Personajes LA SOBERBIA EL DEMONIO LA AVARICIA EL APETITO LA LASCIVIA LA IRA LA ENVIDIA LA GULA EL PEREGRINO EL GÉNERO HUMANO EL AFECTO 1.º EL AFECTO 2º EL AFECTO 3º EL AFECTO 3º EL AFECTO 4º MÚSICOS Salen cantando y bailando cada vicio con su afecto. La SOBERBIA trae en una fuente un manto rojo, la AVARICIA en una salva una cadena de oro y de ella pendiente un corazón. La LASCIVIA en una fuente, todo género de rosas y demás flores, y una banda al brazo. La IRA con otra fuente y en ella un peto, y la GULA con un cestillo o fuente de frutas. Y detrás de todos el GÉNERO HUMANO de gala, y el APETITO villano. Todos los afectos alegres ofrezcan al Género humano músicas y fiestas, porque en su destierro templen y diviertan presentes aplausos, pasadas tristezas, y como a monarca de montes y selvas, de frutos y aves, de peces y fieras,… Sin cesar la música representa cada uno sus versos …la púrpura real le dé la Soberbia… …mostrando su Afecto cómo en todos reina. Para él la Avaricia desangre sus venas… …a Ofir en metales y a Ceilán en perlas. A ellas reducida la Envidia se vea… …porque sus venturas que envidiar no tengan. La Lascivia ufana en sus rizos vierta… …claveles y azahares, rosas y azucenas. Para las conquistas de mares y tierras… …la Ira le dé armas con que a todos venza. Gula y Apetito le sirvan la mesa,… …repitiendo el eco en voces diversas: Todos los afectos alegres ofrezcan al Género humano músicas y fiestas, porque en su destierro templen y diviertan presentes aplausos, pasadas tristezas, y como a monarca de montes y selvas, de frutos y aves, de peces y fieras… Mientras ellos con esta repetición cantan y bailan, sale en lo alto de una montaña el DEMONIO vestido de pastor. Representa los primeros versos sin que le escuchen ¡Ah de la esfera inferior del mundo, que de la esfera superior del cielo, a dichas criada, es átomo apenas! Todos los afectos alegres ofrezcan… ¡Ah del ámbito del orbe, breve globo de agua y tierra, que alimentado del fuego sobre el aire se sustenta! …al Género humano músicas y fiestas,… ¡Ah del centro de la vida! (mejor la muerte dijera, pues aun son estos peñascos valle de lágrimas tiernas). Una y otra vez repetid la letra: porque en mi destierro… …porque en su destierro templen y diviertan presentes aplausos pasadas tristezas… ¡Ah de los hijos de Adán, villana naturaleza del hombre! ¡Género humano! ¡Oíd y ved!, ¿qué voz es esa? Suspéndense todos ¿Quién llama? ¿Quién es? ¿Quién viene? ¿Quién llega… perturbando nuestros aplausos y fiestas,… con ecos tan roncos,… con voces tan fieras… que pasman,… que admiran,… que asustan y elevan? Y tanto que aun yo con ser el monarca de estas selvas, a quien toda esta familia de sentidos y potencias compone representando la innumerable caterva de mis humanos afectos, la majestad y grandeza del rendido vasallaje con que están a mi obediencia, tributando cada uno el don de que más se precia, al oírte y al mirarte decir con todos es fuerza… Todos cantando y representando ¿Quién llama? ¿Quién es? ¿Quién viene? ¿Quién llega perturbando nuestros aplausos y fiestas, con ecos tan roncos, con voces tan fieras que pasman, que admiran, que asustan y elevan? Un extranjero pastor. Y tan extranjero de estas incultas montañas soy cuanto publica tu mesma duda; pues no conocerme el Género humano muestra que debo de ser de otra superior naturaleza. Ausente, pues, de mi patria (no importa saber cuál sea), bien como tú de la tuya, vengo corriendo deshechas fortunas y, viendo cuanto tus Afectos te divierten con el ejemplar de que alivio tus ansias tengan, solicito que las mías de ti esa lección aprendan; que aunque es imposible que haya consuelo para mis penas, tenerlas en compañía me ha