Personajes EL PINTOR EL MUNDO EL AMOR EL LUCERO LA CULPA LA GRACIA LA CIENCIA LA NATURALEZA LA INOCENCIA EL ALBEDRÍO ACOMPAÑAMIENTO MÚSICOS Ábrese un Dragón en el primer carro, y sale de él el LUCERO, vestido de demonio. Si dijo Jeremías, amenazando en truenos las impías sacrílegas acciones de su ciudad, entre otras maldiciones, que aposento serían las entrañas del tartáreo Dragón a las extraña costumbres del pecado; y no sólo Dragón, sino pisado, la siempre dulce lira me interpreta del profeta rey, del músico poeta; si el águila divina, que su vista a los rayos examina de aquel Sol Verdadero de cuya llama ayer era Lucero y apenas hoy pavesa de su llama por una y otra voz Dragón me llama, ¿qué mucho que lo sea, y que uno y otro desgarrar me vea, mantenido embrión de su veneno, el duro vientre y escamado seno? Baja al tablado. Alto empeño me guía, pues a turbar el rosicler del día dejo el abismo y en el mundo entro. ¡Oh tú!, que el pavoroso oscuro centro de ese peñasco habitas escondida, mientras no te declaras homicida de la Gracia, lid siendo escandalosa de la más dulce paz, caliginosa madre letal del sueño, alimentado monstruo del beleño que engendra el negro Monte de la Luna, cizaña de la más feliz fortuna que han de ver los mortales, línea a los bienes, término a los males, mesonera del llanto, huéspeda de los Reinos del Espanto, panteón del siglo, sima de la fama, soplo infiel de la más luciente llama, sombra del cuerpo y cuerpo de la sombra, ¡muerte del alma! ¡Culpa! Ábrese un peñasco y sale la CULPA vestida de negro con estrellas. ¿Quién me nombra? Quien hoy valerse de tu horror intenta. Ya te conozco. Pues escucha atenta: en alta patria… Ya lo sé, naciste. De cuyo padre de familias… …fuiste la privanza. Es verdad, crióme a su lado. Pero nunca en su gracia confirmado. Si una vez lo estuviera, inflexible tu ser, no la perdiera. La causa de mi ruïna… …fue ver una hermosura peregrina… …cuyo retrato, aun antes que ella sea,… …el exemplar te dijo de su idea. Dueño, pues, de beldad tan soberana… …era la gran Naturaleza Humana. Vila, y enamorado,… Texto hay, que fue lascivia tu pecado. …para apagar el fuego que en mi lidia… Texto hay, que fue tu presunción envidia. …y ver si así la majestad la quito,… Texto hay, que fue soberbia tu delito. …no casándose el Príncipe con ella,… …tratas de deslucilla y deshacella. Dije, pues, que no había… …de ser tu reina si inferior nacía,… …y restado al despecho que hasta hoy lloro,… Lo vengativo de tu amor no ignoro. …lleno de penas, ansias y recelos,… Ya sé lo rencoroso de tus celos. …de rebeldes espíritus caudillo,… La Apocalipsi vi, no hay que decillo. …al mismo Rey le presenté batalla. Ezequiel lo dirá, no hay que contalla. En fin, perdí en la acción de lid tan dura… …el esplendor, la gracia y la hermosura,… …saliendo de mi patria desterrado,… …a perpetuas tinieblas condenado. Hasta aquí sé de tus desdichas graves. Pues oye desde aquí lo que no sabes, que desde aquí lo real pierde el objeto, empieza lo alegórico al concepto. De aquel padre soberano el hijo, príncipe heroico, cuya privanza perdí tan rebeldemente loco, que aun llorándola perdida no puedo, obstinado monstruo, arrepentirme de haberla perdido, porque no hay modo de que lo que emprendí ángel pueda retractar demonio, entre otras excelencias que en su gran ser reconozco, y en mis envidias padezco (porque ya en mí todo es odio) la que me atormenta más es coronarse ingenioso, en todas ciencias insigne y en todos estudios docto. Pero aunque la teología la trata como a sí proprio, y las leyes como quien las dicta desde su solio, siendo en la filosofía dueño de sus meteoros y en la medicina dueño de su altísimo tesoro, no son estas facultades las que hoy me dan mis enojos, sino que quiera también no perdonar estudioso de los artes liberales el más inferior escollo. Si la dialéctica sabe, en un silogismo solo lo arguya el mundo, en que es consecuencia uno de otro; si la astrología, no hay astro en todo ese azul globo que él por su nombre no llame; si en la aritmética, pronto el número le obedece de los átomos ociosos; si arquitectura, ese alcázar lo diga, fijo en dos polos; si la geometría, el compás de sus repetidos tornos; si retórica, el asiento de sus figuras y tropos; si música y si poesía, ¿qué plectro habrá más sonoro, qué más consonante ritmo que el concepto numeroso de esa trabada armonía, en quien son cuando los oigo debajo de línea y regla solfa al punto y letra al tono? Y siendo así (como dije) que todo esto me da enojo, aun nada hoy de todo esto es mi ojeriza o mi asombro, tanto como la pintura, en cuyo arte más curioso parece que su desvelo está mirando mi oprobio. No, de propósito, si es pintor o no a argüir me pongo; santos habrá que lo digan, pues a mí me basta sólo saber que es pintor quien sabe copiar un cuerpo y un rostro a su hechura y semejanza; y así, dejando notorio y asentado el atributo, a mis discursos me torno. Seis días ha que en un país se desvela cuidadoso, siendo la obra de seis días de sus estudios el colmo. En el principio era el lienzo a la imprimación tan bronco que solamente una sombra le manchaba los contornos. Diole en el primero día luz, cuyos cambiantes rojos empezaron a hermosearle; el segundo, más vistoso quedó con cielo y con tierra, partiendo el cristal undoso, con el mar el firmamento, y el mar, con fuentes y arroyos; viendo a la tierra el tercero tan árida y sin adorno, que estaba inútil, pasando a pulimento lo tosco, flores pintó en ella, y frutos, a cuyas plantas y troncos, para que mejor campeasen sus copas y sus pimpollos, con sombra y luz le dio el cuarto Sol y Luna, haciendo a trozos oscurecidos y claros, lo trémulo y lo lustroso; de aves y peces el quinto, llenó el aire y pobló el golfo; y hoy que es el sexto, corriendo de sus ámbitos los cotos, de diversos animales cubrió el país, pero todo con ser en su perfección tan igualmente famoso, que él mismo dijo era bueno, complaciéndose gustoso al ver que vivo y pintado no se distingue uno de otro. Ni me aflige ni me da tanto sobresalto como ver que de aquel ejemplar de su idea, en quien yo absorto miré mi primera ruina, quiera sacar misterioso a luz el retrato, siendo de sus primores el logro una imagen, a quien yo me parece que me postro, y que a su beldad rendido, por no adorarla, la adoro, Dirasme ¿de qué lo infiero? Y diré yo de que noto que hoy con desvelo mayor o con mayor