El Acaso Y El Error Comedia Personas FISBERTO, galan. FABIO, criado. CÁRLOS, galan. LISARDO, criado. CLOTALDO, duque de Módena. FLOR, dama. SILVIA, criada. DIANA, dama. LAURA, criada. GILETA, villana, EL DUQUE DE MANTUA. PEROTE, villano. CELIO, villano. FABIO, vejete. UN JARDINERO. UN ALCAIDE. CRIADOS. GENTE. Jornada Primera. Módena.— Parque del palacio del Duque. En tanto que los caballos Descansan, ver solicito Este parque del Alcázar De Módena, porque be oído Que de toda Italia es El más deleitoso sitio. Si te conocen, señor, No echas de ver el peligro a que te pones? ¿Por qué? Porque son tan enemigos Módena y Mantua, que no Dudo que habiéndose dicho Ya que en Mantua casas, seas Sospechoso en sus distritos. Ese es engaño, porqué Mi padre, de ambos amigo, Antes fué quien sospendió Los amenazados bríos De sus pasados encuentros, Cuando de Clotaldo el hijo Fué prisionero de Mantua: Fuera de que es desatino Temer sepan quién soy, cuando Paso tan desconocido, A causa de ver amante Antes que logre marido La hermosura de Diana. ¡Extraños son tus caprichos! ¿Pues no bastó, sin querer Haller su retrato visto Ir a verla a ella, sino Arriesgar en el camino La autoridad, por lo menos, De ser de alguien conocido? Si quisiera yo poner, En razón mis desvaríos, Dijera primero que No puede el más parecido Retrato copiar el alma; Y más habiéndose visto, Feo el dueño, estar hermoso El retrato, porque al viso Del aire sabe esmerarse Lisonjero el artificio. Esto, cuanto al primer yerro De no haber, Fabio, querido Ver de Diana el retrato; Cuanto al segundo, lo mismo Pudiera decir; pues quiero Ver el alma, ver el brío, El agrado de la voz Y del ingenio el aviso. Engáñeme yo, y no otro; Pues hasta hoy nadie ha habido Que desa fie al pintor Porque verdad no le dijo. Que responder, no faltara; Mas ya que quieras, movido De curiosidad, ver algo Deste jardín, allí miro Un jardinero: quizá Este le enseñara. ¡Amigo! ¡Qué mandáis? Un forastero Os ruega (que acaso vino Por aquí) le hagáis favor De guiarle en los laberintos Desta bella esfera, donde Vea de sus artificios La fábrica. Yo me holgara De que hubiérades venido A otra hora, en que yo pudiera Enseñaros todo el sitio; Pero á esta suele bajar Flor, y no me determino A que paséis adelante. Si para hacer lo que os pido Es buen tercero un diamante, Él por mi os lo ruega. Digo Que persuadís de manera, Que es lástima no serviros. Venid por aquesta parte; Pero ha de ser advertido Que habéis de volveros luego. ¡Qué suntuoso edificio! ¡Qué bien en estas estatuas Desmiente el cincel lo vivo, Y qué bien fuentes y flores Campean á opuestos giros, Colores siendo y cristales, En primores competidos, Matiz perenne unos, y otros Penachos de nieve y vidrio! (Suena música.) Pero ¿qué música es esta? ¡Triste de mí, que ha salido Flor al jardín, y a esta parte Se acerca para impedirnos La salida! ¿Qué he de hacer? Si llega a veros, perdido Soy; y así entre aquestas murtas Que os escondáis os suplico, Mientras que pasa. Sí haré, Porque (si la verdad digo) También me embarazo al verla. Y yo de aquí me retiro, (Ap.) Porque ya que le vean, no Sepan que yo le he traído. (Vase el Jardinero, y se esconden Fisberto y Fabio.) Desde aquí podéis cantar, Va que amor al uso quiso Tratarme a mí como a todas, Pues entrando en el estilo De común belleza, vengo A galantear a mi primo Con músicas y finezas. No tu altivez á partido Tan bajo se dé; que no Hay duelo donde hay cariño. Si tu primo es ya, señora, Tu esposo; si de tan digno Empleo la dilación La dispensación ha sido; Si entre otros accidentes Con que la suerte previno Vengarse de tanta dicha Es el mayor una grave Melancolía, é qué indigno Asunto es de tu decoro Este agasajo festivo A título de remedio? Bien hoy, Silvia, hubieras dicho, Si se quedaran aquí Tu discurso y mi martirio; Pero si tan adelante Pasa el dolor con que vivo, Que cuando tú me adivinas El fin, aun no es principio, ¿Qué quieres que diga? Yo, Como no sé lo escondido De tu pecho, hablo no más En disculpar el motivo Deste amoroso festejo. Si sabes (Aparte.) (Qué mal resisto Mis penas!) que siendo hija, Yo del duque Ludovico De Módena, por su muerte Quedé en poder de mi tío Clotaldo; que él, alegando Que hembras no heredaban, quiso Entrarse en la posesión; Que el Consejo a resistirlo Salió, y que durando el pleito, Viendo el de Mantua diviso El pueblo, intentó lograr Tantos rencores antiguos Como ha entre estos dos estados La vecindad mantenido Por tantos años; si sabes Que concurriendo al peligro Mas cercano la asistencia, De las armas, tuvo el juicio Suspenso, en cuyo intermedio El Estado se convino En que (para que mejor Pudiese acudir unido A las ofensas de Mantua) Casase yo con su hijo? Cárlos, mi primo; si sabes Que él, generoso y altivo, Se empeñó desde este día Tanto, que arriesgado vino De Mantua a ser prisionero, Cuyo acaso fué motivo Para que los potentados Buscasen nuevos arbitrios Hasta darle libertad, Dejándonos indecisos, Amigos en la apariencia, Si no en la verdad amigos; Y si finalmente, ¡ay Silvia! Sabes que de ambos partidos Fui la más interesada, Creyendo que sus designios Mis esperanzas lograsen, Casándome con mi primo Con quien ya estoy concertada, Y tan al contrario ha sido, Que fué lograrse mis quejas, Pues como allá un poeta dijo: «Ambos nos criamos juntos,» Y si el romance prosigo, «Amor en nuestras niñeces Con dos arpones distintos Hirió nuestros corazones, Haciendo el oro en el mío Su efecto, como en el suyo El plomo», con que antes vino A declarar el contrato Mi fineza y sus desvíos; ¿Qué dudas mis sentimientos? Pues cuando en Cárlos estimo Mas la conveniencia que Estimara mi albedrio Mudas sus penas me han dicho Que no agradece mi mano, Sonando siempre continuos A la voz de mis finezas Los ecos de sus suspiros. No, señora, lo acaso O accidente es... Ya imagino Cuanto me puedas decir, Y cualquier consuelo es tibió. Cantad, cantad, que ninguno He de hallar, por haber visto Que quien más quiere escucharlos Es quien menos quiere oírlos. (Ap., á su amo.) Hermosa es Flor. Y no tanto Por serlo lo ha parecido, Cuanto por estar quejosa. ¿Cómo? Como es el más limpio Afeite en lo lindo, verse Desconfiado lo lindo. (Cantan.) Yo quiero bien, Mas no he de decir á quién. (Ap. ambos.) «¡Yo quiero bien; Mas no he de decir a quién.» (Ap.) Bien se ve que no por mí Aquesta letra se hizo... (Ap.) Por mí esta letra sin duda Se escribió... (Ap.) Pues su sentido Dice que no ha de decir Lo que quiere (Ap.) Pues su alivio Lo que ama (Ap.) Con que es preciso... (Ap.) Con que es forzoso... (Ap.) No sea Yo, pues yo mi pena digo. (Ap.) Ser yo, pues yo mi mal callo... (Ap.) Y así por mi do habrá escrito... (Ap.) Y así por mi escrito habrá... (Ap.) La letra, el que en ella dijo... Yo quiero bien, Y no he de decir a quién. (Acércase Cárlos é Flor.) Parece que trasladando Estaba el concepto mío El que escribió aquella letra. Parece que adrede quiso, Quien tono y letra escribió, Satirice mis delirios. (A los músicos.) Callad: no, no prosigáis. ¿Por qué, Flor, si tan rendido Su concepto es, no te agrada? No sé; pero a mis oídos Disuena que haya quien calle Tanto. La primera has sido A quien disuena el silencio. Silencio siempre remiso, De poco mérito es, O de poco amor, indicio. El miedo reverencial Ni de uno ni de otro es hijo, Sino solo del respeto. Sin tocar en atrevido, Puede un amor ser osado. Sí, pero nunca tan fino Como el que padece y calla. Quien pudo acabar consigo Callar tan del todo, que Solo se lo supo el mismo, Diga que tiene otra cosa, No amor. Sujetos altivos, Basta amarlos. Basta amarlos, Pero no sobra servirlos. Servirlos es no ofenderlos. ¿Quién, que se ofenden, os dijo, Con saber que son amados? Quien piensa que el sacrificio No es la voz, si no el afecto. Eso es amar a lo antiguo. Entonces se amó. Y ahora; Que del decoro el peligro No está en decirlo. ¿En qué está? En el modo de decirlo. (A los músicos.) De tono y letra mudad. Yo iba a mandarles lo mismo. (Ap.) ¡Ay sentimiento! (Ap.) ¡Ay amor! (Ap.) ¡Qué mal sufro! (Ap.) ¡Qué mal finjo? (Aparte á Fisberto.) Palaciegas discreciones: Poco fruto y mucho ruido. Déjalos vivir, pues desto Se pagan los entendidos. (Canten.) Quiero, p no saben que quiero: Te solo sé que me muero. Callad, callad. Pues ¿por qué? Porque es muy necio el estilo De quien se da por dichoso. Mas lo es el de quien lo ha sido, Y se da por desdichado. Una cosa es el sentirlo, Y el publicarlo otra cosa. Publicar desvanecido Uno del favor el dueño, Y a Ibera en amor delito; Mas festejar el favor Es gala. El que el favor dijo, Diría el dueño. Es locura. Si, pero locura en juicio. (Ap.) ¡Qué mal finjo mi tormento! (Ap.) ¡Qué mal mi dolor reprimo! De suerte que el que dijera El favor, ¿fuera atrevido, Grosero amante? Sí, pues Pusiera al dueño en peligro. (Sacan los lienzos dama y galan, y al sacar Cárlos el suyo, se le cae un retrato.) Luego vos lo sois, pues vos Favor y dueño habéis dicho. ¿Yo? Sí. ¿Cuándo o cómo? Este Retrato que está caído A vuestras plantas, dirá (Le levanta.) Si sois un desvanecido, Grosero, necio, villano, Descortés... Tus desvaríos ¿A qué más pueden llegar (Ap.) (¡Ay, hermoso dueño mío!) Que a decir que este retrato Se me cayó a mí ? (Ap.) (Perdido Estoy; más menos importa que pierda yo en tal conflicto I retrato, que Diana La fama, habiéndole visto En mi poder.) ¿Luego no Es vuestro? Ni lo es, ni ha sido. Ni ha de ser. Pues en verdad Que no es trasto tan jarifo Para negado, porque es (Jurando gentil y lindo Aquello de, en mi conciencia) Blanca la tez, negro el rizo, Y entre lo dormido y bello, Agrio el ceño y dulce el viso. — Cobrad color y retrato. Eso es quitarme el sentido. ¿Cómo tengo de decir Que ese retrato no es mío? ¿Pues cuyo queréis que sea? De Alguien que le haya perdido. Aquí ¿quién (si aun aquí apenas Entrar los criados miro) Queréis que pierda retrato De diamantes guarnecido? ¿Será por dicha (Ap.) (¡Ay de mí! El fingir algo es preciso) Novedad que varias gentes Entren á ver este sitio? Pues hoy de esa galería (Ap.) (Déme amor industria) he visto Pasear por estos jardines Forasteros bien lucidos Y galanes. (A su amo.) ¿Oyes esto? Cárlos me vió; y pues conmigo Se disculpa, yo con él Me disculparé, advertido De cuánto debe amparar Un noble amantes delitos. Sal, haciendo la deshecha Que yo hiciere, pues consigo El sacar con un engaño A él y a mí de dos peligros. — (Salen Fisberto y Fabio.) (En alta voz.) Si él no parece, yo muero. Este, señor, es el sitio Que anduviste. ¿Qué es aquello? Mira si yo verdad digo. (Ap.) (¡Si se retirase Flor!) A tiempo esta gente vino: Los forasteros son. No Te vean; y así te pido Te retires. ¿Para qué? — (A Fisberta y Fabio.) Pues ¿cómo tan atrevidos Aquí entráis? (Ap.) ¡Oh! ¡quién pudiera Darles de mi pena aviso! Perdonad, hermosa dama; Que el no haberos antes visto Disculpa mi atrevimiento. Y vos (¡oh joven invicto!) Perdonad también un yerro, Que no llega a ser delito. Forastero soy en este País, tanto que hoy he venido Y hoy he de volverme; pero De la fama persuadido Deste Alcázar, quise verle, A causa que mi camino Es dar una vuelta a Italia, Con el inquieto capricho Que los franceses tenemos (Ap.) (Así nombre y patria finjo) De ver ajenas ciudades, Parques, templos y edificios. Con aquesta inclinación, Entré donde, divertido, Del pecho se me cayó (Si no le hallo, soy perdido) Un retrato de una dama. Humildemente os suplico Deis licencia de buscarle; Que acasos de amor, no indignos Son de perdón y licencia. (Ap.) (Este hombre es entendido, Y sin duda en esta parte Debe de habernos oído. Convenir con él importa.) Mira, ingrato dueño, impío. Si vuelve el cielo por mí, Y si era el retrato mío, O de aqueste caballero. (Ap.) (No sé lo que me imagino; Mas si es cierto, por si es cierto, Y si no, porgue es fingido, Lo he de guiar desta suerte.) Mucho, caballero, estimo Haber yo hallado el retrato. Si es este, tomadle, é idos, Sin que un instante paréis En todos estos distritos, Pues del haber aquí entrado Será el hallazgo el castigo. Mil veces vuestros pies beso, Y en irme veréis que os sirvo Al punto. (Ap.) (Si enviare Cárlos Por él, al instante mismo Le daré; pero si no, No he de perder mi camino.) (Vanse Fisberto y Fabio.) Oíd, esperad, caballero... ¿Para qué quieres seguirlo? Para que, habiéndome dado Vida, quiero agradecido Agasajarle, de noble Viendo en él tantos indicios. Harto agasajado va Quien baila lo que ha perdido. Pues yo le he de hablar siquiera. No le has de hablar. ¡Cuánto, hijos, Hallar juntos a los dos En esta ocasión estimo! Porque del favor de ambos Igualmente necesito. Pues yo ¿en qué, señor, te importo? Pues yo ¿en qué, señor, te sirvo? (Ap.) No entienda mis sentimientos. No alcance mis desvaríos. Ya sabéis en el estado Sue aquellos bandos antiguos hoy con Mantua nos mantienen, Obligando a nuestros bríos El canje de tu persona. Que allá prisionera vimos, Entonces á retirarnos, Y agora á no desabrirnos. Pues sabed (que esto no es Del caso) que hoy he sabido Que Fisberto, ilustre joven, Del duque de Milán hijo, Casa en Mantua con la hermosa Diana. ¿Qué decís? Digo Lo que en as lenguas del viento A voces la fama dijo. (Ap.) Qué