Pedro Calderón de la Barca La inmunidad del Sagrado Auto sacramental alegórico Personas EL HOMBRE. LA GRACIA. LA CULPA. LA JUSTICIA. LA MISERICORDIA. LA MALICIA. ÁNGEL 1.º EL LUCERO. ÁNGEL 2.º EL MUNDO. LA TIERRA. EL AGUA. EL FUEGO. EL AIRE. EL MERCADER. Músicos. Sale el HOMBRE huyendo con asombro. ¿Adónde, de la justicia de Dios, delincuente huye mi temor, si no es posible que de su vista me oculte? Pues, cuando pudiera de alas vestirme y sobre las nubes volar al cielo, en el cielo está Dios; cuando procure de esotra parte pasarme del mar, será vuelo inútil, pues también de esotra parte del mar Dios está; cuando use de los senos de los montes, haciendo que me sepulte, de sus más cóncavas quiebras, la elevada pesadumbre de los montes, en los senos está Dios; y, cuando apure todo el universo y quiera que a él el abismo me hurte, aun en el abismo Dios está. Esperar a que enlute sus luces el sol, y a sombras de la noche disimule mi fuga, es error; que para Dios aun las sombras son luces, pues no hay día que le falte ni noche que no le alumbre. Y, supuesto que no hay lugar que a mí me asegure, no habiendo lugar que Él en cielo y tierra no ocupe, huya; no tanto porque, que pueda esconderme, juzgue, cuanto porque vea que hay respeto en mí que rehúse verle enojado. Y así, sean mis solicitudes que, ya que ha de hallarme, me halle temeroso. Troncos, dulces para mí un tiempo, ya amargos; moradas flores y azules, para mí un tiempo suaves y ya ariscas, pues producen vuestros matices espinas que, más que halaguen, injurien; si vuestras redes me amparan, si vuestras hojas me encubren, feliz seré aquel instante que, hasta encontrarme, me busquen los ministros de Justicia que tras mí el jardín discurren. Dadme, pues, en vuestro más retirado albergue ilustre, verde hospedaje en que pueda esconderme. Al ir a subir al carro, que será un jardín con una fuente en medio, con una cruz y siete caños por remate, aparece a su puerta el ÁNGEL 1.º con una espada en la mano. ¿Dónde subes, sangriento homicida? ¡Ten, bello abrasado querube, la espada, que -vara hoy de justicia- hacer presume prisión y castigo a un tiempo; pues en ondeadas vislumbres no hay vida que no amenace, no hay muerte que no ejecute! ¡Date a prisión! Bajan los dos al tablado y el ÁNGEL 1.º le prende de la mano. Si es sagrado el centro que en sí me incluye, ¿cómo en él prenderme quieres? Como mi obediencia cumple con llevarte a la real cárcel del Mundo, que no me incumbe a mí el juicio de si es sagrado o no. Tú allá acude a tus defensas. Llévale como por fuerza. ¡Protesto! ¡Cielo, sol, luna, astros, nubes, brutos, aves, peces, fieras, días, noches, sombras, luces, troncos, copas, fuentes, flores, montes, valles, mares, cumbres, que me sacan de sagrado! Será en vano que repugnes que de él te arroje. Cantado. ¡Ah del mundo, inferior centro a quien cubre de ese dorado artesón la iluminada techumbre! Dentro. ¿Qué quieres? ¿Qué mandas? ¿Qué dices? ¿Qué ordenas? Que atiendas, que oigas, que adviertas, que escuches. Cantado. ¡Ah del mundo! ¡Ah del mundo! ¡Ah del mundo! El frío letargo en que yaces sacude... El frío letargo en que yaces sacude... ...que hay divina voz que te manda... ...que hay divina voz que te manda... ...que atiendas, que oigas, que adviertas, que escuches. ...que atiendas, que oigas, que edviertas, que escuches. Como blandos ecos oigo. Que está en música, no dudes, puesta su fábrica, y, cuando su todo habla, es bien se ajuste a natural armonía. ¡Oh, mi llanto no la turbe! ¡Ah del mundo! ¡Ah del mundo! Salen TIERRA, MAR, AIRE y FUEGO, asidos unos de otros a unos trozos de cadena que traerán en las manos, y el MUNDO en medio del globo que formarán los cuatro, hasta que, empezando a representar, se aparta de ellos. ¿Quién llama? Ya que cláusulas comunes de tierra, mar, aire y fuego, que quiso Dios que circunden los términos de mi esfera, quiere también que articulen... ...que atienda, que oiga, que advierta, que escuche... ¿Quién, pues, me llama? Yo. Y, ¿qué quieres? Que, pues te presumen -o ya lo lamente Job, o ya Pablo lo articule-, cárcel de la vida cuantos pedirán que desanude Dios sus lazos y les saque de humanas esclavitudes, que, a fuer de alcaide, este preso recibas y le asegures con las prisiones de humano, hasta que su causa juzgue el claro sol de justicia. ¿Qué delito hay que le imputen, para asentar la partida, y que de él cure o no cure? Un voluntario homicidio. Malicia el delito incluye. Sale la MALICIA. ¡Y cómo que incluye, pues consigo a mí me introduce en las cárceles del mundo, para que en la servidumbre le asista de su prisión! Ya que a ella te reduje, con las esperanzas, Hombre, de que los tiempos se muden... Cantado. ...llora, gime, padece, suspira y sufre. Vase. Preso nuevo a la cárcel del Mundo acude; pague, pues, la patente. ¿Qué daros pude? Pues la entrada del mundo con eso cumples, llora, gime, padece, suspira y sufre. ¡Elementos! ¿Qué nos mandas? Que esa cadena que os une eslabonados -haciendo que más el concepto apure-, al ser cárcel -pues ninguno los márgenes interrumpe en que ceñido a guardar su línea se constituye-, le pongáis; que, pues a cuatro elementos se reducen los cuatro humores, que son de la ya mortal costumbre ligaduras, no mal viene que vuestros lazos le anuden. Pónenle las cadenas. Y yo los remacharé, pues en la Malicia suplen visibles yerros los no visibles que tras él truje. Preso nuevo los lazos del Mundo apure; pague, pues, la patente. ¿Qué daros pude, si mi ser, ya que en eso la entrada cumple,... ...llora, gime, padece, suspira y sufre? Trae el libro de la vida, en que la partida apunte de la entrega de este preso. Saca un libro. Aquí está. ¡Oh blanco volumen, en que cuantos nazcan consten hasta que su cargo ajusten y de la cárcel del mundo salgan, o bien donde purguen sus delitos, o mal donde los lloren! ¡Qué