Personajes PADRE de familias EMANUEL, su hijo ADÁN EL JUDAÍSMO EL SUEÑO LA IDOLATRÍA LA APOSTASÍA LA CULPA GABRIEL MARÍA LA FE LABRADOR 1 LABRADOR 2 LABRADOR 3 LABRADOR 4 MÚSICA Salen el Padre de familias, viejo venerable, vestido de mayoral, y Emanuel, su hijo, de galán. Mortales hijos de Adán que en las fértiles campañas del universo vivís a merced de la labranza: el gran Padre de familias, rico mayoral de cuantas heredades cultivaron jornaleras vuestras ansias, para la mejor de todas hoy os convida y os llama, porque es una virgen tierra tan pura, limpia y intacta, que de su cosecha espera y de sus frutos aguarda no sin gran colmo llenar la troj de sus esperanzas. ¡Ea, pues, venid, venid a su labor!, que a esta causa al alba os despierta, dando cumplimiento a la palabra de aquel mayoral que dice la Escriptura que a la plaza del mundo salió a buscar sus jornaleros al alba. Dentro Labradores de la tierra que vivís de cultivarla, ¡despertad, que viene el día! Ya, Señor, tus voces claras y claras luces del sol penetran a un tiempo y rasgan esas los azules velos y aquellas las sombras pardas, cuyo esplendor, cuyo ruido hacen una consonancia en el hombre y en la flor careando la semejanza que Job significa cuando el hombre a la flor compara que con la sombra fallece aunque con la sombra nazca; pues así como la flor da al tiempo edades de nácar cuya pompa de rubíes fue vanidad de esmeraldas, el hombre restituido a sus sentidos da al aura breves alientos, que son caducas flores del alma. Con todo, aún no bien despiertos responden. ¡Ah de la humana familia! ¡Venid, venid a mis voces, que la paga ya sabéis cuánto segura en mí tiene el que trabaja las obras de su tarea! Dentro Amigos, el sueño basta; despidámosle por hoy, que al umbral de su cabaña el mayoral de estos montes con el jornal nos aguarda. Vaya, pues, de entre nosotros despedido el sueño. Vaya. Sale el Sueño vestido de villano. Sí haré, mas vendrá la siesta, que yo tomaré venganza de los baldones de agora. Villano, detente, aguarda, y si es que el trabajo buscas, haz cuenta que ya le hallas en mi jornal. ¡Eso es bueno para mí, que a cabezadas suelo matar a cualquiera que donde yo estoy trabaja! Pues ¿quién eres? Soy aquel que a cobrar va de la humana vida el primero tributo que ofrece a la muerte en parias; aquel que, hurtándole el medio caudal, es ladrón de casa tal que, aunque hace falta el hurto, hace el ladrón mayor falta; aquel familiar veneno que prestadamente mata, siendo hijo de la pereza y padre de la ignorancia; aquel que de tan villano se precia, que en pobres pajas suele estar mejor hallado que no en las delicias blandas de la pluma, porque tiene por enemigos en armas al cuidado de la honra y al desvelo de la fama; aquel que, echado del hombre, se sale cada mañana a buscar la vida, y no la vulgaridad me valga, pues es cierto que voy solo a perderla con buscarla; aquel, pues, que siendo siempre sombras, delirios, fantasmas, tal vez suelen ser misterios que ni se entienden ni alcanzan; aquel… Pero ¿dónde voy con difinición tan larga siendo el Sueño y siendo fuerza admirarme de que haya quien no me conozca? Pues no os admire esa ignorancia, que no conocen al Sueño los que en sí, sin vos, descansan y sin saber de vos viven en continua vigilancia. Por lo menos no podéis negarme que buena fama no tenéis, pues no os echáis a dormir. Locuras bastan, y idos de aquí, que admitiros no quiero yo en mi labranza, porque en ella perezosos no me sirven ni me agradan y ya llegan los que espero. El que a todos se adelanta es Adán. La Natural Ley representa y señala, y así madruga el primero. Pues aunque no me des plaza de jornalero, he de andar entre ellos buscando trazas de estorbarles las tareas, pues siendo yo semejanza de la muerte y de la culpa, debo ser amigo de ambas y he de buscar de vengarme ocasión. Vase y sale Adán vestido de pieles, y Labradores de la misma manera, y todos con azadones. Danos tus plantas. Se arrodillan. De la tierra alzad, amigos. Sí haremos, pues tú lo mandas, porque se vea en aqueste rasgo de piedad tan rara que los que a servirte llegan de la tierra se levantan. Se ponen de pie. Y yo, en el nombre de tantos profetas y patrïarcas como en la Ley Natural me siguen y me acompañan, haré contigo el asiento del jornal a que nos llamas, ya que el cielo nos condena por mi culpa y mi desgracia a que hayamos de vivir en las ásperas montañas del llanto de nuestros ojos, del sudor de nuestra cara. Llora. Pues ¿quién eres o por qué lloras con terneza tanta? ¿Tú lo ignoras? No lo ignoro, pero conviene que haga esta pregunta (no tanto por la imitación humana cuanto por ocasionar con las memorias pasadas esas lágrimas que vierte y esos suspiros que lanza); ¿quién eres, pues? Aunque suelen decir por grande alabanza «el primer hombre del mundo», en mí hay razón tan contraria, que decir el primer hombre es, más que excelencia, infamia. ¿Por qué? Porque desterrado salí de mi hermosa patria por un delito. Tu historia me cuenta. Escucha y sabrasla. En alegre, en feliz, en dulce estado, todo amor, todo paz, todo alegría viví, teniendo a la obediencia mía pez, ave y fiera en mar, en viento, en prado. El pesar con las señas disfrazado del contento llegó tanto, que el día aun no supo decirme si venía de pesar o contento acompañado. Yo entre los dos (¡oh, rigurosa suerte!) equívoco juzgué (¡necia disculpa!); quise seguirle y vi que era mi muerte la que seguía, y