Personajes CRISTO SAN JUAN EVANGELISTA SAN PABLO ADÁN MOISÉS LA SABIDURÍA UN NIÑO LA IGNORANCIA LA GENTILIDAD EL JUDAÍSMO SAN JUAN BAUTISTA SAN LUCAS MÚSICA ACOMPAÑAMIENTO Ábrese el primer carro y sale la Ignorancia de villana con una banda en los ojos Todo el año voy a misa y yendo y viniendo a ella, al cabo del año no sé de la misa la media. ¿Qué mucho? Soy la Ignorancia mi nombre dije, fue fuerza, que hay pocos que me conozcan aunque hay muchos que me tengan. El mundo vagando voy llena de dudas acerca de este grande sacrificio. Bien villano el traje muestra mi rustiquez y este velo mi ceguedad. ¡Qué tinieblas tan pavorosas me ciñen, tan horrorosas me cercan! ¿No hay en todo este desierto yendo de ignorancia llena quien me guíe? Sale la Sabiduría, con un penacho de plumas de las colores que dirán los versos Sí, y mi mano quite a tus ojos la venda, porque veas los caminos de la humana vida y veas, que el quitar las ceguedades es mi mayor excelencia, ya que siendo temerosa de Dios mi favor esperas, porque el temor de Dios es el principio de la ciencia. ¿Quién eres hermosa dama, cuya divina belleza a par del sol ilumina tu soberana presencia? ¿Quién eres que de esas cinco colores traes la cabeza ceñida con cinco plumas, que siendo del cielo estrellas son flores de tu tocado en cuyas rizadas trenzas la alba rayos desperdicia? Escucha, Ignorancia, atenta. Yo soy del eterno Padre un atributo, a su esencia tan conjunto que, como él, sin fin ni principio, eterna en su mente estoy. Soy (como el Deuteronomio enseña) de Dios palabra y precepto. Soy tesoro y soy riqueza en la ley del evangelio escondida a las primeras leyes y solo enseñada en sombras a los profetas. Soy del Espíritu santo noble don, como Job muestra y Salomón lo publica cuando pide que yo sea la dádiva liberal de la suma Omnipotencia. Y, en fin, Ignorancia humana, la Sabiduría inmensa de Dios, que a ser la del hombre yo tan ignorancia fuera como tú, porque no hay sabio que no ignore más que sepa. Las plumas de mi tocado son aquí exteriores muestras que solo dicen lo real de mi física presencia. El Altísimo crió la medicina y por ella me adorna entre otras colores la pajiza macilenta color, porque con la muerte a cada paso se encuentra. La azul, que es color del cielo, la filosofía ostenta, porque en el cielo la hallan el desvelo y la agudeza. De los cánones sagrados la verde en mí representa la católica esperanza que los pontífices tengan de que el universo esté todo entero a su obediencia, cuando a un pastor y a un rebaño se reduzcan las ovejas. La carmesí que es color de la Justicia sangrienta es divisa de las leyes a que humildes y sujetas las repúblicas están políticamente atentas. En la sacra teología, la blanca color enseña de su grande facultad el candor y la pureza. Viéndote, pues, vacilando en tus ceguedades mesmas, ¡oh, miserable Ignorancia!, vengo a darte luz y piensa que no temo que por ser la Ignorancia no me atiendas, porque ya no es Ignorancia Ignorancia que desea saber, que en las más agudas cuestiones y sutilezas la vergüenza de ignorarlas es empezar a saberlas; y entre el que sabe e ignora solo halló una diferencia el Eclesiastés diciendo que el que sabe en la derecha mano tiene el corazón y el que no sabe en la izquierda, dando a entender que del alma igual es la suficiencia; sino que la ponen unos donde puedan usar de ella ágilmente y otros donde se la embargue la torpeza del ocio, significando del que sabe y del que yerra torpeza y agilidad en la diestra y la siniestra. Y ahora, en la cuestión entrando de tus dudas, considera que esta grande, esta divina, esta admirable, esta inmensa obra que en el sacrificio de la misa se celebra de todo el amor de Dios, de toda su Omnipotencia es argumento y contiene en sí todas sus grandezas, desde que el mundo crió hasta que a juzgarle venga. Llámase misa porque missa en la latina lengua quiere decir ‘enviada’, si se traduce a la nuestra. Y como en nombre del Hijo es una enviada ofrenda al Padre, la llama misa. No hay voz, no hay palabra en ella, no hay ceremonia, no hay vestidura que no tenga un misterio en cada acción y un secreto en cada letra. Y por vencer tu ignorancia, no solo quiere mi lengua con la voz satisfacerte sino con que en sombras veas y figuras comprehendidos cuantos misterios encierra. Abra, Ignorancia, los ojos del alma tanta pereza para que cesando el curso de los días, atrás vuelva la memoria, hasta topar con aquella edad primera, candor y yugo sencillo de nuestra naturaleza, y verás en ese monte a Adán cómo se lamenta (hasta los mayores días de su edad anciana y luenga) de su pecado y verás cómo en él la misa