuando las tres estén
conseguidas...
DON FERNANDO
¿Que?
ROQUE
Apeldarlas,
riyéndonos de las tres.
Vanse. Sale por una puerta Elvira con manto y por otra doña Beatriz sin él, y Juana.
BEATRIZ
Desde el punto que te vi,
Elvira, en mi casa entrar,
te vengo a notificar
que nada he de hacer por ti
aunque hoy te valgas de mí
y de mi amistad te ampares,
porque es justo que repares,
que otra entrada como esta,
en cuatro días me cuesta
muchos siglos de pesares.
ELVIRA
Ya lo sé, y por eso vengo
hoy no a valerme de ti;
a quejarme, Beatriz, sí,
pues tantas razones tengo.
BEATRIZ
Ya para oír me prevengo
de tantas una razón.
ELVIRA
¿Qué mayor que la traición
con que mi pecho has tratado,
tus celos averiguado
y sabido mi pasión?
Si a don Juan, Beatriz, querías,
si de mí celosa estabas,
¿para qué disimulabas
y ir conmigo resistas?
¿Para qué, Beatriz, fingías
con recato tus desvelos,
con decoro tus recelos,
si de hipócrita lo hiciste,
pues ya que conmigo fuiste
fuiste a averiguar tus celos?
Todo lo sabe mi amor,
porque aun secreto no estuvo
el lance que después hubo
en la casa de Leonor:
mira si es trato traidor
el tuyo.
BEATRIZ
Quéjaste en vano.
Oye y verás cómo allano
el fuego que en ti amor labra
solo con una palabra.
ELVIRA
Dila.
BEATRIZ
Don Juan es mi hermano;
a esta causa pretendí
que en el campo no me viera,
y después su pena fiera
de amor no fue, de honor sí.
ELVIRA
¿Cómo eso ha de creerse, di,
si otro apellido tomó,
y en una casa vivió
de posadas?
BEATRIZ
No te asombre;
llamarse otro sobrenombre
fue una herencia que heredó
por él, y el haber estado
fuera de esta casa ha sido
que por un pleito ha vivido
con mi padre disgustado,
y en fin, como él se ha criado
en la guerra, no le agrada
esta sujeción cansada
de hijo de familias.
ELVIRA
Bien
me has respondido, mas ¿quién,
celosa y enamorada,
creerá? Licencia has de darme,
Beatriz, para asegurarme,
y puesto que mi pasión
ya puedo en esta ocasión
la mitad haber vencido
de los celos que he tenido,
ayúdeme tu amistad
a vencer la otra mitad:
para uno y otro te pido
mandes a Juana me dé
recaudo aquí de escibir;
que me vea he de decir
en mi casa para que
me desengañe.
BEATRIZ
Sí haré;
saca aquella escribanía,
Juana.
JUANA
¿Mejor no sería
entrarse a escribir allá?
ELVIRA
Dices bien, mejor será.
Si es verdad la dicha mía
de ese tu hermano, los cielos
harán felice este amor,
que a ti temí, que Leonor
no puede darme a mí celos.
BEATRIZ
Fáciles son tus recelos
de averiguar, pues aquí,
para que le escribas di
licencia, y si don Juan fuera
mi amante, no le escribiera
nadie delante de mí.
Vase Elvira y sale Leonor con manto.
LEONOR
Ha andado tan poco fina
Elvira con mi amistad
que de aquella voluntad
que fiarla determina
mi dolor porque imagina
averiguar sus recelos
por tal medio, a mis desvelos
ninguna cosa avisó,
y así cara a cara yo
he de examinar mis celos.
Hablar a Beatriz intento
por ver si en esta ocasión,
desahogada la pasión,
rescata al entendimiento,
que aunque impedí el casamiento
de don Fernando no fue
impedir yo de mi fe
los temores con que estoy.
BEATRIZ
¿Quien se entra hasta aquí?
LEONOR
Yo soy,
señora Beatriz, aunqué
la dicha no merecí
hasta ahora de visitaros
traigo un negocio en que hablaros.
¿Ya me conoceréis?
BEATRIZ
Sí,
porque en vuestra casa os vi,
donde un lance bien liviano
me sucedió.
LEONOR
Y ese es llano
que aquí me obliga a venir.
BEATRIZ
(¿Mas que me viene a pedir
otros celos de mi hermano?)
LEONOR
Don Juan de Leiva, que fue
el que en mi casa os halló,
Beatriz...
BEATRIZ
(¿No lo dije yo?)
