Personajes LA FAMA HUMILDAD BUEN GENIO DESENGAÑO MAL GENIO HERMOSURA LA MALICIA LA HEREJÍA INOCENCIA PENITENCIA LA GRACIA PADRE de familias LA CULPA LA FE LA GULA LASCIVIA EL MUNDO MÚSICOS SOBERBIA Sale la FAMA por lo alto en una apariencia que pase de un lado a otro, despacio, cantando y dentro la MÚSICA ¡Oíd, mortales, oíd, y al pregón de la Fama todos acudid! Y al pregón de la Fama todos acudid. Sale el BUEN GENIO, con admiración Pájaro que al firmamento, lleno de lenguas y plumas, subes con tal movimiento que, antes que volar presumas, te dejas atrás el viento… Sale MALICIA Ave que, llena de galas, rompes, altiva y veloz, del sol las etéreas salas, y parándole a tu voz, le oscureces con tus alas… Sale MAL GENIO Prodigio de asombro tanto, que al cielo el penacho encumbra, cuyo bellísimo encanto con la vista nos deslumbra, nos suspende con el canto… Sale GRACIA Monstruo que, por las supremas regiones, las plumas bates y sin que aire o fuego temas, las yelas si las abates, y si las alzas las quemas. Sale el PADRE Vivo bajel que desmayos das al aire, a quien te entregas, y abriles sembrando y mayos, golfos de átomos navegas, piélagos surcas de rayos… Sale INOCENCIA Pajarote, que con lazos de cera y cáñamo, apoya su vuelo, y en breves plazos; si te caes de la tramoya te harás cuatro mil pedazos… ¿Qué trofeo es el que adquieres? ¿Adónde vas de esos modos? ¿Qué solicitas? ¿Quién eres? ¿Qué miedo llevas? ¿Qué quieres? Que me estéis atentos todos. Canta ¡Oíd, mortales, oíd, y al pregón de la Fama todos acudid! Y al pregón de la Fama todos acudid. Canta En la gran plaza del mundo del monarca más feliz, hoy se hace un mercado franco; todos a comprar venid. ¡Oíd, oíd, y al pregón de la Fama todos acudid! Y al pregón de la Fama todos acudid. Canta En él se vende de todo; pero atended y advertid que el que compra bien o mal no lo conoce hasta el fin. ¡Oíd, oíd, y al pregón de la Fama todos acudid! Y al pregón de la Fama todos acudid. Cúbrese la apariencia de la FAMA ¡Buena nueva! Mala nueva. Pues, ¿por qué, Padre, nos di, no es buena nueva llegar de la veloz Fama a oír que hoy hace un mercado el Mundo, franco, donde puedan ir los genios a comprar cuanto necesitan para sí? Porque también de la Fama en ese pregón oí que vende el Mundo de todo, y solo será feliz quien su talento empleare bien o mal; se ha de advertir que dijo que el bien y el mal no se conoce hasta el fin. Otra razón diera yo mucho mejor que ésa. ¿Di? Que no importará que venda el Mundo cuanto haya, si no hay en todo el mundo quien tenga dos maravedís. Padre de Familia eres, cuyo caudal competir puede con cuantos monarcas ve el sol, desde que a lucir corre el pabellón de nieve la cortina de carmín, hasta que, después de haber elevádose al cenit, desciende al húmedo albergue del contrapuesto nadir. Tus hijos somos los dos; nunca has querido partir la hacienda, ni darnos nuestras legítimas, por decir que has de hacer un mayorazgo en el uno, y siendo así que los dos nacimos juntos sin saber, sin advertir cuál fuese el mayor, nos tienes no declarando hasta aquí a cuál has de reprobar ni a cuál has de preferir. Yo, pues que siempre a mi hermano ventajas reconocí en sus méritos, con estas nuevas dar quiero un sutil medio que a los tres componga: a ti, a mi hermano y a mí, sin que él se pueda enojar de que mejorado fui yo en la partición, ni yo de que él lo fuese; y, en fin, contentos los dos, podrás tú el deseo conseguir de fundar el mayorazgo, sin la pena de elegir entre tus hijos. Y ¿cómo eso puede ser? Así: dame un talento no más, y yo renunciaré aquí el derecho de tu herencia en mi hermano, porque ir quiero con él al mercado y emplearle en su gentil plaza, con tal condición que si lo gastare allí tan bien que sepa con él tantos bienes adquirir que vuelva rico a tus ojos, me has de entregar por feliz esposa a Gracia, esa bella serrana, que a competir vino con el sol a rayos, y a flores con el abril, a estos montes, extranjera de otro más bello país. Con esa condición no me puede estar bien a mí la renunciación, porque no puedo yo desistir de la acción de ser esposo de Gracia; si para mí, en precio de su hermosura, sus venas sangrase Ofir, si viese agotarse el mar, y su seno azul turquí me franquease los tesoros que ha tantos siglos que allí, inútilmente perdidos, a nadie pueden servir. Siempre has sido opuesto mío; en mi vida discurrí en cosa que no te hallase contrario. Si el competir no puede hacerlo uno solo, no me des la culpa a mí, pues es de todos la culpa. No, es que tu condición... Di. …No lo hace por amar, sino por contradecir. Yo quiero a Gracia; y pues tú no me puedes preferir en méritos, que este solo conocimiento debí a tu discreción, bien puedes olvidarla desde aquí, pues ya una vez declarado no he de poderte sufrir la competencia. Que en partes yo no te iguale, es así, pero en el amor te excedo, y no es posible rendir a partido la esperanza. Yo haré, villano, que sí; que si eres fingido Abel, soy verdadero Caín. Saca el puñal,y pónese el PADRE en medio ¿Qué es esto? ¿Pues no miráis, villanos, que estoy aquí? ¿Qué importa que estés? Perdona, Híncase de rodillas el BUEN GENIO y el MALO se retira Señor, si pesar te di. Uno humilde, otro soberbio, compiten los dos por mí; fácil es de conocer el que me ha de conseguir. Detente, tú; tú, levanta; y atentos los dos oíd: Hijos, ya que declarada está esta guerra civil (estorbar me importa que no sea el segundo jardín, teatro, como el primero, de una tragedia infeliz), Gracia, que en mi confianza hoy vive y ha de vivir eternamente, es y ha sido más de lo que presumís, porque aun no la encareciera diciendo que emperatriz es del imperio mejor que cubre ese