- XXXI -

De su casa a la iglesia le llevaron,
Ginés de Pascual Mingo y Gil Manzano
porque le dio su vez el escribano
a quien para este fausto señalaron.
La cruz nueva de plata aderezaron,
que Pablo el sacristán sacó en la mano,
y un hisopo de cerdas muy galano,
con que el agua bendita rociaron.
Estuvo al decir sí, la novia muda,
y dijo el sacristán, que se mesura,
que no hay domine que a hablar la venza.
Un cuarto de hora tuvo el pueblo en duda,
hasta que Sancha Téllez dijo al cura,
en verdad no era cosa de vergüenza.