horror infunde el verle! ¿Cómo te llamas? Iglesia. Ese nombre dude. ¿Qué es Iglesia? Paraíso, de cuyo nombre es bien use, pues de él por fuerza me sacan. Y ¿qué es lo que de eso induces? La inmunidad de que goza para que... Di. ...no me juzguen fuera de él, mientras que a él, Mundo, no me restituyen como a sagrado. Y ¿en qué, cuando en aqueso te fundes, fundarás que paraíso sea Iglesia? En tres comunes lugares, que sabrás cuando dividir su nombre escuches en tres: terrestre, celeste y espiritual. ¿Qué arguyes de ellos? Que la Iglesia en todos ser paraíso concurre. ¿Cómo? Paraíso terrestre, si a Teodoreto construyes, junta de frutos es, nombre que a la Iglesia se reduce; pues ella es junta de fieles, que son frutos que fecunden cielos y tierras. Celeste es también, pues le traduce Tomás... ¿Qué? ...visión de Dios, y la Iglesia no hay quien dude, ser visión de Dios, pues es aquella ciudad ilustre que verá la Apocalipsis. Espiritual, si acudes al Casense, pues dirá que, como a mí con virtudes me puso en el paraíso Dios cuando el alma en mí infunde, así a su Hijo en la Iglesia le pondrá, cuando se junten divino y humano ser. Y Tertuliano concluye en que, como del costado mío a la mujer produje, Cristo del suyo a su Iglesia. Conque en tres sentidos pude -«terrestre para», «celeste goce», «espiritual alumbre»- fundar, no sin tres razones, que la Iglesia se intitule el paraíso de Dios, donde viva, reine y triunfe. Y siendo así que ya Iglesia y paraíso se aúnen a ser uno mismo, bien, cuando de él me destituyen, pretendo valerme de ella, y, acúseme o no me acuse la Culpa, «Iglesia me llamo». Mientras el fuero renuncies, la competencia se forme, tu abogado lo articule, tu procurador lo alegue y la Justicia lo ajuste, dar cuenta de ti me toca. Di el nombre; sepa quién hube a cargo. «Iglesia me llamo»; y más no me lo preguntes, porque no tengo otro nombre, ni le he de tener, ni tuve. Cuando con eso te salgas -que habrá quien lo dificulte-, con restituirte sólo como te hallaron se cumple con la inmunidad. Y así, no será bien que aventure yo las costas que en la cárcel del Mundo causes; procure, pues, asegurarlas. ¡Tierra! ¿Qué quieres? Que no tributes, desde hoy, al Hombre tus frutos, en que hago embargo. No dudes que, desde hoy, de mí no tenga en mis haberes más útil que comer de lo que afane y beber de lo que sude. Mar, en tus aguas también le hago embargo, sólo guste en terrestres minerales, viciados tus arcaduces, las amargas y salobres. Y aun esas le haré que enturbie él mismo por no mirarse. De los alientos le acude, Aire, tú con sólo aquéllos que suspirare. Presumo que tan contados serán que, al ver que los disminuye, con cada uno estaré a mira de cuándo el número cumple. A mí no me digas nada. Yo le empañaré mis luces de nieblas, y haré que, a tiempos, relámpagos le deslumbren, a truenos que le estremezcan y a rayos que le atribulen. Agora, sin que las costas del carcelaje me usurpes, sigue el pleito o no le sigas. Vase. Y lo que en la cárcel dures, pues que nuestras patentes a eso reduces... ...llora, gime, padece, suspira y sufre. Vanse. Malicia, ¿cómo tú sola no me dejas y no huyes tú también de mí? Yo soy un pobre diablo; no tuve nada que en mí el Mundo embargue; y así, sin que de mí cuide, me dejó, porque se vea cuán antigua es la costumbre de no hacer el Mundo caso del pobre. También resulte saber que el Mundo no aparta las malicias; mas procure apartarlas yo: conmigo no vengas. Mientras no triunfes con sentencia en favor, no es posible que no dure yo a tu lado. Huiré de ti. Seguiréte yo. No apures mi paciencia, que no hay vicio que siga a hombre que de él huye. Sí hay, mientras lleva arrastrando la cadena. No me ayudes tú a llevarla que, pues fueron de ella mis ingratitudes los eslabones, yo solo debo llevarla. Virtudes celestiales, ya que fuistis a mis ciegas inquietudes ministros, seldo a mis quejas, y, en la acción que se introduce de que el sagrado me valga, duélaos el ver que procure echar de mí a mi Malicia, por más que aflijan y angustien mi vida acentos a quien repetidamente escuche: Llora, gime, padece, suspira y sufre. Vase, llevando al hombro la cadena y, continuando la MÚSICA, salen, como oyéndola a lo lejos, la GRACIA, por una parte, y, por otra, la CULPA. ¿Qué hará en la cárcel agora el Hombre infelice? Llora. En la prisión que le oprime, ¿qué hará agora el Hombre? Gime. Cuánto mi pecho enternece oír que, mísero,... ...padece. Cuánto lisonjea mi ira oír que, afligido,... ...suspira. Y que, en mortal pesadumbre,... ...llora, gime, padece, suspira y sufre. ¡Malicia! Dos me han llamado, y, indiferente a los dos, responderé. ¿Cómo? A vos A la GRACIA. alegre, y a vos turbado. A la CULPA. Alegre a vos, porque sé A la GRACIA. que os ha de agradar deciros que, en los ásperos retiros del mundo, el Hombre se ve abatido y desdichado. Llora la GRACIA. Turbado a vos, porque infiero A la CULPA. que ha de pesaros cuán fiero el extremo a que ha llegado es, pues, su hacienda embargada, perece el pobre señor, Alégrase la CULPA. si no es que de su sudor coma. Mas la acción trocada llego a ver, alegre vos, vos triste. ¿No ha de pesarme su pena? ¿No ha de alegrarme su mal? No entiendo a las dos. Decid, Culpa, ¿vos no fuistis en favor de quien lidió en aquel duelo? Sí. Y ¿no fuistis, Gracia, quien le vistis contra vos? Sí. ¿Cómo os vio tan trocadas su desgracia? Como eso es ser yo la Gracia,... Y eso es ser la Culpa yo,... ...que aun lidiando contra mí, he de sentir su dolor. ...que aun lidiando en mi favor, me he de holgar de verle así. Quizá uno ni otro ha de ser. ¿Cómo? Como en la prisión declina jurisdicción, diciendo le ha de valer el sagrado, de que ha sido violentamente sacado. ¿Cómo valerle sagrado a un Hombre tan forajido? ¿Qué sé yo? Pues sólo sé que, por nuevo nombre y fama, dice que Iglesia se