Pedro Calderón de la Barca La devoción de la misa Auto historial alegórico Personas EL CONDE GARCI FERNÁNDEZ DE CASTILLA. ALMANZOR, rey de Córdoba LA SETA DE MAHOMA. UN ÁNGEL. EL DEMONIO PASCUAL VIVAS, soldado. PERNIL, soldado gracioso. LELIO, soldado. AMINTA, dama. SOLDADOS MONTAÑESES. SOLDADOS MOROS. MÚSICOS. Dentro cajas y trompetas a una parte y a otra música y, después de las primeras voces, salen luchando EL ÁNGEL y LA SETA DE MAHOMA Dentro. A sangre y fuego la lid publicad. Arma, arma, guerra. La caja. Dentro. Con lágrimas y suspiros moved del cielo la esfera. Ten de nosotros, Señor, La música. misericordia y clemencia. Haced alto hasta que el día a estos montes amanezca. La caja. No dejen toda la noche de clamar las voces vuestras. La música todo junto, arma y música. Arma, arma. Piedad, piedad, favor, favor. Guerra, guerra. Todo sea horror. Sea todo Él y música. misericordia y clemencia. Piedad, piedad. Arma, arma. Salen el ÁNGEL y la SETA luchando. Favor, favor. Guerra, guerra. Deja esta tierra. ¿Por qué, habiéndome dado de ella el derecho de las armas posesión en mi primera invasión, cuyo dominio después el tiempo hizo herencias, pues ha ya quinientos años que en ella mis gentes reinan, contra la prescripta acción de uno y otro fuero, intentas, ¡oh, tú, que no sé quién eres, bien que al verte el alma tiembla!, Desásese dél. de ella arrojarme? Porque contra el derecho que alegas hoy de las armas y contra los cinco siglos que cuentas hay ley de que no prescriba quien con mala fee posea y tu siempre loco error, bárbara religión ciega, nunca con buena fee pudo poseer. Detén la lengua que siendo yo como soy hija del mayor profeta de Alá, descendiente ilustre de Ismael, cuya nobleza desde Abraham, por Agar y Sarra el nombre conserva de ismaelitas, agarenos y sarracenos, me niegas injustamente la acción de la buena fee. Tú mesma contra ti mesma litigas, si de tu origen te acuerdas, pues no me podrás negar, ya que de Ismael desciendas, el ser de la idolatría hija espúrea, pues su ofensa de la casa de su padre le desterró a las desiertas montañas de Farán donde después de una y muchas vueltas que dio el sol, le halló en sus hijos del vil, el pseudo profeta la bárbara religión que tú en sombras representas, diabólicamente horribles, tanto que sin que merezcas nombre de ley, con el nombre de seta (que se interpreta seguido dogma) hasta hoy te has conservado. Aunque pueda responderte con razones no quiero, porque me enseña esa misma ley que agravias, ese mismo honor que afrentas que antes que la voz la arguya, el acero la defienda. Y supuesto que al acero de su Alcorán la severa cuestión remite, hable él dando sus aplausos la respuesta. ¿Qué ley, qué culto, qué rito, sea dogma o no lo sea, hoy en el orbe contiene más trofeos? Asia llena de sus séquitos lo diga. Dígalo África cubierta de sus familias; y cuando no baste decirlo ellas dígalo también Europa no tanto porque diadema de su oriental frente altiva Constantinopla se ostenta, cuanto porque aun no cabiendo en márgenes tan estrechas saliendo de sí, hasta España sus avenidas revienta. De mis arábigas güestes las andaluces riberas inundadas lo publiquen desde el día que sangrienta la campaña de Jerez rompiendo el Tarif sus presas, sus presas rompiendo el Muza vio mis medias lunas llenas del honor de sus vitorias y el dolor de sus tragedias. Acuérdate de las ruinas, las desdichas, las miserias, las lágrimas, los lamentos, calamidades y penas en que quedó de Rodrigo la pompa, con tan deshecha fortuna que aun en cenizas su tumba no nos le acuerda. Acuérdate que con él viudas sus más ricas fembras, muertos sus más nobles héroes, sus infantes sin defensa, sin consejo sus ancianos, quedó España tan sujeta que ya establos sus altares, ya mezquitas sus iglesias, cautiva en su patria no hubo desde el Guadalete al Ezla, (ese río que divide las dos montañas soberbias de León y de Castilla) al impulso de mi diestra o ciudad que no se rinda o gente que no perezca, capitulando al mirar arboladas mis banderas la esclavitud o la fuga, siendo el que huye y el que queda o mistiárabe cautivo o racional bruto de esas rústicas montañas, donde al abrigo de sus breñas forajidas las más nobles godas reliquias se albergan. Pues siendo así que triunfante más la ley de mi profeta que la del profeta Cristo vive, ¿quién duda, quién niega, que tanto favor de Alá y tanto castigo sean argumento de que no está en mis ritos su ofensa sino en los suyos, pues siendo su suma piedad inmensa claro está que al que castiga quiere menos que al que premia? En las padecidas ansias que el hombre en su culpa engendra, los ceños de Dios no son castigos, sino clemencias, pues nunca llega el castigo adonde la culpa llega, y para que lo conozcas un ejemplo te convenza: el padre castiga al hijo no porque al hijo aborrezca sino porque le ama, pues cuando le hiere, le enmienda. Así Dios, padre piadoso, con el hijo que más precia por enmendarle le aflige sin que por eso se entienda que quiere más al azote que al hijo, cuya evidencia lo es para que consideres que en las merecidas penas de su pueblo, de quien es el que tú presumes necia su profeta su Dios mismo, no es la aflicción consecuencia de enojo, sino de amor, de ira, sino de clemencia, pues le oprime en esta vida para premiarle en la eterna; y así el darte a ti vitorias y a él desdichas, a ti empresas y a él ruinas, a ti trofeos y a él ansias, a ti grandezas y a él afliciones, solo es argumento de que sea él el hijo que ama y tú la vara que le escarmienta. Y siendo así que no hay vez que el padre el amago mueva que no haga el amor que el golpe antes que le dé, le sienta ¿qué extrañas que llegue el día en que del hijo se duela y lastimado el enojo a sus cariños le vuelva? El gran príncipe de Asturias, Pelayo, testigo sea, de que en él terminó el ceño y empezó el halago, en prueba de que España vinculadas sus felicidades vea en los Príncipes de Asturias, pues de todas sus tristezas tendrá alivio siempre que príncipe en Asturias tenga. Desde su primer vitoria continuadas las proezas de Covadonga lo digan y pues continuándose a ella una y muchas ven León y Castilla de su opresa cerviz sacudido el yugo, tanto que en libertad puestas van restituyendo altivas a su dominio las fuerzas, a su religión las aras, y a su culto las iglesias, a cuya causa, yo que titular inteligencia soy de Castilla, (pues nadie ignora que su ángel tengan no las repúblicas sólo, mas las especies diversas de frutos y de animales como doctores asientan difiniendo esta custodia con nombre de presidencia) a cuya causa (otra vez digo) yo que inteligencia soy de Castilla a quien tuvo por tantos años sujeta el inescrutable juicio de la ciencia de las ciencias; a intimarte tu destierro me dejo hoy ver porque veas que día que tus caudillos con cajas y con trompetas la amenazan y ella en himnos llenos de lágrimas tiernas responden clamando al cielo está su vitoria cierta. Y porque mejor lo digas, oye esas voces diversas con que unos dicen