Pedro Calderón de la Barca El divino Orfeo Auto sacramental alegórico [PERSONAS] EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS. LA ENVIDIA. ORFEO. LA NATURALEZA HUMANA. DÍA 1. DÍA 2. DÍA 3. DÍA 4. DÍA 5. DÍA 6. DÍA 7. LETEO, barquero. PLACER, villano. Suena un clarín. En el carro primero que será una nave negra y negras sus flámulas, banderolas, jarcias y gallardetes, pintadas de áspides por armas y dando vuelta, se ven en su popa el PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS y la ENVIDIA con bandas, plumas y bengalas negras. Ya que sulcar me veo sobre las negras ondas del Leteo, imaginado río que entre el caos y el abismo, imperio mío, corre veloz, por cuyas pardas nieblas el gran Príncipe soy de las tinieblas, ya que sulcar, digo otra vez, me veo sobre las negras ondas del Leteo, a quien por lo letal otro sentido ha de llamar el río del olvido, dé un bordo y otro esta supuesta nave, no del Austro impelida, que süave corre del mediodía, sino del Aquilón que el Norte envía. En corso ande hasta ver si erradas güellas me vuelven a rozar con las estrellas, y sí harán, si es que el día llega que ya antevió la ciencia mía en el retrato de la soberana, siempre feliz Naturaleza humana, por quien cosario intento dar fuerza a un alegórico argumento viendo que es ella, el día que ella sea alto ejemplar de la divina idea, el infestado triunfo que interesa mi aborrecido amor, siendo la presa con quien mi grande espíritu atrevido vuelva a sulcar las ondas del olvido. Suena el clarín, dando vuelta la nave. Si el sacro texto, al prevenir tus artes, ladrón te ha de llamar en tantas partes cuantas tus robos ya en mi mente llora, de Jericó en los campos de la aurora errante peregrino; cuantas al Padre de familias, digno precepto manda que en su guarda anhele y impedirá tus hurtos como vele; cuantas ronde el portillo, porque advierta el pastor que el ladrón no va a la puerta, sin otros infinitos lugares que baldón de tus delitos tu ilustre ser disfamen, ¿qué mucho, ya que ellos ladrón te llamen, que añadiendo pesares a pesares te llames tú pirata de los mares? Y no sin opiniones auténticas también tribulaciones las aguas se interpretan, pues ¿qué daños habrá que no cometan tus iras en su espuma, si hay quien tribulaciones las presuma? Hermosa Envidia mía, ya que el día vagamos sin el día y que hasta agora todo es noche oscura, vestido del color de mi ventura, al sacro solio mira, pues siempre perspicaz tu vista aspira a lo más alto, a ver si descubrimos señas del rumbo que a buscar venimos. Informe globo, aún la materia prima se está como se estaba; nada anima, nada vive ni alienta. Dentro, un instrumento. Sólo escucho una voz. Pues oye atenta. Suena muy lejos. Para nuestro oído no hay distancia que impida su sonido y voz que agora dulcemente grave quiera unir lo imperioso y lo süave, no dudo que voz sea que atraiga a sí cuanto atraer desea y más si atiendo en la sabiduría que debajo de métrica armonía todo ha de estar constando en cierto modo de número, medida y regla todo, tanto que disonara si faltara una sílaba o sobrara. Pues siendo así, ¿qué mucho músicas oiga? Escucha, pues. Ya escucho. Puesta en través la nave y ellos en su costado, se abre el segundo carro que será un globo celeste pintado de astros, signos y planetas en dos mitades, cayendo la una sobre el tablado y quedando la otra fija, de suerte que ORFEO, que sale de la una, pueda representar sobre la otra. Adviértase que cuanto represente ha de ser cantado en estilo recitativo, a cuya primer copla se abrirá el carro tercero en otras dos mitades, viéndose dentro de él los siete DÍAS reclinados, como dormidos, y en medio de ellos la NATURALEZA HUMANA. ¡Ah de ese informe embrión! ¡Ah de esa masa confusa a quien llamará el poeta caos y nada la escritura! Dormidos. ¿Quién será quien nos busca? Quien de la nada hacer el todo gusta. En no bien formado acento de torpe asonancia ruda aquella unida cadena, que todas las cosas junta y nada cada una espera ser un todo cada una, le responden. Atendamos a lo que el misterio oculta. ¡Ah de ese lóbrego seno! ¡Ah de esa cárcel obscura sobre cuya faz, de Dios el espíritu fluctúa! ¿Quién será quien nos busca? Quien de la nada hacer el todo gusta. Hágase la luz hermosa y en esa trabada lucha dividida de las sombras ella arda y todo luzga. Entre sueños. ¿Qué esplendor nos ilustra? El que en mi luz de las tinieblas triunfa. Siendo del Día Primero obra luciente esta pura antorcha que dividida de las sombras os alumbra. Sale de la parte de adentro, como rompiendo el peñasco, una hacha encendida, despierta el DÍA 1.º y tomándola en la mano, representa yéndose con ella. ¿Quién te dio luz tan pura? Voz que atractiva mueve a ir en su busca. Vase. Divididas de las aguas también hoy las aguas, unas queden en la tierra y otras a ser firmamento suban. Entre sueños. ¿Qué esfera nos circunda? Del Día Segundo, la estación segunda. Descúbrense en lo lejos del peñasco una perspectiva de ondas y despierta el DÍA 2.º Pues las aguas divididas en transparente cerúlea tez forman un pabellón que todo el ámbito cubra. En sueños. ¿Quién dio su arquitectura? Voz que atractiva mueve a ir en su busca. Vase. Las aguas que se quedaron sobre la tierra que inundan, dejándola árida y seca a un espacio se reduzcan que mar se llame; y porque estéril no esté, produzga fértiles plantas que crezcan según las especies suyas. En sueños. Qué golfos, qué verduras... Del Día Tercero son mansión fecunda. Despierta el DÍA 3.