empieza que has de ver representada para que tu error convenzas, alumbres tus ceguedades, tus ignorancias adviertas, mis verdades acredites y tus dudas desvanezcas. Ábrese un carro y sale en él Adán, vestido de pieles, por un monte ¿Adónde estará, Señor, de mi culpa la malicia, de mi delito el horror seguro de tu justicia, guardado de tu rigor? Si en cualquier senda que sigo, si a cada paso que doy, es mi sombra tu castigo y adonde quiera que voy va mi pecado conmigo. Llorando su culpa viene Adán. ¿Pues, no me dirás aqueste dolor que él tiene en qué a la misa conviene? Llega a hablarle y lo sabrás. ¡Adán! ¿Quién es? Yo que aquí llego a hacerte compañía. ¿Tú eres? ¿Conócesme? Sí, que eres la Ignorancia mía y puesto que lloro aquí de mi estado la distancia, bien claro dice esta instancia que lo sé, porque mal yo llorara mi error, si no conociera mi ignorancia. Por ti mi patria perdí. ¿Qué me sigues? ¿Qué me quieres cuando huyendo voy de ti? Huye de la Ignorancia y se acerca a la Sabiduría Bien haces, pues cuanto huyeres de ella, te acercas a mí. Tu vista me retiró de él, aun más que sus extremos, porque vi cuando llegó que en un hombre no podemos hallarnos juntas tú y yo. Aunque ignoro hasta este día quién seas, claro se arguye, pues te encuentra la fe mía, cuando la Ignorancia huye, que eres la Sabiduría. Retírase la Ignorancia Es verdad que el que ha llorado su culpa y ha conocido su ignorancia es quien me ha hallado, que soy tesoro escondido en la pena del pecado. Dime, pues, ¿adónde vas tan afligido? No sé, porque de mí no sé más de que siempre lloraré sin consolarme jamás la patria de quien salí desterrado. ¡Oh, cuánto allí eran mis dichas suaves, pues de frutos, fieras y aves rey absoluto me vi! Unos y otros me halagaban, unos y otros me asistían, flores los campos me daban, los brutos me obedecían, los pájaros me cantaban, los cristales de las fuentes me ofrecían sus corrientes, dábanme sus luces bellas el sol, la luna y estrellas y están ya tan diferentes todos que solo en despojos dan a mis caducas ruinas estragos, iras y enojos; las flores llenas de espinas, los campos llenos de abrojos. Con esta desdicha mía, huyendo de mí venía. Si tú consolarme quieres, dime ¿qué he de hacer, pues eres la eterna Sabiduría? Trae a tu Ignorancia aquí y te lo diré. Pues di, ¿ella en qué me es de importancia? Si no venzo tu Ignorancia, ¿qué importa vencerte a ti? Llega, Ignorancia, y oirás el remedio que me inspira la ciencia de Dios. Jamás juntar a las dos podrás. ¿Cómo no, si puede, mira, traerte la fuerza mía venciendo tu repugnancia? Lleva como por fuerza Adán a la Ignorancia Cuando ajena acción la guía, ¡qué forzada la Ignorancia oye a la Sabiduría! Y puesto que es menester que por ti Dios y hombre venga la deuda a satisfacer, porque de ti piedad tenga, sacrificio le has de hacer. Ya en ese monte un lugar le consagré y una peña para templo, ara y altar. Mira sobre verde leña ya para sacrificar un cordero no manchado con pajas de trigo atado. Ciega Ignorancia, procura observar a su figura hasta ver lo figurado. Pero diome tal temor verme indigno de llegar a consagrar al Señor que antes de entrar al altar quise llorar mi dolor; porque fuera irreverencia atreverme a su presencia sin contrición. Aquí note tu fe cómo el sacerdote hacer debe penitencia antes de ir al sacrificio. Pues das de contrito indicio, llega Adán, no aguardes más. Ya que licencia me das para tan santo ejercicio, antes de entrar al altar, desde afuera confesar quiero mi delito a voces. Ignorancia, ¿reconoces por qué antes de llegar al altar dice el que espera celebrar un poco afuera la confesión? Sí. Oye, pues, que esta de la misa es la ceremonia primera a quien atentos están ya los ángeles y a quien de ministros servirán. Pues por ti llora también, ayuda al llanto de Adán. Pues si me asistís las dos, de tu ignorancia vencido y de tu ciencia advertido, entraré al altar de Dios. De Dios, cuya gran virtud de la culpa envejecida rejuvenece la vida y alegra la juventud. Juzgad, pues, la causa mía, señor, como juez piadoso y de hombre inicuo y doloso apartad mi compañía. Pues sois Dios que adoro y sigo, siendo vos mi fortaleza, ¿cómo caigo yo en tristeza y me aflige el enemigo? La luz vuestra me enviad, para que venza las nieblas de mis confusas tinieblas; enviad vuestra verdad, veréis que una y otra muestro haber guiado mi llanto a este excelso monte santo y tabernáculo vuestro. En él os confesaré por Dios con dulce armonía; pues, ¿por qué anda el alma mía triste y turbada? ¿Por qué? Espera en Dios y con rara fe confiesa su virtud, que es de la vida salud y alegría de tu cara. Corazón, pues