Personajes EL FUROR EL HOMBRE LA ENVIDIA TEOS LA INOCIENCIA LA CARIDAD LA MENTIRA LA VERDAD EL MUNDO LA CULPA CUATRO CAUTIVOS UN NIÑO MÚSICOS En el primero carro que será una galera negra sobre ondas de llamas, pintados sus gallardetes dedragones, y por quilla de su proa una serpiente, aparecerá en la proa el Furor, junto al árbol mayor la Envidia y al remo en una banda el Hombre decautivo, y en otra la Malicia y otros cuatro forzados, dos a cada lado, y mientras se representan los primeros versos, da vueltas al tablado. Amáinese la vela, y sin las alas con que nada o vuela ese neblí marítimo del viento, boreal delfín del húmedo elemento, al impulso no más del remo trate vencer las iras de uno y otro embate, con que el aire y el mar nos hacen guerra, hasta tomar el puerto; en cuya tierra, cierta la entrada, incierta la salida, el laberinto yace de la vida; porque ya que pirata me disfama, alguien que bestia de la mar me llama, es bien mostrar que el atributo apruebo, cuando del corso que he corrido, llevo al Hombre, y sus Afectos amarrados, al remo destinados, a ser pasto del monstruo, que en su centro, de humanas vidas se alimenta dentro: y así, rompiendo la erizada valla del golfo del vivir, boga canalla. Si en sagradas lecciones, tal vez las aguas son tribulaciones, aún cuando voluntario sus festivas playas navega el Hombre en aguas vivas; mal hoy forzado, a contrastar se atreve, en muertas aguas páramos de nieve, contra la dura desigual batalla de opuesto temporal. Boga canalla, sin que tu Culpa extrañe mi castigo, puesto que tu Malicia va contigo, y los varios Afectos que tras ella derrotaron el rumbo de tu estrella, hasta dar en mis manos. Ya sé, Furor, que en piélagos humanos la divina justicia de Dios condena al Hombre y la Malicia de sus Afectos, al fatal extremo del remo del vivir trae; pero el remo, para romper deste aterido yelo la verdinegra bruma, no se halla con fuerzas mi poder. Boga canalla. ¡Cielo, piedad en tanto desconsuelo! Cerrado está, no hay qué llamar al cielo: y tú, Envidia, pues fuiste la que a la muerte abriste la puerta la primera, ya que no puedes penetrar la esfera del sol, al tope de esa gavia sube, y coronando de una, y otra nube el rizado penacho de tus plumas, arbitrio infiel de ráfagas y espumas, mira si algún celaje, a pesar del ultraje, que olas amontonando, nos le encubre; del mundo el laberinto se descubre, a que van condenados (ya lo dije) estos míseros forzados, a quien la ley de su infelice suerte llamó a la vida, y destinó a la muerte. Sube la Envidia en elevación arrimada al árbol mayor y da la vuelta la nave. Ya elevada en el viento, con las fáciles alas de mi aliento, registro la campaña, que transmutó de piélago en montaña ingeniero el motín de la tormenta; y por más que la vista mire atenta poner al mar en varios horizontes, titán de nieve, montes sobre montes; sola una nave veo, que al parecer también trae su deseo en demanda del puerto, quizá del mismo bárbaro desierto; pues dice al huracán que la acomete. Da vuelta la nave que estará fundada sobre ondasde nubarrones azules y sus flámulas encarnadascon hostias y cálices, y vese en la popa Teos de galán, la Caridad en el árbol mayor, y la Inocienciaen la proa, y los músicos de marineros. ¡Amaina la mayor! ¡Hiza el trinquete! ¡Alarga la bolina! Hoy serán estos piélagos la ruina, con sañuda violencia grande, Teos, de ti y de tu Inociencia. No temas, que esta nave, que nadar y volar a un tiempo sabe, aunque se ve impelida, contrastada será, no sumergida, porque navega al norte de una estrella, con quien el sol su resplandor no mide; pues como estrella de la mar preside a los influjos de ella, intacta, pura, clara, limpia y bella; en cuya confianza, hasta la entena, pues de plumas de amor te miras llena, ¡oh, Caridad, asciende, y de ella avisa, si población o monte se divisa! Sube la Caridad en elevación, arrimada al árbol y da vuelta la nave. Ya en el viento elevada, dejando una galera zozobrada, de la tormenta que también padece, paso adelante, donde se me ofrece el lejano celaje de una sierra. Ya el puerto se descubre; tierra. Tierra. ¿Eso dices tan fría? Dilo, pidiendo albricias de alegría. Dan vueltas la galera y la nave cantando Esperanza y Envidia y respondiendo Furor a cada una. Mortales, albricias… Mortales, albricias… Albricias, mortales… Albricias, mortales… … que ya destos golfos… … que ya destos golfos… … que ya destos mares… … que ya destos mares… … vencidas las sañas… … vencidas las sañas… … templadas las iras… … templadas las iras… … el puerto se ve… … el puerto se ve… … la tierra se mira… … la tierra se mira. Albricias, mortales, albricias, albricias. Habiendo dado una y más vueltas pasan de costadoal tablado. A costa, a costa, pues ya a vista del puerto, cesan las iras del mar. A costa, pues ya el mar sus furias templa. Buen viaje. Buen pasaje. Haced salva a esas riberas. Disparan de la galera. No hagáis a esos montes salva. Por si acaso sale a ellas Ariadna. Que no es tiempo que yo con estruendos venga. Buen viaje. Buen pasaje. Echa el áncora y aferra. Echa la sonda y da fondo. Y digan voces diversas. Mortales, albricias, albricias, mortales, que ya destos golfos, que ya destos mares, vencidas las sañas, templadas las iras, el puerto se ve, la tierra se mira, albricias mortales, albricias, albricias. Ya que inquietamente quieta la quilla está sobre el ferro, conmigo al esquife venga ese mísero cautivo, y amarrado a la cadena, arrastre tras su Malicia sus afectos y potencias. Aquí pasan nave y galera de costado al tablado dela representación. ¡Si esto es nacer a morir, Dejan todos los remos y levantándose con cadenas a los pies bajan por el escotillón que subieron. siendo en metáfora nueva, deste bajel las entrañas las que en su seno me engendran, con cuyo dolor de parto la Humana Naturaleza me aborta, paciencia, cielos! ¿Quién ha de tener paciencia Si vil. Si esclavo. Si herrado. Si abatido A ver te llegas hoy con todos tus Afectos? Ya lo veo; y pues es fuerza que el Hombre a que muera nazca, nazca yo para que muera. Vase el Hombre y esclavos por el escotillón de la galera. Ya que en la amarra la nave tranquilamente serena goza de la paz del puerto, todos me esperad en ella; y conmigo en el esquife, a inquirir qué playa es esta sola la Inociencia salga. Muy buen compañero llevas, si acaso es tierra enemiga, para lo que te acontezca. ¿Cómo? Como apenas yo mirare el peligro cerca, cuando me deje matar, aún sin ponerme en defensa. ¿Por qué? Porque esta enseñanza quede al mundo, cuando vea, que lo primero que muere en el Hombre es la Inociencia. No harás tal, que vas conmigo. La salva a repetir vuelva mi venida. La mía no, que aún no es tiempo que se sepa y así, tu voz, Caridad, acompañe lisonjera solo al militar estruendo de sus cajas y trompetas. Mortales, albricias, albricias, mortales, que ya destos golfos, que ya destos mares, vencidas las sañas, templadas las iras, el puerto se ve, la tierra se mira, albricias mortales, albricias, albricias. Con esta repetición, haciendo salva la galera y sonando juntas Música, cajas y trompetas danvuelta ella y la nave, bajan de las apariencias Envidia y Esperanza y desapareciendo todos salen al otro lado la Verdad y la Mentira, como que han escuchado las salvas a lo lejos. Ya que al compás desta salva, menos brava, menos fiera, la inquietud del mar permite que los perfiles se vean de aquel último horizonte, desvaneciendo