Pedro Calderón de la Barca Loa en metáfora de la piadosa Hermandad del Refugio discurriendo por calles y templos de Madrid Personas CARIDAD. FEE. LA ESPERANZA. LA MÚSICA. EL UNO. EL SEGUNDO. EL TERCERO. EL CUARTO. Salen los MÚSICOS y mientras se canta la primera copla van saliendo los más que puedan con memoriales, detrás la CARIDAD en medio de la FEE y la ESPERANZA y como los va recibiendo los va remitiendo uno a una y otro a otra. Venid, mortales, venid, pues que todos sois mendigos de las limosnas de Dios, venid, venid al abrigo, al amparo, al favor, al refugio con que hoy en Madrid, que es la corte del siglo, la gran Caridad os ofrece su auxilio. Bella Caridad a quien la Fee y la Esperanza vimos asistir como a mayor virtud, por quien alguien dijo no sin misterio que eres, siendo el amor infinito de Dios, la que sola entras a gozarle en el Impíreo, en fee de que ya no hay fee en quien le ve incircunscripto ni esperanza en quien le goza, ya que este noble edificio, discurriendo por las calles de la gran corte a quien hizo de ciencias madre y ciudad del sol su propio apellido, pues quien dijo Maredit uno y otro blasón dijo, ya que este edificio noble (segunda vez lo repito) para refugio has labrado de los pobres en el sitio que de la Puerta del Sol sin duda te dio el Postigo de San Martín, que es quien parte la capa con el mendigo, si ya la Puerta Cerrada no fue, puesto que a ella miro de la Concepción la imagen que a ti por las calles vino de la Luna y del Espejo, de la Palma y del Olivo, al Caballero de Gracia, sin ver la de los Peligros, este humilde memorial que decretes te suplico de parte mía y de cuantos hoy a tu calle venimos desde los Desamparados por la de los Peregrinos. Yo le veré. Yo, señora, lo propio en este te pido, añadiendo, por si acaso te compadezco, que vivo... ¿A dónde? A la Buena Dicha que de ti me dio el aviso... Está bien. En este yo también mis señas te digo, pues vivo al Humilladero, donde la humildad de Isidro queda a la mano derecha como se va a San Francisco. Del suelo alzad. Ten de mí piedad. Aquese es mi oficio. ¿La casa? A las Maravillas que de tus piedades fío. Id todos con esperanzas de que a todos solicito favorecer, y así, en tanto que estos acuerdos registro, id a esperar allá fuera. Sí haremos diciendo a gritos: venid, mortales, venid, venid, venid al abrigo al amparo, al favor, al refugio, con que hoy en Madrid, que es la corte del siglo, la gran Caridad os ofrece su auxilio. Vanse. Ya, Esperanza y Fee, que solas habéis quedado conmigo en junta particular después de haber precedido la general, como en fin consiliarias, leedme os digo los memoriales, porque luego que los haya visto los turnos repartan, rondas y visitas, pues es digno que Fee y Esperanza a esto de la calle hayan venido del Amor de Dios que yo como Caridad las dicto, y vosotros porque consten mis decretos, repetildos A la MÚSICA. en altas voces que al cielo enternezcan los oídos. Este memorial, señora, es el primero que vino. Lee. Adán y Eva, dos casados, que en muchos bienes se han visto, por una deuda a que fueron obligados se han perdido; están con necesidad ellos y todos sus hijos, y tanto que les obliga, habiendo su albergue sido la calle de los Jardines, a irse a vivir afligidos... ¿Dónde? A la de la Amargura, y aunque tomaron oficio después en la de Hortaleza lograr en él no han podido más que pan de dolor y agua de lágrimas y gemidos, y aun esa salobre a causa de que el cristal puro y limpio a ellos del Avemaría está en barrio muy distinto. Pues mi refugio les dé a su hambre y su sed alivio, y alivio en que se conozca, Fee, que por tu mano vino a la mía el memorial, y así el Pósito del trigo que labré a los Recoletos -que es decir los