nueva turbación ¡cielos! Es la que en Cárlos admiro? (Suenan dentro látigo y corneta de posta.) (Ap.) ¡Ay de mí! retrato y dueño En un día se ban perdido, Pues cuando sus bodas oigo, Irse al forastero miro. ¿De qué tan sobresaltado Estás? Hame dado el frío Del accidente, y así Licencia, señor, te pido Para retirarme. Aguarda, Que breve es lo que te digo. Viendo pues que de Milán A Mantua es este el camino (Pues no es posible que pasen Sino por estados míos), Hospedándolos en ellos Mostrar cuerdo determino Que nunca el enojo noble Ha de alterar los estilos De la noble urbanidad; Pues siempre blasón fué altivo Del valor, ser más corteses Dos, mientras más enemigos: Fuera de que el de Milán Siempre profesó conmigo Grande amistad; y por el Y por todos solicito... (Suena la cometa.) (Ap.) De más lejos ya la posta Suena. Atiende a lo que digo. — Festejarlos cuando pasen Por aquí; — y así te pido, Cárlos, que de tus tristezas Pidiendo al dolor esquivo Licencia, bien como joven Tan airoso y tan lucido, Prevengas tiestas que hacerles; Y tú, Flor, con este mismo Fin, a tal huéspeda tengas Hospedaje prevenido En tu cuarto. Y no los dos Envidiéis inadvertidos Ajenas dichas, que presto Serán propias; pues ya he escrito Por dispensación, y haréis, Al amor agradecidos, Igual la dicha, pasando Con el gusto que imagino, De envidiosos á envidiados. Tú verás cómo la asisto. Y cómo yo te obedezco. Así de los dos lo fío. (A Flor.) Dadme los brazos; — y tú Retírate ahora. (Vase.) (Ap.) ¿Qué he oído, Cielos? ¡Cielos! ¿qué he escuchado? Pésame de haberte visto Tan mudado de color. ¿Ya la causa do has sabido? Y aun las tres causas. ¿Tres? ¿Cuáles? Sobre haberse el hombre ido (Ap.) (A quien si tú le siguieres, verás que yo a ti te sigo), Pienso que, casar Fisberta Con Diana, y tú conmigo. (Vanse Flor, Silvia y músicos.) Engáñaste, que son cuatro, Añadiendo a las que has dicho, Haber de ser quien festeje Mi misma muerte yo mismo. ¿No bastó ¡cielos! que á vista De un tirano basilisco, Porque no se pierda todo Seguir no pueda al que vino A dejarme de una vez Quejoso y agradecido, Viéndole ir con el retrata? ¿No bastó el haber oído Que casan Diana y Fisberto, Sino que por los motivos Superiores de mi padre, Haya de ser yo, yo mismo Quien de mí amor las exequias Celebre con regocijo? Pero ya que be de morir A manos de mi destino En medio de aquestas dudas, Sabré buscarme camino En que todo lo halle o todo Lo pierda; pues si benigno El sol de Diana no es hoy El iris de mis suspiros, Y esta noche cuando a verla Vaya (pues que tan vecinos Los estados, y los medios Que Lisardo me previno Lo facilitan), no da A tantas penas alivio, Yo he de intentar... Pero esto Aun no lo he de hablar conmigo, Porque el labio ha de callarlo, Y el efecto ha de decirlo. (Vase.) Mantua.—Jardín d-el palacio ducal. Si alguno en el mundo huere Tan mezquino y desdichado, Que namorado estoviere, Y el remiendo saber quiere De no estar enamorado... Si hobiere en el mundo alguna Tan desdichada y mezquina, Que dell amor la emportuna Pesadumbre la amohína, Y quiere mudar fortuna... Véngase a mí, y le diré, Mijor que Ovillo, cuál hué El remedio dell amor; Porque yo mucho mijor Que el mismo Ovillo lo sé. A mí se venga, que yo Sé un remedio, con que no Se sienta más desde allí, Que es el mismo con que a mí Eli amor se me quitó. Mas no quiero her desear A nadie una melecina Tan rara y tan singular... Mas no quiero escatimar Virtud que es tan peregrina. Sepan pues los que lo están, El remedio de su afán. Oiga el que siente su llama. Despósese con su dama. Vélese con su galán. Esta es la mijor receta. Esta (nadie se alborote) Es la cura más perfeta. Que así hice yo con Gileta. Que así hice yo con Perote. (Vanse.) ¿A qué perpósito fué El nombrarme, carillucia? ¡Mal haya yo que os nombré Con aquesta boca sucia, Sin por qué, ni para qué! Mas vos, ¿con qué intento aquí Me pernunciasteis a mí? Por el cogote a hablar venga Luenga que os loma en la luenga, Ya que os enojáis así. ¿Pues por qué tan mal sofrido Siempre conmigo heis de ser? ¿Por qué conmigo lo heis sido Porque sos mi marido. Yo, porque sos mi mujer. ¿Pues cómo antes de casaros Todo era resquiebrarme, Y en viéndome embelesaros Y como un bausán andaros? Como era antes de casarme. Pues buen remedio, Perote. Venga, y sea malo, Gileta. Volverme todo mi dote, Y darme... ¿Con el garrote Vais á decir? Sois discreta, Y lo haré, pues vos gustáis. ¡Malos años para vos! ¡Ay, ay, ay! ¿De qué os quejáis? De que darme imagináis. ¡Oh, mal magín os dé Dios! (Da tras ella.) ¿Todo aporrear ha de ser? Algo de gusto ha de haber. Teneos. Ya que así me vi, No me he de quedar así: Fuerza es que éste ha de caer. (Pégala.) ¿En las espaldas me da? ¿No era mejor, buena pieza, Acabar con todo ya, Y una vez en la cabeza Darme? ... Todo se andará. Ved que a casa os he traído Un primo que á ser soldado Se fué. — Entra acá, pan perdido. Vos seáis, primo, bien llegado. Vos seáis, primo, bien venido. Gileta, no os toca a vos Dar a nadie parabién. No toque: ¡válgame Dios! ¿Ir a ver no será bien Lo que habéis de hacer los dos? Tú, Perote, ve a plantar El cuadro que dibujado Quedó ayer, y tú a regar Las calles; porque ha de estar Limpio lodo y adornado, Por si esta larde también Baja Diana al jardín Con tantas damas, a quien Deben clavel y jazmín Nieve y púrpura. Está bien, Yo iré; más Gileta aquí No ha de quedar: cabe mi Que vayas, Gileta, quiero. (Ap.) A fe que es el jardinero De los más lindos que vi. (Vanse Gileta y Perote.) Ya, Lisardo, en casa estás, Y ya ves a cuánto riesgo, Por servir a tu señor, La vida y lealtad he puesto. Confieso que agradecido A sus dádivas (el tiempo Que estuvo en estos jardines, De Diana prisionero, Más que el Duque) quedé; Pero no bastara esto, Sin segunda inclinación, A hacer tan notable empeño. Y así te pido, Lisardo, De tanta fineza en premio, Que en ningún tiempo me des Por autor oeste concierto, Porque en llegando que lleguen Las cosas a rompimiento, He de decir que no supe Quién eras. Otra vez vuelvo A darte, Celio, palabra De mirar por ti, primero Que por mí; que el riesgo tuyo No facilita mi riesgo. Dices bien; y por no hacer Sospechoso el trato nuestro, No hablemos más. (Vase.) ¡Ay, lealtad! ¿A qué no obligas, pues vengo hoy a buscar, disfrazado, En mi peligro el remedio De otro amor? Pero ya en vano Recelo, dudo, ni temo; Que es excusado en el golfo Volver a mirar el puerto. Esta noche, por si acaso, Como otras, viene al terrero De aquestos jardines Cárlos, Ya que de parte de adentro Estoy, le he de abrir la puerta; Y así reconocer quiero Cómo queda, con el día, Para que de noche el liento No me falte. Más Gileta Es... (Ap.) Par diez, acá me vuelvo, Porque me trae sin querer A verle este jardinero Que hoy ha venido. (Ap.) (Informarme De algunas cosas pretendo, Y engañar esta villana Es facilitar mi intento.) Gileta del alma mía. Mil años os guarde el cielo. Y a vos os guarde, señor (Pocos son mil), más de ciento. En verdad que le debéis Todo ese amor al que os tengo; Que si no fuera por vos, No hubiera venido (es cierto) A servir a estos jardines. Por vos solamente vengo, Porque ha días que os adora El alma. ¿Es cierto? Y tan cierto, Que podrá ser que algún día Sea mi amor de provecho, Y que servida os veáis Y estimada en otro puesto. No en vano, par diez, el alma No me cabía en el pecho, Desde el punto que os miré; Pues sin paz y sin sosiego, SI tienen las almas pulgas, Pulgas en el alma tengo. Pagáis, Gileta, mi amor, Porque es mucho lo que os quiero. ¿Mucho ? Sí. Yo a vos también. (Ap.) ¿Yo a vos también? Malo es esto. (Ap. á Gileta.) Vuestro marido. (Ap. á Litar do.) Id con Dios: No os vea hablar conmigo. (Ap.) ¡Cielos! Hoy veré si la fortuna Ayuda al atrevimiento. (Vase.) ¿Qué es lo que hablaba, Gileta Con vos ese jardinero Rocín-venido? Decía: ¿Adónde estaba el jumento De la noria? Espera un poco En tanto que lo concierto: «El jumento de la noria ¿Dó tiene su alojamiento ? —Yo a vos también.» No cae bien. Por estotra parte vuelvo. «¿Adónde, Gileta, está El de la noria jumento? —Yo a vos también.» Tampoco ahora. ¿Qué estáis maliciando, necio? El dijo: «Decid, Gileta, ¿Dónde está para saberlo, El jumento de la noria? Que a ir vos adonde yo vengo, Yo os dijera allá de lodo Cuanto pescudarais.» A esto Le dije: «Yo a vos también». Pues si dijo todo eso, Digo que tenéis razón. Basten pues los recovecos; Que si va a decir verdad, Como a el alma misma os quiero. Si a eso va, yo a vos también. Mejor entra ahora, por cierto, El «yo a vos también». Callad. Id, en tanto que yo enredo... Muy lejos queréis que vaya, Si he de gastar tanto tiempo. Estos jardines regando Vos. Pues cantemos. Cantemos. (Cantan.) «Zagal, que ninguno iguala, Por su brío y su virtú...» ¿Qué quieres, bella zagala? Que te vayas noramala. Vete tú. Mas vete tú. En esta verde esfera. Donde hermosa tejió la primavera, Con elección de flores, Alfombras matizadas de colores, Podrás, señora mía, Divertir tan mortal melancolía. ¿Qué importa ¡ay Dios! que hermosa Borde la primavera La alfombra lisonjera De jazmín y clavel, de nieve y rosa, Perdiéndose felices Por hacer un matiz, muchos matices? ¿Qué importa que los vientos, En sutil consonancia, Armonía y fragancia Confundan, siendo aromas e instrumentos Al concento sonoro Con cuerdas de ámbar sobre trastes de ¿Qué importa que las fuentes, oro? Cuando yo llego a verlas, Rian llorando perlas, Que en cláusulas y acentos diferentes El compás lleven graves Al métrico discante de las aves, Si la varia hermosura De las tejidas flores, Si los dulces amores, Si el aura blanda, si la plata pura, La pompa, la belleza, Todo es pesar en mi, todo tristeza? Vos tenéis mucha razón En tener tal sentimiento, Y más, si es porque pretenden Casaros: no os aconsejo Que hagáis tal. ¿Por qué, Gileta? Daba un día un caballero El parabién a una dama De que hacia el casamiento Con un galán que tenía; Y ella respondió riendo: «¿De qué me dais parabién? ¿De que un buen amigo pierdo?» No dijo muy mal la dama. (Ap.) Aquí tengo yo mal pleito. Al novio voy a buscar, Para decirle lo mesmo. (Vase.) Gracia, Gileta, has tenido. Por muchas gracias que tengo, Nunca me habéis dado nada. Dices bien. ¿Qué quieres? Quiero El vestido que dijistes Que me daríais, al tiempo Que tratabais de casarme. ¿Es bueno aqueste? Y tan bueno, Que no me le daréis. Laura, Este vestido da luego A Gileta. Si daré; Mas con condición que puesto Lo ha de traer cuatro días. Si traeré, y aun cuatrocientos. ¿Qué dices? (Ap. á su ama.) Con desatinos Templar tus penas pretendo, Pues no dejaré de ser De algún entretenimiento Tal despropósito, como Ver tan rústico sujeto Vestido de dama: fuera De que no es novedad esto De dar é un traban vestidos Coa condición de traerlos. (Ap.) Aun si de no traerlo fuera La condición, el concierto Fuera más inficil: ya Por ponérmele me muero. Apostaré que en pensarlo, En toda la noche duermo. (Vase.) Dame, señora, tu mano. ¡Lisardo aquí! Pues ¿qué es esto? Ser de mi dueño el amor, Y mío el atrevimiento. A asistirte de su parle En aqueste traje vengo, Porque a todas horas tengas Su cuidado a tus pies puesto. Bien recelé que lo habías De extrañar quejosa; pero También previne que estaba A cuenta de leal el yerro; Y así entre una y otra duda A darte un aviso vengo, Porque cargue hacia el agrado La balanza, conociendo Que con el disfraz te sirvo, Si con el disfraz te ofendo. Natural soy de Milán, Por disgustos que no cuento, Después de varias fortunas En Módena tomé puerto A los umbrales de Cárlos. Pero no es del caso esto, Pues solo lo que es del caso, Es que sepas como puedo, Siendo mitanes, haber Conocido aquí a Fisberto. En aquesa puerta estaba Del jardín, cuando le veo Llegar, haciendo deshecha De que viene con un pliego Para el Duque, embajador De sí mismo. ¡Qué bien, cielos! Que tiene lodo dos visos, Dijo un cortesano ingenio, Y que al viso que se toma, Es bueno o malo? Mi afecto Lo diga, pues siendo una La acción en los dos, y siendo Una en los dos la fineza, Una estimo y otra siento; Una agradezco, otra extraño; Una admito, otra aborrezco; Una disculpo, otra acuso. Mas ¿qué mucho si las veo Una al viso del amor, Otra a la luz del desprecio? Y ya que en aquesta parte Tu lealtad, Lisardo, apruebo (Que no me quiero quejar De quien sin rencor me quejo), Que es Fisberto ese hombre, a nadie Digas; que tampoco quiero Darme yo por entendida. Y por si acaso (supuesto Que queda a la puerta) entrare, Ven, Laura. No aquí su intento Me halle; que no ha de lograr La curiosidad, si puedo, De venir a hacer examen, Dudoso en lo que merezco. Dices bien, que basta ser Quien eres, sin que grosero intente inquirir... Diana... Señor... En tu busca vengo. ¿Qué me mandas? De Milán Ha venido un caballero De parte, según me han dicho, Del Duque tu esposo; y quiero Hacerle el favor de que Bese tu mano, admitiendo En tu presencia visita Y cartas. Que entre al momento, (A un criado.) Decid, aquese criado Del duque de Milán. (Vase el criado, y vuelve á salir con Fisberto y Fabio.) (Ap. á Fabio.) Muerto Con Ileso, Fabio, que voy, De turbación y de miedo, A ver a Diana. ¿Porqué? Porque no sin causa