las sierras de espuma, que pretendieron poner su línea mas cerca. Salgamos a ver si acaso aquella garza pequeña, que cuando se encumbra nada, y cuando se abate vuela, es el bajel del furor de la Culpa, con la presa de las víctimas humanas, que nuestro monstruo alimentan. ¡Qué contrario es mi motivo del tuyo! Pues si yo atenta al mar salgo, no es a causa de que ese tributo venga en aquel negro bajel, que a nuestro puerto navega del poniente, sino a causa de que esotra blanca vela, que viniendo del oriente, es el austro el que la alienta, sea la que ha de traer, si doy crédito a las ciencias, que han antevisto esta dicha, el trigo de lejas tierras, en cuya abundancia estriba el remedio que se espera contra ese encerrado monstruo. ¡Oh que esperanza tan necia! Más lo es tu desconfianza. ¡Que siempre has de ser mi opuesta! Claro está, si siempre tú, altiva, sañuda y fiera, del Furor enamorada, te obligas de sus cautelas, sin dar crédito a verdades; que astrólogos los profetas, a merced del cielo han visto. ¿Que va que decirme intentas, si yo las cautelas sigo, y tú las verdades, Fedra, que soy la Mentira yo, y tú la Verdad? Si llegas a interpretar nuestros nombres, para que dos luces tengan dentro de una alegoría divinas y humanas letras, si diré pues de Ariadna tu nombre con Ari empieza, hebrea voz, que significa león, cuyas garras y presas, estragos son, y remata en Adna, que se interpreta (el mismo idioma lo diga) dominatriz; de manera, que Señora del León, toda eres iras violentas: y así, te pones de parte de esa encarcelada fiera, que atemorizada tiene toda la naturaleza, siempre con ceño contraria, siempre con desdén opuesta a la prevista verdad, que ha de redimirla della: cuyas señas con mi nombre convienen, pues son sus señas ser clara, pura, y ilustre; y esto significa Fedra en la griega frase, quien lo dudare podrá verla, y no extrañará que aquí en la alegórica escena del laberinto del mundo, Fedra, y Ariadna sean la Mentira, y la Verdad. Si extrañará si a ver llega que somos las dos hermanas, y de una naturaleza no son Mentira y Verdad. Sí son; u di, ¿quién engendra a la Mentira? El concepto que uno quiere formar de ella. ¿Quién la concibe? La mente. ¿Quién la alimenta? La idea. ¿Quién la pare? La lengua es quien la pare. Luego es cierta cosa Mentira y Verdad nacer de una madre mesma, pues a la Verdad también el concepto es quien la engendra, la Mente quien la concibe, la idea quien la alimenta, y hermana de la Mentira es quien la pare la lengua; y así, el que hermanas seamos no desdice a esta sentencia, pues para nacer hermanas, no implica nacer opuestas. Contra esa sofistería razón hay… La salva. ¡A tierra, a tierra! Pero aunque la haya, el silencio por agora la suspenda, que al ver que ya ha dado fondo el buque de esa galera, cuyas flámulas tremolan las coronadas empresas del dragón, a cuyo pasto, el furor que le alimenta tray tantas vidas: no quiero responder, pues más me lleva darle a él una bienvenida que a ti una mala respuesta. ¿Es posible que de ver estas lástimas te alegras? Sí, porque al fin son trofeos de un amante; y porque veas cuanto su venida estimo, tengo de ser la primera yo que la gala le cante, dándole la norabuena. Canta tú, que yo porque el hombre mire y atienda, que a un tiempo el llanto y la risa, le reciben a las puertas del nacer, lo que tú cantes lloraré, sin que la letra, ni el tono en las dos distinga más que sola la cadencia. Cantando Si a una deuda obligada naturaleza, Llorando Si a una deuda obligada naturaleza, Cantando el furor de la Culpa cobrarla intenta. Llorando el furor de la Culpa cobrarla intenta. Cantando Norabuena triunfante del hombre venga. Llorando Venga norabuena. Ves como lo que yo digo dices. Sí, con diferencia, de que esto es conformidad, y eso es ira. Cantando Aunque lo sea. Y pues es del cielo justa sentencia. Llorando Pague. Y pues es del cielo justa sentencia. Los dos cantando y llorando. Pague su deuda el hombre. Pague su deuda. Las cajas, y salen del carro de la galera el Hombre, la Malicia y los cuatro afectos con cadenas al pie, yel Furor detrás y desde la nave Teos y Inociencia. Recibirme risa y llanto a un mismo tiempo, bien muestra que esto es Mundo. Si, que en él siempre mezclados se encuentran la tristeza y la alegría. Señor, ¿qué provincia es esta, Retirados Teos y Inociencia. que unos cantan y otros lloran, unos triunfan y otros penan, y si a la letra atendemos, todo es una cosa mesma? Retírate agora y calla, después lo sabrás. Pues llega ya el Furor, vuelva mi canto. Y también mi llanto vuelva. Cantando y llorando. Y pues es del cielo justa sentencia, pague su deuda el hombre, pague su deuda. A la Mentira Sirena destas montañas, que al revés de otras sirenas, ellas llaman desde el mar a quien pasa por la tierra, y desde la tierra tú llamas al que el mar navega; con tan mejorado riesgo, como ser la competencia, tú para darle la vida, y para matarle ella. Pirata del mar me llama no sé qué docta sentencia, a cuyo concepto, en corso salí a costear las riberas, que boga el mar de la vida, haciendo esclavos que sean, sacrificio a tus pies antes, y después a mis violencias. El tributo que a tu padre paga la naturaleza (y siendo tu padre el mundo, está el cobrarle a mi cuenta) es el hombre, sin que haya librádose de mi fuerza ninguno, porque ya sabes que yo en su lugar debiera suplir, padeciendo yo todo lo que él no padezca. Y así el hombre, y la familia de afectos, que tras sí lleva su Malicia, esta a tus plantas: llega, pues, esclavo, llega a la verdad que idolatro, y pon esta dicha a cuenta de otras desdichas, supuesto que al contemplar su belleza, podrás quizá lisonjearlas, ya que no podrás vencerlas. Llega a la Verdad el Hombre. Humildemente postrado, os suplico, deidad bella, os doláis de mis desdichas. Aparte No mal sus yerros enmienda hoy el Hombre; pues llorando, a la Mentira se deja, y se pasa a la Verdad. ¡Qué haces, loco, que no es esa la que yo quiero, y que quiero que tú sirvas y obedezcas! Si una al ver mis penas llora y otra canta al ver mis penas, ¿a quién quieres que me incline, sino a la que hay qué agradezca? Y pues es el primer yerro en que un desdichado acierta, doleos vos de mis desdichas, y más que esotra se ofenda. Para sentirlas yo, ociosa fue la equivocación vuestra, de que son buenos testigos las lágrimas que me cuestan. ¿Que soberbia de su yerro estarás? Si bien lo piensas, mas de sus yerros estoy lastimada que soberbia. Pues para que no lo estés, la muerte le daré. Espera, que es muy ilustre castigo para tan infame ofensa. Ese encarcelado monstruo me vengará, cuando sea su suerte entregarle a él; y hasta entonces, porque tengas tú el aplauso deste triunfo, él la infamia de esta afrenta. Fedra el dolor de esta ruina, yo el gusto de esta tragedia, siendo mi voz, y su llanto el pregón de la sentencia: marcha tú con él, y él a vista del mundo venga, pues para no verlo el mundo, ¿de qué sirve que uno venza? Dices bien: hasta llegar de su palacio a la excelsa corte, prosiga la marcha. Las cajas. ¿Cuándo, cielos, mis miserias ablandarán tus oídos? Tarde, o nunca, mientras llevas tras ti, y tras mí tus afectos. Señor, mala gente es esta, volvámonos a la nave. Oye, ve, y calla, Inociencia. A la Verdad Ven, y si lo que él padece tú has de sentir, considera que tienes que sentir mucho, porque hay mucho que él padezca. Quizá mi llanto algún día podrá ser que limar pueda