LEONOR
...es a quien yo le entregué
una mal pagada fe,
a cuyo empleo feliz
su mudanza hizo infeliz.
Celoso de vos (¡ay Dios!)
le vi, y quisiera de vos
saber si don Juan...
Sale don Juan.
DON JUAN
Beatriz,
quejoso vengo; mas ¿quién
contigo está?
LEONOR
Yo, tirano.
BEATRIZ
(¡Qué favorecido hermano!)
LEONOR
Que para saber más bien
las traiciones que hoy se ven
en tu pecho, aquí he venido;
averiguar he querido
si entrabas donde te hallo,
pero al ir a preguntallo,
tú mismo me has respondido,
y así, pues no tengo ya
qué saber; yo moriré
callando desde hoy...
DON JUAN
No sé
cómo agradecer podrá
esta ocasión que hoy me da
tu pena, Leonor, mi suerte.
Oye, que satisfacerte
quiero.
LEONOR
¿Qué satisfación
habrá, si en esta ocasión
llego en esta casa a verte?
DON JUAN
Esa misma es la más llana
que puedo darte, Leonor.
LEONOR
¿Buscar a Beatriz, traidor?
DON JUAN
Sí, que Beatriz es mi hermana.
BEATRIZ
Templad, Leonor, la tirana
pasión, advirtiendo aquí,
que todo aqueso es así,
pues no os diera, a ser mi amante,
satisfación semejante
don Juan delante de mí.
LEONOR
¡Qué escucho! ¡Válgame el cielo!
BEATRIZ
(¡Oh quién estorbar pudiera
que agora Elvira saliera!)
DON JUAN
Y porque nunca el desvelo
vuestro quede con recelo,
no digo de vuestro amor,
que agora hablo de mi honor,
sabed que si me enojé
con Beatriz fue porque fue
con Elvira disfrazada,
una amiga suya a quien
acompañó, y sé también
que Beatriz no está culpada,
que esta Elvira enamorada
fue de un hombre... Bien sabréis,
pues que vos la conocéis,
y yo no, todo el suceso.
Sale Elvira oyendo.
Sale Elvira
ELVIRA
Señor don Juan, ¿cómo es eso
de que no me conocéis?
¿Vos no sois a quien a hablar,
de Beatriz acompañada
yo fui? Decid, que ya nada
mi dolor ha de callar.
LEONOR
¿Apenas yo de un pesar
salgo, cuando ya me ha puesto
vuestro trato en otro?
DON JUAN
(Presto
Elvira me desmintió.)
ELVIRA
Yo fui quien a hablar salió.
LEONOR
Yo soy quien....
DON JUAN
Mirad...
Sale don Luis.
DON LUIS
¿Qué es esto?
¿Aquí voces? Sepa ya
qué ocasiona este rumor.
LEONOR
Don Juan lo dirá, señor.
Vase.
ELVIRA
Señor, don Juan lo dirá.
Vase.
DON LUIS
Buena la desecha está.
¿Fuera no os basta vivir
de casa, para venir
hoy a alborotarla? Pues
¿qué es esto, Beatriz? Di, ¿qué es?
BEATRIZ
Yo no lo puedo decir.
DON JUAN
A hablarte, señor, venía
con una queja; y aquí,
estas mujeres tras mí
entraron a una porfía.
DON LUIS
Buena disculpa a fe mía...
Ruégame, Beatriz, por él
muy fina, constante y fiel,
que a casa vuelva, si vemos
que aun de fuera no podemos
averiguarnos con él.
DON JUAN
A cuanto quieras reñir
no he de responderte, no;
acaba; empezaré yo
mi sentimiento a decir.
DON LUIS
Por llegar, don Juan, a oír
el sentimiente que tienes
callaré. Dime, ¿a qué vienes?
DON JUAN
De ti a quejarme, señor,
pues en las cosas de honor
no darme parte previenes.
Está don Fernando aquí,
que con Beatriz a casar
viene, sábelo el lugar
todo ¿y niégasmelo a mí?
Si es justo, señor, me di,
que conozcan los de afuera
los disgustos.
DON LUIS
Considera,
que don Fernando llegó
y al instante recibió
unas cartas de manera,
que a volverse le obligaron;
yo a Beatriz, es cosa clara,
dije que te lo avisara,
mas como se dilataron
las bodas, te lo callaron
sus labios.
DON JUAN
Pues señor, no
don Fernando se ausentó;
hoy le vi; en Madrid está,
y ese fingimiento ya
apurar me toca. Yo
sabré presto la intención
que en fingir eso ha tenido.