lomo, Cuando en Flor tanta hermosura Admiro, y cuando contemplo En el retrató que truje (Por no enviar por él a tiempo), Tanta belleza, que falle Perfección para más, puesto Que Flor y retrato toda La apuraron. más yo llego. — (Adelántase.) Dadme, señor, a besar Vuestra mano. Alzad del suelo, Que en los brazos os aguarda Justo reconocimiento De mi obligación. Por mí Tanto favor no merezco; Pero habré de recibirlo Por quien a lograrlo vengo. ¿Cómo queda el Duque, y cómo Fisberto queda ? Este pliego Lo dirá mejor que yo. Llegad, mientras le abro y leo, Besad la mano a Diana. La tierra que pisa beso, Porque aspirar a la mano Fuera osado atrevimiento. A vuestras plantas, señora, Yace en nombre de su dueño, Con poderes de rendido. Humilde un esclavo vuestro, A quien granjeó su fortuna, Que no su merecimiento, Gozar de primer vasallo La dicha. Guárdeos el cielo. (Ap.) i Ay de mi! ¿Qué es lo que miro? Y seáis bien venido. Habiendo Venido a veros... (Ap.) (Turbado Estoy: no acierto a hablar. ¡Cielos! ¿No es este el original Desta copia?) (Ap. á Laura.) Tan suspenso quedó al verme, que parece estatua viva de hielo. Cuando no supieras que es El novio, ya fuera cierto Haberlo su turbación Dicho. (Ap.) ¡Ay de mí, que estoy muerto, Pues aunque quiera dudarlo, No puedo dejar de verlo! (Ap. á Laura.) Una y otra vez me mira, Y vuelve a mirar alentó No sé qué, que está en su mano. Ya he leído, muy contento De haber sabido que gozan Salud el Duque y Fisberto. (A Diana.) Esla carta es para ti. Y para mí este veneno, Que me han dado por los ojos. En tanto que respondemos Diana y yo, descansaréis, Huésped mío. — El aposento Se le prevenga en palacio, En ese cuarto primero Que cae a aquestos jardines. (Ap.) Honra y favor agradezco; Pero el orden que yo traigo, Es de volverme al momento: Y así, señor... no por qué... Cuando... a pronunciar no acierto... (Ap.) (Bien en su turbación muestra, Afectado su respeto, La admiración con que ha visto A tan soberano dueño Como Diana.) Aunque sea Aquése el orden, os ruego Que descanséis por ahora; Que yo os despacharé presto. — Ven, Diana. (Ap. á ella.) No sé, Laura, Si a sus acciones atiendo, Qué diga de sus acciones. Que al verte se cayó muerto De amor. ¿Qué has de decir? (Vanse el Duque, Diana, Laura y criados.) (Ap.) Cárlos Sabrá de mi todo esto. (Vase.) Señor, ¿pues qué turbación Es ésta? ¿Tú tan suspenso, Tan elevado y absorto, Que apenas tuviste aliento Para hablar entonces, y ahora Para respirar? ¿Qué es esto? ¡Ay, Fabio! no sé, no sé Qué te diga: que estoy muerto. ¿Tan divina es la hermosura De Diana, que te ha hecho Perder, al verla, el sentido, Y al no verla el sentimiento? ¿Vístela tú? No, señor; Sue sobre quedarme lejos, siempre de espaldas la tuve. Pues si la vieras, sospecho Que no extrañaras la causa Con que, al verla, el juicio pierdo. Obligarásme a que vuelva Al contrario el argumento. ¿Tan fea es, que te ha dejado Su vista tan mal contento? No es porque es hermosa, Fabio, Ni es porque no lo es, ni puedo Decir por qué; que en pensarlo Me parece que me ofendo. Sabrás... más si lo sabrás En llegando a verla, puesto Que en el camino un retrato Fué nuestro divertimiento, ¿No es ruindad en mí decirlo, Siendo en ti fuerza el saberlo? Sabrás... No me digas más, Que sin decirlo, lo entiendo. Pero, señor, soberanas Deidades, altos sujetos, Nacen a vivir pintados, Más por vanidad de maestro que por propia elección. ¿Viste en Cárlos más que un afecto A un retrato, que a su mano Pudo (y será lo más cierto) Llegar sin voluntad suya? Dices bien; más con todo eso, Morir de desconfiado, Ni de confiado quiero. ¿Pues qué has de hacer? No lo sé; Que no han de tomarse presto Las grandes resoluciones, Sin consultarlas al tiempo. El es quien me ha de decir Lo que he de hacer. Caballeros, Mirad que el Duque os aguarda, Y que de cerrar es tiempo El jardín, pues ya la noche, Buscona de poco precio, Por no tener mantellina Blanca, extiende el manto negro. (Vase.) Vamos de aquí, Fabio, donde Lo que hemos de hacer pensemos. Que no lo pienses aprisa, Solo es lo que te aconsejo. (Vanse.) Ya que el ave de la noche Las alas nocturnas tiende, A cuya caduca sombra Cadáver el mundo duerme, Aquí os quedad, desde aquí (A los musicos, que se quedan dentro.) Cantando, para que suenen Mejor de lejos las voces... (Ap.) (Y no es sino porque lleguen dejarme sola, y sola Decir pueda a la corriente Deste cristal, que mi pena Está murmurando siempre...) Malograda fuentecilla, Detén el curso, y advierte... Si la envidia de mis ojos, Mas que tu raudal perenne, Te tiene de mí celosa, Con poca causa te ofendes, Pues me llevas de ventaja Que precipitarte puedes, Cuando mis obligaciones Tan de su mano me tienen, Que no me dejan a mí: De suerte ¡ay de mí! de suerte, Que tú eres la despeñada, yo la envidiosa al verte... Que si raudales presumes, precipitada te pierdes, Y ya que tantos consuelos A mis desdichas les debes, Mira ¡qué poco te pido! Dame uno tan solamente. Dime, pues, si dijo el viento Alguna de tantas veces Como va con mis suspiros Y sin mis suspiros vuelve, ¿Si hay un triste en otra parte Que de mi dolor le pese, Y sienta como yo? Sí, Y aun más, pues por ambos siente. Y díganlo aquesas voces, Que hablando de mis placeres Con mis pesares, le dicen A mi pensamiento, al verlo Arrojado de tu pecho, En cuyo seno de nieve Un tiempo estuvo: «No ya Blasones que feliz eres, Pues ya entre abrojos y espinas Vivirás, aunque otras veces... Entre sauces y azucenas Tuviste más dulce albergue. ¡Cárlos! ¡ay de mi! ¿Pues cómo Pues cómo a pasar te atreves Los cotos de aquellas rejas, Y osado intentas y emprendes Tan vanas temeridades, Y más cuando (¡pena fuerte!) Sabes ya que muerta a manos De tantos inconvenientes Como hay en la enemistad De padres y de parientes, Tu esperanza (mi esperanza, No acierto a decir) fallece; Y que el mío (¡oh! ¡nunca, nunca Voz con que decirlo encuentre!), Traidor alcaide del alma, Por trato entregarla quiere A ajeno dueño? Si sanes Que te pierdo y que me pierdes. Porque soy quien soy, y no Puedo no serlo; ¿qué quieres? ¿Qué quieres, Carlos, de mí? Que me escuches solamente; Que habiéndome dicho ya Lisardo quien es el huésped Que en tu casa disfrazado Ya posesión della tiene, Solo en despedida quiero Que de lo que fui te acuerdes, Porque mi difunto amor Solo este consuelo lleve De que al fin supo quejarse. Di, más sea brevemente. Haz tú breves mis desdichas, Haré yo mis quejas breves. El día... Espera un poco. — Laura... ¿Qué es, señora, lo que quieres? Que porque con el silencio De nuestras voces no suene El menor susurro, bañas Que allá estén cantando siempre. El día que por los trances De nuestras armas crueles, De Amor y Marte en tu corte Fui prisionero dos veces, Te rendí tan luego el alma, Que no distinguí cuál fuese Primero, verte o amarte... ¿Qué más amarle que verte? —Desde entonces... ¿A qué efecto iAy Cárlos! ociosamente, Supuesto que no lo olvido, Quieres que dello me acuerde? No me digas lo que sé. Sí los amantes no hubiesen De hablar siempre lo que saben, ¿Qué tendrían que hablar siempre? Desde este día, buscando Medios... Yo seré más breve. Alguno fué, que me hablase Laura en ti... La voz suspende; Que a mí me toca decir Que mi cuidado prudente Supo granjear a Laura. Y a mi decir que rebelde Al principio la escuché. ¡Cuánto sentí tus desdenes! Pero no negaré ahora De que llegó a merecerme Tu cuidado algún cuidado. ¡Cuánto estimé yo saberle! Domesticado el rigor, Recibí algunos papeles. ¡Con cuántas almas escritos! Y di lugar que pudieses Hablarme por esas rejas Algunas noches. ¡Tan breves Como mis dichas! Y mías: Pues tu libertad, en este Tiempo, tu padre trató. Es que no supo imprudente Que la libertad no es Dadiva ¿quien no la quiere. Ausente, pues, ¡ay de mi!... Di apartado, más no ausente, Pues siempre conmigo estabas. Venias de noche a verme. ¡Y plegue é Dios que él me falte, Si no le pedí mil veces, Por no volverme sin ti, Que aquí me dieran la muerte! En este tiempo también Mi padre (¡tirana suerte!) Al revés del tuyo... ¿Cómo Al revés? Bien claramente, Pues a ti el tuyo te libra, Cuando a mí el mío me prende , Trató casarme en Milán. ¿Y es justo que tú lo aceptes? ¿Qué puedo hacer? Lo que yo, Que también mi padre quiere Casarme con Flor, mi prima. Y yo... ¿Qué dices? Mil muertes Antes padeceré. ¡Ay, Carlos! Eres hombre, y hacer puedes resistencias. ¡Ay, Diana! Para hacer lo que no quieren, No tienen más privilegio Los hombres que las mujeres. ¡ ¡Oh! ¡A qué mal tiempo me has dicho Que Flor ser tuya pretende! No me has dicho tú a mejor Que Fisberto te merece. ¿Yo, Cárlos? Señor... Señora... ¿Qué me dices? ¿Qué me quieres Que del cuarto donde está Fisberto, ha salido gente. Que de la parte de afuera Ruido en la puerta se siente. (A Cárlos.) Vete, por Dios, no te vea Alguien aquí. ¿Cómo puede Salir, si hay gente en la calle? Ni estarse, si hacia aquí vienen. ¿Ni estar puedo, ni salir? ¡Ay, infeliz! Solamente Hay un medio: a mi aposento Ven. Dice bien. ¡Finalmente, He de ir huyendo, a tus ojos, De otro que en tu casa tienes! ¡Finalmente, vas acaso Donde hay otra que te espere! ¿Quieres remediarlo? Si. Buen remedio. ¿Qué? Atreverte A todo. ¿Cómo es posible Que eso a quien soy aconsejes? Pues no te quejes de mí; Que si tú no te resuelves, Quizá yo... No me amenaces, Que quizá yo... Hacia aquí vienen. ¡Adios! ¡Adios! ¡Oh! ¡qué mal Se pronuncia un «para siempre»! ¡Que no he de volver a hablarte! ¡Que no he de volver a verte! Jornada Segunda. Apenas vi escrarecido El primer arbor; y apenas, Como si no fueran rubias, El sol enrubió sus trenzas, Cuando en el cuarto de Laura Ya estaba: ¡mal haya ella, Que no me vistió basta agora! ¿Qué dirá, cuando me vea, Perote? que con cuidado No he querido que lo sepa, Hasta que me vea vestida Con este sayo de tela. Bizarra esto. Solo traigo Una cosa que me pesa, Y es que Laura, por hacerme. Comprida toda la fiesta, También me pringó la cara Con un betún que se pega A las manos, y el pellejo Me estira de tal manera, Que parece que le importa Que a otra cara mayor venga. (Sin ver á Gileta.) Apenas él sol dorado Dijo «Ox aquí» a las estrellas, Y ellas como unas gallinas Huyeron, cuando Gileta Saltó fuera de la cama, Y siendo más de la media Tarde ya, no ha parecido: ¡Prega a Dios que por bien sea! Este primo... Yo no sé Qué se me ha puesto en la testa, Que es temerario, y no juicio. Mas esta es Diana: a ella De los dos me he de quejar, Para ver si lo remedia. Yo llego, y por no enturbiarme De respleuto o de vergüenza Mientras que la habrare, no La veré la cara. (Ap.) Ea, Amor: vamos a buscar Al primo para que vea Que, cada cosa en su tanto, Soy la diosa Viernes mesma. La mano me dé a besar Vuesa altura, o vuesa Alteza. (Ap.) (Por Diana me ha tenido Perote; pues no me vea Tau presto la cara. ¡Oh! ¡quién Fingir gravedad supiera!) Tomad, Perote. (Ap.) Por Dios, Que huele a cochambre esta Como la de Gila; pero También las ducas hembras. ¿Qué es lo que queréis? Nuesa ama Sos; y como tal quisiera, Que vuestra gran duqueria Pusiese a un gran daño enmienda. ¿Qué daño? Yo esto casado, Y casado con Gileta. ¿Es circunstancia?... Que agravia. (Ap.) Aquí es menester prudencia. Hásenos venido a casa, Sin saber de dó nos venga Ni cómo ni cuándo, un deudo, Que más parece que es deuda Según lo que a todas horas Afrige, pues no nos deja Comer ni dormir; y así Quijera con tu licencia (Que sin pedirla no es justo, Siendo la señora nuesa) Añublar el matrimonio; Pues, cuando no baste esta Razón, de más del primazgo, No hay en ella cosa buena; Porque empués de ser, señora, Mal segura zagaleja, Fea es sobre mal segura, Mentecata sobre fea, Puerca sobre mentecata, Y atrevida sobre puerca. Mentís como un maridillo De por ahí, que la lengua Pone en su mujer así. ¡Por Dios, que es ella por ella! Craro está. ¿Y haslo oído todo? De pe a pa, ¿Sin quedar lletra? Sin quedar lletra. ¿Nenguna? Nenguna: desde te puerca A lo mentecata. Pues Lo dicho, dicho, Gileta. Y dejando en este estado Dimes y diretes, vengan Dares y lomares. ¿Cómo Vinión y de qué manera Aquesos batos a casa? Mal seguras zagalejas No dan de lo que se visten, A sus manidos la cuenta. No quiero pues, ni me toca Decirlo, por si te pesa. Pues daréte yo con el Garrote, por si te huelgas. ¡Hay tan grao bellaquería! ¡Hay tan grande desvergüenza! ¿Con el palo da al vestido De la señora Duquesa? Séanme testigos todos. ¿Luego es el suyo, en conciencia? El mismo. Ya arrepentido, De haberle dado me pesa. Pero ¿cómo a tu poder Pudo venir? Ella mesma Me le dió. Cuando ella fuese Quien te le diese, ¿no echas De ver que es descortesía Ponértele tú? No, que ella Con condición me le dió De que puesto le trujera. ¡Vestido de nuesa ama Y con condición expresa De traerle! ¿Eres juglara? ¿Qué es Juen-clara? Pracentera. ¿Que es praza entera? Presona De humor. ¿Qué presona es esa, Que no sé quién es? Bufona. ¿Quiéreslo más craro, bestia. Ni aun tanto. (Ap. á Diana.) (Si no te ríes, imposible es tu tristeza De divertir, porque está Extremada.) ¿Oyes, Gileta? ¿Qué mandas? Por la merced, Besa la mano a su alteza. Béseme ella a mí la mano; Que vestida de oro y seda, Tan duca como ella só. Aquel