de vengar de tenerlas. Y así, viendo (otra vez digo) que tus Afectos pretendan Baja divertirte las memorias con que tus ruinas no sientas, quiero —entrando yo a la parte en las alegres finezas con que todos te divierten, te asisten y lisonjean— introducirme añadiendo una nueva lid que sea festivo asumpto del día, siendo metáfora de ella las luchas de los romanos circos en cuya palestra se sabe esmerar la maña ayudada de la fuerza. Y no sin autoridad, porque a ninguno parezca inventada alegoría, pues en las Sagradas Letras no faltará alguien que dé —quizá Doctor de la Iglesia, a quien publique la fama el Magno por excelencia— a su místico sentido morales inteligencias. ¡Ea, pues, Género humano! Di a tus Afectos que vengan conmigo a brazos, pues no en vano allá el Real Profeta los llama arcos de metal, dando a entender que ellos sean las más naturales armas a la ofensa y la defensa. Un extranjero pastor os desafía y os reta, varios Afectos del hombre, y pues vencéis sus tristezas, llegad, veremos si hay alguno que las mías venza. Nadie primero que yo ni a responderle se atreva, ni a salir al desafío, pues el primero la empresa me toca, como a primero Afecto de la Soberbia. Dices bien. ¡Soberbia mía, no aqueste baldón consientas! No haré, y para que mi Afecto en nombre mío se vea, a la misteriosa lid cuán favorecido entra, la real púrpura le adorne que tejió de mis tareas la altiva ambición, gusano que artificioso, de seda las entrañas que le hila otro animal, le ensangrienta. Pone el Afecto 1.º a la Soberbia un manto rojo de púrpura Si te infunde la real pompa majestades y grandezas, honras, puestos, dignidades, ¿quién te ha de vencer? No temas, que cierta está la victoria pues tu vanidad me alienta. Al Demonio ¡Advenedizo pastor!, si el verme no te amedrenta, llega a mis brazos, ¿qué aguardas? Llega a los míos, ¿qué esperas? Luchan Valor tiene, mas ¿quién no hace al principio resistencia? Pero sus mismos adornos me valgan, porque se vea que ellos son los que le arrastran, que sin maña en mí no hay fuerza. Tira del manto y le derriba De la púrpura te vales para dar conmigo en tierra. ¿A quién no derriba el mismo adorno de su Soberbia? Arrójale al suelo ¡Ay de mí! Que de aquel golpe en mí resulta la pena, del grave pesar que en él causa. Y en mí la dolencia de que la grana de polvo no más que al polvo se vuelva. No por eso desconfíes, que en mí la envidia de verla primero en el poder de otro, y ahora la avaricia fiera de ganarla para mí, te vengará de esa ofensa. Si de avaricia y envidia los Afectos representas, mostrando que amar la propia dicha es envidiar la ajena, yo, que de envidia y codicia, poseída, en mar y en tierra, rompí minas en sus senos y abrí en sus piélagos sendas, de los guardados tesoros que para mí el sol engendra también te daré favores. De esa preciosa cadena pendiente va un corazón mostrando los dos ser prenda de envidia y codicia, pues una es la más estrecha prisión del ánimo, y otra, no hay corazón que no muerda. Pónesela al cuello De dos Afectos movido, ¿quién habrá que no te tema? Ya en la campaña me miras, conmigo a los brazos llega. Llega pues, ¿qué te detienes? Luchan y tírale de la cadena, y da en el suelo el 2º afecto ¡Que me ahogas! ¡Suelta! ¡Suelta! ¿A qué avaricia y envidia no ahoga su misma riqueza? Arroja la cadena el Demonio Ellos son los que desmayan y yo quien pierde las fuerzas. Y yo, si la verdad digo también pierdo la paciencia de que el tesoro mas rico salvar al dueño no pueda. De lo que tú te entristeces me alegro yo porque deba a mi valor la victoria; y más si tú, hermosa, bella Lascivia, —de cuyos rayos idólatra mi fineza, amante girasol, vive a merced de tus ternezas— con alguna prenda