luego en un momento llegó la noche y vi que era mi culpa: ¡tanto engaña el pesar, tanto el contento! De tu infelice tragedia no poca parte me alcanza y quizá es la labor de hoy en orden a repararla; y para que lo conozcas quiero que el asiento que hagan los de la Ley Natural sea de un talento paga suficiente, y más si ellos bien este talento gastan. Esto es cuanto al precio; cuanto a que tengan esperanzas de remedio, escucha agora: sabrás, si bien se repara, cómo puede ser remedio de tu culpa mi labranza. Aquí, curiosos, aquí hoy vuestra atención me valga, porque habemos de ajustar, si a tanto el ingenio basta, cómo es la Madre la tierra y el fruto el Hijo, mirada la alegoría a dos luces, siguiéndose a un tiempo entrambas. Este del mundo mejor pedazo, por ser montaña de Judea, en sí contiene (ya lo dije) la sagrada parte de una virgen tierra, fértil, pura, limpia, intacta tanto, que no ha caído en ella yerro de sulco ni azada que la cultive, pues ella purpúreas rosas y blancas, que son sus virtudes, brota tan hermosas, que a la saña ya de los rayos del sol, ya de los soplos del aura, sin abrojos se defienden y sin espinas se guardan. Esta, pues, tierra felice labrar quiero, porque aguarda el cielo que de sus frutos el contraveneno salga de aquel primero veneno, que no en vano en la pasada lid de elementos tuviste la mies por amparo y guarda, pues se ha de sembrar en ella el grano de mi palabra, que es el trigo. Así el sagrado Evangelio lo declara cuando dice que es el reino del cielo su semejanza; y pues mi palabra dije que se ha de sembrar, y es clara cosa que es el trigo el cielo, cuando aqueste trigo nazca nacerá con él quien es el Verbo de mi palabra; y para la estimación que a esta heredad soberana he de dar, en ella pienso fundar por legado y manda el mayorazgo a mi hijo, en cuya hermosura y gracia se ha complacido mi amor, siendo su familia y casa unión de fieles, herencia la más ilustre y más alta. ¡Ea, pues, Ley Natural!, ya que prevenciones tantas dicen cuánto en su labor te importa la vigilancia, empieza de su tarea la ocupación, que es labrarla para que se siembre, pues lo primero que se encarga a un jornalero es que antes que el grano en la tierra caiga esté labrada y dispuesta, porque dispuesta y labrada conciba y para fecunda los frutos en abundancia; y pues vosotros venisteis más que todos de mañana, vosotros sois a quien toca disponerla y cultivarla. Pero advertid que ha de ser su labor tan nueva y rara, que ha de ser a pura fuerza de penas, suspiros y ansias, porque regándola solo de vuestros ojos el agua y del cielo el rocío, virgen a un tiempo conciba y para y quede, siendo bendito el fruto de sus entrañas. Yo por la Ley Natural te doy, Señor, la palabra de que en la suma asistencia de su labor no haya falta. Todos decimos lo mismo. Que alguien nos enseñe manda ya la heredad. Con vosotros irá un criado a enseñarla. ¿Gabriel? Sale Gabriel. ¿Señor? Mi heredad a estos obreros señala. Venid, que yo os diré de ella, ya que llevo esta embajada de parte del dueño mío. Si puedo puesto a tus plantas merecer, Padre y Señor, que hoy una fineza hagas por mí, sea que yo sea obrero de esta labranza. Déjame que yo el primero en ella tome la azada y, como los demás hombres vestida la jerga basta de humana naturaleza, vean que entre ellos trabaja el hijo del mayoral sin rehusar la destemplanza, ni del agosto el calor, ni del diciembre la escarcha. Lo mismo que tú me pides es lo que a Gabriel encarga mi voz; mas deja primero que a labrar la tierra vayan los hombres, que en mereciendo su fe ventura tan alta, irás tú. ¿Y cuándo, Señor, yo con aquesta esperanza naceré a la tierra? Cuando el trigo a la tierra nazca. Vase. ¡Ea, pues, amigos míos, tened, tened confianza de que seré entre vosotros compañero en vuestras ansias! Vase. Porque no perdamos tiempo en bien tanto, en dicha tanta, dinos ya qué tierra es esta. ¿Veis desde aquí las montañas de Judea, y a la parte de Nazaret una casa? Sí, por señas de que más parece sagrado alcázar de la torre de David. Ciudad ceñida y murada es sobre quien vela el cielo. Tanto a serlo se levanta, que parece escala suya. Y después de ser escala, huerto es concluso. Es verdad, pues que sus puertas cerradas se ven, siendo en sus almenas las estrellas luminarias. Pues esa escala, ese huerto, torre, ciudad y muralla en sus términos contiene esta tierra que exaltada habéis de ver. Yéndose. Oye, espera: ¿esa voz divina y santa no quiere decir María? La duda en las sombras basta; no hablemos tan claro. ¿Y dónde vas tú agora? A visitarla de parte del dueño mío porque se vea que mana, de empezar tú aquí la obra, sembrar yo allí la palabra. Vase. ¿Qué misterios son aquestos que nuestra vista no alcanza? Ese sentido dirá adelante esta sagrada alegoría, y así por ahora saber nos basta que es esta la fértil tierra que han de labrar nuestras ansias. Pues en ella divididos, empezando el llanto vaya la labor. Mejor será, si así el trabajo se engaña, que sea el canto quien la empiece. Ya llora el que triste canta. Pues cada uno por su parte cantando y llorando vaya al compás de la tarea, siendo instrumento la azada. Cantan cavando los cuatro, Adán en medio, y sale la Culpa escuchando. Canta. Para templar el disgusto de nuestro destierro impío… … llueva el cielo su rocío, dennos las nubes al Justo. ¿«Llueva el cielo su rocío, dennos las nubes al Justo»? ¿Qué nueva canción es esta que hoy entona