altivos. Arma, arma, guerra guerra. La caja. Y otros humildes. Señor, misericordia y clemencia. Pues, ¿cómo (no puedo hablar) es (enmudece la lengua) posible (la voz se pasma) que tú (el aliento se hiela) quieras (la razón delira) arrojándome (qué pena) violentamente (qué ansia) abreviar (el alma tiembla) plazos (volcán es el pecho) que el tiempo (el corazón Etna) concede al valor (qué ira) para que invencible venza? Y pues al principio dije que no ha de argüir mi lengua sino la espada mi ley, dejando argumentos, deja obrar las segundas causas. Veamos si piadosa esa religión que tanto ensalzas, cristiandad que tanto aprecias en fee de sus sacrificios más triunfante a verse llega que yo en fee de mi valor y mis armas. Norabuena, y pues a segundas causas se remite la experiencia haciendo de la historial alegórica materia atiende y atiendan todos para que nada se pierda. Castilla, afligido pueblo de Dios por causas secretas que él guarda en sí, signifique a la primitiva Iglesia retraída por los montes. Garci Fernández en ella o Conde o comes que es ser compañero en sus penas, haciendo el nombre anagrama, pues con mudarle una letra el que dice García dice gracia, su caudillo sea que de la Iglesia la Gracia siempre es la mayor defensa. Tú, que de la venenosa hidra de siete cabezas la principal eres, siendo de siete cuellos compuesta, pues en ti la idolatría y gentilidad se encierran, judaísmo, apostasía, y paganismo, soberbia serás quien la guerra la haga y el hombre quien la defienda. Pues ya que tan misterioso lo historial quieres que sea alegórico, ¿qué hombre de cuantos la historia cuenta sin que le añada el ingenio circunstancia que no tenga representará en común el que a dos luces intentas introducir? Dentro PERNIL como llamando. ¡Pascual Vivas! El aire dio la respuesta pues un soldado que llama a otro, no sin providencia, articuló nombre en quien cobre el sentido más fuerza. ¿Más fuerza el sentido? Sí. Por si es posible le entienda, oiré otra vez. Dentro PERNIL. ¡Pascual Vivas! Pascual Vivas dijo. Sepa en qué el misterio consiste. En que dijo el real profeta «sea el hombre de tu pascua víctima, Señor»; y llega casi a frisar el sonido de Pascual Vivas que aquella voz dijo con ser pascual víctima de Dios y ofrenda. Yo convengo en el sentido y aun me güelgo de que sea Pascual Vivas en quien hoy fundar tu razón pretendas porque le conozco y sé de sus costumbres perversas que está en pecado. Eso hará la metáfora más cierta si sobre estar en pecado alguna virtud le enmienda. Pues aunque en García y Pascual varios sentidos penetras, yo sin buscar más sentidos que militar en tu ofensa mis esperanzas pondré en Almanzor que es quien reina hoy en Córdoba y quien hoy estas campañas infesta, que de la antigua Numancia ruinas son, cuyas trompetas apenas oyó Castilla cuando a su opósito intenta su Conde salir, haciendo de armas plaza en Santisteban de Gormaz, en cuyo campo casi a la vista las tiendas están esperando al alba. Pues ¿qué aguardas? Pues ¿qué esperas? Ve a conducirle sus tropas. Ve tú a tratar sus defensas. Sí haré, y pues no se da tiempo ni lugar en las ideas alegóricas, verás cómo desde aquí le alienta la dulzura de mi voz. Apartándose los dos. También en esa acción mesma verás cómo desde aquí de la mía el horror llega a sus oídos porque mi fuego su fuego encienda. Cantando hacia un carro. Conde ilustre de Castilla. Representando hacia otro. Rey de Córdoba la bella. Invicto Garci Fernández, godo Atlante de la Iglesia. Grande Almanzor africano, Alcides de la ley nuestra. Ábrense los dos carros que serán dos tiendas de campaña y vese en el uno el CONDE GARCI FERNÁNDEZ, viejo venerable, armado de todas armas, sentado durmiendo y en el otro ALMANZOR durmiendo también sentado en otra silla. En sueños. ¿Quién me nombra? ¿Quién me llama? Cantando. Despierta a mi voz. Despierta a mi acento. En sueños. ¿Quién, quién eres divina inspiración bella que iluminas mis sentidos en las pardas sombras negras de la noche? ¿Quién, quién eres caduca sombra funesta que en las fantasmas del sueño nueva pesadez aumentas? Cantando. De tu fe y tu religión espíritu soy que alienta con los suaves acentos de dulces cláusulas tiernas tu valor, para que acudas a la piadosa defensa de la honra de Dios cuidando de los triunfos de su Iglesia. De tu espíritu valiente alma soy, que altiva intenta con las horrorosas voces, idiomas de mi soberbia, encender tu pecho en iras porque en rencorosa ofensa del crucificado Cristo a Castilla a cobrar vuelvas. Cantando. ¡Al arma, al arma Castilla, pues Dios sus gentes te entrega! ¡Al arma, al arma Almanzor, que Alá su valor te presta! Yéndose cada uno a su carro. Lidia, pues, clamando al cielo diciendo en lágrimas tiernas.... Lidia, pues, diciendo al son de cajas y de trompetas.... Las cajas. Ten de nosotros, Señor, misericordia y clemencia. La música. A sangre y fuego la lid proseguid. Las cajas. Arma, arma, guerra. Música y cajas junto. Piedad, piedad. Arma, arma. Favor, favor. Guerra, guerra. Vanse los dos y despiertan GARCÍA y ALMANZOR. Espera, oye, escucha, aguarda. Aguarda, oye, escucha, espera. Nueva luz de mis sentidos. Nuevo horror de mis tinieblas. ¿Mas qué lumbre... ¿Mas qué sombra... ...mi fe anima...? ...mi ira alienta...? Pero, ¿qué dudo que el cielo mis deseos favorezca con sus auxilios, si es mi fee mi mayor empresa? Pero, ¿qué extraño que el alma que no duerme y siempre vela dicte a mi vida dormida los rencores de despierta? Y así, pues que ya amanece del opósito la vuelta marche el campo. Y así, pues ya la aurora su luz muestra, en sus términos mis güestes la anciana Castilla sienta. Diciendo con quien me inspira.... Diciendo con quien me alienta.... Ten de nosotros, Señor, misericordia y clemencia. Las cajas. Arma, Arma. Piedad, piedad, favor, favor. Guerra, guerra. Con la música, cajas y trompetas, se cierran las dos tiendas y sale por una parte PERNIL, soldado ridículo, y por otra, PASCUAL, soldado galán. ¿Pascual Vivas? ¿Qué andas loco pregonándome? No seas tú cosa perdida y no te pregonaré. Si apenas empieza la blanca aurora a desvanecer las negras sombras de la noche, cuando de la barraca te ausentas dejando a Aminta y a mí con la precisa sospecha de que uno de tantos riesgos como te amenazan sea causa de que de ella faltes y hasta mediodía no vuelvas, ¿qué extrañas que con su susto y el mío a buscarte venga? Pues dime, ¿qué riesgos yo tengo? ¿Ah, sí? ¡No se me acuerda de que eres un angelito! Perdona, que pensé que eras un amo que allá en León, asturiana patria nuestra, dio la muerte a cierto hidalgo celoso de la belleza de una Aminta a quien por no dejar en riesgos que de ella resultaron de su casa, a pesar de las ofensas de su padre y sus hermanos, robada se trujo. Deja locuras que aunque es verdad que deudos el muerto tenga y hermano y padre la dama, no hay por qué unos ni otros tema, que sabe que arriesga mucho quien a buscarme se arriesga, mayormente cuando estoy a sombra de la grandeza del Conde Garci Fernández, que obligado