La señora y la criada Comedia Famosa PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA. Silvia. Crotaldo. Lisardo. Floro Flor, Dama. Duque de Parma. Perote. Fisberto. Gileta. Alcalde. Fabio, viejo. Duque de Mantua. Celio, criado. Diana, Dama. Laura, criada. Criados. Jornada Primera Salen Lisardo vestido de camino, y Crotaldo de negro. Esto queda así tratado. La diligencia es mayor, que pudo busca: mi amor, que pudo hallar tu cuidado, Tendras en fin un criado padrón de casa, de quien puedas fiarte. Está bien, al punto te vuelve, y no pierdas ocasión que yo hoy me partiré también, pues la noche apenas fría, envuelta en negro arrebol, siendo homicida del Sol, no acabará con el día, cuando en la presteza mía iré a Mantua, que aunque fuera Sexto de Abido, y hubiera el estrecho, le pasara, pues mi fuego le abrasata, pues mi llanto le excediera. Poco hay que suplir en esto, para hacer lo que has pedido, pues que sin salir de habido, en cualquier estrecho presto navega un amante a sexto. En fin no hay más que saber, que al jardín llegar, y ver si hay ocasión; mas Flor viene. Referirlo no conviene, y pues sé lo que he de hacer, vete presto, porque no te vea Flor de camino. Plegue a Dios tu desatino y no venga a pagarle yo! Vase. Quién mayor tormento vio, quien a mayor mal se ofrece, quien mayor pena padece, que el que se ve a cualquier hera ausente de lo que adora, y a ojos de lo que aborrece? Sale Flor. Crotaldo, tan de mañana levantado? Si lo está el Sol de tus ojos ya, de cuya luz soberana fui girasol, no fue vana la pregunta? No, si arguyo; y claramente concluyo, que no es hoy en nuestro estado el madrugar, mi cuidado, consecuencia para el tuyo. Por qué? Porque tu rendido al sueño, y yo desvelada, ya en fin como enamorada, tú como favorecido, estábamos bien. Si ha sido argumento de un cuidado, Flor, el vivir desvelado, no es justo juzgarme, no, tan dormido, porque yo estoy muy enamorado. Yo me erré, tu dices bien, y más si no dices más de que enamorado estás, y callas cuerdo de quien. Claro está, que es tu desdén, Mi desdén, Crotaldo? Sí, Cómo pueder, si aquí, cuando mi amántete llamas, amando, mi desdén amas, solo lo que no hay en mí. Aunque más favorecido esté el que está enamorado; ha de estar desconfiado; necio es quien se ha persuadido; Flor, a que vive querido. Y necia es la que advertir no sabe, llegando a oír tan desmayados afectos, que hay muy distintos efectos entre el hablar, y el dezar. Entre el decir, y el hablar hay diferencia, si son los dos una misma acción. Si la misma. Qué pesar! Que ayentre el ver, y el mirar; que el que ve, solo desdice ser ciego, y el que infelice mira, algún cuidado entabla: y así dice más el que habla, que el que siente lo que dice, Es sofístico argumento, que si entre el mirar, y el ver diferencia pudo hacer, ser con cuidado, yo siento; que el que menos mira atento, que el que menos decir pudo, vio, y dijo; mas, pues, no dudo, ciego, y mudo al alma luego, ve más el que esta más ciego, mas dice el que está más mudo. Bien pudiera responder, si mi tío no viniera, y tu padre. Y mal pudiera yo a tu razón atender. Sale el Duque de Parma. Mucho me huelgo de ver a Flor, Crotaldo, con vos, porque tengo con los dos que comunicar. Pues cuando no estoy, señor, adorando. tu beldad. Pluguiera a Dios, Ya sabéis la enemistad, que heredada hemos tenido, el Duque de Mantua, y yo, porque el estar tan vecinos estos Estados de Mantua, y Parma, la causa ha sido de tener entre los dos modernos bandos, y antiguos, tanto, que los Potentados de toda Italia, divisos, y parciales, muchas veces, para perderlas se han visto; cuyo amenazado horror, que estaba ya prevenido. al escándalo de mucho, se desvaneció en sí mismo, porque tomando la mano. el Pontifice, nos hizo amigos en la apariencia, mas no en la verdad amigos, que del odio a la amistad, es difícil el camino, Y ansí, aunque ceso la guerra, no cesó el fuego, escondido. en los pechos, que un volcán, cuando no despide activos rayos un tiempo, a lo menos los guarda en su seno tibios, y la obediencia no pudo reducir a más los bríos, que entonces fue a retirarlos, y ahora a no descubrirlos. Esto no es del caso, voy a lo que importa; hoy he oído. que Fisberto, ilustre joven, del Duque de Milán hijo, casa en Mantua con la hermosa. Diana. Qué dices? Digo. lo que en las lenguas del viento a voces la fama dijo. Yo viendo que de Milán a Mantua es este el camino, pues que no pueden pasar si no es por Estados míos, hospedándolos en ellos, mostrar cuerdo determino, (que nunca el enojo noble ha de alterar el estilo. de la noble urbanidad, pues siempre blasón fue digno del valor, ser más corteses dos mientras más enemigos;) fuera de que el de Milán. siempre profesó conmigo, grande amistad, y por él, y por los dos solicito festejarla, cuando pase. Diana: y así te pido, Crotaldo, que como joven tan ai roso, tan lucido, tan galán, tan cortesano, y en fin hijo en todo mío, prevengáis fiestas que hacerla: Y tú, Flor, con este mismo fin, a tal huéspeda ten aposento prevenido en tu cuarto; y en efecto los dos haced lo que os digo, y no los dos como amantes envidiéis inad vertidos ajenas glorias, que presto serán propias, pues ya he escrito por dispensación, y haréis, al amor agradecidos, igual la dicha, pasando, con el gusto que imagino, de envidiosos, a envidiados: y a Dios os quedad. Vase. Que he oído, cielos! cielos, que he escuchado! Pésame de haberos visto tan perdido de color, Pues aquí que causa ha habido para que yo el color pierda? Que lo niegas imagino, porque son las causas dos, y es uno el color perdido. Dos las causas? cuáles son? Aunque me pesa el decirlo, casar Diana con Firberto, y tú. Crotaldo conmigo. Vase. Engañaste, que son tres, añadiendo a las que has dicho, haber de ser quien festeje mi mismo pesar, yo mismo, que mariposa, batiendo las blancas alas de vidro, que el Sol ilumina a rayos, que el viento dibuja a visos, alagüeña con su muerte, cercos a la llama hizo? Cómo yo, pues, he de hace? festejos a mi peligro? que flamante flor, que ser estrella del prado quiso, que inclinando la cabeza al soplo del Cierzo frío, el mal logro de sus hojas, sobornó con desperdicios, como yo, que obedeciendo al Cierzo de mis suspiros, ceremonioso he de hacer halagos a mi castigo? Oh que gusano afanado con codicioso ejercicio, parca de su misma vida, labro su muerte hilo a hilo; cuando en la breve prisión del acabado capillo, fue su tumba, su tarea, quedándose dentro vivo, como yo, que trabajando en festejar mi homicidio, ha de ser mi afán mi muerte, y mi lavor mi martirio? Pero ya que he de morir a manos de mi destino, flor, mariposa, y gusano, antes que del fuego altivo, antes que del soplo airado, antes que del centro esquivo; sienta el abrasado ardor, padezca el desdén impío, llore la prisión oscura, abrame el cielo camino, para rondar mis desdichas, para halagar mis peligros, para festejar mi muerte, qué es lo más que solicito! Vase, y salen por una parte sin verse Gileta villana, muy rusticamente vestida, y Perote. Si alguno en el mundo juere tan mezquino, y desdichado, que enamorado estoviere, y el temiendo saber quiere de no estar enamorado. Si hoviere en el mondo alguna tan desdichada, y mezquina, que de la mala emportuna pesadumbre la mohína, y quiere mudar fortuna. Vengase a mí, y le diré, mejor que Obillo, cual hue el remedio de llamor, porque yo muy más mijor, que el mismo Billos le sé. A mí se venga, que yo sé un remedio, con que no se sienta más desde allí, que es el mismo con que a mí el amor se me quitó. Mas no quiero her desear a nadie una melecina tan tara, e tan sengular. Mas no quiero escalimar vertud que es tan peregrina. Sepan, pues, los que lo están, el remedio de su afán. Oiga el que siente su llama. Despósese con su dama. Bélese con su galán. Esta es la mijor receta, Vanse. Esta, nadie se alborote, es la cura más perfecta. Que así hice yo con Gileta. Que así hice yo con Perote, Aquí perpósito fue el nombrarme, carí lucia? Mal haya yo, que os nombre con aquesta boca sucia, sin porque, ni para que! mas vos con que intento aquí me pernunciasteis a mí? Por el cogote hablar venga, luenga que os toma en la lengual y a qué os enojáis así? Pues porque tan mal sofrido siempre congimo eis de ser? Porque conmigo lo eis sido vos? Porque sois mi marido, Yo, porque sos mi mujer. Pues como antes de casaros todo era resquibrarme, pecilgarme, embelesaros, y cómo un bausón andaros? Cómo era antes de casarme: Cuál demoño os engañó, para decir aquel sí, te niendo lo mismo un no? Los que se andaban tras mí; para que os quijera yo. Cuál me decía de vos, que eráis un ciervo de Dios? y que eramos de consuno ambos idos para en uno, y aún somos para otros dos Cual que erades, me decía, muy sabido, y pracentero, siendo un bórrico a fe mía; pero que casamentero no engaña así cada día? Y a mí, que no me decían de vos, que era oírlas habrar a cuantas a esto venían, y las cuentas que me hacían para poderlo pasar? Ves tenéis, decían, Pirote, la ración de jardinero en Pallacio, y ella en dote trae todo el ajuar entero, que pudiera un Sacerdoto, Vueso suegro morirá, y su hacienda os quedará con esto, y luego de aquí un poco, y otro de allí, la gracia de Dios hará. Truje vueso dote a casa, que de una sarten no pasa, cuatro pratos, una artesa, una cama, y una mesa; ved que hacienda tan escasa! Con lo cual la ración mía vine a partilla con vos, y lo que yo cada día soldemente me comía, comemos entre los dos, sin que mi suegro se muera; y sin que de aquí, ni allí mos venga un maravedí; pero que casamentera no suele engañar así? Pues buen rimedio, Pirote? Venga, y sea malo, Gileta. Volverme todo mi dote, y darme. Con un garrote; vais a decir, sos discreta, y lo haré, pus vos gustáis. Malos años para vos! Ay! Ay! Ay! De qué os quejáis? De que darme magináis. Oh mal magín os de Dios! Salen Fabio viejo, y Lisardo de villano Qué es esto? siempre ha de ser pendencias las que ha de haber entre vos? Si que hay pendencias, porque no hay correspondencias en mi suegro, y mi mujer. Pues que tenéis que sentir, de mí? Qué? veros vivir, no basta que no me vieron casado, si no dijeron, qué habíais de morir? Y era buena condición para puesta en escritura, Ya, Perote, en conclusión, a vos, y a Gileta el Cura os echó