Personajes EL REY LA REINA EL HOMBRE LA VISTA EL OLFATO EL TACTO EL GUSTO EL OÍDO EL JUDAÍSMO LA FE LA ESPERANZA LA CARIDAD MÚSICOS ACOMPAÑAMIENTO Sale el JUDAÍSMO solo, vestido a lo judío, del carro del Estanque ¿Dónde voy con errante paso? ¿Dónde confuso y vacilante me lleva mi destino, sin rumbo, sin vereda y sin camino? Este campo ¿no era desierta población, desierta esfera de vides y de olivos, edificios ayer vegetativos, donde ufana vivía la sinagoga de mi Ley Judía? Pues ¿quién en él tan presto muros ha fabricado, torres puesto, cuya altura eminente empina al orbe de zafir la frente, y es dórica columna del cóncavo palacio de la luna? Su fábrica dorada en doce piedras se miró fundada. Doce puertas abiertas están; al aquilón miran tres puertas, al austro tres se rompen blandamente, tres al ocaso y tres hacia el oriente, y todas doce iguales, guarnecidas de cándidos cristales en quien mi Ley conoce doce vislumbres de mis tribus doce. ¿Qué fábrica ésta ha sido? ¿Para quién, para quién se ha prevenido esta casa, este templo, última maravilla sin ejemplo? Dígasme, ¡oh ciudadano de ese supremo alcázar soberano!, ¿qué casa hermosa y nueva la vista turba y el sentido eleva? Porque saber espera mi cuidado a qué tierra, a qué campo hoy he llegado, siguiendo mi destino. Sale el HOMBRE del carro del Palacio Solo en Jerusalén, tú, peregrino, ¿quién eres, que ignorado has de tanto edificio fabricado la grandeza eminente? Oye, y sabrás quién soy, atentamente, que quiero en esta parte a que tú me respondas obligarte. Yo fui la Ley Natural en aquel siglo, en aquel candor y yugo sencillo de nuestra primera Ley. Yo fui la edad primitiva, que poseí, que gocé sin sobresaltos la paz, y sin pensiones el bien. Este campo, que poblado hoy de fábricas se ve, nada pulido era entonces, antes de labrarse en él una confusión, un caos tan informe al parecer que no le hiciera tratable sino el supremo pincel que corrió desde la idea del primero ser, sin ser, rasgos de su omnipotencia y líneas de su poder. La segunda obra que hizo, dividir las cosas fue, y así, porque en sus estancias todas por orden estén, a las fieras repartió la tierra, donde hoy a ver se llega la variedad de lo hermoso y lo cruel; hizo patria de las aves al aire vago, por quien aladas nubes de pluma corren en veloz tropel; hizo el piélago del mar para los peces, de quien ríos y fuentes se miran ya morir, o ya nacer. Al hombre, que su valido y que su privado es, hizo alcaide desde entonces de este divino vergel; del bien y del mal llegó en poco tiempo a saber. Pero ¿cuál privado, cuál no supo del mal y el bien? En esta tranquila paz, mansedumbre y candidez, Ley Natural, como dije, algunos siglos pasé, hasta que por varios casos de aquel paraíso, de aquel jardín, me perdí en Egipto, donde comiendo me hallé con el báculo en la mano del manso cordero, en vez de salsa, con las lechugas amargas, y siempre en pie como viador, porque aquesta es la fiesta de Fasé, hasta llegar al desierto, donde me llevó Moisés, venciendo el Bermejo Mar que en cristalina pared, para que pasase yo, hizo del agua cancel, amontonando las ondas, que dejaron de correr, siendo pasadizo antes para ser tumba después. Llegué a Sinaí, monte altivo que con la frente romper quiso el cielo, donde yo de Ley Natural pasé a estado de Ley Escrita, cuando en el duro papel de una piedra, Dios redujo sus mandamientos a diez preceptos, siendo su dedo de su lámina el cincel. Aquí de su mano grande con una y otra merced vi en milagros cada día repetido su poder. Las piedras de Rafidín, sudaron agua a mi sed, y a mi hambre vi las nubes cándido maná llover. De un favor a otro favor, de un placer a otro placer, a la deseada Tierra de la Promisión llegué, siendo la primer señal suya, que merecí ver entre el maná del desierto, el racimo de Caleb. De esta manera viví, de esta manera pasé, hasta que por un delito (si delito acaso fue hacer justicia de un hombre que hijo de Dios quiso ser), desterrado de mi patria, desde aquel punto vagué; todo el orbe discurrí, todo el mar peregriné, y tan mísero, tan triste que aun las aras donde hacer los sacrificios me faltan, porque forzado cerré la puerta a la Sinagoga, no porque llego a creer que es castigo del delito que cometí, que no fue aquella sangre vertida la sangre del justo Abel, ni la que tiñó la hermosa vestidura de Josef, para que pida venganza. Pero no sé, en fin, no sé qué hado esquivo, qué rigor fiero, qué suerte cruel me persigue desde entonces, que vivo muriendo; y pues ya peregrino a tus puertas de esta manera llegué, dime, ¿qué palacio es éste que se labra y para quién? Descanse yo aqueste instante, que atento a tu voz esté, porque de haberme acordado de tanto perdido bien, tengo un áspid en el pecho, y en la garganta un cordel. Ley Natural, Ley Escrita, que una y otra en ti se ven, pues de una pasaste a otra Ley, de Gracia no, porque fue Ley de ti dividida, que tú no quisiste ser, pues que tú la repudiaste soberbio, fiero y cruel, esta fábrica que miras, este edificio que ves, casa real, invicta hoy y campo desierto ayer, el palacio que vio Juan en su Apocalipsi es, porque ésta es la hermosa y rica triunfante Jerusalén. Para su divina esposa, que es de la Gracia la Ley, con quien ya está desposado, la mandó labrar el Rey, el Rey, cuyo grande nombre, coronado de laurel, en griego, por generoso domador de fieras, fue