Entra por la plaza (lo más bien imitada que puede) el arca de Noé sobre lienzos pintados, y en llegando al tablado, se abre en lo alto de ella una compuerta con ventana,ventana desde donde ha de haber bajada para el tablado, y sale por ella Noé, viejo venerable. Reliquias reservadas de las iras de Dios, ejecutadas justa y divinamente en cuanto humano fue, cuanto viviente, pues que, siendo despojos de sus venganzas, cóleras y enojos el número capaz de tantas vidas, las vuestras solamente defendidas se vieron de la Parca al sagrado acogidas de esta arca, que fluctüando grave fue de las ondas la primera nave, ¡dadme albricias dichosas! Ya las nubes —que vio tan pavorosas tejer el aire, condensados velos— la majestad descubren de los cielos; ya las ondas vencidas, a freno y ley se miran reducidas; ya publica favores el arco celestial de tres colores y ya volando asoma, con el árbol de paz, blanca paloma. Salid, salid a tierra; la posesión tomad de aquesta sierra que el cielo, que inmortal nos favorece, para segunda patria nos ofrece. Y tú, consorte bella, conmigo las cervices duras huella de estos excelsos montes que dividen a Armenia en horizontes. Sale una Mujer y él la baja de una mano al tablado Salve, piadoso cielo, que —ya corrido aquel obscuro velo que oculto te tenía— dejas al día que parezca día, cuando tu azul campaña hermosa y clara se permite, sin nubes, cara a cara. Sale Jafet con su mujer Salve, antorcha luciente, bellísimo prodigio del Oriente, que incesable te nombras ádbitro de las luces y las sombras, pues ya tan luminoso venciste aquel vapor caliginoso que en trémulos desmayos el rosicler menguaba de tus rayos… Salve, monte eminente, en cuya excelsa, en cuya altiva frente puerto agora ha tomado este primer bajel, que derrotado sobre las ondas frías, sulcó el espacio de cuarenta días… Sale Sem con su mujer Salve, piadosa seña, arco triunfal, que claramente enseña ser, porque tu esplendor al mundo asombre, signo de paces entre Dios y el hombre, cuando en la azul esfera tremola desplegada tu bandera, por fin de sus enojos, reflejos verdes, pálidos y rojos… Salve, montaña, y deja a la piedad, movida de la queja, al ver que, siendo de fortunas tantas, que vuelvan a pisar humanas plantas… Sale Cam con su mujer Talada, inculta tierra, que del rigor de Dios, que de su guerra fuiste breve campaña, en quien flechó las iras de su saña cuando a su voz se desataron luego incendios de agua y piélagos de fuego: salve también, que tu estación vacía, yerta, caduca y fría, más bella me parece que el sol, que en su esplendor se desvanece; más que el arco sagrado de diversos colores rubricado; más que el monte vistoso, albergue nuestro; más que el cielo hermoso, porque el monte y el cielo, el arco, el sol, a mi fatal desvelo, a mi rigor adusto, no son objetos de tan grande gusto como tu estancia pálida y desierta, de ruinas y cadáveres cubierta, cuyos horribles trágicos sucesos te acuerdan, tumba de infelices huesos. ¡Oh nunca llegue el día escarmiento de tanta tiranía! Ya que habemos salido nosotros, para todos ha venido la libertad; diversos animales, que en aquesta prisión fuisteis iguales, viviendo en compañías lisonjeras las aves y las fieras, cada cual acudiendo a su elemento, la fiera al monte, como el ave al viento. Van saliendo del arcalos más animales y pajaros que puedan y se van Y tú, Arca, que esempta del combate de un vaivén y otro, de uno y otro embate nunca fuiste alterada, y siempre segura, siempre reservada, y hoy en la excelsa cumbre de ese monte, que al sol toca la lumbre, donde libre y segura serás imagen, símbolo y figura de aquella nave, entera monarquía que ha de durar hasta el postrero día, siendo en la tierra Iglesia militante y en el cielo triunfante, sin poderla anegar persecuciones, tormentas, ansias ni tribulaciones, pues nadando en la sangre derramada de sus mártires, nave reservada será, en fe de un misterio, pasmo de todo este celeste imperio, incomprensible a todo ingenio humano por estupendo, grande y soberano, pues su piloto es cierto que la ha de gobernar después de muerto, porque sacramentado se ha de quedar en ella disfrazado en un cándido velo, admiración de infierno, tierra y cielo. Desaparece el arca mientras dice estos versos Y de la misma suerte que has sido imagen tú de vida y muerte —de vida, a quien en ti se ha recogido; de muerte, en quien de ti no fue admitido—; así aquella gran nave preferida será juez de la muerte y de la vida al diluvio de fuego que a éste de agua ha de seguirle luego. Desaparece el arca Y nosotros agora, aprovechando la primer aurora, humildes y rendidos, mostrémonos con Dios agradecidos, altares dispongamos y sacrificios a su nombre hagamos. Yo el primero seré que con astuta diligencia la leña mal enjuta cortaré para hacer el sacrificio. Vase Yo, imitando tu celo, dando indicio de mi fe agradecida, con una piedra de otra piedra herida, el fuego encenderé. Y yo aquella peña consagraré donde encender la leña. Vase Y a tan justos extremos, nosotras con el alma asistiremos. Vanse Id vosotros a hacer sacrificios al Señor, que no es forzoso, en rigor, que hayamos todos de ser sacrificadores; ver quiero —en tanto que ocupados en religiosos cuidados están— el dulce, el vistoso, el humano cielo hermoso de estos montes y estos prados, que —como ha catorce días que ya el diluvio cesó, siete que el cuervo tardó, ave de entrañas impías, y siete que a las porfías de la paloma Noé no dio crédito, hasta que en su pico vio la oliva— no hay planta que no