alborozo ha escogido los matices, y con sus manos él proprio los ha amasado, tomando de entre el limo, de entre el lodo de la tierra los ocultos minerales, que nosotros no conocemos por tales, y haciendo tratable el polvo, temo que a un soplo pretenda animarle. (¡Cielos!, ¿cómo si al polvo un soplo deshace, siento, dudo, temo y lloro que pueda el polvo vivir a la inspiración de un soplo?). Con este temor, con este recelo, con este ahogo te he llamado, para que de ti valido dispongo no perdonar al deseo medio ninguno de todos cuantos discurre un amante ni cuantos piensa un celoso. Así, Culpa, que aun no eres, para que seas te invoco, pues estando tú a la mira de este parto prodigioso que piensa salir a luz, siendo de la tierra aborto, podrá ser que entre los dos, tú halagüeña y yo amoroso, tú mañosa y yo rendido, tú traidora y yo alevoso, esta imagen le borremos de este artífice, de modo que pintor de su deshonra venga a ser, pues que no ignoro que aunque al óleo de la Gracia la pinte, también nosotros, haciéndola que se incline al temple de sus antojos, la haremos pintura al temple, aunque él la matice al óleo. De tu concepto advertida, Lucero infeliz, no sólo a seguirte me resuelvo y ayudarte me dispongo, pero para que mejor pueda acertar con el modo, has de ver que cautelosa de las acciones me informo de ese artífice; y así, llévame donde ingenioso su taller tiene, que quiero, si yo a su vista me escondo, desde lejos el país reconocer, pues no ignoro que para haber de turbarle, haber de verle es forzoso. Dices bien; y así, a esta parte vuelve (¡ay infeliz!) los ojos. ¿Qué ves? Los primeros bastidores del segundo carro han de ser peñascos con nubes en hombros. Un peñasco veo que tiene una nube en hombros, en quien de cielos y aire celajes se ven, que airosos a tornasoles le listan azules, verdes y rojos. Del primer término pasa al segundo. Córrense los primeros y vense en los segundos bastidores árboles, animales, flores y frutos. Ya el umbroso centro veo de la Tierra, aquí montes, allí sotos, aquí flores, allí frutos, aquí mares y allí escollos. Pasa al tercero. Córrense los segundos [bastidores], y vese en los terceros una fábrica y en sus puertas un lienzo en primado solamente. Ya miro un alcázar suntüoso a cuyas puertas el lienzo aún no acabado está, sólo con la imprimación de tierra, que fue su primer despojo. Suena dentro un instrumento. Pues retírate, que ya, según la música oigo de Virtudes que acompañan siempre sus sagrados ocios, el soberano pintor viene a poner cuidadoso en él las manos. No sé dónde, que el verle da asombro, pueda esconderme. Aquí hay, en la margen de este arroyo, una quiebra. En ella oculta estaré, mas atrás torno, que no estoy bien junta al agua. ¿Por qué? Porque reconozco que el agua (¡ay de mí!) ha de ser el antídoto piadoso de la Culpa. Estas hermosas flores te escondan. Tampoco, que no veo en todas ellas flor que con feliz adorno otra flor no signifique, que inspirada del favonio ha de vencer de la Culpa ábregos, cierzos y notos. Entre estas mieses te oculta. El mismo daño conozco. Entre estas vides. No puedo. Pues ¿por qué? Porque en el oro de ambos granos me parece que están sagrados tesoros de algún Sacramento, a quien aun visto en sombras me postro. Estas olivas. También han de ser materia de otros. Aquí está un tronco cubierto de hoja y fruto. Aquése escojo, a cuyo pie, como incauta serpiente que para el robo se oculta, has de ver que yo mañosamente me enrosco, diciendo en mudos alientos, si ya no en silbidos roncos. que para asechar [sic] a Dios no hay mejor sombra que un tronco. Y yo el árbol de la Culpa desde este instante le nombro. Escóndense los dos detrás del árbol, y salen los MÚSICOS con instrumentos, la INOCENCIA con una tabla de matices, la CIENCIA con el tiento, que será una vara dorada, la GRACIA con los pinceles, y detrás el PINTOR de galán. Ya que en este siempre ufano país de mi ingenio veloz, corrió unas líneas la voz corra otras líneas la mano, porque hoy en el soberano retrato que hacer desea mi amor, quiero que se vea de mis obras el poder; y así, tú, Ciencia, has de ser la que me dicte la idea; tú, Inocencia, la pureza a sus colores darás; y tú, Gracia, añadirás pinceles a su belleza, con que a la Naturaleza saldrán los perfiles fieles de rosas, y de claveles, si el tiento me da la Ciencia, los colores la Inocencia, y la Gracia los pinceles. Si está en el entendimiento el saber del bien, y el mal, a la Ciencia Natural es no pequeño argumento que haya de tocar el tiento de su acierto, u de su error; y así, el primero favor la Ciencia en su mano gana, y pues la haces para humana hazla con tiento, Señor. Dale el tiento con reverencia. De la Inocencia el matiz bien previno en mí obediencia, que al color de la Inocencia no hay hermosura infeliz: de uno y otro fue raíz la tierra, y pues ella encierra los minerales, no yerra quien te representa amante, que adviertas para adelante el que la formas de tierra. Dale la tabla con los colores. Gracia es el óleo, y si él es con quien se han de ablandar los matices, al templar el uno y otro pincel, ¿quién sino la Gracia fiel puede darlos liberal? Y pues de original tal el retrato sacar trato, haz que parezca el retrato en la Gracia original. Dale los pinceles. De las tres las esperanzas sabrán cumplir mis estremos. Y nosotros cantaremos en tanto tus alabanzas. Y pues de pintor alcanzas hoy el glorïoso blasón, y obras de tu mano son cuantas en el lienzo están, ellas mismas compondrán los laudes de la canción. Sube el PINTOR adonde está el lienzo con primado, con tal artificio cubierta de polvos la pintura que al irlos quitando con el pincel se vaya descubriendo el rostro y demás adornos, siendo retrato de la que haya de hacer a la NATURALEZA HUMANA. Y cantan las tres mientras él hace la acción de que la pinta. Pues fueron del Señor obras en su primera creación sol, luna, cielo y tierra, …tierra…, …cielo…, …luna…, …y sol, …bendecid al Señor. Bendecid al Señor. Pues fueron de sus pinceles rasgos en su formación, ardor, hielo, invierno, estío, …estío…, …invierno…, …hielo…, …ardor, …bendecid al Señor. Bendecid al Señor. Mientras él el lienzo anima, laudes le cantan las tres. Eso, claro, entender es que la obra que más estima la acaba a la hora de prima, que tras los laudes irá. ¿Qué esperamos aquí ya, si los perfiles tomando va el rostro perficionando? Ver el alma que le da. Pues