la bendición; basta, y ved que he recibido un jardinero extremado, que a ayudaros he traído. Vos seáis muy bien hallado. Vos seáis muy bienvenido. Gileta, no os toca a vos dar a nadie para bien. No toque, valgamos Dios! Ir a hacer, no será bien, lo que habéis de hacer los dos; tú, Perote, ve a plantar el cuadro, que dibujado quedó ayer: y tú a regar las calles, porque ha de estar barrido todo, y regado, por si esta tarde también baja Diana al jardín con tantas damas, a quien deben la rosa, y jazmín nieve, y púrpura. Está bien yo iré, más Gileta aquí no ha de quedar cabo mí, Gileta, que vayas quiero. Afe que es el jardinero de los más lindos que vi! Vanse los dos. Ya, Lisardo, en casa estás, ya sabes a cuanto riesgo, por servir a tu señor la vida, y lealtad he puesto: Solo te pido, Lisardo, de tanta fineza en premio, que en ningún tiempo me des por autor de este concierto: porque yo, siempre que lleguen las cosas a rompimiento, he de decir, que no supe quien eras, Otra vez vuelvo a darte, Fabio, palabra de mirar por ti primero, que por mí, que el riesgo tuyo no facilita mi riesgo: Fuera de que yo también el mismo peligro tengo, pues por servir a Crotaldo hago tan grandes empeños. Ellos son bien temerarios, pues estando los conciertos de la boda de Diana ya efectuados, no entiendo, Lisardo, lo que pretende Crotaldo. Yo solo debo obedecer a mi amo, sin examinar su intento. Dices bien, y por no hacer sospechoso el trato nuestro, quiero dejarte, Lisardo, ten recato, y ten secreto. Vase. O lealtad de un criado honrado, a cuanto obligas, pues vengo a buscar con esta industria en mi peligro el remedio! De otro amor; pero ya en vano recelo, dudo ni temo, que es excusado en el golfo volver a mirar el puerto. Esta noche, por si acaso baja Diana a este bello paraíso; mas Gileta (vuelvo, es. Sale Gileta. Par Dios, que acá me porque me trais, sin querer, a verle este jardinero; que hoy ha venido. Informarme de algunas cosas pretendo, y engañar esta villana es sacilitar mi intento, Cileta del alma mía, il años te guarde el cielo. Ya vos os guarde, señor, pocos son mil mas de ciento. En verdad que le debéis todo ese amor al que os tengo, que si no fuera por vos no hubiera venido, es cierto, a servir estos jardines; por vos solamente vengo, porque ha dias que os adora el alma. Cierto? Y tan cierto, que podrá ser que algún día sea mi amor de provecho, y que servida os veáis, y estimada, en otro puesto. No en vano, par diez, el alma no me cabia en el pecho, desde el punto que os miré, pues sin paz, y sin sosiego, si tienen las almas pulgas, pulgas en el alma tengo. Pagáis, Gileta, mi amor, porque es mucho lo que os quiero. Mucho? Sí. Yo a vos también: Sale Perote. Yo a vos también? Malo es esto! Vuestro marido. Id con Dios, no os vea conmigo. Cielos, hoy veré si la fortuna ayuda al atrevimiento! Vase. Gileta, que es lo que habraba con vos este jardinero rocín venido? Decia, adonde estaba el jumento de la noria. Espera un poco, en tanto que lo concierto; el jumento de la noria do tiene su alojamiento? yo a vos también, no entró bien: por al otra parte vuelvo; adonde, Gileta, está el de la noria jumento? yo a vos también; no entra bien. Que estáis maliciando, necio? El dijo decid, Gileta, donde esta, para saberlo, el jumento de la noria, que a ir vos adonde yo vengo, yo os diría allá de todo cuanto pescudáis? a esto le dije, yo a vos también, Pues si dijo todo eso, digo, que tenéis razón, y que yo soy el jumento; no os amotinéis, Gileta, basten ya los recobecos, que si va a decir verdad, como al alma misma os quiero. Si a eso va, yo a vos también. Mijor entra aquí por cierto el yo a vos también ahora. Callad, y mientras yo entedo. Mucho me queréis mandar, si he de gastar ese tiempo, Este jazmín, digo, vos, regad. Cantemos. Cantemos. Zagal, que ninguno iguala, por tu brío, y su vertu. Qué quieres, bella zagala? Que te vayas noramala. Vete tú. Mas vete tú. Salen Diana, y Laura. En esta verde esfera, donde hermosa tegió la Prima uera, con elección de flores, alfombras matizadas a colores, podrás, señora mía, divertir la mortal melancolía, Qué importa, ay Dios! que hermosa borde la Primavera la alfombra lisonjera dejazmín, ycristal, de nieve, irosa perdiéndose felices, por hacer un matiz, muchos matices! Qué importa que los vientos, con sutil consonancia, armonía, y fragrancia, confundan, siendo atomas, y ins- trumentos, que hacen ruido sonoro, con cuerdas de ámbar, sobre trastes de oro! Qué importa que las fuentes, cuando yo llego a verlas, corran deshechas perlas, que en cláusulas, y acentos dife- rentes, el compás echen granes, a la música diestra de las aves? Si la varia hermosura, si las tegidas flores, si los dulces amores, si el viento alegre, si la plata pura, uniendo su belleza, todo es pesar en mí, todo es trisa teza! Nanca has visto una rosa, de verde cielo estrella, que obstentándose bella, al aire desplegó vanagloriosa, las hojas ciento, a ciento, ociosa vanidad de su elemento? Cuya ambición extraña gozarse en tiempo deja de la golosa abeja, de la enconosa araña, una, y otra librando de su seño, a un tiempo aquella miel, esta veneno. Ansi en el armonía de la naturaleza, saca el triste tristeza, y el alegre alegría, que artifice cada uno de su suerte, la flor lozana en su pasión con- vierte. Pardióbre que yo he escuchado vuesa voz, y aunque no entiendo bien de arañas, ni de abejas. Lo de las arañas niego. Vos tenéis mucha razón en tener tal sentimiento, y más si es porque pretenden casaros, no os aconsejo que os caséis. Por qué, Gileta? Por mucho, mas oye aquesto. Cría un padre una hija suya con grande recogimiento, guárdala del mismo Sol; trata darle estado, y luego toda la guardada hija entriega a un hombre el primero día que la ve: y la triste doncella, que aún no vio al cielo, dentro de la cama al novio le escucha el primer requiebro, juego de Dios en la hacienda! Aquí tengo yo mal pleito; el novio voy a buscar, para decirle esto mismo. Vase Perote. Graciosa está la villana! Por muchas gracias que tengo, nunca me habéis dado nada. Dices bien, qué quieres? Quiero un vestido, que dijisteis que me daríáis el tiempo que trataba de casarme, Yo te le daré. Sea luego, que es darle dos veces. Don Laura, dale un vestidoal momento a Gileta. Si daré, mas con condición, que puesto le ha de traer cuatro días. Si traeré, y aún cuatrocientos. Qué dices? Con desatinos templar, señora, pretendo tus penas, fuera de que no es nuevo en Palacio esto de dar a uno vestidos con la pensión de traellos, y no dejará de ser de algún entretenimiento. Con condición de traelle me dan el vestido, y creo, que si de no traelle juera la condición, el concierto fuera más infícil; ya por ponérmele muero; apostaré que en pensarlo en toda la noche duermo. Vase. Ya que estás sola, señora, decirte una cosa quiero: Ya sabes que yo en Milán me crié, donde a Fis berto conocí, pues esta tarde desde el balcón del terrero le he visto sin duda a verte ha venido de secreto, bien así como solía Crotaldo. No hables ya en eso, que bien de todas las cosas dijo un celebrado ingenio, que tenían dos semblantes, uno malo, y otro bueno, y que a la luz que las miran parecen bien; mis afectos lo prueban, pues siendo una la acción en los dos, pues siendo una en los dos la fineza, una estimo, y otra siento; una agradezco, otra lloro; una admito, otra aborrezco; una adoro, y otra culpo; mas que mucho, si las veo, una a la luz del amor, y otra a la luz del desprecio! Sale el Duque de Mantua, Diana. Señor. A buscarte a aquestos jardines vengo; un mercader ha llegado hoy a Mantua, que sabiendo de tus bodas, ha traído el más caudaloso empleo en joyas, que ha visto el Sol: Y yo, como siempre atento a tu gusto vivo, he dado licencia que entre aquí dentro, porque te quiero feriar las que tu escogieres; luego le decid que entre, que yo porque al Duque escribir quiero de Milán, no quedo a ver las joyas que escoges. Vase, y salen Fisberto, y Celio criado. Cielos, pues todos juntos amáis, dad favor a mis deseos! Llega ya. A besar tu mano cobarde, y turbado llego. Señora. Qué dices, Laura? Que el mercader es Fisberto, No te des por entendida, Ciego estás. Ap. Alzad del suelo: disimular me conviene. En las alas del deseo, si no en las del ciego Dios, confiado llego a vos de hacer el mayor empleo; que busqué, señora, creo, para atreverme a llegar aquí, cuanto el singular Planeta del oro encierra en los senos de la tierra, y en las entrañas del mar. Pues no sé si habéis venido a tiempo, que hacer podáis el empleo que esperáis, porque yo (pierdo el sentido!) de otras joyas que ha traído igual Artífice, creo, que satisfice el deseo, y anduve tan liberal, que no me quedó caudal para hacer segundo empleo. Ver los precios son bastantes de estas joyas, vedlas, pues. Qué es esta primera? Es un Dios de Amor de diamantes, No hay amores tan constantes: tomad. Ved esta extremada firmeza. Porque esmaltada de negro, y con tal tristeza? Porque no fuera firmeza, si no fuera desdichada: Un Águila, que está viendo al Sol gran señora, es esta, de esmeraldas pies, la verde color entiendo; que está aquí como diciendo, la esperanza es el crisol arrebol. tante disculpa alcanza, quédese con su esperanza, quien solo ha de ver al Sol. Un Pellicano, que abierto tiene el pecho de rubies, en su sangre carmesies, es este que yace muerto de tu amor. Que mal advierto, por los sangrientos despojos, de su pecho sus enojos! Por qué, señora? Porque mal en el pecho se ve lo que no se ve en los ojos. Pues tales las joyas son, que bien no han de parecer: aunque pensaba esconder esta caja mi atención, ya es de enseñarla ocasión, descúbranla mis desvelos. De záfiros, que a los cielos el color hurtan sutil, es aqueste áspid gentil, que áspid, y azul son los celos. Atrevido mercader, también la podéis guardar, que vuestra no ha de quedar ya ninguna en mi poder: Mas joyas no he menester, enigmas de otros desvelos, cifras de otros consuelos, ni son dignas de mi honor, joyas, que empieza el amor, y las acaban los celos. Vase. Sin duda me ha conocido, pues de esta suerte me ha hablado! Que mucho, si tú has andado tan ciego, y inadvertido, que sabiendo que ha corrido voz de que aquí estás, señor, la hablas así. Ya en rigor no se sabe que ha de ser fuerza que ha de