si al que yerra, ayuda, entremos los dos a Dios en nombre de Dios. Que hizo los cielos y tierra. Pequé, Señor, temeroso llego a vos; pero por eso yo pecador me confieso a vos todo poderoso. Ignorante os ofendí y pues nada me disculpa por mi culpa y mi gran culpa, confesaré que os perdí. Cómplices conmigo son mis hijos y mi delito; y así de vos solicito para todos el perdón; por tanto, os suplico aquí lo alcance mi llanto, ved, hombre soy, Dios sois, tened misericordia de mí. Hombre soy, Dios sois, tened misericordia de mí. Sube Adán al altar y le besa, hincando la rodilla y se cierra el carro Aguarda, detente, espera, no el aire discurras vago, misteriosa sombra. ¿Dónde vas, Ignorancia? Buscando un misterio que no entiendo, un secreto que no alcanzo. ¿No estaba allí Adán ahora? Sí, ¿mas no has considerado que físicamente estaba la parte representando que la ley natural tiene en la misa y que ha acabado en la confesión que ha hecho por todo el género humano? Pues, ¿quién prosigue la misa después de Adán? ¿No está claro que si la ley natural desde Adán duró hasta tanto que en el monte Sinaí Dios se la dio escrita en mármol a Moisés, que será él quien la prosiga, mostrando que en la natural y escrita fueron los primeros ambos? Cómo la prosigue espero que me digas. ¿En qué estado la dejaste? En acercarse al altar, la ara besando. Esa es la paz entre Dios y el hombre, significando que la paz de Dios se sigue a la confesión y al llanto. ¿Qué se sigue ahora? Ir el sacerdote hacia el lado del misal y leer en él varios salmos hasta tanto que entona el coro los kyries. Ese libro soberano es el libro de memoria de Dios, donde su cuidado tiene asentados y escritos todos los predestinados; y así aquestos salmos son en cualquiera misa varios, porque el ardiente deseo significan que los Santos Padres tuvieron de ver al mesías, aclamando su venida en esas voces, que si del griego las paso al idioma nuestro, piden misericordia. Eso aguardo entender mejor. Pues vuelve los ojos a esotro lado y verás en otro altar y en otra sombra del alto sacramento de la misa ir la misa continuando: cómo Moisés la prosigue donde Adán la dejó, oigamos. Aparece Moisés en otro altar con las tablas de la ley a un lado y a otro el arca del testamento El introito será con alguno de los salmos. Habiendo mi entendimiento confesado singular Dios y criador, al altar del arca del testamento que di en el desierto asiento, oso acercarme y pues ya en él colocada está de la ley la tabla rara, de los prodigios la vara, de los cielos el maná, no es indigna petición pedir que de estas oscuras sombras, cifras y figuras se acerque la explicación. Tres cosas distintas son manjar que del cielo vino, ley y vara, y si imagino que un sacramento incruento son los tres, ¿qué sacramento es este, que es uno y trino? ¿Ves, Ignorancia, si ya habiendo el altar besado, a leer el libro ha llegado? Veamos qué salmos dirá. Levántate, Señor, da consuelo al pueblo afligido, porque no habiendo podido dormir la divinidad nos das con tu soledad a entender que estás dormido. Levántate y no Señor para siempre nos olvides. ¿Por qué ver tu rostro impides? Acuérdate del dolor, tribulación y clamor nuestro; mira que arrastrados por tierra nuestros pecados nos traen, grande inmenso Dios. Líbranos, redímenos. Y vosotros, alistados soldados de la milicia de la ley, reyes, monarcas, profetas y patriarcas un coro haced; la justicia que irritó nuestra malicia convirtiendo en blando amor, en mansedumbre el rigor pida, pues, vuestra concordia al Señor misericordia. Misericordia, Señor. Para apaciguar la guerra que el león nos hace fiero, envíanos el cordero que ha de dominar la tierra, por cuanto su ámbito encierra desde el desierto al Tabor. Misericordia, Señor. Ciérrase el carro Mira como desde el coro del limbo le han respondido cuantos son, serán y han sido de esta ley. Yo no lo ignoro; pero aunque el misterio adoro, ¿por qué tres veces el canto se repite? Porque el llanto pidiendo al Hijo colijo que es y así habla con el Hijo, Padre y Espíritu Santo. Porque aunque la humanidad solo el Hijo la tomó, al misterio concurrió entera la Trinidad. Y así habiendo su piedad oído aquí al hombre que yerra y allí al que clama, la guerra cesa dando otras criaturas… Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. ¿Qué nueva música es esta que escucho? Notoria cosa es seguirse la Gloria dichos los Kyries. Así es. ¿Pues qué te admiras si lo ves suceder, puesto que van estas sombras desde Adán la misa representando? ¿Y quién la prosigue, cuando de Adán y Moisés están aquellas luces borradas? De dudas soy un abismo. ¿Quién ha de ser, sino el