El nuevo hospicio de pobres Auto sacramental alegórico intitulado Personas LA SABIDURÍA. LA FE. LA ESPERANZA. LA CARIDAD. LA MISERICORDIA. LA FORTALEZA, de ángel. LA APOSTASÍA, de soldado. EL APETITO, de ciego. LA PEREZA, de leproso. LA SULAMITIS. EL REY, viejo venerable. EL PRÍNCIPE, galán. EL HEBRAÍSMO, de judío. EL ATEÍSMO, de pieles. LA IDOLATRÍA, de indio. LA LASCIVIA, de mendigo. LA AVARICIA, con barba. MÚSICOS. Sale el REY, viejo venerable. ¡Oh, tú, divina mente, que en campos del oriente sin oriente, desde el siglo primero sin primero, hasta el postrero siglo sin postrero, a no dejar de ser la que ya fuiste, del labio del Altísimo naciste primogénita suya, tú, que desde la eterna infancia tuya cielos habitas, siendo si a ellos subes, tu trono las colunas de las nubes, desde donde circundas el orbe a giros, desde donde inundas a giros el abismo, poniendo a un tiempo mismo en varios horizontes ley a los mares, límite a los montes, tú, en fin, que sin principio y fin criada, como el cedro en el Líbano exaltada, como en Cades la palma, la especiosa oliva en valle, en Jericó la rosa y el plátano en la orilla de las aguas, fragrante maravilla de vid vallada entre diversas flores, diste la suavidad de los olores distilando en aromas al cinamomo y bálsamo las gomas, que en místico atributo de honestidad y honor rinden el fruto por quien el sabio llama al buen olor perfume de la fama, atiende a la voz mía antes que diga, oh tú, Sabiduría de Dios, pues ya para saber quién seas tus renombres lo han dicho. Dentro. Porque veas que el que mi auxilio invoca la línea apenas deste alcázar toca cuando su voz se escucha: abrid las puertas. Sale la FE con una cruz, la ESPERANZA con una áncora, la CARIDAD con un ramo de espigas, la MISERICORDIA con otro de oliva y detrás la SABIDURÍA con corona y cetro. Ya al nuevo sol que en ti amanece abiertas están, pues te hacen salva segunda vez los músicos del alba. Canta. Díganlo en sus verdores los dulces sustenidos de las flores. Canta. En acentos suaves lo digan los trinados de las aves. Canta. En sus claras corrientes los sonoros pasajes de las fuentes. Canta. Y en sus cóncavos huecos las cláusulas finales de los ecos. Cantan. Juntando sus primores ecos, cristales, pájaros y flores. Bien dice superior naturaleza, oída la voz y vista la belleza; a tanta luz mi turbación es mucha. Dime ¿a qué fin me has invocado? Escucha. Yo soy (que aunque tú lo sabes hay tan sagradas materias que el saberlas explicar es un segundo saberlas, y más cuando al que las sabe no es el oírlas molestia por la caridad de que quien no las sabe las sepa) aquel rey de quien Mateo y Lucas dijeron que era (bien que con señas distintas mas no con contrarias señas) el que pacífico un tiempo sobre la faz de la tierra reinaba en paz y justicia, con que citada la letra entre ahora la alegoría, pero entre con advertencia de que uno es el que es y otro es el que le representa; y así a dos luces, pues basta que en algo se le parezca, es fuerza dejarlo a que quien lo entendiere lo entienda. Un hijo tengo, tan hijo mío en todo que la idea de mi cariño sin duda continuamente le engendra. Tanto en él me complací y él en mí, que la unión nuestra produce un amor de entrambos que nos hace de manera tan uno a los tres, que somos en la igualdad de la ciencia, del poder y del amor tres personas y una esencia, propiedades que me mueven a que de nuestra grandeza participe honores cuanto en esta inferior esfera el sol ilumina a rayos y el mar a piélagos cerca. Determino darle estado y para que resplandezca en la elección de la esposa más mi amorosa clemencia ha de ser la Sunamitis, que aunque en la versión hebrea se interpreta «la que duerme», también mudada una letra que por Sunamitis diga Sulamitis, se interpreta «la perfecta», conque a un tiempo conviene en entrambas señas en naturaleza humana, pues en achaques envuelta yace bien como dormida, que es no estar viva ni muerta, pues muerta para la gracia vive capaz de tenerla el día que con mi hijo se despose, de manera que de sus joyas dotada vendrá a quedar tan perfecta que a las dos luces que dije la naturaleza y ella no habrá quien dude que son por hoy una cosa mesma. Para la celebridad desta real boda quisiera de mi poder ostentando la grande magnificencia hacer partícipe a todo el mundo y que en él no hubiera desde la zona que abrasa hasta el trópico que yela término en que no sonasen de mi majestad las nuevas. Un espléndido banquete a este efecto, en una cena solicito hacer a cuantos de mí convidados vengan sin excepción de personas, pues antes las más ajenas y más remotas serán de mi mayor complacencia, como vengan para que sentarse con mi hijo puedan con las túnicas nupciales vestidos de gala y fiesta, y así a valerme de ti te invoco para que seas (pues texto habrá que lo diga) tú la que pongas las mesas, mezcles el vino y inmoles las víctimas para ellas enviando a tus ancilas, divinas virtudes bellas que te asisten, a que hagan (pues no repugna el que sea tu familia mi familia) con sus dulces voces tiernas público el banquete a cuantos en sus ámbitos contenga hoy el orbe; pues es cierto que el congregar sus diversas gentes es propia acción tuya, pues entre las excelencias que más te adornan y ilustran dijiste tú de ti mesma ser tus delicias, tus juegos, tus júbilos y tus fiestas el conversar con los hijos de los hombres. Y porque esta congregación tras sí traiga las repúblicas enteras, siendo los reyes los que hacen al pueblo las consecuencias, conviden reyes, monarcas, príncipes y jueces, tenga este cumplimiento más tu gran ser, pues cosa es cierta que como súbditos tuyos unos y otros te obedezcan, pues por ti las leyes juzgan y por ti los reyes reinan. Si es asentado principio en todas divinas letras (de parábolas lo diga la sacra página llena) que lo invisible no es posible que se comprehenda y solo para rastrearlo da a lo visible licencia de que en ejemplos visibles lo no visible se entienda, y es este hoy tu asumpto ¿cómo puedo excusarme a que sea de mí admitido, y más cuando es recebida sentencia que el que me busque me halle, que al que me pida conceda y que mis puertas le abra al que llamare a mis puertas? Y así en fe de que tú fiel me buscas, llamas y ruegas y de que yo te respondo prompta, liberal y atenta, las cuatro partes del mundo oirán en sus cuatro esferas en voz de cuatro virtudes las felicísimas nuevas de que tu hijo se humana a admitir en sí a la bella Sulamitis por esposa, y porque las más adversas gentes viendo en tanto honor su misma naturaleza a gozarse en su ventura, como tu dijiste, vengan a tu boda y tu convite, las nupciales ropas puestas. La Fe, primer fundamento de todo, irá a la desierta Libia del áfrica donde aún más fiera que sus fieras, aún más que sus brutos bruto, el bárbaro Ateísmo niega haber más causa de causas que el acaso, que halló hechas las dos fábricas hermosas de los cielos y la tierra con gentes, aves y plantas, flores, sol, luna y estrellas, que es justo que al que de Dios el primer principio yerra vaya la Fe que no tiene a efecto de que la tenga. A la América, que hoy yace remotamente encubierta hasta venideros siglos, donde torpemente ciega domina la Idolatría, tanto al Ateísmo opuesta, que cuando ignora él un dios adora infinitos ella, adelantando aquel paso que hay de que uno nada crea y otro más que debe, puesto que ya a lo menos confiesa en su falsa adoración que hay dioses de quien dependa, la Caridad irá, a fin de que su amor, su clemencia, arguyéndole en la falsa, le instruya en la verdadera, pues