Pedro Calderón de la Barca No hay instante sin milagro Auto historial alegórico personas LA FE. LA EXTREMA-UNCIÓN. EL BAUTISMO. LA ORDEN SACERDOTAL. LA CONFIRMACIÓN. EL MATRIMONIO. LA PENITENCIA. LA APOSTASÍA. LA COMUNIÓN. LA MAGDALENA. DIMAS. PABLO. AGUSTINO. CONSTANTINO. MÚSICOS. Salen los MÚSICOS y, a los primeros versos que cantan, el BAUTISMO, niño vestido de blanco; la CONFIRMACIÓN, de dama; la PENITENCIA, de pieles; la COMUNIÓN, de dama; el ORDEN SACERDOTAL, viejo venerable; el MATRIMONIO, de galán; y la EXTREMA UNCIÓN, de negro; y detrás la FE, con corona y manto imperial. El siempre felice día que al cielo ofrece la Fe, gloria a Dios la tierra dé en júbilos de alegría. Entre cuantos sacramentos celebras, ¡oh Fe!, el de hoy me toca aplaudir, pues soy aumento de sus aumentos, y así, a los dulces acentos vienen de la Eucaristía... Porque el siempre feliz día que al cielo ofrece la Fe, Gloria a Dios la tierra dé en júbilos de alegría. Si Verdad que nunca yerra, dijo que de nuestro celo se da por servido el cielo, de que se alegre la tierra. Y, si tan gran dicha encierra, que al cielo en la tierra ve... ...bien es que gracias le dé nuestra justa oblación pía,... ...el siempre felice día que al cielo ofrece la Fe. El ser que por ti adquirimos, obra de las manos es de Dios; él nos hizo, pues nosotros no nos hicimos. Y así, Fe, pues por ti fuimos polos de su monarquía,... ...a voz de la Eucaristía venimos todos, porque... ...gloria a Dios la tierra dé en júbilos de alegría. Pues sois los siete sus bellas víctimas de Pascua, aquel carro en que me vio Ezequiel correr por campos de estrellas, me dad, diciendo a sus huellas: Sale la APOSTASÍA. ¿Qué ha de decir su armonía, si es más lícito que día que al cielo ofrece la Fe, a Dios las gracias le dé el llanto que la alegría? ¿Por qué el llanto, si has oído en el traducido verso que el día que la Fe ofrece festivas gracias al cielo, se da por servido? Y más el de hoy, que incluye el Misterio de los Misterios, a quien ya lloro como cruento en el ara de la Cruz, conque pasando el afecto a la del altar, es digno asunto el canto, supuesto que de pasivo a glorioso acude a entrambos extremos, si allá a lo cruento el llanto, aquí el canto a lo incruento. Si yo viniera a argüir contra él u otro Sacramento, no me faltaran razones de dudar; pero no siendo el argumento de hoy particular argumento, sino común, pues con todos ha de hablar, cuyo pretexto ha de resultar en ser no ya tuyos sus obsequios, ¿para qué he de hablar de uno, cuando de todos me ofendo? ¿Pues cómo? No respondáis, que a vuestra Fe toca hacerlo. ¿Quién eres?, ¡oh tú!, ¿quién eres, que tan torpemente ciego, tan bárbaramente bruto, de diabólico, soberbio espíritu poseído, vienes a su culto opuesto? Quien por más que enajenado, torpe y bruto te parezco, no lo soy tanto que ya que me arguyes con un texto, no te responda con otro. Marcos dijo en su Evangelio... Ahora te he conocido, que quien con dañado intento de sacras autoridades valerse presume, es cierto ser de aquellos forajidos que, apóstatas de mi gremio, como ladrones de casa, capaces de sus secretos, estudian para ignorarlos más que otros para saberlos. Y así aunque no solo seas un falso apóstata, pero aun toda la Apostasía, que ya en ti la represento, he de oírte, porque no presumas que de oírte dejo por el temor de tus dogmas, cuando escucharlos pretendo, a fin de que te reduzga la razón con que las venzo. Que si allá en mi tribunal desnuda la espada tengo, también tengo enarbolada la oliva, mostrando a un tiempo justicia y misericordia, que a eso está la Cruz en medio. Prosigue, pues. Cristo dijo por Marcos en su evangelio que a los que su fe admitiesen seguirían los portentos de que lanzarían demonios, de que en idiomas diversos nuevas lenguas hablarían, que, las serpientes venciendo, no les dañaría beber los más nocivos venenos; y, en fin, que darían salud sus manos sobre el enfermo. Asentado este principio, segundo principio asiento. En la primitiva edad de la Iglesia, cuando fueron candor y yugo sencillo de sus albores primeros tus no violadas purezas, vi muchos milagros de éstos. Dígalo Bartolomé, ligando demonios; Pedro, convaleciendo tullidos; Juan, santiguando venenos; Matías, de sí apartando las serpientes; y, en efeto, díganlo cuantos hablaron en nuevas lenguas de fuego. Pues siendo así, que estos dotes gozaron los que creyeron, ¿qué se hicieron sus prodigios? ¿Adónde están sus portentos?, que apenas hoy veo un milagro, o es tan uno, si le veo, que puedo, como David, lamentar sobre su pueblo: «Ya no vemos tus señales, Señor; ya no conocemos un solo profeta tuyo entre nosotros»; pues siendo así, que Dios prometió tantos divinos misterios a su Fe y faltar no puede Dios a su prometimiento ni tú a ser su teologal virtud, ¿quién duda ser cierto, pues tú a tus fieles no faltas, el que a ti te falten ellos? Sobre cuyos dos principios de esta manera argumento: Dios a la Fe prometió milagros; hoy no los vemos; luego no hay hoy Fe (en tus fieles, se entiende), no hay hoy Fe; luego no hice yo mal en dejar de andar en su seguimiento, ni tú bien en convidarlos a tus devotos festejos con músicas, cuando fuera mejor con lágrimas, puesto que te siguen con las voces y te faltan con los hechos. Ni con hechos ni con voces me faltan, y respondiendo con la autoridad del Magno Gregorio (porque quitemos el horror al primer viso de la cuestión, advirtiendo que es admitida cuestión), a los dos principios vuelvo. Que Dios prometió a la Fe esos milagros, es cierto; que esos y otros muchos vio la Iglesia en su albor primero, también es cierto; mas que hoy no los vea, es falso. Y puesto que asientas tú dos principios para entrar al argumento, no será mucho que yo, para haber de responderlos, antes que tu silogismo resuma, asiente un ejemplo, que quizá Blanca Paloma dictó al estarlo escribiendo. Cuando el sabio agricultor algún plantel pone nuevo, al despuntar de las hojas todo es cuidar de su riego, de escardillarle las malas hierbas, de vallarle el cerco porque malas reses no pazcan sus pimpollos tiernos, a quien aplica derechas varas porque sus renuevos, creciendo con el arrimo, no se