Pedro Calderón de la Barca El indulto general Auto sacramental alegórico Personas LA CULPA. EL MUNDO. ADÁN. CAÍN. ABEL. DAVID. SALOMÓN. ABRAHAM. DIMAS. GESTAS. ÁNGEL. LA JUSTICIA. LA MISERICORDIA. EL PRÍNCIPE. LA ESPOSA. MÚSICA. Acompañamiento. Dentro la MÚSICA y sale la CULPA como oyendo a lo lejos. ¿Cuándo, Señor, será el día de aquel gran prometimiento... "¿Cuándo, Señor, será el día de aquel gran prometimiento..." ...en que cielo y tierra unidos... "...en que cielo y tierra unidos..." ...en admirable comercio... "...en admirable comercio..." ...el cielo en la tierra, la tierra sea cielo? "...el cielo en la tierra, la tierra sea cielo?" ¿Qué nuevo cántico es, qué nuevo ritmo, qué nuevo himno que, para que sea nuevo hoy todo, dando al eco en suavidades de canto consonancias de lamento, desde lo profundo clama una y otra vez diciendo... ...que en admirable comercio el cielo en la tierra la tierra sea cielo? Pero, ¿qué me desconfía, cante o llore, el día que preso en la cárcel del pecado al género humano tengo? Cárcel del pecado dije, no sin soberanos textos que lo apoyen: a Isaías le dio el Señor, sobre el pueblo, autoridad de librar a los que estaban de asiento, en la cárcel de las nieblas; Job dijo en sus sentimientos que Dios le tenía ceñido en la cárcel de sí mesmo; cárcel espiritual, dijo allá en su epístola Pedro; y Juan en su Apocalipsis, que el fiero Satán fue suelto de la cárcel del abismo; y pues, para que un concepto pueda explicarse a dos luces, no en vano asentado dejo ser la cárcel el pecado, su fábrica el universo, el Mundo el alcaide suyo y el género humano, el preso. ¿Qué mucho, siendo la Culpa agente fiscal de reos, que cuando él clama piedades ella apellide tormentos? ¡Ah de la cárcel del Mundo! ¡Ah del pavoroso centro, en que delincuentes yacen, no sólo cuantos nacieron, porque nacieron, sino cuantos por ser herederos de aquel original crimen, infestados se adurmieron a la sombra de la muerte, en el más profundo sueño de la vida! Sale el MUNDO. ¿A qué fin, Culpa, hoy, de tu siempre severo semblante, el ceño arrugado tan segunda vez es ceño, que de la hidra sobre hidra cumplido tray el proverbio, a estos calabozos llamas; en cuyo lóbrego centro todos, ya tú lo dijiste, yacen, mayormente aquellos que de culpas personales han fabricado sus hierros, sin excepción de personas pues desde el cayado al cetro, desde la toga al bastón y desde el noble al plebeyo, todos aherrojados viven en mí? Dígalo el salterio donde, en pública vindicta de naciones y de pueblos, afirma que se han de hallar reyes y jueces a un tiempo ligados de pies y manos al grillo y cadena; y siendo así, que están a mi cargo, ¿a qué fin, a decir vuelvo, vienes hoy tan asustada? A fin de no sé qué acento, sólo de mí percebido, que se ha escuchado allá dentro. ¿Cuándo el día será, clama, que en admirable comercio el cielo y la tierra unidos él sea tierra y ella cielo? Esta nueva entonación, entre otras sombras y lejos, de que misterioso está el sacro volumen lleno, por ser la más adecuada al equívoco concepto de que cielo y tierra se unan, me ha traído al pensamiento la visión de aquella escala que, uniendo sus dos extremos, por ella, ¡tiemblo al decirlo!, iban bajando y subiendo tropas de alados querubes, significándome en ellos al Hombre cuando subían, cuando bajaban al Verbo. Con esta aprehensión, ya sea o pasmo o delirio, intento cautelarme, para cuando Dios, movido de su ruego, cumpla el esperado día de aquel gran prometimiento, que el cántico de Habacú les profetiza diciendo que del Austro vendrá un rey, que haciendo piadoso acuerdo de su gran misericordia, disuelva su captiverio. Dirásme tú agora, ¡oh Mundo!, ¿cómo cautelar pretendo mi temor, si de su grande misericordia habla el mesmo cántico? Y diréte yo que, si en ese y otros versos dice el texto que es su suma misericordia en eterno, también en sus versos dice que visitará severo, sin que su misericordia se desaproveche en ellos, con la vara y el azote, la iniquidad del protervo. Y siendo así, que no puede, por ir, en rey tan excelso, a más su misericordia venir su justicia a menos, ¿quién duda que haya de hacer, de su parte el Real Consejo la visita general de la Pascua del Cordero el día que residencie la cuenta de los talentos? Conque, para prevenirme a que halle en sus procesos tan sustanciadas las causas, los cargos tan manifiestos, que conozca la justicia sin misericordia de ellos, vengo a requerir la lista de los criminales pleitos en que he de fiscalizar. Y así, vamos recorriendo las estancias para que sea, cuando llegue el tiempo, memoria de sus olvidos el libro de mis acuerdos. Siendo tú la querellante parte, a cuyo pedimiento presos están (pues sin ti, Culpa, no estuvieran presos), y siendo yo el Mundo, que en mi confianza los tengo, mientras la muerte no traiga, (ministro tuyo a quien dieron vara de Corte tus iras), de soltura el mandamiento, para que del mundo salgan, o ya al castigo, o ya al premio, mal impedirte podré ese reconocimiento que hacer intentas. Aquel que miras, campo desierto, sin más población que chozas, al sol y al agua y al viento, es el de Adán, donde habitan él y sus hijos y nietos en ley natural, ceñida solamente a dos preceptos: de amar a Dios más que a sí y a todos como a sí mesmo; pero, aunque suaves ambos, como infestados nacieron, del quebrantamiento de uno pasó su quebrantamiento a los dos; conque, mandadas juntar las causas, se vieron cómplices de inobediencias, homicidios, adulterios, robos y usuras; y, en fin, idólatras sacrilegios; bien, que no desconfiados de que vendrá su remedio, fiados en que arrepentido Adán de su error primero, con sus familias está a todas horas diciendo: ábrese el carro primero; se ven en él a ADÁN, CAÍN y ABEL. Pequé, Señor, y aunque infinito ha sido,... ...pequé, Señor, y aunque infinito ha sido,... ...por tu infinito objeto, mi pecado,... ...por tu infinito objeto, mi pecado,... ...que temo en tu justicia ser perdido,... ...que temo en tu justicia ser perdido,... ...espero en tu bondad ser perdonado. ...espero en tu bondad ser perdonado. Todo el género humano, contraído... Todo el género humano, contraído... ...en mi deuda, tras mí truje obligado. ...en mi deuda, tras mí truje obligado. Duélate, que no puede mi delito... Duélate, que no