es de la Caridad hacer que el que ignora aprenda. Al Asia en que el Hebraísmo sus repúblicas gobierna, y adelantando otro paso confiesa, adora y venera solo un verdadero dios cuya suma omnipotencia, criador, rey, señor y dueño, venera, adora y confiesa, cuyo hijo prometido en la ley de los profetas espera que ha de venir y desconoce al que espera, pues que le niega humanado, irá la Esperanza mesma al desengaño de que ya no hay para qué la tenga. A la Europa, no en común, porque la Europa conserva católicos reyes ya convidados, sino a aquellas provincias del norte a quien aunque a la verdad se acercan adelantando otro paso, con falsos dogmas infesta la traidora Apostasía, forajida de la Iglesia, pues creyéndole humanado sacramentado le niega, irá la Misericordia, piadosa deidad, que ruega con la paz a quien la culpa detestare con la enmienda. Conque en tanto que las cuatro generosamente vuelan con las alas de las plumas de aquella águila suprema que hito a hito y rayo a rayo se examina y se renueva, bebiendo al sol de justicia el rico Ofir de sus ciencias, las mesas pondré y el vino mezclaré, uniendo en su mezcla el mosto de aquel racimo que dio en primicias la tierra de promisión a Caleb, con el que puso en su ofrenda Melchisedech a Abraham, y para mayores señas deste místico sentido el sacro pan que presenta a la hambre de David, de Aquimelech la clemencia, mezclaré con el que en campos de Belén la espigadera Ruth amasó en sus espigas, y para que a todo sepan serán las demás viandas del blanco maná compuestas que dieron las nubes cuando cuajados montes y selvas fueron mantel, y manjar dulce grano en nieve tersa, y, en fin, porque satisfechos todos a su patria vuelvan será el cordero legal viático que les dé fuerzas para el último camino. Y pues ya a mi cargo quedan mesas, pan, vino y cordero y a de mis ancilas bellas llamar a los convidados, parte tú a que se prevengan las vistas para la esposa, porque con tus dones pueda, pues naturaleza humana Sulamitis se interpreta, salir sin temor a vistas la humana naturaleza. No en vano, sacra deidad, consultó mi providencia estas bodas con tu amor, pues ya concurren en ellas con un mismo acuerdo en mí, el poder que las celebra, la obra en ti que las dispone y en mi hijo la obediencia. Y así a anunciar la que halló gracia en mis ojos, la nueva llevará un valido mío cuyo nombre es Fortaleza, para que no temerosa pase de mísera a reina. Vase. También no en vano en nosotras concurre a esta unión, atentas, el honor de que ganemos dándole la norabuena las albricias con el mundo. Estancia no habrá en su esfera en que tan altas noticias no se oigan. Ni gente en ella que alegar pueda ignorancia. ¿Qué mucho si es tu obediencia nuestro mayor lauro? Pues porque el tiempo no se pierda partid mientras yo prevengo el maná para la mesa, el racimo para el vino, la espiga para la oblea, para el viático el cordero y el ara para la ofrenda. Vase. Ya que es fuerza dividirnos y que a la agilidad nuestra no se da lugar ni tiempo ni distancia que no venza, empiece la invocación desde aquí para que atiendan los climas adonde vamos. Cantado cada una en su carro. ¿Cómo? De aquesta manera. ¡Ah de la abundante Asia! ¡Ah del áfrica desierta! ¡Ah de la América ignota! ¡Ah de la Europa opulenta! Hebreo que la dominas... Idólatra que la reinas... Ateísmo que la vicias... Apóstata que la infestas... ¡Albricias, albricias! Dentro HEBRAÍSMO, ATEÍSMO, IDOLATRÍA y APOSTASÍA, cada uno en su carro. ¿De qué alegres nuevas? De que ya la esclava se corona reina. Canta. Albricias, albricias, que a sus bodas regias previene el rey una espléndida cena. Canta. Albricias, albricias, que han de entrar en ella cuantos con nupciales vestiduras vengan. Canta. Albricias, albricias, que no habrá en su mesa manjar que divino misterio no tenga. Canta. Albricias, albricias, y pues su grandeza a todos convida de gala y de fiesta... Cantan. Alégrese toda la naturaleza sonando al compás de las voces nuestras, el ave en la rama, el bruto en la peña, el aire en el monte, el cristal en la selva. ¿«Albricias, albricias»? ¿De qué alegres nuevas? De que ya la esclava se corona reina. Con esta repetición se entran las cuatro y salen, cada uno de su carro, el ATEÍSMO vestido de pieles, el HEBRAÍSMO de judío, la IDOLATRÍA de indio y la APOSTASÍA de soldado, y todos como oyendo a lo lejos la música. ¿«De que ya la esclava se corona reina»? ¿Qué reina o qué esclava puede ser aquella por quien estas voces publican que excelsa... Dentro. ...previene el rey una espléndida cena? ¿A qué efecto el eco convocar intenta... ...cuantos con nupciales vestiduras vengan? ¿A qué fin el aire puede ser que ofrezca... ...manjar que divino misterio no tenga? Qué poco me aflige oír que voz nueva... a todos convide de gala y de fiesta. Que nada entendemos por más que resuenan... ...el ave en la rama, el bruto en la peña, el eco en el monte, el cristal en la selva. Hebraísmo. ¿Quién me llama? Quien de ti saber desea, puesto que la fantasía de retóricas licencias da voz a lo inanimado, en cuya prosopopeya las más lejanas distancias la imaginación abrevia, ¿qué música es la que en todo el ámbito de la tierra hoy se ha escuchado? Si hubiesen cumplido cómputo y cuenta las semanas de Daniel, tan universal materia que sus albricias se extienden a todo el orbe dijera ser armoniosa salva que hace el cielo y la tierra al Mesías que yo aguardo. Para mí esa no es respuesta cuando yo sé que ha venido, bien que en parte me hacen fuerza algunas proposiciones que no es posible que entienda ni alcance mi ingenio. No fuera de ambos conveniencia, ya que no bien avenidos os tienen las leyes vuestras, reduciros a la mía creyendo que de su esfera alguna deidad de tantas como yo adoro descienda a solazarse en los Campos Elíseos, cuyas amenas márgenes son sus delicias. ¡Qué proposición tan fuera de la natural razón! No están más dentro las vuestras; ¿qué dios, Hebraísmo, puede ser el que ha tanto que esperas? ¿Qué dios puede, Idolatría, ser el que diviso tenga su imperio con otros dioses? ¿Ni qué dios al que tú niegas, fugitiva Apostasía, de su gremio la obediencia que ya le juraste? Y siendo así, que en uno la espera, que la multiplicidad en otro, en otro las ciegas cuestiones de sus misterios os traen discordes ¿no fuera mejor por el real camino pisar la anchurosa senda no creyendo más dios que la natural providencia de las cosas que se hicieron ellas solas por sí mesmas? Por sí solas ¿cómo pudo aquella prima materia, a quien los profetas llaman nada y caos los poetas, disponerse por sí sola? Unas obras tan supremas sin criador ¿cómo podrían por sí hacerse? Y si no hubiera dioses que las asistiesen, criadas ya, ¿cómo pudieran conservarse por sí solas? Yo no entiendo de materias primas, ni segundas; solo sé, sin fatigar la idea ni atormentar el discurso, que esas obras por inmensas y prodigiosas que son ahí nos las hallamos hechas y ahí habemos de dejarlas habiendo gozado dellas, siendo mi vientre mi dios, lo que coma y lo que beba dure o no dure la vida; pues no hay más gloria ni pena que nacer y morir. ¡Calla loco! ¡Suspende la lengua, bárbaro! Detén la voz hombre indigno de que seas racional. No es racional hombre el que el principio niega a un dios, causa de las causas, sino otra especie diversa de insensatos racionales, por quien dijo David que eran los que allá en su corazón con insipiente torpeza dijeron que no había Dios. ¿Y qué mayor evidencia de que le hay que el haber quien lo que dijiste supiera tú a tu corazón? Y puesto que al que los