a la fineza con que en todas ocasiones he servido, estima y precia mi valor, bien que con puestos ni me adelanta ni premia ofendido de saber que conmigo a Aminta tenga. Pero esto ahora no es del caso. Salir antes que amanezca fue porque en ese convento que en las despobladas quiebras del monte los monjes tienen de Benito, cuya iglesia a san Martín dedicada está, vi a la luz primera tocar a misa del alba a oírla fui; no tan apriesa salió como pensé; hube de esperarla y bien pudieras, pues en tantas cosas malas sabes que tengo esta buena de oír las más que puedo, haberme allí buscado. Si fuera ermita de San Martín y ya que ermita no sea fuera, ya que iglesia es, San Martín de Valdeiglesias, cuya capa abriga más hacia dentro que hacia fuera, ten por sin duda que yo te hubiera buscado en ella aunque temiera por puerco que mi san Martín me venga. Mas déjame que me ría. ¿De qué? De que hacer pretendas el adagio del ladrón y de la otra buena pieza que sin decirse se entiende verdad, pues como él y ella no te faltan devociones. Por malo que un hombre sea, no ha de vivir olvidado tanto de Dios que no tenga alguna luz de cristiano, fuera de que si advirtiera el peor cuánto el misterio de la misa incluye y cierra desde la primera edad del mundo hasta la postrera edad del mundo en que Dios por fuego a juzgarle venga, no habría olvido tan rebelde, no habría voluntad tan ciega que no fuera su devoto. ¿Cómo es eso que contenga desde el principio del mundo hasta el fin? Desta manera: oye en tanto que llegamos donde Aminta nos espera. Muy bien viene uno con otro. ¿Qué quieres? Uno es flaqueza y otro es fee. Atención que el diablo predica. Verdades ciertas no se atienda a quien las dice, sólo a que lo son se atienda. La ley natural, en quien Adán su culpa lamenta, cuando en él comprometida toda la naturaleza la dejó por mayorazgo de su miserable herencia que pan de dolores coma y agua de lágrimas beba, en la confesión que hace el preste se representa cuando fuera del altar nos dice que el hombre fuera de su feliz primer patria viador gima, llore y sienta. Compadece a Dios su llanto y viendo que al hombre sea, siendo como es infinita por el objeto la deuda, imposible que por sí alcance a satisfacerla, determina su bondad, su amor, su poder, su ciencia que hombre y Dios la satisfaga. Dios hombre, para que tenga lo infinito en lo infinito conforme la recompensa. A este fin elige el pueblo de Israel, para ascendencia a quien de esclavitud saca y en Sinaí la ley le entrega escrita, significada en la sumisión primera con que entra el preste al altar que es decir que el pueblo entra ya en tierra de promisión con que en el introito empieza la escrita, cuando besando la ara el preste al misal llega porque como ley escrita explique que lo es el leerla. De ella y de la natural, patriarcas y profetas teniendo del cielo tantas, tan infalibles promesas, de que había de llover su rocío el alba bella, de que había de cuajar el blanco vellón sus perlas, de que habían de medir ángeles la escala excelsa, siendo el hombre cuando suban y el verbo cuando desciendan, y en fin, que había de enviar Dios su salud y la tierra producir su salvador, en dulces lágrimas tiernas al cielo clamaron, cuyas voces desde las tinieblas del seno de Abraham repiten los quiries y así se alternan una y más veces pidiendo misericordia y clemencia. Vuelve Dios compadecido a oír sus ansias, que no cierran nunca a músicas de llanto sus piedades las orejas con que en fee de la esperanza que ya va cumpliendo suena consecutiva a los quiries la gloria, cantando llenas de angélicas armonías una y otra dulce esfera gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. Nace, pues, Cristo encarnado en las siempre puras, bellas, entrañas de Virgen Madre antes del parto doncella, doncella en el parto y después del parto; y aunque esta señal prometida a Acaz de que una intacta pureza fecunda y virgen sería trujo tan claras las señas de la ley de Gracia, no por eso la escrita cesa que ha de vivir aunque nazca Cristo hasta que Cristo muera. Y así la epístola dice lo que de vida le resta, que es el tiempo que durando su predicación, la ciega sinagoga ni la admite, ni la estima, ni la precia con que pasar el ministro el misal de la siniestra mano a la diestra, es decir que por no recebir ella la evangélica ley, pasa a la gentilidad; esta es la causa porque el coro en la epístola se sienta y en el evangelio en pie se pone, bien como en prueba de que ya la anciana ley caduca, yace y flaquea y la nueva ley está y ha de estar siempre en pie atenta al credo, que al evangelio sucede, porque no fuera bastante al fiel el oírla sin protestar el creerla. Y como ya entre las sombras de luz fallecida es fuerza haber luces, los ciriales, con luz encendida llegan al diácono y al credo sigue el ofertorio en muestra de que ya sus sacrificios no han de ser como antes eran de sangre de reses, siendo en cumplimiento a la eterna orden de Melquisedech de pan y vino la ofrenda. Pónese la Hostia en el ara y en fee de que presto sea carne y sangre de Dios hombre, el vino y el agua mezcla la preparación del cáliz, significando la inmensa divinidad en el vino y en menos noble materia la humanidad en el agua. Por esto, al vino no se echa bendición y al agua sí, mostrando que una se eleva por la hispostática unión de las dos naturalezas, y otra aunque se abata, siempre bendita está por sí mesma. Al ver aquí el preste al pueblo que ore le absorta y le alienta; oye el judaísmo absorto la proposición y ciega su obstinación se espavece confundido de que pueda ser que caribe de Dios el hombre su sangre beba y su carne coma, andando su incredulidad tan fuera de sí que prevaricada en preguntas y respuestas, tal vez maquina calumnias y tal vez previene fiestas. Dígalo el prefacio, pues para darle muerte fiera al quinto día le aplaude diciendo «bendito sea el que en nombre del Señor viene» y a sus plantas puestas olivas, palmas y ropas una y mil veces vocea santo, santo, santo; aquí entorpecida la lengua no se atreve a proseguir que el respeto y reverencia de los misterios que incluye cada ápice, cada letra de sacro canon me turba sin que a articular me atreva que el memento es la oración que hace al padre, en que encomienda, segundo Adán de la Gracia, toda la naturaleza también en él comprehendida en fee de cuya obediencia, refiriendo las palabras de la sacramental cena, el preste obra el sacramento que Él obró con la suprema delegada potestad que Dios a Pedro le entrega y Pedro a sus sucesores, vicedioses de la tierra, para que comunicada a los obispos se extienda a sus sacerdotes, dando a cinco palabras fuerza tan superior que a sus manos baje Dios. ¡Oh!, aquí enmudezca otra vez sin que pronuncie que la consagración hecha es el levantar la Hostia levantar la cruz y en ella pendiente de tres escarpias puesto Dios a la vergüenza; con la diferencia solo (si en Dios se da diferencia) que allí fue cruenta oblación y aquí oblación incruenta. Vuelva, pues, a enmudecer sin