Pedro Calderón de la Barca El socorro general Auto sacramental alegórico intitulado Personas LA SINAGOGA. EL ORDEN. LA GENTILIDAD. San PEDRO. LA APOSTASÍA. ZABULÓN. LA IGLESIA. SOLDADOS. LA PENITENCIA. MARINEROS. LA ORACIÓN. MÚSICA. EL BAUTISMO. ACOMPAÑAMIENTO. Suenan cajas y trompetas, y salen marchando SOLDADOS, y detrás la SINAGOGA, vestida a lo judío, con bastón de general. Hebrea milicia, cuyo siempre ilustre, siempre invicto valor no podrá olvidar la memoria de los siglos; amado pueblo de Dios, bando de Dios escogido, república de Israel, generoso Judaísmo, tú, con quien su amor inmenso tan grandes finezas hizo, que te puso en libertad de la esclavitud de Egipto, desde que la crespa saña del Bermejo mar previno, amontonando las ondas, dïáfano pasadizo, en que opuestamente hallaron sus gitanos y tus tribus, unos tumba de cristal y otros canales de vidrio, hasta que peregrinando por mansiones y caminos nunca hollados, de la tierra de promisión te dio indicios primero la lluvia hermosa de aquel cándido rocío, neutral sabor de viandas, y después aquel racimo del explorador Caleb, cifrando el maná y el vino de nuestro gran Jehová los misterios escondidos. Yo soy tu gran Sinagoga: proponerte solicito de esta guerra los pretextos, de este furor los motivos, porque aunque no los ignores, en ti despierten los bríos de mi voz al pronunciarlos y tu atención al oírlos. Ya sabes que a nuestra corte un hombre por virrey vino (pues ser del mayor monarca segunda persona dijo); este en pláticas diversas y en sermones que le oímos nos dio a entender que traía poderes establecidos de su rey para rompernos de nuestros fueros antiguos las juradas ceremonias y los observados ritos, introduciendo en nosotros nueva ley, y habiendo dicho que renovaría en tres días el templo, reducir quiso a un sacrificio incruento los cruentos sacrificios de nuestras víctimas. Yo, habiendo su intento oído, escandalizada y ciega todo mi pueblo amotino, y recibiendo los votos de escribas y de rabinos, que en mi república son los diputados ministros, contra su falsa doctrina, contra su engañoso estilo, contra sus costumbres y contra su vida conspiro, dándole violenta muerte. ¡Ay, infeliz, que al decirlo, la voz balbuciente, el pecho alterado, estremecido el corazón, tartamuda la lengua, el aliento frío, no hablo, sino padezco, no pronuncio, sino gimo! ¿Pero qué mucho, qué mucho, si tembló despavorido el universo al mirarlo, que tiemble yo al referirlo? A media tarde expiró la luz del sol de improviso; bandolera de sus rayos, salteadora de sus giros, la noche emboscada estaba a robarle en el camino, cuya ráfaga de sombras tantos prisioneros hizo en la luna de reflejos y en las estrellas de visos, que vio la luna el menguante, no habiendo el creciente visto, y muerto su general, a vista del enemigo huyeron, sin saber dónde, por páramos cristalinos las tropas de las estrellas, las escuadras de los signos, de suerte que se vio el cielo desplomado de sus quicios, si se cae o no se cae, para dar un estallido, cuyo horror, amenazando la tierra con precipicios, la estremeció de manera, que los montes más altivos, sus más elevadas torres, sus más graves edificios, en su asiento titubearon, de su centro divididos, buscando dónde arrimarse, luchando a brazo partido unas con otras las piedras, unos con otros los riscos. Rasgose el velo del templo, de sus sepulcros los fríos cadáveres se elevaron, vagando esqueletos vivos la rara esfera del aire, cuyos espacios vacíos funesto luto vistieron, enmarañado y tupido en el telar de las nubes, y comuneros los ríos se le atrevieron al mar; mas en todo este conflicto esta confusión del cielo, este del mundo delirio, a que ya para espirar se vio el postrer parasismo, no se acobardó mi rabia habiendo docta entendido, que eran de naturaleza casuales los prodigios, con que tal vez nos asombra, sin haberme persuadido a que el general eclipse fuese por el homicidio, aunque viendo sus efectos, aquel gran varón Dionisio filósofo de Areopago desde allá diz que lo dijo; el católico monarca, cuya corte es el impíreo, de nuestra culpa informado, de nuestra saña ofendido, dicen que tomar pretende venganza de este delito, a cuyo efecto, enviando doce valientes ministros, del orbe a correr los climas más remotos y distintos, gente ha juntado con que la Iglesia, que es la que ha sido la general de sus armas, solicita reducirnos a su primera obediencia, dándonos por más castigo nueva ley en que vivamos y poniéndonos presidios de sacramentos con que siempre nos tendrá rendidos a su sujeción. Ya, pues, su grande ejército altivo de Jerusalén está tan cerca, que sus avisos son las cajas y trompetas; resistamos sus designios, y vean que vuelven todos derrotados y vencidos de nosotros sus preceptos, sin tomarlos ni admitirlos. Libre república somos; ea, vasallos y amigos, hoy leales a la patria y fieles a mi dominio, es el día de mostrar, que sois de mi aliento hijos. Castigado suene el parche, de uno y otro golpe herido; animado el bronce suene, ya de uno y otro suspiro, y para que no entren dentro de la ley en que vivimos, en lo estrecho de sus pasos salgamos a recibirlos, todos publicando a voces, todos repitiendo a gritos: ¡Viva nuestra libertad y muera la ley de Cristo! ¡Viva nuestra libertad y muera la ley de Cristo! Suena un clarín lejos, y sale ZABULÓN vestido de judío ridículamente. Un embajador de parte del ejército ha querido hablarte. ¿Quién es? No sé, que en mi vida no le he visto otra vez ni le conozco. Sólo sé que su vestido es más blanco que el candor de la nieve y que ha venido haciendo un gran sacramento en que quiere hablar contigo. Dile que llegue. Sale el BAUTISMO vestido de blanco a la española. La hermosa emperatriz del Olimpo, la que de flores y estrellas corona los crespos rizos, la que en sus adornos vence las purezas del armiño, la unión de fieles, la reina militante, la que ha sido, es y será capitana del estandarte de Cristo, corona de sus leales y de sus fieles caudillo, salud y gracia te envía. ¿Salud