principios yerra no se le debe argüir dejémosle entre las breñas de su desierta ignorancia para fiera de sus fieras. Para bruto de sus brutos. Para bestia de sus bestias. Y cobrando cada cual de nosotros la vereda de su patria a inquirir vaya lo que se ha inferido en ella acerca de aquellas voces y a participarlo venga a los demás. Dices bien, pues de nuestra conferencia sacaremos qué debemos hacer cuando a decir vuelvan... Alégrese toda la naturaleza siguiendo el compás de las voces nuestras, el ave en la rama, el bruto en la peña, el aire en el monte, el cristal en la selva. Con esta repetición se van los tres. Qué contentos van de ver cuán baldonado me dejan, como si a mí se me diese nada de honores ni afrentas, dos inútiles alhajas tan neciamente molestas que no tenidas no faltan y tenidas no aprovechan. Viva yo y viva a mi gusto sin que nada me entristezca ni me alboroce: no mal lo diga la poca pena que me da el ir a saber qué nuevas aves son estas que a mí me cansa el oírlas cuando ellos mueren por verlas. O hablan conmigo o no hablan; si hablan a buscarme vengan y si no ¿para qué tengo de irme yo a cansar tras ellas? Y así gozando el solaz de mi poltrona pereza esperaré qué me digan si conmigo hablar intentan. Sale la FE cantando. Ignorante Ateísmo, que ídolo de ti mismo tu vientre solo adoras, oye la voz de la verdad que ignoras. ¿Quién eres, huéspeda extraña destas líbicas riberas, que hasta hoy en ellas no vi? Canta. No he entrado yo hasta hoy en ella, que al ver cuán perezosa tu ignorancia reposa en su bárbaro olvido creyendo más al gusto que al oído y que habiendo escuchado mi voz tan sin cuidado yaces hasta esta parte por no buscarme tú vengo a buscarte. Pues qué quieres y quién eres otra vez a dudar vuelva y otras mil, ¡oh tú!, que traes significándote ciega para tiento de tus pasos el báculo que te adiestra y en lo dulce de tu voz, lo raro de tu belleza, lo no usado de tu traje, tanto me admiras y elevas que si creyera que había deidad serlo tú creyera. Canta. La Fe, que no conoces, soy, y lo que mis voces quieren de ti es que vengas donde las luces de tus nieblas tengas. El rey que en cuanto encierra en sus orbes la tierra manda, impera y domina, desposar a su hijo determina con la rara hermosura de Sulamitis pura, que a lo que se interpreta duerme achacosa a despertar perfecta. A esta felice boda en una cena a toda la redondez convida del orbe, en cuya espléndida comida no hay manjar que no sea misterio en que se vea cuánto tus dichas ama, pues a gozarlos con su Fe te llama, y si vienes conmigo creyendo lo que digo, la gran magnificencia verás de su poder, amor y ciencia. ¿Qué ciencia, ni qué poder ni qué amor habrá que pueda desacomodarme a mí? ¿Yo ir a sentarme a otra mesa? ¿Pues qué me falta en la mía? Y más sobre ser ajena de rey a quien no conozco, puesto que en cielo ni en tierra sé de más rey ni más dios que el que en mi estómago reina. Decirme que en sus viandas altos misterios se encierran no me mueve; que no sé que haya más misterio en ellas que las que mejor me saben y las que más me sustentan. Y porque veas que solo trato que fértiles crezcan voy a probar unas yuntas que he comprado porque ofrezcan cultivadas mis campañas más abundantes cosechas para mi regalo. Esto a ese rey, sea quien sea, de mi parte le dirás y no esperes más respuesta de mí ni en esta me arguyas porque yo no sé más ciencias, ni más poder, ni amor que vivir sin freno ni rienda hoy para morir mañana, y lo que viniere venga. Vase. Canta. ¡Ay de opinión tan ciega que aun los principios a la Fe le niega! Representa. Y ya que yo desairada a los ojos del rey vuelva, pues mi vista los espacios más apartados penetra, consuéleme el esperar que la Caridad, que llega a hablar con la Idolatría, diciéndole le convenza. Salen la IDOLATRÍA y la CARIDAD. Canta. A las bodas que digo, este gran rey conmigo, gentil Idolatría, benignamente a convidarte envía, y no en vano, que siendo su Caridad transciendo por aliviar pesares cumbres de montes, páramos de mares. De mi empresa lo diga en una y otra espiga contra común desgracia ser el pan Caridad que da la gracia, y así en tu busca vengo adonde te prevengo no faltes a una mesa en que honor, vida y alma se interesa, pues está en un bocado todo el poder cifrado del solo dios que adoro y... No prosigas; ni un solo dios en mis imperios digas. Si yo con treinta mil dioses aun no tengo hartos que puedan acudir a tantas cosas como la humana miseria necesita ¿cómo quieres que imagine ni que crea que a este rey basta un dios que cuidado de todo tenga? Pero por la urbanidad de ver que de mí se acuerda le dirás que a otra ocasión quizá le veré, que en esta no puedo; porque ocupado en las víctimas y ofrendas de mis ídolos estoy y no es bien faltar a ellas por ir a su real convite, por liberal que me ofrezca la Caridad de su pan viandas que no he de creerlas. Vase. Canta. ¡Ay de opinión tan ciega donde a mover la Caridad no llega! Representa. ¿Tú aquí, Fe? ¿Dónde estarás tú con dolor que no venga yo a acompañarte? Creyendo consolarme en la tristeza de verme del Ateísmo despedida, quise cuerda ver en tu triunfo mi alivio; pero en vano, pues no acepta el idólatra tampoco el convite. Mi propuesta por ir a los sacrificios de falsos dioses desprecia. Pues ya que las dos volvemos con desabridas respuestas veamos si la siempre afable Misericordia consuela nuestro llanto reduciendo a la negada obediencia a la Apostasía. Atendamos desde aquí. Salen la APOSTASÍA y la MISERICORDIA. ¿A qué fin intentas, Misericordia, decirme que con Sulamitis bella el príncipe se desposa? ¿Niego yo el lazo de aquesa hipostática unión? No; mas sobre eso es bien que atiendas. Canta. Si habiendo tú llegado a creer que humanado con celestial aviso la admite, porque pudo, supo y quiso ilustrar la bajeza de la naturaleza ¿para qué te rehúsas y ir de su boda al real banquete excusas? Y si haber por tu daño huido de su rebaño es lo que te acobarda, mira que yo te llamo y él te aguarda. No temas su castigo; seguro vas conmigo, pues para eso, no esquiva, símbolo de la paz es esta oliva. No a la voz tu discordia de su misericordia se niegue, pues indicio es mi llanto de ser santo el oficio que te llama a una cena de tantas gracias llena. Ven, pues por darte vida con la Misericordia te convida. Yo fuera, Misericordia, contigo si no me hicieran repugnancia los misterios que de sus manjares cuentan. ¿Yo he de creer que su vino y pan, contra lo que vea, contra lo que toque y oiga, lo que guste y lo que huela, no es pan ni vino, sino carne y sangre? ¡Qué propuesta tan dura! No es, si la Fe aunque despedida venga de otro error, en este se halla obligada a la respuesta. ¿Qué respuesta? La que dice que por el oído sea cautivo el entendimiento. Pues ¿por qué quieres que tenga cautivo al que nació libre? Por la Caridad, que en prendas de su amor fue a prevenir que le pusiese la mesa la Sabiduría. ¿Y me basta que mezcle las viandas ella para ser carne el pan? Sí; que a la Sabiduría eterna que hizo de la nada el todo más fácil le es que hacer pueda de una cosa otra, pues menos es transubstanciar la hecha que hacerla y transubstanciarla. Ni es tiempo ni ocasión ésta para teólogas cuestiones; y así, atajando contiendas, di a ese rey, Misericordia, por excusado me tenga, que más le sirvo en no ir que en ir, pues fuera, si fuera, a derramar sus solaces más que a creer sus excelencias. Vase. Canta. ¡Ay de opinión tan ciega que huye a Misericordia que le ruega! ¿En fin, las tres tres ultrajes llevamos de tres opuestas réprobas naciones? Sola