Personajes LA MALICIA LA LISONJA EL LUCERO, bautista ANDRÉS PEDRO DIEGO JUAN MATEO LA SIMPLICIDAD EL DUQUE DE AUSTRIA LA SINAGOGA LA ESPOSA LA ORACIÓN MÚSICOS Sale la Malicia de galán, con alguna alusión en el vestido o manto de demonio. ¡Oh tú, blando veneno, que de dulzura y de ponzoña lleno, hiriendo el corazón por el oído dejas al corazón agradecido, sin ver cuánto le daña aún más que el que le hiere, el que le engaña. Artífice violento de voluntades, que al taller del viento forjando las palabras te adoras en los ídolos que labras; mañosa delincuente de ambas leyes, ruina apacible a príncipes y reyes, monarcas y señores. ¡Oh tú, plausible error de los errores, mina sagaz de dóricos espacios, dorado panteón de los palacios, dolor apetecido, falaz amor, agravio consentido, perniciosa alabanza, culpa ajena de propia confianza, áspid disimulado, y en fin, oh tú, delito tolerado! ¡Oh tú, Lisonja, tú, que sola eres tú tu definición! Sale la Lisonja de dama, con manto en los hom-bros. ¿Qué es lo que quieres? Dime, ¡oh mal de los males, mortal enfermedad de los mortales, privación de los bienes, que en otro estragas lo que en ti no tienes, ánimo pervertido, viciosidad del interior sentido, delirio de la mente! ¿qué quieres, oh Malicia, finalmente?, que en mí verás cuán claro el mundo indicia ser la Lisonja voz de la Malicia. Habla, pues, sin que más dudosa luches, conmigo. ¿Qué me quieres? Que me escuches, ya que de un hombre apoderada intento que respire mi saña con su aliento. Ya sabes que desde aquella primera lid en que injusta mi malicia abandonó toda la celeste curia, hasta que pasando osada al temor de la segunda también abandonó toda la naturaleza junta, siempre en sobresalto vivo esperando la futura edad en que al hombre Dios aquella palabra cumpla de que ha de tomar humana carne en una Virgen pura, que permaneciendo siempre intacta, manchada nunca, se conserve en los dos dotes de virgen y de fecunda. Dejemos este misterio aquí, sin que me confunda que el Verbo sea carne y vamos a otro que no menos turba mis atenciones, porque consta de mis conjeturas aún más que de sus palabras, eslabonándose unas de otras, al mirar las sombras, los lejos y las figuras de que está llena la sacra página de la Escritura. Desde aquel gran sacrificio de Abel, pues siendo una dura peña su primer altar (tan antiguas son mis dudas), fue no manchado cordero primera víctima suya, a quien vi que familiar llama del cielo consuma. Desde entonces, pues, no sé con qué razón me disgustan corderos sacrificados, tanto que no veo ninguna seña de aquel que no tema, que no infiera, que no arguya que ocultas sombras encierre y arcanas luces encubra. De no manchados corderos allá en el Génesisusa, a cada paso, la Ley Natural; y aunque de muchas ceremonias acordarme pudiera, bástame una. Esta en el Éxodo sea el Phase, cuando en su fuga, los báculos en las manos, en cinta las vestiduras, fue viático un cordero que con amargas lechugas (símbolo de penitencia) comió el pueblo, a que se junta después en la Ley Escrita, que el Levítico instituya, que sea en el Parasceve, en honor de esta ventura, un cordero legal cena. Y para que no presumas que en ceremoniado solo mis sobresaltos se fundan, envíanos el cordero (decir a Isaías escucha) que ha de dominar la tierra desde la piedra (¡qué angustia!) del desierto (¡qué temor!) al monte de Sión (¡qué furia!). Y no aquí el asombro para, sino que después que anuncia predominante al cordero, la pompa en pavor le inmuta, tanto que dice, bien como al filo de la tonsura, el manso cordero irá con voz tan callada y muda que un solo balido aun no haga queja de la injuria. Pero, ¿para qué me canso, cuando toda la Escritura es un rebaño de Dios? Pues entre redil y urna apenas al recental materno pecho tributa la cándida leche, cuando le mancha sangre purpúrea ya en votos que satisface y ya en defectos que purga, y aun tal vez que no le mancha, el recelo no me escusa, pues no menor me le da que me le esmalte la lluvia del rocío de una aurora, cuando Gedeón enjuta halle la tierra y a él no, en cuyo viso se ocultan, bien si la piel se humedece o bien si la piel se enjuga, sacramento que me asombra y encarnación que me asusta. Suspensa, Lisonja, estás, como que entre ti preguntas qué causa hoy más que otras veces ha despertado mis furias. Pues oye, que hay novedad tal que me obliga a que acuda mi anticipada respuesta a tu tácita pregunta. Hoy un joven, cuya voz en la intrincada espesura del desierto clama: «este es el cordero (pronuncia) de Dios, que a quitar (¡ay triste!) viene del mundo las culpas». Por quién lo dice no sé, que a quien con el dedo apunta, Lisonja, el joven profeta es un nazareno, cuya venida al mundo, ignorada de mí como entre confusas sombras, de su encarnación el gran misterio me oculta; conque es fuerza que hoy me aflijan estas sombras más que nunca, pues el llamarle cordero me oprime, pasma y angustia tanto que al ver que en un hombre temidas sombras concurran del trueno de aquella voz, el relámpago deslumbra mi vista de suerte que ando tropezando a oscuras. Y puesto que no es posible que sus designios descubra si ya no es que lo que ignora mi ciencia rastree mi industria, atiende a una que he pensado, que si tú en ella me ayudas desvaneceré las nubes que mi entendimiento ofuscan. Esta es. Pues de alegorías el sagrado texto usa tantas veces, que nosotros usemos, Lisonja, de una. Supongamos que este hombre, a quien cordero promulga la voz, como que en él paran todas mis sospechas juntas, es un héroe generoso; y pues David intitula al Mesías que yo temo, entre otras pompas augustas, de rey, de príncipe y duque, que es, como el nombre traduzcas, capitán, caudillo o guía, cuyos oficios se ajustan tanto si es él como quien viene a alistar las conductas de sus gentes, duque sea en nuestra inventada astucia. Y pues alta esfera es fuerza que sea la patria suya, démosle en la alta Alemania el solar de su fortuna. Supongamos que su padre majestad tan absoluta goza que desde el mayor imperio su fama ilustra. El nombre Felipe sea, que es, como al griego construyas, domador de incultas fieras, puesto que soy fiera inculta y solicito agobiar mi cerviz a su coyunda. La madre que hemos de darle (atiende por vida tuya), supuesto que mercader de preciosas piedras puras le llama otra alegoría, sea Margarita, cuya pureza le haga heredero de los tesoros que busca. El sobrenombre le dé Habacuc, pues él divulga que del austro vendrá el rey; conque si todo lo juntas hallaremos que la alta Alemania sea su cuna, que duque y Felipe de Austria también sea y porque, en suma, la metáfora campee a gusto de quien la