y gracia contigo? Sí. ¿Pues quién eres, quién eres tú, que tan desvanecido piensas que salud y gracia puedes traerme? El Bautismo, primer sacramento suyo, a cuyo cargo los libros de sus ejércitos vienen, pues yo sus gentes alisto. ¿Qué es tu intento? De su parte satisfacer los motivos, con que hoy tienes sediciosos y alterados tus vecinos, por ver si puede por mí a su gremio reducirlos, excusando los rencores, los robos, los homicidios, los escándalos, las muertes, las sediciones, los vicios, las traiciones, los insultos que trae la guerra consigo, entre vasallos que somos todos de un monarca mismo. ¿No había otro que viniese menos osado y altivo que tú? No, porque si yo no doy con el favor mío principio a estas amistades, no pueden tener principio. ¿Pues qué pretextos podrás proponernos ni advertirnos, que nos satisfagan, puesto que todos nuestros designios fundados están en que los fueros establecidos de nuestros primeros Padres rompernos habéis querido? Porque veas el engaño en que estás, ¿cuáles han sido tus más principales fueros? Los diez preceptos divinos del decálogo sagrado, que en terso mármol y liso, buril el dedo de Dios, le entregó a Moisés escritos. Luego si esos diez preceptos son, Sinagoga, los mismos con que hoy la Iglesia pretende mantenerse en el servicio de tu rey, romper no trata tus grandes fueros antiguos. Sí trata, pues que pretende del Levítico impedirnos los sangrientos holocaustos, intentando reducirlos a un sacrificio incruento. Es piadoso sacrificio, que satisface por todos con méritos infinitos. ¿De qué suerte? ¿Puedes tú dudar que tu ley ha sido ley de sombras y figuras? No puedo, y que un Mesías, hijo de Dios, será de esas sombras y figuras que ya he visto lo figurado, que así mis profetas me lo han dicho. Pues ya vino ese Mesías, los hebdómadas cumplidos, y tú le desconociste, dándole muerte. Ni vino, ni entiendo que pudo ser de Dios principal ministro enviado un sedicioso galileo advenedizo. Sólo sé que ahora me envía la Iglesia su paz contigo, que eres nuevo sacramento que ni conozco ni admito, y que a mi circuncisión quieres quitarle el oficio. En eso verás también cuán piadoso, cuán benigno el rey te ofrece piedades cuando tú esperas castigos, pues si en la circuncisión antes era beneficio del original pecado dejarnos puros y limpios y hoy es ablución de agua y no de sangre, está visto cuánto sus derramamientos excusar ha pretendido, dando a entender que la ley de gracia es yugo sencillo, pues sin sangre nos reduce al estado primitivo de la original justicia de que privados nacimos, dejándonos de la culpa este sacramento pío con el agua bautizados y sin sangre incircuncisos. Que no te entiendo otra vez y otras mil veces repito, y así vuélvete al instante, primero que el furor mío las inmunidades rompa del seguro que has traído, y di a tu Iglesia que yo ni te escucho ni recibo porque no quiero su paz. Mira que soy el Bautismo, y que piadosa la Iglesia te está rogando conmigo, con que deja su justicia honestada. No te admito. Pues con esto.... No te escucho. Manifiesto.... No te estimo. Queda. No te oigo, no te oigo. Tapareme los oídos como la sierpe al encanto, y cualquier soldado mío que te hable ni te vea le tendré por enemigo y por traidor a la patria. Todos lo propio decimos. ¡Viva nuestra libertad! Dejados y aborrecidos de todos nosotros, vuelva a la Iglesia sus auxilios. Vanse SINAGOGA y SOLDADOS. ¡Ay, infelice de ti, y ay de tus míseros hijos, sobre quien está la sangre del justo con repetidos lamentos pidiendo al cielo si no venganzas, castigos! Señor Sacramento de agua, vos fuérades más bien visto acá de todos si fuerais otro que hay allá de vino; y así idos con Dios a donde sois fiestas y regocijos de comadres y compadres, aunque alguna vez me han dicho que no dejáis de tener molestias con los padrinos sobre aquello de la vela, el mazapán, el mantico, los dulces de la parida, los agrios del monacillo, sin lo del coche prestado si vino a tiempo o no vino, la fuente, el salero, el jarro, la agua de olor, el capillo, el y el ,el y el ,voloefetá y otros dos mil requisitos, si al niño sacan los brazos, si ponen a andar al niño, y por remate de todo traer siempre por inquilinos la comadre de parir y el ama de haber parido. Vase. Hermosa luz de las gentes, sobre cuyo cristalino cuello la alba vierte rosas y el aura deshoja lirios, tú, cuyas manos ceñidas de siete azules jacintos, liberalmente de Dios, distribuyes los más ricos tesoros, dejando siempre infinito lo infinito. Suenan chirimías; salen la ORACIÓN, la PENITENCIA, DAMAS, la ORDEN SACERDOTAL, VIEJO; y detrás la IGLESIA con corona de oro, manto imperial y bastón, y la PENITENCIA trae un estandarte con un Cristo crucificado y todos con espadas ceñidas y plumas. ¿Qué me quieres? A tus plantas lloroso y enternecido (porque es el agua en efecto materia del pecho mío) vuelvo de la Sinagoga despreciado y ofendido con injurias y baldones, haciendo en mí desperdicios de tus hermosas piedades. Presto, bando aborrecido; presto, traidora familia, llorarás tus precipicios, perdida tu Sinagoga, tu patria y tu domicilio, vagando por las ajenas. Leales soldados míos que debajo militáis de este estandarte en quien miro persona que hace y padece, sacerdote y sacrificio, ya la ocasión ha llegado. Tú, Oración, con tus suspiros, tus lágrimas y tus ruegos, los ánimos mueve invictos. Tú, Orden Sacerdotal, acude con beneficios, que son de la militante Iglesia balas y tiros. Tú, enarbola, Penitencia, ese estandarte divino porque te sigan, y todos armados y prevenidos, para padecer rigores de crueldades y martirios, pues habéis de ser muriendo vencedores y vencidos, diciendo al cielo y la tierra, en lamentos repetidos: «¡Muera la comunidad y viva la fe de Cristo!». Estas voces se repitan dentro de mano en mano y fuera la caja a marcha. ¡Muera la comunidad y viva la fe de Cristo! Ya el ejército a tus voces todo a un tiempo se ha movido. En orden viene cubriendo de poblaciones los riscos. Mi estandarte siguen. Tú, pues que tienes