Philipo, díganlo cuantas han registrado a sus pies lo pintado de la pluma, lo manchado de la piel; Rey que del austro nos vino, de la Fe amante tan fiel que está incluido en su nombre el de su dama también, pues ninguno pronunció Felipe, sin decir Fe. Del cuarto planeta el curso atento a su imperio ves, por quien ya de cuarto tiene beldad, luz y rosicler. Muy buenas señas te he dado; todas convienen en él, por Felipe, Austral y Cuarto, y por galán de la Fe. Este, pues, juró a su esposa labrarla una casa en que tuviese asiento su silla y autoridad su dosel, y como fue juramento de Dios, que hoy cumplido ve, y juramento de Dios significa Elisabeth, Elisabeth es su nombre. Si cristianísima es, díganlo las tres Virtudes teologales de los tres lirios de sus armas; mira si en ella convienen bien lirios por armas, y el nombre de cristiana y de Isabel. Ya, pues, que queda asentado este principio; ya, pues, que en el esposo y la esposa no hay duda quién puedan ser, pues que son Cristo y la Iglesia, y son la Reina y el Rey, sabrás que en aquel desierto campo de tu Escrita Ley, todo asperezas y todo peregrinación cruel, se fundó el Nuevo Palacio, pues son sus piedras los diez mandamientos que tu pueblo en el decálogo lee, mas con una diferencia, que allí los leyó Moisés en hebreo, y hoy aquí están en latín, porque San Jerónimo tradujo su letra; de suerte que este palacio, esta casa y nueva fundación, quien quisiere verla ha de ir a San Jerónimo, pues hoy su obra en el Sagrado San Jerónimo se ve; esa estancia de las fieras que la tierra empezó a ser, esa mansión de las aves, que lo fue el aire también, ese piélago del mar para los peces, de quien nacen tantas fuentes, todo prevención entonces fue para el cumplimiento de ellos, pues para llegar a ver rendidos a esta deidad, postrados a este poder hoy aves, peces y fieras, reservó el cielo de aquel rigor fieras, peces y aves en el Arca de Noé, cuando sagrado argonauta salió del primer bajel. Y así, en aqueste edificio de que fue figura aquél, se mira el Estanque grande diversas fuentes correr, se ve el cuarto de las fieras y el de las aves también, porque aquí tienen su estancia la fiera, el ave y el pez. Ya que la fábrica altiva toca con el capitel al cielo, porque triunfante hoy y militante estén dadas de las manos, ya que a conseguir, ya que a ser llega el cumplimiento de esta obra el supremo pincel, del Viejo Palacio, que era sinagoga de tu Ley Escrita, la Ley de Gracia viene llena de placer al Nuevo Palacio Real para aposentarse en él, adonde dicen que hoy con el Rey ha de comer, porque en un convite empiezan las fiestas que se han de hacer. Aquel cordero que tú comiste en Egipto en pie, con las lechugas amargas, aquí el viático es, comido con penitencia, mezclando amargura y miel, porque esto la letra dice del Fasé y Parascevé. Después de cuyo manjar se han de servir y poner por vianda aquel rocío que vio a sus voces llover cuajado sobre la hierba el justo pastor de Horeb; el cristal de Rafidín, y el racimo de Caleb, exprimido en el lagar hoy de Isaías, porque todas las fatigas cesen de la hambre y de la sed. Las calles por donde vienen a sus plantas florecer verás en púrpura y nieve, ya en jazmín y ya en clavel. Ella en aquella carroza, a quien llamó Currus Dei David, triunfante salió aquesta mañana, y él en el valiente caballo sobre quien le vio Ezequiel coronado Sabaoth los ejércitos vencer. Las damas que la acompañan, bellas cuanto pueden ser, son Virtudes: la Esperanza, la Caridad y la Fe; lugares toman con ellas hoy los galanes, en quien mezclar el ingenio sabe lo galán y lo cortés. Estos los sentidos son humanos del hombre; y pues ya tú sabes que es su hechura, que es lo mismo que saber que es su privado, y alcaide desde el primero vergel de este jardín real, y en fin, que soy yo, ... el paso detén, porque ya los instrumentos hacen señales de que llegan; y así, despejad, que vos no tenéis qué hacer en este Nuevo Palacio, que hoy es casa de placer donde celebrar mil fiestas el mundo verá, porque la Ley de Gracia es la Reina, y el Sol de Justicia el Rey. ¿Qué es esto que llego a oír? ¿Qué es esto que llego a ver? ¡Palacio a la Ley de Gracia! ¡Reina la Tercera Ley!, ¡y la Escrita repudiada! Sí, que desde Asuero fiel, en el banquete que hace, no sin mucho acuerdo es la Ley Escrita Bastí y la Ley de Gracia Esther. Mas si es general la entrada de su Imperio a todos, ¿qué me acobarda? Yo en su Imperio tengo de entrarme también, debajo de conveniencias, y estando dentro una vez, yo calumniaré esta obra, sus muros derribaré, reprobaré su edificio, hasta que introduzga en él la confusión de Nembroth en la Torre de Babel. VaseTocan chirimías, y salen del carro del Estanque el REY, la REINA, la FE, la ESPERANZA, la CARIDAD y los cinco SENTIDOS, de gala, así hombres como mujeres, con los vestidos que más propiamente pida el papel de cada uno. Y cantandocuantos pudieren Abrid las puertas, abrid a vuestros príncipes, pues la Reina es la Ley de Gracia, y el Sol de Justicia el Rey. Esta es, ¡oh divina esposa!, ésta es, ¡oh reina bella!, aquella fábrica, aquella ciudad grande y populosa que el águila generosa aun no miró atentamente, aquella Torre eminente de David, aquella escala que el cielo y la tierra iguala con la planta y con la frente. Monte fue de austeridades, ya jardín bello, que vino agricultor, que al camino venció las