una esperanza nos queda a que poder apelar. ¿Cuál es? La Esperanza mesma. ¿Cómo? Atendiendo las tres (pues aunque a decirlo vuelva, en nosotras no hay distancia) a lo que el Hebraísmo y ella confieren, pues es de todas el lauro de que una venza. Dices bien, y así las tres oigamos desde aquí atentas. Salen la ESPERANZA y el HEBRAÍSMO. Canta. Aquel rey soberano, cuyo hijo es tan humano que amante de la hermosa Sulamitis con ella se desposa, en oblación festiva de que en sí la reciba despertando exaltada de esclava humilde a reina coronada, ha dispuesto un convite tan general que admite a cuantos acrisola de la veste nupcial cándida estola. La gran Sabiduría a ti a este fin me envía por si contigo alcanza más mi voz. ¿Pues quién eres? La Esperanza. Dices bien, porque no hay cosa que yo más estime y quiera que la Esperanza en que vivo de que el prometido venga a visitar a su pueblo cumpliéndole la promesa que en sombras dio hasta aquí a tantos patriarcas y profetas. Dime pues cuándo será el día que las nubes lluevan el rocío que cuajó la no manchada piel tersa de Gedeón; cuándo el día que abra sus senos la tierra y produzga al Salvador; cuándo en blanda lluvia envuelta neutral sabor de viandas cuajará el maná las selvas; y cuándo el legal cordero de la servidumbre nuestra celebrará en libertad del parasceve la fiesta, que pues la Sabiduría te envía a mí ¿quién duda sepa que se me acerca el día, pues la Esperanza se me acerca? Canta. No solo sabe el día la alta Sabiduría que ese candor divino vendrá, pero también sabe el que vino. Esta áncora lo diga que a la humana fatiga muestra que, ya en bonanza el mar, llegó a su puerto la Esperanza, y dígalo el banquete en que el rey te promete, benignamente pío, cordero, piel, maná, nube y rocío. Ven, pues, ven a la mesa en que ya su promesa cumplida está, pues halla posesión la Esperanza y... Calla, calla, que aunque pudiera argüirte en los compuestos que yerras no lo he de hacer, sino solo en la sujeta materia de hoy. Siendo tú la Esperanza que yo firmemente puesta tengo en mis profetas ¿cómo ir contigo me aconsejas a no tenerte a ti allá, pues ya posesión, opuestas razones serán que vaya contigo a que no te tenga? La Esperanza, teologal virtud, aun cumplida queda esperanza, que una cosa es que para el hombre muera cuando en posesión le pone de alguna dicha que espera, y otra es que deje de ser Esperanza pues le deja cabal la acción en la humana vida a que espere la eterna. Y así pues siempre Esperanza me has de ver, aunque me veas allá posesión, no en vano vengo a que conmigo vengas. No haré tal, que por mejor tengo que para mí seas hoy cierta esperanza aquí que allá posesión incierta. Que si yo no he de creer ni el misterio de esa cena, ni de esa boda la unión, ni dar lugar a que sientan los romanos que yo he dado a intruso rey obediencia, mejor será que te quedes tú conmigo, donde vea el mundo que el hebraísmo con la esperanza se queda, y que el no llevar ninguna es su más cortés respuesta. ¿Contigo a ser Esperanza vana? Huiré de ti. Por fuerza te tendré. Huye dél y atraviésase la FE. No harás. ¿Por qué? Porque estoy yo en su defensa. Luchan los dos. Poca defensa es la tuya. Mira que a la Fe atropellas. Vaya yo tras mi Esperanza y mas que la Fe se pierda. Apártala y atraviésase la CARIDAD. Al paso la Caridad también saldrá a defenderla. Luchan los dos. Todo soy ira, no hay Caridad que me detenga. Apártala y atraviésase la MISERICORDIA. Pues haya Misericordia que tus furores suspenda. Luchan. Apártala y da con la ESPERANZA. Quita también. Mira que en mí tu perdón arriesgas. Quede yo con la Esperanza sin que de vista la pierda que el perdón con él vendrá cuando el que yo espero venga ya en mi poder. ¡Ay de mí! Sin que haya Fe que me mueva, Caridad que me obste, ni Misericordia que tema estás; y así bien podéis volver todas, sin que vuelva la Esperanza con vosotras. Forzoso es volver sin ella el día que sin esperanza vamos de que te arrepientas y forzoso pues en ti convienen las tres respuestas por ti ir diciendo: ¡Ay de opinión tan ciega! ¡Ay de opinión tan ciega! Que los principios a la Fe le niega. Vase. Donde a mover la Caridad no llega. Vase. Que huye a Misericordia que le ruega. Vase. Cantan dentro, midiendo la repetición con la MÚSICA, de suerte que acaben todos juntos. Lloren, y ven tú conmigo. Cielos, sol, luna y estrellas, aire, agua, tierra, fuego, luces, aves, peces, fieras, fuentes, flores, troncos, riscos, montes, mares, golfos, selvas, sedme testigos de que si la Esperanza se queda en poder del Hebraísmo es dividida en sí mesma, como Esperanza forzada y como virtud violenta. Ven por más que aquí sus voces repitan... Y yo con ellas... ¡Ay de opinión tan ciega, que los principios a la Fe le niega, donde a mover la Caridad no llega, que huye a Misericordia que le ruega! Vanse los dos. Las chirimías, y ábrese un carro cuya fachada será una escala que caiga sobre el tablado y vese dentro un trono en cuya eminencia estará sentada SULAMITIS como dormida, y en sus gradas el APETITO, de villano ciego; la LASCIVIA, de pobre mendigo; la PEREZA, de leproso llagado y la CODICIA, de hidrópico galán. Y adviértase que al respaldo del trono ha de haber compartimiento que sirva de vestuario para entrar y salir estas personas, y una nube en que a su tiempo ha de venir en bofetón un ángel. Qué mal descansa el dolor; pero si de ansias cercada los ojos no pongo en nada que no me cause temor ¿qué mucho (¡ay de mí!) que incierta del remedio de mi vida, soñando penas dormida halle desdichas despierta? Allí el ciego me lastima, que a no ver la luz nació; allí el leproso que dio a cuantos le miran grima; allí el mendigo llorando cansancio, hambre y desnudez, tal vez pidiendo y tal vez pidiendo y importunando; el hidrópico sediento también allí me enternece; todo, en fin, cuanto se ofrece a mi vista es sentimiento, llanto, aflicción y tristeza. Alerta, mortal, pues ves cuán pobre familia es la de la naturaleza. Dígalo yo que nací en estrella tan impía que habiendo para otros día solo hay noche para mí siempre apeteciendo ver. Consuélete que si vieras más qué apetecer tuvieras. ¿Qué había de apetecer más de lo que ahora apetezco?, pues no viera mi destino tanto como yo imagino y dello y del ver carezco; con que es fuerza que privado uno y otro apeteciendo haya de vivir muriendo. Si trocáramos estado quizá a ser ciego volvieras viendo que es pena mayor la de un continuo dolor. También tú convalecieras dél si el remedio buscaras. ¿Cómo, si el dolor que paso no me deja dar un paso? Aunque ambas son penas raras más infelice es mi hado. ¿Más que el ciego? ¿Que el leproso? Sí, que me he visto dichoso para verme desdichado. ¿Qué dicha pudo tener para llegarlo a sentir quien no llegó a conseguir de todo el orbe el poder? Rico soy y mi deseo sediento me tiene tanto que le hace falta a mi llanto todo lo que no poseo; quizá con ello aliviara viendo que era hacienda mía la sed de mi hidropesía. Quizá también se aumentara más teniendo más tu anhelo, y así consolaos, amigos, que todos somos mendigos de las limosnas del cielo y él se dolerá de mí viendo que lo mismo es ver padecer que padecer. No es consuelo, siendo así que voy siempre apeteciendo cuanto voy imaginando. Yéndose. Ni para mí, que voy dando molestia, pues voy pidiendo. Yéndose. Ni para mí, que no muevo hacia mi remedio el paso. Yéndose. Ni para mí, que me abraso más de sed mientras más bebo. Yéndose. Con que mi ansia... Mi torpeza... Mi desdicha... Mi interés... Dirá en continua tristeza cuán pobre familia es la de la naturaleza. Vanse. Y aún no es eso en mi piedad lo más que es fuerza que sienta, sino lo que representa una y otra enfermedad cuando en repetida calma pasa la imaginación a que los del cuerpo son también achaques del alma. Desde aquel primer delito de cuyo accidente muero se me semeja el primero en el ciego el Apetito. Deste contagio impedido, paralítico el leproso, me semeja al perezoso en su culpa envejecido. El lascivo en el mendigo que pródigo abandonó su patrimonio y labró de su culpa su castigo. El vicio de la codicia no le aplico, porque ya en el hidrópico está entendida la avaricia. Luego...