Pedro Calderón de la Barca El año sancto de Roma Auto sacramental Personas EL HOMBRE. EL ALBEDRÍO. EL AMOR. EL TEMOR. EL CULTO DIVINO. LA OBEDIENCIA. EL PERDÓN. LA CASTIDAD. LA SEGURIDAD. LA VERDAD. EL DESPRECIO. EL HONOR. EL MUNDO. EL DEMONIO. LA LASCIVIA. LA FEE. Suena dentro la MÚSICA y mientras se canta se abre en lo alto de un carro una gruta y sale de ella el HOMBRE, vestido de pieles, como escuchando con admiración. Venid, venid, peregrinos, venid, venid, que este año la puerta se abre que estuvo cerrada por tantas edades, por siglos tan largos; y pues que la vida es jornada de todos, felices aquellos que peregrinando merezcan que el año reparta con ellos la acción de piadoso, el renombre de .Santo Rásguese las entrañas el centro que en sus bóvedas me encierra, primer prisión de la fortuna mía, y entre las dos campañas del cielo y de la tierra, a la voz desta métrica armonía, salga a gozar la breve edad del día, símbolo de mi edad, pues cuando nace de ansias el Hombre, y de miserias lleno, bien como el día, de uno en otro seno, tránsito es el que hace con vida tan escasa que de un sepulcro a otro sepulcro pasa. Dígalo yo, que apenas miro del sol la lumbre desde el umbral de mi primer destino, cuando de horrores llenas, hallo en las quiebras de una y otra cumbre el precipicio aun antes que el camino. Sin elección, sin tino nazco, y sin que comprenda mi natural deseo, de dos sendas que veo cuál es la mejor senda, para que llegue menos fatigado a ver el fin para que fui criado. ¡Oh, si de aquellas voces los ecos repetidos, otra vez escuchara los acentos, y halagando veloces la paz de mis sentidos, articularan otra vez los vientos los humanos acentos, diciéndole a mi engaño la voz de sus oráculos divinos... Venid, venid, peregrinos, venid, venid, que este año la puerta se abre que estuvo cerrada por tantas edades, por siglos tan largos. ¿Qué puerta será aquella que hasta hoy se vio cerrada y hoy abierta convida al peregrino? Mas, ¿qué duda mi estrella, si desta voz guiada norte es vocal que me dirá el camino? Pero entre dos, cuál es no determino el que elijan mis ojos, que no sé cuál me acerca o me desvía desta dulce armonía; uno de rosas es, otro de abrojos: divina voz, si acaso por despojos del cielo esos avisos me estás dando, ¿qué me quieres decir por tales modos? Que pues que la vida es jornada de todos, felices aquellos que peregrinando merezcan que el año reparta con ellos la acción de piadoso, el renombre de .Santo Que es jornada la vida, y difícil jornada, en razón natural la voz previene; que tendrá apercebida buena o mala posada la sobrenatural previsto tiene: luego elegir conviene destas dos sendas bellas la mejor, que no en vano el cielo soberano, para adestrar mis güellas, naturales y sobrenaturales razones dio a mis bienes y a mis males. Mas, ¡ay de mí! Mal puedo aunque me veo ilustrado de alma y cuerpo, potencias y sentidos, elegir yo sin miedo, que no nace enseñado el Hombre, y todos son pasos perdidos cuantos da inadvertidos nuestro discurso humano sin impulso divino; ¿no habrá quien a un viador diga el camino, para bajar desde este monte al llano? Sale el ALBEDRÍO en lo alto también. Sí habrá, conmigo ven. De ti me fío; pero dime quién eres. Tu Albedrío. ¿Fue tuya aquella voz que el viento envía llamándome? Llamar no es acción mía; el mover sí, tu afecto o tu cuidado, a ir, o no ir adonde te han llamado; y así, al ver cuán triste estás cuando por dos sendas vas, vengo a que una elijas. Pues ¿cuál la que he de seguir es? La que te agradare más, que yo siempre que estuvieres entre dos dudas perplejo, convendré en la que eligieres; y así, toma mi consejo y echa por la que quisieres, si bien, al ver que caminas entre halagos y rigores de zarzas y clavellinas, diré que pises las flores primero que las espinas. Ven por aquí, que este ha sido el camino más trillado. Va bajando y delante el ALBEDRÍO. Sí haré, y haberle elegido me tiene más bien hallado, pero no menos perdido, que si aquella voz que oí ha de llevarme tras sí, cuando esotra senda dejo, pienso que de ella me alejo todo lo que voy tras ti. Pues ¿qué voz, qué acento extraño oíste entre estos dos caminos? Decía, si no me engaño... Venid, venid peregrinos, venid, venid, que este año la puerta se abre que estuvo cerrada por tantas edades, por siglos tan largos. Oye, que el eco llevando tu voz por más dulces modos, no sé qué está pronunciando. Que pues que la vida es jornada de todos dichosos aquellos que peregrinando... En el tablado. Con admiración y espanto oigo sus acentos bellos. Calla, que prosigue el canto. Merezcan que el año reparta con ellos la acción de piadoso, el renombre de .Santo Ella es, ven tú ahora tras mí. Sí haré, que el imperio mío no es forzar, inclinar sí, y no fuera tu Albedrío a no sujetarme a ti, que aunque yo tan libre soy es para el arbitrio ajeno, no para el propio, y estoy dispuesto a ser malo o bueno, según aquel con quien voy. ¿Descubres en la región del mundo o poblado o gente? Sólo mira mi atención a la orilla de una fuente un bellísimo garzón peregrino. Escucha. Dentro el AMOR. Haced hora en las siestas estivas los que camináis con sed, que esta es fuente de aguas vivas: llegad, llegad y bebed. Con el agua te han brindado, ya sus voces, ya sus señas. Al primer paso que he dado agua me ofrecen las peñas con que lave mi pecado. ¡Oh tú, hermoso serafín, que ilustrando este horizonte parece que a su confín has trasladado a otro monte las fuentes de Rafidín, bellísimo peregrino... El AMOR de peregrino. ¿Qué quieres? Lo que pregunto es dónde va este camino. Éste y todos van a un punto. ¿A un punto? Sí. No imagino cómo siendo varios ir a un punto puedan. Con ver que la jornada es vivir, la primer patria nacer y la posada morir. Pues ¿cómo es posible estén varias las sendas, si infieren a los ojos que las ven un fin? Como todos mueren y no todos mueren bien. ¿Y qué senda es la mejor? La que me siguiere a mí. ¿Cómo te llamas? Amor. Parece... perdona... Di. Que implica. ¿Por qué? Es error pensar que Amor, siendo ciego, guíe bien. No es, que no soy Amor de lascivo fuego. ¿Pues qué? Amor que amando voy a Dios y al prójimo luego. Aun por eso, peregrino eres. ¿Dónde es tu camino? A la ciudad militante que, corte de la triunfante Jerusalén, imagino hallar sus puertas abiertas, ya que cerradas sus puertas estuvieron hasta aquí. ¿Cerradas sus puertas? Sí. Suplícote que me adviertas de qué puertas esas son. Son las Puertas del perdón. ¿Y quién sabe donde están? La Apocalipsi de Joan en su celestial Sión. ¿Pues a qué se abren? A intento... ¿De qué? De feliz hacerte. ¿A mí? A ti. Saber intento de qué suerte. Desta suerte. Prosigue pues. Oye atento. Que es el hombre peregrino en su patria, pues el centro de la tierra, que le engendra en sí le tiene violento hasta que vuelve a cobrarle, cuando, en cenizas resuelto, entrañas que fueron cuna le sirven de monumento, que es el hombre peregrino en su patria, a decir