Personajes EL LUCERO LA SOMBRA LA ESFERA DEL FUEGO LA ESFERA DEL AIRE LA ESFERA DEL AGUA LA ESFERA DE LA TIERRA LA NATURALEZA HUMANA EL MUNDO LA INOCIENCIA EL JUDAÍSMO LA GENTILIDAD EL PEREGRINO MÚSICOS Sale el Lucero vestido de estrellas. ¡Ah del confuso horror, cuna del pasmo y tumba del temor, patria horrible y cruel del susto infame, del asombro infiel, escuela del penar, mansión del llanto, casa del pesar, reino de confusión, Babel del siglo y lóbrega región del espanto, el rencor y la impiedad! ¡Ah del centro de cuya obscuridad la noche arrastra el lóbrego capuz! ¡Ah del privado auxilio de la luz, línea del mal, antípoda del bien, ciudad sin Dios! ¡Ah del abismo! Sale la Sombra, vestida de negro, de un peñasco. ¿Quién, penetrando veloz, al pavoroso acento de su voz deste siempre infeliz calabozo la esfera, a la feliz luz para todos, para mí cruel, me fuerza, abriendo dél el pálido bostezo, hoy a salir a perturbar de tanto azul zafir el puro rosicler, pues demudaron, al llegarme a ver desde el menor hasta el mayor farol, su faz la luna y su semblante el sol? ¿Quién pues, quién me llamó?, que la Sombra no ve si no oye. Yo. Yo; que nadie de ti, trémulo asombro, se valiera… Di. …sino solo quien fue nocturno rayo tuyo, y bien se ve serlo yo en que llegándose a apagar mi luz, al trasmontar el día en el mar, profético Isaías, que lo vio, «Lucero de la tarde» me llamó. Ya los ojos abrí y a pesar de la luz te conocí. Dime qué quieres, pues que ya sabes cuán tuya soy. Que estés atenta un breve rato a mi dolor. ¿Dolor tú? Sí. ¿De qué? De odio y amor. ¿De odio y amor a un mismo tiempo? Sí. ¿De quién el odio fue? De un sol que vi. Pues di ¿el amor de quién? De un sol que vi también. ¿Luego son ya, ¡ay de mí!, los soles tres? No te asustes, que un sol hay no más. Pues si ese es el regular reloj de ese divino luminar que de los astros rey a la noche y al día pone ley gozando el día entero su esplendor y la noche partido, cuyo horror de estrellas mancha el diáfano viril diez a diez, ciento a ciento y mil a mil ¿cómo tú amas y aborreces dos sin ser los soles tres? Como de Dios la imagen que sacó de su ejemplar, que es la que llego a aborrecer y amar por merecerlo ya su perfección, ya por encarecerlo mi pasión «sol» la llamé. Con todo, aunque salí de una duda, otra duda resta. Di. ¿Cómo una imagen sola pudo hacer dos efectos de amar y aborrecer? Uno y otro sabrás si atenta, ¡oh Sombra!, a mi dolor estás. Ya sabes… pero no quiero que lo que sabes escuches sin que primero te informe que mi voz mi pesadumbre. Sal de esa prisión en que la hermosa luz de quien huyes encarcelada te tiene. Llévala al primer carro. Ya te sigo. ¿Qué descubres por todo aqueste horizonte? Permíteme que lo dude que como desde el instante que Dios de aquel globo inútil, confusa masa —que «nada» quisieron que se intitule los profetas, bien que «caos» los poetas le traducen, por ser voz que significa un todo que se confunde—, me dividió de la luz y en fuga al verla me puse, es esta la vez primera que al declinar de su lumbre en oposición del día la noche me restituye, no es mucho que ciega al ver tan nuevos objetos, turbe la admiración y no sepa lo que este horizonte incluye, que aunque es verdad que seis noches al orbe en silencio tuve enviando mis tinieblas a que de horrores le enluten, yo —obscuridad en común a quien tantos atribuyen el ser de la culpa imagen de cuyo origen se induce serlo también de la muerte— de aqueste seno lugubre nunca salí, y así es fuerza, puesto que encerrada estuve, que —como dije primero—, tan nuevos objetos hurten la admiración a la vista y al alma el sentido usurpen. Pues pon en uno los ojos. Sean las hermosas luces del sol, que como enemigas es fuerza que me deslumbren. ¿Qué viste en él? El más bello astro, que noble y ilustre corazón del cielo, en todo engendra, anima y influye, tan liberal maravilla que sus rayos le deslucen pues de puro liberales vienen a hacerse comunes, que si él se estimara, y solo tal vez, de su hermoso lustre ostentara la belleza a pesar de la costumbre fuera otro tanto más sol, pues no hay nadie que se asuste de verle hoy morir, porque saben todos que madrugue mañana a ser otra vez sin que él se lo dificulte el mejor párrafo de ese encuadernado volumen, y si transciende mi vista a más que a verle y discurre a entenderle, me parece, bien que sus rayos me ofusquen… ¿Qué? …que la esfera del fuego entre astros que se traslucen se me representa como pidiéndome que la escuche. Pues escúchala; quizá sabrás a lo que te truje. Ábrese el primer carro, que será un globo celeste, y vese dentro a caballo sobre una salamandra la Esfera del Fuego y al redor de ella pintado unzodiaco con los signos y más astros y imágenes quese puedan imitar, en cuya rueda ha de estar en movimiento mientras ella representa cantando. Bella esfera del fuego que a cargo tuve, da calor a cuanto tu vista incluye porque al vivir todo de ver tus luces la Naturaleza de todo triunfe. ¿Hasla escuchado? Sí, pero no sé a qué fin se conduce tu pretensión. Pues bien claro te lo ha dicho: mas no apures el discurso en entenderla, puesto si a otro objeto acudes que él te lo dirá mejor. Pues sea el aire el que me alumbre. Y en él ¿qué ves? Un hermoso diáfano cuerpo voluble cuyo espacio es de las aves mansión, pues con inquietudes hermosamente veloces no hay parte en que no se crucen; su canto y su vuelo a un tiempo son al que curioso estudie sus idiomas ya carácter, ya vaticinio, si arguyes que no acaso aquellas canten y no acaso estotras sulquen, y si como en la región del fuego una imagen pude ver imaginada, puedo ver que otra la sustituye en el aire, me parece que otra aquellas voces suple. Pues atiende y solicita entender lo que pronuncie. Ábrese el segundo carro, que será una nube, y vese dentro la Esfera del Aire sobre un águila y alrededor de ella otra rueda en que estarán como volando varios pájaros, los cuales estarán también en movimiento, y ella canta. Bella Esfera del Aire que a cargo tuve, dale aliento a cuanto tu ámbito incluye porque todo alentado de auras tan dulces la Naturaleza de todo triunfe. Tampoco agora he entendido nada, ni sé qué me anuncie. Pues pasemos a otro objeto. Sea pues al que me mude ese encarcelado monstruo que desbocado presume sorberse la tierra y cuando montes sobre montes sube a equivocar con el cielo las espumas y las nubes apenas llega atrevido al margen que le resurte cuando a una rienda de arena todo su furor reduce. Este, pues, de peces que se encubren y se descubren tal vez que del agua saltan y tal que en ella se hunden, con la voz de sus sirenas también hablarme presume. Pues escúchala, podrá ser que mi pena articule. Ábrese el tercer carro, que será un escollo de mar, y dentro de él se ve la Esfera del Agua sobre un delfín y alrededor de ella, también en movimiento, una rueda de varios animales. Bella Esfera del Agua que a cargo tuve, da alimento a cuanto tu esfera inunde porque a todo animando tus arcaduces la Naturaleza de todo triunfe. Pues aun no la entiendo, sea cuarto objeto aquella cumbre de la tierra a quien posee la variada muchedumbre de diversos animales que unos bajan y otros suben entre árboles, cuyas copas al aire que las sacude hojas y frutos obstentan, siendo del peso que sufren no poco alivio las flores que en olorosos perfumes su falda con laberintos de varios matices pulen. Ábrese el cuarto carro, que será un peñasco, y vese en él la Esfera de la Tierra sobre un león, y entre árboles y flores varios animales que también estén en movimiento alrededor de ella, y ella canta. Pues ya que allí de la