Pedro Calderón de la Barca Primero y segundo Isaac Auto sacramental alegórico intitulado Personas LA DUDA. EL LUCERO. ABRAHÁN, viejo. ISAAC. ELIAZER. SIMPLICIO, villano. ADÁN. DAVID. UN ÁNGEL. LAURO, villano. LEVÍ, villano. RUBÉN, villano. BATUEL, viejo. CELSA, villana. TEUCA, villana. HABRA, villana. REBECA, pastora. MÚSICOS. NIÑO. NIÑA. Sale la DUDA, como trayendo por fuerza tras sí al LUCERO. ¿Adónde, Duda, me llevas? No me admiro que te turbe, siendo plenitud de ciencias (que es lo mismo que querube) en quien todavía es fuerza duren reliquias de aquellas altas plenitudes, ver que la duda te arrastre. Es verdad, porque yo pude en aquella primer lid en que comunero puse los ejércitos en arma de vicios y de virtudes, perder gracia y hermosura; la ciencia no, que la tuve como dote natural y así tras mí me la truje. Conque, como has dicho, es fuerza que dude ver que tú lugar en mi pecho ocupes, siendo tú la Duda. Pues ya que una vez me introduje en él, arrójame dél, si de tan sabio presumes, con responderme. Sí haré. ¿Qué me quieres? Que me escuches. ¿Conoces aqueste monte a cuya eminente cumbre listada a volantes de sombras y luces, de hebreo tocado se sirven las nubes? De siete montes en quien quiso Jebús que se funde la Salén, ciudad de Dios, porque de dos nombres use -Salén y Jebús- el que Jebusalén la pronuncie, éste es Calvario, a quien en tradiciones comunes dio este blasón del cadáver de Adán la parte que ilustre cupo, como a mayorazgo, a Set; de donde se arguye (por ser de su calavera la tumba que le sepulte), el ser Calvario su nombre. Pues ése que a escalar sube estrechando el viento con la pesadumbre de sus verdes pompas los campos azules, teatro hoy del mayor, más grave espectáculo que esculpe en los cuadernos del tiempo del tiempo el veloz volumen, de mi razón de dudar motivó las inquietudes tanto que aun cuando no fuera yo aquella pasión que infunde en los ánimos discordias siempre que a elegir acude, pues a dos partes afecta a ninguna se reduce, sino la tranquila paz del ánimo, que no sufre cuestiones en la elección, dudara el pavor que incluye. Mira cuál será para que la apures, duda, que aun certeza te hiciera que dudes. Abrán (que «padre excelso» la frase hebrea traduce; y si pronuncia Abrahán «padre de la muchedumbre»), después que por obediencia de su Dios se destituye de casa y patria y saliendo de Ur, ciudad de Caldea huya a tierra de Canán, donde tan peregrino discurre que el vulgo de sus ganados, que valles y montes cubre, en ajenos lindes es fuerza que busque prado que la paste, redil que la oculte; en Sara, su anciana esposa (de cuyo nombre se induce misterio también, pues Sara sin más letra se construye «dominatriz» o «señora»; y como Sarra articulen se añade al «señora» ser «señora de los perfumes», siendo el buen olor la fama que al cielo en aromas sube), tuvo un hijo, a quien, temiendo que su deseo la burle, llamó Isaac, que decir quiere «risa», como que la anuncie ser risa del siglo que en sus senectudes conciba cuando era tiempo que caduque. Este, pues, hermoso infante en sus jóvenes costumbres, ejemplo creció de todas sus iguales juventudes tanto, que al culto de Dios atento, sin que disculpe que en sus juegos Ismael de unos idolillos use, no lo recató de Sara. Y viendo cuánto deslustre la esclava sangre de Agar la noble que en su hijo luce, le delató ante su padre, que oyó apenas que le acuse de idólatra cuando al punto de sí y de su casa lo excluye, porque aun en los padres, como Dios se injurie, no ha de haber amor que la fe no frustre. Dejemos que, desterrado Ismael, hacer procure en los montes de Farán bando aparte, donde usurpen en sucesivas edades -que aun el tiempo no destruye-, su culto a Dios, agarenas y ismaelitas inquietudes; y vamos a que creciendo Isaac manso, afable y dulce hasta cinco lustros casi -pues veinte y cuatro años cumple-, le manda Dios a Abrahán que en ese seno lugubre del Monte de la Visión (nombre que se le atribuye por una señal del fuego con que el sitio le descubre), se le sacrifique, siendo cuando él mismo lo ejecute su mano la misma que el acero empuñe, encienda la arista y la leña junte. Bien presumirás tú agora que solamente se funde mi duda -como primera razón que al discurso ocurre- en que cómo puede ser que a Abrahán Dios asegure que tanto su descendencia se propague y se fecunde que de estrellas y de arena exceda las multitudes, por una parte; y por otra la sentencia le promulgue de que muera el hijo, en quien esta esperanza se anule, siendo así que a Dios nada hay que le inmute y siempre infalible su palabra cumple. Pues no, no es esta la duda que en mí dominante influye, pues podrá con otros hijos ver que esta falta le suple, y aun con el mismo, que bien cabe en su fe, cuando juzgue aunque a una vida anochezca el que a otra vida madrugue. Tampoco es que, como padre, ni replique ni se excuse de ser él mismo el que haya de cortar el disoluble lazo de una vida que tanto a la suya se une, obligándose, después que el monte de sangre inunde, a asistir al holocausto hasta que el fuego supure el tierno cadáver que voraz consume dejando que arda hasta que no ahúme. Tampoco es que, caminando tres días, no le pregunte Isaac dónde va, hasta que viendo el cuchillo y la lumbre: «¿Qué es de la víctima -dice- que sacrificar presumes?» A que sólo le responde (procurando disimulen las canas el llanto, si es que hay nieve que nieve enjugue): «Dios proveerá». No es tampoco que cuando claro le escuche que él la víctima ha de ser, ni se asombre ni se asuste, ni se estremezca, sino que a la voluntad se ajuste tanto del padre que, prompto, sin que apele ni repugne, ni el puñal resista ni el fuego rehúse. ¡Oh misterio, cuánto descubres y encubres! Y, asentado que obedezcan iguales sus promptitudes con tal fe que haya quien diga que de la esperanza triunfe, pasemos a una pequeña circunstancia. No murmure nadie, que a vista de tanto sacro misterioso numen una circunstancia me turbe y perturbe tanto que ella sola mis sentidos ofusque. Que obedezca Abrahán a Dios; que Isaac a Abrahán no impugne, vaya; que todo en la fe cabe con que ambos acuden a su obediencia, sin que los motivos le disputen. Que se prevenga Abrahán (ya que a obedecer se ajuste) de todos los ministerios que al sacrificio consumen, vaya también; pues llevar el cuchillo acción es útil; que aunque es verdad que en los montes acero y hierro se funden, no templadas las cuchillas ni labradas las segures. Que lleve al monte la llama que prenda en la arista lumbre, vaya; que el fuego en los montes si no le encienden no luce. Que se prevenga del lazo con que las manos le añude, porque en natural acción el temor no le calumnie; que en la