la villana naturaleza del hombre cuando mísera trabaja en la labor de esta tierra? Pero oigamos lo que falta. Canta. Para templar la inquietud de nuestro llanto prolijo… … danos, Señor, a tu Hijo, envíanos la salud. ¿«Danos, Señor, a tu Hijo, envíanos la salud»? Músicos son de estas voces profetas y patrïarcas, cuyo misterio no entiendo si más no se me declara. Canta. Para templar el rigor de nuestra continua guerra… … ábrase, Señor, la tierra y produzga al Salvador. Vanse los cuatro Labradores. ¿«Ábrase, Señor, la tierra y produzga al Salvador»? ¿Qué secreto incluye en sí decir que la tierra se abra y que al Salvador produzca al tiempo que de labrarla trata el hombre? Llegaré de él a saberlo. ¿Qué estraña suspensión de mis sentidos me enajena y arrebata? ¿Qué luces son o qué sombras estas que miro? ¿En qué cavas, hombre, en tu imaginación o en la tierra? ¡Ay, Culpa ingrata!, imaginación y tierra cavando estoy, porque saca hoy mi discurso que han sido una misma cosa entrambas; y así, déjame este breve rato de afligirme el alma. ¿Cómo he de dejarte, cómo, si desde aquella pasada lid del pesar y el contento soy sombra que tras ti anda? Es verdad, mas de la sombra oye una propiedad rara: cuando en las espaldas da el sol, la sombra a la cara trae uno; mas cuando en ella da el sol, viene a las espaldas. Es así, pero ¿qué quieres en eso decir? Aguarda. Cuando yo pequé, volví la espalda a Dios, cosa es clara, y así hizo el Sol de Justicia que yo delante la traiga; pero hoy que la cara vuelvo a ver su luz, no me espanta tu horror, pues arrepentido de mi culpa y mi ignorancia, dándome en la cara el sol, has de andar a las espaldas. ¿Y quién te ha dicho que el Sol de Justicia con sus claras luces te ilumina? El mismo ejercicio en que me hallas. ¿No es labrar la tierra? Sí, pero es tierra tan sagrada, que con llanto se cultiva y con suspiros se ablanda. Tierra de Adán, en efecto, es en la que Adán trabaja, y así como en tierra suya pondrá la Culpa las plantas haciendo que de su huella abrojos y espinas nazcan; Intenta moverse, pero no puede. mas, ¡ay de mí!, que no puedo moverlas para pisarla. ¿Qué línea, qué margen, cielos, aqueste término guarda de tierra de Nazaret que la Culpa no le pasa? Si labrar la tierra, Adán, es tu ejercicio, levanta la mano y imprime en ella ese yerro de tu azada, que así la tierra se rinde. Esta dar su fruto aguarda sin que la alcance ni toque yerro mío. ¡Pena estraña! ¿No es este el de Adán? Sí. Pues suelta y verás si la alcanza. Quítale la azada. Mas, ¡ay de mí!, otra vez y otras mil veces yerta y helada, soy de fuego y nieve a un tiempo ni viva ni muerta estatua; un áspid tengo en el pecho, un cordel en la garganta, que el corazón y el aliento impiden y despedazan, pues uno el uno me quita y el otro el otro me arranca. ¿Cómo, cielos, (¡qué rigor!) el yerro de Adán (¡qué rabia!) no hiere (¡qué sentimiento!) esta virgen tierra (¡qué ansia!) y en las manos (¡qué desdicha!) de la Culpa (¡qué desgracia!) suspensa queda la acción sin poder ejecutarla?, Cáesele la azada. a cuya novedad toda la naturaleza humana atónita o suspendida o se embelesa o se pasma, a tiempo que porque saque el sol, que a verlo se para, en figura y figurado dos efectos de una causa, Dentro instrumentos. dentro allá de Nazaret se escuchan músicas varias. ¡Ave, pura, virgen tierra, bendita y llena de gracia! ¡Ave, porque sea bendito el fruto de tus entrañas! ¿«Ave, pura, virgen tierra, bendita y llena de gracia. Ave, porque sea bendito el fruto de tus entrañas»? ¿Qué tierra, Adán, o qué fruto, dime, es aqueste? Esa instancia está a nuestro mayoral por agora reservada; él con llanto solamente labrar su heredad me manda, dando a la Ley Natural señales anticipadas de lo que ha de ser, y así no me toca más de que haga prevenciones a la tierra para que conciba y para Verbo y Trigo, que han de ser su semilla y su palabra, diciendo en las profecías de aquesas músicas varias: Dentro. ¡Ave, pura, virgen tierra, bendita y llena de gracia! ¡Ave, porque sea bendito el fruto de tus entrañas! Representando y cantando se va Adán. ¡Detente, villano, espera, que en ti mi cólera airada se vengará!… Mas, ¡ay, cielos!, que el que me ha atado las plantas para no entrar este linde también las manos me ata para no darte la muerte, que aunque es verdad que a mi saña no la falta su poder, la fuerza por hoy la falta. ¿Qué tierra, cielos, es esta? Ya que no puedo tocarla, desde lejos bien podré reconocerla y mirarla. Mira al vestuario. Cándida azucena, rosa mística son las que esmaltan su campo, inspirando al viento aromas de mirra y ámbar; un lirio, un ciprés, un cedro, una oliva y una palma la hermosean y guarnecen y allí una fuente sellada en la forma de culebra la da un arroyo de plata que sus plantas fertiliza; mas, ¡ay!, no es esta la causa, sino haber dicho «culebra» y haber de verse en sus plantas. ¿Quién de su labor podrá, a estos obreros que andan sembrando ya la semilla del grano y de la palabra, impedirles las tareas? Sale el Sueño. Yo podré, que tengo gana de hacer que todos me sueñen, puesto que todos me agravian. Pues, Sueño, si te parece que tú a suspenderlos bastas, las letales sombras mías gobierna, dispensa y manda. Sí haré; y pues ya de las horas el mayor reloj señala la del mediodía, partiendo desde el cenit sus distancias tan iguales que en el auge, árbitro a la azul campaña, duda cuál es lo que ha andado o lo que de andar le