suceder siempre a un horror otro horror: Y pues el primero fue, que curiosidad tan vana! no casarme con Diana, sin verla, no admiréis que de este error, muchos que haré, se sigan, que desde aquí cesarán, pues ya la vi, y decir puede mi ardor, que he sido César de amor, pues que llegué, vi, y vencí, Hermosa la imaginé, mas no pudo, no, igualar de mi idea el ejemplar, el objecto que admire: Feliz yo, que lograré su beldad, que haber venido, y estar, o no, conocido, no importa, que no han dañado finezas de enamorado, los méritos de marido! Vamos a Milán, porque vuelva en público a lograr la belleza singular de tan merecida fe; en alas del viento iré, aunque si el ir considero, que es alejarme; o ligero Céfiro, que a ti te igualas, no me des para ir las alas, que para volver las quiero! Sale Gileta, y Perote. No es hora de que salgáis del jardín? Sin duda quieren quedarse a dormir, Perote, con nosotros sus mercedes. Con vos vaya, más conmigo; juro a Dios que tal no queden. Divertidos en mirar estos cuadros excelentes, nos detuvimos. Vanse. Atranca luego que fuera los dejes. Vase Perote, y sale Lisardo. Ya que el ave de la noche las alas nocturnas tiende, a cuya consusa sombra, cadaver el mundo duerme, recorrer quiero el jardén, por ver si el amor ofrece la ocasión que he procurado. El jardinero es aqueste, que con estar tan velada, tan desvelada me tiene. Gileta, qué haces aquí? no es hora de recogerte ya? Si hubiera de dormir si, mas quien ama no duerme, Si fuera el dichoso yo, que ese cuidado te debe. Qué hicierades? Te abrázara en albricias muchas veces. Pues empezad a abrazarme, que vos sois, aunque le pese a Perote. Sale Perote Ya está echada la tranca aunque me parece que levantada estuviera mijor, sí, para molerles. Ay honor! disimulemos: Gileta. Pérote, vuelve. No os turbéis, dadme, Perote, los brazos?. Él me parece que se anda abrazando a roso, y belloso. Bien se debe esto a nuestro parentesco. Luego ya somos parientes? Pregunto Cileta como mi nombre, Perote, fuese, y apenas Benito dije, cuando ella dijo, de aquese nombre un primo tuve yo, que fue seis años, o siete a la guerra, y de uno en otro apuramos finalmente, que somos primos. Carnales? Pescadales soldemente bastaba. Porque Diana he oído que al jardín vuelve; a tomar el fresco sola, como algunas noches suele, con sus damas, y ha mandado que solo el jardín se quede, señor primo, no so ahora más largo en agradecerle el primazgo. Dios te guarde, Ven, Cileta, a recogerte. Adiós primo. Prima, adiós. Prega a Dios que no me cueste caro el primo, que no sé que se me ha puesto en la frente! Vanse los dos. Viento en popa corre amor en el mar de los desdenes, y pues a Crotaldo el cielo tan buena ocasión le ofrece, que baja al jardín Diana a gozar, dichoso llegue, la ocasión, y haga después fortuna lo que quisiere! Vase, y salen Diana y Laura. Nadie me siga, yo sola, sobre el catre, que guarnecen los múllidos traspontines, de rosas, y de claveles, recostada miraré si el Aura, que sopla alegre, i el cristal, que sueña biando; si el jardín, que espira fértil, sueño infunde, que aunque es cierto, que el que está dormido muere, en mí es al revés, que un triste, solo vive cuando duerme, Vase Laura. Y puesto que ya estoy sola, troncos, hojas, flores, fuentes, si el viento os ha dicho alguna vez, de cuantas se va, y se viene, que hay un triste en otra parte, preguntade si ser puede, que sienta más que yo? Sale Crotaldo. Sí, porque por ti, y por él siente. Válgame el cielo! qué miro? quien a esta hora de esta suerte aquí? cómo hablar no puede? cuanto un temor enmudece! quién es? No te turbes, bella Diana, que aunque no puede quien es referirte. Ay triste! Podrá al menos responderte, quien ha sido, que en efecto, muerto a sus pasados bienes, ya es cadaver de sí mismo, un triste, que estuvo alegre. Crotaldo, tú en el jardín? pues como a pasar te atreves el coto de aquellas rejas? A que propósito emprendes tan vanas temer dades? qué solicitas? que quieres, si ves que muerta a manos de tantos inconvenientes, tus esperanzas, las mías, decir quisiera, fallecen? Sisabéis que ya mi padre, no sé si a decirlo acierto, traidor Alcaide de un alma, por trato, ay de mi! la vende, a ajeno dueño? si miras que te pierdo, y que me pierdes, qué quieres de mí. Crotaldo? Que me escuchéis solamente, que aunque otras veces te he dicho mis penas, y aunque otras veces las has escuchado, mudos testigos son estas redes, hoy por despedida quiero, que aquí de todas te acuerdes, porque mi difunto amor solo este consuele lleve, de que descanso al decirlas. Di. Crotaldo, brevemente. Haz tu breves mis desdichas, y haré yo mis quejas breves. Un día a Parma llegó un Pintor tan excelente, que hurtó a la naturaleza los matices, y pinceles, Ya sé que por vanidad de un Arte tan eminente, llevó retratos de cuantas hermosísimas mujeres tiene Europa, y que uno mío llenó, me has dicho otras veces; no me digas lo que sé. Si los amantes no hubiesen de hablar siempre en lo que saben, que tendrían que hablar siempre? Delante del tuyo todos estaban bien, como suele confusa tropa de flores, mal pulidas, y sil vestres, ante la rosa su Reina, que el caduco imperio tiene de las flores. No te paren pinturas impertinentes, Pintada te vi en efecto porque mas vitoria fuese rendirme así, y al retrato le dije de aquesta suerte. Bellísima Deidad, que repetida, De uno, y otro matiz vives pintada; Bellísima Deidad, que iluminada De un rayo, y otro, ánimas colorida, Cómo, di, en esa lamina sin vida Tienes mi vida a tu beldad postrada? Cómo, di, en ese bronce inanimada Tienes el alma a tu poder rendida, Si nació con estrella tan segura Tu dueño, y él no más es señor de ella; El influjo que debí a la luz más pura? Vuelve a tu original, o copia bella! Que es mucha vanidad de una hermosura Querer estar pintada con su estrella. Dije, pero poco dije, que no hay voces elocuentes, que a satisfacción de un alma, digan nunca lo que siente. De un ardor, en otro ardor, me fui empeñando de suerte, que sabiendo que a tus años, por siglos desde hoy los cuentes, se celebraban en Mantua unas justas excelentes, me atreví en ellas a entrar, aventurero dos veces; una por la justa, y otra por mi peligro. Detente: Aquí es bien pues yo también, que no me olvido, me acuerde. Al tiempo que ya en la plaza galán, mi primo Don Feliz, Príncipe de Ursino, y cuantos Ilustres Italia tiene, daban con las rotas astas, de uno, y otro fresno fuerte, flechas a amor, una trompa sono. Yo sere mas breve: Y sin padrino, calada la sobre vista, en un fuerte bridón entre. Tan galán, que Venus dudo que fueses, o Adonis, por lo galán, o Marte, por lo valiente. Tres lanzas corriste, dando en rotos pedazos leves, tantos átomos al Sol, cuantos en rayos enciende, pues las que suben astillas, vuelven ascuás, o no vuelven. Canaste el premio, que fue de oro un reloj, que guarnecen mil diamantes. Y ofreciendo el premio a tu sol luciente, con el trompeta otra vez me salí, sin conocerme. Cesó la fiesta, y apenas a solas yo en mi retrete me vi, con novedad, cuando dije al reloj de esta suerte, Basilisco del tiempo, tú que doras Con la tez hoy del oro, y los diamantes El veneno, que a todos por instantes Da la muerte, que a todos das por horas. Como el punto que muestras, ese ignoras, Pues no abrevias aquel en que inconstante Influyen su rigor Astros amantes? Pero cuentaslos tú, no los mejoras. Si la casa de Venus terminada Quieres saber, o sabia Astrología! Yo en un reloj la tengo señalada. Tu Astrolavio será la suerte mía, Mira en mí, y el de un alma enamorada; El minuto, el instante, la hora, el día. Dije, y no mucho, pues más sentí el no saber quien fueses; luego lo supe, porque Laura me habló en ti. Detente, que a mí me toca decir, que mi cuidado prudente pudo granjear a Laura. A mí dirás, que rebelde al principio la escuché, Cuánto lloré tus desdenes! Mas pudo, que no podrán ansias de amor merecerme tu fineza algún cuidado. Cuánto estimé yo saberle! Domesticado el rigor, recibi algunos papeles. Con cuántas almas escritos! Y di lugar que pudieses hablarme por esas rejas. Con cuanto contento a verte todas las noches venía. a pesar de inconvenientes; y plegue a Dios que él me falte, si no le pedí mil veces, por no volverme sin ti, que allí me diera la muerte! En este tiempo mi padre trató. Qué? decirlo puedes. De casarme con Fisberto. Oh qué rigurosa suerte! Qué pude hacer? Lo que yo, que también mi padre quiere casarme con Flor, mi prima, y yo. Ap. Ay infeliz! Mil muertes antes me daré. Ay, Crotaldo, eres hombre, y hacer puedes resistencias! Ay, Diana, para hacer lo que no quieren, no tienen más privilegios los hombres, que las mujeres! O a que mal tiempo me has dicho, que Flor ser tuya pretende! No me has dicho tú a mejor; que Fisberto te merece. Yo bien; pero aqueste ruido mi voz. Crotaldo, suspende, vete por Dios, no te hallen aquí Espera, ove, detente, en qué quedamos? En que te pierdo (ay de mí!) y me pierdes, y en que te suplico yo. Qué? Que no vuelvas a verme. No hay remedio? No le hallo. Yo sí. Cuál es? Atreverse a todo. Cómo es posible? Yendonos. No me aconsejes tan acosta de mi honor. Pues no me digas que quieres, tan acosta de mi vida. Pena injusta! Trance fuerte! En sin serás de otro dueño? Yo lo seré, y tú lo eres, pues no te obliga mi amor. No me digas más, detente, pues mis celos no me obligan, di a tu amor, que no se queje: para siempre a Dios, Crotaldo. Diana, a Dios para siempre. Que no he de volver hablarte! Que no he de volver a verte! Jornada Segunda Sale Gileta con el vestido que la primera jornada, muy bien vestida. Apenas vi esclarecido el primer hervor, y apenas. en su tocador el Sol deshizo las rubias trenzas, cuando en el cuarto de Laura ya estaba; mal haya ella, que no me vistió hasta ahora! Que dirá cuando me vea Perote, que con cuidado no he querido que lo sepa, hasta que me vea vestida. con este sayo de tela? Que linda esto sola traigo una cosa, que me pesa; y es, que Laura, por hacerme comprida toda la fiesta, también me llavó la cara con un betún, que se pega a las manos, y el pellejo me estira de tal manera, que parere que le importa que a otra cara mayor venga. Sale Perote. Apenas el Sol dorado dijo oj de aquí a las Estrellas, y ellas, como unas gallinas, huyeron, cuando Gileta