¿mas qué intento si es proceder en infinito el dar a cada delito alusión de achaque, pues sacra pluma habrá que diga cuán maligna fiebre son la soberbia, la ambición, la ira y la envidia enemiga de cualquier humano bien? Y pues todo es pensión mía ¿cuándo, Señor, será el día De rodillas que tus auxilios me den méritos que de ti espero? ¿Habrá alivio para mí y para mis pobres? La FORTALEZA de ángel en la nube. Dentro. Sí. ¿Cuándo? Cuando mensajero del rey que en dos mundos reina a quien Fortaleza ha dado nombre, a tus plantas postrado diga: Dios te salve, reina. Dios te salve, reina. ¿Reina yo? Sí; que elegida del padre eres ¡oh especiosa Sulamitis! para esposa del hijo; y pues mi venida es a anunciar la concordia que ahuyenta males prolijos, ven a ser de pobres hijos madre de misericordia. Madre de misericordia. Socórreles tú, luz pura, cuando en su solio te veas, porque en cielo y tierra seas de todos vida y dulzura. Vida y dulzura. Pues en misteriosa muestra de que aun al ángel prefieres, siendo su esperanza eres también esperanza nuestra. Esperanza nuestra. Tu salutación dudando estoy. ¿Qué temes, si están todos los hijos de Adán por ti gimiendo y llorando? Gimiendo y llorando. Diciendo porque te mueva su voz: A ti suspiramos. A ti suspiramos. Los que en este valle estamos. Los que en este valle estamos. Desterrados hijos de Eva. Desterrados hijos de Eva. A ampararlos te resuelve pues piden menesterosos: esos misericordiosos... Esos misericordiosos... ....ojos a nosotros vuelve. Ojos a nosotros vuelve. Goce enmendado su yerro patrocinios de tu aurora en este destierro ahora y después deste destierro... Y después deste destierro. ...haz que sus penas extrañas en vez de mortal tributo ofrezcan al cielo el fruto... El fruto. ...bendito de tus entrañas. Bendito de tus entrañas. Si liberal y piadoso viendo tu rey mi humildad quiere con la majestad de ser todo poderoso hacerme grande, sus dones tanto me enriquecerán que beata me dirán todas las generaciones. Y pues tú su Fortaleza te interpretas, soberano paraninfo, en mí no en vano inspirada la flaqueza de mi baja humanidad decir podrá sin temor: esclava soy del Señor, cúmplase su voluntad. Esclava soy del Señor cúmplase su voluntad. Desaparece el áNGEL y sale el PRÍNCIPE de galán. Bien mi amorosa pasión estuvo con suspensión a ver que respuesta das, porque ese mérito más tenga tu resignación, y ya, hermosa Sulamitis, que envuelta en mortales ansias dormida explicó la noche, y que una letra mudada entre celestes anuncios perfecta te explica el alba, ven a mis brazos, desciende del Líbano, y pues las pardas trémulas sombras pasaron ya del invierno en que estaba aterido a tus umbrales, lleno sobre pobres pajas el cabello de rocío, temblando al yelo y la escarcha, ven donde la primavera las verdes selvas esmalta de azucenas y de rosas, bien que para tu guirnalda se pierden de color, pues si a tus labios se comparan, si a tus mejillas se oponen matizadamente varias en la competida mezcla del ampo a un tiempo y el nácar, son las unas nieve roja, las otras púrpura blanca. Ven, pues, ven que ya las viñas florecen dando sus ramas a la elección de tu mano o a la huella de tu estampa, ya en la fruta y ya en la flor, por desvanecer en ambas granos de oro, si las tocas, si las pisas, esmeraldas. Las aves, flores y fuentes batiendo al aire las alas, moviendo al tronco las hojas, rizando al cristal la plata, son acordes instrumentos en que el céfiro y el aura dan a cítaras de pluma cuerdas de oro y trastes de ámbar. ¿Qué esperas, pues? De la cumbre desciende; la voz te llama de amante esposo, que viendo que de envidia el sol agravia tu rosada tez, alfombras tejiendo de flores varias, de varias hojas doseles para que burles la saña de su ardiente siesta, a sombra del terebinto te aguarda. Que de la cumbre descienda al valle, príncipe mandas, Bajando al tablado. y siendo yo la que sube y tú, señor, el que bajas no sin misterio parece que son acciones contrarias, pues no puede haber esfera más inferior ni más alta que mis brazos para ti ni para mí que tus plantas. LLega, ¿qué temes? A tanto favor, absorta y turbada, caer temo. Hace que tropieza y él la recibe en los brazos. No harás, que yo te tendré antes que tú caigas. Eso es mostrar que del polvo de la tierra me levantas. No es, que levantarte fuera, Sulamitis soberana, decir que te hallé caída, que aunque es la verdad que estabas envuelta en las propensiones de naturaleza humana, el día que para esposa hallaste en mis ojos gracia, hallé yo gracia en que no caída, sino preservada, a mí te unieses, porque del polvo de Adán intacta, ya que eres la toda hermosa seas la toda sin mancha. ¿Tantos favores, señor, con una mísera esclava? Quien al soberbio derriba también al humilde ensalza. Ven, pues, que mi padre espera en el soberano alcázar de donde por ti me envía, para que a su vista se hagan las nupciales ceremonias que su providencia sabia previno con una cena de tan sabrosas viandas que han de alimentar no solo las vidas, pero las almas. La mía te magnifique, señor, por finezas tantas. Tú las mereces el día que un cabello tuyo basta para herirme el corazón. Tú con sola una palabra para penetrar el mío. ¿Mas qué mucho si en tu rara beldad, ojos de paloma en fuego de amor le abrasan? ¿Mas qué mucho si contigo no es eminente la palma que en las cumbres de Sión sobre las nubes se exalta? Lirio cercado de espinas eres, a quien hacen guarda porque venenosas sierpes no entren a morder su planta. Tú el haz de mirra que llena el orbe con sus fragrancias. Toda es perfecta mi esposa; en ella no se halló falta. ¡Qué no merecida dicha, pues todo es mi amante gala! ¡Ah del palacio, que sobre siete colunas descansa, en fe de que siete son las fundamentales basas en que su fábrica estriba! Dentro. ¿Quién a sus umbrales llama? Vuestro príncipe, que vuelve glorioso de la campaña, pues vuelve de amor vencido vencedor de su esperanza. Abrid las puertas, levad los puentes, y haciendo salva a la nueva aurora vuestra, entonad en su alabanza los cánticos, que nupciales epitalamios se cantan en las reales bodas. Sale el REY. No los apresures, aguarda; que aunque viendo a Sulamitis a estos umbrales con tanta gracia... Eso solo conceda que a quien el mérito falta preciso es que sea, señor, todo cuanto adquiere gracia. Alza del suelo, que aunque vuelvo a decir del alcázar viéndote a ti a sus umbrales a darte los brazos salga, aún no ha llegado la hora de que empiecen las usadas ceremonias con el fausto que conviene. ¿Pues qué falta? Que vengan los convidados con quien has de celebrarlas sentándolos a tu mesa para que gozosos vayan y honrados con tus favores; presto vendrán, que ya tardan. Salen la SABIDURÍA, la FE, la CARIDAD y la MISERICORDIA. No tardan, que malas nuevas siempre, señor, se adelantan; pues cuando mezclado el vino, las víctimas inmoladas, ázimo el pan y el cordero entre lechugas amargas están, no hay para quién