fueron de sus dibujos el más hermoso primor, arrebol, noche, día, siesta, …siesta…, …día…, …noche…, …arrebol, …bendecid al Señor. Bendecid al Señor. canta Pues fueron de sus matices líneas que el arte corrió, verdor, ave, pez, y fiera, …fiera…, …pez…, …ave…, …verdor, …bendecid al Señor. Bendecid al Señor. Ya del rostro su belleza forma tomó. Y en mi vida vi cosa más parecida a mi pasada tristeza. ¡Oh Humana Naturaleza! ¿qué mucho que mi esperanza, a manos de tu venganza, odio padezca y amor, si vas siendo de tu autor imagen y semejanza? canta Pues fueron de sus ideas generosa perfección flor y fruto, hojas y plantas, …plantas…, …hojas…, …fruto…, y flor, …bendecid al Señor. Bendecid al Señor. Pues fueron de sus diseños el más heroico blasón albor, nieve, escarcha y lluvia, …lluvia…, …escarcha…, …nieve…, …albor, …bendecid al Señor. Bendecid al Señor. Bella imagen en quien ya, obra de mi mano diestra, todo en mí bondad se muestra en la gracia que te da, formado tu cuerpo está. Por vida y alma apellida, y así alma y vida infundida, verás que una y otra informa, dando a la materia forma este aliento de la vida. Hace como que inspira en el lienzo, y cayendo el bastidor se ve detrás de él en la misma acción que estaba [en] la pintura y con los mismos vestidos la NATURALEZA HUMANA. canta Pues ya coronó sus obras dando al cuerpo que formó voz, aliento, vida y alma, …alma…, …vida…, …aliento…, …voz, …bendecid al Señor. Bendecid al Señor. Canta Naturaleza. Pues ya coronó sus obras dando al cuerpo que formó voz, aliento, vida y alma, alma, aliento, vida y voz, bendecid al Señor. Representa. ¿Qué soberano poder hoy ser al no ser ha dado, que yo conmigo he pasado sin mí del no ser al ser? ¿Quién me dio ojos para ver? ¿Quién oídos para oír? ¿Quién tacto para sentir? ¿Y sobre oler y gustar, vida para respirar y alma para discurrir? ¿Quién soy? Pero ¿qué sentido podrá decírmelo hoy si para saber quién soy fuerza es saber quién he sido? Y esto está tan escondido al primer discurso humano que investigarlo es en vano, pues si quien a mí sin mí me hizo no me informa aquí de mí sin mí, será llano, de ansias mis discursos llenos, no lo averigüen jamás; pues cuando sé de mí más es cuando de mí sé menos. Ya que de razón ajenos estamos… A buscar vamos disfraces con que volvamos a la empresa que seguimos. Fuerza es huir cuando oímos… A nuestra canción volvamos… Vanse LUCERO y CULPA, y dicen todos, unos cantando y otros representando. Pues ya coronó sus obras dando al cuerpo que formó voz, aliento, vida y alma alma, vida, aliento y voz, bendecid al Señor. ¿Cómo es posible, si no le conozco, le bendiga? ¿Quién hay que quien es me diga o me diga quién soy? Yo soy quien formó, y informó, Humana Naturaleza, tu ser, vida, alma y belleza para hacerte esposa mía algún venturoso día, que es la segunda fineza que a mi ser ha de deber el ser con que te prefieres a cuanto miras. ¿Quién eres, pintor de tanto poder, que dando ser al no ser diciendo a voces estás que eres más y vales más, pues muestra el ser que mantienes, que tú de nadie le tienes, pues a todo se le das? Soy quien soy y quien he sido y he de ser, y pues dichosa has nacido para esposa, del amor de que has nacido sea el tuyo agradecido. ¿Pues qué ley a mi amor das, que no romperé jamás? Cuanto miras desde aquí todo es tuyo, y para mí sólo aquel árbol, no más. Guárdate de él, pues, a efecto de decir que el dueño soy. En cuanto a tu afecto doy, sólo resguardo a tu afecto la suavidad de un precepto, y advierte que cuanto ves criado, vi que es bueno, y pues solo de ti no lo vi, es porque quiero de ti que tú lo digas después. Vase. Pues autor y dueño mío siendo mi dueño y mi autor, ¿quien podrá nunca a mi amor ingrato hacerme? Dice el A LBEDRÍO dentro. Tu Albedrío. ¿Qué nuevo espíritu y brío en mi nuevo ser crió aquella voz que se oyó, dando a entender que hay en mí algo más que yo? Voz, di: ¿quién es ese Albedrío? Ahora sale el ALBEDRÍO, de villano Yo. Aunque le oigo, no le veo; pero al saber que le hay no sé qué afecto me trae, que le he de llamar deseo; con él, ya pues que poseo por mío este verde centro, le he de buscar. Baja NATURALEZA al tablado. Está la primera la GRACIA. Nunca dentro de él le encuentren tus placeres. ¿Quién eres, ¡o tú!, que eres la primer cosa que encuentro? La Gracia en que te has criado, que en esta felice esfera es la Gracia la primera cosa que en dote te han dado. ¿Cómo tan presto he llegado a tal bien sin la noticia de algún mérito que indicia tu favor? Si la tuvieras no fuera Gracia. ¿Qué fueras entonces? Fuera Justicia. ¿Y en qué, Gracia, te parece que la distinción está? En que la Gracia se da porque su dueño la ofrece, mas no porque se merece. Estoy en la diferencia; dame de pasar licencia. ¿Dónde vas? Hallar confío no sé qué que es Albedrío. Pasa a la segunda, que será la INOCENCIA. ¿Quién eres tú? La Inocencia. A la Gracia te has seguido. Al que en gracia se ha criado de la Inocencia el estado la primer edad ha sido. Y aun por eso no he tenido en estado de Inocencia de mi Albedrío experiencia. Pasa a la tercera, que es la CIENCIA ¿Quién eres tú en patria tal? Soy la Ciencia Natural. Ya es segunda edad la Ciencia. Ya contigo a discurrir empiezo el estado mío. Llega al ALBEDRÍO. ¿Tú quién eres? Tu Albedrío. ¿Y de qué me has de servir? De que sepas elegir el bien o el mal. ¿Pues qué mal puede haber en dicha igual, si me acompaña la Ciencia y me asiste la Inocencia, toda en Gracia original? ¿Tienes un precepto? Sí. Pues bien y mal haber puede como guardado, o no, quede. ¿Eso has de temer de mí? Y supuesto que ya aquí está todo a mi obediencia, y tras la Natural Ciencia he encontrado a mi Albedrío, empiece el discurso mío a hacer de todo experiencia. ¡Qué hermoso es el arrebol de aquel astro singular! ¿Cómo se podrá llamar tan bella criatura? Sol sea su nombre. Aquel farol que al amanecer ninguna luz le queda, porque es una la de los dos, Luna sea y entre noche y día posea una el Sol y otra la Luna. Aquella vislumbre, aquella, que a merced de luz tan pura en el crepúsculo dura, mal divisada centella, quiero que se llame estrella. Y aquel rayo, que al albor canta y vuela y su color debe a esta planta suave, sea flor con voz de ave, sea ave con matiz de flor; aquel pintado animal, fiera; el otro, que tal vez salta sobre el agua, pez; fuente ese puro cristal que aquí nace, y pues es tal que en su fugitiva plata retratar