dificultades, y así, aquestas soledades, que desiertas y penosas fueron, ya cultas, ya hermosas están, porque labró en ellas quien le hizo campo de estrellas, quien le hizo cielo de rosas. Ayer breve e inculta esfera de unos olivares fue, hoy jardín de flores que excede a la primavera; tabernáculo ayer era, y templo es hoy inmortal; ayer fue mesa legal, hoy ara de tus altares; ayer campo de olivares, y hoy es Palacio Real. Rey del Austro, a cuyo pie sus rayos registra el día, porque tu gran monarquía término a sus rayos fue, pues continuamente ve tus provincias su arrebol, desde el Héspero Español al américo hemisferio, y aun para alumbrar tu Imperio mendiga rayos el sol, misterio en el Prado ha habido, en que hoy el Palacio vea y que viernes el día sea primero que a él has venido; que si el viernes el día ha sido de consulta, prevención es divina en tu Pasión oír las causas; y así, es bien que tomes aquí en viernes la posesión. Entra triunfando, porque si ésta es sombra, éste es traslado del cielo, que figurado en la figura se ve, en viernes es bien que esté la puerta abierta, y no en vano, pues ya está el camino llano, las consultas se prevengan con que los Consejos vengan hoy a besarte la mano. Mucho del Hombre has debido a la atención y cuidado; con razón es tu privado, con razón es tu valido, puesto que tu hechura ha sido y ocasión de que lo hicieras, dividiendo en sus esferas, de ese estanque ondas suaves, ese cuarto de las aves, y ese cuarto de las fieras. Bien los Sentidos, que han sido sus deudos y sus criados, logren todos sus cuidados, pues todos han prevenido Reverencia a todos al nombrarlos sus riquezas: el Oído músicas a sus enojos; ricos, hermosos despojos en blandos lechos el Tacto; frutas el Gusto; el Olfato rosas; matices los Ojos. Y así, pues el Hombre fue alcaide de aquel primero jardín, más feliz espero que hoy el cargo se le dé de éste más feliz, porque si allí padeció mudanza en su privanza, hoy alcanza el Hombre tanto favor que ya sin aquel temor ha de gozar tu privanza. No dudo yo que inmortal viva, sin temer ruina, pues que reina, Ley Divina, hoy tu gracia celestial. Entonces la Natural Ley reinaba, y como fue natural error, erré. Mas hoy no temo desgracia, reinando la Ley de Gracia, de quien es trono mi fe. Porque el mundo el gozo vea, aqueste Palacio elijo. Todo en mí sea regocijo y todo en él fiestas sea, y pues la Reina desea que honre al Hombre, criado fiel, coronado de laurel, hoy será el mundo testigo que igualándole conmigo corro parejas con él. Di tú, ¿qué color te agrada? Para esa pareja, sea encarnada la librea. Yo la sacaré encarnada, y es la color estremada, Reina, para la ocasión, que si Dios y el Hombre son parejas, bien me aconsejas, pues sólo corren parejas los dos en la encarnación, pues allí iguales los dos, porque el Infierno se asombre, encarnado Dios es hombre y encarnado el Hombre es Dios. Traedme las consultas vos, y la fiesta se aperciba. En ti entro, fábrica altiva; coróneme tu jardín de las plantas de Efraín. ¡Viva nuestra Reina! ¡Viva! Abrid las puertas, abrid a vuestros príncipes, pues la Ley de Gracia es la Reina y el Sol de Justicia el Rey. Tocan.Vanse haciendo reverencias el REY, la REINA, el HOMBRE. Los SENTIDOS la hacen a las da-mas y la última es la FE, que tendrá un ramillete en la mano. Están por orden y al ir pasando, habla cada uno en su lugar, y ella hace reverencia a cada uno de ellos Fe divina, pues que yo fui el más noble Sentido del Hombre, que es el valido del Rey, puesto que llegó mi vista a los cielos, no me niegues la luz hermosa, que será suerte penosa que en tan heroica conquista le falte luz a la Vista, de quien ella es mariposa. Dadme esas flores, porque salga con vuestros despojos. Si la Fe no cree a los ojos, ¿qué pedís, Vista, a la Fe? Yo, que süave toqué los regalos más ufanos, toque rasgos soberanos de flores que vos lucís. Tacto, ¿a la Fe qué pedís, si la Fe no cree a las manos? Yo, que de la hermosa flor soy el alma que respira, soy el aliento que inspira con fragrancia y con olor, flores tengo por favor de vuestro desdén ingrato; haré este vergel retrato de Sabá en perfumes bellos. Nada a la fe dais en ellos, que la Fe no cree al Olfato. Yo, que soy el más goloso Sentido y de más placer, pues sólo trato en comer el manjar que es más sabroso, el néctar más oloroso, por esas flores que espero, darte en este jardín quiero en uno y otro manjar la cena de Baltasar y la comida de Asuero. Si soy el Gusto, disgusto hoy mi pretensión no os dé. No habláis, Gusto, con la Fe, pues la Fe no cree al Gusto. Temblar su semblante es justo, y así, torpe, humilde y ciego, a ofrecerme a mí no llego, que a esa voz, que el labio mueve, soy una estatua de nieve, aunque con alma de fuego. El Oído soy, que dar noticia sólo he podido de una voz, siendo Sentido el más fácil de engañar. Ve la Vista, sin dudar lo que ve; huele el Olfato lo que huele; toca el Tacto lo que toca y gusta el Gusto lo que gusta, siendo justo el objeto con el trato, pero lo que oye el Oído sólo es un eco veloz que nace de ajena voz sin objeto conocido. Luego bien estoy corrido, pues no tienen mis errores, como la Vista colores, como el Tacto variedades, como el Gusto suavidades, ni como el Olfato olores. En esa desconfianza más hallado está el amor de la Fe; aqueste favor solo el Oído le alcanza. Dale el ramillete No se rinda la esperanza