¡Oh, cuán postrado Amón, oh cuán rendido,
la fraterna beldad, bárbaro, adora!
Teme, siente, suspira, calla y llora;
¿llora? Ya está su amor encarecido.
Goza a Tamar, y en odio convertido
mira su amor; ¡ah vil pasión traidora!
¿la que ayer te abrasó te hiela ahora?
¿tan presto es lo adorado aborrecido?
Desear y conseguir tales efectos
y tan contrarios, ¿causan que se muda
todo un Dios con tan leve circunstancia?
Mas ¿quién duda tan súbitos efectos?
El amor ¿no es extremos? Pues ¿quién duda
que del odio al amor no haya distancia?