los registros de todos y al pasar muestra los señalas con tu signo, veme diciendo quién son. Al BAUTISMO. Tú lo sabes. Es preciso saberlo más por tus listas, y así de ti quiero oírlo, que no conoce la Iglesia a nadie sin el Bautismo. La caja dentro a marcha. Tu ejército, que en valientes tropas marcha hecho escuadrones, compuesto está de naciones porque es unión de las gentes, y así el número que adquiere de tantas consta y se hace que ven al sol cuando nace y ven al sol cuando muere. Toletot quiere decir en hebreo población, monarquía o fundación de muchos, y así argüir no sin justas causas oso, viendo tan varias hileras, que es tu frente de banderas un Toletot numeroso. Y otra razón hay en que la envidia admirada vea que lo que es Toletot sea plaza de armas de la fe, pues una ciudad fundada por Nabucodonosor, por su grandeza y valor fue de este nombre llamada, cuya Sinagoga altiva la sentencia no firmó de Cristo, ni el voto dio en su alteración esquiva. De suerte que llamar puedo al que tu ejército fue, por el número y la fe o Toletot o Toledo. La caja. ¿Qué tercio es este que tiene la vanguardia? Es de españoles. Son de mi milicia soles. Por maese de campo viene de ellos Torcato. ¿Pues no viene Diego? No, que aunque fue Diego el primero que gente en España alistó, por él el tercio ha servido su teniente coronel, por haberle dado a él la caballería. Este ha sido tercio de Borgoña donde la fe milita. ¿Quién es su maese de campo? Andrés. Bien la banda corresponde con el aspa ensangrentada. Rojos sus bastones son por la sangre del toisón, orden en ella fundada, y así con piedad no escasa banda roja usa la pía católica monarquía de Borgoña por la casa. El tercio, que ahora llegó de los italianos es; Pablo le gobierna. La caja. ¿Pues también Pedro no alistó en Roma su corte? Sí; mas como a Pedro le diste tu nave con que le hiciste general de mar, así la armada ha de gobernar. Es verdad; la nave bella le di de la Iglesia y ella señora me hará del mar. ¿Cuyo es el tercio que veo, que en su gran número copia las flores? La caja. Es de Etiopía. ¿Quién le gobierna? Mateo, Tomás y Bartolomé: aquel de la India oriental y este de la occidental, gente conducen. Y qué gente es esta que desprecia el rosicler de los días? La de Felipe y Matías, una de Asia, otra de Grecia; Juan y el menor Diego, a quien la fama su voz inclina, son estos; de Palestina vienen y Jerusalén. Esta es la caballería con cuyas armas parece o que el día se obscurece o que alumbra más el día. Diego, su gran general, la gobierna, a quien siguiendo vienen las tropas, haciendo alarde de la señal que los trae satisfechos de su valor, dando luz sobre el acero la cruz, rojo esmalte de sus pechos, a quien siguen a millares con gloriosa emulación las demás tropas que son religiones militares. Benito y Bernardo honores dan con la cruz esmaltada, sus mártires colorada y verde sus confesores. Este es tu ejército, en suma, cuyo honor te satisfaga que ni el tiempo le deshaga ni el olvido le consuma. Las trompetas a marcha. Pues al arma toca y cierra que nuestra ha de ser la gloria. Tocan cajas y trompetas, y dice dentro la SINAGOGA. Mía ha de ser la victoria. Arma, arma. Guerra, guerra. Al irse a entrar la IGLESIA y el BAUTISMO, sale la APOSTASÍA huyendo como asombrada. Bella Iglesia, ¿dónde vas? Atrás, atrás vuelve, no pases adelante. Yo no puedo volver atrás. Mira que está el enemigo en la cumbre de aquel monte que corona el horizonte, haciendo al cielo testigo de su poder, pues sus bellas tropas no pueden contar ni las arenas del mar ni del cielo las estrellas. Cierta es tu ruina. ¿Quién eres tú, que tan ciego has venido, que yo te he desconocido en mi ejército? ¿No infieres viendo la eterna señal del Bautismo, Iglesia, en mí, que soy tu soldado? Sí. ¿De dónde eres natural? Un aventurero soy que a militar en tu corte de los piélagos del norte vine a ganar fama hoy debajo de tu bandera. ¿Pues cómo, siendo soldado en mi milicia alistado, temes de aquesa manera? Porque está el contrario fuerte en su ciega obstinación. ¿No ves que es implicación ser mío y temer la muerte? ¿Bautismo? ¿Qué mandas? Que tengas con este soldado desde aquí mucho cuidado, que es sospechoso en la fe. ¿De mi alistado temer puedes que te ha de faltar? Sí, que el que empezó a dudar cerca está de no creer. Dentro arma. Hoy será el cielo y la tierra de mi gran valor testigo. Ya se acerca el enemigo; arma, arma. Guerra, guerra. Vanse todos sacando las espadas, quiere la APOSTASÍA seguirlos y no puede. Las cajas y trompetas están siempre tocando a tiempos y la batalla se finge dentro. ¿Qué es aquesto? ¿Cuando veo ir a pelear mi valor se queda atrás? ¿Qué temor es este? ¿Qué dudo y creo? ¡Mas, ay de mí!, que aunque intente ir a morir en defensa de la Iglesia, lo que piensa mi discurso no consiente que dé por ella la vida. ¡Qué extraños misterios son (¡oh Iglesia!) que mi opinión han dejado destruida los tuyos! Pues todos ellos llegando a considerallos, me dan razón de dudallos que me obliga a no creellos. Pero ya la lid trabada de una y otra parte está. ¡Aprensión, déjame ya, que no quiero saber nada; mi imaginación destierra! ¡Soldado de la fe soy! ¡Qué cobarde a pelear voy! Dentro. ¡Arma, arma; guerra, guerra! Dentro. Dentro. ¡La gran Sinagoga altiva en su libertad primera viva! Dentro. Dentro. ¡El Judaísmo muera y solo la Iglesia viva! Dentro. Vase y sale por la otra parte ZABULÓN. Aunque lo intento no puedo desechar el temor mío, mas no fuera buen judío si no tuviera buen miedo. ¡Qué trabada, qué sangrienta anda la lid a porfía! Sin requiebro, vida mía, entremos los dos en cuenta. -¿De qué provecho es morir un hombre? -De nada, pues si me pierdes no hay después otra vida que vivir. -¿No? Luego muy bien harán en guardarte mis pesares y dura lo que durares, como si fueras de pan. Aquí escondido ver quiero en qué para la batalla, por si se ofrece contalla alguna vez lo primero, y lo segundo por si se ofrece la fugitiva. ¡Victoria! ¡La Iglesia viva! ¡Viva! Sale la SINAGOGA herida en