vuelvo, principio tan asentado es de todos, que no tengo necesidad de probarle con ociosos argumentos, supuesto que con mi voz antes de ahora lo dijeron Job en sus lamentaciones, Jeremías en sus Trenos, y con David en sus Salmos Salomón en sus Proverbios; y así, pasando a la causa de ser peregrino, intento explicarla, y es que como el Hombre vive compuesto de cuerpo y alma, en quien siempre batallan los dos extremos de la materia y la forma, con lo caduco y lo eterno, siempre en doméstica lid viven los dos, porque siendo él un rústico villano, hijo del polvo y del viento, y ella un espíritu noble, nacida en mejor imperio, mal avenidos y mal hallados y descontentos, porfían a desatarse él del yugo que le han puesto y ella de las ataduras de las cárceles del cuerpo, de cuya desigualdad nace el encontrado afecto que los tray siempre de paso anhelando y pretendiendo de aquella vital unión romper los impedimentos, él por volverse a la tierra, y ella por volverse al cielo, con lo cual, siendo la vida peregrinación, pasemos de una vez a qué camino es el mejor y más cierto. Piensa el hombre cuando nace, o cuando empieza, a lo menos, formando entes de razón a obrar con entendimiento, que nace a emplear su curso solo en el uso de aquellos oficios a que le llama la vocación de su genio; pues no, que ni el César mismo nace solamente a serlo, el señor a ser señor, a lucir el caballero, el soldado a dar vitorias, el ministro a dar consejos, el estudioso al aplauso, el político al gobierno, el oficial al sudor, ni el mendigo al desconsuelo: todos nacen a otro fin, que es, si le examinan cuerdos, servir a Dios y gozarle. Servirle dije primero, porque, para amar gozando, se ha de merecer sirviendo; y siendo así que este solo es el principal empleo de la vida, y los demás acesorios a éste, vemos que es al que menos acuden los mortales, no advirtiendo que el que les importa más es al que se aplican menos. Tú, pues ya que tan desnudo naces al conocimiento desta verdad, solicita abandonar los pretextos de humanas comodidades, y ya que naces a tiempo que llueve el cielo el rocío de sus piedades, cubriendo no de cándido manná las campañas del desierto, sino de lo figurado en él, pues con más misterio, dando luces a las sombras, se ve en otro blanco velo, que, lloviéndose a prodigios, se está agotando a portentos, procura cogerle antes que corrompido y deshecho te le convierta en gusanos la flojedad de tu afecto. Todas las horas de quien están los días compuestos, los días de quien tejidas están las semanas, siendo eslabones de los meses, como de los años ellos y los años de los siglos, unidas partes del tiempo, todos los bendijo Dios. Santos son, yo lo confieso; pero tal vez se le añaden por celestiales decretos al siglo, año, mes, semana, día y hora, privilegios tales, que pueden alzarse con la antonomasia, y siendo todos santos, haber uno con el renombre de serlo. Éste es el que vives, éste es el que gozas, supuesto que es el año que la puerta se abre del perdón, haciendo franca la entrada, que estuvo cerrada por tanto tiempo. Preguntásteme cuál era. Satisfacerte deseo si alcanzare a mi discurso la cortedad de tu ingenio. La primer culpa del hombre, comprometida en su yerro toda la Naturaleza, cerró las puertas del cielo de manera que aunque abrirlas quiso el llanto, intentó el ruego, no pudo, porque no pudo incapaz de tanto efeto, hacer que fuese a la culpa igual el merecimiento, porque siendo ella infinita por ser infinito objeto Dios ofendido, fue fuerza quedase su esclavo hecho hasta que él compadecido del miserable lamento de los padres que clamaban por el blando rocío tierno de la aurora, que cuajado vimos ya en sombras y lejos en la piel de Gedeón, dispuso, satisfaciendo lo infinito a lo infinito, que se hiciese Carne el Verbo. Encarna en un virgen claustro de virtud y gracia lleno, y nace de madre virgen, antes y después de serlo. A qué encarna y a qué nace el morir lo diga, puesto que de la porción de humano quiso sujetarse al feudo. Muere, pues, por nuestras culpas, tan fiador de ellas, que siendo ajenas las hace propias, y tanto que en el cruento sacrificio pareció que el que de pecado ajeno moría al pecador salvando era el pecador muriendo. A este pasmo, a este horror, a este asombro hizo sentimiento toda la varia, la hermosa fábrica del universo: tiemblan los montes, los mares se encrespan, gimen los vientos, caducan los edificios, ábrense los monumentos, obscurécense las luces, chocan las piedras, y el cielo, viendo sangrienta la faz de la luna, creyó muerto el sol y que de su sangre salpicado el azul velo, eran gotas las estrellas y lágrimas los luceros. En tanto conflicto, en tanto temor, pasmo, asombro y miedo, aun el mayor fue de todos rasgarse el velo del templo, porque allí la Sinagoga respiró el último aliento, siendo último parasismo de su ley el cumplimiento de las Escrituras, cuando el antiguo documento, sus ceremonias y ritos cedió al Nuevo Testamento, vacando en aquel instante la variedad de preceptos del Levítico, que Dios les impuso, sino aquellos diez reducidos a dos del Decálogo, que impresos más en la fee que en el mármol, siempre han de vivir eternos. Hasta aquí en lo literal se explica el Sagrado Texto, de cuyo sentido paso al alegórico, haciendo de místico y literal alegórico concepto, que a tu peregrinación ha de dar el argumento. ¡Ea!, curiosos, aquí os he menester atentos. Aquella gran remisión de pecados, jubileo plenísimo, a culpa y pena, concedido por el mesmo Summo Pontífice Cristo, con todo el cónclave pleno de cinco mil cardenales, dejó en el mundo este ejemplo, para que de siglo en siglo haga la Iglesia el acuerdo, y siendo un siglo cien años, que solía en otro tiempo ser proporcionada edad del hombre, su piedad viendo cuánto extinguido el vigor de la vida, viene a menos, para que podamos todos participarle, ha dispuesto, que el que era de siglo en siglo, venga a reducirse a medio; y así, el año de cincuenta, por ser la mitad del ciento, con el renombre de Santo goza este merecimiento. Suspenderse allí los ritos, las ceremonias y fueros de la Ley Escrita, es suspenderse, si lo advierto, aquí las gracias que estaban concedidas antes desto; y así, jubileo no hay, que este año no esté suspenso; ser el ara de la Cruz el principal instrumento, es que las indulugencias de la Cruz siempre vivieron, y así, aunque todas las otras cesaron, no estas, pues vemos pasar las de la Cruzada con todos sus privilegios. Abrirse la Puerta allí, que tuvo cerrada el Cielo, Corte y Cátedra de Cristo, abrirse aquí es la del templo que en la corte de la Iglesia es la cátedra de Pedro, y aun ser allí el que la abre el inocente cordero de los siete sellos, es abrirla hoy un Inocencio; ser allí el día de su muerte y aquí el de su nacimiento es abrazar muerte y vida, principio y fin, y a este efeto, ser cruento sacrificio Cristo allí humanado y muerto, es aquí en la Hostia y el ara ser sacrificio incruento. De