Personajes EL DIOS PAN LUNA LA NOCHE EL MUNDO LA IDOLATRÍA LA GENTILIDAD EL JUDAÍSMO LA SINAGOGA LA APOSTASÍA LA SIMPLICIDAD LA MALICIA LA FE UN NIÑO EL DEMONIO MÚSICOS ZAGALES ZAGALAS Abrese un pabellón, y vese en él el Dios Pan, vestido de galán Hermosa Noche, cuyas luces bellas, en varios resplandores, antes que el monte cielo sea de flores te guarnecen a ti jardín de estrellas: ya que me debes que el influjo de ellas le sepa mi desvelo, leyendo en ese azul campo de yelo caracteres que, en líneas desiguales, dispensan ya el favor o ya el desvío —bien que dejando siempre al albedrío en todos los mortales árbitro de los bienes y los males—, oye mi voz, siquiera Va bajando por ser la vez primera que te ves invocada sin verte en tus renombres disfamada; pues, si hay quien te apellida ladrona infame de la media vida —cuando, matriz del opio y del beleño, a media muerte se reduce el sueño—, también habrá por mí quien tu hermosura, en vez de triste, pálida y obscura, no solo dulce ya, blanda y serena la invoque, como alivio de la pena que en sus tareas introdujo el día, pero quien natural filosofía también la aclame, al ver cuánta alabanza en tus vigilias el estudio alcanza. Llega al tablado Ven, pues, ven a la voz amante mía, antes que en luces te desluzca el día. Sale la Noche A tu imperioso ruego más voluntaria que violenta llego, desarrugando el manto de mis sombras al ver que solo tú feliz me nombras. Y tan feliz, que espero —si tus méritos, Noche, considero— que alguna triste, pavorosa y fría triunfo ha de ser del más alegre día. De esa esperanza ya conmigo lucha el alborozo. Antes que llegue, escucha. Ya sabes, como testigo de vista, ¡oh Noche!, la estancia yerma en que nací. Ya sabes que envuelto entre pobres pajas unos rústicos pastores me hallaron, a cuya causa se llamó mi primer cuna Belén, que en hebreo ‘casa de trigo’ quiere decir. Ya sabes también que varias plumas a este fin dijeron, unas, que el grano es Palabra; otras, que en pajas el grano se halló; que el pan es la Gracia, otras; y otras, que es el pan que de aquel grano se amasa el blanco vivo Pan, que del cielo a la tierra baja. Dejemos autoridades —sin que del griego me valga, en que omne es el pan, y el omne es ‘todo’—, pues éstas bastan para que asentado quede que, si en las letras humanas hubo algún dios Pan, su apoyo en las divinas no falta. Y, ya que vamos careando proposiciones contrarias, pintar dos naturalezas en sus retratos y estatuas, —siendo en su desproporción una noble, otra villana— fue decir que hay en mí unidas tan desiguales distancias como hay de humano a divino, significándome en ambas: en el semblante lo eterno y lo caduco en las plantas. Y pues vamos convenciendo gentílicas ignorancias, prosigamos a dos luces, con todas las circunstancias que lo alegórico pide y que lo histórico manda. Entre la gran plenitud de ciencias que me acompaña, voy —dejando aparte otras— a solo la judiciaria astrología, porqué al propósito me ensalza de hoy, más que otra alguna: hable el proverbio que declara que domina en las estrellas el sabio. Con que el tratarlas como dueño suyo me hizo reparar con más instancia en el astro de la Luna, por ser la imagen más clara de la Noche, más hermosa, pura, tersa, limpia y blanca. Bien reconozco que el ser mudable la afea y la mancha; pero no es perfecto amor el que no perdona faltas, y quizá yo vi las suyas solo para perdonarlas; que es tan al revés mi amor de todos, que todos aman a efecto de ver finezas, pero yo de ver mudanzas. Enamorado, en efecto, de la Luna... Espera, aguarda, que si tengo de entender, en los discursos que enlazas, que vas a hacer verdaderas historias que fueron falsas, ¿cómo en verdadera historia puede ser que nadie se haya de la Luna enamorado? Fácilmente, si reparas que en el místico sentido, que es en el que aquí se habla, en particular la Luna es viva imagen de un alma, con que en común lo es de toda la Naturaleza Humana. Eso no entiendo: la Luna, si hemos de estar a la vana superstición del Gentil, ¿no es astro en el cielo? Es clara cosa. ¿No la finge luego ser en las selvas Dïana? Es así. Ser Proserpina en los abismos, ¿no entabla después? Es cierto. Pues ¿cómo se ajusta ser semejanza de Alma ni Naturaleza triforme deidad, que, vaga en cielo, tierra y abismo, siempre es una y siempre es varia? Con una fácil razón. ¿Qué razón? Oye y sabrásla. La alegoría no es más que un espejo que traslada lo que es en lo que no es; y está toda su elegancia en que salga parecida tanto la copia en la tabla, que el que está mirando una piense que está viendo a entrambas. Corra ahora la paridad entre lo vivo y la estampa: la Luna ¿no es en el cielo astro? Sí. ¿Para que el alma a él suba a ser astro, Dios no la cría? Sí. ¿No anda, siendo forma a la materia del embrïón que la abraza, en desiertos de la vida y metáforas de caza, toda sobresaltos, toda fatigas, penas y ansias? No lo niego. Ya viadora en la tierra, ¿no se halla tan dueña de su albedrío que está en su mano el que vaya a ser luminosa estrella en esas esferas altas, o a ser en profundo abismo triste Proserpina infausta? Todo lo concedo. Luego en el cielo, en la campaña y en el abismo, no mal se semejan y retratan Diana, Luna y Proserpina en tres estados de un alma; pues, naciendo para el cielo, vive en la tierra, obligada a subirse a ser estrella o a reducirse a ser ascua. Y siendo así que ya queda la inteligencia asentada de que, en mi constancia, a mí el nombre de Pan me alcanza, y al Alma o Naturaleza el de Luna en su inconstancia, y que en nombrándose una son dos las que se declaran, pasemos a otro principio que es el que ahora nos falta. Este monte, que a la Luna consagró en templo Tesalia —más de miedo que de amor, por ser el que en sus entrañas, siendo asilo de las fieras, es veneno de las plantas— no obstante su horror, abriga a la sombra de su falda tan numerosos rebaños, que apuran, roban y talan tal vez su cristal al río, tal al valle su esmeralda. Con que, habiendo dicho que es en una parte abundancias y en otra horrores, no habré menester decir con cuánta propiedad se representa, como en abreviado mapa, el Mundo en él: pues el Mundo no es más que inferior monarca que debajo de la Luna contiene, alberga y ampara un todo, significado en yerbas buenas y malas, en quien la Naturaleza vive, reina, triunfa y manda. Dígalo la innumerable república de cabañas que el valle pueblan, la suma variedad, ritos y usanzas con que diversos pastores diversos apriscos pastan, mercenarios de la vida, a sueldo de penas y ansias. Aquí, pues, sabiendo que este es el sitio donde baja —disfrazando el ser divina por más parecer humana— ya a fatigar fieras, ya a ver crías y labranzas, es donde a buscarla vengo, dejando en mi primer patria, donde me aclamaron Dios, las dulces delicias blandas feriadas a propensiones de hielos, nieves y escarchas; a cuyo efecto, rasgando del pabellón de mi alcázar cortinas en que el sol hizo maridajes de oro y nácar, te invoqué, para que sean tus obscuras sombras pardas de mi esperanza terceras, que no se hallarán estrañas, puesto que lo han sido de otras menos dignas esperanzas. Busca, pues, en tu estación algún modo, alguna traza, que la