estudia, supongamos un palacio cuyos umbrales ocupan en los cortesanos trajes de que hoy más el fausto usa, los criados a quien manda y vasallos de quien triunfa. Palacio dije; ya aquí entras tú, pues que no hay duda en que palacio y Lisonja son dos mitades conjuntas. Y así te vengo a pedir que conmigo te introduzcas en él, porque si Malicia y Lisonja se conjuran, ¿qué fábrica suntüosa no será sombra caduca? Yo usaré de mis cautelas, tú usarás de la dulzura de tu voz, música que al compás de la hermosura, adula con lo que canta y encanta con lo que adula. Conque si una vez las dos en la gran familia suya introducidas nos vemos, yo maliciosa y tú astuta, notaremos de más cerca sus acciones, de que induzca qué misterio es el que inspire, qué secreto es el que influya en este Felipe nuevo de Austria la sacra figura que de cordero le da nombre en esa voz que apura con sus ecos mis sentidos, tanto que las peñas duras del Flegra, por no escucharla, tomara que de sus grutas despeñaran sobre mí las más eminentes puntas, siendo a mi inmenso cadáver cuando tanto peso sufra, bóveda todo el abismo y todo el Vesubio tumba. No solo a tu voz atenta obedecerte procura mi amistad, pero a tu voz atentas cuantas criaturas el gran teatro del mundo contiene, haré que concurran en tu alegórica idea, porque ni opone ni impugna a la verdad que sea hoy duque en el austro el que otras plumas han hecho pastor en otros varios climas; y si apuras el sacro texto hallarás que no solo le atribuya racional luz, pero aun no racional, pues lo figura ya espiga, ya vid, ya piedra. Y así, puesto que es segura la metáfora, corramos con ella, sin que calumnia pueda haber en trajes, tiempos ni lugares. Pues escucha, que parece que otra vez la voz el eco articula. Suena dentro un instrumento. A dulce música suena. Si dar a entender procura que es voz de Dios, ¿quién, Lisonja, que suene sonora duda? Sale el Bautista cantando. Canta Vengan, vengan a mi voz cuantos noble dueño buscan, que yo salgo a recibir gente en la milicia suya a esta tan hermosa orilla que están sus arenas rubias compitiendo con las selvas donde las flores madrugan. Con la metáfora nuestra parece que ya se ajusta, pues a su familia llama. Llega y de su estilo usa. Canta Sirena de estos cristales, que haces que iguale en su espuma el gozo de las que lleguen al pesar de las que huyan. Feliz quien te oyó, si en vano en la competencia tuya los pájaros en el viento forman abriles de plumas. Canta Bienvenida seas, serrana, cuya voz, cuya hermosura, señas de humana desmiente cuando canta y cuando alumbra; tanto que flores y aves, que tierra y aire dibujan, de tu belleza engañadas por aurora la saludan. Canta Hermoso gallardo joven, la perfección solo es tuya, pues las flores que te miran y las aves que te escuchan por Dios te aclaman y cuando su escrúpulo las acusa, en viendo tus bellos ojos quedan vanos de su culpa. Representa ¿A mí por Dios? Calla, calla, tu voz se suspenda muda, que es sacrílega lisonja a que mi humildad repugna. Un príncipe soberano al mundo mi voz anuncia, de cuyo coturno aun no merezco las ataduras tocar, ¿cómo será Dios quien se aniquila y anula aún no digno de sus plantas? Yo pensé… Pues fue locura. …que tú… Pues fue ciego error. …eras… Pues fue acción injusta. …el que… Ten la voz, no más, lisonjera, siempre astuta. Canta Y tu traidora astucia de la verdad de las verdades huya. Canta ¿De cuándo acá, Fortuna, tiembla Lisonja, que señores buscan? Aparte Conocida la Lisonja suspensa quedó y confusa, que como en la voz consiste su venenosa cicuta, es fácil que la conozca quien su vanidad escucha. Llegue yo, que la Malicia mejor su acción disimula, que está en lo interior del alma y nadie lo interior juzga. Llega a él. Ya hermoso gallardo joven que a ella de un error la culpas, alúmbrame de un acierto a mí. ¿Qué es lo que procuras? Saber qué príncipe es ese, porque si es tal mi ventura que conocerle merezca, mejore en él mi fortuna. Pues no llegas a mal tiempo, que de esa fábrica augusta del austral clima que hoy prevenida esfera es suya, sale a este jardín. ¿Cuál es? Salen el Duque , Pedro , Andrés , Juan , Diego ,Mateo y la Simplicidad , de villano. El que entre toda la turba que le asiste yo señale, diciendo al salvar tus dudas, Cantando llega, llega, peregrino que el mar de este mundo surcas, que este es el cordero que quita del mundo las culpas. Pues aunque por lisonjera vea que tú me repudias, no me has de desconfiar que de este jardín augustas palmas, fértiles olivas, echaré a las plantas suyas Echa a los pies del Duque algunos ramos y elmanto. y aun mi manto será de ellas tapete, en fe de mi suma adoración, repitiendo en la competencia tuya: Canta Bendito sea el que viene y en nombre del Señor triunfa. Mi voz impedir tu aplauso no puede y así pronuncia lo que a ella toca. La mía lo mismo hará. Y yo entre angustia Aparte mortales absorta oiré que digan entrambas juntas: Cantando las dos. Bendito sea el que viene y en nombre del Señor triunfa. Este es el cordero que quita del mundo las culpas. Aunque esta Lisonja veo que presto ha de ser delito, con todo eso la permito por baldón más que trofeo. Y pues de Juan escuchaste la voz que al punto seguiste, Andrés, y el primero fuiste que a mi familia llegaste, también serás el primero que ilustre con los bastones de tus armas los blasones de las mías; y así quiero de un triunfo, que en Citia esperas, goces hoy el lauro, pues desde hoy tus armas, Andrés, adornarán mis banderas en facción de gloria tanta como es el haber de enviar mis gentes a conquistar la tierra que llaman santa. Y porque premio y castigo son los dos ejes en quien estriba el cetro, también será su marca testigo del baldón el día que vean que de mi ejército huyendo falte algún soldado, haciendo que castigo y premio sean tus aspas, pues tremolando, allí infamias y aquí errores, mostrarán ser superiores polos de mi imperio, dando contra la común ponzoña que infesta mis tierras hoy (pues Duque del Austro soy) este antídoto a Borgoña. Cuando la voz escuché que a tu servicio llamó varias gentes, resolvió seguirla, Señor, mi fe, no a tanto interés atento como el honor que me das, porque a servirte no más aspiró mi pensamiento, como a dueño soberano, a cuya causa de ti noticia al punto le di a Simón Pedro mi hermano, que también a tu servicio llega rendido y sujeto. Y a tanto glorioso efecto, Señor, por primer indicio de amor, de lealtad y fe, porque mi fervor se entienda, en Betsaida oficio, hacienda, casa y familia dejé. Tú verás desde este día cuánto esa fineza medra: Pedro eres y en tal piedra sentaré mi monarquía. Y pues del austro, en quien fundo mi