defensa del cuello la mano se le apresure, vaya, que el cáñamo en yerba las montañas le producen, mas no hilado sin el torno atormentado del yunque. Que se prevenga de venda que la luz del sol le anuble, porque no muera de tantas veces cuantas tema y dude; que ya la caduca mano el blanco acero desnude y abandone la obediencia muriendo a la pesadumbre, vaya; que el monte no da del lino la servidumbre si el arte no se le trama o el telar no se le urde. Y así vengo en que el llevar consulte la venda, el acero, el dogal y la lumbre. Pero que lleve la leña al monte que la produce, afligiendo desde luego con carga para él inútil al joven, que fatigado la intrincada senda sube dando de ojos con el peso del haz que en el hombro sufre es circunstancia que más que la esencia me confunde. ¿Leña al monte, donde apenas llegue cuando le tributen la menos cortés encina, el menos noble acebuche las cortezas que despiden o las hojas que sacuden? Y cuando robustos troncos a su edad se dificulten, ¿faltan las brozas que, secas, yela el aire, el agua pudre, para llevar prevención de aquello que cuando cruce de una a otra parte el cansado joven le haga que trasude viendo que en el pie le hiera lo que en el hombro le angustie? Pues cuando quieran las manos que el peso a la espalda ayuden, el tropiezo de los pies es fuerza que le disguste, y pies y manos padezcan de entrambas leñas las cruces. Y pues esta circunstancia es la que me constituye duda y duda sospechosa, siendo preciso resulte contra la fe de Abrahán haciendo que él crea y yo dude, sáquenme de ella tus ciencias porque sepa, porque apure, porque vea, porque alcance, porque inquiera, porque escuche, ya que es todo visos, rasgos y vislumbres, cuándo destas sombras llegarán las luces. Duda que, mil veces Duda, tanto pavor introduces en mí, tanto horror engendras y tanto escándalo infundes que no sé qué te responda, no me atormentes ni angusties; no me sobresaltes, no me aflijas y me atribules, que yo te doy por vencidas todas mis ciencias si arguyes de tu razón de dudar las que en mi pecho concurren. Padre que dé al sacrificio el hijo; hijo que se ajuste a la voluntad del padre; tizón que abrase y no alumbre cordel que las manos ate; cendal que la vista turbe; leña que al hombro le enferme y que al pie le desahucie, son tantas cosas que aun yo, con ser yo, no hay cómo apure sus misterios. Y así, Duda, no te admire, no te asuste que en mares de ansias, golfos de inquietudes mi ingenio zozobre, mi saber fluctúe. Lo que más puedo ¡ay de mí! hacer (pues con cuanto supe no supe lo venidero si no es que lo conjeture), es asistir hasta el fin a ese horror, por si descubre en alguna circunstancia mi ciencia alguna vislumbre que de algo me advierta. Pues estas ramas nos oculten desde donde ver podremos a qué el acto se reduce. Ya junta la leña. Ya el ara construye. Ya levanta el brazo. Ya el golpe sacude. Ábrese el primer carro, que será una montaña, y vense en ella ISAAC, vendados los ojos y atadas las manos, y ABRAHÁN levantando el brazo con el cuchillo. Y a su tiempo sale del reverso del carro el ÁNGEL en el aire, suspendiendo la acción, como ordinariamente se pinta. Señor, éste de fe y amor indicio... Este, Señor, de amor y fe traslado... ...como amor, ciego; y como fe, vendado... ...como amor, pronto; y como fe, propicio... ...creyendo, aunque es dolor, que es beneficio... ...y aunque rigor parezca, que es agrado... ...os ofrezco en púrpura bañado... ...a vos, por vos, os doy en sacrificio... ...que cumpliréis vuestra palabra crea... ...pues aunque en la esperanza haya mudanza... ...vuestro amor no es posible que no sea... ...premiado, pues, en los dos la confianza... ...y vea mi fe... ...y mi obediencia vea... ...creer contra la esperanza a la esperanza. Sale el ÁNGEL cantando. Suspende el acero que más vale, Abrahán, el obedecer que el sacrificar. Dentro. Suspende el acero, que más vale, Abrahán, el obedecer que el sacrificar. Cielos, ¿qué miro y qué escucho? De Dios la inmensa piedad que acrisolar la fe tuya y la obediencia de Isaac sólo ha querido, porque se vea que en Dios es más... S el obedecer que el sacrificar. Representando. Basta el amago, suspende el golpe; y para señal de darse Dios por servido de que a tu hijo le das, porque imperfectos no queden ni sacrificio ni altar, aquella res que en la zarza que miras no acaso está, la víctima sea que hoy le sacrifiques. Verás que el mérito en la obediencia consiste, y no en el caudal, porque en Dios siempre es más... ...el obedecer que el sacrificar. Representando. Y en premio desta fineza y esta fe, vuelve a afirmar que exceda tu sucesión a las arenas del mar y a las estrellas del cielo, de quien al mundo vendrá la salud del mundo cuando en más sucesiva edad cuaje el vellón el rocío y los montes el maná; y borrando Adán Segundo culpas del primer Adán vea el cielo en luz y sombra Primero y Segundo Isaac. Y en muestras deste favor, y en prendas desta verdad... ...suspende el acero que más vale, Abrahán, el obedecer que el sacrificar. Desaparécese el ÁNGEL. Oye, aguarda, escucha, espera, paraninfo celestial. ¡Oh, Señor, qué presto sabes hacer placer el pesar! Levanta, Isaac, y los brazos una y mil veces me da. Desátale la venda y lazo. Pues, ¿qué es esto? ¿Por qué, padre, el bien me quieres quitar de ser víctima de Dios? Porque sé que vale más el obedecer que el sacrificar. Ven adonde el holocausto hagamos, que en tu lugar sostituye el cielo, no sin gran misterio. ¿En qué está? En que habiéndome Dios dado palabra de que vendrá de mí y de tu descendencia el arco al mundo de paz en la salud de su hijo, al verte sacrificar y volver a nueva vida, poniéndose en tu lugar cándida víctima, no sé qué vislumbre me da de que en otro sacrificio, otra leña, otro altar, aunque la humanidad muera, viva la divinidad. Si tanto esplendor ilustra tu espíritu, mal podrá suplicarte mi obediencia que la alta felicidad de morir sacrificado no me niegues; y así habrá de decir mi voz con todas: Yo con ellas y las demás: Suspende el acero que más vale, Abrahán, el obedecer que el sacrificar. Ciérrase el carro. ¿Qué es esto? ¿Qué suspensión te deja tan sin sentido? No sé, no sé qué ilusión trae que el Calvario haya sido el Monte de la Visión hoy para mí, pues en él no sé qué me considero, a cuyo letargo infiel, a cuyo frenesí fiero y a cuyo pasmo cruel, ciego, absorto, helado y mudo sé que creo y sé que dudo, y qué dudo y creo no sé víctima superior que suplirla la inferior pudo; vivir de una la piedad, morir de otra la sincera vida, ¿si será verdad que aunque la humanidad muera viva la divinidad? ¿A quién, si la Duda fui, se lo preguntas? A ti. Que ya no eres tú -sospecho- la Duda, pues