ni el temor se dé a partido; desde hoy, humano Sentido, serviréisme vos, porque los favores de la Fe sólo son para el Oído. Vase En fin, he sido el dichoso con la Fe. Siempre en amor el menos digno al favor ser suele el más venturoso. Yo soy el más generoso de todos y he merecido. Empuñanlas espadas y sale el HOMBRE El Hombre a tiempo ha salido que, si no, tú vieras presto cuánto te excedo. ¿Qué es esto? Todos contra el OÍDO Soberbias son del Oído. Yo, desde luego, las creo, pues que todos me servís fieles, todos me asistís con cuidado, a mi deseo. Dichas toco, glorias veo, viandas, perfumes de mucho gusto logro, y sólo lucho con las penas del Oído, pues él solamente ha sido de quien mil quejas escucho. ¿Cómo te puedo servir yo apacible, si tú eres tan severo que no quieres lisonjas, señor, oír? Pues si me mandas huir de lisonjas, y me dejas abiertas ambas orejas, aunque tan recto has vivido, ¿no es fuerza, siendo valido, que oigas lisonjas y quejas? Si la privanza se adquiere a costa de quejas, no tenga culpa de ellas yo, y quéjese quien quisiere. El Rey hoy decretar quiere pretensores afligidos. Atentos, pues, y rendidos me asistid todos, que es ley que el hombre sirva a su Rey con todos cinco sentidos. Pues en tanto que el Rey sale a aqueste dosel ilustre, permite que como torpe Sentido esto te pregunte. En pasadas monarquías, fue de los tiempos costumbre haber mudanzas. Ya vimos que a la Escrita se reduce la Ley Natural, la Escrita a la de Gracia. ¿Presumes que la de Gracia a otra Ley ya es posible que se mude? No es posible, que del Rey sagradas palabras tuve de que ha de vivir eterna esta fábrica, que hoy sube al sol; porque aunque a la vista de otras privanzas se funde, no la amenaza el peligro, porque ésta es en quien se cumplen misterios que en otra fueron sólo rasgos y vislumbres. David mejor te lo diga (así el verso se traduce): si el Señor no edificare la casa, en vano presume trabajar quien la edifica; luego de aquesto se arguye que si los otros labraron, -hombres a quien él no ayude- pudieron faltar; mas ésta que labra Él mismo, no dudes que dure eterna, por cuanto la edad de los cielos dure, pues en ella fueron sombras lo que en esotra son luces. ¿Qué piensas que significa (si ya el misterio descubres), allá en la Natural Ley, el Arca, a quien se reducen las especies, cuando el cielo manda que a una voz se junten? Ésta Iglesia significa, pues cuando el Cielo procure borrar al mundo la faz, que hoy tan bellísima luce, será este templo, esta casa, la que salve y asegure los humanos, reducidas con justas solicitudes todas las leyes a una, a una todas las costumbres. ¿Qué piensas que decir quiso (si como Vista discurres), allá en otra Ley Escrita, aquella Arca, en quien se encubren una prodigiosa vara, tabla docta y maná dulce, cautiva antes, y después ver cómo se restituye al Templo de Salomón, donde victoriosa triunfe? Pues decir quiso esta Ley que aunque el tiempo la atribule con persecuciones de tantos contrarios comunes, en la gran Jerusalén, sobre tronos de Querubes, ha de sentarse, porque de la Ley el libro incluye el maná del Sacramento y la vara de las Cruces. Y así no temas en ella mudanzas, aunque se muden los tiempos, porque ha de estar invicta siempre, e ilustre, sin diluvios que la aneguen, sin contrarios que la turben, hasta aquel último día que todo el orbe se ofusque al gemido de una trompa (¡ay de aquellos que la escuchen!) porque a la voz temerosa del labio que la articule, del aliento que la inspire, del bronce que la pronuncie, ¡se pasmará el universo cuando en el clarín se funde, cuando en los vientos resuene, cuando en los montes retumbe! Y aun entonces, y aun entonces, aunque el orbe desahucien iras de Dios, falleciendo a un rayo que le supure, a una llama que le abrase y a un fuego que le sepulte, permanecerá exaltada, entre tronos y virtudes, la Cristiana Monarquía (nadie en el mundo lo dude), para cuya prevención porque los fieles se aúnen, prevendrán la muerte al orbe las facciones que le ocupen, harán señales los cielos, confundiendo la costumbre de sus orbes, porque todo a la admiración ayude, a parasismos el sol se verá entonces que luce como antorcha que se esfuerza más cuando más se consume, quedando desposeído del imperio de las luces, porque armarán contra él comunidades las nubes. Consentirá que la noche en crepúsculos lúgubres sobre el día de su manto los dobleces desarrugue. No habrá viento en quien no ardientes pájaros de fuego crucen, cometas que un globo engendra, rayos que una bomba escupe. La Tierra, desheredada de las flores que la pulen, abrirá bocas, que siendo para quejas, por más útil serán sepulcros al ver cuantos hay que los procuren. El mar, rompiendo las leyes a las márgenes que hoy sufre de los que hoy son golfos verdes, hará campañas azules, abrasando las campañas antes que el fuego las sulque, porque habrá espumas que abrasen, donde haya llamas que inunden. Los montes será forzoso que con la gran pesadumbre dentro de sí se estremezcan, y fuera de sí caduquen, cayendo unos sobre otros, porque sus doradas cumbres sirvan al género humano de tumbas y de ataúdes. El pez, el ave y la fiera, con prolijas inquietudes, se harán de una parte todas, por ser preciso que duden su mansión, que aire, agua y tierra al fuego que las consume se mezclarán, y la parte que más reservada dure, será la patria de todos, adonde