Perdone lo sucedido
amor en esta ocasión,
que primero es la opinión.
Vase.
DON LUIS
Siempre yo, Beatriz, temí
segunda intención aquí,
y plegue a Dios no suceda
de causa por quien yo pueda
quejarme, Beatriz, de ti.
Vase.
JUANA
Muy malo se va poniendo
todo esto, señora.
BEATRIZ
Pues
todo esto, Juana, que ves,
a estorbar lo que pretendo
no basta; así te encomiendo,
que por la puerta que había
condenada que salía
a esotra casa, pues ya
la rompimos y ella está
muchos días ha vacía,
tú pases a abrir la puerta
de la calle, para que
cuando llegue el coche, esté,
como hemos tratado, abierta
por la reja, cosa es cierta,
del patio, que sin cuidado
podré hablarle y donde ha entrado
él nunca saber podrá,
puesto que el cochero va
en esta parte avisado
de que dé vuelta al lugar
primero que llegue aquí
para que pierdan así
el tino.
JUANA
Nada dudar
te ha dejado tu pesar.
BEATRIZ
Es verdad, ¡ay Juana mía!
Esta amorosa porfía
que hoy afligiendo me está
sigamosla hoy, que quizá
mañana será otro día.
[Vanse.] Salen don Fernando y Roque.
DON FERNANDO
¿Retirose el coche?
ROQUE
Sí.
DON FERNANDO
¿Qué dijo el cochero?
ROQUE
Que ambos
en este umbral embebidos,
que es lo mismo que menguados,
esperemos que nos abran...
las cabezas temo harto,
mas la puerta dijo él,
y que al tiempo que salgamos,
si es que habemos de salir
vendrá a una seña volando.
DON FERNANDO
¡Qué calle, Roque, será
aquesta en que agora estamos!
ROQUE
¿Quién ha de saber la calle,
si ha más de un hora que andamos?
DON FERNANDO
¿Qué barrio es?
ROQUE
De la Vitoria
salimos, la calle abajo
fuimos primero, después
la calle arriba, a esta mano
dejamos a Antón Martín,
a estotra a San Andrés, yo hallo
por mi cuenta que es la Cruz
de Morán adonde estamos.
DON FERNANDO
¡Qué locuras!
ROQUE
Yo las digo
y tú las haces. Sepamos
cuál de los dos es más loco...
DON FERNANDO
¿Pues yo qué locuras hago?
ROQUE
Ningunas: Roque, a casarme
voy; Roque, ya no me caso;
Roque, al punto he de partirme;
Roque, por hoy no me parto;
¡qué hermosa, Roque, es Beatriz!
¡qué ingenio tan extremado
tiene doña Brianda, Roque!
¡Roque, oh qué empleo tan alto
hoy me ofrece mi fortuna!
Pateta no hizo otro tanto,
y traía capirote,
pero hay locos desdichados
que se cae aprisa en ellos
y en los dichosos despacio.
DON FERNANDO
¿Sientes abrir esa puerta?
ROQUE
No sienta así abrir los cascos.
Salga Juana.
JUANA
¿Sois vos, caballero?
DON FERNANDO
Yo
soy el que vengo llamado.
ROQUE
Yo traído y por más señas
es la dama que buscamos
la dama de los Cienvinos.
JUANA
Entrad conmigo.
ROQUE
Ya entramos,
pero si es el inocente
de los dos solo mi amo;
¿a qué efecto, ángel a escuras,
al limbo nos traes a entrambos?
¿Siquiera un candil no hubiera
encendido?
JUANA
Aquí esperando
estad los dos y no hagáis
ruido, que os va en el recato
la vida, mientras aviso
a mi señora.
DON FERNANDO
Aquí aguardo.
JUANA
(No tropezarán en nada,
que no hay nada en todo el cuarto.)
ROQUE
¿Señor?
DON FERNANDO
Calla, Roque, mira
en el peligro que estamos.
ROQUE
Por esto quisiera hablar,
que es muy propio en cualquier caso
hablar más el que más teme.
DON FERNANDO
¿Qué es aqueso?
ROQUE
Es mi rosario.
DON FERNANDO
¿Ahora rezas?
ROQUE
En los riesgos
me acuerdo yo de los santos.
DON FERNANDO
Acércate, mas no hablemos,
si hablar se ofreciere, alto.
ROQUE
No me atrevo a rebullir,
por no tropezar en algo,
que este camarín —que fuera
no ser camarín agravio—,
está lleno de escritorios,
espejos, vidrios y barros,
todo quebradizo y yo
torpe de pies y de manos.
