Personajes SALOMÓN CANDACES IRÁN ELIUD Cuatro HEBREOS DOS SOMBRAS SABÁ ASTREA La IDOLATRÍA MÚSICOS MÚSICOS ACOMPAÑAMIENTO DE SABÁ PASTORES HOMBRES MUJERES Descúbrese el carro primero, que será un trono, y en él Salomón dormido, y salen en el aire dos Ninfas cubiertas los rostros Inmenso Jehová, de dioses Dios sin principio ni fin, de batallas Sabaot, de ciencias Adonaí: ¿quién soy yo, para que vea rasgarse ese azul viril en iluminadas hojas de púrpura y de carmín? Y vosotras, ¡oh aparentes ideas!, ¿a qué venís embozadas como noches si como auroras lucís? Y pues a mí os acercáis, declaradme si es a mí a quien tan alto favor el cielo concede. Cantan Sí, que tú eres a quien Dios quiso elegir por rey poderoso y monarca feliz. Repite toda la Música Que tú eres a quien Dios quiso elegir por rey poderoso y monarca feliz. Canta Ínclito príncipe, hijo del héroe a quien competir se vio lo sabio en la paz y lo glorioso en la lid. Del que el día que la fama le pretendió difinir, “el Grande» dijo, renombre que todo lo incluye en sí. Del que nunca el sol perdió desde el oriental cenit de vista sus reinos hasta el occidental nadir. Del que de la religión el culto llegó a esparcir desde su primero solio hasta su último confín. Hijo, en fin, del más piadoso y justo rey. Hijo, en fin, por decirlo de una vez del real profeta David… Atiende y sabrás de mi trompa sonora… Atiende y sabrás de mi dulce clarín… … que tú eres a quien Dios quiso elegir por rey poderoso y monarca feliz. Joven entras a reinar, y viendo cuánto el regir un pueblo es el arte más difícil de conseguir… … con su poder y su amor dispone labrar en ti perfecto ejemplar de un rey a quien se deba seguir. Y como es la fe el cimiento en que eso ha de consistir quiere que alcázar le labres en que triunfar y vivir. Y así a fin, de parte yo de su amor, vengo… Y así de parte de su poder vengo yo también, a fin… … de que la fábrica al templo no dejes de proseguir… … de que al gobierno no dejes de velar y de asistir. Y para que mejor pueda amor y poder lucir… … de sus tesoros el arca… … venimos las dos a abrir. Pide pues, pide, que cuanto… … le llegares a pedir… … tanto te concederá,… … por mostrar… … por advertir… … que tú eres a quien Dios quiso elegir por rey poderoso y monarca feliz. ¿Qué puedo pedir que sea más de su agrado? ¡Ay de mí! ¡Cuánto a uno da que dudar quien le da en qué discurrir! Mas ¿qué dudo? Que a Dios solo debe un rey pedirle… Di. Espíritu para orar y ciencia para regir. Por lo bien que le has pedido te ofrece su amor en mí infusa sabiduría. Y en mí su poder rendir el orbe a tus pies, con que ni hubo ni habrá desde aquí más sabio ni rico rey antes ni después de ti. Diciendo el poder en su trompa sonora… Diciendo el amor en su dulce clarín… … que tú eres a quien Dios quiso elegir por rey poderoso y monarca feliz. Repite toda la Música Diciendo el poder en su trompa sonora, diciendo el amor en su dulce clarín que tú eres a quien Dios quiso elegir por rey poderoso y monarca feliz. Desaparecen, y despierta él, bajando al tablado, y cerrándose el trono Oíd, esperad, no tan presto del transparente zafir volváis a cerrar las nubes de nieve, rosa y jazmín antes que de vuestros rostros corrido el velo sutil vea cara a cara al sol ya que embozado le vi; pero ¡qué digo! que no es tiempo de descubrir misterios que el cielo guarda reservados para sí. Tocan las chirimías ¿Mas qué salva será esta? Sale Si quieres, señor, salir a ese mirador, podrás, ya que no ver, advertir en breve rasgo una seña de tu poder. ¿Cómo así? Irán y Candaces, reyes de Egipto y Tiro, de ti llamados, a un tiempo entran por Sión, con que al oír el pueblo la majestad y fausto con que lucir a vista el uno del otro intentan, da a presumir que a Jerusalén más vienen a mandar que no a servir; y como las novedades siempre le llevan tras sí les siguen hasta tu alcázar en tropas de mil en mil. Vuelve y que a ellos solos dejen entrar a las guardas di. ¿Qué novedad será esta que siento dentro de mí, huéspeda del corazón desde el instante que oí a aquella visión que yo… Mas esto no es para aquí, y tiempo al tiempo le queda para poderlo decir. Vase Eliud Las chirimías, y salen Candaces y Irán Dame, gran señor, tu mano. Dame tus plantas a mí. Seáis bienvenidos los dos. Aparte. (Bien en los dos advertí que Candaces como rey independiente de mí habló, y Irán como rey vasallo). ¿Cómo venís? Como quien a asistir viene llamado, señor, de ti. Como quien viene, señor, de ti mandado a servir. No es menor mérito, Irán, obedecer que asistir; y ya que llegado habéis para lo que os quiero oíd. Hijo nací generoso, ya lo sabéis, de David, si heredero de sus glorias no, de sus imperios sí. También sabéis que en hebreo quiere Salomón decir «pacífico» y que yo al cielo el proverbio le cumplí, pues desde que el rey mi padre juntó al nacer y el morir oriente y ocaso, y yo sombra de su sombra fui, se suspendieron las armas en Palestina; y así no veis en Jerusalén un templado arnés ni oís los militares estruendos de una caja y un clarín. El laurel cede a la oliva, habiendo sido hasta aquí escuela y taller de Marte, pues desde que en juvenil edad esgrimió la honda contra el jayán filistín hasta que en su senectud venció en una y otra lid al apóstata idumeo y al idólatra gentil no se desnudó las armas; con que viéndole teñir Dios lo puro de la nieve con lo rojo del carmín, ensangrentadas las manos, no quiso de él recibir casa y templo en que morar, altar ni ara en que vivir; y así dejando afianzado tan gran peso sobre mí —bien que aprestados preciosos materiales en quien vi desentrañado el Pactolo y amontonado el Ofir—, me manda en su testamento que yo sea el que feliz labre al arca del Señor templo que llegue a partir competencias con el sol cuando desde su zafir en que madruga topacio para acostarse rubí no sepa a quién debe el día resplandecer y lucir, viendo que de cada almena es cada estrella pensil. Esta fábrica eminente que no podrá competir antes ni después el tiempo fían los cielos de mí. Ved si es cuidado que debo consultar y repartir con todos, y siendo Atlante de tanto peso, pedir socorro a Alcides que pueden ayudármelo a sufrir. Con este intento os llamé, porque los dos conseguís en mi amor y mi privanza más cariño que otros mil reyes que son mis vasallos; y puesto que a esto venís, sabed que para empezar la fábrica prevenir solo me faltan dos bellas provincias a que acudir. El Líbano, excelso monte en cuya inhiesta cerviz descansa el cielo los ejes de su azul globo turquí, población es donde tiene sus imperios el abril, porque sus árboles son en el ameno jardín pompas de la primavera, pues cuando empieza a reír la alba y a llorar la aurora, sus flores a medio abrir copas son en que el sol bebe en búcaros de ámbar gris contra amarguras de Amara dulzuras de Rafidín. De este pues sagrado Olimpo habemos de conducir leños a Jerusalén, y tú, Candaces, has de ir a talarles y a traer de