- XXII - Un celoso refiere el común pesar que todos padecen y advierte a la causa el fin que puede tener la lucha de afectos encontrados
Yo no dudo, Lisarda, que te quiero,
aunque sé que me tienes agraviado;
mas estoy tan amante y tan airado,
que afectos que distingo no prefiero.
De ver que odio y amor te tengo, infiero
que ninguno estar puede en sumo grado;
pues no le puede el odio avergonzado
sin haberlo perdido amor primero.
Y si piensas que el alma que te quiso
ha de estar siempre a tu aflicción ligada,
de tu satisfacción vana te aviso.
Pues si el amor al odio ha dado entrada,
el que bajo de sumo a ser remiso
de lo remiso pasará a ser nada.