sus prisiones. Son muy duras, y tus lágrimas muy tiernas. ¿En qué fundas tu esperanza? En que llora, y en que venga alguien quizá en esa nave, que sus rigores suspenda. De aquesa nave, hasta agora ninguno ha tomado tierra. Que he tomado tierra duda. ¿De que quieres que lo sepa, si tú lo recatas dél? Y cuando la tome, es fuerza que sepa, quien, como y cuando, y si es humano le prenda; y así, pues solo es el llanto el consuelo que le queda, ni aún ese ha de tener, preso le obligare a cantar; ea, esclavos acompañad la dulce voz lisonjera de quien mis dichas aplaude, de quien mis triunfos celebra. ¿Cómo quieres que cantemos cautivos en tierra ajena? En las copas de los sauces colgamos arcos y cuerdas. Las cítaras de las ramas allá quedaron suspensas. Si en vuestra captividad Babilonia si os acuerda, sea Babilonia todo, mezclando voces y lenguas: canta tú, y cantaran ellos. Y al compás de sus cadenas, sucedan las armonías de cajas y de trompetas. Si a una deuda obligada naturaleza, el furor de la Culpa cobrarla intenta. Pague su deuda el hombre, pague su deuda. Con esta repetición cantando unos y representando otros y al mismo tiempo cajas y trompetas se van, quedando sola la Verdad, a quien con sus versos llegan Teos y Inociencia. ¡Qué lastima! ¡Qué desdicha! ¡Cuándo, cielos tantas penas, como a las que expuesto nace, lleno el hombre de miserias, han de tener fin! Agora. ¿Qué escucho? Que sola quedas, bella ninfa destos mares, bella deidad destas selvas. Desvaneciose el proverbio. Dele tu llanto licencia, (pues el llanto en la hermosura portero es de sus audiencias) para que este peregrino del mar, que a tus puertos llega en esa extranjera nave, a preguntarte se atreva, ¿que tierra es ésta? ¿Qué monstruo es este que habita en ella? ¿Qué músicas y qué llantos, y qué prisiones son estas? Aunque en buena urbanidad debo responderte, es fuerza (perdona gallardo joven) que la retórica tuerza, remitiendo una pregunta el tropo de una respuesta, ¿quién eres, que a aqueste puerto puedes llegar, sin que sepa de ti el Furor de la Culpa? Es, dime (por dicha) esa nave la del mercader, que viene de lejas tierras cargada de pan? Porque, sino es que natural seas de las Indias de otro mundo, ¿cómo es posible que puedas dudar este? Porque ya que tu mercader me creas, ¿no me crees el mercader, que busca entre ricas piedras la preciosa margarita? Pues hay para que este sea una convenencia más que esotro. ¿Qué convenencia? Haberte hallado llorando, y fueran mejores señas, ser de perlas mercader que de pan, el que en tus perlas la margarita preciosa en cada lágrima encuentra. Aunque es la primer lisonja, que a mi oído no disuena; para atajar la segunda, vuelvo a tu pregunta, deja (¡cielos, qué joven es este, que a mí me merece atenta!) que cobre aliento, y sabrás lo que dudas. Mientras ella cobra el aliento que dice, permíteme que me atreva yo a ponerte una objeción, porque a otro excuse el ponerla. Si del gran Júpiter hijo, dios de los dioses, te engendras, tan igual suyo, que luz de su luz vives y reinas; si para venir al Mundo, a buscar altas empresas que tú sabes, te disfrazas, y tan otro representas, que de la voz Teos, que es Dios, el nombre tomas, y en estas raras peregrinaciones, para que humano te crean, siendo Divino, del Teos te apellidas Teseo, en muestra que de divino y humano gozas dos naturalezas; ¿cómo preguntas y dudas? ¿Dónde están, señor, tus ciencias? Necio, cuanto ha de decirme sé yo pero considera, que ajustarme al modo humano es aquí preciso, fuera de que si esta es la verdad, en la metáfora es fuerza preguntarla por oírla, aún antes que por saberla; y así, dile a la objeción, que en atención se convierta, porque fábula y historia a una luz dos visos tengan. Esta fábrica inferior, que crió la omnipotencia de Dios, por quien de creata la da la latina lengua nombre, bien que vulgarmente, porque dos sentidos tenga, no sé que concepto hoy muda la sincopa el creata en Creta. Al género humano tuvo por rey en su edad primera, y él en su primera esposa, que fue el Alma, pura y bella, dos hijas, la Voluntad libre, y la natural Ciencia, para poder elegir bien o mal; mas de manera le envaneció su fortuna, que abusando altivo de ella, dejó el bien, y eligió el mal, con tan loca, con tan ciega presunción, que le costó la vida a su esposa, expuesta tanto al dolor, que hasta hoy yace el Alma en su Culpa muerta. Reconoció haber seguido una mentira halagüeña, y dejado una sencilla verdad; en cuya dolencia, güérfanas las dos hermanas quedamos; mas tan opuestas, que tarde o nunca, razón y voluntad se concuerdan: y así, dictándole yo verdades y engaños ella, partimos el mundo en bandos; atributo con que hoy reina (con nombre de Minos) Minos, que quiere en la frase hebrea decir fuga: y así, el nombre, al huir de la obediencia de su criador, le convino. Y pues ya asentados quedan las tres etimologías, de que en metáfora sean mundo, mentira y verdad, Minos, Ariadna y Fedra; paso a la segunda esposa, con quien después de deshecha el alma se halló casado que fue la Naturaleza Humana cuya hermosura, para ser la más perfecta solo le faltó tener la parte de la prudencia, que aunque dicen que lo hermoso en el objeto se emplea de la vista y que allí para engañase quien lo piensa que la perfecta hermosura es la virtud, mas no es esta cuestión del caso, y así doy al discurso la vuelta. Esta pues a quien juraron por emperatriz y reina todos los cuatro elementos, tributando a su belleza tierra y agua y aire y fuego, cuanto en fuego, aire, agua y tierra botón de púrpura nace bajel de escama navega, ramillete de luz corre y rayo de pluma vuela. De tantas felicidades desvanecida y soberbia, para caer de más alto se puso sobre sí mesma. (oh, qué bien dijo el que dijo que la felicidad era de los vicios inventora y de las delicias maestra, porque el mendigo del gusto en el primero se ceba, temiendo si aquel le falta, que otro a buscarle no venga!); pero quien los tiene a mano con hastío los desprecia, y para hacer que sean otros circunstancias les inventa; que no hubiera en las delicias variedades sino hubiera en la dicha de gozarlas la desdicha de creerlas. Mas ¿dónde voy? ¡Ay de mí! Que hablando en culpas ajenas poco importa ser verdad si soy verdad poco cuerda, fuera de que no esto solo acobarda mi modestia, sino pensar si prosigo que no ha de encontrar mi lengua razones con que explicarse, porque es su culpa tan nueva, tan detestable, tan torpe, tan abominable y fea, que escandaliza callada, ved que será manifiesta. Adúltera fue a su esposo. ¿He dicho harto?, pues aún queda más que decir, que no en vano te previno mi advertencia que tal vez la circunstancia agrava más que la ofensa. Adúltera fue a su esposo, vuelvo a decir, quién pudiera no pasar de aquí, porque al decir con quién suspensa la voz se yela en el pecho. Y porque no salga fuera turbado el aliento pasma, balbuciente el labio tiembla pero alláneme el estilo Pablo, que quizá con esta autoridad haré fácil el error, pues cuando llega a hablar de la idolatría, por la luz del sol empieza, y culpa al que adora al sol con ser criatura tan bella, que es la vegetable vida de flores, frutos y yerbas. Desciende del sol al aire y culpa al que en sus esferas la águila adora con ser la que le ve de más cerca. Del aire transciende al agua y culpa al que a la sirena adora con ser su canto la armonía de las selvas. Del agua a la tierra pasa, y culpa al que