las palmas de Efraín, de los cedros de Cadés y cipreses de Setín los troncos, porque en ciprés, palma y cedro se ha de unir tal trabazón que parezca que nacen de una raíz. Tú, Irán, has de ir al oriente, y de mi parte decir a Nicaula de Sabá, que es su docta emperatriz, que si mi amistad desea para servirse de mí me ferie de los sabeos aromas de su país, ya sudadas de los montes, el estoraque o menjuí, ya destiladas de aquella parra de bálsamo y del precioso linaloe, y el cinamomo sutil las aromáticas gomas, para que pueda subir en pirámides de humos y en alas de querubín al cielo entre los inciensos que han con arder de aplaudir en el arca de Israel el blanco maná de Sin, florida vara de Aarón y tablas de Sinaí. La respuesta, señor, sea obedecer desde aquí. Al Líbano iré y verás cuán dignamente de mí fías tu cuidado, pues a Sión ha de venir en fragmentos tan cabal que se pueda presumir no que fui por él, sino que él se ha venido tras mí. Vase Donde el decir es hacer, está de más el decir. No digo que iré a Sabá ni que informaré de ti a su reina, solo digo… ¿Qué? Que te voy a servir. Vase Partid en paz, que no sé qué nuevo espíritu en mí dice que habéis de traerme el tesoro más feliz del Líbano y de Sabá. Pero ¿qué mucho, si oí que a la gran Jerusalén el mayor le ha de venir en una mujer y un tronco de la casa de David? Vase y salen cantando en tropa Astrea y las demás mujeres y músicos por una parte y por la otra la Idolatría La sibila soberana de la gran India Oriental, emperatriz de Etiopia, reina invicta de Sabá, inspirada del fervor que la asiste celestial retirada está a inquirir secretos del bien y el mal, que no hay para quien aspira a deidad mejor compañía que la soledad; repiten que no hay para quien aspira a deidad mejor compañía que la soledad. Suspended, suspended los acentos, que no solo lisonja de los vientos hoy será su armonía, pero quizá en tristeza la alegría convertirá si sus sonoras voces de Sabá a interrumpir llegan veloces el rapto del oráculo divino de que inflamada a estas montañas vino. Si contigo, Palmira, huyendo de las gentes se retira porque tu amor alcanza quizá por extranjera más privanza, no por eso embaraces que intentemos nosotras divertirla en los extremos con que tal vez el éxtasis la trata cuando el fervor su espíritu arrebata. Y cuando no su alivio consigamos, sepa a lo menos que lo deseamos. No, pues, no nos impidas el ser a nuestro dueño agradecidas. Proseguid las canciones. No prosigáis. ¿Pues cómo tú te opones a lo que ordeno yo? Como no quiero que el pasmo divirtáis de quien espero saber, porque esto toca a mi cuidado, lo que el Dios que invocó la ha revelado. Advenediza esfinge lisonjera que tormentoso el mar a esta ribera echó cuando al bajel en que venías bóveda fueron sus espumas frías, ¿cómo, digo otra vez, a mí te atreves? Como ignorando tú lo que me debes a ti misma te ignoras, pues cuando más me ultrajas más me adoras. ¿Yo a ti? Tú a mí. No avives los recelos de pitonisas que… Dentro ¡Valedme, cielos, que no hay dolor que a mi dolor iguale! Pero agradece que del monte sale que oculta la tenía Sabá. Ventura es tuya más que mía. Suspended la contienda, que no es razón que vuestro enojo entienda. ¿Cómo le ha de entender si su quebranto tanto la priva, la enajena tanto, que contenta no más con quien la inspira ni oye ni ve ni habla ni respira? Mal compuesto el vestido, sin atención, discurso ni sentido, con ardiente despecho parece que arrancar quiere del pecho el corazón. ¡Qué asombro! ¡Qué destino! ¡Qué confusión! Sale Sabá y va arrojando hojas de árboles al viento Espíritu divino que sin duda en aquesa azul esfera causa de causas es causa primera: pues a ti sola invoco cuando el principio del principio toco, ya que escribir me dejan mis congojas en hojas de los árboles, que hojas son del papel del viento, lo que me dictas, cóbrame en mi aliento para decir: “Sabed, sabed, mortales, que sé de la salud de vuestros males. Esas líneas que lleva divididas el aire, en verde lámina esculpidas, misterios comprehenden que solo las estrellas los entienden; estudiad pues en ellas, que letras son del cielo las estrellas. Borrados hallaréis vuestros delitos si alcanzáis los carácteres que escritos van en ese cuaderno, corónica inmortal de Dios eterno». Desmáyase Desmayada ha quedado. Y absorta yo. ¿Qué Dios habrá invocado, que de cuantos adora toda la idolatría el que es ignora? Una estatua es de hielo. Vuelve ¡Ay de mí! ¿Volvió? Sí. ¡Válgame el cielo! ¿Dónde estoy? ¿Gente aquí? Mas ¿qué me admiro, si me admiro de mí si a mí me miro? ¿Yo aquí tan descompuesto el cabello y las ropas? ¿Pues qué es esto? ¿Quién aquí me ha traído? Vuelva a la luz primera tu sentido, que cuantos aquí estamos la de tus bellos soles adoramos. Huiré de que me vean de esta suerte; los riscos solos sean mudos testigos hoy de mi fatiga; todos os retirad, nadie me siga, que aun de mi sombra huyera si distancia entre mí y mi sombra hubiera. Vase ¡Oye! ¡Espera! Teneos, no la quitéis de ir sola los deseos; y pues sin ella estamos, recojamos las hojas y leamos lo que su vaticinio nos enseña. Esta duda contiene no pequeña. Lee, por saber qué Dios invoca muero. Lee “Y cuando el parasismo vea postrero». Problema es no entendida. Lee “Porque uno muerte dé y otro dé vida» aquí dice. Tampoco esa se entiende. Más que a todos, a mí su enigma ofende. Aquí aun están más prósperos los hados: Lee “Los dichosos serán los señalados». Oíd, pues, lo que de aqueste infiero: Lee “Antídoto ha de ser de aquel primero». Aquí leo confusa y suspendida: Lee “Con dulce fruta en su sazón cogida». Si leer mi verso quiero: Lee “Un celestial, un singular madero». Este amenaza alguna gran caída: Lee “La fábrica del orbe desunida». Con este quedaréis más admirados: Lee “Cuando con él a juicio seáis llamados». Nada hemos entendido. Procuremos hallarle algún sentido. ¿De qué suerte? Leyendo todos juntos quizá no divididos los asumptos podremos de esos modos no entendiéndose uno, leerse todos. “Un celestial, un singular madero… … con dulce fruta en su sazón cogida… … antídoto ha de ser de aquel primero… … porque uno muerte dé y otro dé vida,… … y cuando el parasismo vea postrero… … la fábrica del orbe desunida… … los dichosos serán los señalados… … cuando con él a juicio sean llamados». Todavía en la duda nos quedamos. Pues dejémoslo en duda y a ver vamos dónde se retiró. Que nos quedemos nos mandó. Eso dijeron los extremos de su pasión, y dueños divertidos mandan y sienten verse obedecidos. Pues en su busca vamos. Vanse todos y queda la Idolatría Mal, ¡oh réprobo espíritu!, quedamos en no haber entendido de este futuro oráculo el sentido, pues ni alcanzo el enigma ni le infiero de un celestial, un singular madero que ha de dar muerte y vida con dulce fruta en su sazón cogida. Y siendo así que viendo cuánto dada Sabá a divinas letras, inspirada de ellas, piensa inquirir qué sacra idea primera causa de