falta, haré que a esta siesta rindan las tres potencias del alma, de suerte que un limbo obscuro escondida y sepultada tenga la Naturaleza. Pues ¿qué esperas? Ve y ataja esa codicia penosa. ¿Quién creerá que mi venganza, siendo hasta aquí fugitiva, sea desde aquí sin pausa? Vase el Sueño. Cajas dentro. Pero ¿qué gente es aquella que de los desiertos baja a estos valles, trascendiendo el rigor de sus montañas? Mas ¿cómo, si soy la Culpa, en mí hay duda ni ignorancia? Israelitas son; al paso les saldré, mostrando ingrata que de la Ley Natural la Culpa a la Escripta pasa. Salen el Judaísmo , la Idolatría y la Apostasía. Deidad de aquestos montes, en cuyos desiguales horizontes sin duda alguna eres o la Flora o la Venus o la Ceres pues por ti nos franquean sus verdores las mieses, las delicias y las flores, dinos, ya que la luz primera has sido que al paso a recibirnos has salido, ¿cuál en esta campaña del mayor mayoral es la cabaña? Aparte. (Estos no han conocido que soy la Culpa; gran ventura ha sido poder hacer que sus jornales gocen obreros que su culpa no conocen.) Míseros estranjeros, si a ser venís de su heredad obreros, llegad, llegad conmigo; yo os guiaré. Tan bello norte sigo, marinero feliz, que he de ser fundo de estos enjutos piélagos del mundo. Aparte. (De guiarlos yo mi rabia me disculpa, pues interés dañoso de la Culpa es que con ella errado el Hombre vaya, aunque vaya al trabajo, porque haya más en mí esta razón de ser serpiente cuando halagar para morder intente.) La cabaña es aquella del mayoral; llamad, que él está en ella, y pienso que a buen tiempo habréis venido, pues la Ley Natural, dando al olvido la labor en que al dueño satisface, en blando sueño por agora yace. Se retira la Culpa. ¿Tú por qué te retiras? Porque temo verle el rostro. Si él causa en ti ese extremo, ¿en nosotros qué hará? Y pues no lo ignora, no te ausentes agora. Yo volveré (a turbaros los sentidos) Aparte. en estando a su sueldo reducidos, de que te doy la mano y la palabra. Con esa condición el irte sea. Sí haré, porque se vea que aunque tu afán la tierra hiera y abra, en vano labra quien en Culpa labra. Vase. ¡Ah de la gran cabaña en cuya esfera la luz del sol dudosa reverbera porque con su esplendor la luz es sombra! ¿Mayoral de estos montes? Sale el Padre. ¿Quién me nombra? Quien por rumbos distintos, venciendo los confusos laberintos de la vida, a pesar de sus pesares penetra ya desiertos y ya mares. Nosotros, peregrinos, transcendiendo caminos tarde o nunca pisados, a tu jornal venimos destinados, bien que nos desconfía haber llegado a la mitad del día. No os pese de eso, porque nadie ignora que yo recibo gente a cualquier hora que ella a servirme venga sin que en mi casa ni familia tenga estorbo quien mi paga solicita; mas ¿qué ley profesáis? La Ley Escrita, que es de misterios piélago y abismo. ¿Y quién eres tú en ella? El Judaísmo. Todos su ley seguimos; si bien los dos de un mismo bando fuimos, yo el infelice día que reprehendió Moisés la idolatría, cuya gran religión, de dioses llena, a la gentilidad mi afecto ordena. Yo soy de aquellos que en Moab dejamos la Ley y por amor prevaricamos, de cuya acción nació la Apostasía. Aunque a los dos para familia mía nada aqueso os abona, no he de exceptar persona, pues el castigo o premio hallar espere gastando allá el talento que le diere bien o mal, y así quiero que en mi servicio estéis; y pues infiero que, suspendiendo la labor penosa de la Ley Natural, allí reposa la gente en limbo obscuro sepultada, dejándome la obra comenzada sea justo que tú me la prosigas. Sí haré, pero conviene que me digas en qué estado dejó esa ley la tierra. Dispuesta y cultivada, y mi palabra en ella ya sembrada, que este es el trigo que en su vientre encierra. Según eso, ¿no yerra mi discurso en pensar que en su tributo a mí me tocará coger el fruto? Claro está. Pues envía quien la mies nos enseñe, y de mí fía este cargo. ¿Gabriel? Sale Gabriel. ¿Qué es lo que mandas? Pues tú de mí a la tierra por mí andas siendo el embajador de mi deseo, que esto Gabriel decir quiere en hebreo, con mensaje segundo vuelve otra vez al mundo y enseña a esos obreros la heredad que enseñaste a los primeros. Mercedes son que me haces no pequeñas. Venid conmigo. Aparte. (Si a unos di por señas de Nazaret la casa, a otros les he de dar, porque ya pasa la hora a otro estado, la de Belén, que viéndose sembrado el trigo, y ya para nacer, bien digo que su seña es Belén, casa de trigo.) Vase con los tres y sale Emanuel. Ya, Padre soberano, que segundos obreros de tu mano sueldo y jornal reciben y en tu servicio desvelados viven, dame aquella licencia que me ofreciste, porque mi presencia, yendo yo a visitallos, en sus fatigas pueda consolallos. Yo, hijo, no quisiera que su consuelo desconsuelo fuera de mi amor. ¿De qué suerte? ¿Qué amante no temió desdicha o muerte? No vas seguro, que ese pueblo ciego que hoy dice que me sirve, ha idolatrado tal vez, y tal después ha apostatado, y enamorado luego de su Culpa se halla. ¿De su Culpa? Pues solo a desterralla es bien vaya, que en tu familia justo la Culpa, en su aflicción y mi disgusto, no es que esté introducida, y ya no importa aventurar mi vida. Pues con ese pretesto no lo puedo negar, síguelos presto. Dime, ¿por dónde van? Desde la casa de Nazaret hasta Belén te pasa, que allí los hallarás. Pues, Padre mío, dame tu bendición. Si yo te envío a la tierra, tu afecto me