obligue a que descienda adonde yo pueda hablarla en traje de cazador; porque si a ella en otra estancia vi yo a semejanza mía, me vea a su semejanza también en ésta ella a mí. Y sea con prisa tanta que pueda hoy pensar el día que amanece con dos albas; que ya sabes que un deseo, en quien firmemente ama, a cuenta de siglos pone cualquier instante que tarda. Y ninguno más, supuesto que cuantos su amor declaran, encareciendo su amor con que quieren a su dama como al alma, todos yerran sino yo, si a la pasada cuestión vuelvo, de que es la Alma Luna en las mudanzas de Humana Naturaleza; pues es consecuencia clara, si ella es Alma, y yo la quiero, que la quiero como al alma. Corrida de haberte oído quedo. ¿Por qué? Porque nada haré en servirte. (Esto es escusarme temeraria, siendo imagen de la Culpa, de abrir la puerta a la Gracia). ¿Cómo? (¿Qué escusa daré? Pero una verdad me valga en favor de una mentira). Como lo que tú me mandas lo ha hecho otro acaso, primero que mi obediencia lo haga. ¿De qué suerte? Un fiero monstruo que en estos desiertos anda, tan disformemente horrible y de señas tan estrañas que ninguno las penetra, pues Pedro, cuando dél trata, dice que es león que busca a quien devorar; y si habla dél Pablo, es para decir que es lobo que se disfraza con piel de oveja; a quien quiere Crisóstomo que se añada, sobre ser lobo, el ser lobo que al cordero despedaza más inocente; Agustino, perro que muerde con rabia; y Juan, en fin, que le vio de más cerca en su montaña, dice con todos que es hidra de siete gargantas. Como un fiero monstruo —vuelvo a decir— ha puesto en tanta confusión a los pastores de todas estas comarcas de que es mayoral el Mundo, que no hay persona que nazca que no nazca con el riesgo de que entre sus presas caiga; éste, pues, terror de todos, cuya venenosa saña a ahuyentarla o resistirla humanas fuerzas no alcanzan, en tanto conflicto ha puesto al Mundo, que otra esperanza contra él no tiene que hacer votos cada uno a las aras de su Dios. Con que el Gentil, llamando a la soberana deidad de la Luna, espera que de sus esferas salga, como dijiste, y descienda, en disfraces de Dïana, a ser huéspeda del monte donde, pues tanto la ensalza ser cazadora, sea triunfo de su arco y de su aljaba; con que, entre otros sacrificios, ha dispuesto dedicarla estas noches varios coros de música, a cuya salva espera cuál será el día de tan alegre mañana que a ellos responda piadosa. Con que el medio que me mandas que ponga yo, para que puedas tú verla y hablarla, ya le ha puesto el común ruego del Gentil; y pues de nada, como dije, servir puede a tu dicha mi desgracia, Dentro ruido y ya de los instrumentos con que los himnos la cantan los ecos se oyen, y es hora que, recogiendo la falda de mis sombras, vaya huyendo de los celajes del Alba, en paz te queda, pues sabes la violencia que me arrastra para que valer no pueda mi terror a tu esperanza. Vase y óyese instrumentos Si sé, y sé que de la Culpa sombra eres; pero mis ansias son que la Culpa se huya y que amanezca la Gracia. Y así, he querido de noche de mi venida informarla porque nunca en mi venida pueda alegar ignorancia; con que, aunque ella no se ayude, de mi fineza avisada, no ha de descaecer mi amor. Y así retirado, hasta que haya ocasión en que pueda declararme, entre estas ramas estaré; que no será poco aviso el que yo vaya a retirarme a un desierto en tanto que el Gentil canta, ofreciendo a falsos dioses bailes, músicas y danzas, como lo dicen los ecos, repitiendo en voces altas... Vase, y salen el Mundo de mayoral, Gentilismo, Judaísmo y Apostasía de pastores, cantando los Músicos, Simplicidad y Malicia de villanos rústicos, y la Sinagoga y la Idolatría Deidad de las selvas, hermosa Dïana, atiende a las voces que humildes te aclaman; y pues los desdenes con ruegos se ablandan, mejora las horas y alivia las ansias. Oíd, esperad: Judaísmo, ¿por qué del canto te apartas? Porque no puedo asistir yo a aclamación tan errada como adorar una diosa cuando está escrito en mis Tablas «solo a un Dios adorarás»: éste es aquel que mi sabia Sinagoga reconoce primer causa de las causas. Y haber llegado hasta aquí con todos, ha sido gana de saber en qué el tumulto de tanto séquito para. Con que, habiéndole sabido, y visto que es quien le traza contra esta fiera, que a todos nos asombra y nos espanta, el Gentilismo, no quiero asistir a la alabanza de la que yo solo como a Naturaleza Humana sirvo, en cuidar del rebaño que fía a mi vigilancia. Si él como a deidad la adora, con torpe religión falsa, adórela norabuena… …que yo en llegando a que haya multiplicidad de dioses me volveré a mi cabaña, que allá haré los sacrificios que el Levítico me manda… ...siguiendo a mis sacerdotes, profetas y patrïarcas. Vanse Oye, espera. ¿Qué le quieres? Que sin respuesta no vaya, vano de pensar que hace en mis sacrificios falta. Si has de responderle a él de responderme a mí trata, que estoy del mismo sentir: no solo en la repugnancia que me hace haber muchos dioses que entre sí el poder repartan, dando a Júpiter los cielos, a Neptuno mares y aguas, a Mercurio artes y ciencias, a Marte estruendos y armas, a Plutón sombras y abismos, el aire a Venus, las plantas a Flora, a Tetis los peces, y los pájaros al Aura; cuanto porque, habiendo dado a Ceres las mieses, hagas en oposición de Ceres —según publica la fama— nuevo Dios a Pan, un hombre, solo porque nació en pajas. Y pues ser pan, hombre y Dios es proposición muy rara para que la Apostasía o tarde o nunca la aplauda, haré lo que el Judaísmo, que es dejarte a que tú hagas sacrificios a tu modo, sin asistir yo a sus aras, sino acudiendo al rebaño que está a cargo de mi guarda a hacer allá solo a un Dios sacrificios en demanda del favor contra esa fiera. Pues, cuando no hubiera tantas causas para no seguir tus errores, me bastara la de querer que yo crea que Pan permute substancia de pan y pase a ser Dios; cuya duda imaginada no sé en qué visos, qué lejos, me asusta, estremece y pasma. Vase Oye, aguarda. No le sigas. ¿A uno y otro me embarazas que responda, y que les deje que con su opinión se salgan? Soy Mundo, y no toca al Mundo el que una religión haya, sino albergarlas a todas, dando a cada uno la paga del sueldo que le competa el tiempo que por mí pasa, jornalero de la vida; y así, no quiero que haya disensiones ni argumentos, sino que cada cual haga lo que le toque en defensa del rebaño que le encargan. Y si a ti contra la fiera te parece que Dïana te ha de amparar, su favor invoca, y deja que vayan otros a invocar sus dioses; que no he de impedirlo, hasta que un rebaño y un pastor sea toda la cabaña de la gran Naturaleza, que hoy es deste mundo el Alma. Vase ¿No pudieras, pues que eres la Gentilidad, por tantas y tan varias gentes como te siguen, hacer por armas que te obedeciera el Mundo? Sí pudiera, mas repara, bellísima Idolatría... ¿Qué? Que no es de aquí esa instancia. Dime, villana Malicia... ¿Qué quieres, Simpleza hidalga? ...