º con guirnalda de flores y ramos de frutas en las manos. Pues ya a la tierra, que estaba llena de grietas y arrugas, árboles, frutos y flores a matices la dibujan. En sueños. ¿Quién les dio flor y fruta? Voz que atractiva mueve a ir en su busca. ¿Qué voz es la que tras sí se lleva cuanto la escucha? Absorto estoy, pero atiende hasta ver lo que resulta. Los dos bellos luminares se hagan del sol y la luna, que él presida al claro día y ella a la noche nocturna. ¡Qué dos bellas criaturas! Del Cuarto Día majestad augusta Descúbrense en la cumbre del peñasco un sol, estrellas y luna y despierta el DÍA 4.º son las dos y no en las dos solas su esplendor se aúna, que todo el cielo se esmalta de hermosas estrellas rubias. En sueños. ¿Quién tanta luz divulga? Voz que atractiva mueve a ir en su busca. Vase. El vago espacio del aire, del mar la estación profunda habiten aves y peces, bajeles de escama y pluma. En sueños. ¡Qué dos veloces turbas! Del Quinto Día el alto afán anuncian. En las ondas que se descubrieron se ven correr por ellas algunos pescados y se echan a volar pájaros y despierta el DÍA 5.º Pues en el de mar y viento pueblan páramos y espumas los peces que le atraviesan y las aves que le cruzan. En sueños. ¿Quién hay que su alma infunda? Voz que atractiva mueve a ir en su busca. Vase. De diversos animales valles y montes se cubran, que rústicamente moren las entrañas de sus grutas. En sueños. ¡Qué variedad tan bella y tan robusta! La fatiga del Sexto Día divulga Por varias concavidades del peñasco se ven testas de diversos animales y despierta el DÍA 6.º esa bruta especie, pero no por eso se desluzga su Hacedor, pues ser no deja animada por ser bruta. ¿Quién les dio la fiereza y la hermosura? Voz que atrativa mueve a ir en su busca. Vase. ¡Absorto a tantos prodigios estoy! Yo elevada y muda y aun temo que aquí no paren las maravillas. Escucha. Ya que agua, aire, tierra y fuego, firmamento, sol y luna, estrellas, frutos y flores, pieles, escamas y plumas vienen a mi voz, de todos con majestad absoluta la humana Naturaleza goce ufana, porque en suma conozcan las criaturas que la Naturaleza de todo triunfa. Despierta la NATURALEZA HUMANA. ¿Qué soberano poder del no ser al ser me muda con vida para que anime y alma para que discurra? ¿Qué soberano poder, digo otra vez y otras muchas, de potencias me ilumina y de sentidos me ilustra? Y esto el mismo día que llama a los brutos, porque arguya cuánto a su ser diferencia mi ser, pues a vista suya con perfección más suma en mí el Día Sexto coronar procura. Canta ORFEO como siempre y ella le escucha sin verle suspensa. El que quiere que poseas todo el universo, a cuya causa en la porción del alma te hace a semejanza suya. Vive, pues, vive y anima, ya que para que nos una un lazo de amor y sea süave nuestra coyunda, mi voz te inspira, si ya tú no haces en la caduca, terrestre porción del cuerpo del que es tu oriente, tu tumba. Y pues de tanta tarea es bien que al descanso acuda, para que el Séptimo Día a mi culto se atribuya. Sobre todos esos seis, en quien mi voz ejecuta lo imperioso y lo atractivo, de tu libre albedrío usa; conozcan las criaturas que la Naturaleza de todo triunfa. Conozcan las criaturas que la Naturaleza de todo triunfa. Ciérrase el globo con él dentro. Suave acento que tras ti me llevas aguarda, escucha, que ya te sigo por donde no sé, que absorta y confusa dudo dónde se oculta voz que atractiva mueve a ir en su busca. Ciérrase el peñasco con ella dentro. Aquella hermosa beldad, que también en veloz fuga va tras la voz, es, Envidia, la que en sombras y figuras de un retrato me enseñó en mi primer patria augusta para jurarla mi reina y su esposa Dios, a cuya vista a un tiempo padecí las dos mortales angustias de odio y amor, empleando en mí sus dos fieras puntas, siendo, para que no extrañes el que me embistiesen juntas, de amor, por hacerla mía, de odio, por no verla suya; y pues brotando en baldones, en oprobios y en injurias mi rencor, dije que siendo, como era, inferior criatura, yo no había de adorarla, con cuya obstinada furia, comunero del impíreo, trayendo a mi bando muchas rebeldes tropas, en arma puse la celeste curia, de que resultó, perdida la batalla, hacer que huya a las tinieblas adonde sienta, llore, gima y sufra. Ya es tiempo de que borremos a Dios esta hermosa hechura haciéndola mía, si tú, Envidia, mi intento ayudas. Veamos si es muerta en culpa, que la Naturaleza de todo triunfa. Él y MÚSICA, dentro, a lo lejos. Si soy Envidia y padezco, Príncipe, las penas tuyas en la parte de ser de otros felicidades, ¿qué dudas? Áspid me llaman y pues hay flores, plantas y frutas y en frutas, plantas y flores dicen que el áspid se oculta. Ya que hay tierra, a tierra vamos y no receles, que astuta, arrastrando por la hierba que es la piel de mis calumnias, la planta le muerda el fiero veneno de mi cicuta, que corriendo al corazón sentido y razón ofusca; con cuyo desmayo tú, si a la tierra se la hurtas y con ella del olvido otra vez las ondas sulcas... Verás si el eco repetir rehúsa que la Naturaleza de todo triunfa. Dentro a lo lejos. En esa esperanza y esta ira, atiende a cuanto estudia de delirios un amor que en agua sus torres funda. ¡Oh tú, río del olvido!, pues que mi voz te