las causas sea, el ídolo de Baal que la etiopisa India Oriental por su auxiliar venera en mí, como su gran sacerdotisa revestido, que yo perturbe espera sus estudios, porque la verdadera ley de Israel no llegue a su noticia; conque de su temor y mi malicia asegurando en mí su monarquía con el nombre en común de Idolatría vengo a ser aquel monstruo cuya fama oposición de Dios el texto llama. A este efecto fantástica la nave que me echó derrotada a esta ribera habiéndose ligeramente grave desvanecido sin saber su esfera, puesto que de elemento en elemento nadó en el agua y se anegó en el viento, Sabá compadecida de los raros sucesos de mi vida que la asista, sin ver lo que en sí encierra, en su servicio y gracia… Dentro ¡Tierra, tierra! Dentro De un bordo y otro en ella pon la mira. ¿Pero qué es lo que escucho? Una nave (¡con nuevas penas lucho!) miro, y según el rumbo con que gira, hacia estos montes es. Sale Sabá y Astrea ¿Viste, Palmira, ya que más cerca del mar te hallas, qué porte o qué señas son los de esa extraña nave que nuestros mares navega? No, señora, porque solo vi que amainada la vela a vista de tus montañas para dar fondo se acerca. Ya echada al agua la lancha, la pequeña tropa de ella la orilla pisa. Vibrad las dos al arco la cuerda, porque hasta saber quién son no nos hallen sin defensa. Dentro Ya que la playa pisamos, cada cual tome la senda y a examinar sus noticias con ellas al bajel vuelva. Sale Hombre, aborto de la espuma, que esa marítima bestia sorbió sin duda en el mar para escupirle en la tierra, no des más paso porqué cada paso más te acercas a morir; habla a lo lejos o en las tostadas arenas de estos montes pisarás tus cenizas cuando en ellas cadáver el suelo midas a la arbolada violencia de esta flecha en forma de áspid, o áspid en forma de flecha. Deidad de estos altos montes, en quien la naturaleza unió la noche y el día, pues luces y sombras mezcla, siendo en tu equívoca tez crepúsculos de belleza las perfecciones de hermosa con las gracias de morena; si eres la diosa a quien dan estos montes y estas selvas adoración, que no dudo, no desdigas, no desmientas las vislumbres de divina a los visos de soberbia, que emplear tirana en quien humilde tus plantas besa las puntas de esos arpones será desairar sus fuerzas, pues no les da qué vencer quien no les quita que venzan. De paz navego estos mares, cristales en que recrea el sol su hermosura cuando medio dormido despierta, y así humilde te suplico me digas qué parte es esta de la India y dónde caen para que siga su senda las provincias de Sabá, que voy buscando a su reina en vez de darla temores para rendirla obediencias. Ignorante peregrino que de tan lejanas tierras debes de venir que no alcanzas noticia de esta, pues que no las has tenido, cuando de su dueño y de ellas, es pregonera la fama llena de plumas y lenguas, porque tan grande ignorancia otra vez no te acontezca quiero de todo informarte; no receloso me atiendas. En las provincias del Asia, primera cuna y primera estación del sol adonde la luz su fatiga empieza, la isla yace de Merol, a quien de ambas partes cerca el Nilo, que menos foso a los muros de sus peñas no bastara, si ya no es que más que foso quiera ser espejo de cristal a sus Narcisos de hierba. Este pues lunar del orbe, bien que hay lunar con belleza, trocó el nombre de Merol en el de Sabá, y ella el de Nicaula trocó por pagarla la fineza en el de Sabá, con que en igual correspondencia, vienen a ser uno mismo el de su reino y su reina. No te quiero encarecer su majestad y grandeza, su poder y su valor, aunque decirte pudiera que son sus montes de oro y tan al crisol se acendran del sol que si alguna vez bastarda mina revienta de plata, dicen que ha sido un aborto de la tierra y como a mal parto suyo ni le estiman ni le aprecian. Y aun no son estos sus ricos tesoros, que de manera, por desenojar al aire de que él también no los tenga, próvidamente mañosa hizo la naturaleza, si es oro lo que oro vale, que en partida competencia uno produzga en raíces lo que otro en minas engendra. ¿Qué leño no es un aroma?, ¿qué copa un pomo?, ¿qué hierba un perfumador?, ¿qué planta un holocausto en que quema en brasero de esmeralda verdes sarmientos la bella parra de bálsamo en cuya siempre iluminada hoguera salamandra el sol se abrasa, fénix el sol se renueva celebrándose en sí mismo el natal y las exequias? Y con ser tal su poder, sus pompas y sus grandezas, no es su excelencia mayor, que su mayor excelencia es el precioso tesoro de su ingenio y de sus ciencias: encuadernado volumen son a un tiempo para ella con carácteres de flores las pautas de las estrellas. Mira si quien esto sabe y quien en todo esto reina podrá ofenderse de que tú lo ignores y no sepas estando con ella hablando que estás hablando con ella. Saberse tu nombre antes que tu persona se sepa, anticipando el oído a la vista, no es ofensa; y cuando lo sea, señora, como sabia, como reina y como hermosa no hagas de una ignorancia tres quejas, pues a la de hermosa solo no te sabré dar respuesta, que en cuanto a rica y a sabia, no me admiro, que está hecha el alma a ver y tratar majestades y riquezas iguales, porque decir mayores fuera imprudencia. ¿En quién? En Salomón, rey de cuanto el Éufrates riega hasta el Filistín, y cuanto desde Egipto señorea el Nilo hasta la otra parte del Éufrates; cuantos de estas provincias son reyes son sus vasallos; después de ellas es señor de Palestina, de Samaria y de Idumea, Caldea y las dos Arabias, feliz una, otra desierta; de las Indias del Ofir tres flotas al año llegan cargadas de plata y oro, joyas, diamantes y perlas; tanto que en Jerusalén hoy hacer un templo intenta. Para la fábrica hermosa están las calles cubiertas de preciosos materiales; mira cuál es más grandeza, tener riquezas nacidas o tributadas riquezas, pues lo uno dice ventura y lo otro dice obediencia. Cincuenta y seis mil caballos de su servicio sustenta y gasta al año (esto es fe) cuatro millones de hanegas de trigo en casa y familia. Y sobre tanta opulencia tiene las ciencias de cuantos ha habido maestros de ciencias ni ha de haber, porque ninguno sobre la faz de la tierra supo más ni sabrá más: díganlo las experiencias de sus acertados juicios y díganlo las respuestas de sus vaticinios, pues no hay duda que no resuelva y… ¿Qué dices? Lo que es fe otra vez a decir vuelva. Prosigue. De parte suya te vengo a pedir audiencia, porque, como ya te dije, un templo labrar intenta adonde viva su Dios, cuyo gran culto desea ilustrar con dones tuyos, y así… Suspende la lengua, que es bajo alcázar un monte para tan alta materia. Por él tu gente esparcida anda; júntala y con ella sígueme a mi corte, donde alojado convalezcas de las fatigas del mar, en tanto que la propuesta tú hagas más despacio y yo más despacio la resuelva. Tus plantas una y mil veces beso y pues me das licencia a juntar mi gente voy. Vase ¿Más rico y sabio? ¡Qué nueva