¿qué dices desto? No sé, porque, aunque todos me cansan, es fuerza vivir con todos; y así, hoy que el Gentil canta, me vengo con el Gentil, y lo mismo haré mañana si el Apóstata o Judío cantaren. No eso me espanta, que ya sé que la Malicia todos los estados anda. Pobre de mí, que Simpreza soy, y nadie me da entrada —porque nadie me conoce aunque consigo me traiga— si no me la tomo yo; como agora, verbi gratia, que aquí me vengo también por si aquí acaso se baila. Aunque Apóstata y Hebreo al culto no me acompañan, ya que se ven de más cerca las excelsas cumbres altas del gran Monte de la Luna, volved, volved a invocarla. Deidad de las selvas, hermosa Dïana, atiende a las voces que humildes te aclaman. Chirimías, ábrese el carro que será una nube, y vese debajo de una media luna la Luna, vestida de cazadora, con arco y flechas, y una luna en el tocado No, no ceséis, que parece, si el deseo no me engaña, que boreal, diáfana nube los azules velos rasga, y desplegando las hojas, que en trémula luz esmaltan perfiles de carmín y oro a listas de nieve y grana, en el cerco de la Luna —que, bruñido iris de plata, es timbre de su diadema— se ve, mostrando que humana... ...mejora las horas y alivia las ansias. Pastores, cuyos rebaños en los montes de Tesalia, desde aquí vistos, parece que, inquietos golfos de lana, hurtan la nieve a la cumbre para enriquecer la falda: ya a vuestros ruegos respondo. Y porque vean contrarias leyes que el concepto de hoy es el que más le adelanta el gentil rito que invoca mi deidad, de sus cabañas favoreceré el ejido, trocando por él las sacras esferas, para mostrar que a dos luces mi luz clara... ...mejora las horas y alivia las ansias. Pues veis que, águila del sol, viene batiendo las alas la nube, y, bajel del viento, sulca los golfos del aura, no cese la aclamación, volved todos a la salva. Bajando Deidad de las selvas, hermosa Dïana, atiende a las voces que humildes te aclaman; y pues los desdenes con ruegos se ablandan, mejora las horas y alivia las ansias. ¿Oyes? Esto, me parece, significa entrar el Alma a ser huéspeda en la Tierra. ¡Qué como Simpleza hablas! ¿Pues sales ahora con eso después que todos lo alcanzan? Simplicidad, pues no acaso hoy en mi bando te hallas, y sabes que las deidades de sencilleces se agradan, mientras que desciende, inventa un baile con qué alegrarla. Es querer que no sea bueno que de repente se haga; mas buen remedio... ¿Qué es? …valerme de una tonada de que ahora me acuerdo, pues, al propósito trobada, ya que el tonillo sea viejo, será moza la mudanza. Síganme todos. Sí haremos. Pues vaya de baile. Vaya. Lo que canta la Simplicidad lo repite la Música Albricias, montes, albricias... (Cantando) Albricias, montes, albricias... ...que hoy a vuestras selvas baja... ...que hoy a vuestras selvas baja... ...la que serena la noche, la que huye de la mañana. ...la que serena la noche, la que huye de la mañana. Albricias, montes, albricias, que hoy a vuestras selvas baja, y obrigada a muesos ruegos viene a pagarnos, no en prata... ...la que serena la noche, la que huye de la mañana. Y obrigada a muesos ruegos viene a pagarnos, no en prata, porque, aunque ella prata es, todo es cuartos cuanto gasta... ...la que serena la noche, la que huye de la mañana. Porque, aunque ella prata es, todo es cuartos cuanto gasta; y aunque dicen que es discreta porque hurtos de amor ampara… ...la que serena la noche, la que huye de la mañana… … y aunque dicen que es discreta porque hurtos de amor ampara, que es oficio de entendidas, tal vez es una menguada… ...la que serena la noche, la que huye de la mañana. (Dentro) Que es oficio de entendidas… ¡Pastores, a la montaña! ¡Al monte! ¡Al valle! ¡A la selva! ¿Qué es esto? Sale el Mundo ¡El Cielo me valga! Asombrado el Mundo vuelve. Sepa yo lo que en ti pasa, mayoral, que tan turbado vienes. ¿Cuándo al Mundo faltan perturbaciones? ¿Qué ha sido? Que al tiempo que tú la sacra deidad de la Luna invocas, quizá porque Dios se agravia de este género de culto, de la rústica maraña más intrincada del bosque la fiera salió, con rabia tal, que por ojos y boca rayos vibra y fuego exhala. El redil de Beel, que es el primero que idolatra, y el último de quien tienes tú, Gentilidad, la guarda, fue donde el primer estrago de sus presas y sus garras entró ejecutando, y tanto de uno en otro el daño pasa, que también al Hebraísmo, que estaba haciendo en sus aras adoración a un becerro, infestando el aire, abrasa. La Apostasía, que a un tiempo cree y no cree verdades claras, el mismo daño padece. No hay oveja en sus manadas que no tizne el vellocino con el humo de la llama que va apestando las reses; y si tú el furor no atajas no habrá rebaño en el mundo en que no cunda la mancha. Y díganlo aquesas voces repitiendo... (Dentro) ¡A la montaña! ¡Al monte!¡Al valle! (Dentro) Villanos, morid todos a la saña del tósigo de mi aliento. Tanto su furor me espanta, que ni sé si muero o vivo. Salen el Judaísmo por una parte y la Apostasía por otra ¡Qué pena! ¡Qué asombro! ¡Qué ansia! Huid, pastores, porque en tanto que las reses despedaza, salvemos las vidas. Menos importa, si ellas se salvan, que los ganados perezcan. Huid todos. De buena gana, que un saludable precepto hace mal quien le quebranta. Vanse los dos ¡Al monte, al valle! Pastores, ¿cómo así se desamparan ovejas que a vuestro cargo entregó mi confïanza? Como, aunque yo te obedezco por Naturaleza Humana... Como, aunque por Alma suya yo te sirvo... ...¿qué ley manda que por ajeno ganado dé la vida? ...¿qué ley halla que muera yo por hacienda que no es mía? Y así trata... ...de guardarla, pues es tuya; ...pues es tuya, de ampararla; que contra infernales iras humanas fuerzas no alcanzan. Vanse Hoy sus palabras y obras tras sí a todo el Mundo arrastran. Vase Pues ves que al Mundo se llevan sus obras y sus palabras, preciso es que yo los siga. ¿Tú también de mí te apartas? Si uno por Naturaleza y otro por Alma te hablan, y yo por deidad te invoco, menos mi fuga te agravia, pues porque me valgas es, no para que yo te valga. Y así, o influye como Luna,... ...o triunfa como Diana,... ...o huye como Proserpina,... ...o padece como humana… …las ruinas de tus ganados; pues ves en esa amenaza que contra infernales iras humanas fuerzas no alcanzan. Vanse Bien se ve que mercenarios pastores sois, pues es clara cosa que, si fueran vuestros los ganados, no con tanta infamia vuestro villano temor los desamparara. Pero, ¿qué me desconfía, que sea o no suya la infamia, si es mío el valor? Por esta parte al encuentro le salga yo a la fiera. Mas, ¡ay triste!, Tropieza que tropezando turbada en mi cólera, al primero instante de ir a encontrarla, tiembla el pecho, el corazón late, el ánimo desmaya, y, tropezando y cayendo, vista y aliento me faltan. ¿Dónde, ¡Cielos!, a dar voy? Sale el Demonio vestido de pieles y recíbela en sus brazos ¿Eso dudas? A mis plantas, que si aquí te calificas o Naturaleza o Alma, aquí es donde, en el primero instante, es fuerza que caigas. ¡Ay de mí infeliz! ¿Quién eres? Quien brutas pieles disfrazan —porque lo quieren las plumas que mi noble ser disfaman— y, atemorizando al Mundo, estos escándalos causa solo por hacerte suya; y pues ya lo eres, ¿qué aguardas? Conmigo ven. ¿Yo contigo? Pues..., si..., cuando... En vano tratas resistirte. Tira de ella y se resiste Sol, estrellas, aire, tierra, fuego y agua, montes, selvas, aves, peces, brutos, troncos, flores, plantas, ¿no