Pedro Calderón de la Barca Sueños hay que verdad son Auto sacramental alegórico intitulado Personas LA CASTIDAD. ASENET. EL SUEÑO. SOMBRA PRIMERA. SOMBRA SEGUNDA. EL COPERO. EL PANADERO. EL ALCAIDE. RUBÉN. JUDÁS. GAD. ASER. NEFTALÍ. MANASÉS. SIMEÓN. LEVÍ. ISACAR. ZABULÓN. JOSEF. BENJAMÍN. EL REY. JACOB. LA FE. BATO. MÚSICOS. Sale la CASTIDAD, dama, coronada de flores, y el SUEÑO. ¿Dónde me llevas, hermosa virtud, que entre los diversos coros de cuantas virtudes siguen al legal Cordero, tú sola los crespos rizos coronas de tus cabellos, de cuantas vírgenes rosas guarnecen los rizos crespos de todas las demás, dando a entender que en tu obsequio todas se complacen? ¿Dónde me llevas (a decir vuelvo)?; porque siendo, como eres, en tantos Sagrados Textos triunfante laurel, que arrastra los no fáciles trofeos de la lid de los sentidos, vencedores de sí mesmos, parece que hace no poca repugnancia a tu respecto que la virtud, que es de todas las virtudes ornamento, me traiga a centro que es de todos los vicios centro. Esta es la cárcel de Egipto; bien claro te dice el serlo que es la posada que alberga por huéspedes de aposento al homicidio y al robo, al fraude y al adulterio. ¿Pues, cómo cabe en razón (repito otra vez) que siendo (si no lo han dicho las señas, tu nombre lo diga excelso) la castidad, que es la suma pureza, que vence a un tiempo, para los triunfos del alma, las rebeliones del cuerpo; y ella la sentina, donde el político gobierno de la república arroja los perniciosos desechos, que son escorias del siglo, tú te atreves a entrar dentro, sin temor de que te empañe el vapor de sus alientos? Y aun no cesa aquí mi duda, sino en que para este efecto aparentemente hayas tomado el semblante bello de Asenet, hermosa hija del sacerdote del Templo de Heliópoli, ciudad del sol, y aun ella, el sol mesmo. Sepa, pues, de estas dos dudas la causa, porque suspenso, hasta oír tu voluntad tendrás a mi entendimiento. Romance e-o Vaga fantasía, que sabes hacer con tus devaneos la quietud de los sentidos, de los sentidos estruendo, pues cuando para el descanso te ha introducido el sosiego, traidoramente has sabido sacar del descanso el riesgo; fantástica aparición, que en imágenes de viento, bien como yo de Asenet (por complacerme en objeto tan gloriosamente amable, tan amablemente honesto) la forma tomé, tomaste, por complacerte, en Morfeo tú de su negro semblante lo adusto, pálido, y yerto: ya, a la una de las dudas te he respondido, supuesto que el haber vestido tú sombras, y luces yo, a efecto habrá sido de hacer más representable un concepto, en que importa que seamos debajo de los dos velos de Morfeo y Asenet, yo la Castidad, tú el Sueño; y aunque también a la otra duda responderte puedo, en cuanto a que sea una cárcel campaña de nuestro duelo, no lo he de hacer hasta que te digan mis sentimientos la razón con que quejarme de tu sinrazón pretendo. Y, pues no tiene el oírlo la fuerza que tendrá el verlo, llega conmigo. ¿Qué escuchas? Dentro voces y cadenas. Lo que ves, escucho y veo: de la cadena el ruido y de la queja el lamento. Retírate ahora, y atiende a su pavoroso acento. ¡Ah del calabozo! Dentro. ¿Quién es quien llama? Allá va un preso, que, esclavo, para que sirva a todos, envía su dueño. Dentro. Salen el COPERO y el PANADERO con prisiones. ¿Esclavo, para que sirva a todos, envía su dueño? ¿Quién será este desdichado, tan desdichado que siendo esclavo a ser preso venga dos veces cautivo, puesto que servidumbre y prisión le están doblando los hierros? Será algún facineroso que su amo tenga por menos mal, darle a una cárcel que sufrirle en casa. ¡Que luego te has de ir hacia lo peor! ¿No puede ser, que sea, ¡ay, cielos!, otro infeliz que sin culpa padezca, cual yo padezco? También padezco sin ella yo; mas no he de creer por eso que no padezcan culpados los demás. A ver lleguemos quién será este preso. Sale JOSEF de cautivo, con cadena. Quien, por saber que aqueste seno es sepultura de vivos, penosamente contento, tiene por buena fortuna ser en él esclavo vuestro. Alza del suelo. ¡Qué talle tan airoso y bien dispuesto! Si tiene talle de dar la patente, será bueno. Un mísero esclavo era en la casa de mi dueño; un mísero esclavo soy aquí, pues a servir vengo: ¿qué puedo tener que dar? Jaqueta y birrete. Eso, no es justo que tú lo digas, ni nadie, que no es bien hecho afligir al afligido, principalmente sujeto tan rendido. Ya querrás dél compadecerte. Es cierto. La buena presencia es el sobrescrito primero de las cartas de favor que escribe piadoso el cielo, encomendando a quien quiere que gane el primer afecto de los demás. Ya eso es filosofar, y no quiero estarte oyendo piedades toda la vida. Vase. ¿Qué puedo hacer mejor? Y más, cuando presumo que no vi aspecto en mi vida más amable. ¿De dónde eres? Soy hebreo. ¿De qué tierra? De Canaán. ¿Tu nombre? Josef. «Aumento» significa. Soylo de ansias. ¿Qué derrotados sucesos te han traído a Egipto? Son tales, tan tristes y tan adversos, que son más para sentidos que contados. Pues no quiero afligirte la memoria. Este es mi albergue. Copero fui de Faraón; esotro camarada, Panadero. Indiciados de un delito estamos, pero yo espero que presto saldremos libres. He dicho de paso esto, porque sepas hasta entonces rancho y señas, que es inmenso el tráfago de esta cárcel, y no será fácil luego volver aquí sin noticias, adonde que tengas, quiero, algún abrigo. Y ahora, ve a otras partes discurriendo, que pues vienes a servir, según entendí, no quiero malquistarte, con que sea mi agrado tu privilegio. Yéndose. Perdóneme tu piedad, señor, si no la agradezco, que es ésta la vez primera en que obligado me veo a agradecer, porque soy tan desdichado en extremo que nunca le vi la cara al favor; y así, no he puesto cuidado en aprender cómo habla el agradecimiento. Id con Dios.Sobre galán, parece el joven discreto. El corazón me ha quebrado verle tan mísero. Aparte.Vase. ¡Cielos! Si, que porque serví leal, no supe agradar a un dueño, ¿cómo he de agradar a tantos? ¡Oh, nunca hubieran mis sueños dispertado aquella envidia que en este estado me ha puesto! Vase. Cuanto pudiera decir yo, gastando mucho tiempo en encarecer sus penas, ha dicho él en un momento. De aquellos sueños se queja en que le empeñaste, viendo los haces de sus hermanos, que sin impulsos del viento, de sus doradas espigas doblaban los rubios cuellos, como obedeciendo al suyo; y añadiendo empeño a empeño, le hiciste también soñase sol, luna y estrellas puestos a sus pies. No sé si arguya si fue cuerdo, o no fue cuerdo, en revelarlo, porque no hay error donde hay misterio; y así, baste por ahora que por baldón y desprecio el soñador le llamaron, cuya envidia fue creciendo tanto, que desde el cariño de hermano se pasó a ceño de enemigo, de enemigo a empozado; y no contentos, desde empozado a vendido, y desde vendido a preso. Dirásme que por qué yo tanto sus favores siento, y responderéte, que es porque en el mundo no tengo