reviva, no hay flor que hermosa no esté. Porque con el sol y el viento oreada la tierra ya, con mayor vigor está brotando risa y contento: nueva vida, nuevo aliento cobra en frutos y verdores, las aves cantan amores al compás de fuentes tantas, y los árboles y plantas se enamoran de sus flores. Todo el campo es alegría, todo el cielo claridad, todo el sol serenidad y lisonja todo el día. No hay árbol sin bizarría, como ya se mira enjuto, y ofreciendo su tributo no hay pimpollo sin verdor, no hay hoja verde sin flor, ni se mira flor sin fruto. ¡Cuánto se gasta mejor el tiempo en este placer que no en acudir a hacer sacrificios al Señor! Porque si él es el Autor de aquesta humana hermosura, quien más gozarla procura es quien más se le agradece: luego más así engrandece a su Criador la criatura. Pero ya del sacrificio la ceremonia acabó la gente, y se dividió cada cual a su ejercicio: Noé solo, dando indicio de decrépito y cansado, en el monte se ha quedado; quiero, por curiosidad, qué hace en tanta soledad ver, desde aquí retirado. De una vid toma un sarmiento de quien más fértil y opimo pende un hermoso racimo, y exprimiéndole avariento su licor bebe sediento. ¿Qué virtud habrá escondida en esta planta florida, en aquesta fruta bella que siendo comida ella es ya comida y bebida? Yo se lo he de preguntar pues que se acerca hacia mí… ¿Para qué, señor, así bebida haces del manjar? Sale Noé como turbado. Para decir y mostrar que en esta dulce bebida hay tal virtud prevenida que en ella el cielo me advierte que está el horror de la muerte, que está la paz de la vida. Deja caer la ropa El pecho siento inflamarse, el corazón siento arderse, Desabróchase lengua y voz entorpecerse, alma y sentido turbarse, la fuerza debilitarse, toda la razón faltar; al sueño me he de entregar, Cae en el suelo de mi sentidos es dueño, que este misterio en el sueño Dios me quiere revelar. Duérmese De varios delirios lleno enigmas me respondió que ni él entiende ni yo; ¿qué género de veneno aqueste será, que ajeno de sí mismo le ha dejado? Torpe, ciego y embriagado cayó en tierra y sus vestidos, descompuestos y esparcidos, sin abrigo le han dejado: ¿quién jamás sujeto vio de más risa? ¿Sem? ¿Japhet? Salen los dos ¿Qué quieres? Venid a ver al padre que os engendró y reíos, como yo, de verle en el suelo echado sin adorno y sin cuidado, Riéndose Cam ajadas las vestiduras, soñando varias locuras de un delirio que le ha dado; los dos le llegad a ver desnudo y fuera de sí. Calla, Cam, ¡no hables así del padre que te dio el ser! Cuando él llegase a tener un defecto entre infinitas virtudes, mal solicitas descubrirle tú, porqué ¿quién quieres que honra te dé si a tu padre se la quitas? La burla que de él has hecho con mis manos castigara en ti, si no imaginara que es castigo sin provecho: y pues con razón sospecho que no le toca a mi celo tu castigo, al cielo apelo, en ti su justicia cuadre, que hijo que afrenta a su padre ha de castigarle el cielo. No sólo le hemos de ver tan desnudo y descompuesto como tú nos le has propuesto, pero lo que hemos de hacer en honor suyo ha de ser sin verle llegar a echarle nuestros mantos y abrigarle: si pudo un error rendirle, trata tú de descubrirle y nosotros de ocultarle. Bien dices, echarle es bien —movidos de afectos santos— sobre su cuerpo los mantos: dame aquesa mano, Sem, y andando conmigo ven hacia atrás; y así verás, para que te admires más, Cam, que son en tales casos los más acertados pasos los que damos hacia trás. Vanse los dos de las manos hacia atrás donde está Noé Qué piadosos tan cansados estáis hoy, Japhet y Sem; ¿no soy yo su hijo también y supliera sus enfados, cuando importara callados tener? No; pues, en rigor aquel que mormurador no supo, como indiscreto, callar el menor defecto, ¿cómo supiera el mayor? Yo de verle me reí, y siempre que así le viera de mi padre me riera. ¿Topaste ya con él? Sí. Llegan Pues sin que vuelvas aquí a verle, el manto te quita y cubrirle solicita. Ya el mío sobre él eché. También yo. Y diréis que fue una piedad infinita. Diremos que ha sido celo de humildes y de obedientes. De astutos y impertinentes, diré yo. ¡Válgame el cielo! Despierta Noé ¡Qué de cosas mi desvelo aquí me ha representado! ¡Qué de misterios soñado, que ya por la fe los creo, pues me parece que veo Vino y Pan Sacramentado! Del cielo inspirado yo aquel racimo exprimí y el rubio licor bebí, cuya fuerza me dejó sin mí, pues me enajenó en mí mismo suspendido: alto misterio escondido tiene, cuyo Sacramento cautivó mi entendimiento y me privó de sentido; porque este vino será materia de un peregrino sacramento que, divino, en sangre convertirá, ¡inmenso poder que hará milagro tan señalado! ¡Dichoso aquel que postrado llegare a beberle fiel y desdichado de aquel que le bebiere en pecado! Si delito cometí en llegar a la embriaguez, no será la última vez que el cielo declare así sus prodigios, pues aquí mi imaginación veloz en un pecado de Booz un gran misterio está viendo; de Jacob otro, mintiendo de Esaú manos y voz; y así el cielo ha declarado en la visión que he tenido el misterio preferido a cuantos ha imaginado. Vino en sangre transformado unión milagrosa harán, y aun aquí no pararán señas de un poder divino; pues quien vuelve en sangre el vino en carne volverá el pan. De la Iglesia es ya figura aquella nave en el viento, de su mayor sacramento un racimo que procura convertirse en sangre pura; sólo no penetro yo qué efecto se consiguió de este misterio que admiro. ¡Pero, qué es esto que