hay quien me socorra? Sale Pan Sí; sañuda fiera tirana, deja la presa. ¿Quién eres, joven, que con arrogancia tal a mí te opones? Soy quien soy. ¿La vista me engaña, o eres tú aquel a quien dio nombre de Pan la ignorancia? Y pues hombre te conozco no más, aunque algunos hayan dádote nombre de Dios, tras cuyo escrutinio anda vacilando el pensamiento si lo eres o no, mis armas te lo harán decir vencido. Retírate tú a mi espalda, piedra sobre que fabrican los pecadores. Turbada, absorta y confusa estoy. ¿Qué esperas? Ya en la campaña me tienes. Saca el acero, Toma un tronco que a mí este tronco me basta para ti. ¡Ay! ¡Si bien supieses cuán para mí le levantas y cuán para ruina tuya! Mientras no lo es, mi venganza arrojará el leño al Pan; mas de mi mano le arrancan de tus aceros los golpes. Riñen, y cáesele el tronco. Es que para mí le guardan. Pues ya que sin armas quedo, en tan desigual batalla piedras tomaré. Tampoco las piedras a mí me espantan. Si eres, cual dicen, Dios Pan, para que hieran más blandas convierte en pan estas piedras. Que le multiplique basta; Tiberíades lo diga y Emaús, cuando le parta, que soy quien soy. No prosigas, cesa, cesa, calla, calla: que tanto —¡ay de mí!— me asombran, me asustan y sobresaltan misterios de Pan, que huyendo iré, más de tus palabras que de tu valor. Vase Mejor lo dijeras, si alcanzaras que Pan y palabras mías más alta victoria aguardan. Ya estás libre de este horror. Pues permíteme que vaya, ya que la fiera se ausenta, tras mis pastores, a causa de que a su redil reduzcan las reses que se desmandan por los montes, y de que —pues que tú por mí los salvas— me den las gracias a mí, cantándome a mí la gala de la victoria. Volved, pastores, a las cabañas, que ya vencida la fiera huyendo va. Espera, aguarda, no huyas tú, pues no lo eres. No me detengas. Repara... Es escusado. Pues... Suelta. ¿…no... Quita. …sabrás... Aparta. …siquiera... En vano porfias. …quién por ti...? En vano te cansas, que primero son que tú mi ganado y mi alabanza. Vase ¿Qué es esto? Cuando esperé de mi fineza las gracias, ¿por ir tras sus intereses me deja? Mas ¿qué me espanta? Porque ¿cuándo no me fue la Naturaleza ingrata? Y puesto que a sus pastores, siendo quien la desamparan, estima más que a mí, siendo quien sus peligros restaura, en el traje de pastor, por si es que otra vez los llama, presuma que habla conmigo, volveré al valle. ¡Oh cuánto ama fino, quien de voces piensa mantener sus esperanzas! Bien que podrá ser que logre las mías el ir fundadas en que seré Buen Pastor. Y así, no en desconfïanza entre, porque a esotros diga... Vase, y sale la Luna, y por otra parte todos Pastores, ya a las cabañas, vencido el monstruo, podéis volver. Primero a tus plantas. Y con razón, pues el Mundo, que absorto estuvo, por ti vuelve a recobrarse. A mí se me debe, y bien lo fundo, más que a todos el suceso, pues yo fui quien invocó en la Luna a Diana, y no para mi blasón en eso, sino en que con su persona trujo en las etéreas alas, sobre el escudo de Palas, la celada de Belona. ¡Qué como Gentil, con vana presumpción hablaste! Pues para mí, siendo como es la Naturaleza Humana, creeré que para el laurel que hoy logrado considero de Judit trujo el acero, sobre el clavo de Jael. También tú, ¡qué como Hebreo hablaste! Mas yo que aquí Alma solo la creí del Mundo, deste trofeo a ninguno atribuiré la victoria, sino a ella, que un alma divina y bella vence mucho con la fe. Y viendo que en los dos van un yerro tras otro yerro, pues tú adoraste a un becerro, y tú crees que hay un dios Pan, creeré yo que vencería Alma y no más. Eso es ver que, en creer y no creer, hablas como Apostasía. Es verdad, y quien pensare que en sus dogmas me prefiere... Quien de mí no presumiere... Quien de mí no imaginare... ¿Qué es esto? Pues ¿mi respeto desta suerte se aventura? Atento yo a tu hermosura... Yo a tu obediencia sujeto... A tu deidad yo... Está bien. Yo, que aunque só la Simpreza me alegro en ver tu belleza, que ponga paces es bien, remitiendo al regocijo la contienda de los tres. Bien dijo. ¿Bien dije? Pues llámenme desde hoy bien dijo. Mientras rústicos villanos la festejan a su modo, desenojémosla en todo, ya que en divinos y humanos fueros la reconocemos dueño nuestro. Darla es bien deste triunfo en parabién algún don. ¿Qué la daremos? Piense cada uno qué puede de su rebaño ofrecer, y hasta que lo llegue a ver esto en silencio se quede. Vamos, pues, bailando, a ver en qué estado el valle está. Muy bien menester será. ¿Por qué será menester? Porque son tantos los daños que ha dejado hechos la fiera, que ninguno ver pudiera sin lástima los rebaños; y así, para divertir el pesar, es menester ayudarse del placer. Si en los dos llego a advertir, Mundo, uno darme codicia alegría, otro tristeza. Es el uno la Simpleza y es el otro la Malicia, y hacen su oficio. Pues vamos, entre placer y pesar, Mundo, a reír y a llorar. Pues en tus valles estamos, ¿qué baile habemos de hacer? Nadie al verle el rostro tuerza: pastores somos, y es fuerza que “A la gaita” haiga de ser. Esto se ha de bailar haciendo un paloteado con los cayados ¡A la gaita! Hace a la Luna hoy fiestas todo zagal; si es bailar hacer mudanzas, ¡qué bien la parecerán! Lo mudable es gala en ella si en otras facilidad, pues cuando ella luce menos es que quiere lucir más. A ver sus ganados viene, en quien pudo un monstruo dar avisos de desengaños, que obran bien y saben mal. No prosigáis, que si entre placer y pesar venía, la tristeza a la alegría venció al ver... ¿Qué? Que no encuentre —entre las ruinas que deja caducas, herido el viento del inficionado aliento— aquella manchada oveja que sobre el blanco vellón negros lunares la hacían más bella; porque sabían que no desluce el borrón los primores, que antes llenos de mil aciertos verás, pues donde se borra más es donde se yerra menos. Aquella, digo, que yo a mis pechos la crié y a migajas sustenté de mi mesa; y pues que no hallo mi oveja, la queja suba al Cielo, por si así moverlos puedo —¡ay de mí! y ¡ay de mi perdida oveja!— a que parezca. ¿Ninguna de tantas suple de aquella la falta? ¡Ay! que era muy bella; y estaba de mi fortuna en ella representada, blanca, y con negra señal, la ciencia del bien y el mal. Y pues que no puede nada suplir su pérdida, no tratéis consolar mi vida. ¡Ay de mi oveja perdida! ¿Quién me dirá de ella? Sale Pan con una cordera blanca y negra al hombro Yo. Ya no es mi suerte contraria. ¿Dónde, zagal, dónde fue donde la hallaste? La hallé junto al pozo de Samaria. Pastor soy de cien ovejas —bien que en número finito el no finito está escrito— y oyendo tus tristes quejas, por mejorar de fortuna —si es que algo mi amor te mueve—, dejé las noventa y nueve por ir a restaurar una. Desmandada a buscar iba el agua, y el agua halló tan dulce, que la bebió como si fuera agua viva. Y para que dé mi fe al Mundo nuevos asombros, vivo yugo de mis hombros en mis hombros la cargué. Cobra, pues, cobra el consuelo, ya que la oveja perdida al rebaño reducida por mí ves. Guárdete el Cielo. Traedla vosotros, siguiendo mis pasos, y el alegría que mis triunfos repetía. Vase, y los pastores bailando delante Segunda