disculpa y ver que vas a desterrar la Culpa. No mi ausencia te deba afectos tales, que voy a ser mortal con los mortales. Vanse y salen el Sueño y la Culpa. Ya postrada, ya rendida a funesta sombra obscura dejo una Ley reducida. ¿Qué le importa a mi locura ver la primera dormida, si la segunda a seguir viene aquesta misteriosa labor, y es fuerza sentir cuán alegre y codiciosa obedecer y servir su mayoral solicita?; con que el temor no me quita que fruto que con fe tal siembre la Ley Natural venga a cogerle la Escrita, y más cuando llego a ver que la tierra fecundada (¡ay de mí!, ¿qué puedo hacer?) está del trigo preñada y el grano para nacer. Pues si de ese fértil grano de ocultos misterios lleno imaginas, aunque en vano, que ha de ser de tu veneno antídoto soberano, haz tú que nazca con él yerba animada que infiel le vicie de su virtud. ¿Qué contrario hay tan crüel? Tres hay, que cualquiera daña la espiga de aqueste trigo: la langosta y la cizaña y la neguilla, enemigo de toda aquesta campaña; una te puede negar misterios que ha de tener este trigo, otra talar sus campañas, y otra hacer que nadie llegue a gustar sus frutos, si en el abismo fuesen de tu favor mismo neguilla la Apostasía, langosta la Idolatría y cizaña el Judaísmo. Dices bien, y pues se hallaron esos enemigos tres en ese pueblo que ves, pues de ellos idolatraron y apostataron después, en ellos en opiniones, argumentos y cuestiones introduciré mis iras. Retirémonos, pues miras ya en diversos escuadrones que los segundos obreros vienen buscando la tierra que dejaron los primeros. Sembraré en ellos la guerra de tres enemigos fieros. Salen Gabriel , Judaísmo , Apostasía y Idolatría Una casa derribada, yerma y sola, ¿exaltación de nadie quieres que sea? Presto con veneración será posible se vea de reyes adoración. ¿De reyes? Sí. El pensamiento lo duda. ¿Por qué, si envía Dios a ella… ¿Qué? … el augmento? Que es Josef esa voz siento. Es verdad. Yo, que es María exaltación. Sí, también. Yo no he de creer que den de Josef y de María los nombres tanta alegría a la casa de Belén. Y haces bien: su voz te engaña. Si tu voz me desengaña, siempre sentiré lo mismo. (Ya empieza en el Judaísmo a sembrarse la cizaña.) Yo dudo que sea verdad poder sola una deidad hacer los prodigios que hace. (Ya en la Idolatría nace la tala de la heredad.) Yo fácilmente creería que un Dios todo lo podría, pero no que al trigo dé tantos méritos la Fe. (Ya es neguilla la Herejía.) A mí no me toca en tal duda hoy responder a quien la tiene; allá el mayoral a quien sirva mal o bien le pagará bien o mal. Vase. Yo los cargos he de dar. Será favor singular. Eso de los tres me esconde, que no estoy yo bien adonde se trata de trabajar. Vase. Tú, que de la Idolatría un tiempo el bando has seguido, segarás el trigo el día que nazca. Elección ha sido como tuya y como mía, pues la hazaña singular de mis iras enemigas langosta es que ha de talar sus campañas, siendo espigas los cuellos que ha de cortar. Tú, en viendo el trigo segado, le has de aventar. Cargo es muy conforme a mi cuidado siendo la Herejía, pues siempre secar me ha tocado. Tú, que el Judaísmo eres, le has de trillar y moler. Bien a todos me prefieres, y pues que le ultraje quieres, la cizaña vendré a ser; y pues que dispuesto me hallo, el trillo es este que ves. Saca una cruz. Esta la hoz que ha de segallo. Saca una guadaña. Y este de tres puntas es bieldo que ha de levantallo. Saca un palo con tres clavos. Pues que ya en los tres se encierra mi furor moviendo guerra, digan todas las criaturas: Dentro Música. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra! Esperad, ¿qué nuevo acento es el que suspende el viento? No solo un acento es, sino una luz en quien ves desatarse el firmamento. Una y otra el aire yerra. Y una y otra las obscuras sombras del mundo destierra. Dentro Música. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra! ¿Quién igual prodigio vio? ¿Quién vio jamás tal portento? ¿Quién tal música escuchó? ¿Quién vio tal luz en el viento? ¿Quién causa este efecto? Sale Emanuel. Yo. Jornaleros de la vida, labradores de mi Padre, gloria a Dios y paz al hombre el cielo y la tierra canten pues en tan felice día para glorias, para paces de Dios y del hombre veis que el trigo en la tierra nace al mismo tiempo que yo vengo a ella para hallarme compañero en vuestras penas y amigo en vuestros afanes, mostrando a más luz la oculta correspondencia que trae nacer a un tiempo los dos de tierra y de Virgen Madre, a cuya causa los hombres, las fieras, los peces y aves con música me reciben, que es la salva que me hacen como vasallos que son de la deidad de mi Padre, solo y absoluto dueño de esos orbes celestiales, de esos empinados montes y de esos soberbios mares. A sentir vuestras fatigas, y a aliviar vuestros pesares, y a ser el primero vengo que en esta heredad trabaje desnudo como vosotros al sol, al yelo y al aire; y no contento con ser igual vuestro en este traje, quizá seré el mismo fruto que… No pases adelante, que aunque nos admira el verte, más admira el escucharte. ¿Por qué? Yo responderé el primero: porque añades dudas a dudas compuestas de estrañas contrariedades, pues decir que la deidad de quien a la tierra sales sola es, siendo así que son infinitas las deidades, es engaño, a cuya causa, ya que la siega me cabe, sin darte crédito iré talando de aquestos valles las espigas que contigo nacieron, porque te espantes. Vase. Yo