Pedro Calderón de la Barca La nave del mercader Auto sacramental alegórico intitulado Personas LA CULPA. EL MUNDO. EL DEMONIO. LA LASCIVIA. EL HOMBRE, primero Adán. EL MERCADER, segundo Adán. LA MEMORIA. LA VOLUNTAD. EL ENTENDIMIENTO. LOS CINCO SENTIDOS. EL DESEO. EL AMOR, Y [EL TIEMPO] MÚSICOS. Suena un clarín en la nave negra, y dando vuelta se ve en la proa la CULPA con espada, plumas y bengala, y algunos de marineros. Suene el clarín y corte los helados carámbanos del norte esta trémula nave, que siendo pez del mar, del viento ave, al impulso violento del Aquilón, de quien el mal proviene, tan nueva especie en su embrión contiene que uno y otro elemento duda si ave es del mar o pez del viento. El clarín, y para de costado. Dígalo la divina águila, que a los rayos se examina del sol más verdadero, pues viendo el monstruoso buque fiero de áspides coronado, y por más loa, su árbol fanal y su serpiente proa, sobre el inquieto campo de la espuma nadar volando, pájaro sin pluma, delfín volar, nadando sin escama, bestia del mar a su argonauta llama, cuyo horroroso nombre me empeña a que mi rumbo al cielo asombre cuando para intimar al hombre guerra bestia del mar la Culpa salta en tierra; que si en sacras lecciones las vagas ondas son tribulaciones no para algún concepto sin disculpa marino monstruo a atribular, la Culpa hoy sulca de la vida los pasajes. Y así, puesta la proa en los celajes de aquella inculta tierra: ¡A tierra, timonel! ¡A tierra, a tierra! El clarín, y parando de costado, baja al tablado. Nadie venga conmigo, que en ella está quien ha de ser testigo del gran empeño que acometo grave. Surta, pues, sobre el áncora la nave, a que vuelva me aguarde Bajando. sin que tema, o sea nunca o mal o tarde, que carcoma la bruma de su brea el húmedo vapor de la marea. Y pues ya en tierra estoy suenen veloces los pavorosos ecos de mis voces. En el tablado. ¡Ah de la cumbre del monte! ¡Ah del elevado risco, parda envidia, si no verde emulación del Olimpo! ¡Ah de la inferior esfera del mundo! ¡Ah del mundo mismo, árbitro dueño de cuanto mira el sol! Sale del primer carro, que será un peñasco, el MUNDO. ¿En qué te sirvo? Presto lo sabrás; espera mientras los demás alisto. ¡Ah de las duras entrañas de ese entreabierto obelisco, volcán por donde respiran las gargantas del abismo! ¡Ah del centro de la tierra! ¡Ah del abrasado limbo, rey de sus sombras! Sale del segundo carro que será una nube el DEMONIO. ¿Qué quieres, que ya a tus voces asisto? Luego lo sabrás; aguarda. ¡Ah del más ameno sitio, que vistió la primavera a desdenes del estío y a desaires del invierno, de tanto matiz distinto que son sus flores tu imagen, pues sensual apetito de solo un suspiro naces a morir de otro suspiro! ¿Qué intentas, que ya la errada senda de tus voces sigo, girasol de tu hermosura que siempre idolatré? Sale del tercero carro que será otra nube la LASCIVIA. Amigos, pues sois los tres de la Culpa los principales caudillos, seguidme hasta penetrar los intrincados caminos de la humana vida, que es un confuso laberinto; porque para una alta idea, que no sin seguro arrimo de sacras autoridades hoy alegórica finjo os he menester a todos. Ya el primero yo en el sitio que para teatro eliges de algún mísero conflicto la huella que dejas borro, la estampa que borras piso; porque siendo como soy del ardiente polo al frío el Mundo, monarca noble de cuanto por varios giros el sol a reflejos dora y la luna platea a visos, nadie primero que yo se ha de ver a tu servicio obediente, porque vea ese celeste zafiro que rendido yo a la Culpa en mí a todo el mundo rindo. Yo, que los cóncavos senos de sus entrañas habito, príncipe de las tinieblas que a tus aras sacrifico, haré también que el sol vea, que siendo del Mundo amigo, si él va tras ti, yo tras él; porque tras mí al tiempo mismo venga también la que es alma en que los dos vivimos como principal estrago de potencias y sentidos. Esa soy yo, pues primera cerviz soy de aquel vestiglo sobre cuyas siete bocas dorado veneno brindo; porque siendo, como soy, el más dañado cariño, el más cariñoso daño y el más halagüeño hechizo, es fuerza que haya de ser el más familiar peligro del hombre, pues en sus venas de su mismo humor me crío tan doméstico gusano que me alimento dél mismo. Y pues ya Mundo y Demonio y Lascivia, que enemigos del alma, te obedecemos, porque de nuestros arbitrios asechanzas y cautelas nada es lo que conseguimos hasta que lleguen a ser culpas en el hombre, dinos ¿a qué fin nos has juntado? ¿Qué alegórico sentido es el que nos has propuesto? ¿Qué fantástico motivo, que yo aún no le alcanzo, intentas? Oíd y sabréis mis designios. Yo desde que victoriosa quedé en aquel desafío que en la florida campaña... Pero antes de decirlo para que os hagan más fuerza los ojos que los oídos valiéndome de las ciencias que diabólica ejercito os he de poner en ellos la causa que me ha movido a esta junta y a esa nave... ¿Quién en aquel pardo risco que a mi voz se despedaza yace? Ábrese el peñasco y vese en él el HOMBRE vestido de pieles, dormido, y el DESEO, despierto. Un hombre, que rendido al sueño nos significa aquel primero nativo sepulcro que fue su cuna. ¿Quién con él está? A mi juicio debe de ser su Deseo, que aunque el hombre esté dormido su deseo nunca duerme. Él es; yo le he conocido, porque en esto de deseos siempre a los dos me anticipo, que si tú conjeturarlos Al DEMONIO. puedes y tú presumirlos Al MUNDO. yo saberlos desde luego. Pues oíd lo que al oído le está diciendo entre sueños representándole al vivo aquello en que él discurría cuando se quedó dormido. Nacer a vivir muriendo, hombre, no es haber nacido, sino de cadáver muerto pasar a cadáver vivo. Salgamos de aquestos montes y olvidados de que fuimos tierra en ellos y seremos en ellos tierra, atrevidos, vanagloriosos y osados, vivamos lo que vivimos, que para estar muertos harto tiempo queda. En sueños. Bien has dicho, Deseo. ¿Para qué nace el hombre si reducido a beber de su sudor y a comer de su ejercicio contentándose con solo hacer número en el siglo, malogra la vida siendo instante tan improviso que llega como fin cuando se aguarda como principio? Dejémosle vacilar, pues ya en sueños nos ha dicho lo que dijera despierto, y pasemos a otro sitio que en oposición de aquel tenebroso obscuro asilo pedazo es de cielo. ¿Quién en él está? Ábrese la nube y vese en ella el MERCADER vestido de armenio, dormido, y el AMOR, despierto. A lo que miro otro hombre es. Pero otro hombre que no sé, porque me admiro y tiemblo al mirarle. En blando lecho de flores mullido, al pabellón de una nube que dulce sombra le hizo del aura templada a soplos y de la aurora a rocíos, dormido, también descansa. De modo que ya hemos visto que el hombre que nace en breñas, desnudo al calor y al frío, nace capaz de gozar gusto, paz, quietud y alivio, pues si para él se hizo el llanto también el gozo se hizo. Claro está. Apuremos más. ¿Quién es quien tiene consigo? Señas son de Amor, mas no sé si es humano o divino. Divino será, pues tú no le conoces. Oídlos, que el Amor despierto está y aún él, pues hay quien ha dicho que aunque él duerma, el corazón vela. Heroico dueño mío, el hombre en común llevado de su ambición y movido de su deseo aun en sueños discurre a su precipicio; acude tú a su reparo. Sí haré, que es hermano mío y en su ambición y deseo me duelen sus desperdicios; mas yo doraré sus yerros. Despierta y ven donde digo. Despierta. Sí haré, ya que mi Deseo fue quien despertarme quiso. Despierta y ven donde yo a su reparo te guío. Despierta. Sí haré, que aunque yo no duerma me he de dar por entendido de que aun sin dormir Amor fue quien despertarme hizo. Bajan al tablado. Al mundo, Deseo, veamos; poblaciones, edificios, tratos, comercios y gentes. Ven tras mí. Ya yo te sigo; pues yendo tras mi deseo gozaré lo que me dijo. ¿Te acuerdas? Sí. ¿Qué fue? Que vivamos lo que vivimos. Vanse. El Hombre tras su Deseo va; forzoso es su peligro. Acudiré a repararle, Amor, y atiendan los siglos que si él va tras su Deseo yo tras mi Amor. Bajan al tablado y ciérranse el peñasco y la nube. Ven conmigo. Claro es, que para ir yo a dar al hombre en el mundo auxilios solo el Amor pudo ser quien me enseñase el camino. Vanse los dos. Ya en dos aparentes sombras y en dos hombres hemos visto, hermanos según el uno dio a entender, dos tan distintos estados y genios como uno en glorias y otro en riscos ser humilde el poderoso y el no poderoso altivo. Saber a qué fin nos falta. Oíd, ya que es para decirlo de aquel desatado cabo tiempo de anudar el hilo. Yo desde que victoriosa quedé en aquel desafío que en la florida campaña de un hermoso paraíso tuve con la Gracia cuando