vez, ¡Cielos!, viendo su inconstante rosicler en mi segunda fineza, con sequedad y aspereza vuelve el rostro, sin hacer de ella aprecio; mas no, el verme de tosco sayal vestido de no haberme conocido causa será. No es hacerme de parte esto de la Culpa, sino querer perdonar la ingratitud, con pensar que puede tener disculpa. Yo la he de llevar. A mí me ha de tocar el llevarla. Tente, tú no has de tocarla. ¿Y yo, Mayoral? Tú sí. ¿Por qué? Porque su justicia muestre el Mundo alguna vez; que siendo la Sencillez tú, siendo tú la Malicia, no es bien ir de ti tocada (a la Malicia) sino de ti defendida, (a la Simplicidad) pues no es oveja perdida ya, sino oveja ganada. Y pues las tres religiones confusas quedan al ver a este joven, he de hacer juicio de sus opiniones. Vanse los dos Judaísmo, ¿qué pastor es éste que nunca vi en los rebaños? A mí, si no es que padezco error, me parece que le he visto alguna vez; pero no, no bien le conozco. Yo menos la duda resisto que los dos, porque las señas algunas luces me dan del Dios que llamaron Pan mis gentes; mas tan pequeñas, al verle en tosco buriel, que es él y no es él. ¡Porfía muy necia! ¿Es alegoría, para ser él y no él? Yo entre los dos mejor fundo no entenderle. ¿En qué, sepamos? En que, cuando dél hablamos, anda entre los tres el Mundo vacilando. Él nos dirá quién es, que forzoso es que haya de saberlo, pues en sus términos está. Dinos, Mundo, ¿qué pastor es el que al valle ha venido, de los tres no conocido? Por mí lo diréis mejor, que en la misma confusión estoy desde que le vi. ¿Quién es duda el Mundo? Sí. ¿Cómo puede haber razón de no saber tú quién fue? No sé. ¿Pues no nació en ti? Sí nació. Pues quién es di. No sé. ¿A qué vino? No sé. Averiguadlo los tres, que al Mundo solo tocó albergarle, pero no saber quién es o no es. Vase Pastor, que eres el primero, y primero sin segundo, a quien no conoció el Mundo... Juan lo dirá así. Yo quiero saber quién eres de ti, puesto que dél no lo sé. Y haces bien. ¿Por qué? Porqué no puedes saber de mí si yo mismo de mí mismo el testimonio no doy. Con cada palabra voy entrando a otro nuevo abismo más ciego y más importuno. ¿Tú de ti? Que sea no infiero testimonio verdadero el testimonio de uno. De dos es. Tú solo estás, saber del otro querría. Mi Padre, que es quien me envía. Menos te entiendo ahora y más crece mi duda cruel; ¿quién es tu padre? Si aquí no sabes dél ni de mí, sabe de mí, y sabras dél. De dónde has venido hoy y dónde vas, saber tengo. Sabe antes de dónde vengo, sabrás después dónde voy. Conque por ahora concluyo, ciñendo frases de amor, con que soy solo un pastor. ¿De qué rebaño? Del tuyo. ¿De mi cabaña eres? Sí. Pues ¿cómo no sé quién eres? Como saberlo no quieres. Dame una señal de ti. ¿Señal pides? Pues, aunque dar de Jonás la señal es de aquí, ya di otra. ¿Cuál? La de ser pastor. No sé de qué ovejas. Las más bellas. Dudo cuáles serlo gocen. Ellas a mí me conocen y yo las conozco a ellas. Ya que hablaste al Hebraísmo en su estilo, háblame a mí en el mío. Sí haré, di. Yo soy... Lo sé, el Gentilismo. Varias deidades adoro; vislumbres de serlo infiero en ti, y el traje grosero lo implica. Ya que lo ignoro, ¿eres, di, un hombre a quien dieron de dios Pan mis gentes nombre? Dinos si eres Dios y hombre. Tú lo dices; y pues fueron dos las preguntas, a dos luces los siglos verán, Gentil, que no soy dios Pan, Hebreo, que soy pan Dios. Entre aquí la Apostasía: ¿cómo Dios pan puede ser? Con decirlo yo, y creer que es la verdad la voz mía. Vamos de aquí, no perdamos tiempo en oír unas razones tan llenas de confusiones. Bien ha dicho, de aquí vamos. Yo por mí, desengañado, pienso estimarle muy poco. Y yo, tenerle por loco. Y yo, por endemoniado. Vanse los tres Pon más estos baldones, ingrato asumpto mío, a cuenta de finezas con que constante tu inconstancia sigo. Y pues, ya cazador, sacarte de un peligro, ni, ya pastor, volverte las perdidas ovejas a tu aprisco, medios son que te deban ni aun el menor cariño, pues más, al ver tu ceño, parece que te ofendo que te obligo, usaré de otros medios. Y así, pues solo miro en toda tu familia la Sencillez de parte de mi alivio, de ella valerme intento, supuesto que es preciso que nadie de mi parte se ponga más que un corazón sencillo. A buscarla iré, donde homenajes pajizos albergan a quien trueca por la verde esmeralda azul zafiro. Pero al camino ella me sale... ¿Qué me admiro? Porque ¿cuándo piadosa la Sencillez no me salió al camino? ¿Sencillez? Sale la Simplicidad ¿Quién me nombra? Un pastor peregrino que quiso ser pastor sin más razón que serlo porque quiso. Ya te conozco; dime en qué, zagal, te sirvo, que haber la oveja hallado que a mi dueño en tu nombre sacrifico, en grande valimiento me ha puesto, que aunque ha sido tuyo el don, el llevarle suele hacer al crïado más bien visto. Pues, si obligarme quieres, lo que amante te pido es que, pues ya la Noche hurta el Sol rayo a rayo y viso a viso, y yo valerme della no puedo —habiendo visto que, imagen de la Culpa, dijo mintiendo una verdad que dijo— quiero que por ti sepa ese desdén esquivo que muero a sus umbrales del mal de ver que a sus umbrales vivo. Que tú mi amor la digas quisiera, en dulces himnos y cánticos, mostrando que dignos versos no obstan a lo digno. Canta, pues, de mis ansias los afectos rendidos; veamos cómo la suenan, puestos tal vez en solfa, los suspiros. De rústicos cantares sé yo, no de canticios, himnos, solfas ni afectos; pues sin saberlos, ¿cómo he de decirlos? Diciendo tú cantando lo que llorando digo. Oye, pues. Di. Hablando los dos sale la Noche y el Demonio Pues eres, ¡oh Noche!, aborto del profundo abismo y sombra del pecado, no en vano de ti fío mi rencor. Si ves que, por asistirte a ti, al pastor no asisto, atenta a que Isaías te llamó en sus escritos lucero de la tarde, y Juan, estrella echada del Empíreo; ¿cómo a estrella y lucero, que son adornos míos, puedo faltar? ¿Qué quieres? Que sepas que David también me hizo traidor áspid, león fiero, en cuyos apellidos mostró que, una vez fuerte y otra vez cauteloso, al hombre embisto. Y pues como león quedé una vez vencido, quiero ver si otra venzo como áspid entre flores escondido. Tú has de cantar a ese soberano prodigio tan altas excelencias del noble ser con que a la Tierra vino, que ella, desvanecida a tu amoroso hechizo —supuesto que es la Noche la sirena que aduerme los sentidos— no escuche afectos de ese pastor advenedizo; que, más que por la vista, temo que entre su amor por el oído. Ya que bien informada quedo, va de canticio. Yo, en tanto, a ver si hallo de verla algún resquicio iré; pues hay quien diga que el mundo es para mí cancel de vidro. Vase Yo lo haré así. Pues yo buscaré en tanto arbitrio con que a ser Babilonia vuelva el mundo, si en alguien me revisto. Vase Quiera Amor se me acuerde lo que el zagal me dijo. Entre el horror y el ruego, venza el horror, que es de quien yo me visto. Cantando Toda hermosa a mis ojos, bellísimo prodigio, pendiente de un cabello muero, de amor el corazón herido. Cantando Pues toda hermosa eres, no oigas, que siempre ha sido triunfo de la hermosura de otras memorias componer olvidos. Sale la Luna De la humilde cabaña que elegí por