en mi pecho tú eres la que vive en mí. Si tan iguales estamos que somos uno los dos, a este joven asistamos y en sus progresos veamos qué quiere decirnos Dios. Dices bien. Siempre a la mira de sus acciones andemos; podrá ser que en él notemos algo que templen sus iras las dudas que padecemos. ¿Cómo podremos hacer (pues en tierra de Canán viven hoy, adonde dan a la idolatría poder los descendientes de Can) que en ella le diese esposa su padre? Porque si en ella con idólatra desposa sería fácil que amorosa le prevaricase della. Y una vez muera su fe poco temor nos darán sus descendientes, porque siendo herederos de Can (maldito hijo de Noé), claro está que, comprehendidos en aquella maldición, dél no vendrá el prometido, aunque desde Adán ha sido prevista su sucesión. No sé, pero si ganamos sus criados, podrá ser que con ellos dispongamos que alguna hermosa mujer le propongan. Pues lleguemos a vista de estos dos, que al subir ellos miramos de aquesa montaña al pie, la plática trabaré. Salen ELIAZER, de galán, y SIMPLICIO, de villano. ¿Qué harán, Eliazer, los amos tanto tiempo allá? Simplicio, quien sirve no ha de apurar nada al dueño. Nuestro oficio sólo es ver, oír y callar. Pues fuera lindo ejercicio el servir, si sólo fuera que viera, oyera y callara. Pues ¿qué más hacer esperas? Murmurar; que no sirviera yo si yo no murmurara de mi amo. Porque ¿qué desquite tiene un criado que comiendo a su amo ve muy despacio y muy sentado, muy hambriento y muy en pie estarse hecho un mentecato quitando y poniendo el plato, pagando el pesar del vello sin comello ni bebello, sin poder de allí a un rato murmurarle si comió poco o mucho, si bebió más o menos? Y esto en todo cuanto hace y no hace. De modo que para mí, Eliazer, no tiene otro premio el servir que ser de todo testigos para tener qué decir. ¿Sabréisme decir, amigos, si visteis perdida ir una res que allí prendida se me quedó en un zarzal? No la hemos visto. Sí tal; yo he visto una res perdida. ¿Dónde? En vos. Calla, animal, no trabes conversación con tal gente. ¿Quién lo quita? ¿No ves que idólatras son? ¿Y quién a una idolatrita quita la idolatración, y más tan bella, Eliazer? Aparta. Aquí no ha llegado cosa que hayáis menester. Id en paz. Hasta el criado da que dudar y temer. ¿En qué? ¿Dijo «Eliazer»? Sí. Pues no en vano de los dos se retira. ¿Cómo así? Como Eliazer es... ¿Qué? Di. «Favor y ayuda de Dios». Y así, Duda, por sin duda ten que con éste perdamos tiempo. ¡Que tanto le acuda Dios, que es su «favor y ayuda» lo primero que encontramos! Pues no por eso has de ver el que me doy por vencido. No, que nuestro empleo ha de ser la mujer que haya nacido para ser de Isaac mujer. Vanse. Huyendo va tu rigor. Si es idólatra, ¿qué quieres? ¿Cuándo no ha sido el amor idólatra en las mujeres? Salen ABRAHÁN y ISAAC. ¡Simplicio, Eliazer! Señor. ¿Hemos tardado? No y sí. Sí y no, necio, ¿cómo así? Sí por lo que habéis estado; no, porque hemos murmurado. ¿De quién? De Isaac y de ti. No me espanto, que ambos damos hartas razones de qué. Aunque acá no las sepamos, para murmurar, ¿ser amos no basta? Seguro esté de mis lealtades tu amor; y que donde estoy, señor, no habrá la plática sido esa. Ni otra en que haya habido el escrúpulo menor; que es un ángel Eliazer. Ángel no, mas puede ser que tenga de ángel la fama quien «favor de Dios» se llama. Eso me huelgo saber por tenerle desde aquí por más que hombre. Isaac. Señor. Otra y mil veces en ti vuelvo a verme. Hoy en mi amor has nacido para mí. A tus pies me basta ver, que aunque no haya merecido víctima del cielo ser, en lo atado y lo rendido siempre lo he de parecer. Levanta. Llega a mis brazos. Qué ajeno estaba, señor, de verme en tan dulces lazos! De Dios ha sido el favor. ¡Oh, amor, no abrevies los plazos de mi vida, hasta que vea en quién tal virtud se emplea! Cansado del ejercicio estarás; ve, y con Simplicio te adelanta hasta la aldea en ese bagaje en que destos días el sustento trujimos. Señor, ¿por qué pones nombres al jumento? Jumento es, jumento fue y jumento será quien no lo creyere. No es bien que repare yo mis daños; mejor estará a tus años el pequeño alivio. Ven, que yo sirviéndote iré. Eliazer y yo podremos irnos más despacio a pie, que hablar a solas tenemos. Porque no diga mi fe que en todo no obedecí, me adelanto. Ven, Simplicio. Ya espera el jumento allí; y pues que no hablo de vicio, nadie lo entienda por sí. Vanse. Ya, Eliazer, solo he quedado contigo. Pues, ¿qué me quieres? Que sepas la confianza que hago de ti. Criado eres, y más que criado, amigo; y aun más que amigo si atiendes que en las familias del noble son los que sirven tan fieles sobre amigos y criados unos humildes parientes, pues les hace un mismo pan que una misma sangre engendren. Mucho me admiro de que tan graves, tan prudentes razones, mis siempre justas obligaciones me acuerdes. En tu casa me has criado; ni más padres ni más bienes he conocido que a ti; y supuesto que tú eres aquel Padre de Familias (en quien Dios se nos refiere cuando en humanos ejemplos explicarse al hombre suele), y me has criado, como he dicho, ¿por qué dudas que obediente -pues me confirmó en tu gracia tu amor- te obedezca siempre? Y así, sin más prevenciones, mandar absoluto puedes, si ya el mandar con misterios que mi ignorancia no entiende no es despertar a los otros que atiendan lo que contienen. Dices bien. Y así a la letra mi voz y mi afecto vuelven; si hubiera misterio, allá lo verá el que lo entendiere. Yo, Eliazer, engendré un hijo... Mas antes que te revele de mi concepto el dictamen, un juramento solemne has de hacer, y porque sea su culto más reverente pon la mano en mi rodilla. Hinca la rodilla en el suelo, y sobre la otra pone ELIAZER la mano, también de rodillas; y salen DUDA y LUCERO. Cielos, ¿qué homenaje es éste? Pues hemos de andar a mira de cuanto les acontece, a esta rara ceremonia asistamos. Pues atiende. ¿Juras por aquel Señor, alto Dios omnipotente (que desta carne, esta sangre sobre quien la mano tienes, aquel divino rocío de la salud de las gentes, ha de conversarse humano), que cuanto aquí te dijere has de obedecer? Sí juro. Él te ayude si lo hicieres; y si no, te lo demande. Amén. Levántanse. Pues agora advierte. Yo, Eliazer, engendré un hijo, tan hijo acá de mi mente según lo ajustado a mí que me persuado mil veces que yo y él y nuestro amor somos uno solamente. Sé de quien puedo saberlo que dél el mundo previene el esperado remedio de aquel primero accidente que inficionó en nuestros padres a todos sus descendientes. Y aunque es verdad que infalible la promesa en él no puede faltar -de que hoy, Eliazer, no sé qué visos me ofrecen nuevas prendas de su luz-, con todo