otro alguno que venere más mi alto merecimiento. Por no empañar mi pureza, por no ofender a su dueño, atento a la religión cuanto a la lealtad atento, a la más blanda sirena, al áspid más halagüeño, al más traidor cocodrilo, al más familiar veneno, y a la más incauta hiena, sordo a la voz, mudo al ruego, inmoble al llanto, y veloz a la fuga, venció huyendo. Pero, ¿qué mucho? ¿Qué mucho, si al lunado monstruo fiero supo dejarle la capa?; siendo así, que algún ingenio (no menos que iluminado) dijo que si desde el cielo una piedra se arrojara, detenerse fuera menos prodigio, en el aire, que un hombre en la ocasión puesto. Pues siendo así que tú fuiste a sus ruinas fundamento, y yo estoy de sus victorias obligada a ser el premio, ¿qué extrañas que aquí te traiga, a que veas el extremo en que tus sueños le tienen, por si pudiesen tus sueños, ya que acarrearon el daño, solicitarle el remedio? Bien sé que Dios es primera causa, que de Él dependemos, y que sin Él, tú ni yo no valemos nada; pero también sé que quiere Dios que para rastrear lo inmenso de su amor, poder, y ciencia, nos valgamos de los medios que, aplicados,que, aplicados,humano modo nos puedan servir de ejemplo. Y pues lo caduco no puede comprehender lo eterno, y es necesario que para venir en conocimiento suyo haya un medio visible que en el corto caudal nuestro, del concepto imaginado pase a práctico concepto, hagamos representable a los teatros del tiempo que el hombre que se ejercita en una virtud, es cierto que cuando él está penando, le está ella favoreciendo. Y no pare aquí el discurso, pues también es argumento que en términos satisface Dios; dígalo Job, pues vemos, que por los pasos que fue bajando, volvió subiendo, de lo excelso a lo abatido, de lo abatido a lo excelso. Luego bien, cuando que vuelva a su libertad pretendo, no en vano de ti me valgo, por ver si antes con el cielo y después contigo, logro el que en los términos mesmos que los sueños le agraviaron, le desagravien los sueños. Mísero, pobre, afligido, no sólo ya esclavo, pero esclavo de muchos, hoy en tus manos te le dejo. Vuelve por él, y por mí, no tanto porque pretendo que en su miseria enternezca a tu horror su sufrimiento; no tanto porque vea el mundo que no compiten trofeos la noble virtud del alma y vil propensión del cuerpo, cuanto porque en ese joven hay visos, luces, y lejos de mayor asumpto que hoy hasta destinado tiempo anda rebozado en sombras; y así, desde aquí atendiendo a sus acciones, si vieres sobre el aborrecimiento de sus hermanos, y sobre venderle en traje de siervo, y estar preso, que hay en él sobrenaturales hechos: mírale siempre a dos luces, y verás que todo esto va encaminado a que anda aquí oculto y encubierto algún misterio, que venga a ser en los venideros siglos, venciendo las sombras, misterio de los misterios, milagro de los milagros, portento de los portentos, y en fin, luz, verdad, y vida del más alto sacramento. Vase. ¡Oye, aguarda! No tan sólo confuso, absorto y suspenso mi entendimiento ha dejado (que esto no es mucho, supuesto que el sueño siempre fue obscuro pasmo del entendimiento) sino también convencido, que es más. ¿De cuándo acá suelo dejarme yo convencer de la razón? Pero miento, que en sueños ha revelado Dios infinitos secretos; y cuando no hubiera otros, bastara a suplir por ellos el de su padre en la escala que abrazaba tierra y cielo. Luego, si hay aquí virtud que ruega, y yo me convenzo, aquí hay Dios que manda. Pues, ¿qué aguardo que no obedezco? Dormid, dormid, mortales, que el grande y el pequeño iguales son lo que les dura el sueño. Mortales, que en la cárcel del mundo vivís presos, no tan sólo los hierros arrastrando, mas también arrastrados de los yerros: dormid, dormid, al son de mi músico acento, que mudas consonancias de la vida son también las quietudes del silencio. Dormid, dormid, no sólo hoy al descanso atentos pero atentos a ver qué es lo que quiere en vuestras sombras revelar el cielo. Y vosotras, ideas, que en fantásticos cuerpos representáis como retratos vivos ansias y gozos a sentidos muertos, ved que Dios, conmovido de una virtud al ruego, en términos nos manda que las ruinas que el sueño destruyó, restaure el sueño. Canta.Canciónasonancia e-o Salen COPERO y PANADERO. Dormid, dormid, mortales, que el grande y el pequeño iguales son lo que les dura el sueño. Vase el SUEÑO. ¿Qué perezoso letargo es el que sobre mí tengo? Romance e-o Parece que hubo patente, según que todo me duermo. ¿Qué haré yo para vencer esta pesadez que tengo? Lo que yo: echarse a dormir. ¿A esta hora? Aqueso es lo mesmo que comer, porque el reloj da cuando gana no tengo, y cuando tengo la gana, esperar a que dé. Necios, comer cuando hubiere hambre, dormir cuando hubiere sueño, que no han de ser nuestras tripas las cuerdas de su instrumento. Deja locuras. Aquí, a mi pesar, me recuesto. Yo, a mi placer, que dormido, no sé si estoy libre o preso; o dígalo aquel cantar que dijo en no sé qué versos: Con esta repetición van saliendo los dos bofetones. Dormid, dormid, mortales, que el grande y el pequeño iguales son lo que les dura el sueño. Canción Recuéstanse los dos, divididos: el COPERO en el carro donde está el bofetón en que ha de salir la SOMBRA que ha de venir debajo de la vid; y el PANADERO debajo del que ha de traer la SOMBRA de las aves y canastillos de pan; y dando vuelta ambos bofetones encontrados, cantan: El pan que del rocío se amasó de los cielos cuando en hermosa aurora, blanda nube trujo la luz, la sombra, y el sustento... El generoso vino que dio racimo bello cuando de Promisión la fértil Tierra sucedió a la aspereza del desierto... ...con permisión de Dios al hombre se le llevo; mas, ¡ay de aquel que en culpa se le roban funestas aves, que le dan al viento! ...con permisión de Dios al hombre le prevengo, felice en gracia, aquel para quien savia le exprimo, le recojo, y le conservo. De pájaros nocturnos en vano le defiendo. En vano intentan malograr los frutos ni el granizo, ni el ábrego, ni el cierzo. ¡Ay de quien no le adore... ¡Feliz quien sea su dueño... ...pues si le come en culpa, es pan de muerte! ...pues si en gracia le bebe, es de los cielos! Dormid, dormid, mortales, que el grande y el pequeño iguales son lo que les dura el sueño. Despiertan despavoridos. ¡Huye, infausta sombra horrible! Romance e-o ¡No huyas, dulce asombro bello! Mas yo iré huyendo de ti,... Mas yo iré en tu seguimiento,... ...que hasta perderte de vista... ...que hasta alcanzarte... Sale JOSEF. ¿Qué es esto? ¿Tan asustados los dos, despavoridos y inquietos, cuando yo con alborozo de qué es, a serviros vuelvo? No te admires,... No te espantes,... ...que una pena... ...que un contento... ...aun es de dolor soñada. ...aun soñado se huye presto. Si yo tuviera licencia para preguntar, bien creo que me moviera la justa curiosidad de saberlo. Aunque de los sueños no hay que hacer caso, confieso que la viva aprehensión de éste me obliga a hacer más aprecio