A una reja Beatriz.
BEATRIZ
¡Don Fernando!
ROQUE
Allí a una reja
que se divisa en un patio,
oí la voz.
DON FERNANDO
Dos cosas son,
señora, las que yo extraño;
una, oír mi nombre; y otra,
dentro en vuestra casa hablaros
por reja.
BEATRIZ
La una importa
a mi preciso recato
y la otra a mi deseo,
que no tan poco cuidado
me debéis que ya no sepa
quién sois, señor, y si paso
más adelante, diré
a qué y cómo habéis llegado
a Madrid. Aparte (Así quisiera
obligarle a hablar más claro
de mí conmigo por ver
si puedo averiguar algo.)
DON FERNANDO
Si de todo habéis sabido
también sabréis que me parto,
y la causa.
BEATRIZ
Eso no sé;
decidlo.
DON FERNANDO
Yo siempre hablo
bien de las damas, y así,
lo primero es suplicaros
que en esto no hablemos más;
lo que os obedezco tardo
a una diligencia.
BEATRIZ
Ya
que con vos no pueda tanto
yo que pueda deteneros,
¿aquella dama que hablando
estabais cuando llegó
hoy mi criada, obligaros
no podrá a que no os volváis
tan presto?
DON FERNANDO
Aquel fue un acaso.
BEATRIZ
¿Pues quién era?
DON FERNANDO
No lo sé.
ROQUE
Yo sí, y si licencia alcanzo
de hablar, lo diré.
BEATRIZ
Decid.
ROQUE
Era, si yo no me engaño,
una arrebata sortijas,
que con la nema de un manto
anda embustiando la corte.
Allá en Atocha la hallamos
cargada de cuchilladas,
calza de obra de los campos;
busconos agradecida
a cierto socorro, y tanto,
que una sortija pescó:
¡ved qué modo de pagarnos!
En fin, es una buscona
cuyos gran desembarazo
bien puede ser que sea feo
pero tiene garabato.
BEATRIZ
Si porque la socorristes
a ella en algún sobresalto
della ese concepto hacéis,
de mí diréis otro tanto,
pues yo también me valí
de vos.
ROQUE
El recelo es vano,
que luego se ve quién es
cada una.
BEATRIZ
Gusto me ha dado.
Si hubiérades de venir
muchas veces a este cuarto
y no os fuérades tan presto,
pidiera que a este criado
trujerais siempre con vos.
ROQUE
La otra te pidió al contrario.
BEATRIZ
Y dad licencia que tome
una prenda de mi mano.
DON FERNANDO
Será correrme.
ROQUE
Será
remediarme.
DON FERNANDO
Antes te mando
no la tomes.
BEATRIZ
¡Por mi vida!
DON FERNANDO
Si esa vida habéis jurado,
obedeceré.
BEATRIZ
Tomad.
ROQUE
¿Cadena? Alhaja es de esclavo,
tuyo lo seré, señora,
eternamente.
BEATRIZ
Volvamos
a vuestra partida. ¿Os vais
mañana?
DON FERNANDO
Si os sirvo en algo,
en mi vida no me iré.
BEATRIZ
A eso no podré obligaros.
ROQUE
¿Cuánto querrán los plateros
que esta pese?, pues es claro
que lo que ellos quieren vale
lo que a vender les llevamos.
DON FERNANDO
Mandadme vos que me quede
para que se estime en algo
el pequeño sacrificio
de quedarme, pues es llano
que no hago nada si no es
que por precepto lo hago.
ROQUE
Quien me viere hoy con cadena,
¿qué dirá? Pero extremado
descarte es decir que hoy
cumple mi maleta años.
Sale Inés por de dentro.
BEATRIZ
Si esto está, yo os suplico
no os vais, para que despacio
sepáis...
INÉS
¿Señora?
BEATRIZ
¿Qué hay?
INÉS
Venga useñoría volando,
que el conde mi señor llama.
ROQUE
Gran palabra.
BEATRIZ
Necia ¿cuándo
me suelen hablar mí
de esa suerte? Don Fernando,
id con Dios, mañana irá
por vos el coche.
DON FERNANDO
Contando
los puntos a horas, las horas
a días, los días a años
estaré, pero quisiera...
ROQUE
Hablar mañana más claro
va a decir.
BEATRIZ
Luz no es posible
haberla en aqueste cuarto.
DON FERNANDO
¿Pues no he de saber quién sois?