que ni aun a pensar vuelva que es la sangre que derraman sus rotas heridas venas la que alza el cáliz, corriendo en agua la sangre envuelta de su costado los siete sacramentos de su Iglesia; que el partir después la Hostia es el dividirse aquella divina alma del humano cuerpo, siendo la pequeña partícula que da al cáliz significación perfecta de que la divinidad en el sepulcro se queda unida al cuerpo y unida al alma, quedando entera, también va entera a romper de los infiernos las puertas; que volver las dos mitades a unirse en la Hostia postrera es volver a unirse cuerpo y alma en la suma, en la excelsa resurrección suya, siendo el quitarse allí la hijuela que al cáliz cubre quitarse de su sepulcro la piedra; con que el consumirle haciendo que a la vista desparezca es subirse al cielo donde por siglos de siglos reina. Y pues no puedo atreverme yo a tan sagradas materias, baste decir que el hacer que el ministro el misal vuelva a su primero lugar, es decir que en la postrera edad la predicación volverá para que sea sólo un pastor y un rebaño el que todo el orbe tenga, el día que el evangelio último en que Juan empieza que en el principio era el verbo y acaba en que el verbo sea carne, confesemos todos que hombre y Dios será el que venga en la última bendición a juzgarnos. De manera que continiendo la misa la ley que culpas confiesa, la que preceptos escribe, la que méritos aumenta, siendo el nombre de misal traducido de la hebrea frase «hacimiento de gracias» y de la latina lengua misa «enviada oblación» del Hijo al Padre en ofrenda. El no oírla cada día no solamente es tibieza del perezoso, sino descortesía grosera que se hace a Dios, pues de veinte y cuatro horas que le entrega de vida cada día, aún no le sabe volver la media. Bueno es eso para mí que si la oigo un día de fiesta es solamente pensando si se alarga o si se abrevia. Las cajas dentro a marchar Pero, ¿qué novedad hay en el campo? En orden puesta la gente marcha, no sé a qué fin. Sale AMINTA vestida de mujer a lo soldado. Yo sí, que apenas te vi cuando vengo a darte de lo que sucede cuenta. El Conde don García, de quien el cielo sus aplausos fía tanto que si dijera Gracia en vez de García no mintiera equívoca mi voz, aunque al abrigo de Santisteban quiso al enemigo esperar, hecha frente de banderas la fortificación de las trincheras que contra la campaña le delineó ingeniera la montaña, habiendo dado al sueño esta noche el pequeño espacio que permite su cuidado, de no sé qué esplendor iluminado despertó, según dicen, dando voces que, a un mismo tiempo graves y veloces, mudaron el motivo mandando que del eco fugitivo inspirado el metal y herido el parche, el ejército marche la vuelta de Almanzor y aunque en aprestos al designio importantes, como no estaban antes para tan no pensada acción dispuestos, formando escuadras y ocupando puestos consumió su mejor edad el día, con todo sin temor que de la fría noche la tez, ni el hielo ni la escarcha los tránsitos le impidan de la marcha del espíritu instado que le lleva, manda que todo a buen compás se mueva. La caja. Pues ven, Aminta mía, al puesto que tocó a mi compañía; no vea el Conde que de ella falto en esta ocasión. Mal podrás vella sin que él te vea, que acaso destribuyendo órdenes al paso sale. Allí te retira; aunque el semblante con que ya me mira da a entender que te vio. Retírase AMINTA a un lado, tocan las cajas y sale el CONDE y SOLDADOS y mirando a PASCUAL y a ella da a entender que la ha visto con la acción quedando PASCUAL entre los dos como turbado. ¡Cuál se ha quedado! Mas, ¿qué mucho que absorto y que turbado esté si cuando recatar intenta a Aminta, que es su culpa, representa, viendo su superior contra él airado, al hombre entre la gracia y el pecado? ¿Cómo a vuestra obligación faltáis, Pascual, este día y de aquella compañía que ha de ser vuestra opinión, lustre, honor, fama y blasón el batallón no seguís y desmandado venís tan por otra parte que aunque conozca la fee con que tal vez me servís, no os puedo premiar al ver, cuando me dais que sentir, que servís para servir y no para merecer? Yo, señor.... No, no hay que hacer cargos en vuestra disculpa. ¿Tanto una culpa me culpa en que caí por desgracia? Sí, que no puede en mi gracia estar quien está en su culpa. Id y enmendaos, que yo daré como os enmendéis ocasión en que cobréis el mérito que os faltó. La fee con que os sirvo.... No, no basta. ¿Por qué? Porque aunque vuestra fee se ve en hazañas tan altivas son obras muertas, no vivas a que no basta la fee. Y porque lleguéis a ver si os deseo reducir, daros quiero en qué servir, no puedo en qué merecer que eso vos lo habéis de hacer. Y así para que sigáis mejor senda que lleváis, en busca del enemigo voy. Y aunque su busca sigo con la prisa que miráis no tengo bastante día para la batalla que darle intento, y así habré de hacer esta noche fría alto; en ella de vos fía mi justa satisfacción el peso de la facción, pues quiero que en la vanguardia esta noche estéis de guardia poniéndoos en ocasión de que el valor que os desvela logréis, sin dudar jamás ser de mi campo la más avanzada centinela. Háblale al oído yéndose. María es el nombre en vela; esperad la luz del día, que apenas veréis que envía sus rayos luciente el alba, cuando su primera salva mi militar armonía sea tocando a embestir. Id, pues, a ocupar el puesto que de vos fío. Dispuesto en tu servicio a morir estoy. Esto es advertir que si un afecto cruel postra al que creyendo fiel yerra, toca en tal desgracia darle su auxilio a la gracia pero aprovecharle a él. Vase el CONDE y SOLDADOS y vuelve AMINTA. Cuerdamente te ha reñido y aún poniéndote en aprieto, castigado a lo discreto sin darse por entendido. Favor, no castigo, ha sido el ponerme en ocasión que acuerde mi obligación. ¡Ay, de quien ha de quedar luchando con el pesar de tu peligro! Estos son lances a que siempre está expuesto, Aminta, el soldado. Y pues ves cuán empeñado todo el ejército va buscando a Almanzor, será ya que mi vida aventure bien que la tuya procure, pues sentiré más tu susto que mi riesgo, y así es justo como pueda le asegure. ¿Y qué seguridad, di, hay que a mi vida resuelvas? Que a Santisteban te vuelvas. ¿Y esa es seguridad? Sí. Mejor estarás allí que en los trances estarás de una batalla. Eso más es darme que padecer que asegurarme, que el ver que tú hacia el peligro vas no es quitarme dél a mí, que va en tu vida mi vida tanto menos defendida cuanto más lejos de ti. ¿Ahora lágrimas? No así me aflijas, Aminta bella. ¡Pernil! ¿Señor? Tú con ella irás. Aqueso haré yo de muy buena gana. ¡No sé qué quieres de mi estrella! No tan hermosos despojos eches, Aminta, a perder. Déjame, ¿pues, no han de ver que sirvan de algo los ojos? Porque alivies tus enojos seguro voy. ¿Cómo así? Como hoy misa, Aminta, oí y el nombre que se me fía es el nombre de María. Vanse cada uno por su parte y salen, como que acechando han oído lo que han hablado, LELIO y el DEMONIO, vestidos de soldados. ¿Haslo oído todo? Sí, y