Personajes DANIEL ISAÍAS EL REY EL PRÍNCIPE LA VOZ DEL PRÍNCIPE LA ESPOSA LA FE LA MENTIRA LA VERDAD LA GENTILIDAD LA SINAGOGA ESPAÑA ETIOPÍA CITIA PERSIA CHIPRE ARMENIA SIRIA PADMOS SOLDADOS DE LA SINAGOGA SOLDADOS DE LA GENTILIDAD Salen Isaías y Daniel Soberano monarca de cuanto el sol rodea, el mar abarca, y en adversa o en próspera fortuna el cóncavo contiene de la luna, desde las luces del primero oriente a las últimas líneas de occidente... Monarca soberano, a cuya majestad, a cuya mano ser y vida recibe cuanto animado crece, siente y vive, desde el bruto que a ser racional nace, al que nada, al que vuela y al que pace… Escucha los lamentos de los vasallos tuyos que hoy atentos al bien de tu república te aclaman. Oye, señor, la voz con que te llaman por boca de Daniel sus agonías. Atiende a su clamor por Isaías. Dentro Lleguen venciendo el rigor Cantando triste de nuestra pena cruel las semanas de Daniel. Misericordia, Señor. Para templar el dolor deste destierro prolijo, danos, señor, a tu hijo. Misericordia, Señor. Sale oyendo estas voces el Rey con barba venerable, corona y cetro y manto imperial Estas piadosas voces, que el aire rompen tristes y veloces, pueden conmigo tanto, mostrando que mi música es el llanto, que las piedades mías despiertan en Daniel y en Esaías; decid (aunque no ignoro vuestro intento) qué piden mis vasallos. Oye atento. Monarca de dos imperios, a cuyo inmenso poder es toda la tierra alfombra, es todo el cielo dosel, los nobles vasallos tuyos, que en una y en otra ley la obediencia te juraron ya en Adán y ya en Moisén, pasando los dos preceptos de la natural a ser con el renombre de escrita, en el decálogo diez, hoy informados, Señor, de que ya cumplido es el término a las felices hebdómadas de Daniel, humildemente postrados, piden con afecto fiel que llueva el cielo el rocío que ha de ser manjar después; que se abra la tierra y de ella nazca el Salvador; que den las nubes al justo en lluvia de púrpura y rosicler, y porque en la alegoría entremos ya de una vez, no Daniel y no Isaías te hablan hoy, porque no esté confuso el tiempo, dudando si pudo o no pudo ser: el grande juicio de Dios (que se interpreta Daniel) y la salud del Señor (cuyo nombre Isaías es) son los dos que te apellidan en esta ocasión porque tu juicio y tu salud sean del pueblo la paz y el bien; él en este memorial Dale un memorial y el Rey lee dice, humillado a tus pies, que al gran príncipe tu hijo tienes sin dejarle ver de tus vasallos, que yacen solos y tristes sin él, allá en tus palacios, donde le solicita la fe de su lealtad, pues en sombras le adoran y no le ven, que por qué no se le enseñas, siendo ya tiempo de que saliendo a ilustrar al mundo, casa y esposa le des. Ésta, supremo monarca, la embajada nuestra es, y ésta es del pueblo afligido la pretensión. Está bien, y para que mis vasallos conozcan cuanto estimé el memorial que me dan en el sellado papel de siete sellos, que sólo el cordero supo leer, presto el príncipe mi hijo, dejando el trono de aquel grande alcázar, donde yo solo en sombras le mostré, se humanará a sus vasallos presto; dejándose ver saldrá al mundo; ya le tengo puesta la casa, de quien nuevos criados han sido los mismos que eligió él, siendo el primero en su gracia un claro lucero, pues le iluminó con sus rayos aun antes de amanecer, y para mayor consuelo de mis gentes, que hoy se ven en la confusión de un limbo, tal esposa le daré que diga de ella David, que es infanta, hija de rey; y porque en mí es la palabra obra, para que llevéis testimonio verdadero, uno y otro habéis de ver, advirtiendo que en sentido alegórico esto es una representación en que no importa que esté el tiempo alterado viendo lo que ha sido y ha de ser. Suenan las chirimías y descúbrese lejos un carro triunfal a quien tiran un ángel, una águila, un león y un buey. En él sentado el Príncipe, a sus pies la Voz con un coro de músicos. Este carro no se mueve hasta después que ha de venir por palenque al tablado donde en habiéndose apeado los que vienen en él ha de dar vuelta sobre el juego que esté armado y volverse. Esto mismo sucede a su tiempo a la nave en que viene la Esposa, la Fe y otro coro de música advirtiendo que como lo dicen los versos procure ejecutarse midiendo con las chirimías y la música aunque se repita algunas veces, que partan iguales y vuelvan iguales. Volved los ojos, miralde en el carro de Ezequiel, que es figura de las dos naturalezas que en él concurren, a quien tirando cuatro animales se ven misteriosos, pues del puro claustro virginal en que viene al mundo significan el espíritu y la fe, el vuelo y la fortaleza, ángel, león, águila y buey. Y a este mismo tiempo al mar los ojos los dos volved y veréis sobre las ondas, que significan también ansias y tribulaciones, Ahora se descubre la nave una bella nave, a quien soplos del austro süaves, sobre la argentada tez de inquietas espumas mueven sin recelar, sin temer del aquilón el embate ni del ábrego el vaivén, porque aunque ráfagas viles han de afligirla tal vez, no han de sumergirla nunca, siendo figura fiel y divina de la esposa la nave del mercader que a cargar de trigo viene a la casa de Belén, en ella la emperatriz del oriente sulca a quien virtudes sirven de damas, dejándose conocer entre todas por más bella o más valida la Fe; Ahora empiezan a andar los dos triunfos ya vienen los dos venciendo de la fortuna el desdén, donde al tomar tierra vean humano la primer vez al príncipe sus vasallos, cuyo triunfo dicen bien músicos de tierra y cielo. ¡Qué ventura! ¡Qué placer! Cantan en ambas partes los dos coros Nave que sulca y no yerra… Carro que anda esferas puras… …gran dicha… …gran bien encierra. Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. Nave que conduce al suelo la preciosa margarita. Carro que une la infinita distancia de tierra y cielo. Tome tierra. Pare el vuelo. Pues tanto misterio encierra. Pues viene a acabar la guerra entre el rey y sus criaturas. Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. Apéanse unos y otros en el tablado, el Rey los recibe y abraza y después destas cortesías que se harán con las chirimías en los blancos de la música se vuelven el carro y la nave Bella Micol, dulcísima Raquel, queden al ver tu perfección sin fin pasmados, desde el hombre al querubín, éste en tu gracia, en tu esperanza aquél; la alba en nubes de nácar y clavel llueva sobre tu cuello de jazmín purpúreas rosas del mejor jardín, cándidos lirios del mejor vergel. Adviértase que la Fe siempre tray un cáliz en la mano y la Voz una cruz como pintan a San Juan Tanta es tu gracia, tanta es tu virtud, divina Ester, que a cuantos hoy estén condenados a muerte das favor, y tus espigas, generosa Rud, cogerán en la casa de Belén pan de ángeles, pan vivo y pan de flor. Amoroso Jacob, fuerte David, de quien soy la Raquel y la Micol, si de tu amor las obras son crisol, si de tu fuerza examen es la lid, de la alta palma hasta la humilde vid tejan de tu guirnalda el arrebol y absorto en medio de su curso el sol, la esmalte con los rayos del cenid. Por mí, galán Asuero, en libertad pones al pueblo. ¡Oh venturosa Ester!, la que fineza igual debe a tu amor, y aun otra espero más de tu piedad, pues Rud de tus espigas te he de ver pan de ángeles, pan vivo y pan de flor. El contento deste día, no solamente ha de ser público a mis gentes, pero a las extrañas también; y así en tanto que previenen mi amor hoy y mi poder ostentar cuantas grandezas incluye el verde laurel de mi corte, que es la altiva triunfante Jerusalén, en aplauso de las bodas del príncipe mi hijo, haced los dos hasta el más remoto clima que el sol ve y no ve, un convite general: decid a cuantos topéis reyes del mundo, que yo, gran monarca de Israel, gran príncipe de Judá, los convido para que en las bodas de mi hijo vengan todos a comer. Los dos nos dividiremos, sin dejar provincia en que no sembremos tus noticias. Mortales oíd. Atended, mortales. El grande César del orbe. El supremo rey. Por Isaías os llama. Os convida por Daniel. Vanse los dos cada uno a su carro advirtiendo cuál haya de ser para la salida de después Elías y Jeremías, con otros irán también; sean muchos los llamados, que pocos serán después los escogidos. Y en tanto que van el banquete a hacer, todo en aquestos jardines sea contento y placer, para que mi bella esposa divertida el tiempo esté, que hasta celebrar mis bodas consiga el mundo este bien. Sólo señor la esperanza de que puedo merecer tus favores me divierte. Juan, mi voz eres, ¿por qué no celebras mi alegría? Porque aunque soy voz quedé mudo al ver sus perfecciones. ¿Por qué no me dices, Fe, alabanzas de mi esposo? Porque estoy ciega y sé bien que no me toca el hablar, sino el oír y el creer. Repitan músicas tales sus aplausos otra vez. La Voz soy; a mí me toca dar al mundo el parabién. Con la música se van haciendo cortesías midiendo el tiempo de suerte que al acabar la música se entren canta ¡Albricias, albricias pido, mortales! ¿De qué? ¿De qué? De que humano se muestra hoy a todos el hijo heredero de nuestro rey. ¡Ay, qué ventura! ¡Mas, ay, qué placer! La tierra y el cielo alabanzas les den. Y no es esta sola la dicha pues hoy se desposa. ¿Con quién? ¿Con quién? Con la reina divina de oriente que vino en la nave del mercader. ¡Ay, qué ventura! ¡Mas, ay, qué placer! La tierra y el cielo alabanzas les den. Vanse. Salen como oyendo la música la Verdad y la Mentira del otro carro, la Mentira en cuerpo y la Verdad vestido de villano con capote La tierra y el cielo alabanzas les den. Una y otra vez repita tan feliz nueva la voz. Calle el acento veloz que vida y alma me quita. La preciosa margarita ya del oriente llegó. Ya el príncipe se humanó cumpliendo al pueblo el deseo. La Verdad soy, yo lo creo. La Mentira soy, yo no. ¿Quién será este que parece sombra de la noche negra, y cuando todo se alegra solamente él se entristece? Mas ya que al paso se ofrece, dél he de informarme aquí; ¿habéis oído? Nada oí. ¿Una gran voz que sonó en toda la Tierra? No, no he oído nada. Pues yo sí. ¿Y qué era lo que decía esa voz tan singular? Si es que os tengo de contar, lo mismo que pretendía saber la sencillez mía. Sabed que diz que humanado ya el príncipe se ha mostrado a sus vasallos, y que la divina esposa, en fe de palabra que la ha dado, para celebrar sus bodas sólo espera… ¡Necio error! …que