tierra la hermosa imagen descubres atiende, que ella podrá ser que mi dolor divulgue. Bella esfera del orbe que a cargo tuve, da vigor a cuanto de ti produces porque todo naciendo de tus virtudes la Naturaleza de todo triunfe. Habraslo entendido agora. No, pues todo se resume a un mismo concepto que es saber que a un tiempo procuren la tierra, el agua, aire y fuego que sus esferas tributen para una Naturaleza el fin a que las conduce su inmenso criador. Pues de eso ¿mi odio y mi amor no se arguyen?, ¿mi odio y mi amor no se explican?, ¿mi odio y mi amor no se inducen? No, si ya no es que más claro lo digan cuando se aúnen. Pues atiende. Aire, Agua y Fuego, ya que el día restituye a mis campos sus colores haciendo a la noche que huye que el manto de sus tinieblas o se aje o se arrebuje, venid a mi esfera todos para que cuando madrugue la Humana Naturaleza halle en nuestras prontitudes los vasallajes de tanta merecida servidumbre. Dices bien, y yo una llama llevaré con que se alumbre. Yo un abanico de pluma que ese calor desminuye. Yo en agua un espejo donde su gran belleza la adule. Yo mis frutos y mis flores, y nuestras voces se junten porque todas a una voz con el día la saluden, diciendo todas sin que la confusión nos perturbe: Cantando todas. Bella esfera… …del fuego… …del aire… …del agua… …del orbe… …que a cargo tuve… …da calor a cuanto… …tu vista influye… …tu ámbito incluye… …tu esfera inunde… …de ti produces… …porque todo… …viviendo… …alentando… …animando… …naciendo… …de ver tus luces… …de auras tan dulces… …tus arcaduces… …y tus virtudes… …la naturaleza de todo triunfe. Ciérranse las cuatro apariencias. ¿Aun no lo entendiste? No. Pues ya que escusar no pude el referir mis desdichas atiende aunque me murmuren que a vueltas de lo que sabes lo que no sabes pronuncie. Yo, pálida, oscura Sombra, a quien lugares comunes llaman «culpa» y llaman «muerte» porque como a tal te busque, soy, aunque este negro manto mi noble persona encubre, por alta naturaleza príncipe augusto y ilustre tan grande que el sol, hermoso rey de esos campos azules, aprendió la luz de mí, pues primero que el sol tuve el tridente de los rayos y el imperio de las luces. Antes que él resplandeciente fui: su splendor se presume que se encendió en las pavesas de mi despreciada lumbre; natural soy de un imperio que todo el ámbito incluye del cielo, cuyas provincias son once en quien distribuye la corte tantos favores que por sí niegan o influyen. Sus muros son de diamante en quien se graban y esculpen crisólitos y topacios, y para que los inunde un foso de cristal tienen, firmamento que asegure su incendio. Y en él se miran almenas y balaústres; sus torres y capiteles, pirámides de luz suben hasta perderse de vista donde no hay lince que apure en qué paran, porque es el pabellón que los cubre un espacio imaginario que los ingenios confunde. Cortesanos deste imperio son potestades, virtudes, tronos y dominaciones, serafines y querubes. Destos fui yo, bien mi genio te lo dirá, si traduces querub «plenitud de ciencia»; y tanta en mí el cielo infunde que están en mí los objetos de todas sus plenitudes. Tan cerca de la persona del rey me crié que tuve grande parte en sus secretos, si bien del todo no estuve en su gracia confirmado, que a estarlo una vez, no dudes que no pudiera perderla; mas de suerte me introduje con él que me reveló, una vez que verle pude afable, arcanos misterios y el que yo entender no supe fue que me enseñó a su esposa entre rasgos y vislumbres de un retrato, en cuya rara hermosura, puso útil el pincel menos primores que yo admiraciones puse, pues al instante sentí mil celosas inquietudes y como tan mal los celos se finjan y disimulen —porque en efecto no es noble quien con celos calla y sufre— empecé celoso y triste con vanas solicitudes a mostrar cuánto sentía que a los dos un lazo junte, y como es del envidioso naturaleza y costumbre decir mal de lo que envidia, defetos suyos propuse a mi príncipe diciendo que no era de sangre ilustre por ser su naturaleza inferior, y que no dude que yo el primero de todos obedecerla rehúse, aunque el resto de su corte por emperatriz la jure, dije; y siguieron mi voz infinitas multitudes de vasallos rebelados que tras mí a mi bando truje. Hiciéronse de la parte del rey otros que presumen de leales, con que yo en comunidades puse el reino. No hay parte donde ya escándalos no se escuchen de cajas y de trompetas, o pavorosas o dulces. Para coronar mis tiendas jeroglíficos compuse de serpientes coronadas, que humo exhalan, fuego escupen. Los de otro bando en las suyas, como castigar presumen delitos, señas de muerte pusieron, horcas y cruces. Llegó de la lid el plazo y, para que no me angustie contar el reñido duelo de vicios y de virtudes, baste decir que un caudillo del rey a quien se atribuye nombre de «quién como Dios» toda mi pompa desluce tanto que a nunca más ver de mi hermosa patria hube de salir donde el abismo para siempre me sepulte. Desta, pues, infame ruina fue forzoso que resulten aquel odio, aquel amor que en el principio propuse ya en favor, ya en odio de esa Naturaleza que ilustre reina hoy del universo no solo posee en quietudes blandas, en blandas delicias, rayos, auras, golfos, cumbres, pues fuego y aire, agua y tierra quieren que de todo triunfe, pero siendo como es hija del Mundo, presume ser heredera de aquella patria hermosa a quien yo tuve tanta acción como perdieron mis locas ingratitudes. Y así enamorado a un tiempo de un sol que abrasa y no luce y rencorioso de ver que ella es la que me destruye, es fuerza que hacerla mía o por el amor procure o para que no sea ajena de contrario arbitrio use, y entre cuantos o celoso o enamorado dispuse, el principal en que tú solicito que me ayudes es que, pues eres, ¡oh Sombra!, la que las plantas produces que en el Monte de la Luna frenético sueño infunden, me conficiones a ruego hoy de mis solicitudes un hechizo que la atraiga a mi amor, o que la mude sus perfecciones de suerte que quede para otro inútil. Mágica eres si a David se ha de creer cuando juzgue que en brutos los hombres vuelves, a cuyo fin introduje los elementos porque los vicies y los perturbes valiéndote de los medios naturales y comunes, que aunque es verdad que no es nuevo podrá ser que lo disculpe el teatro si a ver llega el fin que de ellos resulte cuando inficionada esa Naturaleza intitule «la cura y la enfermedad» su vida, si es que la cure el médico prometido a las humanas saludes. Aunque responder pudiera que no solamente hoy en ese sentido soy o mágica o hechicera, sino en otros infinitos, —pues no hay ciencia prohibida que esté a mi ciencia escondida como allá la tierra a gritos dirá en la nigromancía de Saúl, cuando con él hable algún muerto, y en Bel la ciega piromancía cuando en fuego ejecutada de idólatra sacrificio dé de mi saber indicio; bien como luego alterada el agua, la hidromancía, de la culpa universal, verá en su puro cristal, dando la heteromancía al aire al ver que turbada a media tarde de su esfera el sol a mis manos muera—, no lo he de hacer, que asentada una vez esta opinión no quiero echar a perder el tiempo que ha menester, Lucero, tu pretensión. ¿Que quieres, pues? ¿Que inficione el tósigo de mi aliento, puesto que no habrá elemento a quien mi saña perdone? Ya que a mi ruego movida te enternece mi tristeza, la Humana Naturaleza quede de mi amor vencida o de mi odio castigada; búscate tú el medio. Espera, ¿quién la hermosa primavera de esta fábrica labrada para alcázar suyo pisa? Este es un simple villano, y que es la Inociencia es llano pues de