tuya me adornas, para que vea el mundo que no hay afecto que más que el del amor venza. Esta banda, que en el rojo color de fuego se acendra, jeroglífico de amor será que, exterior pavesa, diga el incendio del alma. Pónele una banda terciada Sí hará, pues todo soy Etna. Al Demonio ¿Cómo, ¡bárbaro!, al mirar que a vista de la belleza que adora un enamorado, de oírle y verle no tiemblas? Como ninguno es más fácil de vencer que tú, pues llegas vencido antes de ti mismo. que de mí. ¿De qué manera? Luchan Haciendo, al medir el pecho que esta banda te atraviesa, que el símbolo de su llama a mi contacto se encienda. ¡Que me quemo! ¡Que me abraso, fénix de mi misma hoguera! Cae en tierra y el Demonio arroja la banda ¿Quién creerá que el mismo incendio que a él le abrasa a mí me hiela? ¿Y quién que no atienda, que un amante se vence a sí mismo sin que otro le venza? Ya es tiempo que a mí la ira de vengarlos me enfurezca. Pues si tú a vengar te atreves de cuatro afectos la afrenta, ella te dará las armas, con que verán que los vengas. Ármate el pecho de acero. Pónele el peto Veamos si con su defensa hay poder que se resista ni valor que se defienda. Armado el pecho de Ira, ¿quién habrá que a mí se atreva? Quien vea que aquestas armas son las que te desalientan. Luchan y cae el 4.º ¡Ay de mí! El grabado acero que sobre mis hombros pesa, bien como a David me aflige para que lidiar no pueda. La agilidad de la Ira, impedida de sí mesma, contra sí vuelve las armas. Arroja el peto Y contra mí la violencia. ¡Oh, no haya quien sepa que quien lleva las armas de Ira su muerte se lleva! Si de cinco principales afectos triunfé, ¿qué esperas?, tú eres el que te sigues. Vuesamerced se detenga, que el afecto de la Gula, que es el que a mí me gobierna, vivandero de campaña, come pero no pelea. Su nombre lo diga, puesto que Apetito es. Y si intenta que tampoco yo me escape de caer, será en la cuenta viendo que a sus plantas vaya antes que a sus brazos venga. Y en esto se muestra, que quien arriesga comiendo la vida, sin fama la arriesga. Arroja el azafate de las frutas Siempre tu fuiste cobarde. Todos lo fueron en esta ocasión, puesto que todos se rinden y se sujetan, si no a tu fuerza, a tu industria; pero viendo que me queda a mí sin ellos valor con que vengarlos pretenda, y con vencerte yo a ti seré el que a ti y a ellos venza, ven a los brazos conmigo. Si haré. ¿Qué hay que te suspenda? No sé, ¡Ay de mi!, que al mirar tan vencida la Soberbia, tan postrada la Avaricia y la Envidia tan sujeta, a la Lascivia tan torpe, a la Ira tan suspensa y tan cobarde a la Gula, viendo que todos te entregan los triunfos de sus afectos, me embarga el de la pereza para que al ir a cobrarlos me acobarde y me estremezca. En cada planta que muevo, muevo un monte y, aunque quiera levantar los brazos, carga sobre mis hombros la inmensa pesadez que los agobia. ¡Ay de la naturaleza el día que sus afectos lidiar a su adbitrio deja y cuando los ve rendidos a cobrarlos no se esfuerza! Queda inmóvil El buen intento que tuvo le destruyó la pereza. ¡Cómo esos buenos intentos se pierden por negligencia! ¡Qué lastima! ¡Qué desdicha! ¡Qué compasión! ¡Qué miseria! ¿No habrá quién de aquesta lid que rendidos nos confiesa pueda restaurarnos? Sí. ¿Qué voz, ¡ay de mí!, es aquesta? Sale el PEREGRINO La de otro extraño pastor de estos montes que de esfera también superior le traen las confusas voces vuestras, y, habiendo al duelo atendido de que estás triunfante, intenta quitarte honras y trofeos; en cuya victoria excelsa, sus afectos restaurados el Género humano vea, con escarmientos de que jamás a tu lucha vuelvan. Si fuera yo aquel jayán filisteo, bien pudiera ser que temblara de un joven