Soneto
Dime, hermoso Baco, ¿quién me aparta
contra mi voluntad de tu servicio
y de aquel gustosísimo ejercicio
que alegre, hinche, traba, mas no harta?
¿No me contaste tú por buena sarta,
con el pincel colmado al sacrificio?
¿No he gastado en sainetes del oficio
cuanto Pedro devana e hila Marta?
Pues ¿cómo agora, triste, no te veo?
¿Cómo no vuelvo a ti? ¿Cómo la vida
gasto, sin tu licor divino ardiente?
Dulcísimo peligro es ¡oh Fineo!
Seguir un rojo dios que trae ceñida
siempre de verdes pámpanos la frente.