el rostro con sangre huyendo. ¡Ay, infeliz de mí! Perdí fama, ser y nombre en la batalla primera. Verdaderamente era hijo de Dios aquel hombre que maté, pues sobre mí y sobre mis descendientes llueve sangre de inocentes. Buen llover. ¿Quién está aquí? No sé. ¿Eres soldado mío? Que soy sólo sé saber.... ¿Qué? Lo menos que hay que ser. ¿Pues qué eres? Pobre y judío. Si hebreo eres dile a quien siguiéndome viene (¡ay triste!), que a tu Sinagoga viste salir de Jerusalén a los ásperos desiertos, con pasos tan fugitivos que por huir de los vivos va tropezando en los muertos. El tercio de los romanos tan a su cargo tomó la venganza del que yo maté con ajenas manos, que rompiendo mi poder con fuga me obliga a ir sin tener dónde vivir ni aun dónde morir tener. Y pues (¡mi dolor me ahoga!) jamás (¡mi furor me abrasa!) tendrá templo, ara, ni casa desde hoy la Sinagoga, a mis hijos les dirás, ya que han de vivir sin mí, que porque la Iglesia aquí de ellos no triunfe jamás, a Roma obedeceré y que a su Gentilidad favor pediré y piedad aunque sujeción la dé, porque en sus sacros altares no triunfen cristianos viles, y así voy a los gentiles que sean mis auxiliares, a cuyo efecto, pues ya la Sinagoga no soy, la esclava nación desde hoy mi nombre infeliz será. Vase. Cuanto me dices hacello ofrezco de esa manera, y eso y mucho más dijera si yo me acordara de ello. Pero ¿quién me mete a mí sino en ser país neutral y de la Iglesia parcial puesto que hoy triunfar la vi?, que esto de viva quien vence es la más sana opinión de los que gallinas son. Aquí mi industria comience a declararse y pues veo que cantando a esta victoria viene la Iglesia la gloria, introducirme deseo con ella, porque así es llano guardo el individuo mío, con los judíos, judío, con los cristianos, cristiano. Los INSTRUMENTOS dentro. Salen los MÚSICOS cantando, el BAUTISMO, la ORACIÓN, la PENITENCIA, y ORDEN SACERDOTAL, todos con ramos y flores, arrojándolos a sus pies y bailando. ¡Viva la militante divina Iglesia y a pesar de enemigos triunfante sea! Esto se baila siempre Coronen al Serafín que la primer lid venció las flores de Jericó y las palmas de Efraín. Dele el primero jardín rosas de su primavera. ¡Y a pesar de enemigos triunfante sea! Ciñan sus sienes altivas, coronada unión de fieles, del Líbano los laureles, del Olivet las olivas. Inmortal al tiempo vivas, y tu militante esfera.... ¡A pesar de enemigos triunfante sea! De todos esos jodíos que te hacen oposición hagas tal inquisición que les abajes los bríos, aunque los abuelos míos sean leña de su hoguera. ¡Y a pesar de enemigos triunfante sea! ¿Quién sois, que os ignoro? ¿Yo? Pues si yo quién soy supiera, ¿en decíroslo qué hiciera? ¿No es nuestro soldado? No. ¿Hay más de sello? ¿Pues cómo aquí estáis? Como he llegado a vivir desengañado, y vengo y ¿qué hago? Tomo y pásome acá porque quiero ser al rey leal. Bautismo, con tu señal plaza le asienta. Sí haré, porque con piadosos modos a nadie negarme espero. Pues hágase uced dinero, verá si se niega a todos. ¿Cómo os llamáis? Zabulón. Juan os llamaréis por ser gracia. Bien la he menester. Ya que en aquesta ocasión piadoso el cielo me ha dado esta primera victoria, démosle al cielo la gloria; cantad mi felice estado. ¡Viva la militante divina Iglesia y a pesar de enemigos triunfante sea! De su eterna primavera goce la felicidad. Estando bailando, arma dentro y alborótanse todos. Dentro. ¡Viva la Gentilidad, la Fe católica muera! Dentro. ¿Qué es aquesto? ¿Cuánto va, si se ofrece otro rumor que llevamos lo peor agora que estoy yo acá? ¿Quién temerario interrumpe con acentos militares las alabanzas que al cielo suben cortando los aires? Católica monarquía, no así tus victorias cantes sin ver los contrarios que te cercan por todas partes. Aquesta nación traidora, que con violencias tan graves conspiró contra su rey hasta llegar a matarle a su segunda persona, y soberbia y arrogante tocó cajas, armó gente y arboló sus estandartes, viéndose oprimida y que no tiene fuerzas bastantes para resistir la entrada que en ella tus armas hacen, y viendo cuánto deshecha, postrada y rendida yace su Sinagoga, que fue la diputación que a tales levantamientos la indujo, sin providencia y sin arte, llamó a la Gentilidad que la defienda y ampare, a quien ha entregado todas sus fuerzas más principales, concediéndola el gobierno de sus armas con tan grandes rendimientos que admitiendo cabezas y generales, esclava vive, que esclava es la que en parcialidades por huir de un enemigo de otro enemigo se vale. La obediencia dio en efecto, de suerte que a gobernarles los francos romanos (francos, porque no conoce a nadie el romano imperio) vienen dueños ya más que auxiliares. Tan vil es su obstinación ciega, alevosa y infame que quieren perder con ellos todas sus inmunidades más que obedecerte a ti, pues lo primero que hacen los gentiles es hacerles que contribuyan y paguen, de modo que a servidumbres reducen sus libertades, dando a la Gentilidad el Judaísmo vasallaje. Unidos, pues, los hebreos y gentiles a buscarte vienen por esas campañas vagando en tropas errantes, sin pesadumbre los montes, sin gravedad las ciudades. Proponiendo vienen todos, en sus rencores iguales, que se han de anegar los ríos de tu derramada sangre hasta que la acción perdida de tus patrimonios reales, su república les dejes, su tierra les desampares, y es tal su furor que pudo en los primeros combates dar con crueles tormentos muerte a infinitos infantes, y robando a tus tesoros lo más rico en el bagaje dio donde en mujeres solas de once mil hizo un cadáver. Tu poder contra dos fuerzas unidas y fuerzas tales, no es posible que te libre, no es posible que te guarde; y mas si los ojos vuelves a ver sobre aquesos mares otra montaña de pino, que errando al arbitrio fácil del viento, te corta el paso, el comercio te deshace y la comunicación con galeras y con naves. Mira, pues, lo que has de hacer contra tanto poder, antes que vencida de sus iras, postrada de sus corajes, ningún partido te acepte. Tu gente