mismo Cristo, que si las pasadas leyes fueron empezadas en Adán y Moisés, visto está que ley que ha previsto el medio en nuestra desgracia y que ha de ser Ley de gracia solo ha de empezarla Cristo? Con que el misterio que encierra es decir voces más puras… Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. Sale san Juan Bautista, vestido de pieles cantando Ciega Ignorancia, destierra el temor de tus errores. ¿Conmigo habla? No lo ignores, pues que los primeros fueron que esta venida supieron, Ignorancia, tus pastores. Responderle quiero, cuando hablar conmigo desea y pues en voz me habla, ¡ea!, responded todos cantando. Lucero divino que vas predicando con vuelo tan dulce, con voz tan suave, ¿de qué quieres que el hombre te alabe? De rayo u de ave, que en blando desmayo no sé cómo cantas, si solo eres rayo, no sé cómo abrasas, si sólo eres ave. Albricias mi voz procura. ¿De qué? De que ya ha llegado lo inmenso ceñido, lo eterno abreviado siendo Dios y hombre, criador y criatura. ¡Ay qué ventura! ¿mas, dónde tan grande misterio se encierra? De Nazareth lo diga esta sierra enterneciendo sus peñas más duras. Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. Vase san Juan y sale Cristo por un monte Humana Ignorancia, habiendo dicho Adán la confesión, Moisés la deprecación, yo, que a los dos voy siguiendo, decir la gloria pretendo, que así mi amor acrisolo. Tú solo de polo a polo santo a todos te prefieres. El Señor, tú solo eres y tú el altísimo solo. Salen por una parte el Judaísmo y por otra la Gentilidad oyendo la música ¡Suspended las dulces voces! ¡Cesen los cantados versos! Que en las campañas del aire… Que en los piélagos del viento… …deshecha tormenta corren… …hallan prevenido riesgo… …cuando hecho el monte pirata… …cuando hecho bandido el eco… …sus cláusulas echa a fondo. …hurta o roba sus acentos. Que quiero saber, pues yo soy todo el romano imperio y Gentilidad me aclamo por la gente que gobierno. Que quiero saber pues soy de todo Israel el pueblo que conservando mi idioma desde Heber me llamo hebreo. ¿A quién se dedica el canto… ¿A quién, siendo yo quien reino… …en mi oprobio se apellida… …se intitula en mi desprecio… Santo, altísimo y señor? ¿Dónde está en la misa esto? En las opiniones que hubo en su venida. Ya veo que a la Gloria es quien se sigue la epístola. Es verdad, pero importa esta introducción para explicar el misterio. ¿De qué suerte? Ve escuchando, que ellos te lo irán diciendo. Decidme los que cantáis: ¿bajó Júpiter del cielo? ¿Henoc y Elías que estaban depositados han vuelto? Yo hablaré después contigo, Gentilidad, en habiendo respondido al Judaísmo, con quien he de hablar primero. No soy Elías, confusa sinagoga. Dinos presto quién eres. La luz del mundo. Quien fuere en mi seguimiento no pisará las tinieblas, luz de vida tendrá. Bueno. ¿Y eres tú, dime, el que trae testimonio de todo eso? Que muy cierto no será, si tú lo traes de ti mesmo y tú solo me lo dices. Conmigo a mi Padre tengo y en tu ley escrito está: testimonio verdadero, el testimonio es de dos. ¿Dónde está tu Padre? Necio; en sabiendo de mí, de Él sabrás también. No te entiendo ni creo lo que me dices. Si verdad te digo, pueblo, ¿por qué no me crees? Porque samaritano eres pienso y aun pienso, sí, que demonio tienes. Demonio no tengo y solamente te digo que quien guarde mis preceptos y mis pasos siga crea que no morirá en eterno. Luego, ¿eres más que Abraham y que los profetas nuestros? No falta sino que digas que eres Jesús Nazareno. Tú lo dices. ¿Cómo quieres que te crea si te veo venir tan pobre y desnudo, padeciendo al sol y al hielo, cuando los profetas dicen que el Mesías con estruendo vendrá de truenos y rayos. Porque en los rayos y truenos hablaron de otra venida que he de hacer. Yo no lo entiendo. Mas Pablo, que es doctor mío, a orillas del mar soberbio de Galilea estudiando está y que te arguya quiero. Yo, para verdades, más de los doctores no quiero valerme sino de humildes, simples y sencillos pechos. ¡Ah, gran doctor de las gentes… ¡Ah, hijo del Zebedeo… …que estás los libros pasando! …que estás las redes tendiendo! ¿Esto es de la misa? Sí, que como voy solo a efecto de explicarla, poco importa la confusión de los tiempos. ¡Pablo! Sale san Pablo ¿Quién me llama? Todo Israel solo en mi acento, porque a mi voz reducida hoy la voz de todos tengo. ¡Juan! Sale san Juan Evangelista ¿Quién me nombra? Quien quiere hacerte por más provecho pescador de hombres. Por ti el barco y las redes dejo. ¿Qué me mandas? ¿Qué me quieres? Que inspirado de mi aliento digas mi origen al mundo. Que escuches a un Galileo que dice que ya han cumplido las profecías el