dél que de otros sueños. Yo puedo asegurar lo mesmo, y por deshacerme dél, le he de decir. Oye atento: como en nuestra fantasía siempre el sueño nos retrata aquello que más se trata en los discursos del día, fue fácil que yo soñase (que al fin panadero soy) que del floreado pan que hoy dispuse que se amasase para el Rey, tres canastillos, blanco y sabroso llevaba, y vi que, cuando esperaba en la real mesa servillos, en el camino embestían tropas de funestas aves que, nocturnamente graves, cebadas en él, hacían tales presas que mis gozos murieron a breves plazos; pues, devorado a pedazos y desmenuzado a trozos, aun migajas no dejaron, y si las dejaron, fue para el viento, puesto que, hechas átomos, volaron de suerte que aquel contento en que esmeraba mi oficio, después de ser desperdicio de aves, fue estrago del viento. Redondillas Yo soñé (porque también sean especies del día las que hoy en mi fantasía señas de mi oficio den) que vía en un prado ameno una vid hermosa y bella, y de los pámpanos de ella todo su follaje lleno de tan dulce fruto opimo que, fértilmente lozano, era un rubí cada grano y un ámbar cada racimo. De uno, que entre dos pendía del sarmiento superior, soñé que el blanco licor con una mano exprimía, cuyo líquido tesoro nada se desperdiciaba, porque al exprimirle estaba yo con una copa de oro en la otra mano, de modo que un átomo no perdía, pues todo lo recogía, con que se lograba todo. ¡Oh, válgame el cielo! ¡Cuánto campo la imaginación con una y otra visión corre! ¿Desperdicio tanto en pan? ¿Tanto logro en vino? ¿Allí ruina, y aquí aumento? De algún alto sacramento, de algún misterio divino, luces uno y otro dan, pero tan en sombras hoy que pienso que viendo estoy vida y muerte en vino y pan. ¿Cómo habiéndonos oído, mudo, absorto y elevado parece que te has quedado sin habernos respondido? Como cuando a ambos escucho, me ofuscan vuestros diseños, que entiendo mucho de sueños, porque ha que me cuestan mucho; y así, no sé si me obliga más el que aquí al discurrir, calle lo que he de decir, que lo que he de callar diga. En tal duda es, a mi ver, mejor decir que callar. ¿Si es pesar? Porque es pesar. ¿Si es placer? Porque es placer. Porque al que pesar tocó, pueda resguardarse dél. Y al que el placer, es cruel cosa ocultársele. Yo, aunque bien quisiera aquí,... Habla. ...por no dar dolor, no dar gusto, hay superior causa. En fin, ¿he de hablar? Sí. Pues en acción tan unida que una en otra se convierte, hay pan, que es vida y es muerte, hay vino, que es muerte y vida. Libre tú en tu indicio estás, tú convencido en tu indicio: Al COPERO. tú volverás a tu oficio, Al PANADERO. y tú presto morirás. Mucho cuidado me diera interpretación tan rara, si de ti no imaginara que inútil venganza era de aquel primer lance, en quien te pedí. Ten acción tal, y no aprecio hagas del mal, pues yo no le hago del bien. ¿Cómo no? Pues, aunque digo que no he de creer su agüero, no por eso de embustero he de excusar el castigo. Mira que en su amparo puesto estoy yo. También estoy yo en su ofensa. Entre ambos hoy tengo de morir. Al irse a embestir, se pone JOSEF en medio, deteniendo al uno con una mano y al otro con la otra; se detienen los dos, mirándole suspensos. ¿Qué es esto? ¿Quién me pudo suspender? ¿Quién me ciega en nueva luz? Cuando, a manera de cruz, entre ambos me llego a ver, segundo misterio muestra ver que su furor impida a la diestra el que es de vida, y el de muerte a la siniestra. Vuelve a querer embestirle. Mas, ¿quién me podrá impedir muerte a un vil esclavo dar? Sale el ALCAIDE. Mal hace en querer matar quien tiene por qué morir, pues habiendo ya salido, conforme a justicia y ley, la sentencia, manda el Rey que tú, que estás convencido en tu culpa, mueras. ¡Cielos! ¿Qué escucho? Y que tú, que estás sin culpa (porque jamás te obsten pasados recelos), a servir su copa vuelvas, restituido a tu honor, a su gracia y su favor; y pues es bien te resuelvas tú a obedecer a tu suerte, con este negro cendal cubro tu rostro, en señal de estar condenado a muerte. Echale un velo negro por el rostro. ¡Ay, infelice de mí! En fin, mi culpa pagué. ¡Felice yo, que llegué a ver este día! De aquí ven tú; y tú, cuando quisieres, podrás salir, que ya abierta y franca tienes la puerta. Vanse los dos ALCAIDE y PANADERO. Abrázame tú, que eres a quien debo las albricias de esta dicha, pues tú fuiste quien primero la previste. Si es que pagarlas codicias, con una cosa podrás. ¿Qué es? Que te acuerdes de mí; y puesto que desde aquí a servir a tu Rey vas, le digas el duro exceso con que yo padezco; y pues sabes cuán penoso es estar inocente y preso, duélete, por Dios, de mí, que es mi mal tan infinito que si cometí delito, es que no le cometí. Tan compadecido voy de dejarte, mas no quiero, sin merecerlas primero, gracias. Palabra te doy, y con fe y mano prometo el que he de volver por ti. ¿Palabra, fe, y mano? Sí, yo la doy. Vase el COPERO. Y yo la acepto. Hermosas luces, en quien miro atento, Soneto con rasgos y bosquejos desiguales, el número infinito de mis males y la esfera capaz de mi tormento: ¿cuál de vosotras, cuál desde su asiento es la que influye en mí desdichas tales? ¿Cuál de vosotros, astros desiguales, a su cargo tomó mi sufrimiento? Tú me parece que serás, ¡oh estrella!, la más pobre de luz, la más obscura. Oyeme tú, que para ti prevengo, ya pensarás que digo una querella; no, sino un galardón por la ventura que no me has de quitar, pues no la tengo. Y ya que mis dichas hoy Romance u-a todo su consuelo fundan en que, faltándome todas, no puedo perder ninguna, hidrópico de desdichas, ahora al contrario arguya en que, pues todas las tengo, ¿por qué ha de faltarme una? Esta es no habiendo podido saber de mi padre nunca; saber de una vez que yace muerto a manos de mi injuria; porque no acierto a encontrar, por más que en ello discurra, qué habrán dicho mis hermanos para salvarse en disculpa de mi venta. Pero no se la habrán dicho es sin duda, que la traición siempre viste los disfraces de la astucia. Mas, ¡ay de mí!, que no pueden haber hallado ninguna, que ya que encubra su error, mi falta a mi padre encubra. ¡Ay, anciano padre mío! ¿Quién duda, ¡ay de mí!, ¿quién duda que ella habrá acabado ya contigo, según la suma terneza con que, por hijo de Raquel, cuya hermosura tanto te costó, me amabas? Y aunque sé que no me escuchas, te suplico, ¡oh padre mío!, Benjamín mi falta supla. Más parecido es que yo a la hermosa madre suya; y pues tienes el espejo en él de aquella difunta hermosa beldad, que el fértil campo de Belén sepulta, no me eches menos a mí. Y tú, Benjamín, procura que se consuele contigo; hazle amorosas ternuras, que caduca edad renace cuando en los hijos caduca. Mas, ¡ay!, que en vano este ruego será, si vuelvo a la angustia de que el pesar le habrá muerto con el dolor de mi fuga, que la más fácil razón que habrá encontrado la industria de mis hermanos, será que no saben de mí. ¡Oh, suba mi llanto al