conjura, para que también mi voz por la oposición perjura de Dios prodigios intente, de la verdinegra bruma de las ondas, cuyo seno en bóvedas te sepulta que han de ser a los mortales, si puedo, lóbregas urnas, la yerta cerviz levanta y haciendo que se sacuda de ella la escamada crencha, mi mágica voz escucha. Entre la ondas en que se mueve la nave ha de haber un escollo; este se abre y sale de él LETEO, vestido de barquero, con una guadaña por tridente. ¿Qué es, Príncipe, lo que quieres? Que esta nave que fluctúa el negro Ponto a tus ondas, en ellas se quede surta a tu gobierno con orden de que persona ninguna pase tu golfo sin que a mi imperio la reduzgas, en tanto que a tierra yo voy, llevado de mi astucia (¡mejor mi rencor dijera!) en otro traje a hacer una presa por quien diga Pablo, cuando al mundo te introduzgas, «la culpa entró por el hombre y la muerte por la culpa». De mí fía que no en vano a mi amarillez adusta el griego idioma Aqueronte, que es decir fría, caduca, vil, yerta y pálida imagen, hará que el nombre traduzga, cuando al tocar mis orillas vea el cielo que se asustan los humanos pavoridos de mi macilenta, mustia tez, haciendo que obedezcan tus órdenes con tan dura ley que el que una vez las pase, no vuelva a pasarlas nunca. De ti lo espero y yo haré, si es que me vale mi industria, que tu tridente sus fueros pase al orbe. Sus agudas cuchillas serán guadaña que en fúnebres sepolturas abran la tierra, si tú la posees. La chalupa llegue a bordo, que has de verte... Sí hará, si mi horror te ayuda. De aquesa presa pirata... Ladrón de aquesa hermosura... Por más que dice ese acento... Por más que esa voz pronuncia... Si ambos me ayudáis, ¿qué importa que ellos repetir presuman: Puesto que es de tantas bellas criaturas la Naturaleza reina absoluta, hoy el Placer vea de todas juntas que la Naturaleza de todas triunfa? Con esta repetición, sonando a un tiempo el clarín, la MÚSICA y la representación, da vuelta la nave con el PRÍNCIPE y la ENVIDIA; el escollo se cierra con LETEO y salen del carro del peñasco los DÍAS cantando y bailando delante de la NATURALEZA y el PLACER con ellos, introducido en su festejo, cuya copla se repite lo que tarden en desaparecer escollo y nave. Puesto que es de tantas bellas criaturas la Naturaleza reina absoluta, hoy el placer vea de todas juntas que la Naturaleza de todas triunfa. Si es que el Placer lo ha de ver, bien es que a la fiesta acuda, pues para aquesta ocasión fue de otro festín resulta, y así, pues todos tenéis hoy el placer de que cumpla el cielo las perfecciones del ser que no fuera nunca, si él no quisiera que fuera, usando de la dulzura de su voz no viene mal que con todas me introduzga Canta. diciendo de fiesta, de jira y de bulla... Con todos. puesto que es de tantas bellas criaturas Y baila. la Naturaleza reina absoluta, hoy el Placer vea de todas juntas que la Naturaleza de todas triunfa. Ya que vamos, claros Días, en busca de aquella voz que dulcemente veloz vuestras dichas y las mías del no ser al ser eleva, sin ver a quién se le debe, pues sólo un «sea» nos mueve, sólo un «hágase» nos lleva, ¿no será bien que rendidos, en fee de que pretendemos conocerle, que a él pasemos la alabanza agradecidos que a mí me ofrecéis y en muestras de amor, de nuestra alegría, al descanso de su día, de las grandes obras nuestras debidas gracias? Sí. Pues conmigo decid en tanto que a él hallemos ahora un canto que será salmo después. Ella representa y todos cantan alrededor de ella, danzando y bailando. Representando. Al Señor confesemos... Cantado. Al Señor confesemos... Que con una voz sola... Que con una voz sola... Es el principio y fin... Es el principio y fin... De tantas bellas obras. De tantas bellas obras. Confesemos su gloria... Confesemos su gloria... Pues es en eterno su misericordia. Pues es en eterno su misericordia. Al que es Dios de los dioses y, según la fee informa, es en la esencia uno y trino en las personas. Confesemos su gloria pues es en eterno su misericordia. Señor de los señores, que con su poderosa mano da a la más ruda materia bella forma. Confesemos su gloria pues es en eterno su misericordia. Al que en su entendimiento, con sólo querer obra de nuevas maravillas las fábricas hermosas. Confesemos su gloria pues es en eterno su misericordia. Al que afirmó la tierra sobre las vagas ondas y hizo dos luminares de luces y de sombras. Confesemos su gloria pues es en eterno su misericordia. Al que pobló la tierra de escuadrones de rosas y de peces y aves, el mar y el aire a tropas. Confesemos su gloria pues es en eterno su misericordia. Al que manchó de varios colores pieles toscas, que en solo brutos pueden ser las manchas curiosas. Confesemos su gloria pues es en eterno su misericordia. Y pidámosle todos con mil ansias devotas que de los que le buscan ni se oculte ni esconda. Sale ORFEO cantando. No hará, beldad hermosa, porque es en eterno su misericordia. ¿Siempre su voz ha de ser suave, dulce y amorosa? Sí, que como es perfección el canto, hasta de él se adorna. Y para que vean los Días que alimentaron las horas, que quien me busque me halle, que a quien me llame responda y a quien me pida conceda, al paso os salgo, de forma que agradecida mi fee a esas ansias amorosas quiero que se conozca cuánto es en eterno mi misericordia. Enamorado de ti, porque a mi amor correspondas, la gala de las finezas vestí