refrán te desmienta» De que la mona vestida De seda, mona se queda. (Ap. à Laura.) ¿Que digas que puede dar Gusto frialdad como ésta? A quien está triste, nada, Señora, hay que Te divierta. Pero ¿qué hay perdido en esto? Solo el juicio de Gileta; Pero él es tan poco, o nada, Que no importa que se pierda. El es más que merecéis Vos descalzar. Salios fuera, Que no estoy de gusto. Idos, Que está triste la Duquesa. Yo me iré; tú no te Tayas. ¿Por qué? Porque agora entran Las bufas: enjerce, enjerce. (Vase.) No sé qué es, y a buena cuenta Digo que mientes... (Ap.) (Y voy Donde el deseo me lleva, Hasta encontrar con el primo. ¡Oh! ¡Quiera amor que parezca!) (Vase.) Cuidadosa, Laura, estoy Y lo estaré, hasta que sepa A qué hora salió Cárlos, Ya que, como viste, fuerza Fué retirarse (hasta que Seguro el paso estuviera) Al miserable hospedaje Donde Lisardo se alberga. Con ese mismo cuidado He estado; y como hasta esta Hora, en que ya el sol declina, ¡Novedad, señora, fuera Bajar al jardín, no pude Saber nada. Pues atenta Mira si por ahí parece Lisardo, que nos dé cuenta De a qué hora salió y si pudo Verle alguien, ya que aquella Música, que nos sirvió De armoniosa deshecha, Vino a ser contra nosotros En la parte de que ella Fuese quien de aquese cuarto La gente sacase, y fuera Parase a tos que pasaban. Esperando a que estuvieras Sola, no llegué, señora, Antes de ahora a tu presencia. ¿Qué hay, Lisardo, de tu dueño, Y a qué hora hizo de aquí ausencia? A ninguna. ¿Cómo? Como Hasta que el alba saliera, Fisberto en este jardín Se estuvo, dando mil vueltas: Con que, declarado el día, Fué preciso se estuviera En mi aposento hasta agora, Esperando que anochezca. Lástima me da la noche Que habrá tenido. Aun si vieras Lo tierno de sus suspiros, Lo rendido desús quejas, Mejor lo dijeras. Otra Y otras mil veces ¡oh adversa Suerte mía! vuelve a hacer De tus lisonjas ofensa. ¿Para qué, quien soy, me hiciste, Si había de vivir sujeta Al mismo ser de quien soy? i Qué aliviar qué Lisonjea Que le doren la prisión Al ave que vive presa, Ni que la reja le bruñan, Si no le liman la reja Pues la cadena dorada. No deja de ser cadena? ¡No fuera yo alguna humilde villana, que no tuviera La curiosidad de tantos A mis acciones atenta! ¡No fuera Cárlos, pues Cárlos bastaba, uní... Pero la lengua, Viendo a Fisberto, aun el corto Alivio de hablar, suspenda. (Ap.) (Aquí está Diana, y me ha visto. ¡Quién disimular supiera!) ¿Cuándo tu Alteza, señora, Dará a mi atención licencia, Que por su respuesta acuda? Porque volverme quisiera Luego; pues como antes dije, La instrucción que traigo es esta, Y sé que Fisberto está Pendiente, hasta que yo vuelva. Por mí luego podréis iros, Y porque veáis que en esta Parte yo no os tengo, iré A mi padre de la vuestra, Y procuraré enviaros Su respuesta y mi respuesta. (Vase, y Laura.) (Ap.) Aunque deje solo a Cárlos Por tan largo tiempo, es fuerza No ir al aposento, pues Andando por acá fuera, No me buscarán a mi A riesgo de que a él le vean. (Vase.) ¿En fin, señor, te resuelves A volverte tan apriesa? ¿Qué he de hacer, si aquí no estoy Bien, adonde haya quien pueda Conocerme? ¿Y qué has resuelto Acerca, dime, de aquella Consulta que remitiste Al tiempo, pues toda entera La noche en vela has estado Con él para resolverla? Pues aún no he resuelto nada. Por una parte me cerca El duelo de que el retrato Por un acaso a mi venga; Por otra lo que dijiste De que puede ser que sea Sin voluntad suya, me bace Agrado, pero no fuerza; Y así entre una y otra duda No hay nada a que me resuelva, Si ya no es, antes de irme, A hacer, Fabio, una experiencia, Para saber si el retrato Cárlos con gusto le tenga, O sin gusto de Diana. ¿Qué experiencia ha de ser ésa? Buscar algún mudo, en que Ella en mi poder le vea. Si al verle se sobresalta, Admirada en cómo pueda Haber venido ¿mis manos, Será señal (cosa es cierta) De conocerle; si no Se turba, asusta ni altera, Sino al verle le ve como Otro retrato cualquiera, Será señal de que no Sabe nada: de manera que su semblante ha de ser El crisol de la experiencia. Para que le vea, ¿qué medio Será posible que tengas? Uno solo se me ofrece. ¿Cuál es? Hacer con cautela Lo que hizo Cárlos acaso; Y estando hablando con ella. Caedizo hacer el retrato; Que los acasos enseñan. Mas tal vez que los estudios. Es sin duda... (Háblanse bajo.) (Ap. entreabriendo la puerta del cuarto del jardinero.) (A la pequeña Luz que me dispensan breves Los resquicios desta puerta, Vi atravesar a Diana, Y sintiendo cuán apriesa, Exhalación de mis ojos. Se me deshizo, por verla Me he de atrever a entreabrirla. En toda esta verde esfera (Sale.) Ya no parece: ¡ay de mí! Mas ¿qué es lo que miro en ella? Solo el francés caballero Del retrato está. Bien muestra Su inclinación, que no es mas Que andarse de tierra en tierra Viendo lo mejor de Italia. Y pues que me da tan buena Ocasión amor, que nadie Hay que por aquí parezca, No la be de perder, pues puedo Cobrar mi perdida prenda.) ¡Ce, caballero! ¿Quién llama? Quien a vuestros brazos llega Quejoso y agradecido: Agradecido, a la deuda Eu que le pusisteis, cuando Le enmendó vuestra advertencia Ei susto de aquel acaso; Y quejoso, de la priesa Con que os vinisteis, sin que Tiempo de enviar tuviera Por el retrato Y supuesto Que uno estime y otro sienta, Váyase lo uno por lo otro; que no son muy malas ferias I que un agradecimiento Se trueque por una queja. Y supuesto que hasta aquí He venido por las señas Siguiéndoos, dadme el retrato, Y adiós...Mas Diana es esta. No, no le saquéis agora, Porque con vos no me vea; Pues sabiendo quién soy, ya Sabéis lo que aquí se arriesga, Y así me redro en tanto Que pasa. Por vida vuestra, No os vais hasta que le deis, Si ya no queréis dé vuelta Tras de vos también a Italia. Y si por ventura la verla (Noble sois y caballero) Algo os dijere, en las señas Por entendido no os deis; Pues ya prósperas, ya adversas. Fortunas de amor, al noble Le toca favorecerlas. (Escóndese.) i Quién se habrá visto en el mundo En confusión como esta? Dejo aparte que me fie En secreto mis ofensas; Dejo que dar el retrato (Siendo cúyo es) es bajeza; Dejo que es no darle empeño Y voy a que... Diana llega. Aun pan discurrir ¡cielos! Tiempo mi dolor no deja, Eu lo que debo hacer. Ya Tenéis aquí la respuesta; Que ancianos achaques hoy Tanto a mi padre molestan, Que manda que por él supla Enfermedades y ausencias. Despachado estáis, y así Podéis siempre que os parezca Que os está mejor, partiros Donde Fisberto os espera, Porque no es razón que esté Pendiente de la respuesta. (Ap.) ¿Qué es aquello? ¡Vive Dios, Que le habla Diana bella Como a quien vino de parte De Fisberto! Con que es fuerza Que en quien retrato y secreto Vino a dar, él mismo sea. Un acaso y un error La vida quitarme intentan. (Ap.) (Ya lo que quise decir. Bien claro se manifiesta; Pues cuando no sepa Cárlos Quién soy, preciso es que sepa Ser de Fisberto criado: Con que ya medio no queda Dél a mí sino la espada. Pues si ha de acabarlo ella, Por Dios que ha de ser por lodo, Llevando hacia la pendencia Sabido, si Diana sabe El que él el retrato tenga.) Yo voy muy favorecido De vos; y pues corre a cuenta Todo de Fisberto, él Lo estimará, cuando advierta Que mi tratamiento ha sido Como a su persona mesma. Dadme la mano... Mas ¡cielos! ¡Qué notable inadvertencia! (Saca el pañuelo, caésele el retrato, y tómale fingiendo turbación.) ¿Qué es esto? Nada, señora. ¿Qué hay que os asuste y suspenda? ¿Qué es? digo. Un retrato vuestro. ¿Retrato mío? ¡Qué pena! (Ap.) ¡Vive Dios, que se declara Conmigo à un tiempo y con ella, Valiéndose del acaso Mío, para su cautela! Vuestro, que sabiendo cuánto Fisberto estima tal prenda, un artífice extranjero Me buscó ahora en la bella Esfera desos jardines, Y hizo dél conmigo ferias. Sin saberlo vos, pensaba Llevarle; más ya que esta Descuidada acción acaso A vuestros ojos le muestra, Os suplico le toméis En vuestra mano siquiera Un instante, porque yo Llegue a recibirle della, Y pueda allá decir que Me le dio la mano vuestra. (Tómale.) Para que no le llevéis, Le tomaré... (Ap.) (¡Yo estoy muerta! ¡Cielos! ¿no es este el retrato Que di a Cárlos?) (Ap.) La experiencia No salió mal, pues salió Tan bien, que al mirarle, tiembla. (Ap.) ¡Cielos! ¿qué debo hacer cuando, En confusión como esta, Un acaso j un error Me empeñan y me despeñan? (Ap.) Bajamente de sus celos Cárlos ¡ay de mí! se venga. ¡Oh! ¡nunca anoche quedara Aquí, donde hacer pudiera, Fingido artífice, aqueste Despecho! (Ap.) (Mas que quisiera Me ha dicho el color. ¡Mal haya Quien celos a buscar llega! Que si no se hallan, no alivian, Y si se hallan atormentan.) Ya que en vuestra mano estuvo, Vuestra mano me le vuelva. Dadme el retrato, y adiós. (Ap.) (Aunque no darle quisiera, Por vengarme dél con él, Ya que Cárlos le enajena, Le be de dar: castigue ¡cielos! Su bajeza a su bajeza.) Tomad. (Sale Cárlos, y quísatele de la mano ) Eso no. ¿Qué es esto? ¿Qué ha de ser? Ver que su hacienda La puede cobrar un hombre Donde quiera que la encuentra. A tan grande atrevimiento. Solo la espada es respuesta. (Saca la espada.) (Riñen.) ¿Quién dice que no? A tu lado Estoy. Un aleve muera. ¡Ay, infelice de mí! Voces dentro. En el Jardín hay pendencia: Llegad todos. Muerto soy. (Cae.) ¡Qué desdicha! ¡Qué tragedia! ¿Qué has hecho, Cárlos? Perdida Tú, más que todo se pierda. ¿Qué había de hacer al mirar Que la retrato le entregas? Nunca yo se le entregara, Sin ver que tú le desprecias. Fué un acaso. Fué un error. ¿Viendo la persona muerta De Fisberta, en su venganza No muero? Todos se tengan. Señor, la gente que estaba Cuidadosa de tu ausencia, Hasta el jardín ha llegado En tu busca. Pues tan cerca Está, ponte en un caballo; Que yo quedo en tu defensa. Tú no te empelles por mí, Ni te declares quién seas: Que más me importas, Lisardo, Sirviendo de espía secreta, Donde me avises de todo. Tú, ingrata, tú, aleve, piensa Que no voy más vivo yo Que el que muerto a tus pies queda; Que él queda muerto en la vida. Y yo llevo el alma muerta. (Vase.) Aunque me manda quedar. No lo ha de hacer mi obediencia. Y be de seguirle basta que Partir seguro le vea. Tras ellos he de ir. Teneos. ¿Qué confusiones son estas? Esta desdicha lo diga. Y aun es más que tú sospechas; Que es Fisberta mi señor A quien mató su fiereza. (Ap.) Declaróse la fortuna Contra mí. ¿Quién hay que pueda Darle aquí la muerte? Cárlos De Módena. ¡Mas aumenta Eso el dolor! ¡Ay de mí! Albricias, porque aun alienta. Llevadle donde se cuide (Sí es posible que la tenga) (Llévanle.) De su vida; y tú, tirana, Tú, aleve, tu, injusta, piensa Que si mis sospechas... Pero No es tiempo de mis sospechas, Ni las doy buen nombre, pues Ya no son sino evidencias. (Vanse todos, ménos Diana.) ¿Qué es lo que pasa por mí? Bien dijo quien dijo que eran Muy cobardes las desdichas, Pues nunca solas se arriesgan; Siempre acompañadas andan En cuadrilla, de manera Que unas de otras se eslabonan Unas de otras se encadenan: Con que, dándose la mano, A cada paso se aumentan. Dígalo yo, combatida De tantas como me cercan, Que no es posible contarlas, Siéndolo ¡ay Dios! padecerlas. Fisberto muerto en mi casa, ¿No es fuerza ¡ay de mí! que sea El sobresalto de Europa, Su tragedia y mi tragedia? Cárlos su homicida, ¿no es (Otra vez ¡ay de mí!) fuerza Que sea el terror de Italia O su ofensa, o su defensa? Mi padre de mi ofendido, ¿Fuerza no es que sus violencias Sean de mi vida asunto? Y sobre todas aquestas Fortunas que me persiguen, Desdichas que me atormentan, ¿No es fuerza ser imposible Ya el que Cárlos me merezca, Y logre Flor so esperanza, Y que se case con ella; Porque, seguro el Estado, Mejor defenderse pueda De sus contrarios? ¡Mal haya Esta villana potencia De la memoria, que ahora Amor y celos me acuerda! Mas ¿cuáles deben de ser Mis ansias, cuáles mis penas, Pues la de celos y amor La tienen por la postrera, Y viniendo siempre antes, La riñen que aun después venga? ¿Qué he de hacer, cielos, sitiada De tantas, de tan opuestas Ojerizas de los hados Y ceños de las estrellas, Como contra mí conjura El cielo, siendo la piedra Del escándalo mi vida? Pero ¿qué dudo? La negra Noche ¿no baja en mi ayuda De pardas sombras cubierta? ¿No andan con el sobresalto Que a todos los amedrenta, Tan turbados, tan confusos, Que no hay quien a nada atienda? Pues aunque segunda vez, Villana memoria, quieras A tan maI tiempo acordarme Quien soy, no ha de bastar. Ea, Deshecha fortuna mía, Trátate como deshecha, Y sin que nada repares, Nada mires, nada adviertas, Arroja la ropa al mar, Y de su saña soberbia Salva la vida, que está En poder de la tormenta, Sujeta a tantos embates, Y a tantos golpes expuesta, Como mi padre amenaza, Capaz ya de sus ofensas; Como Fisberto previene, Ya enemigo, viva o muera; Como a Cárlos adivino, Ya imposible que aquí vuelva; Y como propone Flor, Dueño ya de sus finezas. Y siendo así que ya todo. Está perdido, no lemas, Sino ve a disponer cómo Tal temeridad emprendas; Que no faltará de quien Fiar honor y vida puedas, Cuando Lisardo, que fué Tras su señor, no parezca. Y nadie, y más si ama, extrañe Resolución tan violenta, Pues una novela no es Número