tuerzan con el peso. Este cuidado le debe mientras va raíces prendiendo; pero en prendiendo raíces, descuida, como diciendo: «Yo planté, Apolo regó, Dios le dará el incremento»; y así no cuida de él más que de visitarle atento, a ver si le rinde frutos sazonados a sus tiempos. Esta misma agricultura usó Dios en el primero plantel de su Iglesia, pues con el rojo humor sangriento de mártires la regó, arrancando de su centro las malas hierbas, que eran cizaña del pueblo hebreo, y guarneciendo el vallado de ángeles de guarda bellos, que son su cerca; porque no entren brutas reses dentro, previno en las rectas varas de justicia, al ir creciendo, arrimos de confesores, predicadores y maestros, de suerte que de su viña, si la parábola acuerdo, cada vid era un asombro, un pasmo cada sarmiento, porque conoció que entonces eran necesarios; pero prendidas ya las raíces, pues en todo el universo no hay lugar en que no suene de su semilla el aumento, ¿para qué ha de hacer milagros, y más, visibles, teniendo en los invisibles hoy ejercitados los mesmos?, que fue lo que dije, cuando dije que haberlos fue cierto y falso el que no los haya. Para cuyo entendimiento, a resumir lo formal de tu silogismo vuelvo. Dios a la Fe prometió altos milagros: concedo la mayor, en que no puede faltar su prometimiento; hoy no los vemos: distingo la menor: hoy no los vemos tan visibles como entonces, porque no hay para qué haberlos, concedo; luego no hay Fe porque no hay milagros: niego la consecuencia, que hoy los hay tanto más supremos y más sobrenaturales, cuanto va de extremo a extremo, desde lo inmortal del alma a lo caduco del cuerpo. Y así, bien puedo llamar mis fieles a mis festejos, pues en la ejercitación de mis siete sacramentos ..no hay instante sin milagro Eso es lo que yo no entiendo ni entenderé mientras no me des visibles efectos de milagros invisibles. Sí haré; y pues aquí nos vemos, ser representable idea de alegórico concepto en quien retóricos tropos no dan ni lugar ni tiempo, volvamos atrás los siglos, y la paridad corriendo de lo visible a invisible, sea el ejemplo primero la primera que me dio asunto para el ejemplo. ¿Quién está en aquel retrete? ábrese en lo alto del primer carro un retrete, en que estará MAGDALENA en acción de que se está tocando. Una dama a quien el pueblo la pública pecadora llama, no sé si por serlo o porque a él se lo parece, que en él viene a ser lo mesmo, como vaya a lo peor, el pensarlo que el creerlo. ¿En que ocupación se halla? El vulgo de su cabello a blanda prisión reduce, si es que hay prisión para el viento, que le mueve ya esparcido, ya reducido y ya suelto, y entre fragrantes delicias de aromáticos ungüentos, la tez ungiendo a matices y a perfumes los arreos, los siete mortales vicios, por quien algunos dijeron que siete espíritus reinan en ella, comete a un tiempo, pues sin perdonar ninguno, dice hablando con su espejo: Soberbia hermosura, ya que nadie huyó de tu incendio, ¿para qué, avara de aplausos, intentas con usos nuevos despertar la no dormida lascivia de los afectos? Mas bien haces, que no hay más ira en mis sentimientos que ver que en ti no se cebe la gula de los deseos, siendo mi envidia el que haya segundo merecimiento para otra belleza. Vence, pues, la pereza y saliendo a ver y ser vista, arrastra de todos los pensamientos, que nada aventuras, pues son tan neutrales trofeos, que, aunque se vengan contigo, se sabrán quedar con ellos. Desaparece. ¿Hasla oído? Que el ungirse y perfumarse es a efecto de vanidad vi, mas no de sus desvanecimientos, qué inferir piensas. No importa; baste ahora entre devaneos y espíritus ver aromas de olios, bálsamos y inciensos. Y pues que no ha de quedar aquí la experiencia, demos otro paso más al siglo. ¿Quién en aquel monte excelso dice? En el segundo carro,DIMAS, de bandolero. Ah del valle! Dentro. Ah del monte! Dentro. Alerta, que pasajeros desde Jericó a Sión atraviesan; al encuentro conmigo salid, y mueran todos, que no me contento con quitarles las haciendas, si con la vida les dejo, el día que de delitos hidrópico me alimento. Escóndese. A la senda, al monte, al llano. ¿Quién es, a preguntar vuelvo? Quién quieres que sea, sino un ladrón que, bandolero de estos montes, de ser vive pirata de sus desiertos y alimentado de robos, homicidios y adulterios; es de aquellos por quien dijo Job, encareciendo en ellos la facilidad con que pecan, de pecar sedientos, que se beben los pecados como agua; pero de esto, ¿qué sacas? No más de que ser los pecados venenos del alma, es común sentencia de padres. Y así, dejemos que los beba como agua Dimas; y a otro asunto yendo, ¿quién viene en aquel caballo? En el tercer carro, SAULO, a caballo. Quien la Iglesia persiguiendo, contra ella dice: Pues letras de la sinagoga llevo en el seno, donde va también mi aborrecimiento, en odio de aquesta nueva ley de Jesús Nazareno, Rey de Judíos; ninguno de cuantos su voz siguieron vivo ha de quedarme; sea Damasco, pues de aquí veo ya sus elevadas torres, primer teatro sangriento en que sañudas se ceben las víboras que en mi pecho se alimentan de la ira que contra esta gente engendro. Desaparece. ¿Qué sacas de esto? Tampoco sacar por ahora quiero más de que quede asentado que lleva Pablo en el pecho letras y víboras juntas. Y a otro siglo trascendiendo, ¿quién está en aquel alcázar? En el cuarto carro, CONSTANTINO, ensangrentados rostro y manos. Si de sus señas me acuerdo, que como es gentil no tuve de él otro conocimiento, Constantino es. ¿En qué acción se halla? De lepra cubierto, que, al fin, contra los achaques no hay poder en los imperios, emperador y leproso, dice: Perdóneme el cielo ser con otros cruel, por ser piadoso conmigo mesmo, que la buena caridad de sí empieza; y pues no tengo más remedio que los baños de humana sangre de aquellos que ni de vicios ni humores la engendraron, al momento perezcan en su primera edad los infantes tiernos que al cuchillo destinados para mi salud prevengo. Mueran ellos y yo viva sin este horrible, este feo asqueroso mal, pues no hay para mí otro consuelo sino que inocente sangre haya de ser su remedio. Desaparece. Dejémosle para el baño de inocente