todos se junten (que hace la necesidad todos los bienes comunes). Las gentes despavoridas, no habrá lugar que no busquen, donde a la saña se escondan, donde al estrago se oculten, mas ¡ay de ellas!, que no habrá parte que las asegure, que desentrañado el hueco que el mayor peñasco cubre, del fuego será, y confusas, sin que a razones se ajusten, sin que a discursos se muevan cuando afligidos discurren, huirán del daño en el daño, que es prevención bien inútil, pues quien el peligro lleva consigo, ¿para qué huye? No habrá, en fin, mortal alguno que a tanto horror se disculpe, belleza que se redima, poder que se disimule, bruto que feroz se escape, ave que veloz se excuse, pez que ignorado se libre, monte que altivo se ayude, cristal que claro se escape, flor que hermosa se rehúse, porque todo, todo a un tiempo ha de expirar. ¡Oh, no apuren esto los mortales! ¡Oh, no lo oigan, no lo escuchen! Si a esperarlo no se ponen, si a prevenirlo no acuden, aun de imaginarlo ahora parece que se confunde el cielo, y que al primer caos todo el orbe se reduce, pues en la fábrica azul, donde clavados se esculpen tan bellos luceros, pues en la tierra donde lucen tan bellas flores, no hay atención que no se turbe, rosa que no se desmaye, estrella que no se ofusque, monte que no se estremezca, ej que no se descoyunte, fuente que no se retire, planeta que no se enturbie, porque a la imaginación de tan grave pesadumbre, las fieras del mundo tiemblan, los ejes del orbe crujen. En medio de este rigor (¡oh, tarde lo que le cumple al Cielo!), verás el arco de paz, la Cruz donde triunfe el Rey, colocado en medio del trono, donde se juzguen vivos y muertos, durando todo cuanto su ser dure, que es infinito; y así, es justo que te asegures que a esta fábrica de hoy no habrá tiempos que la muden, que es figura de la Iglesia donde en rasgos y vislumbres el Rey es un Dios humano, y para que más lo apures, él sale con las consultas; desde aquí es bien que le escuches. Saleel REY y el JUDAÍSMO que le dará al REY un memorial; tómale y se le dará al HOMBRE Vuestra Majestad, Señor, mire en este memorial mi pretensión, advirtiendo cuánto es justa. Bien está. Hoy, Señor, que es viernes, día de la Cruz, Arco Triunfal en que en el Nuevo Palacio de la Ley de Gracia entráis, en tanto que se previenen fiestas, habéis de ilustrar, mezclando en gobierno y galas la alegría y el pesar; podéis ver las pretensiones de uno y otro memorial, que atentos hoy en la Corte a vuestro decreto están. Salela REINA, las DAMAS y los cinco SENTIDOS y pónense a un lado todos los hombres y la REINA y las mujeres a otro; y en medio el REY y el HOMBRE. Saquen recado de escribir (y no se escriban decretos) Decid. El Rey está aquí. Desde aquí podéis mirar la providencia con que gobierna, partiendo igual con todos su poder, y la justicia y la piedad. De la ciega Apostasía, que es reina septentrional, y que en el norte usurpadas tiene al patrimonio real todas las rebeldes islas que boja el Britano Mar, es este memorial. ¿Qué pretende en él? Libertad de conciencia, con que dice que a vuestros pies estará obediente. Deteneos, no le abráis, no le leáis; las orejas al hereje dicen que se han de cerrar. Tápase el OÍDO las orejas Yo no les daré el oído a las voces que ellos dan. Ya que he llegado, Señor, hoy a ver, hoy a escuchar en esta audiencia el rigor con que al hereje tratáis, os suplico no, mi Rey, que le oigáis ni le admitáis, sino que piadoso y manso le procuréis conservar por si se enmienda de ser rebelde a la Majestad Católica; esto os suplico de rodillas. Levantad. La Reina pide por él. Si es la Iglesia, claro está. A mi Consejo de Guerra remitid el memorial, y si las armas no pueden su soberbia sujetar, no sean vasallos míos, que reinar no quiero en paz en islas sin fe, porque reinar sin fe no es reinar. Este memorial, Señor, es de la Gentilidad. No vea yo sus errores. Tápase la VISTA los ojos Ya por mí no los verás. Esta pretensión, Señor, obra es de la Caridad; que los escuches te ruego de rodillas. Levantad. ¿Qué pretende? Que el Oriente, donde coronada está, idolatrando la luz del sol, hermosa deidad, conquistes. Para conquistas de remotas gentes, ya se tremoló el estandarte de Santa Cruz en el mar. Aqueste es el Occidente, donde apenas gentes hay que tengan luz de ella, y aun sin ley alguna están. Pues rompedle, no toquemos su confusa ceguedad. No la tocarás, que yo las manos volveré atrás. Vuelve el TACTO atrás las manos Yo que he sido su esperanza y la doy de que podrán catequizarse algún día, no los trates con crueldad, esto a tus plantas te ruego de rodillas. Levantad. ¿Qué me piden? El bautismo. Pues religiosos irán a rubricarles la fe con su púrpura y coral. Este es del moro, que guarda las leyes de su Alcorán. ¿Ya no sabéis que no gusto de su pretensión? ¿Hay más de quitarme yo de aquí? La Fe, que se ha de ensalzar cuando el orbe sea un rebaño con sólo un pastor no más, que los conserves te pide de rodillas. Levantad. ¿Qué piden? Que África tenga cristianos puertos de mar. Pues de África se presidien hoy la Mamora y Orán. El Judaísmo es aqueste. Aqueste es mi memorial; Aparte mas que intercedan por él todos cuantos aquí están. ¿Qué pretende el Judaísmo? En tus reinos asentar sus comercios, con que pueda hoy tratar y contratar con las más remotas islas. ¿Y en mi reino han de dejar su Ley? No, Señor; en ella han de