- XXXIV - Alcino a la crueldad de Anarda

Alta contemplación, ¿cómo es posible
que no te precipites de la cumbre,
no pudiendo adquirir de tanta lumbre
rayo menor en átomo visible?
Basta la adoración, que es imposible
profesar con soberbia mansedumbre,
y es alcanzar etérea pesadumbre
profanar sin decoro lo invisible.
¡Oh ídolo cruel! ¡Oh imagen dura!
Vida y muerte del alma que te adora,
no dice tu rigor con tu hermosura.
Si eres deidad, ¿cómo deidad traidora?
Si eres mujer, ¿cómo deidad segura?
Mas si dije mujer, ya el alma llora.