puede mi delito... ...lo infinito pagar sin lo infinito. ...lo infinito pagar sin lo infinito. Inútilmente porfías, pues no son más tus lamentos que dar al mar lo llorado y lo suspirado al viento. No digas eso, Caín, que el llanto es llave del cielo, y quien abre sus candados también abrirá los nuestros. Eso será tarde, o nunca. Al humano entendimiento no le toca saber más de lo que le diga el tiempo; aprovecharle le toca. Y así, para que en provecho nuestro resulten sus frutos, valgámonos, hijos, de ellos. A CAÍN. Tú, que dado a la labranza de la tierra, cuyo aumento, arrojándosele en granos, vuelve en espigas el feudo, ofrece a Dios sus primicias, que es justo agradecimiento el darle de ciento uno pues él da por uno ciento. A ABEL. Tú, que al pasto de las crías más aplicado te veo que a la labor de los campos, de aquesos rebaños bellos, que en océanos de nieve cubren los prados amenos, y en bruta esmeralda, Abel, les dan de balde el sustento, ríndele también a Dios piadosos ofrecimientos, que si en ésta son primicias en otra edad serán diezmos. De mis ganados, señor, iré a escoger el cordero que en ellos dé más sin mancha su cándido vellón terso para ofrecérselo a Dios en sacrificio, creyendo que símbolo, desde ahora, de algún alto sacramento a ser venga. Si a eso va, también yo en trigo te ofrezco darle, señor, de mis mieses algunas; pero las menos granadas, que no he de darle, costándome al sol y al hielo afanes de todo el año a su destemplanza expuesto, lo mejor, cuando lo habré menester para mí mesmo. Vanse CAÍN y ABEL. Id, pues, que yo quedaré pidiendo a Dios sean acetos uno y otro sacrificio hasta que logre mi anhelo. Que el cielo en la tierra, la tierra sea cielo. Dejemos la natural ley en su estado primero, que no quiero saber de ella más de que, si en ella temo ver que hay cordero inmolado, también hay para consuelo dañado trigo; con que, si en uno y otro hay misterio, también habrá en uno y otro castigo a unos, si a otros premio. Vamos, pues, más adelante, Mundo. Si de mi primero tránsito, primera edad y primera ley, tan presto pasar pretendes (en fe de que en fantásticos cuerpos de alegóricas figuras no se da lugar ni tiempo) hasta dar con la segunda ley ven conmigo; y supuesto que, en los cómputos del siglo, fue de Adán a Noé el entero círculo de la primera edad del mundo, pasemos, desde Noé hasta Abraham la segunda transcendiendo, de Abraham a Moisés. Vamos a la tercera. Primero di ¿por qué la edad segunda pasas sin hacerme acuerdo de qué presos hay en ella? Porque, en aquese intermedio que hay desde Adán a Moisés, se inundó todo el terreno de la gran cárcel del Mundo, conque no me quedó preso en ella, puesto que todos ya sentenciados salieron; y así, por sentencia dada en cosa juzgada, dejo su edad aparte, y pasando a que sólo se eximieron del diluvio ocho personas en no sé qué retraimiento que sobre mí elevó el agua a las regiones del viento, voy a que ellos fabricaron segunda cárcel de nuevo para la segunda ley, que en los incultos desiertos de Sinaí promulgó, esculpida en mármol terso, Moisés; conque en natural y escrita, los dos preceptos, a diez dilatados, vuelven a ser los diez los dos mesmos. En esta ley se labró nuevo cuarto; y así vemos, pasando desde Abraham a tercera edad, el tiempo hasta David, suntuosos edificios, y entre ellos la gran torre de David, donde siguiendo el concepto de tu idea, también yace entre sus gentes, diciendo: ábrese el segundo carro, y se ven DAVID y SALOMÓN. Inmenso Dios, de mí te compadece... Inmenso Dios, de mí te compadece... ...al verme envuelto en mi mortal discordia,... ...al verme envuelto en mi mortal discordia,... ...no según que mi culpa lo merece,... ...no según que mi culpa lo merece,... ...sino según tu gran misericordia,... ...sino según tu gran misericordia,... ...y según el gran número que ofrece... ...y según el gran número que ofrece... ...de conmiseraciones la concordia. ...de conmiseraciones la concordia. De tu piedad, del libro de los días,... De tu piedad, del libro de los días,... ...borra, Señor, iniquidades mías. ...borra, Señor, iniquidades mías. Con amplia gracia, pues tu gracia ha sido la viva fuente de inmortal pureza,... Con amplia gracia, pues tu gracia ha sido la viva fuente de inmortal pureza,... ...lava las manchas en que me ha tenido el lodo vil de mi naturaleza,... ...lava las manchas en que me ha tenido el lodo vil de mi naturaleza,... ...no porque yo lo tengo merecido, sino porque conozco mi flaqueza. ...no porque yo lo tengo merecido, sino porque conozco mi flaqueza. Y confieso que siempre conjurado va contra mí, conmigo mi pecado. Y confieso que siempre conjurado va contra mí, conmigo mi pecado. Pequé, Señor, pequé contra ti sólo. Ve adelante, que no quiero que encienda mi ira la blanda voz de su arrepentimiento. Oye antes a Salomón. ¿Hasta cuándo tus extremos han de durar? Hasta cuando Dios se compadezca de ellos. Todos ese feliz día, Señor, esperamos, pero no llorando, sino dando gracias; ¿no has dicho tú mesmo que con alegría sirvamos a Dios y que le alabemos con júbilos y con himnos, con tímpanos y salterios? Sí, que el día del Señor también es culto el contento, como el contento sea culto; mas, ¡ay de quien un pequeño contento arrastró a mayor precipicio y...! Pero esto ya más es para llorado que dicho. Lo que te advierto es que te guardes de ver, porque es la vista veneno del alma tan poderoso que ha menester por remedio... ...que el cielo en la tierra, la tierra sea cielo. Bien me aconsejas, mas no sé si (por más que los cielos me favorezcan, no sólo con la herencia de tus reinos, pero con los demás dotes sobre la corona y cetro, de infusa sabiduría), podré vencer el afecto que a idólatras hermosuras arrastra mi entendimiento. Vase. Bien me dijiste en que oyera a Salomón, pues con eso, si a uno aflige su pecado, a otro lleva su deseo al cuarto de las mujeres que también presas tenemos, sin que a la hermosura valga el sagrado del respecto; y ya que de aquí pasamos, ¿qué fábrica es la que veo allí, que empezada y no perficionada, en diseños de lo que espera ser, sólo tiene echados los cimientos? Un cuarto, que aún no labrado está, por falta de medios; pero no por eso deja de tener en un funesto, hondo calabozo a cuantos, en fe de Abraham, creyendo que le