azul viril, por cuantos rumbos el sol huella campos de zafir desde que topacio nace hasta que muere rubí. A aqueste valle, que es valle de lágrimas, donde fui Padre de Familias yo, siendo en todo su confín el género humano, vino con su esposo: discurrir podéis quién pudo ser quien a Gracia trujo tras sí. Disfrazado entró en el valle, solamente por cumplir una promesa que hizo a la casa de David. Viéndole, pues, encubierto de este nuestro sayal vil, le dieron muerte traidores, sin conocerle (¡ay de mí!), que no sin llorar los ojos lo puede la voz decir. Quedó Gracia en mi poder disfrazada, porque, en fin, quien a él le desconoció era fuerza (¡ay infeliz!) que a ella también (¡qué desdicha!) desconociese; y así, a Ley de Gracia la vemos ilustraros y lucir los montes de nuestro valle, serrana, y más, serafín. Dejemos en este estado sus fortunas, que acudir quiero a la lid de los dos por componeros la lid. El género humano soy, Padre de Familias, sí, pues sustento cuantos ven nacer el día y morir. Entre ellos los dos nacisteis, y yo, que un tiempo me di a las ciencias, hacer quise una experiencia sutil de vuestros hados, leyendo en ese hermoso matiz (de quien la luz es pincel, de quien la sombra es buril), vuestros genios, y en los dos hallé tan dudoso el fin que uno buen genio, otro malo, en mi estudio os advertí. Esta es la causa por que no me he atrevido a elegir heredero de mi hacienda hasta ver, hasta advertir cuál de los dos, procediendo en el modo de vivir, por sí desmerecerá o merecerá por sí el mayorazgo; y pues hoy vuestra competencia vi hacer experiencia quiero de los dos, para que así ni uno tenga que estimar ni otro tenga que sentir. Gracia ha de ser de quien solo la merezca conseguir por sus obras; los dos, pues, al gran Mercado habéis de ir del Mundo; talento igual daré a los dos, y advertid que el que mejor le empleare, y vuelva después aquí con más adquiridos bienes, esposo será feliz de Gracia, y no solamente mi heredero; mas oíd lo que os advierto: heredero será de su reino. Así, emplead bien el caudal, porque al que viere venir disipador del talento que para ganar le di, cerrada hallará la puerta, y que hallaréis, advertid, bien y mal; y mal y bien no se conoce hasta el fin. Vase Ufano y desvanecido con el partido me dejas. A mí, no, que antes mis quejas se aumentan con el partido. ¿Por qué tanto aliento cobras tú con esta condición? Porque espera mi ambición merecerte por mis obras. Y tú, ¿por qué de esa suerte das al viento la esperanza? Porque mi desconfianza nunca aguarda a merecerte. Algún favor, Gracia, espero para partir. Sí daré, que yo a ninguno negué mi favor. Dale una rosa Siendo así, quiero pedirte otra para mí. Igual a aquél ha de ser, Dale otra rosa porque no podáis tener, con los favores que os di, competencias los dos hoy, y así, os doy favor igual. En fin, ¿tu favor nos das sin merecerlo? Sí doy, que por eso Gracia soy; porque si lo mereciera el hombre, justicia fuera y no gracia; y así, os doy aqueste favor primero, porque pueda vuestro ser ir con él a merecer; el segundo, con que espero premiaros después; que yo quiere Dios que al hombre ofrezca un favor porque merezca y otro porque mereció; que aun en lo que es Gracia funda su justicia de manera que ayuda con la primera y premia con la segunda; y así, id los dos al mercado, y, pues mi favor lleváis, mirad bien cómo empleáis el talento que os he dado. Y ya que en concierto tal vuestros afectos se ven, y allá hay del mal y del bien, traed el bien, dejad el mal. Vase Pues ya nuestra competencia a conciertos ha venido, que vamos juntos te pido. No he de tener yo paciencia para sufrirte, y así, mira qué camino quieres tomar, porque donde fueres no he de ir yo; y también me di qué criado has de llevar, porque lleve otro criado. Yo de lo áspero me agrado del monte, aunque den pesar sus abrojos a mis pies. Pues yo me iré por el llano, gozando el fresco verano. La Inocencia escojo, pues, para que vaya conmigo. ¿A mí? Sí. El primero eres que para tuyo me quieres. Buen camarada y amigo llevas; si su parecer en lo que compras te da, bueno el empleo será. Pues ¿por qué no lo ha de ser? ¿A quién quieres tú llevar? Divertimiento codicia mi pensamiento: ¡Malicia! ¿Qué? Tú me has de acompañar. Sí haré, y de muy buena gana, que todos mis gustos fundo en ver la plaza del Mundo. ¡Ay bellísima serrana, tarde merecerte espero! Yo, presto. Adiós, pues. Adiós. Al entrarse sale la CULPA, de villana vestida Esperad, no os vais los dos sin que me escuchéis primero. Hijos del género humano, grande Padre de Familias, Genios del hombre, que sois inclinaciones distintas; pues a la plaza del Mundo a examinar os envía, para ver quién su talento le emplea o le desperdicia, y a quién deba hacer después heredero de la viña del Señor y digno esposo de Gracia; dejad que os diga, primero que os ausentéis, causas que tengo precisas para sentir de los dos los engaños, las malicias en que me dejáis muriendo de amor, de celos y envidia. Yo, antes que al valle viniera esa beldad peregrina (no tanto por su hermosura, su gala y su bizarría, cuanto por venir a él peregrinando en desdichas de otros montes a estos valles, extraña y advenediza), ¿no fui de vuestros amores la deidad, a quien rendida ofreció la libertad, sus finezas y caricias? ¿Qué tronco hay en todo el valle que en sus cortezas no escriba mi nombre, diciendo alguno más que otros en sus cifras «vegetativo padrón soy, que en el confuso enigma de este carácter repito el tema: la Culpa viva». Pues ¿por qué, teniendo yo la posesión conseguida en los aplausos del valle, que a mi deidad sacrifican las libertades tan presto, que no hay criatura nacida que de mis amores