serlo nos avisa el que aquí tenga asistencia, porque en este paraíso solo el autor suyo quiso que la asista la Inociencia. Como yo a aqueste posea él… Di. Retírase el Lucero. …me introducirá. Inociencia. Sale la Inociencia de villano. ¿Quién va allá? Quien solamente desea servir a la soberana reina que mil siglos viva, y para que la reciba se vale de vos. Muy vana pretensión y mal fundada traéis. ¿Por qué? Porque, pardiós, que no tenéis cara vos de ser buena para nada. Jardinera soy, que sé la agricultura mejor que el sol, pues fruta ni flor en este jardín se ve de cuantas en él celebras que yo no sepa entender. Traza tenéis de saber vos aun más que las culebras, cuanto más eso. ¿De qué lo inferís? Me ha parecido que si no lo sois, lo heis sido o lo queréis ser. No sé por qué lo decís. Ni yo, que esto no es más qué capricho pero… ¿Qué? Lo dicho dicho. Vamos donde está. Eso no, que fuera cosa cruel. ¿Por qué? Porque no se ha hallado simpre que quiera a su lado a quien sepa más que él, y yo, en fin, soy la Inociencia de su original justicia… Aparte. (Yo te haré presto malicia.) …conque no tengo licencia para recebir criados, echá vuesa pretensión por otro cabo, y pues son sirvientes más avisados los elementos y aquí vienen a asistirla, todos dones trayendo a sus modos que ofrecerla, no de mí hoy os valgáis, valeos de ellos, que quizá alguno podrá introduciros allá, si bien vuesos ojos bellos, vueso talle y vuesa gala me ha obrigado de manera… ¿Que? …que antes que os recibiera os enviara noramala. ¡Viven los cielos, villano! Tened, que no es de sofrir… ¿Qué? Que quien viene a servir quiera dar a otro la mano. Vale a dar y él la tiene la mano y huye de ella y ella vuelve al Lucero. ¡Quién los ojos te quebrara, simple! Yéndose ¡Colebra! ¡Insensato! ¡Más colebra! ¡Mentecato! ¡Colebra otra vez! Vase. Repara cuán en vano en este llego a entablar mi pretensión. Pues no pierdas ocasión; esta es la Esfera del Fuego: su luz hermosa inficiona. Sale de su carro la Esfera del Fuego con una hacha encendida; quiere la Sombra llegar y se retira. Sí haré; mas en sol y luna y estrellas he visto una basa, un manto, una corona que forman sus luces bellas cuyo resplandor me abrasa. Manto el sol, la luna basa, y corona las estrellas, y yo inficionarlas no podré, que dicen belleza de Humana Naturaleza a quien no he de tocar yo. Pues en el aire el cruel veneno ponga tu aliento. Sale del suyo la Esfera del Aire con un abanico de plumas. Sí haré, aunque en vano lo intento. Retírase también. ¿Por qué? Porque he visto en él entre otras aves, ¡que pena!, volar una nueva ave tan hermosamente grave que es ave de gracia llena. Pues vicia el agua. Sale de su carro la Esfera del Agua con un vaso de agua en una salva. Sí haré, aunque mi temor disculpa ver que con agua mi culpa se ha de lavar. Solo fue la tierra la que quedó sin darte pavor. Sus flores inficiona. Sale del suyo la Esfera de la Tierra con un azafate de frutas y flores. Son errores que pueda infestarla yo. ¿Cómo? Como una azucena me está amenazando hermosa entre un lirio y una rosa. Pues sus frutas avenena ya que sus flores no puedes. Esas pienso que podré y así entre aquestas pondré Llega por detrás de la Tierra y toca las frutas. el hechizo con que quedes vengado de esa hermosura pues si él no la atray a ti por lo menos hará… ¡Di! …que padezca una locura o enfermedad tal que no quede perdida su paz para otro dueño capaz. Sale el Mundo con barba oyendo lo que hablaron. El Mundo tu voz oyó. No importa, y en eso fundo los efetos de después, que esta culpa claro es que la ha de saber el Mundo. ¿Cómo entendido en tan grave mal no se da? Como es tal que aunque más sepa su mal parece que no le sabe. Retirémonos de aquí pues la fruta avenenada queda. No hemos hecho nada si no la come, y así vendré en traje diferente porque aún somos menester la oreja de la mujer y la voz de la serpiente. Vanse los dos. Elementos que la hermosa máquina del universo unís, unos de otros siempre amigos y siempre opuestos ya que os restituye el día de las prisiones del sueño a la gran Naturaleza, jurada hija de mi imperio, todos a ofrecer llegad vuestros ricos dones bellos saludando su hermosura, pues ya amanecer la vemos aurora de estos jardines. Va de músicas y versos. Sale la Naturaleza ricamente vestida y los Elementos llegan con sus dones bailando alrededor de ella. Viva, viva felice siglos eternos la que es hija del Mundo y hereda el cielo. Viva, viva felice y a sus pies puestos logren sus dones agua, tierra, aire y fuego. El sol desde su esfera la ofrezca sus reflejos. Y tiemplen sus ardores del aire los alientos. El agua en sus cristales la sirva con espejos. Y la tierra con frutas y con flores dicendo: Viva, viva felice siglos eternos la que es hija del Mundo y hereda el cielo. Dulce paz, dulce guerra, que a porfía en lid amiga, en amistad opuesta conserváis esta fábrica compuesta en números de métrica armonía. Al Fuego Feliz yo a quien tu luz ofrece el día, Al Aire tu céfiro el halago de la siesta, Al Agua tu orilla el de la tarde, y tu floresta A la Tierra el blando lecho de la noche fría. Feliz digo otra vez y otras mil veces quien tal paz, quien tal lid, quien tal belleza posee fiel, mira alegre y goza ufana. Mas ¡ay, discurso que te desvaneces!, si no puedo aunque soy Naturaleza dejar de ser Naturaleza Humana. No discursivo anticipe, hija mía, el pensamiento a sacras felicidades los humanos sentimientos. Vive en la paz de tu estado, feliz, sin otros acuerdos, que hasta ahora no eres mortal. Sale la Inociencia Es verdad, mas con todo eso es bien que esté sobre aviso para no llegar a serlo, y así yo, aunque la Inociencia tuya soy, con uno vengo que pienso que ha de importarte. ¿Qué es? No olvidar un precepto porque entre troncos y flores anda un áspid encubierto. ¿Qué áspid, Inociencia? Uno tan cauteloso y tan bello que tiene traza de echar a perder el universo. ¡Qué como Inociencia hablas! Yo te alumbraré del riesgo. Yo te daré alas con que puedas escaparte huyendo. Yo como leves espumas desharé ese sentimiento. Y yo a las frutas y flores que avenené en un madero antídotos daré en otro. ¡Que hermosas son! ¿No han de serlo… …si yo las matizo a rayos. …si yo a soplos las aliento. …si yo a riegos las cultivo. …si yo a raíces las prendo. Sale la Sombra vestida de villana y llega a ella hablando como rústica. …y si yo su agricultora soy la que te las ofrezco. ¿Quien eres tú? ¡Este es el áspid! ¡Quita, loco! ¡Aparta, necio! ¿El áspid con rostro humano? Como esos por ahí encuentro. Una jardinera soy que solo a servirte vengo compadecida de ver que seas dueño y no seas dueño destos jardines. Pues, ¿cómo puedo yo serlo y no serlo? No siéndolo de lo más y siéndolo de lo menos, porque no comes de todas sus bellas frutas supuesto que todas son para ti. Yo de todas como… Bueno, ¿de todas comes? Sino es de una. Cuidado con esto, «de todas como», había dicho antes que añadiera luego «sino es de una». Y bien, ¿qué sacas de eso? Lo que saco desto es que mintió la mujer antes que el demonio mesmo, y así no es mucho que vivan más que el demonio mintiendo. ¿Y por qué no comes de una? Porque quiso Dios que en esto le reconozca criador. ¡Ay de ti, que no es por eso! Pues ¿por qué? Porque no sea tu ser como el suyo, eterno. Come, y como Dios serás. Toma de las frutas una y dásela. ¿Cómo puede ser? Comiendo, me parece. Sí haré, muestra, que ser como Dios pretendo. Mas ¡ay infeliz de mí!, ¿qué es esto, cielos, qué es esto? Hace que come y queda suspensa como con un letargo. Mi delito y tu delito de un mismo parto nacieron: vivirás como yo