miro! ¿Es éste mi manto? No. ¿Este no es de Japhet? Sí. ¿Y de Sem no es este manto? ¡Ay, soberbio Cam, por cuanto estuviera el tuyo aquí! Mas ¿qué me quejo¡ay de mí!, de un hijo malo si vos sois tan liberal, mi Dios, que me ofrecéis oportuno para desconsuelo uno y para consuelo dos? Enteras mitades mías, tomad con mil tiernos lazos vuestros mantos y mis brazos. Cam nos dijo que dormías desabrigado y con pías entrañas... Todo lo infiero y de tu error considero, pues a los dos lo dijiste, que el primero al verme fuiste y al honrarme aun no el postrero. De que conozco también el misterio que en mí hubo, pues en usar de él estuvo encerrado el mal y el bien: que si los que así me ven unos me obligan rendidos y otros burlan atrevidos, hoy a ser mi sueño viene obra de Dios, pues que tiene reprobados y elegidos. A quien tal piedad debí con acción tan singular mi bendición he de echar: Sem y Japhet, desde aquí de Dios tengáis y de mí la sagrada bendición: con feliz propagación sus prometidos consuelos el gran Dios de mis abuelos cumpla en vuestra sucesión. Y tú, que has desmerecido la bendición de los dos, maldito seas de Dios y del mundo aborrecido; pobre vivas y abatido, con trabajo y con afán; y porque los que serán lo que tú hayas sido crean, monstruos de los hombres sean los descendientes de Cam. Salen las mujeres Señor, ¿tú tan enojado? Señor, ¿tan enfurecido? ¿Tú con tu hijo ofendido? ¿Con mi esposo tan airado? Dejad, dejad que, indignado a costa de sinrazones, desahogue sus pasiones, que a las soberbias de Cam poco que temer le dan sus caducas maldiciones; antes obstinado, a fin de verlas cumplidas hoy, seré Caín, pues estoy maldito como Caín. Teatro este verde jardín será a mis hechos crueles; dos son a tu gusto fieles, mas yo seré, si me vengo, dos veces Caín, pues tengo envidia de dos Abeles. Antes que en injusta guerra se ensangriente tu osadía, yo, pues es herencia mía toda la faz de la tierra, repartiré cuanto encierra, dividiéndoos mi dolor, si todo el mundo en rigor término pudiere ser bastante para caber dos leales y un traidor. Tú, Sem, camina al Oriente y lleva en tu compañía tu mujer; tú al Mediodía; y tú, Cam, al Occidente, que yo de los tres ausente en Armenia quedaré: digan los tiempos que fue en este siglo segundo patrimonio todo el mundo de los hijos de Noé. Fuerza es que te obedezcamos, aunque dejarte sentimos. Si de ti nos dividimos no del alma en que quedamos. Celphora, de aquí nos vamos. ¿Sin hablallos? Y sin vellos. Mi hijo eres como aquellos ¿no me das los brazos hoy? Sí, de albricias de que voy a vivir sin ti y sin ellos. Yéndose cada uno por su parte Palabra te doy, señor, de que, si el cielo me diere sucesión, la que tuviere venga a verte. De mi amor espera el mismo favor. Y también de mí lo fía, no porque vendrá la mía a festejarte ni a verte, sino solamente a hacerte testigo de su osadía, que espero de mi ambición tales monstruos engendrar que vengan a avasallar una y otra sucesión. Dividido el corazón tengo en pedazos. Mi vida yace postrada y rendida a este golpe de paciencia. No vi más tirana ausencia. No vi más dura partida. A pedir al cielo voy, siempre humilde y obediente, que feliz tu vida aumente. Vase Yo voy, desde el día de hoy, en cuantas víctimas doy, a pedirle tus consuelos. Vase ¡Qué otros que son mis desvelos de soberbios y arrogantes! Yo voy a engendrar gigantes que se opongan a los cielos. Vase Ellos se duelan de ti, de tu fiera condición, tu soberbia y tu ambición y duélanse, ¡ay Dios!, de mí, que tan solo quedo aquí. Tú, por salvar un recelo, te buscaste un desconsuelo. No fue aquesa la ocasión, porque aquesta división ha sido gusto del cielo; él es el que me mandó que la tierra dividiera. Verlos otra vez quisiera desde aquella cumbre yo. Vase Yo no me atrevo, por no enternecerme otra vez. Supremo, divino juez, la palabra me habéis dado de que, antes que el tiempo airado esta caduca vejez dejare en polvo, he de ver de mi feliz sucesión la grande propagación; decidme si podrá ser que yo os llegue a merecer esta palabra que oí. ¿Llegará tiempo en que aquí vea de mis descendientes las innumerables gentes antes que fallezca? Sale el Ángel Sí, que la palabra de Dios es una escritura que se escribe en diamante, siendo otro diamante el cincel. ¿Quién eres, joven galán vestido de rosicler, que a consolarme dos veces has venido? Una, porqué me aseguras mi deseo por tan inviolable ley, y otra, porque mi pesar has convertido en placer, de suerte que, aunque tres hijos ausentes lloro, con ver tu rara beldad olvido la ausencia de todos tres. Soy la inteligencia toda, a cuyo cargo se ve la cuenta de los minutos que se hacen horas; después de las horas, que se hacen días; de los días, que semanas; de las semanas, de que se compone el mes; de los meses que los años hacen cabalar también; y de los años que cumplen siglos de siglos; porqué no hay siglo, año, mes, semana, día, hora, minuto en quien la inteligencia de Dios tomando cuentas no esté. Y como, en fin, de los tiempos soy tutor, al conocer que el deseo que te aflige causa de los tiempos es, consolarte me ha tocado para que seguro estés donde vuelvas a poblar el mundo, porque has de ser segundo Adán de las ondas, si de la tierra lo fue otro, augmentando el humano género segunda vez. Paraninfo soberano, en tu palabra fïel confïado, parto donde con siempre constante fe estaré esperando el día en que he de volver a ver la familia innumerable de los hijos de Noé. Porque lo mandas me parto, si el pie no te beso es porque tocar