- LXXIV - A un galán que celoso seguía a su dama y le desengañó un relámpago de que no era ella la que iba con otro
Más ciego de temor, que de la oscura
noche, que tenebrosa procedía,
mal informada mi pasión seguía
de Celia, y de mi agravio la figura.
Y cuando ya sin alma en mi locura
quise abrazarme de la ofensa mía,
luz improvisa, y émula del día,
aliento, y se reduce, y asegura.
O fiel exhalación! No con flamante
estrella, resplandores tan perfectos,
ni la constante duración compitas:
Ostenta, sí, que alumbras un instante
y que vences al Sol en los efectos,
él concurre a dar ser, tu resucitas.