tiempo, para que venga el Mesías y aún da a entender que es él mesmo. Aparte Enajenado de mí, nuevo espíritu en mí siento; no hay águila caudalosa que más se remonte al cielo. ¿Tú eres quien lo dice? Sí. ¿A tal se atreve tu ingenio? Aparte A la mira de este caso turbado estoy y suspenso. Las semanas de Daniel estudiando estaba, haciendo la cuenta de ellas y faltan muchas para el cumplimiento de sus grandes profecías. Mira que bien no la has hecho. ¿Cómo no? No solamente con la pluma mi desvelo lidiará en defensa de esta docta inteligencia, pero con la espada lo argüiré, cuando orgulloso y soberbio contra los incircuncisos esgrima el templado acero. Entonces y ahora yo rendirte y postrarte pienso con sola una voz. ¿A mí con voz? Sí. ¿Cómo? Diciendo: ¿Pablo, por qué me persigues? Cae en el suelo Calla, que esa voz me ha muerto. ¡Mas no…! La vida me ha dado, pues iluminado veo en favor de mi fortuna todos los cielos abiertos. Del desbocado caballo de mi arrogancia en el suelo caigo rendido a tu voz, caigo postrado a tu acento. ¡Pablo! Levántase san Pablo Ya Pablo no soy, ya no vivo yo en mí mesmo, porque vive Cristo en mí y en fe de que le obedezco, la pluma con que escribí de nuestra ley los secretos ocuparé en su alabanza, su venida persuadiendo a ti y al mundo y porque de turbado a hablar no acierto, he de hablarte por escrito y así una epístola empiezo. Escribe Advierte si de la misa ya a atarse el discurso ha vuelto. De cólera estoy rabiando. ¿Esto sufro? ¿Esto consiento? El gran león de Judá fue mi blasón y ya temo que como me dio su saña su furor y su ardimiento, me ha dado su fiebre, pues con mortales esperezos, bañado en un sudor frío, traspillado sudo y tiemblo. Escucha lo que te escribo. Para oírlo nos sentemos. ¿Por qué? Porque significa la ley escrita y por eso, como cosa que descansa, se da en la epístola asiento. Lección de epístola que Pablo escribe a los Hebreos. La primera es que escribió y son las del nacimiento, la del evangelio y ella porque aun no se pierda esto. Cuanto miro estoy dudando. Yo estoy dudando y creyendo. Lee Mil veces antiguamente y de mil modos diversos a nuestros padres habló Dios por los profetas nuestros; pero nuevamente hoy no nos habla en boca de ellos, pues hoy más claro se explica en boca de su Hijo mesmo a quien ha constituido su legítimo heredero y para quien hizo todos los siglos y el universo. El cual, como es esplendor de su gloria y es concepto de su substancia, ha enviado su virtud toda en el Verbo. Él la trae y de las culpas el reparo y el remedio. Si a los ángeles creímos antes de ahora, siendo menos, ¿cuánto es más la diferencia que hay de su criador a ellos? Al Hijo de Dios creamos: Cristo lo es. Su Padre eterno le dijo: «Tú eres mi Hijo a quien en mi mente engendro; por los siglos de los siglos tendrás en mi trono asiento: la equidad y la justicia serán vara de tu reino; porque al bueno, amor tendrás y al malo aborrecimiento». Pues sin principio ni fin Dios hizo este mundo entero y son obras de su mano las fábricas de los cielos; ellos perecer podrán y Dios durará más que ellos. Todos, como a vestiduras, podrá envejecer el tiempo, todo padecer podrá mudanzas: Dios solo, el mesmo que ha sido, es y ha de ser solo Él por siglos eternos es Dios y tener no pueden sus años fallecimiento. Gracias a Dios que entendí de la epístola el misterio. ¿Eso me escribes a mí? Y no a ti solo pretendo escribirlo. A los Romanos, a los Corintios y Efesios, a los Tesalonicenses y al mundo escribirlo pienso. ¿Quién más que tú me asegura de esta ley el cumplimiento? Yo, que en éxtasis he estado penetrando sus misterios. De la escritura te pido un lugar para creerlo. Pablo, dame la escritura, que en los rasgos y bosquejos de sus sombras y figuras la luz he de hallar, haciendo de todas juntas un alto y soberano evangelio. Yo la llevaré, porque pasar al lado derecho del izquierdo el libro sea de hoy ceremonia, advirtiendo que la ley escrita pasa a la ley del evangelio. ¡Qué esto sufran mis rencores! Pendiente estoy del suceso. Lee, que yo tendré el libro reclinado en el izquierdo lado. Vea la Ignorancia que el corazón es asiento de la fe. Prosigue Juan. En recibiendo primero tu espíritu y bendición. Uno te doy y otro, haciendo la señal de la cruz. Yo como carácter la beso de la evangélica ley. Levántate para oír esto. ¿Por qué? Porque aquesta ley que aquí empieza, hasta el postrero día ha de durar y así en pie ha de oírse, diciendo que es ley que siempre está andando, durando y permaneciendo. Todo lo que aquí se sigue según Juan es fundamento de la evangélica ley. Gloria a ti, Señor, que llego a vencer mis ignorancias. En el