no merezco las sandalias de tus pies. Vase Tiempo que corres veloz, tan infatigable que aun no paras a tomar aliento para correr: tú, que enamorado siempre, según que vuelas tras él, del día estás de mañana, olvidado del de ayer; con él vuela hasta alcanzar aquel feliz siglo, aquel en que poblados de gentes estos montes se han de ver. Compadécete del mundo que tan desierto se ve que ocho personas son solas número de todo él. Pero ¿para qué te pido ni te ruego, para qué, tu mismo oficio si es fuerza que siempre volando estés sin que te puedan parar, por lo altivo o lo cortés, ni el ruego de la hermosura, ni el precepto del poder? Dígalo tu mismo efecto, lima de las vidas, pues a ti mismo te sucedes, fénix de tu mismo ser. Ya va heredándose el tiempo, tan lento que al parecer son en los hombres instantes los que son siglos en él. Ya, hidrópico de sucesos, tantos empieza a beber que pudieran apagar, a no ser suya, su sed. Y a voluntad de los días, de los años a merced, es el número infinito de la familia de Sem, que entregada a la crianza de los ganados se ve, creciendo, a gozar el grande patrimonio de Noé. Ya el valeroso Arphaxad su primogénito es, cuya bendición hereda la prudencia de Salé. Y a Salé Heber le sucede, de quien ha de descender la línea más dilatada de los tribus de Israel, que se han de llamar hebreos por descendientes de Heber: familia tan venturosa, como el árbol de Jessé lo dirá; pues vendrá de ella, humanado al mundo, aquel Hombre y Dios, grande Mesías, tan prometido en la ley; cuyo imperio durará eternamente, porqué aunque ha de morir, es cierto que no ha de morir con él su gobierno, pues quedando siempre en la tierra, ha de ser, asistiendo entre los hombres con morir, inmortal rey. Cómo ha de morir y al mismo tiempo quedarse, el querer de su amor nos lo dirá con las voces de la fe, que no puede ser posible de otra manera entender la cifra de la ventura, el enigma de este bien, el secreto de esta dicha, la gloria de este placer, lo inmenso de este favor, lo grande de esta merced: porque debajo de especies este quedarse ha de ser vivo, en cuerpo y alma, como en el cielo está, sin que sin Fe lo pueda alcanzar el discurrir ni el saber del hombre, porque éste, en fin, de sus obras ha de ser el epílogo que cifre el poder de su poder. Oh feliz siglo mil veces el que llegue a merecer adorar el blanco pan de este misterio, que es misterio de los misterios más relevados, a quien en cielo, en tierra y infierno han de admirar y temer el ángel, hombre y demonio, mereciéndole comer sólo el hombre, ¡en esta parte el más feliz de los tres! Y dejando este prodigio, en que yo me anegaré, a la descendencia vuelvo de los hijos de Noé. Y al tiempo que de Sem esta familia empieza a crecer, se va propagando en otras provincias la de Japhet. Ya fundan ciudades, ya su mayorazgo Gomer los heredados haberes de las labranzas, en quien se ha ocupado tantos días, deja en su hijo Arcener. Ya en Occidente de Cam crecen las gentes, también bárbaramente, sin Dios, sin política y sin ley, gentes desproporcionadas aun en el aspecto, pues como monstruos de los hombres nacen gigantes a ser aborrecidos del cielo por su soberbia crüel. Chus, de Cam hijo, ha engendrado a Nembrot, cuya altivez de todo el Género humano piensa apellidarse rey. En este estado la cuarta generación de Noé está ya en el mundo, y como cumplimiento ha de tener lo que está determinado en el supremo dosel, con sus familias y haciendas vienen a ver a Noé de varias partes del mundo Heber, Nembrot y Arcener. Gran patrïarca, en quien Dios depositó su poder, pues reservó las reliquias del mundo en ti, cuando aquel rigor suyo vino el mundo a padecer, su desdén el último parasismo que imaginó padecer: ya sin sentir se llegó la edad prometida, en que tus nietos te buscan, sólo a darte obediencia, en fe del precepto de sus padres que lo dejaron por ley. Paréntesis de su historia ha sido este tiempo, ven a admitirlos; y vosotras, montañas de Armenia, que visteis cómo despidió a sus hijos todos tres, sincopado el tiempo, cómo recibe a sus nietos ved; y no os admire el llegar hoy, a vuestro parecer, tan veloz, pues todo un siglo, cuando le vuelven a ver humanos ojos, parece que sucedió el día de ayer. Vase el Ángel y entran por dos partes de la plaza Heber, con ganados, pastores y Libio, villano; y Arcener con labradores, espigas y instrumentos de labranzavestidos los dos de pastores, y Floro, villano; y representan sin subir al tablado Alto monte de Armenia, cuya cumbre al cielo sube sin fatiga alguna a sostener la hermosa pesadumbre del cóncavo palacio de la luna, tú que del sol a penetrar la lumbre te atreves, siendo dórica coluna, dime, así de otros montes seas monarca, ¿si vive en ti Noé, gran patrïarca? Alto monte de Armenia, que ceñido de nieve y matizado de colores a un mismo tiempo al sol has parecido montaña de cristal, aura de flores, tú que sagrado, tú que puerto has sido, templo de tantas iras y rigores, dime, si te conoce siempre el Arca, ¿si vive en ti Noé, gran patrïarca? Alto monte de Armenia, pues venimos penetrando montañas y campiñas, dinos, ya que con ruegos lo pedimos, si vive en ti el que plantó las viñas. El que exprimió el licor de los racimos, causa de tantas paces como riñas, ¿adónde está, que todos le buscamos por esta obligación en que le estamos? Sale Noé en lo alto del monte, con barba más larga que primero Felices extranjeros peregrinos, que pasando diversos horizontes venís por varios rumbos y caminos, del Tigris unos y otros