rendida yace de la pasada campaña, y cuando fortificarte quieras en aqueste monte, ¿cómo podrás excusarte de morir a breve tiempo, pues bastimento no traes, a los embotados filos de la sed y de la hambre?, si ya entender a la letra no quieres en este trance lo del mandar Dios comer los inmundos animales. Sale. Sale. Calla, calla, no prosigas, que temeroso y cobarde a mi majestad ofendes, dando a entender que no sabes que yo mirarme afligida de rigores y crueldades puedo tal vez, mas no puedo nunca vencida mirarme, que en mi primitiva edad podían enemigos grandes afligirme pero no consumirme ni acabarme, porque son mis duraciones mayores que las edades. Y tú, Oración, pues que eres aquella divina ave llena de gracia que al cielo las esferas celestiales penetrar puedes, al viento las bellas plumas esparce: sube al cielo, entra al impíreo y dile al rey de mi parte la persecución que espero, que me socorra y ampare, enviándome en auxilios suficientes y eficaces pan y vino, de quien constan sus .sus .Socorros generales En un vuelo de elevación sube la ORACIÓN poco a poco cantando, y en llegando arriba se deshace de la canal y en bofetón da vuelta a la otra parte. Ya mi fervorosa instancia las doradas alas bate y elevada sobre mí rompo la esfera del aire. Repite en sonoras voces de parte de los leales al rey que el empíreo asiste sobre tronos de diamantes. Dios inmenso, Dios grande, escucha el llanto que los fieles hacen. La MÚSICA cantando y la IGLESIA y los demás representando dicen estos versos de arriba, y canta sola la ORACIÓN. Sitiada vive en los montes la Iglesia por todas partes, los enemigos la embisten, los contrarios la combaten. Dios inmenso, Dios grande, escucha el llanto que los fieles hacen. Si son merecidas iras, Señor, de sus culpas graves, las voces de la Oración te enternezcan y te ablanden. Dios inmenso, Dios grande, escucha el llanto que los fieles hacen. Desaparece la ORACIÓN. Ahora, pues no podemos salir con fuerzas iguales a pelear a la campaña, montes y peñas nos guarden, que no es bien que de una vez las raíces nos arranquen de nuestro ejército y pierda el rey en aquesta parte la posesión que ya tiene, y así por ahora trate contra este unido poder mi valor fortificarse. Cíñase aquesta montaña de diez fuertes baluartes, pues consisten mis victorias sólo en que ellos diez se guarden en el corazón; después del recinto que ellos hacen, hagan frente de banderas los doce tercios constantes en su fe; los siete vivos cabos que su sueldo traen, acerca de mi persona me asistan y me acompañen en esta forma: la puerta el Bautismo me la guarde porque entrar no pueda alguno sin que por sus listas pase; la ronda continuamente (por si acaso algún infante ignorando el ser quién es dentro de la plaza se halle) tenga la Confirmación, que le haga el segundo examen; la casa de municiones a donde están los pesares, silicios, llantos, ayunos, penas y calamidades, la tenga la Penitencia donde los soldados se armen; el almacén en que están las raciones de los panes, la Comunión tome a cuenta pues ella es quien los reparte; de los enfermos y heridos los piadosos hospitales la Extremaunción los visite; la capilla que ha de armarse, la Orden Sacerdotal la rija, gobierne y mande; las matronas que a este sitio venir quisieren constantes, se alberguen y se recojan en la casa del bagaje, de quien será dignamente el Matrimonio el alcaide. A las postas que nos velan siempre por nombre ha de darse sólo un Dios; las contraseñas, porque traidores no engañen, diferentes han de ser, añadiendo al admirable nombre de Dios solo, otros atributos celestiales como Dios solo, humanado, nacido de Virgen Madre, Dios solo, sacramentado por misterio inescrutable. Pues con este orden en todos resistiremos leales la invasión de los tiranos hasta que del miserable sitio, en que la primitiva Iglesia hoy está, la saque del católico monarca los .los .Socorros generales Cualquiera a su cargo atento, cuidadoso y vigilante asistirá.... Sino yo, que temeroso y cobarde, me aflige mi pensamiento. Ninguno en la fe desmaye y demos principio todos a los continuos afanes de las fortificaciones. Como Penitencia hablaste. Vamos todos. ¿No es mejor que antes que trabajar mandes mandes que nos den raciones, porque no hay fuerzas con hambre? Sí; la Comunión dará pan a todos al instante. ¡Para mí es buena ración pan que no me satisface ni hallo en él substancia alguna! Venid y no tema nadie el sitio, pues el socorro no es posible que nos falte, y más si ya la Oración pisó al cielo los umbrales, cuyas voces repitiendo le dicen de nuestra parte. Dios inmenso, Dios grande, escucha el llanto que los fieles hacen. Vanse todos y queda ZABULÓN. ¿Quién, sin qué ni para qué a mí me metió en andarme a jugar con el Bautismo a «pásate acá, compadre»? Pero ahora que caigo en ello, ¿habrá más calamidades que las mías? ¡Judío, pobre y desgraciado! ¿A qué parte el pan se repartirá? Ya que dicen dos refranes «los duelos con pan son menos» y «no hay mal pan a buen hambre»... mas la casa me dirá este que ya con él sale. Soldado, ¿dónde ese pan se da? Sale la APOSTASÍA con una como forma grande, divertido, mirándola. ¡Qué sé yo! Escuchadme. ¿Cómo puede ser que sea carne aquesto? ¿Aquesto carne? ¿Y sangre, cómo es posible? Diciendo está disparates. Pan es aqueso en mi tierra, mas hácese carne y sangre si se come con provecho. Dale haciendo una exclamación un golpe. ¡Necios discursos, dejadme! ¿Pues soy yo necio discurso? ¿Quién es quien está aquí? Nadie, porque ya no es. Perdonad si os di, que esto fue admirarme. Yo lo hago, pero admiraros pudierais de esotra parte, y decirme en pago dónde aquese pan se reparte. Pedidle a la Comunión. Decidme, así Dios os guarde, ¿habéis comido ya mucho del que os dieron? Ni aun probarle hasta ahora quise. Luego ¿cree la Iglesia que es bastante solo un bocado de pan que me dará a sustentarme?; pues no suelo yo tener harto con catorce panes. ¡A buena dieta he venido! ¡Pardiez, yo he echado buen lance! Vase. Blanca cifra en quien la fe