retiro me sacan dos afectos tras la curiosidad de solo oírlos. Paseándose encontradas y cantan Mírame a tus umbrales en el invierno frío, cubiertos los cabellos de la nieve, la escarcha y el rocío. No te obligue el ver canos los más dorados rizos, que a un amante le basta sembrar finezas y coger desvíos. Uno dulces favores, desdenes otro esquivos cantan; ¿cómo pudieron sonar conformes y mover distintos? Canta Y pues ya va el invierno huyendo del estío... Canta ...huye tú de otro incauto fuego, que aun arde más cuando más tibio. Canta Del Líbano desciende a este valle florido. Canta Pedirte que desciendas más parece baldón que sacrificio. ¡Qué confusa me hallara entre los dos sentidos, si para gradüarlos no tuviera elección el albedrío! Canta Ya florecen las viñas dulces frutos opimos. Canta No es don los que antes fueron en su pámpano agraces que racimos. Canta Ven, pues, ven a coger rosas, claveles, lirios. Cantando ¿Qué más flores que verte tú en los cristales de tu espejo mismo? Canta Las tórtolas arrullan. Canta No escuches sus gemidos. Canta Pomas dan los frutales. Canta Escarmiente lo hermoso en lo nocivo. Si es buen aviso éste aquél no es amor digno; si aquél es digno amor éste no es buen aviso. Y pues en dos afectos el mejor no distingo, oigamos, y hasta entonces, atenta a la razón, suspenda el juicio. Las dos a dúo cantan pues ves que las sombras a los primeros visos del Sol se desvanecen, luz a luz, rayo a rayo y giro a giro, toma de mi consejo lo mejor, que es preciso recatarse del día mi voz, mi fe, mi halago y mi cariño. Vanse Cuando para el examen de uno y otro motivo daba espera el deseo de entenderlos, pues no bastaba oírlos, a un tiempo se despiden. Pues ya que a ambos seguirlos tampoco a un tiempo puedo, al que cantaba amor seguir elijo. No porque amor me mueva, sino porque, ofendido en mi espíritu heroico lo generoso de su ser altivo, vengue en él la osadía del habérmelo dicho. (dentro) ¡Oh cuánto arrastra, Cielos, un sentimiento más que un beneficio! Acento, que a esta parte sonaste inadvertido, ¿cúyo eres? Sale Pan ¡Quién pudiera, sin temor de enojar, decir que mío! Pues si tú ese temor te traes, pastor, contigo, y si te riño logro el mismo efecto que si no te riño, ni aun esa vanidad te ha de dar tu delito; que, si sé que me temes, ¿para qué has de saber que te castigo? Para que, consolado con llevar padecido más ese ceño, crezca lo accidental de un mérito infinito. ¿Luego tú el padecer lo tienes por alivio? El padecer no; pero el padecer por quien padezco estimo; y he de amar hasta el fin, tan constante y tan fino que triste el alma mía, hasta morir, toda ha de ser gemidos. Tanto he de amar, que diga mi amor... Dentro grita e instrumentos El Judaísmo ha de llevar la palma. La victoria ha de ser del Gentilismo. ¡Viva la Apostasía! ¿Qué escándalos, qué gritos son éstos? Sale el Mundo Pues el Mundo es quien los oye, el Mundo ha de decirlos. Los pastores de estos valles —que, en tres ejidos que moran, con tus tres nombres te adoran— porque en sus rebaños halles el digno aplauso de aquella victoria que ayer tuviste cuando a la fiera venciste... (Es verdad, que si por ella lidié yo en su nombre, es bien que ella goce en esta parte mi favor). ...vienen a darte un festivo parabién. Cada uno trae a su modo un don, y porque se entienda cuán general es la ofrenda viene con cada uno todo su pueblo. Y en confïanza de que tú el premio has de dar al que te llegue a agradar más que otros, con esperanza de ser cada uno el dichoso repiten a un tiempo mismo los unos... ¡El Judaísmo viva! ¡Viva el poderoso Gentilismo! …otros en fin, prosiguiendo la alegría, que... ¡Viva la Apostasía! Vienen a aqueste jardín por varias partes entrando. (Justo es que vaya también yo a traer mi don, en quien no en vano espera mi bando que ha de ser la gloria mía, si es que acuerda la atención de la Fábula un vellón que llene la alegoría). Vase Mucho de oír me he alegrado el aplauso que me dan mis pastores, y hoy verán entre sus dones premiado el que más me agrade. Pues oye las festivas voces con que, alegres y veloces, vienen todos a tus pies. De los carros, que han de ser dos jardines, salen divididos en dos coros los Músicos, y del uno una Pastora, trayendo en una fuente un vellón blanco y negro, y detrás la Apostasía; y tras él la Sinagoga con otra fuente, y un vellón en ella blanco, y tras ella el Judaísmo. Del otro carro sale la Idolatría con otra fuente, y otro vellón cuajado de oro, y tras ella la Gentilidad; después la Simpleza con otra fuente y otro vellón cuajado de flores, y detrás Pan; y canta la Música mientras bajan todos al tablado En parabién de que triunfe dichosa la Naturaleza, que es alma del Mundo, estrella del Cielo y deidad de la Tierra... En parabién de que triunfe dichosa, pues solo por ella la fiera se huye, el rebaño se cobra y el Mundo se alegra… En parabién de que triunfe dichosa su rara belleza, los pastores del valle, que antes de lágrimas era,... En parabién de que triunfe dichosa le han hecho las fiestas, y todos contentos, ufanos y alegres la traen sus ofrendas. Y en parabién de que triunfe dichosa repiten que viva, que reine y que venza. Yo, a quien dan de Apostasía nombre las gentes, al ver que en creer y no creer consta la religión mía, viendo cuánto la perdida oveja, hallada, te dio placer, sintiendo que no fuese por mí reducida a tus rebaños, en fe de que su hallazgo te agrada, en tu nombre otra manchada oveja sacrifiqué. Y para que sin ejemplo nadie más que yo merezca, cuando en su adorno guarnezca las paredes de tu templo, de ella te traigo el vellón, por presumir, deidad bella, que, si las manchas de aquélla tuviste por perfección, ésta es su más parecida. El Apóstata no estraño que traiga de su rebaño señas de oveja perdida. Yo, que tu deidad adoro, de otro sacrificio el don te traigo en otro vellón, cuyas manchas son de oro. Éste es aquel que le dio Júpiter a Heles —por quien, en fluctüoso desdén, el nombre el Ponto cobró de Elesponto, deducido de Heles y Ponto el renombre—; y habiéndole, por más nombre, a Marte Friso ofrecido, Jasón yo de tu beldad hoy a Júpiter y a Marte le robé, por coronarte superior a su deidad. Mira, pues, si en tu decoro distancia hay, para el laurel, desde una manchada piel a un vellocino de oro. Yo, que de Israel el bando soy, pues soy el Hebraísmo, en este concepto mismo vencer espero, pues cuando te da uno manchada piel y otro dorado vellón, yo te doy, en Gedeón, piel y vellón de Israel. Sobre los campos de Flora toda la noche quedó, y él solamente cuajó las lágrimas del Aurora. Yerto el prado, seco y frío no se humedeció, porqué su albor solamente fue el que concibió el rocío; por quien el continuo susto dice en perpetuo clamor de mis profetas «Señor, lluevan las nubes al Justo». Y pues de aquesta esperanza, Humana Naturaleza, por lustre de tu nobleza la mejor parte te alcanza, goza ahora el blanco arrebol que imagen suya se nombra, y complácete en la sombra mientras no amanece el Sol. Si el Apóstata en manchada piel las señas te semeja, aquella perdida oveja no es la que por mí fue hallada; luego mi alabanza estriba en su don, pues cosa es cierta que en su poder viene muerta la que