se junten… ¡Qué rigor! …las gentes del orbe todas. ¿Y eso a creer te acomodas? Verdad soy de su deidad. Calla, calla, ¡qué crueldad! ¿De qué tiemblas? ¿Qué te admira ver temblar a la Mentira a vista de la Verdad? De no haberte conocido me güelgo porque no fuera Verdad si te conociera. Yo tampoco hubiera sido Mentira, a no haber sentido verte delante de mí. Y en fin, ¿no has de creer aquí de aquella voz que se oyó el grande misterio? No. Pues ¿puede esto faltar? Sí; la suprema majestad del príncipe ser no puede que salga al mundo y que quede en líneas de humanidad ceñida la inmensidad de lo eterno y soberano. Sí puede, pues está llano que él con su poder previno, sin dejar de ser divino humillarse a ser humano, y yo, pues la Verdad soy y como Verdad lo sé, diciéndolo al mundo iré. También yo a decirle voy que no lo crea. Si hoy Verdad y Mentira van diciéndolo, ¿a quién creerán los hijos de Adán? A mí, que en el mismo Adán vencí todos los hijos de Adán el día que cautamente me dieron primero ser la oreja de la mujer y la voz de la serpiente. Si allí enroscada al valiente tronco de un árbol la encanta, no es ya su vitoria tanta, pues otro árbol previniendo, la está otra mujer poniendo sobre la cerviz la planta. Morderásela a pesar de su fuerza. No lo creas. Pues porque tú no lo veas, primero te he de quitar la vida; hoy ha de acabar contigo mi opuesta ira. Luchan los dos Piadoso príncipe, mira que tu venida dudando, en la tierra están luchando la Verdad y la Mentira. Aunque ahora le llames, no ha de valerte. ¿No es juez supremo? Sí, mas tal vez permite que venza yo. Arrodilla la Mentira a la Verdad y vuelve a levantarse Fuerza esta era me faltó. Si en ella sin fuerza estás, ¿para qué te opones más? Para que tú atropellarme podrás hoy y retirarme, mas vencerme no podrás. Vencerte podré supuesto que huyes. Huyendo de ti me he de librar. ¿Cómo? Así. Huyendo la Verdad y la Mentira tras ella echa la mano al capote y se le quita quedando como desnuda y a este tiempo sale la Gentilidad y la Verdad se ampara de ella ¿La capa dejas? ¿Qué es esto? Pues a tus plantas me ha puesto el tiempo, Gentilidad, ampáreme tu verdad. Tiemble el mundo de mi ira, pues se viste la Mentira la capa de la Verdad. Pónese la capa ¿Qué causa a los dos obliga para tan sangrienta lucha? Yo he de decírtela, escucha. Oye, porque yo lo diga. Calla tú y tu voz prosiga, A la Mentira porque yo a informarme acuda. ¿Yo he de callar? Sí. No hay duda que había de ser preferida Mentira que está vestida a Verdad que está desnuda. Una voz diciendo vino por el orbe, que a él salía un príncipe en quien había ser humano y ser divino; creerlo al instante previno ese rústico villano, yo dije cuánto era en vano creer neciamente indiscreto que cupiese en un sujeto ser divino y ser humano, y sobre aquesto los dos venimos a reñir. Pues, ¿quién puede dudarlo, si es príncipe que os busca a vos, de Dios Hijo? ¿De qué Dios? Uno hay sólo. ¿Luego son, según aquesa opinión falsos en aquesta parte Júpiter, Saturno, Marte, Mercurio, Apolo y Plutón? Claro está que no pudieran ser dioses y haber tenido el poder tan dividido. Calla, no hables más, que fueran mis oídos, si te oyeran traidores a su deidad. Luego tú, Gentilidad, ¿crees la opinión que ese entabla? Sí, porque éste, al fin, me habla con más capa de Verdad; treinta mil dioses adoro, y si el príncipe que dijo la voz, de Júpiter hijo no es, habido en lluvias de oro, su vana deidad ignoro; y porque tú no te atrevas a traerme a mí las nuevas de tan remotos misterios, sal de todos mis imperios y agradece que no llevas mayor castigo que ir tu persona desterrada, cuando mi cólera airada te condenara a morir. A padecer y sentir destierros bien puedo yo ser condenada, mas no a muerte. ¿Por qué? Porqué nunca yo morir podré, que el ser que el cielo me dio es inmortal y aunque el llanto me aflija, segura estoy, pues siendo la Verdad, soy voz del Espíritu Santo. Vase, quiere […] Si estás confiada tanto, aguarda. ¡Qué horror! ¡Qué miedo! Inmóvil estatua quedo de nieve y fuego, y aquí, pudiendo echarla de mí, seguirla (¡ay de mí!) no puedo. Pues a tus manos no muere esa desnuda Verdad, desde aquí, Gentilidad, muera quien te la dijere. Piedad en mí hallar no espere quien contra mis dioses yerra. Ya que aquí sembré la guerra tras ella iré, pues recelo hacer que huyéndose al cielo me desocupe la tierra. Vase Voz que a mis dioses agravia, lengua que su ser injuria, ¿pude (¡qué pena! ¡qué furia!) escuchar (¡qué ira! ¡qué rabia!)