concibieron el ser mío la oreja de la mujer y de la serpiente el silbo -porque, hija del aire, que fuese es preciso mi madre la voz y mi padre el oído- tan soberbia, tan ufana y vanagloriosa vivo que no hay instante en que no piense mi espíritu altivo cómo aumentar mis aplausos. Y así con mayores bríos desde culpa original a ser culpa actual aspiro; porque si de mi raíz nacieron todos los vicios del hombre, crezcan con él; que los blasones invictos hidrópicos de su fama se empiezan en un peligro y en un triunfo o una ruina se prosiguen sucesivos; que bienes y males, ya píos, ya impíos no tienen más fin que tener principio. Con esta ambición heroica aumentarme solicito trofeos que me coronen a los venideros siglos. Y siendo así que ya tengo aquel primero dominio, quisiera en una experiencia ver si el segundo consigo. Y es que cuando el hombre vuelva al estado primitivo de aquella primera gracia, candor y yugo sencillo, borrándole el duro yerro que ya mi esclavo le hizo, no sé qué ablución de agua, que se ha de llamar bautismo, me halle con dispuestos medios que turben sus beneficios, haciéndole reo de culpa actual, por si ofendido siquiera una vez el cielo cerrase el piadoso oído que al gemido adelantado le está dictando el gemido a Dios, que clemente, que fiel, que benigno buscas su memoria por darle tu olvido. A este efecto, viendo cuanto su destruición solicito diversos nombres me dan de que son fieles testigos tantos sacros textos como contiene el cerrado libro de quien habiendo, inmolado cordero, abierto los signos son página los arrobos, son éxtasis los registros; si habla de flores, soy áspid; si de fieras, basilisco; si de aves, soy harpía; si de peces, cocodrilo; si de plantas, soy cicuta; si de árboles, espino; si de yerbas, las mortales; si de frutos, los nocivos; si de ganados, soy lobo; cizaña, si habla de trigos; si de contagios, soy lepra; si de accidentes, delirio; si de destemplanzas, peste; si de climas, seno libio; si de vientos, Aquilón; Leteo, si habla de ríos; de tormentas, huracán; de destemplanzas, granizo y, finalmente, de todo un último parasismo; de suerte que no hay baldón tan indigno que como él lo sea deje de ser mío. Y siendo así que de tantos infames nombres me miro notada, del que me ofendo más, más me injurio y me aflijo es del de bestia de mar, no tanto porque Juan dijo que era sobre las espumas aborto de los abismos, cuanto porque ya que en ellas monstruo me juzgan marino, haya ánimo para que sabiendo que las domino, la atarazana del cielo esté labrando un navío para asegurar los mares y abrir en ellos camino a un nuevo mundo... Mejor dijera si hubiera dicho a nuevo cielo, según fértil, abundante y rico se deja antever en místico estilo con sombras de imperio a luces de impírio. A este fin, porque pirata pueda salirle al camino, -que también hay quién me dé este ladrón apellido- labré esa nave. Dejemos asentado este principio y vamos a otro en que yo segunda atención os pido. El gran doctor de las gentes con el hombre hablando dijo: «Hombre de tierra, terreno, sabe que también ha habido hombre de cielo, celeste; y si tú con albedrío siendo terreno te unes al celeste, ten creído que a celeste de terreno subas, y él agradecido a terreno de celeste baje; conque a un tiempo mismo serán en un lazo de hermandad unidos divino el humano y humano el divino». Ya estamos en el concepto; pues a este fin solicito ver si en esos dos hermanos -que claro está que lo han sido, pues se hallan en mil lugares, bien que de partos distintos, con los nombres de primero y segundo Adán escritos- pudiésemos cautelarnos para hallarnos prevenidos contra tantas sombras, tantas vislumbres, rasgos y visos como un maná hilado a copos, un panal nevado a hilos, un pan de proposición, un cordero en sacrificio y, en fin, un Belén, que quiere decir pósito de trigo previenen en fee de que el primer bocado mío tenga su antídoto en otro; conque habiendo prevenido por dónde nos viene el riesgo será fácil advertirnos por dónde salirle al paso. Y así, pues ya introducidos tenemos en las distancias que hay desde la nube al risco primero y segundo Adán, veamos si nuestro artificio entre terreno y celeste halla algún breve resquicio para que el altivo no solo siga reducido al humilde, pero que siga el humilde al altivo; puesto que más fácil siempre el mundo ha visto, que no las virtudes, pegarse los vicios. No solo en particular verás cuánto discursivo velo en sus alcances, pero en común no habrá nacido mortal que el mundo no vea a tus pies. Dentro. y sin camino no echas de ver? ¡Ay de mí! ¿Qué he oído? ¿Qué te asusta? Aquella voz que en el aire al Mundo dijo que va perdido. No hagas del acaso vaticinio; y para que veas que yo hago della desperdicio lo que el Mundo iba diciendo desta manera prosigo: a la mira de los dos siempre andaré tan activo que ambos vengan a ti; pero ¿qué mucho cuando es sabido que no hay camino que no dé en tus manos? Dentro. echa tú por aquí. ¿Y esto ha sido acaso? Sí ha sido; porque ¿cómo puede haber quien diga que ni hay ni ha habido camino que a dar no venga a ti? Yo sé lo que digo, y que por donde yo voy está mejor y más limpio. Ya esto es mucho acaso. Sí es, y poco para temido; pues sin hablar con nosotros los dos hablando consigo vienen hacia aquí. Atendamos destas ramas escondidos por si al propósito nuestro puede importar. Bien has dicho. Retíranse y salen el HOMBRE, el MERCADER, el DESEO y el AMOR. Ya digo que la mejor senda es esta. También digo yo que no lo es, sino estotra. ¿Cómo puede ser si miro que todo por ahí son breñas escabrosas, pues no piso planta que no sea de abrojos, cambrones, zarzas y espinos, cuando por estotra son rosas, claveles y lirios? Quizá por eso esta senda va a dar a un ameno sitio, dulce emulación hermosa del vergel del Paraíso y esotra quizá al despeño de algún fatal precipicio. ¿Quién eso asegura? Yo, que como su Amor le guío. También yo, que su Deseo soy, a ir por aquí le inclino. A ser deseo noble, no fuera villano el vestido. No es pobreza, que el deseo aun entre pobres es rico. Ya sé que es querer ser más que lo que su suerte quiso propio hábito es de villano. Créeme a mí y vente conmigo; verás las medras a que te llevo. ¿Cuáles han sido? Las que yo adquirir intento para partirlas contigo. Viendo esa nave... Atended. ...que sobre campos de vidrio, vago pedazo es de cielo, tan segura que imagino que la nave de aquel templo fundado sobre macizos cimientos de angular piedra no es más seguro edificio... Viendo, pues, digo esa nave pedí al autor que la hizo su gobernalle. Él, piadoso, o liberal o benigno, de mí quiso fiarla, en fee de que a granjearle me obligo las soberanas riquezas de un nuevo mundo, en que he oído que entre otros muchos haberes hay un tesoro escondido, preciosa una margarita y unos frutos de infinito precio, que a ciento por uno rendirán a fuer de trigo, en cuyo empleo podremos quedar honrados y ricos. Bueno es para mi altivez persuadirme al ejercicio de mercader o factor de otro; y aunque el serlo es digno para muchos nobles, no para el espíritu mío. ¿Yo al páramo de las ondas cuando puedo ir al abrigo de las ciudades? ¿Yo a ver tribulaciones, peligros y tormentas cuando sé que en las delicias del siglo hay músicas y saraos, banquetes y regocijos? Vete tú si tienes esa aplicación, que yo aspiro a más altos pensamientos, dueño solo de mí mismo. ¡Ay, que esos no son más altos sino más desvanecidos! Estos me dicta el Deseo, a quien voluntario sigo. A mí estotros el Amor. Pues partamos el camino; sigue tú el tuyo, que yo volveré a seguir el mío. Con dolor lo haré, mas no he de forzar tu albedrío. Dame los brazos, y adiós. En fin, ¿vas a los precisos riesgos del mar: huracanes, borrascas y torbellinos? Teme tú los de la tierra en que también hay bajíos y escollos, en que al través dar suele el más advertido piloto. Eso dirá el tiempo. Pues si el tiempo ha de decirlo, adiós. Ven, Amor. Adiós. Ven, Deseo. Ya te sigo. Ya voy tras ti. Aunque de ti como hermano me despido, quizá volveré a buscarte como hermano y como amigo. Vanse AMOR y MERCADER. Poco te habré menester, que quedando yo conmigo con buen nuevo mundo quedo. Pues los dos se han dividido fuerza es que nos dividamos nosotros; y así en el sitio donde os convoqué os quedad a vista dese, advertidos de que nunca su deseo siguiendo sus apetitos deje de instarle; que yo en corso del peregrino nuevo mercader del mar cumpliendo los apellidos de huracán, pirata y fiera, fiera turbaré a bramidos las ondas; pirata haré presa en sus tesoros ricos y huracán, en elevados montes de agua, a remolinos de piélagos de aire haré echar a pique el navío. Vase. Ve cierta de que con él quedan sus tres