escogidos dos veces, una al ser y otra al ser herederos míos- a ellos y a sus hijos den limosna de pan y vino. Que está Adán remediado sepan los siglos, pues ya vino y pan tienen para sus hijos. Madalena, ilustre dama, despojada de vestidos, adornos, galas y joyas, a tal miseria ha venido que apenas un saco tiene con que reparar el frío y de amor enferma yace alimentada a suspiros. ¿Dónde vive? Al Lavapiés. ¿Qué calle?, que es grande el sitio. En la calle del Calvario que es en aquel barrio mismo. Puesto, Esperanza, que en ti poner la suya previno, logre la elección: dirás que la lleven mis ministros... ¿Dónde? A la Pasión, que es de las mujeres hospicio. A la Madalena decid, amigos, que en la Pasión tenga desde hoy su asilo. Un paralítico yace en una cama tullido sin tener en muchos años hombre que se haya movido a ayudarle. ¿Dónde está? En la picina metido; de un carretón por la calle hoy de las Carretas vino a la Plazuela del Ángel. Y otro mísero mendigo llagado yace en la Cuesta de San Lázaro. Preciso será llevar a los dos luego dos hermanos míos a quien hoy visita y silla se les haya repartido, al Hospital General que aunque les parezca un limbo en él podrán esperar la luz de sus beneficios. ¿Y en qué han de ir? Si el uno tiene portátil lecho, en él mismo podrá ir, aunque admire alguno el que le lleva consigo, y al otro puede llevar la silla que perder quiso el rico, pues a obras pías se aplican bienes perdidos. Con su lecho a cuestas vaya el tullido y el mendigo en la silla que perdió el rico. ¿Y dónde Job, que llagado yace en un estercolinio, irá? A la Convalecencia dando en su paciencia indicio que ha de verse en los males que ha padecido con doblados bienes convalecido. Aquí una samaritana dice que habiendo vivido libre, el mundo la ha dejado, siendo amante y no marido, tan pobre que en las Descalzas la han puesto sus desvaríos; ella lo anda y tu consuelo pide. ¿Y dónde, si lo ha dicho, vive? En la calle del Pozo. Otra a quien también delitos de flaqueza han acusado, y aun pienso que convencido, sus culpas llora y pretende tu favor. ¿Dónde ha asistido? La calle del Desengaño. Pues que a entrambas lleven digo. ¿Dónde? A las Arrepentidas. De esa suerte lo publico. A quien pobre y enferma dejan los vicios den las Arrepentidas su domicilio. Dimas, un facineroso ladrón, se halla mal herido y acude al Refugio a que en sus últimos suspiros le favorezcas. ¿La calle? A lo que el memorial dijo, la calle de las Tres Cruces. Que le lleven determino al Hospital de la Corte donde hay curación de heridos, que aunque hospital sea donde le envío ha de hacérsele a Dimas un paraíso. Que aunque hospital sea donde le envío ha de hacérsele a Dimas un paraíso. Un bizarro caballero, precipitado y altivo, cayó de un caballo y fue tan grande su precipicio que quedó ciego. Por él yo, señora, te suplico. ¿Tú, Fee? Sí, porque su vida me ha de ser de gran servicio. ¿Dónde fue? En la Corredera de San Pablo. Ya adivino sus señas: ¿no es en la hebrea lengua el más docto rabino? Sí es. Pues vaya a la Latina, no tanto porque haya sido hospital de sacerdotes, cuanto porque traducido de la hebrea a la latina cobre luz, vista y sentido. Ya está Pablo a la vida restituido y aunque ha visto no sabe decir qué ha visto. Güérfanos de padre y madre la ronda encontró dos niños en la calle de Alcalá, tan extremamente chicos que apenas en la cartilla saben más letra que el cristus. Pastor y Justo se llaman ¿qué harán de ellos? ¿No es preciso que niños de la dotrina vayan a su albergue mismo que es a la Puerta de Moros? Y si pasaren martirio en su escuela digan esos dos niños que el más sabio con ellos no sabe el cristus. Enfermo está un hombre docto de un contagio que ha podido