no muera, primero que viva, en servicio de otra esposa, uno y otro afecto olvida mi hermosura? ¡Calla! ¡Calla! No prosigas... No prosigas… …Culpa, que al oír tu voz… …Que al mirar, Culpa, tu vista… …El nuevo propuesto mío… …La nueva esperanza mía… …Mudo en el pecho se queda… …Sorda en el alma se irrita… Verdad es (¡con qué vergüenza me permite que lo diga el dolor!) que fuiste dueño de mi libertad cautiva. Verdad es (no me embarazo en que la voz lo repita) que te quise. Pero ya que otra beldad solicita mi amor... Pero ya que a más alto empleo mi fe aspira... Eres basilisco, que me matas cuando me miras. Eres áspid, que entre flores mortales venenos vibras. Eres astuta serpiente, que con rostro humano hechizas. Eres víbora, que muerdes la fruta con que me brindas. Y así, huiré de tus halagos. Y así, huiré de tus caricias. Donde pretenda mi amor. Donde mi afecto consiga. Sin que tus voces me muevan. Aunque tu mal me lastima. Ser de Gracia eternamente. Tener a Gracia por mía. Vanse ¡Ay de mí! ¿Qué es esto, cielos? ¿Qué pasa por mí? ¿Mi altiva vanidad, mi presunción tan postrada, tan rendida yace? ¿Y aquí de las aras que encendió su idolatría en mi pecho dura el fuego y en los suyos las cenizas? ¿Los galanes de este valle de lágrimas, que solían darme adoración, me dejan despreciada y ofendida después que su esposo muerto, en él Gracia hermosa habita? Pero ¿qué importa, qué importa que la libertad la rindan los dos hijos, los dos Genios del gran Padre de Familias que son las inclinaciones que dentro del hombre lidian? Si aunque los dos la pretendan, la adoren, amen y sirvan, si no es con perfectas obras, no es posible que consigan más que el primero favor de su hermosura divina. Y yo haré que no lo sean, turbando desde este día sus acciones, y también ella las tenga por dignas del segundo, y las desprecie, viendo que ambos desperdician en el mercado el talento que el Padre a cada uno libra. Para esto, pues soy la Culpa, y por esta razón misma la mentira, pues nació la Culpa de la mentira, en varias formas mudada, en varios trajes vestida, veré si de sus empleos las elecciones peligran, de suerte que nunca puedan ser de la Gracia bien vistas. El nombre que he de tomar (pues es corriente doctrina, que por la oposición tengo cuantos a Dios se le aplican) será Piedra; que si Él la Piedra preciosa y rica es fundamental, y a mí escándalo me apellidan, doctores, seré la piedra del escándalo y la ruina. Malas costumbres sembrar solicito en cuantos vivan, urdiendo telas de engaños de que los hombres se vistan; con que mi nombre será…, mas no importa que lo diga, que de piedra y de urdir malas costumbres ello se explica. Veré si mi maña puede, en la plaza introducida del Mundo, vengar los celos que me ahogan, las desdichas que me afligen, los rencores que me matan, las envidias que en el corazón me muerden; áspides, cuyas salivas son las lágrimas que lloran mis ojos, son las nocivas ponzoñas que aborta el pecho y que el corazón respira. Ya soy Pedro (¡el mundo tiemble!) a urdir voy (¡el cielo gima!) malas costumbres, mortales: rayos mis enojos vibran, fuego mis labios arrojan, llamas mis voces fulminan; ¡temblad, temblad de mis rabias!; ¡temed, temed de mis iras! Vase. Sale la GULA, vestida de ventero, y la LASCIVIA de criada Lascivia, ¿están puestas, di, las mesas para que tengan donde comer cuantos vengan del Mundo al mercado? Sí. Día es hoy de forasteros; la ganancia está segura, pues mi gula y tu hermosura malsanos y sin dineros los enviarán. A ese fin te sirvo, pues nadie pasa que no pare en esta casa de Gula, por el confín que pusiste en monte y llano, porque por ningún camino venga al Mundo peregrino que aquí no haga venta. Es llano, porque nadie sin comer al Mundo puede pasar a tratar y contratar en su mercado. Temer puedo una cosa no más. ¿Qué es? Que sola en casa estoy, y por manos que me doy no puedo acudir jamás a todo; y más si a advertir llego que otros, sean quien fueren Gula y Lascivia, más quieren ser servidos que servir. Es así, y recibiré entre la gente que acude un criado que te ayude. Sale la CULPA, vestido de mozo de mesón ¡Paz sea aquí!; ahora escuché, en ese umbral arrojado, donde cansados los bríos me eché, la falta, amos míos, que hace a los dos un crïado; y porque pienso que yo servir a los dos sabré, que bien todo el arte sé venteril, me pareció daros parte de mi intento, porque un dueño que tenía pasó adelante este día y me dejó sin aliento, ufano, pobre y cansado; y así, me es fuerza elegir otro medio de vivir. El mancebo es despejado. ¡Y hermoso! Básteme aquello, no lo hagáis vos sospechoso, despejado, vaya; hermoso, no quiero venir en ello, porque ya sé que perdí la hermosura que tenía desde aquel infeliz día que una gran caída di. En efecto, si queréis que os sirva, bien pienso yo que os agrade, pues que no será posible que halléis más a propósito vuestro criado para la venta: porque sé hacer una cuenta que engaño al hombre más diestro; solo por una manzana que a un hombre le vendí yo casa y familia dejó en empeño, y cosa es llana que tengo para otra cosa que a vos es perteneciente, a LASCIVIA porque hasta una serpiente hice parecer hermosa. Gula y Lascivia, de mí os fiad, que os serviré y más ganancia os daré en un día que hasta aquí habéis tenido en mil años; porque no ignoro los modos que se han de tener con todos, sirviendo vuestros engaños: al noble, con vanidad; al soberbio, con grandeza; al mercader, con limpieza; al pobre, con voluntad; al rico, con alabanza; al ministro, con secreto; con lisonjas, al discreto; al triste, con esperanza; con aplauso, al liberal; al avaro, con desdén; al casto, hablándole bien; tratando al lascivo mal; y