del Orontes, si al arbitrio que os dan vuestros destinos buscáis de Armenia entre elevados montes a Noé, yo lo soy, y en breves plazos llegad, llegad a mis caducos brazos. Suben al tablado ¡Qué dignamente de fortunas tantas el fin he conseguido deseado, pues con llegar a verme ya a tus plantas de toda mi fatiga he descansado! Yo con verme a tus pies olvido cuantas fortunas he corrido y he pasado. Un retrato de Sem en ti me ofreces; A Heber y tú ¡lo que a Japhet te le pareces! A Arcener Heber soy, de tu hijo descendiente, Sem, que por obediencia suya vengo a verte de los campos del Oriente, rico con los ganados que allá tengo. Yo Arcener, de Japhet soy descendiente, que con la misma causa aquí prevengo buscarte con los frutos, los mejores, que próvidos me dan mis labradores. Dichosa la cansada vejez mía, que a costa de tan luengos desengaños llego a gozar el venturoso día al número ofrecido de mis años: una y otra lucida compañía he de abrazar; ningunos son extraños, que es sangre mía cuanta toco y veo; cumplió Dios su palabra y mi deseo. Yo también a tus plantas descansara… Yo también a tus pies vida tuviera… … si de sarmiento algo exprimido hallara. … si de racimo algo exprimido viera. Quita, loco, y adónde estás repara. Con quién hablas ¡oh necio! considera... Venid, antes que el sol se nos trasmonte a mi albergue, aunque rústico. Entra por la otra parte de la plaza Nembrot, vestido de pieles y cuatro salvajes en camellos, o en caballos, en pelo; y todos traen zuecos que los hacen más crecidos, y tocan cajas. ¡Ah del monte! ¿Dónde son estas voces? Mas ¡qué veo! Otra tropa de gentes más extrañas atravesando viene, a lo que creo, lo inculto de las ásperas campañas. El traje horrible y el aspecto feo parece. Fieras son de las montañas. Ellos, si gentes son, son malas gentes. Estos serán de Cam los descendientes. Alto monte de Armenia, que el primero fuiste que vio, y primero sin segundo, descollando tus puntas, el severo estrago donde agonizaba el mundo, tú, que fuiste teatro horrible y fiero en la lid de aquel piélago profundo, dime, así seas imperio de la Parca, si vive en ti Noé, gran patrïarca. Monstruo, que yo no sé cómo te nombre mi voz, porque al nombrarte considera que para fiera traes mil señas de hombre y para hombre señas mil de fiera: yo soy Noé; aunque tu horror me asombre, llega a mis brazos, que mi amor te espera combatido de sustos y placeres; ya que en ellos estás, dime, ¿quién eres? Sube al tablado Nembrot soy, de Cus hijo y de Cam nieto, que peregrino vengo a tu presencia no por cumplir humilde su preceto, que no me muevo yo por obediencia, sino por solo gusto mío, a efeto de ver del mundo la circunferencia, por ver si puedo avasallarla toda, que a esto mi gran soberbia se acomoda. Cuando tu voz quién eres no dijera, lo dijera tu horror altivo y fuerte; cuanto por verte antes de ahora diera, diera ya por no haber llegado a verte: aquesas ambiciones considera, Nembrot, que a todo el mundo dieron muerte cuando un abismo de agua a otro abismo fue tumba y monumento de sí mismo. Esas son amenazas que no vimos y por sola noticia imaginamos. Aunque esa historia alguna vez oímos no de testigos vivos la escuchamos. Tú lo eres, y todos te pedimos que nos la cuentes hoy, antes que vamos a más descansos, más alojamientos. Pues todos os sentad y estadme atentos. Siéntanse todos y Noé en medio en el suelo del tablado Estaba el mundo gozando en tranquila edad segura la pompa de su armonía, la paz de su compostura, considerando entre sí que de una masa confusa —que ha llamado la poesía caos y nada la Escriptura— salió a ver la faz serena de su azul campaña pura, dividiendo y apartando las cosas, que cada una, siendo mucho de por sí, eran nada todas juntas. Con esta hermosura vano, no hay ley a que se reduzga —tan antiguo es en el mundo el ser vana la hermosura—; vano y hermoso, en efecto, eterna mansión se juzga, sin parecerle que haya —por castigo de sus culpas— flechado un universal diluvio que le destruya; y con esta confïanza en sólo vicios se ocupan los hombres, mal poseídos de la soberbia y la gula, de la envidia y la avaricia, ira, pereza y lujuria. Dios ofendido de verlo —a quien nada hay que se encubra— determinó deshacer al mundo como a su hechura; mas doliéndose de que las especies se consuman, me mandó labrar un arca, cuya grande arquitectura trecientos codos tuviese toda la longitud suya, cincuenta de latitud y treinta codos de altura. Aquí mandó mi familia encerrar la piedad suma y de aves y animales todas las especies juntas. Ya que lo estuvieron, luego desató su helada furia, cubrióse el cielo de nubes densas, opacas y turbias, que, como estaba enojado, por no revocar la justa sentencia, no quiso ver de su venganza sañuda su mismo rigor; y así, entre tinieblas se enluta, entre nubes se enmaraña; porque aun Dios, con ser Dios, busca, para parecer crüel, ocasión, si no disculpa. El principio fue un rocío de los que a la tierra enjuga con cendales de oro el sol; luego una apacible lluvia, de las que a la tierra dan el vigor con que se pula; luego fueron lanzas de agua, que nubes y montes junta; luego fueron desatados arroyos, creció la furia; luego fueron ríos, luego mares de mares. ¡Oh justa Sabiduría! ¡Tú sabes los castigos que ejecutas! Bebiendo sin sed el orbe, hecho balsas y lagunas, padeció tormentos de agua por bocas y por roturas; y como aquel que se ahoga a brazo partido lucha con las ondas, y ellas hacen que aquí salga, aquí se hunda; el mundo así agonizando sobre las ondas