al cielo trata, he de ver si lisonjero de aquel dibujo primero para mí a mí me retrata. Mírase como en una fuente Admirable y peregrina es en todo mi belleza. ¿Qué, Humana Naturaleza, te falta para divina? Más que el discurso imagina la vista en mi imagen vio. No hizo el sacro pintor, no, cosa en todos sus modelos más hermosa, ni aun los cielos son tan bellos como yo, pues sus orbes de cristal material máquina han sido, y yo con alma y sentido soy fábrica racional. Nada a mi ser es igual en cuanto oigo, miro y toco. Vámonos muy poco a poco, que si altiva a veros llego, vos tendréis la culpa, y luego dirán que yo soy un loco. Aunque ese cristal te ofrezca luz que eterna te persuade, doy licencia a que te agrade, mas no a que te desvanezcas. ¿Por qué? Porque no perezcas. Perecer yo, ¿no es locura? Pues podría ser, si dura que altiva y soberbia seas, tal vez un cadáver veas, yendo a ver una hermosura. No es posible que mi vida venga a menos perfección. Salen LUCERO y CULPA, de villanos. Aquesta es buena ocasión pues ya está desvanecida. Yo me quedaré escondida; llega tú. ¿En el árbol? Sí. Escóndese la CULPA en el árbol detrás de LUCERO Dices bien. ¿Quién anda aquí? ¿Qué es esto, Albedrío? ¿No ves, una sierpe? No. Pues lo es la que está escondida allí. ¿Sierpe? ¡Qué temor tan vano, pues con rostro humano llega a dejarse ver! Reniega de sierpe con rostro humano y ésa es. ¿Quién sois? Un villano jardinero soy, señora, que en esos cuadros ahora ocioso tiene el afán, porque sus flores están vanas con tan bella aurora; de suerte que fuera en vano labrarlas. ¿Por qué? Porqué pisándolas vuestro pie, ¿qué tiene que hacer mi mano? Jardinero cortesano sois. No os espante el oír a un labrador discurrir, tal vez porque puede ser que sirva por merecer sin que merezca servir. ¿De dónde sois? De otra esfera más alta, rica y mejor. ¿Qué erais allá? Labrador soy aquí; lo que allá era no lo sé, que no quisiera ponerme en obligación de que os diga mi pasión, viéndome tan pobre aquí que sois vos por quien perdí patria, estado y perfección. Basta, que tampoco quiero ponerme yo (¡qué pesar!) en ocasión de escuchar tan discreto jardinero. Sólo serviros espero. Pues hablemos de otra cosa. ¿Qué labráis? Esta vistosa fruta. Es en extremo bella. Pues hay más misterio en ella que ser en extremo hermosa. ¿Cómo? La Tierra, que fue la que la fructificó, lo sabe. Tierra soy yo, pues de tierra me formé, y así a la Tierra diré que no me haga dudar más. Pues háblala y lo sabrás. Madre Tierra, ¿cuál ha sido este misterio escondido? [CULPA] desde el árbol. Come, y como Dios serás. Esto dice la CULPA, y arroja una manzana dorada, asida de un listón, y al irla la NATURALEZA a coger la va retirando, y ella, yendo tras ella, va dejando atrás a las V IRTUDES como las fue hallando, siguiéndola su ALBEDRÍO. A mis plantas ha caído de oro una poma que al vella halaga a la vista, y de ella lo que contiene al oído, y pasando a otro sentido, para haberla de gustar, fuerza es que la he de tocar. De mí huye, alzadla vosotras. De quien huye es de nosotras, de quien te quiere apartar. ¿Seré como Dios? Advierte que es fruta del infestado árbol que te han señalado, no sea tocarla tu muerte. Llega y mejora tu suerte. Apártala y pasa adelante Quita, que es impertinencia negarme a tanta excelencia. Yo de mi industria confío, pues siguiendo al Albedrío atropella a la Inocencia. No llegues, pues del mortal veneno estás avisada. Llega, que es fruta estremada. Si puedo hacerte inmortal, siendo Ciencia Natural, ¿por qué tu voz me aconseja que no llegue? Por la queja que tendrás del saber mío. Apártala Ya siguiendo al Albedrío, atrás a la Ciencia deja. Mira bien adónde vas. ¿Qué he de mirar? Voy a ser como Dios y he de saber si es que puedo saber más. ¿Pasos a mi pesar das? Sí. Mira. Nada me acuerde tu temor. Su pompa verde alcanza. De ti me fío. Aparta la Gracia Ya siguiendo al Albedrío, de vista a la Gracia pierde. Coge la manzana Fruta que a Dios me igualó, pues ya te alcancé, de ti he de gustar. ¡Ay de mí!, Muerde la manzana. ¿quién vista y luz me quitó vida, alma y sentidos? Yo. ¿Quien me animaba me culpa? Sí. ¿Dónde hallaré disculpa si en mi sombra al tropezar no sé dónde voy a dar? Sale la CULPA, y cae [NATURALEZA] en sus brazos Yo sí, en manos de la Culpa. Túrbase ¡Ay infelice de mí! Faltome el día. Mi triunfo empiece, pues su dicha acaba. con suspensión ¡Oh qué de cosas dudo que sabía! con admiración ¡Oh qué de cosas yo sé que ignoraba! con lástima Si en Gracia original libre vivía, ya en Culpa original viviré esclava. En todas hay mudanza, en el ser mío no, porque siempre es uno el Albedrío. La luz me falta y contra mí parece, cuanto halago nació, ¡qué asombro!, expira, el labio tiembla, el pecho se estremece, huye el aliento, el pulso se retira, palpita el corazón, la voz fallece, todo es mal, todo es pena, todo es ira, la tierra tiembla, el aire me traspasa, el mar me anega, el resplandor me abrasa; fatiga el sol al paso que lucía, media la luna alumbra que alumbraba, el ave me aflige que me suspendía; la flor me hiere que me lisonjeaba; la fiera, que obediente me seguía, me huye ligera o me resiste brava, y hasta esta fuente, al verme fea, murmura la poca edad que vive una hermosura; tú, Ciencia, tú, supuesto que informada de todo estás, ¿ habrá dónde me ampare? Huyendo de ella todas Yo nada sé, no me preguntes nada, pues ya sólo sabré lo que estudiare. Inocencia, ¿qué haré? Llora Ya transformada en malicia estaré si aconsejare. Llora Gracia. Nada me diga tu disculpa. ¿No eres mi Gracia? Dígalo tu Culpa. Llora [ NATURALEZA]. Pues tú solo, Albedrío, (¡ay de mí!), eres en quien mudanza no hay, de ti me fío Toma un consejo y haz lo que quisieres, que este siempre será parecer mío, pues para el bien o el mal que tú eligieres, dispuesto me hallarás, que el Albedrío no tiene acción. Pues nada me disculpa, fallezca todo a manos de la Culpa. Cae desmayada en brazos de la CULPA. Lucero, pues que pudo tu arrogancia el efecto mudar, si no la ciencia, siendo la Ciencia en ella ya Ignorancia bien como ya Malicia la Inocencia, la Gracia Culpa, y que en tan gran distancia sin Inocencia está, Gracia ni Ciencia, ¿qué esperas? Dices bien, venga en mis brazos, no del amor sino del odio lazos. Tú, haz que venga con ella su Albedrío, ya que tras su Albedrío fue antes ella. Vase llevando a la NATURALEZA. Sí haré; villano, ven. Con menos