Personajes EL BUEN PASTOR EL EVANGELISTA EL MUNDO BARBA LA NATURALEZA LA VOLUNTAD LUZBEL LA CULPA LA OBEDIENCIA EL DESEO EL APETITO MOISÉS MÚSICOS LA GRACIA UN NIÑO Ábrense dos peñascos y sale del uno la Culpa y del otro Luzbel ¡Ah de la excelsa cumbre, que, dórica coluna del cóncavo palacio de la luna, al sol empaña la celeste lumbre! ¡Ah del valle, que a tanta pesadumbre como su falda oprime ansioso inspira y fatigado gime! Rompe, a despecho de la dura roca, mordaza de tu mal abierta boca, el suspiro, por donde con pereza el monte melancólico bosteza... Rasga el lóbrego seno, que lleno de terror, de asombro lleno, con escándalo sumo, la tierra inunda en fuego, el aire en humo... ...para que a estas montañas,... ...para que a aquestos montes,... ...abortado embrión de sus entrañas,... ...informe engendro de sus horizontes,... ...salga a mi maga invocación aquella pavesa infiel de mi apagada estrella. ...a mi conjuro salga aquél que dentro, para ser en su centro encarcelado alcaide de sí mismo, trajo tras sí las llaves del abismo. Óyeme, pues, vapor que al aire inflama... Óyeme, pues, horror que al mundo asombra... Aquellas son mis señas. ¿Quién me llama? Mis señas son aquellas. ¿Quién me nombra? ¿Quién tu espíritu es? ¿Quién es tu sombra? ¿Culpa? ¿Luzbel? ¿Quién sino yo pudiera invocar a quien fue causa primera de mi dolor? ¿Quién sino yo llegara a invocar al que origen de mi rara estirpe fue? Pues dime, ¿qué me quieres? Sí haré, en oyendo lo que tú dijeres. Ya sabes la enemistad que, desde aquel primer duelo que en la corte del Impirio en arma puso su Imperio, la Naturaleza Humana y yo tuvimos, supuesto que el no quererla adorar, siendo yo el astro más bello de toda su curia, fue de mi desvanecimiento causa (bien que habrá quien diga que no fueron sino celos), porque, al verla tan hermosa en el ideado bosquejo en que me fue revelada, lascivamente soberbio sentí la rabiosa envidia de que para mejor dueño (no siendo mejor ninguno) se criaba. Pero esto, tantas veces por preciso repetido en este puesto, no es hoy del caso, pues hoy basta para mi despecho (ya que no es nuevo el principio, siendo el fin a que va nuevo) saber que lidian en mí, de verla mía el deseo, de verla ajena el rencor: con que soy monstruo compuesto de dos tan contrarios, como amor y aborrecimiento. A esta causa vivo siempre sobresaltado, temiendo cuándo ha de llegar el día en que, agobiado mi cuello, sin poder morder sus plantas, me mire a sus plantas puesto, en fee de no sé qué esposo, que en puro tálamo honesto de Virgen claustro con ella celebre su casamiento. Con esta esperanza, Culpa, ella en gozos, yo en recelos, ella en delicias, yo en penas, ella en glorias, yo en tormentos, ella en blanda paz y yo en dura lid y, en efecto, ella en eternos jardines y yo en abismos eternos, vivimos tan desiguales, que son los albergues nuestros, para ella, todo fragrancias, y para mí, todo incendios. En esta contrariedad, de uno en otro devaneo, por ver si conjeturando (que mal pudiera sabiendo) podría antever el daño para salirle al encuentro, ya que no a impedir la causa a perturbar el efecto, a mi alto genio acudí, que, aunque en mi fatal despeño perdí Gracia y hermosura, no perdí de mi alto genio la plenitud de las ciencias, que como querub conservo. En ellas, pues, no tan solo como astrólogo lucero, mas como mágico, de diabólicos artes maestro, anteví (siglos a siglos adelantando) misterios tales, que el adivinarlos me mata. ¿Qué será el verlos? En los que más atención puse fue en los que me dieron luz de que, para que Dios cumpla su prometimiento, han de ser los sacrificios los más eficaces medios. Dellos atemorizado, solicité rastrear dellos los méritos de su origen, que, como para tormento, no hay caso en mí reservado. Hallé que sería el primero sacrificio que la tierra piadosa le ofrezca al cielo la pacífica oblación de un inocente cordero, a que el cielo agradecido, en blanda pira de fuego trocará en flamante llama el joven ofrecimiento. De este afecto arrebatado, llevó los demás afectos tras sí el que un cordero logre tan alto merecimiento como el que después, sin dar un solo balido tierno, vi al sacrificio ir y el que, ya humedecido, ya seco, ofreció al llanto del alba su cándido vellón terso; con que en los corderos hice más instancia, discurriendo lo que dellos me decía la futura edad del tiempo; y, aunque siempre vi que era para con Dios don acepto, en lo general del culto, su ceremoniado obsequio, en lo particular vi también varios previlegios, a un mismo fin ofrecidos y aplicados a diversos. Dígalo una misteriosa mesa en las sombras y lejos de que un cordero será legal cena, cuando al pueblo sea viático para salir de su cautiverio. Probática una piscina lo diga, a espaldas de un templo, a quien su puerta dio el nombre, pues «probática» en hebreo es lo mismo que decir «mercado de los corderos», que para las esperanzas de la salud del enfermo, en fee de los sacrificios, estaban al paso puestos; de suerte que a libertad y salud vi ser el precio un cordero en sacrificio cuando otro en mantenimiento: para el enfermo de vida; de libertad para el preso. Pero para qué te canso, cuando todo el orbe entero en cruentos sacrificios (¡oh, no haya alguno incruento!) es un rebaño de Dios; y más si a dos Juanes veo, que ambos significan gracia (porque aún no se pierda esto), voz de los desiertos uno, con el índice del dedo decir: «El Cordero es este, que a quitar del universo viene los pecados»; y otro, escriptor de otros desiertos. El cordero, que inmolado estaba en el ara puesto, solo abrir pudo el cerrado libro de los siete sellos, cuyo número, a las siete gargantas de mi hidra opuesto, temo contra siete vicios sean siete sacramentos, entre los cuales diviso tan raro uno, tan supremo, tan alto, tan admirable, incomprehensible y inmenso, que ser aumento de gracia será (¡al pronunciarlo tiemblo!) su difinición; aquí que atiendas, Culpa, te ruego. Si asistida de la Gracia, señora de sus afectos según presente justicia, es, en el blando sosiego de eternas felicidades, su dicha mi sentimiento, ¿qué será cuando su Gracia en aumento vaya, puesto que irá en aumento mi ira si va su gracia en aumento? Y así que la pierda, Culpa, es mi principal intento, pues no irá su gracia a más si tú se la traes a menos. A este efecto te he invocado, y pues te toca a este efecto el que, perdida la Gracia, venga a ser despojo nuestro, discurramos con qué astucias, con qué insidias, con qué medios podremos borrar a Dios la imagen, en cuyo espejo se miró y se remiró, fiel retrato de sí mesmo. Y porque más eficaz te mueva a tan grande empeño la realidad de tus ojos que el ruido de mis alientos, vuélvelos a esos jardines y aplica también a esos dulces himnos los oídos: verás con cuánto contento, con cuánta quietud, con cuánta paz, como dije primero, va, asistida de la Gracia y de sus pasiones dueño, discurriendo sus espacios, en cuyos campos amenos dicen sus festivas voces repetidas de los ecos... Canta dentro la Gracia Cielos, astros, luna y sol... (Dentro) Cielos, astros, luna y sol... ...vea todo el universo. ...vea todo el universo. Que a la hermosa beldad de los siglos... Que a la hermosa beldad de los siglos... ...festivos aplauden, saludan contentos. ...festivos aplauden, saludan contentos. Con rayos el sol; con estrellas la luna; con dones los