adora en ella al caballo siendo el bruto de más generosas prendas. De uno pues bajando a otro donde pasma, donde eleva, es viendo que hay quien adora (que idolatría tan ciega) los inmundos animales, pues del egipcio se cuenta, que labró altares y aras a una escamada culebra, con cuya abominación fácil el paso me deja para decirte que fue enroscada a la corteza de un árbol su torpe empleo una serpiente halagüeña, con que ya no extrañarás que haya en la desdicha nuestra quien la tenga por su amante, si hay quien por su dios la tenga deste irracional amor concibiendo por la oreja parió por la boca un monstruo de tan horrible extrañeza que todos sus señas dicen, y nadie dice sus señas: serpiente, Moisés, la llama, por su astucia y su cautela David, basilisco y áspid, sobre quien el justo güella; Pedro rugiente león, que devora cuanto encuentra; hambriento lobo, Mateo; Ambrosio, traidora hiena; rabioso perro Augustino, y dejando otras diversas señas suyas de que esta la sacra página llena, para abrazarlas a todos, Juan que le vio de más cerca allá en Padmos, dice, que es hidra de siete cabezas, en cuya escamada espalda lasciva mujer se asienta, dando a entender y no en vano, que hidra sobre hidra puesta está eminente al demonio una mujer inhonesta, este, pues, fiero vestiglo está, pues, sañuda bestia, tan voraz es que de sola sangre humana se sustenta, con todo el mundo acabara su hidropesía sedienta de una vez a no tenerle al freno de una cadena. La omnipotencia de Dios tirada siempre la rienda, con cuyo favor mi Padre, encarceló su fiereza en un ciego Laberinto, que en el centro de la tierra, labró ingeniero el que dio, cuando intentó su imprudencia oponerse a todo el sol alas a Ícaro de cera con que despeñado al mar, le arrojase su soberbia. Su fábrica es tan obscura, tan pavorosa y funesta, que aún para espirar no tiene mas claraboya que el Etna, intricados sus espacios están de tantas revueltas, que ninguno que entra dentro vuelve a encontrar con la puerta, con que allí no hay redención dada una vez la sentencia. Job lo diga, pues pidiendo piedad al cielo y clemencia. Duélete de mí, le dice, antes que vaya, y no vuelva a la tenebrosa cárcel cuyas opacas tinieblas a nunca más ver el día, le tienen la faz cubierta, El mundo, viendo que allí el alimentarle es fuerza por ser deuda a que obligada quedó la naturaleza de aquellos que por nacer la ley a morir condena, le mantiene, a cuya causa, de la culpa, el furor (que ella alcaidesa deste abismo, siempre está a su entrada puesta) es quien el tributo cobra, corriendo en esa galera, (bajel al fin de forzados) la siempre alterada esfera del ancho mar de la vida, trayendo en duras cadenas los hombres, hasta que llegan su suerte para que sea víctima sacrificada al fiero monstruo con pena de que si alguno se escapa, él en su lugar padezca; y siendo así que tú solo llegaste aquí sin que sepa cómo ni cuándo has venido da a tu extraña patria vuelta que yo habiéndote pagado con este aviso la deuda de la buena fe, con que a valerte de mí llegas, es fuerza que siga al hombre que va llorando, y quisiera, (supuesto que la verdad por cualquier resquicio entra) ver si en la prisión que va disimulada, pudiera hacer que la sorda lima del llanto con mi asistencia le rompiese las prisiones; pues dándole algunas treguas en su fuga podría ser que en ese intermedio venga. Según oráculos dicen, alguien que a este monstruo venza, dando fin a tantos males, tantas ansias, tantas penas, tantos sustos, tantas iras, tantos llantos, tantas quejas, tantos horrores, y tantos escándalos y tragedias. Vase. Hermoso prodigio aguarda, divino portento espera. ¿Dónde vas? Tras ella voy. ¿Cómo es eso de ir tras ella? ¿Oíste que hay un monstruo? Sí, mas quiero que el mundo vea aunque la verdad me avisa de las humanas miserias, la facilidad con que tras sí la verdad me lleva. Vase. A mí no me llevará por la misma razón pues si esa verdad tras quien va es verdad que verdad es lo que ha dicho, lo será. Si bien hallo una razón de notable oposición, que mujer al parecer es, verdad y mujer implican contradición fuera de que nadie ignora que anda desnuda, y es muda la verdad, y esta señora, sobre no venir desnuda es grandísima habladora. Miren lo que ensarto aquí pero quien me mete a mí sino entre tanto buscar que él vuelve venta o lugar en que descanse. Hacia allí se ve un hermoso edificio de rico dueño da indicio a él llamaré; pero no, que si es rico y pobre yo ¿Cómo me ha de dar hospicio? Allí de breñas cubierta yace una choza desierta, esta abrigará al que pasa, que al fin es pobre ¡Ah de casa! Llega al carro donde habrá una puerta como de cárcel, y abriéndose su reja sale de ella la Culpa, vestida de pieles, con un bastón. ¿Quién es quién llama a esta puerta? Un simple, un tonto, un menguado, pues a tal puerta ha llamado. ¿Eres tú el que hoy (no huyas pues) sentenciado viene? ¿Es cara esta de sentenciado? Claro es, pues nadie llegó aquí que no lo estuviera. Sino solos mi amo y yo. Ven, echarete a la fiera. Cógele de un brazo. ¿Luego no lo es usted? No. Pues si no lo es lo parece. Ven presto. Tú más presto, Señor, que a morir hoy presto, Tira dél. Lo primero que padece, esta Inociencia. Sale Teos. ¿Qué es esto? Llevar por justa sentencia este a mi cárcel. ¿No ves que es la inociencia? Violencia no hago que la culpa es verdugo de la inociencia. Es verdad, pero a ese plazo Cógele del otro brazo y forcejean los dos por llevarle. para haberle de pagar pondré por ahora embarazo. ¡Cuánto va que a buen librar me quiebra cada uno un brazo! Mía es esta acción, desvía, que aunque la inociencia fue, ha de morir. Tú porfía es vana. ¿Por qué? Porque esta es inociencia mía de quien tú no has de saber. Desásese de la Culpa y ella queda temblando. ¿Qué soberano poder es, qué majestad estraña, joven, la que te acompaña; que me has podido romper privilegios que me ha dado toda la Naturaleza? Pues, ¿tú solo has penetrado sin prisiones, la aspereza de todo este despoblado? No soy la Culpa; (¡ay de mí!) pues como (qué sentimiento!) hubo (¡qué horror!) quien aquí pueda (¡oh rabioso tormento!) pisar (¡loco frenesí!) los términos (¡trance amargo!) deste (¡oh poderoso embargo!) distrito (¡fiero martirio!) y llevar (¡mortal delirio!) libre (¡rabioso letargo!) deste fiero (¡infeliz suerte!) monstruo horrible, (¡ira mortal!) en cuyo (¡veneno fuerte!) laberinto (¡grave mal!) guarda soy, (¡tirana muerte!) sin que pruebe mi castigo, a su Inociencia consigo? Ya dije a tu tiranía, cómo es Inociencia mía. Ya ni te arguyo ni sigo; y pues (¡ay triste!) no sé quién eres, ni cómo fue el haber llegado aquí, no he de pretender de ti que más tributo me dé tu nuevo ser, que dejar que me vuelva a sepultar este pavoroso centro; porque me atormenten dentro tu placer y mi pesar; mas guárdate, no perezcas a manos de mi tirano furor, y el suyo padezcas, que aunque seas más que humano, basta que humano parezcas. Y entonces, mas ¡ay de mí! que entonces, y ahora de ti temblaré y al ver tus señas, sino bastan estas peñas, caiga el cielo sobre mí. Vase. Señor, ya ves lo que pasa, y que esta tierra se abrasa en riesgos. ¿Qué has pretendido? Que aunque no eres pan perdido, trates de volverte a casa. Si tienes reino en que estar, en que vivir y triunfar, ¿quién te mete en que haga guerra contra ti un monstruo en la tierra, y una tormenta en el mar? Ya de mi patria salí trayendo la voluntad de mi Padre. Y siendo así, que