brío, señora doña Sierpe. El labio sella; ven, digo, donde seas triunfo mío. ¿Triunfo? Sí. Si yo basto a obedecella, basto seré, señora Culebrilla. ¿Cómo? Como me arrastra la malilla. Vase la CULPA llevando al ALBEDRÍO como por fuerza. Lástima es que a nuestros ojos miremos robar la joya más rica de nuestro dueño y no podamos piadosas defenderla. Las virtudes, que más a un sujeto adornan, acompañarle podrán todo el tiempo que ellas logran; pero el otro que ellas pierden no pueden hacer, celosas, más que sentirlo. ¡Qué pena! ¡Qué desdicha! ¡Qué congoja! Sale el PINTOR. Ciencia, Inocencia, ¿qué es esto? ¿Qué es esto, Gracia? ¿Tú lloras? ¿Tú gimes y tú suspiras? ¿Qué te aflige? ¿Qué te enoja? ¿Qué te desconsuela? ¿Que preguntas lo que no ignoras? Vase llorando. ¿Que dudas lo que no dudas? Vase. ¿Que examinas lo que tocas? Pero ya que a humano modo hablar quieras y conforma con la Escritura la letra, pues allá también te informas de lo que sabes, sabrás, si a lo alegórico tornas, que la hermosa imagen bella que, original de tu copia, fue primer término al cuadro, tras una dorada poma, tirando la Culpa de ella, la sacó de entre nosotras, en cuyos caducos brazos, ciega, muda, triste, absorta, torpe y confusa cayó. Tirano dueño la roba. Para esposa la criaste. Mira, pues, lo que te toca, noble y ofendido. Vase [la GRACIA]. ¡Oh nunca la pintara tan hermosa que hubiera venido a ser yo el pintor de su deshonra! Ingrato me salió cuanto soberano el pincel logra en el primero y segundo país que linearon mis obras; entrambas hechuras mías me ofenden, pues cautelosas, la una mis Imperios pierde y mis Virtudes la otra; y aunque en el modo que puedo yo sentir, siento ambas cosas, dejo la primera, y voy a la segunda, que toca más al duelo de mi Amor; que aunque la ofensa es la propia no sé qué tienen los celos, que aun al mismo Dios enojan con circunstancia en la pena de que le pierden la Gloria; celos dije y celos digo, que no es frase muy impropia tener celos de la ofensa quien tiene amor a la honra. ¿Qué más pude hacer por ti, infeliz beldad, que sola fuiste mi mejor diseño, que hacerte mis manos propias? —darte un alma a imagen mía, debiéndote tú tan poca diligencia, que el nacer aun no te tuvo de costa. ¿Por mi mayor enemigo me dejas? ¡O rompa, o rompa mi voz el aire por si llegara donde la oigas! Pero ¿qué digo? ¿A piedades me muevo? Hombre mortal, nota en la representación de mis amantes congojas cuando de Dios te enajenas el pesar que le ocasionas; pues si puede llorar Dios, de celos de tu alma llora. Pésame de haberla hecho. ¿Pésame dije? Y lo torna a repetir el dolor. Mas que lo diga, ¿qué importa?, si a fuer de esposo ofendido no hago que el honor disponga la venganza de manera que vea el cielo cómo cobra su amancillada honra altiva quien de tan noble blasona, que aún las ajenas ofensas las sabe sentir por propias. Desde hoy permitiré que tan infeliz como hermosa, agua de lágrimas bebas y pan de dolores comas, en el sudor de tu cara veas que el afán reposa; paras con dolor tus hijos; y tú, serpiente engañosa, pecho por tierra arrastrando, gimas muda y silbes ronca; entre ti y la mujer haya tal enemistad, que otra, en venganza de esto, el pie sobre tu cabeza ponga. Y pues en frase de líneas van a dar a un punto todas que es el Mundo, en cuyo centro, él tirano, ella traidora, engañadamente penan lo que parece que gozan, el Mundo, tálamo injusto de sus adúlteras bodas, tengo de borrar, haciendo que por todo su país corra, en vez de sutil pincel, la bronquedad de la brocha, dejando sus bellas luces manchadas de negras sombras; ni ave, ni fiera, ni pez, ni planta, ni flor, ni hoja en él quedarán, desaten nubes y mares sus ondas, que si al temple me la ha vuelto su Albedrío, ¿quién ignora que las pinturas al temple con agua no más se borran? Dentro truenos. Ya oscurecidos los cielos la luciente faz embozan, y en lanzas de agua las nubes caen, dando a entender que toman armas contra el mundo, a tiempo que el mar la furia desboca sin que el muro de la arena resista el choque a sus tropas; ya el Mundo a brazo partido luchando está con las olas, ya se rinde, ya fallece, ya agoniza, ya se ahoga. Dentro el MUNDO y luego la MÚSICA, triste. ¡Piedad, Señor, Señor, misericordia! ¡Piedad, Señor, Señor, misericordia! ¿Misericordia y piedad pide quien hizo sonoras las cláusulas de su pena? ¿Que cuando afligido llora es música en mis oídos? Mas ¿quién duda, quién ignora, que la música del llanto suena a queja y es lisonja? Pero si cerrado el cielo está y mis orejas sordas, ¿por dónde se entra el gemido? ¡No le oiga, no le oiga! ¡Piedad, Señor, Señor, misericordia! Dentro MUNDO ¡Ay, infelice de mí! Dentro NATURALEZA ¿No hay quien mi vida socorra? Del Mundo y Naturaleza son estas voces. Dentro LUCERO. ¿Que invocas favor de nadie, si yo, que soy a quien darle toca, cuando es tu ser nada, ufano estoy que nada te tornas? Dentro, CULPA. Échala a pique, no vuelva a repetir lastimosa… Los dos, y MÚSICA. ¡Piedad, Señor, Señor, Misericordia! dentro Infeliz deidad, si puedo escapar yo de las ondas, en los hombros de mis montes te pondré en salvo. Furiosa la Culpa, ingrato el Lucero, la afligen cuando zozobra; solo el Mundo es quien intenta librarla, en fin, como heroica reina suya; pero mal podrá, que es su fuerza poca si yo no le doy la tabla; mortal, segunda vez nota a quién dejas y por quién, pues en el punto que lloras el ofendido te alivia y el querido te congoja. Toma un bastidor en que estará pintada el arca del diluvio y arrójale dentro. Esta tabla que fragmento es de una arca milagrosa y algún día podrá ser que diga de quién es sombra, te valga. Ase, Mundo, de ella, y salva en ella las pocas reliquias que de la vida le van quedando a mi esposa que esta diferencia hay en los duelos de la honra entre Dios y el hombre, pues si a los dos vengarse toca, se venga uno cuando mata, pero otro cuando perdona. Demás que para mi honor resguardo le queda en otra ocasión, dilate el llanto la venganza por ahora, que no es noble el que se venga en una mujer que llora, mayormente cuando es la que padece ella sola, quedando vivo el tirano que de mi alcázar la roba; y así, hasta que en otro trance a él también el pecho rompa, suspenda el honor las iras, que tiempo habrá en que conozcan que no de cobarde deja el pintor de su deshonra de vengarse de los dos, que será cuando no oiga… ¡Piedad, Señor Señor, misericordia! Con