confusión! ¿De qué te extrañas? ¿De qué has quedado suspensa? No sé que impulso, Palmira, no sé que espíritu, Astrea, en mi pecho ha introducido esta prodigiosa nueva, que a la vil envidia ha hecho tan noble que yo la tenga, no de que más poderoso rey haya, mas de que sea tan sabio que no haya habido ni haya de haber quien le exceda ni le iguale; esto me ha puesto en deseo de qué diera por verle y hablarle. ¿Cómo es posible? Como quiera irle a ver ¿quién se lo quita? Distancias de mar y tierra. La tierra la huella el bruto, el mar la nave le huella, todo es fácil al adbitrio del poder. Rey de ajena ley finezas no merece. Mi deseo no es fineza. Ni su visita decoro. Quien pensare… Quien entienda… … que yo… … que yo… Baste, baste, que es oposición muy necia querer que mi voluntad se gobierne por la vuestra; yo veré lo que conviene. Aparte (Y no dudo que convenga obedecer a un impulso que interiormente me alienta y a no ver que hay albedrío asentara que me fuerza) a ir a consultar a quien, pues tan de sabio se precia, podrá ser me dé algún rasgo, algún viso, alguna seña, alguna sombra o figura de aquella causa primera, que principio sin principio el ser fin sin fin es fuerza). ¡Astrea, vente conmigo! Vanse Aunque en el llevarse a Astrea y en el dejarme a mí hallo novedad, no es bien la sienta, pues no sirvo a su privanza yo, sino a mi conveniencia; y así dejándole al uso sus fueros —pues cosa es cierta, que aconseja mal oído el que a gusto no aconseja—, paso a cuánto convendrá que el motivo la divierta de ir a Jerusalén, donde preciso es noticias tenga del grande Dios de Israel, y más a vista de aquella fábrica que hoy a su culto no hay plata, oro, árbol ni piedra que el poder no los conduzga y la fe no los ofrezca. Y por lo que de árbol dije, ahora ¡ay de mí! se me acuerda el vaticinio de aquel cuyo no entendido emblema dar quiso a entender que hay árbol tal en la naturaleza que al veneno del primero ser antídoto pretenda. ¿Quién supiera de él si es que le hay? Mas para mi pena imaginarlo me basta. Gran Baal, pues en mí reinas, siendo ídolo vivo en quien sus oráculos alienta la idólatra oposición de Dios, que es su más adversa difinición, pues no hay virtud que en Dios resplandezca que no sea vicio en ti, ya que él en Sabá revela misterios como en sibila, revela en su competencia tú, como en tu pitonisa, en mí avisos que prevengan contra este árbol. ¿Para cuándo son tus diabólicas ciencias sino para cuando yo, dado que le haya, sepa adónde esté, para que arrancado de la tierra o la segur le deshaga o el fuego le desvanezca tan en cenizas que… Pero ¿quién entorpece mi lengua que al pronunciar sus injurias duda el alma, el pecho tiembla, el corazón se estremece, el discurso titubea al infernal rebelión de sentidos y potencias? ¡Ay infelice de mí! ¿Dónde, espíritu, me llevas a mí sin mí, que quedando en mí tan sin mí…? Desmáyase y sale Candaces, Eliud, y los pastores Hacia esta parte del Líbano donde el mar espejo de nieve, mirándose en sus cristales, ufano se desvanece al ver que desde la orilla su florida pompa verde en la tierra y en el agua se deja gozar dos veces, es donde la tarea de hoy se ha de aplicar, que en su fértil distrito es sin duda donde más hermosura contiene el monte. De cuatro mil hebreos que a tu orden vienen, de la del rey a su tala no hay ninguno que obediente no procure señalarse porque por tradición tienen que un árbol que Jericó, de Noé nieto, trajo a este monte por árbol extraño le dejó a sus descendientes encomendado bien como el mayor bien de sus bienes; y será dicha entre esotros que al templo sin conocerse vaya, ya que con el tiempo tan de memoria se pierde. ¡Nieto de Noé no fuera! Bien que anduvo impertinente nieto de Noé que trujo troncos pudiendo traerse cepas que diesen sarmientos, sarmientos que después diesen pámpanos, pámpanos que diesen agraces en cierne, y agraces que diesen uvas, y uvas que aquel licor fuesen que no le bebe el hebreo el rato que no le bebe. Baste el descanso, empezad hoy el trabajo por este, que en su tronco y en su copa y su fertilidad, debe ser preferido entre cuantos a la fábrica eminente del templo navegan. Yo seré el primero que llegue. Pero ¿qué es esto? ¡Al mirarle paso y acción se suspende! Si no llegas, llegaré yo. ¿Pero quién me detiene? Y a todos, puesto que a todos postrados nos deja al verle. No le toquéis, que sin duda el árbol divino es ese de Jericó. Y aun por eso es razón que nos aliente más su corte. Si es divino, ¿dónde mejor estar puede que en la casa del Señor? Dices bien, por eso debe cortarse y llevarse al templo. Llega pues, su tronco hiere. Mira. ¿Cómo, si es divino, al golpe no se defiende? Terremoto El blanco —¿qué es esto, cielos?— rocío que al alba bebe el aire en sangre sacude. Dioses, ¿qué prodigio es este? ¡Hebreo, pues sobre ti diluvios de sangre llueve, no le cortes, no le cortes! ¿De qué, señor, te estremeces? Algún pájaro que herido de agudo arpón hizo albergue su copa y ensangrentó sus hojas agora al verse sacudido las despide. Su acaso nuestra ira enciende. ¡Déjanos llegar, Candaces! Yo no te digo que llegues a cortarle, hebreo; sin mí córtale tú si quisieres. Como eres gentil que adoras cocodrilos y serpientes allá en el gitano Nilo ya pensarás que hay en este alguna deidad oculta. ¡Llegad todos! Árbol fuerte, los golpes son del hebreo, no del gentil, él te ofende. Terremoto Ya su tronco el suelo mide. Y al inclinar su alta frente… … delirios el monte sueña, … eclipses el sol padece. Árbol que con vida y alma sangre llora y penas siente ¿qué árbol será? En esta rama palma es. ¡Que tanto te ciegue el temor, que no conozcas que es cedro! Tú el ciego eres, pues al ciprés llamas cedro. Candaces, ¿no es palma este ramo suyo? Palma es. ¿Este no es, si bien lo adviertes, cedro? Sí. ¿Este no es ciprés? Ciprés es. ¿Qué enigma es este? No sé, que aunque dice mucho es poco lo que se entiende de un jeroglífico que en una raíz contiene tres cosas en sí distintas que son una solamente, significando en las tres si a sus símbolos se atiende en cedro, palma y ciprés duración, victoria y muerte. Llevadle a Jerusalén vosotros, porque yo al verle tan prodigioso no quiero tener parte en él. Vase Por ese mismo caso debe ir donde prodigioso quede en el templo colocado. ¡Vaya al mar! Vanse Dioses, valedme, que he visto infinitos siglos en solo un instante breve, pues en solo un breve instante he visto tan diferentes cosas como hoy en Sabá y en el Líbano suceden. Dígalo allí el misterioso árbol de las tres especies, dígalo aquí la jornada que a Jerusalén previene Sabá puesta ya en camino y dígalo finalmente el ir a Jerusalén entrambos, donde parece que sin verse el uno al otro se han citado para verse. ¿Pero qué me desconfía? ¿No soy en forma aparente la Idolatría? ¿No voy con ella donde ella fuere? Pues nada me asuste, nada me aflija ni desconsuele, que el que vence sin contrario no puede decir que vence. Vase