A un olmo, caída la hoja
Olmo fui ayer, o hipérbole florido,
a la pomposa luz de un fértil prado,
y hoy, de lo que ayer fui casi olvidado,
báscula soy del tiempo encanecido.
De los soplos del Euro combatido,
mi esplendor a mis pies halló eclipsado,
que aun no me lo ausentó, infame cuidado,
porque no me llevaste un dulce olvido.
Lengua del aire fue mi verdor mudo,
siempre del aire fui apacible enredo,
y hoy por él de mi pompa me desnudo.
De quien más me trató, quejarme puedo;
mas ay, quién mejor que él matarme pudo:
aire fue mi vivir, aire me quedo.