corte hoy, no sin misterio, se ha de dilatar mi imperio por los ámbitos del mundo, de los romanos ufanos haré que mi virrey seas luego que en Roma me veas jurar por Rey de Romanos. También Diego y yo dejamos en Jenezaret, Señor, madre y patria. Y nuestro honor en la esperanza fundamos, que a su ruego prevenís, ponernos de amor en muestra a la diestra y la siniestra. Ignoráis lo que pedís, mas de Patmos la montaña verás, Juan, que a ti te entrego y tú, mi embajador, Diego, irás de mi parte a España. No en vano en tu aplauso lleno de un proverbio el mundo está: sirve a buenos, dice, y ya te buscan como el más bueno. El renombre que te ha dado empieza a lograr la fama. Felipe el Bueno le llama Aparte la Lisonja y mi cuidado con cada palabra crece. También a tu voz Mateo, para mostrar el deseo que humilde a tus pies ofrece, de rentas se desapropia, tratos y comercios. Pues en premio verás que es tu virreinato Etiopia, donde con mi nombre irás y como fueren llegando liberal iré premiando a todos los de demás. Y yo que en tu casa so, si va a decir la verdá, la misma Simpricidá y en este vergel estó por jardinero, ¿no es bien que de tantos algún premio tenga? Inocencia, en mi gremio serás felice también, que tu ánimo sencillo no es el que menos me agrada. Ser Simpricidá premiada no es nuevo vello ni oíllo, que a cada paso, Señor, lo hace la Fortuna varia, mas ¿qué Ínsula Barataria me ha de ver gobernador? El premio que tú tendrás es que te descubra a ti lo que a sabios encubrí. Muy buena hacienda me das, que eso es más que premio, agravio. ¿Por qué? Porque en lo común no hay cosa más huerte que un simpre que empieza a ser sabio solo porque un libro acaba de leer; poniéndose grave cansa hoy más con lo que sabe que ayer con lo que ignoraba. Yo llego, aunque mi injusticia Aparte teme al verse en su presencia, que quien premia a la Inocencia conocerá a la Malicia. Llega Si un extranjero, Señor, que de ese mar derrotado a besar tu pie ha llegado, merecer puede el honor de poner feliz el labio adonde la estampa pone, ¿harás que alegre perdone a su fortuna el agravio que ha padecido hasta aquí? ¿De dónde eres? ¿Qué diré? Aparte ¿No respondes? Solo sé que en esta patria nací y que desdichas me hicieron que saliese huyendo de ella. ¿Por qué? Por no buena estrella, y pues mis ansias pudieron tomar puerto en tus umbrales ellos mi sagrado sean. Sí serán, para que vean en su ejemplo los mortales cuánto es mi amor infinito, pues sabiendo quién movió sus labios le admito y no porque obro, sino permito en la intención con que viene. En mi servicio te queda hasta que tu premio pueda ser el que a tu ser conviene. Y ya vasallos, amigos y deudos, que os llego a ver juntos, donde habéis de ser de mis pasiones testigos, justo será que sepáis el más venturoso empleo de mi amor y mi deseo. Felice dueño esperáis tener muy presto, porque aliviando mis pesares Salomón en sus Cantares me ha capitulado en fe de ser tan bella la esposa que al aplauso de su fama desde el Líbano la llama; su sangre es tan generosa, que David ha dicho de ella que es princesa, del mayor César hija, cuyo honor Oseas publica al vella rica de dotes, después que para más glorias mías la hace heredera Isaías de imperios. Su nombre es compuesto de dos que son, contra la común discordia, el uno misericordia, cuando el otro exaltación. Y aunque juramento sea de Dios su nombre en mi historia, para que hoy en la memoria alegórica se vea cuánto es su fe soberana y cuánto amante la mía, por exaltación María, por misericordia Ana se ha de llamar, no tomando más su lustre en esta acción que la significación de entrambos nombres, mostrando que a reparar la desgracia, que el hombre en su culpa hereda, en ley de mi gracia pueda llamarla su Ley de Gracia. Que la traiga espero, pues, a mi imperio soberano, adonde le dé la mano, y así esa nave que ves, que de mi puerto al abrigo pudo el temporal traer del felice mercader que de lejos porta el trigo, Pedro, de ti he de fiar, porque de la hermosa nave que inspira el aura suave de la estrella de la mar has de ser primer piloto. Embárcate pues en ella y aunque en el poniente al vella brame el norte y gima el noto, piensa que va defendida del austro, y así engolfada, si la vieres zozobrada, no la temas sumergida. Parte pues al eminente Líbano en que la hallarás. Al sumo honor que me das solo respondo obediente, que ser el silencio aquí mudo idioma del afecto, es el más digno concepto. Hermosa nave, de ti patrón, verán las espumas que surcando ovas y lamas, eres delfín sin escamas, eres águila sin plumas. A embarcar, hombres, os mueva el feliz cargo en que medro, pues ya la nave de Pedro empieza a tocar a leva. Dentro salva de tiros y vase. Tú, Juan, para que entre reales pompas se celebre más mi boda, al oriente irás, donde a los más principales de la Sinagoga, bella emperatriz del oriente, convides y juntamente +le dirás también a ella que la espero y que veloz venga de gala vestida y déjela persuadida la dulzura de tu voz, de suerte que no se excuse ni deje de traer a igual tálamo ropa nupcial. Por ti no hay riesgo que excuse. Vase Todos en fe de mis canas por mí a tus plantas rendidos se muestran agradecidos a las dichas soberanas que en esposa les previenes tan noble, rica y hermosa. Vivan Felipe y la esposa. Vivan, pues, ella es… No tienes que proseguir su alabanza Lisonja, que no te toca y es sospechosa en tu boca la verdad. En confïanza de sus méritos… No más, que ofenderla solicitas, pues tú los méritos quitas a quien piensas que los das. Y si he tolerado yo tus venenos hasta aquí fue porque hablaron de mí, pero de mi esposa, no; que si humano girasol yo corro mortal fortuna, no ella, que es más que la luna pura, hermosa más que el sol. Y así del primer umbral no pases de este palacio, que el majestuoso espacio que ha de ser de la imperial águila roca, no debe ser de tus rayos esfera. Vase Yo si… No le sigas, fiera. Vase …pretendí… Suspende, aleve, la voz. Vase …no fue… No prosigas. Vase …que… Revienta en tu ponzoña. Vase …pensé… No más, sora doña cara de pocas amigas. Vase …que de mí… No he de oírte yo. ¿Tú también me afrentas? Sí, qué importa, porque si a ti te han conocido, a mí no. Vase Canta ¿Estos baldones, cielos, llegan a ver y oír mis vanidades? ¿Pues de cuándo acá (¡ay de mí!) la Lisonja en palacio es infeliz? Sonoras voces mías, que fuisteis hasta aquí hechizo que al oído supo halagar y herir, sed desde aquí veneno de los ojos, pues vi que ya en vez del cantar solo os toca el gemir. Lágrimas, no conceptos, a la tierra esparcid, ya que es la vez primera que todos contra mí la Lisonja en palacio es infeliz. Representa ¿Pero de qué me sirve penar, temer, sentir, si es el temblar de otro desconfiar de mí? Y así cobrado el susto y aliento que perdí, verás, sagrado alcázar, que en aqueste país fabrico ficta idea, que aunque me eches de ti, no por eso me privas de ser en tu confín veleta de tus torres, ábrego de tu abril, de tu dosel cizaña y áspid de tu jardín. Pues de Juan en alcance avenenando he de ir las rosas ciento a ciento, las flores mil a mil, donde a la Sinagoga que intenta persuadir, prevaricar intente. Veamos si es más feliz la Lisonja en el monte, ya que hoy contra el sentir, entre los viles noble y entre los nobles vil, la Lisonja en palacio es infeliz. Vase. Dentro voces y sale la Sinagoga vestidaa lo judío, con un venablo. Dentro ¿No hay quien acuda al rebaño, que el lobo en contorno anda del redil? Dentro Ya con la presa se retira a la montaña. A la selva, al risco, al llano, al monte. Bruto pirata, que en corso de aquese inquieto piélago de nieve blanca los dos páramos infestas del vellón y de la escarcha. Yo, pues no acaso a la aurora salí a estas selvas a caza, seré quien te siga y quien la presa que llevas haga que a tu pesar restituyas al pecho de quien la arrancas. Mas, ¡ay de mí!, que al blandir del bruñido acero el asta, flaquea el brazo y el pulso tiembla, el valor se acobarda, el aliento descaece, late el corazón, desmaya el pecho y no bien segura se ha entumecido la planta. ¿Qué es esto (¡ay de mí!), qué es esto que me aflige y que me pasma, al llegar a ver con cuánto carnicero horror, con cuánta sañuda cólera, sobre la entretejida maraña, que al bostezo de una cueva sirve de gruta y mordaza, el atroz ladrón del bosque, con las presas y las garras, sin que le socorra nadie, al cordero despedaza, siendo carne y sangre a un tiempo su bebida y su vianda? ¿Qué jeroglífico, cielos, es este en que me retratan muerto a manos de una fiera manso cordero, mis ansias? Cruentos sacrificios, pues la peña a manera de ara, a manera de holocausto, el recental, sin que haga el más tímido balido ni aun queja del dolor, mancha de resulta de unas flores los cambrones de unas zarzas. Pero ya que de su muerte cómplice fue mi tardanza, de su venganza será cómplice mi pena. Aguarda, sangriento terror, mas ¡ay!, que otra vez caduca estatua de nieve y fuego parece que abrasadamente helada me he complacido en la ofensa según tardo en la venganza; a cuyo pavor, a cuyo pasmo, a cuyo asombro es tanta mi confusión que aun mi sombra me atemoriza y me espanta. ¿El destrozo de un cordero, cielos, tanto me acobarda? ¿Por dónde huiré de mí misma viéndome prófuga y vaga? ¿No hay criados, no hay monteros que me socorran y valgan? Salen por una parte el Bautista y por otrala Lisonja , cantando. Canta Dime, divina beldad. Canta Dime, beldad soberana. Ya que aquí me traen tus quejas… Ya que aquí me traen tus ansias… ¿En cuál de estos verdes riscos… ¿En cuál de estas peñas pardas… …es donde la reina asiste? …es donde la reina anda? Aunque me lo preguntéis con voz tan suave y blanda, que con su dulzura eleva, con su suavidad encanta, aun siendo yo no sabré si sabrá decirlo el alma. Canta Ya podéis pedir albricias, amorosas voces claras. Canta Ya, dulces ecos, podéis alentar con esperanzas. Pues Apolo a la que busco la primera me señala. Pues la primera en el monte a quien Amor busca, halla. ¿Qué nuevo estilo, Fortuna, es este con que me hablan? Representa ¡Mas qué miro! Representa ¡Mas qué veo! ¿Qué te admira? ¿Qué te espanta? Verte venir donde vengo con tan ciega confïanza. Mirarte, que donde yo estoy tu ambición te traiga. ¿Por qué, si a la Sinagoga venir su pueblo me manda? Porque no sé que se hiciesen para los montes tus armas. Canta No desdores, Lisonja, tus voces tiernas, ve a buscar los palacios, deja las selvas. Canta Si yo a la reina busco y aquí la hallo, adonde están los reyes son los palacios. Canta Yo he venido a esta empresa y a mí me toca. Canta Las verdades no siempre vencen lisonjas. Dulce antídoto del aire, que de un letargo en que estaba habéis podido ahuyentar ilusiones y fantasmas. Ya que quien soy habéis dicho, decid quién sois y qué causa en mi busca os trae. Mas no por pasar la primer salva, pase el músico conjuro a otro estilo, ya que el alma de un helado frenesí con vuestras voces descansa. Para hacer la relación, sin que haga el concento falta, entre cláusula y noticia la voz el camino parta. ¿De qué suerte? De esta suerte. Callaré mientras él habla. Aparte Representa Bella Sinagoga, de estos montes reina soberana, el gran príncipe del austro, que con la divina infanta Canta del Líbano, a quien su hermosura exalta tanto que hallar pudo en sus ojos gracia, Representa felices bodas celebra y te pide que a ellas vayas con tus familias vestidas de ricas nupciales galas. Canta Porque aunque en su mesa a todos aguarda, no se ha de sentar el que no las traiga. Representa De parte yo de tu pueblo vengo con otra embajada, tanto a tu decoro atenta cuanto a su intento contraria. Canta Pues quien a sus bodas huéspeda te llama tu respeto ofende, tu hermosura agravia. Representa Tú, que en el oriente reinas de los imperios del alba, para coronar tus rizos entretejieron guirnaldas Canta Jericó y Senar, de púrpura y nácar, Cedrón y Efraín, de cedros y palmas. Representa Tú, a quien la dominatriz del orbe aplaude la fama, siendo aun menor tu dominio que tu hermosura y tu gracia. Canta Dígalo el que escribe, dígalo el que canta, templada la pluma y discreta el arpa. Representa ¿Has de ir en obsequio de otra a ser tú la convidada donde ella la esposa sea? Demás que si lo reparas Canta aun dejando aparte los fueros de dama, hay otras razones si aquestas no bastan. Representa Si del austro ha de venir el esposo que tú aguardas, o es él o no es él. Si es él, ¿cómo con otra se casa? Canta Y si no es él, ¿cómo intruso te engaña con lustre que usurpa, con pompas que…? Aguarda, no prosigas, que aunque más sonora tu voz me agrada que esotra cuanto va (¡ay, triste!) de mi oprobio a mi alabanza, con todo he de interrumpirla, porque la ira arrebata a la suspensión, bien como primera pasión del alma. Voz que yo debo de ser el desierto donde clamas, según lo poco que en mí tus ecos mantiene el aura, ¿qué príncipe es ese que no conozco? Si no bastan las señas que he dado de él, es el cordero… ¿Qué hablas? …que a quitar del mundo viene los pecados. Calla, calla, que la misteriosa voz con que cordero le llamas (cuando me asusta el mirar que otro su sangre derrama a las manos de una fiera) me atemoriza y espanta de suerte que aun para oírlo valor y ánimo me falta. ¿Cómo cordero (¡qué pena!) y rey del austro (¡qué ansia!) al mundo a quitar (¡qué