en traje de lisonjas usando de aquella voz, que a tus ojos misteriosa la gran fábrica del mundo puso en primores de solfa, y tanto que si a la tierra sobresaliera una roca, un átomo al aire, al fuego un rayo, al mar una gota, todo disonara y siendo así que es música toda su acorde unión, bien en fee de habilidad tan heroica y de ser Hijo del Sol de Justicia, cuya antorcha Dios de Dios y Luz de Luz en sus símbolos me nombra, espero que de mi amor te obligues, zagala hermosa, pues ya se sabe que un alma en gracia es mi mejor boda, mostrando al ser mi esposa cuánto es en eterno mi misericordia. Bello músico que inspiras, galán poeta que formas tan perfectos los acentos que a sus cláusulas sonoras las aves su vuelo inclinan, los peces su esfera cortan, los brutos su estancia dejan, las flores dejan su alfombra, los árboles sus raíces y aun yendo andando sus copas, sin ser la voluntad tuya, no se movieran sus hojas; tan humilde, tan rendida, tan voluntaria se postra a ti el alma que confiesa ser más esclava que esposa. Mas ¿qué mucho, si te ama, si te adora? Porque es en eterno tu misericordia. Entra a mi florido alcázar cuya estancia deleitosa tu eterna patria será edades siempre dichosas sin que conozcas qué es penalidad ni congoja, pues aun lo que es muerte yo haré que no lo conozcas, mientras tú advertida vivas de que entre flores y rosas puede haber áspid que intente verter la amarga ponzoña de sus iras, infestando la más matizada poma que yo te señale en quien su mortal veneno ponga. Si tú me adviertes y yo a tu voz he de estar pronta, ¿qué veneno habrá que tema, si no ha de haber ley que rompa? Ven, pues, y todos venid, pues en su edad venturosa ella ha de gozar los días que eternos siglos compongan. Venid y cantando sea, para que, hablando en su propia frase, le suene mejor lo que de nosotros oiga. Al Señor confesemos, que con una voz sola es el principio y fin de tantas bellas obras. Confesemos su gloria, pues es en eterno su misericordia. Haciendo la MÚSICA y los DÍAS dos alas, se entran por en medio de ellos ORFEO y la NATURALEZA, dadas las manos, y todos con sumisión los siguen cantando. Queda el PLACER solo y salen el PRÍNCIPE y la ENVIDIA, vestidos de villanos. ¿No es bueno que ya de miedo no puedo entrar en la trova al oír que entre las flores hay áspides que se escondan? Ya a la vista del empeño, Envidia, estamos, si notas que del damasceno campo, donde la busca y la informa, a su ameno paraíso la lleva. Pensemos forma de introducirnos en él. Pues lo primero que topa la Envidia es con el Placer de otros y el ser nos emboza villanos como él y el traje tal vez las almas conforma, de él nos valgamos. ¿No fuera más conveniente por otra razón? ¿Qué razón? Que siendo su Placer, fuera gran cosa le hiciéramos su pesar. Vanse acercando a él. ¿Quién anda por aquí? ¡Hola! ¿Qué fuera que fuera el áspid? Quien no se atreve, no logra; ignorantes nos finjamos con sencillez cautelosa para asegurarle. Pues atrás le deja la tropa, quizá porque menester no ha más Placer del que goza, tenle. Sí haré; mas ¡ay, triste! Retírase de él. ¿Qué te retiras y asombras? ¡Ay! Que es Placer y no puedo tenerle yo. Tiénele la ENVIDIA. Llega agora, que para hacerle pesar que sea Placer, ¿qué importa? Tente, rústico pastor. Villano, tente. Cógenle los dos en medio. ¡Ay de mí! ¿Si anda el áspid por aquí? ¿Pues de qué tienes temor? De veros a vos y a vos. ¿Eso qué te desconfía? Que cuando un áspid temía, pienso que he dado con dos. ¿Por qué lo dices, villano? Porque tenéis, a mi ver, cara de echar a perder a todo el género humano. ¿Quién diablo sois que no os vi otra vez ni veros quiero? Tan instante mi primero placer fue que sería así. Dos extranjeros pastores somos que huyendo venimos de otra patria en que nacimos los siempre usados rigores con que la propia nos trata; y así a restaurar su pena vamos buscando la ajena y viendo que se dilata de esta la voz, en cuanto es abundante, rica y bella, nos quedaremos en ella, si hay en qué ocuparnos, pues habiendo jardines bellos y sabiendo agricultura, será de todos ventura introducirnos en ellos. A aqueste efecto de ti nos quisiéramos valer. Y de camino saber qué tierra es y quién aquí vive y qué voz es aquesta que hace los montes mudar. Por Dios, que me he de vengar del susto y que ha de haber fiesta, pues para dar que reír, propio oficio del Placer, una fábula ha de ser la que les he de decir. La tierra a que habéis llegado, haced labradores cuenta que es la gran isla de Tracia, fértil pedazo de Grecia, Aparte. bravos delirios les digo, si ya el curioso no atienda que los delirios adrede tal vez fueron sutilezas. Entre otras grandezas suyas, es hoy su mayor grandeza un músico que a su voz no hay cosa que no se mueva, a cuya causa es su nombre Orfeo, que se interpreta dorada voz o voz de oro, porque como el oro tenga virtud atractiva, pasa a la voz sus excelencias. Hijo dicen que es del Sol y aun el Sol mismo pudiera ser, según igual el Padre concepto de luz le engendra. Este músico de Gracia (equivocóse la lengua, de Tracia quise decir...); pero poco hay que se pierda en que de Gracia le llame y pues es la suya inmensa, con tuis amicis non te ponas in una litera, tiene una esposa tan linda que lo menos que hay en ella es la belleza, mirad cuáles en sus excelencias las demás serán, si es la de menos la belleza. No hay ciencia de que no esté