y sale Eliud y Salomón Notable sentencia ha sido; solo ella a mostrar, señor, basta cuánto del favor de Dios vives asistido. Pues, ¿qué valgo yo por mí? Y porque asentado quede que todo bien le procede de Dios al hombre, oye. Di. Si dos mujeres vivían solas con pobres caudales, si dos infantes iguales ambas al pecho tenían recién nacidos, si una por descuido a su hijo ahogó y en el sueño le trocó para enmendar su fortuna con el que vivo guardaba la otra abrigado en su lecho, si al despertar con despecho de ver que difunto estaba le hizo decir que no era aquel su hijo, si las dos litigaban lo que Dios solo sentenciar pudiera y por mostrar en mi vida su gran providencia rara me inspiró que sentenciara que el infante se divida, en cuya sentencia una quedó alegre y otra no, pues llorando me pidió piadosamente importuna que entero el recién nacido le diese a la otra mujer porque más le quería ver ajeno que dividido, ¿no fue dictarme el Señor juicio que al primer semblante mandar matar a un infante inocente era rigor para que después se viera ser piedad, al ver después que natural madre es la que no quiso que muera? Luego, aunque de su grandeza gozo dones soberanos, ponerme a la vista humanos frutos de naturaleza, fue decir, viendo volver en pía acción la acción impía, que toda sabiduría es hija de su poder, y que en nuestra insuficiencia las que juzgamos crueldades, miradas en Dios piedades son de oculta conveniencia. Dame a besar, ¡oh gran señor!, tus plantas si mi humildad merece dichas tantas. Sale Llega, Irán, a mis brazos. Cadenas son de amor tan nobles lazos. ¿Cómo en Sabá te ha ido? Que aunque de tus avisos he sabido los primeros motivos que su estrella motivó a conocerme en Sabá bella, no sé su efecto; y no es acción impropia la prisa de saber qué hay de Etiopia. Admirada, señor, de tus grandezas, tus ciencias y riquezas, resolvió visitarte, y peregrina rompió del mar la esfera cristalina, en cuya nueva yo me he adelantado, bien que poca ventaja habré ganado, según corre veloz, feliz navega, pues no dudo que hoy al puerto llega de Jope, donde en él desembarcada de allí a Sión es corta la jornada. Dones que presentarte tray y enigmas también que preguntarte, que en su genio su aplauso se asegura más que en la majestad y en la hermosura, bien que inspirada, pues la dan no en vano nombre… Dame a besar, señor, tu mano. Sale El pecho es más señal de agradecido. A buen tiempo los dos habéis venido a lograr el afán, pues tanto medra el edificio de ambos asistido que presto le pondrán la angular piedra. El Líbano, señor, que siempre ha sido fértil patria de bellos árboles, que aun el sol madruga a vellos, talé con varias gentes, mas entre cuantos troncos diferentes vienen, solo encarezco uno y este en mi nombre te le ofrezco, porque es leño con alma de un cedro, de un ciprés y de una palma. Los dos me habéis logrado las dos cosas que más he deseado, que no sé lo que infiero en mí de una mujer y de un madero que han de ilustrar con majestad no escasa de Dios el templo y de David la casa; y así, Irán, a la orilla de Jope ve en mi nombre a recibilla, donde se le prevenga triunfal carro en que venga hasta Sión en tanto que también yo a esperarla me adelanto. Tú ese madero en parte, Candaces, pon donde no deje el arte de emplearle en la fábrica del templo, porque según contemplo la multitud de prevenciones tales juzgo que han de sobrarla materiales, y sintiera que en él hiciera sobra si ya no fuese para mejor obra. Vase Irán Vase Mejor obra, señor, jamás la esperes. ¡Ah de obreros del Líbano! Salen 4 ¿Qué quieres? Que vais desembarcando esos últimos árboles y cuando saquéis el que yo juzgo soberano, le pongáis donde esté más a la mano para labrarle. ¿Día para todos de pública alegría quieres, señor, que sea para nosotros solos de tarea? Si ves que acude a ver toda la gente la ambulativa emperatriz de oriente sin que espacio se tope desde el alcázar de Sión a Jope que no pueble y que está para su entrada la gran Jerusalén alborotada,… … tanto que toda es en alabanzas suyas, bailes, músicas y danzas, ¿quieres que trabajemos? Si no lo crees escucha los extremos con que la aclamación dice festiva: Dentro ¡La hermosa reina del oriente viva! Decís bien, gozad hoy de su alegría, que mañana al afán será otro día. Vase Pues que libres estamos, a ver las vistas de ambos reyes vamos. Ya desde aquí podemos, pues entre el monte y mar el carro vemos en que triunfante viene. El rey, que a recibirla se previene en la florida esfera del jardín de Sión que llegue espera. La gente que cantándola la gala consigo trae ya con la nuestra iguala en festivos extremos. Todos entre unos y otros nos mezclemos, suene con ellos nuestra voz altiva. ¡La hermosa reina del oriente viva! Salen todas las mujeres y hombres que pueden cantando, y mientras bailan en el tablado, da vuelta el carro triunfal, y vese en él sentada Sabá en su popa, y a este tiempo salen en el carro de enfrente, que será un jardín, Salomón, y en las cláusulas de la música las chirimías, y todos con instrumentos diferentes Morena soy pero hermosa, hijas de Jerusalén; morena soy pero hermosa, bien podéis venirme a ver. Venid de fiesta y de gala, veréis la reina que en fe de serlo de oriente viene vestida de rosicler. Venid, veréis coronado a Salomón del laurel que le dio su madre el día que le juraron por rey. Venid, veréis el aplauso, el gozo, gusto y placer con que todos la reciben diciendo una y otra vez: “Morena soy pero hermosa, hijas de Jerusalén; morena soy pero hermosa, bien podéis venirme a ver». Chirimías Neutral rayo de aquella primer cuna del día, a quien el sol envía por su mejor estrella bien como embajatriz del alba bella… Monarca en quien mejora la luz del sol reflejos, pues hiriendo más lejos si allá nace aquí adora las fértiles campañas del aurora… Tú que el concepto obscuro a descifrar te atreves cuando el aliento bebes de espíritu que puro te sabe hacer presente lo futuro… Tú que de la presciencia oráculo eres vivo, libro con voz y archivo en quien la Providencia supo depositar poder y ciencia… Salve, y gloriosa vengas a ilustrar dichas tantas. Salve, y porque a tus plantas mejor solio prevengas, descienda a que feliz a ellas me tengas. Bajan los dos y Salomón llega a la escalera del carro Cortés sabrá la prisa adelantar la mano. Eso es ser rey divinamente humano. Mejor humanamente ser avisa esto ser tú divina profetisa. ¡Qué notable grandeza! ¡Qué perfecta hermosura! ¡Qué majestad tan pura! ¡Qué singular belleza! Prosiga en su oblación nuestra fineza. Morena soy pero hermosa, hijas de Jerusalén; morena soy pero hermosa, bien podéis venirme a ver. A tu poderoso alcázar, a tu supremo dosel, gran Salomón, hijo heroico de David y Bersabé, convidada de la fama, que como antes dije fue verbal coronista al orbe de tu ciencia y tu poder llega esta vez la no ociosa curiosidad de mujer, porque la curiosidad sea oficiosa tal vez; pero