ira!) pecados viene (¡qué rabia!), si para quitar pecados y ser el que la palabra a mí me ha dado de esposo los aparatos le faltan de relámpagos y truenos con que Isaías le aguarda? Y así, pues no le conozco ni sé quién es, dile que haga sus bodas sin mí; y por esta vez el seguro te valga de embajador, que otra puede ser si llegas a mis plantas que destroncadas se queden las voces en tu garganta. Por volver con la respuesta, no por huir la amenaza, me ausentaré. Vase Pues añade que ya que no convidada, iré ofendida a vengar los engaños con que trata imaginado cordero e introducido monarca dar a la gran Ley Escrita celos con la Ley de Gracia. Y pues de gala me pide que yo a sus festejos vaya y es de cualquier sentimiento la triste la mejor gala, di que yo me vestiré del color de mi desgracia, pues si entre su negro horror mis cautelas se disfrazan, que no creyendo sus luces solo mis sombras me agradan. Y tú, pues el clarín eres de mi pueblo, toca al arma, que a la voz de tus lisonjas se han de mover mis venganzas. Sí haré, repitiendo una y otra vez… Dentro Amaina, amaina. Aparécese en lo alto de un carro, que será unanave, la Esposa , Pedro , la Oración , músicos yclarines. Dime, ¿qué voces son estas? Que la nave en que se embarca en el Líbano la esposa, dando vista a las murallas de la gran Jerusalén, velas amainando y jarcias hace la salva a sus torres. Más es desaire que salva. Da vuelta la nave. Buen vïaje, buen pasaje. Saludad con voces altas a las elevadas puntas, que desde aquí a ver se alcanzan, de los montes de Sión. Salve, ciudad soberana, salve, divina Salén, salve, religioso alcázar, salve, gran templo de Dios, en quien funda mi esperanza el más generoso triunfo de cuantos triunfos aguarda el amante rey esposo que a su tálamo me llama. Da vuelta la nave. Buen vïaje, buen pasaje. ¿Que esto consienta mi saña sin que el abrasado cierzo de mis suspiros les haga zozobrar? ¡Oh, para cuándo sus iras el noto aguarda! ¡Para cuándo el aquilón sus cóleras! Ya a la instancia de tu invocación parece que maretas se levantan amotinando contra esa nave el mar. ¡Oh, fueran tantas que al través dieran con ella en aquellas peñas pardas, adonde tope la quilla tumba y luego desatada en fragmentos fuese a pique! Sí harán, pues ya la contrastan las ráfagas de sus iras. Tormenta nos amenaza de opuestos contrarios vientos. Iza, vira, amaina, amaina. Pues siempre se interpretaron tribulaciones las aguas y de mis tribulaciones ya empieza a correr borrasca, en tanto que su fortuna o la derrota o la salva de mar y tierra, infestando las dos marciales campañas con relámpagos y truenos de trompetas y de cajas, verás turbar los aplausos de sus bodas. Toca al arma en todo tu imperio y todo en tu desagravio salga. Ven conmigo, pues tú sola mis sentimientos halagas, hasta que mis triunfos veas. Siempre seguiré tus plantas hasta que sepa en tus triunfos… …qué misterio es el que aguarda… …qué secreto es el que encierra… …esta admirable… …esta rara… …metafórica alusión… …alegórica amenaza… …de la insignia del cordero en los príncipes del Austria. Arma, arma, guerra, guerra. En la nave Al trinquete. A la mesana. A la escota. Al chafaldete. VanseDentro cajas.Dentro Iza, vira, amaina, amaina. No temáis, que aunque furiosos huracanes se levantan, afligirnos podrán, pero no sumergirnos. Sagrada Oración, pues de la tierra como el humo te levantas del incienso y eres sola la que en el aire elevada puedes penetrar los cielos, sube en ti misma a la gavia a ver si puerto descubres. Deme tu espíritu alas de paloma, que con ellas penetraré las doradas esferas. Elévase la Oración. Apenas sube la Oración cuando se amansan de los siglos de la vida las procelosas borrascas. Restituïda lo diga ya la tormenta en bonanza. Y no lo diga eso solo. ¿Pues qué? Dilo en voces altas. Canta Albricias, que ya la guerra del mar venció nuestro celo y es serenidad del cielo que paz publique la tierra. Tierra, tierra. Da vuelta la nave. Albricias, que ya la guerra del mar venció nuestro celo y es serenidad del cielo que paz publique la tierra. Tierra, tierra. Canta En los desiertos parajes del mar de la vida humana la Oración es soberana, la que descubre celajes y con seguros pasajes encaminará al que yerra; y pues el horror destierra, no dude nuestro desvelo que es serenidad del cielo que paz publique la tierra. Tierra, tierra. Canta El camino de la vida le acertará quien siguiere la Oración y la anduviere aun antes de la partida; y pues a todos convida para pasar desta guerra a la paz que el cielo encierra, correr al horror el velo. que es serenidad del cielo que paz publique la tierra. Tierra, tierra. Pues ya tranquilas las ondas nos coronan de esperanzas, de aquellos australes montes haced a las cumbres salva. Tocan clarines en la nave y disparan, y salen al tablado el Duque, Andrés, Juan, Mateo, la Malicia y la Simplicidad. Pues ya en los lejos del mar despliega las velas blancas aquella nave en quien viene toda la flota cifrada de las Indias del Ofir, responded a la alborada de sus voces y clarines. Feliz es hoy nuestra patria. Sí, pues flota y paz a un tiempo publica. Y con circunstancia tal (perdonen si no es buena, que es la Inocencia quien habla con las voces del afecto) que de Santander las armas trae en las velas, y así Santander es el que ampara su navegación. No hable equívoca tu ignorancia. Sí quiero, que hoy diz que está en equívocos la gracia. Y la desgracia, en cuanto hoy mi vista alcanza y no alcanza. No sabré encarecer cuánto este demonio me cansa. ¡A tierra, a tierra, y publiquen vuestras voces mi llegada! Tocan los clarines en la nave. Pues sus salvas se repiten, repítanse nuestras salvas. ¡Ah del mar! En el tablado ¡Ah de la tierra! En la nave Con bien vengas, soberana nave de Pedro, a la orilla, que tan dichosa te aguarda. Con bien la admitan tus puertos y sí harán, que en la austral playa es cualquier cabo que doble Cabo de Buena Esperanza. Albricias. Albricias. Y a voces la Fama… Y a voces la Fama… …publique el tesoro que ya desembarca. …publique la paz de nuestra bonanza. Y al sol saludando… Y aplaudiendo al alba… …del amante esposo… …de la hermosa infanta… …la salva repitan… …repitan la salva… …voces y clarines. …trompetas y cajas. Mientras canta todo esto la música bajande la nave. Albricias, albricias, y a voces la Fama publique el tesoro que ya desembarca; publique la paz de nuestra bonanza. Y al sol saludando y aplaudiendo al alba, del amante esposo, de la hermosa infanta, la salva repitan, repitan la salva voces y clarines, trompetas y cajas. Exaltada deidad en quien se vio madrugar el aurora, para que floreciese la vara de Jessé y