enemigos. Retiraos hasta saber su intento. ¿Qué más sabido? Deseo, pues que ya estamos sin los pesados, prolijos, austeros, vanos consejos de mi hermano, ¡ea! a esparcirnos y desahogarnos de tanto triste encerrado retiro, como en las duras entrañas de la tierra hemos tenido hasta este día que es el primero que hemos visto al sol descubierto. Vamos; mas para aqueste camino ¿qué caudal llevas? Porque desnudos y presumidos a la corte y sin dineros es ir solo a ser mendigos. ¿La humana naturaleza para comida y vestido no dio al hombre el patrimonio de potencias y sentidos con que adquirirlo? No son monedas. Necio, en sentido alegórico monedas son. ¿Quién fue quien te lo dijo? No falta porque lo veas a práctica reducido. ¡Ah del centro de la tierra, primer patria de Sentidos! Dentro. ¿Quién nos busca, quién nos llama? En música han respondido. En el carro del peñasco. ¿Ahora sabes que es el cuerpo templado instrumento vivo que interiormente está haciendo al alma armonía sin ruido? El Hombre soy. ¿Pues qué quieres? Que ya que dese nativo centro salgo a ver el sol no haya de ser por resquicios. Ausentarme de tu patria quiero y ver de mi destino los hados buenos o malos; y así para este camino como vasallos pretendo que me deis un donativo. Salen los cinco SENTIDOS, que han de hacer los músicos, y trae la primera una salvilla con un bolso en ella. Responde,Vista, por todos, pues tú de todos has sido el sentido principal con que el Hombre al cielo ha visto. Cantado en recitativo. Ya que de nosotros es fuerza que te hayas valido, para que en esta jornada vayas más noble y más rico en estos cinco talentos por todos te significo lo que ofrecerte podemos, pero ha de ser advertido que son prestados, no dados, y que a su plazo cumplido a la tierra has de volverlos, obligado en su recibo... ...a que estos cinco talentos han de ganar otros cinco. Tómalos una por una ahora y después al pedirlos ande el pleito. Claro está. ¿Conque a pagarlos me obligo y a granjear con ellos? Yo los acepto. ¿Quién testigo de su recibo ha de ser? El tiempo, que es el ministro ante quien no solo pasan de semejantes registros las obligaciones, pero aun el juez ejecutivo después, de su cumplimiento. Llámale. Canta. ¡Oh tú sucesivo reloj de la vida. Oh tú veloz curso, que has sabido hacer los instantes horas, las horas días continuos, los días meses y los meses años, y los años siglos, ven a mi voz! Sale el TIEMPO con una cartera, pluma y papel. ¿Qué me quieres? Que des fe de que recibo aquestos cinco talentos y que con ellos me obligo. ¿A qué? A volverlos doblados siempre que me sean pedidos, pues a daño de perderlos me los dan. Así lo escribo, y de la entrega doy fe con aquel texto que dijo: «¿De qué te glorías, si no es tuyo lo que has recibido?» Y aquestos cinco talentos han de ganar otros cinco. Con eso y con que al fin son prestados bienes lo firmo. Deseo, estos talentos toma, pues tú has de distribuirlos. Desde el punto que los vi con grandísimo cariño los miré; ¿mas qué deseo no se va tras un bolsillo? Aun no contento con este caudal, que ya está adquirido, haré la jornada. ¿Pues quién más que la tierra ha habido que a ti te socorra? El cielo; que si de la tierra han sido los sentidos, porque ella de su materia los hizo, el cielo ha de dar la forma al alma. Eso será lindo. Tiempo, ven, por si pidiere otra escritura. Es preciso que si a la tierra te obligas a volver lo recibido de la tierra, que es el cuerpo, hayas de volver lo mismo al cielo cuya es el alma. Al carro de la nube. ¡Ah del celeste zafiro, en quien del alma los dotes tienen su sagrado archivo! ¿Quién nos busca, quién nos llama? ¿También música? ¿No he dicho ya, que esto es dar a entender la organización que ha habido en el templado instrumento de potencias y sentidos? El Hombre soy. ¿Pues qué intentas? Alejarme determino del centro en que nací, y para la jornada necesito que me prestéis vuestros dotes. Sale la MEMORIA con una salvilla y en ella un anillo; la VOLUNTAD con otra, y en ella un corazón; el ENTENDIMIENTO con otra, y en ella un cintillo. Entrando sobre ese aviso de que son dotes prestados y que has de restituirlos, según el Tiempo presente, yo la primera te asisto. ¿Quién eres? La Voluntad, que es la que desde más niño asiste al hombre, pues no hay infancia sin apetito. Y para significar la dádiva mía, me explico en aqueste corazón, que sobre ser el principio de la vida también es de la voluntad indicio. Y ten entendido que donde no hay voluntad no hay delito. Yo que la Memoria soy, siguiendo a la edad su estilo, si ella en ese corazón el principio te ha ofrecido de la vida, yo en aquestas memorias el fin te intimo; pues aunque viva el primero el corazón y rendido muera el último, al fin muere, y así yo en mi don te aplico al dedo del corazón las memorias deste anillo. Y ten entendido que están en tu mano virtudes y vicios. Yo que en más perfecta edad soy el que a ambas encamino con la luz de la razón al uso del albedrío, pues siendo el Entendimiento soy el que las ilumino, también en adorno tuyo mi don te ofrezco. Este rico círculo toma, que es para el sombrero un cintillo que te ciña la cabeza por ser la región del juicio. Y cree, si cinco talentos fueron tus cinco sentidos y tus tres potencias tres que valen lo que los cinco, que te doy uno que vale según su precio infinito lo que los cinco y los tres, de que has en el finiquito, al ajustar de la cuenta de lo que hayas adquirido, de traer ganado en el uno lo que en los tres y los cinco. Y ten entendido que vale un talento los tres y los cinco. Y pues vas de nuestros dones ya adornado y guarnecido y nosotros explicados en ellos vamos contigo, parte en paz. Vamos, Deseo, a alhajarnos y vestirnos. ¿No dirás «y a regalarnos»? Para todo va adquirido bastante precio. Sí va, mas no hagas dél desperdicio. Y ten entendido... Ya tengo entendido. ...que donde no hay voluntad no hay delito. Y ten entendido... Ya tengo entendido. ...que están en mi mano virtudes y vicios. Y ten entendido... Ya tengo entendido. ...que vale un talento los tres y los cinco. Vanse y salen los tres. Puesto que intelectualmente sus dádivas hemos visto no de vista le perdamos. Vamos a buscar arbitrios con que enajenarle dellas. En uno que ya imagino yo le haré tu amigo, Mundo. ¿Cuándo tú no hiciste amigo del mundo al hombre? Yo iré también a inventar caminos, valida de mi hermosura antes, después de mi hechizo, que destruyan sus caudales. Muera, aunque lleve entendido... ...que donde no hay voluntad no hay delito, que están en su mano virtudes y vicios, y vale un talento los tres y los cinco. Suena en la nave blanca un clarín, y dando vuelta se ven en ella el MERCADER, y otros de marineros, y el AMOR. Suene el clarín y al aliento del aura esta nave bella, siendo a su vuelo y su huella selva el agua y golfo el viento, vire al mar sin que el tormento de sus peligros impida los empleos de mi vida; pues por más que contrastada llegue a verse zozobrada no ha de verse sumergida. Claro está; que el padecer no ha de quitarla el triunfar, siendo la estrella del mar su norte al amanecer, y más cuando llego a ver que al primer sulco que yerra las negras sombras destierra, dando angélicas criaturas... ...gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. El clarín, y dando vuelta sale la CULPA. ¿Qué salva es la que he escuchado que temer me hace y dudar cuando el mercader al mar primero que yo ha llegado? ¿Quién pudo haber embargado mi velocidad? No sé; mas sé que una niebla fue la que puso a mi despecho un áspid de fuego al pecho y un grillo de nieve al pie. ¿Qué querrá significar esta embarcación, que el vella no se me permitió y della aun apenas escuchar a lo lejos? El clarín, y vuelta la nave. Vira al mar que ya de sulcar es hora. El sol sus flámulas dora y haciendo a la nave salva nuevos pájaros del alba son clarines de su aurora. ¿Qué rumbo tomaré? Pon la proa, Amor, primeramente en el Asia hacia el oriente, luego hacia el septentrión en la África; y aunque son al poniente sus extremos vista al América demos, desde donde la voz mía oiga Europa al mediodía, que es bien que al sol imitemos porque siendo mi farol luz del mundo en razón fundo el que alumbre a todo el mundo esparciendo su arrebol por toda la edad del sol. Parte su ámbito no encierra, que haciendo al abismo guerra no repita en voces puras... ...gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. El clarín y vuelta; quítanse los de la nave dejándola de costado. Aunque ansia, rabia y furor me infundas, ¡oh nave bella!, siendo tu norte la estrella del mar, tu piloto Amor, a pique echará mi horror el fruto que en ti se encierra por más que el cielo y la tierra digan en blandas dulzuras... Dentro. Entre