reedifique aquel deseado Príncipe excelso, con los muertos reputados, esperan su advenimiento: profetas y patriarcas son. Abre su obscuro centro que para escribir sus causas me importa reconocerlos; abre. Sí haré. Dentro. ¡Ah de la cárcel! ¿Quién llama? Dentro. Allá van dos presos. La ronda de la justicia presos tray. Veamos primero quién son y por qué los tray. Dentro. Por ladrones bandoleros, salteadores de caminos. Entren pues, que el Mundo expuesto está en recebir a cuantos a él vengan. Salen DIMAS y GESTAS de bandidos. ¡Valedme, cielos, que ya sé que mis insultos a morir me trayn! ¡Infiernos, valedme, que por los míos también sé que a morir vengo! Para asentar la partida, de que ya a mi cargo os tengo, decid vuestro nombre. Dimas. Decid vos también el vuestro. Gestas. ¿Por qué vos venís? Por delitos que confieso haber cometido. ¿Vos? Por otros dicen, mas niego haberlos yo cometido. De modo que, ¿vos confeso venís y vos negativo? Mas, ¿quién me mete a mí en eso, si eso ha de decir la causa y al Mundo, sólo teneros hasta que se vea, le toca? Venid, pues, porque, en abriendo este calabozo, en él aseguraros pretendo. Haces bien, facinerosos tales en su obscuro centro es justo que estén. ¡Ay, Culpa, en qué desdicha me has puesto! ¿Luego me conoces? Sí. Más valiera que no; pero, aun conocida, seguirte sabré hasta el último aliento. Llegad, pues, llegad entrambos a esos umbrales. Lleguemos dónde nuestra Culpa, Gestas, nos lleva. Llega tú, puesto que la conoces; que yo ni la conozco ni quiero conocerla. Yo te haré que me conozcas bien presto. Mundo, abre esa puerta. Intenta abrir la puerta. Ya lo procuro, mas no puedo abrirla. ¿Por qué? Porque, aunque la busco, no tengo su llave yo en mi poder. ¿Cómo? Como no la encuentro entre cuantas, de infinitos tristes calabozos, tengo, sepulcros de otros. Aparta que yo la romperé. ¡Cielos!, ¿a dónde llegó la Culpa, desde el instante primero de los mortales, que no encontrase el paso abierto? Hace que quiere abrir la puerta y no puede. Tampoco yo puedo abrirla, que sus cerrojos de hierro son, sus aldabas de bronce, y sus candados de acero, imposibles de que pueda yo, ni abrirlos ni romperlos. Dentro instrumentos. Aún no es esa la mayor confusión, sino que, dentro, Abraham con sus familias, de Adán y David siguiendo la aclamación, también dice en lastimosos acentos... Dentro. ¡Cuándo, Señor, será el día que abra la tierra su centro y produzca al Salvador! Dentro. ¡Cuándo, Señor, será el día que abra la tierra su centro y produzca al Salvador! ¡Qué no esperado consuelo en mí han causado estas voces! En mí, ¡qué aborrecimiento! ¡Qué ira en mí! Y en mí, ¡qué pasmo! Dentro. ¡Cuándo en blando rocío tierno darán las nubes al justo! Dentro. ¡Cuándo en blando rocío tierno darán las nubes al justo! ¡Cuándo el paraninfo bello, que ha de dominar la tierra, consolará al universo! ¡Cuándo el paraninfo bello, que ha de dominar la tierra, consolará al universo! Cuando a morir, sin morir, se apure mi sufrimiento, viendo que, unidas las voces de Adán y David al seno de Abraham, juntas en él, repiten todas a un tiempo... ¡Cuándo, Señor, será el día de aquel gran prometimiento, en que el cielo y tierra unidos en admirable comercio, el cielo en la tierra, la tierra sea cielo! Ciérranse los carros. ¡Qué mucho que tú te admires, si se admira el Mundo, oyendo que de esas confusas voces repite lejano el eco...! Canta dentro el ÁNGEL. ...pax hominibus in terris, et gloria in excelsis Deo. ¿Al hombre en la tierra paz y gloria a Dios en el cielo? ¿Qué voces son éstas, Mundo, tan contra el uso del eco, que oyendo unas, vuelve otras articuladas del viento? No sé, no sé; porque sólo sé que su dulce concento suena en el aire, y que yo, en mis ámbitos, no tengo al dueño que las pronuncia. Pues, ¿quién puede ser su dueño, que ni la Culpa ni el Mundo le conocen? Más atentos oigamos, por si otra vez se repiten y podemos algo entender. ¿Has oído jamás más dulces acentos? ¿Qué acentos? Que yo no oigo sino gemidos y estruendos. ¿Cómo, cuando a cielo y tierra dicen voces y instrumentos... ...pax hominibus in terris, et gloria in excelsis Deo. En pie se queda mi duda. Mucho escucho y nada entiendo. La mía más adelante pasa, pues pasa su extremo a delirio, a frenesí, a ilusión, a devaneo, a pasmo, a letargo; pues, dudando el mundo y creyendo, ni creyendo ni dudando, es enigma de sí mesmo. ¿Qué hará la Culpa si al Mundo en tal confusión ha puesto? Lo que el Mundo: ir a inquerir, los rumbos del sol siguiendo, quién el músico es de tanto armonïoso portento. Espera, ¿cómo en la cárcel, sin encerrar, a unos presos tan incorregibles dejas? Seguros quedan, supuesto que si en la cárcel entraron por la puerta de ese viejo edificio y tú los trays a la puerta de este nuevo, que no podemos abrir, dejando a los dos en medio, seguros los dejo, Culpa, pues entre puertas los dejo. ¡Oh, no sea que edificio cerrado uno, otro aún no abierto, uno nuevo y viejo otro pasen, sincopando el tiempo, a ser sombras de algún alto Viejo y Nuevo Testamento! ¿De qué lo temes? De que otra vez a dudar vuelvo... Yo, a alegrarme... Yo, a afligirme... Yo, a estar absorto y suspenso... ...oyendo que vuelven a decir los ecos... ...gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en el suelo. Con esta repetición se van los cuatro, y sale el ÁNGEL, cantando en un bofetón, que dé vuelta al carro. Canta. ¡Gloria a Dios y paz al hombre publiquen al universo el sol con estrellas, el mar con espumas la tierra con flores, con auras el viento! ¡Gloria a Dios y paz al hombre sigan, tras los elementos, sin sañas las fieras, las plantas con frutos, con voces las aves y el pez con silencios! ¡Gloria a Dios y paz al hombre de que el prometido tiempo se acerca de aquel comercio admirable que exalte lo humilde y humille lo excelso! Dígalo yo, que del alto Olimpo del sol desciendo nuncio, enviado a tratar que se vean lo eterno ceñido, abreviado lo inmenso; a cuya causa, el divino trocado al humano imperio, batiendo las alas, el orbe discurro, porque de todos repita el consuelo, en felices albricias de ver que, el cielo en la tierra, la tierra sea cielo. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en el suelo! Con esta repetición pasa el ÁNGEL, y salen el PRÍNCIPE, mirando un retrato, la JUSTICIA, dama, con espada, y la MISERICORDIA, con un ramo de oliva. Bella imagen que copié del ejemplar de mi idea para que tu gracia sea el símbolo de mi fe, de cuantos triunfos logré el día que, en su heredad, la suprema majestad de mi padre me entregó reinos y gentes que yo rigiese a mi voluntad, en ninguno puse más (¡oh humana naturaleza!), los ojos que en tu belleza, que no olvidaré jamás; tan en mi memoria estás desde el punto que te vi, que a mi ser tu ser uní, con tan suave lazo fuerte que me ofreceré a la muerte por darte la vida a ti; y pues sois en este día (que aguardo ver su concordia) Justicia y Misericordia, polos de la monarquía que de mí mi padre fía, decidme, aunque yo lo sé sobre dos leyes, ¿de qué ley necesita un gobierno para establecer eterno los méritos de su fe? Que ya que de su grandeza dueño soy, consultar quiero (pues obras de gracia espero medir, para más fineza, con las de naturaleza) de qué una gran monarquía consta desde el primer día que se funda, porque en todo nos ajustemos al modo de mística alegoría. Una república bella consta, Señor, de la gente; y así, es lo más conveniente que a poblalla y poseella nazcan vasallos en ella, que comercien en su abismo. Suceda en ésta lo mismo, pues cuantos a ella vendrán Misericordia, podrán renacer en el Baptismo. Nacer, Señor, no es bastante, si no se sigue al nacer a perfecta edad crecer y ser hombre el que era infante; porque con fervor constante confirme en su corazón la ley y la religión que le des. Justicia es; y, así, tú podrás después darle la Confirmación. Nacer, Señor, y crecer a perfecta juventud no es la robusta salud que el mortal ha menester; y, así, le importa tener remedios a la dolencia de una y otra intercadencia. Misericordia, a esa ruina saludable medicina le dará la Penitencia. Aunque ella le ha de curar, será fuerza que le des convalecencia después, en que pueda desechar las reliquias que dejar suele el mal. De esa aflición, Justicia, supla otra acción la extrema necesidad que deje la enfermedad con nombre de Extrema Unción. Ves aquí, Señor, que atento, nace el hombre, vive y crece, que enferma y que convalece, ¿qué hará sin el alimento que le sirva de sustento? Pues, el más fuerte varón, sin esta vital porción, perecerá. Pan de vida todos, para su comida, tendrán en la Comunión. ¿Qué importará que nacido se vea el hombre, confirmado, convalecido, curado y, en efecto, mantenido, si en justicia y paz regido no está de algún tribunal, que le gobierne en igual ley, en que habrá menester juez supremo? Ese ha de ser el Orden Sacerdotal. Aunque todos lograr puedan altos favores, ningunos vendrán a ser, como unos en otros no se sucedan. Monarquías que se heredan de una en otra duración las más políticas son. De esa verdad, testimonio será dar el Matrimonio ligítima sucesión; ésta espero yo lograr con tan general consuelo de todos que, ni del cielo las estrellas, ni del mar las arenas, numerar puedan la gran población, que de una en otra región, coronada de laureles, venga a ser unión de fieles; a cuya causa, elección tengo hecha ya de una esposa tan perfecta y soberana que en ella la idea humana, naturaleza dichosa, se cifra, tan toda hermosa como veis en su ejemplar; y así, traté de enviar al vasallo más fiel, para que en mi nombre él me fuese a capitular. ¿Pues hubo dificultad en que la elegida fuese? No, que yo quise que hubiese mérito en su voluntad, resignada en la verdad de mi amor. Sale el ÁNGEL. Bien de ese amor logrado traigo el favor. ¿Cómo? Como a tu propuesta, sólo escuché por respuesta: "esclava soy del Señor". Con esa resignación que la más pura belleza que vio la naturaleza dio en su nombre a mi pasión, en alas del corazón, inspiradas de mi fe, y en su traje, pues ya sé que en cortesanos amores los disfraces son primores, yo mismo en persona iré, en muestras de mi afición, hasta su tierra por ella, a recibilla y traella a donde la aclamación, lealtad y veneración, gloriosamente festiva de mis gentes la reciba. Todos, desde luego, en muestra diremos de la fe nuestra que felices siglos viva. Viva, y publicad por toda la capacidad que encierra la redondez de la tierra, la felicísima boda a que mi ser se acomoda. En voz de pregón que, altiva, el tiempo en bronces escriba, toda la naturaleza publique que igual belleza Cantado. reine, goce, triunfe y viva. En voz de pregón que, altiva, el tiempo en bronces escriba, toda la naturaleza publique que igual belleza reine, goce, triunfe y viva. Canta. Sepa el Mundo que el Deseado, príncipe por apellido,... Sale el MUNDO. Sepa el Mundo que el Deseado príncipe por apellido,... Canta. ...con la esposa que ha elegido, donde la Culpa no ha entrado,... Sale la CULPA. "...con la esposa que ha elegido donde la Culpa no ha entrado,..." Canta. ...del rey, su padre, enviado para que en sí la reciba, y con prole sucesiva, a siglos el tiempo aumente, y a átomos el sol le cuente, reine, goce, triunfe y viva. "...y con prole sucesiva, a siglos el tiempo aumente, y a átomos el sol la cuente, reine, goce, triunfe y viva..." Vanse y quedan solos el MUNDO y la CULPA. ¿Cómo? ¡Culpa! ¡Mundo! ¿Oíste aquella voz que seguí? Sí, que yo te seguí a ti. ¿Qué es lo que de ella entendiste? Nada. Ciega, absorta y triste, de ti, Mundo, a saber llego qué Príncipe es éste. Luego, ¿tú no le conoces? No. Ni yo tampoco, que yo también, triste, absorto y ciego, no sé quién es. Mas, si aquí me dices cuál es la esposa tan perfectamente hermosa, quizá por ella... ¡Ay de mí!, que jamás la vi ni oí. Y, así, con terror segundo, una duda en otra fundo. ¿Cómo, Mundo, pudo ser príncipe en el mundo haber y no conocerle el Mundo? Como, para mi disculpa, hubo quien para exaltada reina halló en el mundo entrada, sin conocerla la Culpa. Eso, más que te disculpa, mi sentimiento atropella; y es querer a mi querella responderme poco fiel. No es, que no saber yo de él, es por no saber tú de ella. Aún no para en eso, pues, a tercer duda, que acuda quiere el cielo. ¿Qué es la duda? Atiende y sabrás la que es. Para cautelarme, Mundo, de aquel rey que, prometido de los profetas, en tantas figuras, sombras y visos, como en arcanos misterios, contiene el cerrado libro de siete sellos, que sólo el Cordero pudo abrirlos; para cautelarme, Mundo, segunda vez lo repito, de que ya que