brotase la flor de Jericó. Amante esposo, a quien el austro dio el católico cetro de la Fe, porque desde la esfera de tu pie llegase al solio de tus brazos yo. Vengas feliz a mi ínclito dosel. Feliz admite a quien te amó leal. Donde contigo parta mi laurel. Donde adore tu sol ave imperial. Por especiosa, fina, firme y fiel. Por bueno, justo, afable y liberal. Ven, pues, al sacro palacio donde has de ser coronada. Repitan cielos y tierra mis venturas. Y mis ansias. Aparte Albricias, albricias, y a voces la Fama publique… Dentro cajas y voces.Dentro Arma, arma. ¿Qué es esto? Dentro Arma, arma. ¿Quién con bélicos estruendos perturbar mis bodas trata? ¿Quién impedir solicita mis dichas? Sale el Bautista . De mi embajada ya, Señor, respuesta han sido esas trompetas y cajas. La ingrata reina de oriente (aún más celosa que ingrata), movida de la Lisonja de su pueblo, que anotada en su palacio la asiste, no solo de ti llamada viene a tus bodas, mas viene de ti ofendida en demanda de decir que tú del austro príncipe intruso la engañas, usurpando majestad que no es tuya; a cuya causa, sin que quiera conocerte, alistar sus gentes manda en odio tuyo y en odio de tu esposa, cuya saña creció al escuchar de mí cuando por señas le daba que eres el cordero que a quitar vienes… Aguarda, que antes que a mis reales bodas las nupciales fiestas haga a honra de mi esposa, tengo de añadir hoy a sus plantas ese triunfo; y pues la ofende tanto el ver que me señalas manso cordero, ha de ser ese el blasón de mis armas. Atención, que quizá aquí Aparte empiezan mis asechanzas. Y así porque cuantos fueren conmigo a esta empresa vayan honrados con él, primero que a sus opósitos salgan, he de instituir un orden de caballería fundada en la insignia del cordero, no porque diga la fama en ningún tiempo al mirar que Tusón de Oro se llama, que es por el vellón de oro que tanto a Jasón ensalza, sino el cándido vellón que vio Gedeón al alba cuajar el blanco rocío; que habiendo de dedicarla a mi esposa y siendo ella como es Gracia de las gracias, a ella compete el blasón del blanco vellón sin mancha. Llamarse tusón construya en el esquilo la lana, pues se explica en la tonsura aquella porción humana que sujeta al filo viste la divinidad del alma. Su insignia (pues es mi amor quien constituïrla manda) será de fuego y así, de pedernales la banda de que penderá el cordero se ha de labrar, engazada de eslabones de oro que estén exhalando llamas, con una letra que diga Herido luce, a que añada otra en respuesta diciendo (pues para ti se consagra) Tú sola y no otra; con que del collar medida y tasa siempre será una, advirtiendo que en mi amor no habrá mudanza. Y aunque hoy en su fundación contada familia haya, podrán después sus maestres extenderla y ampliarla. No han de tener encomiendas ni pruebas sus ordenanzas: encomiendas, porque es orden de pobreza voluntaria y solo ha de mantenerla el tesoro de sus arcas; ni pruebas, porque no excepta personas, que quien a tanta dignidad llegue en la fe la notoriedad le basta. El manto capitular (pues es para ir a batalla, mostrando que a morir pronto ha de estar en sus venganzas) será de color de sangre, como que ya la derrama cordero sacrificado a las presas y a las garras de hambriento lobo; conque de armiños y de escarlata ha de ser significando la pureza y la constancia. Cinco oficios principales ha de tener en su casa el Maestre del Tusón: Asesor para sus causas, Gran Canciller, Secretario, Tesorero y Rey de armas. Y aunque armados caballeros de ser adelante no hayan, hoy por más honor del orden es bien que entre ellos se partan. Y pues el primero fuiste, A Andrés Andrés, que llegó a mis plantas por el nombre del cordero que oíste en Juan, de ser te encarga perpetuo Asesor del Orden. Tú, Bautista, pues señala el Canciller los despachos y es quien los firma y los marca con el real sello que imprime de mi carácter la estampa, serás su Gran Canciller, pues de tu bautismo de agua ha de manar el Bautismo, que es el carácter del alma. Tú has de ser su Secretario, Juan, a quien darán las alas del águila del imperio plumas para su alabanza, mayormente cuando des fe y testimonio a la instancia del cordero cuando el libro de los siete sellos abra. Tú, Diego, a quien tantas veces han de mirar las campañas invocado en sus victorias, has de ser su Rey de armas. Tú, Pedro, su Tesorero, y así esta llave dorada te entrego de sus tesoros para que tú los repartas. Y a ti, Mateo, te nombro, para escribir las hazañas que espero, mi Coronista, porque notorias las hagas. Y pues ya están elegidos los oficios que la sacra Orden del Maestrazgo encierra y para facción tan alta es Andrés el Asesor que justifique las causas, siendo el Bautista el que imprima con el Bautismo la estampa que el proceso de la culpa original la deshaga; dando como Secretario de que queda cancelada Juan el testimonio, y Diego (pues es jurado Rey de armas) arbolando sus pendones; y Pedro, que la dorada llave tiene del tesoro para tan justa demanda; repartiéndolos a todos yo, como principal causa, haré que vuele mi imperio en las alas de la Fama desde el alemán nevado hasta la zona tostada y del ámbito del orbe no haya parte reservada que no se mire triunfante, glorioso el laurel del Austria. Por tan supremos favores a todos nos da tus plantas. ¿Cómo liberal con todos A la Malicia a usted no le ha dado nada? Yo empiezo a servir ahora. No le arriendo la ganancia. Pues de tantas honras, tantos favores, de dichas tantas como a ellos hacéis, en mí resultan las alabanzas; por mí y por ellos, Señor, humildemente postrada y rendida, no tan solo como esposa, como esclava a tus pies. ¿Qué haces? Del suelo a mis brazos te levanta. ¿Qué mucho que me interpreten María, si tú me ensalzas? ¿Y qué mucho si por todos tan agradecida hablas, que por misericordiosa también te interpreten Ana? Y supuesto que la noche tan trémulamente baja, que habré de esperar al día para entrar en la batalla, sea primer ceremonia de esta militar usanza el sentaros a mi mesa, cuya honra vinculada quedará a los caballeros del Tusón. Y cuando haya la legal cena cumplido, la de poneros añada en los pechos el cordero. Ya dije que fuego exhalan sus eslabones; ya dije que a honor de la Ley de Gracia, mi amante esposa, se funda con estas dos circunstancias. Ven, esposa, y venid todos. Y ay de aquel que con dañada intención ponga en el pecho el cordero y no en el alma. Mirando a la Malicia . A mí me mira, si es Aparte que mis designios alcanza. Aunque a todos, Señor, honran tus obras… …con tus palabras a todos turbas. ¿Quién puede ir a tanto honor… …con mala intención? Alguno, que quizá entre nosotros