vivir y han de estar como están en otras partes admitidos. No, no más; ese memorial romped, que en mi reino no han de estar judíos, donde la Fe ha puesto su tribunal; porque no será razón ni política será dar sagrado al reo, dando autoridad al fiscal. ¿Ninguno pide por él? No. Pues romped el memorial. A la Reina y las Virtudes ¿Por qué apacible con todos y cruel conmigo estás? Porque en mi amparo el judío solo no tiene lugar. Vase Ni en mi esperanza consuelo. Vase Ni alivio en mi caridad. Vase En átomos dividido a los vientos le arrojad. Vase. Rompe el HOMBRE el memorial No le rompas, no le arrojes. Vase, arrojándole ¿Cómo no, si ya lo está? A las plantas de la Fe fueron sus partes a dar. Vase Vienen a mí, porque saben que soy yo su tribunal. Vase Testigo de la Ley Vieja, ¿tenéis algo que prestar a logro? Pero, ¿qué os pido a vos, si cristianos hay que... mas callemos, que hoy no es día de murmurar. Vanse todos, y queda el JUDAÍSMO solo ¿Qué es lo que pasa por mí? ¿Ninguno en desdicha igual por mí intercede? ¿Qué es esto? ¿Hay más desdichas? ¿Hay más desconsuelos? ¿Hay más penas, más tormentos, más pesar? ¡Que tenga la apostasía, que halle la gentilidad, el catecúmeno, el moro, alivio, consuelo y paz en las Consultas del Viernes y sólo a mí (¡estoy mortal!) me falta (¡ay de mí, ay de mí!) de la Iglesia la piedad, la intercesión de la Fe, la Esperanza y Caridad! Pero, ¿cómo en viernes, cómo en viernes pretendo hallar patria ni morada, si de él nació mi orfanidad, por quien extranjero siempre, peregrino sin cesar las montañas de la tierra y los piélagos del mar? Tocan chirimías y música dentro Y para que más me aflija, para que me angustie más, ya nuevas fiestas celebran su alegría y mi pesar. Las fieras, que desatadas hoy por todo el mundo están contra el hombre, reducidas encierra severo ya en el abismo, de donde no se han de poder soltar sin la licencia del Rey que el encierro viendo está detrás de un cancel de vidrio de un purísimo cristal, que es el vientre de María, adonde mancha no hay, que aun no sacó de la tierra un vapor original; y es bien que en este viril se deje a todos mirar el día que de encarnado la librea al hombre da, porque es fiesta de un día mismo, de un mismo tiempo es solaz el encerrarle las fieras al hombre, y el encarnar; y así ha asistido al encierro de ellas, detrás de un cristal. Ya los Consejos por orden tomando sus puestos van, que todos sus cuartos tienen labrados; sólo no hay, sino dentro de mi pecho, para mis penas lugar, ni aun dentro de él, porque ciego este Etna, este volcán me está penetrando el alma. ¡Oh quién pudiera sembrar hoy en la plaza el horror de los campos de Senar! Mas en el circo entraré, pues soy fiera. Vaa entrar y le sale al paso la FE ¿Dónde vas? Voy de cólera lleno, áspid alimentado de veneno, a poner a esa fábrica, a esa casa el intrépido fuego que me abrasa, ardiendo lentamente. No entres aquí, detente, que si entrar determinas a pesar de la fe, a tu fin caminas, pues no tienes licencia del Rey para vivir en su presencia. ¿Cómo, siendo la dama que la Reina más quiere y que más ama, Fe, faltas a la fiesta? Porque en ella no he menester estar para sabella, que soy la Fe, y más creo a lo que escucho yo que a lo que veo. Pues dime, ya que puedo desde afuera sólo ver ese circo, breve esfera de tanta gente, el modo con que a la fiesta se previene todo, que si todo misterio significa, quiero saber cómo el ingenio aplica las circunstancias que ya voy notando. Yo te responderé, ve preguntando, porque has de hallar en el cristiano imperio, hoy en todo, alegórico misterio. mirando hacia dentro ¿Quién está en aquel dosel, coronado de luceros y de estrellas que le ilustran? La Reina está, porque asiento es y escabel de sus plantas la azul campaña del Cielo, y estrado suyo el Empíreo. David lo dijo en un verso. ¿Quién es aquel bello infante? El Príncipe, su heredero, que como es la Gracia, y tiene guardado un tesoro inmenso para el que fuere su Hijo, pronunciándole en caldeo, Baltasar se llama, que es decir tesoro encubierto. Dime, ¿qué Consejo es este? Es el Supremo Consejo. ¿Y quién le preside? Pablo, que pues se entiende, en diciendo «El Apóstol», Pablo, así por antonomasia, es cierto que en diciendo «El Presidente» se entiende que es del Supremo. ¿Este que tiene en las orlas dos columnas por trofeo, con Et Plus Ultra? Es de Indias. ¿Quién le gobierna? Mateo, que las Indias conquistando, dio luz a etíopes negros. ¿Cruces de varios colores tienen por empresas éstos? Los de las Órdenes son. ¿Y quién los preside? Pedro hoy de las Órdenes es Presidente, pues que vemos que rige a los señalados con la Cruz del Evangelio. ¿Este? El Consejo es de Guerra. ¿Y quién le gobierna? Diego, a quien tantas veces vimos armado en socorro nuestro. Este que espadas y olivas junta en contrarios efectos, pues significa en dos brazos rigor y piedad a un tiempo, ¿quién es? Es la Inquisición. De sólo escucharlo tiemblo. Su Presidente es Andrés, pues el cristiano primero fue de la Iglesia; y así, con sus dos aspados leños, los sospechosos cristianos se marcan por conocerlos. De Hacienda y Cuentas es este Tribunal. Y en su gobierno ¿quién está? Felipe, que él contó aquel número inmenso del desierto, para darles en cinco panes sustento. Del de la Cámara es Juan, pues recostado en el pecho, supo en sueños de su Rey los más sagrados secretos. ¿Quién es