lo figurado me da de aquel llovido maná que unión de sabores fue, si te veo pan ¿podré persuadir a mi deseo que eres carne? Es devaneo que en las dudas con que lucho no he de creer lo que escucho primero que lo que veo. Fruta en el árbol cogida de la vida y de la muerte, pues das de una misma suerte a unos muerte y a otros vida, si pan toco en su comida ¿cómo a creer me provoco ser carne? Fuera estar loco que contra mi parecer lo que oigo no he de creer primero que lo que toco. Bello rocío que llora cuajado sobre el vellón de la piel de Gedeón el rosicler de la aurora, si pan gusto y huelo ahora, ¿cómo a presumir me ajusto ser carne y sangre? ¡Es injusto rigor! ¡Precepto es severo creer lo que dicen primero que lo que yo huelo y gusto! Luego si eres pan no más a la vista, pan al tacto, pan al gusto y al olfato, pan al oído serás y en tu fracción lo verás, fuera de que no es piedad en tanta dificultad persuadirme a que atrevidos me mientan cuatro sentidos y uno me diga verdad. Pues si no lo he de creer siempre luchando conmigo, pasareme al enemigo que yo no he de padecer, pues no puedo merecer, ni del hambre la porfía ni de la sed la agonía. De la Iglesia huyendo iré, con cuya fuga daré principio a la Apostasía. Ya la fábrica que sube a estrechar el horizonte empezando en este monte, remata en aquella nube. ¿Cómo el intento que tuve en ejecución pondré? ¿Cómo del sitio saldré? Pero ya lo he imaginado: un caballo desbocado (que mi pensamiento fue) está allí puesto; en él quiero salir de este obscuro abismo; la puerta guarda el Bautismo que es por donde entré primero; atropellándole espero librarme de su castigo. Córrense las cortinas y queda la muralla descubierta. Vase y dice el primer verso dentro el BAUTISMO, y disparando sale por una puerta y la IGLESIA por otra. Tiralde, tiralde digo. Disparan. ¿Qué arma es la que se tocó? ¿Viene el enemigo? No, que antes se va el enemigo. ¿Cómo? Como un cancerado miembro tuyo forajido la línea al sitio ha rompido donde te has fortificado. Al contrario se ha pasado atropellando por mí, que plaza le senté y di tu sueldo, y con él se huyó llevándose, mi fe no, pero mi carácter sí. ¿Por qué, soldado, por qué de mi cristiana milicia te ha ausentado tu malicia? Dentro. Por las dudas de tu fe. Dentro. ¿En qué sacramento, en qué misterio dudar te hacía? Dentro. En el de la Eucaristía. Dentro. ¡Ay de ti infeliz! ¡Ay triste!, que sacramentario diste principios a su herejía. Y ¡ay de mí!, que viendo ya que este al contrario se pasa, como ladrón que es de casa mis pocas fuerzas podrá decir, y aunque no dirá que hay flaqueza alguna en mí, pues siempre constante fui, dirá el asedio en que estaba, el peligro en que me hallaba y el hambre que padecí, para que el verme afligida más esperanzas les dé de las victorias en que pierdan mis hijos la vida. Si eres oveja perdida y si eres halcón en celo, ten el paso, abate el vuelo, no a dueño pases extraño. Vuelve, oveja, a mi rebaño, vuelve, halcón, a mi señuelo. No me escucha y ya volando en su mismo pensamiento, con ser tan ligero el viento atrás se le va dejando. Este daño reparando conviene poner dobladas las centinelas y armadas que sus engaños prevengan y teniendo un nombre, tengan las contraseñas mudadas. Asegúrese el castigo de este enemigo mayor, pues quien fue amigo traidor será mayor enemigo. Siempre tus órdenes sigo, ¿pero tú lloras, señora? ¿No soy madre? ¿Quién lo ignora? Luego bien llorar pretendo pues no es madre la que viendo perdido un hijo no llora. Vanse. Descúbrese la APOSTASÍA en un caballo, que da vuelta al teatro, y llegue donde pueda apearse de él y bajar al tablado. Caballo desbocado el Espíritu Santo me ha llamado en la Sabiduría a mí, por ser la bárbara Herejía, y así es mi pensamiento veloz y desbocado como el viento. ¡Romana monarquía! ¡Familia hebrea! Tú, que en este día las católicas armas aborreces, y tú que a echarlas del país te ofreces. ¡Ruina del tiempo! ¡Asunto de la fama! Sale la SINAGOGA por una parte, vestida de negro, con bastón; la GENTILIDAD por otra, con corona de laurel y bastoncillo a lo romano. ¿Quién pronuncia mis señas? ¿Quién me llama? Un nuevo aventurero que a los dos agregado servir quiero. Desciende y di quién eres. Yo soy, pues lo preguntas y oírlo quieres, de la Iglesia un vasallo forajido, miembro apartado y hijo aborrecido. A dar vengo favor en tanto abismo a la Gentilidad y al Judaísmo contra la Iglesia, porque el mundo diga que los tres componemos esta liga de sus persecuciones. Sean mis brazos puerto tuyo. Y los míos dulces lazos, cuyo gran nudo fuerte romper podrá, no desatar, la muerte; y pues del sitio vienes danos dél las noticias que dél tienes. La Iglesia militante que espera que ha de ser presto triunfante, en esta edad primera en su persecución infeliz era, huyendo a un tiempo mismo de la Gentilidad, del Judaísmo y ya de la Herejía, pues los tres la seguimos a porfía. De los montes se ampara con aflicción tan grande y con tan rara necesidad (aunque constante ella) que no hay en toda esa montaña bella manjar alguno en que alimento tome, ni lecho alguno en que descanso pruebe; pan de dolores solamente come, agua de llanto solamente bebe, y son sus penas tales que sus soldados comen animales inmundos; y es tan cierto, que Juan comió langostas del desierto y todos en asedios de la guerra las silvestres legumbres de la tierra, de suerte que parecen fugitivos por los desiertos esqueletos vivos. La ración que ya a darles ha llegado es de pan sin sabor sólo un bocado, y hacerles creer intenta que este bocado sólo los sustenta, y aun este, que es el pan de cada día y el vino que tenía, yo se lo he derramado, pues que yo sus misterios he negado con que es fuerza que presto os obedezca o mísera perezca en aquesa montaña, a quien el sol corona y el mar baña. Poco triunfo me adquiere verla morir de hambre, pues no muere a filos de mi acero cuando su sangre derramar espero, y así porque la historia no atribuya a su pena mi victoria, sus fortificaciones mañana han de embestir mis