sangre expuesto y vamos a qué fin quieres que me represente el viento réprobas sombras, si es probar virtudes tu intento? ¿Quién para probar virtudes se valió de vicios, puesto que un facineroso allí alegas, allí un soberbio espíritu encarnizado contra ti mismo; allí luego una hermosura, indiciada de más peligros que el serlo; y allí en fin, un contagioso dolor, que de manchas lleno es símbolo del pecado, especialmente el primero, pues cunde de unos en otros pegadizo. Oye, que siendo cinco los milagros que en la cuestión has propuesto, cinco han de ser los que den solución al argumento. ¿Y quién ha de ser el otro? Aquel africano ingenio que a la sombra de una higuera leyendo está y discurriendo; ¿conócesle? AGUSTINO, en lo bajo de un carro, donde habrá una higuera, leyendo. Si dijiste que no solo represento un apóstata, mas toda la Apostasía, mal puedo no conocer a Agustino más que por su entendimiento por discípulo de Manes, que fue el que dio al maniqueo nombre, en cuya escuela y cuya doctrina estudia, diciendo: Gran repugnancia me hace esta opinión, que aunque llevo siempre la de Manes, no sé si me conforme en esto. «Yo soy la luz del mundo» dice Cristo hablando a los hebreos, en cuya palabra funda que ese hermoso, que ese bello astro del sol, que en oriente coronado de reflejos nace y, desplegando sombras, muere en occidente, siendo árbitro del día y la noche, es el Hijo de Dios mesmo, porque luz del mundo nadie, si no es él, pudiera serlo. Bien dijo hasta aquí; mas no desde aquí, si considero que cree a la luz de los ojos sin la del entendimiento, pues no distingue visible e invisible luz. En esto hay mucho que discurrir; y pues no faltará tiempo en que opuesto me declare a esta opinión, no por eso he de dejar de seguir las demás del Maniqueo; mayormente en las que esté a la católica opuesto, hasta llegar a poner a todo el romano gremio, o llórelo o no lo llore Mónica, en tan grande estrecho que entre sus preces añada pedir que la libre el cielo de lógicas de Agustino. Lee. Desaparece. Nadie habló, para mi intento, ni más contra ti ni más en mi favor. Ya lo veo, pero el frase en que lo habló me observa. Sí haré; y pues vemos cabales los cinco asuntos, di ¿de ellos qué sacas? Eso el tiempo lo ha de decir, que aunque ya lo ha dicho el tiempo, como no le has entendido, para que le entiendas quiero, a fuer de Fe, porque tú te delates a ti mesmo, darte tiempo en que lo pienses, por darte merecimiento en que lo confieses. No a cuenta de piedad eso me pongas, pues, que no es sino haber hallado medios de dilatar la cuestión con fantásticos rodeos por no darte por vencida; y así, pues yo me contento por hoy con haber turbado tu religioso festejo, el plazo que a mí me das tómale para ti, haciendo que lo que a mí no me ha dicho, a ti te lo diga el tiempo. Vase. Sacras columnas, en cuyo no agobiado fundamento descansa el triunfante Impíreo, todo el militante imperio; pues vuestra definición es, a piedades del cielo, el ser visible materia de invisible gracia, siendo signos de cosas sagradas que en material elemento os dejáis ver a los ojos, debajo de cuyo velo, divina virtud incluye oculta salud, haciendo en exteriores señales interiores los efectos. Ese abortivo, ese espúreo hijo de la Fe, que, nervio cancerado, infestar piensa todo lo demás del cuerpo, vuestros continuos milagros duda. Pues os di sujetos en que realmente visible vuestros altos ministerios prueben lo invisible, vea él y vea el mundo entero la virtud que vuestros signos muestran fuera y obran dentro. Yo te ofrezco hacer que vea, en práctico real ejemplo, que en el baño del Bautismo cobra salud el enfermo. Al carro de CONSTANTINO. Yo, que el que una vez esté confirmado en tus preceptos, habla nuevas lenguas. Al carro de AGUSTINO. Yo no sólo a probar me ofrezco que el que, expuesto a penitencia, escupe el mortal veneno de la sangre de la hidra que bebió, de él sana; pero que también todos los siete mortales vicios, que fueron de siete espíritus voz, huyen de un vocal aliento atemorizados. Vase el carro de la MAGDALENA. Yo, que soy la Comunión, yendo tras la Penitencia, haré, pues soy de la gracia aumento, que mi antídoto divino también arranque del pecho las víboras, que la mano al fuego arroje. Al carro de SAULO. Yo, siendo el Orden Sacerdotal, fuerza es que vaya tras ellos a mostrar, administrando sus causas y sus efectos, que quien dijo Sacerdocio, dijo juez, ministro y maestro. Vase. Y yo tras él, pues mi extrema caridad en los sucesos es ver el fin, y, según la Canónica de Diego, al presbítero le toca asistir hasta el postrero trance de la vida, como salud del alma y del cuerpo. Vase. Pues de los cinco milagros que propuso el Evangelio se han encargado los seis, aunque la letra del texto lugar no dé al Matrimonio, supernumerario ofrezco todas sus seis maravillas en mí continuadas. Vase. Cielos, pues le di plazo en que pueda hablar con su pensamiento, concededme que ese monstruo, antes que empuñe el acero o antes que encienda la oliva, reconozca que no quiero la muerte del pecador, sino su arrepentimiento. Vase. Sale la APOSTASÍA y el PENSAMIENTO. Detente, Pensamiento. Más fácil es querer parar el viento, que en él se da distancia y en mí no, pues desde una misma estancia bajar puedo y subir de un mismo vuelo de la tierra al abismo y de él al cielo. Con todo has de pararte a mi fuerza esta vez. Luchan los dos. Será cansarte en vano, que si llegas a los brazos, no sólo desasirme de sus lazos podré, pero primero que tú tras ti me lleves, si yo quiero, te traeré yo tras mí. Llévale tras sí. Suéltame, digo, que yo te seguiré, porque testigo sea ese azul dosel de cuán violento hoy me arrastra mi mismo Pensamiento; y ya que por vencido me doy, ¿dónde me llevas? Si he sabido que el plazo que te ha dado la Fe en aquel pasado duelo intelectual, ha sido a efecto de que pienses el místico concepto que incluyen las figuras y las sombras que te representó ¿de qué te asombras que, siendo el Pensamiento quien las ha de apurar, discurra el viento, por si en él vuelvo a vellas, y te las traigo a ver qué infieres de ellas? Eso mismo quería pedirte yo; y pues es alegoría, los siglos