esta repetición se entra él, y salen cayendo en el tablado como que salen del mar el MUNDO y la NATURALEZA, asidos a la tabla. Ya en las eminentes cumbres, cuyas cervices coronan las nubes, sobre mis hombros tierra, hermosa deidad, toma; descansa en ella, y en ella el perdido aliento cobra, en tanto que a alumbrar vuelve esa luminar antorcha que cuarenta auroras ha que escasea las auroras. A esta tabla le debemos la vida, pues, misteriosa. Hoy Mundo y Naturaleza, en fe de ella, el puerto tocan de las empinadas cimas que el campo de Armenia agobian. Dentro la CULPA y el ALBEDRÍO y después salen como a nado. ¡Ay de mí! De mi Albedrío es esta voz lastimosa. ¿Cómo saliste sin él? En los peligros más obra el temor que el Albedrío. No sé quién es quien le arroja a tierra. Sale la CULPA y el ALBEDRÍO. ¿Quién ha de ser quien a tu vista le torna, sino quien interesada es en que a ti vuelva? Loca Culpa mía, ¿todavía eres de mi cuerpo sombra? Huye de ella y ella la sigue. No la hables mal, que por Dios, que es una honrada Demonia, de beber agua me saca; mira si es piedad muy corta. Pues ¿quién te ha dicho que puedes ya tú vivir sin mi sombra? No sé; pero de ti huyendo ¿no habrá dónde no me esconda? En ninguna parte puedes, porque me has de hallar en todas. Mundo, pues mejoras una, otra tormenta mejora, ponte tú en medio. No puedo, que no hay medio entre vosotras que el Mundo baste a ponerle. Siempre a mí pegada, ¿tomas mi lado por donde quiera que voy? ¿Pues de qué te asombras, si Culpa y Naturaleza son tan una misma cosa que no puede ya ir la una donde no vaya la otra? Esta tabla del naufragio término entre las dos ponga. Levanta la tabla o bastidor en que salió a nado y vese como antes se dijo el arca del diluvio pintada, y poniéndose detrás de ella la NATURALEZA se detiene la CULPA. ¿La tabla? Pero ¿qué miro? ¿Quién atrás mis pasos torna? En forma de Arca parece que la pintan o la cortan. A cuya vista (¡ay de mí!) me acobardo; mas ¿qué importa, qué misterio tener puede una tabla, cuya forma es de un arca? ¿Ni de quién ser puede imagen dichosa que me estremezca el mirarla? Si Humana (¡suerte penosa!) Naturaleza (¡qué pena!) eres (¡mi aliento me ahoga!), y tú por ti (¡qué veneno!) no puedes ya (¡qué ponzoña!) no ser mía (¡qué delirio!), ¿cómo puedes (¡qué congoja!) haber hallado (¡qué ira!) lugar (¡qué ansia!) donde (¡absorta estoy!) por este (¡qué rabia!) instante (¡mortal discordia!) puedas (¡loco frenesí!) resguardarte (¡qué zozobra!) de mis alientos, mostrando que puede humana persona de quien es sombra esta tabla exentarse de ser sombra? No sé, pero sé que cuando de mirarla te congojas, es cuando entre cielo y tierra el arco de paz asoma y con el ramo de oliva vuelve cándida paloma pidiendo albricias de que el sol, que los montes dora, el día le restituya, después de tanta penosa noche, en una aurora bella, la aurora de las auroras, a cuya luz, pues aquí no hay realidad de personas, y lo alegórico puede pasar los siglos por horas, me parece que las salvas, que los ángeles entonan a esta aurora celestial, diz en cláusulas sonoras: dentro En los cielos y en la tierra paz al hombre, y a Dios gloria. A tan dulce voz, el Mundo nuevo ser y vida cobra. De la Creación al Diluvio buen salto ha dado la Historia, y pienso que ha de dar otro, si es que yo entiendo la trova, del Diluvio al Nacimiento. Calla, que el acento torna. ¡Oh! No le oigan mis desdichas. ¡Oh! Mis venturas lo oigan. En los cielos y en la tierra paz al hombre, y a Dios gloria. Sale el LUCERO. ¿Qué gloria es esta, qué paz, que a Dios y al hombre pregonan los coros de las Virtudes? Si verse ofendidas lloran Inocencia, Ciencia y Gracia, ¿cómo cantan tan gustosas En los cielos y en la tierra paz al hombre y a Dios gloria? ¡Culpa! ¿Lucero? ¿Qué es esto? Mal de mi dolor te informas; no sé. ¿Qué traes tú? En el pecho un Vesubio que iras forja, un Volcán que las concibe, y un Etna que las aborta. ¿Dónde está la que el Diluvio no acabó? El Mundo la cobra segunda vez. Claro está, pues cuando yo la socorra es en fe de amigo tuyo. (Aparte) (¡Oh temor!, ¿qué no abandonas, pues amándola me obligas, siendo mi reina y señora la Humana Naturaleza, que mis afectos esconda de miedo de aquesta fiera, para que se reconozca que debe temerla el Mundo?) Yo te estimo la lisonja, aunque te estimara más que pereciera en las ondas. ¿Por qué, si me aborrecías fingiéndome que me adoras, de mi esposo, de mi patria y mi quietud me despojas? Porque no eres mía hasta que pases de esta patria a otra; y así, el que en Culpa murieras fuera lo que más me importa. Buena fineza de amante; pero así se usan ahora. Aun bien que me desengaña el rencor de que blasonas del poco poder que tienes, pues cuando mi rigurosa muerte te importara tanto para tenerme por propria, no puedes dármela, siendo can que con ira rabiosa no muerde lo que no alcanza, teniendo el que le aprisiona en su mano la traílla tal vez larga, tal vez corta; y así, no a ti, sino a él, piedad mi dolor provoca, pues para pedir piedad mi voz me animan esotras, diciendo todas a un tiempo, ellas dulces, yo llorosa: Piedad, Señor, Señor, misericordia. En los cielos y en la tierra paz al hombre, y a Dios gloria. Calla, calla, que primero que el cielo tus voces oiga y que a cobrarte perdida vuelva ese de su deshonra pintor soberano, yo sabré borrarte, de forma que en la fealdad de tu rostro quien te hizo te desconozca; llega, Culpa, y en su cara su yerro tu hierro ponga; borrémosle de una vez porque en esperanzas locas no fíe Dios esta imagen. Tiénela de las manos el LUCERO, y llega la CULPA y pónela un clavo en la frente. Pincel será de mis obras, pues que por la oposición sus atributos nos tocan, este clavo, que en su frente servirá de negra sombra, porque vean que la Culpa su imagen a Dios le borra. ¡Ay, infelice de mí! ¡Qué desdicha! ¡Qué congoja! Cielos, sol, luna y estrellas, aves, peces, fieras, rosas, flores, plantas, peñas, troncos, mares, fuentes, selvas, rocas, tened lástima de mí, a quien tan esclava compra la Culpa, que de padrón la sirve la infame nota de los hierros, que en su frente tiranamente baldonan sus aplausos, siendo reina de tanta pasada pompa, sin que más recurso tenga, que decir una vez y otra… Piedad, Señor, Señor, misericordia. Vase. Síguela, Culpa. Sí haré, pues aunque más veloz corra, no dará paso sin mí; ven, Albedrío. Señora, (ya no digo sierpecilla, porque dicen que se