pues sabemos que va donde solo le hallaremos y el nombre también sacamos con que a él llegar ¿quién podrá defenderle? Claro está. Pues porque no le perdamos de vista, tú entre estos ramos te queda a saber cuál fue el puesto, entre tanto que yo, porque escapar podamos en matándole, a hacer voy que prevenidos estén dos caballos. Dices bien. Adiós, pues. Vase LELIO. ¡Infiernos! Si hoy muerte a Pascual Vivas doy, de mi mayor enemigo el mayor triunfo consigo, pues cogiéndole en pecado de su devoción vengado quedaré, a cuyo fin sigo en humana forma, siendo como soy aborrecido espíritu, al que ofendido en ira y cólera enciendo disimulando y fingiendo que un deudo que estaba ausente soy, que atrevido y valiente para ayudar a vengalle ha venido a acompañalle sabiendo cuán fieramente a su hermano le mató, y pues para que le asista y en él mi furor revista licencia el cielo me dio, ya que por mi mano no puedo matar a un tirano, veré si por otra gano este triunfo, en testimonio que el impulso del demonio está mortal en tu mano. Y pues ya la noche baja, envolviendo obscura y fría el gran cadáver del día en su lóbrega mortaja y por esta parte ataja a hacer la posta Pascual, invocando mi mortal saña, espíritus que son del aire perturbación, cegaré a ese celestial Argos los ojos serenos para darle más desmayos con relámpagos que a rayos deslumbren bramando a truenos, Dentro terremoto. porque teniendo así menos que temer a instancia mía de Lelio la alevosía, vea de qué le sirvió ni la misa que hoy oyó, ni el ser el nombre María. Vase y sale PASCUAL con una pica como con asombro y prosigue el terremoto. ¡Qué medrosamente horrible la noche de un punto a otro ha convertido la hermosa serenidad en asombro! Las derramadas estrellas, en quien como espejo roto se había quedado el sol, brillando en menudos trozos empañados del tupido velo de nubes, no solo a la luna asisten, pero ni aun ella su temeroso, trémulo semblante deja que puedan humanos ojos penetrar del manto de humo la brújula del embozo. El terremoto. ¡Jesús mil veces! ¡Qué fiero el trueno gemido es ronco con que el embrión del rayo siente la nube el aborto! Pero, ¿qué me atemoriza? ¿De cuando acá generoso mi espíritu le vio al miedo la pálida tez del rostro? El terremoto. ¿Yo espanto? ¿Yo horror? ¿Yo susto? Mas, ¡ay!, que si a hacer me pongo discursos que siempre vagos dictaron soledad y ocio, no sin causa temo, pues al ver ese obscuro globo desquiciado de sus ejes, desplomado de sus polos que sobre mí titubea imagen me reconozco del primero padre, cuando arrojado del hermoso centro suyo le asaltó de la noche el pavoroso escándalo, que a su culpa El terremoto. le fue el retrato más propio. Y si del concepto, ¡ay, triste! toda la paridad corro, no solamente en mi culpa la imagen que soy supongo, pero en que comprometido está aquese numeroso campo en mí, pues en mí estriba o su blasón o su oprobio, supuesto que si yo agora nigligente o perezoso faltara a aqueste precepto, en mí peligraran todos. Dentro la música y sale el ÁNGEL cantando y responde la música dentro a sus finales. Pues, vela Pascual. Vela. Vela. Que alguien cuidadoso Que alguien cuidadoso. Velará por ti cuando tú por otros. El terremoto y la música juntos. Porque no le cobre el canto, Dentro. seguid el terror vosotros. Pues, vela Pascual, vela, que alguien cuidadoso, vela, velará por ti cuando tú por otros. ¡Qué nueva confusión, cielos, quiere hacerme creer que oigo, entre tanto horrible espanto de rayos y truenos como perturban el aire ecos que dulcemente sonoros sirviéndoles de instrumento el rumor del terremoto, persuaden a que a la vela no deje de acudir pronto diciéndome cuando digo que en mí peligraran todos! Otra vez terremoto y música. Pues, vela Pascual, vela, vela, que alguien cuidadoso, vela, vela, velará por ti cuando tú por otros. Que es ilusión no lo dudo pero con muy poderoso afecto, pues que me deja helado, mudo y absorto. Arrímase a la pica y sale LELIO con un ballestón y el DEMONIO con él. Este es el puesto y la noche tan favorable a nosotros que para matar y huir parece que yo la formo. Llega, allí está. Ya a la luz de un relámpago que sordo vino a alumbrar sin el trueno le miro y le reconozco, mas porque en la obscuridad no yerre el tiro, oye el modo con que hemos de llegar; tú, pues con el nombre es forzoso que le asegures, has de ir delante y sin ver que somos dos, detrás de ti podré de más cerca el venenoso arpón dejar de su pecho en la aleve sangre rojo. Llegando los dos, el DEMONIO delante y LELIO detrás. Sígueme, pues. ¿Quién va? Amigos. ¡El nombre! Quiere pronunciarle y no puede. Ma..., ma..., ¡qué asombro! Mar.... No puedo pronuncialle. ¡Oh tú, nombre misterioso! Sirve a un rigor un día, pues sirves a una piedad todos. El nombre digo o el pecho al primer bote le rompo. Mar..., mar.... ¿Por qué no le dices? Porque con huir respondo, que no hace a traiciones nombre que está hecho a favores solo. El DEMONIO se retira como asombrado. Queda LELIO descubierto y al disparar quita el ÁNGEL el arpón de la ballesta, yéndose con él. ¿Agora tiemblas y huyes? Mas yo a mí sin ti me sobro. ¡Muere traidor! Eso no, que así yo su muerte estorbo cuidando yo de él, pues él cuida de otros. ¡Ah, traidor! No solo callas el nombre, pero alevoso me ha dicho el tiro que erraste quién eres. Huyendo LELIO. Fortuna, ¿cómo pude errarle de tan cerca? Espera, aguarda. Forzoso es que huya de aquí. Vase. Aunque quieran seguirle valor y enojo, no puedo dejar el puesto. Ya que ha embarazado el logro de mis iras de ese campo el presidente o custodio, ¡espíritus que del aire alteráis los terremotos desmandad de tantos rayos uno contra el que os invoco! Dentro el terremoto y voces como en el aire. No podemos. No podemos. ¿Pues a quién teméis vosotros? Al socorro que hoy consigo tray. ¿Consigo hoy, qué socorro? El que en la misa que oyó al oír lo prodigioso de que fue hecho carne el verbo, se postró humilde y devoto. ¡Oh, María, y oh misterio que en tu virgen claustro hermoso pudo obrarse cuanto amparo el hombre tiene en vosotros! Vase. Toda la noche es prodigios, pero yo se los perdono que aunque traidor enemigo me busque y caliginoso rayo me amenace, no iguala el pavor al gozo que aquel acento que oí. ¡Oh si volviera dichoso a escucharle por si acaso puedo engañarme a mí propio! Adonde sonó, el oído aplico. Dentro a lo lejos AMINTA. ¡Cielos piadosos! ¿No hay quién ampare mi vida? De Aminta es la voz que oigo. ¡Oh, qué poco a un infelice le duran los alborozos, pues va a buscar un halago y encuentra con un sollozo! ¡Piedad, cielos! ¿Cómo, ay triste, escucho tan lastimoso acento sin que tras él vaya? Mas, ¡ay de mí! ¿Cómo seguir podré aquel acento, si es lo que me dijo el otro...? Vela, Pascual, vela, que alguien cuidadoso velará por ti. ¿Nadie hay que me dé socorro? Al irse, vuelve a la MÚSICA. ¡Sí hay, Aminta! Vela, vela. ¿Mas, cómo puedo si noto que me acuerda mis empeños quien me olvida tus ahogos? ¡Favor, cielos piadosos! Alguien cuidadoso velará por ti, mientras