anda. Aparte El corazón se me ha muerto dentro del pecho. Señala quién es, verás qué sañudo león le hago. Basta, basta, que al más sañudo león el canto del gallo espanta. Venid, pues. No en vano el mundo… …Felipe, Señor, te aclama… …pues vas a vencer la fiera cerviz de siete gargantas. Vanse los cinco. Que caiga en mí la sospecha Aparte de su voz o que no caiga, he de entrar a ver en qué la Orden del Cordero para, pues fue el fin a que introduje misterio de sombras tantas. Vase Bautista. ¿Qué es lo que quieres? Oración. ¿Qué es lo que mandas? Que tú, pues sabes mejor que todos estas montañas… Que tú, pues eres quien más las noches en vela pasas… …te quedes de posta en ellas… …te estés en esta de guarda… …que aunque a la cena no asistas, no por eso te hará falta el cordero, pues verás que siempre contigo anda. …que aunque has de hallarte en la cena (pues siempre a mí me acompañas) con todo eso sea otro el paso donde la Oración aguarda. ¿Qué nombre me dejas? Fe. Vanse Tú verás mi vigilancia. Sale la Lisonja . En este sitio la posta la Sinagoga me encarga, y pues la Lisonja siempre ha servido desvelada en agrados, conocer tengo a todos cuantos pasan. Paséanse los tres, cada uno en su puesto, y en medio la Oración. Pues tengo de estar en vela divierta la voz mis ansias. Canta Alerta, mortales, alerta, mortales, y no temáis desdichas ni males mientras la Oración os asiste despierta, alerta, alerta, alerta. Pues allí canta otra posta. Pues allí otra posta canta. Cante yo si así se alivia. Cante yo si así descansa. Canta Alerta, soldados. Canta Alerta, soldados. Canta Y no, no os aflijan… Canta Y no, no os aflijan… Canta …recelos. Canta …cuidados. Canta Que yo os aseguro… Canta …y os guardo la puerta. Canta Alerta. Canta Alerta. Canta Alerta. Sale la Malicia con el Tusón al cuello, como espantado. El cordero que exterior insignia pendiente al pecho significa otro interior, no sé en mí qué efecto ha hecho de ira, asombro, pasmo, horror, después que le puse en él; que cuando a todos ha sido dulce, manso, afable y fiel, para mí sólo ha tenido lo acedo, áspero y cruel. Pues muerto el corazón, muerta me deja el alma (¡ay de mí!), que uno helado y otra yerta rabio y gimo. Un hombre allí viene. Canta Alerta. Canta Alerta. Canta Alerta. ¿Cómo, ya que he recibido el Orden del Tusón de Oro, sabré el valor que ha tenido? Que examinando un tesoro dice lo que hay escondido. ¿Quién va? Un hombre que concierta salir a aquesa desierta campaña. El nombre me dé. ¿Qué nombre? Un hombre sin fe. ¿Fe hay? Pase. Alerta. Vase Oración Canta Canta Alerta. ¿Cómo salir me ha dejado solo porque llegó a oír fe? Mas (¡ay de mí!), cuidado, que como es para salir bastó el haberla nombrado debajo de negación. ¿Quién va? Aparte Aquesta es la Oración. Poco me asusto de vella, que quizá consiste en ella lo mayor de mi traición. Gente de paz. ¿De paz? Sí. ¿Pues en qué la paz veré? En acercarme hacia ti. Haz alto y da el nombre. Fe, bien que falsa. Pues fe oí y no me toca que advierta si es fe viva o si es fe muerta, pase. Vase Pues ya mi ambición rompió gracia y oración, adelante vaya. Alerta, que llega gente. ¿Quién va? ¿Aún otra posta me queda? Sí. ¿Quién va, digo? Quien ya sabe cómo pasar pueda. ¿El nombre? Fe. Hágase allá que no conozco a la Fe ni vive ese nombre aquí. Luego ¿ya al campo llegué de la Sinagoga? Sí. ¿Quién su primer posta fue? Quien agradarla codicia. Luego ¿la Lisonja eres? ¿Quién tan presto el serlo indicia? Quien quiere lo que tú quieres. Luego ¿tú eres la Malicia? Sí, que huyendo como tú de aquese palacio excelso, traigo robada una joya, Lisonja, en que del primero discurso nuestro presumo que está cifrado el misterio que tanto me asombra. ¿Cómo? Oye. Sale la Sinagoga . ¿Con quién (cuando vengo de ronda en la noche obscura asegurando los puestos de mi gente, que ya en arma está), Lisonja, te encuentro hablando? Con un soldado que a tu campo viene huyendo del campo contrario. ¿Qué hay en él, soldado, de nuevo? Que a honra de su amante esposa un Orden Felipe el Bueno de Austria, si es que vuelvo a hacer de la metáfora acuerdo, ha instituïdo, porque armados sus caballeros salgan contra ti a campaña. ¿Qué Orden es? La del Cordero, que aunque acá fuera se explica me está abrasando allá dentro. Con este, pues, Tusón de Oro pendiente en piedras de fuego, cuyos motes son Herido luce, a que se añade luego Tú sola y no otra, pretende que señalados los pechos, yendo publicando honores, vayan aumentando esfuerzos. Robado le traigo a causa de que aquilatar deseo qué ley tiene su oro. A mí me toca, soldado, eso de aquilatarle la ley. ¿Quieres, porque pueda hacerlo, vendérmelo? Ya yo en mí como vendido le tengo, pues pasé de la Oración. Lo que ahora falta es el precio. Ponle tú. ¿Qué es lo que quieres, di, por él? Treinta dineros. Si el oro es fino, no es mucho, mas que anda, soldado, temo mucha malicia en el oro. Claro está, que yo le vendo. Y así hasta tocarle no le he de pagar. Tráeme presto, Lisonja (pues para mí nunca más llegaste a serlo), las piedras de mis contrastes y luz. Vase la Lisonja . ¿Pues tú entiendes de esto? Lapidaria hay quien me llame, piedras me da un Evangelio y crisol me hace algún Salmo de los justos y, en efecto, de contrastes siempre tiene la Sinagoga instrumentos. Vuelve a salir la Lisonja con luz y en una fuente lo que van diciendo los versos. Tus piedras de toque y luz traigo. Dale el collar. Alumbra, que ver quiero lo que compro. Estas no son piedras de valor ni aprecio, engastados pedernales son no más. Ni yo las vendo por de más fondo tampoco. ¿No dije que está diciendo la letra que Herido luce? ¡Ay! ¿Qué dices? Mas ¿qué es esto: unidos pedernal y oro? ¡Oh, no signifiquen, cielos, divino y humano unidos! No lo creas. No lo creo, que si lo creyera no anduviéramos en esto. Pruebo el oro. Tócale a una soga. ¿En qué le pruebas? En un esparto le pruebo, por si su aspereza le hace descubrir mezcla y es cierto que la humanidad descubre de la soga el sentimiento en el primer toque. Pasa a otro examen. Ya lo intento. Tócale a unos azotes. ¿A un azote le examinas de cáñamo y zarzas hecho? Sí, que cáñamos y zarzas son las forjas de mi incendio. No le des más. ¿Cómo no? Cinco mil veces le tengo de examinar a este toque y al de estas espinas luego. Tócale a una corona de espinas. Y no contenta, pasar hasta el acerado hierro Tócale a unos clavos. de estos clavos y este palo, Tócale a una cruz. que en opiniones de cedro por lo incorruptible hará que el oro… ¿pero qué es esto? Dentro ruido de truenos y tempestad. Que al arma tocan, no solo uno y otro campo, pero aun todo el cielo parece con relámpagos y truenos que al son