bien creo un poder solo y, por más que lo disfraces, creo también que eres su hijo; mas que de hacer creer trates que tú y el trigo sois frutos y que habéis nacido iguales a hacer lo mismo uno que otro, son muchas dificultades; y así no, no me ocasiones a que estas tres penetrantes puntas que tres clavos son de la tierra te levanten de suerte que, suspendido, veas pendiendo del aire que como el trigo te aviento, ya que como el trigo naces. Vase. Yo creo solo un mayoral poderoso, inmenso y grande, pues a solo un Dios ofrecen sacrificio mis altares; pero que tú seas su hijo y pobre y desnudo bajes a vivir entre nosotros, permíteme que lo estrañe, porque yo no he de creer que su heredero se humane tanto que sin pompa venga de truenos y rayos; y antes que lo crea obligarás, padeciendo mil ultrajes, que como el trillo te trille, te muela y te despedace porque como trigo mueras, ya que como trigo naces. Vase. ¿A qué a la tierra has venido en ese villano traje si no habían de conocerte los obreros de tu Padre? Ya de sus ingratitudes me avisó Juan en la parte que dice que en este mundo no ha de conocerme nadie. Pero si tú, Culpa, eres de aquestas flores el áspid, ¿qué mucho que ellos errados, confusos y absortos anden? Luego ¿todavía porfías en que crean los mortales que eres tú el trigo? ¿Pudieran faltar nunca mis verdades? Pues ajustemos los dos la similitud que traes. El trigo en dispuesta tierra prende fértil y abundante. Yo también, pues fértil tierra fue la que dispuso un ángel. El trigo a las inclemencias del sol y del yelo nace. Yo también, pues no rehúso todas sus penalidades. El trigo en caña y espiga grano y paja mezcla iguales. Yo también: divinidad y humanidad lo declaren. El trigo sediento crece de las lluvias agradables. Yo también en los desiertos padeceré sed y hambre. El trigo de agudas puntas granado coronas hace. Yo también haré corona de puntas más penetrantes. El trigo a la hoz se humilla luego que se ve más grande. Yo también, pues de la muerte la hoz espero inexorable. El trigo sufre que el trillo le huelle, le pise y aje. Yo también, pues ultrajado me verán mis humildades. El trigo al aire obedece cuando aventado se esparce. Yo también, pues esparcidas daré mis voces al aire. El trigo a una troj reduce del campo las libertades. Yo también las de mi vida reduciré a estrecha cárcel. El trigo a una piedra dura se entriega a que le quebrante. Yo también, pues quebrantado daré a una piedra el cadáver. El trigo en pan se convierte, blando alimento süave. Yo también seré alimento convertido el pan en carne. ¡Calla, calla, que a esa voz volcán soy que en un instante lleno de fuego tirita y lleno de nieve arde! ¿Tú habías de ser tan trigo en la verdad que llegases nunca a ser pan? Sí. ¿Cómo? Este acto lo dirá adelante. Pues primero que lleguemos a tan misterioso examen, dándote la muerte yo lo embarazaré. ¿Ahora sabes que antes el darme la muerte será el mismo fruto darme? ¿Cómo? Como si no muere grano que en la tierra cae, no produce, pues es fuerza que uno se corrompa y dañe para que otro nazca de él; luego vendrán tus crueldades, cuanto antes me den la muerte, a hacer que dé el fruto antes. Eso he de ver yo. Pues llega a mis brazos. Más cobarde te vi otra vez cuando en otro alegórico combate fuiste rodeando el camino porque yo no te tocase. Es verdad, mas fue que entonces en lo general mostrarte quise que no era posible que a mí la Culpa llegase; llega pues, que siendo tuya Luchan los dos. la hago mía; porque arranque de una vez estas raíces de la heredad de mi Padre, de ella saldrás. ¡Ay de mí, resistirme intento en balde! ¿Idolatría? Sale la Idolatría. ¿Qué quieres? Que me defiendas y ampares de quien arrojarme intenta de vosotros; pues que traes el instrumento que yo te he dado para que tales las mieses, sus pasos siega. Sí haré; esta línea no pases. Levanta la guadaña. ¡Ay de mí!, que de la muerte me representas la imagen con esa guadaña, a cuyo horror en la tierra yace Hinca la rodilla. desalentado mi brío tanto que el sudor es sangre; ya en derribarme en la tierra tu oficio de segar haces. ¡Dale muerte! Sí haré… Pero la hoz de la mano se cae Cáesele la guadaña. a la Idolatría, porque causa no halla en él, y antes de la sentencia que pides es bien que mis manos lave. ¿Apostasía? Sale Apostasía. ¿Qué mandas? Que de un peligro me guardes: en defensa de mi vida esos clavos penetrantes del bieldo esgrime. Sí haré. Aunque con ellos me claves pies y manos ejerciendo tu cargo, que es levantarme de la tierra, he de seguir de aquesa fiera el alcance. ¿No le das muerte? No puedo, que yo herirle y injuriarle en sus misterios podré, no en su persona. ¡Ah, cobardes! ¿Judaísmo? Sale Judaísmo. ¿Qué das voces? Mi vida es bien que restaures contra quien matarme intenta. Pues ¿quién intenta matarte? Ese joven que diciendo viene altivo y arrogante que es hijo del mayoral. Solo porque se lo llame faltándole para serlo tantas previstas señales le diera la muerte yo, cuando no por ver que cause escándalos en la tierra que labra, y así he de darle la muerte; y aqueste yugo, pues dice que es tan süave, del carro, en cuyo ejercicio me halla este impensado trance, ha de ser el instrumento. ¿Qué es lo que intentas? ¿Qué haces? Quitarle la vida. Advierte… Mira… Apartaos de delante. Cógenle los dos en medio. … que está de los dos en medio. Nada aqueso me embarace: tú, ¿no idolatraste?, y tú también, di, ¿no