manera que a dos luces, en dos sentidos tenemos lo que fue y es y será, reducido a un argumento; y así, si quieres venir a ganar el jubileo y indulugencia plenaria de tan alto Sacramento, mis compañeros y yo, cuyos fueron los acentos que te sirvieron de auxilio, hombre, te acompañaremos: todos somos peregrinos, todos un camino hacemos y todos vamos a un fin, y así a seguirnos dispuesto consulta con tu albedrío si acetas mi ofrecimiento, persuadiéndote a que solo has nacido para esto, porque majestades, pompas, cargos, oficios, trofeos, dignidades, señoríos, honras, estados, aumentos, no son más que una ilusión, un engaño, un devaneo, vanidad de vanidades, que el memento de un memento nos las convierte en ceniza, humo, polvo, sombra y viento. ¿Qué te parece, Albedrío, de aquesta proposición? Tuya ha de ser la elección, y siempre el parecer mío ha de estar sujeto a ti. Sí; pero siempre sujeto con repugnancia. En efeto ¿qué me respondes? Que sí, que supuesto que he nacido a lo mejor obligado, y a peregrinar el hado de mi vida me ha traído, te he de seguir. Pues conmigo por aquesta senda ven, que en ella hallarás a quien te acompañe. Ya te sigo, pero con temor, porque vas entrando a una aspereza toda horror, toda tristeza. Si allí otra senda se ve, no vamos por esta estancia. Este es el camino mío. Ven; no tan presto, Albedrío, empiece tu repugnancia. Sale el TEMOR vestido de peregrino. ¿A dónde estará segura mi vida? ¿Por dónde voy, si cada paso que doy es sobre mi sepultura? Apenas muevo la planta cuando pienso que la tierra en sus abismos me encierra; cualquier pájaro que canta, bien que con dulce armonía, presumo que es a mi oído de aquella trompa el sonido que Jerónimo temía. Muerte y juicio hay a un error; pena y gloria a una malicia. ¿A dónde de tu justicia seguro estaré, Señor? ¿Quién es aquel peregrino, que parece que su sombra le atemoriza y le asombra? El Temor de Dios divino, que siempre vive asustado de su justicia y rigor; llega y háblale: Temor. ¿Si soy a juicio llamado? No temas; el Amor soy. Solo Amor hacer pudiera... ¿Qué? Que el Temor no temiera. ¿Quién contigo viene hoy? El Hombre en mi compañía a ser peregrino fiel viene; no te apartes dél. ¡Oh!, aprovéchele la mía. Por vuestro amigo, Temor, ya me tened desde aquí. Que vos me tengáis a mí es lo que os está mejor. Abrázanse. Desde el instante, Albedrío, que su pecho al mío llegó, el corazón se me heló dentro dél. Pues ¿qué hará el mío, que con menos causa sabe temblar? Esta compañía deja; o bástete la mía o busca otra más süave. No haré tal, pues antes creo que con nadie iré mejor que con Amor y Temor a ganar el jubileo. Sale el CULTO DIVINO, viejo venerable, de peregrino. Descanse la vejez mía sin descaecer el fervor, pues que también el Señor descansó el séptimo día; a este báculo arrimado esté un caduco edificio, que también es sacrificio el ocio del fatigado. Otro venerable anciano por allí sale al camino. Este es el Culto Divino. En su aspecto soberano que lo es no dificulto. ¿Culto? ¿Qué te da pesar? Solamente imaginar, si el culto es, que hablará en culto. Venerable Padre mío. ¡Oh Amor! ¿Quién contigo viene? El Hombre. Saber conviene si viene con su Albedrío para que le abrace yo. Si él conmigo no viniera yo arrastrando le trujera. Vos podréis, pero yo no, porque ha de ser voluntario el afecto para mí. A Amor y Temor seguí sin ser a los dos contrario hasta ahora. No dificulto ya ofreceros mi favor, que Albedrío con Amor y Temor bien viene al Culto. Cantan dentro la OBEDIENCIA y el PERDÓN. Llega a la mesa legal de aquel sazonado Cordero Pascual. Que dulce y sabroso espera a que le guste y le coma quien quiera. Tras el Culto se han seguido misterios de un Sacramento. Oye y atiende a su acento. Solo él regaló mi oído. Cantado. Llega, mas con desengaño, de que hace provecho y puede hacer daño. Porque este manjar que ves fue antes león y cordero después. Misteriosa es la canción. Si declarártela espero, dice... Que yo amo cordero... A quien yo temo león. Salen cantando. Llega, que en misterio tanto, tres veces Señor y tres veces Santo, en un himno le declara el Ángel. Y en él, si bien se declara, castigo y premio se ven, porque es pan de vida y de muerte también. ¿Feliz o infeliz mi suerte hará tan nueva comida? Ama, porque es pan de vida. Teme, porque es pan de muerte. En gracia le has de comer para que llegue a satisfacer. Creyendo que en él estén el premio o castigo de obrar mal o bien. Llega, pues, llega al altar, si el bien que has perdido le quieres cobrar. Otros dos en vuestro traje son los que escucho cantar. Haránlo por aliviar las fatigas del viaje. ¿Y quién aquestos dos son que llegan a tu presencia? Yo soy, Hombre, la Obediencia. ¿Tú quién eres? El Perdón. Bravas gentes vas topando. Todas al viaje convienen. ¿Cómo? Como todas tienen significación. ¿Y cuándo la explicación se ha de ver? Que nos la dirá, imagino, el discurso del camino. Pues bien será menester tener atención con ellos porque no por omisión se pierda la explicación. De vuestros acentos bellos la voz me elevó. Habrá sido por tocarte la canción. Vuelve, Obediencia; Perdón, vuelve a suspender mi oído. Cantado. Llega a la mesa legal de aquel sazonado Cordero Pascual. Dentro la SEGURIDAD a una parte y la CASTIDAD a otra cantando en ecos. ¿Cuál? ¿Cuál? Oíd, que en los cóncavos güecos responde el aire veloz. Atended, por si en su voz algo nos dicen los ecos. Vaya cada uno guardando un sentido para sí, para juntarlos. Sea así. Pues vuelve a empezar cantando. Cantado. Llega a la mesa legal de aquel sazonado Cordero Pascual. Dentro cantado. ¿Cuál? Dentro cantado. ¿Cuál? ¿Cuál? Cantado. Que dulce y sabroso espera a que le guste y le coma quien quiera. Dentro cantado. Quiera. Dentro cantado. Quiera. Quiera. Cantado. Llega, mas con desengaño de que hace provecho y puede hacer daño. Dentro cantado. Año. Dentro cantado. Año. Año. Cantado. Porque este manjar que ves fue antes león y cordero después. Dentro cantado. Es. Cantado. Es. Es. Cantado. Llega, que en misterio tanto, tres veces Señor y tres veces Santo... Dentro cantado. Santo. Dentro cantado. Santo. Santo. Cantado. En un himno le declara el Ángel. Y en él, si bien se repara... Dentro cantado. Para. Dentro cantado. Para. Para. Cantado. Castigo y premio se ven, porque es pan de vida y de muerte también. Dentro cantado. Bien. Dentro cantado. Bien. Bien. Cantado. En gracia le has de comer, porque te llegue a satisfacer. Dentro cantado. Hacer. Dentro cantado. Hacer. Hacer. Cantado. Creyendo que en él estén el premio o castigo de obrar mal y bien. Dentro cantado. Y bien. Dentro cantado. Y bien. Y bien. Cantado. Llega, pues, llega al altar si el bien que has perdido le quieres cobrar. Dentro cantado. Obrar Dentro cantado. Obrar. Obrar. Volvamos ahora a juntar el eco, a ver qué declara. Cuál. Quiera. Año. Es. Santo. Para. Bien. Hacer. Y bien. Obrar. Con que viene a declarar la cifra del aire rara... Cualquier año