tú por otros. Acero de dos imanes soy llamado a un tiempo propio. ¿Quién vio igual pena, igual duda? Sale PERNIL como cayendo. ¿Hiciera más el demonio? ¿Quién va, quién es? ¿Hay tal dicha amo mío de mis ojos? tu voz conozco y.... Al irle a abrazar le pone la pica a los pechos. ¡Detente!, porque yo a nadie conozco; ¡el nombre! Pernil. No des más paso, si riguroso no quieres te rompa el pecho. ¡El nombre digo! ¿Estás sordo? ¿No he dicho Pernil? El nombre vuelvo a decir. No tengo otro. Pernil soy, señor, que yendo con Aminta el tenebroso nublado perdió el camino y dimos en lo fragoso de ese monte, en una inculta emboscada de rabiosos canes blancos, de quien fue Aminta sola despojo, que como pernil debieron de codiciarme a mí poco, de suerte que huyendo pude, rodando de un risco en otro, haber llegado a tus plantas; y puesto que en ellas logro la dicha de hallarte junta tus camaradas y en cobro de Aminta ven, que allí quedan porque en lo inculto del soto cuerpo es de guardia que está avanzado. ¡Rigurosos hados! ¿Quién se vio en el mundo en empeños tan forzosos? ¡Hay tal flema! ¿Hasme oído? Sí. Pues, ¿cómo te estás ocioso? Como dejar este puesto no puedo. Que debe noto de ser gran gusto ver uno su dama en poder de moros. Mira que dice.... ¡Ay de mí! ¿Qué importa si dicen otros...? Vela cuidadoso. ¡Oh, si ya, pues el aurora descubre sus rayos rojos, rompiera el nombre la salva sola esta vez en mi abono! Las cajas. Vi al acaso.... Y pues las cajas ya el nombre han dejado roto y yo retirarme puedo con reputación airoso, traime un caballo. Volando voy por él. Vase. Verás si expongo la vida en su amparo, bien que haré en aventurar poco una vida que aborrezco por una beldad que adoro. Ya aquí caballo y pavés están. Vuelve PERNIL con un pavés y unas riendas en la mano, arrimado al carro como que tiene el caballo. Muestra. ¿Mas qué oigo? La caja. Dentro. ¡Arma, arma, guerra, guerra! Es que el Conde valeroso apenas vio que del día, árbitro el señor Apolo, la primera luz rayaba, cuando el vado de ese arroyo que llaman del Cascajal, esguazar manda con todo el grueso, cuyo pasaje por impedirle de esotro margen Almanzor avanza sus tropas. Las cajas. Ya de ambos cotos la línea parten. ¿Quién vio batallas de tierra en golfos? Dentro. ¡Arma, arma, guerra, guerra! ¡Ay de mí, que ya es forzoso que allí acuda, no se diga de mí que amante abandono por ganar lo interesable a la censura lo heroico! ¡Ay honra, alhaja del siglo, que tenida importas poco y perdida importas mucho! Mas así acudiré a todo; llega el caballo y vea el mundo si el estribo una vez cobro, el fuste ocupo, el pavés embrazo y el freno tomo, que no hay alarbes en quien no sepa vengar mi oprobio. Llega pues. ¿Pero, qué es esto? Tocan la campana en el carro del templo y ábrese la escala que caerá sobre el tablado quedando lo demás cubierto de una cortina. ¿Qué ha de ser? Los religiosos que abren y tocan a misa porque militantes todos, mientras los unos pelean, estén orando los otros. En mi vida el eco oí de este metal, que sonoro clarín de la fee es, que no le respondiese piadoso si no es hoy. ¿Pero qué mucho si oigo al tiempo que le oigo...? Campana y cajas. Dentro. ¡Arma, arma! ¿Qué he de hacer? Mas vamos a lo forzoso del honor, que nunca el mundo toma en cuenta lo devoto. Pero, ¡ay, con qué desconsuelo voy! ¡De cuán temporal rompo devoción de tantos días La campana. por un pundonor! Ya torno a ti, caja de la fee. La caja. ¡Arma, arma! Dentro. Y a ti y todo, campana de la fortuna. Pareces criado bobo de aquellos que no hacen nada por querer hacerlo todo. ¡Resuélvete pues! Sí haré. ¿En qué? En que si vitorioso de mi amor quedó mi honor no de mi fee, y en el corto, breve espacio de una misa, ¿qué falta haré? Según como se esté el monje. Aquí me espera teniéndome al salir prontos caballo, lanza y pavés; y cuando se pierda todo allí Aminta, allí la fama, allí el gusto, allí el decoro, no se pierda aquí la fee con que el sacrificio adoro de la misa: ¡Honor y vida, Señor, en tus manos pongo! Subiendo la escala, se entra. Éntrase en el carro del templo, dejando a PERNIL con pavés, lanza y rienda. «Dame el caballo. Verás si voy, si vengo, si torno, si hago, si digo, si mato...» y viene y pónese en cobro. Eso, señor Pascual, yo lo hiciera con ser un tonto. Pero, bueno.... Me ha dejado a puertas del suntuoso templo con caballo, lanza y pavés. Pero ¿qué ignoro que haya de quedar por puertas el simple que sirve a un loco? Las cajas. Mas, ¡cuál anda la batalla repitiendo unos y otros! ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra! ¡Viva España! ¡Mueran todos! Dase la batalla dentro y sale la SETA con espada y bengala. Desde que hicimos porfía para el fin de esta vitoria que haya de tener la historia vislumbres de alegoría, nunca de vista perdí a aqueste soldado, en quien las esperanzas se ven de quien lidia contra mí; y sabiendo que aquí estaba de posta, vengo a impedir que pueda al empeño ir de la lid más fiera y brava que vio el sol desde su esfera. Mirando dentro. Mas poco tendré que hacer en impedirle si al ver que allí el peligro le espera, veo que en el templo ha entrado, pero aunque lo sea, no puedo persuadirme a que sea miedo el que le haya retirado y así he de ver en qué agora se detiene; suba, pues, sus gradas. Empieza a subir las gradas y sale por la cortina el ÁNGEL sin correrla. Sin duda es buena cristiana esta mora, pues por oír misa ha dejado la batalla. ¿Dónde vas, fiera? ¿No sabes que estás negada a entrar en sagrado? Como esos sagrados yo no tan solamente entré, pero ultrajé y profané. Pues este, enemiga, no, que si por secreto juicio de Dios tuviste licencia, no fue nunca en la presencia del inmenso sacrificio que celebrándose está y si has venido por ver cómo puede, aleve, ser que te dé cuidado allá el que por caudillo mío en la cuestión elegí, estando escondido aquí porque veas que dél fío no en vano mi honor, dispongo mostrar cómo su valor desde aquí lidia. Corre el ÁNGEL la cortina y vese PASCUAL VIVAS hincado de rodillas delante de un altar que estará pintado con su retablo en el foro del carro. Señor, mi vida en tus manos pongo y pues la misa acabó, Levántase. ahora a la batalla iré que tan trabada se ve. Pero otra misa salió Mirando dentro. sin quien la llegue a ayudar; a ella vaya, no me note el mundo que a un sacerdote dejé solo en el altar. Éntrase por dentro del carro y el ÁNGEL vuelve a cubrir la cortina. Aunque por darme disgusto me le has dejado ver, yo lo tengo a placer, pues no me da ni temor ni susto que orando lidie y porque veas si lidia o no, mira Las cajas. si tu gente se retira cuyo alcance seguiré hasta que aquesta campaña dejen y de mi cuchilla esclava otra vez Castilla se retire a la montaña. Vase. Ve, fiera, que también yo Bajando al tablado. en tu oposición iré. Hombre en quien pudo la fee más que honor y fama no dejes de tu devoción el impulso soberano que primero es ser cristiano que caballero; blasón más heroico has de ver que halla la fama que has de lograr en el ara