ROQUE
¿Que es da-cadenas no es harto?
BEATRIZ
No por agora hasta hacer
experiencias de callado.
DON FERNANDO
¿Ni el veros será posible?
BEATRIZ
El verme sí.
DON FERNANDO
¿Dónde o cuándo?
BEATRIZ
¿Dónde? En la Vitoria en misa;
¿cuándo? Mañana.
DON FERNANDO
¿Informado
no he de estar de alguna seña?
BEATRIZ
Dadme vos alguna.
ROQUE
Malo.
DON FERNANDO
No sé aquí cuál pueda daros...
estos guantes, aunque no
sean para vuestra mano
llevad en ella que ellos
por la labor del bordado
me darán señas de vos.
BEATRIZ
Pues aquesta basta.
JUANA
Vamos
de aquí, que importa el salir
aprisa.
DON FERNANDO
Ya vuestros pasos
sigo.
ROQUE
¡Oh si fuera de día,
para ir a un lapidario,
que aún llevo ciertos recelos
de si es oro fino o falso!
Vanse los dos.
BEATRIZ
¿Por qué con tan grande prisa
llamaste?
INÉS
Porque enfadado
mi señor volvió a salir
fuera de casa.
BEATRIZ
Eso extraño...
INÉS
Y aun no es sola esa causa,
que doña Elvira ha llegado
buscándote.
BEATRIZ
¿A esta hora?
INÉS
Sí.
BEATRIZ
Gran necedad. ¡Cielos santos,
en qué obscuro laberinto,
en qué peligroso caos
me tenéis! Pero no importa
cuanto siento, sufro y paso,
pues por lo menos consigo
no ausentarse don Fernando.
Vanse y salen por la puerta Juana, don Fernando y Roque.
JUANA
Id presto.
DON FERNANDO
Quedad con Dios.
Roque ¿has visto más extraño
suceso jamás?
ROQUE
Señor,
jamás le he visto tan raro
como verme con cadena.
DON FERNANDO
Esta dicha que hoy alcanzo
hasta el fin he de seguir.
ROQUE
Sí, señor, a esta queramos;
no más Beatriz y Brianda...
¡Váyanse a espulgar un galgo!
Esta dama solamente
hemos de querer, ¡qué agrado,
qué blandura, qué nobleza,
qué bondad y qué agasajo!
DON FERNANDO
Haz la seña del cochero.
ROQUE
Si haré.
Dentro cuchilladas.
DENTRO
Prendedlos, matadlos.
DON FERNANDO
¿Qué es aquello?
ROQUE
Una pendencia,
y por esta calle abajo
dos hombres con las espadas
desnudas pasan volando.
DON FERNANDO
Una gran tropa les sigue.
ROQUE
Pues en nada nos metamos.
Salen todos los que pudieren.
TODOS
Estos son.
OTRO
Mueran, ¿qué esperas?
ROQUE
Si es que queréis que seamos
seremos, pero no somos.
DON FERNANDO
Ténganse ucedes, hidalgos,
que no somos los que buscan.
UNO
No es el disimulo malo
después que han quitado aquí
dos capas.
ROQUE
¿Vienen borrachos?
UNO
U darse luego u morir.
DON FERNANDO
Será así, ponte a mi lado.
ROQUE
Sí haré, que yo con cadena
reñiré como un Bernardo.
Vanse y salen doña Beatriz, Elvira y Juana con luz.
ELVIRA
Es tal el dolor que paso,
que por descansar contigo
en las cosas de tu hermano
hablando, Beatriz, a solas,
fingí en mi casa un recado
tuyo, diciéndome en él,
amiga, que te había dado
un accidente y que así
viniese a cuidar volando
de tu salud.
BEATRIZ
Yo agradezco
poder aliviar en algo
tus tristezas.
DENTRO
Por aquí
los dos se nos ocultaron.
ELVIRA
¿Qué es aquesto?
JUANA
Cuchilladas
oigo.
BEATRIZ
(Gran desdicha aguardo.
Mi padre fuera de casa,
¡cielos!, ¿y en el mismo espacio
que él falta della y que della
sale, ¡ay de mí!, don Fernando,
tal rumor?)
JUANA
Dos hombres se entran
hasta aquí.
BEATRIZ
Descuido extraño
fue estar abierto.
JUANA
Los mozos
de Elvira así lo dejaron.
Sale don Fernando y Roque.
DON FERNANDO
Señoras, si la piedad...
¿mas qué miro?
ROQUE
¡Cielos santos!,
¿adónde habemos venido?