aunque en fe de la fama viene, en llegándote a ver perdió con el desengaño todo el mérito la fe. Cuando yo no la debiera otro don —puesto que sé que el llegar a conseguir no es llegar a merecer— este me bastaba solo para darme el parabién del más dichoso monarca que tuvo el orbe; y porqué no es bien que la admiración suspensa más tiempo esté de Sión a descansar en el sacro alcázar ven en tanto que se previene tu entrada en Jerusalén. Siempre la obediencia en mí tendrá méritos de ley. Mérito en mí el rendimiento de sacrificada fe. ¡Qué felicidad! ¡Qué dicha! ¡Qué contento! ¡Qué placer! Hasta llegar al alcázar, al baile y canto volved. Y aun hasta el mismo jardín tenemos de entrar, ¡pardiez! Con esta repetición, con algunas coplas se han de repetir lo que fuere menester para el tiempo que hablen Salomón, Eliud, y Astrea, Sabá y Palmira Morena soy pero hermosa, hijas de Jerusalén; morena soy pero hermosa, bien podéis venirme a ver. Eliud, oye. ¿Qué me mandas? El Cedrón que ahora pasa rápido viene, y no es justo que por un descuido, aventuremos en él que a Sabá en el triunfal carro la asuste ningún vaivén; y pues ha de ser forzoso que haya de pasarle a pie haz que el puente se repare para que seguro esté. Palmira, ¿hiciste las flores que ingeniosa te mandé? Sí, señora. Pues tú, Astrea, las naturales prevén, que son el primer examen que de su ingenio he de hacer. Morena soy pero hermosa, hijas de Jerusalén; morena soy pero hermosa, bien podéis venirme a ver. Con esta repetición se entran por una parte, y salen por la otra con la música, y en los carros dan vuelta al tablado Ir a ver el puente es fuerza, y si fuere menester de tantos sobrados leños como sin labrar se ven, escogeré los que basten a su reparo. Vase Cruel genio de la Idolatría, ya estás en Jerusalén, que a oposición del primero segundo Paraíso es. Corramos la paridad. ¿Qué es lo que contuvo aquel? Un árbol del bien y el mal. ¿Y este? Del mal y del bien otro árbol, pues dice vida el cedro y muerte el ciprés. Si el hombre, rey poderoso y sabio, dueño fue de él, también de este dueño es otro sabio y poderoso rey. ¿Qué más hubo allí? Hubo una mujer que se creyó infiel de las astucias del áspid; aquí infiel hay otra, pues idólatra ella y yo somos el áspid y la mujer. Si allí el árbol del peor fruto para entrambos fue aquel árbol, ¿por qué este sea tengo de temer el árbol del mejor fruto?, pues la consecuencia es que ella a él le prevarique y a ella no la enmiende él. Y así a la mira de todo será preciso que esté a no perder ocasión en mi acechanza hasta que él pase al dios de Baal antes que ella al de Israel, diciendo con todos una y otra vez: Vuelven todos como entraron Morena soy pero hermosa, hijas de Jerusalén; morena soy pero hermosa, bien podéis venirme a ver. En esta apacible esfera donde el mayo coronado de flores ha celebrado cortes a la primavera, a fin de que en su vergel quede por la más hermosa jurada reina la rosa del imperio del clavel, tomad lugares en tanto que el sol, templado el desdén, dé paso a Jerusalén. No sabré encarecer cuánto es para mí deleitosa su estancia, pues solo sé que el enviar a Sabá fue por aromas: misteriosa acción sin duda, pues no tiene del campo sabeo qué envidiar aquí el deseo. Eso puedo decir yo, supuesto que enamorada de sus varias flores bellas, este ramillete de ellas hice. También yo agradada de sus hermosos matices este compuse. Si a ellos las dos les hicisteis bellos yo los he de hacer felices dándoselos de mi mano al rey. Con tales favores estrellas serán, no flores. Antes que a tu soberano poder lleguen, ya que el ver su hermosura despertó una duda, sepa yo si es que el humano poder podrá criar una flor. No, que el césped más pequeño del poder de Dios es rasgo, y no hay poder en el suelo que criar ni un césped pueda, porque este nombre supremo de criar es de criador, no de criatura. ¿Y si puedo yo haber una flor criado? Si la siembras te concedo el criarla en cierto modo por el natural efecto de engendrar su semejante que ella en sí se tiene, pero será como su cultora, no su criadora. El ejemplo dé la luz: ¿criaré la luz yo porque una de otra enciendo? No, pero la paridad en esto no corre, puesto que la flor que yo he criado no tiene su crecimiento participado de otra; y porque llegues a verlo, Astrea, vuelve a tu mano tu ramillete; tú, luego, Palmira, vuelve a la tuya el tuyo. Dime ahora: de esos dos ramilletes, ¿qué flores son, miradas a lo lejos, verdaderas o fingidas? Aunque puedes con ingenio, Sabá, haberlas imitado, no podrás haberlas hecho, que una cosa es parecer flores y otra cosa el serlo. También la naturaleza se imita: cada día vemos que unas a otras se parecen sus más bellas flores, luego si yo hago que se parezcan las mías a las suyas vengo a hacer lo mismo que ella hace, pues a la vista es lo mesmo, puestas en igual distancia, el serlo que el parecerlo, ya que a ti te engañan. No engañan. Sí hacen, supuesto que no dices cuáles son, por más que las estás viendo, verdaderas o imitadas. La vista no es argumento, que el ver no le toca al sabio, pues un rústico grosero pudiera ver más que yo y distinguirlas más presto. Lo que al sabio toca es investigar los secretos no por actos del sentido sino del entendimiento. Yo te diré cuáles son de aquí a un rato; ahora pasemos a otra plática. Tú, Astrea, el ramillete poniendo donde esté a la mira puedes proponer algún concepto que divierta a Salomón; tú podrás hacer lo mesmo, Palmira. Y aún más podré si es que introducirme puedo a ganar entre estas gentes algún inclinado afecto. Obedecer es forzoso. Vos estáis en grande empeño si es que habéis de competir con la hermosura el ingenio. Preciso es obedecerte, aunque me turbe el respeto. No puede turbaros tanto como a mí me turba el veros casi con adoración. La lisonja os agradezco, aunque, idólatra gitano, me dais lo que yo me tengo. Silencio, silencio, que va de pregunta, que va de argumento. ¿Podrán, señor, de una causa producirse dos efectos contrarios? Dígalo el sol, pues ablanda a un mismo tiempo cera y endurece barro. Eso es por razón de objetos distantes en calidades, mas no por causa del fuego que hiere en ellos. Si un día trocara los dos extremos y endureciera la cera y ablandara el barro, es cierto que nacieran de una causa efectos contrarios; pero siempre uno en cada uno, no es contrario, sino el mesmo. Esta razón de dudar me motivó un instrumento que siendo él uno no más y uno no más el objeto efectos causa contrarios; estos son los que pretendo saber de ti. Mal podré decirlos yo hasta saberlos. Silencio, silencio, que va de pregunta, que va de argumento. Pues ya que un jardín teatro es de ociosos pasatiempos y dio flores para uno, no será improprio el empleo de dar para otros cristales. Este transparente terso vidro, puesto ante los ojos de dos, y un libro ante ellos, pasando del uno al otro libro y vidro, al ir leyendo, a uno da en diminución sus líneas, y