eso, porque llegue más sin mancha, más sin sombra que la enturbie aún el más breve rasgo suyo, de mi parte le he de hacer cuanto pudiere para darle esposa que la alba, que aljófares vierte; la aurora, que perlas llora; el sol, que rayos espende no puedan decir que fueron más puros, más transparentes viendo que alba, aurora y sol compite, iguala y excede en candor, lustre y pureza su luz, su albor y su nieve. ¿Oyes? Sí, porque al oírlo dudas y dudas aumentes. Y siendo así que, a obediencia de Dios, peregrino a verme llego en tierra de Canán, donde sus cultos le ofenden, pues en la imagen de Belo hizo un torpe amor que empiece la idolatría, que a tanto vil simulacro se extiende, adorando en Baal el leño frágil; en Baalín, el débil barro; en Astarot, el duro bronce; y en Moloc, el fuerte hierro; en Dagón, oro y plata... ¡Oh ignorancia lo que puedes! Pues no echas de ver que tú más dios que tus dioses eres, pues tú misma te los labras de qué y cómo y cuando quieres. En fin, viviendo hoy a vista de tanto, tan indecente, tan torpe y abominable sacrílego inconveniente, no quisiera ver mezclada mi sangre con estas gentes, sino que mi descendencia de mi misma línea fuese, de mi fe y mi religión. Yo tengo, Eliazer, parientes en Mesopotamia, que de Sen, como yo, descienden mayorazgo de Noé, no de Caín, hijo rebelde como éstos que hoy en Canán la Ley Natural pervierten. Nacor, de Taré, mi padre, hijo (de quien la eminente ciudad de Nacor tomó el nombre que la engrandece), hijos tuvo, y por mayor a Batuel; y aunque déste ni otros, por mi ausencia, no sé que vivan, sé que puede su fama darte noticias de quién son sus descendientes. Y así, hoy en Mesopotamia con las joyas que te diere, -galas, criados y camellos-, has de ir, llevando poderes para dar esposa a Isaac. Mira si es justo que aprecies la elección, pues desde luego acepto la que trujeres; que claro está que un criado noble, sagaz y prudente, por su misma estimación traerá señora que llegue él mismo a hacer vanidad de servirla; que no tiene el que obedece más lustre que el dueño a quien obedece. Agradecido, señor, a tal honra, una y mil veces, beso tus pies; y una y mil revalido firmemente el juramento, y que no traiga esposa en quien hubiere no digo idólatra mancha, pero la menor, más leve nota de infición alguna; y tanto que... No, no tienes que asegurarlo: tu nombre lo asegura. ¿De qué suerte? «Favor de Dios» significa; y aunque el favor de Dios siempre asiste a todo, no dudo... ¿Qué? ...que asiste especialmente a esto de elegir esposa; que han menester las mujeres un favor particular de Dios para que se acierte. Vanse los dos. Ya la esperanza de que con idólatra se mezcle se nos ha perdido, Duda. Pues no por aqueso cesen nuestras calumnias, que yo, del aire hija, velozmente llegaré antes a Nacor, donde cuando Eliazer llegue, en casa de Batuel introducida me encuentre hasta ver qué nos declaran estas sombras. Pues entiende, si vas adelante, Duda, que hay más de las que parecen. ¿Cómo? En la casa del padre sin padres... ¿Qué te suspende? ...criado Eliazer... ¿Qué te turba? ...y en su gracia... ¿Qué enmudeces? ...confirmado. ¿Qué te asombra? ¿No le envía... ¿Qué te ofende? ...a buscar... ¿De qué te aflijes? ...esposa... ¿Qué te entristece? ...para su hijo... ¿Qué dudas? ...después que le hizo... ¿Qué temes? ...jurar en sí... ¿Qué te pasma? ...que es como... ¿Qué te estremece? ...jurar por su sucesión? Sí, pero deso ¿qué infieres? No sé, no sé. Ve tú, Duda, pues en lo que en sí contiene esa embajada, a mí sólo el dudar se me concede, que tú quizá lo verás. Hasta que viéndolo deje de ser duda, tiemble y dude... Yo, aun viéndolo, dude y tiemble... ...porque con eso se apague el fuego que en mí se enciende. ...y porque con eso en mí el encendido se aumente. Y así, hasta entonces... Y así, hasta entonces, y ahora y siempre... ...vea y calle,... ...arda y padezca... ...sienta, sufra, gima y pene. Al esquilmo, al esquilmo, zagalas, a ver maridajes de nieve y de plata. Dentro grita y instrumentos de pastores. Y salen cantando y bailando CELFA, TEUCA y HABRA, villanos; RUBÉN, LEVÍ y LAURO, pastores. Y detrás, BATUEL, viejo venerable, de mayoral y REBECA, de pastora. A la siega, a la siega, zagales, de púrpura y oro a ver maridajes. Pues sobre el vellón veréis cómo cuaja su aljófar la aurora, sus perlas el alba. Pues sobre la mies veréis cómo esparce. Y todo porque se goce en Rebeca. Y todo porque en Rebeca se goce la plata, la nieve, la aljófar y perlas; sus frutos la tierra, sus flores el aire, la púrpura, el oro, el fruto y las flores. Y todo porque se goce en Rebeca la plata, la nieve, la aljófar y perlas. Pardiez, Batuel, que el día que con Rebeca a estos prados a ver mieses y ganados venís, es tal la alegría de todos sus moradores que dejando las cabañas descienden de las montañas a coronarla de flores. Guárdeos, amigos, el cielo. Y a mí razones me dé para agradecer la fee y amor con que vuestro celo me festeja, sin que en mí haya más superior muestra que ser una amiga vuestra. No digas tal, que hay en ti sola excelencias más bellas que hay en todas. Y no ha sido tanto haberlas vos tenido cuanto confesarlo ellas. ¿Por qué, necio? Porque no se vio mujer que, envidiosa, confiese que otra es hermosa. Porque veas tu error, yo tengo de ser la primera que desta florida falda para hacerla una guirnalda desnude la primavera. Va cogiendo algunas flores y tejiendo una guirnalda con las que le van ofreciendo. Para que yo tenga parte en ella, pon de la mía esta flor con quien el día su primer albor reparte. ¿Qué flor es? De Jericó, de varias virtudes llena. De la mía esta azucena. Y añada este lirio yo. Yo, esta vara de Jesé. Yo, por más bella y hermosa, la púrpura desta rosa. Yo este jazmín te daré, símbolo de la pureza. Yo, este dorado alhelí de los campos de Engadí. Dignos son de su belleza primores a quien humilla el sol su luz. ¿Tú no das flor? De mi parte pondrás, Habra, aquesta maravilla. Yo, para tejerla, hojas será justo que aperciba de palma, cedro y oliva, moradas, verdes y rojas, con que ya nuevo iris fue que listó el alba serena, flor de Jericó, azucena, lirio y vara de Jesé, alhelí, jazmín y rosa, maravilla, cedro, palma, y oliva, con vida y alma te ofrecen, Rebeca hermosa, estos prados; y no en vano, pues su amenidad fecunda bien en ti sus copias funda; y así diga el aire ufano: Rebeca, estas flores bellas... Muestra hecha la guirnalda, y llega a ofrecérsela.Canta. Rebeca, estas flores bellas... ...que te dan nuestros amores,... ...que te dan nuestros amores,... ...siendo en nuestro prado flores,... ...siendo en nuestro prado flores,... ...serán en tu cielo estrellas. ...serán en tu cielo estrellas. Pónenla