dotada, tanto que al verla tan sabia que incluye toda la erudición de las ciencias, Eurídice la han llamado los que al pronunciarla alteran al nombre de erudición el acento o la cadencia (¡cuáles están, aunque en griego les hablo, la boca abierta!). Dríade, ninfa del agua, hay quien diga que es; mas esta razón pienso que es porque una gran ventura espera que por agua ha de venirla. En fin, en estas florestas que son bello paraíso (bien que poco el serlo cuesta, pues si él dice: vengan flores, vienen flores; frutos vengan, vienen frutos, fuentes, ríos, troncos, aves, peces, fieras) tanto a Eurídice Orfeo ama que pienso que si la viera Dentro, los instrumentos. en el infierno... Mas esto para adelante se queda pendiente agora, porque él se ha retirado y ella discurriendo espacios ya de jardines, ya de selvas, viene hacia aquí; si servirla deseáis, la diligencia con ella haced, no conmigo, que si por mi voto fuera, no os recibiera, porque, si no me mienten las señas, traza tenéis de no ser buenos en Dios y en conciencia para nada de esta vida. Con esto, adiós; buenos quedan con la fabulilla y más si agora engañados llegan como a Eurídice a decirla que en su servicio los tenga. Vase. ¿De qué suspenso has quedado? De que este villano crea que con la verdad me engaña. Pues ¿puede ser verdad esta? La Gentilidad, Envidia, idólatramente ciega, teniendo de las verdades lejanas noticias, piensa que a falsos dioses y ninfas atribuya las inmensas obras de un Dios solo y como sin luz de fee andan a ciegas, hará con las ignorancias sospechosas las creencias. ¡Cuántas veces se verán los poetas y profetas acordes donde se rocen verdades en sombra envueltas! ¿Qué más Faetonte que yo, que por gobernar la excelsa carroza del Sol caí? Y de esta misma manera habrá infinitos lugares que por repetidos deja mi voz en que se confronten divinas y humanas letras, en la consonancia amigas y en la religión opuestas. Y siendo así que aquel texto de la sabiduría eterna que la armonía del mundo medida y número tenga, careado con Isaías adonde cantar intenta lo que Cristo cantará a su viña que es la Iglesia de este soberano Orfeo, le han de entender cuantos vean que la música no es más que una consonancia y que esta está tan ejecutada en la fábrica perfecta del instrumento del mundo que en segura consecuencia es Dios su músico, pues voz y instrumento concuerda. ¿Quién quita que haya adelante quien una verdad tan cierta la vicie hacia algún mortal, refiriendo a la elocuencia de su voz, que a su dictamen se mude cuanto le atienda? Y así, para ver si sale la fábula en todo entera, he de ser yo el Aristeo que esta hermosura previerta, no sin etimología también; ¿de Antitheos la letra contra Dios no se traduce? Y corrompida, ¿no suena casi lo mismo Antitheo que Aristeo? Pues atenta desde aquí, Envidia, a dos luces, a dos visos, dos ideas, verás si dice la historia lo que a la fábula resta. Yo, pues en la alegoría, si algo penetro a tus ciencias, discurro que ha de haber áspid que el pie a la Eurídice muerda. Haré mi papel en flores y frutos, pues nadie llega a ignorar cuánto la Envidia áspid es. Los instrumentos. Calla, que llega. Bien las músicas lo dicen de la hermosa primavera de sus días. Toda es aplausos, dichas y fiestas. Salen los DÍAS y músicos cantando y la NATURALEZA ricamente vestida detrás, como señora de ellos; cada uno tray las insinias de su creación, la hacha el DÍA 1.º y el 3.º, las frutas y flores, etc. Pisa, pisa con tiento las flores, quedito, pasito, divina belleza; pisa, pisa, con tiento las flores, que dice el amor que anda el áspid en ellas. ¡Qué alegres que son los días que en esta apacible esfera me asisten, pues no hay sentido que sus obras no diviertan! Quedito, pasito, divina belleza. Dígalo la vista en luces, dígalo el oído en tiernas cláusulas de fuentes y aves; el tacto, en las auras bellas; el olfato, en los aromas y el gusto, en frutas diversas. Quedito, pasito, que anda el áspid en ellas. Feliz yo, que tantas dichas gozo. Mas... ¿qué gente es esta? Ve a los dos. ¡Turbado estoy! Llega tú, que yo inspiraré tu lengua. Cuidado con que habla el áspid, porque el demonio le alienta. Llega a hablarla la ENVIDIA y el PRÍNCIPE detrás de ella, como que la dicta al oído lo que dice, representando lo mismo el uno quedo que la otra en voz. Quien de otra extranjera patria, sabiendo las dichas de esta, no sin mérito en alguna habilidad que profesa, viene a servirte, si es que tanta dicha merezca. ¿Qué habilidad es la tuya? La agricultura en que emplea mi estudio tantas auroras, que no hay flor, planta ni hierba, fruta ni hoja de quien yo las cualidades no sepa. Y para que lo conozcas, Al oído. pasemos a una experiencia. Y para que lo conozcas, En voz. pasemos a una experiencia. ¿Por qué de todas las frutas...? ¿Por qué de todas las frutas...? ¿Que te previno la tierra...? ¿Que te previno la tierra...? ¿No comes? ¿No comes? De todas como, sino solamente de esta que de mi esposo excetada sólo me permite verla. Señala un manzano que habrá entre otros árboles en el peñasco. ¿Por qué? ¿Por qué? O porque más hermosa está a más riesgos expuesta de los tósigos de un áspid o porque al mandarlo él, tenga lo superior de su ser algún culto en la obediencia que inferior me reconozca. ¡Ay! Que no es la causa esa. ¡Ay! Que no es la causa esa. Pues, ¿cuál es? Que en ella está. Que en ella está. Del bien y