es santo para bien hacer y bien obrar. Salen SEGURIDAD y CASTIDAD cantando, de peregrinos también. ¿Quién sino tú, Castidad, que hiciera prodigios, digo? Y más viniendo conmigo mi misma Seguridad. A ninguno la esclavina mejor que a ella está, y lo fundo... ¿En qué? En que ella es en el mundo la cosa más peregrina. Y es verdad, que nunca vi más peregrina hermosura. Llegad, que el hombre procura seguir a las dos. En mí tendrás quien te dé favor, si a ser vienes peregrino. Y en mí de todo el camino la seguridad mayor. ¿Quién compuso, Castidad, la letra a que respondió el eco que se oyó? Sale la VERDAD. Yo. ¿Quién es ésta? La Verdad. ¿La Verdad ha dicho? Sí. ¿Y la Castidad la tray? Cuando en el mundo no hay se va hallando por aquí. Salen el DESPRECIO y el HONOR de peregrinos. Peregrinos de la tierra, ya que nuestra compañía está junta, antes que el día la cumbre de aquella sierra nos encubra, a caminar empezad, que porque no tardéis, el Honor y yo os venimos a buscar. Honor, dijo. Calla necio. Cuanto allá no hay, aquí ves. Amor. ¿Qué quieres? ¿Quién es éste? El humano Desprecio. ¿El Desprecio y el Honor amigos y juntos? Sí. Por maravillas que vi, no vi ninguna mayor. Pues no la tengas por tal, que entre nosotros honrado es más el más despreciado. Ya que de los diez cabal está el número, y desea el Hombre desengañado, de los diez acompañado hacer su viaje, sea en el traje peregrino como en el nombre. Yo quiero ser quien le asista el primero; y para esto determino desnudarle de la piel Quítale las pieles. de los hábitos villanos, que son afectos humanos. Propio oficio es de amor fiel, desnudar de otros afectos. Pues yo, que soy el Temor, la túnica del dolor le visto, cuyos efetos, Pónele la túnica de peregrino. como en la serpiente harán que otra nueva piel reciba, para que nuevo hombre viva. Poniéndote vas galán. Si es ceñirse autoridad Dale el ceñidor. del Apóstol, este ha sido el cíngulo que tejido te ofrece la Castidad. Pues yo, a quien al Cielo plugo dar del Culto la divina autoridad, la esclavina Dale la esclavina. doy que significa el yugo de la ley. Yo darle quiero por ser don de la obediencia, para que haga reverencia, al más humilde, el sombrero. Dale el sombrero. Recibe, pues que la acción en que debes estribar es el saber perdonar, el báculo del perdón. Dale el bordón. Y por que vayas seguro, el báculo que te dio el Perdón, estoque yo haré, porque así procuro mostrar que la fortaleza es don de Seguridad. Desenvaina del bordón una espada. Pues yo, que soy la Verdad, daré a la Naturaleza testimonios de que eres peregrino en tierra y mar, porque te dejen pasar por dondequiera que fueres; aquí protestan firmando Job, David y Salomón, la auténtica información de que vas peregrinando. Dale una caja con papeles, como traen los peregrinos. Yo, Desprecio de lo humano para sustentarte iré pidiendo limosna, en fee de que todo honor es vano. Sino el mío, pues le fundo en ese mismo desprecio. Ya eres peregrino. Necio, siempre yo lo fui del mundo. ¿Y es todo este el ministerio a que los diez han venido? Quizá trayn otro escondido. Mientras llega ese misterio, con serlo, aun no te veo traza de ser peregrino honrado, pues por cosas que te han dado, te falta la calabaza, si ya no es que la cabeza te sirva de todo. Ya que igual en el Hombre está hábito y naturaleza, porque se explique mejor el auto del peregrino, empecemos el camino. Y aliviando su rigor, sea cantando el misterio del pan que hemos de pedir de limosna para ir desde aquí al romano imperio. Empieza, pues. Yo imagino, si ellos cantan responder, que hoy todos hemos de ser franchotes a lo divino. Cantan en tono de peregrinos que piden limosna. Cantan. Al Unigénito, al Padre mágximo y al Santo Espíritu, de ambos Paráclito, pidamos húmiles que en estos ásperos valles de lágrimas desiertos y áridos su Amor ayúdenos, su Gracia sálvenos. Porque no débiles en este tránsito tardemos míseros, pedid su viático. ¡Oh, pan, de quien símbolo fueron los ácimos, emblema físico y enigma cándido: tu Amor ayúdenos, tu Gracia sálvenos! Habiendo dado vuelta con estos versos, se entran cantando y salen como oyéndolos con admiración, LUZBEL por una parte y por otra la LASCIVIA y ellos cantan a lo lejos. ¿«¡Oh, pan de quien símbolo»... ...«fueron los ácimos»... ...«emblema físico»... ...«enigma cándido»? ¿«Tu Amor ayúdenos, tu Gracia sálvenos!»? ¡Oh, cegárase mi vista... ¡Oh, ensordeciera mi oído... ...antes que hubiera escuchado... ...primero que hubiera visto ...de aquella cristiana tropa... ...de aquel escuadrón divino... ...la congregación de fieles. ...la alabanza de sus himnos. ¿De qué me ha servido, oh cielos... ¿De qué, oh montes, me ha servido... ...el ser astuta serpiente... ...el ser traidor basilisco... ...si al acento de su voz... ...si de su planta al destino... ...mis orejas no se cierran... ...no matan los ojos míos... ...y a pesar de mi veneno... ...y a despecho de mi arbitrio... ...oigo aquellas alabanzas... ...aquellas escuadras miro... ...donde de su voz el eco... ...de su viaje el motivo... ...es de mi garganta lazo... ...es de mi cuello cuchillo... ...a cuyo mortal ahogo... ...a cuyo embotado filo... ...tan atormentado muero... ...tan desesperada vivo... ...que confuso... ...que asustada... ...mortal... ...absorta... ...ofendido... ...triste... ...infeliz... ...muda... ...ciego... ...rabio, lloro, peno y gimo. Parece que de mis voces... Creo que de mis suspiros... ...articulados los ecos... ...los acentos repetidos... ...me han respondido las peñas... ...los montes me han respondido... ...pues si también a las iras... ...si también a los gemidos... ...hay en las grutas halagos... ...hay lisonjas en los riscos. Dime, ¡oh tú!... ¿Pero qué veo? Dime, ¡oh tú!... ¿Pero qué miro? ¡Lascivia! ¡Luzbel! ¿Qué es esto? Pregúntatelo a ti mismo, que si con un corazón, con un aliento vivimos tan uno los dos, que somos solo en el nombre distintos, ¿quién duda, ¡ay de mí!, quién duda que habrás en este distrito lo que yo escuché, escuchado, y lo que yo he visto, visto? El hombre... Si asientas, que eres mitad mía, o todo mío, llegando yo a padecerlo ¿qué tienes tú que decirlo? Ya sé que el hombre, inspirado de aquel celestial auxilio del Amor, con que su Gracia siempre le sale al camino, junto a la apacible orilla de la fuente del Baptismo, su compañía acetó, y en traje de peregrino, con las Virtudes, que son de su bando (en quien admiro las raíces de los diez preceptos que el dedo mismo de Dios en el duro mármol dio a Moisés), ir ha querido a ganar el jubileo, y como pobres mendigos, aquel Pan de cada día van pidiendo al Cielo a gritos. Pues si ya sabes que es ese su paz y nuestro conflito, su favor y nuestra pena, su dicha y nuestro martirio, haya, pues cautela somos, cautela contra el designio de sus intentos. ¿Cuál es?, que ya a seguirla me animo, pues soy contra esas Virtudes el capital de los Vicios. Ellos de la frase usando de alegóricos sentidos y metáforas, ¿no