cielo! Quizá entre sus virtudes puras habrá alguna que, piadosa, no porque de mí presuma que merezco su favor sino por la piedad suya, haciéndome saber cómo la traición le disimulan, y qué hizo él, mi duda venza. Sale la CASTIDAD, atravesando el tablado por delante dél. Sí habrá, que hasta que una duda vehementemente aprehendida forme fantasmas confusas; es tan piadosa licencia que no ha menester disculpa. Juzga tú cómo sería, quizá verás lo que juzgas. Vase. ¡Oye, aguarda, escucha, espera! Mas ¡ay cielos, qué locura! Jurara que la beldad de una divina hermosura se me había puesto delante. ¡Cuánto una aprehensión perturba los sentidos! Y aun no cesa en que ella aparezca y huya, sino que también jurara que veo que en la espesura de Canaán, con Benjamín anda mi padre en mi busca; en cuyo pasmo, el sentido absorto atender procura, por si ilusión que se ve es ilusión que se escucha. Ábrese el carro, y haciendo en el aire tablado y vestuario, sale JACOB, viejo venerable, con BENJAMÍN, de zagal. ¡Cuánto, hermoso Benjamín, cuidados de amor madrugan! Desde que envié a Josef a ver si crecen fecundas las crías, y en lo que entienden tus hermanos, con ser suma siempre su presteza, no ha vuelto, pues aunque suban de Siquén a Dotaín buscando pastos, ya acusa su tardanza mi amor. ¿Cuándo tardanza de amor no es mucha? ¿Son celos, Benjamín? ¿Yo, celos de Josef? ¡Qué injusta sospecha! Que yo y Josef somos dos cuerpos con una alma, un alma con dos cuerpos; estrecho lazo nos junta, como, en fin, hijos los dos de Raquel. ¡Cuánto me gusta que tanto os améis! Y pues mi amor y tu amor se aúnan, y es ya interés de los dos buscarle, a subir me ayuda a aquel ribazo, de donde más el camino descubra, por si adelanta la vista el gozo de verle. Excusa la diligencia, que allí vienen ya Rubén y Judás, Isacar y Manasés, que dirán de él. Salen los dichos hablando aparte. Traen envuelto en un tafetán una tunicela roja, y ellos de pastores. Pena dura es, que queráis que yo sea el que tal dolor le anuncia. Tú has de ser, pues por mayor tendrás, Rubén, más cordura, no sólo en fingir el hecho pero en suavizar la angustia. ¿Cómo, cuando a mi presencia llegáis, nadie me saluda, y para no hablar, parece que andáis conciliando excusas? ¿Cómo mi Josef no viene con vosotros? ¡Pena injusta! ¿No merece más respuesta que lágrimas mi pregunta? ¿Qué es esto? ¿Todos calláis, y todos lloráis? Si apuras tanto nuestro dolor, fuerza será, ya que no articula el labio, que hable esta vez más retórica y más muda. ¿Conoces... Descubre el tafetán. ¡Ay, infelice! ...esta talar vestidura que a Josef hiciste? No, que son cifras muy obscuras que yo se la diese a él blanca y él me la vuelva purpúrea. ¿Qué ha sido esto? Una fiera, la más fiera y más sañuda de cuantas aborta el monte, parto horrible de sus grutas, al pasar de Dotaín el valle, de entre sus rudas quiebras salió, ensangrentando en su tierna sangre pura de sus colmillos las presas y de sus garras las uñas. Despedazado el cadáver hallamos, y en mil menudas partes la túnica, y... ¡Calla, calla!, que es tu lengua aguda flecha avenenada, que en mil repetidas puntas el corazón me penetra con cada voz que pronuncia. ¡Ay, Josef del alma mía! Toma la túnica. ¿Cómo esto mi amor escucha y no muere de dolor? ¡Funestas, tristes, impuras prendas, por mi mal halladas! ¿Qué os hizo esta edad caduca para que de mi mejor espejo eclipséis la luna? Si era la luz de mis ojos, ¿por qué me dejáis a escuras, viendo la flor de sus años en su primavera mustia? En el cristal que bebía el licor de sus dulzuras, ¿por qué con sangre queréis que beba ponzoña turbia? ¡Ay, Josef! Pésima fiera te dio muerte. ¿Quién lo duda? Pésima fiera sería. Señor (antes que discurra en que a la envidia la dieron ese apellido mil plumas), permitid que este dolor dé conmigo en las obscuras mansiones que a tantos padres depositados sepultan. Vase. ¡Ay de mí!, que de mi padre la pena, aunque es grande, es una, pero en mí son dos, que siento la de Josef y la suya. Vase. En fin, ¿que quisisteis ver, sin darme lugar que acuda de la cisterna a sacarle, esta lástima? Hizo Judas tan presto la venta. Eso no es de aquí. ¿Qué, nos acusas? No soñara él, y no viera tan deshecha su fortuna. Vanse, y ciérrase el carro. ¡Aguarda, detente, espera! ¡No huyas, ilusión, no huyas, hasta que sepa mi padre que vivo y... Sale el COPERO. ¿Dónde apresuras el paso? No sé, no sé. No dirás que mis venturas me olvidan de ti. Ya veo la gran piedad que te ilustra. Pues no sólo vengo a verte, que vengo por ti. ¿Qué dudas? Si es dicha, ¿no he de dudarla? Pues aun es mayor que juzgas. Este el anillo del Rey es, que tu libertad jura, y el Rey es quien por ti envía. ¿Por mí el Rey? Sí. ¿Cómo? Escucha: Soñó el Rey...; pero mejor el camino lo descubra. No perdamos tiempo; ven donde te aguarda. Fortuna, no sea esto ilusión también; mira si de mí te burlas, que para ilusión es poca y para verdad es mucha. Vanse, y sale por una parte ASENET, dama, y todos -músicos, hombres y mujeres con ella- y empezando a cantar, sale el REY por otra parte, paseándose suspenso. ¿Quién es aquel que, cabiendo en corta abreviada esfera, quiere que quepa en él todo el ámbito de la tierra,... Romance e-a ...y no por eso deja de haber lugar en qué caber la queja? Pareado, estribillo El humano corazón, que vive en cárcel estrecha, y el mayor reino, por más que le ocupe, no le llena; y no por eso deja de haber lugar en qué caber la queja. Romance e-aPareado, estribillo El gran Faraón de Egipto lo diga, puesto que reina en cuantos cotos el Nilo baña, fertiliza y riega,... Romance e-a ...y no por eso deja de haber lugar en qué caber la queja. Pareado, estribillo Suspended, suspended de vuestras voces los ecos, que aunque dulces y veloces pueblan el aire en métrica armonía, no son remedio a la tristeza mía. Silva depareados. Viendo, señor, que todos cuantos te aclaman solicitan modos contra esa melancólica tristeza, el coro, cuya métrica destreza al Templo de Heliópoli servía cuando su sacerdote me vivía, mi padre, y yo en él era de sus sacerdotisas la primera, de tonos e instrumentos prevenida, quise hoy tenerte al paso, por si lograse, acaso, la dicha yo de haberte divertido. ¡Ay, hermosa Asenet! En vano ha sido, que aunque yo la fineza te agradezco, la pena que padezco es tal que, porque más su dolor sienta, lo mismo que la alivia, la acrecienta; y hasta saber qué es lo que quiso el cielo en mis sueños decir, no habrá consuelo para mí; y ya es en vano el esperalle, puesto que no es posible que le halle el número infinito de tantos sabios mágicos de Egipto, pues ninguno me quieta mi deseo. Salen COPERO y JOSEF. Este es Josef, aquel esclavo hebreo que te dije que había interpretado el sueño de los dos. Y el que postrado logra primero y último consuelo hoy a tus reales pies. Alza del suelo. Aparte. ¡Cielos! ¿Qué es lo que miro? ¿No es aquella la divina beldad que vi, sin vella? Aparte. ¿De dónde eres? De tierra de Canaán. Pues