enoja) no quiero ir con usted. ¿Cómo? Como si me arrastró en otra ocasión, fue que mi dueño sin sentido estaba, y no obra sin sentido el Albedrío, pero teniéndole ahora, yo iré por donde quisiere. Conmigo ha de ser. Vale a asir y él se desase de ella quitándole el cuerpo una y otra vez. Mamola, libre soy, libre nací, No es posible que le coja. Pero buscando a tu dueño, verás que a mi poder tornas. Vase. Eso será después que haya buscado a quien la socorra. Vase. ¿Mundo? ¿Que es lo que me quieres? Mi amigo eres, y me importa que como amigo, por mí una fineza hagas. Toda mi majestad y poder bien sabes que por ahora es tuya. Esa voz que canta, y este gemido que llora, me han puesto en temor de que si mis conjeturas toscas no me engañan, el pintor vengarse intenta. Persona ninguna ha de entrar aquí, que tú no la reconozcas; y así, para averiguar quién viene entre esas sonoras voces, publicando paz, aquí te queda de posta. No entrará nadie que no sepa quién es. Eso importa. Vase. ¿Quién creerá que mi temor tanto de este monstruo sea, que enamorado me vea, y no ose decir mi amor? La Humana Naturaleza es mi adorno y hermosura, y reina mía la jura dignamente la fineza de todo mi imperio, aunque esclava se mira ahora. ¿Cómo, pues, quien más la adora podrá explicarse? No sé, que está en poder de un tirano dueño, aunque en mi esfera está, y declararme será medio inútil, pues en vano puedo intentar no sea suya; y a que lo deje de ser, no tiene el Mundo poder. No de cobarde me arguya quien haga infeliz memoria del temor que en mí se encierra. En los cielos y en la tierra, paz al hombre y a Dios gloria. De más cerca el Mundo ha oído las voces que antes sonaron en el aire, y pues llegaron más claras a mi sentido, en querer hacer notoria la causa, mi amor no yerra. En los cielos, y en la tierra, paz al hombre, y a Dios gloria. Con esta repetición sale el PINTOR vestido de villano y AMOR DIVINO con él, de galán. Amor, pues sólo de ti fío la empresa que sigo, entra tú solo conmigo en el Mundo. Tuyo fui siempre, divino pintor, pues no hay obra que en ti pase que sin amor se empezase, ni acabase sin amor; y aunque tales ellas son, para haberte acompañado no es la menor haber dado yo al cuadro la Encarnación. Fuerza es que mirar me asombre el que nadie en mí haya entrado sin haberlo yo alcanzado. ¿Quién va? Amigo. ¿El nombre? Un hombre. ¿Un hombre? ¿Y el Mundo no sabe, siendo posta fiel de la Culpa, cómo en él has entrado? Sí, que yo no vengo para que pueda saber la Culpa de mí. Yo no te conozco. Así lo dirá Juan. Y que exceda a esa duda otra mayor es fuerza. ¿Por qué cerrada puerta del Mundo tu entrada fue? La del Divino Amor, que viene en mi compañía. Apurar tu ser quisiera, ¿qué es tu oficio? Pintor era allá en cierta alegoría y aquí lo he de ser. ¿Pintor? Sí, pues vengo a retocar una imagen singular que me ha borrado un error. No te entiendo. No te espantes. Mas puesto que pintor eres, si una fineza hacer quieres por mí, que al fin los amantes todos somos ilusiones, locuras y fantasías, cesarán las dudas mías, dejando las opiniones que ha de haber de tu venida para otro lugar, a efecto de ir adelante un concepto sin digresión que le impida. ¿Qué es lo que quieres? Sabrás que a cierta robada esposa, tan infeliz como hermosa, que en el poder hallarás de un tirano, me he rendido. A su divina hermosura él acabarla procura porque su interés ha sido que de mí a otro mundo pase, centro suyo, a cuyo intento la hace tan mal tratamiento, que a nadie hay que no traspase su lástima, porque está afligiéndola por horas con su culpa. ¿De qué lloras? El PINTOR llora. Pena su pena me da, porque me acuerda otra mía, que muy parecida es a la suya. Viendo, pues, que ausentármela porfía, para engañar mi amor, trato, ya que dices ser pintor, que a los ruegos de mi amor, de ella me hagas un retrato, en pequeño, para el pecho. Colores traigo conmigo, lámina y pincel, y digo que pienses que ya le he hecho como yo la llegue a ver. Que fuese (¡ay de mí!) quisiera de suerte que no la viera su dueño. Y así ha de ser al aire. Escóndete aquí, que yo aquí te la traeré. Vase. ¿Amor, creerá alguna fe esto que me pasa? Sí, que claro está que ha de haber fe en el Mundo verdadera que creer que has venido quiera a sentir y padecer celos del Mundo, después que de otro tirano celos has tenido. Mis desvelos logren su venganza, pues los ha a mis manos traído el Mundo, que enamorado segundos celos me ha dado, en no haberme conocido, y pues de ella sola no se ha de vengar mi querella por si viniere con ella el traidor que la robó, ¿a dónde me esconderé, porque antes que ser yo crea le quite la vida? Ha de haber una cruz en el tablado en frente del árbol primero y llévale [el AMOR] a ella. Sea el árbol que aquí se ve sombra tuya, que si allá tu ofensa en un árbol vi, tu venganza en otro aquí he de ver. Justo será que le admita mi favor este que tú eliges sea porque el Mundo al volver vea dónde me ha puesto mi Amor. Aquí a esperar (por si acaso pasa el tirano de quien te has de vengar) estás bien, pues no dudo que este paso a tu pasión la ocasión más próxima le dará. Claro está, si en él está escondida mi pasión; pero, por si acaso viene el Mundo primero que él, dame matiz y pincel y lámina, que conviene darle a entender, que hoy a fin de hacer el retrato espero pendiente en este madero. Dale una caja y, al abrirla, el PINTOR se ensangrienta las manos. Toma. Todo esto es carmín. No traigo otro matiz yo. Amor, no te dé pesar, que sangre ha de retocar a quien la Culpa borró. ¿Los pinceles? Dale tres clavos. Estos son. ¡Qué agudos y qué crueles! ¿Qué será de estos pinceles? ¿La lámina? Dale una lámina en forma de corazón. Un corazón. ¿De bronce? Sí. Qué pesar me da el verle endurecido cuando en él he pretendido segunda imagen labrar. Dame el tiento. Dale una lanza pequeña con su hierro. Aqueste es. ¿Hierro en el remate tiene? Nada aquí sin hierro viene, que será acierto después. Más süaves instrumentos dieron para otra experiencia mi Inocencia, Gracia y Ciencia, que tú. Si aquí son cruentos y allá blandos, no te asombre que en naturalezas dos, pintaste allá como Dios y aquí pintas como hombre; ya con la Culpa se ve venir. Lástima da al vella. ¿Quién creerá que fuese aquella la imagen que yo pinté? ¡Qué otra luz, qué otro aire tiene del que primero le di! Yo aún no la conozco así. Por si antes el Mundo viene que el traidor, pinta