en tantas novelas Como contiene la fama, De amantes sucesos llenas, En las alas de sus plumas Y en los ecos de sus lenguas. (Vase.) En notable confusión Está desgracia me ha puesto, Y no sin causa, supuesto Que fui quien dio la ocasión A ella, con haber tenido A Lisardo disfrazado, Pues él ha facilitado El que haya Cárlos venido A estos jardines; y así Es bien para asegurar El secreto, procurar, No quede un instante aquí, Sino que se vaya luego. En todo el jardín no está, O como la noche ya Ha cerrado, a ver no llego Mas que los bultos. ¿Quién vió Igual la duda? A mi pues: Todo me asusta. ¿Quién es? ¿Quién ha de ser sino yo. Que vengo de haber llevado A este Gil Huerto, o Gilberto, A quien parece hizo muerto La sangre que le ha faltado? Perote, ¿sabes, me di, Dónde aquel pariente está? Gileta te le dirá. ¿Gileta lo sabe? Sí. (Vase Celio.) En fin, ¿aquí vuelves? Sí, Pues ya que tú no quisiste Dejarme, y que me seguiste Hasta que mi gente vi. Es bien volverme a valer De ti, de la noche y della: No diga mi opuesta estrella De mí que dejé de hacer Nada que a mí me tocase. Pues ¿qué por hacer te queda De cuanto tocarte pueda? Yo lo diré cuando pose La gente que al paso está. Habla tú, que yo te sigo. ¿Quién va allá? Perote amigo... Ya he dicho que ¿quién va allá? Yo soy. ¿Quién aquí ha de ser? Señor y primo, ¡qué error! Hoy que mi suegro y señor Os ha habido menester, ¿No venís hasta irse el día? De más de que muy inquieta Habéis tenido a Gileta, Vuestra prima y mujer mía. Tuve cierto inconveniente. ¿Quién viene ahí? Mi hermano ha sido, Que solo a verme ha venido. ¿Luego ya hay otro pariente? Y que desde aqueste día Muy vuestro amigo será. ¿Han visto lo que se va Creciendo la alcurnia mía? Vo a decir a mi mujer Que hay otro primo en campaña, Que venga a abrazarle. ¡Extraña Familia debe de ser! (Vase.) No pudimos excusar El verme. No importa nada, Que aqueste es un simple; y ya Que aquí estás, aunque te valgas De decir que al delincuente Ningún sagrado le guarda Mas seguro, que el lugar Donde hizo el delito, salga Resta confusión. ¿Qué intentas, Cuando a lodos volver mandas Contigo, y que la carroza (Que en ese monte emboscada, O por venir más secreta O por ser postas de Italia, Dejaste) mandas te siga? Que nunca pueda la fama Decir de mí que volví A mi peligro la espalda, Sin atender al peligro En que ha quedado Diana. Confieso que anduve mal En salir de aquesta estancia Sin ella; más ¿quién está Tan en sí, cuando se halla En caso como el mío, que Tan cabal la facción haga, Que algo que enmendar no encuentre, Siempre que vuelva a mirarla? Pendencias y borradores Tienen una semejanza, En que a la postrera vista Se mejoran, o se rasgan. Y aunque es verdad que me acusa En lo principal la falla, Pues a todo trance debe Ser lo primero la dama; Sobre que el yerro conozco, Recíbaseme que estaban Contra mí, a cuenta del yerro Celos, amor y venganza. Y pues es fuerza que esté, A vista desta desgracia, De su padre combatida, Y quizá a riesgo que haga Algún extremó con ella; Vuelto por ti, vuelvo a hablarla, A ver qué quiere de mí: Que a precio de vida y alma He de asegurar la suya, SÍ es que el intento adelantas Como halle ocasión en que La vea sola, he de sacarla Una vez de tanto empeño Como su vida amenaza. ¡Ah, señor! ¡cuánto mejor (Puesto que un padre no mata) Fuera apelar al olvido De una vez y!... Calla, calla, No prosigas; que ya sé Que vas a decir la extraña Enemistad que han tenido Nuestra sangre y nuestras casas; Que dejando contra mí Quejosos Milán y Parma Y Módena, no me queda Tierra en que poner las plantas. Todo lo tengo mirado; Pero todo importa nada, Como a Diana no pierda; Pues teniendo yo a Diana, Con ella todo me sobra, Sin ella todo me falta. A tanta resolución No he de responder palabra, Sino morir a tu lado. Mas, si las sombras no engañan, La puerta a la galería De su cuarto abren. Dos damas Salen al jardín. Aquí Te retira entre estas ramas, Hasta asegurarnos bien De quién son. (Escóndense.) (Ap.) ¡Oh noche! Ampara, Pues de los hurtos de amor Eres la nocturna capa, El mío, ya que dispuesto Queda todo con tan rara Cautela, que aun Laura no Lo ha de saber; que me cansa El que nadie me aconseje. ¿A qué vuelves a esta estancia, Teatro de una desdicha Tan notable? No sé, Laura, Si va no es que mi dolor Solo en mi dolor descansa. (Ap. á Cárlos.) Laura y Diana son. Las voces Conocí, y ya me acobarda. Para salir, el pensar Que la he de hallar enojada. ¿Quién creerá que quieta no teme Riesgos, peligros y orinas, El ceño de una hermosura Tema con flaqueza tanta, Que tiemble al verla? (Ap.) (¿Qué haré Para quedar sola?) Laura. ¿Qué es lo que mandas, señora? Vuelve a mi cuarto, y dél saca Un pañuelo que olvidado, Como si no fuera alhaja Tan del servicio del llanto, Dejé acaso. Antes que vaya, Sabe que tu padre, dicen Que está... Habla quedo. (Hablan las dos en secreto.) (Ap. á Cárlos.) Repara Que la que quedare sola, Diana es. (Ap. á Lisardo.) Pues amor ampara Mi osadía en ocasión Que sola he podido hallarla, ¡Vive Dios, que be de atreverme A todo! Pues mientras Laura Se va, considera que Se queda a mucha distancia; Y si salimos de aquí, Al ver dos bultos, es clara: Cosa que se sobresalte, Pues no le espera, y que haga Defensa al intento. Pues ¿Qué haremos? Por las espaldas De aqueste cenador, toma La vuelta, para que salgas Tan cerca de ella, que puedas, Antes de verte, abrazarla. Dices bien: tú en tanto llega, Y toda la gente llama. (Vanse los dos.) Cuanto me has dicho sabía. Ve por el lienzo. Aquí aguarda. (Vase.) Pues ya quedé sola, ya Ir puedo a la puerta falsa, Donde un caballo me espera. Mas ¿quién será estotra dama Que tras mí viene? (Ap.) Harto siento El quitarme aquestas galas Sin que mi primo me vea Con ellas; que la borrasca De hoy no dió tugará verle Hasta ahora, si está en casa. (Sale Perote.) (Ap.) Hasta ver adónde va, Voy siguiendo esta picaña. Diciendo yo que ninguna Me siga, ¿quién tras mí baja? ¿Es señora? (¿Mas que viene, A estorbarme esta villana?) Sí, yo soy. (Ap. á Cárlos.) Aun se están juntas; Las dos. Gileta, aquí aguarda, ¿Y no te quites de aquí. Ya vuelvo. De buena gana. (Ap.) ¡Déme atrevimiento amor! Ya, señor, Laura se aparta. Y sola Diana queda. Y de más cerca miraba, Lo dice mejor el mudo Brillar de telas y galas. (Ap.) Quien no supiere de amor, No acuse, no, de liviana Esta acción: aprenda a amar La que hubiere de juzgadla. (Vase.) (Ap.) ¿Qué hará aquí sola Gileta? (Ap.) (Ya no se descubre Laura: Agora es tiempo.) Perdona, (Llega Cárlos, y coge á Gileta en los brazos.) Hermosísima Diana; Que no has de quedar tú al riesgo, Cuando mi vida se salva. ¡Ay, ay de mí! No des voces: Con tu esposo vas. Se engañan Vuesas mercedes, si no es Que también conmigo cargan. O callar, u os meterán En el cuerpo cuatro balas. Mas fácil es lo primero. Lisardo, excediendo al aura Ponía en la carroza, y vuela: Yo le guardaré la espalda. Ya sabes dónde, al primero Fuerte entre Módena y Mantua. Venga ahora el mondo, pues ya Está en mi poder Diana. (Vanse Cárlos y Lisardo, llevándose á Gileta.) Vayan muy enhorabuena Vuesarcedes; y si mandan Otra cosa, me lo avisen; Que a mí no se me da nada Por mí, sino por un primo, A quien Gileta hará talla. Ya el lienzo... —Pero ¿qué ruido Es aquél? No hables palabra, Laura, si no quieres ver En tu cuerpo cuatro balas. (A voces.) ¡Traición! ¡traición! Acudid, Que se llevan a Diana. Mejor lo hizo Dios conmigo: Gileta es con la que cargan. ¿Quién querías que a ella lleve? Gente del Refugio, que anda Quitando por caridad A las mujeres que cansan. ¡Traición! ¡traición! Acudid, Que se llevan a Diana. (Vanse.) Inmediaciones de un castillo, situadó en la linea divisoria det territorio de Móden y Mantua. Salen Flor y Silvia, vestidas de casa. Silvia, ¿no me decías Que eran livianas presunciones mi as Las que astrólogo el pecho adivinaba, Pues a Cárlos de mí sólo ausentaba, Por vencer sus tristezas, La caza de estas bárbaras malezas, Que al sol el paso impiden, Y que a Mantua y a Módena dividen? Pues mira si lo fueron, O si fueron verdades, pues no vieron A Carlos estos días Dese fuerte ni desas caserías Los moradores; pero ¿cuándo, ¡cielos! Mintió la astrología de los celos? Si te digo verdad, yo bien temía Que otra ocasión ausente le tapia; Pero muy necia friera Si templar tu pasión no pretendiera Con alguna disculpa. Mas que te absuelve esa lealtad, le culpa. Porque no hay mayor daño Que un engañó curar con otro engaño. ¡Cuánto mejor lía sido Que habiendo yo Ungido También que mi mortal melancolía La caza templaría, Haya venido donde El dolor al recelo corresponda! Pues, si verdad te digo, Nadie en mi condición puede conmigo Mas que mi mismo daño. Duela pues, como sane, el desengaño. Mira que dicen que es médico incierto Y son más los que ha muerto Que no los que ha sanado. También dicen, hablando en mi cuidado, Que es mejor, quien padece los recelos. Morir de celos, que... (Dentro.) ¡Socorro! ¡Cielos! ¿Qué voz tan temerosa ¡Los vientos ha cortado lastimosa? En ese monte ha sido. Ya no solo es asombro del oído; Mas también de los ojos, Pues entrando a la parte en sus enojos, Miran precipitado Un bruto, que sin rienda, desbocado, Desde una en otra peña Por despeñarse más, no se despeña. Y sí las señas lo veloz permite, Es, a lo lejos que la vista admite, Una mujer. Ya el bruto cayó, y ella Exhalación, si no arrancada estrella. Desde la cumbre al suelo A nuestras plantas da. (Sale cayendo Diana.) ¡Válgame el cielo! ¡Infeliz hermosura, Si rayo no de la región más pura? En mis brazos descansa. Ni respira, Ni habla, ni oye, ni mira. Poco deso me espanto; Que quizá a mí me sucedió otro tanto, Pues yo también, al vella En la tierra, tan bella, Casi exhalando el último suspiro, Ni miro, ni oigo, ni hablo, ni respiro. Belleza que desmayada Te me ha entregado un rigor, Porque me acuerdes mejor Las especies dé pintada, Yo te vi otra vez postrada Al suelo; y porque el desvelo No dude ser tú, recelo Que muda diciendo estás, Para parecerte más, Que te levante del suelo. Yo lo haré, y pues basta aquí Todas tus señas se ven, Sé parecida también (Levántanla.) En que alguien venga por ti. No sea Cárlos ¡ay de mí! El que desmienta esta seña; Que será ansia no pequeña, Si contigo no la traes, Ser tú siempre la que caes, Y yo la que se despeña. ¿Qué es lo que decir quisiste En eso? Que aquesta es La de aquel retrato. Pues Sola una vez que la viste. ¿Tanta aprensión della hiciste, Que la has conocido? Sí, Que si con celos la ti, ¿Cuándo borraron los cielos Lo que se mira con celos? ¡Ay infelice de mí! Parece que ya cobrada En sí vuelve. ¿Dónde estoy? En mis brazos. Feliz soy, Pues me hallo tan mejorada De aliento, vida y fortuna. Poca mejora o ninguna En mí vuestra suerte halló; as la que pudiere yo (Si yo puedo dar alguna), Os la ofrezco. A vuestros pies Humildemente rendida, Doy voluntaria la vida Que antes di forzada; y pues Justo que ignore no es A quién debo igual favor, Sepa yo quién sois. Error Negaros mi nombre fuera. Flor soy. ¿Flor! Si. Yo creyera Que erais estrella, y no Flor, Tanto por la mejoría De sus bellas competencias, Cuanto por las influencias De la nueva dicha mía. Preguntar quién sois querría, Mas después me lo diréis, Que más reparada estéis De tan rigurosa suerte. Venid pues hasta aquel fuerte Conmigo, donde podréis Cobrar aliento y sentido. De ser en aquesta esfera Peregrina y forastera, Bastante argumento ha sido El no haberos conocido. Lo demás que soy o fui No queráis saber de mí; Que no es lícito al valor Vuestro oír fortunas de amor. (Ap.) (¡El me dé industria!) Y así Pues mejorada me hallo, Sin que más noticia os dé, Dadme licencia de que Vuelva a cobrar el caballo. Y creed que lo que callo, Es respeto y es temor, Por no decir que a un traidor Sigo. (Ap.) (Nombre y calidad Desmienta con la verdad.) Dejaros fuera rigor, Y más cuando agradecida A las señas que me dais, De que tras un traidor vais. tulláis un susto a mi vida, me doy por entendida De que conozco al ingrato; Bien que desconozco el trato De la queja entre los dos. Pues no volviendo por vos, Vuelve por vuestro retrato. ¿Qué retrato? Uno que vi En su poder. ¿Y de quién? De quien seguís. Mas no es bien Deteneros tanto aquí. Venid conmigo. (Ap.) ¡Ay de mí! ¿Dónde iré; cielos! que no Me dé el retrato, que vió; Cárlos en su poder, muerte! Llama al alcaide del fuerte. Lidoro. ¿Quién llama? Yo. Esa dama que ha caído Despeñada de un caballo. Aunque cobrada la hallo En su acuerdo y su sentido, Que aquí la alberguéis os pido, Hasta que proseguir pueda Su camino. A cargo queda De quien servirla sabrá. (Ap. á Silvia.) Nosotras (puesto que ya Nada hay que bien nos suceda) A la corte (¡oh ansia fuerte!) Volvamos, Silvia, sin que Sepamos adónde fué Cárlos. De dos, que te advierte Ya por lo menos tu suerte. El un desengaño gana. ¿Qué importa ¡pena tirana! Pues sin Cárlos volver trato, Ir segura del retrato, Si no lo voy de Diana! (Vanse Flor p Silvia.) Venid, señora, donde Veáis que al precepto la atención responde Sirviéndoos. La fineza Mayor que puede hacer vuestra nobleza Por mí y por quien lo manda, pues me hallo Mejor, es que cobréis aquel caballo, Que