profundas, aquí un edificio postra, allí derriba una punta, hasta que rendido ya, entre lástimas y angustias, de cuarenta codos de agua no hay parte que no se cubra, siendo a su inmenso cadáver todo el mar pequeña tumba. Cuarenta auroras capuz echó el sol, porque le ocultan las nubes la faz, exequias de esta máquina difunta. Sola el Arca, primer nave, a tanto embate segura, elevada sobre el agua, a todas partes fluctúa; en ella, pues, las reliquias del mundo salvó la suma piedad de Dios. No prosigas, calla, calla, que es injusta hipocresía que a Dios esas cosas se atribuyan. ¿Qué milagro, qué prodigio es que un arca no se hunda de materia tan ligera que ella misma la asegura? El milagro fuera hundirse; y pues vemos que a las furias del cielo sin Dios el hombre puede vencer con industria; por si otras veces se enoja, y helados rayos desnuda contra el mundo, es bien que hagamos, con máquina más segura, con fábrica más heroica, para sus enojos una fortaleza que resista las ardientes iras suyas. Levántanse Mortales, no sin gran causa en esta parte nos junta la providencia del hado y el favor de la fortuna. Ya habéis oído que el cielo, si se enoja y se disgusta, sabe deshacer del mundo esta varia compostura. Prevengámonos nosotros con valor y con cordura, para que, seguros de él, no pueda acabarnos nunca. Levantemos una torre, cuyas elevadas puntas lleguen de su misma esfera a las campañas cerúleas. Escalas tendrá por donde los hombres bajen y suban a saber si está de paz o está de guerra su curia. Subiremos a tocar del sol la madeja rubia; sabremos de qué materia es fabricada la luna; tocaremos con las manos a las estrellas más puras: y sobre todo tendremos un arca de piedra, cuya majestad en los diluvios nos guarde y nos restituya. Ayudadme a fabricarla y veréis, con vuestra ayuda, cómo mi inmenso valor montes sobre montes junta; y la cerviz de la tierra, de tan pesada coyunda oprimida, la haga que tanta pesadumbre sufra bien que con el peso gima, bien que con la carga cruja. ¿Cómo es posible que escuche tan sacrílegas locuras a un bárbaro sin que tome mi helada fuerza caduca, a costa de poca vida, la causa de Dios por suya? Mejor a un joven le toca responder: detente, escucha, bárbaro, sin Dios, pues niegas estas grandes obras suyas. Su inmenso poder, por más que bárbaramente arguyas, dando a la naturaleza la causa de aquella suma piedad, no podrás, porqué no hay cómo se la atribuyas. ¿Pudo la naturaleza —por más sabia y más astuta que estuviese— prevenir la saña del cielo justa tantos años antes como se empezó la arquitectura del arca? ¿Pudo juntar a sola una voz, en una mansión, león y cordero que a estar en paz se reduzgan? ¿Pudo hacer que de las aves que libres el aire cruzan tributasen las especies águila y paloma juntas? Y ya que pudiese hacer que una tabla no se hunda, ¿pudo hacer que combatida de tantas olas y espumas no chocase con los montes y que deshecha y difusa se desatase en fragmentos sobre las ondas profundas? Luego no un milagro solo en este caso se apura, que en abismos de milagros a milagros se acomulan. Esa fábrica que quieres tú que sea arca segunda que en los diluvios te ampare, lo dirá, cuando, caduca, ni te guarde ni defienda de la menor ira suya, siendo a una voz solamente de leves cenizas urna. Porque veas, joven loco, si es segura o no es segura tú has de ser hoy el primero que a su gran fábrica acudas. ¿Cómo lo has de conseguir si él el seguirte rehúsa? Obligándole por fuerza a que me siga. Es locura querer forzar libertades. Sí, pero es locura augusta. Y tú que la causa de otro tomar a cargo procuras, ¿no piensas seguirme? No. Pues, defender no presumas causas ajenas, pues tienes ya que defender las tuyas. Todos, como estáis, habéis de ir hoy a Senaar en duras prisiones. La libertad es en todos absoluta. Dividiéndose en bandos, los salvajes, de una parte, y los demás de otra. Pues yo haré que no lo sea. ¡Qué notable desventura! Mas ¿que se salen con ello estas malditas figuras? Valientes vasallos míos, las inferiores criaturas se nos oponen, sin ver que es nuestra ventaja mucha; pues ellos son unas plantas que al pie del monte madrugan, y el monte nosotros, pues nuestras grandes estaturas montes son organizados de miembros y de medulas. Si no me dan la obediencia que mi soberbia procura, ¡mueran todos! ¡Mueran todos si hoy por su rey no te juran! En ti ha de tener principio la monarquía absoluta de los reyes de la tierra. Pon a sus cuellos coyunda tan generosa. Da leyes y de todos juntos triunfa. Amigos, la tiranía ya en el mundo se divulga, no consintamos que empiece a mandar su ley injusta. Libres somos, no dejemos que este monstruo se introduzga en el mundo, ¡al arma! Tocan ¡Mueran! ¡Mueran los que lo procuran! Pónese en medio Noé Deteneos, deteneos: ¡qué notable desventura! ¡Oh, nunca a Armenia viniera con ser patria de las uvas! Tocan cajas, dase batalla, y éntranse retirando de Nembrot, Heber, Arcener y su gente, y vuelve a salir Nembrot con sangre en las manos Mueran los que no se dieren a partido. ¿Qué procuras, monstruo? Ser señor del orbe, y aun vendrá estrecho a mi furia. Mira que ofendes al cielo con esta soberbia injusta. Yo sabré desenojarle cuando allá en mi torre suba. ¿Luego piensas intentarlo? Y aun acabarla sin duda. Cortaráte Dios las alas. Yo sabré volar sin plumas. ¿Quién ha de ayudar, Nembrot, tan sacrílega locura? Esos rendidos, pues ya no hay campos a donde huyan. Tocan alarma dentro Dentro ¡Viva Nembrot! ¡Nembrot viva! Dígalo la voz que escuchas; y si no te llevo a ti a que mis intentos cumplas, es por no ser de provecho tu helada vejez caduca. Hijos de Cam, pues que ya la acción no se dificulta, y rendidos y postrados todos, mi poder no dudan, a los Campos de Senaar caminad con esta chusma, que ellos han de ser adonde la inmensa fábrica suba a ser escala del sol y paso para la luna. Tocan, y vase ¡Oh, nunca para este caso, para esta tragedia, oh nunca viera el deseado día que en tantas penas resulta! Con los rendidos despojos de la más sangrienta lucha camina Nembrot, que ya rey del orbe se divulga; Heber y Arcener cautivos, con todas las gentes suyas, van.