a otro en augmento. ¿Dar vista al uno y quitarla al otro no son opuestos efectos? Sí, mas con causa natural. Esa deseo saber. Pues la causa, Astrea, es… Mas yo la diré luego: aquellas las flores son que estoy a esta parte viendo las naturales, y aquellas las fingidas. Así es, pero ¿qué has visto en ellas agora que antes no viste? Ya tengo dicho que lo que el sentido no ve, ve el entendimiento. Silencio, silencio, que va de pregunta, que va de argumento. Sobre aquellas flores vuelan en enamorados cercos próvidas abejas; sobre estotras al mismo tiempo inmundas moscas: las unas liban sus matices bellos de que artificiosas labran la miel, las otras sus vuelos solo a mancharlas las rondan; conque es preciso que siendo más generosa avecilla la abeja y de más provecho para el hombre a lo mejor su instinto vaya, y que de esto saque el ingenio más alto investigando secretos naturales, que tal vez contra el desvanecimiento sabe el instinto del bruto más que del hombre el ingenio. Y pues ya estáis en las flores respondida, al cristal vuelvo. La causa de dar, Astrea, esos contrarios efectos un solo cristal dirá más claramente un ejemplo. Silencio, silencio, que va de pregunta, que va de argumento. Un instrumento templado, unísono suena, pero si por lo bajo una cuerda disuena, turba el concento, bien como otra por lo alto. El hombre es un instrumento de organizados sentidos destemplados por momentos: baja en uno el de la vista, y ese cristal impidiendo que los visuales rayos atenuados salgan, puesto ante los ojos, les hace reconcentrarse en su centro, con que unidos cobran fuerza y con la fuerza saliendo por lo diáfano del vidrio según los grados que hubieron menester purificados concuerdan en su perfecto punto; ahora a contrario, el que nada necesita de esto —porque el órgano templado, no ha menester suplimiento— si se pone ante los ojos el cristal, que sube es cierto la cuerda y que ella disuene por lo alto; y así vemos que a uno da lo que a otro quita, por la razón del exceso en uno y por la razón de la falta en otro, y siendo como es suplimiento al uno y al otro sobra, bien pruebo el que se puedan seguir de una causa dos efectos, y si a otra causa de causas pasara, que vieras creo, Astrea, que efecto no hay en cuantos el universo contrarios tiene que de ella no dependa. ¿Qué oigo, cielos? ¿Causa de causas? ¿Qué admiras? Admiro eso que no entiendo porque lo deseo entender. Pues yo responderé a eso y servirá mi respuesta en lugar de mi argumento. Silencio, silencio, que va de pregunta, que va de argumento. En el principio del mundo con Júpiter dividieron Neptuno y Plutón el mando. Júpiter se tomó el cielo, Neptuno el mar, el abismo Plutón, en cuyos imperios uno domina los rayos, otro los mares y vientos y otro las sombras y abismos como primer causa de ellos. ¡Qué como Idolatría hablaste! Y aunque convencerte puedo, con que reino dividido siempre fue asolado reino, omitiendo esta cuestión no he de argüírtela a precio de que me digas quién fue —ya que entre los tres partieron cielos, abismos y mares supuesto que estaban hechos para partirlos— el que hizo abismos, mares y cielos. ¿Quién haber hecho pudiera ese azul alcázar bello día y noche presidido de Luna y Sol, de luceros y estrellas?, ¿quién esa acorde desconcordia de elementos, que de frutos y de fieras inunda la tierra, el fuego de resplandores, de peces el agua, de aves el viento, sino el prodigioso acaso, con que todo el universo de sí mismo y por acaso hecho se halló de sí mesmo? ¿De sí mismo y por acaso? Sí. ¿Y a esos dioses que fueron dioses para repartirlo y no dioses para hacerlo, ya que el argumento pones, quién los hizo? Ellos se hicieron. Ciego es el error que sigues. Para que se hiciesen ellos, ¿no había de haber habido quien a ellos hiciese? Luego, ¿quién les dio la adoración? Diósela el hombre primero. Y a ese primer hombre, ¿quién le crió? Su nacimiento. ¿De qué mujer? La primera mujer concebirle es cierto. Y a esa primera mujer, ¿qué hombre la engendró? Ya es eso proceder en infinito. ¿Pues qué es lo que yo pretendo? Porque hasta dar con un ser infinitamente bueno, santo, sabio, poderoso, incomprensible y inmenso, de todo principio y fin, sin fin ni principio, eterno, no es posible dar a causa de causas conocimiento. Sí, ¿mas quién ese infinito ser es? Es el verdadero Dios de Israel, que gozando en sí su gloria y su imperio, sin tener necesidad de segundos ornamentos, por obstentarse criador y comunicarse excelso hizo de la nada el todo, criando la tierra y cielo sobre cuantas criaturas contiene el ámbito entero sensibles y vegetables, racional al hombre haciendo en él, que animado el limo fuese otro mundo pequeño, y no solo aquí paró su poder y amor, que viendo que le había salido ingrato, rompido el primer precepto, Dios a Abraham, Dios a Isaac, Jacob, y David, que fueron por el tribu de Judá mis padres y mis abuelos, les prometió que vendría humano a enmendar su yerro, cuya gran venida aguardo, en fe del prometimiento. Pues, ¿cómo siendo divino humano le aguardas? Eso tus mismas flores, Sabá, me habrán de dar el ejemplo. ¿Aquellas que naturales son sin manos no se hicieron? Sí. ¿No se hicieron con manos las imitadas? Es cierto. Podrás de ambos ramilletes hacer uno. No lo niego. Pues imagina que el hombre de varias flores compuesto que son del alma virtudes o son flaquezas del cuerpo, ramillete es; las del alma obras son sin manos, puesto que sin manos la hizo Dios, inspirada de un aliento; las del cuerpo obras con manos, pues el barro de que hecho fue sus manos le amasaron; pase agora el pensamiento a que si alma y cuerpo unidos hacen que sea un supuesto verdadero hombre, ¿quién duda que verdadero Dios siendo y admitiendo en sí la humana naturaleza, sea a un tiempo, uniendo humano y divino, Dios y hombre verdadero? Quien duda que a lo celeste no le dé horror lo terreno. Para perder ese horror también te sirva de ejemplo tu cristal, pues de la suerte que sin empañar lo terso de su pureza no solo los visuales rayos, pero también los del sol transcienden su luna, podrá el inmenso poder hacer que transcienda la divinidad un bello claustro virginal sin que de su cristalino espejo padezca la integridad ni lesión ni detrimento. No dice palabra que en sí no incluya un misterio. Ni palabra que no sea un rayo para mí. Cielos, mucho me da que pensar lo que oigo y lo que veo, pues veo y oigo… Ya, señor, está el camino dispuesto y la puente aderezada. Sale Eliud Pues las cuestiones dejemos y aunque discretas y hermosas tus damas con sus ingenios me tienen bien divertido, ven, Sabá, pues los reflejos del sol templados no pueden ya ofenderte. Poco temo sus rayos, que ya mi tez pagó a su dominio el feudo. Aparte (No me temiera a mí más lidiando con dos afectos, el de su ciencia y su gala, y el de mi arrebatamiento. Primera causa de causas, ya que en lejanos reflejos me das tu noticia, dame también tu conocimiento). Volved al