son disfrazados peregrinos? Sí. Pues usemos nosotros de aquese argumento mismo, y llevemos adelante los riesgos de los caminos. ¿De qué suerte? Desta suerte: ¡ah del Mundo! Sale el MUNDO. ¿Quién ha sido quien a mi esfera ha llamado? Tus dos mayores amigos, la Lascivia y yo. ¡Oh, Lascivia! ¡Oh, Luzbel! ¿pues en qué os sirvo? ¿No eres nuestro amigo? Sí, y a contrario silogismo se prueba, pues tú, ella y yo somos los tres enemigos del alma. ¿Cuántos te llaman, ¡oh, Mundo!, mesón, hospicio, venta, y posada, en que el hombre está de paso? Infinitos. ¿Luego es fuerza que en tu casa paren cuantos van camino? Claro está. Pues a un viador de los que le traen consigo hemos de apartar, haciendo que le cansen los motivos con que le llevan, hallando en tu hospedaje cariños que en él le diviertan. Yo ni obedezco ni replico, que aunque enemigo del Hombre soy, no lo soy positivo, pues por ser Mundo, no soy precisamente enemigo, sino respeto de aquellas ocasiones que en mí admito; y así, aunque tengo mesones de pecados y de vicios, tengo también de virtudes y penitencias asilos, y no sé yo a cuál le lleven las gentes que tray consigo, mayormente si con ellas viene su libre Albedrío. Por eso quiero que sea cautela el intento mío; prevénle tú una posada llena de aparatos ricos, delicias, viandas y juego. Sí haré, que aquese es mi oficio. Pues con eso tú, Lascivia, porque no busque otro abrigo sino el del riesgo, a las puertas has de estar de su edificio, llamando a los pasajeros porque de tu voz movidos aceten el hospedaje de los austeros distinto. También es mi oficio ese, y hoy verás cómo los brindo a las puertas del mesón con el oloroso vino que, embriaguez de los mortales, infunde en sueños lascivos, conficionados venenos de inficionados hechizos. Pues yo también, de la tierra extranjero advenedizo fingiré otro caminante, que haciéndome encontradizo con ellos, a ti los traiga. Pues cada cual a su oficio: yo a hacer voy el hospedaje, que será un palacio altivo fabricado sobre el viento, pues todos los beneficios del Mundo son al fin viento, si son lisonja al principio. Vase. Yo voy a que aquese engaño los ciegue, y de mí lo fío, pues yo a sus umbrales soy el norte de su apetito, el calor de su deseo, la sujeción de su arbitrio, de su ingenio la torpeza, de su razón el delirio, y el doméstico veneno del imán de su albedrío. Vase. Instrumentos dentro. Pues sea presto, porque ya las consonancias he oído conque al mundo viene el Hombre diciendo otra vez sus himnos. Vuelven TODOS a salir como entraron. Cantando. Panal melífluo, más dulce y plácido para el católico que al pueblo hebraico. Tu Amor ayúdenos, tu Gracia sálvenos. A la sombra destos sauces descansemos, pues Dios hizo para el descanso la fiesta y hoy lo es. Bien imagino que he menester el descanso. ¿A quién no pasa lo mismo? Si un perdido caminante, extranjeros peregrinos, halla piedad en vosotros, decid si es este el camino para la mejor posada. Bien se ve que vais perdido. ¿En qué? En que venís de adonde todos vamos, y es indicio, que quien deja el fin atrás va ya errado en el principio. Aunque pueda al argumento responder, más solicito informarme que argüir: ¿no vais al Mundo? Es preciso. Pues vamos, que por no ir solo, que iré con vosotros, digo, y a todos en la posada el gasto haré. Es un bendito. ¿Quién es? No es de nuestro gremio, y quién es dirá el camino. Muchas cosas que saber llevo, pues aun no averiguo el misterio de los diez. Pues ¿qué misterio escondido hay en ellos? ¿Qué sé yo?, que solo sé que los sigo por desiertos y asperezas, sin descanso y sin alivio. Vase levantando en un carro una torre muy adornada y en su capitel la LASCIVIA, con una copa de oro en la mano. No desconfíes tan presto, que ya entre aquellos dos riscos suntuosamente noble se descubre un edificio cuyos altos capiteles espejos son de oro y vidro, en que se enamora el sol tornasoleándose a visos y iluminándose a rayos, de su hermosura Narciso. Vamos allá, que no dudo, que en él hallemos hospicio. Id vos, que sois caballero, que los que pobres nacimos, en el desierto alojamos y no en alcázares ricos. Las cuevas a donde habita la Penitencia, es el sitio para nosotros decente. Y más hoy, que es más debido ir al templo que al palacio. Fatigados peregrinos que de las humanas sendas penetráis los laberintos. Oíd, que de la torre os llaman. Y es el más bello prodigio que vieron jamás mis ojos. Si el cansancio del camino quereis aliviar, aquí posada, puerto y abrigo tendréis; no paséis a otra, veréis como en ella os sirvo; llegad, refrescad, que en este vaso está el precioso vino de los néctares con que a los caminantes brindo. Lleguemos allá. Lleguemos. Tente, Hombre. Pónenseles delante. Tente, Albedrío. No allá vais. ¿Por qué? Porque ese es el fiero vestiglo que vio Juan sobre la bestia de siete cuellos distintos brindar con el vino que es veneno de los sentidos. Sea vino y sea veneno, que no hay mal veneno en vino. Porfían a posar. ¿Pues una vez que llegamos a ver un pequeño alivio me le embarazáis? ¿No es rigor el que usáis conmigo? No, sino piedad. ¿Quién deja después que por breñas vino tan ásperas, de gozar de la posada el cariño? Vuelve, Lascivia, a llamarlos. Llegad, llegad, peregrinos; abierta tenéis la puerta donde todos los sentidos hallan su objeto: la vista entre aparadores ricos de plata y oro; entre dulces instrumentos el oído; entre aromas el olfato; entre manjares distintos el gusto; y el tacto entre lechos de pluma mullidos, cuyas delicias retratan el primero Paraíso. ¿Quién no agradece hospedaje tan noble? También lo digo. ¿No venís? Sí, y cuando no fuera ese pretexto digno, el de ver tal hermosura lo fuera. No es, que es delito. Pónesele el AMOR delante. ¿Delito es amar lo hermoso? Sí. De escucharlo me admiro, al que dice que es Amor. Sí soy, mas Amor divino, que no ama a la hermosura, sino al autor que la hizo; y así, si en mi compañía quieres proseguir conmigo el viaje, solo a Dios has de amar. ¡Tiemblo al oírlo! ¿Qué va que cada uno empieza ahora el misterio a que vino? ¿Pues no se ama en las criaturas al Criador? Y yo lo afirmo, mas no cuando en las criaturas a ofenderle pasa impío el amor, porque hay amor que es virtud y amor que es vicio. ¡Vive Dios, que yo he de amar la rara beldad que miro! Aparta al AMOR y pónesele el TEMOR delante. No jures su nombre en vano, y más con tan mal motivo, como hacer cosas mal hechas, que me estremezco de oírlo porque no hay nada en que más se pierda a Dios el debido temor, que cuando le traen del pecado por testigo. Con despecho. ¿Ni he de amar ni he de jurar? Con buena gente venimos. Pues que ya empieza a mostrar amor y temor perdidos, agora es tiempo, Lascivia. Venid, venid, peregrinos, a donde todo es descanso, alegría y regocijo. Yo, si no quieres venir, de esa dulce voz movido... ¡Y cómo que es dulce voz! ...sin ti me iré. Aparte. Así le incito, que un mal ejemplar a veces aun puede más que yo mismo. ¡Quédate, mientras