faltó de la cama, y siendo más de la media tarde ya, no ha parecido, prega a Dios que por bien sea! Este primo, que mos vino sin saber por domos venga, creo que de este reloj es despertador, Dios quiera no hacerle de campañada, pues basta que sea de muestra, Ni ella, ni el primo parecen, mas esta es Diana, a ella de Gileta he de quejarme, para ver si lo remedia, y por no enturbiarme, no, la veré la cara. Fea, hoy cada cosa en su tanto, es la diosa Viernes misma. Deme a besar vuesa mano vuesa Altura, o vuesa Alteza. Por Diana me ha tenido. Perote, pues, no me vea tan presto la cara; o quién sengir gravedad sopiera! tomad, Perote. Par Dios, que huele a cochambre está, cómo la de mi mujer! En fin las Ducas son hembras, y tienen sus humedades, Decid qué queréis? Quejtera que vuesa gran Duquería me remediara mis penas. Cuáles son? Esto casado, y casado con Gileta, ques cerconstancia que agravia, Aquí es menester paciencia! Hasenos venido a casa un primo, que no nos deja comer, ni dormir: y así intento, con tu licencia, que sin pedirla no es justo, siendo la Señora nuesa, anublar el matrimoño: Porque probando la juerza que me hizo el casamentero, que fue harta, por cosa cierta, dice el Lletrado que es nublo, y quiero tocarle apriesa: Y demás de aqueste pirmo, no hay en ella cosa buena, que es fea, sobre borracha; mentecata, sobre fea: pues la sobre mentecata, y atrevida, sobre puerca. Mentís, como un maridillo de por ahí, y que la lengua pone en su mujer detrás. Por San Babisés, qué es ella! Claro está. Y haslo oído todo? De pea pa. Sin quedar lletra? Ninguna, Perote. Pus lo dicho dicho, Gileta: Y dejando en este estado dimes, y díretes vengan, darés, y tomares, como venen, y de que manera aquesos atos? No quiero decillo, por si te pesa. Pus darete yo con él garrote, por si te guelgas. Ay, qué gran bellaquería! ay, que grande desvergüenza, con el palo da al vestido de la señora Duquesa! seanme testigos. Yo? cuando aqueso verdad sea, por la fruta que está dentro parto la cáscara fuera. Dalda, no importa, el vestido se quejará a su Ejelencia de la suerte que le tratas. Lugo es el suyo en conciencia? El mismo. Ya, arrepentido de haberle dado, me pesa; pero como a tu poder hoy ha venido? Ella misma me le dio. Cuando ella juese quien te le diese, Gileta, no fue gran descortesía ponértele? No, porque ella con condición me le dio de que puesto le trajera. Per Vestido de nuesa ama, y con condición impresa de traelle, eres juglaya? Gilet Qué es Juan Clara? Pracentera. Qué es placentera? Presona entretenida. Y qué es esa entretenida? Busona; quiéreslo más claro, bestia? Ni aún tanto. Salen Diana, y Laura. Si no te ríes, imposible es tu tristeza de divertir. Tu argumento es fuerte, nada te niega mi dolor. Está extremada con el vestido Gileta. Señora, Por la merced besa la mano a su Alteza. Béseme ella a mí la mano, que vestida de oro, y seda, hacen que me llaman busona, tan Duca soy como ella. Que digas que puede dar gusto frialdad cómo esta? Al que está triste, nada hay, señora, que le divierta; pero qué hay perdido en esto? Solo el juicio de Gileta, y él es, señora, tan poco, que no importa que se pierda, Él es más que merecéis vos descalzar. Salios fuera a reñir, Para reñir, aquí estamos bien. Qué pena es la que me aflije? Idos, que está triste la Duquesa. Yo me iré, tú no te vayas; que para ahora son, Gileta, las busas, ejerce, ejerce. No sé que es, a buena cuenta, digo, que mientes, y voyme, porque mi afeite me lleva, hasta encontrar con Benito, para que hermosa me vea. Vase. Ya estás sola, dime ahora, bella Diana, que nueva ocasión dan tus pesares a que de nuevo los sientas? Aunque no ves añadir nueva causa a mi dolor, como puede ser mayor, Laura, te quiero decir: Nunca has llegado advertir una hora, en que está ciego el humo, aventarse, y luego alzar grande llama, y no porque el fuego se añadió, sino porque se vio el fuego? Yo así el tiempo que obligada de Crotaldo, y asistida viví, vivi enmudecida, ay! ay de mí! que olvidada muero, muero declarada! Mis cenizas su rigor sopló, avivando el ardor, mas no añadiéndole luego, aunque no es mayor el fuego, puede parecer mayor. Bien pensé que no pasara aquella galantería de una libre fantasía, que en sí misma se acababa, Bien que sé que no tocara en más que ser liberal, galante, afecto, leal. Bien pensé más para que digo tanto bien pensé, pues lo que pensé tan mal? Y baste decir, que el ver, se sigue luego al mirar; del mirar, el preguntar; del preguntar el saber; del saber, agradecer; del agradecer, venir a hablar; del hablar, y oír, a sentir, porque en rigor, es toda la edad de amor, desde el ver, hasta el sentir, En este estado vivía, cuando mi padre trató casarme en Milán, y yo, prudente le obedecia, que aunque a Crotaldo quería, como Crotaldo me amaba, y verme casar lloraba, no via mi mal cauel, que verle sentir a él, por consuelo me bastaba. Entro una noche hasta aquí, amante me persuadió mil locuras, a que yo constante le respondí. Yo rogándole, ay de mí! que en su vida no me viera, le despedí ingrata, y fiera; mal haya, mal haya, amén, quien manda una cosa a quien no quisiera que la hiciera! Dígalo yo, que he llorado el ver que me obedeció, y en su descuido nació segunda vez mi cuidado; cuando rendido, y postrado él lloró, gimió, y sintió, consuelo mi pena halló; Mas ya que no (hado cruel!) siente, gime, y llora él, lloro, gimo, y siento yo: y así estoy determinada; pero qué digo? no estoy, que en efecto soy quien soy, detente lengua furbada, porque no ha de saber nada Laura; en efecto ha sido el nuevo ardor que he sentido, no porque fuego se ha echado, si no que arde hoy declarado; y ayer humo era escondido. Propia condición del bien, señora es no conocerle. Hasta cuando? Hasta perderle Ahora si has dicho bien, pues yo no supe; mas quien hace en esas hojas ruido? Fabio el jardinero ha sido. Obre mi pena cruel! déjame, Laura, con él, que quiero; en vano he temido! reñirle, para saber como Crotaldo aquí entró, y si otras noche llegó. En todo he de obedeceros. Vase Laura, y sale Fabio. Qué dodo? si eso ha de ser, no me acobardes ahora honor, que quien firme adora, en nada ha de reparar, y más si se ve olvidar: Fabio. Qué mandas, señora? Muy enojada con vos estoy. Y yo muy turbado de haberte, hay de mi! Escuchando. Qué hombres son. Válgame Dios! Los que algunas noches ha entraron a este jardín? con que intento, o a que fin abierta su puerta está, sabiendo que suelo en él estar yo? Señora, yo: Lisardo a perder me echó! Aparte solo sé que soy fiel criado tuyo, y que sería, digo yo, algún jardinero, si hay aquí alguno. No quiero que os disculpéis este día, para lo que yo he pensado, Fabio, en que vos me sirváis, disculpas no prevengáis, que os he menester culpado. No os entiendo. Pues yo sí os entiendo, Fabio, a vos, solos estamos los dos, yo sé que entra gente aquí; y que vos quien son sabéis, que vos el paso les dais, que la puerta les guardáis, y que espaldas les hacéis: Y pues disculparos no podéis, y pues esa puerta, para que otro entre, está abierta, estelo para que yo salga también, advirtiendo, que habéis de ir donde yo fuere, que valerse de vos quiere mi osadía, porque entiendo, que así el riesgo facilito, pues ayudarme hoy es bien, para un delito, de quien es cómplice en el delito. Y pues ya la noche fría, con desmayado arrebol, da prisa, diciendo, al bol, que se vaya con el día: Aquesta joya tomad, dos caballos prevenidos aiga en el parque escondidos, obedeced, y callad, porque mi resolución, de vos valiéndose así, intenta hacer desde aquí lealtad, lo que era traición. Esto no salga de vos, pues a callar os convida mi opinión, y vuestra vida, cuidado, y secreto a Dios. Vase. Qué es lo que pasa por mí? Diana, que fui yo ha pensado quien paso a Crotaldo ha dado, y ha pensado bien, pues fui quien a Lisardo le dio, y que de mí se fía arguyo, como confidente suyo: qué haré en este lance yo? Si descubro su secreto, es solicitar mi muerte; si le encubro, es caso fuerte lo que intento, extraño aprieto! A Lisardo he de buscar, para darle cuenta de esto, mas no sé dónde, supueso. que hoy no le he podido hallar. Perote. Qué hay? Sabes, di, adónde Benito está? Gileta te lo dirá. Gileta lo dirá? Sí, que es su primo muy amado. Qué excusado impertinente! Que mucho, siendo el pariente sublidio, que sea escudo. Qué puedo hacer? mas que dudo hacer lo que debo yo? Diana de mí se fío, cuando de otros muchos pudo, pues que he de ayudarla, es llavo, y es el más honrado acuerdo, pues si un Duque en Mantua pierdo, otro Duque en Parma gano. Oyes, Perote. Señor. Aunque tan oscura viene la noche que el ceño tiene lleno de sombras, y horror, me importa esta noche ir fuera de aquí, haz por tu vida que esté toda recogida la gente, por si salir al jardín quiere Diana: y a Dios, que de prisa estoy, y no me esperes por hoy. Vase. Yo no haré, ni aúnpor mañana, ni aunpor esotro en conciencia, antes de verte ir me alegro, porque no es alhaja un suegro para contalle la ausencia. Salen todos vestidos de villanos, con espadas, y pistolas, Lisardo, y Crotaldo. Pues es tan de noche ya, bien puedes entrar conmigo. Quién va allá? Perote, amigo, deteneos. Quién va allá? Benito, quién ha de ser? Señor, y primo; qué error! hoy que mi suegro, y señor os havido menester, no venir en todo el día? y en verdad que muy inquieta habéis tenido a Gileta, vuesa prima, y mujer mía. Tuve cierto inconveniente. Quién viene con vos? Ha sido un deudo, que a verme ha venido, Luego ya hay otro pariente? Y que desde aqueste día muy vuestro amigo será. Han vido lo que se va creciendo la arcurnía mía? yo a decir a mi mujer, que hay otro primo en campaña; que venga a abrazarle; extraña familia debe de serí Vase. No pudimos excusar el verme. No importa nada; pero ya que en este traje, bien como el Sol entre pardas nubes, tantos resplandores disimulas, y disfrazas; ya que dentro del jardín tener ocultas me mandas, para los dos prevenidos de acero, y de fuego armas. Ya que a su puerta has dejado criados, que las espaldas te guardan, y en ese parque una carroza emboscada, dime, señor, que es tu intento, para hablar hoya Diana, después de seis, o ocho días, que de los jardines faltas, has havido menester de hacer prevenciones tan tas? Ay Lisardola más empeños la