fue a ver mundo, y que vi en el mundo a la Verdad, no sólo hermosa que admira, sino tierna que enamora. Y siendo extremos de ira, y piedad, la veo que llora lo que canta la Mentira, con cuyo amoroso agrado, vida y alma me ha robado. ¿Cómo ausentarme podré? Solo faltaba ahora, que te hubieras enamorado. Cuando no lo estuve yo de la Verdad mayormente el día que a entender dio cuánto las miserias siente del Hombre. Y pues le siguió en su marcha y su quebranto, diciendo. Dentro Ya que a horror tanto, aquesta es buena ocasión, los yerros de tu prisión rompa la lima del llanto. Dentro ¿Quién de mi agobiado cuello y herrado pie ha enternecido los lazos? Quien pudo hacello. Dentro De mí aún no te has desasido. Dentro Traición, traición. ¿Qué es aquello? Que el Hombre rompido ha la cadena, y que se va. La Verdad enternecer podría el yerro, mas romper la prisión no. Claro está que a ese efeto, aún porfiando, con la Malicia, codicia ir aquel trozo quebrando, y no le es posible. El Hombre y la Malicia asidos a una cadena por el pie de cada uno. ¿Cuándo me veré sin ti, Malicia, rompiendo de mi prisión este último eslabón? Si es tu delito infinito, y tú a infinito delito no has de dar satisfación; como has de apartar de ti a tu Malicia? ¡Ay de mí! Que si en la fuga que sigo va mi Malicia conmigo, en vano me desasí de otros afectos. Y huyendo del furor de la justicia de Dios, que me va siguiendo, en vano borrar pretendo las güellas de mi Malicia, pues cuando al cielo intentará volar, en el cielo mismo el furor de Dios me hallará. Y si al abismo bajará, me encontrará en el abismo. Si alas pretendo tomar, y el mar del mundo pasar, qué importa, yendo los dos pues también estará Dios de esotra parte del mar? Si apelo a la noche fría, porque su sombra podría ocultarme, será en vano, que a su poder soberano, nada es noche, todo es día: mas, ¡ay de mí!¿ Quién está aquí?, ¿quién viene?, ¿quién va? No te dé yo qué temer, que humano soy. Pues si el ser humano, ¡oh joven!, te da piedad, mísero, afligido, triste, infeliz, y rendido a esos generosos pies, que amparo y favor me des, humildemente te pido. Condenado a muerte estoy, y aunque pudo ablandar hoy de mis hierros la crueldad, el favor de una verdad, no libre del todo voy, porque yo, no puede ser que haga mas que enternecer esta dura prisión rara, sin que tenga fuerzas para acabarla de romper. Y así, aunque en el fin que sigo, voy mis afectos dejando, no voy libre del castigo, pues la cadena arrastrando va mi Malicia conmigo. Ayúdame tú a quebrar este último eslabón, para poderla apartar de mí, que si llego a estar sin ella y sin la prisión, tan en salvo me pondré, que nunca sepa de mí el furor. Sí romperé, que el verte rendido aquí, empeño bastante fue de mi piedad singular. Quita la cadena que ata al Hombre y la Malicia. ¿Qué pretendes? Deshacer sus yerros, para mostrar… ¿Qué? … que yo tengo poder de ligar y desligar. Ya sin la cadena estás. Arroja la cadena. Vida y libertad me das. Dentro ¿Por dónde va? Por aquí. ¡Ay infelice de mí, que aún te queda qué hacer más! Tras mí el Furor ha venido, segunda piedad te pido. De ella fe, y palabra doy. Pues no le digas que estoy en esta quiebra escondido. Escóndese. ¿Que importará, si aquí ve a tu Malicia? No hará, porque yo tras él iré, si él fue antes tras mí. ¿Por qué? Porque aún no del todo está sin mí, que si la prisión le has quitado, no la acción, que a él tiene el Furor cruel, pues aún no has dado por él entera satisfación. Escóndese también y salen el Furor y los cuatro afectos huyendo dél. Presto quizá la daré. ¿Por donde decís que fue? Infames, viles afectos, que aún estáis a mi sujetos? Por esta parte. No sé qué he de hacer, si no parece, cuando ya el mundo se ofrece, porque Ariadna le avisó, y es fuerza padecer yo todo lo que él no padece. Dime, oh tú, si por aquí un forajido va. Sí, mas no le sigas, que ya… Di. … muy lejos de ti está, porque está cerca de mí Aparte . y así, en vano tras él vas, que alcanzarle no podrás. Bien desvela mi temor. ¡Oh rabia! ¡Oh pena, oh…! Sale la Mentira. Furor, ¿por qué te vuelves atrás, cuando ya en esa ribera triunfante el mundo te espera? ¡Ay infeliz! No te espante el que no pase adelante, y que atrás volverme quiera, si la prisión ha rompido el hombre y aunque en olvido sus Afectos me dejó, con él la Malicia huyó. Notable descuido ha sido mas, ¿con quién estás aquí? Con un joven que no vi otra vez. ¡Que galán es! Alábale tú ahora pues; solo eso me falta a mí. No sólo le alabaré, mas los brazos le daré en señal de paz. ¡Oh cielos! Si antes fui Furor sin celos, ya con celos que seré? Peregrino, cuyo honor te asegura en tu esplendor, hijo del sol y el aurora, ya que mi Furor te ignora, no te ignore mi favor. Dame mil veces los brazos. A tan amorosos lazos siempre estaré agradecido. Abrázale primero con halago y después con ira. Y seas muy bien venido, adonde te haga pedazos mi cólera. ¿Esto es mentir o amar? Con paz le vendió. Llégale, Furor, a asir, y porque pueda suplir la falta del que se huyó, triunfe de aqueste tu ira. Asilde todos. Llegan los Afectos y prendiéndole le ponen la cadena que el quito al Hombre. No asombre a nadie, que cuando mira librar la verdad al hombre, me prenda a mí la Mentira. Humanos afectos vanos, atalde de pies y manos. Sienta en las mismas prisiones del hombre las propensiones de los Afectos humanos. Ya el mío en esta cadena, al del llanto le condena. El Afecto del dolor sienta en mí. En mí el del temor. Y en mí el de toda la pena. Pague este, aunque esté inocente, la culpa del delincuente. Cumplieron sus profecías Jeremías y Isaías. Si menor inconveniente es que uno muera, que no que vea el mundo, que por mí el tributo le faltó. ¿Que hago, viendo aquesto yo que no me ausento de aquí? Detened a ese villano, y por la Malicia esté preso también. Es en vano, que yo donde está diré. No harás tal, que el soberano favor que yo le ofrecí tú no has de impedir. ¿No? No; porque se diga de mí, que en cuanto yo padecí, nunca mi Inociencia habló. ¿Quién ha de tener paciencia? Quien vea que la sentencia de la divina justicia, por el hombre y su Malicia, pagamos yo y mi Inociencia. ¿Pues has de dejar que aquí por otro te ultrajen? Sí; mi fe y palabra empeñé, y mi palabra, y mi fe nunca han de faltar en mí. ¡Pues cómo, qué es esto, cielos, Como que emmudece. no puedo, no puedo hablar! Aseguro mis recelos. Ya que aqueste en su lugar salva todos mis desvelos, llama al mundo, que me vea triunfante. Y para que crea que nadie huyó de tu Abismo, sino que aqueste es el mismo, la misma la salva sea. Si a una deuda obligada, naturaleza, el Furor de la culpa cobrarla intenta, pague su deuda el hombre, Pague su deuda. Miren que está errada toda la letra, que no paga la suya, sino la ajena. A la voz ya que el mundo mirarse deja, acompañen las cajas y las trompetas. Pague su deuda el hombre, pague su deuda. Pague mas no la suya. Sino la ajena. Con esta repetición y las cajas y trompetas se vandando vuelta al tablado llevando presos a los dos y sale la Verdad, como extrañando la salva. Un deseo y un cuidado, que a un mismo tiempo pendientes tienen el alma y la vida tras estos ecos me vuelven. El deseo es de saber si aquel extranjero güésped se volvió al mar con mi aviso; pues menos costa me tiene (por mas que interior agrado en la memoria le albergue) la soledad de su ausencia, que el peligro de su muerte. El cuidado es saber como si con mi