del altar que en el fin de la batalla. Y pues tú en el sacrificio de la misa que salió mi oficio has tomado, yo tomaré también tu oficio; troquemos los dos y así será igual nuestra divisa: ayuda por mí esa misa que yo lidiaré por ti, que es Dios tan honrado que al ver que tú dél te acuerdas aun no permite que pierdas la honra humana, y así, en fee de ese afecto, porque asombre al infierno su poder, hombre el ángel se ha de ver ya que se ve ángel el hombre. Vase. De una mora que subió y un no sé quién que ha bajado, bien la plática he escuchado pero entendídola no y sean quien fueren, no es bueno que tan despacio se esté mi amo. Lo que hace veré por si es que de temor lleno no osa salir; ato aquí el caballo y subir quiero al templo a acecharle; pero.... ¡Ay desdichado de mí que el caballo echa a correr! Ir tras él será mejor. Vase, dejando el pavés y lanza en el suelo. Suena dentro las cajas y ruido de batalla. Dentro. ¡Vitoria por Almanzor! ¡Fieles, morir o vencer! ¡Morir o vencer valientes africanos que el día es nuestro! Pues ya rotos se retiran, ¡A ellos, Almanzor! ¡A ellos! ¡Arma, arma, guerra, guerra! Salen LELIO y el DEMONIO. Entre el militar estruendo que lo peor da a Castilla, pues roto, herido y deshecho el Conde va retirando su gente, a buscar te vengo. ¿Para qué, si has de dejarme como anoche en el empeño que solicito, que es ver si en la batalla encuentro a este traidor para darle muerte? Disculpar no quiero las turbaciones de anoche, pues te pasó a ti lo mesmo, que si yo erré el nombre, tú el tiro. Lo que pretendo es enmendarlas agora con decirte que no atento a tu venganza en la lid busques a ese traidor, puesto que yo, que nunca de vista le he perdido, sé de cierto que no está en ella. ¿Pues dónde está? En aqueste convento donde el temor le ha tenido escondido todo el tiempo de la batalla; conmigo sube. Solo está en el templo Sube el DEMONIO como mirando dentro de la cortina. donde el fin de tu venganza logres. (Y aun tres fines, puesto que él muere y cometes tú homicidio y sacrilegio). Y aun por eso no le hallaba yo. ¿No le ves? Ya le veo. Corre el DEMONIO la cortina y vese hincado de rodillas en la ación que se vio PASCUAL primero, una estatua que sea retrato de bulto suyo con el mismo vestido lo más semejante que se pueda. ¿Pues, qué esperas? ¿Pues, qué aguardas? Sube esa grada y resuelto dale la muerte. Sí haré. Mas ¡ay que al pisarla tiemblo! ¿De qué? No sé, porque solo sé que embargado el aliento ni aún a respirar me animo, quebrado dentro del pecho el corazón.... Hombre a quien ampara, sin duda, el cielo yo te perdono, no vibres más rayos contra mí. Vase. Infiernos, agora de vuestras iras la saña me falta; huyendo dél aun más que del contrario que al Conde retira haciendo que a las fortificaciones intente cobrar los puestos sin proseguir su venganza con todos la espalda ha vuelto. Esto dice sin bajar de la grada ni correr la cortina. Más consuéleme, si puede haber para mí consuelo que ya que este fin no logro, logro el de ver que cayendo en la retirada el Conde de su caballo de muerto o prisionero no puede escapar. Sale el CONDE como cayendo y sobre él ALMANZOR y la SETA y MOROS. ¡Válgame el cielo! Date a prisión o la vida. La vida importara menos, pues he de morir matando. Es desesperado intento. La vida o la libertad escoge. Monstruo soberbio, ni la libertad, ni vida que yo una y otra defiendo. Con estos versos que dice dentro el ÁNGEL, baja en un caballo PASCUAL y apeándose dél como dicen los versos, sube en él el CONDE y desaparece. Todos embisten con PASCUAL y él los retira huyendo de su vista. Sube, Conde, en mi caballo mientras yo a lidiar me quedo en tu defensa. A tu lado Pascual sabré quedar muerto. ¿Qué es esto? ¡Ay de mí! ¿Pues cómo... pues cómo un alma en dos cuerpos allí orando, aquí lidiando, puede hallarse a un mismo tiempo? Más a la Iglesia le importas vivo. Ve donde poniendo en orden la gente vuelvas a la lid que yo te ofrezco la vitoria. No sé qué dominio, no sé qué imperio, Pascual, hay hoy en tu voz que forzado te obedezco. Pónese en el caballo y desaparece. Cobra el caballo seguro que yo tu vida defiendo. Bárbaro, que contra tantos temerariamente opuesto piensas guardarle y guardarte. ¡Muere a mis manos! Pelean contra él y él los retira. No puedo morir yo. De cuantas flechas se disparan a su pecho, ninguna le hiere y todas se vuelven contra los nuestros. Rayo de acero es su espada a cuyas vislumbres ciego he quedado al ver que esgrime en cada golpe un incendio. Dentro. Volved a la lid, soldados, pues yo os animo y aliento. ¡Arma, arma, guerra, guerra! ¡A ellos, Conde invicto! ¡A ellos! Salen todos. Soldados, a retirar, pues el Conde componiendo sus güestes contra nosotros vuelve con mayor esfuerzo. Dase la batalla y retíranse los MOROS. Al amparo deste asombro, este horror, este portento, a cuya vista me pasmo y a cuyo semblante tiemblo. Vanse todos peleando. ¡Ay de mí, que bien conozco que no es posible que un cuerpo en dos lugares asista, si no es en el sacramento de quien él es tan devoto! Y así han querido los cielos con señas suyas premiar su devoción y su afecto. Vase y córrese la cortina y vuelven a salir peleando la SETA y PASCUAL. ¿Cómo huyendo todos, tú no huyes también? Como tengo yo más raíces que todos y por más que sea tu acero corva segur, deste tronco podrá atrevido y resuelto cortar sus ramas, mas no arrancarlas de su centro. Sí podrá, pero no agora porque hay superior decreto para que aquesas raíces se arranquen en otro tiempo, y así hoy quedarás vencida si no arrancada. Primero que ese tiempo llegue, yo entre mis brazos pretendo hacerte pedazos. Arroja la espada y al irse a abrazar con él se pone en la peana de un torno que dando vuelta tendrá a las espaldas al ÁNGEL de suerte que yendo a abrazarse con PASCUAL se halle abrazada luchando con el ÁNGEL. Pues si te atreves, llega a ellos. Verás quién soy y que no te será fácil vencerlos. ¿Cómo no? Como son míos. ¿Qué es esto, ay de mí, qué es esto? Esto es que desde allí orando el hombre está aquí venciendo para que conozcas, fiera, si son armas los afectos, mayormente cuando son, si a la metáfora vuelvo, de Pascual víctima y gracia en orden al sacramento, sacrificio que en la misa se celebra a cuyo efeto mira de su devoción Las cajas a marchar. los soberanos trofeos, pues el Conde vitorioso con Almanzor prisionero y libres cuantos cautivos había en estos montes hecho, en hacimiento de gracias viene acercándose al templo. ¡Oh, quién antes que lo viera cegara para no verlo! Pero como dije, aunque hoy me venzas, por lo menos no me arrojas de tu patria. También yo respondí a eso que habrá tiempo en que la dejes. Pues dile que corra al tiempo. Él se lo tendrá en cuidado. La caja. Pues, entonces nos veremos, que por no ver este triunfo me aparto, mas no me ausento. Vase. ¿Qué importa si donde quiera que vayas has de ir oyendo...? Vase. Tocan las cajas y trompetas y salen por lo bajo del tablado PERNIL y por lo alto PASCUAL VIVAS después de las voces que