sean. Las virtudes que enviadas fueron al mundo dél vuelven despedidas. ¿Pues qué os pasa? Que en áfrica el Ateísmo, tenaz en su pertinacia, por acudir de Epicuro solamente a la labranza de sus manjares, no admite de la Fe con que le llamas ni aun las primeras noticias. Con distante circunstancia mas no con distante error que uno niega, otro idolatra, en América responde la Idolatría, ocupada en los sacrílegos cultos de torpes deidades falsas. En las provincias de Europa, del apóstata infestadas las del Norte, para que vuelva a tu gremio no basta el ser la Misericordia quien le pone en confianza de tu perdón. ¡Oh rebelde perfidia! ¡Oh ciega ignorancia! ¡Oh torpe error! Bien pudiera de tanto desdén, de tanta grosera acción, como ver Sabiduría que hagan desprecio de tu convite, tomar de todos venganza; pero mi poder por más ofendido que se halla no luce en lo que castiga tanto como en lo que aguarda. Temple por ahora mi enojo el presumir que del Asia la Esperanza traiga gentes que con su número hagan célebre la boda. No esperes a que las traiga. Ni a que ella venga tampoco. ¿Por qué? Porque con más saña que todos, el Hebraísmo al oír que tu hijo casa con Sulamitis, dudando esta unión, porque él la aguarda según su cómputo en otra edad, y dudando que haya pan, vino, maná y cordero en tu mesa, con más rabia, que en su poder quede quiso, de suerte que desdeñadas sin la Esperanza volvemos, pues por no creer que pasa la sombra a luz, el hebreo se quedó con la Esperanza. ¡Oh generación de dura cerviz, perversa y ingrata a los beneficios! Pero no por mirar que me faltan para mi mesa los reyes, los príncipes y monarcas, dejaré de celebrar las bodas con gentes varias. Volved las tres y corriendo caminos, calles y plazas, sin excepción de personas, por más humildes y bajas que sean los convidad, sin que el ser les obste en nada mendigos, ciegos, tullidos, ni con miserias y llagas paralíticos, leprosos y hidrópicos. Vean a causa de mi piedad los magnates del siglo que no hay distancia dellos a los pobres como las virtudes me los traigan. Tú, eterna Sabiduría, ten a todos vestes blancas que nupciales ropas sean, porque no haga disonancia su desnudez en la mesa sentándose a ella con manchas de actual achaque. Tú, príncipe, a ese umbral aguarda a quitarles el empacho que traerán de que les llama su rey para que contigo se sienten; suple sus faltas, que no es bien llegue a tu mesa nadie con desconfianza. A su cargo cada uno para que diga la fama a los que se han excusado por malicia o ignorancia, que lo que ellos por soberbios pierden, por humildes ganan los pobres de Sulamitis. Y tú, vil nación tirana, tente la Esperanza allá, que aquí no nos hace falta, pues quien llega a posesión no ha menester esperanza. Vase. Ven, Sulamitis, conmigo, verás que desde hoy mi alcázar nuevo hospicio es de tus pobres. Vase. Pues tú al umbral los aguardas, duélete dellos, señor, y vea el hombre en las pesadas enfermedades del cuerpo las curaciones del alma. Vase. Nosotras segunda vez con segundas voces altas a su mandato obedientes vamos. No en vano le llamas mandato, que quizá este es de otro la semejanza. Pues para que a mayor honra sea de quien nos lo manda también la invocación sea compuesta de sus palabras. ¿De qué manera? Canta. Diciendo: achacosos de la humana naturaleza, venid, venid, veréis en las sanas enfermedades del cuerpo las curaciones del alma. Venid, que con esta dicha no os queda que desear nada, pues quien llega a posesión no ha menester esperanza. Con esta repetición, cantando ella y respondiendo toda la MÚSICA, se van, quedando solo el PRÍNCIPE. ¡Oh amor! ¿A qué no me obligas, pues me obligas a que haga por ti tan grandes finezas como sujetarme a tantas penas como me contrae la naturaleza humana; Nazaret por ella al hielo me vio; por ella mi patria peregrinar a la ajena, y por ella las montañas fatigado del camino, llena de sudor la cara, con hambre afligirme el monte, con sed rendirme Samaria. Y aun no han de parar aquí, pues hasta el fin he de amarla dando la vida por ella, de que la prenda más alta, la más explicada sombra y la figura más clara será a venideros siglos ver que en sus supremas aras ponga hoy la Sabiduría a sus pobres mesa franca, siendo del alma y del cuerpo alimento las viandas, tan a dos visos que vea, pues llorosa me lo encarga, en los achaques del cuerpo y en los remedios del alma... ...que quien llega a posesión no ha menester esperanza. Sale la FE y el APETITO. Este ciego en el umbral del templo, señor, oyó mi voz y por serlo yo me ha enternecido su mal. ¿Quién eres? No sé qué tal me tiene el desasosiego de cuanto a apetecer llego, que creo que es mi delito en común el apetito. Bien se ve, pues eres ciego. El primer pecado fue del hombre y que vea conviene, que viene bien el que viene tras las voces de la Fe. Vista al cuerpo te daré con condición de que sea vista del alma y se vea que cuerpo y alma sanó quien siguió a la Fe. Vea yo y como ello fuere sea. Hace que levanta tierra y dale con ella en los ojos. Este es tu remedio, llega. ¿Polvo me echas en los ojos? Eso más es dar enojos que remedios al que ruega. Si el polvo aun al que ve ciega ¿qué hará al que no ve? El delito que tú explicas solicito sanar a alma y cuerpo, pues el polvo a los ojos es la cura del apetito. Hace que ve. No sin gran dolor lo creo de mis yerros, pues aquí el polvo es de quien nací la primer cosa que veo; conque el pasado deseo de mi apetencia cesó, porque al ver que yo soy yo y tú eres tú, arrepentido, piedad a tus plantas pido. Pues para ver su ser vio, contigo he de enviarle, Fe, (ya que enviado declara quien dice Siloé) a la clara laguna de Siloé, vea el mundo en su cura... ¿Qué es lo que ha de ver el mundo? Que en agua y en dolor fundo su salud, pues sanar quiero con agua el error primero y con dolor el segundo. En habiéndole lavado trayle donde la blancura de la nupcial vestidura para sentarse a mi lado limpio le deje y curado. Sale la CARIDAD y la PEREZA en un carretoncillo. Esta torpe ancianidad que perezosa en su edad aun hacia el bien no camina, oyó junto a una piscina la voz de la Caridad y así a traértele me atrevo. ¿Que paralítico está? Si treinta y ocho años ha que de un lado no me muevo porque a ningún hombre debo que de mí compadecido me ayude ¿qué mucho ha sido? Quien de otro espera el favor símbolo es del pecador en su culpa envejecido. Si te hubieras tú ayudado en los principios, no hubiera esa horrible lepra fiera tan grandes fuerzas cobrado. Ya veo que, descuidado, mi mal mi pereza fue: de un día en otro dilaté el que en cura me pondría, conque de uno en otro día tan impedido me hallé que de sanar desespero. Pues ¿no es mejor esperar? ¿En qué ya? En querer sanar. ¿En querer sanar? ¿Si muero de envejecido mal fiero bastará que quiera yo a sanar dél? ¿Por qué no? ¿Y en qué fundaré ese bien? En ser mi Caridad quien en la piscina te halló. Si mi curación es esa, péseme y llore afligido el no haberla conocido. Pues si llorando te pesa para sentarte a mi mesa toma tu lecho y camina. ¡Oh celestial medicina! No desesperes, mortal; llora y confiesa tu mal y saldrás de la piscina. Vanse los dos y sale la MISERICORDIA con la AVARICIA y la LASCIVIA. Este hidrópico sediento con este hambriento mendigo tras mi voz traigo conmigo. Ya en los dos me represento; en el uno al avariento que nunca harta su codicia, en el otro la malicia del lascivo, en que se infiere que a uno enferma lo que adquiere y a otro lo que desperdicia. ¿Qué queréis? Habiendo oído... ...que a tus bodas convidado... ...el ciego