no habiendo habido guerra en tu edad entre hebreos y gitanos, ¿adónde captivaste? Tan tiranos mis casos son, que con contarlos muero por no infamar las cosas que más quiero. Quien pudo me vendió; ismaelitas fueron, señor, los que mi compra y venta hicieron. Aparte. ¿Y por qué estabas preso después de ser esclavo? Menos eso puedo decir, muriendo consolado de padecer sin culpa ni culpado al precio de que quede de mí honrada una mujer con culpa y disculpada; y pues mi propia pena no he de honestar a costa de honra ajena, y nada te ha importado que otro sea ruin para que yo sea honrado, de mí te sirve en esta corta esfera en cuanto Dios iluminarme quiera. ¡Qué cuerdamente atento calló el cómplice, y dijo el sentimiento! Aunque a lo que has venido no dudo que lo traigas ya sabido, con todo, he de decirlo, por si acaso no lo contaron bien. Este es el caso: yo soñé que de un río a la ribera siete vacas bellísimas salían, y cuando de sus márgenes pacían las esmeraldas de la primavera, vi que otras siete de la undosa esfera, tan flacas que esqueletos parecían, saliendo contra ellas, consumían la lozanía de su edad primera. Después vi siete fértiles espigas, lágrima cada grano del rocío, y otras siete, que en áridas fatigas sin granarlas abril, taló el estío, y lidiando unas y otras enemigas, venció lo seco con llevarlo el río. Sonetos Que el río jeroglífico haya sido del tiempo, gran señor, prueba es bastante, que siempre corre y siempre va adelante, sin que nunca haya atrás retrocedido. Luego es el tiempo de quien ha nacido en espigas y vacas lo abundante, y es el tiempo también el que, inconstante, todo lo deja a nada reducido. Siete fértiles años imagina en espigas y vacas, cuyo halago en otros siete estériles termina; y pues te avisa el golpe en el amago, la abundancia prevén contra la ruina y la felicidad contra el estrago. Dame los brazos, que nadie de cuantos en esto hablaron quietaron mi corazón sino tú. Dame los brazos, digo otra vez, y pues habla, según el sumo descanso que en mí introducen tus voces, en ti tu Dios; y veo cuanto tu infusa divina ciencia excede a todos los sabios que tiene Egipto; has de ser, ya que preveniste el daño, el que el remedio prevenga; para cuyo efecto mando que a tu obediencia estén todos, desde el más noble vasallo al más humilde, porque no esté el puesto desairado sin autoridad, que el lustre hace respetuoso al cargo: comprometiéndome en ti, virrey de Egipto te hago; de mi púrpura te viste, toma mi anillo, y en tanto que, con mi collar al cuello, en el más triunfante carro salgas en público, donde cuantos te encuentren al paso doblen la rodilla, ven ahora a mi diestro lado, y venid delante todos, dándole común aplauso. Romance a-o ¡Viva Josef! ¡Josef viva! Oíd, escuchad, que extraño ese nombre a nuestro idioma, y pues traducirse es claro en la siríaca lengua Josef, salvador, en altos ecos: «¡Viva el salvador!» decid, pues viene a salvarnos el amenazado riesgo a que fuimos condenados. ¡Viva el Salvador de Egipto! ¿Quién creerá, oh piadosos astros, que sean otros los que duermen y sea yo el que estoy soñando? Tú, bellísima Asenet, pues preveniste, no acaso, tus coros para otro efecto, mejore asumptos el canto en su alabanza. Sí haré, que aunque no me debió agrado ningún hombre hasta hoy, y fue siempre mi ceño su agravio, no sé qué tiene este joven, que sin violencia el recato me inclina a su obsequio; ella sin duda fue, con que en cuantos milagros viendo estoy, es éste el más bello milagro. ¿Qué esperáis? Todos venid. Decid conmigo, cantando: Puesto que ser salvador... Quintillas Puesto que ser salvador... ...de Egipto, Josef previene,... ...de Egipto, Josef previene,... ...diga el popular clamor: ...diga el popular clamor: Bendito sea el que viene en el nombre del Señor. Bendito sea el que viene en el nombre del Señor. Pues de sus iras esquivas por él nos rescata el cielo, aclamaciones festivas echen las capas al suelo, y de palmas y de olivas corone el fértil verdor sus sienes, que bien conviene decir todos en su loor: Bendito sea el que viene en el nombre del Señor. Éntranse todos, llevándose al REY en medio JOSEF y ASENET, y todos echan los mantos en el suelo al pasar; y sale por otra parte el SUEÑO. ¿Bendito sea el que viene en el nombre del Señor? No en vano aquella divina hermosa virtud, que tanto le favorece, me dijo que, sus acciones notando, vería en él lejanas luces de asumpto que hoy embozado hasta destinado tiempo, anda en sombras; y no en vano yo la obedecí. Mas ¿qué logro, consigo, ni alcanzo, si no alcanzo ni consigo, ni logro, por más que hago en su favor, luz ni seña de aquel inmenso, aquel alto sacramento que me dijo que de todo este aparato había de ser cumplimiento? Y así, he de apurar si salgo de esta duda. Nueva hermosa deidad, que excedes al ampo de la nieve en la pureza, pues yo acudí a tu mandato, acude a mi ruego tú. Vuelve, vuelve al soberano disfraz, que en forma visible quiso hacer a los teatros del mundo representable tu amor y mi desagravio. EstribilloRomance a-o Sale la CASTIDAD. ¿Qué es lo que me quieres? Que veas que arguye a contrario mi invocación a la tuya. ¿Cómo? Como si guiaron tus voces a un calabozo, las mías guían a un palacio. Tú me llevaste a que viese ansias, penas, y trabajos, y yo a que veas trofeos, dichas y glorias te traigo. ¡El gran salvador de Egipto viva! Chirimías y atabalillos.Dentro. Mira en triunfal carro cómo salvador le aclama el pueblo, y cómo los varios males que causaron sueños en términos satisfago con las ventajas que hay desde el baldón al aplauso, desde la miseria al triunfo, y desde la ruina al lauro; y, pues que ya obedecida de mí te miras, en cuanto a causa segunda (puesto que es de la primera el mando), en premio de mi obediencia, salir de una duda aguardo. Tú me dijiste que anda en estos visibles rasgos de embozo un misterio, que es milagro de los milagros; y así, humilde te suplico me le adelantes en algo que pueda ser de mi duda arrimo, si no descanso. Sí haré, mas con una salva. ¿Qué es? Que los dos parezcamos lo que somos; esto es, como personas tratarnos alegóricas, y no reales, pues con eso es llano que no habiendo en los dos tiempo ni lugar, daremos paso a que la interpolación (como si acabara un acto y empezara otro) nos supla la síncopa de los años, dando por vividos siete fértiles, con que empezando los estériles, verás en el pósito o erario del trigo, que ha recogido de la abundancia el espacio, cómo le reparte a pobres y ricos, no exceptuando personas. Eso deseo. Pues ven conmigo a lo alto del monte de la visión, patrimonio hereditario de Josef, pues si en él fue Isaac, su abuelo, retrato de quien también él lo ha sido, justo es que convenga en ambos el mirar desde su cumbre cómo se pueblan los campos de racionales hormigas que próvidas, tras el rastro de la paja que se lleva el Nilo, buscan el grano; en cuya distribución verás que hasta a sus hermanos socorre, sin acordarse de que le fueron