llama. ¿Iglesia? Sí. Ya en mí fue fuerza ampararle. Primero yo, como brazo seglar a quien toca el castigar, previne el juicio y espero proseguirle. Yo también, brazo eclesiástico, piensa que sabré hacer su defensa. El crimen soy, ante quien la cabeza del proceso está fulminada. En mí estilo ordinario es... Di. ...oponerme al duro exceso de tus sañudas violencias. Ordinario y crimen ya hay, ¿qué va que el pleito va a Sala de Competencias? Yo llevaré la discordia de que consta su malicia al tribunal de Justicia. Yo, al de la Misericordia. Con que verán los mortales formar, en sus conferencias, la Sala de Competencias de diversos tribunales. No hará, porque, en caso igual, el Consejo Real es quien ha de juzgar. Está bien. Mas, ¿quién al Consejo Real le quita que, a estas sentencias, sea sala, su regalía, de competencias, el día que juzga de competencias? Fuerza es que ésta no se tuerza. Y fuerza estotra amparar. Conque se vendrá a fundar todo en si hace o no hace fuerza. Vase. ¡Lucero! Sale el LUCERO. ¿A qué me has llamado? A que, pues viste el error del Hombre, su relator, un memorial ajustado hagas dél. ¿Qué error mortal hay, que en memoria no esté mía? Poco o nada haré en hacer el memorial. ¡Custodio! Sale el ÁNGEL 2.º ¿Qué es lo que quieres? Que, pues te dio el cielo nombre de procurador del Hombre, vea el Mundo que lo eres en esta causa. Sí haré, porque tenga en su desgracia ángel de justicia y gracia. Pues llámale a que te dé poder. Llega el ÁNGEL a la prisión. Antes que él aquí poder dé a procurador, la confesión de su error ha de hacer. ¿Ante quién, di? Ante quien le toca hacella. ¿Secretario de su vida, su conciencia convencida no es? Examínele ella. Verás cómo no la puede su error negar. Salen el MUNDO y la MALICIA, como arrojando al HOMBRE al tablado. ¡Ah, tirana Culpa! ¿No basta ser tú de mis desdichas la causa, sino hacerte agora parte fiscal? Claro es que no basta; y pues principio asentado ha sido en letras humanas y divinas que la Culpa, al que hoy la sirve, mañana le fiscaliza, pasemos al estilo de la instancia. ¿Cómo te llamas? Iglesia me llamo; y otra palabra no esperes que de mí oigas; que, el día que declinada tengo la jurisdicción, tú no eres mi juez, y a nada obligado a responderte estoy; pues, cuando hacer haya confesión, será de ti, mas no a ti, sino a la Gracia, a quien del sagrado toca la inmunidad. Y así, ingrata Culpa, pues apelo a ella, vea el Mundo, puesto entre ambas, que en ti pude cometerla pero en ella confesarla. Pequé, Gracia, contra ti; esta confesión me valga para que mi causa tomes a cargo y, piadosa, salgas a mi defensa. Poder da al procurador. ¿No basta el suyo? No, que han de ser tus acciones voluntarias. Pues yo, voluntariamente, Al ÁNGEL. te suplico que me valgas. En esa resignación incluyo el poder. Repara, Mundo, que el preso no entregues a jurisdicción contraria, pues ves por ahora inhibida la Culpa, pena de tantas censuras, que llegarás a ver muertas y apagadas en agua todas tus luces. No pases a pronunciarlas, que ya me asusta el juzgarme tal vez anegado al agua y tal consumido al fuego; yo lo oigo y le tendré en guarda en tanto que, el mandamiento, la que venciere la instancia, o bien de restitución o bien de muerte, me traiga. Vase. ¡No es nada lo que a decir va de uno a otro! Declarada la competencia -¡oh!-, el cielo ayude mis esperanzas. Vase. Aunque en esta confesión, el Hombre de sí me aparta, no bien de sí me echa, en tanto que el cargo no satisfaga. Y así habré de estar con él. Vase. Aunque por el Hombre hagas finezas que no le debes... Aqueso, Culpa, es ser Gracia; pues, a debérselas, fuera Justicia. ...no me acobarda la competencia. En derecho sabré informar, que así arrastra mi ser las leyes; pues no hubiera en la vida humana culpa si no hubiera ley: díganlo en sentencias varias Ambrosio, Agustín, Tomás. Pues, cuando en su culpa agrava la transgresión de las leyes, claro está que quebrantarlas no pudiera sin saberlas; y así, en Derecho, mi instancia sabré fundar. Yo también la mía, pues, a contraria razón, leyes sabrá quien las sabe para guardarlas. Pues ¿qué es, Culpa, lo que esperas? Pues ¿qué es lo que esperas, Gracia? Al claro sol de justicia en ruidosas voces clama, que al mundo estremezcan. Tú, en sonoras voces blandas, que al cielo, Gracia, enternezcan, de misericordia llama también al sol. Atendamos a cuál responderá de ambas. ¡Oh tú, claro sol de justicia, a quien sirve de sacro dosel el celeste zafir;... Cantado. ¡Oh tú, de piedad claro sol, a quien es sagrado sitial el purpúreo viril;... ...tú, que a rumbos los ámbitos corres del orbe, ilustrando uno y otro cenit;... Cantado. ...tú, que inmoble los ciñes, pues nunca se vio que tu oriente transcienda el nadir;... ...tú, a cuyos rayos agobian los montes la más elevada y erguida cerviz;... Cantado. ...tú, a cuyo albor, humildes los valles su falda guarnecen matiz a matiz;... ...escucha mi voz, pues no por ser mía debió tu Justicia dejarla de oír;... Cantado. ...atiende a mi llanto, pues debe, por mío, tu Misericordia a su ruego acudir;... ...rasga, pues, a relámpago y trueno, las nubes que densas te embozan en sí;... Cantado. ...las nubes que en sí te recatan, despliega en hojas de rosa, clavel y jazmín;... ...y pues que por mí eres sol de venganzas,... Cantado. ...y pues de piedades sol eres por mí,... ...que te halle permite... Cantado. ...permite te encuentre... ...mi voz horrorosa! Cantado. ...mi acento sutil! Suenan las chirimías y ábrese el carro del sol, y vense dentro de él, sentados en un trono, la JUSTICIA, con una espada desnuda, a la mano izquierda y a la derecha la MISERICORDIA, con una oliva. Ya, en solio de luz, el sol de justicia, ¡oh Culpa!, te oye. Cantado. Ya en trono feliz de estrellas, ¡oh Gracia!, el sol de piedades y misericordias también te oye a ti. Pues ya que, de más tribunales