aquestas peñas duras y a la falda desta sierra, Deseo, te esperaré; adelántate entre tanto. ¿Cuándo yo no me adelanto? No en vano aquesta voz fue alivio destotra, en fe de que a dos genios atenta cobre mi nave y no sienta mientras mi horror no le alcanza que goce el uno bonanza pues corre el otro tormenta. Vase y sale el HOMBRE y el DESEO, de gala con las joyas. Adelántate, Deseo, digo otra vez. También yo otra y mil que ¿cuándo no me adelanto? Bien lo creo. La causa es que aunque me veo alhajado y guarnecido de joyas y de vestido, en la corte no he de entrar hasta volverme a avisar de que me hayas prevenido casa, alhajas y criados; pues para sus cumplimientos llevas los cinco talentos a tu buen gusto fiados. Pierde, señor, los cuidados que yo haré dellos empleo que todo tu devaneo por bien servido se dé, pues yo te los emplearé a medida del deseo. Vase. Desde el punto que se fue no hay discurso que me asombre. ¡Qué descansado está el hombre que sin deseo se ve! Dígalo yo, puesto que sin él alegre y contento a solo mi gusto atento ningún cuidado me aqueja, bien que aunque el deseo me deja no me deja el pensamiento. ¡Qué de cosas en la idea me representa a lo lejos de músicas y banquetes, holguras y pasatiempos! Deje de pisar espinas quien puede con mejor tiento pisar rosas; deje de ir a merced de ondas y vientos quien puede a merced de auras y flores sulcar amenos campos adonde aun lo bruto es hermoso. Este desierto lo diga, pues desde él ya estoy gozando festejos, que en su fantástica escena me representa el inmenso autor de una compañía que forman los elementos. se intitulaVivir por ver la comedia, en que el ingenio divino, poeta hizo tales trazas, tales versos y tales engaños que el vago vulgo del pueblo deleitándose de oírlos otra vez está pidiendo -como a manera de aplauso en susurro de silencio- a las flores los amores y a los pájaros los celos. La tierra llena de galas, el aire de plumas lleno son dama y galán: ¿qué mucho si siempre en su farsa fueron tierra el papel de la dama y el papel del galán viento? Allí el del gracioso hace despeñado un arroyuelo que murmurando de todo cree que es gracia el que es despeño. Cubierto de nieve el monte hace el papel de los viejos, siendo aunque se ve caduco en nunca mudarse cuerdo. ¡Qué pinturas tan hermosas de perspectivas y lejos en sus apariencias hace la transmutación del tiempo! ¡Con qué varia emulación montes y mares fingiendo se oponen el desaliño de las breñas y el aseo de los jardines, en quien las fuentes corren sirviendo a los coros de las aves de músicos instrumentos! ¿Más apacible camino no es este que el de ir siguiendo senda que apenas la piso cuando la borro? Y más viendo poblaciones que a lo largo se descubren compitiendo en dorados chapiteles a los dorados reflejos del sol bien como pedazos caídos del firmamento. ¿Cómo sus gentes serán? ¿Cómo serán sus comercios? ¿Cómo sus galas, sus usos? Sin duda que estás, Deseo, previniéndome gran casa pues me haces estos acuerdos. ¿Por qué vereda echaré para salirte al encuentro, que por presto que me halles no ha de parecerme presto? Aquesta elijo. Sale la LASCIVIA, como asustada. Detente, ignorante pasajero, no por esta senda vayas. ¿Quién eres, prodigio bello, rémora de hados, pues paras la planta y el pensamiento? Quien de tu riesgo te avisa por asegurar su riesgo. Todo este monte ¡ay de mí! poblado de bandoleros está, siendo todo estragos, todo muertes, todo incendios. Si eres, como muestras, noble, favorézcame tu esfuerzo, ampáreme tu valor y socórrame tu aliento. La vida pido a tus plantas. ¿Quién eres, otra vez vuelvo a preguntarte, prodigio de tan contrarios afectos que cuando pides la vida das la muerte? Hablar no puedo, que a un tiempo cansancio y susto me han embargado el aliento. De esa gran corte del mundo, a quien idiomas diversos, diversas gentes y tratos el heroico nombre dieron de Babilonia, hija soy; -en esto solo no miento pues hija es de Babilonia la confusión de mi pecho-. Habiendo de ella salido hoy con el aurora a efecto de divertir el día en una hermosa quinta que tengo en la falda de ese monte, de su emboscada salieron los bandidos, por quien ya dije ser teatro funesto de lástimas y desdichas, de penas y sentimientos. Huyó mi familia y yo prisionera de mi miedo antes, y después de dos los más principales de ellos, quedé, con que ambos rendidos a mi hermosura -bien puedo sin que sea vanidad el presumir que la tengo cuando ¡ay infelice!... cuando traidora contra su dueño no es gracia, sino peligro, no es perfección, sino riesgo- sobre cuál había de ser mi cruel tirano dueño a las armas apelaron, en cuyo reñido duelo pude entregada a la fuga gozar de su contratiempo. Y pues a las ansias mías piadoso responde el cielo sostituyendo el favor en ti, que al fin sus decretos, aunque son primeras causas siempre usan segundos medios, a tus pies te pido no me desampares, poniendo en salvo... Mas ¡ay de mí! que desmayado el aliento, fallecida la voz, muda la lengua, los labios yertos, torpes las manos, heladas las venas, cerrado el pecho, enflaquecida la vista, y entre uno y otro extremo cadáver para el sentido y no para el sentimiento, no puedo hablar. En tus brazos me recibe, ya que leño frágil escapé del golfo a zozobrar en el puerto. Reclínase en sus brazos y mientras él está representando, ella le quita el corazón del pecho. Muerta beldad a quien llego a recibir en mis brazos ¿cómo son yelo tus lazos si el nudo que dan es fuego? ¿Cómo cuando absorto y ciego nieve es lo que estoy tocando brasas siento? Y ¿cómo cuando darte socorro pretendo quieres que responda ardiendo puerta a que llamas temblando? Mas ¡ay! que tal vez neutral al acero considero, pues estando frío el acero da fuego en el pedernal. Bien en mi experiencia igual a igual efecto me llama, pues cuando el pecho me inflama eslabón es tu albedrío que en ti se ha quedado frío y en mí ha encendido la llama. Leño que empieza a ser brasa cuando el fuego le devora por el un extremo llora y por el otro se abrasa; esto mismo a los dos pasa, pues cuando el incendio temo somos uno y otro extremo los dos, y así al mismo paso que tú tiemblas, yo me abraso y que tú lloras, me quemo. Cobrar mi deseo quería y cuando tu beldad veo pienso que eres mi deseo, pues ya estoy sin la agonía que de esperarle tenía. Vuelve en ti, dulce o cruel hechizo, luz fiel o infiel, y si le has visto me di, porque yo no sé de mí o eres tú quien sabe dél. Claro está que he de ser yo Furiosa. quien dél sepa. ¿Cómo es esto? ¿Furiosa en ti vuelves? Sí. ¿Qué te obliga? Tu desprecio. ¿Desprecio yo? ¿El que en sus brazos llegó a verme ha de echar menos al Deseo? ¿Por qué no? Porque a quien mi vida entrego para que guarde mi vida no ha de tener otro afecto ni deseo ha de tener aun para tener deseo. Antes sí, pues para amarte desear amarte es el medio. Desear amar no es amar, y va perdido aquel tiempo que deseando amar no ama; y así de tu error me ofendo, y no quiero tu socorro que no puede de un grosero hacerse un fino. Detente. No, no me sigas. Mal puedo dejar de seguirte cuando el reclinarte en mi pecho fue abrasarme el corazón y aun robármele, pues veo que dél me falta. No intentes cobrarle. ¿Cómo no, siendo hurto y no dádiva? Yo Yéndose. le haré dádiva; y pues tengo ya el don de la Voluntad, esforzad mi industria puesto que a Mundo y Demonio tocan Memoria y Entendimiento. Vase y sale el DESEO. Oye, escucha, espera. No dirás que veloz no vuelvo a hallarte. ¿Qué importa, ¡ay triste!, si donde me hallas me pierdo? ¿Cómo? No sé, pues sé solo que de dos veces me has muerto; antes porque no te tuve y agora porque te tengo. ¿Por dónde una dama va que con traidor fingimiento me ha robado el corazón? Las más damas tienen eso; hacia allí va una. A alcanzarla ven conmigo. Es vano intento. ¿Por qué? Porque a damas que huyen no las alcanza el deseo. Tras ella iré. Sale el DEMONIO de bandolero con otros. ¿Dónde vas miserable pasajero? Donde me lleva el destino de mis fortunas. Primero que el paso adelantes rinde las joyas y los talentos que contigo llevas. ¡Malo! Los talentos que yo llevo y las joyas no se rinden a las violencias del miedo, y pues tú no has de llevarlas si yo no te las entrego, defenderlas mi valor sabrá a todo trance. ¡Bueno! ¿El peligro de tu vida no temes? Yo nada temo. Muera a nuestras manos. ¡Malo! Dentro. Hacia allí es el ruido. ¡Bueno! Sale el MUNDO. ¿Tantos a uno? A vuestro lado estoy. Con el favor vuestro todos son pocos. Huyamos, pues ya conseguido habemos dejar empeñado al Hombre por astucias de mi ingenio a ser amigo del Mundo. Vanse DEMONIO y gente. No huyáis traidores. Teneos; no los sigáis pues que huyen. No lo dejaré por eso sino