de sus cajas pone en arma los elementos. Deja caer la fuente con las insignias. Al tocarle (¡ay infelice!) a los clavos y al madero, todo se estremece, todo se turba. Ruido Y en mí el aliento ha fallecido. ¿Qué digo? ¿Yo me acobardo, yo temo? Para que se vea que nada me enmienda, a la compra vuelvo. Ruido. Y aunque todo dice liga de baja mezcla, aun con eso es mío el cordero; y pues entre las manos le tengo, dale el dinero, Lisonja, y ven donde en tanto estruendo mis gentes, de mí asistidas, no desmayen los alientos. Vase A tanto escándalo absorta de mirarte (¡ay de mí!) tiemblo. Ruido Toma el dinero, Malicia, que fue del Tusón el precio. Arma, arma, guerra, guerra. Vase, dejándole unas monedas.Dentro ¿Qué es esto? (¡ay de mí!) ¿Qué es esto? in duda expira la inmensa fábrica del universo en la sangrienta batalla de aire, tierra, mar y fuego. Y si como humano hablo, ¿qué mal he hecho, qué mal he hecho? Mas si hablo como quien se ha revestido en mi pecho, no hice mal, no hice mal, que no hay en mí arrepentimiento. Y así el dinero arrojado a los umbrales del templo, moriré a mis propias manos desesperado, advirtiendo, mortales, que lo que no pudiera hacer por sí mesmo el Demonio, pudo hacer tomando por instrumento a la malicia de un hombre. Arma, arma. VaseSalen la Esposa y la Simplicidad .Dentro Hacia este puesto, Inocencia, fue por donde mi esposo a triunfar muriendo entró en la batalla, y yo contigo seguirle intento. Será fuerza que los dos le sigamos, que en todo esto solo Gracia e Inocencia han quedado. ¿En qué tropiezo? Repara en las insignias. Mas no es tropezar sino dar de ojos. Dadme, cielos, valor para ver las ruinas que aquí arrojadas encuentro. ¿Qué son? Un collar de quien alguno de los corderos del Tusón pendiente ha estado y ese entre estragos envuelto de espartos, cáñamos, zarzas, espinas, clavos y leño, y todo teñido en sangre. ¿Pues qué recelas? Recelo que hayan los contrastes sido del acendrado oro bello del cordero, que de él falta. ¿De qué lo infieres? Lo infiero de que para examinarle la ley del oro habrán hecho costosa experiencia en él, y no sin causa lo siento, que siendo para probarle la ley, como he dicho, y siendo yo la ley, ¿qué mucho que con sacrílegos extremos hallen en mí los quilates y en él las finezas? Estos sagrados ricos despojos ve, Inocencia, recogiendo. Va levantando las insignias y la Simplicidad recogiendo. ¿Cómo a ellas la Malicia llega con atrevimiento, si aun siendo yo la Inocencia llego con temor? Vase Tocan la caja. Y puesto que dura la lid, he de ir por esta parte siguiendo sus pisadas. Sale la Sinagoga con la espada desnuda. No podrás, que soy yo quien la defiendo y no ha de pasar de aquí la Ley de Gracia, supuesto que yo he examinado el oro del Tusón de su cordero y en la mezcla de lo humano la liga le he descubierto. Y si no mira vencido su campo, roto y deshecho, y que todos sus soldados, por más que les honró el pecho con la insignia del Tusón, todos le han dejado; pero ¿qué mucho si competir quiso con el león soberbio de Judá el cordero humilde de Austria? Y si quieres verlo, vuelve a esa nube los ojos, en cuyo abrasado seno coronado mi león triunfa en las alas del viento. Ábrese el carro de la nube y vese el león coronado. Ya veo que de Judá el león triunfa, mas si eso padeció en lo que es de humano, no de divino, advirtiendo que aun vencido en la batalla triunfará después de muerto. Y si no, vuelve también los ojos tú a aquel supremo palacio, donde verás, adelantándose el tiempo, celebrando al tercer día en el oráculo excelso Capítulo General con todos los caballeros de la Orden del Tusón en su púrpura tiñendo los mantos capitulares que instituyó para eso de rojo color. Tocan chirimías, ábrese el palacio y vese sentado el Duque en una silla con manto carmesí del Tusón, y luego van bajando con el mismo manto Andrés, Pedro, Bautista, Juan, Mateo, Diego y la Simplicidad. ¡Ay triste!, que al verle vencedor tiemblo después que le vi vencido. Vasallos, amigos, deudos, ya que en mi primera vista alteraron los estruendos de las armas lo festivo de mis bodas, ahora es tiempo de que las celebre el gozo pasándose lo crüento a incruento, a cuya causa el capítulo celebro del Orden que dediqué a su beldad; y así vuelvo con el manto carmesí mis dos palabras cumpliendo: Herido luce, y ya veis si herido es mi lucimiento; Tú sola y no otra, también veis si lo cumplo, supuesto que a vista de la que quiso turbar de mi casamiento la elección, vuelvo a sus brazos. Humilde tus plantas beso. He aquí que todas las cosas son como se toman, puesto que cosas que el otro Jueves son llanto, en este contento. ¿Qué importa que victorioso vuelvas, si todavía tengo coronado mi león? No es tuyo desde este tiempo, que pasando a ser blasón del austro, que hoy represento, pasará a ser león de España en mi lugar, sucediendo al Maestrazgo del Tusón la fe, religión y celo de sus católicos reyes Archiduques de Austria. ¿Y eso no implica contradición, hacer la orden del cordero y del león el timbre? No, cuando son ambos lo mesmo. ¿Lo mesmo? Sí. ¿Cómo? Como Dios enojado es león fiero, manso cordero aplacado; y porque lleguéis a verlo mirad si es cordero el día que el león se rasga el pecho. Ábrese el león y vese el cordero. Cuando cordero y león sea, ¿será más que eso? Si él también el pecho rasga, será… ¿Qué? …Alto Sacramento. Ábrese el cordero y vese el Sacramento. Pan y vino miro y toco. Más es, pues incluye dentro si también se rasga… ¿Qué? Ábrese el Sacramento y vese un Niño de Pasión con soga al cuello. …a Cristo en alma y en cuerpo, y Maestre del Tusón; trae el agnus Dei al cuello y en las manos las insignias que fue la Gracia cogiendo. Yo lo creeré, o nunca o tarde. Advierte, monstruo soberbio, que soy Asesor del Orden fundado en piedras de fuego y tengo mi Tribunal en la Corte cuyo centro también es de pedernales, que harán de tu duda incendio. Mal me venceré al temor si a la razón no me venzo. ¿Quién me lo asegura? Yo, pues yo te enseñé el cordero. Y yo, como Secretario, doy fe y testimonio de ello. Y como su Coronista también lo afirma Mateo. Y yo, como Rey de armas, con la espada lo sustento. Y yo, que de sus tesoros la llave dorada tengo, te daré ayuda de costa para que al entendimiento cautives por el oído y del alcance te absuelvo. Por ahora nada me obliga, sino el asombro y el miedo, a ir donde prófuga y vaga viva sin patria ni templo. Vase Las dichas de mi ventura doble con su sentimiento. En tanto que se previene a la Gracia otro festejo. Y las de todos humildes a vuestras plantas, diciendo: Con la música. Jeroglífico siempre de altos trofeos es unir un escudo, león y cordero.