que uno,... Cantado. ...su juicio compone quien va a competir... ...en justicia,... Cantado. ...en misericordia..., ...oíd,... Cantado. ...escuchad. Empezad. Cantado. Proseguid. Puesto, divina Justicia, que prender al Hombre mandas y das audiencia a la Culpa,... Cantado. Puesto, Piedad soberana, que preso una vez el Hombre, audiencia das a la Gracia,... ...ante ti, como fiscal -pues es consecuencia clara, ya lo dije, que la Culpa es la acusación del alma-,... Cantado. ...como abogada ante ti -pues cierto es ser abogada la Gracia día que dijo María quien dijo gracia-,... ...parezco a expresar agravios de quien inhibirme trata la jurisdicción, queriendo que al Hombre el sagrado valga. Cantado. ...a implorar auxilios vengo, para que al Hombre, a quien sacan de sagrado sitio, a él le vuelvan sus esperanzas. Cantado. ¡Justicia! ¡Piedad! Y en clemencia... En venganza... Cantado. ...tremola la oliva. ...esgrime la espada. Divina Misericordia, ya una vez hecha la causa, y siendo yo quien le prende y a quien el delito agravia, no puedes dejar de verla tú en justicia. La demanda puesta una vez de que el Hombre, pues del sagrado se ampara, sea oído, tú tampoco puedes dejar de aceptarla en misericordia. Pues, para que el relator traiga el pleito y la relación venga a hacer, el día señala a su vista. Ya está aquí la relación ajustada. Sí, pero no están corridos los términos que al reo faltan de gozar. Pues en estado venga, y las partes citadas, que yo y la Misericordia,... ...que yo y la Justicia,... ...hermanas de un parto,... ...hijas de un concepto,... ...un principio,... ...una sustancia,... ...poder,... ...ciencia,... ...amor,... ...ministros... ...de la Causa de las causas,... ...la sala a la competencia formaremos. Y formada una vez, pronunciaremos sentencia que es bien a ambas;... ...a cuya vista, las puertas abiertas,... ...a cuya instancia, público el juicio, dirá el tiempo,... ...dirá la fama... ...que otra vez vuelva a verse si se restauran,... ...otra vez vuelva a verse si se restauran,... ...en los términos de otra legal batalla,... ...en los términos de otra legal batalla,... ...alegóricos duelos de Culpa y Gracia. ...alegóricos duelos de Culpa y Gracia. Con la música y chirimías, vuelve a cerrarse la apariencia. Para que la citación conste a la parte contraria... Porque los términos corran sin atrasar esperanzas... ...tú, Culpa, segunda vez, el cielo a bramidos rasga. ...segunda vez, Gracia, tú, a quejas el cielo ablanda. Sí haré, con David diciendo, cuando a Dios pida venganzas: Sí haré, en el Eclesiastés diciendo cuando le amansa: «Para exaltarte a ejercer iras, Señor, te levanta». Cantado. «En el día del pecado, Señor, tu Piedad ensalza». Con ese terror no dudes... Cree que con esa templanza... ...otra vez vuelva a verse si se restauran en los términos de otra legal batalla alegóricos duelos de... Interrumpen canto y voces, clarines y cajas en el carro de la nave, y, dando vuelta, se ven en ella algunos marineros, y el MERCADER en la popa, con banda, plumas y bengala. En la nave. ¡Amaina, amaina! ¿Qué misterioso bajel es el que, sobre las aguas, a tomar tierra, corriendo viene mortales borrascas? ¿Qué hermosa nave es aquella que, a soplos de austros y auras, aun con el alba viniendo, viene sin romper el alba? Parece que del Ofir el rumbo tray. Y las blancas flámulas de paz demuestran ser el Mercader, que anda buscando la margarita preciosa. En el rojo nácar de sus jarcias más semeja -según alegres se cambian, de un encarnado arrebol, cielo y tierra- que retrata la nave del Mercader, que ya de trigo cargada viene a abastecer el mundo. Aunque ambas señas son malas para mí, pues margarita o trigo me afligen ambas,... Aunque para mí ambas señas alientan mis confianzas... ...no por eso he de dejar de proseguir la empezada notificación, que al viento irá esparciendo mi rabia. Ni yo la que al cielo harán mis siempre piadosas ansias. Pues diga tu amor... Pues digan tus sañas... Voces, música, cajas y trompetas, y todo a un tiempo, y da vuelta la nave. ...que otra vez venga a verse si se restauran, en los términos de otra legal batalla, alegóricos duelos de Culpa y Gracia. Vanse los cuatro. Amaina, amaina la vela, y tome puerto en la playa del mundo esta nave que hoy, combatida de las aguas, triunfante se verá cuando vea su vaga inconstancia que no bastó a sumergirla aunque bastó a zozobrarla. Bajando al tablado. Amaina, digo otra vez, y, pues que soy con quien hablan esas repetidas voces, da fondo y aferra el ancla sin hacer salva a los montes, que no faltará quien haga, dando al suelo paz y al cielo gloria, en mi venida salva. Ninguno a tierra conmigo venga, en consecuencia clara de que nadie tomó tierra como yo, y ser yo a quien llaman alegóricos duelos de Culpa y Gracia. ¡Salve, oh cárcel de la vida, cuyas prisiones me atan, ya al yelo que me estremece, ya al calor que me desmaya, ya al cansancio que me aflige, a la sed que me maltrata y al hambre que me fallece, sujeto a las destemplanzas de mortales propensiones! Salve y admite en tu estancia al que, el logro de sus ciencias, a hacer demonstración alta de ser la Sabiduría, en esa nave se embarca; pues el día que, las dos que litigan, una clama... Dentro. ...«para exaltarle a ejercer iras, Señor, te levanta»,... ...a tiempo que la otra dice en más dulce consonancia... Dentro. ...«en el día del pecado, Señor, tu piedad ensalza»... ...claro está que soy yo a quien, una y otra, a un tiempo llaman, pues a la Misericordia y Justicia invocan ambas, siendo como son Justicia y Misericordia, en sacra competencia, cada una entera mitad del alma; y más cuando las dos dicen, mezclando queja y templanza... A un tiempo. ...