suelto, el monte por tan suyo tiene; Que pasar adelante me conviene. (Ap.) (Y es verdad, pues no hay nada que me importe Como buscar a Cárlos en la corte.) Mal el orden que tengo ejecutara, No sirviéndoos primero. Para, para. ¿Qué es aquello? Una tropa, qué el camino De Mantua trujo, y a esta torre vino. ¡Ay, infeliz de mí! Yo estoy perdida, Si esa gente me ve, de quien seguida vea Soy... La fineza sea Que habéis de hacer por mí. que no me Porque me va el honor, me va la vida. Entrad pues a esconderos; Que yo nunca diré que llegué a veros. (¿Qué aventura será esta, peregrina?) (Vanse.) ESCIENA XXVI. Sala del castillo. (Dentro.) Ninguno corra al coche la cortina, Hasta que yo prevenga (Saliendo.) ¡Lisardo! Que se tenga Una dama que viene En aquesta carroza te conviene, Del fuerte en lo más íntimo y secreto, Porque es cosa de Cárlos. Yo prometo Hacerlo. Fácil es el concertarlos, (Vase Lisardo.) Pues lo mismo que Flor, me manda Cárlos. (Dentro.) Bien puede ya apearse vuestra Alteza. ¿Qué oí? Y asegurarse, Pues aquí es donde oculta estar conviene Mientras que Cárlos viene, Que asegurando el paso se ha quedado. (Salen Lisardo y Gileta.) — Pero ¡qué es lo que miro! ¿Hemos llegado, Primo, do me traéis? Sí, pues discreta Se paré en esta casa la carreta. (Ap.) (¡Cielos! ¿qué es lo que veo, Que mirándolo más, menos lo creo?) Villana, ¿cómo, cuándo, de qué suerte Eres tú la que aquí (¡desdicha fuerte!) Estás? ¿No me dijiste que algún día Por vos en otro Estado me vería? Pues veislo aquí cumprido y efectuado. Si me amáis, ¿de qué estáis tan enojado? Dejadle allá a Perote que le pese. (Ap.) (¿Que aquesto sucediese? ¿Que hará Cárlos (¡ay cielos!) cuando vea Que esta villana la robada sea? Retirarme pretendo Antes que él llegue a verla, porque entiendo Que aunque él igual conmigo hizo el engaño, Sobre mí solo ha de cargar el daño, Sin mirar que su culpa me disculpa; Que los amos jamás tienen la culpa. así sepa el error con que me envía De otro primero, y en ausencia mía.) Llevad aquesta dama, y escondella (Al Alcaide.) Tratad donde ninguno pueda vella. — (A Gileta.) Vete de aquí. (Ap.) (¡Qué peinas! ¡qué molestias!) ¡Han vido! Ya se irán, que no son bestias Mas ¿para qué, si ya de verme os pesa, Fué ni el traerme, ni llamarme artesa? (Ap.) En grande confusión mi lealtad se halla. Lisardo «Alteza» dijo al apealla. ¡Diana es! Si lleca esto a saberse, Milán, Módena y Mantua han de perderse Y así al Duque avisar de todo quiero, Para que lo remedie; que esto infiero Que, a ley de buen vasallo, Debo hacer. Voy al punto a ejecutallo. (Vanse el Alcaide y Gileta.) Si aguardo a Cárlos, a mi muerte aguardo; Y así no me halle aquí. ¿Dónde, Lisardo, El sol está que adoro? ¿Dónde la estrella cuya ausencia lloro? Dónde el hermoso día? Dónde la luz que al alba desafía? ¿Cómo no me respondes? ¡El color mudas, y la acción escondes! Dime, ¿dónde escondido Está el rayo del sol que hemos traído? ¿Adónde la has dejado? Ese rayo que al sol hemos hurtado, En este fuerte está. Al Alcaide dije Que en él la retirara. ¿Qué te aflige, Si en él está? ¿Qué teme tu cuidado? Iré a vella, y en lágrimas bañado, La pedirá perdón mi atrevimiento. (Ap.) Mientras él llega a verla, yo me ausento. (Vase.) (Ap.) Parece que ya el ruido Se ha sosegado. (Ap.) Pasos he sentido. (Ap.) ¡Si pudiera salir! Pero ¡qué veo! ¿No es Cárlos? (Ap.) ¿No es Diana? (Ap.) Mi deseo Cumplió amor. (Ap.) Mi esperanza Su mayor dicha alcanza. (Ap.) Pero cobarde al verle me suspenda, Porque no sé si mi osadía le ofenda. (Ap.) Pero el temor al vella me desvía, Por si ofendida está de mi osadía. (Ap.) Ponga amor en mis labios y en mis ojos Afectos que disculpen sus enojos. (Ap.) Ponga amor en mis ojos y en mis labios Afectos que disculpen sus agravios. (Ap.) Mas vano es mi temor. (Ap.) Mi pena es vana. Oye, Cárlos. Escucha, tú, Diana, Que antes que tú hables es justo Que yo las disculpas dé A tan grande atrevimiento Como verte en mi poder. Pues si tú das las disculpas, Firme amante, galán fiel, Dese atrevimiento antes, ¿Qué te diré yo después? Nada me dirás, Diana, Que es lo que yo intento, en fe De no escucharte quejosa. ¿A mi quejosa? ¿De que, Siendo la culpada? Aquí No hay culpa ninguna. ¿Quién Ignora que es el amor Una pasión tan cruel, Que tirana no se rinde A razón, consejo y ley? Nadie lo ignora, mayor- Mente si en mi extremo ve Atropellado el decoro De tan principal mujer. Es verdad, más considera Bue a un yerro de amor no es bien El nombre darle de yerro, Pues trae dorada la tez; Y más si al de amor añades El del peligro también En que quedabas expuesta. De tu padre en el poder, El ceño de sus rigores, Sobre acaso tan cruel Como el que viste; y así Pues ¿qué mucho, Diana, que Enmendando aquel primero Error, de que te dejé En tanto peligro, te halles Hoy en mi Estado? ¡Qué bien, En el estilo galán, Y en el término cortés, No me has dejado que diga! En mi vida no sabré, Cuánto he estimado el oírte, ¡Ay Cárlos! encarecer; Que me hallaba embarazada Conmigo, por no saber Qué disculpa habla de bailar A tal osadía. ¡Oh, qué bien, Tú en las finezas constante, Y en los extremos fiel, No te das por entendida De tu ofensa! que pensé Que no te desenojaras. ¿Yo? ¿Qué ofensa? La de haber Traídote con tanto riesgo La caída fue cruel; Pero ¿qué culpa tuviste Della tú, para temer Que eso había de ofenderme? (Ap.) Sin duda, la causa fue Haber caído en el camino, De que tan turbado hallé A Lisardo. Pero ¿a ti Quién te dijo que aquí esté? Yo les di ese orden, y yo Nunca de seguir dejé La carroza. ¿Qué carroza? La que te trajo. No bien informado estás, que yo... La voz, Diana, detén; que parece que entra gente, no todos te han de ver. Retírate a aquesa sala, Hasta que sepa quién es. (Vase Diana.) (Ap.) (Ya que él se ha desengañado, He de entrar; que aunque intenté Huir, lo he pensado mejor, Y así me atrevo a volver; Que no me he de hacer culpado, Aunque la muerte me dé.) Señor, acasos no están En manos de un hombre. Pues ¿Quién te culpa a ti, Lisardo, Siendo tú por quien hallé El ser, el alma y la vida? (Abrázale.) Cuando enojado pensé Hallarte, vengando en mi Aquel descuido cruel, ¿Con los brazos me recibes? Aunque gran descuido fué, Que pudo costar su vida, ¿Tú qué culpa tienes dél? Yo ninguna. Todo ya Cesó, cuando a Diana halle Con salud; que la caída No la hizo más mal, que haber Con el susto desmayado Su divino rosicler. ¿Qué caída, o qué Diana? Tú no la debes de haber Visto. Si he visto. ¿A ella misma? A ella misma, digo. Pues ¿Qué dificultad ha habido (Si aquí la mandé traer, Y tú la trajiste aquí) Que aquí la halle? Mira bien, Señor, si has visto a Diana Aquí, porque yo... ¿Qué estés Tan necio? Si has presumido Que murió del golpe, y es Esa la causa de hallarte Con tanta turbación, ven A aquesta sala, y verásla Buena y sana. (Ap.) Perderé El juicio, si la veo aquí. Espera; el paso detén, No entres, que entra gente, y tú Solamente la has de ver. Señor, Flor tu prima, habiendo Hoy estado aquí (porqué La puso en este cuidado Faltar tú dos días o tres), No sé si te vió llegar, Con esta dama; más sé Que ella y el Duque han venido, Por ti preguntando. (Ap.) (Esto es Curarme en salud: no entienda Que yo fui el que le avisé.) ¡Ay infelice de mí! ¿Si supo, Lisardo, que Es la que está aquí Diana? Pues ¿cómo lo ha de saber. Si yo, con andar en ello, Vive Dios, que no lo sé? Cárlos, seáis bien venido. Humilde beso tus pies. ¿Dónde habéis aquestos días Estado? En caza. Está bien. — (A los que le acompañan.) Todas las puertas tomad. i A qué propósito? a qué Fin, señor, armas y gente Contra mí? Los hombres que Tienen las obligaciones Que yo tengo y vos tenéis, de cualquiera enemistad, De cualquier enojo, es bien Hacer árbitro el acero, Siendo la campaña el juez, No al engaño y la traición; Porque las vidas aquel Quita, y el honor estotras; Y el honor siempre ha de ser Reservado al enemigo, Y no ha de tocarse en él. Y así, si el duque de Mantua Es vuestro enemigo, haced Guerra al Duque; pero no En la opinión le toquéis; Que si el vencer sin matar Consigue sacro laurel, ¿Qué conseguirá victoria Que es matar y no vencer? Robada os habéis traído (Ya todo, Cárlos, lo sé) A Diana, su hija bella; Y estar Diana, no es bien En mi Estado, con desaire Tan grande, como en poder Vuestro, forzada; que claro Es que una ilustre mujer Tanto como ella, no había De ser de acción tan infiel Cómplice ni sabidora. Y así que parezca haced, Porque quiero a lodo el mundo Con esto satisfacer De que no fui parte yo En tan osada altivez, Viéndola con más decoro En mi corte, en mi dosel, Hasta que la restituya A sus estados; porqué Esto de ser vuestra esposa, Ni ha de ser, ni puede ser Señor, ¿yo a Diana? ¿Yo Robada? No lo neguéis. — (A los que le acompañan. ) Todo este fuerte mirad. (Ap. á Lisardo.) Si la hallan, ¿qué be de hacer? ¿Cómo la han de hallar, si no Está en el fuerte? ¿Otra vez Vuelves a quitarme el juicio? Todas las puertas romped. Esperad, esperad: no Lleguéis a esta; que no es bien Que llegue a tanto sagrado ninguna acción descortés. (Entra en el cuarto adonde se retiró Diana, y sale con ella.) Esta, señor, es Diana: Encubrirla imaginé Por excusarme este enojo; Mas puesto que va la ves, A peligro sucedido Trata el remedio; porqué El volvérsela a su padre Ni ha de ser, ni puede ser. (Ap.) ¡Viven los cielos, que es ella! (Ap.) (¿Habrá en el mundo mujer lmás infelice?) Señor, Humilde yo a vuestros pies... Porque... si... cuando... Del suelo Alzad, y no, no os turbéis; Que si ofendida, señora, De un aleve, de un infiel Os bailáis, también servida Os bailaréis de mi fe, De cuya deuda los brazos Una y mil veces... Detén La acción; que si retirada A esa puerta me quedé (Habiendo contigo vuelto Del camino en que te hallé), Por no estar aventurada A tocar, oír, ni ver Cara a cara mi favor Al lado de su desden; Viendo que Cárlos, no a mi Sola engaña, más también A ti, señor; no es razón Que oculta más tiempo esté. Esta, señor, no es Diana, Sino una común mujer; Tanto que tras su galán Camina, en cuyo poder Yo misma vi su retrato, Y yo misma la dejé, Para reparar su vida, Hoy al Alcaide, porqué En el monte medio muerta he una caída la bailé. De modo que por salvar A Diana, y por poder Quedarse con ella, ha hecho Que esta finja que lo es. ¿Qué decís, Flor? La verdad. — Alcaide, ¿no te entregué Esta dama? Sí, señora; Que la que vino después En la carrosa (Ap.) (supuesto Que negarlo no podré, Perdone Cárlos), es esta. (Éntrase, y saca á Gileta.) ¡Bravos guisados, par diez, Conmigo hacen todos hoy! (Ap.) ¡Cielos! ¿Qué es esto? (Ap. á Cárlos.) ¡Cruel! Busca otro engaño, supuesto Que este no te valió. ¿Ves Quién eres? ¿También a mi Engañar pretendías? (Ap.) (Pues Me ha dado la vida Flor, Por darme la muerte, haré La deshecha.) Si de un yerro Nacen mil, ¿qué mucho fué Que de mil yerros, señor, Nazca uno? Verdad es Que ésta es Diana, a quien yo Ocultar solicité (No sin causa) de tus ojos, Pidiendo a esta dama (a quien No conozco) que fingiera Que ella era; y pues ya veis Que mi culpa y mi disculpa Nacen de una causa, pues Tan soberana hermosura Mi culpa y disculpa es, No severo... Basta, basta. (Ap.) (Esto en fin es fuerza.) Dé Vuestra Alteza, gran señora, La mano a besar, a quien Desea su honor y vida. ¿Con qué comeré después Y haré las demás haciendas? Aunque más disimuléis, Ya os habernos conocido. ¿Luego do me compraréis? (Ap.) (Haga esfuerzos mi dolor.) Venga tu Alteza con bien. ¡Que me place y me replace! ¡Qué agasajo tan cortés! (A Diana ) ¿Qué os obligaba a fingir (No siéndolo ros) el ser Diana? (Ap.) Apurar esto agora Nos ha de echar a perder. ¡Cielos! ¿qué le ha de decir? (Ap.) ¿Qué disculpa le daré? (A Diana.) ¿Tú también estás acá? Pues ¿de qué la conocéis? ¿No queréis que la conozca, Si la que me viste es? (Ap.) Ya es preciso disculparme Con esto mismo. Hablad pues. Laura soy, de Diana dama, Y cuando a verla llegué Robada, de leal y fina, Seguirla quise en aquel Bruto, de quien despeñada A los pies de Flor llegué, A quien dije, por no dar A lo que venía a entender, Que trances de amor me hacían Seguir a un hombre. Esta es La verdad; y porque aquí Se pudiera ella esconder, Fingí ser ella; más ya Que el intento no logré, Y que ella queda con vos Tan segura, volveré A Mantua, a dar de todo esto Aviso. El paso tened; Que ha de pensarse el aviso Que habéis de llevar: y pues Su dama sois, a palacio Venid con ella también. ¿A qué, si queda con vos? A que la sirváis en él. (Ap.) Al amor ha estado mal, Lo que a la disculpa bien. ¡Hola! Llegad, la carroza. — Venga su Alteza... Sí haré. Donde, hasta escribir al Duque, Huéspeda de Flor seréis. — Y vos no entréis en la corte (A Cárlos.) Mientras Diana en ella esté Venid vos, venid con ella. (Ap.) Basta, que yo voy a ser La criada de mí misma. Entrad, señora. (Ap.) A la he, Que pienso que todos estos Están borrachos, par diez. (Ap.) En parte templa mis celos Ser esta quien me los dé. (Vanse todos, ménos Cárlos y Lisardo.) Lisardo, ¿qué confusiones Son éstas? Pues yo ¿qué sé? ¿Quién trajo a Gileta aquí? Nosotros mismos. Pues ¿quién Trujo a Diana? ¿Qué sé yo? ¿Cómo traer nosotros fué A Gileta? Por error. Traer Flor a Diana después. Di, ¿cómo