al necio…, pero con nada se puede hacer de él aprecio, porque no ha de darse al necio más que la paja y cebada. Digo que me has agradado, y que quiero que te quedes en casa. Y en ella puedes ser más dueño que criado, porque desde que te vi me abraso en mi mismo fuego. Luego nos veremos Luego, ¿ya me has entendido? Sí. ¿Cómo te llamas? No sé, pero Pedro has de llamarme. Pedro, el alma has de costarme. Si ya es mía, ¿para qué me haces de ella ofrecimiento? Dentro ¿No pararemos aquí, señor, un instante? Sí. Ruido en el camino siento. Caminantes van llegando. Y de dos que espero yo, uno es el que en casa entró. Sale el BUEN GENIO y la INOCENCIA, de camino ¿Habrá posada? Pues ¿cuándo faltó a ningún caminante en la casa de la GULA? Cuando sin dinero y mula dice que pase adelante, porque no puede comer lo que quiere. Esos rigores no se usan aquí, señores: vuestro, cuanto hay, ha de ser. ¿Venís a pie? Y muy cansado. Miren que es mucho, si a fe habiendo venido a pie, ¿haos, por ventura, faltado en qué venir? No, que así solo por mi gusto ando, por venir peregrinando del Mundo al mercado. Aquí podéis descansar los dos. Voy a que un cuarto se os abra. ¿Comeréis? Vase Esa palabra está gozando de Dios. Y si en habiendo comido quisiéredes descansar, de jazmín, clavel y azahar tendréis un catre mullido. ¡Qué hermosura! ¿Quién será beldad que así arrebató mis sentidos? ¡Qué sé yo! Llegue yo, pues duda ya. Oíd: con alguna disculpa, yo haré que esta mi señora entre en vuestro cuarto. Ahora conozco quién eres, Culpa, porque aunque mudes de traje, no mudas de inclinación, y de mi afecto no son ni esa voz ni ese lenguaje. Inocencia, huye de aquí. Oye. Sabiendo quién eres, no he de esperar. Ven. ¿No quieres descansar? Yo, no. Yo, sí. Siéntase Mira que aquí hay que temer. También aquí hay que almorzar. Hoy es día de ayunar. Hagámosle de comer. Vamos de aquí, no blasone casa que de vicios es que en ella puse los pies. ¡Miren qué falta le pone! Sosegaos. ¿Cómo puedo? Ven, Inocencia, conmigo. Harto a mi pesar te sigo. Pues quédate… Ya me quedo. …a descansar. Yo sí haré. No harás tal. ¡Ay, que me mata! Que no has de decir, ingrata, que a mi Inocencia dejé en tu poder. Vamos presto. Llevarle intentas en vano. Tiran los dos de él, y salen, de gala, el MAL GENIO y la MALICIA ¡Ay! ¿Qué es esto? Escucha, hermano, que yo te diré qué es esto: De aquel soberbio Nembrot, de quien Dios venganzas toma, este fuego es de Sodoma, y de quien yo huyendo voy; no te pares; su castigo teme, que yo no me atrevo a esperarte ya que llevo a mi Inocencia conmigo. Vase y llévala asida No lo entiendo. Iras el pecho brota viéndome dejar. Esto es que por no pagar la costa que en casa ha hecho, del enojo se ha valido. Mal la cólera os mueve, que yo os daré lo que él debe, ya que a este tiempo he venido. Es muy liberal. Haced que mesa se le prevenga y muy bien que comer tenga. Que os serviremos creed, y daros comida espero que la puedan envidiar las mesas de Baltasar y los banquetes de Asuero; limpia cama, aderezada, y ropa tendréis, después, con las calidades tres de blanca, blanda y delgada. Después de eso, si os obligo con deciros que ya os quiero, ¿veréisme vos? Caballero, eso se ha de hablar conmigo. Entrad, que palabra os doy de que cuanto deseáis en esta casa tengáis, o no seré yo quien soy. Dale una joya Esto a mi agradecimiento primer indicio será. ¡Albricias, infierno!, ya tengo parte en un talento. ¿Señor? ¿Qué quieres? ¿No has reparado en que está aquí la Culpa? ¿La Culpa? Sí. ¿No la ves? ¡Qué loco estás! ¿Eso había de pasar? No en vano Malicia eres, pues ¿que esté la Culpa quieres en comer y en descansar? Busca la rosa que le dio GRACIA Mas, ¡ay, infeliz! ¿Qué ha sido? ¿Qué es lo que buscas, señor? Que en el camino el favor de Gracia se me ha perdido. Vanse Este no me ha conocido, pues a pensar no ha llegado que hay culpa en haber deseado, con que ya el favor perdido; Lascivia, ese forastero tuyo es; síguele, que yo no puedo vivir si no voy tras del que entró primero. Luego, ¿para esto has venido solamente a la posada? Sí, que yo haré poco o nada en asistir al rendido; al que rendir procuré y no pude es al que yo he de seguir. Y así, no hay, Lascivia, para qué esté aquí, que si venció primero a la mujer bella la Culpa, y al hombre ella, quedando tú, no hago yo falta, que en tu proceder tiene mi ausencia disculpa, pues no hace falta la Culpa donde queda una mujer. ¡Espera! No he de esperar Sale la GULA ¡Advierte! Suelta. ¿Qué es esto? Pedro quiere irse. ¿Tan presto, Pedro, nos quieres dejar? Impórtame ir al mercado, tras un hombre que allá va. Todos hemos de ir allá en habiendo a este robado, pues toca a todos que aquel hombre que de aquí salió de los tres huyendo no se alabe que la crüel violencia mía ha vencido. Pues si le hemos de seguir, cada uno ha de elegir segundo nombre y vestido, porque advertido no esté de quién somos. Es así; y yo, que la Gula fui, el Apetito seré, que es el disfraz de la Gula. Yo, que la Lascivia soy, seré la Hermosura hoy, que es quien más me disimula. Pues yo, si a escucharte llego, que como apetito vas, ciego por fuerza serás, yo seré el mozo del ciego. Robemos agora aqueste que hoy está en nuestro poder, que bien podremos hacer que a esotro el talento cueste mi apetito y tu belleza. Poco será el vencimiento del que a gastar su talento por Gula y Lascivia empieza. Vanse, y sale el MUNDO muy adornado en una tramoya o por su pie Ya que veloz la Fama con dulces voces al concurso llama del franco de este día, que a ostentación de la grandeza mía hacer quise, juntando en esta plaza mi poder, y dando satisfacción de cuanto generoso monarca soy, invicto y poderoso, ponerme quiero