yo te entregué viva. Si en ricas guedejas de oro funda la Gentilidad su ofrenda, con más verdad yo en el hallado tesoro de preciosa margarita, tan peregrina y tan bella que no nació igual a ella; cuya candidez imita la piel de blanca cordera en quien mancha no se halló de negro átomo; ni yo entre flores la trujera menos que para que, llena de gracia, flor especiosa, la expliquen, virgen, la rosa y, fecunda, la azucena con granos de oro, que son más estimable tesoro que el vellocino de oro. Y aunque en el de Gedeón, mientras el Sol amanece, con la sombra te complace, dijo el Hebreo, no hace fuerza, cuando en el que ofrece un estranjero pastor no solo la sombra está mas todo el Sol, siendo ya amanecido esplendor. ¿Esplendor amanecido puede ser, sin saber yo ¿cómo u dónde amaneció? Y más no habiendo cumplido sus sombras mis profecías, pues aun no han sabido dél los cómputos de Daniel ni los truenos de Isaías. Si eres, que antes lo dudé y voy confirmando agora, aquel hombre a quien adora por Dios la ignorante fe de unos rústicos pastores, ¿cómo, di, oponerte quieres a mi valor? Y si eres hombre humano, ¿cómo loores de Dios te adquieres? Razón da de ti. ¿Ya no la ha dado? ¿En qué? En haberme robado la cordera el corazón. ¿Quién eres, pastor? Que en ese jeroglífico, compuesto de no manchado vellón en varias flores envuelto, sin saber lo que me dices, sé que con tan gran respecto le miro, que como Luna ponerme a las plantas pienso de la que me representa intacta deidad, haciendo, aun en el abismo, como Proserpina, con un miedo reverencial, a su sombra adoración; pasar luego, como Diana, a sacrificios, dándola altares y templos en que, como Alma del Mundo, la ofrezca en mis rendimientos los dones de los demás: la manchada piel diciendo amarga mirra en sus manchas, la de oro mi firme celo, mi fervor la del rocío que en vapores suba al Cielo como del incienso el humo; con que el Mundo su primero holocausto vea, que es de mirra, de oro y de incienso. ¿Quién eres, pues, di, que en ese —otra vez a decir vuelvo— jeroglífico, has logrado ver tan trocado mi afecto que obliga a que sean favores los que hasta aquí eran desprecios? Soy la luz del Mundo, soy el Camino verdadero, soy la Verdad y la Vida: quien fuere en mi seguimiento no pisará las tinieblas. No has hallado mal pretexto, para no decir quién eres, en aplicarte epitectos tan de otro lugar; y pues tú lo recatas, a efecto de que te tengan por más, yo lo diré: es quien, naciendo en pajas, llamaron Pan los pastores, y a quien dieron después, por ciencias y artes a que se aplicó su ingenio —sin autoridad, pues yo ni le estimo ni le aprecio entre mis dioses— el nombre de dios Pan. Agora entro yo, pues ser pan y ser Dios repugna a mi entendimiento. Y al mío, que haya más dioses que el Dios de Israel inmenso. No abandones, te suplico, juntos tres merecimientos por el de un advenedizo, que yo —ya lo dije— siendo el Mundo, no le conozco. No abandono, que antes creo que en uno a los tres ilustro. ¿Cómo? Como, si prefiero su don a la piel manchada, en fe es de arrepentimiento; si a la de oro, en fe de que de las fábulas me ofendo; y si a la del blanco albor, que divino reverencio, en fe de que ella es la sombra y estotra es el cumplimiento. ¿Que esto oigo? ¿Que esto escucho? ¿Esto sufro? ¿Esto consiento? Ven, pues, conmigo a mi lado, que aún no han de parar en esto mis favores: desde hoy has de ser mi esposo, y dueño de mis rebaños. Vosotros volved a cantar, diciendo que una cordera sin mancha en paz Cielo y Tierra ha puesto; que bien lo podéis decir día que, vencido el ceño de mi ingratitud, admito —Dios, pan y hombre en un supuesto— tan desiguales distancias como hay de la Tierra al Cielo. Admítelas tú, que yo te sacaré del empeño. ¿Qué camino puede haber de sacarla? Dicho tengo… ¿Qué? …que yo soy el Camino. Sí, mas yo ¿cómo creerlo podré? También que soy, dije, la Verdad. ¿Para qué efecto? De dar vida, pues soy Vida. A tus razones atento, ciego el Mundo, a escuras anda. Pues no ande a escuras ni ciego, que yo soy la Luz del Mundo. ¿Cómo? Si... Los argumentos dejad para las escuelas, que el teatro de un desierto no es cátedra. Ven tú, y vuelvan vuestros festivos acentos. Entre cuantos vellones acuerda el tiempo, la cordera sin mancha se lleva el premio. Y cómo que lleva, pues que pace entre lirios las azucenas. Y cómo que gana, pues sestea a la sombra de olivo y palma. Y cómo que vence, pues la abrigan los cedros y los cipreses. Y cómo que es cierto, la cordera sin mancha... Dentro ¡Socorro, Cielos! ¡Cielos, favor! ¡A la selva! ¡Al monte, al valle! ¿Qué es esto? Sale la Malicia Que el fiero horroroso monstruo, más sañudo y más sangriento que otras veces, los rebaños tala, en gemidos diciendo... Dentro Villanos hijos de Adán, hoy probaréis el veneno, más que nunca, de las iras del tósigo de mi aliento. Con más disculpa que antes huir hoy su furor podemos, pues ya eligió quien la guarde sus ganados como dueño. Dices bien. ¡Al monte! ¡Al valle! Oíd, esperad. No queremos, pues ya el ganado es de otro, que sea el peligro nuestro. Muera él por ella. Vanse Sí haré. Oye, espera. Si primero, aborrecido, me viste a su fiera saña opuesto en tu defensa, ¿qué haré favorecido? Al encuentro le saldré. A morir contigo te seguiré. Vanse, y queda la Simplicidad sola con la fuente de la cordera Señor Miedo, ¿cómo es esto de que sea unas veces tan ligero y otras veces tan pesado? Apenas moverme puedo, ni sé por dónde. Hacia allí ruido entre las ramas siento; quienquiera que sea, me ampare. Sale el Demonio Villanos, a decir vuelvo, hijos de Adán… ¡Ay de mí! …¡morid todos! ¡Buen consejo! Con la misma fiera, ella por ella, di. Que no temo volver otra vez vencido... ¡Ay! que a mí se acerca… ...a precio de aqueste primero daño que en el instante primero logro en todos. ¿Quién aquí está? …el azar de ese encuentro. Huélgome que seas tú... Yo, que usted sea, no me huelgo. …que siempre, Sencillez, fuiste mi enemiga. Yo, ¿en qué? En serlo, y hoy más que nunca, pues eres hoy de esa ofrenda instrumento; y habiendo dado en mis manos, en ella y en ti pretendo vengarme. Mas —¡ay de mí!— que al ir a tocarla tiemblo, quedando, antes de tocarla, ella intacta y yo suspenso. Atreverme a su limpieza no puedo —¡ay de mí!