¡Altos montes de Armenia, hoy seréis mi sepultura! Vase. Cajas y salen todos los que puedan, rendidos Heber, Arcener, Libio y Floro; detrás los salvajes y después Nembrot. En la falda lisonjera de este monte —coronado de flores de tal manera que a él parece que ha llamado a cortes la primavera— haced alto con la gente que a Senaar llevo cautiva, porque quiero que obediente, a la margen de esta fuente, por rey suyo me reciba; y no es gloria muy pequeña que aquí mi valor remonte, que a quien a reinar se enseña, ¿qué palacio, como un monte? ¿Qué dosel como una peña? ¡Ea!, cautivos, llegad y al gran Nembrot adorad; y pues tal valor encierra, humano Dios de la tierra le aplaudid y le aclamad. Celebrad su fama altiva, mísera gente cautiva, a su deidad obediente. Nembrot invicto y valiente, primer rey del mundo, ¡viva! Van llegando todos y arrodillándose Yo te confieso que has sido mi rey, señor, y en fe de eso la mano a tus plantas pido, y humildemente rendido te reconozco y la beso, que pues mi suerte importuna, sin hallar defensa alguna, me ha reducido a este estado, quiero obedecer al hado y creer a la fortuna. Van pasando y queda Heber Yo también llego a besarte la mano con mil placeres, por no llegar a enojarte; mira, gran señor, si quieres que te bese en otra parte. Yo, a trueco de verme vivo, hoy por mi rey te recibo, y no he empeorado de estado, que puesto que era criado, ¿qué más tiene ser cautivo? Aquel que altivo y severo se ha quedado allí el postrero sin adorarme ¿quién es? Llegad y echadle a mis pies. Arrójanle a los pies ¡Quién vio tormento más fiero! Aunque la persona mía, cuando sus afectos tuerza, se postra a tu tiranía —no a tu deidad, que esto es fuerza y esotro culpa sería—, y aunque es razón que me asombre viendo esto aquí entre los dos porque no ha de darse al hombre adoración que es de Dios solo y de su santo nombre. ¿Por qué no, vil peregrino? Písale Adoración singular siempre el valor mereció; y al hombre se le ha de dar cuando el hombre es como yo. Aunque a tus plantas postrado estoy, y tú me has pisado, desconfïar no procuro. Y así, tú no estés seguro, pues no estoy desconfïado; que si se llega a advertir que en el mundo no ha de haber firme estado hasta morir, tú subes para caer, yo caigo para subir. ¿Cuándo, imitando a la luna, esa mudanza importuna ha de ser, si yo prevengo mis aplausos y si tengo en mi mano mi fortuna? No sólo en tanto desvelo el hombre me podrá hacer ni pesar ni desconsuelo; mas ni al cielo he de temer, pues me he de atrever al cielo; tanto, que para empezar el asalto que he de dar a su alcázar turquesado, me huelgo de haber llegado a los Campos de Senaar. Ea, esclavos, a poner por obra tanto desvelo, que en este campo ha de ser la torre que se ha de hacer contra las iras del cielo. Bajan todos y toman instrumentos, unos azadas, otros espuertas y cubos; llegan adonde ha de ser la torre, hacen como que cavan unos y otros traen materiales y la torre empieza a subir. Todos juntos empezad, de esos montes arrancad piedras, sus senos romped, sus entrañas deshaced, sus arroyos agotad; de suerte que el sol, al dar vuelta a aquestos horizontes, piense, al verlos trastrocar, que se han mudado los montes de un lugar a otro lugar. Todos a servirte iremos, y a la torre acudiremos. Mudando aquestas campañas, con sus troncos las montañas de su centro arrancaremos. Va subiendo la torre Ya que así hoy nos miramos, Heber, a trabajar vamos. ¿Que hemos de ayudar los dos a fabricar contra Dios? Sí, pues cautivos estamos. Entran y salen por la torre ¿Tú no vas a trabajar? Pensé que venía a holgar cuando en el camino oía a los otros que venía a los Campos de cenar. Sube, fábrica inmortal, al alcázar celestial, siendo de esos vientos yedra. Andan alrededor de la torre todos Traigan piedra. Aquí hay piedra. Traigan cal. Aquí hay cal. Excelsa máquina rara, Crece, y que has de ser, repara, contra divinos enojos. Dentro Agua. Aquí está y de mis ojos la diera cuando faltara. Sale Heber con dos cubos Como son tantos y están tan conformes, que se dan hoy los materiales juntos de la gran torre, por puntos creciendo los muros van. Creced, creced, puntas bellas, trepando esferas de viento, hasta que os ciñan aquellas resplandecientes estrellas, átomos del firmamento. Subid, subid, y sin alas volad al centro más alto por esas etéreas salas; tema su imperio mi asalto viéndose poner escalas, que deseo ya tocar del gran Dios de Sabaoth el alcázar singular, subiéndole a visitar por la torre de Nembrot. Sube la torre ¿Esta es fábrica o es vuelo? Agua. Piedra. Yeso. Cal. Con tanta prisa, recelo que presto máquina igual ha de tocar en el cielo. Sale el Ángel a caballo con una espada de fuego por la plaza No hará, no hará, que primero cortaré sus pasos yo. ¡Ah de la soberbia obra de la torre de Nembrot! Páranse en la acción que los coge ¡Bárbaro ceño del cielo! ¡Injusto enojo de Dios! ¡Ah de la