discurramos segunda vez, a ver si es que encontramos segundas señas suyas. No lo dudes, que siendo el Pensamiento a quien acudes, ¿quién quita al Pensamiento que finja fantasías en el viento? Dices bien; y pues no se dijo acaso que la imaginación suele hacer caso, vamos corriendo entupecidos velos. ¿Cuál el primero fue de tus desvelos? El ver a Magdalena de tan soberbias vanidades llena que en la pronunciación de siete vicios, si no evidencias, motivaba indicios de reinar siete espíritus en ella; con que al verse tan bella a su espejo decía: Sale MAGDALENA, como asustada. Huyendo he de ir aun de la sombra mía, porque según me asombra, temo que, tropezándome en mi sombra, me he de impedir la dicha de que llegue a aquellos pies, (a aquellos cielos, diré mejor) donde me ciegue el llanto, cuando al arrojarme a ellos el raudal de mis lágrimas los riegue, los enjugue el cendal de mis cabellos. ¡Qué notable portento! Pasme yo, pues pasmó mi Pensamiento. Mas ¡ay!, que a tales pies ¿cómo me atrevo a llegar si conmigo a mí me llevo? Pero no desconfíe mi esperanza, que es Hombre Dios y la desconfianza tal vez le ofenderá más que el delito; y más si solicito no llegar a sus ojos sin llevar arrastrando los despojos que canten su victoria. Va arrojando lo que dicen los versos. Toma Soberbia, de tu vanagloria los airones, que al aire que los riza di, que pues fueron llama sean ceniza. Tú, Avaricia, tus joyas toma en esas ayer brillantes luces y hoy pavesas. En la adobada piel, Lascivia, toma el humo de tu más fragrante aroma. Toma tú mi quebranto, Ira, pues ya no hay ira donde hay llanto. Insaciable deseo, cuyo ropaje es gula del aseo, toma el matiz de tus tejidas flores. Tú, Envidia, si eres áspid, toma flores. Y porque llegue yo con más presteza, quédate tú con todo, vil Pereza, que sólo ha de ir conmigo este pístico nardo a ser testigo, que derramado lave mi pecado a los pies del que es olio derramado. Las plumas.Las joyas.Los guantes.El pañuelo.El manto.Las cintas del tocado. Vase. Al entrarse va a seguirla la APOSTASÍA, y sale deteniéndole la penitencia. Deténla, Pensamiento, que, aunque sea esto alusión de imaginada idea, llegar a embarazar su curso quiero. No podrás, sin que llegue yo primero a que nadie la impida, que corre a cuenta de mi honor su vida. ¿Quién eres, que me asusta tu presencia? No me espanto, que soy la Penitencia. Ahora me acuerda la cuestión primera, que entre los Sacramentos de otra era te vi, con que me admira más tu intento; porque en ésta aún no había sacramento, que de absolver te diese la licencia. Es verdad, pero había penitencia, que es lo mismo que ahora represento; porque mejor se arguya, si esto pude cuando era sombra suya, lo que podré con tan feliz aumento, como elevarme Cristo a sacramento, cuando resucitado me dio la potestad contra el Pecado. Vase. ¿Qué es esto, Pensamiento? No sé lo que decirte quiso el viento. Ni yo, porque decir que Magdalena llegó a los pies de Cristo de amor llena, nada hace a la pasada cuestión mía, que es historial y yo me lo sabía; y en cuanto a ser en fe de Penitencia, tampoco importa a nuestra conferencia. A otra sombra pasemos, quizá lo que de aquesta no entendemos, entenderemos de ella; ¿cuál es, me di, la que se sigue? Aquella que un ladrón me propuso, de quien era la acción decir... Dentro. Crucificado muera! Dentro. ¿Qué es esto? La justicia, castigar pretendiendo la malicia con que de aquestos montes poblaba de terror los horizontes, a ellos le trae, tú sabes con quién pero no sabes a qué fin; que le veas quiero a él solo en el suplicio; y si se advierte, es (pues la Fe en su historia repetida te acordó los errores de su vida) porque yo aquí con aprehensión más fuerte te acuerde los aciertos de su muerte, por si el asunto de hoy luces percibe en las sombras que adquiere, al verle allá cuán libremente vive y al verle aquí cuán tristemente muere, cuando el suspiro con que el aire hiere, es decir: ábrese el monte, y véese en él DIMAS en la cruz, desnudo como le pintan. Pues que muero justamente, matadme a mí; dejad al que inocente no merece morir. Y, pues culpado, confieso tu inocencia y mi pecado, ten en premio, Señor, de esta concordia, en tu Reino de mí misericordia. Ciérrase el monte y vuelve la PENITENCIA. Aunque como antes dije, solo sea esto aprehensión de imaginada idea, tanto enciende su lástima mi ira, que antes que logre el bien por quien suspira, llegar a rematar su vida quiero. No hagas tal, sin que llegue yo primero. ¿Otra vez, Penitencia, te me opones? Y otras mil; mayormente en dos acciones en que tanto mi mérito interesa; pues Magdalena a Cristo halló en la Mesa y Dimas en la Cruz. ¿Y qué intereso, ni en Cruz, ni en Mesa yo de todo eso para mi conclusión? La consecuencia de ser los tronos de la Penitencia. Vase. ¿La consecuencia de ser los tronos de la Penitencia? ¡Oh Mesa! ¡Oh Cruz! Pero ¿de qué me aflijo, si al caso en uno ni otro, nada dijo, que haga en favor, ni en contra a mis desvelos? Pues cuanto dijo fue... Vuelve SAULO en el caballo, y cae al tablado. Dentro. ¡Valedme, cielos! Dentro. Mas ¿qué es esto? Despeñado del caballo en que lo viste Saulo cayó. ¡Ay de mí triste! Quédase sin movimiento. Pues es quien más declarado contra la Fe se mostró, llegar a ampararle quiero. Sale la COMUNIÓN, deteniéndole. Eso no, porque primero llegaré a ampararle yo. ¿Quién eres, que tu presencia también me da admiración? ¿Quién sino la Comunión vino tras la Penitencia? Ya que he sabido quién eres, no disputando tu ser lo que pretendo saber de ti, es ¿cómo, o por qué quieres dar favor a tu enemigo, pues ninguno se mostró más contra la Iglesia? ¿No es Saulo el que hizo testigo al mundo, de que llevaba más víboras en el pecho que letras, cuyo despecho todo el hebraísmo alaba por su mayor celador? Sí, y aún por eso su vida me importa, que esta caída nace de tan superior, causa, que puedo decir, que si en otras suele ser el subir para caer, él cayó para subir. Sí, ¿pero a ti qué te va más en su raro suceso, que a otros Sacramentos? Eso el efecto lo dirá, cuando a honra de Dios y mía la Fe te dé la razón. Llega ella a SAULO y él se retira. ¡Oh cuanto la Comunión asombra a la