— no puedo. ¿Qué haría en el original si aun en la copia me ha muerto? Quítamela de delante, vete, vete de aquí. ¿Y luego dirá que soy su enemiga? Mire cómo le obedezco. Vase ¿Que aun la imaginada sombra del especial privilegio en que humana planta pudo hollar de mis siete cuellos las siete cervices, tanto me acobarde? Mas ¡ay Cielos! ¿qué fuera del hombre, si ella en paz no le hubiera puesto, mediatriz entre hombre y Dios? Mas ¿qué dudo? Mas ¿qué temo, ya de delante quitada, que en su rebaño no entro como su peste, y...? Sale Pan No harás, que soy yo quien la defiendo. Cuando huyen todos, ¿tú solo te quedas? Soy Pastor Bueno, y he de dar por mis ovejas la vida. Sí harás, supuesto que, en el traje de pastor, no esgrimirás el acero que me arrancó de la mano otro tronco, o este mesmo. Toma el tronco Por eso desceñiré la honda, y verás que te venzo con las armas que quisiste vencerme, en ella poniendo sola la piedra arrojada del Monte del Testamento. Eso es querer acordar aquel prodigioso duelo de David. David segundo soy. Tira con la honda y sale el Judaísmo ¿Dónde, del monstruo huyendo, podré asegurarme? Y yo, segundo Goliat, pues muero, quebrada la frente, ¿en brazos de quién? Yendo el Demonio tropezando cae en los brazos del Judaísmo De quien pretendiendo huir de ti, contigo ha dado. No me temas, que antes quiero que me favorezcas. ¿Cómo? Escondiéndome en tu pecho, donde, revestido, puedas defenderme con el leño que pongo en tu mano: toma, lidia tú, venga tus celos; y vea el Mundo que hay delitos que no puede cometerlos el Demonio, y puede el Hombre. Vase ¿Qué ira, qué horror, qué veneno, qué rabia, qué ansia, qué furia, qué parasismo, qué incendio el contacto de la fiera ha revestido en mi pecho, que el corazón a pedazos se me ha quebrantado dentro? Pero ¿qué mucho, qué mucho, si al nuevo pastor encuentro, que se me haya anticipado el furor al sentimiento? Con las armas de la fiera queda el Judaísmo. Salen la Luna y la Sinagoga por dos partes ¡Cielos! ¿Por dónde daré con él? Por aquesta parte pienso que venía. ¿Quién creerá, si puedo temer, que temo más al Hombre que al Demonio? Pero allí está. Allí le veo. Y al Judaísmo... Y al joven... Mirándose ambos suspensos. ¿Qué será? Acércome a oírlo. ¿Qué será? Llégome a verlo. Pues solo en el monte está ¿qué aguardo, que no me vengo? Ya a mí se acerca. Pastor que, advenedizo estranjero, una vez hombre, otra Dios, otra pan, Dios y hombre a un tiempo, todo parábolas, todo enigmas, todo misterios, a escandalizar el Mundo, a prevaricar mi pueblo y a hacerte de los rebaños señor, has venido, siendo la no manchada cordera tu blasón y mi desprecio: pues solo y desamparado en este monte te encuentro, hoy morirás a mis manos. Si, cuando a dar me prefiero la vida por las ovejas, huye el lobo, y tú, más fiero, tomas contra mí sus armas, acto continuado siendo tu furor de su furor, no me quitará, a lo menos, de Buen Pastor el renombre. O séaslo o no, este leño habrá de ser de tu muerte el más penoso instrumento. Levanta el golpe para él y da a la Sinagoga, que estará detrás, y caen ambos En tus manos, Padre mío, el espíritu encomiendo. ¡Ay infelice de mí! ¿Qué has hecho, traidor, qué has hecho? No sé; porque solo sé que al ir el joven cayendo al leño abrazado, pudo herir con el mismo leño a la Sinagoga —¡ay triste!— de suerte que al mismo tiempo que yo a él le he muerto, él a la Sinagoga ha muerto. En los cuatro carros terremoto Y aun al Sol, pues el Sol yace fallecido al mismo tiempo, anticipando la Noche. Sale la Noche, atravesando el tablado ¿Qué es esto, ¡Cielos! ¿qué es esto? ¿De cuándo acá anda conmigo liberal el Sol, haciendo que tenga tres horas más de vida yo, y él de menos? Vase la Noche ¿Qué pavorosas tinieblas a media tarde han cubierto, en exequias deste joven, de luto la Tierra y Cielo? Terremoto, y sale la Idolatría Entupecidos los aires, a relámpagos y truenos heridos gimen. Sale la Apostasía La tropa de estrellas y de luceros vuela en cometas, que son crinadas aves de fuego. Sale la Simplicidad El mar se queja a bramidos. Sale la Malicia Y en pavorosos bostezos la tierra abre sus sepulcros. Sale el Mundo Rasgóse el velo del Templo. O padece mi Hacedor, o mi máquina disuelvo. ¡Qué portento! ¡Qué prodigio! Terremoto, y sale Gentilidad No el prodigio, no el portento está en el mortal eclipse, que otro hay más raro y más nuevo: todos los ídolos míos, al consultarles su estruendo, mudos yacen, y en lejanas voces de horrorosos ecos decir se ha oído en varias partes... Dentro El dios Pan es el que ha muerto. ¿El dios Pan? Sin duda es éste aquel idioma griego que en el Pan entiende el Todo; pues si es el Todo el que ha muerto, ¿qué aguardo aquí, que no voy a sepultarme en el centro, llevando a mi Sinagoga conmigo, mostrando en esto que para mí vive, aunque para todos haya muerto? Vase, llevando a la Sinagoga, y vuelve la Noche, atravesando el tablado Como es ésta la primera vez que estas horas poseo, no sé su estación; y así, vagando, no sé si vuelvo atrás o paso adelante. Vase Horror a horror añadiendo, segunda noche parece que vuelve a cubrir de nuevo unas sombras de otras sombras. Mas parece que serenos, al pasar segunda vez, se van mostrando los cielos. Dulces músicas lo digan… Levántase Pan Es por explicar en eso, viendo que pasa dos veces la Noche, que al día tercero, restitüido a la vida, glorioso y triunfante vuelvo. Retirad aquel cadáver que con mi postrer aliento espiró también, a nunca vivir, pues nunca los fueros de anciana Ley, en los ritos ceremoniales, es cierto vuelvan a vivir, pasando sus sacrificios cruentos a incruento sacrificio de mi sangre y de mi cuerpo debajo de las especies de pan y vino, corriendo a la obscura confusión de humanas letras el velo del fabuloso dios Pan, en el pan Dios verdadero. ¿Qué verdadero Dios pan puede ser, si lo que veo, lo que oigo, lo que gusto, lo que toco y lo que huelo solo es pan? ¿Quién me asegura que pueda ser alma y cuerpo de carne y sangre? Sale la Fe en la pirámide de un jardín La Fe, que en el Paraíso nuevo que es el Jardín de la Iglesia, elevándose hasta el cielo en pirámides, bien como el humo de sus inciensos y bien como principal entre otros seis Sacramentos, sube a coronar de rayos sus dorados rizos. Luego, ¿otros Sacramentos hay? Un Niño en la cruz en la fuente del otro jardín Sí. ¿Dónde están? En mi pecho, que es la fuente de quien corren a inundar el universo. ¿Cómo podré persuadirme yo a que tantos, tan diversos sacrificios, como tuvo la Ley Antigua cruentos, a incruento y a uno solo se han de reducir? Creyendo que todos fueron figuras y él de todos cumplimiento. Y, para que os convenzáis, en dos os pondré el ejemplo: ¿qué contiene el pabellón en que yo vine? Descúbrese el sacrificio del Cordero Un cordero sacrificado. Ahora mira la nube que trujo al suelo, Descúbrese en la nube que bajó la Luna la cordera blanca entre flores en metáfora de Luna, al Alma: ¿qué miras dentro? La blanca cordera miro entre sus flores. Pues siendo aquel cordero el de Abel, y aquella cordera luego la que el Levítico manda llevar sin manchas al Templo, Vuélvense los sacrificios, y vese en el de la cordera la imagen de la Concepción y en el del cordero un cáliz y hostia mira lo que significan, siendo en vino y pan yo mesmo cordero sacrificado, y el intacto candor bello de la cordera sin mancha quien, al instante primero de su animación, no tuvo de culpa un átomo negro. Yo lo creo. Yo aún lo dudo. Pues tú serás heredero, Gentilismo, de la viña que perdió, sañudo y fiero, el Judaísmo; y aunque ahora tú, como él, estés protervo, siendo la oveja perdida, yo haré que vuelvas al gremio cuando un pastor y un rebaño sea todo el mundo entero. Y tú, esposa, porque en nada dudoso al Mundo dejemos, sube conmigo en las nubes que son pabellones nuestros. Suben los dos como bajaron ¡Dichosa Naturaleza Humana, que mira abiertos, sobre el orbe de la Luna, los palacios de otro imperio! Todos a sus pies rendidos, humildes, gracias le demos. Y sea pidiendo perdón, diciendo todos a un tiempo... …divinas y humanas letras desengañen el concepto del fabuloso dios Pan, en el pan Dios verdadero.