esta multitud que ahora se sigue? El Reino. ¿Quién son sus procuradores? Son los ángeles, pues ellos, por el Reino de la Gloria son procuradores nuestros. ¿Y éste que se sigue? Este es, Tocan ... mas proseguir no puedo, que los templados clarines, dulces pájaros de acero que a sus voces desafían los ruiseñores del viento, dicen que ya ha entrado el Rey en el coronado cerco del mundo, a correr parejas con el Hombre, pues es cierto Pasande un lado a otro los dos, lo más conformemente vestidos que se pueda, de encarnado que al entrar él en el mundo, los dos parejas corrieron. ¡Qué galán viene! ¡Qué airoso! ¡Qué gallardo! ¡Qué bien puesto! Ezequiel mejor lo diga, que fue quien le vio primero sobre el caballo templar los alacranes del freno. ¡Qué iguales pasan los dos, qué conformes, qué parejos, la carrera de la vida! Apenas, apenas puedo distinguir a Dios, o al Hombre. No te admires mucho de eso, que el Demonio aún no sabrá si es Dios u hombre en el desierto. El asta se le ha caído de la mano. Ese es misterio, que como viene de paz desechó el herrado fresno. «Paz sea al hombre en la tierra, y gloria a Dios en el Cielo», dijo el pregón; luego está de más en él el acero, y le echó al ver a la Reina, en señal de rendimiento. Mirando dentro ¿Quién son aquellas cuadrillas, que a tropas le van siguiendo? Son los Grandes de su Corte, los títulos de su Imperio. La Villa, que significa de la república el cuerpo, la primera es que le sigue, porque esta es la voz del pueblo, que fue siguiendo sus pasos, su grandeza conociendo. El Almirante del Mar, Noé, digo, pues venciendo las ondas con el tridente, fue señor de su elemento, es aquél; el gran Dionisio de Areópago es el que luego se sigue, señor de Niebla, pues al ver la niebla, el ceño de un eclipse, conoció la causa por el efecto. Peña Aranda, que decir quiere en sentido bien cierto que es peña que se ha de arar es Moisés, con causa, puesto que él aró las peñas, pues cogió el fruto en el desierto. El de las Torres, David, es el que lleva otro puesto. Y si quieres ver en cuanto hay alegoría, hay misterio, un Condestable ha corrido y otro no, que fuera exceso que viéramos dos estables, adonde un Rey solo vemos, que siendo el estable él solo, de justicia y de derecho, por no oponérsele dos, enfermó uno de respeto. Y porque no pienses ya que han acabado con esto las fiestas, para un certamen, adonde corra el ingenio lanzas, se previenen; bien la lid con un lugar pruebo de San Pablo, pues él dijo (guerra haciendo el argumento) que ganará el que lidiare legítimamente el premio. Y así, en místico sentido y alegórico concepto, siendo las lanzas las voces, y la sortija un pequeño círculo breve, en que está cifrado el mayor secreto, correrán hoy en las tablas, que son las gradas del Templo. Ábrenselas dos columnas Mira sobre dos columnas el blanco signo suspenso: círculo redondo es, sin fin ni principio hecho; dichoso el que le llevare pues podrá feriar el precio a la dama que sirviere en Palacio, a quien ya vemos, que sobre diez miradores, a ver a los caballeros salen con la Reina, bien así como de luceros sale ceñida la aurora cuando a los dulces acentos de los pájaros, despierta enredados los cabellos de las lágrimas que llora, que así el Esposo en sus versos la celebrará, cantando himnos de dulzura llenos. Aun tiempo suben las DAMAS al Mirador y van tomando de los nichos uno y dejando otro, de manera que quede uno en blanco, y si mejor pareciere, toman los cuatro de delante y después se irán entreverando con los hombres; y el otro carro se abre con las barandillas, y el que subiere ha de ser por una y bajar por otra, representando lo que fuere señalado debajo de la Forma que a manera de sortija estará pendiente de dos columnas ¡Oh purpúreo clavel! ¡Oh blanco azahar! ¡Luciente rosa! ¡Cándido jazmín, que sobre dos columnas de un altar, que entre las varias flores de un jardín, jeroglífico eres singular, pues que no constas de principio y fin! ¿Quién eres, que te miro y no lo sé, porque a la Fe he escuchado sin la Fe? ¿Eres aquel maná que dio neutral a la sed y a la hambre la sazón? ¿Eres aquel rocío celestial conservado en la piel de Gedeón? ¿Eres aquel suavísimo panal que colmena a la boca del león hizo? Que yo decirlo no podré, porque a la Fe he escuchado sin la Fe. ¿Eres la luz que en dos columnas ya iluminar humanos ojos ven? ¿Eres la fruta que pendiente está del árbol que enseñó del mal y el bien? ¿Eres el áspid que salud nos dio colgado de la vara de Moisén? Que yo lo dudo ahora, aunque lo sé, porque a la Fe he escuchado sin la Fe. Mas ya seas la flor de Jericó, ya seas de los valles el clavel, blanco maná que el Cielo nos llovió, blando rocío que mojó la piel, áspid pendiente, llama que alumbró, fruta vedada, derretida miel, yo no te alcanzo ni tu enigma sé, porque a la Fe he escuchado sin la Fe. Y así, corra a tu blanco singular el que pueda su precio conseguir, que yo siempre tu ser he de dudar, que nunca he yo tu luz de percibir, porque la Hostia no eres de mi altar, porque no eres el sol de mi nadir, porque tu oscura cifra no alcancé, porque a la Fe he escuchado sin la Fe. Tocantodos los instrumentos músicos, chirimías y atabalillas, cajas y trompetas, y salen coronados con hojas todos, y lanzas, como de ristre, al compás del clarín; y en alto como se ha dicho están la REINA y las DAMAS; y el REY y el HOMBRE iguales con