astros; con dotes el cielo. Con rayos el sol; con estrellas la luna; con dones los astros; con dotes el cielo. Con esta repetición salen en tropa los Músicos, la Voluntad, la Obediencia, el Deseo y el Apetito, todos de villanos; y después la Gracia y la Naturaleza, de damas, atravesando el tablado lo que duren los versos Por ti, bellísima Gracia, estos aplausos merezco, pues, aunque el gozo sea mío, es tuyo el merecimiento. Si merecimiento fuera, no fuera Gracia; y supuesto que no es sino don gracioso, logremos las dos el serlo: sea mío el gozo y sea tuyo el agradecimiento. ¿Qué haré yo para mostrarle? Usar bien de los afectos que naturales te asisten, toda la atención poniendo, pues buenos te los entregan, en que permanezcan buenos; mayormente cuando todos, en fee de estarte sujetos, no por propiedad, sino por similitud, los vemos vestir el villano traje de pastores, conociendo que a orden del Mundo, bien como tu gran mayoral, expuesto a ganados y labranzas, no son más que humildes siervos, a cuya causa repiten siempre que sales a verlos... (Canta.) Fuego, aire, tierra y agua vea todo el universo. Fuego, aire, tierra y agua vea todo el universo. Que a la hermosa deidad de los siglos aplauden festivos, saludan contentos. Que a la hermosa deidad de los siglos aplauden festivos, saludan contentos. El aire con plumas; la tierra con flores; con vidrios el agua y con luces el fuego. El aire con plumas; la tierra con flores; Con vidrios el agua y con luces el fuego. Palabra, Gracia, te doy de que admita tus consejos y que mis afectos vean cuánto por ti los aprecio. Yo, que soy la Voluntad, estar de mi parte ofrezco siempre a la resignación atenta. Yo, que el Deseo soy, desear lo mejor siempre de mi parte te prometo. Siendo la Obediencia yo, siempre estaré a tus preceptos. Yo, que soy el Apetito, como haya muchos festejos, bailes, danzas y convites, sabré vencerme a mí mesmo. Aunque hoy en mi Voluntad no cabe ningún Deseo, ni en mi Obediencia Apetito ninguno, con todo eso que me asistáis en favor de la Gracia os agradezco: que, aunque vuestro vasallaje en todo me da el imperio, no me ha de desvanecer lo humilde del rendimiento. Hija de la Tierra, fue mi primer cuna su centro; conmigo nacisteis todos iguales y así no tengo, con los humos del dominio que me da el aplauso vuestro, de enturbiar el cristal puro de mi reconocimiento. Que, si el autor que nos hizo quiso que fuese yo dueño de mis afectos y como don los recibo, mal puedo gloriarme de que son míos. Y así tan una con ellos, Gracia, he de vivir, que al sol, al aire, a la escarcha, al yelo los exteriores adornos de la vanidad depuestos has de ver; que entre sus faustos de ser villana me acuerdo tanto, que ejercicio y traje ha de confesar el serlo, tomando a cargo la guarda del pasto de los corderos. ¿Tomando a cargo la guarda del pasto de los corderos? ¡Oh, cuánto de que en tu estado tan conforme estés me alegro! Y todos, agradecidos, una y mil veces diremos: Que a la hermosa deidad de los siglos festivos aplauden, saludan contentos con rayos el sol, con estrellas la luna, con dones los astros, con dotes los cielos; a cuyo ejemplar celebren su vista, si allá en esplendores, acá en elementos, la tierra con flores, el aire con plumas, con vidrios el agua, con luces el fuego. Con esta repetición, se entra la tropa, quedando como suspensos la Culpa y Luzbel ¡Ay, Culpa! De esto, ¿qué dices? ¿Qué quieres que diga de esto, si en lo que dijera yo, a haber hablado primero, con el sentimiento mío callara tu sentimiento? Pues en un concepto estamos, sepamos si en un concepto, visto a dos luces, habrá o verdad o fingimiento que destruya de la Gracia los favores. A mí un medio de fingimiento y verdad, en metáfora compuesto, se me ofrece. ¿Medio? Sí. Pues ¿qué aguardas? Oye atento. Si para especulación de los más altos misterios se han de valer los humanos de parábolas o ejemplos que a su modo los explican, si los que los oigan, ciegos de la luz de fee al oírlos, han (o bárbaros o necios) de viciarlos, sus verdades en fábulas convirtiendo, usemos nosotros hoy de tal arte que sea a un tiempo o parábola a su modo, o fábula al modo nuestro. Allá en los futuros siglos vi yo (que también yo tengo espíritu que anticipe, sin lo próspero, lo adverso) docta autoridad, que diga que en el católico gremio (de Dios rebaño) habrá lobo, que en alegórico texto a devorar sus ovejas entre con piel de cordero. Y, dejando las divinas letras en su honor y yendo a las humanas, también vi, en la ociosidad del tiempo, la fábula de una ninfa a quien mágicos venenos de una encantadora Alcina prevaricaron; tan fieros que a la fuerza de su encanto, convencida de adulterio, a muerte fue condenada, sacrificada en el templo de la Castidad, a no dar víctima humana en precio del rescate de su vida. Pues si tenemos sobre esto la ley que manda que muera, el día que rompa el precepto que Dios la puso, de humana Naturaleza; y tenemos, tú una infalible verdad para el aparente objecto de lobo pastor, y yo para el mágico pretexto una fábula admitida en el común sentimiento de encantadora, pues dicen que al hombre en bruto convierto, partamos entre los dos fábula y verdad, haciendo a una y otra luz un acto que a entrambos mire, supuesto que para su introducción tan buena ocasión tenemos. ¿Qué ocasión? Si de villana la Naturaleza en medio de sus pompas, como dijo, vestida de sus afectos en villano traje, atenta a su humilde nacimiento, pastora se significa, de su metáfora usemos, significados nosotros, tú, en un pastor extranjero que a su gran fama veniste para servir a su sueldo, y yo, en una jardinera que la agricultura entiendo. Con que, introducidos ambos en su familia, podremos, tú persuadirla a tu amor, yo, valida de mi ingenio, de mi voz y de mi encanto, hacer en tu amor buen tercio. Con que en lo interior dañados y en lo exterior lisonjeros, tú destruyendo el ganado, yo a la Gracia pervirtiendo, serás tú el lobo pastor del redil de sus corderos, yo de sus bellos jardines seré el áspid que, encubierto, flores avenene y frutos con tan nocivos asedios, que a ser sus afectos vengan prevaricados afectos. Con que, si aquel prometido esposo viniere, es cierto que, adulterada la ley y quebrantado el precepto, veremos que la repudia aborrecida o veremos cómo, condenada a muerte, la puede salvar del riesgo. A quien no le dan sus penas en qué escoger, el primero remedio que se le ofrece es el último remedio; y así, a ejecutarle, Culpa, que yo aguardo... Pues yo espero... ...que lo que es ahora canto... ...algún día sea lamento... ...por más que repitan voces y instrumentos... Que a la hermosa beldad de los siglos festivos aplauden, saludan contentos, con rayos el sol, con estrellas la luna, los astros con dones... Representando unos y cantando otros, suena terremoto y dice el Mundo dentro ¡Piedad, santos cielos! ¡Qué asombro! ¡Qué confusión! ¡Qué prodigio! ¡Qué portento! ¿Qué será aquello? Si tú lo ignoras, ¿cómo saberlo puedo yo? Terremoto ¡Ay Culpa! No poco me da que temer que, al tiempo que de la Naturaleza la ruina tratamos, puesto en arma el Mundo, la avisa con este eclipsado estruendo de su peligro: sus voces son las que oíste. Terremoto No por eso temas, que temblar el Mundo más vaticinio es que agüero, como que el Mundo ha de ser, vencida ella, triunfo nuestro. ¡Pues a nuestra empresa, Culpa! ¡Pues, Luzbel, a