venga, venga de su justicia movido a castigar riguroso en vez de premiar benigno, en metáfora de cárcel dispuse que, convenidos yo en prenderlos, tú en guardarlos, hallase uno y otro siglo tan acordado en sus penas, tan olvidado en sus vicios, que, como antes dije, sea memoria de sus olvidos el libro de mis acuerdos. Haciendo estaba el registro cuando otras distantes voces de las de la tierra oímos en el aire. ¿Culparás que lo que sabes te digo? Pues no más falta hacer suele lo callado que lo dicho. Las distantes voces eran epitalamios festivos de reales bodas, que han puesto mi ira en tan nuevo conflito como no salir de uno y entrar a otro laberinto. Porque, ¿qué tienen que ver dos asuntos tan distintos, como que cárcel y boda concurran a un acto mismo? Que seas tú, Mundo, la cárcel, ya alegórico lo hizo el sacro citado texto; que a las bodas de su hijo el padre rey convidase a todos sus convecinos a gran cena, ya también hubo texto que lo dijo. Pero no dijo uno ni otro que habían de sonar unidos tanto que, a un tiempo, se oyesen dos tan disonantes ruidos, allí de tristes endechas, aquí de nupciales himnos. ¿Qué ingenio habrá...? Dejo aparte si es o no es el que previsto me amenaza hasta que el tiempo el velo corra al sentido, que agora anda entre dos luces, ni ignorado ni sabido; y voy a ¿qué ingenio habrá que no discurra indeciso, oyendo que a un propio asumpto le suenan en los oídos cítaras aquí y salterios; y allí cadenas y grillos; cánticos aquí suaves; allí míseros gemidos; aquí cláusulas sonoras, allí funestos suspiros; aquí gozos; allí penas; y, en fin, entre llanto y ritmo, confundiéndose mezclados lamentos y regocijos, aquí, el cielo todo glorias y todo allí, ansias el limbo? Tu razón de dudar, Culpa, en mi pecho ha introducido tal confusión que a ser vengo Babilonia de mí mismo. El Mundo soy; no hay nación, no hay idioma, ley o rito que yo no contenga en mí. Y, pues todas las admito, no extrañes, Culpa, que en orden a lo que se ha discurrido acerca de esta venida, en mí diga el Gentilismo: ¿en cuantos dioses adoro, el que a las bodas propicio es, es Himeneo; él sin duda invocado habrá venido a las de algún semidiós, y con aqueso ha podido entrar, sin que Mundo y Culpa le conozcan; pues preciso es que el que no fuera dios, no entrara sin sus registros." La Idolatría: ¿que sea dios, fácilmente lo admito, treinta mil son los que adoro en simulacros antiguos; alguno, pues, que entre tantos el que sea no distingo, quizá también, de las diosas que venero, habrá elegido alguna, y a celebrar sus bodas ha descendido del cielo a la tierra. Y pues son en ella astros divinos, íquién duda que tales bodas del cielo nos han venido?" ¿íQué dios ni diosas, si más dioses ni diosas ha habido que nacer porque nacemos y morir porque morimos? Nuestro vientre es nuestro dios; no hay más dios": ciego Ateísmo. ¿íCómo niegas un dios solo -le replica el Hebraísmo-, que es principio y fin de todo, con ser sin fin ni principio? éste adoro y éste espero que ha de enviar a su hijo, como segunda persona suya, a sacar de captivo a su pueblo y..." No prosigas, que ya que oráculo vivo del idólatra, el gentil, ateísta y judaísmo, has respondido a mi modo en sus errados disinios, en llegando a que el hebreo espera aquel prometido rey, que del Austro predice Habacú, no quiero oírlo, por no entrar en la sospecha de si este primer indicio de no conocerle lleva adelante los motivos de ser él; y pues concurren mi sobresalto y tu aviso, veamos qué camino habrá de apurarlos. Un camino se me ofrece, ya que no de apurarlos, de inferirlos. ¿Qué camino? Pues nosotros una idea introdujimos alegórica, y, a nuestro modo de entender, lo mismo con él nos pasa, supuesto que el venir desconocido también dice alegoría, corrámoslas a dos visos. ¿De qué suerte? De esta suerte: prosigue tú en tus registros, conste en ti el género humano siempre reo en sus delitos, en tanto que yo (pues, como Mundo, en cualquier parte asisto), siempre a la mira, notando voy sus hechos y sus dichos, y a saber quién es la esposa, con que después, conferidos su matrimonio y tu cárcel, careados a nuestro arbitrio, veremos si entrambas líneas van a dar a un punto fijo. Así sea; y, porque más el alegórico estilo en todos introduzcamos, démosle nombre. Sea el mismo que le dio su epitalamio: el Deseado. Bien has dicho. ¿Y qué apellido? Supuesto que del padre enviado vino, segunda persona suya, a gobernar sus dominios, su apellido sea el Segundo. Conque nombre y apellido, a quien ya quiera explicarlos, Segundo y Deseado ha oído. ¿Y qué nombre le daremos a la esposa? Pues ha sido la que halló gracia en sus ojos, y la que elegida quiso ver exaltada, su nombre María sea, pues quien dijo María, dijo Exaltada, Elegida y Gracia. De oírlo, estremecida, no sé por qué, ¡ay infeliz!, me aflijo; y si sé que culpa y gracia son extremos muy distintos. Mas no por eso rehúso el seguir los vaticinios que en ti han hallado; y, supuesto que es forzoso dividirnos, parte tú en su seguimiento y vuelva yo a mis registros. Ve, que en él te buscaré con lo que traiga sabido. ¡Oh, sea algo que nos diga este ignorado prodigio! Sí será, que al Mundo, Culpa, nada oculto hay ni escondido que no sea revelado. Yo lo espero. Vase. Y yo lo afirmo. En fe de cuya palabra desde aquesta parte miro, puesto que no se da al Mundo distancia, tiempo ni sitio, que ya el esposo y la esposa, partiendo ambos el camino, en desmantelado yermo páramo, cuyo distrito de pajizas chozas no es más que, en burgos dividido, pobre albergue de ganados, expuesto al calor y al frío, se dan la primera vista, conque una vez repetido y otra vez, vuelve a decir del epitalamio el himno: El príncipe, que Deseado dio el cielo por apellido, con la esposa que ha elegido donde la Culpa no ha entrado, él de laurel coronado y ella de triunfante oliva, reine, goce, triunfe y viva. Con esta repetición salen por una parte JUSTICIA, MISERICORDIA y el PRÍNCIPE; y por otra, el ÁNGEL y la ESPOSA, con todo el acompañamiento que puedan, sonando a un tiempo música, chirimías y atabalillos. Feliz, alegre y venturoso el día, bellísima deidad, cuya mañana, entre arreboles de oro, nieve y grana, repite el alegría de aquél que el cielo vio que descendía, a la voz amorosa del esposo, del Líbano, la esposa, para