fué? Por acaso. No digas más: cierto es Sue un acaso y un error me empeñaron una vez, Y otra un error y un acaso; Y pues contra mí se ven Errores y acasos, ¡quiera Amor que paren en bien! Jornada Tercera. ¿Has visto en toda tu vida Igual tronco? No por cierto, Y pienso que vino solo A apurar un argumento, Muchas veces repetido. Dices bien. Y después desto, Si hemos de acudir a todo, Porque nada haya suspenso, A la dama del retrato Vamos. Doy que lo primero Fuese verdad, y que fuese Aquel hombre forastero Del retrato dueño: ¿hay cosa Como ser la dama luego Dama de Diana, y que, A su señora siguiendo, Hubiese de dar conmigo Casi en el último alíenlo, Burlarme ella, y yo albergarla. Para que después, fingiendo Que era la misma Diana, Quisiese librar su dueño? ¿Cabe que el venir con ella Solo me sirva de acuerdo De que ella también me dió Celos alguna vez? ¡Cielos! Si tan desusada cosa Hubiere ningún ingenio inventado para hacer Alguna fábula, quiero Perder la vida; y si acaso Llegase a escribirse esto, Doy licencia al auditorio Que por aqueste momento Pueda no entenderlo, pues Aun yo misma no lo entiendo. Flor, como si no tuviera Hartos cuidados mi pecho, Vengo a consultar contigo El mayor de todos ellos. ¿Qué hay de nuevo? Vete, Silvia. (Vase Silvia.) Mucho y nada. ¿Cómo es eso? Mucho, porque importa mucho; Nada, porque nada es nuevo. En las locuras de Cárlos Un grande amigo que tengo En Mantua (pero la carta Lo dirá), me escribe esto: (Lee.) «Las muchas obligaciones «Que a nuestra amistad confieso, «No me permiten que deje «De avisaros en el riesgo «Que Cárlos vuestro hijo, a Mantua «Módena y Milán ha puesto. «Sabed pues que en los jardines «Del palacio dió a Fisberto «(Que por ver a Diana estaba, «Embajador de si mesmo) «Una herida; y aunque della «Queda ya mejor, no es esto «Lo más, sino que, aunque el Duque, «Prudente, advertido y cuerdo «Ha echado voz que Diana «Con el grande sentimiento «De la herida de su esposo, «No sale de su aposento; «Hay quien diga que la noche «De aquel infeliz suceso «Faltó de palacio, y que «Cárlos, sin consentimiento «Suyo, la robó. El aviso «Me toca, mas no el consejo; «Y perdonad el dolor, «Pues va a buscar el remedio.» Dos novedades añade A la que acá nos sabemos: Una, el recato del Duque En dar a entender discreto Que de su casa Diana No falta; y otra, el despecho Con que en el mismo palacio Hirió Cárlos a Fisberto; Y a mi parecer las dos Tienen solamente un medio. (Ap.) (¡Oh! i cuán a costa del alma La vanidad hace esfuerzos!) ¿Qué es? Que parezcan casados, Pues acabarán con eso De una vez quejas, rencores, Agravios y sentimientos. Tú eres mi hija, no Cárlos, Pues toda tú eres consuelos. Cuando él todo es aflicciones. El consejo estimo; pero (Si tengo de hablar contigo Como con quien da el consejo, Dejando en su estimación Tu respeto y mi respeto) Si parecieren casados Hoy con mi consentimiento, ¿No fuera decir que era Yo cómplice en sus intentos? ¿Han de presumir Milán Ni Mantua que yo consiento En que les roben su hija Y su esposa? Fuera desto, Si Diana está forzada, Como dicen los extremos De una pasión que la tiene Turbado el entendimiento, ¿Cómo puede sin su gusto Intentarse el casamiento, Ni con el mío, fallando Contigo al primer concierto? Y así, Flor, no, no ha de ser; Aunque el valor te agradezco, Con que hacer tu altivez sabe De las ofensas desprecio. ¿Qué ofensas? ¿Pierdo yo a Cárlos, O Cárlos a mí? Eso es cierto. Y porque mejor lo veas, Yo la asisto y la festejo Tanto, que no hay hora alguna Que este sin divertimiento. Esas músicas lo digan; (Suenan instrumentos.) Que mientras se está vistiendo, He mandado que la canten. Uno y otro te agradezco. Y yo también quiero hablarla, Por ver si averiguar puedo Algo de aquestas tristezas, Que en tal privación la han puesto. (Cantan dentro,) Ojos, pues que Galatea Me manda que no la vea, Cegad, no os he menester, Que no me queda que ver. Yo mosicas y yo galas! ¡Yo dorados paramentos! ¡Yo cama blanda y mullida! ¡Yo damas! Si bien me acuerdo, Parecer quiere este paso Algo de «La vida es sueño»; Mas dure lo que durare, Diana soy mientras despierto. El Duque y Flor han venido A verte. Mucho me huelgo. (Ap.) (Quizá me dirán del primo Que en este estado me ha puesto.) Ya te he dicho que hables poco Y mesurado. Ya entiendo. Cómo ha pasado la noche Vuestra Alteza, a saber vengo. Poco y mesurado. ¿Ha estado Mas aliviada de aquellos Molestos pesares? Poco Y mesurado. (Ap. á Diana.) (¿Va bueno?) Vuestras altezas no admiren Despropósitos tan ciegos; Que hallarse sobresaltado Un tan delicado pecho De armas y gente; venir A poder suyo corriendo, Adonde segunda vez La sobresalta otro estruendo Igual al primero; y verse Sin su patria y padre, expuesto Su decoro a las censuras Varias, no es mucho hayan puesto Desorden en la armonía Del más claro entendimiento Que tuvo mujer, y tanto Que basta el estilo es grosero, Villano y rústico... A mí Harto me pesa de verlo. (Ap.) A mí no: esté de ansias loca, Pues que yo lo estoy de celos. Ahora que me acuerdo, lio, ¿Sabéis de un primo que tengo, Que me sacó de mi casa, A quien las grandezas debo En que me hallo? (Ap. á Clotaldo.) Por Cárlos Pregunta. Ya yo la entiendo, Con la experiencia de que Quien pierde el entendimiento, Con las especies se queda De lo que trató postrero. (Ap.) No vendría muy forzada, Pues aun loca le echa menos. ¿No quieres que canten más? Sí, canten más; advirtiendo Que sea poco y mesurado. Sentaos, mientras yo me siento. (Cantan.) Ojos, pues que Galatea, etc. No sabéis lo que os cantáis. Lo que mandes cantaremos. Pues cantadme aquella copla, fue decía, si me acuerdo: (Canta.) Zagal, que ninguno iguala Por su brío y su virtú... ¡Señora! Pues ¡vuestra Alteza Se descompone! ¿qué es esto? ¡Qué lástima! ¡Qué desdicha! ¡Qué pesar (Ap.) ¡Y qué contento! Flor, baja tú con Diana Al jardín, por si con eso Es posible que divierta Sus tristezas; que yo tengo Hoy muchos cuidados para Tratar de divertimientos. (Vase.) (Ap.) ¡En fin, he de festejar Yo a la causa de mis celos! Pero menos eso importa, Que el que piensen que lo siento. (Cantan.) Ojos, pues que Galatea, etc. (Vanse Silvia, Gileta, las damas y los músicos.) ¡Nunca mi lealtad me hubiera Traído ¡ay Dios! a oírlo ni a verlo! (Ap.) (Por más que aquí sus simplezas Disculpar quiera, no puedo. Mas, como duren creídas Hasta que pueda mi miedo Salir de aquí, poco importa. Mas ¡ay de mí! mal lo intento, Pues no puedo ver a Cárlos, Y en esta tierra no tengo De quien fiarme. ¡Fortuna! Duélete de mí, supuesto Que errores y acasos son Tu patrimonio, adviniendo Que un acaso y un error En tantas ansias me han puesto. (Vase.) ¿Habrá pasado por nadie Que una loca le dé celos? Si viera Cárlos cómo hoy Está Diana, bien creo Que de su amor y mis ansias Se enmendaran los extremos, El mudado y yo vengada. ¿Qué hiciera, divinos cielos, Para que llegara a verla? ¿Aquí vienes? Aquí vengo; Que no puede haber castigo Mayor para mi deseo, Que no ver a Diana bella. ¿En qué habrá parado el trueco Della y Gileta? Aquí está Flor. Pues vete tú, que quiero Ver si una vez se conforman Desengaños y respetos. (Vase Lisardo.) Flor hermosa, a quien el cielo Guarde, sin que su esplendor, Por hermosa ni por flor, Pague vasallaje al hielo: Mi desvelo Restaurar quiere sus daños, Sin engaños Hablándote en esta parte; Que fuera traidor dos veces en darle Engaños, señora, y no desengaños. Para aquesto me he atrevido A haber entrado hasta aquí, Sin que el destierro ¡ay de mi' De mi padre baya temido. Solo pido Me oigas: y luego mi error Castigue amor. Si tiene que castigar A quien por amar, hoy deja de amar. ¡Oh, si me escucharas, estrella, y no flor! Yo, como en primera suerte Vasallo luyo nací, A adorarle me atreví; Mas no me atreví a quererte. Y así el verte Superior, me hizo temer, Por conocer Que a una deidad singular, Sin merecer, bien se puede adorar; Sin merecer, mal se puede querer. A mí me importa avisar A Diana de un secreto Que toca en su honor, a efeto De un gran daño remediar. Tú has de dar Licencia; y porque agraviada No esté en nada La fe con que te venero. Ni verla ni hablarla a ella misma quiero; Que solo hablar quiero a aquella criada. Negar, Cárlos, que haya sido Grosera tu petición, Fuera negar la razón De tu amor y de mi olvido. Yo te he oído Tan poco atenta a la culpa Que te culpa, Que si fuerza decir fuera Cuál fué la disculpa, tan solo dijera Que debe de haberla, mas no qué disculpa. Y así, porque el pensamiento No pueda decir jamás, De ti que celos me das, Ni de mí que yo ¡os siento, Ser intento Tercera de tus desvelos. Vean los cielos En el valor que en sí encierra Mi pecho, de cuantas los vieron de guerra, Siquiera una vez de paz a los celos. No solo ¡ay de mí! has de hablar Con Laura ¡pena tirana!, Mas para hablar con Diana, Yo misma, yo te he de dar Tiempo y lugar; Que si de mi injusta estrella Hay centella Que me acuerde tu mudanza, No quiero tomar de ti más venganza, Con esto curar intento Mi pesar, si en mí hay pesar; (Ap.) (Pues celos no puede dar Quien no tiene entendimiento.) Al tuyo atento, Humildemente rendido, Los pies pido. No a ellos te arrojes postrado. (Al levantarle can los brazos Flor, sale Diana.) (Ap.) ¡Oh a qué mal tiempo a Cárlos he hallado! (Ap.) ¡Oh a qué mal tiempo Diana ha venido! Sea muy enhorabuena La paz, Flor, entre los dos, Pues así cesará... (Ap.) ¡Ay Dios! Hoy de Diana la pena; Que si enajena Cárlos su amor, claro está Que cesará La pasión a que ha venido. Pues esto, Flor, es lo que yo te pido; Licencia de hablar con Laura me da. Ya he dicho, Cárlos, que yo Aun para hablar la daré Con Diana. Basta que Hable con Laura. Eso no. Pues halló Mas tu amor, ¿qué duda ahora? ¿Quién ignora Que por no ofenderte en nada, No quiero más que hablar la criada? Pues ¿cuánto es mejor hablar la señora? Laura, ¿dónde está Diana? (Ap.) (Mucho haré en templarme.) Allí viene hacia nosotras. Di (Ap.) Que está aquí Cárlos. Tirana Altivez vana, ¡Esto me obligas a hacer! Mas si a saber Llega cómo Diana está, Venganza es que tomo, no bien que doy.) Ya Está aquí Diana. ¿Quién me quiere ver? (Ap.) (Dar a entender que a esta quiero Mientras está Flor delante, Es fuerza.) El más tino amante, Que con amor verdadero, Lisonjero Tu esplendor sigue: testigo Cuanto digo Es, que tu luz soberana Rendido idolatro, hermosa Diana. (A Diana.) Respóndele tú, pues habra contigo. ¿Cómo dudas que tú eres sol que adoro? ¡Ay de mí! ¿Quién te me ha eclipsado así? Ahora es bien que consideres, Si esto quieres, Cárlos, y esto te ha tenido Tan rendido, Y de mi tan olvidado, ¡Qué agravios de una necia habré llorado! ¡Qué celos de una loca habré tenido! (Vase.) ¿Fuése Flor? Sí, ya se fué. Pues apártate, villana. Pues ¿por qué se ha de apartar? Para que puedan mis ansias Hablar sin testigo. A mi No tienes que hablarme nada. (A Diana.) Si tengo. — Aparta. (A Giteta.) No apartes. ¡Oigan, y cómo me tratan, En yéndose de aquí Flor! Permite, hermosa Diana, Deja, bello dueño mío, Que entre tus brazos... Aguarda; Que pensaré al abrazarme, Según hoy liberal andas De abrazos, que más por uso Que por elección me abrazas. ¡Plegue a Dios, Diana mía, Que él me destruya, si hay causa A tu enojo! ¿Causa había De haber? Mis ojos se engañan. Sin engañarse los ojos, Puede... ¿Qué? Engañarse el alma. Claro está, que como ella Con los ojos no se trata, No ha de creer a los ojos. Si, mas la disculpa aguarda: Entrará por los oídos, Pues desta fábrica humana Los oídos son las puertas, Si los ojos las ventanas. Ahora bien, yo quiero irme, Que no sirvo aquí de nada. No te vayas, que a los dos Importa que no te vayas. Pues decidme algo, que no He de estarme hecha una estatua. ¿Qué quieres que a ti te diga, Monstruo, de mis penas causa? — Y volviendo a mi disculpa... ¿Qué disculpa? Oye y sabrásla. Informado ya de todo Cuanto entre los dos nos pasa. Que tú te viniste aquí, Que yo robé esta villana, in que los celos de Flor, De mi padre la amenaza Me acobardasen (que a un noble Amor nada le acobarda), Arrastrado de mi afecto, Ya que no de mi esperanza (Pues no la truje de verte), Osé entrar hasta esta sala. Si a Flor abracé... ¿Que aún no Lo niegas? No, porque echara A mal mi verdad, si en una Mentira fundar pensara Su apoyo... Con todo eso, Me holgara que lo negaras Aunque lo vi, y que mintieras; Que en el duelo de las damas Queda bien puesto el que miente, Si miente a desenojarlas. ¿No es mejor desenojar Con la verdad? Sí; mas ¿hayla? A Flor abracé, en albricias De que licencia me daba De hablarle; porque con ella Buscando el ingenio trazas De que el desengaño fuese Tratable con la mudanza, Me declaré como supe; Y ella, o presumida, o vana, Dando a entender que no siente, O que siente sin venganza, Lo concedió: ya lo viste. Y arrojándome a sus plantas (Que aún no fué abrazo), me tuvo... Cárlos, a quien tiene gana De perdonar y oye, presto Cualquier disculpa le basta. No hablemos en lo que ya Sucedió (cosas son raras El ver cuánto tras nosotros Acasos y errores andan); Sino al remedio acudamos De lo que suceder falla. Este engaño no es posible Durar, pues de hoy a mañana Ha de saberse quién soy; Y lo que dura es a causa De haber