nuestro empeño! Digan o no digan unos y otros ecos... ¡Qué asombro! ¡Qué confusión! ¡Qué prodigio! ¡Piedad, cielos! Que a un abismo despeñado voy a dar. El terremoto. Yéndose los dos con las voces de dentro, sale al tablado por una parte la Naturaleza, y los demás; y por otra el Pastor Fido, con el Mundo en brazos, y, cayendo en el suelo el Mundo, no le mira Pierde el recelo, que no darás en abismo si yo en mis brazos te tengo. Y pues que ya estás en salvo, vuelve en ti, cobra el aliento. No me es posible, ¡ay de mí, infeliz! Mundo, ¿qué es esto? No sé, porque solo sé que un delirio, un pasmo, un yelo, un letargo, un frenesí, el corazón de mi centro ha estremecido, de suerte que parece que me veo a los temblores del monte y a las ráfagas del viento en alterado motín de todos cuatro elementos: tal vez abrasado en agua y tal inundado en fuego. Alguna conjuración contra mí se mueve, haciendo en futuro parasismo de mis olvidos acuerdo; y aun conseguídolo hubiera, si un no sé quién... ya no puedo proseguir, que desmayado a puro sentir no siento... Cae desmayado ¡Llegad todos!, ¡llegad todos a socorrerle! vea el cielo que al Mundo, que me entregó universal tesorero y mayoral de mis bienes, acudo con mis Afectos. ¡Id todos con él, id todos, hasta que vuelva en su acuerdo! A convalecer del susto entre todos le llevemos. Llévanle los cuatro Afectos ¡Ay de mí, si tú me faltas! ¡Ay de ti, si yo perezco! Sepa quién eres, oh joven, a quien tal fineza debo. ¿Para qué, si se va quien la recibe sin saberlo? (Aparte) Bien pudiera yo decirlo, mas, si él en sombras y velos anda hoy disfrazado, a mí solo me toca el silencio. Y así, a que se aliente el Mundo en su desmayo iré presto, que de su Naturaleza no me aparto, y cuando es cierto que la dejo con la Gracia, pues con tal Pastor la dejo. Vase ¿Quién eres, galán Pastor? otra vez a decir vuelvo, que la turbación del Mundo no obsta a mi agradecimiento. Yo, bellísima zagala, a cuya planta sutil cuanto va ajando la huella va floreciendo el abril, un extranjero Pastor de tan lejano país soy, que el encarecimiento en que se suele decir lo que hay del cielo a la tierra no fuera vulgar aquí, según la distancia de este confín tuyo a mi confín. De su más rico, su más poderoso, más feliz noble mayoral que el sol vio, del oriente al cenit, del cenit al occidente, del occidente al nadir y del nadir otra vez al oriente, hijo nací; de tal poder heredero, que pudiera repetir segunda exageración de encarecimiento, si de sus grandezas dijera ser sin principio ni fin. Este, pues, dueño absoluto de cuanto contiene en sí la entera vuelta del sol por campos de azul zafir, viéndome tan hijo suyo, igual en el discurrir, en el saber y el amar, el gobernar y el regir, determinó darme esposa, para cuyo efecto vi, como en dibujada idea al cristalino viril, la peregrina hermosura de humana ninfa, a quien di lugar en el alma; y como son en la amorosa lid, si lo noble el merecer, lo dichoso el conseguir, por no dar a lo dichoso lo noble de mi sentir, abandoné el lustre y entre merecer y amar partí la dicha para la estrella y el mérito para mí. Con que inventando finezas en que obligarla, pedí licencia a mi padre: Él me la concedió. Y así, disfrazado en varias formas, porque nunca deslucir pueda al cariño el poder atribuyéndose a sí el empleo, y pueda yo blasonar que le adquirí por mí mesmo, en busca suya, desde el eterno pensil que al más elevado Olimpo huella la inhiesta cerviz, por saber que vive en ellos a sus valles descendí. Si me dio una escala paso para bajar y subir, si me hizo, dándome luz, sombra una zarza, si fui de una nube resplandor y de otra niebla y, en fin, si llovieron una y otra en cada grano un jazmín, humedeciendo vellones que enjugaron sobre mí perlas al llorar la aurora, aljófar la alba al reír, eso ha de decirlo el tiempo y yo no lo he de decir, que la fineza que hace alto espíritu gentil en obsequio de una dama hecha es noble y dicha es vil. En este amoroso acecho, sin llegarme a descubrir, contento con verla, en tanto que quiera amor prevenir ocasión en que se dé por obligada de mí, he sabido (¡oh cuánto es fácil el saber para sentir!) que, cauteloso, otro amante solicita competir lo leal de mi fineza con lo traidor de su ardid. A este, pues, celoso empeño siendo forzoso acudir, lo fue de poner disfraces en que sin verme la vi, porque viéndome la pueda de más cerca prevenir sus cautelas. A este efecto el tosco buriel vestí, bien que de piel de cordero guarnecido su perfil. Y pues el llegar a tiempo que reparé y socorrí al Mundo, cuando más iba a despeñarse infeliz, a pedir me alienta (no desdeñes verme pedir para honestar el pretexto de andar disfrazado aquí) que en tu familia, oh Humana Naturaleza, admitir quieras mi persona, fuera de que te está bien a ti, en fee de que te seré fiel guarda de tu redil, porque, como allá mi Padre fio su rebaño de mí, ya sus pastos, ya sus crías tan desvelado asistí que de «Criador» y «Pastor» pude el renombre adquirir; no dudes que ambos seamos yo a ti de interés, tú a mí de honor, porque a vista suya no he de volver, hasta ir de dos victorias triunfante: una, hollar y destruir este competidor y otra, elevar y preferir en la cumbre de las cumbres a la que esposa elegí, llevándomela conmigo donde bronceado el marfil, jaspeado el marmol, torneado el cristal, la dé el Ofir maridajes de diamantes, tachonado su matiz del crisólito y topacio, la esmeralda y el rubí; eminente solio en que la vea el orbe presidir sobre todo lo criado, coronada emperatriz. Mucho, no que dudar, pero que pensar y discurrir, tu historia da; y remitiendo a otra ocasión lo que aquí no es ahora preciso, voy a que nunca conocí tan peregrina hermosura que te merezca venir, oculto y pobre, de patria tan distante y tan feliz. No dije que esto es querer que me quiera a mí, por mí y no por sí interesada. También yo, que nunca vi, dije por eso, belleza que lo merezca por sí. ¿Que nunca la viste? No. Mira que yo sé que sí. ¿Tú lo sabes? Yo lo sé. Eso es saber más de mí que yo de mí mesma sé. ¿Quién dice que no? Pues di, ¿en qué lo fundas? En que la conoces como... Sale Luzbel y dice ...A ti. ¡Oh, si él fuera, y no el acaso, quien lo acabó de decir! ¡Oh Humana Naturaleza, de cuya fama el clarín grandezas y gracias cuenta ciento a ciento y mil a mil! Un pobre pastor, a quien su patria arroja de sí, más por desdichas de noble que por delitos de ruin, viene a ampararse, fiado en que te sabrá asistir de pastor en el ejido, de cultor en el jardín, de labrador en las mieses y jornalero en la vid; porque desde su primera crianza, allá en su juvenil edad, aprendió los artes con genio tan querubín, que su aprender fue aprehender y su estudiar esculpir tan a no borrar, que una vez llegado a concebir el concepto, fue carácter que el ábrego más sutil, aunque le malogre el fruto, no le arranque la raíz. Con estas prerrogativas a ti (vuelvo a repetir, ¡oh Humana Naturaleza!) derrotado de alta lid a ampararse viene y, pues es con tan rendido fin que no aspira a merecer, pues solo aspira a servir, te suplica que le quieras en tu familia admitir, en fee de que te promete en tu servicio vivir hasta morir, bien que ahora no sepas lo que es morir. Pues él no me ha conocido, disimularé hasta oír lo que ella responde. A un tiempo y a un propósito venís los dos a mi albergue, pero