ingratos; pues subiendo de Canaán a Egipto..., mas no perdamos tiempo. Ven conmigo. Ya me parece que mirando estoy, que en su busca llegan diciendo: Vanse los dos, y salen RUBÉN, JUDAS, ISACAR, ZABULÓN, GAD, ASER, NEFTALÍ, MANASÉS, SIMEÓN, y LEVÍ, de pastores. Pues ya miramos desde aquí las altas torres del sumptüoso palacio del gobernador de Egipto, lleguemos a él, confiados en que su gran providencia no dejará, por extraños, de socorrernos, supuesto que a todos socorre. Es tanto, según dicen, liberal, piadoso, apacible, y blando que lo será con nosotros. Pues a buen tiempo llegamos. ¿Cómo? Como me parece, según el séquito y fausto que le acompaña, que es él el que sale. No es engaño, pues lo asegura el que todos a él se arrodillan. Hagamos nosotros lo mesmo. Y sea, porque se mueva a escucharnos, hablándole a nuestro modo desde luego, con el canto de que usan nuestros mendigos. Si lo somos, pues llegamos limosna a pedir, ¿qué haremos en parecerlo? Postrados le esperemos. Va de voces, que mezclen música y llanto. Salen JOSEF, el COPERO, y otros. Representan. Ya que del cielo el favor para consuelo te envía con nombre de Salvador... Representan.Quintilla Cantan... el pan nuestro de cada día, dánosle hoy, señor. Cantan... Este tono y este idioma, ¿no es hebreo? ¡Cielos santos! ¿Aquí hebreo idioma y tono? Mas ya lo que estoy mirando vence a lo que vine oyendo. ¿No son estos mis hermanos? No con poca admiración de oírlos y verlos me espanto; pero infórmense mejor oídos y ojos. Romance a-oQuintilla Representando. La agonía nuestra goce tu favor. Representando. Cantando. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy, señor. Cantando. Ellos son, con que ya el cielo el primer sueño ha explicado, de que habían de adorar sus haces al mío. ¡Oh presagio inescrutable, que el trigo aquí y allá, todo es pasmo! Pues ellos no me conocen (¿qué mucho, si es el estado mío feliz?), disimule. Mas, ¿cómo he de poder, cuando me están instando alma y vida a que me arroje a abrazarlos? Mayormente, cuando escucho que me dice su quebranto en el mísero clamor con que moverme porfía, procurando mi favor. Romance a-oQuintilla El pan nuestro de cada día, dánosle hoy, señor. A pesar del corazón, que por salir a los labios me está latiendo en el pecho, aun más que a golpes, a saltos, disimular me conviene hasta saber más de espacio (sin saber que hablan conmigo) de mi padre y de mi amado Benjamín; no sea que haya mis desdichas heredado, que es el aborrecimiento infelice mayorazgo con herederos forzosos. Alzaos de la tierra, alzaos, y decid quién sois, de dónde venís, y a qué. Romance a-o Soberano príncipe de Egipto, a quien puso el cielo en este cargo para redemptor, no sólo suyo, mas también de cuantos convecinos reinos vienen tu providencia buscando: hebreos somos de nación, aunque hoy en tierra habitamos de Canaán, desde que Dios mandó por sus juicios altos a nuestro abuelo Abrahán que, casa y patria dejando, a peregrinar saliese, huyendo los simulacros idólatras de Caldea; pero esto aquí no es del caso... La grande esterilidad que ha que padecen siete años estos orientales climas, a tanto extremo ha llegado en Canaán que hoja ni flor, hierba, ni planta ha quedado que arista no sea, o espina. Fuentes y arroyos negaron manantiales y corrientes, con tal sequedad avaros que aun mueren de sed los ríos, y de hambre y sed los ganados, pues en la más fértil dehesa, y en el más puro remanso, al triste, inútil, y estéril malogro de siete años, hallan catorce febreros, sin ver en balsa ni prado más que guijas por bebida, ni más que terrón por pasto. Pero, ¿qué mucho, señor, si al inclemente fracaso perecen las gentes, siendo solo consuelo en su estrago ver que, abierta en duras grietas, la tierra está bostezando horrores, como quien dice? Piedad es que, si el poblado todo es cadáveres, sea todo sepulcros el campo. Bien pudiéramos nosotros, pues jóvenes nos hallamos, peregrinar a otras tierras, pero tenemos un lazo tan estrecho que nos tiene atados de pies y manos. Hermanos somos los diez, y un venerable, un anciano padre que no ha de seguirnos (que pesan mucho los años), nos detiene, y nos obliga a que para él vengamos, aun más que para nosotros, el trigo, señor, buscando que quisiere concedernos tu piedad. Para pagarlo traemos dineros, y pues cuando está el cielo cerrado, en tu mano ha puesto Dios la llave de sus candados, no por nosotros, por nuestro viejo padre... ¡Ay de mí! Cuando más pensaba enternecerte, ¿vuelves la espalda, mostrando que no me atiendes? Vuelve la espalda JOSEF. ¡Señor! ¡Señor! Ellos han pensado que es sequedad, y es terneza; que es descariño y es llanto. Pero cobrarme me importa, hasta ver si es fino o falso este afecto, y el contraste ha de ser mi desagrado. ¿Hermanos sois? Sí, señor. ¡Lucida tropa de hermanos! Y ¿fuisteis más? Otros dos. Pues, ¿cómo allá se quedaron, y no vienen con vosotros? Como el uno murió a manos de una fiera. Bien. ¿Y el otro? Le excusan sus pocos años de caminos. Aparte. ¡Oh, no sea que le hayan muerto! Ahora acabo de saber que sois espías, y que venís a engañarnos con los pretextos del trigo, para saber de este estado las defensas, por el odio que siempre con los gitanos tenéis los hebreos, y hacernos guerra después. Esto hago, no viniendo Benjamín, por el temor que me ha dado que, por hijo de Raquel, de él no hayan hecho otro tanto como de mí. Aparte.Aparte. No presumas, señor, que... Basta, que en vano es persuadirme a que crea que no es traidor vuestro trato; y mientras no me traigáis a esotro menor hermano, a que yo vivo le vea, ningún crédito he de daros, sino en vez... ¿Quién vio jamás dos afectos tan contrarios como severo el amor y enternecido el agravio? ...sino en vez de hallar en mí piedad, que todos hallaron, castigo hallaréis. Aparte. ¿Qué es esto? ¿Qué ha de ser? Es que pagamos de un hermano en el amor el odio del otro. Es claro. En términos nos castiga el cielo. ¿Qué estáis hablando entre vosotros? ¿Es veros convencidos? Lo que hablamos no es, señor, sino pensar que si por Benjamín vamos (que éste es del muchacho el nombre), será arrancarle un pedazo del corazón al buen viejo. Y quizá su amor fiarlo de nosotros no querrá. ¿Por qué, siendo sus hermanos? ¿Habéis de echarle en un pozo, o venderle a los extraños, o darle a las fieras? ¿Qué hombre es éste, que penetrando está nuestros corazones? Si nuestra culpa acordamos, justamente padecemos. Aparte. El ver que lo estén rehusando me ha puesto en mayor sospecha. En efecto, ese muchacho ha de venir a mis ojos, o a todos diez he de daros, por exploradores, muerte. Y para que veáis que parto términos entre justicia y piedad, he de entregaros el trigo que me pedís, sólo con que por resguardo de que volveréis con él, quede preso y aherrojado uno de vosotros. Aparte. Puesto que fuerza es que obedezcamos, mirad cuál queréis que quede. Aparte. Simeón fue el que más tirano en mi venta se mostró; no es venganza sino halago el darle