del mal la ciencia. Del bien y del mal la ciencia. Porque no seas divina como él, ese árbol te veda. Porque no seas divina como él, ese árbol te veda. Y para que no lo dudes, llega a examinarlo, llega. Y para que no lo dudes llega a examinarlo, llega. Come y como Dios serás. Come y como Dios serás. Toma una manzana del árbol. ¡Qué misteriosa propuesta! ¡Y qué hermosa es la manzana! Mas no a tocarla me atreva, no se ofenda, aunque si soy divina como él, no tema; pues en viéndome su igual, ¿qué imperio tendrá la ofensa? Tómala y hace como que la gusta. Mas ¡ay infeliz de mí! Mientras padece la fuerza del veneno de que ya la nueva Eurídice queda herida, a esperarla tú ve a la lóbrega ribera del olvido, que yo haré, pues me he de quedar con ella sombra siendo de su culpa, que, como noche funesta, al ir pasando los Días, a dar en tus manos venga. Vase. A esperarla voy. Vase. ¡Ay triste! ¡Qué nuevo pasmo! ¡Qué nueva ansia! ¡Qué nueva aflicción, tanto el corazón estrecha que ya no cabiendo en el pecho revienta y para salir, a pedazos se quiebra! ¿Qué es lo que sientes? No sé. ¡Una agonía, una pena, una angustia, una congoja, un dolor, una violencia, un parasismo, un letargo, un frenesí, una tristeza, un delirio, una ilusión..., que tras sí la vida lleva tan arrastrada que apenas conozco mi ser, y es verdad, pues que sólo es a penas! ¿No dirás de que te afliges? ¿De qué lloras? ¿De qué tiemblas? ¿Qué te asusta? ¿Qué te asombra? ¿Qué te atemoriza? Esa llama que espada de fuego Primer Día representa, blandida en tu mano una ardiente ondeada culebra que de mi patria me arroja. No, no la esgrimas, espera, detente, no pases, que al ver que te acercas me afliges, me asustas, me abrasas, me quemas. Va pasando el DÍA 1.º y sale por detrás de él la ENVIDIA vestida de negro, con manto largo y banda en el rostro y, haciendo ación como que le apresura para que pase, se queda ella en su lugar y con todos hace lo mismo de suerte que siempre haya noche entre uno y otro DÍA. ¡Oh, quién hiciera que en culpa pasaran los días apriesa! Detente. ¿Cómo es posible? ¿Qué? ¿Que el Día se detenga y más cuando está la noche haciendo a que pase fuerza? ¿Qué me ha sucedido en ti? Dígalo el que me suceda, que si hasta aquí fuimos todos uno en la igualdad de aquella tranquila paz, es preciso que ya unos tras otros vengan. Pasa el DÍA 1.º ¡Ay, que entre uno y otro Día está la noche interpuesta! ¡Qué horrible! ¡Qué oscura! ¡Qué triste! ¡Qué negra! Mas ¡ay, que es imagen de mi inobediencia! ¿Quién pudiera de ella huir? Pasa el DÍA 2.º, apresurándole la Noche. ¿Dónde has de ir? Donde no vea, Día Segundo, que tu cielo se viste de nubes densas en llegándole la noche y que ellas rayos engendran que en relámpagos y truenos no hay monte que no estremezcan. Mira. ¿Qué, Tercero Día, he de ver, si veo la Tierra que en ti vi llena de flores, de abrojos y espinas llena? ¡Mal hayan tus frutas, tus plantas, tus hierbas, que perlas conciben y áspides engendran! Advierte. ¿Qué he de advertir, si astros, sol, luna y estrellas, adornos del Cuarto Día, a la crisis se sujetan de las fiebres de un eclipse? Atiende. ¿A qué, si me anegas, Día Quinto, al explayar de tus cárceles de arena las ondas de mil marinos monstruos tu espuma cubierta, y tu aire de funestos pájaros que en vez de tiernas cláusulas, roncos gemidos sólo entonan? Considera. ¿Qué puedo considerar, Sexto Día, si tus fieras, que humildes estaban, contra mí sangrientas las garras aguzan, afilan las presas? ¿Qué rebelado motín contra la Naturaleza es este? ¿Todos los Días contra mí? Sí. ¿Que aún no fuera alguno en mi favor? No. Porque mires... Porque adviertas... Que los Días las desdichas las ven, mas no las remedian. Sale el PLACER. ¿«Que los Días las desdichas las ven, mas no las remedian»? ¿Qué alboroto será este? ¿Quién eres tú? Quien quisiera, por no mirarte tan otra, tan ajada y tan deshecha, como hermosura por quien pasan días, que la tierra le tragara. Pues, Placer, ¿también tú el pesar me aumentas? ¿Qué culpa el Placer tendrá, si tú el oficio le truecas? Grande fue mi culpa, pues pudo su ofensa hacer que el Placer en pesar se convierta; mas ¿cómo si los Días pasan, fija la noche se queda? Es la imagen de tu culpa y así que te siga es fuerza. De ti huiré. Vase hacia la nave del LETEO. Será hacia donde quiero yo, porque se vea que no hay otra senda ya. Y tan pavorosa senda que, mal afirmado el pie, al pisarla desalienta, el corazón desfallece; mas si los Días me dejan, claro es que faltar los Días es morir, ¿dónde suspensa, helada, torpe, caduca, desmayada, absorta y ciega iré a parar? A mis brazos, de donde pasarte pueda a las ondas del olvido. ¡Leteo! Sale el PRÍNCIPE a tiempo que ella, tropezando, cay en sus brazos desmayada. Sale LETEO. ¿Qué mandas? Esta es la presa que cosario del mar, ladrón de la tierra, robada a mi imperio traigo; ya es tuya, carga con ella y pase de esotra parte del vivir. Temor no tengas, que ya en mi poder y ya introducida mi fiera saña en los mortales haya quien pase mi línea y vuelva. Vase LETEO, llevándola. Yo lo dudo. ¿Tú lo dudas? Sí, si hay curioso que atienda que no es la muerte del cuerpo, sino la del alma esta. Vanse los dos. EURÍDICE, dentro. ¡Ay infelice de mí! ¿Cómo, decí, a socorrerla no vais, perezosos Días? Como nos faltan las fuerzas, que los Días las desdichas las ven, mas no las remedian... Sale ORFEO. ¿Que los