dirán dentro. ¡Viva el Conde don García! Mejor dirá vuestro acento, ¡Viva Pascual Vivas!, que es a quien yo la vida debo Dentro. y vosotros la vitoria. Y puesto que él de modesto no aparece, dalde voces, llamalde todos diciendo, ¡Pascual Vivas! ¡Pascual Vivas! Cobrado el caballo, vuelvo a ver si sale mi amo, que pues se ha pasado el riesgo ya, ¿qué tiene que esperar? Sale. Una a otra sucediendo tantas misas nunca tuve para dejarlas aliento. ¡Pernil! Caballo, pavés y lanza me da. Sale. ¡A buen tiempo! Alza el pavés lleno de flechas. ¿Quien aquí estas flechas puso? Yo me le dejé en el suelo yéndose el caballo y alguien por burla las habrá puesto. Y aun teñídome con sangre de la lanza el asta y yerro. Yo responderé al baldón en la batalla. No puedo quitarlas dél. Ya acabada, ¿sales agora con eso? ¿Y quién venció? Dentro. ¡Pascual Vivas! Pascual Vivas dice el viento. Haciendo burla. Tú debes de haber vencido, si no es que está de bureo desparramando ironías. ¡Pascual Vivas! ¡Vive el cielo! Que todos me buscan y es sin duda que echado menos en la ocasión querrá el Conde prenderme y sobre el desprecio que harán de mí, quizá darme la muerte para escarmiento de otros. Di que no me has visto mientras yo esconderme intento. Al irse como huyendo, salen al encuentro don GARCÍA, ALMANZOR, prisionero, y otros MOROS, AMINTA y SOLDADOS y entre ellos LELIO y el DEMONIO. Aquí está. Ya no es posible. Pascual Vivas. ¿Vos huyendo? ¿Yo, señor...? ¿...De la ocasión de más honor que los cielos pudieron daros? Turbado. No es huir faltar por.... Ya os entiendo. Claro está que no es huir faltar, porque humilde y cuerdo no queréis que os dé las gracias de la vitoria que os debo: ¡que valiente habéis andado! ¡No está malo el cordelejo! Castilla os debe su honor, yo la vida. ¡Bueno es esto! Y yo, en mi ruina, ser vos quien me venza es mi consuelo. ¡Hasta el moro está de gorja! Dichosa yo que te veo, mayormente cuando sé que estoy de mi cautiverio libre por ti. ¡Y aun Aminta también! De vergüenza muero, cuando de sus alabanzas se componen mis desprecios. Si yo en el templo le vi, ¿cómo es suyo el vencimiento? ¡Oh, quién pudiera ocultar la verdad deste misterio! Llegad, llegad a mis brazos, honor, blasón, lauro y premio de León y de Castilla. De rodillas. Señor, baste el fingimiento y si me has de dar la muerte que por mi culpa merezco, cójame en mejor estado. La mano a Aminta le ofrezco que es propósito que hice de enmendar pasados yerros, si a verla libre volvía en las misas que hoy oyendo he estado por quien falté de la lid. Eso no entiendo ¿Vos faltado de la lid? ¿Pues, yo no os vi en ella siendo quien su caballo me dio y se quedó en el empeño? Las plumas de aquesas flechas que en vuestro pavés advierto, ¿no son con las que la fama ha de escribir vuestros hechos, siendo la tinta esa sangre en los anales del tiempo? Todo aqueso es afrentarme, cuando yo, señor, confieso mi culpa a voces. Porque aun no falte este pequeño rasgo de la alegoría, con la confesión que ha hecho y propósito a la enmienda, bien con la gracia se ha puesto, pues ella le da los brazos. Otra vez a dudar vuelvo. ¿Por qué negáis haber sido de tan gran vitoria dueño? Porque no he sido, señor, yo quien tanto honor merezco. ¿No le vistis todos? Sí. Pues no fui yo. No seas necio. Déjate honrar mentecato, que no serás el primero que se deje dar las gracias de cosas que no haya hecho. ¿Vos no fuistis? No. ¿Quién pudo ser? Yo responderé a eso, Las chirimías y en el carro primero donde en lo bajo se vio la tienda de campaña del Conde, se abre en lo alto una nube donde aparece el ÁNGEL con una pirámide en que sube el sacramento en su remate. pues quiere el cielo que quede público al mundo este ejemplo. Yo fui quien en su lugar peleaba por él, al tiempo que estaba él por mí ayudando las misas que estaba oyendo; y porque veáis que el día que el hombre adora en el suelo en este gran sacrificio al divino sacramento de la Eucaristía, hacen fiesta los ángeles en el cielo, volved los ojos. Veréis en pirámides del viento como le adoran postrados en altas voces diciendo. ¿Cómo puede en dos partes estar un cuerpo? Cantando. Solo Dios en la Hostia del sacramento. ¿Pues cómo hoy en dos partes Pascual se ha visto? Como uno era su imagen que no era él mismo. Porque el cielo quiso premiar su valor con vislumbres y rasgos de su devoción. Aunque el cielo le ha premiado, ya que yo sufrir no puedo la cárcel de aquesta humana forma, a tus triunfos opuesto me vengaré, pues no pude en su vida, en sus aumentos, pues nuevamente juntando alarbes tropas mi incendio el rey de Sevilla, Azarque y Alimaimón de Toledo en venganza de Almanzor, haré que infesten soberbios los términos de Castilla, porque nunca falte de ellos la arábiga seta. Ya respondí otra vez a eso: que habrá tiempo en que de España expulsa salga. ¿Qué tiempo? El que viniendo del Austro el señor, según el verso del cántico de Habacuc, vea el castellano imperio que reina el Austria en España, generosamente uniendo la melena del León al águila de dos cuellos, siendo aquesta devoción culto, devoción y celo del sacramento, el mejor patrimonio de sus reinos. Y porque desde hoy lo sientas, mira en las sombras y lejos de aquella antevista luz al gran Felipe tercero hollar de esa injusta fiera la cerviz. Las chirimías y ábrese otra nube en el carro donde se vio primero ALMANZOR en su tienda, y vese en ella retratado en estatua Felipe tercero a caballo y a sus pies la SETA. Yo diré eso, porque inficionado el aire del tósigo de mi aliento pueda persuadirme a que con respirarle me vengo. Este héroe generoso, a cuyas plantas me veo, agora en sombras será que realmente sucediendo siglos a siglos, arranque del campo de sus imperios de mis últimas raíces los mal arraigados feudos, porque ese misterio que hoy en tanta ruina me ha puesto continuado en su justicia, piedad, religión y celo es quien desta primer causa logrará el postrer efeto con la expulsión que ha de hacer de mí en todos sus imperios para que el cuarto Felipe, gloriosamente heredero, de su celo, su piedad, su fee y religión, teniendo esta misma devoción por patrimonio que el cielo vinculó en España al Austria, goce feliz sus aumentos dejando para después que reine siglos eternos por sucesor suyo.... Aquí ni puedo, ¡ay de mí!, ni quiero proseguir porque la voz desmaya y falta el aliento. Dichoso vos por quien hoy en rasgos y visos veo esta dicha. De Dios es, no mío el merecimiento. Ya perdonado, no sólo vuestro amigo, esclavo vuestro seré. ¡Qué gozo! ¡Qué agravio! ¡Qué ventura! ¡Qué tormento! Pues para que más lo sea tuyo y de todos aliento tener el Austria en España este patrimonio inmenso, todos aplaudid su triunfo una y otra vez diciendo los unos para castigo, los otros para consuelo.... ¿Cómo puede en dos partes estar un cuerpo? Solo Dios en la Hostia del sacramento. ¿Pues cómo hoy en dos partes Pascual se ha visto? Como uno era su imagen que no era él mismo, porque el cielo quiso premiar su valor con vislumbres y rasgos de su devoción.