? ¿Cómo mi heroica, mi sabia majestad no le quitó la vida? ¿Cómo no usó de su cólera severa diciendo que hombre y Dios era su príncipe y otro no? De horror mis sentidos llenos, sienten pálidos desmayos; detén Júpiter los rayos, apaga Marte los truenos, ¿qué más iras, más venenos queréis forjar contra mí? ¿Hola? Salen los que componen un coro de Músicos ¿Qué mandas? Que aquí la multitud de mis gentes cante tonos diferentes a los dioses, porque así el cielo temple el enojo que le ha dado mi omisión. Dioses, piedad, que ofenderos no puede a tantos la fama que vuela de un Dios. Si es Venus el aire… Mercurio la tierra... Neptuno es el agua… Y el fuego Plutón… Júpiter rayos… Relámpagos Marte… Diana la Luna… Y Apolo es el sol… Dioses, piedad, que ofenderos no puede a tantos la fama… Sale Daniel Suspenda la voz esa idólatra armonía, y su dulce confusión que veloz vive en el aire muera en el aire veloz. ¿Quién eres tú que te atreves a interrumpir sin temor los aplausos de los dioses, a quien alabanzas doy? Un embajador de parte del supremo emperador del cielo y la tierra. ¿Es el grande Júpiter? No. ¿Pues quién? El rey de Judá cuyo nombre es Sabaot. Ni le conozco ni tuve con él comunicación, y así, dos cosas extraño: una, que diga tu voz que el emperador supremo a mi corte te envió, y otra que el rey de Judá se acuerde de mí. No son dificultosas las dudas si me oyes. Atenta estoy. El emperador supremo de cielo y tierra es quien dio ser al universo, alma al hombre, vida a la flor, piel al bruto, escama al pez, pluma al ave y luz al sol. Éste es el Jehová que quiere decir de los dioses Dios, con que a la duda primera respondida estás. No estoy, pero pasa a la segunda que quiero saber las dos. El acordarse de ti es porque hacer pretendió ostentación generosa de su poder y su amor en las bodas de su hijo, y para que sea mayor su aplauso a propias y extrañas gentes convidar mandó y así, vengo de su parte a decirte que si hoy hallarte quieres en ellas te agradecerá el favor, dándote en su mesa asiento donde… No prosigas, no, porque dos veces me ofende su vana proposición: una, en darme a entender que él es el supremo señor del universo; y otra, en que presuma que yo tendré a favor que en su mesa me dé lugar, ¿yo no soy la emperatriz de las gentes, cuyo siempre vencedor laurel es de mis hazañas vegetativo padrón? ¿Yo no soy la que invencible en una y otra nación me hice adorar, desde donde nace a donde muere el sol? Si él es el rey de Judá, yo a Nabucodonosor le haré que a mi Babilonia le traiga en transmigración, y así, vuelve y di a tu rey que por respuesta le doy estar agora ocupada en la suma adoración de mis dioses y por eso a su banquete no voy. Porque de la idolatría dejaras la ocupación, te llamaba él, conociendo que dioses mentidos son los que adoras, pues adoras barro en Baal, en Dagón piedra, leño en Baalcebud, plata en Bel, oro en Moloc, estaño en Adramelec, bajo hierro en Baalfegor, en Anamelec el plomo vil y el bronce en Astarot, dioses que poder no tienen ni movimiento, ni acción, sino sola la asistencia de una diabólica voz. ¿Quién eso dice? Daniel, que palabras suyas son, reprehender los simulacros, por eso juicio de Dios me he interpretado. Y por eso también oscura prisión Échale en el suelo y písale padecerás, sin que ya te valga de embajador la inmunidad; pies y manos le ligad, y pues habló como bruto sean los brutos sus verdugos: al rigor le arrojad de esos leones, que en anfiteatros son espectáculos festivos de los dioses que ofendió. Préndenle y llévanle como atado Por eso el que reverencio me librará de su horror. Mientras llega su piedad, llora mi persecución. A mi rey esta respuesta le lleve el aire veloz. Sí hará, de mis altos dioses entre una y otra canción. Truéquelas el cielo en dignas alabanzas del Señor. Dioses, piedad, que ofenderos no puede a tantos la fama que vuela de un Dios. Sí puede, pues uno que es Dios verdadero, de todos triunfando a la Tierra llegó. Música y Gentilidad cantando y representando el otro coro en la otra parte y Daniel representando. Sale la Sinagoga vestida a lo judío como furiosa y algunos deteniéndola Dejadme morir a manos de mi desesperación. ¿Qué tienes? No sé que tengo. ¿Dónde vas? Ni dónde voy sé tampoco; sólo sé que en mi misma confusión voy tropezando y que a un tiempo ciega, absorta y muda estoy. ¡Cielos, qué opuestos acentos, qué encontradas voces son las que hoy en el mundo suenan, llenando de admiración mis estudios! Unas dicen, que ya el príncipe llegó de Israel; otras publican, que muchos los dioses son, y unas y otras para mí, que la Sinagoga soy, reina de Israel invicta, implican contradición, éstas por darme a entender que puede haber más de un Dios y aquéllas por persuadirme que vino cuando aún no son las hebdómadas cumplidas, ni en cielo y tierra se vio seña de los aparatos con que ha de venir: el sol no se ha parado en su curso, la luna en su elevación no se ha turbado, los astros no han perdido su esplendor, las nubes no han abortado rayos, ni el negro vapor de la noche en pardas sombras el cadáver sepultó del orbe; ¿de mis profetas, dónde, si a buscarlas voy, están las autoridades que dicen que con horror vendrá este príncipe al mundo? ¿No hay quién desta confusión libre mis sentidos? Salen la Verdad y la Mentira, y cógenla en medio Sí. Pues ¿quién me lo dirá? Yo. ¿A uno se lo preguntaba y me han respondido dos? Sí, para que prevariques en una y otra opinión. No es sino para que elijas, Sinagoga, la mejor. Pues dime, ilusión desnuda; dime, vestida ilusión, que de mi confusa idea afectos partidos sois, ¿cómo lo entendéis? Escucha. Di tú, contradiré yo. Sólo un Dios hay. Es verdad. Pues poco ha que lo negó tu voz. Es que a cada uno como él quiere le hablo yo. Éste al mundo ha de venir. Es verdad. Pues ya llegó el tiempo. Eso niego, pues señal ninguna se vio en cielo, sol, luna y