entre tanto. Allá cuando la formé con dulce música fue, y aquí habrá de ser con llanto. Sale la NATURALEZA llorando, y la CULPA tras ella, y poniéndose [NATURALEZA] de cara al PINTOR, él hace como que la retrata. En fin, ¿no me has de dejar? Nunca has de vivir sin mí. Pues yo delante de ti sabré con el cielo hablar, supuesto que tú prender no puedes a mi Albedrío. Sale el ALBEDRÍO. Claro está que yo soy mío. ¡Si este sabrá responder! ¿Quién es quien me ha condenado… Tu pecado. Tu pecado. Atienden las dos con suspensión al eco de la música y el PINTOR no deja de pintar. …a padecer de esta suerte… La muerte. La muerte …la ley de tanto rigor? Tu error. Tu error. Luego aunque fuera mayor el castigo que te ordena, justamente te condena… …pecado, muerte y error. ¿Quién más mi delito indicia? Tu malicia. Tu malicia. ¿Y habrá remedio en su instancia? ¡Qué ignorancia! ¡Qué ignorancia! ¿Pues quién a tanto me culpa? Tu culpa. Tu culpa. Ves que nada te disculpa, puesto que hizo tu desgracia de Inocencia, Ciencia y Gracia… …Malicia, Ignorancia y Culpa. Nada en efecto te abona. Dios perdona. Dios perdona. Fue su mancha inmensa y brava. El llanto lava. El llanto lava. Es muy desigual su culpa. Amor disculpa. Amor disculpa. Luego aunque todo me culpa podré de enemigos dos ser rescatada, pues Dios… …perdona, lava y disculpa. ¿Quién bastante a aquesto fue? La fe. La fe. ¿Y quién la dará bien tanto? El llanto. El llanto. ¿Quién podrá enmendar su error? Amor. Amor. Misericordia, Señor; muera en tu gracia, pues muero y que me valgan espero… Todos y MÚSICA. …la fe, el llanto y el amor. ¿Quién fue el oráculo aquí de aquestas voces? No sé. Pues no es bueno puesto que dijo que están contra ti …malicia, ignorancia y culpa, pecado, muerte y error… Por eso añadió en favor: perdona, lava y disculpa la fe, el llanto y el amor. Sale el MUNDO a lo lejos. Ya desde aquí llego a ver a la sombra de aquel árbol, cuyo yerto, seco tronco es esqueleto del prado, al pintor, y aquí a la mira he de esperar que el retrato perficione antes que llegue. Sale el LUCERO. En tu busca otra vez salgo, ofendido de escuchar continuos ecos del llanto; ¿a quién te quejas? Al cielo. ¿No echas de ver que cerrados tiene los oídos? Sí, y aun por eso lloro tanto, porque sé que el llanto es la llave de sus candados. ¿Qué espera ya mi venganza, viéndolos juntos a entrambos? Dame las armas, Amor, que para este efecto traigo. Rayo es tu voz y esta es significación del rayo; mas con dolor te la entrego. Va a darle una pistola. ¿Por qué, cuando importa tanto mi perdido honor? Porqué soy Amor y está llorando; mas yo torceré la mira al punto de tus agravios, de suerte que, sin errar tú el tiro, acierte yo el blanco; toma, y mira cómo tiras. Entrégasela. Nada puede errar mi mano. Adúlteros fementidos, en mi ofensa conjurados, a aquesto obliga el honor de un hombre que está agraviado. El pintor de su deshonra soy, morid de una vez ambos. Dispara y el AMOR, tirándole de la mano, tuerce la mira a la pistola. Y caen LUCERO y CULPA, que estará en medio de los dos, quedando ellas como asombradas. Muerto soy. ¡Ay, infelice! ¡Qué rabia! ¡Qué ira! ¡Qué pasmo! ¡Qué asombro! ¡Qué confusión! A la Culpa has acertado y no a la Naturaleza. Si tú las armas me has dado, Amor, torcida la mira, y ella está tan a su lado que no se despega de ella y es muerte del Alma, en vano es decir que yo erré el tiro cuando desde aqueste árbol, viva la Naturaleza, a Culpa y Demonio mato. ¿Qué espero, que a tanto asombro despavorido no salgo? ¿Quién eres, oh tú, que a sombra de ese madero ocultando tu ser a vista del Mundo pudiste atreverte a tanto? ¡Ay infelice de mí! ¿Quién eres, oh tú, que el palo de un madero te me encubre, sangrientas en él las manos? ¿Quién eres (¡ay de mí triste!), oh tú, que en carmín bañado, lámina al corazón haces, los pinceles de tres clavos? ¿Quién eres, oh tú, que un leño te me disimula tanto, que aun te desconozco yo con tantas señas de humano? El pintor de su deshonra. ¿Cómo en mí vengas tu agravio y no en la Naturaleza? ¿Cómo quedarás honrado, muriendo yo, si ella vive? ¿Cómo a mí te has ocultado? ¿Y cómo, debiendo yo esta muerte, no la pago? Como me dio Amor las armas, al tiempo que tú llorando estabas, y aqueste duelo es de todos tan contrario, que matando a quien no llora y a quien llora no matando, cobro mi ofendido honor con tan ventajoso aplauso, como de triunfar muriendo al de vivir perdonando; y para que mejor veas cuánto ha podido tu llanto con mi Amor, pues no tan sólo las armas puso en mi mano, la mira en la Culpa, pero aun adelante pasando el concepto en la pintura, que desparecida hallo, a instancia del Mundo vuelvo de nuevo a pintar. Aguardo, retocada del carmín que de mis venas derramo, volverla a su primer lustre, si en esta fuente la lavo. Ábrese un carro y vense las VIRTUDES alrededor de la fuente de siete caños. Llega, que en ella hallarás la sangre de mi costado en poder de tus Virtudes, a cuyo primero estado te restituyo felice. ¡De ansia muero! ¡De ira rabio! Canta GRACIA. Humana Naturaleza, vuelve feliz a mis brazos, pues soy la Gracia y a orilla de aquesta fuente te aguardo. Aquí el yerro de tu rostro lavará, la ese y el clavo que en la edad de la Inocencia hizo la Culpa en tu daño. Y aquí la Ciencia dará süaves preceptos blandos que en la Gracia y la Inocencia te mantengan al guardarlos. Feliz yo. Levántanse [CULPA y LUCERO] heridos. No muy feliz, que aunque muera yo mirando que la culpa original puede lavarse en un baño, la actual se queda y con ella te haré la guerra. Reparo será a ese riesgo también… ¿Quién? …sacramento más alto. ¿Qué sacramento? El que antes cuatro sentidos erraron y sólo acertó el oído, sentido de fe, mostrando que sólo la fe es quien ve este sacramento santo, misterio de los misterios, milagro de los milagros. Calla, calla, que ese es el que me mata, no el rayo que antes disparaste. Cesa, cesa, que aquese es el pasmo que más acaba conmigo. Si no estuviere presente el Santísimo. se aparecerá sobre un trono un cáliz con una hostia. Y así, huyendo de mirarlo…, Y así, ansiosa de no verlo…, …en mi sombra tropezando…, …revolcándome en mi sangre…, …ya de su vista me aparto. …ya de sus ojos me quito. Húndense por el escotillón el LUCERO y la CULPA, con fuego. ¡De ansia muero! ¡De ira rabio! Pues yo adorándole espero que halle perdón mi pecado, con el perdón de las faltas en nombre del que hizo el auto.