que yo gozo, como, bebo y vivo. Vase. ¡Ay de mí! ¿Qué helado fuego es el que en mí ha introducido? ¡Que otro lo que pierdo goce! ¿Cómo no habéis detenido a esotro, Amor y Temor? Como él incapaz ha sido de amor y temor de Dios, y así no habemos sentido que se vaya sin nosotros, pues con nosotros no vino. Pues ahora bien, ya que sea amar y jurar delito, sin amar y sin jurar, vamos a ver ese rico palacio. Aparta a los dos y atraviésase el CULTO. Al tiemplo es mejor, que hoy el día es del domingo, y santificar la fiesta debemos con sacrificios. ¡Buen descanso es la oración para el que viene rendido de hambre, sed, cansancio y sueño! Por Dios, que el consuelo es lindo, tras no comer ni beber. Mejor pan, y mejor vino te daré yo. Una por una, mejor el otro lo hizo, que estará comiendo ya caliente, bebiendo frío y echado a dormir la siesta. Hagamos los dos lo mismo. Eso no, porque primero es ir al templo conmigo. Apártale con desprecio y atraviésase la OBEDIENCIA. Quita, impertinente anciano. No le trates con desvío, que si yo he de acompañarte, tras el respeto debido de los padres, has de honrar los mayores y ministros. ¿Quién te mete en eso? Ser la Obediencia. Más me irrito con los cuatro mandamientos que oponer habéis querido delante opuestos los cuatro a cuanto hago y cuanto digo. Esto es Ley. Aunque lo sea, quitad, no me hagáis que impío rompa por todo y que... Va a desnudar el estoque del bordón y detiénele el PERDÓN la mano, puesto delante. Aguarda, no osado, no vengativo, desenvaines del bastón el acero. Ya van cinco, pues con los cuatro, enojado, el no matar es el quinto. ¿Cómo, si airado con ellos me miras tú has pretendido tenerme? Como el Perdón soy, y no he de consentirlo, pues no a los amigos solos, pero aun a los enemigos has de perdonar, por no cometer un homicidio. ¿Tú has visto tantos preceptos como me han introducido en un instante? ¿Habrá más de romperlos? No me animo a tanto y antes me deja sobresaltado el oírlos. Vuélvese atrás el HOMBRE, el ALBEDRÍO quiere pasar adelante y él le detiene. ¿Te vuelves? Sí. Pues yo no, que he de ir tras el que se ha ido a comer y descansar. Que no me dejes te pido, porque mérito no habrá, si quedo sin Albedrío. Va pasando el ALBEDRÍO sin que le puedan detener los que dicen los versos. No haré tal. Deténle, Amor. En vano lo solicito. Temor, deténle. No puedo. Culto. Ni yo, aunque porfío. Obediencia. Yo tampoco. Perdón. En vano me animo. ¿Nadie le detiene? No. No, que de todos me libro, que a haber Albedrío forzado no hubiera libre Albedrío. Pues yo veré si yo puedo forzarte a que estés conmigo. Alcánzale el HOMBRE y tráele tras sí. Tú podrás, pero no otro, y aun con violencia tú mismo; protesto que desde aquí de mala gana te sirvo. Yo, que de esa mala gana hago al cielo sacrificio, mostrando que puede el Hombre sujetar a su Albedrío, cuando pone los preceptos delante a los apetitos... ¡Ay de mí!, que atrás le ha vuelto, estando ya fugitivo, su Albedrío, mas ¿qué importa, si aunque obedezca a los cinco, el mayor riesgo le falta? Venid, venid, peregrinos, ¿donde vais con esta siesta, cuando el sol más encendido, Fénix de su misma llama, se está abrasando a sí mismo? ¡Ay de mí!, que cada vez que oigo su voz, su luz miro, contra mi Albedrío se vuelve la razón de mi Albedrío. Vuelve a ir hacia donde llama la LASCIVIA y atraviésase la CASTIDAD. No la oyas ni veas. ¿Por qué, puesta delante, has querido, que ni la oya ni la vea? Porque es aqueste mi oficio, que siendo la Castidad, es mi mortal enemigo la Lascivia, y mi precepto es contra el amor lascivo. Siendo su precepto el sexto, honestamente le ha dicho. Aparta, que he de mirarla. ¿Quién eres, bello prodigio del mundo? Del Mundo soy esposa, ese dueño invicto de cuanto ves. No has de verla. Pónese delante la CASTIDAD. Sí he de verla, aparta, digo. ¿No hay quién me ayude a tenerle? Pónese a su lado el HONOR, quitándose de su puesto. Sí, yo tu razón animo. ¿Tú a estorbarme te adelantas, y cuando a ella la desvío, para ponerte delante te has quitado de tu sitio? Sí, que siendo yo el Honor y habiendo esa mujer dicho, que es mujer de otro, que a otro se haga ofensa no permito; y así, adelantarme al lado de la Castidad me has visto, que soy de la castidad precepto correlativo: no has de codiciar mujer ajena. Si la codicio o no, tú no has de estorbarlo tanto, porque solicito, mariposa de sus rayos, morir a tan buen peligro, cuanto por si de las joyas, que adornan sus crespos rizos, algunas puedo quitarla para pasar mi camino. Aparta a los dos y atraviésanse la SEGURIDAD y el DESPRECIO. Sí, por Dios, no nos estorbes introducir este estilo de quitar a las mujeres que el darlas ya es uso antiguo. Eso no, que contra mí fuera segundo delito. Y aun tercero codiciar los bienes que ajenos miro. Pues ¿qué os va en eso a los dos, para llegar a impedirlo? Ser yo la Seguridad, con que unos de otros vivimos. Y yo el Desprecio que ajenos bienes ni amo ni codicio. No has de hurtar, que es el pecado más infame y más mal visto. Ni codiciar bien ajeno. Mientras está hablando con estos dos se va como a hurto apartando dél el ALBEDRÍO. Ahora que está divertido, veré si puedo escaparme. No será hurto, si la digo que soy príncipe en la tierra, aunque agora peregrino disfrazado, y que doblado volveré lo que la quito, pues si voluntariamente con mis cautelas la obligo, no será hurto. Atraviésase la VERDAD. Será engaño, que es lo que yo no permito, pues siendo yo la Verdad, con testimonios fingidos a nadie se ha de mentir mientras yo en el mundo vivo. ¡Oh, qué cansados preceptos, qué austeros y qué prolijos! ¿Nada ha de querer el gusto que no os parezca delito? Albedrío, ¿dónde vas? Pensé que no me habías visto. Vente conmigo. Mejor será venir tú conmigo. Quiere el HOMBRE volverle a sí, y el ALBEDRÍO se resiste y dados de la mano porfían y el ALBEDRÍO arrastra al HOMBRE. Dices bien. ¿Cómo no haces fuerza ahora? Como imagino que esta es la diferencia que hay entre el hombre y su albedrío, que una vez lidié con gana de vencer, y agora lidio con gana de no vencer; y así, más fuerza no aplico, porque quise vencer antes y ahora quiero ser vencido: llévame, Albedrío, tras ti. Llegad, llegad, peregrinos, llegad que aquí está el descanso, el regalo y el alivio. Bellísimo asombro, ya la luz de tu encanto sigo. Entra en mi albergue. Primero has de ver que me retiro yo como más ofendida, por no ver tu precipicio. ¿Qué importa que tú te ausentes? Los nueve quedan conmigo. Eso no, que la obediencia en cualquier precepto miro rota; ella conmigo irá. La CASTIDAD tira de la mano a la OBEDIENCIA; la OBEDIENCIA al HONOR y así los demás se van dando las manos hasta hacerse todos una cadena, cada uno con sus versos. Claro está que iré contigo, pues que no honra a sus mayores el que no honra a su Dios mismo. Perdido el respeto a Dios, su honor soy, y a las dos sigo, porque no hay honor humano, donde no hay honor divino. De aqueste desprecio a mí mayor parte