Apostasía, pues ni responderla sé, ni a embarazarla me atrevo! ¡Oh tú, en quien hoy labra nuevo vaso de elección la Fe! ¡Saulo! ¡Saulo! Levántase como ciego. ¿Quién me llama? Quien más tu vida desea, para que tu pluma sea alto clarín de su fama. Ni hablarte, ni verte puedo, que en un instante veloz, entre una luz y una voz, tan sin voz y sin luz quedo, que no sé, ¡ay de mí!, ni sé, aunque sé que vi y oí, lo que oí, ni lo que vi; pues tan fuera de mí fue, de un relámpago cercado y de un trueno estremecido, verme al estruendo caído y al esplendor levantado, que a distinguir no me atrevo si fue en espíritu o fue en carne, que solo sé, que tan raro, que tan nuevo rayo, que a cegar obliga, y callar lo que contiene, será porque no conviene, que el hombre al hombre lo diga. Ven conmigo, que a tres días,. que tu éxtasis durará, para tu salud dirá lo que has de hacer Ananías. ¿Qué podrá decirme más, que lo que, no viendo, veo, pues contra estímulos creo no prevalecer jamás? Vanse los dos. Pues nada hasta aquí convino a tu intento de los tres, pasemos a ver qué es lo que dice Constantino. Pasemos, pues, que no acaso, Pensamiento, me le ofreces entre las breñas de un monte, diciendo a voces: Dentro. ¡Silvestre!, ¡Silvestre!, si no a mis ecos, a mis lástimas atiende. No temeroso de mí hoy te escondas, hoy te ausentes, que solo vengo en tu busca, porque al ver armadas huestes, no puedas recelar que es buscarte para prenderte. No, pues, las bóvedas grutas te escondan cuando... ¡aquí hay gente! Sin duda serán cristianos de los que estos montes tienen por asilo ¡Amigos! No temáis ni hablarme, ni verme, que aunque vuestro Pastor busco, es a fin tan diferente, como a que me dé la vida, en vez de darle la muerte. Y porque os aseguréis de la causa que me mueve, y no le ocultéis, sabed que esta contagiosa peste, a quien dieron por remedio baños de sangre inocente, pudo obligarme a que usase de medicina tan fuerte. Dispuesto a ella estaba, cuando entre las vagas especies de un profundo sueño, vi, en anciano reverente aspecto, un hombre vestido de pontificales vestes, con tres cruces en la mano y tres coronas la frente. Este me dijo, que en busca del Pontífice viniese vuestro, que él me sanaría con medicina más leve y a menos costa de sangre; y pues es mi intento éste, no le recatéis de mí, decidme dónde... Dentro.Sale. Suspende la voz, que no sólo no sabemos dónde se albergue, mas no sabemos tampoco, que el Pontífice tuviese ésa ni otra potestad. ¿Quién, cielo, habrá que me adiestre dónde hallarle pueda? Sale el BAUTISMO. Yo. Hermoso niño, ¿quién eres? Soy quien de toda la infancia a cargo la salud tiene; pues aun el adulto, que más provecta edad adquiere, el día que yo le asisto, tanto se rejuvenece, que como el más tierno infante a nacer de nuevo vuelve. Y así, agradecido al ver que el ceño en piedad conviertes, a guiarte vengo, donde a la orilla de una fuente, trocando la sangre en agua, a honor de aquella corriente que manó agua y sangre, está esperándote Silvestre, para que del contagioso achaque de que adoleces, convalezcas: ¡ven conmigo! Aunque tú no lo dijeses, te siguiera yo, al mirar la inmensa gracia que tienes. Vanse los dos. ¿Qué mucho, si es el Bautismo, a quien no es posible niegue la gracia yo?, que no fuera apóstata, si no fuese bautizado; y pues de tantas sombras, hasta aquí no infieren nada de alivio mis dudas, vamos donde las consuele mi última esperanza. Dime, ¿cuál es? Que me representes, Pensamiento, aquel temor, con que de la Fe previno decir el triste clamor: Dentro. De lógica de Agustino, líbranos, Señor. Dentro. No sólo mis fantasías caso hacen en que lo pienses, mas también en que lo escuches. No hay cosa que mejor suene a mis oídos; y así, oye, por si a decir vuelve el repetido favor, que en alas del viento vino, para templar mi furor. Voz dentro, de mujer. Del ingenio de Agustino duélete, Señor. Mas ¿qué es esto? Al mismo tiempo, que de la Iglesia las preces el canto entonan, el llanto de Mónica las convierte en lágrimas. ¡Cuánto siento, que canto y llanto se mezclen, al tiempo que él a la orilla del mar, a uno y otro atiende; porque del pasado error en que discurrió, imagino que oír le dé luz superior! Sale AGUSTINO, oyendo a entrambas partes. De lógica de Agustino. Del ingenio de Agustino. Líbranos, Señor. Duélete, Señor. ¿Qué bajel en alta mar, contrastado de inclementes contrarios vientos corrió jamás tormenta tan fuerte, como mi imaginación, a quien a un tiempo acometen de la Iglesia y de mi madre los dos suspiros ardientes? ¿Quién soy yo, que aquel temor iguala con este amor, diciendo ambos de contino? De lógica de Agustino. Del ingenio de Agustino. Líbranos, Señor. Duélete, Señor. Y más al tiempo, que vagos mis estudios no comprenden la opinión de Manes, cuando (si a ella mi discurso vuelve) asienta que es Luz del Mundo el Sol; de que serlo infiere el Hijo de Dios, supuesto que él es solo el que ser puede Luz del Mundo, sin ver que es, ya lo dije, deficiente Luz, que en el oriente nace y muere en el occidente. Y si el Hijo de Dios fuera, alumbrara permanente días y noches, sin que por esos rumbos celestes fuera el Hijo de Dios, fuera Luz que nace y Luz que muere... si ya no es... (¡quién se explicara!) A otra duda pasa. Atiende. ...si ya no es digo, que hable del Hijo de Dios en este sentido, como Dios Hombre, que en tal caso, bien conviene, que como divino alumbre, quien como humano padece. Y ya que dije Hombre, y Dios, ¿qué ingenio no se suspende, qué discurso no se pasma, qué labio no se entorpece, al pensar cómo será misterio tan eminente, como que el Padre por acto del entendimiento engendre al Hijo, de cuyo amor el Espíritu procede, y siendo tres en Personas, sean un Dios solamente? ¡Oh, qué de contrariedades a cada paso hallo entre opiniones que se estudian y Escrituras que se leen! Pero no por eso, no, de seguir mis dogmas deje, negando a la Fe milagros que mi discurso no entiende, porque un Poder y un Amor, una Ciencia en Uno y Trino da a este argumento valor. A un lado la Música y a otro la VOZ DE MUJER. Dentro. De lógica de Agustino. Dentro. Dentro. Del ingenio de Agustino. Dentro. ...líbranos Señor. ...duélete