vivo, morirás como yo muero. Y así, agora tú, Inociencia, el Mundo y los elementos podrán proseguir la glosa pues yo cumplí con el texto. Vase. ¡Ay de mí!, infelice, otra y otras mil veces, ¿qué es esto? Que todo el Mundo ha temblado como que a todo le han muerto. Apagóseme la luz. Mata el hacha. Faltole al aire el aliento. Desmáyase. Quebró el agua sus cristales. Quiebra el vidro. Gimió de la tierra el centro. Terremoto. ¿Qué profundo sueño es este de que yo despierto? El corazón a pedazos se me ha quebrado en el pecho. ¿Qué sientes? Que siento sé, pero no, no sé qué siento. ¡No me mires, no me mires, oh Mundo, que me avergüenzo de verte y de que me veas! Huye dél. Llegad vosotros. ¿Qué es esto? No sé, no sé. ¿Qué te ha dado? ¡No te acerques a mí, oh Fuego!, Huye dél. que con dos contrariedades en un instante me has muerto. ¿Dos contrariedades? Sí, pues ciega sin tu luz quedo y de tu luz abrasada. ¿Cómo cielos, cómo cielos, si me ha faltado la luz no me ha faltado el incendio? No abrases, pues que no alumbras, ¡que me quemo, que me quemo a la inclemencia del sol, obscuro y sañudo a un tiempo! ¿Qué te aflige? Huye dél. Tú me afliges tú, ¡ay infeliz! pues de estremo a estremo pasa el dolor; detén, aire lisonjero hasta aquí, y furioso ya, las ráfagas de tus vientos que aterida de los fríos notos, ábregos y cierzos Temblando. que respiras, me traspasas. ¡Que me hielo, que me hielo a la inclemencia del Aire frío y abrasado a un tiempo! ¿Qué te angustia? Tú me angustias. Huyendo dél. Guarda, encerrado elemento, el coto al margen, y no rompas el sagrado freno que a raya te tiene; mira que vas a inundar sediento toda la naturaleza. ¡No tan presto, no tan presto en profundos obeliscos sepultes el universo, que me ahogo, que me ahogo, ya desde aquí padeciendo las destemplanzas del agua veloz, hidrópica a un tiempo… Abrígate en mí. Huye della. ¿En ti?, ¿cómo, madre ingrata, si en el seno que me labraste la cuna me labras el monumento? ¡Oh mal hubiesen tus frutas y tus flores!… mas, ¡ay cielos!, Ajando las flores y despedazándolas se ensangrienta las manos donde dejé fruta y flor abrojos y espinas siento. Tu me ensangrientas y hieres, ¡que me muero, que me muero, a inclemencias de la tierra ingrata y fértil a un tiempo! Todo, todo contra mí se rebela, pues los tiernos cantos de las aves no son anuncios sino agüeros, vaticinios sino asombros, cláusulas sino lamentos; los halagos de los brutos, a mi obediencia sujetos, ya son amenazas, todos aguzando y previniendo contra mí presas y garras. ¡Oh quién no llegara a verlos por no verlos tan airados! Tápase los ojos y déjase manchado el rostro con la sangre de las manos. Pero, ¡ay infeliz!, primero que ellos en mí los empleen, yo misma más fiera que ellos las emplearé en mí, arrancando con rabiosa ira del pecho pedazos del corazón. Mas, ¡ay!, que aqueste no es medio, y mejor será acudir a la piedad que al despecho. ¡Fuego! Vuelve a ellos y ellos huyen de ella. No borres mis luces con el contagio que advierto en las manchas de tu rostro. Agua, ¿yo qué manchas tengo? Mírate, en estos cristales las verás. Hace que se mira en un arroyo. La sombra veo de mi muerte en mi semblante. ¡Qué horroroso está! ¡Qué feo! ¡Qué pavoroso! ¡Qué triste! ¡Aire! De ti he de ir huyendo para que no me inficiones ¡Tierra! A verte no me atrevo. ¡Mundo! No me digas nada que harto tu contagio siento y es verdad que todo el mundo le ha de sentir. ¿Pues, qué es esto? Si os acercáis es a herirme y a huir de mí si yo me acerco. Sí, que no somos vasallos ya. Pues ¿qué sois? Tus opuestos. ¿Tú no me debes las luces? Al Fuego [y al resto en los siguientes versos] Ni aun las sombras no te debo. Tú el aliento. Si suspiras, que ya en mí no hay más alientos. Tú el cristal. Para que llores. Tú los frutos. Si primero los cultivas, y aun entonces será en espinas envueltos. Pues todos se me rebelan, Inociencia, a ti me vengo. A muy buen puerto te acoges, que yo he de ser lo primero que te falte. ¿Tú faltarme? Sí, que aunque yo nunca puedo habiendo sido Inociencia cuanto a mí dejar de serlo cuanto a ti puedo, porque quién quita a humanos sujetos el ser inocentes antes y ser maliciosos luego, y así trocado no en mí sino en ti de ti iré huyendo supuesto que a la inociencia tú en ti en malicia la has vuelto; no te acerques, no te acerques a mí, que verte no quiero de lepra cubierta toda. ¿Lepra es el mal que yo tengo? Pregúntaselo a Isaías, Nahamán, y la hermana luego de Moisés, pues por contagios del pecado será el bueno reputado por leproso, y en los demás será ejemplo la lepra, sin otras tres razones que hay para serlo. ¿Cuáles son? Ser mal de manchas, pegarse, y ser su remedio la sangre del inocente. Tú discurres todo, es cierto pues sin duda es grande el daño que hace al ignorante cuerdo. ¡Ay de mí, otra vez, y otras mil veces! ¡ay de mí!, cielos luna, sol, signos, estrellas, agua, tierra, fuego, viento, aves, peces, fieras, flores, montes, valles, golfos, puertos, tened lástima de mí. Y pues corresponder veo cuatro elementos a cuatro humores que descompuestos del natural equilibrio han enfermado mi pecho de tan contagioso mal que el mundo le está sintiendo, en metáfora de cura buscad, buscad el remedio para que pueda sanar deste o tósigo, o veneno, o letargo, o frenesí, o lepra, que es lo más cierto, la Humana Naturaleza a quien un bocado ha muerto. Vase. Gran mal la dio en un instante. Pues a gran mal, gran remedio. Échese un bando que diga como yo, el Mundo, le ofrezco deste imperio a la princesa que heredera es de otro imperio por su esposa a quien la diere sana de su mal. Vase el Mundo Echemos todos el bando porque no haya en mar, tierra, aire y fuego, a quien público no sea a los siglos venideros. Empieza tú, y sea trocando las dulzuras en lamentos. Cantado La Humana Naturaleza… La Humana Naturaleza… …padece un daño mortal… …padece un daño mortal… …y del Mundo la grandeza… …y del Mundo la grandeza… …hará a quien cure su mal esposo de su belleza. …hará a quien cure su mal esposo de su belleza. La humana Naturaleza padece un daño mortal, y del Mundo la grandeza hará a quien cure su mal esposo de su belleza. Vanse con esta repetición de suerte que la acabendentro del vestuario. Buena esposa llevará, fuera de que yo no creo que habrá doctor que la cure, porque si supieran ellos curar fealdades, no hubiera dónde echaran el dinero que ganaran. Solo aquellas dos viejas de allí frontero dieran, si talentos tienen, por cada arruga un talento. Mas, malicia, poco a poco que vais tomando muy presto las liciones de Malicia, aunque no mucho si advierto cómo se tejen los siglos de los instantes del tiempo. ¡Oh alegóricas figuras, y cómo sabéis valeros de retóricas licencias de un instante en otro haciendo en la representación edades de los momentos! Dígolo, porque ya el bando que intiman los elementos es a tres siglos notorio y pues a sonar ha vuelto teniendo ya quien le escuche, eslabone el argumento con la noticia del daño la esperiencia del remedio, pues a ese fin suena el bando una y otra vez diciendo. Vase la Inociencia repitiendo al entrarse con la música los primeros versos de la copla. Y salen prosiguiendo los demás, por una parte el Judaísmo y por otra la Gentilidad sin verse, representando aparte cada uno. La Humana Naturaleza… …padece un daño mortal… La Humana Naturaleza …padece un daño mortal… …y del Mundo la grandeza… …y del Mundo la grandeza… …hará a quien cure su mal esposo de su belleza. …hará a quien cure su mal esposo de su belleza. ¿Quién de tan glorioso asunto podrá apellidarse dueño sino la Gentilidad? ¿Quién de tan heroico