a ver en esta entrada, cómo desde la tórrida a la helada zona, diversas gentes, con trajes y costumbres diferentes, van en la plaza entrando, de quien yo la razón iré tomando, porque en saber mis vanidades fundo cuanto en su redondez contiene el mundo. ¡Ea, mortales!, ya ha llegado el día de la gran feria de mi monarquía; jueves es, venid todos al mercado, pues sabéis que es el jueves día feriado, y vosotros, veloces vientos, decid en repetidas voces: Música, dentro Vicios y virtudes ferian sus premios. ¡Oh, felice el que emplea bien sus talentos! Sale la SOBERBIA con un sombrero de plumas en la mano y una pieza de tela, como cogida ¿Quién eres tú, que vienes la primera? Soy la Soberbia, hermosa y lisonjera deidad de los humanos, por mis muchos aplausos soberanos. ¿Qué vendes? Entre mil grandezas sumas, las ricas telas y las rizas plumas. Entra y toma lugar. Aunque es la plaza tan grande, mi deidad te la embaraza toda, pues parte en ella jamás supe haber que mi Soberbia no la ocupe. Sale la HUMILDAD, con sayales ¿Tú, quién eres? Pues sigo a la Soberbia, ser la Humildad digo. ¿Qué traes tú? Sayales, hábitos de las penas y los males, baldones y desprecios. Muy bien los venderás, que hay muchos necios. Sí venderé, pues se cantó por esto: ¡Oh, feliz del que emplea bien su talento! Sale LASCIVIA, de dama, con flores ¿Quién eres tú, que vienes tan ufana? Soy la Hermosura humana. ¿Qué llevas? Breves flores, que soy toda accidentes y colores; caudal que la edad vive de un engaño. Sale el DESENGAÑO, con un espejo Yo lo diré. ¿Quién sois? El Desengaño. ¿Qué vendes? Este espejo vendo solo, en quien aquellas flores acrisolo, mostrando que la púrpura de Tiro grana es de polvo al último suspiro. Para temer al Desengaño es presto. ¡Oh, feliz el que emplea bien su talento! Salen la GULA de ciego, y la CULPA de mozo, con estampas ¿Quién eres tú, que en vano solicito conocerte? Yo soy el Apetito del hombre; ciego voy porque, aunque enfrente le tenga, jamás vi el inconveniente. Y por eso le guío yo, que de los peligros le desvío. ¿Qué es tu caudal? Pinturas, que pintadas todas mis glorias son imaginadas, porque cuanto apetece el hombre el Apetito se lo ofrece, trayendo a su memoria los empleos de gustos, de manjares y deseos. Sale la PENITENCIA con sacos y cilicios ¿Tú quién eres, que aflige tu presencia pálida y triste? Soy la Penitencia. ¿Y qué ferias? Piadosos ejercicios de ayunos, disciplinas y cilicios. ¡Buena mercaduría! Dirá el fin si lo es la tuya o mía. Cuando a escucharte llego por no verte me huelgo de ser ciego. Pues si tú a mí me vieras, Conocimiento, no Apetito, fueras. ¡Ah, señor! Viejo honrado, lleve usarced sus trastos al mercado sin baldonar los pobres y afligidos, pues que todos estamos mal vestidos. Pues, mozuelo indiscreto, ¿quién a vos mete en eso? Yo me meto, que es mi amo, y si aplico el cuchillo…, a los dos haré… ¡Perico! ¡Teneos! Sí haré, pues no puede mi daño el quebrar el espejo al Desengaño. ¡Ah, muchacho! Aquí estoy. Quieto. Sí, digo. Pienso que el diablo me metió contigo. Ea, despacha pues, ponme en buen puesto. ¡Oh, feliz el que emplea bien su talento! ¿Vos, quién sois? Sale la HEREJÍA con libros La Herejía. ¿Qué es eso? Ciencias; son la ciencia mía libros de mis doctísimos varones, llenos todos de varias opiniones. Sale la FE, vendados los ojos y un Cáliz en la mano ¿Pues quién es la que ciega también llega al mercado? La Fe, que la Fe es ciega. ¿Quien te guíe, no traes? No, que aunque quedo yo sin vista, el camino errar no puedo. ¿Qué es eso? Carne y Sangre. ¿De qué suerte, si es vino y pan lo que mi vista advierte? Creyendo que este Pan sacramentado en Carne y Sangre está transubstanciado, porque cinco palabras excelentes solo dejan de Pan los accidentes, no de Pan la substancia. No lo creo. ¡Oh, feliz el que emplea bien su talento!. Ya esta parte de la plaza poblada de gente veo, con varias mercadurías todos tomando sus puestos. A acomodar los demás que agora fueren viniendo quiero acudir a otra parte. ¡Oh, cuánto me desvanezco de ver los triunfos que gozo y los vasallos que tengo! ¡Poderosos mercaderes del mundo, poneos los precios vosotros mismos a todos los grandes caudales vuestros! Y ved que en la plaza ya vienen entrando los genios, que son las inclinaciones que tienen malos y buenos. ¡Hijos del género humano!, llamad a todos, haciendo de lo que vendéis alarde para que se inclinen ellos a comprar, puesto que viene cada uno con su talento; y advertid que aunque haya sido talento moneda, es cierto que en aquesta alegoría se habla del alma, haciendo de él moneda imaginaria. Perdonad, doctos ingenios, la advertencia, que yo hablo a mayor abundamiento. Vase Forasteros, llegad, llegad, que aquí los contentos y gustos están. Forasteros, venid, venid, que están las fatigas y penas aquí. Vase el MUNDO y salen el BUEN GENIO y la INOCENCIA, y por otra parte, el MAL GENIO y la MALICIA ¡Qué hermosa que está la plaza del Mundo, Inocencia! Cierto que parece un paraíso. ¿Viste tan varios objetos, Malicia, otra vez? Sí vi, pero fue en mi pensamiento. Un amor me trujo al Mundo mas ya son dos los que tengo, que después que vi a Lascivia poco de Gracia me acuerdo. Antes que compremos algo la vuelta a la plaza demos. Ven y veámoslo todo, antes que nada compremos. Dan la vuelta al tablado y vuélvense a sus puestos ¡Llevad galas, llevad plumas! ¡Llevad sayales groseros! ¡Flores doy bellas y hermosas! ¡Yo desengaños ofrezco! ¡En imágenes pintadas los deleites represento! ¡Ea, caballeros, lleven de aquí varios pensamientos! ¡Llevad mortificaciones para que podáis vencerlos! ¡Libros de opiniones doctas os daré a barato precio! ¡Yo este Pan, que es Carne y