astros que nos cause admiración. Cuando los profetas dicen que vendrá el Hijo de Dios con escándalo de rayos, truenos, asombros y horror, hablan no de la venida primera en su Encarnación. ¿Pues de cuál? De la segunda, cuando vendrá vencedor a juzgar por fuego el siglo; y así, pudo venir hoy sin hacer señal la tierra, cielo, estrellas, luna y sol, como quien viene de paz a casarse. Ése es error. Pónese al lado de la Mentira ¿Ya te pones de su parte? Sí, porque éste, al fin, me habló con más capa de Verdad, que si yo la esposa soy, ¿cómo a casarse conmigo viene sin saberlo yo? Como el tener esa duda, después de oír aquella voz y haber el cómputo errado de las semanas, causó que seas en el banquete deste Asuero superior la repudiada Bastí, y esotra la Ester. ¡La voz suspende, no, no prosigas, que al escucharte el león de mis armas su cuartana me ha pegado! (¡Oh, qué temblor me ha dado!) ¿Cómo (¡qué pena!) es (¡muriendo de ira estoy!) posible (¡ahógueme mi aliento!) que (¡máteme mi dolor!) otra (¡Volcán es el pecho!) sea (¡Etna es el corazón!) Ester elegida y sea Bastí repudiada yo? ¿Quién te lo ha dicho? Isaías. ¿Dónde? Sale Isaías En su predicación, hablando con Manasés. ¿Qué dice? Yo vi al Señor en un trono y de a seis alas, serafines de su amor; con dos la faz se cubrían, con dos los pies y con dos volaban, diciendo: «Santo, santo Dios de Sabaot, llena está la tierra toda de su gloria»; esta visión figura es que significa divina y humana unión, pues dice que está la tierra llena de gloria y favor en cuyo grande misterio para poder hablar yo brasas de aquel sacrificio purificaron mi voz. De parte desta verdad como salud del Señor a sus bodas te convido en cuya mesa el candor del alba verás cuajado en la piel de Gedeón, el maná de los desiertos cifrado a un dulce sabor, del grande Melquisedec el pan de proposición vivo, y labrado el panal de la boca del león; para hallarte a su comida, la vil prevaricación de tus dudas deja. Deja tú la loca persuasión de tus sermones a cuyo conjuro serpiente soy. Moisén dijo que la cara ninguno vería al Señor y viviría; y pues dice tu jactancia que la vio, y vives, de la ley eres sacrílego transgresor. Y así, será darte muerte la respuesta que le doy, a ese rey que me convida, no conociéndole yo. Préndenle Llevalde de aquí y porqué sea el martirio mayor, no cuchillo, sino sierra, su cuerpo divida en dos. Verdad, por ti muero, lleva la nueva al rey mi señor. Llévanle Tú no quedes en mi imperio. A los desiertos me voy a vivir entre los brutos, pues tendrán con más amor razón para la Verdad los que no tienen razón. Tú sígueme, que has de ser mi privanza desde hoy. Como yo te asista, el mundo temblará de tu valor. Sí hará, pues no sólo en este profético embajador he de ensangrentar las manos, mas si ese que se llamó gran príncipe de Israel a ellas viene, mi furor le dará muerte, aunque al fiero escándalo, al duro horror se estremezca el orbe, el cielo caduque, el viento feroz brame, el mar se ensoberbezca, la pesada ostentación de los montes titubee, el entupido vapor de la noche cubra al mundo, y sin beldad ni esplendor delirios sienta la luna y parasismos el sol. Vanse, sale el Príncipe y la Esposa por dos par[tes] Divina esposa mía, con cuya luz la luz es sombra oscura, funesta noche el día, pues el sol, mendigando a tu hermosura rayos y luces bellas, a tus flores feriara sus estrellas. Amante dueño mío, con cuya gala es el abril ufano yerto diciembre frío, pues usurpando rosas a tu mano, a tu pie las ofrece donde más que las aja las florece. No así corcillo herido, por morir desangrado dulcemente, sigue el sonoro ruido de los cristales, como yo la fuente busco de tus favores, herido del arpón de mis amores. No así blanca cordera de su tierno pastor enamorada corre la verde esfera, por llegar a sus brazos desalada, como yo sin aliento por llegar a los tuyos piso el viento. Presto, querida esposa, de nuestras bodas los felices días llegarán. Temerosa me tiene la tardanza de Isaías y de Daniel. Sale la Verdad ¿Adónde… (ni aun en ecos el viento me responde) de las gentes huyendo desnuda la Verdad y perseguida, abrigo hallar pretendo? ¿Dónde, Verdad, caminas afligida? A ti, Señor divino, porque tú eres verdad, vida y camino, y así, camino y vida busca en ti la Verdad, que desterrada al centro vuelve de quien fue nacida, porque anda la Mentira disfrazada, de cuyas tiranías ejemplo hay en Daniel y en Isaías. La Sinagoga ciega y la Gentilidad no con más vista, cuando uno y otro de tu parte llega a convidarlas, hacen que revista su pecho tal exceso que el uno muerto yace, el otro preso y entregado a las fieras, de Jezabel huido queda Elías, y con iras severas apedreado en Egipto Jeremías, y en fin, rebelde el gran linaje humano. Hablando al cielo. Eterno César, padre soberano, este agravio me toca vengar a mí; dame, Señor, licencia, que su ignorancia loca corrija mi presencia, haciendo justa guerra a las comunidades de la tierra. Si al que va de tu parte, ¡ay!, esposo, le tratan de esa suerte, no querrán respetarte a ti. ¿Tú temes? Sí, temo [tu muerte]. Pues no temas, que cuando me veas muriendo, me verás triunfa[ndo]; mas, ¡ay!, que la memoria