porque agradecido veáis que a vuestras plantas puesto me reconozco deudor de la vida, pues es cierto que si vuestro gran valor no llegara con esfuerzo tal que dio a entender que en vos venía todo el mundo entero en mi amparo, falleciera a sus manos. Nada en eso hice por vos, que en el noble obra el valor por sí mesmo. ¿Quién sois y dónde vais? Soy un peregrino extranjero que voy a solo ver mundo y he visto harto en un momento. ¿Cómo? Como al primer paso un raro prodigio bello me ha robado el corazón, me ha querido un bandolero robar la vida y el alma vos, y aun robádola, puesto que ya para esclava vuestra queda en mi agradecimiento. Parece que estáis herido. En esta mano, en que tengo memorias de ser mortal, no sin providencia el cielo en pequeño riesgo dando avisos de mayor riesgo, ha querido que me haga la sangre segundo acuerdo; pero no hay de qué hacer caso que nada es. Aparte. No es malo esto de que haga desperdicio A él. podrá ser algo si no se acude al reparo presto y así mientras no llegamos a la ciudad este lienzo será bien que en ella os ate; llegad. Mucho es lo que os debo. En toda mi vida vi tan honrado caballero. Porque al apretar el nudo no os lastime entre los dedos el anillo a esotra mano le pasad. Mudarle intento a otra, pero no a la mía sino a la vuestra pidiéndoos me perdonéis y en mi nombre le traigáis. Ese es exceso que no he de aceptar. Mirad que no admitir tan pequeño don sin ser exceso en mí vendrá en vos a ser desprecio. Porque no le deis tal nombre y por anillo le acepto, que la antigüedad solía al jurar dos el estrecho homenaje de alianza darse anillos, con que puedo tomarle con mejor aire. Aparte. de quitarte las memorias de la muerte el Mundo, es cierto.) ¿Adónde es vuestra posada (lo que sé pregunto, pero para la deshecha importa) que a ella acompañaros quiero, no digan de mí que os libro de un daño y que en otro os dejo. Aun yo no la sé, porque soy en este país tan nuevo que a prevenir hospedaje adelanté a mi Deseo y él no ha tenido lugar desde que a mi vista ha vuelto de decirme dónde tiene prevenido el aposento. Harto estaba yo deseando que se llegase este tiempo de hablar en él por las gracias que has de darme del empleo que, en la mejor hostería del mundo, en un cuarto bello sobre unos jardines, hice de todos cinco talentos. Sígueme y en el camino lo oirás. Paseando el tablado. Di, pues. Lo primero el de la vista empleé en pinturas y en espejos; el del olfato en perfumes; el del tacto en blandos lechos; el del gusto en generosos vinos y manjares; luego el del oído en criadas y criados, todos diestros músicos, y sobre todo solo te alabo el portento de su hostalera, que así en mil amorosos versos por su hermosura y su voz hay quien la llame; en efeto, ella por ver a su huésped y ellos por ver a su dueño, todos te están esperando festivamente contentos. ¿Qué os parece cuán a gusto ha sabido mi Deseo aposentarme? Y al mío. Venid, pues por aquí... pero al entrar en la ciudad, gran corte del universo, en su grande Babilonia que el tino he perdido pienso. Volved por estotra parte; tampoco es por aquí. ¡Cielos!, ¿si enajenó mi memoria mi amo con la suya? Necio, ¿no aciertas con la posada? Que voy perdido confieso. Y cómo que vas perdido... Aparte. que en robando el corazón la Lascivia al hombre, luego el Hombre da las memorias de la muerte al Mundo a efecto de que el Mundo le encamine al logro de su deseo.) Dame unas señas, quizá ya que perdido te veo por ellas podré guiarte. Si es que yo de algo me acuerdo la hostería por empresa que llama a los pasajeros tiene una sirena. Ya sé cuál es, y no está lejos, pues casi a su puerta estamos. Dentro instrumentos. Y si no mienten los ecos para tu venida están templando los instrumentos. Y aun deben de habernos visto, pues sin llamar han abierto esperando a sus umbrales a recibirnos diciendo: Venga en hora dichosa, huésped y dueño, el que dueño y huésped traen sus talentos a que viva a medida de su deseo. Salen los MÚSICOS y, entre ellos, el DEMONIO, y luego la LASCIVIA, hablando los dos aparte. Lascivia. Nada me digas. ¿Cómo no acordarte puedo que ya que en estos palacios que he fabricado en el viento está el Hombre sin memorias de la muerte, y en sus bellos jardines somos los dos en sus flores encubiertos el basilisco y el áspid, que David dijo en sus versos? ¿A la vista del encanto dejar de acordarte puedo que uses tu hechizo sin que te olvides de mi veneno? Como para mi memoria está de más el acuerdo, si quieres verlo haz que sigan tus sombras a mis acentos. Venga en hora dichosa, huésped y dueño, el que dueño y huésped traen sus talentos a que viva a medida de su deseo. ¡Cielos, qué es lo que mirando estoy, que absorto y suspenso no sé de mí? Éste es aquel hermoso tirano dueño del robado corazón. ¿Dónde -a discurrir no acierto sin mi pensamiento- habéis guiado a mi pensamiento? Donde viva a medida de su deseo. Y ya que en vuestro hospedaje quedáis con razón me ausento, pues aunque yo fuera el Mundo a la vista de ese cielo no os hiciera falta el día que a vuestra esperanza dejo. Donde viva a medida de su deseo. Vase. Representando. En hora dichosa vengas, ¡oh generoso, oh ilustre racional huésped del orbe, que sus ámbitos discurres Cantando. a no malograr sentidos que escuchen, que vean, que toquen, que huelan y gusten. Repiten. A no malograr sentidos que escuchen, que vean, que toquen, que huelan y gusten. Representando. En hora dichosa vengas a mi albergue, donde uses de la gran naturaleza los dotes sin que te usurpen Cantando. austeros retiros de senos lugubres que al Hombre le sean los bienes comunes. Austeros retiros de senos lugubres que al Hombre le sean los bienes comunes. Representando. Aquí los cinco talentos que el deseo distribuye verás cuán bien empleados con sus cinco objetos cumplen Cantando. haciendo porque no vivas inútil que vean, que toquen, que huelan y gusten. Haciendo porque no vivas inútil que vean, que toquen, que huelan y gusten. Representando. Los espejos te retraten porque tu vista te adule y en países y en vergeles arte y natural dibujen Cantando. ya en verdes esferas, ya en campos azules luces que sean sombras, sombras que sean luces. Ya en verdes esferas, ya en campos azules luces que sean sombras, sombras que sean luces. Representando. El hibleo, sus panales hilados al sol tribute; el sabeo sus aromas al sol quemadas ahúme Cantando. para que sabores mezclando y perfumes en dos suavidades ignores la dulce. Para que sabores mezclando y perfumes en dos suavidades ignores la dulce. Representando. El tacto el catre es de pluma, que el aura a suspiros mulle y el céfiro halaga a soplos, reclinado te asegure Cantando. de que ya el deseo con sus inquietudes dormido te aflija y despierto te asuste. De que ya el deseo con sus inquietudes dormido te aflija y despierto te asuste. Representando. A las pronunciadas voces de blandas músicas junten sus no pronunciadas solfas las aves, siendo a su numen Cantando. hojas que resuenen, fuentes que murmuren, cítaras y arpas, tiorbas y laúdes. Hojas que resuenen, fuentes que murmuren, cítaras y arpas, tiorbas y laúdes. Representando. Conque a mi hospedaje, que bienes presume... ... a no malograr sentidos que escuchen, que vean, que toquen, que huelan y gusten. Representando. Goza, pues, de tus talentos los precios sin que te angustie el verme por presumir que yo tu corazón hurte para quedarme con él, que si conmigo le truje fue en castigo de que cuando en mi socorro te busque aunque fuese por acaso el que tus brazos ocupe eches menos al deseo y a mí por él me preguntes. ¿A quien me vio en ellos queda qué desear? Mal atribuyes a hurto el castigo, pues fuera de mi vanidad deslustre que tú triunfes della y yo de tu corazón no triunfe. Y así peregrino huésped ya que el hado te reduce a pisar estos umbrales su pérdida no te asuste, pues para que goces libre las altas solicitudes de ver al mundo sin que verle sin él te disguste, la mano es que te le quita la que te le restituye, porque a mi florido albergue que hayas venido no dudes. A no malograr sentidos que escuchen, que vean, que toquen, que huelan y gusten. No en vano, hermoso prodigio, la divisa que conduce al pasajero a tus puertas en jeroglífico incluye la imagen de la sirena, que en sus láminas se esculpe diciéndole desde luego el peligro a que le induce la suavidad con que atraes y la esquivez con que huyes. El corazón que me ofreces, permíteme que rehúse aceptarle, porque ya es forzoso que se injurie de que le quite tal dueño, pues cuando él no lo repugne y atento a su gran lealtad cobrar el suyo procure negaré yo que lo soy porque de mí no se juzgue que haciendo él una fineza le haga yo una pesadumbre. ¿Para qué le