Sangre, dulce y inmortal sustento! ¡Forasteros, llegad, llegad, que aquí los contentos y gustos están!. ¡Forasteros, venid, venid, que están las fatigas y penas aquí! Yo no puedo estar parado; espérame aquí, que quiero ir a buscar otro engaño, con cuyo disfraz pretendo hallarme en todo. Perico, ¿dónde vas? Al punto vuelvo. Vase Ya, Inocencia, habemos visto cuanto se vende. Y confieso que en mi vida me ha pesado, si no es ahora, de serlo. ¿Por qué? Porque la Inocencia, como no tiene talento que gastar, no compra nada. Malicia, de todo esto ¿qué es lo que más te agradó? De todo hay, de malo y bueno. Esta parte tiene más riquezas. Eso es lo mesmo que me ha parecido. ¡Ven por aquí! ¿Pues a qué efecto, si aquí no se vende nada de placer? Porque me llevo tanto de mi inclinación en amar cuanto es desprecio del Mundo, que en su mercado solo han de ser mis empleos las miserias de la vida. ¿No tratas casarte? Es cierto. Pues, ¿qué más miserias quieres? Mas, dejando el vil concepto, lleva galas a tu esposa, joyas, tocados y aseos, que no hay ninguna que no se huelgue. Por tu consejo, de aquella tela, a la Gracia llevar un vestido quiero. A la tienda que tú vas llegó tu hermano primero. Pues veamos lo que compra desde aquí. Sale CULPA, de galán A buen tiempo llego, que el Buen Genio está en la tienda de la Soberbia; que espero que no vaya hacer que de ella no salga sin que primero la compre algo. Esta me agrada. Pues no os desagrade el precio. Y yo terciaré en que sea poco. ¿Qué os va a vos en eso? Ser corredor de esta tienda. Sin vos nos concertaremos. No es posible. ¿Qué queréis vos por ella? Un pensamiento de soberbia y vanidad; presumir que sois perfecto en todas vuestras acciones y que no puede haber yerro en vos. Es de balde. Pues guardadla, que no la quiero. ¿Por qué? Porque yo conozco de mí que nada merezco. Volved acá. No la guardes, que yo la tomo en el precio; y las plumas, ¿cuánto son? Otro desvanecimiento. No la compres, que es, hermano, el propio conocimiento la mejor joya del alma. No es menester tu consejo. Por estas plumas y telas doy, vano, altivo y soberbio, conocer de mí, que solo ponérmelas yo merezco. Vuestro es, y pues despaché mi mejor caudal con esto, celebre a voces mi bando el buen marchante que tengo. Vase Sea norabuena, norabuena sea, vestir galas y plumas de la Soberbia. Toma y llévalas, Malicia. Grande ocasión perdí; pero otras habrá; tras de él voy, aunque a estotro deje, puesto que importa más a la Culpa que sea malo el que fue bueno que no que sea peor el que fue malo, que aquesto sin diligencia se hace. En tu vida otro consejo, Inocencia, me has de dar. Ya sabes que soy un necio. ¿Vos no tenéis telas? Sí, mas son sayales groseros. Esos son los que yo busco. Pues, ¿para qué quieres esos? Para vestir a mi esposa. De buen espolín, por cierto. Yo haré que os den más barato otra tela allí. No quiero nada yo por vuestra mano. ¿Qué pedís por todos estos? Solo un acto de humildad. Decidme cuál, que yo ofrezco obedeceros. A mí me basta ese rendimiento, porque ofrecer obediencia es de este sayal aprecio. Toma, Inocencia. Esa gala, más que de boda es de entierro. No por eso es peor buscar vivo lo que sirve a muerto. Tela es pasada, pues tiene lo mismo fuera que dentro. Norabuena sea, sea norabuena, de Humildad vestiros las pobres telas. Vase HUMILDAD Un sayal compró tu hermano. ¡Buena gala!; allí un espejo se vende, curiosa alhaja de una dama. Verle quiero. ¿Al otro bando se pasa el que ya en mi poder tengo?; mas si al que perdí no gano, ¿qué haré, si al que gané pierdo? ¿Qué quieres por este hermoso, limpio cristal? Un acuerdo de la muerte. ¿De la muerte? Sí. Mozo sois, ahora es presto para esa memoria. Bien me aconsejáis, caballero; guardadle. No le guardéis, que yo le tomo en el precio. ¿Lo que otro deja lleváis? ¿No lleva él lo que yo dejo? Tomadlo, miraos en él y pagaréisme. Vase DESENGAÑO Ya veo al cristal del Desengaño que soy polvo, nada y viento. Toma, Inocencia. ¡Jesús, qué maldita cara tengo! Norabuena sea, sea norabuena, conocer a ese espejo las faltas vuestras. ¡Ay de mí! qué vanamente, en este mercado intento, haciéndome corredor, desperdiciarle el talento; pues con Lascivia y Soberbia igual hacerle no puedo pecar, con la Hipocresía tengo de ver si le venzo. Vase Ya que el espejo no compro, llevar un tocado quiero. Dama hermosa: vuestras flores, matices y adornos bellos he menester para una dama que adoro y pretendo, harto parecida a vos. Yo a cuanto se ama parezco, y por sola una lisonja las llevaréis. No me atrevo a pronunciarla, que cuanto en el más rendido afecto, en la más postrada fe, diga el encarecimiento, será verdad, no lisonja. Aquesa lo es ya, y no puedo negar los bellos matices que son aplausos del viento. Vase Sea norabuena, norabuena sea, que os ofrezca sus flores la Primavera. ¿Qué vendéis vos? Yo, miserias, llantos, penas, desconsuelos, cilicios y disciplinas. ¿Pues quién sois? El sacramento de la Penitencia soy. Huélgome de conoceros. Yo no. ¿Qué miras? Sus joyas. ¿Esas son joyas? ¡Qué necio! ¿Hay otras de más valor? Muchas. Si no, preguntemos a estas damas qué querrán más que las dé un caballero: ¿unos canelones duros o unos canelones tiernos?, ¿un silicio o unas martas?, ¿un ayuno o un almuerzo?, ¿un ermitaño o un sastre? ¿Qué quieres por todo esto? Una confesión vocal con un arrepentimiento. Mis culpas confieso a voces. Pues tomad, que todo es vuestro. Vase Sea norabuena, norabuena sea, daros sus auxilios la Penitencia. Vos, ¿qué vendéis? Las ideas que dibuja el pensamiento, despertando el apetito para gustos y contentos. No os las compro, porque yo siempre le tuve despierto. Sale la CULPA de ciego Dad una limosna, ya que