empleo podrá, sino el Judaísmo, tener el merecimiento? En dos principios lo fundo. Con dos razones lo pruebo. Quien dice Naturaleza Humana dice el inmenso número de gentes, y es el Gentilismo lo mesmo, con que yo el interesado soy en conquistar su reino. Quien Naturaleza Humana dice, dice todo el pueblo y el Judaísmo es quien tiene la antonomasia de serlo. Conque me toca de tal esposa, corona y cetro. Y cuando a las ciencias se haya de remitir el empeño a mi cargo están las ciencias de tres mil dioses que tengo dando un dios a cada causa y otro dios a cada efeto. Y si ha de ser el estudio desta experiencia el trofeo, ¿quién sabe más que quien es de tantos rabinos maestro? Luego al Gentilismo toca el hacerla suya. Luego el ganarla para sí toca al Judaísmo. Puesto que ella es en común de quien yo en particular desciendo. Y así ¡ah del Mundo! ¡Ah del Mundo! Sale el Mundo ¿Quién me llama? Mas ya veo que sois la Gentilidad y el Judaísmo, y gran yerro fuera, siendo mis mayores dos brazos, no conoceros. Y así, quién sois no tenéis que decir, sino el intento que os tray a buscarme. Yo habré de hablar el primero, pues de la ley natural desde que Nembrot al fuego dio primera adoración, bien que hijo bastardo, vengo. Aunque pudiera alegar también yo esa edad, hebreo pueblo siendo desde Heber, otra antigüedad no quiero que la de la ley escrita, que es de la que más me precio, y así, habla primero tú. Pues digo, ¡oh Mundo! que oyendo cuánto está enferma mi noble Naturaleza, deseo con las causas naturales que estudié en dioses diversos, dando a cada una su dios, darla salud. Según eso una es nuestra pretensión bien que no es uno el fin nuestro, pues yo, doctor en la ley de un solo Dios, darla espero sana del mal que padece. Vuestro cuidado agradezco, y aunque en natural y escrita ley sois tan doctos sujetos, es infinito su mal, y así, no sin causa, temo que sin infinita ciencia podáis hallarla el remedio. Yo he de intentarle. Yo y todo. Sale la Inociencia A pedirte albricias vengo. ¿De qué, Inociencia, o Malicia, o quién eres, que no acierto ya con tu nombre? De que a la voz del bando creo que el cielo en ecos responde pues se oyen decir sus ecos. Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en el suelo. Con cuya salva ha venido. ¿Quién? Un peregrino bello que llaman samaritano unos, otros galileo, si bien el cabello en crencha más muestra ser nazareno; tan docto médico dicen que es, que el nombre le han puesto «es salud», y esperan dél no solo que dé a los ciegos vista, pies a los tullidos, al paralítico esfuerzo, descanso al endemoniado, quietud al leproso, pero en Magdalo y en Naín creen que dé vida a los muertos. ¡Calla, loco! ¿Pues de qué te enojas con él? No quiero que venga con ignorancias a predicarnos portentos. ¿No puede ser que otro tenga la virtud que no tenemos nosotros? Bien puede ser, pero yo no he de creerlo. Pues porque lo creas, ¡oh tú, bello joven estranjero!, cuya patria no se sabe hasta decirla tú mesmo… Sale el Peregrino Esas son mis señas, ¿qué me quieres?, que nunca dejo de responder yo a la voz que me llama con afecto. Que una enferma que está aquí visites. Sí haré, supuesto que ella solamente es la salud por quien yo vengo. ¡Salve, oh Mundo! Bien venido seas. Y pues tan suspenso me ha dejado tu venida, que ni discurro ni entiendo cómo ni de dónde vienes, que nos lo digas deseo. ¿No me has conocido? No. Diralo así el evangelio. Si el Mundo no te conoce, todos los demás, ¿qué haremos en no conocerte?, ¿quién eres? Yo soy… Di… Yo mesmo. ¿No más? Sí, mi padre y yo. ¿Y quién es tu padre? Necio, sabe de mí y sabrás dél. ¿Cómo, Peregrino, habemos de saber dél ni de ti si el Gentilismo y yo, que hemos visto la ley natural y escrita, dudamos? Viendo otra ley. ¿Qué ley? De gracia. No la ha habido. Habrala presto. Mucho falta a las semanas en los cómputos del tiempo; pero esto ahora no es del caso ¿A qué has venido aquí? A efeto de que la Naturaleza sea de mi ciencia premio. ¿Eres médico? No solo médico me llaman, pero… ¿Qué? …médico y medicina. ¿Qué lugar hay para eso? Que el altísimo, que a mí me engendró, la crió. Y el cuerdo no debe aborrecer ni a ella ni a mí. Agora lo veremos: Mundo, a la enferma veamos. Daraos horror, daraos miedo ver vuestra Naturaleza cuál una culpa la ha puesto. Fuerza es el verla los tres. Bien, si no fuera tan viejo, viniera aquí el cuentecillo de aquel miserable enfermo que viendo entrar tres dotores saltó en camisa diciendo: «Traidores, ¿tres para uno?» y aun dizque acabó el proverbio… Dentro instrumentos. Ella es la que viene allí que aunque está mala no ha hecho cama, y antes la ha obligado el duro accidente fiero a hacer ejercicio, y tanto como ven los elementos en el sudor de su rostro, a cuya causa violentos la asisten por afligirla más que aliviarla; los ecos suyos lo digan trocando armonías en lamentos. Salen los Elementos y músicos cantando, detrás la Naturaleza vestida de negro, ensangrentados rostro y manos. Y detrás de todos la Sombra embozada con su manto como acechando. En vano espere piedad la Naturaleza bella porque de tanta fealdad ¿cómo ha de sanar, si es ella la cura y la enfermedad? El mote dijo verdad pues del rigor de mi estrella enferma la voluntad. ¿Cómo ha de sanar, si es ella la cura y la enfermedad? Mas no, que si soy mi cura y mi enfermedad, supuesto que uno y otro de mí pende, mi enfermedad, pues la siento tan arraigada en el alma que a cada parte que vuelvo los ojos, sin que la vea otro con mi culpa encuentro, Vuelve mirando a la Sombra que andará siempretras ella. siendo la sombra del alma como otras lo son del cuerpo; y mi cura, pues de mí pende si aplico el remedio de lágrimas y suspiros, bien puedo esperar que el cielo de mí se duela, y así volved a decir, os ruego, la interrogación, glosando en afirmativo acento: bien puede esperar piedad. Bien puede esperar piedad… …la Naturaleza bella… …la Naturaleza bella… …pues ya sabe su humildad… …pues ya sabe su humildad… …cómo ha de sanar, si es ella la cura y la enfermedad. ¡Qué lástima! ¡Qué desdicha! ¡Qué pena! ¡Qué sentimiento! ¡Qué rabia! dijera yo al ver tratar su remedio si pensara que le había. Veamos en qué para esto. Llega, Gentilismo, tú, que el primero eres. No puedo Retírase. que me ha dado tanto horror su mal que acercarme temo por no llevar su contagio. ¿Judaísmo? No me atrevo a acercarme yo tampoco por no inficionar mi pueblo. Retírase. Aparte. Buena ignorancia es pensar que no están tocados ellos de su mismo mal; mas uno es tenerle en sí encubierto y otro que la alegoría le haga en ella manifiesto. Según eso ¿tú tampoco llegarás? Sí haré, que quiero Acércase a ella por delante del Mundo que vea el Mundo que a la Humana Naturaleza me acerco, sin que de su mal me ponga temor a mí ningún riesgo. Retírase la Culpa al paso que él se acerca. ¿Quién es este hermoso joven que yo no conozco? ¡Cielos! ¿cómo entró al mundo sin que la Culpa llegue a saberlo? Mas, ¡ay!, que si hubo mujer que gozó este privilegio ¿de qué me admiro que haya hombre que le goce?, pero ¿qué me aflige? ¿Sombra o Culpa no soy? Sí. Pues, ¿de qué tiemblo? Deshecha hermosura, a quien su hado en tal estado ha puesto, ¿quieres sanar? Con el alma y la vida lo deseo. No es mal principio querer. Llega, si has de llegar, presto. Tírale el Fuego de la mano. ¿Tú, Fuego, me das la prisa? Soy activo. No es por eso. Engáñaste. Pues, ¿por qué? Porque el amor todo es fuego, y solamente el amor es quien me da prisa en esto. Llega a ella y tómala la mano. Dame el pulso. Esta es mi mano. ¡Al tocarla me estremezco! Llegan a él por un lado la Esfera