escuadrones, a cuyo efecto quiero los puestos conocer, y pues ya el fiero horror confuso de la noche baja envolviendo en su lóbrega mortaja el cadáver del sol, de cuyas bellas luces ya son pavesas las estrellas, por mi persona he de acercarme al muro. Contigo habemos de ir. Yo voy seguro conmigo, mas venid porque veamos los tres mejor por dónde la embistamos. Algunas tropas de retén nos sigan por si a pelear sentidos nos obligan. Van LOS TRES tomando la vuelta al tablado, y salen por la otra parte el SACERDOCIO, el BAUTISMO y la PENITENCIA con armas de fuego. Este puesto primero es el que siempre yo guardar espero. A mí aquesta subida me ha tocado, que es la segunda fuerza. A mi cuidado la vela de esta noche está fiada. Pónense en orden, el BAUTISMO el primero, la PENITENCIA el segundo y el SACERDOCIO el tercero. Parece que la posta está doblada. Sólo un Dios es el nombre. Y humanado, mi contraseña. En mí sacramentado. Yo llegaré, que puedo dar el nombre. Mi valor es preciso que se asombre de que otro antes que yo llegue a la puerta. Quédanse APOSTASÍA y JUDAÍSMO, y adelántase la GENTILIDAD. Gente he sentido, alerta. Alerta. Alerta. De mi valor los cielos sean testigos. ¿Quién allá viene? Amigos son. ¿Qué amigos? Soldado del cuartel. Hágase fuera, diga, ¿quién vive? ¡Confusión es fiera, que ya las armas todos aperciben! ¿Quién vive?, digo. ¿Quién? Los dioses viven. Alárguese o la muerte le prevengo que un solo Dios es nombre que yo tengo. Conociome, la muerte tuve cierta. Vuelve a los dos. Yo he de llegar. Alerta. Alerta. Alerta. ¿Quién allá viene? Amigos. Hacer alto. Aun del aire mi pecho vive falto. ¿Quién vive, antes que el fuego mío le abrase? Sólo un Dios vive y reina. Es verdad, pase. No mentí que mi ley en bronce escribe: «Sólo el Dios de Israel es el que vive». Pasa al segundo. La primer posta paso dio al Judaísmo. ¡En cólera me abraso! ¿Quién viene allá? Un soldado. ¿El nombre? Ya le he dado, «Sólo un Dios vive» he dicho, esto me enseña mi ley. Diga más. ¿Qué? La contraseña. Sólo un Dios hay, la seña es que se espera. ¿No está humanado? No. Lárguese fuera. Vuelve a los dos por detrás del BAUTISMO la SINAGOGA. Basta que hay sólo un Dios bien llegar pude, que está humanado es fuerza que lo dude y así vuelvo a los dos de temor muerta. Yo he de ir ahora. Alerta. Alerta. Alerta. ¿Quién vive? Sólo un Dios. Pase, soldado. ¿Quién vive? Sólo un Dios. Seña. Humanado. Dos postas ha pasado. A la Fe pía, más que los dos se acerca la Herejía. ¿Quién viene allá? Que vive un Dios confieso y que humano es también, parece exceso pedir más. Contraseña da, soldado. Muerto en cruz. ¿No decís sacramentado? No. Pues largad, largad luego al momento. Yo he de pasar. Quien niega el sacramento y entrar pretende, el fuego le destierra. Dispara y dicen dentro. Dentro. La posta disparó. Dentro. Arma, arma, guerra. Descubiertos nos vemos. Cajas. Aváncense las tropas que traemos y por fuerza rompamos. Salen los que pudieren con armas. Los muros de la Iglesia defendamos. A retirarse, postas. Cierra, cierra. A embestir. Arma, arma, guerra, guerra. Éntranse las postas y los otros tras ellas peleando, y hácese dentro la batalla y sale ZABULÓN como aturdido. Con la grande confusión que esta interpresa me ofrece, escaparme me parece que será puesto en razón, que no es posible sufrir los ayunos que han tenido los que leales han sido, y yo no quiero morir de tan riguroso mal que lo más que sus porfías dan de plazo son tres días. ¡Cuerpo de tal y de cual, los dientes que en lid penosa muestran los fieles valientes! Mas ¿qué hacen de mostrar dientes si no sirven de otra cosa? ¿Por dónde podré escapar? Sale la GENTILIDAD. Pues que no puede romper sus muros nuestro poder, soldados, a retirar. Caja. A retirar han tocado, parece que hablan conmigo. ¿Quién va? ¿Quién es? Un amigo. ¿Qué amigo? Un amigo honrado. ¿Eres gentil? Lo seré si importare a la maraña y si el talle no me daña. ¿Cómo te llamas? No sé. Judío fui Zabulón, Juan cristiano; y si a tener llego ahora gentil acción Nerón seré y vendré a ser Zabulón Juan de Nerón. Si has visto antes que te deje.... ¿Hay suerte como la mía? Me di.... ¿A quién? A la Herejía. No, que hubiera sido hereje. ¿Y al Judaísmo? Tampoco. Soldados, a retirar pues no podemos lograr (¡estoy de cólera loco!) en sus fortificaciones vencer los fuertes soldados de la Iglesia; rechazados vuelvan nuestros escuadrones. Salen por una parte la SINAGOGA y por otra la APOSTASÍA. Gentilidad valerosa. Coronada monarquía. Judaísmo, Apostasía. Empresa dificultosa intentamos conseguir, que estando fortificada la Iglesia y de sí murada no se puede consumir. Retirémonos que presto su mucha necesidad la consumirá. Es verdad que aunque el socorro ha dispuesto su rey, ¿cómo podrá entrar si haciéndole estamos guerra dos ejércitos por tierra y una armada por la mar? Pues para que sea el poder en todas partes igual, tú, desde hoy general de nuestra armada has de ser. Aquí quedamos los dos; embárcate tú. A la APOSTASÍA. Y es bien que a él este cargo le den, que si de su rey o Dios su socorro es pan y vino, si él el pan y vino niega, bien la armada se le entrega que ha de impedirle el camino. En la Sagrada Escritura las aguas tribulaciones se interpretan; mis pasiones lo son; luego no es locura ser yo general del mar, y entre mis soldados quiero llevar a aqueste el primero. ¿Por qué me quieres llevar? Porque cualquiera que deje la religión que tomó es mío. ¿No lo dije yo que tengo cara de hereje? Pues de esta unión lisonjera pende nuestra fama altiva. ¡Viva nuestra liga! ¡Viva! ¡Y muera la Iglesia! ¡Muera! Salen en el muro la IGLESIA, la PENITENCIA, SACERDOCIO y BAUTISMO. No podrá, no, porque siempre que esté con constante esfuerzo fortificada en la tierra y su Oración en el cielo, en sí misma está segura por más contrarios que fieros la sitien y la persigan. En vosotros podéis verlo pues validos de la noche de vuestros discursos ciegos, de la interpresa volvéis derrotados y deshechos. Es verdad, pero, señora, dame licencia te