«para exaltarte a ejercer iras, Señor, te levanta; en el día del pecado, Señor, tu piedad ensalza». Salen detrás de una reja, que estará en el tercero carro, el HOMBRE y la MALICIA con una caña y un sombrero en ella. ¡Duélanse de aquestos pobres! ¿Qué es, Malicia, lo que tratas? Pues que por nuestra prisión sucesivamente pasan los siglos, a fuer de preso, pedirles limosna. ¡Hagan bien a estos encarcelados tristes y afligidos! Calla, Malicia, porque, si tú la pides, ¿quién ha de darla? Quien la da a cojos hechizos y mancos adrede. Aparta, que a mí me toca pedirla. Pues toma sombrero y caña. ¿Para qué? Que esta limosna pedirla con llanto basta. Pues pídela con un salmo. Veamos con él lo que alcanzas. Vase. La parte allí de la Culpa castigo pide y venganza, cuando piedad y clemencia pide aquí la de la Gracia; conque entre Misericordia y Justicia, en soberana cuestión, dudara, a poder dudar yo, escuchando a entrambas. Desde el más profundo seno, Señor, más lóbrega estancia, a ti clamé. Oye mis voces, haciendo los oídos abra de tus piedades la humilde deprecación de mis ansias. Mas, tercera voz escucho, a la parte que sonaba la de la Gracia, trocando en quien llora lo que canta. El Hombre es y dice: ¿Quién sustener podrá a tu airada justicia el golpe, si tú sus iniquidades guardas? Desde el calabozo gime. ¡Oh, qué de cosas retrata ver que desde un limbo diga!... Desde la noche hasta el alba, desde el alba hasta la noche, Israel tenga esperanza que está la Misericordia con el Señor, en quien se halla copiosa la redención, día que él mismo restaura todas las iniquidades. Vase. En llanto la voz trocada, tras sí me lleva. ¡Mortal, llora, que aunque en Dios no haya más ni menos, hay un cierto reservado amor que añada accidental gloria el día que, el peso, hacia la balanza de gracia y misericordia, el fiel con el llanto carga! ¡Gracia! Sale la GRACIA leyendo en un libro. ¿Quién me nombra? Pero no lo digas, que dejara de serlo si no supiera quién eres; bien que, turbada de verte en estos desiertos, vida y sentidos se pasman. ¿Qué venida al mundo es ésta y en traje que me retrata al muerto género humano, de quien traes la semejanza, como revivido en ti? La de querer hacer sabia demonstración de mis ciencias en la alegórica instancia de la vista deste pleito, enseñando al mundo cuánta mi eterna sabiduría es. Y así, cuando sulcaba, mercader de trigo y perlas, esas salobres campañas del mar de la vida, oyendo las voces que al cielo daban Gracia y Culpa, tomé tierra; y, aunque llamado de entrambas, a ti me incliné primero que a la Culpa. ¿Qué estudiabas? Las leyes que he de alegar. Y ¿qué es lo que en ellas hallas? Nada que no sea en el Hombre romperlas y quebrantarlas, pues la natural y escrita ofendió. Esas leyes pasa; ve a la tercera, quizá texto habrá que satisfaga la acusación de la Culpa. Desde aquí las hojas blancas del libro están todas. Pues muestra, que yo he de llenarlas, cumpliendo de ese volumen lo que a la Escritura falta, con la nueva información que, en derecho, en favor haga del Hombre, ya que a su llanto me compadecí. Aunque nada dudo en tu poder, tu amor y tu ciencia, me acobarda haber de verse en justicia su pretensión, soberana esencia, tan igual tuya, tan tu ser, tan tu sustancia, como la misericordia. Ley habrá que satisfaga la justicia y restituya al sagrado de su patria al Hombre. ¿Dónde está? Atiende. Hablan los dos aparte hojeando el libro, y salen por otra parte LUCERO y CULPA con otro libro. En fin, Culpa, que no hay tabla de primera y de segunda ley que infinito no agrava del Hombre el delito. Y tanto que le excluye y que le aparta de cuantas defensas puede la Gracia hacer, pues no alcanza su poder a lo infinito de su culpa. Pero, aguarda, Ve a los dos. ¿qué perdido pasajero, ya de aquesa nave salga, ya de esos montes descienda, es el que con ella habla, y en la ley, pues es su libro el que hojean? No sin causa me admira, Culpa, que tú no le conozcas, ni haya tenido yo más noticias de él que tú. ¿Cuándo su entrada sería al mundo que a los dos se escondiese? No sé. Llama al Mundo que nos lo diga, pues a los umbrales se halla de su prisión. Llega a la reja y en baja voz, llamándole, sale el MUNDO. ¡Mundo! ¿Qué es lo que quieres? Que nos hagas sabidores quién ha sido aquel hombre. Si os espanta no conocerle, a mí y todo, con asombro de que haya de haber pluma que decir pueda que, al verle en su estancia, aún no le conoció el mundo. Llega tú a saberlo. Helada, confusa, absorta, suspensa, yerto el pecho, muda el habla, balbuciente el labio, atado el corazón, presa el alma, al irme a acercar a él mover no puedo la planta. Llega tú, pues que no puede llegar a él la Culpa. Tanta es la ira que al llegar a hablar con él me arrebata que estaba por tomar piedras que usar, en vez de palabras. ¿Huyendo vuelves? ¿A quién su semblante no acobarda? ¿Qué hará al Mundo, si a los dos turba? Con esto, en la sala alega esta nueva ley que a escribir voy, que en su instancia yo daré la explicación Vase. Si tú las das, y a alegarla llega la Gracia, ¿quién duda, que será la «ley de gracia»? Vase. Síguele, Culpa. No puedo. Síguele, Lucero. Vana es mi osadía. ¿Quién vio al Mundo en confusión tanta como un hombre ha introducido en él? Más es la que falta, pues dijo que a escribir -según veloces a mí llegaron sus lejanas voces-, en el monte se queda, nueva ley que la Gracia alegar pueda, y tan solo se halla en él -con el fervor de meditalla- que, a sueño, sed, cansancio ni hambre atento, sólo con respirar vive contento. Pobre porción conforta su angustia, mas tan mísera, tan corta, que es de sólo silvestres frutas llena. ¡Oh, no pase a viandas de otra cena, mas pase al ver, cuando de estancia mude, que será donde llore, gima y sude, tan en sangre bañados sus verdores que tiña en sacra púrpura las flores! Ya una vez meditada la ley que ha de escribir, no bien cortada caña la pluma infiero; el papel, la corteza de un madero; y la tinta, la sangre que derrama. ¡Oh, ¿para cuándo? Las chirimías y atabalillos. Mira que nos llama la salva en que se indicia que la Misericordia y la Justicia concurren ya. Pues lo historial dejemos y a lo mixto alegórico tornemos. Ven, que aunque nueva ley la Gracia arguya, ¿qué Iglesia hay a que al Hombre restituya? Vanse los dos. ¿Quién creerá que ha quedado el Mundo tan suspenso, tan turbado que, hasta ver la sentencia de tanta misteriosa competencia, no cobrará perdidos los alientos? Y así, asistido de los elementos, a la vista he de hallarme; y bien lo fundo, pues esta causa ha de constar al mundo. Las chirimías y atabalillos, y salen por una parte el ÁNGEL 1.