ser coronada como reina exaltada, que tray consigo el nombre de María. Feliz, alegre y venturoso el día, cuya mañana fue el esposo hallado en desierta campaña, al pie de la cabaña de la esposa, el cabello coronado, sobre el ofir que la madeja dora, del nevado rocío del aurora. Vos seáis tan bien venida como deseada del que, ya elegida, mantuvo la tardanza en la penalidad, de la esperanza, con haber sido, en el antes del antes, siglos las horas y horas los instantes. Por tan sumo favor tan cortesano, os suplico a besar me deis la mano; y perdonad si a hablaros no me atrevo, que es vuestro estilo para mí tan nuevo que no en vano el temor intenta sabio que le explique mejor la acción que el labio: a vuestras plantas... No, sino a mis brazos. ¡Qué blandas redes! ¡Qué apacibles lazos! Venid, pues, donde, en tanto que aperciba mi Corte real aplauso que os reciba, de un retiro ocupéis la corta esfera, ¡qué mucho, pues, aun la del sol lo fuera! Todo mi esposo es gala. Toda mi esposa es bella. Ni el lirio ni el clavel su pompa iguala. Ni una pequeña mancha no hay en ella. Feliz estado. Venturosa estrella. Pues justo es los sigamos, a repetir el cántico volvamos. El príncipe, que Deseado dio el cielo por apellido, con la esposa que ha elegido donde la Culpa no ha entrado, él de laurel coronado y ella de triunfante oliva, reine, goce, triunfe y viva. Con esta repetición, atabalillos y chirimías, se van todos, y queda solo el MUNDO. ¿Qué nuevo afecto, qué nuevo impulso es el que arrebata mis sentidos, de manera (al ver las dos soberanas señas de esposo y esposa, concurriendo a un tiempo en ambas lo alegórico y lo real) que parece que me arrastran, llevándose tras sí al mundo? ¿No vine en su alcance a causa de que, familiar alcaide de la Culpa, de su saña cómplice, como uno de tres enemigos del alma, había de aliviar la ira de su venenosa rabia averiguando a qué punto van dos líneas tan contrarias como cárceles y bodas? ¿Pues cómo de aquella instancia me olvido y me acuerdo de esta nueva duda que en mí causan? Para informarme mejor de lo que conviene que haga, no he de perderlos de vista; y más, al ver que no paran en el ameno retiro de su deleitoso alcázar, sino que, pasando de él a un atochar, cuyas ramas con sus sombras les convidan a los halagos del aura (si ya no es que entre a la parte el hacimiento de gracias), paseándose por sus calles en la fábrica reparan, que, en la más principal de ellas (que es la de Atocha) fundada yace mi cárcel, en quien quedó la Culpa de guarda. En sus umbrales, parados están a las consonancias que dentro se escuchan, pues repiten en voces varias... Dentro. ¡Misericordia, Señor! ¡Señor, duélante las ansias de los que en tristes calabozos claman... Salen. ...en fe de la palabra del prometido bien de su esperanza! «¿En fe de la palabra del prometido bien de su esperanza?» Misericordia, ¿qué voces son las que por ti me hablan? Ésta es la cárcel, Señor, del Mundo; sienten que pasas por aquí, y todos sus presos tu misericordia claman... ...en fe de la palabra del prometido bien de su esperanza. Su clamor me ha enternecido. Fuerza es que justicia haya. Sí, mas justicia hay en quien tiene su lugar la gracia. No es menor la piedad mía, que a mí también me traspasan el corazón sus miserias; y más día cuya alba para mi dicha amanece a vista de su desgracia. Pues enternécete de ella; no des lugar a que añadan... Aplica el piadoso oído, olvidado en nuestras faltas, que perecemos, si tú sus iniquidades guardas. Piedad, Señor, en fe de la palabra del prometido bien de su esperanza, que, entre cuantas prevenciones se disponen a mi entrada, ninguna será mayor, ni de estimación más alta, Señor, que el perdón de todas las culpas. Llamarte basta María, para que seas intercesora en la gracia. Justicia y Misericordia, pues sois los polos entrambas de la nueva monarquía que en nuestros hombros descansa, publicad un general indulto, que quiero se haga a honra y gloria de la esposa, de todas aquellas causas que no tengan parte, y luego, las dos, en pública sala, iréis a hacer la visita en mi nombre. Al cielo gracias dé, que ya, Mundo, saliste de la duda en que te hallabas de no saber a qué punto iban a dar tan contrarias líneas como boda y cárcel. Id, pues, con la circunstancia de que vas, Misericordia, de Justicia acompañada, para que guardes justicia; y tú, Justicia, repara en que con Misericordia vas también para guardarla; que no será acierto en una si no se da unión en ambas. A obedecerte, Señor, iremos, en voces altas público haciendo el indulto. Y yo es bien con ellas vaya, que procurador de pobres soy, a defender su causa. Id; y tú, beldad hermosa, ven adonde retirada en tus jardines estés, hasta que en público salgas. Tu precepto y mi obediencia una cosa son. ¡Oh, humana naturaleza, qué bien cuando te humillas, te ensalzas! Canta. ¡Albricias, género humano!, que el Deseado que esperabas, habiendo venido al mundo, segundo el mayor monarca, un indulto general a honor de sus bodas manda que se celebre, porque tú de tus prisiones salgas. En fe de la palabra del prometido bien de su esperanza. Vanse, y sale la CULPA. Nunca creí que era tan áspid, hasta ver que lo que cantan dentro y fuera de la cárcel, siendo uno gozo, otro ansia, todo es para mí conjuro, cuya música me saca de mí, tan sin mí. ¿Qué es esto? ¿Dónde vas, Culpa? Llevada de un furor, huyendo voy de quien cantando me encanta. Y ya que vuelves a mí, ¿qué es lo que a saber alcanzas, pues tras él fuiste, de aqueste intruso rey? Mucho y nada. ¿Cómo nada y mucho? Como es mucho lo que me pasma y poco lo que averiguo. Si creo que es el que aguarda el hebreo, hallo que no se han cumplido las semanas de Daniel; si no lo creo, también me hace repugnancia el ver que Misericordia y Justicia le acompañan, a quien ha dado poder, (a las piadosas instancias de la esposa, y a honor suyo), para que a indultar las causas sin parte, a la cárcel vengan, de que mi discurso saca que, no en vano, las dos líneas que se tiraron contrarias vienen a unirse. Pues, ¿cómo sin parte puede indultarlas, siendo yo parte fiscal de todas? Por más que añadas ira a ira, temo, Culpa, que bien del empeño salgas. ¿Por qué? Porque da este joven muchas señales de que anda por aquí la sunamitis encubierta y disfrazada, a un viso