ambición de mi honor pasa, a más riesgos le despeña, y más peligros le arrastran, que el doliente, a cuya vida imposible es la esperanza, de otro imposible ha de hacer contra veneno sus ansias! No quise decirte, cuando te llamé aquesta mañana a aquese fuerte, que está de Mantua, y Parma a la raya, cuando te dije que hicieras la prevención de las armas, y cuando traje en efecto esa gente, que me aguarda, la causa porque tu entonces dificultades no hallases, pues aunque buenos no fueran tus consejos, de importancia, Ahora, si, te diré de mis intentos la causa, porque dentro del peligro, es necio quien le repara, que una cosa es prevenirse, visto desde fuera, para no entrarse en él, y otra cosa es dentro de él, cara a cara, mirarle, para salir de él con valor, o con maña. De estos dos estados, pues, Lisardo, en el que te hallas, es en el de mirar como hemos de salir, pues basta decirte, que en él estamos, con tan grande, tan extraña resolución, que no hay otro medio para mi desgracia, que morir, pues que no habemos de volverles las espaldas. Yo adoro a Diana, amigo, de tal suerte, que es Diana el aliento de mi vida, la inspiración de mi alma, Luego no vivo sin ella, y más cuando con tirana acción otro dueño tome posesión en mi esperanza. Decirme que el tiempo puede hacer que llegue a olvidarla, es delito, no consujo; o mal haya amori mal haya el primero que aslento tan vil tan torpe tan baja proposición, cómo hacer argumento de que haya consuelo jamás de ver en otros brazos su dama! Miente quien dice, que hay olvido, la prueba es clara, que si amor es una estrella, que influye en mí esta tirana pasión, y esta estrella siempre está en el cielo clavada, como faltará mi amor, mientras mi estrella no falta? Y siendo así, que es forzoso, que un hombre con ella nazca, es forzoso que con ella muera; luego es ciencia vana, que lo que hoy ha sido amor, ser nueda olvido mañana? Y así intento aquesta noche, pues no puedo sin Diana vivir morir de una vez, y no, Lisardo, de tantas. Qué es lo que habemos de hacer? Lisardo amigo robarla; no me repliques, ya sé que vas a decir la extraña enemistad, que han tenido nuestra sangre, y nuestras casas; que teniendo en esta acción quejoso a Misán, y a Mantua, ha de quedar destruida, sin defensa alguna, Parma. Todo lo tengo mirado, y todo no importa nada, como a Diana no pierda, pues logrando yo a Diana, con ella todo me sobra, sin ella todo me falta. A tanta resolución no he de responder palabra, si no morir a tu lado; más permíteme que haga sola una pregunta. Di Esta Diana avisada de que tú la esperas? No. Luego, no es su gusto que hagas esta violencia? Es así; mas no temo su desgracia. Cómo? Cómo cuantas veces pedí esta licencia, tantas llorando me la nego, y supuesto que lloraba, el no dármela, Lisardo, no me llorará el tomarla. Y en fin, si como otras noches, esta noche al jardín baja, perdonará su respeto, que aunque le tiene quien ama, tal vez quien ama le pierde. Si las sombras no me engañan la puerta a la galería de su cuarto abren, Dos damas salen al jardín. Serán, sin duda alguna ella, y Laura. Encubrámonos los dos entre estas espesas ramas, hasta asegurarnos bien de cual es. Salen Diana y Laura. Oh noche, ampara, pues de los hurtos de amor eres la nocturna capa, el mío, que blandamente hiere en las hojas el Aura. Y quebién sueña en los tristes su apacible consonancia. Las dos son. Bien las dos voces conocí. Solo nos falta reconocer de estas dos cual es Diana, y cual es Laura, que fuera muy bueno errarlo, sobre prevenciones tantas. No lo presumas, y deja ese engaño allá a las farsas. Acerquémonos un poco. Laura. Señora, que mandas? Por ver si de mis tristezas puedo divertirme, llama los músicos; oyes, mira: Qué haré yo para engañarla, y que se detenga más? Ap. Ya que evidencia más clara habrá, pues la que quedare sola, Lisardo, es Diana. Supuesto que no es posible engañarnos ya, repara, en que saliendo de aquí, al ruido de las ramas podrá ver que se le acercan dos bultos, y es recelarla: y así es mejor por detrás de este cenador, que espaldas nos hace, salir más cerca de ella Bien dices, Mis plantas sigue. Los músicos voy a traer. Vase Laura. Yo no esperaba mas que a enviarla, para irme adonde Fabio me aguarda. Vase, y sale Gileta. Oh que de mal se me hace desnudarme aquestas galas, sin que Benito las vea. yo he de ver si está ya en casa. Perote rebozido y salen todos por la otra puerta. Hasta ver adonde va, voy siguiendo a esta picaña. Es señora? Mas que viene a estorbarme esta villana: si, yo soy. Aún se están juntas las dos. Gileta, aquí aguarda, y iro te quites de aquí, ya vuelvo. De buena gana, Deme atrevimiento amor. Ves como Laura se aparta, y solo Diana queda? Y de más cerca mirada, lo dice mejor el mudo brillar de telas, y galas: ya no podemos errarlo. Deja que se aleje Laura. Quién no supiere de amor, no acuse, no, de libiana esta acción, aprenda a amar el que hubiere de juzgarla. Vase. Qué hará aquí a solas Gileta? Ya no se descubre Laura, ahora es tiempo. Perdona, hermosísima Diana, o no perdones; la puerta coje, y nuestra gente llama. Ay! ay de mí! No des voces, con tu esposo vas, Se engañan; vuesas mércedes adviertan que es. Nadie diga palabra, o le meterán, si hablare, en el cuerpo cuatro valas. Vanse. Marido so del Paular, y aún más que el paular me falta. Lisardo, tú en la carroza la pon, y cediendo al Aura, vuela, que yo iré detrás, guardándote las espaldas: Ya sabes donde, al primero fuerte, término de Parma; venga ahora el mundo, pues ya está en mi poder Diana. Vase. Vayan muy en hora buena sus mercedes, y si mandan otra cosa, me la avisen, que a mí no se me da nada por mí, si no por un primo, a quien Cileta hará falta. Sale Laura. Ya los múlicos detrás de ese cenador, Diana; señora pero que veo? estruendo de ruido, y armas a las puertas del jardín? traición. No hables más palabra Laura, que te meterán en el cuerpo cuatro valas. Denme la muerte, no importa, si se llevan a Diana. Mejor lo hizo Dios conmigo; Gueta es a la que agarran. Tú eres traidor, y porque yo no dé voces me engañas. El engañado yo fuera, a no ser verdad tan clara. Pues como viendo llevar a tu mujer. no los matas? Cómo estos deben de ser gente del Refugio, que anda quitando por caridad a las mujeres que cansan. No es si no temor que tienes, De que la vuelvan mañana. Dime, pues si fue Gileta la que llevan? Si a Dios gracias. Veré el Palacio, y veré si por el ruido Diana huyó, y si el vestido hizo este engaño; mas si falta de su cuarto, diré al Duque, por librarme, cuanto pasa, y que el que a Diana lleva, es el Príncipe de Parma. Vase. Por esto es bueno ser uno callado, miren si hablara, pudiera ser que me hicieran algún disgusto en la panza, que esto de haberse llevado a mi mujer, no me agravia, que ellos los cargados son, pues ellos llevan la carga. Vase, y salen Flor, Silvia, y Porcia. Melancólica salgo con el día, por ver si la templada cetrería, República del viento, que sus esferas puebla ciento ha ciento, de acores, y borníes, de sacres, gerifaltes, y neblies, divierte generosa la presunción de una pasiónce- losa. Quien pudo hoy a los cielos obligar a decir que tienen celos? Quién a los cielos pudo obligar a sentirlos? no lo Y pues hablar tan claramente tengo, sepan el Sol, la Aurora, el Alba, el día, que tengo celos, y de quien los tengo. Crotaldo, dueño infiel de mi albedrío, Crotaldo, injusto ardor del pecho mío, es quien celos me ha dado, viendo que de Diana enamorado, ya lo he sabido, cada noche pasa a Mantua disfrazado, mariposa del fuego en que se abrasa. Sepan también, que está la causa ha sido de haber a aqueste fuerte yo venido, que es término de Parma, y Mantua adonde, para ir de noche todo el día se esconde: y sepan finalmente, que hoy espero, pues muero ver la pena de que muero, Presto estarás vengada, pues con el de Milán luego casada la verás. Haste engañado, que perderla él no alivia mi cuidado, antes son más mis celos, por lo que ha de perder. dentro Socorro, cielos! Qué voz tan temerosa! los vientos ha cortado lastimosa. En ese monte ha sido. Ya no solo es asombro del oído, pues ya también los ojos se meten a la parte en los enojos: No ves precipitado un bruto, que sin rienda desbocado, subiendo peña a peña, por despeñarse más, no se despeña? Si la velocidad, ay Dios! permite, bien el objecto que la vista admite, es mujer. Silv. Ya cayó el caballo, y ella, exhalación, si no arrancada Estrella, precipitada al suelo, a nuestras plantas da. Válgame el cielo! Infelice hermosura, si rayo no de la Región más pura, quien eres Silv. Ni respira, ni habla, ni oye, ni mira. Llama esos Cazadores. Llegad todos, llegad. Salen algunos. Tristes rigores! Qué miserable suerte! Esa mujer llevad a aquese fuerte, y al Alcaide decid, que su remedio trate, buscando el más extraño medio, que a su salud importe, y después volveremos a la Corte, que ver mis celos ya, por hoy, no quiero, habiendo tropezado en este agüero: Llevadla, pues. Sale Fabio. Gallardas Cazadoras, visteis, pues sois de este Horizonte Auroras, una mujer, que un Césiro corría? Quién es esa mujer? Una hija mía, que a la caza inclinada, nació, para morir tan desdichada. Esa mujer, o miserable anciano! en ese fuerte está, y aunque no es vano el temor de su vida, a su aliento veréis restituida: No os astijáis, si no acudid a bella, tratad de su salud, y cuanto en ella hubiereis menester pedid, en nombre de Flor; y porque triste no me asombre lástima semejante, lo que hubiere me avisad, si muriere, o si viviere. Vase. Ay infelice! ay triste! hay desdichado! que buena cuenta de Diana he dado! como vio que ya el día declaraba el peligro a que venía, dio los pies al caballo, que irritado se le desesperó tan desbocada, estando sucedida. la mísera tragedia de su vida. Este es el fuerte, donde en triste Ocaso, tanta luz se esconde: decidme, amigo, que aposento ha sido donde está una mujer; que ahora ha traído desmayada? Sale el Alcalde. En aqueste recogido la dejo, por si acaso la caída, con el descanso un poco se repara. No viviré hasta bella. Para, para. Un coche aquí ha llegado. mas que me importa, acudo a mi cuidado. Vase. Mas qué es otra aventura peregrina? dentro. Ninguno corra al coche la cortina, hasta que se prevenga al Alcaide. Oh Lisardo! Que se