º, la TIERRA y el FUEGO, el LUCERO, la CULPA y la JUSTICIA, con un CORO de música; y, por otra, el ÁNGEL 2.º, el MAR y el AIRE, la GRACIA y la MISERICORDIA, con otro coro; dan vuelta en dos alas al tablado, al compás de la música, hasta llegar a verse MISERICORDIA y JUSTICIA. Cantado. ¡Venid, mortales, venid;... ...venid, venid a la vista... ...del pleito que tratan la Gracia y la Culpa... ...y misericordia han de ver y justicia! ¡Venid, mortales, venid;... ...venid, venid a la vista... ...del pleito que tratan la Gracia y la Culpa... ...y misericordia han de ver y justicia! Venid, que a todos os llama... Venid, que a todos os cita... ...el procurador de las misericordias. ...el ejecutor también de las iras. ¡Venid, venid a la vista del pleito que tratan la Gracia y la Culpa, y misericordia han de ver y justicia! ¡Venid, mortales, venid; venid, venid a la vista del pleito que tratan la Gracia y la Culpa, y misericordia han de ver y justicia! ¡Venid, que a todos os llama; venid, que a todos os cita el procurador de las misericordias, el ejecutor también de las iras! La Tierra que te dio el fruto bien es, Culpa, que te asista. Y a ti, Gracia, el Agua, pues las lágrimas te ministra. Bien como Justicia, el Fuego, a ti que los rayos vibras. Y a ti, gran Misericordia, el Aire con que suspiras. Conque, dividido el Mundo en bandos, se significan las diversas opiniones que en esta causa militan, haciendo que todos juntos una y otra vez repitan: ¡Venid, mortales, venid, venid, venid a la vista, del pleito que tratan la Gracia y la Culpa, y misericordia han de ver y justicia! ¡Venid, mortales, venid! ¡Venid, venid a la vista del pleito que tratan la Gracia y la Culpa, y misericordia han de ver y justicia! ¡Venid, que a todos os llama; venid, que a todos os cita el procurador de las misericordias, el ejecutor también de las iras! Otra vez a tus brazos rinda la oliva de mi paz. En lazos de opuesta unión, también miré embotada yo otra vez la cuchilla de mi espada; pues, por aquesta vista, dirá el profeta poético salmista que se vio la verdad nacer del suelo, y la justicia descender del cielo, y que cuando una y otra se miraron, la paz y la justicia se abrazaron. Deja tú, a quien la puerta guardar tocó, la de este juicio abierta. Ya lo está, pues ha entrado a él todo el mundo. Llega; éste es tu lado. El relator prosiga el hecho. Siéntanse las dos; a la mano derecha la MISERICORDIA. Y, en silencio, el Mundo diga que se atienda a la vista... ...del pleito que tratan la Gracia y la Culpa, y misericordia han de ver y justicia. En real jardín soberano a un desafío salió el Hombre, en que muerte dio a todo el género humano; esconderse intentó en vano, y, llevado a la prisión del Mundo, es su confesión ser de sagrado sacado. Y hasta volverle a sagrado declina jurisdicción. La parte hable de la Culpa. En cuatro puntos fundado hace un criminal delito mayor o menor su cargo. Estos son: la gravedad de él; por quién fue ejecutado; contra quién; y con qué causa. Discurra agora en los cuatro. Tan graves de este proceso son todos, que en él no hallo tan sólo uno por quien deba el reo ser escuchado en las defensas que intenta jurisdicción, declinando seglar; pues, cuanto a delito, homicidio es voluntario; cuanto a quien le cometió, una vil criatura; cuanto contra quién, contra el Criador; y la causa, tan liviano interés como la fácil golosina de un bocado; de suerte que no hay menor circunstancia, menor rasgo en el cuerpo del delito que no esté a voces clamando capital pena de muerte, pues que la ley quebrantando natural, ni a Dios amó ni al prójimo; y si pasamos del derecho natural divino al escrito en mármol, también natural divino, veremos su soberano precepto, tabla segunda, ley quinta, tan quebrantado que dice después su glosa -Mateo, evangelio cuarto- «quien mata, muera», por boca del legislador más sabio. Hasta aquí la gravedad del delito es; y pasando a quien le comete -atento a ley que manda en tal caso considerar la persona y la causa del agravio-, nada en su favor milita, pues, siendo considerado el sujeto, es el vil polvo del lodo, el mísero barro del limo, que fue y será gusano de los gusanos. Y, si vamos a la causa, tan leve es que es un vedado fruto solo -a quien gozaba el dulce sabor de tantos-, con que le agrava la ley -tocada también de paso- de repúblicas, que hicieron penas aparte al ingrato. De suerte que, convencido a que debe morir, vamos a que no debe gozar la inmunidad del sagrado -que es lo que a esta sala toca-, primeramente, fundado en que hay lesa majestad, pues contra Dios conspirando pretendió ser como Dios; y, aunque es principio asentado que no le valga esención de divino ni de humano fuero al traidor, no tan sólo de aquesta razón me valgo, sino aun de otra mayor, que es la consecuencia que saco de todo este antecedente, para que aun de sus descargos consten mis acusaciones. El mismo primero espacio donde cometió el delito fue de donde fue sacado; o él era sagrado o no; si no lo era, intenta en vano valerse de él; si lo era, él fue a quien se hizo el agravio, pasándose de homicidio a sacrilegio, y es llano que al que el sagrado violenta, supuesto que sojuzgado queda a su divino