la guirnalda. Yo las acepto corrida de tan altos intereses, que el ser vosotros corteses no es ser yo desvanecida. Ya que tanto vuestro amor la honra, su virtud laureando, venid cantando y bailando. Norabuena. Yo, porque hasta volver a Nacor no penséis que me prefiera, hoy con todas la primera en vuestro baile entraré. Si en nuestra humana fortuna, Rebeca, a entrar te acomodas, pareciendo como todas lucirás como ninguna. Con todos, sin confianzas, entra en el baile. Atención, que quizá mudanzas son misteriosas sus mudanzas. Al esquilmo, al esquilmo, zagalas, a ver maridajes de nieve y de plata. Bailando, caen RUBÉN y CELFA. ¡Ay de mí! ¿Qué ha sido? En un hoyo aquí escondido Celfa y yo hemos caído. No cese el baile por eso. A la siega, a la siega, zagales, de púrpura y oro a ver maridajes. Bailan, y caen LEVÍ y HABRA. Yo también, aunque me pese, caí. Y yo tras ti. No entiendo qué es el ir todos cayendo. No por eso el baile cese. Pues sobre el vellón veréis cómo cuaja su aljófar la aurora, sus perlas el alba. Caen LAURO y TEUCA. En el baile de la vida nadie diga no cayó. Yo también caí, pero no por eso el baile se impida. Pues sobre la mies veréis cómo esparce sus frutos la tierra, sus flores el aire. Y todo porque se goce en Rebeca la plata, la nieve, aljófar y perlas. Sale la DUDA como acechando. Y todo porque se goce en Rebeca la plata, la nieve, aljófar y perlas. ¿Qué privilegiados modos en Rebeca pueden ser cuando yo la llego a ver igual en el baile a todos? Y todo porque en Rebeca se goce... Va a caer REBECA y da en brazos de la DUDA. ¡Favor, cielos! Va a caer REBECA y da en brazos de la DUDA. ¡Qué temores! ¿Ha caído Rebeca? No, que como a tenerla acuda sólo tropezó en la Duda de si cayó o no cayó. ¿Y quién eres tú, zagala, que a aquese tiempo llegaste? Para conocerme baste ver que ninguna me iguala en los deseos de ser la que más te haya servido. Y te estoy agradecido. De cuanto hayas menester que te soy deudor confieso. Aunque nuestra ama haya sido la que sola no ha caído, no cese el baile por eso. Al esquilmo, al esquilmo, zagales, a ver maridajes de nieve y de plata. Éntranse todos cantando y bailando. ¡Ay infelice de mí! ¿Dónde irán mis esperanzas si donde la duda intenta saberlas es ignorarlas? Por templar las ansias mías consultar quise las altas ciencias del Lucero, y no tan sólo templó mis ansias, mas las encendió de suerte que a mayor número pasan del que padeció en aquella primer duda mi ignorancia. Dígalo que de una en otra tanto una de otra se enlazan que más que dejé en Canán encuentro en Mesopotamia. ¿Qué mujer es ésta, cielos, a quien todo el valle aclama, por su gracia y su hermosura llena de hermosura y gracia? Su nombre en idioma hebreo, pues que Rebeca se llama, «fecundidad» significa; a que el de su padre añada, Batuel, «filiación de Dios», con que ambos juntos declaran «hija de Dios» y «fecunda madre»; y esto donde tratan hallar para Isaac esposa. Montes, valles, golfos, playas, cielos, sol, luna y estrellas, fieras, peces, aves, plantas, aire, agua, tierra y fuego, para una deuda que falta atención os pido: ¿cómo si lo que más sobresalta al Lucero es pensar que todas las sombras pasadas son en orden a que venga (según aquella palabra tantas veces repetida) la salud que el mundo aguarda, y ésta ha de nacer de madre virgen, le asombran y espantan señas de esposa fecunda y no las de madre intacta en la señas de Rebeca? Mas ¡ay!, que las sombras pasan como sombras, y que de un rasgo, un viso, les basta para que dude la Duda en qué ha de fundarse... Dentro. En nada discurras... Dentro. ¿Qué es lo que escucho? Dentro. ...hasta que sepas la causa. Dentro. ¿Qué oráculo es éste, cielos? Dentro. Y así, al pie desta montaña y a la vista de Nacor, que alto los camellos hagan di a Simplicio. Dentro. Dentro. ¿Para qué? Tú que se lo digas basta, pues es tan bestia un camello que hará lo que tú le mandas. Dentro. ¿Acaso fue que éste es Eliazer? Aquí doblada quede al discurso la hoja hasta otra ocasión. ¡Oh claras luces, doleos de mí, y llegue a figuras tantas lo figurado, porque la Duda de dudas salga! Vase. Y salen ELIAZER y SIMPLICIO. Aquí, en tanto que declina el sol, podremos sus señas templar al pie destas peñas defendidas de sus plantas. ¿Y es toda la causa ésa con que al fin de una jornada tan penosa te detienes a vista de la posada? ¿No es mejor, pues que tan cerca está la ciudad, que vayas a descansar de una vez? No, que de la tropa faltan algunos, que se han quedado atrás; y quiero a la entrada de Nacor que vamos juntos, que el séquito es circunstancia tal vez a la estimación. Mira tú si acaso hay agua por aquí, que traigo sed. Yo también; y aunque buscarla quiera, no sé si sabré, que es acción para mí extraña buscar agua; mas con todo iré a ver si alguna clara fuente me dice: bébeme. Señor, Abrahán me manda que le lleve a Isaac esposa no sólo digna de su fama, su sangre, fe y religión, pero aún digna a la esperanza, a la palabra que vos le habéis dado. A mí me encarga esta elección, y sin vos ¿cómo podré yo acertarla, pues si vos no lo dais todo yo por mí no valgo nada? A vista estoy de Nacor donde entrar no quise hasta hablar primero con vos. Aquí la ilustre prosapia de Sen descendiente habita: dadme señal que me haga capaz de mejor empleo; y en fe desta confianza, dame luz. Pero ¿qué es esto? ¿Cuando os pido luz, me asaltan sombras del sueño? ¿De cuándo acá, Señor, vuestra gracia dio piedras a quien pidió pan? Mas, ¡ay!, que es ignorancia pensar que vos no dais siempre lo mejor. Y cuando haya sequedad en vos, será por estar en mí la falta. Vos sois vos, y yo soy yo; medid la inmensa distancia y pues pedí luz, y dais sombras, quizá esas me bastan. Recuéstase en el suelo; y en el carro que en sus cuatro fachadas tendrá cuatro nichos, aparece en el primero el ÁNGEL. Y dando vuelta, aparece en el segundo ADÁN, vestido de pieles. En el tercero ABEL, de zagal, con su sacrificio de un cordero. Y en el cuarto DAVID con su harpa y corona; cantando cada uno los versos que le tocan a su tiempo. Canta. Atiende, Eliazer, a mi voz. Canta. ¿Quién me nombra, equivocando la luz y la sombra? Canta. Quien viene a advertirte la suma importancia que incluye el misterio de las bodas que tratas. Esposa para Isaac buscas, de cuya progenie clara Segundo Isaac la infinita deuda de Adán satisfaga. Y para que te enternezcan las voces con que le llama oye, advirtiendo que el llanto es para Dios consonancia. Canta. Da vuelta, y aparece ADÁN. Canta. Pequé, Señor; y pues mi ser no basta a restaurar mi ser, Tú le restaura. Infinita fue mi culpa y así es forzoso que haya satisfacción infinita; y pues yo no puedo darla, lluevan las nubes al justo; dé