llanto enternece su yerro el hombre, y deshace, bien que no sensiblemente, de sí sus afectos. Dura el traidor acento aleve de la Mentira, triunfando del Furor, para que llegue a informarme de uno y otro sin ser vista, he de esconderme en la quiebra destas peñas, que estar hoy, es aparente, escondida la Verdad. Mas, ¿quién está aquí? Vase a esconder donde están el Hombre y la Malicia. Suspende la voz y no me descubras. Pues ¿cómo tú aquí estar puedes, y allí triunfando el Furor? Como a mis penas crueles rompí los primeros lazos, a tiempo que a socorrerme llegó un extranjero joven, y rompiendo el nudo fuerte de mi Malicia su mismo favor, tan contra sí vuelve, que el Furor y la Mentira con mis Afectos le prenden; y así triunfantes con él marchan. ¿Y quién era ese extranjero joven? Yo no le conocí. Tú puedes ver si le conoces, puesto que están cerca donde a verse llegan, ya Mundo, y Furor, repitiendo una y mil veces. que pues es del mundo justa Sentencia, Dentro Pague su deuda el hombre, pague su deuda. Caja y música a lo lejos. ¿Qué miro? ¡Ay de mí! Si soy la Verdad, ¿cómo a la Muerte al culpado he reservado, y entregado al inocente? Y como tú, tan ingrato, tan villano, tan aleve, tan vil, tan desconocido, tan traidor, tan falso eres, que cuando otro te socorre, te ampara, y te favorece, dejas que por ti padezca, y escondido, no te atreves a padecer tú por él, diciendo públicamente tu Malicia y su Inociencia? No hidalguías me aconsejes, que si ha sido mi ventura que yo me libre, y él quede en mi lugar, no será bien que la desaproveche. Las cajas dentro. Dices bien, y pues a vista del Mundo ya se divierten todos haciéndote espaldas, para que de aquí te ausentes; ven donde de esclavo mudes el traje y vivir intentes libre. También dices bien. Mira. Detiénele. Suelta. Oye. No tienes que aconsejarme, pues ves que mi Malicia me vence. Ven, Malicia. Sí señor, vamos de aquí. Y finalmente, vivamos nosotros, y él sufra, llore, gima y pene. Vanse los dos desasiéndose de ella con despecho. ¡Oh ingrato, qué presto en queja la lástima me conviertes! Mas Verdad atropellada, ¿qué importa que se lamente? Y más cuando entre su llanto la música a decir vuelve. Y pues es del cielo justa sentencia, pague su deuda el hombre, pague su deuda. ¡Ay de un mundo engañado, que a ver no llegas, que su deuda no paga, sino la ajena! Con esta repetición cajas y trompetas. Salen poruna parte la Mentira, el Furor, los cuatro afectos,Teos y la Inociencia con la cadena, y por otro el Mundo y acompañamiento. Ya tu tardanza acusaba, Furor, el deseo de verte; mil veces me da los brazos. Y tú las plantas mil veces. ¿Qué presa trais para que hoy a ese monstruo alimente, baldón de mi majestad, y ojeriza de mi suerte? El género humano, el Hombre es el que miras presente, a quien prendí, como a todos del mar en la espuma leve: Aparte (Miente mi voz; mas ¿qué mucho, si en mí la Mentira miente?) ¿Ya esto tengo de callar? A esto y a todo conviene. Y siendo cuna y sepulcro de aquesa galera el vientre, a pagar viene la deuda en que ha nacido. No viene, que no es justo que uno pague el tributo que otro debe. Güélgome, que la Verdad a tan lindo tiempo llegue. Pues ¿cómo, Fedra, al Furor tan cara a cara desmientes? Si Fedra es Verdad, ¿qué dudas, si el ser quien soy te convence? ¿Siempre a las dos enemigas os he de hallar? No te alteres, que aunque siempre lo hemos sido, hoy con más razón que siempre. ¿Como? Como de un engaño cómplice intentan hacerte, porque en él el Mundo incurra. ¡Bien haya el alma que tienes! ¿Qué engaño? Darte a entender, (y que te lo digo advierte, ¡oh Mundo!, para que el Mundo nunca la ignorancia alegue de que no oyó la Verdad) que ese joven inocente es el delincuente. Pues ¿no es aqueste el delincuente? No; pues en esa galera como forzado no viene, movido del aquilón, viento infausto del poniente, sino como voluntario en esa nave, que tiene por viento el austro, y por norte a todo el sol del oriente. Ya el Mundo la verdad sabe; ¡quiera Dios que le aproveche! ¿Pues cómo está preso? Como, que supla por otro quieren, que se huyó de la prisión. ¿Eso escuchas? ¿A eso atiendes? Sí; porque si en esa nave Llegándose a la Verdad. tray nuevos rumbos que pueden librarle del general común tributo, no debe pagarle. Aun cuando eso fuera, Aparte Principio que es bien que niegue, (puesto que soy la Mentira) si debe tal. ¿De qué suerte? ¿Qué importa, que en nueva nave al umbral del Mundo llegue, para no ser comprendido en nuestras humanas leyes, si como humano ves que de humana carne procede? Vuélvese a la Mentira. Dice bien. No dice bien; pues aunque humano parece, sin duda es divino el que permite que le atropellen, con tal paciencia, que aun no se disculpa. Bien infieres; sin duda es divino quien por dar a otro vida, muere. ¿Cómo puede ser divino quien como humano padece frío, calor, hambre, sed y cansancio? Razón tienes. Vuelve a la Mentira. Viendo que al cansancio, al hambre, sed, frío y calor se ofrece por su misma voluntad, sin que nadie a ello le fuerce. Tambien tú tienes razón. Vuelve a la Verdad. Contra la razón que tiene, hablad, afectos humanos. En mí, como humano siente. En mí, como humano llora. Como humano, en mí padece destemplanzas. Y el morir en mí, como humano teme. Luego es humano: bien dices. No lo niego; mas bien puede, siendo humano, ser divino. Muy nuevo supuesto es ese. Es verdad, pero no implica, y ser uno y otro pruebe; quien a otro, como divino, tan contra sí favorece, que dando vida al que estaba ya en las manos de la muerte, se queda a morir por él. ¿Qué dices, la vida puede haber a otro dado? Sí. Vuelve a la Verdad. Luego es divino, bien sientes. No es, y él debe pagar la deuda. Sí es, y no debe. Dices bien, tienes razón. A los dos. ¡Oh cuál anda el mundo entre la Mentira, y la Verdad, si lo cree o no lo cree! Extranjero peregrino, habla tú: dinos quién eres. Soy quien soy. ¿No dices más? Harto he dicho, si esto entiendes. El Mundo no te conoce. Es porque así Juan lo cuente. Habla claro, ¿eres divino? Tú lo dices. Tú, que vienes con él, di ¿quién es? No puedo, que mi dueño me enmudece, porque nunca el Mundo oiga que su Inocencia se queje. ¡Quién vio iguales confusiones! ¿En qué, Mundo, te resuelves? No sé, porque todo soy opiniones diferentes de razones encontradas, y de varios pareceres, en que dividido el Mundo, tales delirios padece, que para salvar su vida, debe de importar su muerte; y así cuando no tuviera otro indicio más vehemente contra sí, que introducir alborotos tan crueles en el mundo su venida, debe morir, porque cesen escándalos, sediciones, tumultos y inconvenientes, poniéndome de tu parte. A la Mentira. Luego vi que había de hacerse de parte de la Mentira, que es la hija que más quiere. Y puesto que ya las sombras sus alas nocturnas tienden, pase en prisión esta noche, y a la mañana se entregue al monstruo, que en él las garras, y las presas ensangriente. Mira. No me digas nada, que no tengo de creerte, que menos importa que uno muera, que todas mis gentes. Vase. ¡Oh, Verdad, qué desvalida viviste del Mundo siempre! Furor, supuesto que sabes la verdad, no la atropelles. Yo no sé mas de que nace, y que porque nace muere. Vase. Retrata tú tu opinión, pues que conoces que mientes. Ir contra mente es mentir; ¿que hago en ir contra mi mente? Vase. Bien veis, humanos afectos, que el deudor vuestro no es ese. Como humano le tratamos; si él es divino, él lo muestre. En