nada compráis. No quiero que mendigos y holgazanes lo sean con mi dinero. Aparte (Si supieras quién yo soy harto me dabas en eso). Caballero, pues vos sois tan piadoso, justo y cuerdo que en el mercado del Mundo hacéis del oro desprecio y compráis pobres alhajas, dad limosna a un pobre ciego. En mí hay caridad, tomad. No negarás por lo menos que ya no me has dado parte del talento. Sí haré, puesto que no te le he dado a ti. Pues, ¿a quién? Al sentimiento de verte necesitado; que es Dios tan piadoso y recto que aun lo que se da a la Culpa del hombre, que va pidiendo sin necesidad, lo pone a cuenta suya, diciendo que es por quien se da, y no en quién consiste el merecimiento. Tercera vez me venciste. No desesperes tan presto, Culpa, que si yo me quito los atributos de ciego, siendo Gula y Apetito, Placer seré. Pues ven presto, vea el cielo que le quedan más lides en que vencernos. Vase CULPA y GULA ¿Qué vendéis vos? Este Pan y este Vino. No os le merco, que en la casa de la Gula como esos manjares tengo. No me espanto, que no vienes por el camino derecho, puesto que a la Penitencia nada feriaste primero. ¿Qué vendéis vos? Estos libros. ¿De quién? De grandes ingenios, herejes sacramentarios. Facultad es que no entiendo ni quiero entenderla. Yo de todo saber me huelgo. Yo creer sin saber. Pues troquemos lugar. Troquemos. Bravos trastos, Inocencia, llevas. Es mi amo un necio. ¿Qué Pan, bella dama, es este? Pan que descendió del cielo: Pan de ángeles. ¿Qué autores estos? Calvino y Lutero. ¿Cómo es Pan del cielo? Como es el cuerpo de Dios mesmo. ¿De qué trata este autor? Este afirma que todo cuerpo ocupar debe lugar, y que no es posible aquello de que esté el Cuerpo de Dios en el blanco Pan, supuesto que en él no ocupa lugar. El cuerpo extenso, concedo; el Cuerpo que está con modo indivisible, eso niego; y así está el Cuerpo de Cristo en el Pan del Sacramento, con el modo indivisible, y decláreme un ejemplo: el alma de un hombre ocupa todo un hombre, sin que demos lugar dónde esté, pues queda tan cabal, después de muerto, la cantidad, como estaba antes que muriese; luego, sin ocupar lugar puede Dios estar en ese velo, y estar o no estar le hace ser Pan vivo o ser Pan muerto. Yo lo niego. Yo lo afirmo. Yo lo dudo. Yo lo creo. Yo ni lo afirmo ni dudo. Yo ni lo sé ni lo entiendo. ¿Qué vino es este? Es la Sangre de Dios, en cuyo alimento se cobra la vida eterna. ¿Y este? Si Sangre es veneno, dice, que ¿cómo da vida? Pues ¿qué respondes? Que siendo la Sangre humana de Cristo divina también, por serlo con divinidad, da vida, porque es fuerza poder menos lo humano que lo divino, hallándose en un supuesto. Yo lo niego. Yo lo afirmo. Yo lo dudo. Yo lo creo. Lo dicho, dicho, Inocencia. Malicia, lo hecho, hecho. Y este, ¿de qué trata? Este dice que justos preceptos vedan comer carne humana, por ser terrible y cruento manjar para el hombre. Y son preceptos divinos; pero la carne humana de Cristo divinizada la vemos por la hipostática unión sacramentada de él mesmo voluntariamente, y no es sacrificio crüento, sino incrüento y piadoso, pues todo el horror y el miedo de carne humana quitó la Gracia del Sacramento. No digas más, que si es Pan de Gracia, yo pretendo por este Pan y este Vino daros todo mi talento. Aunque yo le doy de balde, tú no le pagas con menos; toma y llévale contigo, que tuya será. Supuesto que a la Gracia convencer puedo con los argumentos de estos libros y para ella los he de llevar, yo ofrezco por ellos cuanto quedó de caudal en mi talento. Llevadlos, que ha de elegiros, cuando no de amor, de miedo, y diga toda la tierra. Y repita todo el cielo: Sea norabuena, norabuena sea. Darnos la Herejía todas las ciencias. Que ese Pan de Gracia la Fe conceda. Ya tu talento has gastado. Y en el más divino precio. Yo también. Notables cosas llevas, Inocencia. Pienso que en viendo lo que llevamos nos mata a palos el viejo. Volvamos juntos agora, porque quiero irme riyendo de ver las cosas que sacas del Mundo. Ahora no quiero yo tu comunicación, que aquestos libros trayendo tener no puedo contigo conversación ni comercio; y así, mira qué camino has de llevar, porque quiero llevar de ti el más distante. Yo por el llano me vuelvo, que en la venta de la Gula viandas y comidas dejo pagadas para el camino, y ver a Lascivia quiero para darla algunas joyas de las muchas que aquí llevo. Yo, sin tocar en su venta, volveré por el desierto. Sale la CULPA y la GULA de gitanos Pues adiós. Adiós. No vais sin que me escuchéis primero lo que os digo alegremente al son de los instrumentos: Bailan y zapatean Canario a bona, arrufaifá, si mi padre lo sabe matarme ha. Yo soy el Placer, gitano de los sentidos, pues puedo robarlos con mis bebidas; tan tarde al Mercado vengo porque, como soy Placer, vengo tarde y me voy presto. Un caballo y un esclavo para que os volváis os vendo; el caballo es tan veloz que es el mismo pensamiento, y el esclavo este muchacho, despejado, alegre y suelto. ¡Ea, Perico, otra vuelta por aquestos caballeros! Canario a bona, arrufaifá, si mi padre lo sabe matarme ha. Tal deseo de volver a vista de Gracia tengo que yo os comprara el caballo; mas no me quedó dinero, que por este Pan de Gracia he dado todo el talento. Yo os lo fiaré, que ya sé quién sois, y acudiré luego a cobrar de vos. ¿Y cuánto pedís por él? No pretendo más de que me le paguéis, como os hallareis; supuesto que es Pensamiento, en que puede saliros o malo o bueno. Con aquesa condición yo le tomo. Pues poneos en él: allí está, y partid. Aqueso no, que primero lo he de enfrenar de mi mano, poniéndole rienda y freno de obediencia, porque solo para tenerlo sujeto, comprara al Placer, fiado, el bruto del