BEATRIZ
Decid, hablad, que admirando
estoy tanto a un tiempo el veros
como el veros tan turbado.
DON FERNANDO
Aunque de vos (estoy muerto)
me despedí (estoy dudando)
ayer (no sé lo que digo)
no hallé (no sé lo que hablo)
postas (¡qué necia disculpa!);
quedeme por hoy (qué extraño
suceso) y aquesta noche
por esta calle pasando,
una cuadrilla de gente
me ha embestido, imaginando
ser otro, que la mayor
desdicha sucede acaso;
sospecho que un hombre he muerto,
buscando el primero amparo,
di con vos, mas yo me iré.
BEATRIZ
Aqueso no, que aunque extraño
que aquí os estéis, y pudiera
de todo formar agravio,
ahora no lo he de hacer,
por veros necesitado
de mi favor; a esta cuadra
os entrad mientras yo mando
que a aseguraros la calle
bajen algunos criados.
DON FERNANDO
No, señora, habiendo sido
aquí donde yo he llegado,
mi seguridad no quiero
que os cueste a vos sobresalto;
yo me volveré.
BEATRIZ
Teneos,
que antes, señor don Fernando,
estimo al cielo la dicha
de darme ocasión de hablaros.
Dentro.
DON LUIS
¿Como está todo esto abierto?
ROQUE
Nuestro suegro malogrado.
BEATRIZ
¡Mi padre!; escondeos ahí,
que a él y a vos excusar trato
el enojo que de veros
causaran vuestros engaños.
DON FERNANDO
Ya es preciso, Roque, ven.
ROQUE
No acierto a mover los pasos.
ELVIRA
¿Qué hombre es este, Beatriz?
BEATRIZ
Direlo luego...
DON LUIS
¿Hasta el cuarto
abierto está?
BEATRIZ
Vino agora
Elvira, señor, contando
que con su tía un disgusto
tuvo tal que la ha obligado
a venir a estar conmigo;
volviéronse los criados,
y por eso estaba así.
DON LUIS
Besóos, señora, las manos,
que yo estimo que os sirváis
desta casa.
ELVIRA
Siglos largos
viváis.
BEATRIZ
¿Señor, no sabré
la causa que te ha obligado
a salir fuera esta noche?
DON LUIS
¿Para qué...
DON FERNANDO
(¡Rigor extraño!)
DON LUIS
...quieres, Beatriz, que te diga
que habiéndome ya informado
de que está aquí...
DON FERNANDO
(¿Escuchas?
ROQUE
Sí.)
ELVIRA
...escondido don Fernando...
DON FERNANDO
(¡Válgame el cielo!)
BEATRIZ
(Él le vio
entrar.)
ROQUE
(Aquesto va malo.)
DON LUIS
...muerto de rabia y de pena
he ido a buscar a tu hermano,
ya que saber se encargó
dónde está, que no descanso,
hasta saberlo.
DON FERNANDO
(Eso sí.
ROQUE
Esto es bueno.)
BEATRIZ
¿Y dijo algo?
DON LUIS
No le hallé, que para él
debe ahora de ser temprano:
llevad, hola, a mi aposento
una luz.
BEATRIZ
Con él nos vamos
a divertirle porqué
vuelva, estando asegurado,
a hablar a este hombre.
ELVIRA
¿Mejor
no es que salga él entretanto?
BEATRIZ
No, que hay más aquí que piensas,
y una fineza que trazo
por mí has de hacer.
ELVIRA
Muchas debo.
BEATRIZ
Pues no te quites el manto;
ponte tú el tuyo... mas esto
acá lo sabréis despacio.
Vanse las tres.
DON FERNANDO
¿Fuéronse?
ROQUE
Y tras sí la puerta
por defuera nos cerraron:
¿mas si dijeses ahora,
viendo el lance en que hoy estamos,
“mañana será otro día”?
DON FERNANDO
Sí diré, porque no hallo
a las desdichas de hoy
otro alivio en ningún caso,
que el esperar a mañana.
ROQUE
¿Y si hoy nos matan a palos,
mañana no dolerán?
DON FERNANDO
¿Que hubiesen, Roque, mis hados
de traerme aquí?
ROQUE
Siempre dije
que vivía en este barrio
la condesa.
DON FERNANDO
Si en él fue
donde yo la hallé, era claro;
quédate aquí mientras yo,
estos aposentos ando
mirando si son balcones
o rejas, porque si hallo
por dónde salir, no tengo
de esperar.
Vase don Fernando.