vestidos encarnados, los más conformes que se pueda Ya para las fiestas reales, certamen que hace el ingenio a imitación del valor, porque aquí es todo uno mesmo, en la plaza ha entrado el Rey, que es el mantenedor, puesto que ha de mantener a todos con el manjar de los Cielos. El Hombre no ha de correr hoy con él a este misterio, que si no es que el Rey le ordene que corra, no puede hacerlo; y así, hasta estar ordenado, solamente ha de estar viendo, como juez, tras sus Sentidos, que son los aventureros. Tocan Mas ya el cartel se publica; escuchad a sus acentos. Atabalillo y clarín, y luego canta Borja En esta justa real, donde es sortija aquel cerco, el que legítimamente lidiare, llevará el premio. El que legítimamente lidiare, llevará el premio, es condición del cartel, y así la carrera empiezo. Esta blanca Forma, este círculo breve y pequeño, capaz esfera es de cuanto contiene hoy la tierra y cielo. Blanco pan fue; pero ya, transustanciado en mí mesmo, no es pan, sus especies sí, porque este sólo es mi cuerpo. Desaparécese la forma y queda el REY en su lugar Que aquél es su cuerpo, dijo, y quedando él en el puesto desapareció la Forma. Sí, que estar él es lo mesmo. Va bajando al mismo tiempo que el REY va bajando la Forma, volviéndose a ver en su lugar como antes La sortija se ha llevado, puesto que ya no la vemos. Sí vemos, pues al quitarse él, a su lugar ha vuelto. El premio es tuyo; esta Cruz, que es de innumerable precio, has ganado. Pues yo proprio a la Reina se la llevo. Vase Yo le sigo, a ver si yo también en el blanco acierto. Sube el GUSTO y pónese debajo como se ha dicho Este pan, que dijo que era el Rey ahora su cuerpo, pan es de Melchisedec, no carne viva, supuesto que yo pan gusto, no más. El gusto ha perdido el premio. Bájase [el GUSTO] Sí, pues perdió por lo bajo la fuerza de su argumento. Sube el OLFATO Este es pan, no hay carne aquí, pues pan solamente huelo. Bájase el OLFATO También ha errado el Olfato, por lo bajo, su concepto. Siempre el Olfato y el Gusto por un término corrieron. Sube el TACTO Yo, pasando la carrera, a mis acciones atento, y creyendo a mi sentido, porque a otra cosa no creo, digo que es pan el que toco, y no hay humano sujeto que estar pueda en dos lugares, siendo cuerpo, a un mismo tiempo. Bájase el TACTO El Tacto tocó la Forma, mas no la llevó, que avieso fue el golpe. Sube la VISTA De águila yo perspicaz la vista tengo, y solo el blanco color de la Forma es lo que veo. Bájase la VISTA La Vista, aunque erró por alto, no alcanzó a ver el misterio. Yo que oí que dijo el Rey que esta Forma era su cuerpo, y rindiendo la razón por la Fe, a quien galanteo, digo que mintiendo el Gusto, y que el Olfato mintiendo, la Vista y el Tacto, aquí, debajo de aqueste velo (que son especies de pan), está consagrado el cuerpo de Dios, y que por la Fe de esta manera lo entiendo, que yo no he menester más de oírlo para creerlo. El Oído le ha llevado. ¡Cuánto, oh Fe, te huelgas de esto! Desaparece la Forma otra vez El que legítimamente ha lidiado lleve el premio, que es esta Copa dorada. Pues yo a la Fe se la ofrezco. Yo la recibo, y el Cáliz será desde hoy mi trofeo. Y todos por el Oído nuestra razón cautivemos. ¿Yo no gusto lo que gusto? ¿Yo no veo lo que veo? ¿Yo no toco lo que toco? ¿Yo no huelo lo que huelo? Vamos a dejar al Rey en su cuarto. Vamos presto. Mas, ¿dónde está? Cae la Torrecilla del Estanque habiendo subido ya los músicos, de suerte que, puestos un hombre y una mujer, queden haciendo labor en los nichos todos alrededor, y el REY en medio en la elevación Subid todos a buscarle. No le encuentro. ¿Dónde se habrá retirado, que de las fiestas saliendo no parece? Ábresela torre y vese el REY con la Cruz en la elevación Con la Cruz que traigo, Esposa, no puedo llegar antes a tus brazos; en ella, ¡oh Reina! te ofrezco todo el precio que he ganado, porque es infinito el precio de esta Cruz, que es el tesoro de mis siete Sacramentos. Y así, en esta fuente, que es la fuente del mar inmenso donde corren aguas vivas los manantiales del pecho, me retiré a descansar. Vase apareciendo la Forma Y ya tus rayos saliendo, se desvanecen las sombras, porque en tu ausencia cubiertos los horizontes del mundo con negras alas tuvieron. Pues no os aflija mi ausencia, porque yo nunca me ausento, que en ese breve Retiro del Pan constante me quedo para siempre en cuerpo y alma, de la forma que en el Cielo estoy, ocupando iguales dos lugares en un tiempo, porque así la Ley de Gracia me tenga siempre en el Nuevo Palacio del Buen Retiro, que es la fábrica del Templo que del Testamento Antiguo, que fue aquel campo desierto, en Nuevo Palacio pasa a ser Nuevo Testamento. Celebrad todos el día de tan alto Sacramento. Oíd, mortales, oíd: ya el Nuevo Palacio es Palacio del Buen Retiro, adonde se abrevia el Rey; el Rey, en quien convinieron, o por su esposa, o por él, los dos misteriosos nombres de Felipe y de Isabel. Yo, que el más interesado soy en ver el cumplimiento que alcanzó la Ley Escrita sólo en sombras y en bosquejos, viendo que la Ley de Gracia tiene ya Palacio Nuevo, en albricias os suplico que le perdonéis los yerros a quien en la alegoría que no ha alcanzado su ingenio, os quiso representar, llevado de sus afectos, el Auto del Buen Retiro. Que le perdonéis, os ruego, el no ser más entendido, por ser tan criado vuestro. Tocanlas chirimías y se da fin al Auto