de esposa y a otro de naturaleza humana. Muy mudado, Mundo, vienes de parecer. No es mudanza, sino confusión, que todo el Mundo a entender no basta, dividido en opiniones. Presto verás que te engañas en pensar que la visita les ha de ser de importancia; porque tengo de manera las culpas averiguadas que, aunque la Misericordia hoy venga por asociada de la Justicia, en justicia, no ha de poder perdonarlas, por más que ahora, alborozados con la noticia de que haya general indulto, todos repitan en voces varias... Mucho temo que no en vano se oiga en todas sus estancias... ¡Albricias, albricias! Pase la palabra de que ya se acerca, en el rey del Austria, el esperado bien de su esperanza. Con esta repetición se entran los dos, y salen GESTAS y DIMAS. ¡Albricias, Dimas! ¿Qué albricias ha de dar el que no aguarda, ya confesadas sus culpas, el que el indulto le valga, según lo graves que son, y es fuerza que satisfaga a las partes ofendidas la Justicia? Con negarlas, en la ratificación, de haberlas dicho te salvas. Mejor espero salvarme muriendo por confesarlas. Yo, por negarlas, viviendo espero hacer otras tantas. Y pues que lo bien negado nunca es bien creído, y que salga yo indultado es fuerza, dame los brazos, que con mil almas siento el ver que mueras por capricho de tu ignorancia. Las chirimías. Quizá es por mi dicha; pero, ¿qué salva es ésta? Esta salva, a lo que desde aquí veo, es de gentes que acompañan la visita, que ya viene entrando en aquesta cuadra. ¿Y qué ruido será aquel que se hace en una ventana? ¿Ahora sabes que ha mandado el rey que a todas las salas se haga una escucha, por ver cómo se juzgan las causas? Retirémonos los dos en tanto que no nos llaman. Sale la JUSTICIA, con una espada desnuda al hombro, y la MISERICORDIA, con un ramo de oliva, y el ÁNGEL con una cruz dorada, y acompañamiento, y siéntanse los dos, la MISERICORDIA a mano derecha, el ÁNGEL, a un lado del bufete en pie, y el MUNDO al otro lado. Aquél es, Misericordia, tu lugar; ceda la espada de la justicia a la paz de la oliva. Por sus ramas, materia de Sacramentos, le admito; no porque haya ni pueda haber en nosotras preeminencia ni distancia. ¿Adónde el alcaide está de esta prisión? A tus plantas. ¿Tenéis hecha ya la lista de los que hoy en esta instancia se visitan? Sí, Señora. Pues id llamando a que salgan; y vosotros los decretos publicad en voces altas. Adán el primero es que espera lograr tu gracia. ¿Por qué está preso? Sale ADÁN. Por deudas a que mi caudal no alcanza a satisfacer, que son infinitas, y aunque haya hecho dejación de bienes, quedando en miseria tanta que el pan de dolor que como es el sudor de mi cara y el agua que bebo es de mis lágrimas el agua, aún con toda esta fatiga a satisfacer no bastan. ¿Quién es la parte? Sale la CULPA. Su culpa. No sólo en aquesta causa, sino en todas; pues a todos la original les alcanza pero aún en las personales. Y pues, es ley asentada oír en justicia a la Culpa, mientras no me satisfaga le embargo en la cárcel, donde el indulto no le valga. Dice bien: justicia es que quien debe pague. Si se halla con caudales; pero habiendo (no pudiendo hacer la paga) hecho dejación de bienes, ya lo imposible le salva para que goce el indulto, pues también ley asentada es que nadie a lo imposible esté obligado. ¿Quién tanta licencia de hablar aquí os dio? Nadie, que el tomarla por procurador de pobres me toca, sin esperarla de otro. Con todo eso, es mucha licencia y... No es, sino... Basta; y pues dar satisfación es justo, y justo que haya de ser con Misericordia, la ley el camino parta: pague Adán su culpa, pero páguela con tolerancia. ¿El monte de la piedad no tiene ya situada limosna para los pobres de la cárcel? Pues, libranza de toda ella se dé a Adán, y él, como cobrando vaya, vaya pagando sus deudas. Y para que en la cobranza, en cuanto a sus diligencias, no haga su persona falta, désele una moratoria con que de la cárcel salga; conque de indulto y de deuda vendrán a gozar sus ansias de la deuda, la justicia, y del indulto, la gracia. Publicad así el decreto. Salga Adán, si no libre, con esperanza de que halló en el indulto justicia y gracia. ¿Quién se sigue ahora? Caín. Sale CAÍN. ¿Por qué está preso? Su causa un fratricidio es; la muerte a su hermano dio en venganza, odio y rencor de que fuese a Dios su ofrenda más grata que la suya. ¿Quién la parte es? Es la sangre que clama pidiendo justicia al cielo. ¿Cuando no lo sea, no basta para condenarle a muerte la ley de «muera quien mata»? El injusto por sí mismo se tray la sentencia dada, y pues, no tiene visita en los indultos de gracia, retiralde condenado a muerte. Mortal, repara que hay delitos a quien vuelve Misericordia la cara al oírlos; por que no peques en su confianza. ¡Oh Justicia de Dios! ¿Quién hará a tu ley repugnancia, si aun el condenado va confesando que eres santa? En que Abel viva, y muera Caín, se declara que la muerte del cuerpo vida es del alma. David es el que presente tienes. Sale DAVID. Su culpa relata. Son dos: adulterio una, y otra homicidio. Que añada yo, es justo, que apartamiento de parte tiene en entrambas. ¿Cómo? Como Bersabé, viuda del que matar manda y cómplice en el delito, no de amar, de ser amada, como parte le perdona; y él, por volver por su fama, por su honor y su opinión, con ella, señora, casa; y dado que ni uno ni otro del pecado no le salva, sálvele lo que le llora, pues desde la noche al alba y desde el alba a la noche, culpas llora y himnos canta. Goce David del indulto, pues que la parte se aparta. Gócele más porque llora, que porque su perdón traya. Salga David libre porque le valga que llorando culpas, cante alabanzas. Aunque perdonadas culpas no son culpas, estimara más no verlas cometidas que el mirarlas perdonadas. Salomón su hijo se sigue. Sale SALOMÓN. ¿Qué es el cargo que le agrava? Ser sospechoso en la ley. ¿Cómo? Como no la guarda. Idólatras hermosuras tanto su saber arrastran, que consta de su proceso haber incensado estatuas. ¿Consta en su declaración que hecho penitencia haya? Nada de su penitencia en todo el proceso se habla. Pues, ¿qué en su descargo alega? Hasta ahora no alega nada, porque su declaración no consta que esté tomada. Luego no viene en estado la causa bien substanciada, el día que falta en ella esa legal