ROQUE
Ni yo dar salto,
que cuando me hallen aquí,
todo es romperme los cascos,
que tiene cura y no la hay,
si es que de una vez me mato.
Sale Beatriz.
BEATRIZ
Amor imposible mío,
este es el lance postrero,
pues ya que dure no espero
el engaño en que te fío.
De una vez he de apurar
de don Fernando el intento,
para cuyo atrevimiento
industria supe buscar,
ya que a casa le han traído.
¿Dónde tu señor está?
ROQUE
De todo tu cuarto va
las piezas viendo; he entendido
que las debe de tasar,
según, señora, el cuidado
que en mirarlas ha mostrado.
BEATRIZ
Mucho este breve lugar
de hablarte estimo.
ROQUE
¿Qué quieres?
BEATRIZ
Dime, así te guarde el cielo,
¿de qué ha nacido el recelo,
las dudas y pareceres
de tu señor?
ROQUE
No sé nada.
BEATRIZ
¿Por qué ausentarse trató...
ROQUE
No sé nada.
BEATRIZ
...y se quedó
en la corte?
ROQUE
No sé nada.
BEATRIZ
¿En fin, no lo has de decir?
ROQUE
No sé nada.
BEATRIZ
Pues yo haré
que él entienda que lo sé
y que lo he llegado a oír
de ti.
ROQUE
¡Muy bien lo sabrás,
si no te lo he dicho yo!
Sale don Fernando.
DON FERNANDO
Todas son rejas y no
hay solo un balcón no más.
BEATRIZ
En buscar balcón, no acierta
vuestro cuidado porqué
para que salgáis yo haré
que os abran toda la puerta,
que aunque es verdad que he deseado
saber qué causa tuvistes
para el extremo que hicistes,
habiendo de ese criado
ahora la causa sabido,
no tengo que hablar con vos,
y así idos, señor, con Dios.
DON FERNANDO
Infame, tú me has vendido.
ROQUE
Tu cólera me atropella
sin tiempo; mal me castiga;
y si no, di que te diga
lo que yo la he dicho a ella.
BEATRIZ
Sí haré. ¿Pues no me has contado
que la carta y la partida,
una y otra fue fingida
por estar enamorado
de una dama a quien libró
en Atocha; que fue a vella
a la Merced, porque ella
luego un papel le escribió,
y que esta, por lo entendida,
le tiene muy satisfecho?
DON FERNANDO
¿Ves, pícaro, lo que has hecho?
ROQUE
¿Yo he dicho tal en mi vida?
BEATRIZ
Oíd, que no para aquí;
también me contó después
que cierta señora...
DON FERNANDO
¿Ves?
ROQUE
¿Yo te he contado tal?
BEATRIZ
Sí...
...un regalo os envió
de ropa blanca: ¿pudiera,
si él aquí no lo dijera,
saberlo en mi casa yo?
DON FERNANDO
¿Pudo estas señas fingir?
ROQUE
Ellas son tales, que no;
sin duda alguna que yo
se lo debí de decir.
DON FERNANDO
¡Vive Dios que he de matarte!
ROQUE
Y seré el primer criado
que muera de haber callado.
BEATRIZ
Ved que estáis en esta parte.
DON FERNANDO
La cólera que he tomado,
no es porque verdad ha sido
nada de lo que atrevido
ese infame os ha contado,
sino porque quiera así
con mentiras disculpar
el disgusto o el pesar
con que yo me voy de aquí,
pues no nace de otro amor,
ingrata, sino de que...
pero no te lo diré,
que las cosas del honor
están en mí muy seguras.
BEATRIZ
Si enamorado lo hacéis
de otras damas, no culpéis
del sol las luces más puras.
¡Vive Dios que os ha mentido
vuestro mismo pensamiento!;
pero mal mi sentimiento
de escucharos se ha ofendido,
que ya sé que todo vos
sois engaños, pues lo hacéis
porque a dos damas queréis,
si quiere quien quiere a dos.
DON FERNANDO
No me obliguéis a decir
lo que en mi vida pensé,
pues basta deciros que
de vos me ha importado huir
no porque otro amor me aflija
ni porque haya hablado yo
con ninguna...
Sale tapada doña Elvira por un lado y por otro Juana.
ELVIRA
¿Cómo no?
¿Conocéis esta sortija?
ROQUE
¡Hay sucesos semejantes!
BEATRIZ
No, señora, ¿qué queréis?
JUANA
Si a ella no la conocéis,
¿conocereis a estos guantes?