principio era el verbo y el verbo estaba conjunto a Dios y Dios era el mesmo Verbo. Esto era en el principio y todo por Él fue hecho y sin Él no fue hecho nada de cuanto hizo en un momento. Fue vida y luz de las gentes; la luz luce en sombras, pero la sombra ni las tinieblas esta luz no comprehendieron. Antes de ahora, fue enviado a alumbrar el Universo un hombre de quien el nombre era Juan, como lucero. Este vino en testimonio de la luz y para efecto de que todos la creyesen por él. No era luz él mesmo, testimonio de luz sí y de luz cuyo reflejo ilumina a los vivientes. En el mundo estaba, habiendo hecho el mundo, pero el mundo no le conoció y viniendo a los que crió, los suyos mesmos le desconocieron. Y así, a los que le adoraron y su doctrina admitieron les dio potestad de hacerse regenerados de nuevo, por la gracia hijos de Dios. Y porque su fe creyeron nacieron segunda vez, no del natural deseo y voluntad de la carne, que de Dios mismo nacieron. Y subiendo el hombre a Dios bajó a hacerse carne el Verbo, Arrodíllase que habitando entre nosotros, como de gloria heredero, del Padre su gloria vimos de gracia y de verdad lleno. A ti, Cristo, la alabanza de estas maravillas demos. Esto es lo que ha de creer quien mi cruz tome. Protesto que cuanto he dicho inspirado creo humilde. Yo que creo en tu Padre, un solo Dios poderoso, alto e inmenso, criador del cielo y la tierra. Que eres solo Señor nuestro y su unigénito hijo. Advierte. Todo lo advierto, que oído el evangelio hacen los apóstoles el credo. Pues por aquesto en la misa tras él se dice, advirtiendo que no aprovecha de nada el oírlo sin creerlo. Creo que en cuanto hombre fuiste del grande Espíritu eterno por la obra y por la gracia concebido en virgen pecho. Siendo antes del parto virgen, en el parto y después. Si esto creéis, creed que padeció debajo del poder puesto de Poncio Pilato, que hoy presidente es de Tiberio, porque yo sus alborotos, escándalos y portentos le diré. Gentilidad, que a la mira estás haciendo varios discursos contigo, también te toca a ti esto, pues tus dioses y tu césar están ofendidos de ello. Ven a acusalle conmigo. Nunca ha de decir el tiempo que la gentilidad tuvo parte en su perseguimiento. Tú, Judaísmo, le acusa que yo, con mejor acuerdo, antes que ser en su muerte cómplice, adorarle quiero, porque una divina estrella me guía con sus reflejos en la provincia del alma, oriente del nacimiento. Llamados magos por doctos tres reyes, gran Señor, tengo a Cristo que son aquí mi memoria, voluntad y entendimiento; en ellas tres dones rindo a tus pies, dándote en ellos como a poderoso oro, primer don de mis afectos. Como a perseguido, mirra y como a Dios sumo, incienso. Advierte cómo se sigue luego el incensario al credo. A dos luces igualmente y con dos visos a un tiempo viendo la vida de Cristo estoy una misa oyendo. Tú, Gentilidad, serás, pues de este bando te has puesto, heredera de la viña de la Iglesia que hoy empiezo a plantar en el lugar de la sinagoga. ¡Cielos! ¿Esto escucho? (Volcán soy), ¿esto oigo?, (soy Mongibelo, que humo aborto, fuego escupo exhalado de mi pecho). ¿Que seáis (rabiando vivo) tan necios (rabiando muero) que creáis (no puedo hablar) a un (ahógueme mi aliento) samaritano? Algún día me creerás tú. Tarde pienso que será, porque hasta el fin del mundo tus argumentos no me vencerán, si no me das señal. ¿Señal, pueblo, me pides? Sí, y ha de ser ente real, que muestre cierto de qué manera se avienen hombre y Dios en un sujeto y que tú lo eres. Señal no daré, daré un ejemplo de Dios y hombre que es lavarme de las culpas que no tengo. Bautista, de las orillas del Jordán me da al momento agua, que un ángel ministro de tan grande sacramento en las bodas de Caná vino me trajo. Allí veo te traen el agua y el vino y el cáliz para beberlo. Hace lo que dicen los versos La Divinidad licor puro es sin mezcla; este echo en el vaso y tomo el agua. ¿La agua bendice, no habiendo bendecido el vino? Sí; que si es en este misterio la divinidad el vino, ¿qué mas bendición que serlo? La humanidad es el agua y se bendice por eso. Hace lo que dicen los versos Yo, la gran divinidad de eterna substancia, advierto que admirablemente escondo en la humanidad, en cierto modo unida aquesta agua que yo con el vino mezclo, donde el agua convertida en vino, conserva dentro fragancia y color, porque la humanidad es lo menos. Este cáliz saludable, Señor, en tu mano ofrezco por innumerables culpas del hombre por quien te ruego. Hecho el cáliz, mira cómo está el ofertorio haciendo. Para que yo me convenza es material argumento; mas soy en mi condición tan vario que si no creo que es