quiero yo? Aparte. Bien deste ceño se arguye que nunca vencí con gozos a quien con pesares pude. Tómale, pues. Será en vano; que no quiero que me acuses segunda vez de grosero sin que enmiende o disimule lo noble de darle yo lo vil de que tú le hurtes. ¿De modo que voluntario es ya mío? No lo dudes. Pues tampoco yo he de hacer ya que tú a la enmienda acudes pesadumbre la fineza; y porque a entrambos sea útil viva en ti y anime en mí; y vosotros, porque anuncien vuestras voces que el amor, que dos corazones une, consiguió que por vencidas se den mis ingratitudes repetid vuestras canciones. Al DEMONIO. Y tú, mientras él discurre conmigo aquesos jardines donde prevenir dispuse las mesas, en cuya mesa más nobles manjares guste, trae, porque alivie el cansancio del camino, frutas, dulces y bebidas. Voy por ellas. ¡Oh cuánto campo descubre ver que primero y segundo Adán la Culpa introduce en su alegórica idea, y que en su escena se junten jardín, hombre, fruta y áspid para que yo conjeture en qué pararán las sombras destas lejanas vislumbres! Vase. Ven, pues, ven adonde veas la pompa, el fausto y el lustre a que te trujo el Deseo. No fui yo, no, el que le truje sino el que quiso traerle al ver cuán perdido anduve hasta dar con tu hospedaje. ¿Que habrá que ver no renuncie quien ya te vio? Ven, Deseo. No vengas tal, ni me culpes tú echarle menos, pues ya me sobra. Nadie me cumple que no me falte, que al fin deseo cumplido, inútil alhaja es. Volved vosotros a que los ecos divulguen mi felicidad. La mía no diré yo que pronuncien, que no es capaz de la voz por más que el eco articule. En hora dichosa venga el generoso, el ilustre racional huésped del orbe, que sus ámbitos discurre a no malograr sentidos que escuchen, que vean, que toquen, que huelan y gusten. Al entrarse salen el DEMONIO con una copa dorada y el MUNDO de villano con un azafate de frutas. Aquí lo que me mandaste truje. Siendo yo el que disfrazado traidor amigo dispuse que mis entrañas las frutas, el oro y cristal tributen. Supuesto que como dije no hay cosa que más angustie que la sed al caminante bien a repararla acuden de mi primer agasajo las finas solicitudes. Toma y bebe. Toma la salva. Que la copa sirva el cristal es costumbre que ya se vio, pero no se vio que de oficio muden y sirva el cristal la copa. Como eso el afecto suple, demás que a fuer de hostalera -que así hay quien me intitule- servir al huésped me toca. La baja voz me disculpe del servir para que yo al irla a tomar me turbe. Pues tómala por favor ya que no por servidumbre. Tanto mejoras la frase que obligas a que la mude en obediencia. Mas, cielos, Bebe. ¿qué mortal veneno infunde en mí esta bebida que al labio apenas la puse cuando corrió al corazón que solo para eso tuve? ¿Qué veneno ha de ser? Es el que en su aliento produce la hidra por siete bocas que humo exhalan, fuego escupen. Su sangre has bebido; que esa dorada copa que truje aquella es con que brindando ramera mujer discurre el mundo. Y el Mundo quien a este albergue te introduce fingido amigo, porque ser el Hombre sin virtudes del Mundo amigo, de Dios ser enemigo resulte. ¡Ay infelice de mí! que aunque quejarme procure de que el amigo me ultraje y la sirena me injurie no puedo, porque el furor, la ira, la rabia, confunden tanto mis sentidos, tanto mis potencias destituyen que con la luz del sol todo me falta, todo me huye, sino sola la razón porque a par del dolor dure. Cae en brazos del DEMONIO. Aun esa no ha de quedarte que pues de tu error se arguye que de ambos heridos sean mis lazos los que te anuden, ya en mi poder será fuerza porque de ella no te ayudes que yo de tu entendimiento también la joya te usurpe. Y pues sus cinco sentidos su deseo le destruye y los tres sus tres potencias Déjale caer desmayado. con que sin pompa y sin lustre deshecho y postrado yace en veloz ruina caduque este alcázar que tu hechizo quiso que mi magia funde. Terremoto dentro. Dices bien, y porque más si vuelve en sí se perturbe el estallido le asombre, le estremezca y le atribule, al compás de sus estruendos diversas voces inunden el aire diciendo a un tiempo: Valles, montes, selvas, cumbres, que hombre en pecado no solo bruto es, que no discurre, pero ídolo inmóvil, que ni hable, ni escuche, ni vea, ni toque, ni huela, ni guste. El terremoto y las voces todo junto, yéndose todos, y saliendo el TIEMPO como asustado. ¿«Hombre en pecado no solo bruto es, que no discurre, pero ídolo inmóvil, que ni hable, ni escuche, ni vea, ni toque, ni huela, ni guste»? ¿Qué tiempo habrá sin dolor al oír cómo lloraba David cuando lamentaba la muerte del pecador? Bruto, ídolo, le llama. ¡Ay de ti, si cuando va el Tiempo en su alcance está en ese estado su fama! Pero ¿en quién ha tropezado de mi pie la veloz huella? Tropieza en el HOMBRE y él vuelve en sí asombrado. ¿Quién mi altivez atropella, por deshecho, por postrado que me tenga mi cruel fortuna? ¿Quién eres, di? El Tiempo que cayó en ti porque tú no has caído en él según hoy tan otro estás de lo que otra vez te vi. ¿Que tú eres el Tiempo? Sí. ¿Y dónde por aquí vas? En tu busca. ¡Ay desdichado del que desde el pasatiempo vuelve en los brazos del Tiempo cayendo en los del pecado! Pues ¿qué me quieres? ¿Conoces estas escrituras? Mías son. Pues sabe que sus días ya han pasado. ¿Tan veloces que apenas instante fue su plazo? Eso no te espante, que todo plazo fue instante al que cumplido le ve. ¿Y qué pretendes? Cobrar todo lo que recibiste prestado y lo que adquiriste con ello. Para pagar dame espera. Pretensión es vana, porque ha cumplido plazo. Espera no ha tenido del Tiempo la ejecución; demás que aunque la tuviera los acreedores están ahí. Mira tú si querrán que el Tiempo te dé la espera. ¡Sentidos del cuerpo...! Salen los SENTIDOS. ¿Qué nos quieres? En dura calma estoy. ¡Potencias del alma...! Salen las POTENCIAS. ¿A qué nos llamas? A que espera el Hombre ha pedido. ¿Qué dices? Ya ejecutado, que a la tierra lo prestado vuelva, al cielo lo adquirido. Ni lo adquirido, ¡ay de mí!, ni lo prestado dar puedo cuando tan sin todo quedo. Pues ¿en qué empleaste, di, el uno y otro talento? Mi Deseo los gastó en alhajas que llevó en humo y en polvo el viento. ¿Qué hiciste del corazón que, Voluntad, fié de ti? A la Lascivia le di. Y de la Memoria el don que de ser mortal te advierte ¿qué hiciste? Sin él quedé desde que al Mundo entregué las memorias de la muerte. ¿Y el Entendimiento, di? Quién me lo robó no sé, mas sé que sin él quedé, sin su razón y sin mí. Todos cantando y representando. ¡Ay mísero de ti, que de un feliz has hecho un infeliz! ¿Qué medio en pagar previenes? Solo uno, pues no hay disputa que a quien el Tiempo ejecuta haga dejación de bienes. Mientras esa dejación no se averigua cuál es, es fuerza que preso estés. Date, bárbaro, a prisión. Yo le llevaré, pues fui del Hombre el ejecutor. Pues me confieso deudor diciendo iré desde aquí: ¡ay mísero de mí! ¡Ay mísero de ti! ¡Que de un feliz he hecho un infeliz! ¡Que de un feliz has hecho un infeliz! Sale el DESEO. Pues del Hombre, aunque no fiel criado, criado suyo fui y él tantas veces tras mí fue, vaya yo una tras él. Su Deseo hacia allí veo. Con él es bien preso esté. Préndenle todos. ¿Preso el Deseo? ¿Por qué? Porque fuiste mal deseo. A la puerta, DEMONIO, LASCIVIA y MUNDO. Acechemos desde aquí adónde con los dos dan. Al rudo sepulcro van de donde nacer le vi. Llegan a la reja. ¡Ah del poderoso centro, que fue en su lóbrega esfera del Hombre cárcel primera! Dentro. ¿Quién va? Quien trae a que dentro, hasta pagar el exceso de sus deudas y que dé la satisfación, esté preso el Hombre. Dentro. Allá va un preso. Y aun dos. ¿Qué satisfación podré dar siendo infinito el precio de mi delito? Y tenga en vuestra prisión cadenas su devaneo. ¿Qué más, ¡oh fiero castigo!, cadenas si van conmigo los yerros de mi deseo? Enciérranle en la reja. Entrad y ved que de aquí salir no habéis hasta que paguéis. Mal pagar podré, que es mucho lo que perdí. ¡Ay mísero de ti! ¡Ay mísero de mí! ¡Que de un feliz has hecho un infeliz! ¡Que de un feliz he hecho un infeliz! Vanse todos y salen al tablado los tres, DEMONIO, LASCIVIA y MUNDO. En el sepulcro le encierra de donde al mundo salió. Y donde decirle oyó... Dentro. Que nos vamos a pique. Dentro. Tierra, tierra. Dan vuelta ambas naves a un tiempo y vese en la una la CULPA y otros y en la otra el MERCADER y el AMOR. Las voces del calabozo se pierden con las lejanas voces que en el mar se escuchan. A lo que mi vista alcanza, impelidas de contrarios vientos, dos naves se hallan corriendo las dos a un tiempo dos fortunas tan contrarias como la una viento en popa, la otra deshecha borrasca. Y a lo que alcanza la mía, según sus