sus rocíos el alba; y para que al salvador produzga, la tierra se abra. Canta. Pequé, Señor; y pues mi ser no basta a restaurar mi ser, Tú le restaura. Da vuelta, y aparece ABEL. Canta. Señor, mi voz en púrpura bañada, invoca tu piedad, no tu venganza. De Abel, que como cabeza de predestinados te habla, escucha en música el eco con que llora lo que canta. Por tu salud salvador es el nombre que te ensalza. ¿Qué menor memorial puede dar a tu fe mi esperanza? Y pues tu hijo ha de ser la salud que el mundo aguarda, danos, Señor, a tu hijo, a cuya piadosa instancia... Canta. ...mi voz, Señor, en púrpura bañada, invoca tu piedad, no tu venganza. Da vuelta, y aparece DAVID. De Abrahán, Isaac y David será tu noble prosapia; y pues de ellos oíste el llanto, oye de David el harpa. Señor, que desde el trono de las alas del querubín a Israel riges y mandas, descienda tu gran poder y ven adonde nos hagas salvos. Muéstranos, Señor, tu faz dulce, afable y mansa. Dios eres de las virtudes: convierte nuestra desgracia en virtud tuya; y de nuestra común infición nos salva. Canta. Señor, que desde el trono de las alas del querubín a Israel riges y mandas. Dan vuelta los cuatro sin pararse, pasando cada uno con sus versos, cantando con toda la MÚSICA. Atiende, Eliazer, a la suma importancia que incluye el misterio de las bodas que tratas. La señal que al cielo pides será en aquestas montañas... ...la serrana que halles más liberal, piadosa y franca. Que así conviene que sea aún la sombra de quien nazcan... ...luz de luz, y Dios de Dios, al mundo sus esperanzas. Atiende, Eliazer, a la suma importancia que incluye el misterio de las bodas que tratas. Con esta repetición se cierran las apariencias. Rara visión misteriosa oye, espera, escucha aguarda. ¿Qué es esto? ¿Con quién das voces? Sale. Sale. Yo con nadie. ¡Oh soberana visión! Mas disimular es preciso. ¿Traes el agua? No, señor, que en toda esta tierra de Nacor no se halla sino solamente un pozo que está no corta distancia de la ciudad; y no habiendo con que yo pueda sacarla, mal traerla puedo. Pero al caer el sol serranas dicen que por agua vienen, y como tú al pozo vayas -pues ya es hora que el sol trueque sus luces a sombras pardas- ellas darán a tu sed alivio. A qué parte caiga no sé. Yo tampoco, que esto un villano que pasaba me dijo. Mas oye, espera... ¿Qué es? ...que parece que cantan. Salen cantando, cada un TEUCA, HABRA, CELFA y REBECA, trayendo las tres sus cantaricos con diversas flores; y REBECA con solas azucenas. Habrá en un carro un brocal de pozo, con su carrillo y cuerda. A estas horas al pozo mi amor me saca. ¿Quién ha visto del fuego tercera al agua? Sale. Sale. Si me llevan mis celos por agua al pozo, ¿de qué sirve que sean fuentes mis ojos? Sale. Sale. Canta. Aunque voy al pozo no voy por agua, porque son del viento mis esperanzas. Canta. Canta. Porque no pueda decir nadie que humildad me falta ni que me excepto de hacer lo que las demás zagalas, con ellas iré. Canta. Tras ellas ven, que al pozo es fuerza vayan. Canta. Con el sol y el aire perdí mi color; hácenlo de envidia el aire y el sol. Cantarico que vas a la fuente, no te me quiebres, que no te me quiebres; porque lloraré, lloraré si me faltas y tristes los dos volveremos a casa: tú sin el agua y yo con el agua. Canta.Las 4 cantando. Corre HABRA y toma la cuerda. Yo he llegado la primera, y así la primera... Aguarda, que viene Rebeca allí y el lugar debemos darla. Llega, Rebeca. No, amigas, no alteréis la antigua usanza de que antes llene quien antes llegue; que no sé que haya privilegio en mí. El pasado festín que me hicisteis basta. Yo he llegado la postrera. ¿Qué importa si en ti se rasga la ley general de todas? Sale la DUDA. ¿Qué importa, si en ti se rasga la ley general de todas? No hay acción, voz o palabra que, si la reparo, nueva duda a la Duda no traiga. Nadie me ha de preferir en humildad. Y así, vayan llenando como vinieron. Yo lo haré, pues tú lo mandas. Todas te obedeceremos. Y presto, al ver que tú aguardas. Zagala hermosa, un cansado peregrino, a quien el ansia de la sed aflige, os ruega que le deis un poco de agua. Retirada la DUDA, llega HABRA al pozo; hace como que saca agua, y, al irse, pasa por delante de ELIAZER; y así las demás. Veis la prisa que hay, y que si os la doy es fuerza que haga otro camino. Dejadme pasar. Ved. No he de oiros nada; y si el divertiros vuestra sed causa ¿quién ha visto del fuego tercera al agua? Canta.Vase. Esta es por quien se dijo, pues las orejas se tapa y no da agua, que no vale sus orejas llenas de agua. A CELFA. Decid vos, zagala bella, si en vos más piedad se halla, ¿queréis darme de beber? A CELFA. Eso me parece gana de conversación. Id, pues, norabuena. Noramala esperé yo. No es, por Dios, sino... Eso también me agravia, que si el verme no templa vuestros enojos ¿de qué sirve que sean fuentes mis ojos? Canta.Vase. A TEUCA. Beldad deste valle hermosa, compadézcaos la tirana sed de un triste pasajero. A TEUCA. Ahí está el pozo; templadla en él, que es corta vasija aquesta para sed tanta. Y con agua no puedo serviros en nada porque son del viento mis esperanzas. Canta.Vase. Sólo Rebeca ha quedado, sin que en ninguna de cuantas pasaron primero que ella remedio hallasen sus ansias. ¡Oh, si ella también con todas pasase sin remediarlas! Rara hermosura, Simplicio. Y tan bellamente rara que con no entender de hermosas los mentecatos, me pasma. No sé cómo a hablarla llegue, según el temor me causa su reverencial respeto, si no es postrado a sus plantas. Aquí de mis atenciones, que, aunque es la hora que el sol baja, bien veré, pues veo que en serlo aun hay también circunstancia, pues hasta el anochecer tiene hoy privilegio de alba. Llega con humillación. Divina beldad, en quien sola estriba mi esperanza, pues favor ninguno alcanza en cuantas pasar se ven delante de ti, que den alivio a mi sed, intento hoy tus piedades, atento a que obra, puesto a tus pies, de misericordia es dar de beber al sediento. Y no en vano hallar abrigo en ti espera mi desgracia pues muestras, llena de gracia... De rodillas. Dentro. Llena de gracia. Dentro. ¿Qué? ...que el Señor es contigo. Dentro. El Señor es contigo. Dentro. En vano a entender me obligo ni plática ni canción. Joven, cuya voz y acción turbar me han hecho (porque nunca hasta agora escuché tan nueva salutación): gracia el agua es; si ésta quieres, toma. Dale el cantarillo. Pues que la negaron las mujeres que pasaron y tú la das, bendita eres... Bendita eres... ...entre todas las mujeres. ...entre todas las mujeres. Y aun cesando mi discordia, bendito con tal concordia será el fruto de tu vientre. Será el fruto de tu vientre. Pues quiere Dios