Dios, creo que es profeta suyo y ya le reverencio. Dame, Juan, el lavatorio ahora que considero muy cercano el sacrificio y así la pureza enseño que se ha de llevar a él en el alma y en el cuerpo. Sale san Juan Bautista con agua para el lavatorio Agua es del Jordán. De gracia será, que es tu nombre mesmo. Mis manos lavo inocentes solo para darte ejemplo. Hace lo que dicen los versos Orad, hermanos, que sea este sacrificio acepto a mi Padre. Él le reciba de tus manos, para efecto de mayores glorias suyas y mayor provecho nuestro. Ya de tu verdad vencido por profeta te confieso y en fe de que he de ponerte en alto lugar bien presto mi manto arrojo a tus plantas; de olivas y palmas siembro el camino. En altas voces todos santo le cantemos. Arroja el manto a sus pies y echa palmas y olivas por el suelo Si tú le apellidas santo, ¿todos los demás qué haremos? Triunfando en Jerusalén entra. Triunfaré muriendo. Gran profeta de Dios eres y así te aclama mi acento. Todos, pues, te demos gracias. Es digno y es justo hacerlo así. Verdaderamente digno es y justo, Señor, y que se emplee en tu loor y del Padre omnipotente el ejército eminente diciendo su dulce canto sin fin. Santo, santo, santo. Gran Dios de Sabaoth, a cuya paz se ha rendido la guerra. Lleno está el cielo y tierra de la grande gloria tuya. Llamadle cuando os arguya su voz, cuanto puede y cuanto vale. Santo, santo, santo. ¿Veis este halago y amor? Pues la muerte me previene. Bendito sea el que viene en el nombre del Señor. Las puertas abra el Tabor a su príncipe y en tanto decid… Santo, santo, santo. Vanse todos, menos la Ignorancia y la Sabiduría ¿A dónde, Ignorancia, vas? Este misterio a entender. Si hasta aquí has llegado a ver, ¿qué tienes ya que ver más? ¿No has hasta aquí comprehendido esta representación que está en tu imaginación despertando tu sentido? Sí, pero desde aquí quiero entender lo que ha faltado. ¿Ya no está todo explicado? Pues desde aquí considero que es la pasión, y aunque seas la Ignorancia, imaginar no debo que has de ignorar lo que es preciso que creas. Terremoto grande dentro Mira en varios horizontes desasidas de las yedras dar las piedras con las piedras, dar los montes con los montes. Y en tanto horror, tanto abismo mira en sangre salpicado, ciego y atemorizado discurrir al Judaísmo. No hay cosa que no le asombre, cuanto imagina le altera. Sale el Judaísmo asustado y ensangrentado Verdaderamente era hijo de Dios este hombre que maté, pues en un punto la tierra y el firmamento hacen tanto sentimiento por su príncipe difunto. Todo este asombro parece que dice en todo este horror que padece su hacedor o la fábrica perece. Pero mi pecho obstinado de la saña que ha tenido aun no se ve arrepentido con verse desengañado. Sobre mí y mis descendientes aquesta sangre cayó, manchado con ella yo he de andar entre las gentes vago y prófugo, ¡ay de mí!, sin sinagoga judía, sin patria y sin compañía desde aquí, pues desde aquí sin consolarme jamás tarde me he de arrepentir. ¿De esto qué puedo inferir? Llega a hablarle y lo sabrás. Lo mismo de Adán dijiste, cuando su culpa lloró. ¡Judaísmo! ¿Quién es? Yo. ¿Quién eres? ¿No conociste tu Ignorancia? Estoy tan loco, tan obstinado que no te conozco. Aparte Llegue yo. ¿Conócesme a mí? A la Sabiduría Tampoco, pero tu vista no sé qué horror da, que huyendo aquí de ti me acercaré a ti. A la Ignorancia Ampárame tú, porque me esconda de aquella bella sombra que me causa espanto, y así a ti me llego cuanto me voy apartando de ella. Del que su culpa lloró, Ignorancia, conocida fuiste y fui. Del que la olvida no lo somos tú ni yo, porque el que con repugnancia en su pecado porfía, ni oye a la Sabiduría, ni conoce a la Ignorancia. Ya que de mí te has guardado sin haberme conocido, dime, ¿qué te ha sucedido? Oye lo que me ha pasado. Sabiduría a la Ignorancia Ya aquí a tus dudas avisa que asistan con atención, que diciendo él la pasión, yo iré glosando la misa. Con palmas, con olivas, triunfales pompas todas y festivas recibí a un Galileo. Todo se lo dice a la Ignorancia la Sabiduría En el Sanctus quedamos. Ya lo veo. Díjome que de Dios Él era hijo. Y el preste en el Te igitur lo dijo. Causa de escandaloso le hice y yendo a prenderle cauteloso en un huerto le hallé sin voz ni aliento. Advierte que ya estás en el memento. Sin resistencia alguna se permitió al rigor de la fortuna sin extrañar la pena. La caridad se explica en la patena que sobre el ara aplica, con que su voluntad nos significa. Mirándole entregarse sin defensa. Que ahora está ofreciendo la Hostia piensa. Un dogal le eché al cuello. Estola fue, si adviertes bien en ello. Con un cordel le ató