dicho yo que está Loca del susto Diana. Huélgome de saber eso, Que puede ser de importancia. Y así antes que el desengaño Cierre el paso a la esperanza, Mi padre y Fisberta lleguen A hacer Arbitras las armas, Tratemos salir de aquí; Que siendo deudo el de Francia, Nos amparará. ¿No sabes Cuántas vistas, cuántas guardas Tienes? Pues más imposible Es sacarte de mi casa, Que de la tuya. Una industria Se me ofrece. ¿Qué es? Yo, a causa De la locura o tristeza besa rústica villana, Diré que nada podrá Divertirla ni alegrarla Como la caza, porqué Es en extremo inclinada Al campo: con que podrá Ser que, sacándola a caza, Como en el monte tuvieses Caballos y gente, hallara Yo ocasión para escapar De la gente que nos guarda. Dices bien; y yo en lo inculto De la más fragosa estancia, Gente y caballos tendré Que nos guarden las espaldas. Y así la seña será, Porque no puedas errarla. Dos caballos, arrendados Ambos a una misma mata. Y ahora deja que a la industria, A la fineza y la traza Tus pies bese, agradecido. Alza del suelo, levanta. Hasta aquí hizo Flor: pues tú ¿Algo al favor no adelantas? Si, que en ella quizá fué El temor, pero no el alma. Sea muy enhorabuena. (Ap.) ¡Flor nos vió! (Ap.) ¡Qué pena! (Ap.) ¡Qué ansia! (A Gileta.) Bello dueño... i Ahora entro yo, Que no estaba aquí, aunque estaba! Aunque miro en tu salud Y en tu ingenio tal mudanza… ¿Qué ingenio o salú? Unas veces So Duquesa, otras villana, Unas monstruo, otras mi dueño. ¿So acaso vuesa pendanga Que del palo que queréis, Me hacéis con vuesas barajas? Me ha dado vida el pensar Lo que me asegura Laura, Que es que tales accidentes, Como pasiones del alma, Te han dado otras veces: cuya Noticia, con la esperanza De que vuelvan a vivir Tu ingenio, hermosura y gracia. Con los brazos la agradezco Y la vida. Basta, basta, Traidor, pues... (Ap.) (Pero mi tío Viene entrando en esta sala: Mude la razón de objeto, Pero no mude de rabia.) Pues ¿qué atrevimiento, Cárlos, Es este? ¡Tú en esta estancia, Tú en el cuarto de su Alteza! Diré al Duque cuanto pasa. ¿Qué has de decirle, si tú?... ¿Qué voces son estas? Tanta Es de Cárlos la osadía, Señor, que loco a esta sala Se ha entrado. sin advertir Que soy yo la que la guarda. (Ap.) ¡Vive Dios, que fué a avisarle, Y que no me dió de humana. Sino de cruel, licencia! Mas yo tomaré venganza, Dando color de camino A aquestas locuras, para Que cuide mi padre dellas Desde hoy con mayor instancia. Por cierto, Cárlos, que vos No lo miráis bien. ¿No basta Poner hoy en contingencia (Fisberto herido, Diana Ofendida y Flor quejosa) De perderse toda Italia; Sino que una atención sola, Que mi licencia resguarda. Que es el decoro con que Servirla intento y guardarla, También queráis destruir? Qué te admira, qué te espanta de que rompiendo tu ley, tu decoro y tu palabra, Locos extremos, no ya De amor, de dolor los haga? En la torre donde yo A obediencia tuya estaba, Me acaban de decir ahora (Que nunca a infelices falta Quien lleve las malas nuevas, O ellas se van, siendo malas; Que las desdichas, señor, De lodos saben la casa, Y ellas se van por su pié, Y no es menester llevarlas), Que Flor (pues no es tiempo ya De que disimule nada, En lágrimas y en suspiros La verdad deshecha salga), Envidiosamente fiera Rencorosamente ingrata, En venganza de sus celos Veneno ha dado a Diana. ¡Yo veneno! Tú, cruel, Tú, enemiga, tú, tirana. No lo creí hasta que ansioso Llegando a verla y hablarla, Hallé sin luces al sol, Sin albores la mañana, La púrpura sin matices, Y sin candores el nácar. Mira esa beldad, señor, Tan rendida y tan postrada Que entre confusas especies, De nada le sirve el alma; Y advierte ¿quién aventura Tu honor, tu opinión y fama, Flor, o yo? pues para el mundo Mi delito ha sido amarla, Y el de Flor aborrecerla. ¿Qué dirá Milán? ¿qué Mantua, viendo que hoy en tu poder Perdió el juicio a la tirana Fuerza de un veneno, quien Hoy vive en tu confianza? Pero yo la vengaré, Si no me das a tus plantas De mis delitos justicia, Y de los suyos venganza. (Vase.) Oye, aleve, aguarda, espera. (A Flor.) Espera tú, oye, aguarda; Que aunque no creo de ti Que anduvieses tan tirana, El resultar la. sospecha Contra mi seguro, basta Para sentir que se diga. Mal has hecho, temeraria, En mostrar tanto tus celos. ¡Yo! ¿Qué celos? Calla, calla. Si antes, para no mostrarlos, Te aconsejé los casaras. Eso es lo que más te acusa. ¿Cómo? Como es cosa clara que mostrar no tener celos Es mostrar tener venganza. Solo faltaba que tú Lo creas. Ya me espantaba Yo que del susto no mas Estuviese tan postrada La luz de su entendimiento. Pues si tú a Carlos abrazas En albricias de que este Accidente la maltrata Otras veces, ¿cómo agora De verla con él te espantas? Como eso dije yo a Cárlos Para no avivar la llama Contra ti, de la sospecha Que él traía. ¡Ay desdichada! Aun por eso estaba yo Hecha un veneno, una rabia. ¿De qué? De que me dejáis Sola con Cárlos y Laura; Pues en estando con gente, So la Duca, so la infanta, Y en quedándome con ellos, Como ellos quieren me tratan. (Vase.) Locuras son cuanto dice. ¡Qué desdicha! ¡Qué desgracia! La desgracia y la desdicha, No es sino que modo no baya Para que yo decir pueda Las contradicciones varias Que hallo en las dos; y pues es Fuerza por ahora dejarlas Al tiempo que las descubra, Lo que haré será, agraviada De tan villana sospecha, No verla, oírla, ni hablarla Todo el tiempo que estuviere En palacio, porque no haga Mas consecuencia a mi noble Esfuerzo, tan vil venganza. (Vase.) Dime, tú, Laura (que aunque Siempre su salud deseara, Nunca más que ahora, por no Dar a este motivo causa), ¿Qué haré para divertirla? Su inclinación es la caza: Sácala al campo, quizá El, señor, podrá alegrarla. Al instante mandaré Que al monte con ella salgan Mis cazadores. Fortuna, Dame alivio en penas tantas. Y a mi medio en tantas dudas, Recelos, temores y ansias. (Vanse.) Monte. ¿Arrendaste los caballos? A una mata los até Juntos a los dos, por que Podamos juntos hallarlos. Pues ve y pregunta por él; Y mientras yo aquí te espere, Donde quiera que estuviere, Dale, Fabio, ese papel. Yo lo haré; pero, señor, Primero que te obedezca, Una licencia merezca O mi lealtad o mi amor. ¿Qué quieres decirme? Cuando Apenas convalecido, Sin despedir le has salido De Mantua, solo, fiando De la noche tu venida, ¿Qué es tu intención en llamar A Cárlos aquí? Lograr El hallazgo de mi vida. De Milán, Fabio, salí, Ya lo sabes, solo a ver A Diana... Pero hacer Memoria de todo aquí, Excusado es; pues no es bien Decir, cuando abreviar trato, Ni cómo gané un retrato, Ni cómo perdí un desdén; Pues basta para el rigor De las fortunas que paso, Que le hallé por un acaso, Y perdí por un error. En fin herido (porqué Tiene cosas el acero De acreedor, pues el primero Es el más feliz) quedé: Cuyo accidente obligó Tu lealtad a declarar Quién era, para obligar A Diana (que se vió Convencida) a retirarse Tanto, que desde aquel día No la vió la luz del día. Yo viendo pues mejorarse Mi salud, y que no estaba Con buen propósito allí, Sin despedirme salí, Por pensar que el Duque estaba De parecer de tenerme Hasta que con Diana fiera Casado a Milán volviera; Y así, Fabio, por no verme Obligado a decir cuál La causa era que me dió Para no casarme yo (Porque esto de sentir mal De una dama, nunca obliga Que se presuma ni entienda, Pues uno es que ella me ofenda, Y otro es el que yo lo diga), De Mantua, en fin, me salí. Y considerando ahora Que nadie el desaire ignora Con que vuelvo, resolví Consultar a mi opinión. Que me llega a aconsejar No me vuelva sin tomar Alguna satisfacción. A este efecto, en esta parte, Término de Mantua, quiero Verme con Cárlos, primero Que me ausente; y así parte, Pues ya sabes que se funda Mi acción en que el hado quiera Vengarme de la primera, O morir en la segunda. Y pues va en ese papel Mi amor envuelto en mi ira, Búscale y dásele; y mira Que tú no vuelvas con él, Si él con otro no viniere. Yo bien quisiera, señor, Replicarte. Fuera error, Pues nada que sucediere Me está peor que a Milán Volver sin crédito y fama, Desairado de la dama Y ofendido del galán. SI que te obedezca es bien; Mas solo esta vez quisiera Poder excusarlo. (Vase.) ¡Fiera Suerte mía! ¿Habrá otro a quien Jamás haya sucedido Igual novela de amor, Celos, fortuna y rigor? Más hacia esta parte ruido Siento: retirarme quiero Entre estas ramas, no sea Que alguien por aquí me vea. Mas ya lograrlo no espero. (Entrase.) Ya que todos en la caza Se divierten, y yo alcanzo A ver la seña, pues veo Dos caballos arrendados A una mata, en uno quiero Ponerme; y más si reparo Que al venir yo, los desala Un hombre. Gente es de Cárlos Sin duda la que está aquí. Pues ¿qué temo? pues ¿qué aguardo? (Sale Fisberto.) Caballero, si sois quien Tiene orden... Mas ¡cielos santo! ¿Qué miro? ¡Cielos! ¿Qué veo? (Ap.) ¿Sí es ilusión? (Ap.) ¿Si es engaño? (Ap.) Porque do creo ¡ay de mí! Que sea verdad tanto pasmo. (Ap.) Porque no creo que sea Diana la que estoy mirando. (Para si.) (¿Caballos aquí, y Diana Con ellos? Este es Lisardo, Sin duda.) Amigo, es ya tiempo De poner mi amor en salvo. Sin que error ni acaso puedan... Pues ¿qué más error y acaso Que haber acaso y error Traídote a dar en mis manos? Vea el mundo que si al ver A Diana me acobardo, Al ver un contrario no; Pues un corazón hidalgo Mas se acobarda de ver A una dama, que a un contrario. Yo me huelgo de que tengas, A vista del desengaño, La ventaja del rencor. Iguales en eso estamos, Que la de favorecido Tienes tú. (Riñen.) ¡Fisberto! ¡Cárlos!... ¡Segunda vez de mi vida Y vuestra muerte teatro Hacéis la campaña? Aquí Vuelvo por ver si aquí hallo A Diana Ya están, señor, Prevenidos los caballos. Mas ¡qué miro! Mas ¡qué veo! (A voces.) Acudid todos volando, Que dan a Cárlos la muerte. ¡Aquí atrevimiento tanto! ¡Ay infeliz! ¿Qué esperáis? Prendedlo al punto, o matadlo. Deteneos, porque a mi Me habéis de hallar a su lado. ¿Tú le defiendes? Esto es Ser quien soy; que acompañado No Be de embestir a quien solo Me busca. — En ese caballo Os podéis poner, seguro De que yo la espalda os guardo. (Ap.) ¿Hay hidalguía tan grande? Mas decidme, ¿en qué quedamos? Enemigos como antes. Adiós, Fisberto... Adiós, Cárlos. (Hace que se va.) ¡Fisberto! ¿Qué escucho? No Os vais, detened el paso; que ya en vez de otra vénganla, serán la prisión mis brazos. Yo de vos los recibiera, Si pensara que obligaros Con ellos pudiera; pero Enemigos declarados, Mientras más lejos están, Están mejor. Yo no os llamo Para enemigo, sino Para, a vuestros pies postrado, Mostrar que soy vuestro amigo, Pues nadie es por hoy de Cárlos Mas enemigo que yo. — (Se oyen cajas.) Más ¿qué bélico aparato De cajas y de trompetas (Vase Fisberto.) Se oye? ¡Otro asombro! ¡Otro espanto! Señor, el duque de Mantua Con una tropa ha llegado Al término dese fuerte Que divide los estados, Y dice que de paz quiere Hablarte. Yo me adelanto A recibirle. Decidle Que llegue. (Vanse Clotaldo y Lisardo.) Pues se ha ausentado Mi padre, ya es el silencio Inútil. Dadme los brazos. De su vista me retiro. (Vase.) Yo de sus ojos me aparto. (Vase.) Clotaldo, las experiencias Que debemos a los años, Nos enseñan que el honor Se cura mejor con blandos Remedios que con crueles; Y así solicito hablaros De paz, antes que otra vez La guerra a romper volvamos: A cuya (a decirlo vuelva) Materia en público os hablo; Que ha de serlo el desempeño Cuanto lo ha sido el agravio. Cárlos... Ya sé que atrevido Os ofende; mas yo aguardo Satisfaceros por mí, Ya que no por él, mostrando El respeto y el decoro Con que el de Diana guardo. Robada la trujo; pero Sabiéndolo yo, A palacio La llevé, donde tan grande Fué su pena, fué su llanto, Que ha perturbado su juicio El dolor, asegurando La violencia su disculpa; Y así os entregaré a entrambos, Para que en ella estiméis Su virtud y su recato, Que queráis. — Llamad volando (A Lisardo.) A Diana y Cárlos. (Vase Lisardo.) ¿Quién Pudiera hacer que escuchando Esto estuviera Fisberto? ¿Quién decís que me ha llamado? Vuestro padre. ¿Quién acá Le trujo? Este es el milagro De hermosura y discreción... Este es otro nuevo engaño. ¿Esta bahía de ser mi hija? ¿Pues no lo es? No. ¡Cielos santos! Pues ¿cual puede serlo? Esta, Que yo a las plantas postrado De ambos, pingo, porque en mí, Y no en ella, os venguéis ambos. Pues ¿qué os obligó a decir Que no era ella? Un acaso. ¿Y a traer a esotra? Un error. Yo ofendido... Yo indignado... Del acaso... Y del error... En ella vengarme aguardo. Yo en él. Teneos los dos; Que habéis de verme a su lado En su defensa. Fisberto, ¡Vos aquí, y vos amparando Al enemigo! Si, que Una herida no es agravio, Sino desgracia; y una Hidalguía, que le pago, Siempre es deuda. Bien mostráis Los blasones soberanos De vuestra sangre. Pues no Los enviéis desairados, Volviendo a Milán yo airoso. Pues ¿cómo? decid. Llevando A Flor por esposa y dueño, Si es que merezco su mano. Yo soy dichosa, pues pierdo A quien no me quiso, y gano A quien me amó. ¿Con que yo Me vengo o quedar en blanco? Con que enmendada la suerte Del «Error y del Acaso», A vuestras plantas rendidos Nos ponemos, suplicando Que lo que se escribe aprisa No lo murmuréis de espacio.