Pensamiento. Vase Aun comprándonos nos vence la inclinación del Buen Genio. ¿Por qué vendéis el esclavo? Por necesidad que tengo de que vos os le llevéis. Sí haré, como hagáis lo mesmo de fiármelo. Sí fío, pero a él no, que yo le vendo con tachas buenas y malas. Y yo con ellas le merco. Aunque vendido me vea, alegre estoy y contento con el dueño que me has dado, pues tener así pretendo, en réprobos y elegidos, jurisdicción con el cielo, en fe de cuya alegría a cantar y bailar vuelvo. Canario a bona, arrufaifá, si mi padre lo sabe matarme ha. Pues de los dos a cobrar he de ir, os iré sirviendo. Yo, por llevaros conmigo hasta mi casa, me huelgo. Sí, que del Mundo no hay más que llevar sino el contento. Canario a bona, arrufaifá, si mi padre lo sabe matarme ha. Vanse cantando y bailando y sale GRACIA y el PADRE DE FAMILIAS Grande es tu cuidado. Sí, que ausentes mis hijos tengo, y a este monte voy y vengo, por si puedo desde aquí, descubriendo los caminos de la vida humana, ver señas del llanto o placer. Ellos fueron peregrinos al Mundo, y que volverán no dudes, viendo empleados los talentos heredados, pues por mí a la feria van. ¡Ay, Gracia hermosa, que ha habido mucho que temer, porque aunque tu hermosura fue la que ambos han pretendido, los modos de pretendella en los genios se difieren, que todos la Gracia quieren y pocos saben querella! Pregunta al más pecador si tener Gracia querrá, dirá que sí, claro está, pero ciego de su error, no te sabe merecer, que aunque tú les des favores, son tales los pecadores que te quieren sin querer. Por aquella parte, que en su aspereza este monte embaraza el horizonte, en un caballo se ve un hombre. ¡Ay de mí, que ha sido su pensamiento, y caerá desde sus cumbres, si ya no le trae bien corregido! Suena ruido y música Por estotro hermoso llano músicas y danzas vienen. Si son mis hijos, bien tienen hoy que llorar (y no en vano) mis ojos, pues por el viento corre ciego cada uno, en sus deleites el uno y el otro en su pensamiento. Dentro No me has de arrojar de ti, monstruo de soberbia lleno, pues de la obediencia el freno te trae seguro. Dentro FE Y aquí las virtudes te valemos, de quien del Mundo sacaste los méritos que feriaste. Ya socorrido le vemos de gente, que el monte arriba trepa a ayudarle, no en vano. El grande género humano, Padre de Familias, viva. Salen por diferentes partes el BUEN GENIO y el MAL GENIO, GULA, CULPA, INOCENCIA y la FE Dame tu mano a besar. A mí primero ha de ser. Ni a uno ni a otro, hasta ver a quién se la debo dar. A mí, que traigo empleado de mi talento el tesoro en telas y en joyas de oro y flores para el tocado de Gracia, que estas y aquéllas dan soberbia y hermosura, porque en su belleza pura, que es cielo, sirvan de estrellas. Libros traigo, porque sé que es gran ciencia la Herejía; del Placer y la alegría los músicos, para que esa belleza que alabo celebren a cualquier hora como aves a la aurora, y al contento por mi esclavo; tráigote dulces manjares y bebidas que me dio la Gula. ¿Tú, qué traes? Yo, llantos, miserias, pesares, pobres telas peregrinas de que la Humildad se viste; de la Penitencia triste, silicios y disciplinas; no traigo sonora voz, sino el suspiro y lamento, y, domando el Pensamiento, bruto que corrió veloz, tráigote del Desengaño de la vida este cristal, donde se ve el bien y el mal; para evitarte del daño que en esos libros se ve y no puedan ofendella traigo para Gracia bella aqueste Pan de la Fe. Dame los brazos, que tú eres mejor hijo, al fin, tú eres mi Abel; tú, Caín; tú, mi Jacob; tú, Esaú. Y pues tú solo has logrado el talento que te di, tú eres mi heredero. A ti, maldito y desheredado te dejo. ¡Ingrato! Jamás parte tendrás en mi herencia; en tormento y impaciencia eternamente serás aborrecido de Dios; las puertas te cerraré de mi casa, y para que premio y castigo a los dos muestre mi justicia igual, dé la mano, Gracia, a quien yendo donde hay mal y bien trujo el bien y dejó el mal. ¡Ay infelice de mí, que jamás hallar intento consuelo, pues el talento que me entregaron perdí! Cuando tú no me trujeras más que aquese Pan que adoro, es el más rico tesoro con que obligarme pudieras. Descúbrese un trono y siéntanse los dos y las VIRTUDES, quedando en medio el PADRE Llega a mis brazos y ven a este trono celestial, pues entre el bien y entre el mal acertaste con el bien. En él te acompañaremos yo y tu esposa, Gracia bella, que es del cielo hermosa estrella, en cuyos claros extremos, en precio de tu talento, goces el bien celestial. Siéntase ¡Ay infeliz de mi mal que jamás hallar intento consuelo, pues el talento que me entregaron perdí, y como al viento le di, todo es sombras, todo viento. ¿Y solamente ha quedado conmigo este esclavo aquí? Señala a la CULPA Sí, que yo tu Culpa fui y siempre te he acompañado: cuando con la Gula hablaste, allí estuve yo incitando; allí estuve también cuando a la Lascivia adoraste; allí estuve cuando diste a la Soberbia el talento, y allí cuando al Sacramento ni adoraste ni creíste; allí, cuando por esclavo me compraste, y el Placer te acompañó, porque a ver llegues de tu vida el cabo, y así hoy conmigo ven. Cae en brazos de la CULPA Al BUEN GENIO Tú, agora a mi gloria ven. Al MAL GENIO Y tú, al abismo infernal, pues hallando el bien y el mal, traes el mal, dejas el bien. En cuyos ejemplos fundo las glorias del Sacramento, de los Genios el talento y El gran mercado del mundo. Al principio de estos versos se abre un escotillón y salen llamas de fuego y se hunde el MAL GENIO y la CULPA, abrazados como estaban, y los cuatro últimos versos vuelve a repetir la MÚSICA y el trono se eleva y se tocan chirimías y demás instrumentos, con que se da fin al auto