que te encuentre madre de misericordia. Madre de misericordia. Bebe, y vuelve a poner las azucenas en la jarra, y déjala en el suelo entre los dos. En tu gracia y hermosura dulzura los ojos vieron, vida los ojos tuvieron, luego fue en su nieve pura tu piedad, vida y dulzura. Vida y dulzura. Siendo como en primer muestra tu liberalidad maestra no sólo esperanza mía, pero hablando en compañía del mundo, esperanza nuestra. Esperanza nuestra. La gracia que en nadie halló el sediento peregrino a hallarla en el barro vino de agua que Rebeca dio. Gracia, agua y barro, ¿quién vio igual enigma? Él, «Ayuda de Dios»; «fecunda», ella. Muda de aquí huya, que ¡ay de mí!, no está bien la duda aquí, que aquí no puede haber duda. Vase. Otra vez, joven no sé qué responderte turbada; mas el agua es, como dije, en quien se explica la gracia (pues en agua podrá ser que algún día se reparta), no sólo a ti alcance, pero a todos los demás. Llama a tus compañeros: beban. Y porque veas que alcanza mi piedad no sólo a toda la naturaleza humana, pero aun a la universal, de aquí no he de faltar hasta que bagajes y camellos beban, agotando el agua a ese pozo. Toma el cantarillo. No podrás, que si te sirve al sacarla su cristal de no manchado espejo, con dicha tanta crecerán sus manantiales tanto, que perenne le hagan por ti pozo de aguas vivas. Bien aquí el adagio encaja de dar el gozo en el pozo. A SIMPLICIO. Y él se va. ¿Qué esperas? Tus gentes llama, que allí las pilas están donde su sed satisfagan. Y después que hayan bebido hombres y brutos, mi casa (que, aunque no soy dueño della, tengo del dueño la gracia para hospedar peregrinos) te daré, mientras descansas, decente albergue. ¿Quién eres, sepa, deidad soberana? Rebeca, de Nacor nieta, que a esta ciudad nombre y fama dio; y hija de Batuel, su hijo. Vuelva a besar tus plantas, y ya con nueva razón. ¿Cómo? Como de la casa de Abrahán, tu tío, criado soy. Pues ¿a qué es tu jornada? A buscar a Isaac, su hijo, esposa de su prosapia, su religión y su fe, en quien no haya caído mancha de bárbara idolatría. Y a ser mi ventura tanta que tú me dieses licencia (al concurrir en ti tantas premisas como me dicta en lo benigna, lo blanda, sin el ruido de la voz, con el silencio del alma, no sé qué lejana luz...) quizá... No prosigas. Basta: yo no tengo voluntad. Con mi padre, huésped, habla, que yo sólo he de decir, no como hija, como esclava, siempre atenta a su obediencia, que su voluntad se haga. Yéndose. Oye, escucha. ¿Qué me quieres? Di. Que en fe de la esperanza de esa tácita licencia me des otra. ¿Qué demandas? Saca unas cajas de joyas. Estas joyas que en el pecho mi cuidado reservadas tray, por más preciosas que otras, permitas darte, no en paga sino en feudo, y feudo que quizá algún misterio guarda. ¿Cómo? Como son, señora... Prosigue. ...unas arracadas y unas ajorcas. Y siendo tú tan piadosa y tan franca, y ellas de manos y oídos prendas, es justo aceptarlas porque dejen en zarcillos y manillas adornadas las manos de la franqueza, los oídos de la gracia. Aunque nunca interesable fui, no sé qué afecto manda que las admita. Y en que hable a tu padre en la pasada plática, ¿qué dices? Digo lo que antes dije; que esclava soy más que hija en la obediencia: que su voluntad se haga. Él es de mi voluntad el señor; y así a su amor sólo dirá mi humildad: esclava soy del Señor, cúmplase su voluntad. Vase; y sale la DUDA como oyendo a lo lejos. Esclava soy del Señor, cúmplase su voluntad. Por lo menos ya la tuya tengo; y hago lo que mandas, señor, pues elijo esposa liberal, piadosa y blanda. Dígalo, tras la piedad del socorro y del favor, oír que dice su humildad: Esclava soy del Señor, cúmplase su voluntad. ¿Esclava soy del Señor, cúmplase su voluntad? ¿Qué resignación es ésta, sobre ver que la agasaja, y a toda su gente haciendo que su sed se satisfaga, bien como la tierra cuando bebe el rocío del alba? A su casa le encamina, con que es fuerza la doblada hoja desdoblar agora, y aún con más vehemente causa, como si el Lucero... Sale el LUCERO. ¿Qué me quieres? No te llamaba, pero a buen tiempo has venido. No puedo sufrir mi rabia, ya que el cielo aun en los visos de luz que por aquí anda no quiere que asista, que deje de buscarte. Saca de confusiones mi pecho: di qué has visto. Mucho y nada: nada porque no lo entiendo; y mucho porque me pasma. Y pues nada y mucho era lo que aquí contigo hablaba ausente, presente escucha. ¿Cómo, si te sobresalta pensar que en Segundo Isaac la salud del mundo nazca, te afligen señas de esposa y no madre? ¡Ay!, que no alcanzas que madre y esposa es la que me asombra y me espanta, magnificada en Rebeca. Madre y esposa, ¿contraria cosa no es? No, Duda. ¿Cómo? Como... (¡qué angustia, qué ansia, al prevenirlo me yela y al pronunciarlo me abrasa!) ...como cuando la salud venga al mundo temo que haya Virgen Madre y casta esposa en un supuesto; pues clara cosa es que, si se concibe en purísimas entrañas, celebre bodas con toda la naturaleza humana. Conque de esposa y de madre una y otra seña se hallan en Rebeca, pues, «fecunda», concurren en ella entrambas; y más si Batuel acepta en lo que ya Eliazer habla. No lo dudes, pues alegre en oyéndole le abraza, participando no sólo a su familia y su casa, pero a toda la ciudad de Nacor y sus montañas, de las bodas de Rebeca la dicha, porque la aplaudan festivos. Y tan veloz el tiempo por los dos pasa, que procediendo en su curso parece que se adelanta. No es eso solo, sino que alegóricos fantasmas ni tiempo ni lugar tienen. Esto asentado, repara que con joyas del esposo (que son sus virtudes altas), ya la esposa se enriquece... ...ya apercibe la jornada... ...ya todos los moradores deste valle la acompañan. Y por su ausencia y su empleo a un tiempo lloran y cantan. Ya a Mesopotamia dejan... ...ya a tierra de Canán pasan. ¡Cuánto el tiempo se apresura! ¡Cuánto para penas tarda! Ya un criado, por ganar las albricias, con las alas del amor ligero vuela... ...ya entra dentro de su casa... ya Abrahán y Isaac, oyendo la esposa que Eliazer traiga, el contento a recibirla hace que al camino salgan. Dentro, grita y instrumentos. Ya a vista unos de otros, se saludan en voces altas. ¡Quién, por no oirlo, no oyera! ¡Quién, por no verlo, cegara! Salen, por otra parte, en tropa, zagales bailando; y detrás, ABRAHÁN y ISAAC; y por otra, zagalas; y detrás, REBECA y ELIAZER, cantando y bailando. Sean para en uno... ...para en uno sean... ...el galán Isaac... ...y la hermosa Rebeca. Sean para en uno, para en uno sean. Cúmplales el cielo que goce la tierra el dichoso fruto de su descendencia. Para en uno sean. Y pues él es «risa», «fecundidad» ella, sus campos se vean. Para en uno