no a una causa: pues a ti te traen finezas de amante y a ti ruinas de infeliz. ¿Qué Pastor será aquél, ¡cielos!, que al verle dudé y temí? Que en mi familia os admita es lo que entrambos pedís; mas no pedís bien, que, aunque dueño de todo nací, el Mundo es mi mayoral. A él toca el distribuir en tierra, aire y mar mis frutos, puesto que contiene en sí del mar, del aire y la tierra el dominio de influir desde el cordero al león, desde el bruto más cerril al más doméstico bruto, desde el más tierno jazmín al más eminente cedro, y ya en gualda o ya en carmín, desde el clavel más purpúreo al más cárdeno alhelí, bien como desde la fiera ballena, de este turquí campo azul monstruo monarca, al favorable delfín, desde el águila boreal a la tórtola y, en fin, desde el árbol de la vida al de la muerte. Y así, pues él el distribuidor es de todo, a él acudid, que él ha de dar la respuesta, pues cuantos han de venir a mí es preciso que el Mundo los haya de recibir. Con esa licencia, pues obligado está de mí, a hablarle iré confiado. Vase Yo también, que nunca vi que tuviese más fortuna el merecer que el fingir. Vase ¡Qué notable confusión es la que en mí ha introducido el haber, cielos, venido a una misma pretensión los dos con tan varia acción, como el uno derrotado, de su patria desterrado, y el otro, por la fineza de una ignorada belleza, de la suya enamorado! Y más, cuando considero que uno afable, otro cruel, viste del lobo la piel uno, otro la del cordero. Con que uno amable, otro fiero, dan que temer y dudar; y en queriendo averiguar qué hay que dudar o temer, encuentro con un placer que a poco rato es pesar. Dígalo lo que estimé, dígalo lo que sentí del uno el período «a ti» que en boca del otro hallé. Y ya que un acaso fue pendiente estorbo, apuremos, corazón, ambos extremos; y pues en ellos hallamos pesar y placer, sepamos qué dudamos, qué tememos. La duda es ¿quién será aquella por quien el uno ha venido; y si es que el otro habrá sido quien causa los celos della? El temor es que mi estrella siente, sin saber por qué, del uno el amor; ¿qué haré cuando una duda a otra iguala? Dentro Guarda corderos, zagala, zagala, no guardes fee. ¿«Guarda corderos, zagala, zagala, no guardes fee»? ¿Qué querrá darme a entender tan nuevo oráculo ahora? Canta. Que quien te hizo pastora no te libró de mujer. Sale como escardillando la tierra Culpa ¿«Que quien te hizo pastora no te libró de mujer»? Luego ¿podreme atrever a tener celos? Sí, pues ¿quién me ha de acusar después de que muestre algún cariño? Canta. La pureza del armiño, que tan celebrada es. ¿Qué haré de su blanca piel si a tu consejo me aplico? Canta. Vístela con el pellico y desnúdala con él. Voz, que piadosa y cruel intentas de mi altivez perturbar mi sencillez, ¿qué es lo que quieres decirme? Canta. Deja a las piedras lo firme advirtiendo que tal vez... Prosigue, no fiel ni infiel me dejes con mi tristeza. Canta. A pesar de su dureza, obedecen al cincel. A aquella parte, detrás del marañado cancel de unos jazmines, se oyó la voz. ¿Quién está aquí? Quien siendo, como es, jardinera de este florido vergel, escardillando a este árbol la mala hierba del pie, porque a la raíz no usurpe la humedad, que vigor dé a sus hermosas manzanas, canta por entretener el afán de la labor. ¿Cómo, siendo así, ni a ver tu hermosura, ni tu voz hasta ahora no llegué? Como hasta ahora tampoco el Mundo llegó a tener noticia de mí y, habiendo dádosela hoy de que sé la agricultura, de suerte que no hay fruta o flor de quien no sepa las calidades, y aun los secretos del bien y el mal que incluyen nocivas o saludables, logré su entrada, con que hasta hoy no me viste tú ni él. Mucho tu voz me ha agradado; prosigue, prosigue, pues, que, aunque ella aconseja mal, a mí me ha sonado bien. ¿Ella aconseja mal? Sí. pues aconseja a querer. ¿Pues el querer es delito? No es delito, mas no sé que sea virtud. Cuando va a digno fin, virtud es. ¿Y cuándo va a digno fin, si, aun amada, una mujer padece achaques de amada? Cuando va a reconocer la deuda de quien por ella deja patria, honor, poder y, la púrpura desnudo, vestido el tosco buriel, viene a verla disfrazado. (Aparte). Sin duda es ella por quien viene aquel Pastor, que Hijo del rico Mayoral es. Apuremos más. Y cuando haya amante tan fïel, ¿habrá beldad que merezca esa fineza? Sí. ¿Quién? Pregúntatelo tú a ti, que si no eres tú, no sé que haya hermosura en el Mundo que la llegue a merecer. Calla, calla, no prosigas. (Aparte). Gracias a Dios que ya hallé aquel mi perdido «a ti»; mas disimular es bien. Calla digo; mas prosigue, que no he de dar a entender que habla tu canción conmigo, ni por mí, ni a mí. Sí haré. No me va saliendo mal, pues sonrosada la tez, asoma en lo rojo el gozo y en lo pálido el desdén; mas ¿qué mucho, si en mi voz está inspirando Luzbel? Canta Deja a las piedras lo firme... Ve adelante, que ya sé que a pesar de su dureza obedecen al cincel. (Representa). Pues, si sabes que las piedras se dan a partido, ¿qué harán las plantas y flores? Y para prueba de que en lo vegetable anima amor, el ejemplar dé: Canta Aquella amorosa vid que enlazada al olmo ves... Representa Pues para que ella y el olmo seguros del rayo estén... Canta Parte pámpanos discreta con el vecino laurel. Representa Segundo testigo sea en lo sensible del ser... Canta Tortolilla gemidora, depuesto el casto desdén. Representa Pues para que nuevo amor la consuele en su viudez... Canta Tálamo hizo segundo los ramos de aquel ciprés. Representa Comunicado el amor, crece su estimación, pues... Canta No para una abeja sola sus hojas guarda el clavel. Representa Dígalo la aurora, viendo que con amorosa sed... Va saliendo la Gracia, oyéndolo. Canta Beben otras el aljófar que guarda su rosicler. Estorbar su persuasión conviene, por más que esté ella equívoca en si habla del fiel Pastor o el infiel. (Representa.) Si te acobarda el respeto, con generosa altivez... Canta Sacude el precioso yugo, cadenas de oro no den. Representa Que, aunque de oro, son cadenas no fáciles de romper.... Canta Sino cordones de lana al suelto cabello ley. Representa No, pues, tu libre albedrío te le tiranice... ¿En qué tan divertida te hallas? Esa jardinera fue la que con su dulce voz me ha podido suspender. ¡Oh, cuánto campo descubre, al que llegare a entender, que ella al Mundo sus afectos entregó y que al ir con él quedó la Culpa capaz de introducir su doblez! ¿Parece que te ha pesado de que divertida esté? ¿No te ha parecido mal? Pues ¿por qué, Gracia? Porqué quien no está lejos de oír, cerca está de responder. Bueno es eso, cuando yo quisiera que tú también la armonía de su canto gozaras. Por ti sí haré. Vuelve, jardinera, vuelve a la canción; otra vez vea que no sin disculpa suspensa de oírte quedé. ¡Oh, si a la Gracia pudiera no digo, ay de mí, atraer, que sé que no puedo, pero turbar siquiera! Di, pues. (Canta.) Guarda corderos, zagala, zagala te hizo que quien de mujer no guardes no pastora te libró fee. ¿Qué perturbación es esa de letra y tono? No sé, porque solo sé que siento ahogar a un tiempo y morder en el corazón un áspid y en la garganta un cordel. Sosiega. Si yo pudiera, ¿qué me faltara? Detén el paso. Ahuyéntasme tú, ¿y quiéresme detener? ¡Qué mal ejemplar! ¡Qué angustia! ¡Qué ira! ¡Qué ansia! Dejaré (si no pongo más veneno que en el oír en el ver) al Mundo para