me ha cabido, pues me ofende quien no hace de otros bienes desperdicio. Y es eso tanta verdad, que yo, que lo soy, lo afirmo. ¿Pues qué seguridad ya puede quedarle consigo, si quien hurta el tiempo a Dios, hace el mayor ladronicio? Ninguna; y así el perdón se convertirá en castigo, pues de la muerte del alma es el pecado homicidio. Si el perdón se va, ya el Culto no te puede ser propicio. Ni el temor, pues no le tiene quien se hace del culto indigno. Quien pierde el temor a Dios, ya lleva el amor perdido, porque Dios no puede ser amado sin ser temido. ¿Así os vais dando las manos unos a otros? Es preciso que o todos contigo queden o nadie quede contigo. Encadenados se ausentan todos en uno ofendidos. Déjalos irse, que yo en descansando, al camino saldré a alcanzarlos. Quizá no podrás. Pues si yo he sido bastante por mí a perderos, que seré bastante, digo, por mí a hallaros. No serás, que el Hombre basta atrevido a perder a Dios sin Dios, pero a Dios no basta el mismo, sin Dios, a hallarle. ¡Oh, qué presto, que es falso aquese principio veréis. Presto verás tú que es verdadero. Pues idos, que yo volveré a cobraros. Que podrás cobrarnos, digo, mas no por ti solamente. ¿Pues por quién? Por los auxilios que a Dios pedirá el Amor sin haberlos merecido. Y en fin ¿os vais todos? Sí. ¿Uno aun no queda conmigo? No, que quien queda en pecado de ningún mérito es digno. Vanse. Albricias, Luzbel, ya deja las virtudes con quien vino. Dentro. Pues no halle, desesperado, lisonja agora en los vicios. Ya solos hemos quedado. ¡Qué pesada compañía! Lleguemos antes que el día quede en sombras sepultado. ¡Ah del hermoso traslado de ese alcázar de cristal? ¿Quién es quien llama a este umbral? Linda flema. El peregrino que a tu voz llamado vino; abre, pues en casa tal las glorias del mundo fundo. ¿Las glorias del mundo? Sí. Pues no hay posada, que así pasan las glorias del mundo. Húndese la torre y desaparece la LASCIVIA con terremoto. ¡Oh portento sin segundo, y tan primero portento, que pasma mi entendimiento! ¡Ay, señor! ¿Qué se hizo aquella hermosa fábrica bella? Toda se la llevó el viento. ¿Luego todo era ilusión cuanto te ofreció aparente? Un instante solamente aun no logré mi ambición. ¿Luego aun instante no son las glorias del mundo? Errante peregrino caminante, advierte en mi mal gobierno, cuán brevemente lo eterno pierde lo que aun no es instante. Sólo en su espacio ha quedado una lóbrega, una umbría cueva. Supuesto que el día con lo demás ha faltado, la noche en ella albergado esté. Sale de una cueva el MUNDO. ¿Quién va? Un peregrino que errado por aquí vino. ¿Dónde tu camino es? A la indulugencia. Pues no es aqueste tu camino. ¿Quién eres tú? El Mundo soy. ¿No era tuya aquella bella fábrica? Sí. ¿Pues que es della? Por no dártela la doy al viento. ¿A qué efeto hoy me la prometiste? A efeto de hospedarte. ¿Pues si aceto la promesa, por qué no me la cumples. Porque yo nunca doy lo que prometo. ¿A otro no albergaste? Sí, pero dónde le albergué ignoras. Yo solo sé que en tu palacio le vi; albérgame en él a mí, pues ves cuán triste y oscura la noche cerrar procura. Sí haré, entra a ese breve espacio, que yo al que ofrezco un palacio le doy una sepoltura. Vase. ¡Lindo agasajo! ¡Ay de mí! ¡Qué pavoroso, qué fuerte es el horror de la muerte! ¿Aquí he de hospedarme? Sale LUZBEL de la gruta. Sí. Tu alojamiento es aquí, entra en él. ¡Ay de mí, triste! ¿No eres tú el que me dijiste, que aquí delicias buscaste? Sí. ¿Para qué me engañaste? ¿Para qué tú me creíste? ¿Luego no era verdad? No, sino sombra, y vanidad, porque si fuera verdad no te la dijera yo. Pues ya que sombra se vio, ¿cómo no duró esa sombra? Como breve flor se nombra la gloria del mundo vana, que apenas ve la mañana, cuando la tarde la asombra; por ser su edad tan ligera, la ofrecí para no dalla, que si hubieras de gozalla quizá no te la ofreciera, que es mi rencor de manera, que aun el gusto más injusto dársele al hombre no gusto, y así al que puedo obligar que le condene un pesar no ha de condenarle un gusto, y pues que la compañía perdiste con quien veniste, y perdiéndola perdiste con ella camino y guía, desespera, desconfía de llegar a la segura puerta que abrirse procura, pues ya errado peregrino, no puedes hallar camino que no dé en la sepultura. Vase. ¡Ay infelice de mí!, que aunque con asombro y miedo quiera atrás volver, no puedo. Albedrío. Si lo fui, ya no lo soy. ¿Cómo así? Como el uso me faltó. ¿Quien aquí me trujo? Yo. Pues sácame tú. Es cansarte, que de otros pude apartarte, pero de la muerte no. Sin ti probaré a volver al camino que perdí. Va andar, tropieza y cay. Mas ¡ay infeliz de mí!, que el caminar es caer. Llégame a favorecer. Sí haré, pero aunque lo intento, no basto yo sin tu aliento porque yo no soy bastante a que el que cay se levante. Sale el AMOR y velos dados de las manos sin poder levantarle el ALBEDRÍO. Ya está puesto el argumento en que tengo de probar los medios que ha menester el que ya llegó a caer si se quiere levantar. Gente procura llamar, que venga a darme la mano. No la hay en monte ni en llano. ¿Aquél no es el Amor? Sí. Amor, sácame de aquí. Si ciego, atrevido y vano por ti pudiste caer, sin que otro te ayudara, levántate tú. Repara en que lo uno pudo ser, lo otro no. Luego creer debes con el silogismo de haberte en aquese abismo, que por ti mismo pudiste caer, y no, ya que caíste, levantarte por ti mismo, con cuyo ejemplo los dos veréis en vuestro pesar, que sin Dios puede pecar el Hombre, mas no sin Dios arrepentirse. Pues vos sois su Amor, de aqueste fuerte parasismo de la muerte me librad. Sí haré, mas di, ¿llámasme de temor? Va a llegar y detiénese retirándose dél. Sí. Pues no llego a socorrerte, que a los actos del temor inmediato Amor no acude; llama al Temor que te ayude. Sí haré. Ven en tanto horror, Temor, a darme favor. Sale el TEMOR y da la mano al ALBEDRÍO y tampoco se levanta. El que puedo te daré. Si atrición el Temor fue, tampoco él será bastante a que el que cay se levante. Flaca mi fuerza se ve, llama a otro. ¡Culto Divino! Sale el CULTO. ¿Qué me quieres? Que le des fuerzas al Temor, pues ves que habiendo errado el camino, este lecho me previno el Mundo. Confiesa al verte rendido a ese asombro fuerte, que erraste. Ya lo confieso. Pues yo llegaré con eso agora a favorecerte, que dando tú a tu Albedrío la mano, él a tu Temor, tu Temor a mí, el favor del Perdón traerte confío. Sale el PERDÓN. Sí harás, que ya el brazo mío alcanza Amor desde aquí. El HOMBRE en el suelo tiene dada la mano al ALBEDRÍO, el ALBEDRÍO al TEMOR, el TEMOR al CULTO, el CULTO al PERDÓN, con que el PERDÓN alcanza al AMOR, que estaba retirado. Amor ¿ahora llegas? Sí, que ahora me alcanza el Perdón, ya que no de contrición, de atrición. ¿Cómo? Oye. Di. Cuando postrado te vías y a Dios de temor llamabas, no era, no, porque le amabas, sino porque le temías; y así, las piedades mías no aliviaron tu pasión, hasta que en la confesión