tenga una dama, que viene en aquesa carroza, aquí conviene, del fuerte en lo más íntimo, y secreto, que es cosas de Crotaldo. Yo prometo servilla en cuanto pueda. Haz llegar bien el coche. Ya lo queda, Bien puedes apearte, bella Diana porque en esta parte ocultarte conviene, mientras llega Crotaldo, que ya viene, porque atrás se ha quedado. asegurando, ay Dios Sale Gileta. Hemos llegado, primo, do me traéis? sí, pues discreta se paró en esta casa la carreta. Cielos, que es lo que veo, que mirándolo más, menos lo creo! Villana lance fuerte! cómo has venido? dónde? de qué suerte en aquesa carroza? Pensaban que traían otra moza? pues yo so la traída. Lis. Hoy perderé la vida! Y si fue vueso amor quien ha obligado, decidme de que estáis tan enojado? dejade allá a Pírote que le pese. Qué aquesto sucediese! Qué hará Crotaldo, ay cielos! cuando vea, que esta villana la robada sea? Retirarme pretendo, antes que él llegue a bella, porque entiendo; que aunque él igual conmigohizo el engaño, sobre mí solo ha de cargar el daño, sin mirar que su culpa me disculpa, que el poderoso nunca tiene culpa: Y así sepa el engaño de este día, mas de otra boca; y en ausencia mía llevad aquesta dama, y de escon deerla tratad, donde ninguno pueda bella, vete de aquí; qué penas! qué molestias! Han vido! si se irán, que no son bestias: Afé que de otra suerte mos habraba, cuando villano en muesa tierra estaba. Vase. Quitarme ahora quiero delante de Crotaldo, porque infiero mi muerte, si le aguardo, aquí no me ha de hallar. Sale Crotaldo, y criados Dónde, Lisardo, el Sol está que adoro? dónde la estrella, cuya ausencia lloro? dónde el hermoso día? donde la luz, que al Alba desafía, que yo, porque viniera más segura, pensando, ay Dios! que era gente que la seguía, una tropa, que acaso acá venía, me detuve, por bella, y asegurarme, con reconocerla? Cómo no me respondes? el color mudas, y la voz escondes? dime donde escondido está el rayo del Sol, que hemos traído? dónde le has ocultado? Ese rayo, que al Sol hemos hurtado, en este fuerte está, al Alcaide dije, que en él la retirara. Qué te aflige? si en él está, qué teme tu cuidado? Iré a bella, y en lágrimas bañado, la pedirá perdón mi atrevimiento, aunque mi amor disculpará mi intento. Yo, antes que llegue a bella, me retiro. Extrañas cosas son estas que miro! De Crotaldo engañado, a robar a Diana le he ayudado, si esto llega a saberse, Parma, Milán, y Mantua han de perderse, y así al Duque avisar de todo quiero, para que lo remedie, que esto infiero, que en ley de buen vasallo debo hacer, luego es justo ejecutarlo. Vase. Triste a Lisardo veo, y al Alcaide, no hallo, algún mal creo, no es mi sospecha vana. Sale Fabio. Gracias a Dios, que en si volvió Diana No me dirás, villano, donde está una mujer, un cielo humano, que trajeron ahora aquí? Este es Crotaldo, y nada ignora, ya sin duda sabia, Aparte que Diana venía, y que cayó también, pues que pregunta por ella. A el. Esa mujer, media difunta, al susto can le dio tan gran caída, llegó aquí, pero ya restituida a su aliento se ve. Vase Fabio, Cielos, qué he oído? la carroza sin duda había caído, y está la causa era porque Lisardo habló de esta manera! Mas, pues, viva la veo, lágrimas dé en albricias al deseo. Sale Diana. Gracias al cielo, que otra vez respiro! dónde estoy, cielos? cómo? mas qué miro! este es Crotaldo, presto le dijeron, que estaba aquí, las gente que me vieron. Con temor la he mirado. Con vergüenza le he visto. Pero que me resisto. Pero que me he turbado. Si amante, y firme doraré con ella el noble atrevimiento de traella. Pues doraré con él amante, y firme, el noble atrevimiento de venirme. Ponga amor en mis ojos, en mis labios, afectos que disculpen sus agravios, Ponga amor en mis labios, y en mis ojos, afectos que disculpen sus eno: jos. Más vano es mi temor, Mi pena es vana: oye, Crotaldo. Escúchame, Diana, que antes que tú hables, es justo, que yo las disculpas dé a tan grande atrevimiento, como verte en mi poder. Pues si tú das las disculpas, firme amante, galán fiel, de ese atrevimiento, antes, que te diré yo después? Nada me dirás, Diana, que es lo que yo intento, en fe de no escucharte quejosa. A mi quejosa? de qué? siendo yo la culpa? Aquí no hay culpa ninguna; quien ignora que es el amor una pasión tan cruel, que tirana, no se rinde a razón, consejo, y ley? Nadie lo ignora, y mayor mente, si en mi extremo ve atropellado el decoro de tan principal mujer. Es verdad, mas considera, que a un yerro de amor, no es bien el nombre darle de yerro, pues trae dorada la tez, y más si al de amor se añade el de los celos también: porque quien podría esperar verte en ajeno poder? Y así, previniendo el daño, que mucho, Diana, que a tanto riesgo te hallases hoy en mi Estado? Dia. Que bien en el estilo galán, y en el término cortés, no me has dejado que diga, en mi vida no sabré cuanto he estimado el oírte; ay Crotaldo! encarecer, que me hallaba embarazada conmigo, por no saber, que disculpa había de hallarse a tal osadía! Cro. Que bien, en las finezas constante, y en los extremos fiel, no te das por entendida de tu ofensa, que pensé que no te desenojaras! Yo, qué ofensa? La de haber atrevídome a traerte con un riesgo tan cruel, que pudiera la caída costarte la vida. Quién tan presto te lo conto? Un villano. Aquese es un criado mío; mas donde te halló Al instante llegué al fuerte tras ti, que yo nunca de seguir dejé la carroza. Qué carroza? La que te trajo. No bien informado estás, que a mí. Suspende Diana, deten la voz, porque siento gente, y no todos te han de ver, retírate aquesa cuadra, hasta que sepa quien es. Vase Diana, y sale Lisardo. Ya estará desengañado Crotaldo: yo, aunque intenté huir, lo he pensado mejor, y así me atrevo a volver, que no he de hacerme culpado, aunque la muerte me dé. Señor, los acasos no están en mi mano. Pues quien te culpa a ti, Lisardo, siendo tú por quien hallé la paz de toda mi vida? Cuando enojado esperé que me hablaras, irritado de aquel descuido cruel, con los brazos me recibes? Aunque gran descuido fue, que costar pudo su vida, tú que culpa tienes de él? Ninguna, señor. Y todo cesó, cuando a Diana hallé con salud, que la caída no la hizo más mal, que haber con el susto desmayado su divino rosicler. Qué Diana? oh qué caída? tú no la debes de haber visto? Si he visto. A diana? A Diana, digo, pues; que dificultad ha habido, si aquí la mandé traer, y tú la trajiste aquí, que aquí la halle? Mira bien, señor, si has visto a Diana aquí, porque yo. Que estés tan necio! si has sospechado que murió del golpe, ven aquestao cuadra, y verasla buena, y sana. Perderé el juicio si la hallo aquí! Espera un poco, detén, no entres, que entra gente, y tú solamente la has de ver. Sale Floro. Señor Flor túprima, a caza salió a este monte, y a él, por seguirla, o por buscarte, tu padre salió también. Ay de mí! si algo ha sabido? Pues cómo lo han de saber, si yo con andar en ello, vive Dios, que no lo sé? Salen Flor, Duque, gente, y Fabio. A ver mi desdicha vengo, supuesto que vengo a ver mis celos. En gran peligro esta Diana. Tus pies me da. Dónde habéis estado, que tanto os desparecéis? En estos montes a caza. Ay falso, ingrato, y cruel! Este es el mejor remedio. Crotaldo, los hombres que tienen las obligaciones, que yo tengo, y vos tenéis, de cualquiera enemistad, de cualquiera enojo, es bien hacer árbitro al acero, a la campaña juez, no al engaño, y la traición, porque las vidas aquel quita, y el honor estotras, y el honor siempre ha de ser reservado al enemigo, y no ha de tocar en él, que si el vencer sin matar, consigue noble laurel, que conseguirá victoria, que es matar, y no vencer: Y así, si el Duque de Mantua es vuestro enemigo, haced guerra a su Estado, mas no a la opinión le toquéis. Robada os habéis traído, todo, Crotaldo, lo sé, a Diana, una hija suya, y estar Diana no es bien en mi Estado, con desaire tan grande, como en poder vuestro escondida, y oculta. Y así, que parezca haced, porque quiero a todo el mundo con esto satisfacer, de que no fui parte yo en tanta osada altivez, viéndola con más decoro en mi Corte, en mi dosel, hasta que la restituya a sus Estados, porque esto de ser vuestra esposa, ni ha de ser, ni puede ser. Señor, yo a Diana, yo robada! No lo neguéis. Ay infelice de mí! si la hallan que he de hacer? Cómo han de hallarla, si no está en el fuerte? otra vez vuelves a quitarme el juicio! Hola, abrid, o romped esas puertas. Aquí está una dama. Sale Diana. Habrá mujer mas infelice! señor, si humilde puede a tus pies hallar piedad, yo, Diana. Alzad del suelo Esta es la que hoy cayó del caballo, y la que yo retiré. Esta, señor, es Diana, encubrirla imaginé, por excusarte este enojo, mas puesto que ya la ves, a peligro sucedido, trata el remedio, porque el volvérsela a sus padres, ni ha de ser, ni puede ser. No ha de valerte el engaño, traidor; señor, está no es Diana, por dar lugar a librarla, quiere hacer estos extremos Crotaldo, porque esta es una mujer, hija de aquel hombre viejo, que yo a este fuerte envié hoy desmayada, y esotra llegó en un coche después: Busca, señor, a Diana, porque está no puede ser. Librarla ahora del riesgo ap. es lo que yo he menester: Es verdad, esta es mi hija. Qué es lo que mis ojos ven? aquí Diana! aquí Fabio! Aparte cielos, cómo puede ser? Que digan que no es Dienal Alcaide. Dame tus pies. Qué mujer es está? Esta la que Flor ha dicho es, que la que en una carroza Lisardo trajo, y la que Crotaldo mandó guardar, pues negarlo no podré, es esta, señor, que miras. Sale Gileta. Bravos guisados, par diez, conmigo hacen todos hoy! Esta no es Gileta? Ves como te quería engañar, para esconderla después: mal te ha salido el engaño, Crotaldo enemigo. Pues me ha dado la vida Flor, por darme la muerte, haré Aparte la desecha: Ya, señor, que es tan injusta, y cruel mi suerte, que en tanto mal, nada me sucede bien, advierte, mira. Y a basta, esto en fin es fuerza; de vuestra Alteza, gran señora, la mano, que espera, quien desea su honor, y vida. Con qué comeré después, y haré las demás haciendas? Aunque más disimuléis, ya os habemos conocido. Luego no me compraréis? Flor, llega a hablar a Diana, Y en ella a hablar llegaré a la causa de mis celos: Venga tu Alteza con bien. Que me prace; todos estos están