de la muerte me aflige y estremece, con tener la vitoria segura. En roja púrpura parece que el rostro se ha bañado. Si aflige a la virtud, ¿qué hará al pecado memoria tan terrible? Salen la Voz con la cruz y la Fe con el cáliz juntos de modo que traigan las insignias como acaso iguales y el Rey tras ellos Aunque temo morir, morir deseo; mas pase, si es posible, de mí la cruz y el cáliz que allí veo. Tu voz oyendo ha estado el Rey. Siéndolo yo, yo le he llamado. Príncipe, la licencia que tu amor me ha pedido, te otorga mi clemencia, de ese daño común compadecido; ve a la lid, mas primero el gran banquete de tus bodas quiero que dejes celebrado. ¿Con qué gentes, señor, si no vinieron los monarcas y reyes que has llamado, y sola yo, ningunos mis laureles son, que yo no soy más que unión de fieles? Si heroicas monarquías niegan sus gentes todas, rebeldes siendo a las piedades mías, tu voz a convidar para las bodas se salga a los caminos, y convoque a los pobres peregrinos que donde hay humildades no me hacen falta a mí las majestades. Vase Joan, pues tú mi voz eres y en ti hablo yo, por los desiertos clama y a todos cuantos vieres pobres y humildes, a mis bodas llama, sin escetar persona, prefiera hoy el cayado a la corona. Vase, diciéndole esto, le va llevando a la puerta del carro donde ha de haber una canal que suba hasta lo alto y desde allí ha de haber una maroma que pase a la ot[ra] torre […] Fe, pues de sus acentos tu eres la formación, tú le acompaña. Cortando iré los vientos. Yo penetrando iré la azul campaña. Ven, Verdad, y la voz suene sagrada de la Fe en todo el mundo acompañada. Vanse Verdad y Esposa Venid, mortales, venid a comer en las bodas de un manjar feliz. Llegad, mortales, llegad a comer en las bodas de un feliz manjar. El º coro repite en un carro, el otro en otro Venid, mortales, venid a comer en las bodas de un manjar feliz. Llegad, mortales, llegad a comer en las bodas de un feliz manjar. Venid de gala vestidos, venid de fiesta adornados. Aunque todos son llamados pocos serán escogidos. Venid, venid prevenidos al banquete soberano. Llegad, que licor y grano os dan la espiga y la vid. Venid, mortales, venid a comer en las bodas de un manjar feliz. Llegad, mortales, llegad a comer en las bodas de un feliz manjar. Comeréis en la boda de un feliz manjar. Dura la música hasta que hayan pasado de una parte a otra. Sale la Mentira Como soy áspid y al áspid la música le atormenta, así el cielo contra mí se arma de músicas tiernas. ¿Qué es esto, pues no bastó haber de toda la tierra a la Verdad desterrado, y que con sus mismas señas posea al mundo la Mentira, para que en paz le posea, sino que agora una voz de Fe acompañada, vuelva en favor de la Verdad, a hacerme segunda guerra? Los dos términos del orbe la han oído, porque es fuerza, que siendo la voz de Dios, todo el orbe comprehenda. ¡Ah!, si pudiese mi engaño, mi traición y mi cautela, hacer que la Sinagoga ni la escuche, ni la entienda. Mas sí podré, sí podré, pues ella confusa y ciega, delirando como loca, de una en otra parte yerra, y es verdad que yerra en todas. Ahora mira al cielo y tiembla, el corazón a pedazos se quiere arrancar, la lengua trabada a hablar va y no puede, y entre opiniones diversas en sus discursos se ofusca, y se confunde en sus ciencias; en ellas tropieza; yo haré que no caiga en ellas. Sale la Sinagoga como loca haciendo las acciones que dicen los versos No puede, no puede ser que este hombre el príncipe sea, sino algún escandaloso samaritano que intenta su nombre hurtar, ya he caído Cay y tiénela la Mentira en la verdad. Era fuerza, que siendo yo tu Verdad, caigas en mí y yo te tenga; ¿qué trays? Varias ilusiones, tristes ansias, dudas necias, imaginaciones locas, cuestiones y competencias, que dentro de mí luchando, me afligen y me atormentan. Segunda voz ha corrido, cuyos acentos alteran el mundo partido en bandos, de suerte que ya flaquea la Gentilidad que fue tantas edades su opuesta, y en desprecio de sus dioses, en mil naciones diversas le aclaman y le apellidan verdadero hijo del César. ¡Ay de mí! ¡Ay de mí otra vez!, que en fantásticas ideas me parece que estoy viendo gentes a sus plantas puestas. Pedro, un pescador, y Pablo, que fue dotor en mis ciencias, persuadiendo a los romanos allí se me representan. Allí en Padmos miro a Joan haciendo de su ascendencia una Apocalipsi; en Citia, Andrés su dotrina asienta; en Hierópolis, ciudad de Asia, Felipe la siembra; Matías y Bernabé, en la coronada reina del archipiélago Chipre; Judas y Simón en Persia; en Etiopia Mateo y Bartolomé en Armenia; en Jerusalén dos Diegos, y el uno para mayor pena a España pasa a hacer noble insignia la cruz bermeja, que esmaltará con su sangre siempre que a mis manos venga su príncipe, y aunque yo sé que crédito no tengan hombres tan pobres y humildes, que cuando todo lo dejan por él, aún no dejan nada, sino cuatro redes viejas, una cabaña y dos barcos, me da rabia, me da pena pensar que con los trofeos desta humilde gente quiera sus bodas celebrar hoy, sentándolos a la mesa a que yo fui convidada ofreciéndoles en ella divinos manjares; cuya novedad tan torpe y ciega me tuvo, que discurriendo