la eterna futura edad de la fee, viendo, a vista de la Gracia, a la Culpa enmudecer. Vase, oyéndose al mismo tiempo voces y instrumentos con baile y grita (Dentro.) Sea para bien que, volviendo el Mundo a convalecer, no sepa del mal y sepa del bien. Sea para bien, sea para bien. ¿Qué es esto, Gracia? ¿Aquí una voz enmudecida hacer allí tantos ecos pudo? Sí, para darte a entender que, aunque siempre estoy contigo, no siempre me dejo ver y que, si a mi imaginada ausencia pudo atrever la osadía de esa voz, preciso al mirarme fue el que enmudeciese, y, cómo es de todos interés, ¡oh Humana Naturaleza!, que sepas que en tu vergel anda escondido en sus flores tan astuto áspid infiel, que es su voz lisonja antes, pero tósigo después: mayormente si vedada fruta llegas a comer. A esta causa, tus afectos, y a causa también de ver al Mundo convalecido y de que vengan a él diversas gentes, festivos dicen una y otra vez... Salen todos, cantando y bailando, y el Mundo, el Pastor y Luzbel Sea para bien que, volviendo el Mundo a convalecer, no sepa del mal y sepa del bien. Sea para bien que de nuevos mundos vengan a este a hacer culto a la deidad que domina en él. Sea para bien. A darte la enhorabuena de mi salud vuelvo, en fee de ser tan tuya mi vida y tan mío tu placer, y también de que tu fama ya tan dilatada esté que de otros extraños climas te vengan a obedecer. Díganlo esos extranjeros, bellos jóvenes a quien en tu familia he admitido. Pues ya lo sabrás, ¿quién es aquél del blanco pellico? Ni le conozco ni de él sé más de que viene a mí, y que, como Mundo, es ley dar a todos hospedaje. ¿A quien le dio vida y ser, Gracia, no conoce el Mundo? Así se escribirá de él. ¿Y esotro quién es? Tampoco sé más de este que de aquél, de que vienen a tu fama, movidos de su interés, a servirte de pastores, con cuya venida fue el alborozo de todos tal, que les obliga a hacer (con exterior alborozo de aquel interior placer) la alegre demostración del festejo en que los ves, como diciendo, al mirar, que dilatas tu poder. Cruzados. Sea para bien que de nuevos mundos vengan a este a hacer culto a la deidad que domina en él. Sea para bien, sea para bien. Yo, Humana Naturaleza. Yo, alma divina. Eso es interrumpir nuestro baile. Si hablarla los dos queréis, después la podéis hablar. Y si no queréis después, habladla ahora; pero no por eso nuestro placer cese. Vaya, pues, el baile. ¡Vaya! Con que vendrá a ser, hablando ellos y nosotros bailando, decir y hacer. Hombres por de fuera, música por de dentro, sin dejar de bailar, representando los dos. Suenan siempre los instrumentos Sea para bien. Sea para bien, zagala, que en mí te venga a ofrecer culto cuanto centro incluye del mundo la redondez. Banda Sea para bien. Sea para bien que en mí, no solo el centro te dé vasallaje, sino cuanto contiene ese azul dosel. Deshecha Sea para bien. Sea para bien que goces en uno y otro cuartel la continua edad del mayo, de todos los meses rey. Vueltas en esquina Sea para bien. Sea para bien no solo lo florido de ese mes, sino lo fértil del año, desde el esquilmo a la mies. Vueltas por fuera y otras dentro Sea para bien. Sea para bien que no haya fruta en que docto pincel no brinde con líneas de oro arrebolada su tez. Vueltas encontradas Sea para bien. Sea para bien que sepas que la más bella que ves quizá será la que tiene la prohibición de la ley. Dos corros hechos y deshechos Sea para bien. Sea para bien que veas en nevada candidez de lana abundantes frutos de la menos fértil res. Hechas y deshechas Sea para bien. Sea para bien que logres en tu redil tanta grey de corderos, que incesables a Dios sacrificios den. ¿Qué es dar a Dios sacrificios? ¿Es urbanidad cortés querer, ante una deidad, dar a otra adoración? Ten la voz, que adoración solo se debe a Dios. Dice bien. No dice. Calla, tirano, pues ves que quién eres sé. Yo no sé quién eres tú, mas sé que me atreveré a tentar a dónde llega tu valor. ¿Qué esperas, pues? ¿Qué es esto? ¿Cómo delante de mí...? Apartad! ¡Detened! Pues me impiden el llegar, de las piedras me valdré, que son arma arrojadiza. Yo la honda desceñiré y, si con piedras me embistes, con piedras te venceré. ¡No la esgrimas! No la esgrimas, que me anticipas aquel duelo de joven pastor y fiero jayán, a quien el impulso de la piedra, ejecutando al revés lo misterioso del golpe, hará, habiendo de caer de espaldas, que sobre el rostro caiga hasta besar tus pies. Pero, antes que lo vea el Mundo, aqueste desdén vengaré en los inocentes corderos, ya que su sed de sangre hidrópica el lobo en mí revistió su piel. Vase Pastor que la adoración niega a Dios, quedar no es bien, Mundo, en tus cotos; ¡de ti le arroja! ¡Id todos a hacer que salga de mis ejidos! En vano será, porqué, emboscado en la aspereza del monte, ya no se vee. Vanse ¡Seguidle todos, seguidle! Yo le he de alcanzar, aunque, si no le da el temor alas, de pluma calce los pies. Vase ¡Ay, Gracia! ¿Cuándo será, en tan no visto tropel de confusiones, el día en que yo llegue a saber si una trocada razón, que prosiguió la mujer que enmudeciste, fue acaso o fue misterio? No fue sino equívoco, que ella dijo mal y tú oíste bien. ¿Cómo? Como si te dijo... (Dentro.) ¡Corred, pastores, corred al redil de los corderos...! ¡Siempre, cielos, ha de haber quien embarace mis dichas! (Dentro.) ¡...que, asaltada su pared, hambrienta y sangrienta fiera hace gran destrozo en él! Salen los cuatro afectos, huyendo, y el Mundo, deteniéndolos De su horrible vista huyamos. Volved, afectos, volved a socorrer el rebaño, que en el Mundo no hay poder contra su saña. Ni en mí Obediencia para hacer sacrificio de mi vida. Ni en mí Voluntad de ser despojo suyo. Ni en mí Deseo que al mal o al bien siempre de vivir no sea. ¿Qué diré yo, puesto que Apetito de morir nadie le llegó a tener? ¿Qué es esto, humanos afectos? Ser humanos. Tras aquel pastor fuimos... ...y, perdido de vista,... ...forzoso fue querer retirarnos, cuando.... ...ruido oímos en el cuartel del redil de los corderos. Queriendo irle a socorrer,... ...a lo lejos descubrimos... ...que un fiero monstruo cruel,... ...buscando a quien devorar,.... ...rondaba su fácil red. A lo horrible de su vista,... ...viendo que de tu poder solo el Mundo es dueño,... ...todos puestos en fuga,... ...porqué no siendo nuestro el ganado, no es justo morir por él, a guarecer nuestras vidas vamos, donde... Al entrarse, sale el Pastor, ensangrentado Suspended, cobardes afectos viles, ya que del sueldo a merced, jornaleros de la vida, servís por propio interés, el temor, pues ya seguros no tenéis qué guarecer. Tú, Naturaleza Humana, desecha el susto, que, aunque en inocentes corderos la primer presa hizo, en fee de ser yo tu Fiel Pastor, que lograse le estorbé beber la sangre que había de apagar su última sed. Ahuyentada, pues, del Mundo la fiera queda; detén tú el llanto, en tanto que no llore sus hijos Raquel. ¡Ah, traidores! Mas ¿qué miro? ¿Si a ti y a ellos vuelvo a ver? ¿Por ellos ensangrentado traes el rostro? Como entré al desierto de esos montes en su alcance, fuerza fue que, fallecido, parase en un ameno plantel, que en su florida estación era huerto al parecer; aquí me dio un trasudor tan mortal, que de la sien a la planta tiñó en sangre el rostro, manos y pies. De tan nunca vista lid, a donde descanses ven. Mi descanso es mi dolor; pastor soy de buena ley y