velas y jarcias, la del Mercader parece la que tranquila se salva y la otra la de la Culpa, oyéndose a un tiempo en ambas... Dan vuelta elevándose la CULPA y el AMOR en sus dos árboles mayores. Buen viaje. Mal pasaje. Iza, iza. Amaina, amaina. Yo como, en fin, el Amor jeroglífico es con alas... Yo como quien en el aire funda toda su esperanza... Elevándome en el viento, sobre el tope de la gavia... Elevándome en mí, pues hidra sobre hidra me llaman... Reconozco que la tierra donde nos inspira el aura... Reconozco que el paraje donde el Aquilón me arrastra... Es la que busca por fin de navegaciones tantas. Es el que destina el cielo para sepulcro a mis ansias. Bajan de las elevaciones. Pues pon en ella la proa ya que al mediodía señala, que son favorables vientos los que nos corren del Austria. Y así pues hoy tan furioso el temporal nos contrasta dejad a su ira las velas. Iza, iza. Amaina, amaina. Buen viaje; tierra, tierra. Mal pasaje; al agua, al agua, y a nado el que pueda libre la vida, que yo arrojada al mar pues contra mi fuego todas sus ondas no bastan saldré a tierra por si en ella tienen despique mis ansias. Buen viaje; a tierra, a tierra. Mal pasaje; al agua, al agua. Dando vuelta las naves se quitan dellas las personas. La nave del Mercader favorablemente ufana ya va entrando en la bahía. A tiempo que atormentada de embates la de la Culpa se va a pique. Por si saca della alguna gente a tierra el vaivén de la resaca a la orilla nos lleguemos solicitando ampararla. No en vano lo intentas, pues una persona a la playa el reflujo de las olas arroja. Sale la CULPA cayendo en brazos de los tres. Mi horror me valga. ¿Culpa, qué es esto? Salir a la tierra derrotada del mar sin haber podido en navegación tan larga, como es haber dado entera vuelta al ámbito, dar caza a esa nave que no sé quién de mi furor la guarda tanto que nunca la Culpa pudo, no digo abordarla pero ni darla el menor alcance, según la amparan los puertos en que se abriga; mayormente los de España en quien de su salvamento tuvo mayor confianza. El primero en que a salir al mar del mundo se embarca fue... Di. El de Santa María; estremézcome al nombrarla, porque no sé cómo pudo salir de noche y al alba. Tras él fui y cuando pensé que en su golfo le alcanzara no fue posible, porque corrí en él tan gran borrasca que nunca mayor la tuve, y más al ver que pasaba desde el de Santa María al puerto de la Deseada -¡oh no fuese a voces de profetas y patriarcas!-. Volvió al mar y volví yo bien que él siempre con bonanza y yo siempre con tormenta. Dígalo mi ira, mi saña; pues yendo en su seguimiento la Margarita le ampara en su puerto en fe de que en él sus empleos hallaran la margarita preciosa más neta, pura y sin mancha. Rico con tal prenda ¿quién duda que desta aviada pasaría a Puerto Rico por tener en sus entrañas el escondido tesoro que allá en las letras sagradas compró el sabio? Conque viendo con tan segura ganancia en tesoro y margarita florida su confianza, a la Florida pasó poniendo ley a las aguas; poniendo ley dije y dije bien, pues de la despoblada yerma antigua ley, pasando a la Florida de gracia y della a la Vera-Cruz sus empleos adelanta el puerto de Santa Fe donde viendo asegurada su embarcación, fue de todos Cabo de Buena Esperanza. En todos estos parajes solo una vez la batalla en un páramo desierto le presenté cara a cara, en cuyo duelo vencida huyendo volví la espalda, conque él pasó al puerto de Ostia dejándome a mí en La Habana. Ostia dije, y al decirlo con un lazo a la garganta y con un áspid al pecho duda, gime y tiembla el alma, porque no sé qué misterio en sí incluye, encierra y guarda ver que en el puerto de Ostia todo su caudal reparta empleado en trigo, cuya semilla tanto me pasma donde quiera que la veo que es fuerza sentir que haya la nave del mercader, solo de trigo cargada, venido desde Ostia a Cáliz, adonde se desembarca, porque entre Ostia y Cáliz pierda la nave y las esperanzas. Aunque tienes razón, Culpa, de afligirte en que no hayas conseguido su victoria consuélete el que nos hallas victoriosos a nosotros del triunfo que nos encargas. Su hermano -Primero Adán en tu idea- en tal desgracia le hemos puesto que en un triste duro calabozo arrastra la cadena de sus yerros, y pues a pagar no basta los talentos y las joyas que le prestaron fiadas en sentidos y potencias cielo y tierra, tu venganza logra en él. Preso por deudas, que no ha de poder pagarlas por ser su precio infinito, está. Y no temas que salga, que aqueste es su corazón. Y estas son las olvidadas memorias de que es mortal. Este el laurel que ilustraba la región del juicio, que yo turbé. Y si esto no basta al calabozo te acerca; verás qué dicen sus ansias, sus penas y desconsuelos que son los que le acompañan. Dentro. ¡Ay mísero de ti que de un feliz has hecho un infeliz! Como oyendo a lo lejos salen el MERCADER y AMOR. ¿«¡Ay mísero de ti que de un feliz has hecho un infeliz!»? ¿Cúyo será este gemido que me ha enternecido el alma según lamentable suena? Hacia aquella gruta, extraña cárcel del tiempo, se oyó. Aunque quiera daros gracias no puedo, porque al mirar que tan a mi vista anda el Mercader tiemblo. Pues retírate mientras pasa. Fuerza será, aunque me prive del gusto con que escuchaba decir lamentando allí... Dentro. ¡Ay mísero de ti que de un feliz has hecho un infeliz! Retíranse los cuatro. Otra vez en mis oídos la queja suena y mi rara piedad no permite que no procure remediarla. Adelántate, Amor; mira si es verdad que se formaba en esa gruta el gemido. Sí haré, y diga esta enseñanza si otro adelanta al Deseo que tú al Amor adelantas. El HOMBRE dentro y DESEO a la reja. Ponte a esa reja, Deseo, pidiendo tú en voces altas limosna a quien pase, en tanto que la mía al cielo clama en este profundo seno desde la noche hasta el alba. ¡Oh tú, quien quiera que seas, que por estos campos andas, duélete de aquestos pobres encarcelados que pasan extrema necesidad! ¿Quién eres tú que me llamas tan afligido? El Deseo de salir de aquí. ¿Qué aguardas? Llega, señor, que aquí es adonde el suspiro llama. ¿De quién? Del Deseo del Hombre. ¿Del Deseo? ¿Pues qué causa te tiene preso? Las deudas de mi amo. Luego ¿se halla preso contigo? El HOMBRE a la reja. Y tan pobre que da licencia a que salga su Deseo a aquestas rejas a ver si de alguien alcanza de limosna algún consuelo, ya que su desdicha es tanta de hambre, sed, calor y frío como en esta obscura estancia su desnudez siente. Pues ¿qué es esto? Miseria humana. Harto me has dicho, pues todas cuantas penas hay y cuantas ha habido y ha de haber caben en sola aquesa palabra. ¡Ay, hermano, lo que siento verte en desventura tanta! ¿Tú eres? Ya siento yo más la vergüenza que me causas que la prisión que padezco. ¡Qué en otro estado te hallaras si a mí me hubieras seguido! ¡Ay de su ciega ignorancia! ¿Qué es eso, Amor? ¿Pues tú lloras? ¿Quién ha de llorar desgracias del Hombre, sino tu Amor? ¿Ni quién ha de remediarlas hallándose entre un Amor que llora, un Hombre que clama, sino quien sabe que valen más mis sobras que sus faltas? ¿Quién aquí te tiene preso? Los acreedores, que tratan cobrar sus prestados bienes siendo para su cobranza el Tiempo quien me ejecuta. Fía del cielo y aguarda, que presto volveré a verte. ¡Amor! ¿Qué me quieres? Llama al Tiempo. Quítanse los dos de la reja y sale el TIEMPO. No es menester, que el Tiempo de aquí no falta; que para afligir a un triste a que le llamen no aguarda. Ese hombre que tienes preso mi hermano es; yo la fianza haré de sus deudas, haz tú que de la prisión salga. ¿Quién eres tú que pagar deudas tan cuantiosas tratas? ¿No me conoces? El Tiempo a nadie conoce, a causa de haber de igualar a todos; que si a distinguir llegara al pobre del rico no muriera ningún monarca, y así a ninguno conoce, conque a todos los iguala. El mercader de esa nave soy; esto que diga basta para saber que mi hacienda es mucha. Y pues hoy te hallas con un preso pobre ¿qué haces en admitir la fianza de un mercader rico? Pues siempre es preciso que valga más un fiador abonado que un deudor falido. Es clara consecuencia, y así vengo en que la fianza se haga, pues tendrán los acreedores a dicha ver abonada su deuda; y pues ante mí las escrituras pasadas se hicieron, a espaldas de ellas para empezar a otorgarla pongo la cruz. Di tú agora a qué te obligas. Bien trazas el que mi fianza entre con la cruz a las espaldas. Escribe el TIEMPO. Pon que me obligo a pagar las deudas del Hombre cuantas se hallen en las escrituras, principalmente la que habla en que hice propia la ajena deuda cargando las ansias del Hombre sobre mis hombros. Escribe el TIEMPO. «Y obligándose a la paga hizo propias las ajenas deudas y