sin tino, ley y prudencia, caí en tus brazos, adonde el dolor que me atormenta, la confusión que me aflige y las dudas que me cercan, me tienen fuera de mí, ni bien viva ni bien muerta. ¿Qué me darás si me atrevo con engaño y con cautela a introducirme en las bodas y robarle de su mesa al príncipe ese manjar, para que le ajes y hieras, le profanes y baldones? Como tú… ¿Qué? Me le vendas, yo te franquearé mis joyas, y si no quisieres prendas te le pagaré a dineros. Pues no quiero más de treinta. ¿Hecho está el concierto? Sí. Cajas y trompetas dentro Pues ve y… pero aguarda, espera, ¿no has escuchado en el viento cajas y trompas de guerra? Marchando viene a nosotros un escuadrón de diversas naciones y por caudillo valiente de todas ellas viene la Gentilidad. Escuchemos lo que intenta. Cajas y trompetas, y salen España con manto capitular de Santiago, Etiopia, negra, Persia, Armenia, Padmos, Citia, Asia y otros; todos en sus trajes o lo más que se pudiese imitar de ellos y detrás la Gentilidad con corona de laurel, manto imperial y bastón con unas hojas de oliva en él Invicta Jerusalén, cuya eminente soberbia a coronarse de nubes en siete montes se asienta, no mi presencia te asuste, no mi vista te estremezca al verme sobre tus muros con las militares señas de tanto escuadrón volante, tanta bien formada hilera, que aunque en marcial ordenanza vengo, no vengo de guerra sino de paz: bien la oliva de aqueste bastón lo muestra. Heroica Gentilidad, no es menester que prevengas a mi valor ser de paz tu marcha; pues cuando fuera de guerra importara poco para que juzgues ni entiendas que puedo temer yo aunque abortaran en mi ofensa gente los montes; ¿qué quieres? Que sólo paso me ofrezcas por tu país. ¿Dónde vas? Voy llamada de una estrella que ya otra vez me guió, buscando al hijo del César que ha de celebrar sus bodas, y deseo hallarme en ellas con estas gentes, a quien su divina voz, que en lenguas varias sonó, ha convocado. Pues tú, que antes de ahora eras de ese príncipe enemiga, viendo que a tus dioses niega, ¿le buscas? Sí, que el consejo ha de mudar la prudencia; y habiéndome tú dejado, vi la luz. ¿De qué manera? Pedro, a quien yo significo (porque al fin Roma, cabeza de mi imperio, silla es suya), una gran sábana llena vio de inmundos animales; mandole Dios que comiera de ellos, y esto fue decirle su palabra verdadera, que no escetase personas y como a ninguno esceta, pasó a la Gentilidad su dotrina, de manera, que heredera de la viña, quedé por tu inobediencia; y así le vengo buscando; dime dél, pues tú le albergas. Si no le conozco yo, ¿cómo puedo darte nuevas dél? Búscale tú, aunque en vano hallarle en mi imperio intentas, que el príncipe que yo espero aún no ha venido. Pues deja que pase de paz. Sí haré; marcha, yo te doy licencia. Suenen, confundiendo el aire, mis cajas y mis trompetas. Pasa por delante de la Sinagoga el alarde, y al pasar la Mentira se mezcla entre ellos Agora disimulado entre sus gentes con esta capa de Verdad podré introducirme. ¿Qué esperas? Mézclate con ellos, pues, y mira que de su mesa robes el mejor manjar. Yo daré con él la vuelta. Yo te seguiré a lo largo hasta que ocasión se ofrezca de vengarme. ¡Oh, cielos, cuántas víboras mi pecho engendra! Ásperos son los caminos de hallar la salud eterna; dad voces, pidiendo al cielo que nos aclare la senda. Señor, pues a ti venimos el camino nos enseña. Canta dentro la Fe y la Voz aunque los de afuera ayuden a la música no importa dentro Venga norabuena. dentro Norabuena venga. La unión de los fieles formando la Iglesia. Pues ya músicas nos guían responda la salva nuestra. Venga norabuena, norabuena venga. Tocan las cajas y las trompetas y la música junto todo suene como sonare. Salen la Esposa, y la Fe y la Verdad Con los brazos os recibo a todos para que sea, pues que todos sois mis brazos, cuerpo mío la unión vuestra. A mi sencillez me vuelvo, pues hoy es día de fiesta, que comida hay, si sabéis aprovecharos bien de ella. Danos a todos tus plantas y la semilla que siembra la voz de Dios, reconoce en los frutos que se aumenta. Pedro en mí te ofrece a Roma; Diego en mí a España te agrega; en mí el menor Diego a Siria; Felipe a Asia te presenta; Chipre Bernabé y Matías. Judas y Simón a Persia. Mateo te envía a Etiopia. También Bartolomé a Armenia. Andrés te reduce a Citia. Juan desde Padmos te entrega de la Fe los fundamentos. Dala un libro Oigan, oigan de manera, que en figura y figurado, uno y otro representan. Temblando estoy; Babilonia (pues en mi pecho se hospeda su confusión, bien he dicho), reducida por sí mesma, en mí se rinde a tus plantas. Por bien a mis bodas vengas. ¡Qué miro! Advierte señora, que te engaña con aquella capa, que éste es la Mentira. Si entre los fieles se asienta, diciendo que lo es, no puedo yo… ¿Qué? Cerrarle mis puertas. Si viene en gracia o no viene a sentarse hoy en mi mesa, eso, Verdad, él allá lo ajuste con su conciencia. El rey el premio o castigo le dará, pues él penetra lo oculto, mas de lo oculto no puede juzgar la Iglesia. Fe, llama al príncipe en tanto que yo prevengo las mesas con el lugar de Isaías que dice: «Ábrase la tierra y dé al Salvador». Con eso no es