inficionarle. ¿Contagio? Sí. ¿Y es su nombre? Augustino. ¿Y dónde se halla? En las Gradas de San Felipe imagino que asiste. Pues a curarle se acuda. A mal tan nocivo ¿dónde la cura han de hacerle? ¿Joan de Dios ya no previno un hospital de contagios adonde son admitidos enfermos de pegajosos males? Sí. Pues en él fío que se cure, pues en él Joan de Dios le dará aviso. Donde Joan de Dios cura vaya Augustino pues que Joan de Dios sabe desde el principio. Úrsola, de una tormenta que derrotó sus navíos, dio en un puerto, cuyo prado habiéndose entonces visto lleno de vírgenes rosas quedó de cárdenos lirios, con que afligidas de ver a la garganta el cuchillo, te piden porque haya donde de los naufragios del siglo otras se amparen sin dar en tormentosos bajíos, que a tiernas vírgenes des tu favor. Compadecido mi pecho de su dolor y de tu ruego movido verá el mundo que un colegio en que hallen puerto y abrigo desamparadas purezas en otro prado fabrico, y así la calle del Prado para su fábrica elijo y no acaso. Claro está, mas por qué, señora, dinos. Porque estén guarecidas de aires impíos tiernas flores a vista del Buen Retiro. Porque estén guarecidas de aires impíos tiernas flores a vista del Buen Retiro. Para aqueste memorial, señora, atención te pido: a María de Joseph, viuda y pobre, ha muerto un hijo injusta justicia pues fue por ajeno delito, y con tres necesidades llorando está el homicidio: una, que a sus brazos no hay quien le baje del suplicio; otra, que si no es su toca no tiene otro cendal limpio en que amortajarle, y otra, faltarle sepulcro digno en que a virgen tierra vuelva quien en virgen tierra vino. ¿Dónde madre y hijo se hallan? El yerto cadáver frío está en Santa Cruz bien como difunto no conocido con quien la misericordia pedir suele en aquel sitio, y ella en la Soledad. Pues siendo como es ejercicio por estatuto, en la casa de mi segundo Francisco (que por blasón a las puertas tiene escrito) caridad enterrar ajusticiados, como han tardado remisos sus congregantes, dirás que entreguen al improviso el cuerpo a su madre y sea el sepulcro que dedico para él... ¿Dónde? En Corpus Criste, que a San Salvador vecino, no solo allí cerca tiene el Sacramento Divino pero también la Almudena, que como casa de trigo dé la ofrenda del entierro, con que volviendo al principio la visita, si al primero Adán se dio pan y vino, viendo que se da al segundo vino y pan, será preciso que pasando de cruento a incruento sacrificio, en la Vitoria de que es el Buen Suceso testigo, se transustancie de suerte su sangre y su cuerpo mismo que en vino y pan le adoremos glorioso, triunfante y vivo. Ya en esa esperanza yo alegre a sus pies me humillo. Y yo en esa fee pasando lo doloroso a festivo en culto de ese misterio has de ver que te apercibo devoto festín. ¿De qué? De un auto a que he reducido el asunto de la loa. ¿Cómo? Como si ella ha sido el refugio de los pobres, hallen los más afligidos en él su consuelo. Pues ¿cuál es del auto el motivo que dé a los pobres consuelo? Mostrar que está repartido a cada uno lo mejor y lo que más le convino: No hay más fortuna que Dios se intitula. Yo te admito el festín porque hoy aun es devoción el regocijo. Yo ayudar en él ofrezco. Y todos agradecidos la ayudaremos. Salen todos. Pues sea, remitiendo lo prolijo de otras loas, desta el fin lo que se cantó al principio. Venid, mortales, venid, pues que todos sois mendigos de las limosnas de Dios. Venid, venid al abrigo, al amparo, al favor, al refugio, con que hoy en Madrid, que es la corte del siglo, la gran Caridad os ofrece su auxilio. Y con que el deseo de los que os servimos merezca el perdón no quiere más vítor. Y con que el deseo de los que os servimos merezca el perdón no quiere más vítor.