circunstancia. Pues, ¿qué hemos de hacer sin ella? Que mientras no se declara, siga Salomón y quede suspensa agora su causa, hasta otro juicio que pueda con más informe juzgarla. Salomón, suspensa siga su causa, mientras otro juicio no la declara. ¿Quién se sigue agora? Quien viene a medir la distancia que, en tan general indulto, lo excelso y lo humilde iguala, sin excepción de personas. Salen DIMAS y GESTAS. Dígalo el que, a vuestras plantas, dos bandoleros ladrones también su piedad aguardan. No aguardan, porque yo niego la verdad de la probanza; que no soy yo el contenido Si hay quien te vio en la campaña, ¿cómo niegas? Como miente quien lo vio. ¿Todo esto para en más que en estar confeso tú, y tú negativo? Tantas son mis culpas, que conozco que debo morir. Aparte. ¡Mal haya el que pierde por su lengua!) Yo no; ni he de confesarlas. Para eso se hizo el tormento, para las semiprobanzas. El que confiesa sus culpas, goce del indulto: salga libre; el que las niega, ya lo dije: a tormento vaya condenado. ¿Ésa es justicia? Sí, pero tan soberana, que al que niega le condena y al que confiesa le salva. Tenga, en Gestas y Dimas, para enseñanza, glorias el que confiesa, penas quien calla. ¿Cómo de aquel calabozo no hay quien a visita salga? Como no pueden salir, que está su puerta cerrada sin que el Mundo tenga de ella llave. Pues, ¿a quién la encargan? No sé. ¿Cómo alcaide eres y no sabes a quien guardas? No sé. ¿Cómo tan turbado...? No sé nada, no sé nada más de que Abraham, en esa prisión, a que venga aguarda quien la abra a él y a sus creyentes. Pues ya vino quien la abra. ¿Quién? La justicia del nuevo deseado rey a quien claman. Ni a ese rey ni a su justicia conozco. ¡Quita! Repara que soy yo quien la defiende. Seré yo quien la quebranta, dándote muerte primero. ¡Espera, detente, aguarda, Justicia! Misericordia, mía es la primera instancia. Mía la segunda. Ponga yo paz entre vuestras armas. Forman los tres las armas de la Inquisición. ¿Qué jeroglífico, ¡cielos!, es aquel que me retrata formado el aire de una cruz, una oliva, una espada, que me aflige, que me asombra, que me estremece y me pasma, como que me está diciendo, en profética amenaza, que este auto sólo es, o sombra, o viso, o fantasma de otro auto que la fe previene, dispone y traza contra todos los secuaces a quien la Culpa avasalla? Pero antes que lo vea, para consuelo me basta el ver cerrada esta puerta, que si no estuvo cerrada allá, en la ley natural, de Adán la primera estancia, ni la segunda en la escrita de Moisés, a mí me basta, como dije, ver que no habrá poder que ésta abra para la tercera ley, si es que ha de ser la de gracia, mientras que yo la defienda con las iras de mi saña. Sale el PRÍNCIPE. ¿Cómo que no habrá poder? Sólo eso me obligara (a correr yo la cortina de velos que me recatan en alegóricas nubes), a ir, después de pasión tanta como me cuesta mi amor, en persona a quebrantarla. ¡Abrid las puertas, abrid los cerrojos, las aldabas, y candados de los hierros que en triste prisión os guardan! ¿Quién ilumina sus sombras? El sol de la mejor alba, que resucitado viene de la oscura noche parda de las tinieblas a que sus rayos os las esparzan. ¡Rompe, Abraham, las cadenas y todas tus gentes saca libres de la Culpa! No es posible libres salgan, si no la dan, de infinito delito, infinita paga. Ya el monte de la piedad satisfizo las pasadas deudas de Adán; conque a todos el indulto les alcanza que yo hice en favor de toda la naturaleza humana. Pues, ¿quién eres? Soy quien soy. Que tú lo digas, no basta. Mi padre y yo lo decimos, y que hace fe es cosa clara el testimonio de dos; y porque lo veas, tirana, ¡Adán, Moisés, Abraham, con cuantas familias, cuantas gentes, natural y escrita ley, inviolables las guardan, venid todos, venid todos, que ya está la puerta franca por donde salgáis, y entre triunfante la ley de gracia! De tan alta maravilla el Mundo te dé las gracias. ¡Ah traidor!, ¿en el peligro me dejas y desamparas? Sí, que en todo el Mundo han sonado sus alabanzas. Pues antes que lleguen ellos, mi ira, mi furia, mi rabia, dándote muerte, será todo el Mundo mi venganza. Huiré de ti, que de ti sólo vence el que se aparta. ¡Seguiréte yo! Tras ella id; o prendelda, o matalda. ¿Qué más muerta, si la muerte del cuerpo no lo es del alma? Por más que me sigas no has de alcanzarme, tirana. Intentarélo a lo menos. Sale la ESPOSA. ¿Qué ruido se oye en la sala de la audiencia? ¿Cúyas voces...? Sale el MUNDO. ¡Mi vida, Señora, ampara! ¿Qué es esto? Un casual temor, que me disculpa el que haya llegado a tus plantas; bien que con la gran circunstancia de que todo este aparato de leyes y gentes varias fue sólo en fe de que viese el Mundo puesto a tus plantas. Dice bien, ese fue el fin: que por reina te aclamaran. ¡Viva nuestra reina, viva con subcesión dilatada! ¡Qué ventura! ¡Qué desdicha! ¡Qué regocijo! ¡Qué rabia! Aunque libres quedan, queda para sus hijos mi saña. También habrá para ellos espléndida mesa franca, siendo mi carne y mi sangre su antídoto y su vianda, que a tu venenosa ira a nueva salud restaura. ¿Qué mesa puede ser ésa? Aparece el Santísimo Sacramento. La que accidentes disfrazan en aquella hostia, que es la más tersa, pura y blanca de mi ser, sagrado erario, donde me quedo, aunque parta. Por no mirarla, iré huyendo donde mi furor me arrastra. Vase. Y tú, amada esposa, ven al Alcázar que te aguarda, dejando para otra pluma los aplausos de tu entrada. El mayor, para mí, es ver aliviadas las ansias de los afligidos. Ya veis cumplida mi palabra. Siempre la tuve por cierta. Jamás faltó mi esperanza. Mi fe siempre la creyó. Justicia fue el esperarla. Misericordia el cumplirla. Pues repitan voces varias,... ...después de pedir perdón de los defectos y faltas, Solo. ...El príncipe, que deseado del cielo por apellido, por la esposa que ha elegido, los presos ha libertado, él de laurel coronado y ella de triunfante oliva, reine, goce, triunfe y viva. El príncipe, que deseado del cielo por apellido, por la esposa que ha elegido, los presos ha libertado, él de laurel coronado y ella de triunfante oliva, reine, goce, triunfe y viva. Con esta repetición de TODOS y la MÚSICA se cierran los carros, y entrándose dentro, y tocando las chirimías, se da fin al auto de El Indulto General. FIN