Días las desdichas las ven mas no las remedian? Bien lo sé; pero aquí importa que humano modo se entienda. ¿Qué voces aquestas son? Dígalo esta llama muerta. Dígalo empañado el cielo. Las flores de espinas llenas. De luna y sol los eclipses. De viento y mar las tormentas. El rebelión de los brutos. Y el Placer vuelto en tristeza. Al ver que de un áspid. Herida se lleva. Tirano pirata. De esas ondas negras. Orfeo divino. A tu Eurídice bella. Canta, como llorando. ¡Ay infeliz de aquella que hizo verdad haber quien de error muera! Moriste, ninfa bella, en edad floreciente; tu ocaso fue tu oriente, pues su primera güella ajó la luz de tu mejor estrella. ¡Ay infeliz de aquella que hizo verdad haber quien de error muera! Mal mi amor has pagado, mal las finezas mías; díganlo alegres Días que tristes han quedado, llorando todos tu infelice estado, y yo también lo diga, pues si llorar pudiera mi ser, de celos fuera, cuando tan enemiga ingratitud al sentimiento obliga. Pero aunque nada abona usar de tu albedrío contra mí, el amor mío de tan fino blasona que lo que ama dirá lo que perdona, y así, aunque es infinito tu delito y le siento por tal, un instrumento que labrar solicito dirá si es más mi amor que tu delito, cuando en dulce querella llegue al cielo mi llanto, que, convertido en canto, diga a su esfera bella... Con la MÚSICA. ¡Ay infeliz de aquella que hizo verdad haber quien de amor muera! Vase ORFEO. ¿En qué pararán extremos que unir saben armonías y lágrimas? Pues sois Días, id pasando y lo veremos. Pasan los DÍAS mirando adentro. Los ojos en el madero que el áspid avenenó puso tiernos. Y notó otro después, de que infiero que ya que la muerte está en un madero escondida, piensa en otro hallar la vida. Así el himno lo dirá. Ya elegido con mil pías ansias a él se abraza en fee de su amor. ¡Oh, lo que ve el que ve pasar los días! Como es dar salud su intento, de él (dejando lo historial por lo mixto) el celestial Orfeo labra el instrumento en que ha de cantar humano la letra de una canción, que fue en la R, Redención. Dos líneas que soberano cruzar en él solicita, de tres clavijas compone. Y las cuerdas que le pone de las manos se las quita. Con que en tres pruebas si dio salud, si salud espera dar y salud verdadera, en Jesús se interpretó ese instrumento de tres clavijas y tres maderos a los siglos venideros cítara de Jesús es. Al hombro carga con ella. Y su yugo para él grave a todos será süave. Oíd su amorosa querella. Sale ORFEO con una arpa al hombro, cantando, en cuyo bastón vendrá hecha una Cruz. Perdida esposa mía, que mordida de un áspid del Reino del Olvido en las tinieblas yaces, mira lo que me debes, pues si en desdichas tales te pierdo como esposo, te busco como amante. No sólo por ti al suelo quiso el Amor que baje, mas por ti también quiere que hasta el abismo pase, para cuyo camino ha dispuesto que labre instrumento que al hombro arrodillar me hace, siendo cada clavija un hierro penetrante, cada cuerda un azote y un golpe cada traste. Tan llena está de abrojos la senda que dejaste que al pisarla la voy regando con mi sangre. Mas aunque áspera sea y el instrumento grave, orillas del Leteo por si le muevo, cante. Oigan cuales los Días admirados no saben lo que pasa por ellos. ¿Quién quieres que lo alcance? ¡Ah de las negras ondas, piloto de esa nave, a quien llamó Aqueronte su pálido semblante! Sale LETEO del escollo. ¿Cúya será esta voz que el eco al viento esparce, tal que aun a mí me elevan sus cláusulas finales? ¡Ah del siempre temido golfo cuyos embates entre tierra y abismo juridiciones parten! ¿Quién sin temor se atreve a pisar de este margen las víboras nocivas que en sus arenas nacen? Quien su erizado golfo pretende que le pases. El primer mortal eres que voluntario trae ese intento, que aquí hasta hoy no llegó nadie sino forzado. Yo no sólo he de mostrarte que voluntario quiero navegar tus raudales, pero para volver pasar de esotra parte. Pasar es fácil, pero volver no será fácil, que el pasar es morir y es el morir cerrarte las puertas de la vida. Para ellas habrá llave. ¿Cuál puede ser? Mi voz, pues hará que se ablanden en láminas de bronce candados de diamante, por quien sagrado texto dirá en altos anales que al dejar exaltado la tierra por el aire, no hubo cosa que a mí no trujese. Cobarde tu voz escucho. ¿Quién fue a suspender bastante, con miedos en que viva, temores con que mate? Pero ¿yo me suspendo? Tente, mortal, no pases mi línea en confianza de canto semejante, que pues mortal te veo, sin que respeto guarde ni a luz que me retira, ni a lira que me atrae, harás que mi tridente, blandidos los fatales filos de tres cuchillas, primero haya de darte la muerte, si es que quieres que en mi bajel te embarque. Yo te doy la licencia que antes di a otros ultrajes y pues yo lo permito, ¿qué habrá que te acobarde? No sé, que a ti te teme quien no ha temido a nadie. Pero mortal te veo y bañado en la sangre de mortales heridas; no sé más y así acabe contigo mi fiereza. Hace como que le hiere y, dado el golpe, cay a sus plantas y pasa encima de él ORFEO. Mas, ¡ay!, que al mismo instante que mato muero, pues toda mi furia cae a tus plantas, adonde muerta la muerte yace. Por encima de mí trasciende los umbrales del morir. En tan triste, en tan estrecho trance, Padre mío, Padre mío, ¿por qué me desamparaste? Cayendo LETEO y levantando y cantando ORFEO, se abre el peñasco y entran los dos en él, a cuyo tiempo se hace dentro ruido de terremoto. ¡Qué asombro! ¡Qué confusión! ¡Todo es escándalo el aire! ¡Toda temblores la tierra! ¡Todos tormentas los mares! ¡Todo el cielo confusiones! Siempre el ruido. En terremoto tan grande, ¡ay infelice de mí, la luz a mis ojos falte! Cai el DÍA 6.