Señor. ¡Mas ay! Que al ir a formarle segunda vez me divierten música y llanto: si tanto con Dios uno y otro pueden, alcancen de él que ilumine mis sentidos; mayormente si es verdad que es Luz del Mundo; porque mientras no penetre su arcano misterio no sosegaré. Dentro. No lo intentes Dentro. ¿Cúya será aquesta voz? Sale el BAUTISMO. De quien... El Bautismo vuelve. ...a fuer de fuente, supuesto que corren al mar las fuentes, del monte viene a su orilla, llamado piadosamente, de lo que la Iglesia canta y lo que Mónica siente a decirte, cuán en vano, tan alto imposible emprendes; pues fuera más fácil, que yo con esta concha a breve estrecha cárcel de arena, gota a gota redujese todo ese monte de espuma, todo ese campo de nieve, que comprender tú misterio que aun el ángel no comprende. Vase. Oye, aguarda, que no has de irte sin que yo sepa quién eres. Dentro. Si me alcanzas lo sabrás. Dentro. Déme alas el tiempo, déme plumas el viento, con que hasta que le alcance vuele. Vase. Si tras el Bautismo va y le alcanza, se me pierde el mayor ingenio mío; iré a estorbarlo. Sale la CONFIRMACIÓN. Detente. ¿Quién eres tú, que pararme solicitas? ¿Quién ser puede sino la Confirmación la que al Bautismo sucede? Y pues me importa que a él alcance porque a mí llegue ¿qué te admira que sea quien te pare a ti, y de él espere, cuando en sus cuando en susRetractaciones pasados yerros enmiende, que confirmado en la Fe mis altos triunfos aumente? Vase. Aunque quisiera seguirle, no puedo; pero ¿qué teme mi alto espíritu? Pues, cuanto el Pensamiento me ofrece en las repetidas sombras, que para que yo las piense, la Fe me propuso, no sólo acobardarme debe, sino alentarme, supuesto si en ellas mi ingenio advierte, que más en mi intento prueban, y más en mi favor vienen a resultar, que en el suyo. Sale la FE. ¿De qué suerte? De esta suerte. Mi primer proposición fue, que hubo en tus fieles Fe que hoy no hay. La tuya fue que hoy como entonces lo son, representóme tu acción una mujer divertida, una escandalosa vida, un espíritu furioso, un emperador leproso y una ciencia pervertida. Plazo en que en ellos pensase me diste, y mi Pensamiento me las repitió en el viento, sin que a más el verlos pase que a que uno y otro mudase de afecto; y dado que sean milagros el que se vean reducidos, cuánto es más en abono mío, pues cuando milagros se crean, son de entonces, no de ahora que es lo que yo a probar voy. Y siendo así que no hay hoy Fe, que uno ni otro mejora, ¿quién de nuestra lid ignora, si en los milagros que tray hoy mi Pensamiento, cay cuán en mi favor estuvo el probar yo que los hubo, sin probar tú que los hay? Porque de una vez no ignores, que en convalecidos males hay exteriores señales de remedios interiores, haz que en esos mismos loores te acuerde a ti el Pensamiento los milagros que a este intento el Evangelio te dio; iréte acordando yo los de cada Sacramento. Que demonios lanzarían, una fue de sus promesas. Pues sea su cumplimiento el ver allí a Magdalena, al ir, de ellos poseída, y al volver de ellos absuelta, trocar retretes a riscos, blandos estrados a breñas; mullidos catres a espinas; y ricas galas a jergas. El espejo, que antes fue lisonja de su belleza, ya lo es de su desengaño, pues dice deshecho en perlas: Vuelve el carro, que fue de retrete, convertido en gruta, y véese MAGDALENA en hábito penitente delante de una cruz. Si pública pecadora el vulgo me llamó, sean testigos, no solo el vulgo, mas cielo, sol, luna, estrellas, montes, mares, troncos, flores, fuentes, aves, peces, fieras, que en pública penitente la fama el nombre me trueca. Y no sin autoridad, pues en las divinas letras, el buen olor es la fama; y siendo también en ellas el pístico nardo, fe, y yo quien con fe le vierta en sacra unción, cuyo aroma de buen olor dejó llena toda la casa, ¿qué mucho que partícipe pretenda, a merced de sus piedades, valerme de él, porque vean los mortales, que la mala fama convertida en buena, logre, que malos en buenos espíritus se conviertan? En su éxtasis la dejemos elevada; y di que vuelva tu Pensamiento a acordarte otro asunto. Será fuerza que él me le acuerde, según yo tengo el alma suspensa. Que no dañarían mortales venenos a quien los beba... Qué no dañaría mortales venenos a quien los beba... ...otro asunto fue. ...otro asunto fue. Pues mira allí a Dimas, de quien eran alimento los pecados, que venenos se interpretan en tantos lugares, que pierde el número la cuenta, tan al contrario triunfante, que si trocó Magdalena a las penas las delicias, él a delicias las penas, pues si ella de un rico alcázar, lleno de sumas riquezas y sumas autoridades, vino a una cavada peña; él de una peña, al contrario, vino de sumas afrentas a sumas honras de un bello Paraíso, en cuya esfera glorioso dice: Vuelve el carro, que fue monte, convertido en jardín, y DIMAS en él, vestido de gala. Feliz quien con sola una voz, echa de sí la mortal cicuta de la Ira, la amarga adelfa de la Lascivia, al dañado tósigo de la Soberbia, arsénico de la Envidia, beleño de la Pereza y opio vil de la Codicia, que bebió en tantas violencias. Y pues un vocal suspiro supo hacerse llave maestra, que a fuer de ladrón me abriese del Paraíso las puertas, no desconfíe ninguno, por más pecados que tenga, pues cada instante estas dichas obra... ¿Quién? Sale la PENITENCIA. ...la Penitencia, que elevada a Sacramento, a quien sus culpas confiesa, si allí venenos despide, aquí demonios ahuyenta, diciendo los dos: Mortales: Si en el pecho de cualquiera son espíritus inmundos las culpas,... Si las ofensas son en los pechos de todos venenos,... ...la consecuencia de lo visible a invisible pasad,... ...y el cielo... ...y la tierra... ...digan, que esto a cada instante lo obra,... ¿Quién? ...la Penitencia, que elevada a Sacramento, a quien sus culpas confiesa, si allí venenos despide, aquí espíritus ahuyenta. Con esta música desaparecen los dos. ¡Qué asombro! ¡Qué confusión! Pensamiento, ¿pues qué esperas, para acordarle otro asunto, que también su error convenza? Aunque se me acuerdan todos, el orden no se me acuerda. Que darían salud las manos, fue, sobre el enfermo puestas. Que darían salud las