máquina aleve que ha imaginado el error hoy de los hijos de Cam, maldita generación! Oíd, oíd, aunque imposible sea vuestra pretensión —pues no es posible llegar a los términos del sol—; por el sacrílego intento quiere atajar el Señor el curso a vuestro deseo, el vuelo a vuestra intención. Y porque veais que él puede a la fábrica mayor de los hombres deshacer solamente con su voz, su voz ha de destruir, dilatándose veloz en todos tan desigual, que sea una confusión. Suenen en todos a un tiempo distintos acentos hoy, hablando distintas lenguas de idiomas setenta y dos. Unos a otros no se entiendan, porque en esta turbación ninguno pueda acudir a hacer acertada acción. Revuélvense todos ¿Qué nos turba? De la torre prosigamos la labor. ¿Qué dice este monstruo que no puedo entenderle yo? ¿De la torre presumida, qué, la fábrica cesó? Venga agua. Aquí hay piedra. Venga piedra. Cal te doy. ¿Por qué no trabajas? ¿Qué oigo? Sin duda se emborrachó este salvaje, pues habla en lengua que nadie habló. ¿Cómo no acudís a dar recado a quien le pidió? Estotro salvaje y todo padece el mismo dolor. Leña a la fábrica traigo, tomad; nadie me entendió. Pues si no nos ayudamos en vano las fuerzas son y la labor cesará. Cese, cese la labor. Suspensos se quedan todos. ¿Qué es esto que viendo estoy? ¡Ah de la torre que vuela en alas de mi ambición! ¿Qué accidente, qué delirio, qué frenesí, qué pasión os ha dado, que os quedáis todos en tal suspensión? No me oyen o no me entienden. Saldrá el Ángel al tablado Escucha, injusto Nembrot, sabrás, para más asombro, las maravillas de Dios. Con sólo quererlo él, se introduce tanto horror en tus gentes, que es un ciego Babel esta confusión, que quiere decir diversa junta de lenguas; y yo, de parte suya, después que pare la obra, por no dejar señal ni memoria de tan sacrílega acción, quiero que abrasados veas sus soberbios muros hoy, y sobre ellos, y las gentes que acuden a su labor, para escarmiento del mundo, fuego descienda de Dios. Aquí se deshaze la torre bajando algunos cohetesa ella y quedan algunos como cogidos de la fábrica; suben al tablado Arcener, Heber, Libio y Floro. ¡Ay de mí, infeliz, que muero abrasado en vivo ardor! ¡Qué desdicha! ¡Qué tragedia! ¡Qué espanto! ¡Qué confusión! Sin duda alguna, este incendio castigo ha sido de Dios. En solo Heber, porque en fin su sangre el cielo escogió, la natural lengua dure. Buscando la cumbre voy deste monte, por si puedo desde ella alcanzar veloz Sube a deshacer de su esfera el sagrado pabellón. Mas ¡ay de mí! que la tierra me falta; al abismo voy en mi sombra tropezando. Mas ¿qué es esto? ¿Adónde estoy? A mis pies, para que veas, fiero, soberbio Nembrot, que para caer tú fue hoy fácil el subir yo. ¿Confesarás a mis plantas ahora que el que se atrevió a Dios, a un hombre se rinde que esclavo suyo es? No, no. ¿Cómo lo puedes negar, disforme monstruo feroz, si este prodigio del mundo, del cielo esta permisión, en tantas lenguas publica el castigo de tu error? Siendo figura esa torre, que el viento desvaneció, de todos cuantos soberbios con osada presunción pretenden examinar secretos que guarda Dios. Oye el cómo, porque sepas cuánto misterio encerró tu castigo y cuánto ejemplo para los que viven hoy. Llegar a tocar el cielo tu soberbia presumió y pisar la azul campaña de su esfera superior. Ver quisiste la materia de que ellos compuestos son, y de que también compuestos son estrellas, luna y sol. Por cuya causa enojado el Cielo te confundió, para enseñar que ninguno se atreva con ciego error más que a admirar sus secretos; pero a examinarlos, no. Pues el día que Él dijere —mira qué ejemplo te doy— tomando especies de pan: «aquí en cuerpo y alma estoy», se ha de creer de tal suerte que ningún sentido no se ha de atrever a tocarlo, ni el gusto, por el sabor de pan, ni el tacto tocando pan, ni por tener olor de pan tampoco el olfato, ni la vista porque vio pan; porque todos rendidos a la verdad de su voz al oído han de dejar por sentido superior, sin oler, gustar, tocar, ni ver si es verdad o no; pues aquel que lo intentare, como tú intentastes hoy ver los cielos, ese hará torres contra el mismo Dios y merecerá el castigo que tu culpa mereció. Ese misterio no alcanzo, y negándosele a Dios, con sangre escupiré al cielo blasfemándole mi voz; y cuando me falten armas con que ofenderle feroz, arrancaré con mis manos pedazos del corazón. Vase. Bañado en su misma sangre, lleno de asombro y horror se desesperó desde esa cumbre al abismo inferior del mar que ya es su sepulcro. Mortales que reservó ese diluvio de rayos, imagen de otro mayor, ved que el que a tocar se atreve causas que Dios reservó torres contra Dios levanta. Así lo confíeso yo. Y todos. Pues en fe de eso todos juntos a una voz el gran misterio adoremos que por ejemplo nos dio este espíritu divino que está entre nosotros hoy. Descúbrese el Sacramento Divino pan que ser puedes, debajo de tu candor, carne y sangre de un Dios vivo por fe mil gracias te doy. Clara luz que cautivando entendimiento y razón darás a entender Misterios por Fe mil gracias te doy. y música Blanca especie que llegando al sentido más veloz verás más cuanto más crea, por fe mil gracias te doy. y música Cándido velo en que el cielo su deidad depositó como en sí mismo, la tierra por fe mil gracias te doy. y música Y sirva para escarmiento de cualquiera presunción que quiera tocar misterios la soberbia de Nembrot. De cuya historia el poeta que ignorante la escribió por él y por todos pide ya que no aplauso, perdón.