del Aire y por otro la del Agua. ¿Tiemblas? Sí. ¿De qué? De que la primera vez que llego a examinar peregrino los accidentes violentos de Humana Naturaleza, las dos me cogéis en medio de suerte que tomar yo este pulso y sentir luego Tíenela de la mano y ensangriéntase la suya. las destemplanzas del aire, del agua la escarcha y hielo todo tan a un tiempo ha sido que sin distinguir el tiempo conozco aquí el accidente y aquí el frío de que tiemblo. No sé qué pasmo me ha dado al ver que todo es misterios, que con el frío que él siente soy yo la que me estremezco. ¿De qué, perdida hermosura, nació tu mal? Del veneno que en un bocado comí. Con la confesión que has hecho buena indicación me has dado del daño para el remedio. ¿Lloras? ¿Pues no he de llorar pena igual? Mejor es eso: decir el mal y llorarle. Alienta que yo te ofrezco otro bocado que sea su antídoto. ¡Cómo cielos! ¿su antídoto otro bocado? Darele muerte primero que lo intente… Saca un puñal y al irle a herir con él tropieza y caeen sus brazos; y él la recibe en ellos desmayada. mas ¡ay triste! Sombra soy, y en mí tropiezo. Este es el primer desmayo que yo he sentido. ¿Qué es esto? Caer su culpa sobre mí. ¡Qué prodigio! ¡Qué portento! ¡Qué maravilla! ¡Qué asombro! Y con saber que es su intento matarme, ser tan piadoso que la admito y que la aceto como mía, siendo suya. No es por eso, no es por eso, Vuelve en sí furiosa. sino porque siendo humano, las propensiones de serlo has de sentir, aunque sea porque tú quieras quererlo, y pues vengarme de ti de otra manera no puedo, quite el embozo a mis sombras. Huid, huid de ese estranjero, a quien la Naturaleza Humana inficionó haciendo que le ultrajen y le hieran de su culpa los efetos; reputado por leproso no le admitan vuestros pueblos, Gentilidad, Judaísmo sino id de su vista huyendo, que yo huyendo de su vista no me ausento aunque me ausento. ¡Ay de mí, rabiando vivo! ¡Ay de mí, rabiando muero! Vase. Cierto es pues que las manos ensangrentadas le veo que de su contagio el mal le pegó. También es cierto ver tú, Tierra, la primera sangre que por ella vierto. ¡Ay infelice de mí! Mi mal le pegué tan presto. ¿Quién querrá curarme si es tan venenoso mi aliento? Yéndose. ¿Dónde vas? Donde ninguno me vea, porque no quiero ser el contagio de todos. Tarde que lo intentas, pienso, que ya creo que lo has sido. ¡Detente! Dejadme, os ruego, por incurable vivir adonde viva muriendo. Y tú, galán Peregrino, perdona, que aunque yo tengo la culpa de tu dolor tu piedad es quien te ha muerto. Tú fuiste el que te acercaste a mí, tú te hiciste dueño de mi culpa y la admitiste sobre ti, y así te ruego, pues llevas mi mal contigo, si hallares algún remedio con que por ti quede sana, ya que por mí vas enfermo, en el bocado que has dicho me avises dél. Vase. Yo lo ofrezco. Bien hice yo en no acercarme. Y yo, pues en un momento le pegó todo su daño. Es la verdad, no lo niego, porque si le tengo yo, propio tenerle no puedo; pegado sí, y así es fuerza confesar que le padezco mío porque le hice mío, mas no porque no era ajeno. O ajeno o propio, ya tú estás a su mismo mal sujeto; no te acerques a nosotros. Cumplió Isaías su texto, pues ya por leproso estoy reputado. Y su proverbio «médico, cúrate a ti» el Eclesiastés. Aparta al Mundo y a la Gentilidad el Judaísmo y hablan los tres aparte; el Peregrino está retirado y la Inociencia se pone a oír como a hurto lo que hablan por detrás de los Elementos que estarán en medio de unos y otros. Atentos, Gentilidad, Mundo, oíd. ¿Qué quieres? Decir un medio que se me ofrece con que quizá la salud daremos a nuestra Naturaleza. Junta hacen, ¡ay del enfermo! Violentas enfermedades quieren violentos remedios, mayormente cuando son por sus contrarios efetos ignoradas, es preciso que también se ignoren ellos, y así, puesto que han de ser ignorados y violentos, me parece será bien que los esperimentemos en este primero, pues en él se aventura menos, que no en la Naturaleza de quien ya tiene el mal mesmo. Si salieren provechosos a ella los aplicaremos después; y si no, ¿qué importa que se muera un estranjero?, pues morir uno por todos es político consejo, y mas cuando de su sangre puede ser también valernos, pues lepra con sangre humana se cura. No es malo el medio. No, no es malo, aunque cruel parece. Miren qué presto se conforman los doctores en que se muera el enfermo. Y así aunque vengo en la cura y la esperiencia, no vengo en aqueso de la sangre. Yo sí. Y yo tu voto apruebo. Pues empecémosla, Mundo, que yo basto para esto aunque la Gentilidad repugne el venir en ello. En remedios lenitivos yo vendré, mas no en sangrientos. Él mudará parecer. O lo sentirá el imperio. Miserable Peregrino, ya tú ves que no podemos admitirte entre nosotros; la piedad de nuestros pechos quiere curarte: apartado obedece a los remedios. Sí haré, que a obedecer vine. ¿Cura empiezan?, pues yo quiero avisar al sacristán que empiece a tocar a muerto. Vase. ¿Agua? ¿Qué quieres? Que un baño des a ese hombre lo primero. En la orilla del Jordán a darle el baño me ofrezco. Ven conmigo. Ya te sigo, que pues los achaques siento de Humana Naturaleza aceptando los ajenos como propios, no he de hacer repugnancia a los remedios, porque sé que de mi cura resulte en ella el efecto. Vanse los dos, Peregrino y Esfera 3.ª. Tierra. ¿Qué quieres? Que a un monte le retires en saliendo del baño; la cuarentena haga en él, donde te advierto que todos cuarenta días guarde dieta. Yo me atrevo a hacer que solo un bocado no me coma en todos ellos. Vase. Fuego, después de la dieta porque no inficione el pueblo curándose entre nosotros, tú le has de sacar a un güerto adonde —pues los sudores siempre le han tocado al fuego— tan gran sudor le has de dar que sude sangre. En habiendo remedio de sangre, yo no le doy. ¿Qué importa eso? Yo se le ordeno, que basta. Y para que más efeto haga el sudor, la bebida que ha de recibir primero puedes llevarle en un cáliz. Verás cómo te obedezco. Vase. Protesto, Mundo, otra vez y otras mil, que no convengo en que sangre de inocente se derrame. Eso es bueno para quien cinco mil sajas ha de recetarle presto. Si es necesario, bien haces. Pues, si hace bien, yo le dejo lo restante de la cura, que no ha de decir el tiempo que el Gentil convino, ya que complaciendo al hebreo no se opuso a su dictamen en sacrificios cruentos sin que lavase las manos. Vase. Oye, aguarda. Él vendrá en ello quiera o no quiera; conmigo ven, que en habiéndose hecho la dieta, el sudor y el baño lo demás proseguiremos. ¿Y a mí no me encargas nada? Yo te avisaré a su tiempo, que ha de ser la postrer cura verle en el aire pendiendo. Podrá ser, mas ahora el aire más de gala y de festejo está que de curación, pues dicen en él los ecos: Vanse Judaísmo y Mundo y suena música dentro y éntrase el Aire con los versos de la música, al tiempo que con ellos mismos sale el Lucero repitiéndolos también como asombrado. Aqueste es mi amado hijo en quien yo más me deleito. Aqueste es mi amado hijo en quien yo más me deleito. ¿A qué fin, piadosos cielos —nunca para mí piadosos— de vuestros orbes hermosos rasgáis los azules velos mirando mis desconsuelos de par en par sus estrellas? Cerrad esas puertas bellas que no, no las quiero ver abiertas, pues no ha de ser para que yo entre por ellas. La distancia que medí el día de mi altivez allá en Jacob una vez poblada de ángeles vi, y aunque no sé si entendí aquella escala que unía tierra y cielo, bien temía que cada ángel explicaba al Verbo cuando bajaba y al hombre cuando subía; pero agora al ver que están en la tierra tan de asiento que