fin, ¿la Mentira os lleva tras sí, y la Verdad no os mueve? Llevánselos los cuatro a él y Inociencia. ¡Ay, Hombre, lo que me cuestas! ¡Ay, joven, lo que me debes! ¡Ay lo que yo he de saber mañana, aunque so inocente, pues he de saber al monstruo a todo lo que él quisiere! Vanse. Hermosas luces, que al anochecer brilláis mendigas de la luz del sol, a quien deja celoso al parecer, por escuchas del trémulo farol; ¿cómo, si es vuestro puro rosicler el constraste, el examen, y el crisol del mal y el bien, influye desigual, ninguno es hoy del bien, todos del mal? ¿Cómo sufrís que aquel vestiglo, aquel áspid, nacido en flores de un jardín, cebándose en la púrpura de Abel, con la primera saña de Caín, de otra inocente sangre su cruel sed alimenta, y que hoy el mundo afín, de excusar una vil parcialidad, por la Mentira deje la Verdad? ¡Mas ay, que ya os escucho, que decís que yo tengo la culpa! Pues si yo soy la Verdad, que en ese azul país, con la primera luz del sol nació, ¿cómo cuando vosotras me asistís me desconfío, siendo así, que no debo darme a partido, pues mi ser adelgazar podrá, mas no romper? En cuya confianza tras él voy, de tal industria prevenida ya, que entienda el Mundo que la vida doy, a quien la vida por los otros da: funesta noche favorece hoy mi noble intento; y aunque siempre está de parte del mentir tu negra tez, ampara a la Verdad alguna vez. De tu sombra encubierta he de llegar a su prisión, llevándole mi fe tal puñal, tal ovillo y tal manjar, que victorioso de la fiera dé glorioso fin a horror tan singular, pues hilo, arma y manjar… Mas, ¿para qué me impide el repetirlo el ir veloz? Dígalo el fin y cállelo la voz. Vase. Y sale la Mentira oyendo el último verso. ¡Dígalo el fin, y cállelo la voz! Misterio incluye esta amenaza en sí. Y pues la causa que movió feroz a fingir el engaño que fingí, fue que el Furor no sienta la ira atroz, que otro no siente; he de asistir aquí toda la noche en peso, para que deste la fuga asegurada esté: ¿Envidia? Al carro de la galera y sale la Envidia. ¿Qué me quieres? Que del mar dejes la espuma, que tu centro es, y viniendo a la tierra a acompañar la posta que hago, tu favor me des. ¿En qué el cuidado puedo yo aliviar, pues sabes que la Envidia está a tus pies? En que tu voz me ayude a divertir, si es que es medio el cantar del no dormir. Las dos paseándose, encontrados delante del carrode la cárcel. Vela, vela, pisando las flores; quedito, pasito, temor, que no entiendes… ¿En cual dellas el áspid se esconde…? Y puesto que es hijo de astuta serpiente… ¡Que duerma, y que calle, y no le despiertes! Sale la Verdad a lo lejos embozada con una banda yescucha lo que dicen los versos. Envidia y Mentira están de posta al funesto albergue de la prisión; pero ¿cuándo Envidia y Mentira duermen? Mal podré, aunque mas me emboce, llegar a hablarle, ni verle; pero no me desconfíe, aunque oiga una y mil veces. Cantando Y puesto que es hijo de astuta serpiente, que duerma y que calle, y no le despiertes. Y pues vengo prevenida de tres antídotos fuertes, que den en el laberinto del Mundo al monstruo la muerte. y aseguren la salida del que triunfante y valiente rompa de sus calabozos los candados más rebeldes; nada temo, pues con solo que a sus entradas me acerque, infestándoles el aire, que sus sentidos penetre, venciendo antes que a la fiera a los monstruos de su especie, no dudo que adormecidas seguro el paso me dejen, por más que ahora desveladas una y otra vez alienten. Acércase a ellas, tocándolas con lo que traerá en-vuelto en la banda sin descubrirlo, y ellas se vanadormeciendo, cantando desentonadas. Vela, vela, pisando las flores; quedito, pasito, amor, que no entiendes. Pesadamente la noche con sus horrores me vence; prosigue, prosigue tú. Y puesto que es hijo de astuta serpiente, a mí también un letargo me perturba y me suspende. Que duerma y que calle y no le despiertes. Poderoso Afecto es el que mi sentido aduerme. Sí, mas yo no he de rendirme. Ni yo, aunque el vivir me cueste. Cantan las dos desentonadas, y déjanse caer ador-mecidas. Vela, vela, pisando las flores, quedito, pasito, temor, que no entiendes, en cual de ellas el áspid se esconde. Y puesto que es hijo de astuta serpiente, que duerma y que calle y no le despiertes. Ya rendidas al letargo, seguro el paso me ofrecen, dandoos a entender, mortales, que aunque la Mentira vele, siempre a la Verdad le quedan resquicios por donde entre. ¡Ah de la prisión! Salen Teos y la Inociencia. ¿Quién llama? Quien en busca tuya viene, atropellando imposibles, y venciendo inconvenientes. La Verdad es, mas, ¿qué importa, si es hoy la que menos puede? ¡Ay, Verdad, que solo tú has sabido conocerme! De que tan agradecido estoy, que si se convierte el que ama en la cosa amada, dirán de mí eternamente, que soy la misma Verdad, siendo yo lo que tú eres. Pues porque mejor lo digas, ya que tú faltar no puedes a la palabra que diste, y el huir no te es decente, con otra forma a librarte vengo. ¿Y cuál es? Proponerte medios con que de ese horrible monstruo vitorioso quedes. Saca un panecillo. Mira, este breve bocado en sí tal virtud contiene; que como al llegar a ti la hambrienta fiera inclemente, para devorar tu vida, desde lejos se le enseñes, y antes que haga en ti la presa, al ver que ya te acomete para devorar tu cuerpo, la digas: «Mi cuerpo es este». Verás que a tu voz postrada, todos los sentidos pierde, se pasma y se atemoriza, se perturba y se estremece y embriagada en el olor, porque ella no ha de comerle, (fuera, que en él ya no habrá sustancia, sino acidentes) al yugo de aquestas cinco palabras rinde las siete cervices, adormecida, y enajenada; de suerte, Saca una cruz en forma de daga. que con aqueste puñal podrás darla una y mil muertes, pues cuantas veces la yera, morirá otras tantas veces. Y para que con la puerta del gran laberinto aciertes, pues tú solo has de salir de todos cuantos a él entren, Saca una pieza de cintas de nácar. lleva contigo este ovillo, que es, si a su color atiendes, cuajada sangre, que vayas dejando por donde fueres, cuyo rastro, que hilo a hilo hará que el camino siembre, te hará cierta la salida; pues como al umbral le dejes de sus láminas de bronce, al volver a recogerle, es fuerza dar con la puerta. La Verdad es quien te ofrece los medios, tú el que ha de obrarlos; y pues somos juntamente un ser, una alma, una vida, el dictamen favorece de la Verdad que en ti vive. Este es el bocado, este el puñal y este es el hilo: no como humano receles, ni que el bocado se estrague, ni que el puñal se destemple, ni que el hilo se te rompa; porque del pan las especies pasarán a otra sustancia, el puñal a mejor temple. Y el hilo de la Verdad es tan constante y tan fuerte, que por más que le adelgace, no es posible que se quiebre. Vase. Oye, aguarda. ¡Ay infeliz! ¿Si se hubiese huido el cautivo? No, ingrata, preso y seguro me tienes, que no viene para huir el que para morir viene. Despierta, Envidia, pues ya es tiempo que el sueño dejes. Despierta y tocan cajas y salen Mundo y Furor. ¿Qué hay de nuevo? ¿Qué más nuevo, que ver que la Envidia duerme? ¿Y qué menos nuevo, que iras y asombros, que la despierten? Pues ya el alba coronada de rojos y de claveles restituye sus colores a toda esta esfera verde, ya es tiempo de que a la fiera ese mísero se entregue. ¡Ah del pavoroso centro! ¡Ah del tenebroso albergue! ¡Reino de la confusión! ¡Monarquía de la muerte! ¡Ah de la