pudiste el acto elevar, que Amor no puede alcanzar donde no alcanza el Perdón. Y aunque el haberme alcanzado, cuando estoy de ti ofendido, por la mano izquierda ha sido, esa es la que yo le he dado, porque desde tu pecado no me alcanzaste; mas hecha la confesión, te aprovecha tanto, que siendo atrición la izquierda, la confesión la vuelve mano derecha. La indulugencia a que vienes, que aquí se explica, imagino, pues te da el Culto Divino el grado que tú no tienes; por él el Perdón previenes que no pudieras por ti prevenir, pudiendo aquí la Gracia que yo prometo, hacer de un acto imperfecto un perfecto acto, y así, cuando por solo temor me llamaste, no llegué; tras Culto y Perdón sí, que al Temor con su favor le da su Gracia su Amor, con que probar solicito, que el Sacramento infinito de Confesión, es bastante que el atrito se levante con méritos de contrito, y pues agora lo estás aprovecha el tiempo ahora. Levántase. Teme. Gime. Siente. Llora. Con eso volver podrás donde el camino hallarás que perdiste. Aguarda, espera. Pues ¿cómo de esa manera te vas? Ya que mi favor hizo de temor amor, llevo el Perdón a otra esfera. Vanse el CULTO y el PERDÓN. Pues los diez, ¿cómo sin vos hallarlos podré otra vez? En los dos están los diez. ¿Los diez se encierran en dos? Sí. ¿Que son...? Amar a Dios y al prójimo. Así lo creo, mas ya que mortal me veo, no llegar es bien que sienta, al número de cincuenta del año del jubileo. Sí verás, si siempre... Di. En tus bienes y en tus males de ese número te vales. ¿Siempre el de cincuenta? Sí. >¿Cómo? Como en él leí, que todas las horas son del número del Perdón, y puede el dolor, el llanto hacer cualquiera año santo. ¿Y dónde está esa lección? Entre los psalmos se adquiere. Hallarla en ellos intenta. Dale un libro. Ya hallé el número cincuenta. ¿Qué psalmo es? El Miserere. Luego no acaso se infiere, el que de un número son año y salmo, y su lección santo hará cualquiera día. ¡Oh! Lógrelo la fee mía. Sí hará si es de corazón. Leyendo. Ea, Señor, de mí te compadece al verme envuelto en mi mortal discordia no según que mi culpa lo merece, sino según tu gran misericordia y según el gran número que ofrece de conmiseraciones la concordia de tu piedad; del libro de los días borra, Señor, iniquidades mías. Con amplia gracia, pues tu gracia ha sido la viva fuente de inmortal pureza, lava las manchas en que me ha tenido el lodo vil de mi naturaleza, no porque yo lo tenga merecido, pero porque conozco mi flaqueza y conozco que siempre conjurado va contra mí, conmigo mi pecado. Pero si confesándole acrisolo tu poder, de rebelde no me arguyas contra ti, pues, Señor, contra ti solo pequé, mi Dios, y en la presencia tuya, para que tú cuando de polo a polo a juzgar vengas, en la causa suya justifiques tu causa y me convenzas y con justicia y no poder me venzas; mas atiende, Señor, en la agonía del juicio que me aguarda prevenido que culpa de mi ser herencia es mía, pues que nací en pecado concebido; mas ¡ay!, que tu inmortal sabiduría amando la verdad, me ha engrandecido y porque esta disculpa no me baste lo oculto de tu ciencia me enseñaste. Bien que esparciendo el cándido rocío del blando aljófar que tu aurora llueve, bañado en él verás el pecho mío más limpio que los ampos de la nieve, y si a mi oído con halago pío tu voz regala y alegría le mueve, aunque mortal me tengan mis excesos revivirán mis entumidos güesos. Las chirimías. Pero ¿qué dulce armonía a vista ya de otra bella fábrica, con sus acentos da a este verso la respuesta? Del mismo psalmo lo dice más adelante la letra, según el común sentir, pues dice que son las piedras de Jerusalén triunfante en la Militante Iglesia las virtudes de los justos, reedificando con ellas las murallas de Sión. Y porque mejor lo veas, vuelve a ver de las virtudes que perdiste, la excelencia con que en los dos las cobraste, para llegar a las puertas que te ha de abrir el Perdón. Salen la CASTIDAD y el HONOR trayendo presa a la LASCIVIA. La Castidad es aquesta, que arrastrando a la Lascivia, por triunfo de su pureza, entre ella y el Honor la tray a sus plantas puesta. Salen el DESPRECIO y la SEGURIDAD trayendo preso al MUNDO. El Desprecio de los bienes, y la Seguridad bella, son aquestos que del Mundo triunfan también, porque adviertas que a sus pies es polvo inútil deste mundo la riqueza, y solamente la goza seguro el que la desprecia. Salen la OBEDIENCIA y la VERDAD. Preso el DEMONIO. Los dos que aquí del Demonio triunfan, son, si bien te acuerdas, la Obediencia y la Verdad, que de mentira y soberbia solo que triunfen es justo la verdad y la obediencia. Con que a tus tres enemigos ya quebrantadas las fuerzas... ...el Culto allí y el Perdón, te abren del Templo las puertas. Porque son Perdón y Culto fieles ministros de aquella... ...blanca Hostia, que en el ara del altar la Fee sustenta. Ábrase en otro carro enfrente del primero un templo y en elevación suben PERDÓN y CULTO, con la FE enmedio, llevando en la mano cruz y cáliz. Siendo otra fábrica hermosa tanto a la aparente opuesta... ...que una feneció caduca y otra ha de vivir eterna... ...diciendo en sus alabanzas el cielo en voces diversas... Llega, Hombre, llega a gozar el jubileo, y repara que en ara del altar cualquier año es santo para bien hacer y bien obrar. ¡Que esto logren mis venturas! ¡Que esto mis desdichas vean! ¡Que esto mi cólera sufra! ¡Que esto mi rabia consienta! Llega, Hombre, que el jubileo plenario, y la indulgencia del Año Santo te aguarda en esa fábrica excelsa que ha de durar para siempre, en oposición de aquella, que desvanecida en humo verá el siglo, cuando vea venir a juzgar por fuego toda su fábrica inmensa: si allí te brindó con vino y manjares la cautela de tres enemigos, yo te ofrezco aquí en mejor mesa mejor vino y mejor pan, en cuyas especies bellas, ida la sustancia, solos accidentes se conservan, porque es carne y sangre donde está con real asistencia Cristo en cuerpo y alma como en los cielos vive y reina. A tanta verdad postrado, llore, gima, rabie y muera. Yo a tanta luz me deslumbre. Yo a tanto horror me suspenda. Feliz yo, que llegar pude de aqueste templo a las puertas. Feliz yo, pues mi temor fue quien te las tuvo abiertas. Feliz yo, pues pude hacer que él en amor se convierta. Feliz yo, que di a aquel Pan el candor de mi pureza. Feliz yo, pues fui el Honor de su gloria y su honra excelsa. Feliz yo, que hice segura deste camino la senda. Feliz yo, pues ya es tesoro mi desprecio y mis miserias. Feliz yo, que al sacrificio, al padre di la obediencia. Feliz yo, que el testimonio soy del que es la verdad mesma. Feliz yo, que fui el ministro que repartirle merezca. Feliz yo, que fui el Perdón, que abrí del templo las puertas. Feliz yo, si allá le alcanzo y aquí de las faltas nuestras cuando, albedrío de todos, con todos a decir vuelva: Llega, Hombre, llega a ganar el jubileo, y repara que en el ara del altar, cualquier año es Santo para bien hacer y bien obrar.