pastor; pero si no es esta aquella batalla, no hay razón para que te tema. Quizá sí, si de estas luces fueron las sombras aquéllas. Pues ahí tienes los despojos que he ganado; y porque veas que quiero de ti ganarlos otra vez, te los entrega mi valor. De ellos te adorna. Arroja los despojos y el Peregrino los va pisando Para esta lid no aprovechan, que antes me he de desnudar de las profanas riquezas. Desnúdase ¿La túnica quitas? Sí. Pasa por encima de la púrpura Pues mira que ajas y afrentas la real púrpura que pisas. Para entrar a esta pelea ha de pisar la humildad las pompas de la soberbia. ¿De la Avaricia y Envidia las joyas tu pie desprecia? Pasa Largueza y templanza saben pasar por encima de ellas. Pasa sin pisar la banda ¿Pues de Lascivia el favor cómo no pisas? Es prenda que aun no merece, en mis plantas, contactos de mi pureza. Las armas sí, que la ira de Saúl a David entrega, Pisa las armas o el peto porque, segundo David, con menos armas te venza. Sí, pero ¿qué piedras traes? A mí, que yo soy la piedra del Monte del Testamento que vio postrada y deshecha allá en Nabuco la estatua de tres monarquías compuesta. Pasa por las frutas ¿Por la gula también pasas? Ayuno estoy de cuarenta días. ¿Qué joven es este que no le alcanzan mis ciencias? Ven, pues, ¿de qué te retiras? Hacerme atrás no es flaqueza sino, pues soy el gigante, cumplir del salmo la letra y hacerme atrás para entrar en la lid con mayor fuerza; y, porque lo veas mejor, haré que en átomos veas desvanecida tu forma. Va a abrazarle y no halla por donde ¿Cómo a tocarme no llegas? Como lidias tan desnudo de pasiones, de soberbia, lascivia, ira, envidia y gula, que al ir a hacer en ti presa no hallo de qué pueda asirte. Luchan y derriba el Peregrino al demonio Esto es, Mortal, porque adviertas que en las lides del Demonio, no hallando de qué te prenda, le vencerás si desnudo de humanos afectos entras. Cantan unos y representan otros Atiende, mortal, mortal considera que en las lides del Demonio no hallando de qué te prenda, le vencerás, si desnudo de humanos afectos entras. Que vencido estoy confieso, pero no por eso deja de ser la campaña mía, pues por lo menos me queda ver en el Género humano tan postrada y tan deshecha la hermosa imagen de Dios. Y así, qué importa me venzas tú, si no por eso él cobra los sentidos y potencias que perdieron sus Afectos, cuando al dar ellos en tierra en él resultaba el daño. ¡Mira cómo gime y tiembla, tan baldado e impedido que sin uso, adbitrio o fuerza, estatua de nieve helada, aprisionada en sus venas siendo su cárcel el limbo, inmóvil se representa. Quién te venció sabrás cuando convalecido le veas de su enfermedad Di cómo. Eso lo dirá la empresa de un auto sacramental. ¿Qué título darle intentas? La probática piscina, donde sus afectos vean que en sus vivas aguas lava sus manchas y sus dolencias. Y pues ya se halla desnudo de sus pasiones, le resta que sus puras aguas borren su antigua culpa. ¡Qué pena! ¿Y dónde hacerle pretendes? En la corte más excelsa del Sol, del mayor monarca, jardín de la más suprema flor de lis que a España ilustra; en la más docta academia de las letras y las armas. Todas a sus plantas puestas para empezarle pidamos perdón, aplauso, y licencia. Pues vuestro armonioso canto repita en voces diversas: Que viva, que reine, que goce y que vea felices edades, del Austro el Planeta mayor que vio el mundo, con su esposa bella, con gustos, con dichas, que España desea: Que viva, que reine, que goce y que vea felices edades del austro el planeta mayor que vio el mundo, con su esposa bella, con gustos, con dichas, que España desea. Repitiendo todos y la Música los versos últimos del Peregrino, se da fin a la loa.