no como ajeno miro tu rebaño: propio es para mí; y así la vida por tus ovejas daré, conociéndolas yo a ellas y ellas a mí, sin querer más galardón que el renombre de Fiel Pastor, porque sé que quien por merecer ama, no ama para merecer. Vase ¡Oye, aguarda! Vase ¡Escucha! Vase ¡Espera! Vase ¿Nosotros qué hemos de hacer a vista de este desaire? No hay más remedio que ser, pues él es el Fiel Pastor, nosotros el ladrón fiel, celebrando y aplaudiendo esta victoria; con que de nuestra ama, que nos mira con desdeñosa esquivez, convertiremos el ceño en lisonja. Dice bien. Pues a disponer su aplauso en un festín, que la dé por ahora gozo en su loor, vamos diciendo tras él: ¡viva el Pastor Fido! ¡Viva! Vanse los cuatro y salen Luzbel y la Culpa No me consueles, Luzbel, de que huyese, con que tú vienes huyendo también. No te consuelo, que ya sé que no permite el cielo que haya en nosotros consuelo; mayormente cuando da tan gran prodigio a la tierra como un ignorado hombre que Fiel Pastor es su nombre y que en su espíritu encierra tan primero sin segundo ser, que ignoramos tú y yo por dónde en el Mundo entró si aun no le conoce el Mundo. Con todo eso, no nos demos por vencidos. Acudamos, ya que el disfraz no logramos tú y yo y ya que los extremos de mi voz enmudeció la Gracia que ahora la asiste, a otro medio, en que consiste el que venzamos o no. ¿Qué medio? Armarla tal lazo que, presa una vez en él, hasta mi cueva, Luzbel, la traiga; que, si en él trazo poner tan nociva fruta que, roto el precepto en ella, sea la gruta de aquella mágica Alcina mi gruta, no dudo que en tu poder dará, si en ella escondido estás tú y en mí, a su oído, voz humana al parecer detrás de aqueste árbol suena; con que siendo de horror lleno tuyo el lazo, mío el veneno, concurrirán en su pena: de la ley lo delincuente, el lazo de Lucifer, la oreja de la mujer y la voz de la serpiente. Arriesgada pero altiva es la cautela; no sé.... ¿Qué temes? Prosigue. ...que... ¡Viva el Fido Pastor! Dentro instrumentos, grita y voces ¡Viva! Esa voz te ha respondido: que viva el Fido Pastor, y esa es, Culpa, mi temor; y más el ver que ese ruido esa aclamación festiva que en mi fuga y su victoria dice, dándole la gloria... Los instrumentos y grita ¡Viva el Fido Pastor, viva! Pues, aunque todo eso sea, contra todo eso previene mi horror su astucia. Aquí viene la tropa. Que no te vea es fuerza; escóndete, pues, mas dame el lazo primero. Este áspid, que el más fiero de cuantos me muerden es en el corazón, te doy para rémora a su pie. Saca del pecho una culebrilla de alambre en un listón plateado de escamas y se la da a la Culpa y él se esconde en la gruta y la Culpa estará detrás del árbol y quita dél una manzana Muestra, que yo le pondré tan mortal hechizo hoy en esta hermosa manzana que en él mi industria acomoda, que venga a infestar a toda la Naturaleza Humana, según la brinde atractiva, por más que ahora, indiscretos, falsos digan sus afectos... ¡Viva el Fido Pastor, viva! Con grita y varios instrumentos saldrán en tropa, cantando y bailando (Canta.) Viva el Fido Pastor bello, que en dos esquilmos da al año la plata de su rebaño y el oro de su cabello. (Canta.) Viva el que agobiando el cuello de la más inculta fiera, de toda esta verde esfera nos la ahuyentó fugitiva. Corro grande ¡Viva el Fido Pastor, viva! (Canta.) ¡Viva! y viva nuestro bello dueño, gozando sin daño... ...la plata de su rebaño y el oro de su cabello. Juntarse y apartarse (Canta.) Y pues para defendello hay pastor que desde allá guardando el ganado está, porque ella aquí triunfe altiva. ¡Viva nuestro dueño, viva! Afuera y adentro (Canta.) ¡Viva! y uno y otro cuello ciñan en su desengaño la plata... Salen la Gracia y la Naturaleza Cese el engaño, que ni oírlo quiero, ni vello; que aunque estime ver y oír aplausos de ese pastor, aquel villano temor no he de dejar de sentir. Y así, suspended el canto, que no pueden en distancia tan corta hacer consonancia vuestra música y mi llanto. Aunque ahora esos extremos baldones, señora, son, quizá habrá alguna ocasión en que te desenojemos. ¿Pues de qué tan triste estás? No lo sé, Gracia, ni sé para alegrarme qué haré. Come y como Dios serás. Arroja la manzana, prendida del áspid y asida del listón, que le tendrá en la mano ¿Qué ciega imaginación, pero qué bella manzana a esmaltes de nieve y grana florida iluminación es de todo este vergel? ¡Oh, nunca llegase a vella! ¡Jamás vi fruta tan bella! Rasgo del mejor pincel, si vista eres tan hermosa, ¿cómo gustada serás? Come de ella y lo sabrás. Va hacia la manzana como guiada de la Voluntad Sí haré, Voluntad. Si osa tocarla, ¡ay de su beldad!, y más cuando considero que del pecado primero afecto es la Voluntad. ¡No la toques, no la veas! Pónese entre Voluntad y Naturaleza ¿Por qué no la he de tocar, ni ver? Procura ganar su agrado. Si eso deseas, ya que la Gracia te impide que no llegues, llegaré yo por ella y la traeré, en fee de cuánto se mide al gusto la Voluntad. También a ti impediré que llegues. Detiene a la Voluntad, luchando ¿Por qué? Porqué esa aparente beldad, esa exterior perfección suele hipócrita, tal vez, enamorar con la tez y herir con el corazón. Pues la Voluntad la inclina y que tú lo estorbas veo, ponga medios el Deseo que logre su peregrina dulzura. Ya sé que a cuanto la Voluntad la propone el Deseo es quien dispone los medios; pero entre tanto tampoco tú has de llegar, que aun deseos no permito. Deja a la Voluntad y detiene al Deseo Es querer que el Apetito, siendo placer, sea pesar; y así llegaré a los dos adelantando. No harás. Come y como Dios serás. Si puedo ser como Dios, ¿por qué tan altos efectos quitas al noble ser mío? Y, pues yo tengo albedrío para mandar mis afectos, déjame usar de los tres que me animan. Es violencia la que te hacen. Obediencia, ayúdame tú, pues ves que ponen en su delito la Voluntad el empleo, diligencias el Deseo y instancias el Apetito; llega y su riesgo la advierte, pues toca saber la ciencia de la ley a la Obediencia. Mira que vas a la muerte, que esa es la fruta prohibida. Porfiadas estáis las dos; si puedo ser como Dios, ¿qué muerte hay para esta vida? La que como humana quieres. Por ser humana me inclina mi espíritu a ser divina. Aparta de sí a las dos, cayendo en el suelo la Obediencia y la Gracia se retira ¡Ay de mí! ¡Mundo! Sale Mundo ¿Qué quieres? Que veas ser, en tal desgracia, una misma consecuencia atropellar la Obediencia que retirarse la Gracia. Vase Pues ¿qué ha habido? ¿Qué ha de haber? Ir por ocultos secretos llevada de mis afectos a ser lo que puedo ser. Bello iris de rubí, que, a oposición del del cielo, vienes a ser en el suelo arco de paz para mí, gustaré tu suavidad. Va la Culpa retirando la manzana y ella tras ella y, al echarla mano, huye, hasta dar en la cueva, que será la boca de una culebra Mas ¿qué es esto? ¿Te retiras? Si es que no digna me miras, sin duda hay en ti deidad que de mi mano te guarda, poniéndote en más estima, pues me acobarda y me anima lo mismo que me acobarda. Déjate coger, si en eso mis felicidades fundo; mira que está todo el mundo pendiente de este suceso; y así, aunque más huyas, más te he de seguir: qué hay en ti, ya que te alcancé, me di. Alcánzala Come y como Dios serás. Come Tomo tu consejo y pruebo tu dulzura; mas, ¡ay triste!, ¿qué nuevo ardor se reviste en mi corazón? ¿Qué nuevo