con que merezca, para que pueda, purgando más quien más pecó, alcanzar el perdón de su pecado. Aparte. A todos mira. A éste elijo. Señala a SIMEÓN. ¡Ay de mí! Como pecamos, padecemos. Simeón fue el que primero la mano puso en él, y así el primero padece el primero daño. Siquén. Señor. Ve con ellos, y di que yo darles mando todo el trigo que pidieren, y al que ves que yo he nombrado para que se quede en prendas, lleva a una prisión. Postrados a tus pies, señor, verás que obedecemos con tanto afecto que haya quien culpe más la priesa con que vamos y volvemos, que pudiera la tardanza, no mirando que aquí es preciso lo presto, y fuera culpa lo tardo. Vanse. Venid, pues. Siquén. Señor. En habiendo ellos pagado el trigo, harás que les pongan en las bocas de los sacos el dinero a cada uno que diere; y luego en llevando a la prisión al que elijo, haz que no como a ordinario preso le traten, y ya que no sea con regalo, sea con estimación. En todo servirte aguardo. Vase. ¿Cómo es posible, ¡ay, amor!, que haya yo podido tanto conmigo, que haya podido no admitirlos en mis brazos? Mas hasta saber si es cierto que a Benjamín no ha alcanzado su rencor... Pero esto quede suspenso por este rato, que Asenet, deidad hermosa, a quien debí el agasajo, sin saber cómo, de aquel delirio, éxtasis, o rapto, si no me engaña el deseo, que para hablarla obligado otra ocasión no he tenido, entrando viene en palacio. Sale ASENET. Quedaos todos. De esta vez he de hablar al Rey tan claro que sepa si de mi padre... Mas, ¿quién es quien está al paso? Quien viéndoos, divina aurora del sol que buscando vais, teme que os desvanezcáis, como otras veces, ahora; y así, os suplico, señora, no en esta ocasión paséis tan veloz como soléis. Ved que es piadoso rigor el que, si hacéis un favor, con iros le deshacéis. Décimas Si yo, Josef, entendiera lo que me decís, bien creo que a vuestro cortés deseo cortés agrado siguiera; pero extraño de manera la voz «favor» en el labio de un hombre tan cuerdo y sabio, que me hace el sonido horror. ¿Qué quiere decir «favor»?, que me suena como agravio. Si es dejaros ver, y no dejaros agradecer, querer ser noble, y querer que no lo parezca yo; y, si es que a lo que os debió, el alma no ha respondido, es que ocasión no he tenido; y así, achacad lo tardado a culpa de desdichado, no de desagradecido. Pues, ¿cuándo me dejé ver yo de vos, ni cuándo yo con vos hice acción que no pudisteis agradecer? Cuando al verme padecer una duda que tenía, que juzgase que la vía, dijisteis. Ya lo juzgué y la vi. Pues pensad... ¿Qué? ...que alguna ilusión sería; y pues en sueños estáis tan maestro que os enseñan a explicar lo que otros sueñan, explicaos lo que soñáis. Aun no me desconfiáis con todo aquese baldón. ¿Cómo? Como la razón publica en mis desempeños que aunque los sueños son sueños, sueños hay que verdad son. ¿Cómo puede ser verdad que yo os hablase, ni viese, ni que favor os hiciese, cuando es tal mi vanidad que si la hermosa deidad de la Castidad hubiera de tomar forma, no fuera posible que otra tomara que la mía, pues no hallara quien más se la pareciera? Ella y yo somos tan una que nuestra gentilidad, si retrata su deidad, es de mí espejo en la luna. Apenas veréis alguna estatua suya que no se me parezca, y si vio de paso la fantasía vuestra alguna, ella sería, porque no pude ser yo. No sólo desengañado (para no ser atrevido) quedo, pero agradecido. ¿De qué? De que mi cuidado se tiene más bien hallado después que sé que ilusión fue, que si en mi religión por virtud la Castidad adoré, la pariedad disculpa la adoración. No disculpa, que el desdén mío hará (mas no hará tal, que no me parece mal el que le parezca bien) que escarmentados estén todos en el que primero se atreva. Aparte. Aun bien, que no espero serlo yo. ¿Por qué? Porque nunca yo me atreveré, señora, a decir que os quiero, porque, como la voz mía, ya ilusión, ya estatua sea la que dio cuerpo a la idea de mi ciega fantasía, a decir tendría osadía, que desde aquel punto fue desde el que yo os adoré. Pues... Suspended el castigo, que yo, en decir lo que digo, digo lo que no diré. Ya en no decirlo incluyó por lo menos el saberlo. Si quisisteis entenderlo vos, ¿qué culpa tengo yo? ¿Eso no es decirlo? No. ¿Pues qué? El darlo a entender es. ¿Daisme licencia? Sí. Pues oíd atenta. Nadie ignora..., pero el Rey... Callad ahora, mas decídmelo después. Sale el REY. ¿Asenet? ¿Josef? ¡Oh, cuánto de ver a los dos me huelgo!, que sois los dos mi mayor cuidado, de quien deseo desempeñarme. Romance e-o A tus pies humilde,... A tus plantas puesto..., ...siempre a tu obediencia estoy. ...y yo a tu servicio atento. Tú, Asenet, habrás venido, como otras veces, a efecto, claro está, de que en ti premie los servicios que confieso deber a tu padre. JOSEF Tú, acreedor de mis afectos también estás, por haberme, no solamente mi reino restaurado, pero el mundo puedo decir, cuando veo que a todo el mundo le alcanza tu gran providencia, siendo en tres idiomas tus nombres Josef, Salvador, y Aumento; con que viéndome obligado a dos deudas, no me atrevo a resolver cuál será de ambos el más digno premio; y así, para que no yerre la elección, consultar quiero primero, Josef, contigo el de Asenet; y luego contigo, hermosa Asenet, el de Josef, pues con eso, siendo vuestro el parecer, vendrá a ser mío el acierto. Oye, pues, Josef: yo estimo tu persona con extremo tal, que asegurar quisiera el que no como extranjero de paso en Egipto vivas; para esto es el mejor medio tomar estado. Asenet es... A JOSEF.Aparte, a JOSEF. Sin decirlo, te beso una y mil veces la mano por tal honra, bien que temo, si la merezco de ti, que de ella no la merezco. Eso sabré yo. ASENET Asenet, cuanto de Josef aprecio la persona, pues que todos lo saben, fuerza es saberlo tú también; si en él te diere otro yo, pues yo no puedo darme a mí... Aparte a ASENET. Que no prosigas te suplico, pues es cierto que yo no tengo elección, que sólo obediencia tengo. Pues ya que uno y otro sabe la merced que le prevengo, particípela uno a otro, que yo, a dos deudas atento, ni puedo pagar con más ni puedo cumplir con menos. Vase. ¿Atreveréme a saber de ti, divino portento (que hasta oírlo de tus labios, no me persuado a creerlo), lo que el Rey te dijo? Nada me dijo a mí. Según eso, a mí me lo dijo todo. Pues dítelo tú a ti mesmo, sin que a mí me lo preguntes, que entre cariño y respecto, ni me está bien el decirlo ni me está bien el saberlo. Vase. Embarazóla el recato. ¿Cuándo, oh infinito, oh inmenso Dios de Abrahán, Dios de Isaac, y Dios de Jacob, pudieron lograr tan altas fortunas tan cortos merecimientos? Sale COPERO. ¡Albricias, señor! ¿De qué? De que, apresurando el tiempo, que vuela más cuando vuela con las alas del deseo, ya a tus umbrales están los diez hermanos hebreos. Diles que entren, y ve tú a hacer que traigan el preso. Aquí del segundo amor, y no sé si del primero, que entre amor que todo es sangre y entre amor que todo es fuego, a