BEATRIZ
Bien veis, señor don Fernando,
que están dentro de mi casa
mi señora la condesa
y la discreta Brïanda;
bien veis que es cuidado mío
todo aquesto; pues la causa
sabed que ha sido no más
que con industrias y trazas
deteneros, hasta que
salga a luz la verdad clara
que a tantas obligaciones,
os hace volver la espalda.
Dos cosas hay aquí, una,
que porque a saber alcanza
vuestro recelo, que yo
fui...
Dentro don Luis.
DON LUIS
¿De qué das voces tantas,
Beatriz?
ROQUE
¡Que aquesta comedia
no sea peor está que estaba!
BEATRIZ
La pasión me arrebató.
DON LUIS
Dadme una luz.
ELVIRA
¡Pena extraña!
ROQUE
¿No hay dónde escondernos?
JUANA
No
sin que por su cuarto salgas.
DON FERNANDO
No temáis, que a todo...
JUANA
Ya
mal vestido se levanta.
DON LUIS
¿Beatriz, qué tienes? Mas ¡cielos,
qué miro! ¿Hombres en mi casa
a estas horas? Yo sabré
de mi honor tomar venganza.
DON FERNANDO
Yo os defenderé, señora,
no temáis.
DON LUIS
Abre aquí Juana,
o las puertas en el suelo
echaré.
BEATRIZ
Desdicha extraña
que este es mi hermano.
DON LUIS
Don Juan
es, abre presto ¿qué tardas?
Salen.
DON JUAN
Sabiendo que me has buscado
vine a saber qué mandabas;
viendo cerradas las puertas
me iba, cuando las espadas
y las voces me llamaron.
Pues a tu lado nos hallas
a mí y al capitán, mueran
los que aquesta casa agravian.
DON FERNANDO
(Don Juan de Leiva es aqueste.
¿Pues cómo, si a Beatriz ama,
se ofrece a vengar sus celos
delante de don Luis?)
CAPITÁN
Nada
repares, pues que los dos
llegamos... Mueran, ¿qué aguardas?
DON LUIS
¿Tú eres? Ya es mayor la ofensa,
pues me desprecias y agravias,
si pudiendo como esposo
como amante aquí te hallas.
DON FERNANDO
Como esposo nunca puedo
entrar yo aquí, pues es tanta
la ceguedad de tu amor
que no ves que el que te ampara
es más celoso que fino,
pues es quien a Beatriz ama
don Juan de Leiva, que agora
equivoca tu venganza.
Ya lo dije, ved si puedo
a estas cosas declaradas,
ni ser esposo ni amante.
DON LUIS
Mira quién es quien se engaña,
que don Juan es mi hijo, hermano
de Beatriz, a cuya causa
se empeña por mí y por ella,
que si otro nombre se llama
es porque le obliga a eso
un mayorazgo.
DON FERNANDO
Aún no basta
aquesa satisfación,
con ser evidencia clara,
pues a Beatriz hallé yo
en dos lances empeñada.
ELVIRA
Entrambos fueron por mí,
que siendo de don Juan dama,
fue conmigo, esto lo diga,
verte a ciertas cuchilladas.
DON FERNANDO
Con tales satisfaciones
rendido estoy a tus plantas,
y pues nació de mi honor
mi recelo, no te agravia.
DON LUIS
Alzad, señor don Fernando;
del suelo, que como haya
conseguido mi deseo,
nada a mi vida le falta.
DON FERNANDO
Dadme, señora, la mano,
y perdonad mi ignorancia.
BEATRIZ
Dichosa fui, pues al fin
conseguí mis esperanzas.
ROQUE
Grande ánimo tienes, pues
con tres mujeres te casas.
DON JUAN
Pues, Elvira, de tu honor
a luz las tinieblas saca;
prémiala, señor, con que
hoy nuestra boda se haga.
ROQUE
Esperen vuesas mercedes,
que decir tres cosas falta.
Ya se acordarán que hubo
en la primera jornada
un don Diego y que le dieron
en ella una cuchillada;
él se la ha estado curando
y por eso de aquí falta.
También hubo una Leonor
introducida en la farsa,
y no está aquí, porque fuera
malo el salir de su casa
a estas horas... De estos dos
cuentan mil historias largas
que se casaron... También
se acuerdan que entró en la danza
una maleta perdida:
desta sola no se halla
tradición. Aquesto he dicho
porque no me quede nada
que decir. Si vuesarcedes
de la comedia se agradan
mañana será otro día
para que vengan a honrarla.