manos, fue, sobre el enfermo puestas. ¿Quién probará esto? Salen el BAUTISMO, y CONSTANTINO, sin manchas en rostro y manos. El Bautismo, que siendo, como es la lepra del pecado original símbolo, cuya dolencia cundió sus manchas en toda la humana naturaleza, menos en una divina Virgen, que de gracia llena, desde su primer instante fue de toda culpa exenta, trayéndole bueno y sano, bien en Constantino muestra exteriormente lo que interiormente acontezca a cuantos en sus cristales lavan la mancha primera, que el mayorazgo de Adán a todos dejó en herencia. Si la Lepra de Nahamán, en Eliseo nos cuenta, que halló en el Jordán salud, aun antes que el Jordán fuera baño de otra lepra, en quien la hizo propia, siendo ajena; pues por leproso notado Isaías se lamenta; ¿qué mucho que yo a la sombra de dos luces como estas, en el que hoy Sacro Jordán es de todos, convalezca? Cuyo hacimiento de gracias será ser el primer César que labre templo a la Fe y mande que nadie muera en suplicio de cruz, pues ya es honor el que fue afrenta. Y porque sensiblemente, lo no sensible se crea, del Bautismo el continuado milagro notorio sea. Notorio sea... ...a cuantos en sus cristales lavan la mancha primera, que el mayorazgo de Adán a todos dejó en herencia. ¿Qué podrás decir ahora? Diré, que saber me resta, quién en nuevas lenguas habla. Sale la CONFIRMACIÓN. Quien en cuestiones opuestas a la verdad de la Fe, cuando más estaba en ellas vacilante y discursivo, siguió al Bautismo y en prueba de que le había alcanzado, retratando erradas ciencias, se confirmó en la verdad, cuya confirmación muestra, que habla nuevas lenguas; pues ¿qué más hablar lenguas nuevas, que decir ayer errores falsos y hoy verdades ciertas, siendo hoy laudes de la Fe, las que ayer fueron ofensas? O a su voz atiende. Sale AGUSTINO. No tan solo como hombre yerra, pero como bruto, quien no mira, no considera, que una es la luz material, que verse y gozarse deja del bruto y del hombre, y otra la espiritual, que verla no pueden ojos de carne, sin ojos de inteligencia. Esta es la luz de la luz, por quien dijo el real profeta: «en tu luz conoceremos cuál es la luz verdadera», y a quien «Luz de luz y Dios de Dios» entonó la Iglesia. No es la luz del sol el Hijo, que es por quien la luz fue hecha, pues sin él no fue hecho nada, cuando en la atribución nuestra son, dando al Padre el Poder, y dando al Hijo la Ciencia, y al Espíritu el Amor, tres personas y una esencia, en cuya confirmación, yendo del Bautismo a ella, en pública voz mi llanto delata, anula y detesta de mis pasados errores la ignorancia, porque sea ejemplar mi vida a cuantos mis lean, mis lean,Retractaciones y lean mis , y lean mis ,Confesiones cuánto mejora en su enmienda quien juró, como no jure; quien mintió, como no mienta; quien murmuró, como alabe, y quien trató humanas ciencias, como trate las divinas. ¿Qué más hablar nuevas lenguas? ¿Qué más hablar nuevas lenguas, que decir ayer errores falsos y hoy verdades ciertas, siendo hoy laudes de la Fe las que ayer fueron ofensas? Con todo esto, quién aparta a las serpientes te queda por saber. Con todo eso, quién aparta a las serpientes me queda por saber. Tú lo sabrás, cuando oigas... Dentro, SAULO. Víbora fiera, que de la brasa a la mano has pasado, vuelve a ella, sin que tu mortal ponzoña dos veces ardiente muerda. ¿Qué es aquello? Sale la COMUNIÓN. Estando Saulo calentándose a una hoguera, saltó, huyendo de la llama, desde la encendida leña, una víbora a su mano; él, sin que voraz le ofenda, sacudiéndola de sí, al fuego la volvió. Sale SAULO. En muestra de que el antídoto tuyo, no solamente preserva exteriores mordeduras; pero hace clara evidencia de que interiores serpientes aun dentro del pecho pierdan la saña, pues el que en él llevó víboras y letras, víboras y letras hoy arroja al fuego. Oye, espera; ¿cómo al fuego las arrojas, si aún en el pecho las llevas, pues las letras que te dio la sinagoga son estas. Sácale unos papeles del pecho, y SAULO se los quita de la mano. Engáñaste, que no es el papel que a mirar llegas, sino una epístola, que del mayor misterio llena, escribo a los de Corinto. Para que él y el mundo vean, que no sin pía afección, como a quien ha de ser de ella su más alto coronista, la Comunión te reserva, y que su antídoto abrasa letras y víboras. Léela. Lee. «Ya convenidos en uno, no es la dominica cena, hermanos, la que no más que en saciar el hambre piensa, de que resulta tal vez que alguno en la gula exceda, y alguno exceda en el Juicio. Y pues en las casas vuestras, para comer y beber ya tenéis las mesas puestas, no a comer y beber solo vengáis a la Sacra Mesa de la Iglesia, convidados, en desprecio de la Iglesia y en confusión de quien no la goza: en cuya materia no sé que os diga, que aunque en otra os alabe, fuerza es, que en esto no os alabe. Y porque hagáis diferencia de una mesa a otra, sabed, que lo que el Señor me entrega, y yo os entrego a vosotros, es su Carne y Sangre mesma; porque la noche que había de ser entregado, hechas las gracias, tomando el pan, en sus puras manos tersas, le bendijo y le partió, diciendo en palabras tiernas: tomad y comed, que este es mi Cuerpo, que hoy a penas se entregará por vosotros; esto haced en reverencia de mi conmemoración. Y de la misma manera tomando el cáliz, después que hubo acabado la cena, dijo: este en mi Sangre es Nuevo Testamento; y así, aquella y esta conmemoración haced; mas con advertencia, que siempre que de este Pan gustéis, y este Cáliz, sea anunciando de mi muerte la memoria, hasta que venga. Con que el que no dignamente tal Pan coma, y Cáliz beba, tenga entendido que es reo de la Carne mesma de Dios, reo de su Sangre; y así, pruébese cualquiera dentro de sí mismo, antes que, ni a comerle se atreva, ni a beberle, sin que mire, sin que note y sin que tema que bebe y come su juicio; bien como muchos que enferman débiles entre vosotros, y aun mueren, porque se arriesgan a comerle, sin hacer juicio de sí; y así, alerta, mortal, reprendete tú antes que Dios te reprenda; pues para no ser juzgado, juzgarte tú mismo es fuerza». Lee. Alerta, alerta, mortal, reprendete tú, antes que Dios te reprenda; pues