de ellas se encarga». Así lo firmo, Segundo Adán. ¿Qué falta ahora? Falta que nos entregues el preso, pues te queda en confianza ese resguardo. Bien dice, que para que se quedara preso el Hombre ¿para qué había menester fianza? Claro está. ¡Ah de la prisión, abrid las puertas y salga el Hombre de ella! Salen el HOMBRE y DESEO en una cadena. ¿Qué quieres, Tiempo, que tan mal me tratas? Tratarte bien algún día; pero a tu hermano las gracias, que se ha obligado a tus deudas, y así es bien las puertas abra y la cadena te quite. Mas ¡ay, que solas no bastan mis fuerzas, que aunque ponerla pude no puedo quitarla! Estás muy anciano, Tiempo; yo llegaré. Tú repara lo que le debes, que es su Amor quien te la desata. Salto y brinco de contento; siempre vio mi confianza que él era hermano del cuerpo pero tú amigo del alma. No tanto al verme sin ella estimo, Amor, el dejarla cuanto estimo que me dé lugar de echarme a sus plantas en fe de que agradecido siempre le seré. Levanta de la tierra y a mis brazos llega, que de mi jornada levantarte de la tierra han sido las esperanzas. Dentro. abierta está! Aunque me ampara tu favor, el ver que vienen mis acreedores con tanta grita contra mí al mirar la puerta abierta me espanta y atemoriza. Acreedores tienen malísimas caras. Pues verlos sientes, ya que quedando yo no haces falta, a mi nave te retira y que a ella te lleve aguarda mandamientos de soltura con su finiquito y carta de pago. Vamos, Deseo, con acciones tan contrarias como llorar mis errores y cantar sus alabanzas. Vanse los dos y salen en tropa SENTIDOS y POTENCIAS, y el TIEMPO los detiene. Sigámosle, que sin duda la dura cárcel quebranta pues va huyendo. Deteneos. ¿Tú el paso nos embarazas cuando tu descuido ha sido de aquesta fuga la causa? Nunca el Tiempo se descuida; y porque mi vigilancia veáis y que el irse no es fuga sino antes suma ventaja que de irse a tenerle preso resulta en vuestra cobranza, sabed que suelto y no libre va debajo de fianza. ¿Qué fianza? La escritura lo dirá. ¿Quién a otorgarla llegó? El mercader de aquesa rica nave; conque es clara cosa que de vuestras deudas tenéis segura la paga según el grande tesoro que quiso el cielo que traiga. En viéndolas satisfechas lo creeremos, y así trata pues a pagarnos te obligas de pagarnos. Sí, que nada dice el proverbio que hace el que fía si no paga. Sí hace en llegando la hora de pagar. ¿Qué más llegada? ¿No has de pagar por él? Sí. ¿Pues qué esperas? Que aunque haya de cumplirse la escritura y aunque para sus instancias el espíritu está pronto, la carne es la que desmaya. Pues nosotros no tenemos espera; la tierra clama porque el cuerpo sus sentidos la vuelva. También del alma para el premio o el castigo según pérdida o ganancia el cielo por sus potencias. Al TIEMPO. Nuestro crédito restaura y pues te dimos un preso danos el preso o la paga. Ya ves que el pueblo de tanto acreedor contra ti clama; págale pues te obligaste. En siendo mi hora llegada. Pues en tanto será fuerza el que yo le satisfaga pagándoles con un preso la cantidad a la falta de otro; y pues el principal en fe del fiador se salva fuerza es que pague el fiador lo que el principal no paga. Esta es su cadena. Pónele la cadena. ¿Tú, Tiempo, eres quien me la ata? ¿Quién puede dudar del Tiempo ser continuas las mudanzas? Tiempo hubo de triunfo, tiempo de gozo, ¿qué mucho que haya tiempo también de pasión? Llega, Amor, para que hagas número por el Deseo. Mi fineza no lo extraña que él no se fuera sin mí ni yo sin él me quedara. Éntranle en la reja. Entra en esa triste obscura prisión de la vida humana. Obedezcamos al Tiempo, y pues en esta fianza ves, hombre, lo que me debes mira cómo me lo pagas. Vanse los dos, MERCADER y AMOR. Ya si un preso os faltó, otro tenéis con mejoras tantas cuantas van de un pobre a un rico. Aumentemos de sus ansias el dolor para obligarle a que abrevie la esperada hora, que dos veces dijo, que para pagar le falta. Aflíjanle vuestras voces que yo moveré las alas más veloces porque corran los términos de su instancia. Cantan a la puerta de la reja en tono triste y claro. En esta obscura cárcel adonde por fianza yace el que como propias ajenas deudas paga, la desnudez le aflija y al calor y a la escarcha pan de dolores coma, beba del llanto el agua. A ramales de azotes se arrimen sus espaldas y al levantarse sean cambrones su guirnalda. Duro madero forme el lecho en que descansa y ese con tales clavos que hieran... Dentro MERCADER con voz lastimosa. Basta, basta; que al compás de mis penas ya en vuestras consonancias ha llegado la hora de consumar la paga. Con voz más entera sale arrojando la cadena y abriendo la cárcel con manto encarnado. Y así deste sepulcro abriendo yo la estancia y rompiendo cadenas, porque mi ser no aguarda ni que el lazo me quiten ni que la puerta me abran, salgo más victorioso que entré, porque empleada la costa de la deuda llegue el fin de la paga. Tiempo, ve a esa nave; en ella hallarás cómo cargada de trigo trae desde lejos en sus fecundas entrañas el pan de la vida. Dejo que en decir pan dije gracia y que en gracia, nave y pan, en mil doctas, en mil sacras frases en sí incluyen dos misteriosas semejanzas, y voy a que habiendo hecho en mí la ejecución, hagas el pago en él, para cuyo efecto al padre le encarga de familias, que él sabrá darle a sembrador que esparza su semilla por el mundo en sus cuatro partes varias; conque en habiendo pasado la siembra y salido al alba a conducir los obreros que importen a su labranza podrás pasando su grano desde la mies a la parva y de la parva a la troj, con su precio hecha la paga del Hombre a los acreedores, sacarme de la fianza. Somos contentos con que en trigo nos satisfagas. Salen CULPA, LASCIVIA, MUNDO y DEMONIO. Brutos sentidos del cuerpo, nobles potencias del alma ¿cómo es posible que sea tan grande vuestra ignorancia que en trigo os satisfagáis? ¿Puede por mucho que valga valer infinito precio por más que la nave traiga? Pues siendo así que infinita deuda es la que a Dios agravia por ser objeto infinito ¿cómo es posible que haya caudal en una semilla de infinito valor? Calla, no prosigas; cesa, cesa, monstruo horrible de las aguas, que fueron tribulaciones del Hombre y ya son bonanzas. Calla, digo, que no solo en ser su cantidad tanta consiste el valor de aqueste trigo; que una espiga basta a tener precio infinito. Antes que crea tan rara proposición, ni por todo el trigo dará mi saña su corazón. Ni la mía sus memorias olvidadas de la muerte. Ni yo el juicio que le perturbó la extraña cicuta de mi veneno. ¡Hombre...! Salen HOMBRE y DESEO. ¿A qué, señor, me llamas? A que se te restituyan esas perdidas alhajas viendo pagadas tus deudas. Hasta ahora no están pagadas. ¿Dónde el valor infinito que en tu trigo nos declaras está? Ábrese la nube y vese el AMOR con cáliz y hostia en la mano. Eso dirá el Amor, que una fineza tan rara obra es suya. En esta tersa, pura, limpia, nube blanca de la flor del pan que trajo en pan de flor soberana la nave del mercader, pues perdida la substancia de pan, aunque de pan tenga accidentes a ser pasa substancia de carne y sangre, con maravilla tan alta como estar en el pan de hostia su ser en cuerpo y en alma. A tan grande maravilla ya las potencias pagadas están; que el Entendimiento en virtud de esas palabras cautivo por el oído... La Voluntad avasalla. Y la Memoria. Y con él creyendo fineza tanta todos los demás sentidos. Pues ¿qué esperas? Pues ¿qué aguardas si sentidos y potencias satisfechos de la paga están, para darle, Culpa, por absuelto de tu instancia? ¿Qué he de esperar sino que a vista de tan extraña fineza de Amor, las rocas que sus lóbregas entrañas abrieron para mi cuna para mi tumba las abran? Vase. Yo absorta, su corazón le restituyo forzada. Toma, Hombre, que agora tú eres el que me le arrancas. Dale el corazón y vase. Toma, cóbrate en tu juicio y cóbreme yo en mi rabia. Dale el cintillo y vase. Yo, que el Mundo soy, y no tengo acción determinada, buena o mala hasta que el Hombre o mala o buena la haga, volviéndole las memorias de su frágil ser añada que a tan alto sacramento rinda el Mundo vida y alma. Dale la sortija. ¿Qué esperamos, cuando todo el mundo se ve a sus plantas? Esperad, que una pregunta hacer al Tiempo le falta. Si el pan que trajo la nave en aquella hostia se ensalza y eleva ¿de qué la copa sirve en que unido descansa? Eso su segunda parte presto en no menos sagrada parábola lo dirá si a aquesta suples las faltas. Pues en tanto repitamos todos en sus alabanzas... La nave del mercader, que de su trigo cargada embarcado en puerto de Ostia en Cáliz se desembarca, a primero y segundo Adán restaura en los dos reparando deuda y fianza.