º desmayado y todos alrededor de él, como asombrados. ¿Qué es esto? Que el Sexto Día, aunque habrá quien le consagre a Venus por cuya estrella Día Veneris se llame, de quien se derive el Viernes, viendo que a la media tarde de su edad padece el sol un parasismo tan grande, El ruido. se ha desmayado. ¿Qué mucho si a todos temblar nos hace? ¡Qué pasmo! ¡Qué horror! Más es que al ruido de asombros tales el Sexto Día no vuelva. Esto en silencio no pase y es que la Naturaleza fue del Sexto Día dictamen y responde al que se críe el día que se restaure. Vuelve en ti. Cobra el aliento. Respira. Anima. Dejadme llegar a mí. Y a mí y todo. Que yo sé de sus pesares el remedio ya. Y yo he visto ya de su salud señales. Feliz Día, vuelve en ti, que el Orfeo, a quien tan grandes finezas debió su esposa ya que se arrojó constante a los golfos de la muerte, de ella vitorioso sale. Y tanto que ya en el alto árbol mayor de su nave con ella a sus pies vencida se ve. Vuelva a nuevas tales en mí, pues que me le enseñan en sus afectos iguales la piedad del Primer Día, al Tercero Día triunfante de las fuerzas del abismo y el instrumento que trae en su mano, porque juntas suenen realidad y imagen. Vese en el carro de la nave negra, arrimado al árbol mayor, que será una Cruz, el ORFEO y a sus pies LETEO y, subiendo en elevación, da vuelta la nave con un CORO de música; y a este tiempo salen al tablado PRÍNCIPE y ENVIDIA. Abrid las puertas, abrid, funestas obscuridades, las aldabas y cerrojos de vuestra lóbrega cárcel. ¿Quién, Leteo, pudo ser cisne que en tus ondas cante? Quien muriendo destruyó la muerte, porque repare la ajena vida, siendo hoy él el muerto y yo el cadáver. ¡Qué miro, Envidia! ¿qué es esto? No sé, porque la que antes fue áspid al veneno, agora también al conjuro es áspid. Abrid las puertas, abrid. Su vista y su voz me espanten. ¿A quién? Al Príncipe vuestro. No más, esas señas basten y no es la primera vez que el arpa espíritus lance, pues sombra de esa Saúl la tembló en David no en balde. ¿Qué quieres, divino Orfeo, ya que tu voz en mí mande? Que me vuelvas a mi Esposa que en tus calabozos yace. Es presa mía. Representado. No basta a que mi voz no la saque del limbo que la sepulta, como repitiendo a él llame. Cantado. Abrid las puertas, abrid, confusas obscuridades, las aldabas y cerrojos de vuestra lóbrega cárcel. Ábrese el escollo y sale la NATURALEZA como admirada. ¿Quién ilumina las sombras con tan divinos celajes, que en ellas segundo sol de segunda aurora nace? Quien para sacarte de ellas de este instrumento se vale, logrando honores de esposo sobre finezas de amante. Vuelve a cobrarte en los Días felices que antes gozaste y pues yo en la nave quedo de la muerte por librarte, a la nave de la vida pasa tú. Ven donde halles en nosotros la obediencia de antiguas felicidades. Tan gran fineza de amor solo el silencio la ensalce. Llévanla los DÍAS al cuarto carro, que será una nave, en oposición de la primera, dorada, con flámulas y gallardetes blancos y encarnados, pintados en ellos el Sacramento y por fanal un Cáliz grande con una Hostia. ¿Qué importa que ellos la lleven, si siempre que ella inconstante peque y tú el rostro la vuelvas ha de volver a mi cárcel? Cuidado, porque ni aun esto a la metáfora falte. Representado. Ley es, el partido aceto, pero para asegurarle, en la nave de la vida tendrá Sacramentos tales que en ellos ese peligro enmiende, asegure y salve. ¿Qué nave y qué Sacramentos? Cielo y tierra los declaren, cuando yo en muerte y en vida digan al ver que se embarque... Han subido a la nave los DÍAS con la NATURALEZA y dando vuelta, se ve en su árbol mayor el DÍA 5.º en otra elevación, con un escudo, pintado en él el Sacramento y dicen todos con otro CORO de música. A la nave de la vida... La Naturaleza pase, pues la nave de la Iglesia es de la vida la nave. Buen viaje. Buen pasaje. Dan vuelta ambas naves, saludándose a coros. ¿Qué Sacramentos son esos en quien pueda asegurarse? Siete en quien los siete Días logran su mayor realce, de quien el mayor de todos por obra de amor más grande es el que en ese fanal rayos brilla y luz esparce, siendo el quinto Día del Jueves el que a todos les declare, como allí muerto, aquí vivo, en esa Hostia y el Cáliz, debajo de especies son Pan y Vino, Cuerpo y Sangre. Buen pasaje. Buen viaje. A tanto misterio tiemble. A tanto prodigio pasme. A tanto sol me deslumbre. Y yo a tanta luz me exalte. Y yo a tanto triunfo vuelva a decir en voces graves... Canta. A la nave de la vida la Naturaleza pase... Buen viaje. Pues la nave de la Iglesia es de la vida la nave. Buen pasaje. ¡Oh, acaben con sus placeres de una vez nuestros pesares! Nuestros pesares no pueden, mas basta que el Auto acabe... Diciendo al pedir perdón, al compás de sus compases... A la nave de la vida la Naturaleza pase, buen viaje, buen pasaje; pues la nave de la Iglesia es de la vida la nave, buen pasaje, buen viaje. Con esta repetición, sonando a un tiempo representación, música y clarín, dando una y otra vuelta las naves, acaba el auto.