para no ser juzgado, juzgarte tú mismo es fuerza. Cuando sea lo historial todo eso, Saulo, que cuentas, ¿quién me asegura de que en carne el pan se convierta y el vino en sangre, en quien Cristo esté con real asistencia? Sale el ORDEN SACERDOTAL. El Orden Sacerdotal, pues por indigno que sea y pecador el que una vez al sacerdocio llega, en diciendo las palabras que Cristo dijo, no quedan más en las especies que los accidentes de verlas, de gustarlas y tocarlas, sin que haya sustancia en ellas de pan ni vino, sino de Carne y Sangre. Sale el MATRIMONIO. Y pues esta maravilla cada día el sacerdote celebra, añadiendo este milagro a los cinco, porque sepas que no hay sacramento que altos prodigios no tenga, ¿qué mayor que el continuado milagro de la licencia que Dios le dio al matrimonio, para que sin culpa vea en cada nuevo embrión infundir un alma nueva, siendo milagro el que nazca, el que viva y el que crezca? Sale la EXTREMA UNCIÓN. Y cuando a larga o a corta vida el nudo se disuelva de cuerpo y alma, ¿qué más milagro, qué más grandeza que haber para aquella hora, en la última, la extrema necesidad, unción, que de las reliquias que dejan el olvido o la omisión los achaques convalezcan? Aunque todos me arguyáis, contra todos... Ten la lengua, que antes que negar presumas verdades tan manifiestas, será ponerte perpetuo silencio primer sentencia. Toma una espada. ¿No será mejor que yo, pues le da mi fortaleza al que en la Fe se confirma contra sus contrarios fuerza, tome la desnuda espada contra él? ¿O que yo encienda la oliva que me da el óleo para que en sagrada hoguera sienta ver que para él arda cuando para otros florezca? No, porque antes que pronuncie ese último anatema, hechas primera y segunda monición, es la tercera darle, para que me pida misericordia, otra espera. Y así, trata aprovecharla, pues te la da mi clemencia, si antes para que lo pienses, ahora para que lo creas. Vase. Ya que su misericordia tercer plazo le conceda, pues su error fue un solo breve paréntesis de mi fiesta, para que no quede ufano de que pudo suspenderla, a ella volvamos. Bien dices; vamos tras la Fe a ponerla en el carro que ya estaba prevenido para ella. Vanse. Id, en tanto que yo voy a preveniros las mesas, que de la festividad coronen el triunfo. Vase. ¿Qué Etna, qué Vesubio, qué volcán es el que en el pecho engendra una nieve que le abrasa, una llama que le hiela, tan poderosas, que el labio balbuciente, que la lengua trabada, torpe la voz, helada la planta, ciega la vista, todo delira, todo arde y todo tiembla? Mas ¿qué mucho, si a pedazos el corazón se me quiebra que como príncipe que es de sentidos y potencias, al verle agonizar haga, al verle expirar prevenga, turbado todo el viviente vasallaje las exequias? Y más al ver que del Monte Selmón, que David celebra por monte de Dios, en cuya elevada cumbre excelsa le vio el cielo en su carroza cercado de ninfas bellas, que le cantaba la gala su triunfo, la Fe me acuerda, pues en real trono, asistida no solamente de aquellas virtudes que timpanistrias festivas el plaustro cercan, se deja ver, mas de aquellos que de nuestra conferencia ejemplos fueron, mostrando que de aquella edad primera visibles milagros, hoy son invisibles en esta; con que es fuerza, convencido, que ellos digan y yo sienta: Dentro, chirimías. Vengan todos... Todos vengan... ...donde sepan todos... ...donde todos sepan... ...que el siempre felice día... ...que el siempre felice día... ...que al cielo ofrece la tierra... ...que al cielo ofrece la tierra... ... ...No hay instante sin milagro en los triunfos de la Iglesia. ... ...No hay instante sin milagro en los triunfos de la Iglesia. Con esta música salen en tropa MÚSICOS y SACRAMENTOS delante, y luego la FE en un carro triunfal, que ha de atravesar el tablado, tirando de unas bandas, que han de llevar MAGDALENA, DIMAS, SAULO, CONSTANTINO y AGUSTINO. ¡Ay de mí, infeliz! Que al ver que hacia nosotros se acercan, no hay pensamiento, ira o furia de cuantos ellos desechan que en mí no revistan, pues espíritus me atormentan y venenos me atosigan, y sobre entrañable lepra no hay serpiente que no roa ni víbora que no muerda. ¿Qué he de hacer? Si alguna vez el Pensamiento consuela al triste, pues que ya sabes el remedio, no le pierdas; acude donde acudieron los demás. Bien me aconsejas, y así con ellos diré: Todos vengan... Todos vengan... ...donde sepan todos... ...donde todos sepan... ...que la ciega Apostasía, a los pies de la Fe puesta, confesando lo visible, lo no visible confiesa... Postrado a los pies del carro. ...que el siempre felice día que al cielo ofrece la tierra, No hay instante sin milagro en los triunfos de la Iglesia. De tu reconciliación las gracias me doy, contenta de ver cuánto esta enseñanza advierte para la enmienda; y supuesto que hoy es día de indulto y de indulgencia, para que tengas de mí saludable penitencia, vestida la nupcial ropa ven a donde nos espera el Orden Sacerdotal, la Mesa puesta. ábrese el otro carro, y véese el ORDEN SACERDOTAL y delante de él un altar con Hostia y Cáliz. Y en ella el Pan de Vida, que fue fineza de las finezas de Dios, que amando hasta el fin, dijo que quien le comiera no moriría en eterno. Así dijo a Magdalena. Y así en mí lo cumplió, pues fue al fin mi ventura eterna. Dígalo yo, que lo escribo. Y yo, pues salud perfecta gocé por él. Y yo, pues por él hablé nuevas lenguas. Felice yo, pues abrí a tantas dichas las puertas. Felice yo, que el esfuerzo doy a quien entra por ellas. Felice yo, pues no hay delito que yo no absuelva. Felice yo, pues soy quien vuestros méritos aumenta. Felice yo, que corono el fin de las obras vuestras. Felice yo, pues en gracia crezco a la naturaleza. Dichoso yo, pues soy quien vuestros tesoros dispensa. Y más que todos felice yo, que aunque a la hora postrera llegué, merezco cabal el sueldo de mi tarea. Pues ya que todos felices os publicáis, de la fiesta prosiga el triunfo... ...diciendo todos a las plantas vuestras: Vengan todos, todos vengan, donde sepan todos, donde todos sepan, que el siempre felice día que al cielo ofrece la tierra, No hay instante sin milagro en los triunfos de la Iglesia.