fuero, valer no debe el sagrado. La parte hable de la Gracia. Sí haré, en estilo contrario; pues cuanto asombrando dijo la Culpa, diré llorando. Cantado todo esto en estilo recitativo. Lo grave del delito empiezo confesando -y que está dignamente a muerte condenado-, para que en mí se vea que defender no trato la parte de lo injusto, sino la de lo sacro. Y así, en cuanto a que sea tal del Hombre el pecado que le eche y destituya de su piadoso amparo, aquella ley alego del poder que ha gozado la regia potestad; pues que no se da caso que el príncipe no pueda dispensar; y es en tanto más rey en cuanto más remite sus agravios: más puede perdonar Dios que él pecar. Y en cuanto a que el sagrado excluya al que ofende el sagrado, echadiza serpiente, con alevoso trato, en él a la mujer persuadió, con que es llano que el engaño fue quien le violó; y en tal fracaso, vale el sagrado a quien le pierde por engaño. Y es tanto lo que estima Dios de él el culto santo que ciudades enteras -del Jordán hable el paso- manda que le dediquen, sólo porque en sus claustros tengan los delincuentes seguridad y amparo. Y siendo así que dijo por Ezequiel su labio: «en cualquier hora que llore el Hombre escuchado de mí será», y prosigue, por él mismo jurando: «¡vivo yo!, que no quiero -que hay juramentos santos- del pecador la muerte, sino humilde y postrado, que se convierta y viva; bien su remedio aguardo». Pues justo es con dos textos, del mismo Dios entrambos, y dos sagrados, pues también son dos sagrados paraíso y Iglesia, que uno le valga, cuando tiene uno para paga y otro para resguardo. ¿En qué ley ese segundo sagrado hallas, que no alcanzo yo ni en natural ni en escrita? En la de Gracia. Aquí en blanco está lo demás del libro, ¿qué ley es que no la hallo? Sale el MERCADER con la cruz que sacó al principio el cielo, y con terremoto se turban todos. La que yo escribí con sangre en las cortezas de este árbol. Pues, ¿cómo...? Si... ¿Cuándo...? Yo no puedo mover el labio. Ni yo respirar alientos. Ni yo no padecer pasmos. El terremoto. ¡Qué admiración! ¡Qué prodigio! De mis elementos cuatro, igual es la confusión. Deja asombrar los humanos. Sí haré, y aun a los divinos. Claro está, si aun yo me espanto. Claro está, si aun tiemblo yo. A pesar de asombros tantos no rendida -en vano aliento- he de hablar -respiro en vano-: peregrino mercader, que ya de trigo cargado, ya de hermosas margaritas, en los estériles campos del mundo, tomaste tierra, del muerto género humano revividas las cenizas, ¿qué ley es la que -pasando de una metáfora en otra: de mercader a abogado- en favor alegar piensas del Hombre? La que ha citado la Gracia, por quien verás que «ley de gracia» la llamo. Y ¿qué esperas conseguir de ella? Que, del Hombre el daño viendo en los términos mismos el remedio, sea al sagrado restituido. ¿En los mismos términos? Sí. Al cómo vamos. Por más que el Hombre confiese, gima y llore su pecado, siendo como es infinito, no puede todo su llanto satisfacción infinita dar en tan supremo grado que satisfaga en rigor de justicia. Y más hoy cuando, de mí aclamada, a este juicio asiste. Sí puede, dado que haya mérito infinito que, divinamente humano, por él satisfaga. ¿Cómo? Del primero Adán pasando la deuda al segundo Adán. Segundo Adán, ¿dónde o cuándo le hay? Ve acordando el primero, irás el segundo hallando. El primero Adán, del sumo poder de Dios, fue criado a su hechura y semejanza en el damasceno campo. De ese mismo poder fue, si no criado, engendrado a imagen suya el segundo Adán en el real palacio de más superior esfera. El primero, trasladado del hermoso paraíso, fue al verde florido espacio. También el segundo, pues fue el primero feliz paso que dio al bello paraíso de un virgen fecundo claustro. La feria sexta o el día sexto, a quien después llamaron véneris, fue del primero Adán el oriente claro. El día viernes, del segundo, no fue oriente sino ocaso; que en él, lo que erró naciendo uno, otro enmendó expirando. El primero, por hacerse divino, quebró un mandato. El segundo, por cumplir un decreto, se hizo humano. La hora de prima sería cuando, viéndose hermoseado, se desvaneció soberbio. A esa hora misma fue cuando se afeó, humillado, estotro al improperio tirano de sacrílegas salivas. La de tercia entró triunfando éste en los reales jardines. Esa misma, ensangrentado, salió de Jerusalén estotro para el Calvario. Entre ella y la sexta, éste extendió al árbol la mano. Y estotro, entre tercia y sexta, también extendió los brazos sobre el ara de la cruz. En ella gustó el bocado dulce a él y amargo a todos. Y en ella, el sabor trocado, probó el mirrado licor, dulce a todos y a él amargo. Del paraíso a la nona fue por justicia sacado. Por misericordia a él, fue a esa misma hora llamado otro homicida, sangriento, alevoso, temerario facineroso, cruel y ladrón, que es, para el caso de hoy, no poca consecuencia. ¿Qué importa, si desdichado y preso el primero Adán, fue a esa hora condenado a comer pan de dolor? Mucho, que en ella, el costado del segundo Adán, abierto, fuente fue de siete caños de cuyos divinos siete sacramentos el más alto fue otro pan de vida. ¿Pan de vida? Sí, pues, dejando de ser pan, pasó a ser carne y sangre, transustanciado debajo de sus especies mi cuerpo en su velo blanco. ¿Quién lo dice? Yo lo digo. Y ¿bastas tú? Sí, yo basto, que soy la misma Verdad. No más, no más, porque a tanto prodigio, tanto misterio, me deslumbro; y, confesando que en términos me has vencido, dudo, gimo, tiemblo y pasmo. Cae a sus pies la CULPA amortecida. Y yo, vencida la Culpa, áspid soy; tras ella arrastro, pecho por tierra, las duras escamas en que me abraso hasta arrojarme a sus pies. Cae el LUCERO también a sus pies, y con los versos que dicen, la JUSTICIA atraviesa la espada en la cruz que tiene el MERCADER en la mano, y la MISERICORDIA la