bajando ciento a ciento sobre el cristal del Jordán uno a uno aún no se van que esté en él su gloria infiero, mas qué gloria sea no espero saber, ¿cómo, luces bellas, no entiende ángeles y estrellas quien querub es, y… Sale la Sombra con espanto. Lucero. ¿Quién llama? Quien a buscarte con un rabioso dolor… De otro yo, quizá mayor también procuro informarte. Pues dame del tuyo parte para que el mío te asombre. Habla tú primero. Un hombre que sin mí en el mundo entró de quien… Di. Yo con ser yo no sé padre, patria o nombre me dio al verle tan cruel desmayo (desdicha fiera) que antes que él en mí cayera vine yo a caer en él. Humano, piadoso y fiel me recibió sobre sí, y aunque yo ingrata le herí con efetos de mi mal fue mi parasismo tal que hasta ahora no he vuelto en mí. Curarle tratan; si estás interesado en mi daño, saliendo ahora de un baño en el Jordán le hallarás; quién es inquiere, y… No más, que para haberte entendido de un mismo parto han nacido sin ser ninguno mayor tu dolor y mi dolor, pues trayéndome afligido la imaginación de ver que un hombre en el mundo hubiera, sin que yo alcanzar pudiera cómo haya podido ser de virgen madre nacer, por rastrear tan prodigiosa encarnación misteriosa sus pasos seguí al Jordán. Ya que es su sirena Joan no fue de Joan la piadosa voz que en sus aguas se oyó diciendo «Aqueste es mi hijo», de cuya visión colijo si el hijo de Dios nació ¿por qué no es posible, no que nazca una niña bella sin ti, que para doncella, y él no sea, y más si atiendo a que sin culpa naciendo se ha espuesto a los riesgos de ella? Pues si esa imaginación, como dices, te ha afligido, y es así que solo ha sido de cuantos misterios son este de su encarnación el que tú no has penetrado, ya del baño le han sacado y en ese desierto está: tiéntale el fondo, quizá saldremos deste cuidado. Fatigado Peregrino, que como apestado haces cuarentena en un desierto, sujeto a la sed y al hambre… Sale el Peregrino, llega el Lucero a él y retírasela Sombra. ¿Qué me quieres? ¿Qué te asombra? Llega, pues. Aparte. (Tiemblo al mirarle.) Compadecido de que padezcas ajenos males, vengo a verte y a decirte, movido de mis piedades, que ¿para qué te sujetas a una cura semejante para esperiencia de otros? ¿De cuándo acá, dime, se hacen en un vivo anotomías? Desentierren un cadáver si hacerlas quieren, y tú huye, huye sus ultrajes aunque para no sufrirlos la necesidad te trate con tal rigor que te obligue a hacer destas piedras panes. Aunque habrá piedra que sea pan, y habrá pan que sea carne, no de solo pan el hombre vive. Respuesta notable. Pues si tan mortificado estás que quieres dejarte en las manos de la muerte, ¿no será mejor que acabes antes del propio despecho que del ajeno coraje? Arrójate de este monte, que si Dios quiere guardarte tropas de ángeles hará que te tengan en el aire. Sí hará, como quiera hacerlo, pero a Dios no ha de tentarse. Pues agora bien, yo quiero desta miseria sacarte. Cuanto descubre tu vista desde esta cima a aquel margen que línea del horizonte el cielo y la tierra parte, todo es mío y será tuyo con una cosa tan fácil en hacimiento de gracias a una dádiva tan grande como darme adoración. Solo a Dios debe adorarse porque sin Dios no se debe dar adoración a nadie. Y huye, monstruo, de mi vista. Airado. No te enojes, no te agravies, que al mirarte airado vivo a merced de tu semblante. Primero que de mi fuego… No le nombres, no le llames, que ya él viene a consumirme primero que se lo encargues. Sale la Esfera 1.ª. No te asombres, que pasando de sentidos literales a alegóricos sentidos, no viene a que yo le mande sino a que yo le obedezca, porque es de mi amor imagen. ¿Qué me quieres, Fuego? Que de este monte a un huerto pases adonde un sudor te ordenan los que la cura en ti hacen para nuestra Infanta; este cáliz la bebida trae. Trae un cáliz. Todo el cuerpo se estremece al verla, ¡oh eterno padre!, pase de mí si es posible la amargura deste cáliz Tómale y vase con él y con la Esfera 1.ª. y si no, tu voluntad se cumpla. De aqueste examen ¿qué has sabido? Nada y mucho. ¿Mucho y nada? No te espantes, que es mucho porque lo ignore y nada porque lo alcance. Con tres respuestas, ¡ay Sombra!, deshizo mis tres combates. Todo es este hombre misterios, y solo puede quedarme una esperiencia. ¿Qué es? Que con él esta cura acabe asistiendo al Judaísmo. Él y el Mundo al paso salen. Salen el Mundo y el Judaísmo hablando como en secreto. Pues yo, revestido en él, le dictaré cuanto hable. ¿Qué me dices? Lo que pasa. ¿Mejor está? Y con tan grande mejoría convalece con los remedios que haces al peregrino, que va cobrándose por instantes como si en ella se hicieran y no en él. Nada te espante, que bien en la simpatía la razón de aqueso cabe, que muchas veces se vio adolecer de un achaque uno, y pegándole a otro que este muera y aquel sane, y aun también que a uno aprovechen los remedios que a otro hacen, porque como la raíz por naturaleza pase de uno a otro, ella curada, curar la rama es más fácil, y así, pues se ve el provecho, vaya la cura adelante. Sale la Gentilidad. ¿Cómo adelante la cura ha de ir, si el sujeto yace tan postrado que el sudor cubriéndole de su sangre con mil mortales congojas le ha puesto al último trance y dibilitado ha sido necesario confortarle para que vuelva en sí? Habla el Lucero a espaldas del Judaísmo, como que le dicta lo que dicen los versos, diciéndolos quedo el Lucero y pronunciándolos recio el Judaísmo sin volver a verle. Eso… Eso… …mejor se hiciera con darle unos garrotes… …mejor se hiciera con darle unos garrotes; y así… …de pies y manos le aten en el güerto donde está, y para que no se dañe esa sangre estravenada cinco mil veces le sajen, y si no basta, porque más un daño se restaure tal, cuatro veces después de pies y manos le sangren, mientras no se haga una fuente en el costado que mane la agua y sangre detenida. Obedeció mi dictamen. ¿Todos han de ser crueles tus remedios? ¿No hay suaves minorativos con que ese riesgo se repare? Dices bien, y esta vez quiero seguir tu parecer; dadme de escribir recado. Sale Inociencia con una cartera, papel y pluma. Aquí le tienes. ¿Tú me le traes? Pues, ¿quién —ya que en el sujeto y no en sí pudo mudarse siendo Inocencia en malicia— pudiera esta pluma darte, esta tinta, este papel? ¿Y qué piensas recetarle? Puesto que empezó a sudar, porque de sudar acabe, la zarza y el palo santo. Escribe, y el Lucero dictando los versos como primero le lleva la mano. Setenta y dos penetrantes espinas de zarza, digo, que su cabeza traspasen y que el palo de una cruz donde le pongan y enclaven, sea el palo santo suyo. Cuando receta piedades receta así el Judaísmo. Bien se ve en remedios tales que yo la mano le llevo. Y por si esto no es bastante, la última purga receto. ¿De qué? De hiel y vinagre. De hiel y vinagre. ¿Qué purga no es de lo mismo? Firma tú, porque se encargue al Aire la ejecución. ¿Por qué al Aire? Porque al Aire en nuestra composición toca el humor de la sangre; firma pues tú. Yo no puedo firmar medicinas tales. Eso es querer que el imperio del mundo contra ti se arme. Toma la pluma el Lucero y dásela a la Gentilidad llevándole también la mano. No puedo, digo. Sí puedes, sí puedes. Con protestarte cumpliré que yo no sé quién esta fuerza me hace. Escribe. Pues ya que firmaste, yo lo ejecutaré al instante. Ven tú, Mundo, ven, Malicia, que a vuestra vista he de darle la bebida por mi mano, o mátele o no le mate. Vase. Confuso tus pasos sigo. Vase. Para el bobo que enfermare mientras viva este dotor. [Vase.] Sombra, yo no he de dejarle. Ni yo a la Naturaleza. Pues