sean. Gozando felices fecundos y alegres de Dios las promesas, siendo unas sus bodas dos sentidos tengan. Para en uno sean. Cuenten su familia del sol las estrellas; ganados y mieses del mar las arenas. En ella explicada la naturaleza, y en él la concordia de Cristo y la Iglesia. Sean para en uno, para en uno sean el galán Isaac y la hermosa Rebeca. Mil veces felice el día, hija y sobrina, que el alma vio tu perfección, en quien las ideas se retratan de algún cántico que diga que antes del siglo criada fuiste a no dejar de ser. Y más feliz cuando añada que del Líbano los cedros y que de Cadés las palmas y cipreses de Sión han de mirarte exaltada entre las demás, bien como la rosa entre esotras plantas y el lirio entre las espinas. Más dichosa, más ufana diré yo: feliz el día que, obedeciéndote esclava, llegué a coronarme reina porque hallé en tus ojos gracia. Toda es perfecta mi esposa. Todo es mi amante gala. ¡Qué felicidad! ¡Qué dicha! ¡Qué veneno! ¡Qué rabia! Eliazer, dame los brazos. Bien juramento y palabra cumpliste. El cielo, señor, que favorece tu causa, me dio la luz deste acierto. ¿Y a mí no me dices nada? A ti y a todos, los brazos doy. Venid donde os aguarda el prevenido banquete destas bodas. Si, mezclada con todas, llega a su mesa yo viciaré sus viandas. Bien harás, Duda, porque si tu veneno derramas, principalmente en el plato del cordero de su Pascua, bien vengados quedaremos. Entrad todos, que mi casa para todos está abierta y a todos la mesa franca sin excepción de personas. Aquesta es una palabra que está gozando de Dios. Vaya de música. Vaya. Sean para en uno, para en uno sean el galán Isaac y la hermosa Rebeca. Con esta repetición se entran cantando y bailando todos; y al entrar tras ellos la DUDA, se pone a la puerta ELIAZER. Pues yo no puedo, entra tú. Vase. ¿Dónde vas? Espera, aguarda. ¿Por qué, si aqueste convite a nadie excepta, la entrada me niegas? Porque la Duda no puede entrar en la casa de Abrahán, que de creyentes es padre; y la fe se ensalza en él, pues fe de Abrahán se dice por alabanza; y así qué hacer la Duda no tiene. Sí tiene. Aparta, que Rebeca en mí cayó. Que fue a caer cosa es clara; que cayó, no. ¿De Nacor no lo dice la montaña, donde al brocal de su pozo, como las demás, por agua iba? Como las demás, por la humildad que la exalta, mas no por la servidumbre; dígalo el ser para tantas pozo de aguas muertas, pues ninguna hizo della gracia, y para ella de aguas vivas, pues la hizo ella. Y si no basta que sea de aguas vivas pozo, vuelve a esta fuente la cara, verás que la venidera Rebeca, que ésta señala, siendo pozo de aguas vivas, es también fuente sellada. Ábrese en un carro, que será un jardín, los bastidores, y se ve en medio una fuente y en ella una NIÑA, vestida de Concepción. ¿Quién eres, hermosa niña, en quien la Duda se pasma? Soy la segunda Rebeca pues, fecundamente intacta, convendrá en mí lo «fecunda». Y si ella en el pozo daba de beber al peregrino, yo en aquesta fuente clara, cuyos siete caños son sacramentos de la gracia. ¿Qué importa, ¡ay de mí!, qué importa lo que me asustas y espantas si en ti también sabré hacer que haya duda en... Calla, calla. ...En... No puedo proseguir. ...En... Mi veneno me mata. Víbora soy de mí misma pues me revienta la saña de mi ponzoña. ¿Quién, cielos, le quitó a la Duda el habla, que ya en vano articular puede ni voz ni palabra? Silencio han puesto a la Duda. ¡Lucero! Sale el LUCERO. Pues si tú callas, hable yo. Cuando esa fuente supla a aquel pozo la falta dando en Rebeca alusión a quien me postre a sus plantas, por lo menos de Isaac no me darás otra estampa. Sí daré. Vuelve los ojos; verás en la misma estancia del sacrificio de Isaac, donde Calvario se llama el Monte de la Visión, el Segundo Isaac, cargada también la leña en el hombro. Vuelve a abrirse el carro del sacrificio, y vese, donde estuvo ISAAC, un NIÑO de Pasión, con la cruz a cuestas. Esa fue, Duda, la causa de llevar la leña al monte; porque el que haz era en su espalda veas que es cruz en la mía. Y ésa, la ciega ignorancia en que yo prevariqué. Y pues ya me desengañan la figura y figurado, bien puedo cobrar el habla pasándome a ser certeza de ser Duda. Pasa al lado de ELIAZER. Aunque te hagas certeza, presto a dudar volverás, cuando ofuscada mi imaginación pretenda saber qué cordero haya que supla por él. Ábrese el tercer carro, y vense en él a ISAAC y REBECA a una mesa en que habrá un cordero, que a su tiempo se esconde, quedando en su lugar Hostia y Cáliz. El que es hoy la legal vianda de las mesas de su boda; o escucha lo que les cantan. Cordero sacrificado vio en Primero Isaac el mundo; y hoy en el Isaac Segundo ve figura y figurado. Aquel cordero legal que con lechugas amargas (símbolo de penitencia) en el fasé de su pascua se comía (porque nadie sin penitencia le alcanza) es el que sostituyendo a Isaac en cuchillo y llama dejó la divinidad viva, muriendo en el ara tan sola la humanidad. Eso sólo de Adán salva la culpa, mas no que el hombre (ya que de la común salga) salga de la actual también. Sí hace, que en sí incluye y guarda sacramento con que puede restituirse a la gracia con nuevos aumentos. ¿Qué sacramento? Escóndese el cordero y vense Cáliz y Hostia. Esta Hostia blanca debajo de cuyo velo, convertida la substancia de pan y de vino en carne y sangre con vida y alma, alma y vida, cuerpo y sangre quedarán sacramentadas del Segundo Isaac; con que llegó el tiempo en que se abra aquel seno de Abrahán donde los justos descansan, dándole el nombre su fe, siendo su lóbrega estancia depósito de creyentes; y viendo que su esperanza se va disponiendo en sombras, escucha sus alabanzas. Vuelve a abrirse el primer carro con ADÁN, ABEL y DAVID en sus nichos; y ABRAHÁN en el que estuvo el ÁNGEL. Cordero sacrificado vio en Primero Isaac el mundo y hoy en el Isaac Segundo ve figura y figurado. Felice yo, que este seno, con los que en él me acompañan, veré iluminar el día que el sol de sus sombras nazca. Dando vuelta el carro, cada uno con sus versos. Felice yo, que llegué a ver mi culpa borrada. Felice yo, que el primero gocé en tal triunfo la palma. Felice yo, que seré tronco de la mejor rama. Felice yo, que salí de una vez de dudas tantas. Y felice yo, que esposa del Primer Isaac, me aguarda serlo del Segundo. En mí seguras tus esperanzas cumplidas las verás. Yo felice, que a dichas tantas tercero fui. Y yo felice, si merezco a vuestras plantas (pues es día que perdona culpas) que perdone faltas. A cuyo efecto diré con todos en voces altas: Cordero sacrificado vio en primero Isaac el mundo; y hoy en el Isaac Segundo ve figura y figurado. Con esta repetición se cierran las apariencias y da fin el auto.