apostataste? Pues ¿qué importa que entre dos facinerosos le mate? Dale con la cruz y cae en el suelo. Perdónale, Padre mío, porque ignora lo que hace. ¿Qué has hecho, bárbaro? No lo sé, pues al mismo instante, empañado todo el cielo, quiere que su luz me falte. ¡Ay de mí! Herido, y deshecho, y atormentado de tales injurias, toda la mies regando iré con mi sangre. A tanto prodigio absorto, de ti es fuerza retirarme. Yo, absorto a tanto prodigio, antes pretendo acercarme a él, que verdaderamente es hijo de deidad grande. Tú, Gentilidad, tendrás conmigo en mi reino parte, heredero de la mies que perdió por sus crueldades el Judaísmo. Terremoto. ¿Qué es esto? ¿Quién hay que este eclipse cause, si, siendo del sol, la luna se ve dos veces menguante y la república toda de esos orbes celestiales parece que desplomada está titubeando fácil para dar un estallido si se cae o no se cae? Padre mío, Padre mío, ¿por qué me desamparaste? Cae abrazado de la cruz. ¿Apostasía? De mí ni te valgas ni te ampares, que aunque yo no he de creer los sacramentos que hace, en cuanto a su muerte no he de ser participante. Vase. ¿Idolatría? Tampoco ni me nombres ni me llames, que desde aquí tu enemigo he de ser hasta quitarte patria, libertad y vida en defensa de esta sangre. Vase. ¡Ay, Culpa, ahora te conozco! Pues ¿de qué que lo soy sabes? De ver que todos me dejan y tú sola me acompañes; ¿dónde, dime, ocultaré mi delito? En mí no trates hallar consuelo, que yo al que más estime y ame puedo ponerle en el riesgo, pero en el riesgo dejarle. Vase. Pues yo, porque el sol no vea ruina de tan lamentable tragedia, de aqueste monte en la más inculta parte le esconderé entre dos piedras que sean sepulcro de jaspe, pues prófugo y vago es fuerza que ya el Judaísmo ande aborrecido de todos y no amparado de nadie. Toma la cruz. El instrumento conmigo llevaré para ocultarle porque testigo no quede que… Dentro cajas y dice la Fe. No paséis adelante, haced alto, que yo sola he de llegar a informarme de su cabaña. ¿Qué gente es esta que a media tarde marchando a estos campos llega? No hay cosa que no me espante. Sale la Fe. Dígasme tú, monstruo cruel, que tan confuso y turbado vas de sangre salpicado, cuál de estas cabañas fiel es la que… Yo no sé de él. ¿Antes de saber el fin respondes? En su confín estará. ¡Qué ciego abismo! No sé de él. Aqueso mismo a Dios respondió Caín. (Pues eso respondo yo: con justa razón lo fundo, pues soy el Caín segundo que al segundo Abel mató.) ¿No me das respuesta? No. Espera… ¡Pena crüel! Aguarda… Yo no sé de él. Oye… Solo huir intento. Tendrete yo. El instrumento que mató al mejor Abel de la mano me has quitado. Déjale la cruz. ¿Qué Abel? No sé de él, no sé. Vase. Con él me quedo, con fe de que verte tan turbado señas son de tu pecado, y pecado que ha podido tenerte tan suspendido. No sin misterioso intento me deja a mí el instrumento que veo en púrpura teñido. ¡Todo es sustos cuanto creo, todo pasmos cuanto admiro, todo horrores cuanto miro, todo asombros cuanto veo! Solo allí aparte segado se ve el trigo que ha nacido; del bieldo allí sacudido, del trillo allí maltratado, de piedras allí apretado se ve también. ¿Dónde están sus obreros que no dan, cuando el fruto se desea, ni este tiempo a la tarea ni estas horas al afán? Pero un villano ha salido al paso… Si te enternece quien una duda padece, dime lo que ha sucedido al que allí yace rendido, que así le han desamparado sus jornaleros. Sale el Sueño. Turbado lo diré, que en tanto empeño todo el descuido del Sueño se ha convertido en cuidado. ¿Ves esa heredad que yerma entre suspensas labores obstenta desamparadas mieses, trillos, bieldos y hoces, siendo la causa un cadáver que de la cumbre del monte rosas deshojadas vierte a un valle que las recoge? Pues ese estrago, esa ruina testigos son desconformes de la ignociencia de un Dios y de la culpa de un hombre, en cuya lucha ostentaron ya piedades, ya rigores. El más venturoso amante y el más desdichado joven murió a sus manos, y él, turbado, confuso y torpe, dejó la heredad cubierta de lástimas y de horrores, de suerte que monte y valle la sangre inunda, que corre tanto, que de ella animadas cada flor es un Adonis. Llegó a su Padre la nueva, no ya porque sean veloces las del mal, cuanto porque nada hay que dude ni ignore; y así desde lo eminente de su cabaña con voces lastimeras se lamenta al ver que en iras atroces robusta fiera ejecuta la voluntad de los dioses. Vase y sale el Padre y Gabriel. Aunque pudiera yo como David los campos maldecir de Gelboé al ver en ellos la sangrienta lid que horror al mundo y pasmo al cielo fue, mandando al sol que desde su cenid ni luz ni rayo a estas campañas dé, su rocío negándole al albor porque no beban de él fruto ni flor; pues aunque muerto un hijo miro en él, no inobediente, no, y esto es decir que de un hijo la pérdida crüel es el no obedecer, no es el morir. ¡Ay, sangre justa del mejor Abel!