vista ha cobrado... ...pies y manos el tullido... ...triste ruego... ...humilde pido... ...que en mi grave hidropesía... ...que en la gran miseria mía... ...te compadezcas. Sí haré, que si Caridad y Fe fue al uno y al otro guía, no ha de merecer conmigo menos la Misericordia, bien que para la discordia que hay entre avaro y mendigo, al uno y al otro digo que hagan lo que ellos hicieron. ¿Pues qué sus méritos fueron? El uno ser polvo vio, el otro su error lloró. Si en llanto y en polvo vieron su salud, en polvo y llanto, la hacienda restituida a quien la debo, mi vida será un eterno quebranto. Pues porque en ti se vea cuánto la Misericordia indicia que sea gracia la justicia, entra y cura en mi grandeza la hinchazón de la riqueza y la sed de la avaricia. ¿Tú quién eres? Un perdido que a su padre le pidió su patrimonio y salió donde libre y divertido habiéndole consumido en delicias y placeres, juegos, galas y mujeres, a pedir le trae su exceso limosna. Tú, según eso, pródigo, símbolo eres de aquel áspid que en el seno da la muerte a quien le abriga; de aquella esfinge enemiga que su enigma es su veneno; de aquel basilisco lleno de blanda pluma traidora, víbora que en flores mora, hiena y sirena que encanta con suavidades si canta y con lástimas si llora. ¿La Lascivia, en fin? Sí soy. ¿Dónde vas? Por no vivir con brutos bruto a pedir perdón a mi padre voy y, enmendado desde hoy, de sus piedades colijo que al ver mi estado prolijo recibido sea a salario en su casa mercenario pues no merezco ser hijo. Porque en eso perseveres antes que allá el cuerpo... Di. Curarás el alma aquí. Padre y señor... Sale el REY. ¿Qué me quieres? Pues padre, siendo rey, eres de familias, halle abrigo en tu gracia este mendigo, que va a su padre enmendado; vea que con él ha dado puesto que ha dado contigo. Recíbele tú en tu cena. Y con paternales lazos antes que en ella en mis brazos, y toda mi casa llena ya de alborozo, sin pena dél, sea fiesta y regocijo. Bien Misericordia dijo. Venid todos, ¿qué esperáis? Salen las VIRTUDES. ¿Qué nos mandas? Que admitáis aquel mi perdido hijo, que del daño más mortal vuelve a mí convalecido. Trocadle el tosco vestido en talar veste nupcial y el más bello recental que vio el ampo de la nieve en suave pira leve por él se inmole. Eso sí; reconozca en él y en mí el hombre lo que te debe, pues aunque de su belleza me movieron las pasiones quieres que con propensiones de humana naturaleza a ella admita mi fineza, y siendo yo el hijo fiel y él el ingrato y cruel dispones que sean aquí las pasiones para mí y los gozos para él. Todos de nuestra alegría te damos el parabién. Sale la SABIDURÍA. ¿Qué esperas? Príncipe, ven; que ya la asistencia mía todo cuanto della fía tu amor tiene prevenido, y tantos pobres han sido los que al convite han llegado que cinco mil solo el prado de los henos ha admitido. Dellos, y de otros después, se puebla uno y otro espacio, de suerte que mi palacio hospicio de pobres es. Escucha sus ecos, pues te apellida su clamor diciendo, porque el favor les llegue de su agonía: Dentro MÚSICA y VOCES. El pan nuestro de cada día dánosle hoy Señor. Ve tú a celebrar con ellos tus bodas que yo estaré a la mira para que gozoso me alegre en vellos. Vase. Mi gloria es favorecellos; ven tú conmigo. Mejor que acompañe su fervor será la ventura mía. Y contigo la alegría nuestra diciendo en su loor: El pan nuestro de cada día dánosle hoy, Señor. Vanse y salen como oyendo a lo lejos HEBRAÍSMO, GENTILISMO y APOSTASÍA. ¿«El pan nuestro de cada día dánosle hoy, Señor»? Gentilismo, Apostasía... ¿Qué quieres? Saber deseo qué segundas voces son estas que con sus acentos segunda vez nos perturban el aire y el pensamiento. Yo no sé, que aunque dejando por incapaz de consejo al Ateísmo, quedamos en que habíamos de vernos los tres para conferir la causa de sus efectos, y aunque tenía que hablaros en no sé qué presupuestos de una Caridad que ignoro, no tuve hasta agora tiempo de buscaros, ocupado en mis ritos; conque habiendo nueva razón de dudar tampoco agora le tengo para más de que volvió de mí despedida. Eso al contrario a la Esperanza conmigo sucedió, puesto que no volvió despedida, pues en mi poder la tengo, y así pasando a esta nueva voz que corre, lo que intento es saber qué pan es este que a gritos le llama nuestro tanta multitud. A mí toca esa respuesta, siendo como soy quien de más cerca ve el pan y duda el misterio. Y así asentado el principio de haber sido a un mismo tiempo convidados y excusados cada cual con su pretexto, voy a que el rey ofendido de nuestras respuestas, viendo que sin gentes no era bien celebrar el casamiento (si ya no fue de nosotros vengarse con el desprecio) mandó que por los caminos, calles, plazas y desiertos, se convidasen los más pobres míseros sujetos, desde el mendigo al leproso, desde el hidrópico al ciego y desde el manco al tullido, cuyo tumulto corriendo a sus umbrales en altas voces repite: Dentro. El pan nuestro de cada día, Señor, dánosle hoy. Y pues a tiempo llega el deseo de entrambas en sus clamores envuelto sabed que el ázimo pan y mixto vino que ha puesto la Sabiduría, careando la autoridad que en dos textos da la parábola en sombras y en luces el evangelio, a los ojos de la Fe que ven más mientras más ciegos, quiere que incluyan tan alto, admirable sacramento como que transubstanciado sea carne el pan y luego sangre el vino; maravilla, milagro, asombro o portento que sacramentario yo ni sé, ni alcanzo, ni entiendo. Y así puesto en libertad de conciencia huyo su gremio por no obligarme a tener cautivo el entendimiento. Haces bien; y pues que ya el gran prodigio sabemos que en ese pan la Fe intenta darnos a entender ¿qué haremos para alcanzar dél alguna pequeña parte en que haciendo una y muchas experiencias veamos qué contiene dentro? Yo no sé. Ni yo tampoco. A mí se me ofrece un medio. ¿Qué es? Que tú como ladrón que eres de casa, a quien menos pueden descubrir o el traje o el idioma, hoy entre aquesos despreciables convidados disfrazado y encubierto te introduzgas, de manera que parezcas uno dellos, conque podrás de ese pan alcanzar algún pequeño bocado que traer contigo; que si en mi poder le veo yo le sabré acrisolar a exámenes tan violentos que descubra sus quilates. ¿Qué dices? Que no me atrevo; porque para ir a la boda... Di. Ropa nupcial no tengo. ¿Por qué ha de tenerla el pobre? Mejor va con sus remiendos cuando va a pedir limosna. Persuádele tú. No quiero; que es vil, es traidora acción ir a engañar con pretexto de doble amigo, y así puedes sin mí tratar de eso en que yo ni entro ni salgo, que no ha de decir el tiempo que la Gentilidad tuvo parte en tan aleve intento. Vase. Pues diga de mí, que yo no solo la parte pero el todo tuve; y así para ver si te convenzo no quiero que me le des mas que me le vendas quiero. ¿Cuánto quieres que te dé (hagamos contrato el ruego) por traerme solo un bocado de ese pan? ¿Qué estás suspenso? ¡Oh interés, y lo que pesa tu balanza! ¿Cuánto, vuelvo a decirte, por él quieres que te dé? Treinta dineros. Dale un bolsillo y tocan las chirimías. Poco me has pedido, toma; y pues ya desde aquí vemos que en el cenáculo entrando van en acompañamiento de los novios, los mendigos todos vestidos de nuevo y convalecidos ¿qué aguardas? No pierdas tiempo, que ir sin ropa más hará lástima que no desprecio por no haberte a ti vestido. Dices bien; y ya con eso no temo que en mí reparen; y aunque reparen ¿qué pierdo en que ellos con su reparo se queden si yo me quedo con mi dinero? Vase. Pues yo a acercarme no me