Culpa! Sale la Culpa. ¿Quién llama? El Mundo a tus puertas tienes. A tus rejas el Furor. La Mentira a tus paredes. Y la Envidia a tus umbrales. Miren, y que honrada gente. No me hace novedad nada, que ya yo sé que a mis redes Mentira, Envidia y Furor trujeron al Mundo siempre. Mas ¿qué tributo traéis, que hoy a la fiera alimente? Vesle aquí, aqueste es el hombre. Miren que Pilatos este. Ya le veo y otra vez me asusto y tiemblo de verle, aunque en el traje de esclavo… Entrégate dél y de ese mísero que le acompaña. ¿En fin a mis manos vienes delincuente de la vida? El error del Mundo eres, que delincuente no vengo, sino como delincuente. En fin, ya eres mío. No soy. ¿Aún así excusarse quiere tu nuevo ser del tributo? No quiere sino que pienses que porque quiere le paga, pero no porque le debe. Ahora lo veremos; ven a mi obscuro centro. Vale a asir, él lo impide y ella tiembla. Tente, no me toques, porque nunca el Mundo de mí sospeche que la Culpa me tocó. Y para que a saber llegues que yo te doy el poder, y no eres tú quien le tiene, voluntariamente yo, sin que me toques, ni llegues, voy porque yo quiero ir; mas no porque tú me fuerces. Éntrase al carro de la cárcel. ¿Tú también, rústico simple, en fin a mis manos vuelves? No me toques, no me toques, que si a mi dueño siguiere, será por quererlo él, mas no porque tú lo quieres, y porque llevamos tres alhajas tan excelentes, que aunque este jueves se explican, son cosas del otro jueves. Vase. ¡Ay de vosotros! Pues como yo tras mí la puerta cierre, a nunca mas ver el día os sepultáis para siempre. Vase la Culpa. Y salen los cuatro Afectos trayendo al hombre y la Malicia presos. Llega, forajido dueño, porque no huyas y nos dejes. ¿Qué nuevo ruido es aquel? Los Afectos, que impacientes de que nos dejase el hombre y con Malicia se fuese, sabiendo que en otro traje vagaba el orbe, a traerle fuimos; y así, a tu presencia traído de nosotros vuelve. Claro está, que como el hombre presos sus Afectos deje, y con Malicia se vaya, es fuerza que se sujete a volver a la prisión cada y cuando que ellos quieren. De aquesta moralidad, aunque de paso se acuerden que no se va una Malicia, como un Afecto se quede. Pues porque otra vez no puedas llevártelos, si te fueres, morirás con ellos hoy. Bien dices, a llamar vuelve. ¡Ah de la Culpa! Dentro del carro ruido de terremoto. Dentro ¡Ay de mí! ¿Quién ha sido el que desciende a dar la luz al abismo, siendo, como ha sido siempre, el reino de las tinieblas? Dentro Quien siendo vencido vence. Señor, no se pierda el hilo, por lo que nos sucediere. El terremoto en todos cuatro carros. ¡Cielos, qué notable estruendo en el laberinto es este! No sólo en su centro obscuro que se ha causado parece, pero en el ámbito todo de cuanto el Mundo contiene dentro de sí. Dices bien, pues todo el Mundo fallece a un súbito parasismo, tan mortal, que en él se advierte, o que todo el Mundo expira, o que su hacedor padece. Cay el Mundo desmayado y todos se confunden,repitiendo siempre el terremoto. Desmayado el Mundo yace. ¡Qué mucho, si esa celeste fábrica sobre él caduca desplomada de sus ejes! Anticipada la noche, su lóbrego manto extiende, síncopa haciendo del día el ocaso y el oriente. A media tarde la luz asaltada se obscurece. Y a media tarde la noche apaga al sol, sin que deje ni aun la pavesa menor al mayor astro luciente. ¡El mar bramando a gemidos, montes sobre montes crece! ¡Hasta las piedras sensibles unas con otras se yeren! ¡El aire a soplos se ahoga! ¡El fuego a rayos se enciende! ¡Y la tierra, con dolores de parto que la estremecen, los cadáveres aborta, embriones de su vientre! ¿Quién puede de tanto asombro… … de tanto pavor, quién puede… … decirnos la causa? Sale la Verdad. Yo. ¿De qué suerte? Desta suerte: divino Teseo, que solo has podido altivo y fuerte entrar a ese laberinto a salir, pues sólo tienes tú de su abismo las llaves, quebrantando sus crueles candados y cerraduras. Si ya la incauta serpiente yace a tu poder, la puerta Ábrese la puerta. abierta está, a coger vuelve el hilo de la Verdad, para que con ella aciertes. ¿A quien llamas, si ninguno que haya entrado a salir vuelve? Es que las puertas nos abre, para que entre el hombre. Llegue a perecer como todos. Embisten todos con el hombre, y al ir le a entrar en la cárcel, sale Teos con la cinta encarnada prendidaen el costado. En una mano el pan y en otra la cruz. Y vestido de gala, con manto encarnado, y la Culpa ensangrentado el rostro, huyendo dél; y al caer en el suelo, se levanta el Mundo. Puesto que el Mundo perece, fuerza será. ¡Ay infelice! Entre, pues, Furor, detente, que si entra a la fiera ya, no hay fiera para quien entre. Dígalo yo, pues vencida voy tropezando en mi muerte. Esa voz a todo el Mundo ha vuelto en sí. Absorto quede el Furor, al ver que el Mundo vive y que la Culpa muere. ¿Cómo es posible que humano valor al monstruo rindiese? ¿Cómo este cándido pan, que aun no probó, le adormece tanto, que al mortal letargo, que sus acciones suspende, este sangriento puñal sus siete cervices hiere, a cuyo horrible bramido la Culpa acudió y la sierpe en ella la presa hizo con las bascas de la muerte; y volviendo a restaurarme en la púrpura que vierte, el hilo de la Verdad a nueva vida me vuelve? Calla, calla, que ese pan también a mí me estremece. Calla, que también a mí aquese puñal me ofende. Calla, que ese hilo de sangre también a mí me enmudece. Por eso, que el pan a mí nueva vida me concede. A mí el puñal nuevo ser, con que ser Malicia deje. Y a mí el hilo de la sangre nuevo espíritu en que aliente. Y a mí, hilo, pan y puñal, triunfos que he de gozar siempre. No tan presto la vitoria, Verdad, cantes y celebres, que aunque hoy la original Culpa muera, la actual no muere; que aunque quede sin tal monstruo el Mundo, no sin él quede el hombre, volviendo a ser mío todas cuantas veces volviere a pecar. Con esa esperanza se mantienen mis furores, pues se queda sujeto a su deuda siempre. Por eso, para que pueda pagarla, si se arrepiente, labraré yo otro edificio, a la oposición de aqueste. ¿Qué edificio? Aquel alcázar de la Iglesia, que eminente tocara al sol con las cruces de sus altos capiteles, siendo la Verdad mi esposa, a quien como a reina hospede: y para que en todo sea la oposición más alegre, en vez de funesto seno, en vez de lóbrego albergue de una hidra, será nido del ave, que el pecho yere, para sustentar sus hijos con la sangre que dél vierte. Ábrese el carro en que habrá un palacio y en él un pelícano, que abriéndose en dos mitades, descubra dentro del pecho, cáliz y hostia y un niño vestido de pasión. Y en testimonio, mortales, de que esta aquí para siempre el antídoto, del pan, sangre y cruz, que al monstruo vencen, yo en este cándido velo es bien que os lo represente. Y si lloró la Verdad, maltratada antiguamente, porque cantó la Mentira, desde hoy las acciones truequen, cantando ahora la Verdad, y llorando ella, de suerte que una diga al ver que acabe, y otra diga al ver que empiece. Fábula y historia misterio tienen, cuando a la Mentira la Verdad vence. ¡Qué ventura! ¡Qué desdicha! ¡Qué felicidad! ¡Qué muerte! ¡Qué gozo! ¡Qué sentimiento! ¡Qué placer! ¡Qué dura suerte! ¡Qué alegría! ¡Qué contento! ¡Qué paz! ¡Y qué rabia fuerte! Pues para que más lo sea, Mundo, a llanto y canto vuelve. A cuyo compás pidamos perdón, diciendo mil veces: Fábula y historia misterio tienen, cuando a la Mentira la Verdad vence. Fin.