borrachos pardiez. Que os obligaba a fingir, no siéndolo vos, el ser Diana? Pues me lo preguntas, yo, señor, te lo diré, El apurar esto ahora, nos ha de echar a perder. Criada soy de Diana, y cuando a verla llegué robada, por no vivir sin ella, la seguí; bien lo dice el haber llegado de la suerte que llegué: y porque ella se librase, yo quise culparme. Pues su criada sois, con ella venid, señora, también. Al gusto le ha esto mal, lo que a la disculpa bien. Hola, llegad la carroza; venga tu Alteza. A la he. Dónde hasta escribir al Duque, nuéspeda de Flor seréis: y vono estéis en la Corte el tiempo que en ella esté Diana. Coo si con ella va mi vida? Entrad. Si haré, En parte templa mis celos, ser esta quien me los dé. En qué ha de parar aquesto? Basta que yo voy a ser la Señora, y la Criada, quiera amor que pare en bien! Jornada Tercera Salen Crotaldo, Fabio, y Lisardo. Como a Palacio te atreves a venir? Siguiendo vengo el remedio de mi vida. Advierte. Nada temo, dejadme los dos; en tanto, que a aquesta acción me resuelvo; pues ya informado de todo, sé en lo que consiste el trueco, Vanse los dos, y sale Flor. Habrá pasado por nadie, que una loca le dé celos? si hoy viera Crotaldo como está Diana, bien creo, que de su amor, y mis ansias acabaran los extremos. Flor hermosa, a quien el cielo amenaza con rigor, porque por hermosa, ay Flor! naciste sujeta al hielo: Mayor fuera tu desvelo, si yo tratará tus daños: hoy con mentiras, y engaños, desengaños vengo a darte, que fuera injusto negarte engaños, y desengaños. Para aquesto me he atrevido a haber entrado hasta aquí, aunque el destierro haya así hoy de mi padre rompido. Solo que me oigas te pido, oye, y luego tu rigor castigue mi necio error con tu desdén importuno; pues va castigo ninguno para mí será mayor. Yo, desigual a tu suerte, desde el día que te vi, a adorarte me atreví, mas no me atreví a quererte, porque mi respeto al verte, bella Deidad me hizo ser cobarde, por conocer, que una deidad singular, aunque se deje adorar, no se deja merecer, Con esta desconfianza, cuando mi padre trató casarme contigo, halló ocupada mi esperanza; que culpa, señora, alcanza el que querer no ha sabido, porque primero ha querido? Mayor agravio no hiciera en quererte, el que quisiera sacar tu amor de otro olvido? De Diana enamorado, perdóneme tu hermosura, si lo dice mi locura, no lo calle mi cuidado, vivo; y puesto que he llegado a declararme contigo, si con lágrimas te obligo, si con suspiros te muevo, haz tú con estiso nuevo vanidad de mi castigo. A mí me importa avisar a Diana de un secreto, que importa a su honor, a efecto de un gran daño remediar; licencia, pues, me has de dar, piadosamente obligada, y por no ofender en nada tu respeto, hablar no espero a Diana, solo quiero hablar a aquella criada, que vino con ella; no te parezca grosería ver, que la desdicha mía de tu amparo se valió, porque si pudiera yo negarte que la adoré, te lo negará; mas que te importara a ti, Flor bella, el saber que hablé con ella, si sabes que la robé? Crotaldo, negar que ha sido descortés tu petición, fuera negar la razón, que de quejarme he tenido, Confieso que yo he vivido loca de amor, y aún es poco, tu cuerdo; pero si hoy toco, que amor las suertes trocó, ahora tengo de estar yo cuerda, pues que tú estás loco. No has de quedar, que tormento! tan airoso, ay de mí triste! que ya que celos me diste, no has de saber que los siento: Y así, ser tercera intento, sepa que Diana está así, porque cuando hables de mí, en razón de mis desvelos, digas que me diste celos, pero no que los sentí. No solamente has de hablar con Laura o pasión tirana! mas para hablar con Diana, yo misma, yo, te he de dar tiempo, ocasión, y lugar, que si de mi injusta estrella he quedó alguna centella de agravios de tu mudanza, no quiero ya más venganza, que mirarte hablar con ella. Con esto curar intento mi pesar, si en mi hay pesar, pues celos no puede dar, quien no tiene entendimiento. Al tuyo. Flor bella, atento, quisiera a tus pies rendido, que los brazos que te pido, mejorando mi cuidado, fueran hoy de enamorado, como son de agradecido. Abrázala, y sale Diana. Sea muy en hora buena la paz, Flor, entre los dos, pues así. Válgame Dios! Hoy cesará nuestra pena, que si Crotaldo enajena su voluntad, claro está, que el destierro cesará de Diana. Estoy perdido! si esto es lo que te he pedido, licencia de hablar me da con Laura. Crotaldo, yo, aún para hablar la daré con Diana. Basta que hable con Laura, que no soy tan grosero. Si hallo; mas tu amor qué duda ahora? Tu respeto no se ignora. A mí no se me da nada. Basta hablar, con la criada. Mejor es con la señora; Laura, dónde está Diana? Mucho haré en templarme aquí, viene hacia dosotra? Di, que yo la llamo, o tirana ley de una presunción vana, esto me obligas a hacer! Sale Gileta. Quién es quien me quiere ver? Crotaldo. Quién es Crotaldo? presto decildo, o callaldo, porque lo quiero saber. Decir que esta es la que quiero, mientras está Flor delante, es fuerza el más firme amante, que con amor verdadero tanto explendor lisonjero adoró; el cielo es testigo de las verdades que digo, pues tu Deidad soberana estimo, hermosa Diana. Responde tú, pues contigo habla que tu Diana eres. Y es la verdad. Qué locura! En el loco no hay cordura, por más cuerdo que le vieres. Crotaldo, eso es lo que quieres, considera ahora advertido, pues eso es lo que has traído. que agravios habré llorado; pues eso es lo que has amado, qué celos habré tenido! Vase. Fuese ya Flor? Ya se fue. Quítate de aquí villana, que ya no he de hablar contigo, Han vido, y como nos trata en yéndose de aquí Flor! Deja tú, hermosa Diana, deja, hermoso dueño mío, que entré tus brazos. Aparta, que pensaré al abrazarme, según hoy liberal andas de abrazos, que por costumbre, y no por gusto, me abrazas. Plega a Dios, Diana mía, que él me destruya, si hay causa a tu enojo! Causa había de haber? mis ojos se engañan? Sin engañarse los ojos puede Qué? Engañarse el alma. Claro está, que como ella con los ojos no se trata, no ha de creer a los ojos. Sí, mas la disculpa aguarda; entrará por los oídos, que de esta fábrica humana, donde huésped de aposento vive de prestado el alma, los oídos son las puertas, si los ojos las ventanas. Ahora bien, yo quiero irme, pues ya no sirvo de nada. No te vayas, que a los dos importa que no te vayas, para hacer nuestra desecha. Hede estarme hecha una estatua? Y volviendo a mi disculpa, Disculpa hay? Oye, y sabrasla. Informado ya de Fabio, y Lisardo, en cuanto pasa, que tú te veniste, y que robaron a esta villana; viendo traerte a Palacio, tu disculpa fue la causa, para que fueses en él la Señora, y la Criada, arrastrado de mi amor, osé entrar ha estas salas: si a Flor abrazé. Que aún no lo niegues! No porque echara a perder una verdad, si en una mentira hallara la disculpa. Con todo eso me holgara que lo negaras, aunque mintieras, porque en el duelo de las damas queda bien puesto el que miente, si miente a desenojarlas, No es mejor desenojar con la verdad? Sí, más aila? A Flor abrazé en albricias de que licencia me daba de hablarte, porque con ella me declaré cara a cara. Qué cariñosas albricias! pero a quien ya tiene gana, Crotaldo, de perdonar, cualquiera disculpa basta, no hablemos en lo que ya sucedió; cosa fue rara! sino al remedio acudamos de lo que suceder falta. Este engaño no es posible durar, pues de hoy a mañana se ha de descubrir quien soy, y aún lo que dura es por traza de haber dicho yo que está loca del susto Diana. Huélgome de saber eso, que puede ser de importancia. Y así, antes que el desengaño cierre el paso a la esperanza, y mi padre con Fisberto hagan árbitro a las armas, tratemos salir de aquí. Tú no sabes cuantas guardas tienes puestas en Palacio, pues si yo camino hallara de entrar aquí hablara a Flor, Pues qué hemos de hacer? Aguarda, Flor vuelve ya, Pues yo me vuelvo a ser la criada, Yo a enamorar a este tronco, cuanto a ella digo repara, que es siempre hablando contigo. Hermosísima Diana, a solo verte he venido, traído aquí de mis ansias. Pues qué es aquesto? unas veces so Princesa, otras villana; unas Diana, otras Gileta; so acaso vuesa pendanga, que del palo que queréis me hacéis, en dando las cartas? Sale Flor. El Duque; válgame el cielo! viene al cuarto de Diana: Así he de disimular Aparte que di licencia de hablarla. Crotaldo, que atrevimiento es este? tú en esta sala? tú en el cuarto de su Alteza? diré al Duque cuanto pasa. Pues tú misma. Salen el Duque, y criados. De que son las voces Fl. De que ya es tanta la osadía de Crotaldo, que hasta el cuarto de la Infanta se ha entrado, sin advertir que soy yo la que la guarda. Vive Dios que fue a avisar al Duque, y que no de humana, no, si no de vengativa, me dejó entrar; o tirana! vive Dios que he de tomar de ti la mayor venganza Por cierto, Crotaldo, vos no lo miras bien, no basta poner hoy en contingencia de perderse a toda Italia, si no que una sola acción, que en mi disculpa guardaba, que es el decoro con que trato en mi estado a Diana, también queréis destruir, perdiendo con arrogancia el respeto a aqueste cuarto? Qué te admira? qué te espanta de que rompiendo tu ley, tu decoro, y tu palabra, locos extremos, no ya de amor, de dolor los haga, viendo a mis ojos; ay triste! presente la más tirana acción, la más torpe, mas cruel que ha contado la fama, por cuantos espacios vuela de lenguas vestida, y alas, desde el Alba, hasta la noche, y desde la noche al Alba. Flor, señor; no es tiempo ya de que disimule nada, en lágrimas, y suspiros mi verdad desecha salga, Flor, celosa de amor, que rigorlle dio a Diana veneno, con que rindió el juicio, infame venganza! Qué dices, Crotaldo? Digo la verdad, donde yo estaba me lo dijeron, que nunca en Palacio; ay cielos! falta. quien lleve las malas nuevas, o ellas se van, si son malas, que las desdichas, señor, de todos saben la casa, y ellas se van por su pie, que no es menester llevarlas? Mira esa beldad, señor, tan desecha tan postrada, que entre confusas especies, de nada le sirve el alma. Advierte quien aventura tu honor, tu opinión, tu, fama, Flor, o yo, pues para el mundo mi delito ha sido amarla, y el de Flor aborrecerla? que dirá Milán, y Mantua, viendo que hoy en tu poder perdió el juicio, a la tirana