… Mas ¿quién pudo mis lástimas oír? Quien, aunque tarde llega a tu heredad, hallar espera en ti abrigo y piedad. ¿Quién eres? Capitana de esa unión de fieles que, llamados del afán, ocupando en callada suspensión ese valle de lágrimas están; buscando vienen con piadosa acción como herederos míseros de Adán tu jornal, y negársele no es bien pues se le diste al bando de Moisén. Confieso que ya el lóbrego capuz de la noche cubriendo el mundo va, mas no por eso ha de faltarme luz si el Sol de tu Justicia me la da. Este süave yugo que de cruz la imagen tiene y en mi mano está merezca hallar en ti gracia, porque mi fe consiga méritos de fe. La tuya de manera me obligó, que negarte no puedo mi jornal: tarde has venido, mas por eso no, si sirves bien, he de pagarte mal. Gracia hallar solicitas en mí; yo te la ofrezco si a Escrita y Natural Ley la labor acabas, porque así de Gracia nueva Ley empiece en ti. Vase. Si a los primeros que guié les di por señas la ciudad de Nazarén, si luego a los segundos ofrecí las derribadas ruinas de Belén, toda Jerusalén te doy a ti. Vase. Pues mía es hoy toda Jerusalén, a cuyo efecto llamará veloz a todos el acento de mi voz: Canta. A ver, mortales, venid el trigo que en Nazaret concibió una virgen tierra para parirle en Belén. Venid, mortales, venid y veréis que el pan de este trigo pan de ángeles es. Vase y sale el Sueño. Esto del pan me ha sonado, si digo verdad, muy bien, porque siempre el que es amigo de dormir lo es de comer. Sale la Culpa. ¿Qué voz, oh, Sueño, ha sido esta que el viento ha herido? No sé, porque solamente yo de ella he podido entender… ¿Qué? … que terceros obreros, llamados de una mujer, van a acabar la labor de esa misteriosa mies convidando con el pan que de su trigo… Detén la voz, no prosigas, no, que ese pan, ¡ay de mí!, es el cumplimiento de tantas sombras como yo intenté en Ley Natural y Escrita borrar y desvanecer. ¿Cómo, ¡ay de mí!, embarazar de estas figuras podré lo figurado en el pan? Que muy mal podrás se ve, porque son muchos obreros los que convoca la Fe a su voz, a cuyo acento se para el aire otra vez. Un clarín. Dentro Venid, mortales, venid y veréis que el pan de este trigo pan de ángeles es. Seña es con que el mayoral sus obreros junta a hacer cuenta con ellos, a fin de pagarlos mal o bien, si sirvieron bien o mal. Día de juicio ha de ser en cuyo tribunal yo fiscal de todos seré. Van saliendo todos. Tarde habemos despertado. Bien tenemos que temer de dar la cuenta. Aunque yo desamparada dejé su heredad, y nunca a ella imaginaba volver, esa trompeta, que horrible imán de los vientos es, por fuerza me trae. Y a mí. Y yo, aunque soy la Fe, temblando vengo en el día que es el mayoral el juez. ¿Qué haré yo, si tiemblas tú, de quien me vengo a valer poniéndome de tu parte? ¡Oh, Gentilidad, con bien vengas a mi gremio! Sale el Padre. Ya que con mi seña os llamé para pagaros a todos vuestros jornales, haced cuenta conmigo qué tiempo me habéis servido, porque no quede a deberos nada. Yo vine al amanecer. Y yo vine al mediodía. Yo a la media tarde. Pues ¿qué habéis hecho en mi servicio? Yo no más que disponer esta tierra con mi llanto. Eso es lo que quiero ver. Pues por testigo te doy la casa de Nazaret. Ábrese la primera nube y aparece en ella Gabriel y María de bulto. ¡Ave, pura, virgen tierra, tan llena de gracia que eres bendita y bendito es, ha sido y ha de ser el fruto de tus entrañas! ¡Ave, divina Raquel, bendita entre las mujeres, pues contigo el Señor es! Esclava soy del Señor, y aunque indigna, cúmplase hoy en mí su voluntad. A Adán. De ti estoy servido bien, y aunque la siesta dormiste, el tiempo te pagaré que la tierra cultivaste. Yo entré a servirte después que tu palabra sembrada se vio; dígalo Belén, aquesa casa de trigo adonde le vi nacer, repitiendo nuestras voces las que entonces escuché. Descúbrese la segunda nube, y en ella una María con un Niño en los brazos entre unas manadas de trigo. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre también digan la tierra y el cielo, pues para gloria y placer de Dios y del hombre nace hoy este trigo en Belén! Después de nacer el trigo, ¿qué cuenta me darás de él? ¿Qué cuenta he de dar? ¿No era segar, trillar y moler mi cargo? Pues ya lo hice todo junto de una vez deshaciéndole a mis manos. ¿Adónde está? ¿No le ves en la cumbre de ese monte? Ábrese la tercera nube y vese Emanuel en la cruz. Sí, ya le miro, crüel, padeciendo tus injurias. Fuerza era padecer yo esta muerte por el hombre, pues la padecí por él, que viniendo a desterrar Culpa que infinita fue, menos que infinito precio no pudo satisfacer; y así te pido, Señor, que le perdones. Yo hallé en aquese estado el trigo y así en pan le transformé. ¿Y dónde está aquese pan? En la gran Jerusalén, que es la ciudad militante de todo mi gremio fiel. Yo soy Pan y Vino vivo que con mi sangre la Ley de Gracia amasó, en quien hoy me mira sola la Fe realmente en cuerpo y en alma. Pues ya todos juntos veis en figura y figurado que la edad del trigo es la edad mía, discurriendo desde el sembrar al nacer, desde el nacer al morir, hasta que hecho pan me veis, todos a este sacramento celebrad. Huyendo de él, la Culpa queda vencida. Y a todos premiar es bien, y así a la Ley Natural y Ley de Gracia a comer este mismo pan convido. Y tú, bárbaro, crüel, maldito de mí saldrás de mi heredad. Pues ¿por qué a la Idolatría, que hija de la Gentilidad es, no arrojas también de ti? Porque heredera ha de ser de la gracia que perdiste. Según aqueso, ¿también a la Apostasía perdonas? Sí, como llegue a creer los misterios de este pan. ¿Cómo creerlos podré si dices que hay carne y sangre donde solo pan se ve? Reduciendo los sentidos al crédito de la Fe. No es posible. Pues maldito sal de la heredad también… ¡Un áspid llevo en el pecho! ¡Yo en la garganta un cordel! … porque con premio y castigo fin a aqueste auto den de La siembra del Señor; perdonad las faltas dél. FIN