ruego, pues la Penitencia soy que a tus soldados mantengo, para decirte que hay muchos que a la Apostasía siguiendo no quieren sufrirme, y ya escapando del asedio al enemigo se pasan. Segura estás de mi pecho pues Orden Sacerdotal me hiciste. Lo que te advierto es que aquestos forajidos en mil religiosos templos el pan y vino han quemado que es nuestro mayor sustento. ¡Señor, duélete de mí! Ya las esferas rompiendo del aire una hermosa nube, se ven los cielos abiertos. Baja en una nube la ORACIÓN. En ella la Oración viene. Lo que mereció escuchemos. Católica emperatriz, que en el miserable asedio de tu primitiva edad padeces tan largo cerco. ¿Qué quieres, virtud hermosa, vocal y mental concepto de los fieles que te envían a las cortes del imperio? Albricias vengo a pedirte. ¿Qué has alcanzado? Que presto la nave del mercader, que de las Indias del cielo cargada viene de trigo, tomará en tus mares puerto. Oyó tus piadosas voces, oyó tus suspiros tiernos el rey y compadecido de tus devotos lamentos mandó juntar sus armadas en Cáliz, a donde haciendo provisión del pan y el vino, que son tus mantenimientos, previno luego el socorro que es tu más seguro centro. Los blandos soplos del austro lo traen, que fuera defecto que a socorros que hace el Austria faltaran austriales vientos. Ya el enemigo del mar en través le espera puesto y el de tierra con las armas en la mano, lo ve atento desde la campaña donde aguarda el feliz suceso. Salen por las dos puertas del tablado los que pudieren marchando, y detrás de unos la GENTILIDAD, y de otros la SINAGOGA. Descúbrense en dos bofetones dos naves disparando; en la una está la APOSTASÍA, la cual tendrá las ondas de fuego y banderas negras y todo el vaso negro; en la otra PEDRO, la cual será pintada de colores alegres, por fanal un cáliz grande con su hostia y todas las banderas blancas, con el sacramento pintado, y en los remates de las gavias en cada una un cáliz y alguna gente vestidos de MARINEROS. Prosigue la ORACIÓN. Ya se embisten, ya pelean; mas ¿para qué lo refiero, si desde tus altos muros también alcanzas a verlo? No desciendas, Oración, pendiente te está en el viento, pues mientras Aarón orando, Moisés estaba venciendo. En esta batalla estriba, república, tus trofeos. Pendiente el alma de un hilo vivo hasta ver el suceso. Bastardo pájaro aleve del mar, cuyo atrevimiento te dio para que volases alas de cáñamo y lienzo. Bastardo pez de los golfos del aire, cuyos alientos para nadar te otorgaron escamas de pino y hierro. ¿Cómo a mi poder te opones, que traigo el trigo sabiendo de la India del oriente, que es de la Iglesia alimento? Como el pan de aquese trigo sacramentado no creo, y te lo he de echar a fondo en esta lid de argumentos. ¿Cómo a fondo le echarás, ciego apóstata, si es cierto que en él viene Dios? No viene. Pues que niega, dale fuego a este miembro cancerado. Disparan. Yo solas especies veo, y la substancia de pan. Disparan. Que ves especies es cierto; substancia, no; porque al punto que le hicieron sacramento aquellas cinco palabras, misterio de los misterios, milagro de los milagros, portento de los portentos, huyó del pan la substancia, dejando en él la del cuerpo de Cristo sacramentado. Disparan. Yo substancia de pan veo, yo substancia de pan gusto, yo substancia de pan huelo, yo substancia de pan toco, ¿pues cómo puede ser cierto lo que me dice el oído? Dale fuego. Dale fuego, que eso es fácil de creer, con que es de la fe secreto y la fe por el oído cautiva el entendimiento. Disparan. ¿Quién lo dice? Dios lo dice; su voz es rayo y es trueno. Con esa palabra sola me has ganado el barlovento. Los vientos austriales son siempre a mi facción opuestos, porque mayor enemigo que cuando es austrial no tengo. Ingratos me desamparan los nortes que son mis vientos; toma al mar la habitación, piloto, el cabo doblemos de la patria, la campaña del mar ya por tuya dejo: mete el socorro de trigo en la Iglesia, pues no puedo impedir ya sus socorros y es fuerza volver huyendo. Escóndese la nave. A tierra, a tierra. ¡Qué miro! Seguro le deja el puerto tu general al socorro. ¡De ira rabio! ¡De horror tiemblo! La nave de San PEDRO llega a la muralla de la IGLESIA. Ya se acerca nuestra nave. Si está la Oración pendiendo entre nosotros y Dios cierto estaba el vencimiento. Antes que a tierra echar puedan ahora los bastimentos embistamos. No es posible que están muy fuertes adentro. ¿Pues qué has de hacer? Levantar el sitio pues no podemos ni asaltarla, ni quitarla jamás el mantenimiento. ¿Para eso te di mis armas? Ya tus auxilios no quiero. Aunque ya quieras echarme de ti, no podrás, pues veo que están tus fuerzas por mías. Vase y todos con él. Extraños males padezco, pues metí la guerra en casa y son contrarios los mesmos que traje para auxiliares. Un enemigo temiendo, tengo ya dos enemigos. ¡Volcanes son mis alientos! ¡Basiliscos son mis ojos, fuego el alma y Etna el pecho! El corazón a bocados un áspid me está mordiendo. ¡Ay de mí! ¡Ay de mí otra vez! ¡Bien pago mi atrevimiento! Vase. Descúbrese en lo alto SAN PEDRO con un cáliz con su hostia en la mano, y los que pudieren con él, y la nave se vuelve. Ya el mar te ha desocupado la armada que trajo el cierzo, y de la campaña ya también levantan el cerco los enemigos porque triunfes contra todos ellos. Al rey que te envía y a ti tan grandes finezas debo. Vuelve, Oración, a dar gracias de aqueste socorro al cielo que nosotros con las voces desde aquí te ayudaremos. Segunda vez, patria bella, a cortar tu esfera vuelvo. Al pan y vino inmortal todos adoremos, pues este de la Iglesia es el .el .Socorro general Vuélvese la nave y sigue a las chirimías la MÚSICA.Canta. Y dejando aquí pendientes todos aquestos sucesos de quien esta alegoría la novedad ha compuesto, a la Iglesia, Inquisición, ciudad, damas, caballeros, nobleza y plebe pidamos el perdón de nuestros yerros, de parte de quien quisiera ser el más feliz ingenio del mundo para servirte; pero supla sus defectos, imperial patria, por hijo tuyo y por esclavo vuestro.