mi ardiente llama las manos. De ahí manípulo se llama. Como rey se decía, vestidura de púrpura le di. Que fue alba pura con el candor prestado. Y de marinos juncos coronado rey de su ley llamarse le permito. Corona y yugo de ella es el amito. A una fuerte columna su fatiga le vio ceñido. El cíngulo lo diga. Y para más asombros una pesada cruz puse en sus hombros. Esa cruz, que en los hombros le pusiste, es la casulla de que Dios se viste, y pues de paso ya significamos las vestiduras al altar volvamos. Toda su compañía, que esa noche con él cenado había, huyó. A la caridad, que de él se esconde la patena que oculta corresponde. Siendo así que con ellos había hecho gran liberalidad su amante pecho diciendo… Cada día aquesto haced en la memoria mía. Que el pan y el vino era allí su carne y sangre verdadera, porque aquel sacramento era bisagra de su poder y amor. Ahora consagra. En la cruz le enclavé, donde elevado en alto le vio el pueblo levantado. Y levantado ahora también en alto el pueblo fiel le adora. Un centurión con una lanza, ciego, el costado le abrió, de donde luego agua y sangre salió. Abundancia tanta es el cáliz que ahora se levanta. Su espíritu en efecto dividido de su cuerpo expiró. De aquesto ha sido imagen repetida en dos mitades la Hostia dividida cabal quedando en misteriosa calma su gran divinidad en cuerpo y alma. La palabra postrera que dijo, fue, consumado era. Bien de eso se presume que el sacerdote ahora le consume. A cuyo triste acento hizo el cielo y la tierra sentimiento. Mas ¿para qué repito mi delito, si aqueste es mi delito? Mírale tú, pues puedes de aquí verle. Si él te le enseña en cruz, para vencerle de su error y pecado yo te le enseñaré sacramentado. Ábrese el primer carro y vese en él Cristo en la cruz y en el segundo carro un niño con hostia y cáliz En aquel altar de peña un cordero un tiempo vi entre trigo y leña. En mí ves cordero, trigo y leña; el ser cordero te enseña sacrificarme sincero. Ser trigo es ser verdadero manjar; la leña es la cruz con que para darte luz soy leña, trigo y cordero. En aquel altar que ahora el cáliz y la hostia está, vi vara, ley y maná. Lo mismo ahora atesora. Vara es la cruz que se adora en la ley suave y clara, que es la de gracia repara, y maná es este manjar con que están en este altar juntos maná, ley y vara. Si de la ley natural fue un cordero sacrificio; y si fue en la escrita indicio de Dios candor celestial en una y otra inmortal, uno y otro habrá durado, aunque haya otra ley llegado. No hará, si es que conjeturas que ya de aquellas figuras es Cristo lo figurado. Yo no lo puedo creer. Tú lo creerás algún día. ¿Cuándo? Aparecese san Juan Evangelista Cuando la voz mía veas al mundo volver, que esta venida ha de ser cercana al juicio final de que hoy indicio y señal es ver otra vez mudado desde el evangelio al lado de la epístola el misal, porque es la predicación que han de hacer Henoc y Elías, cuando en los últimos días a tu ciega obstinación llegue o castigo o perdón. ¿Quién de este día da indicio? Sale san Lucas al otro lado Yo, Lucas, que al sacrificio de la misa de hoy infiero que el evangelio postrero es evangelio del juicio, pues aquel tremendo día que suene la voz de Dios se verán grandes señales en la luna y en el sol. Temblará el cielo y la tierra y la angustia y confusión de las gentes con el ruido del mar padecerá horror. Toda la naturaleza tendrá mortal turbación, cuando el Hijo de los hombres, que está presidiendo hoy en la cruz, sobre una nube venga dando admiración lleno de gran majestad, de pompa y de resplandor a juzgar vivos y muertos, diciendo horrible su voz. Los que hubiéredeis creído la ley de gracia que os doy y a este sacramento disteis justa fe y adoración venid conmigo a triunfar con mi Padre. Y los que no, id adonde para siempre padezcáis mi maldición. Ciérranse los carros Ya has entendido, Ignorancia, donde la misa empezó y que en el juicio ha de ser su última bendición. Para merecerla, demos alabanzas al Señor. La misa que empezó Adán y que Moisés prosiguió, es hasta el día del juicio la mayor obra de Dios. Yo lo creeré cuando vea que a un rebaño y a un pastor las ovejas se reducen. Y pues empezaste hoy, Sabiduría, a vencer la Ignorancia humana, yo te pido que a mí me enseñes en la representación los prodigios de ese día. Esa palabra te doy. Y así para otro auto en nombre de don Pedro Calderón con ese asunto convido. Añada humilde mi voz, si es que las faltas de aqueste merecen tener perdón. Todavía es Ignorancia, pues hasta ahora ignoró que en pechos tan generosos, que corte del mundo son, cuando nace el error, nace ya perdonado el error. FIN