asistamos iguales, ya que enfermedad y cura entre los dos se reparten, yo a este hombre para que muera, tú a ella para que no sane. Vase. Sale la Naturaleza. ¡Oh quién con David supiera cantar, Señor, tus piedades pidiéndote que me vuelvas la alegría saludable que en mi prevaricación perdí! Y segunda vez pase mi malicia a mi Ignociencia, porque aunque mejor me halle Ve a la Culpa. todavía está mi culpa a mi vista. No te espantes de verme contigo pues culpas que una vez se arraiguen ya pudieran con el tiempo haberse hecho familiares. No pudieran, porque siempre son nuevas para que causen horror al verlas, si bien ya no es mi temor tan grande, no en la parte familiar que dices, sino en la parte de esperar que tener pueden convalecencia mis males. ¿Cómo, infeliz, es posible?, porque si a Dios agraviaste que es infinito, ¿quién puede remedio infinito darte? El mismo Dios. Es así, pero no serán iguales la culpa y satisfación si haciéndola el hombre, sale Dios al reparo y no el hombre. Sí serán si satisface Dios por el hombre, hombre y Dios. De ese hasta agora aún no sabes. Sí sé, pues da ese hombre, enfermo del contagio de mi achaque por querer sanarme a mí, de serlo tantas señales. ¿Qué señales? Las de haber sanado a tantos. ¡Oh, hablen paralíticos, leprosos, mudos, ciegos, miserables y endemoniados! Y cuando no basten aquestos, basten tres cadáveres que a vida restituye. Será en balde que yo me persuada a que a otros poderoso salve y que no se salve a sí. ¡Oh vuelve, vuelve a mirarle y verasle cuán desecho, postrado y rendido yace al último parasismo del mal que tú le pegaste! Ya le veo, mas también veo que al último vale de su vida, cielo y tierra tristes exequias le hacen pues cielo y tierra… Dentro terremoto en todos cuatro carros. No, ¡ay triste!, prosigas, porque a tan grande terror, tiembla el alma, el labio enmudece, el pecho arde, la voz gime, el corazón desafuciado aun no late siendo la primera yo que muerta a este asombro yace respirando Etnas de fuego, Mongibelos y Volcanes. Cay la Culpa adormecida. Murió mi culpa con él a tiempo que el cielo en graves terremotos titubea si se cae o no se cae. El terremoto, y sale el Mundo como asombrado. ¿Qué es esto, Mundo? Sin duda me dicen estas señales que padece mi hacedor o que mi unión se deshace. El terremoto, y sale la Esfera 1.ª. ¿Qué es esto, Fuego? No sé que no es posible que alcance la Esfera del Fuego cómo sin que entre mí y Mundo halle su interposición la luna muera el sol a media tarde. El terremoto, y sale la Esfera 2.ª. Aire, ¿qué es esto? Es en vano el que yo se lo declare, que no entiendo qué tinieblas hoy en mis esferas manden. El terremoto, y sale la Esfera 3.ª. ¿Qué es esto, Agua? Que mi centro ha roto el coto a su margen y a su arbitrio, sin el mío, hoy de sus límites sale. El terremoto, y sale la Esfera 4.ª. ¿Tierra, qué es esto? Romperse de mis entrañas el grande seno, abortándose de ellas el más oculto cadáver. El terremoto, y sale la Gentilidad. Gentilidad, dime tú de qué tanto asombro nace. ¡Verdaderamente era —si es que atiendo a efetos tales— hijo de Dios aquel hombre! El terremoto, y salen Judaísmo y Inociencia. Mintió mi ciencia ignorante, pues erré toda la cura. Nada ese yerro te espante, ¿qué dotor no se la yerra al enfermo que le cabe? Sin duda Dios hombre era, en cuyas exequias hacen sentimiento tierra y cielo. El terremoto y sale el Lucero. Callad, no lo diga nadie, que aunque yo sé que es así, al verle bajar triunfante adonde a mis calabozos ha quebrantado la cárcel, nadie que lo diga quiero. ¿Dónde iré, por no mirarte, —¡oh espíritu!— siendo tú quien mi mano y voz guiaste? Mas ¿dónde he de ir, si ya es fuerza que, deshechos mis altares, vago y prófugo, no tenga domicilio en que me ampare? Vase. ¿Dónde iré yo por no verte?; pero mi esfera me guarde donde en fuego un holocausto haré que aquesta ira aplaque. Vase a su carro primero. Yo en el aire haré también sacrificio de alguna ave. Vase a su carro. Yo me salvaré en una arca de quien fue la otra su imagen. Vase a su carro. Yo ofreceré de mis mieses ofrenda más agradable. Vase a su carro. Yo, Humana Naturaleza, te he de seguir, al mirarte de tu mal convalecida. Gentilidad, tú heredaste la viña del Judaísmo, y así la fuga nos salve. Todo el mundo con los dos también guarecerse trate. Ven, que no te he de dejar, Inociencia. Muy bien haces, que aunque fui un tiempo Malicia, porque con la edad mudaste tú el intelecto, ya sana tú, vuelvo a ser lo que antes. Vanse. Todos huyendo de mí se ponen en salvo, grande indicio de que están todos redimidos de mis males. Tropieza en la Culpa. Y más, ¡ay de mí!, si veo tropezando en un cadáver que es la Culpa que antes fue de Culpa y de muerte el áspid. ¡Sombra infausta! ¿Quién me nombra? Quien del letargo en que yaces te despierta, porque vuelvas hoy con venenos mortales a inficionar otra vez agua, fuego, tierra y aire. Sí haré, que aunque en mí murieron culpa y muerte, en mí renacen, —pues a la Naturaleza quedan culpas actuales— segunda vez, que soy hidra, y porque de serlo trate por mis pesares agora si antes fue por tus pesares, inficionaré la Esfera del Fuego, que el mundo abrase. Ábrese segunda vez el primer carro y donde se viola Esfera del Fuego entre astros y imágenes celestes se ve un sacrificio de leña con un cordero y ella sale por lo bajo del tablado. No podrás, que el holocausto de un cordero hay que la guarde en quien siempre influyen dichas esos astros celestiales. El Aire inficionaré. Ábrese el segundo carro y vese donde estuvo primero la Esfera del Aire un pelícano ensangrentado el pecho, y ella en el tablado. No harás, que hay entre sus aves una que se rasga el pecho siendo alimento su sangre. Pasaré al Agua. Sale la Esfera 3.ª. Tampoco, Ábrese el tercer carro y vese sobre las ondas que primero una arca como pintan la de Noé. que hay un arca en que se salve la Humana Naturaleza, sombra de una virgen madre. Pasaré a la Tierra. Menos podrás desde aquí adelante inficionarme mis frutos si de ellos este pan nace. Ábrese el cuarto carro y vese donde se vio la Tierra un altar y en él el sacramento y sentado a sumesa el Peregrino. Pues ¿qué pan es este? Es aquel bocado suave que a la gran Naturaleza prometí para que sane del primer bocado, en cuya fe convalecida sale a gozar nuevas delicias en las luces celestiales deste vivo pan del cielo de quien son símbolos grandes aquel cordero en el fuego, aquel pájaro en el aire y aquel arca en las espumas. Y pues yo pagué sus males y haciéndose en mí la cura sanó ella, porque se guarde este antídoto en la Iglesia y nunca el remedio falte por sobrenatural modo quise en este pan quedarme, adonde realmente asisto porque es mi cuerpo y mi sangre. Sale la Naturaleza ricamente vestida y con ella Inociencia y Mundo y Gentilidad. Yo lo creo y yo lo adoro, en cuya gran fe constante detestando mi malicia y procurando como antes que vuelva a ser Inociencia, humilde me postro ante esas aras. Y yo en ellas reponiendo mis altares solo este adoraré. Yo, rindiendo mi mayor parte hoy en la Gentilidad, espero para adelante siendo un pastor y un rebaño que todo el mundo le ensalce. ¡Oh, antes que mi ceguedad a verlo llegue… ¡Oh, antes que lo oiga yo… …me consuma mi fuego! …mi ira me abrase! Vanse los dos. Pues vuelve a sus perfecciones, volvamos todos a darte la obediencia. Eso ha de ser con sacras festividades porque con el alto triunfo de este sacramento acabe la cura y la enfermedad. Pues digan ecos suaves… No en vano espere piedad la Naturaleza bella, pues sabe su voluntad cómo ha de sanar, si es ella la cura y la enfermedad.