oliva, poniendo cada una el pie sobre los dos, de manera que el MERCADER, en medio con la cruz, la CULPA y el LUCERO, postrados, la JUSTICIA y la MISERICORDIA triunfando de ellos, forman las armas de la Inquisición, con la cruz, la espada y la oliva. Cuando no os rindierais ambos, os rindiera yo a los golpes de mi espada. Yo, a los ramos de mi oliva. Cielos, ¿qué jeroglífico han formado la cruz, la espada y la oliva, a sus plantas sus contrarios? El que escudo de la Fe será, habiendo yo llegado a ver, del primero Adán lo infinito del pecado, con el mérito infinito del segundo, restaurado; tan en términos que, en todo rigor de justicia, me hallo satisfecha; pues dirá en su explicación Bernardo que, hallándose a un tiempo Dios de la justicia llamado y de la misericordia, con ambas cumplió, dejando a la justicia que muera quien fue a muerte condenado, pero, a la misericordia, que muera en mejor estado. Y así, atenta a la divina nueva ley de gracia, fallo -pues la justicia es que muera y la gracia a más descanso- que debe restituido ser el Hombre del sagrado a la inmunidad, supuesto que el eclesiástico brazo de la gran misericordia no hace fuerza en este caso, día que el que satisface sacrificio es voluntario. Y así, Gracia, pues la nueva ley que alegas ha sacado tan en favor la sentencia, publícala desde el alto monte tú, del Nuevo ya Testamento. Feliz llanto fue el mío, pues, convertido en dulce festivo canto, subirá al cielo. Contigo iré, pues interesado soy como procurador. Y yo con los dos, mostrando que el Ángel, aunque el castigo ejerza tal vez mandado, siempre es amigo del Hombre. Ven, Mundo, porque, en estando publicada la sentencia, abras tu seno, entregando el preso, pues mandamiento de restitución llevamos. Vanse los tres. Id, que ya os sigo, porque, antes de entregarle, aguardo saber quién me ha de pagar las costas que en mí ha causado. Y yo, antes que le entregues, vuelta del mortal desmayo,... Yo, antes que le restituyas, vuelto del fiero letargo,... ...le haré otro requerimiento. ...y yo le echaré otro embargo. ¿Qué es el tuyo, Culpa? Que sepa el Hombre que el sagrado que hoy le vale no es quedar libre, sino reservado por agora del delito, pues siempre queda obligado a la deuda de la Culpa. El mío es que cada y cuando que yo le llegue a encontrar fuera de la Iglesia, usando mal de sus preceptos, puedo volverle a prender. A entrambos riesgos, remedio tendrá: el tuyo, Culpa, en el baño del bautismo; el tuyo, fiera, en el sacramento santo de penitencia; y el tuyo, Mundo, que a las deudas salgo del Hombre yo. ¿Y qué tesoro podrá afianzar esos gastos? El tesoro de la Iglesia. Y ¿dónde está? En el soberano sol de la misericordia y la justicia. Sus rayos vuelva a abrir; verás que, donde una y otra se juntaron, se coloca de este inmenso misterio la Fe, mostrando que al bueno es misericordia, bien como justicia al malo. Ábrese segunda vez el sol y vese, donde se vieron JUSTICIA y MISERICORDIA, un altar, y en él, el Sacramento. Y esto a tiempo que la Gracia, la sentencia publicando a cielo y tierra, despliega en tornasoles y rasgos de paz el hermoso iris pajizo, azul, rojo y blanco, diciendo, para que conste a todos misterio tanto: Sube en una elevación la GRACIA y a sus lados los dos ángeles y, desplegándose, queda formado un iris, quedando la GRACIA en medio y los dos ángeles en los dos extremos. Cantado. ¡Albricias, albricias, que el género humano,... ...muerto del primero Adán a las manos,... ...a las del segundo revive, gozando... ...nuevo paraíso en nuevo sagrado! ¡Albricias, albricias, y viva mostrando que, en los términos mismos, los mismos pasos, el remedio vino que vino el daño. Ya, pública la sentencia, la puerta a la prisión abro. Abre el MUNDO la cárcel y salen el HOMBRE y la MALICIA. ¿Qué es lo que pasa por mí, que tan otro de ella salgo? Volverte a ser inociencia. Y, pues a tus pies postrado, hoy, Señor, misericordia y justicia veo en mi amparo, te suplico que, pues puedo, ya de la prisión en salvo, sagrado elegir, que sea no el de que fui desterrado, sino el de la Iglesia, donde continuamente adorando esté aquel gran Sacramento, milagro de los milagros de poder, ciencia y amor. Fuerza es que, perdonado el Hombre, huya de él la Culpa. Vase. Y fuerza es que yo, temblando, huya de aquel sol divino. Vase. Esa nave en que he buscado la preciosa margarita -que en la ley de gracia hallo- para esposa de mi imperio, y en que el trigo también traigo -materia de aquel divino Sacramento- tu sagrado sea, pues es de la Iglesia la nave. Sube a ella, en tanto que a mi primer paraíso vuelvo yo, significando, que a mi primer patria vuelvo triunfante. Sube el uno al jardín y el otro a la nave. Feliz me embarco en ella. Feliz quien dio materia a misterio tanto en los frutos de la tierra. Feliz el que dio a los labios aire con que se pronuncien las cinco palabras, dando a ella la forma. Feliz quien en su fuego ha inflamado el corazón que le admita. Feliz quien da agua a su llanto. Feliz mundo el que se ve en el Hombre restaurado. Feliz justicia que llega a verle justificado. Feliz la misericordia que ve a la gracia triunfando. Y la inociencia feliz, restituida a su estado. Y más si, como es sentencia la que el perdón ha ganado, se dilatase el perdón a que la ganase el auto, cuando la nave a la vela se hace -inspirada del austro- con el Hombre; el Mercader sube al solio soberano, de su primer paraíso; y la Gracia, publicando la sentencia, mereciese decir en común aplauso. ¡Albricias, albricias, y viva mostrando, que en los términos mismos, los mismos pasos, el remedio vino que vino el daño! Sonando a un tiempo chirimías y música, y representando los demás, da vuelta la nave con el HOMBRE, el iris con la GRACIA, el MERCADER en el jardín, y el Sacramento en el sol, con que, cerrándose las apariencias da fin el auto.