mucho que salgan de ella las mesas y aparadores disculpando la apariencia. Las chirimías. Salen por debajo del tablado dos aparadores a los dos lados lo más ricos y adornados que se pueda con luces, y en medio una mesa grande adornada de viandas y en medio un cordero, lo mejor imitado que se pueda, con luces la mesa, advirtiendo que todo ha de estar clavado, de manera que pueda a su tiempo dar vuelta toda la mesa, y quedar un cáliz grande y una hostia con luces a los lados, y si se hiciese de madera una como custodia en gradillas será mejor. Llamando al Príncipe todos, la voz al viento suspenda. Cantan Ven, príncipe generoso, ven que a tu manjar divino muchos fueron los llamados, y pocos los escogidos. Bella esposa, el padre mío a nadie a su lado asienta mientras vive; y así, a mí su suma piedad ordena que en el día de mis bodas a todos siente a la mesa. Sentaos, pues, y tú a mi lado, querida adorada prenda; éste es el legal cordero que al celebrar las encenias, y en los días del Fasé se comía, con aquellas verdes, amargas lechugas que son llanto y penitencia. Deste cordero legal he de gustar, porque sepa el cielo que profané las viandas desta cena. ¡Ay de aquel, que no teniendo fe y contrición verdadera, la mano mete conmigo en el plato! De oílle tiembla el corazón. Salen el Rey, por una parte, y la Sinagoga por otra. Retirado detrás de aquestas vidrieras, cielos de cristal, veré la mayor de mis grandezas. ¡Oh, si pudiera de lejos observar los fines destas ceremonias! El cordero figura fue verdadera y sombra de un sacramento, que es el plato que os presenta Vuélvese la mesa la Fe: este pan y este vino es mi carne y sangre mesma. Éste es el que yo he de hurtar para que después le venda a la Sinagoga. Aguarda, sacrílego, tente, espera, no le toques, no le toques, y de entre los que se asientan a esta mesa te levanta, el lugar que ocupas deja, pues no le mereces. Levántale y él turbado le deja la capa ¡Cielos, declarose mi sentencia! Conoció el rey su traición. ¿Cómo es posible que vengas sin ropa nupcial aquí, que es la túnica perfeta de atrición y contrición, y que siendo… ¡Dura pena! … hurtada aquesta que trays, a la Verdad no la vuelvas? A vista deste misterio, no hay Verdad que no lo sea, y no ha lugar la Mentira donde está la Verdad mesma; huye de aquí, cancerado miembro, que cortarte es fuerza deste cuerpo porque no le inficiones y le ofendas. Espeluzado a tu voz, confundido en tu presencia, a hablar no acierto, ni quiero hablar, ni pedir clemencia. A mi desesperación sólo apelo, injusta ciega Sinagoga, pues no puede la culpa de aquella venta que te hice hallar perdón; daré al templo tus monedas que a mí me basta el cordel desta rabia, desta pena, que me ahoga, que me aflige, me consume y me atormenta. Vase Aunque por ti no consiga mis intentos, haré guerra por mí al príncipe y al cielo y a sus misterios opuesta; le aguardaré en la campaña. Yo saldré mañana a ella, donde triunfaré muriendo. Saca España la espada y la Gentilidad pone el bastón reparando el golpe y la Fe pone entre los dos la cruz ¿No es mejor que pues yo en esta unión soy brazo seglar, pues siempre España se precia del acero que ejecuta, la dé muerte? Aguarda. Espera. ¿En la oliva me recibes tú el golpe? Sí, porque adviertas que el eclesiástico brazo, que es Roma, tu furor tiempla. ¿Tú pones la cruz? Sí, que este jeroglífico es que muestra contra todo el judaísmo que hay justicia y hay clemencia. Ni clemencia ni justicia quiero que conmigo tengas, que yo me basto a mí sola. Ya que tal valor ostentas, en la campaña te espero; verás que a mi furia tiembla confundido el universo, y que su máquina inmensa vuelve a su primero caos, destruyendo mi soberbia los misterios de tu esposa. No harás, que aunque en la lid muera el príncipe, queda vivo en el manjar desta mesa, cuyo grande sacramento será mi vitoria eterna. ¿Eso es más que pan y vino? Sí, su sangre y carne mesma. Yo pan veo, yo pan toco. Aunque accidentes le quedan de pan, de pan la sustancia ya huyó. ¿Qué hay en lugar de ella? Sustancia de carne y sangre. ¿Quién lo dice? La Fe. Es ciega. Por eso por el oído su entendimiento sujeta. Es error de su ignorancia. Es acierto de su ciencia. No lo creo. Todos sí. ¿Quién lo asegura? La mesma Verdad. ¿Quién lo es? Yo lo soy, yo lo digo. Cesa, cesa, Cay en el suelo que a la voz de ese «yo soy» han fallecido mis fuerzas, pero no tanto, no tanto, que aliento y valor no tenga para darte muerte: cielos, astros, sol, luna y estrellas, yo os convido desde aquí a ver la lid más sangrienta. Por no aventurar el triunfo, la boda efetuada deja. Esposa, dame la mano. Con fe y con palabra eterna de ser para siempre tuya. La música a cantar vuelva. Para que así celebrando esta maravilla inmensa. Milagro de los milagros. Grandeza de las grandezas. Humildemente pidamos de parte de quien desea serviros, ciudad ilustre, perdón de las faltas nuestras. Para llegar a comer de aqueste manjar divino, muchos serán los llamados, y pocos los escogidos. Cúbrense las mesas con las chirimías y la música Si quid dictus contra fides et bonos mores quasi non dictus et omnia sub correctione Sante matris Eclesie Don Pedro Calderón de la Barca