fuerza de sus celos, quien hoy vive en tu confianza; pero ya la vengaré, sino me das a tus plantas de mis delitos justicia, y de los suyos venganza. Calla, calla, que ya sé que son engaños que trazas. Llega tú a hablarla, y verás quién es, señor, quien te engaña. También lo podrá fingir. Finga, o no, yo llego hablarla: Vuestra Alteza, gran señora, que gusta diga, y que manda? Que nunca a solas me dejen, con don Caldo, y con Don Ana! porque acompañadaso señora, a solas criada, pues en viéndome sin gente, como ellos quieren me tratan. Esto no es fingido, no, Qué desdicha. Qué desgracia! Vos, Crotaldo, porque así no atropelléis mi palabra, preso en esta torre quiero que estéis. Si está presa el alma, que uimporta que lo esté el cuerpo: ay bellísima Diana. Vanse. dentro. Quién hubiese visto una mujer mía? Qué es aquello? Con un primo, por más señas, que se la llevo a otros Reinos de edad de veinte y seis años, véngala a restituyendo, le darán su buen hallazgo, o a quien latuviere, luego se la pedirán por hurto? Hola. Señor. Ved qué es eso. Un villano auda por Parma, en destemplados acentos, pregonando a su mujer, cosa con que todo el pueblo ha dado en seguirle, que es muy gracioso fuera de esto: y como estas sabandijas dan luego en Palacio, creo, que a Palacio le han traído; la gran tristeza sabiendo de Diana, por si acaso divierte sus sentimientos. Tráésele tú por tu vida a Diana, que yo tengo hoy muchos cuidados, para tratar de entretenimientos: Pues a casar con Diana, dicen, que pasa Fisberto, y que, ya entra en mis Estados, (qué pesar!) al mismo tiempo, que el de Mantua con su gente viene marchando hacia ellos: Entre un padre, y un marido ofendidos, como puedo defenderme yo? ay Grotaldo, en que de dudas me has puesto. En fin he de festejar yo a la causa de mis celos! decid que el villano, Floro, entre aquí. Ya te obedezco; entra, que te llama Flor. Sale Perote. Ya ando yo ala flor del berro y no he menester más flor, Quién sois? Soy un majadero, pues buscando a mi mujer, de tierra en tierra me vengo, como hombre desdichado. Pues dónde se fue? Yo creos iegún un primo, señora, se nos metió de por medio, que a Roma por todo. Cómo la buscáis aquí? Por eso, que si ella viniera a Parma, fuera yo a Roma al momento, que no la busco por más, que por solo el cumplimiento. Mirad que quiere Diana hablaros, y conoceros. Qué Diana? La Princesa de Mantua. Mucho me alegro: pues esta acá? No la ves. Mucho de verla me huelgo. Salen todas las damas que pudieren, vistiendo a Gileta, con espejo y recado de tocar. Este es Perote; sin duda, aquí se acabó el enredo, si yo, antes que se declare, ahora no lo remedio. Ya te he dicho que hables poco, y mesurado Ya entiendo. Cómo ha dormido esta noche vuestra Alteza? qué a esto llego! Poco, y mesurado. Ah estado mas aliviada de aquellos pesares suyos? Sí; poco, y mesurado: Va bueno? A Diana. El Duque mi tío, que siempre pretende vuestro contento, sabiendo que hay hoy en Parma un villano, por extremo gracioso, le envía que temple parte en vuestros sentimientos; llegad, y besad la mano a la Infanta. Bueno es esto! Infanta llama a Gileta? Mirad que habléis con respeto a la Infanta, o os darán muerte que ya es otro tiempo, ni yo soy Diana, ni ella es Gilenta. Muy bien lo entiendo; ni vos sois Gileta, ni ella Diana; dadme con respeto hoy a besar vuestra mano, Infanta, si la merezco. Para en uno son los dos. En verdad, a muy buen puerto le ha traído su fortuna, aquí de él vengarme pienso; quién sos, villano, decid? El menor marido vueso, que a vuestras plantas está. Ya qué venís a ese Reino? A buscar a su mujer un Feo bajó al infierno, y otro Feo a buscar viene a su mujer a otro Reino. Bien gracioso ha está el simple, por el gusto que me ha hecho, Flor, quiero que en Palacio se quede; hága sele luego un sayo de loco, y ande con su capírote puesto. A mi capírote, y sayo? De esta manera veremos quien es el busón, Perote, el juglar, y el placentero, enjerce, enjerce. Luego eres Cileta? Craro está eso. Avíanme dicho que no; cómo estáis aquí? Comiendo, Pues quién te trajo? No sé. Y a qué? Pues yo que sé de eso; sé que como, y bebo bien, que bien visto, y que bien duermo, y que me llaman Diana, en lo demás no me meto. Diana te llaman? Sí. Ya el porque, Gileta, creo. Por qué? Porque Diana fue quien convirtió a Autón en Ciervo, y tú a tu Perateton. Muy bien, enjerce, que yo me huelgo. Y en fin, en traje de loco tengo de andar? Sin remedio. Sale el Duque. No le ha agrado el villano? No señor. Raro suceso! que podrá vuestra tristeza divertir, señora? Nada tanto, como que a ese loco volteen en una manta Estás borracha, mujer? Qué desdicha! Pues la Infanta gusta, venga un repostero. Si es repostero de prata, venga, mas con la merienda, Volaréis, sin tener alas. Albrazo seglar de pajes estáis ya entregado, vaya, boltéenle, enjerce, enjerce. Si está hoy con él loco? Vaya. De mi pudiera herse una Comedia, que se llamara el busón de su mujer, mas tuviera mala traza. En reposteteando al loco, que venga a decirme gracias. Sale Floro. Fisberto, de Milan Duque, que a Mantua a casarse pasa. con grande acompañamiento, hoy dicen que entrará en Parma, como ya se tiene escrito. Quién vio confusiones tantas! qué he de hacer? porque decirle a un hombre en su misma cara, vuestra mujer os robaron aún antes de serlo, es rara proposición: pues callarlo, teniéndole yo en mi casa, donde ella está, ya es segunda traición; el cielo me valgal que haya una duda, tan una, por las dos partes contraria; que ofenda cuando se dice, y ofende cuando se calla! Imposibles pretendí, puesto estoy en confusión! que puedo hacer? La ocasión de hablar, yo llego, oye. Di, Has de estar solo: yo intento pedirle, ingenio, favor; óyeme atento, señor, que importa aquí estar atento, El tiempo que se trataba de las bodas el concierto de Diana, y de Fisberto, Fisberto, que imaginaba, que la fama le mentía, en la beldad, mas que humana; que publicó de Diana, disfrazado a verla un día vino, donde no faltó alguien que le conociera; y a Diana lo dijera: Ella, que no se obligó de la fineza, ofendida de ver la desconfianza; quiso tomar por venganza el no ser desconocida: Y una vez que en un jardín con unas joyas entró, fingirme a mí me mandó su misma persona, a fin de que Fisberto volviera sin verla. Yo hice el papel de Diana, y hoy con él Diana soy; de manera, que si tú le has de hospedar, y desengañarle quieres, mejor remedio no esperos, que ponerme en su lugar: Yo le desengañaré, disculpándote a ti hoy, pues él presume que soy Diana hasta ahora; con que en lance tan importuno, tu temor se mejoró, pues de dos peligros, yo me atrevo a vencer el uno, y aún los dos, pues lo más cierto que mueve al Duque al rigor de venir con tal furor, es el cumplir con Fisberto. Y hoy, de mi desengañado, aún de tu parte se hará, pues sin remedio verá el fin de su amor burlado. Cuando eso suceda así, al llegar al desengaño, en pie no se queda el daño, loca Diana? No. Di, de qué suerte? Con casas a Diana, y Crotaldo, pues este el desengaño es de los dos, que esto de estar entoncos loca, o no ella, no les toca a los dos, pues a Crotaldo toca, que es el que ha de vivir con ella, Ese en fin habrá de ser, que son necios desatinos andar a buscar caminos, quien no tiene en que escoger, Sale Lisarda. Ya por Palacio entra ahoro Fisberto. Pues que tú hay triste! tan buena criada hiciste, empieza a hacer la señora. Sale Fisberto con el más acompañamiento que pueda. Dame la mano, qué miro! Diana, tú en este Palacio? que ha sido la causa? que el suceso? Oye, y sabraslo, qué teme mi amor? Fisberto, cuando mi padre, tirano dueño de mi libertad, trató de darte mi mano, yo no te la pude dar, porque estaba (en qué reparo?) la medicina que duele, sana más presto (que aguardo en aplicarla a tu oído, duela, y sane el desengaño?) estaba, perdone amor, desposada con Crotaldo. La herederá enemistad de nuestros padres, que en bandos tuvo a Italia fue la llave de este secreto, hasta tanto, que como mina oprimida, en el centro de los años, reventó con más poder, y obró con mayor espanto. No fue parte el Duque en esto, y si a decir más me alargo, ni Crotaldo no fue parte, yo fui el todo, pues mirando tan cercano mi peligro, (perdóneme, que le llamo peligro) una noche pude llegar con solo un criado a Parma; supolo el Duque, que prudente, y cortesano me trajo a su corte, donde, por poder desengañaros de su inocencia, me tuvo con tal decoro, y recato, que por no turbarle en nada, hoy tiene preso a Crotaído. Esta es la verdad, y yo, no solo rendida aguardo, que como Príncipe Invicto que como joven gallardo, no irritarás las ofensas de mi padre, que enojado me busca, si no que altivo, como tan noble, y bizarro, darás, templando su furia, hoy a una muejer amparo, pues hoy, antes que ofendido, te has de mostrar obligado. Supuesto, o Invicto Fisberto! que fuera mayor agravio, que enamorada de otro, a ti te diera la mano. Qué bien lo ha fingido, cielos! Con la verdad le ha engañado, Bien ha sido menester escuchar de ti este caso, para que yo respondiera con sentimiento, y sin manos, porque de una dama solo se escuchan bien desengaños, Al Duque tu padre he visto, y en mí su queja ha librado de estos disgustos, y el medio ha de ser, que dé la mano Crotaldo a Diana, que yo haré gala de mi agravio. Tu noble pecho descubres. Lo más tengo remediado, si el estar loca Diana fuese exceso de un engaño: dicha fuera. Salen todos. A recibir huésped tan grande salgamos, Crotaldo, tantos extremos, con darte a Diana pago. Con mis brazos lo agradezco, y después le doy mi mano. Qué haces? Darle a Diana, señor, la vida, y los brazos. Descubriose la maraña. Mas qué me quitan el hato? Qué dices? Que esta es Diana. Esta es Diana? qué aguardo? Pues cómo es esto? Haber sido, señor, en este Palacio la Criada, y la Señora, donde mi nombre ha tomado está villana, que ha sido mujer de aquese villano, a cuyo poder la vuelvo. Guélgome de haberte hallado, porque me pagues maestra lo de hogaño, y lo de antaño. Yo a Flor, con vuestra licencia, para honor de mis Estados, daré la mano, con que deudos, y amigos quedamos. Dicha es mía, y la mayor, que pudo hallar mi cuidado, La Señora, y la Criada, aquí fin con esto ha dado; merezca de vos perdón, ya que no merezca aplauso, FIN