- XI -
Sobre los ríos, sobre las arenas
de Babilonia el oprimido hebreo
lloraba triste, lamentaba reo
tus memorias, Sión, no sus cadenas.
¡Grave dolor! Sin lástima a sus penas,
cantar le manda el bárbaro caldeo;
mas ¿cómo irán a Dios (vano deseo)
sus cánticos en tierras tan ajenas?
A los sauces los míseros dirigen
los órganos, y en voces repetidas
a Palestina claman dulcemente:
«Jerusalén, ¡oh cuánto nos afligen
tus memorias! Que en dichas ya perdidas
sólo el pasado bien es mal presente.»