hielo, qué ardor sin sosiego? y lloro con dolor tanto, que ni al fuego apaga el llanto, ni al llanto consume el fuego. ¿Voluntad? Nada me digas, que absorta de verte estoy. ¿Deseo? Ya no lo soy. ¿Apetito? No prosigas, que nada ni a nada sé. ¿Obediencia? El labio cierra, pues diste conmigo en tierra. Dio contigo en lo que fue y en lo que será. ¡Ay de mí! ¿Dónde, presa en tales lazos, iré a parar? Sale Luzbel A mis brazos. ¡Otro horror, cielos! De aquí vaya, pues ya no hay disculpa. ¿Dónde mi Culpa me lleva? Al encanto de esta cueva que es la cárcel de la Culpa. Vanse los dos con ella ¡Qué pena! ¡Qué desconsuelo! ¡Qué desdicha! ¡Qué tristeza! ¡Ay de ti, Naturaleza! ¡Ay de ti , Mundo, si el cielo a tanta lástima atento no acude con su favor! ¡Misericordia, Señor! Sale el Pastor ¿Qué destemplado lamento es el que he llegado a oír, de varias voces compuesto? ¿Qué es esto, afectos? ¿Qué es esto, Mundo? ¿Qué pueden decir... ...una Voluntad perdida, un malogrado Deseo, un torpe Apetito ciego, una Obediencia ofendida... ...que no haya dicho el clamor, que apela del Mundo al cielo, diciendo en su desconsuelo... ...misericordia, Señor? Vanse los cuatro Mundo, ¿qué ha sido? Un pesar que ha de extrañar el morir; ¿qué más te puedo decir? ¿Qué menos puedo llorar? Vase Ya que a humano modo dio lugar el disfraz, haré como tal; ¿no hay quien me dé razón de esto? Sí Sale Culpa ¿Quién? Yo; yo, en quien hoy se verifica que un yerro a otro se reduce, pues soy antes quien le induce y después quien le publica; a cuyo efecto, veloz mi voz sonará de modo que en el universo todo se oiga el pregón de mi voz. Canta En la docta república vuestra ¡Oh cielos! ¡Oh luna! ¡Oh estrellas! ¡Oh sol! ¡Oh montes! ¡Oh valles! ¡Oh mares! ¡Oh selvas! ¡Oh fieras! ¡Oh aves! ¡Oh frutos! ¡Oh flor! En la docta república vuestra dos leyes tenéis y tan justas las dos, como que viva el que fuere observante, como que muera el que fuere agresor. Pues ¿qué más sacrílego insulto, qué más aleve, inicuo y traidor que el que, llevado de humanos afectos, a Dios atrevido, conspira a ser Dios? ¿Y el que después, llevado no menos de afectos humanos a ilícito amor, adulterando la ley, adultera también de esperado esposo el honor? En esta funesta espelunca la Humana Naturaleza, con torpe pasión quebrada la ley, la Obediencia rompida, en brazos la dejo de indigno pastor. Y así a Júpiter, dios de los dioses, fiscal de mí misma, pidiéndole voy justicia, pues es justicia que trueque el tálamo injusto en justa prisión; que, aunque no puedo llegar yo a su vista, bien puede llegar a su oído mi voz, pues para mí, cerradas las puertas, abiertas quedaron a mi acusación, y más cuando son tan dos mis querellas, que a un tiempo capaces de dos muertes son, pues temporal y eterna apellidan de un fuego y otro una y otra oblación; si no es que le valga a la ley su epiqueya y, usando la glosa que tiene en favor, en víctima humana que muera por ella, por ella dé al cielo la satisfacción. Mas esto no cabe el día que infausto, criatura no habrá que ofendido el Criador dé a entender que la culpa fue suya habiendo de ser ajeno el perdón. Y pues pronunciada en rigor de justicia está la sentencia y dado el pregón, temed el rigor del dios de los rayos si no la ponéis en ejecución, o el mundo, Volcán, Mongibelo o Vesubio de más vivo incendio, de más vivo ardor, hoguera será, que lleve en pavesas de leves cenizas el aire veloz. ¡Ay, infeliz hermosura, qué mal pagas mi fineza, qué mal mis afectos, pues los tuyos de mí te ausentan! ¿Qué más pude hacer por ti que dejar mi patria excelsa y por imitar tu traje, vestido de humana jerga, anochecer en tus montes y amanecer a tus puertas? ¿A ajeno pastor admites de tan traidoras cautelas que león de tus ejidos, que lobo de tus ovejas, trata más de devorarlas que de guardarlas, y dejas al que en la defensa suya tantos desvelos le cuestas, que escarchas, que resisteros, montes penetrando y selvas, pasó hambre, sed y cansancio, porque una no se le pierda? La vida entre tus corderos puse a riesgo de perderla el día... mas ¿para qué mis méritos se me acuerdan, cuando tus ingratitudes los olvidan? Bien que inmensa, mi piedad dejar no puede de sentir al ver que sea la sentencia de tu muerte irrevocable sentencia; y más cuando de tu Culpa la acusación de manera contra ti del universo toda la fábrica inmensa conspira, que no hay criatura que, rebelada, no quiera tener parte en tu castigo, pues tuvo el todo en tu ofensa. Dígalo el mar en bramidos, el aire lo diga en quejas, el fuego en obscuridades y en terremotos la tierra, pues para mí dicen todos en muchas voces diversas: (Dentro.) ¡Muera, muera la que atropella por los demás afectos la Obediencia! Sale Luzbel, repitiendo la música ¡Muera, muera la que atropella por los demás afectos la Obedicencia! ¡Qué mal suena a mis oídos aquesta común querella! Esta acusación común ¡qué bien a mis oídos suena! ¡Muera, muera la que atropella por los demás afectos, la Obediencia! Amor, esta es la ocasión de hacer la última fineza, que ella es ella y yo soy yo. Pues yo soy yo y ella es ella, de la última venganza, rencor, la ocasión es esta. Y así, a disponerla vamos... Y así, vamos hasta verla... ...por lo que oír compadece. ...por lo que escuchar deleita. Vase el Pastor ¡Muera, muera la que atropella por los demás afectos, la Obediencia! Muera, que aunque mi dolor no haya de morir con ella, baste que muera la ira de haber de vivir ajena; y así, a complacer mi saña en su infelice tragedia estoy viendo desde aquí que de la lóbrega cueva de la Culpa, donde yo la dejé encerrada y presa, ya sus afectos la sacan, porque en este acto se vea cuál es el humano ser, pues son las pasiones mesmas que al delito la llevaron las que al suplicio la llevan, donde en lo inculto del monte a un árbol, porque convenga culpa y castigo, ligada haya de quedar, expuesta al hielo, al calor, a la hambre, sed y fatiga, inclemencias a que obligada quedó por mí, siendo hasta que muera que pan de dolores coma y agua de lágrimas beba. Y porque la ceremonia cumplida en todo se vea, los elementos que ayer rendidos vasallos eran, hoy rebelados vasallos la acompañan, donde sean fúnebres caistros los cantos de sus aves, de sus fieras roncas cajas los bramidos y destempladas trompetas sus embates, coronados todos de ramas funestas, diciendo al Mundo, que haciendo viene el duelo en sus exequias... ¡Ay mísera belleza, que apenas nace cuando muere a penas! Con esta repetición, salen todos con ramos y guirnaldas de ciprés y, tras ellos, la Voluntad, el Apetito y el Deseo, como trayendo a la Naturaleza, cubierto el rostro con un cendal negro, ligadas las manos con tres colonias, tirando cada afecto de la suya. Caja y sordinas destempladas ¡Ay mísera belleza, que apenas nace cuando muere a penas! Hijas de Sión, llorad mi edad tierna, pues veis que anochece antes que amanezca. ¡Ay mísera belleza, que apenas nace cuando muere a penas! Llorad mis desdichas, pues veis cuán apriesa las felicidades pasan a miserias. ¡Ay mísera belleza, que apenas nace cuando muere a penas! Las lucientes flores de mi primavera, que ayer eran llama, hoy serán pavesas... ¡Ay mísera belleza, que apenas nace cuando muere a penas! ...que el fuego la enciende, la gasta la tierra, el agua la apaga y el aire la lleva. ¡Ay mísera belleza, que apenas nace cuando muere a penas! Sale la