atrevo; desde aquí estaré a la mira para observar a lo lejos desta venta y compra el fin; y no en vano, pues que veo al príncipe y Sulamitis en mesa traviesa puestos, y a un lado y otro sentados los miserables desechos de las cortes, cada uno apadrinado del celo de la virtud que le trujo a este honor. Ya toma entre ellos el apóstata lugar con todos en hacimiento de gracias y bendición de mesa, también diciendo: Aunque no somos, Señor, por nuestros merecimientos dignos de tantos honores perdonadnos por los vuestros ya que en vuestra santa palabra nos vemos sanos, perdonados, salvos y contentos. Las chirimías, y ábrese un carro en que estará una mesa y en su cabecera el PRÍNCIPE y SULAMITIS, y a una banda y otra las tres VIRTUDES y los cuatro pobres con ropas de velillo y la APOSTASÍA sin ella. Aunque no somos, Señor, por nuestros merecimientos dignos de tantos honores, perdonadnos por los vuestros, ya que en vuestra santa palabra nos vemos sanos, perdonados, salvos y contentos. Mira, amada Sulamitis, en cuánta honra, en cuánto aumento tu pobre familia se halla. Y pues los llamados fueron muchos y los escogidos son pocos, haré con ellos la última fineza, ya que a mi mesa los asiento. ¿Qué mayor, señor, que aquella que a tu amor divino debo explicando las del alma en las saludes del cuerpo? ¡Ay de aquel que a enfermar más le traen sus atrevimientos! El príncipe me ha mirado, si no me engaño, con ceño; pero ya una vez aquí nada dudo, nada temo, que no es poca granjería cenar y llevar dinero solo a costa de decir en el cántico con ellos: Ya que en vuestra santa palabra nos vemos salvos, perdonados, sanos y contentos. Las chirimías, y ábrese otro carro con aparadores y en él el REY y la SABIDURÍA. Desde estos aparadores que a imitación de los cielos plateados canceles forman puedes, Señor, encubierto ver la mesa y los que en ella sentados están. De verlos con las albas vestiduras que habiéndoselas tú puesto significan la interior pureza de sus afectos, tu sabes, Sabiduría, cuánto me gozo y me alegro; mas oye, ¿quién es aquel que sin nupcial ornamento mete la mano en el plato? Baja de su carro y tras él la SABIDURÍA, y sube al otro carro en cuya punta estará el apóstata sentado. ¿Dónde vas? Donde pretendo dar castigo a tan aleve sacrílego atrevimiento. ¿Cómo? ¿Sentarse a esa mesa sin desnudarte primero del hábito de hombre antiguo y vestido el de hombre nuevo? Dime, amigo, ¿a qué veniste aquí? ¡De mirarle tiemblo! ¿Y cómo aquí... ¡Qué pavor! ...entraste... ¡Qué sentimiento! ...sin haber... ¡Qué ansia! ...lavado... ¡Qué parasismo! ...primero... ¡Qué angustia! ...la blanca estola en la sangre del cordero que cruento sacrificio fue, para ser incruento? Como, si, no, cuando, yo... Mudo estoy, a hablar no acierto; ¿qué mucho si el corazón se me ha quebrado en el pecho? Levanta de aquí, levanta; que no es bien que tome asiento el réprobo entre elegidos ni entre humildes el soberbio. Llevadle arrojado dél al más pavoroso centro que en exteriores tinieblas humo exhala, escupe fuego. Cae del trono y da cayendo y levantando en brazos del HEBRAÍSMO. ¡Ay infelice de mí! ¿A dónde irá a parar, cielos, mi precipicio? A mis brazos. Fuerza era dar en ellos; que un despeño siempre fue principio de otro despeño. Mal hubiese mi codicia; toma, toma tu dinero, que no le quiero por tuyo. Ni yo tampoco le quiero por haberle tú tocado. Pues arrojaréle al templo y iré donde con mi vida acabe el áspid que el pecho muerde, el puñal que atraviesa el corazón, el incendio que las entrañas abrasa, y, en fin, el dogal que al cuello, pues me está quitando el habla, también me quite el aliento. Vase. Emplearéle yo en un campo de sangre que cimenterio sea porque no a los vivos inficione su veneno. ¡Qué asombro! ¡Qué confusión! ¡Qué prodigio! ¡Qué portento! La ira del rey aunque sea con el traidor pone miedo al leal. Bien lo declara el quedar todos suspensos. Sino yo, que declarado oponerme a todos tengo. ¿En fe de qué tu osadía tiene tanto atrevimiento? En fe de aquella Esperanza que sé que conmigo tengo. Sale la ESPERANZA. No tienes, que si contigo me tuviste fue advirtiendo que puedo como esperanza humana fallecer luego que sea posesión; mas como divina virtud no puedo, pues lo temporal cumplido me queda acción a lo eterno; y así si aquí no hice falta, llegando a su cumplimiento la dicha del hombre, ya es fuerza que a tu despecho venga a que goce la dicha con la esperanza del premio sin que tu puedas tenerme. ¿Por qué tenerte no puedo? Porque a vista de aquel alto inefable sacramento, la esperanza del judío solo es humo, polvo y viento. ¿Qué sacramento, si allí cordero, vino y pan veo solamente? A mí me toca, pues yo en la mesa lo he puesto, decirte lo que en sí incluyan cordero, vino y pan, siendo estas bodas sombra y luz de las bodas del cordero que en la Apocalipse abrió el libro de siete sellos, cuando en su celebridad sentado el esposo en medio de la esposa y los humildes que a falta de los soberbios vinieron a su mandato donde en fiel recogimiento sustentados y vestidos vivan a expensas del cielo, les diga: Para que nunca os falten los alimentos que como a hijos debo daros, en mi último testamento, ese cordero legal que asado mandé poneros, no guisado ni cocido, porque sin quebrarle hueso pueda extendidos los brazos parecer que está en cruz puesto, mi imagen es; este pan que en mis manos tomo haciendo gracias a mi padre es mi carne, mi sangre luego este vino; conque nunca os podrá faltar sustento teniéndome siempre en ese cáliz y hostia en alma y cuerpo con real asistencia vivo. Vuelve el cordero y vese el cáliz y hostia. ¿Quién asegura todo eso? La Fe que ciega lo mira. La Caridad, advirtiendo que el pan es la Caridad. La Misericordia, puesto que ella afianza las limosnas. La Esperanza, que los premios promete a quien las ayude. La esposa, que halló el aumento de gracia para sus pobres. Sus pobres, que a los pies puestos de poder, ciencia y amor, lo adoramos y creemos. Todo eso no lo asegura a los siglos venideros. Obra tan grande fundada en tan débiles cimientos como unos mendigos mal convalecidos enfermos ¿qué duración se promete? ¿Habrá fortaleza en ellos que a una nueva institución, nuevo albergue, hospicio nuevo el peso sustente? La FORTALEZA en otro carro. Sí; que es suave yugo su peso. ¿Quién eso dice? La misma Fortaleza, pues es cierto que quien Fortaleza dijo dijo Gabriel; conque siendo Gabriel el custodio y guarda de este paraíso bello cuyas plantas atributos son del ave de los cielos ¿quién duda que el nuevo hospicio deste paraíso nuevo y más si al Ave le añade María como diciendo que aquí todo es Gracia pues María y Gracia son lo mesmo, trayendo el Ave María no solo en el alma impreso por blasón, pero en grabadas láminas de bronce al pecho, tenga con su patrocinio Fortaleza contra el tiempo y en su nombre por los siglos de los siglos viva eterno? ¿Qué te queda, si esto escuchas, que dudar, rebelde pueblo? Todo; y así aunque a vivir sin domicilio, sin templo, sin sinagoga, sin ara, prófugo quede, primero que lo vea y que lo adore iré de su vista huyendo. Vase y sale el GENTILISMO. Por eso vendré a su vista yo, que escuchando a lo lejos tan inmensas maravillas humilde a adorarlas vengo. Tú, Gentilidad, serás de su lugar heredero. Y todos, en fe de que es día de perdonar yerros, en hacimiento de gracias una y mil veces diremos: Aunque no somos, Señor, por nuestros merecimientos dignos de tantos honores perdonadnos por los vuestros ya que en vuestra santa palabra nos vemos sanos, perdonados, salvos y contentos. FIN