baile vosotros. Vuelva yo a mis sentimientos. Y yo a mis admiraciones. Y nosotros al festejo. Sabá y Salomón para en uno son. Del ingenio y la hermosura ella es divino portento, él es humano milagro de la gala y del ingenio, con que compitiendo gala y discreción, para en uno son. Ella en los campos de oriente tiene del sol el imperio, él en los climas del austro el más dilatado reino, con que compitiendo blasón a blasón para en uno son. Con esta repetición dan vuelta entrando por una parte y saliendo por la otra De Sión, Moria y Calvario, que son los montes excelsos sobre cuyos tres cervices Jerusalén tomó asiento, este de Sión el paso es al Calvario y temiendo no fuese uno de otro ruina del competirse en lo ameno, foso de plata el Cedrón se les interpuso en medio; y aunque siempre de sus ondas fue humilde el caudal, hoy temo que al ver que tú has de pisarle se ha envanecido soberbio; y así por su puente es fuerza pasarle. Yo le agradezco la cristalina lisonja de dar con su impedimento lugar a la cercanía de tanto florido aseo como en sus orillas gozo. (Aunque no sé lo que siento, que inflamado el corazón me parece que del pecho quiere salirse a pedazos). Más el agradecimiento a él le toca, pues más flores debe al contacto pequeño de tu planta que al abril. Esta puente, bien que estrecho paso, en fin es más seguro; permite que entre primero que es para darte la mano o para quitarte el miedo de ver su fábrica pobre sobre tan flacos cimientos. Como yo te siga nada puede ponerme en recelo, que no dudo que en seguirte está mi mayor acierto. (Y es verdad si a tu Dios sigo). Ven, pues. Ya voy, mas ¡ay, cielos! ¿Qué te retira? No sé. Entra, pues. No, no me atrevo a pisar su estrecha línea. ¿Pues qué temes? Nada temo, pero mucho admiro. ¿En qué? En que no sé qué reflejos de trémulas luces que ciegan y alumbran a un tiempo con tal pasión me arrebatan, me afligen con tal extremo, que no sin terror presumo que es pasión cuanto estoy viendo. Retírate, no, no pises insensiblemente ciego ese madero que está entre otros dos maderos desde Sión a Calvario, por paso del Cedrón puesto, porque según ilumina alto espíritu mi aliento, es el que habiendo enviado Adán a Set al terreno Paraíso por el olio de la salud trujo en premio de la obediencia que tuvo tres pepitas del primero fruto del árbol vedado; estas, pues, sembradas dieron sobre el sepulcro de Adán en palma, ciprés y cedro el árbol que a Jericó cupo en el repartimiento, que del mundo y del cadáver entre sus hijos y nietos hizo Noé, con que él la calavera y el leño al Líbano trujo, donde el tronco en su verde centro prendido sintió la usada veloz injuria del tiempo, de cuyo culpable olvido le despertó el duro acero de no culpable segur, sino misteriosa, a efecto de que viniese a servir en la fábrica del templo, y no menos misteriosa en que ella ni otro hierro le labrase, porque siempre a los medidos diseños de los artífices vino tal vez grande y tal pequeño. Pero ¿qué mucho, qué mucho?, si destinado del cielo para mejor templo vivo me parece que estoy viendo pendiente de él bello joven tal que aún conserva lo bello a pesar de los marinos juncos que ensangrientan fieros su hermosa faz, que en aguda diadema de su cabello inundándole en arroyos desde la frente hasta el pecho tiñen en púrpura humana todo lo demás del cuerpo, como si al cuerpo faltaran descoyuntados los nervios clavado de pies y manos tantos golpes como afectos, pues contra los que le injurian tiene los brazos abiertos; que expira parece, a cuyo pasmo, a cuyo sentimiento no sé si muero o si vivo, mas por si vivo o si muero, moradores de Israel, tened aqueste madero por madero misterioso, porque no solo el bien vuestro pende de él, pero de él pende todo el bien del universo. Reverenciadle, adoradle, que yo al temor o al respeto de pisarle me retiro, de mirarle me estremezco tanto que despavorida entre el cariño y el miedo no sé si helada me abraso o si abrasada me hielo; porque solo sé que absorta pasmo, gimo, lloro y tiemblo perdiendo en su parasismo alma, vida, voz y aliento. Cay desmayada entre Palmira y Astrea ¡Sabá, Sabá, ay infelice! ¡Qué asombro! ¡Qué sentimiento! ¡Qué pasmo! ¡Qué confusión! ¿Astrea, qué es esto? ¿Qué es esto, Palmira? Rapto que suele el espíritu supremo que la asiste darla. Rapto del diabólico veneno que la aflige el corazón. Vuelve No es, fiera esfinge, y pues vuelvo con conocimiento mío para tu conocimiento, apártate de mis brazos, vete de mi vista huyendo a adorar tus falsos dioses, que yo con el verdadero Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob, espero que Dios también de David sin fin ni principio eterno, le tengo de ver triunfando ya que le vi padeciendo. Pues ¿por qué de ti a Palmira arrojas? Porque no quiero que me asista ni me vea quien asentó en su argumento que Júpiter y Neptuno y Plutón los dioses fueron primera causa de causas, cuando convence tu ingenio, que no puede ser más que uno en no dividido imperio. Este es el que tú me enseñas y es, como dije primero, el que espero ver triunfando ya que le vi padeciendo. Pues, ¿de qué sabes que es él? De que me dictan los cielos que en figura y figurado está a sus fieles diciendo: Ábrese un carro en que se verá una cruz Este es el ligno en quien pende la salud del mundo entero, pues de la sangre que de él inundará al universo divina fuente de gracia a los siglos venideros correrá por siete caños que son siete sacramentos la eterna salud del hombre, siendo el principal entre ellos aquel divino milagro, aquel sagrado portento, de que estén transubstanciados en pan y vino alma y cuerpo, recobrándole en su gracia, por ser de la gracia augmento. A tan soberano asombro, seré yo, Sabá, el primero, que le dé veneración con futuro rendimiento. Y para que no le pise peregrino pasajero, ya que al templo no sirvió, a las orillas del templo llevándolo yo en mis hombros para más rendido obsequio, le ocultaré en reverente mansión en que le halle el tiempo. No hallará, que yo sabré, Sabá, ese profundo seno rebalsar tanta picina que nadie le busque dentro. Si es olio de la salud, allí le hallará el enfermo, que corra más diligente a ver en él su remedio. ¿Qué olio de salud, si está el orbe en vil cautiverio? Eso lo dirá otro auto, que a ti te pondrá en silencio, si a este sus yerros perdonan, aborrecidos tus yerros. Huye, Palmira, su enojo, pues ves que yo te defiendo. De ella y del árbol huiré, mas será con un consuelo: ya que con Sabá no voy, que con Salomón me quedo. Dadme el árbol, porque yo le he de llevar. Sea diciendo todos conmigo en su loor el vaticinio primero que me dio su primer luz, pues dijo, si bien me acuerdo: Un singular, un celestial madero, con dulce fruta en su sazón cogida, antídoto ha de ser de aquel primero, porque uno muerte dé y otro dé vida; y cuando el parasismo vea postrero, la fábrica del orbe desunida los dichosos serán los señalados, cuando con él a juicio sean llamados.