Culpa ¿Qué esperáis para llegar al monte, donde ya queda al sacrificio elegido el árbol, cuya materia o parece trasplantada del otro árbol, o es la mesma, según se semejan tronco y ramas? No tan apriesa quieras introducir, Culpa, la muerte en el Mundo; deja, ya que ha de morir, que viva un solo instante siquiera, que vale mucho un instante. ¿Quién quieres que no se mueva perezosamente triste a tal lástima? Quien sepa... ¿Qué? Que introdujo en el Mundo la Humana Naturaleza a la Culpa; ella a la muerte; y la muerte a la sentencia de la divina justicia. Pues si justicia no fuera divina, ¿quién voluntario la llevara a morir? Esa es la distinción que hay de afectos, pues cosa es cierta ir voluntarios al gusto, pero al castigo por fuerza. No es tiempo este de cuestiones, sino de que el himno vuelva diciendo el gozo en mis voces y el sentimiento en las vuestras... Canta. ¡Ay mísera belleza, que apenas nace cuando muere a penas! ¡Ay mísera belleza, que apenas nace cuando muere a penas! Que apenas nace cuando muere... Sale el PASTOR Cesa. No digas a penas, pues hoy no ha de morir a penas, sino a glorias, cuando pase desde el pecado a la enmienda. ¿Quién puede impedirlo? Quien, usando de la licencia en la parte que permite la alegórica ley vuestra, por ella víctima humana se prefiere a dar, que muera a precio de que ella viva, sacrificada por ella. ¿Humana víctima? Sí. ¿Quién ha de haber que se ofrezca a morir por otro? Yo, que la quiero de manera que, amándola hasta el fin, quiero que, a vista del Mundo, vea el cielo que hubo tan fiel Pastor que hizo la experiencia de morir de amor verdad, solo porque quiso hacerla. Quita el cendal y los lazos Y así, de sus ataduras roto el lazo y descubierta la faz, vendará a mis ojos su cendal y sus cadenas ligarán mis manos; antes que al destinado árbol ella llegue, llegarán mis ansias, tan voluntarias que, en muestra de cuán grave es mi pasión, cuando otras iras se atrevan a poner en mí las manos será por darles licencia yo, mas no porque mi amor no sea el que haga la fineza de ir a morir, porque viva la Humana Naturaleza. Vase ¡Notable afecto de amor! Y tan notable que es fuerza... ...que igual pasión pasme y dude,... ...que igual pasión gima y tema. ¿Qué corazón a su vista habrá que no se suspenda? Hable el mío, que aún no sabe si estoy viva o si estoy muerta. ¡Qué mucho, si todo el Mundo está en esa duda mesma! y más al ver, tropezando y cayendo según lleva el deseo de morir, cuán desalentado llega al tronco, a quien, arrimando la espalda y haciendo sea jeroglífico compuesto de delicias y de penas, dice al cielo, que le escucha con lástima, en voces tiernas: (Dentro.) En tus manos, Padre mío, mi Espíritu se encomienda. Terremoto ¿Qué es esto, cielos? La noche en anticipadas nieblas nos ha sincopado el día. Muerto el sol, ¿qué luz nos queda? La que ha quedado en pedazos se ha dividido, en cometas que inundan el aire. El mar para apagarlas se eleva en pirámides de espuma. Caducos los montes tiemblan. Sin magna conjunción, ¿cómo tan no visto eclipse deja al Mundo a la media tarde sin la edad de la otra media? Si las tinieblas me ofuscan, me pasman, turban y ciegan, ¿de qué me aprovecha ser príncipe de las tinieblas? De lo qué a mí el haber sido sañuda víbora fiera, pues al susto mis entrañas abortan y no revientan. ¡Qué asombro! ¡Que confusión! ¡O espira en tanta tragedia su gran hacedor, o espira toda la Naturaleza! Cielos, doleos de mí, que, aunque de las iras vuestras resultan vuestras piedades en favor de mis miserias, por no haberos ofendido la vida que me dais diera, ofreciendo a vuestras aras el propósito y la enmienda. Cesa el terremoto Con esta resignación y tu Culpa satisfecha con méritos infinitos, la Gracia a tus brazos vuelva. Vuelva también a tus brazos tras la Gracia la Obediencia. Seáis las dos muy bien venidas, que ya con la vista vuestra desvaneciendo terrores todas las sombras se ausentan. ¿Qué importará que la Gracia, ni la Obediencia con ella, traigan la serenidad, si aún duras en la tormenta? Pues, aunque por ahora vivas, siempre obligada te quedas a la muerte que introdujo. Mas con esta diferencia: que hablas de la temporal y aquí se entiende la eterna. En pie se queda la duda: cuando la eterna se entienda aun contra la eterna habrá afecto en que se pervierta, con que quedará cerrada para una y otra la puerta. No hará, que medios también habrá cuando eso suceda que, como a la original Culpa, esté a la actual abierta. ¿Qué medios? Los sacrificios son llaves de la clemencia. Luego el de Abel, que el primero fue, ¿pudo a infinita ofensa la puerta abrir del perdón? Él te dará la respuesta: En el primer carro se descubre un sacrificio de leña, con un cordero y un niño, que ha de hacer a Abel Este cordero, Señor, que sobre esta ara de leña al hombro truje por vos, humilde os doy en ofrenda de la culpa de mis padres; bien sé que no es recompensa, mas sea medio en que se aplaque la justa indignación vuestra, para que, como aquí el fuego desciende sobre él, descienda el fuego de vuestro amor sobre la faz de la tierra, cuando lo que hoy en figuras en lo figurado venga. Sale fuego del sacrificio Cuando venga en fuego a dar luz, ¿abrirá la luz senda que vaya a la eterna vida, al último vale de esta? Sí. ¿Cómo? En otro cordero te dé Moisés la respuesta. En el segundo carro, una mesa con viandas y en un plato, un cordero y Moisés en pie Este cordero legal el tránsito nos enseña del peligroso camino que hay de esta vida a la eterna, para que del cautiverio el viático de esta cena le sirva de refacción al que le puso en extrema necesidad y en su angustia con su auxilio cobre fuerzas, cuando lo que ahora en figura en lo figurado venga. Demos que las fuerzas cobre, ¿cobrará también con ellas la Gracia que perdió? Sí. ¿Cómo? Dé Juan la respuesta. En el tercero carro, un trono con un cordero sobre el libro de Siete Sellos y San Juan Evangelista Este inmolado cordero que sobre el ara sangrienta sacrificado se mira, no habiendo en cielo ni en tierra quien se atreva a abrir el libro que sus siete signos sellan, en él leyó ser los siete sacramentos de la Iglesia, de los cuales dos, que son el bautismo y penitencia, al que muerto esté en su Culpa tienen virtud de que vuelva a la vida de la Gracia. ¿Muerto habrá que cobrar pueda nueva vida? (Dentro.) Sí. ¿Quién? En el cuarto carro, un altar con un cordero y sobre él, Hostia y Cáliz, y el Pastor sube en elevación, vestido de gala, con manto encarnado y banderilla Yo, que dejé a la muerte muerta y a la Culpa destruida en fee de ser mi ignociencia el cordero que otro Juan señaló, diciendo que era el que a quitar los pecados vino al Mundo; y porque vea que, fiel pastor, pude dar la vida por mis ovejas, significadas en toda la Humana Naturaleza, para que desconsolada no quede a llorar mi ausencia en esta hostia y este cáliz, consagradas las materias de su vino y de su pan, tengo con real asistencia de carne y sangre, alma y vida de quedar siempre con ella, siendo aumento de su Gracia, siempre que a mi Gracia vuelva. A tanto prodigio... A tanto asombro... A tanta fineza... ...huyan mis sañas, vencidas. ...huyan mis astucias, muertas. ...vivan mis felicidades. Y las de todos con ellas, humildemente diciendo a las reales plantas vuestras: Que, supuesto que es día de hacer finezas, dádnoslas de suplirnos las faltas nuestras.