fuego y sangre es forzoso lidiar con ambos afectos. Vase el COPERO. Salen los hermanos, BENJAMÍN con ellos, y BATO, villano rústico. Danos, gran señor, tus plantas. Alzad, levantad del suelo. Ya, señor, a Benjamín, a pesar del sentimiento y dolor de nuestro padre, como mandaste, traemos a tu presencia. A BENJAMÍN. ¿Qué aguardas? Llega a sus pies. A BENJAMÍN. Si merezco besar tu mano, será la dicha mayor que puedo desear. Por las noticias que tus hermanos me dieron de ti, quise verte; seas bien venido. ¿Cómo puedo resistirme a no entrañarle dentro del corazón? Pero aun me falta otra experiencia. ¡Cuánto de verte me huelgo! ¿Cómo dejas a tu padre? Aparte. Con el sumo desconsuelo de quedar sin mí. ¿Que tanto te ama? Soy hijo postrero, y quieren mucho a los hijos los que los consiguen viejos; y no sólo esto, ni el ser hijo de Raquel, me ha puesto en tanto grado de amor (bien que sin merecimiento), sino que tuve otro hermano, de ella también hijo, y siendo así que faltó, el amor que en dos partido, era medio, todo se retrajo a mí. ¿De qué murió esotro? Eso, te suplico no preguntes. ¿Por qué? Porque me enternezco tanto que hablar no podré si de mi Josef me acuerdo. Baste saber que murió, sin que refiera el suceso tan trágico, como a manos de una fiera. Llora. ¿Cómo, cielos, sus lágrimas y las mías no están a voces diciendo quién es, y quién soy? En fin (pues que no es del caso esto), mi anciano padre, señor, agradecido en extremo a tu liberalidad, conmigo te envía un pequeño regalo, porque no da más de sí estéril el tiempo: unos recentales, unos panales, mantecas, quesos, pobre don de pastor pobre; pero en rendidos obsequios más que lo que brilla el oro vale lo que ahuma el incienso. Sale COPERO, y SIMEÓN. Ya, señor, tienes aquí el que en rehenes quedó preso. Todos los brazos me dad. No dirás que no volvemos presto por ti, Simeón. La fineza os agradezco. A BENJAMÍN. Pues te escucha con agrado, di que nos despache presto. A BENJAMÍN. Ya, señor, que ves cumplido tu mandato, y que el deseo de nuestro padre estará tan cuidadoso hasta vernos, te suplicamos nos vuelvas a dar licencia y sustento. Del trigo que mandes darnos traemos doblados los precios, porque allá tus cobradores, o por olvido o por yerro, en los costales dejaron la cantidad del dinero del que llevamos entonces. Está bien; pero primero que os despache ni que os vais, en justo agradecimiento del regalo de Jacob, que comáis conmigo quiero. Haz tú prevenir las mesas, y mira lo que te advierto: sirvan siempre a Benjamín doblada porción; en esto he de preferirle, hijo de la hermosa Raquel; luego, al entregarles el trigo, vuelve a poner los dineros como antes; pero añade la copa de oro en que bebo al costal de Benjamín. Aparte al COPERO. Verás que en todo obedezco. ¿Qué misterios estos son que yo ni alcanzo ni entiendo? Aparte.Vase. Entrad, pues, entrad conmigo, que éste es mi cuarto, en que quiero que a mi mesa os sentéis todos. ¿Qué os detiene? Tu respecto. Señor, humildes pastores ¿con tan alto, tan supremo gobernador, que es segunda persona del Rey excelso, sentarse a comer? Ved que es humanaros mucho. En eso de ser segunda persona, humanarme, y dar sustento a todos los peregrinos que a mí vienen, quizá el cielo de otro pósito de pan anda rastreando el misterio. Vanse, y queda solo BATO. Todo el tiempo que han habrado me'stao un pazguato hecho, la boca abierta. ¿Quién vio habrirla para el silencio? A que sirva en el camino a Benjamín, mi amo el viejo me invió, porque él no coide de aparejarse el jomento; y ve aquí que de su padre toma a la lletra el consejo, pues ni del jomento coida ni de mí, que so lo mesmo. ¿Tanto hiciera de acordarse, ya que sentado lle veo a tal mesa, de decir: «lleven a aquel majiadero este prato»? ¡Cuántos amos se sientan a comer ellos, sin saber si los criados comen, o no comen! Pero yo le quiero disculpar, pues reclinado en el pecho del Virrey, como muchacho se aduerme, quizá suspenso de verse en tanta grandeza. ¡Qué apa'dores tan bellos! ¡Qué viandas! ¡Qué bebidas! ¡Qué lucidos escoderos, y qué pajes tan golosos! Y deben de ser muy necios, pues apenas a un rincón habran a un prato en secreto natural, cuando le dejan brumados todos los güesos. Mas ya las mesas levantan, y despedidos, es cierto que hacia el pósito del trigo irán. A él seguirlos quiero, para ayudar a cargar los costales. Que no tengo hartos amos que servir, nadie lo dirá, supuesto que estamos aquestas horas, ellos hartos, y yo hambriento. ¡Ay, que es tan grande el palacio que no sé si salgo o entro, ni donde vengo ni voy! Mas ¿cuándo yo vo ni vengo? Haz'aquí el gobirlador viene. Sale JOSEF. ¿Quién sois? Si me acuerdo, lo diré. ¿Pues de quién sois os olvidáis? No es muy nuevo, que muchos s'an olvidado de quién son. ¿Cómo aquí dentro entrasteis? Anda BATO. Ansí. Anda BATO. ¿Quién sois? So, ahora que caigo en ello, de Benjamín jomentizo. ¿Qué queréis decir en eso? ¿Caballerizo no llaman el que acá en casa del dueño cuida los caballos? Sí. Lluego será allá llo mesmo, pues será allá jomentizo quien coida de los jomentos. ¿De Benjamín sois criado? Sí, señor. No sólo quiero enojarme ya con vos, sino antes favoreceros. Tomad aqueste diamante. Y ¿para qué es, señor, bueno, metido en este latón este pedazo de espejo? Dentro COPERO y todos; y luego salen. Todos habéis de pagar su culpa. Mirad primero... ¡Ay, infelice de mí! ...que, aunque pastores... Sacan como preso a BENJAMÍN, que traerá en la mano un cáliz dorado. ¿Qué es eso? Es, señor, una osadía tan vil, un atrevimiento tan bajo, como después de honrarlos con tanto exceso tú, y entregarles yo todo el trigo que me pidieron, llevarse hurtada esta copa de oro, que es el cáliz bello de tu más precioso vino; y habiéndole echado menos, los he seguido, y hallado en el costal más pequeño del menor hermano, a quien no se le he quitado, atento a que viéndole en su mano, él diga su error. Por cierto, que habéis tenido muy poca atención. Pues ¿mi festejo y mi agasajo? ¡Señor! Callad. Que me oigas te ruego. ¡Miren el Benjaminito la maña que ha descubierto! Si el dinero que llevaron mis hermanos te volvieron, sin saber ellos quién fuese quien allí le hubiese puesto, ¿no es más fácil creer que a mí me ha sucedido lo mesmo, que no creer que hay aquí hurto, que es humano sacrilegio contra la sangre más noble? Pues, ya que no descendemos de reyes, descenderán reyes de nosotros. ¡Menos arrogancia, rapaz! ¿Cómo habláis así, cuando veo tan claro vuestro delito? Y aunque de uno y otro, es cierto que todos cómplices sois, éste castigar pretendo, no más. La ley al que hurta bienes de otro, en este reino dispone que quede esclavo el vil agresor del dueño a quien los hurta; y así, bien podéis todos volveros, porque Benjamín esclavo mío ha de quedar. No siento quedar tu esclavo, señor, que ese no es castigo, es premio. La nota, sí, y el dolor de un anciano padre viejo, que por mí te representa que nunca tuvo consuelo en la pérdida de un hijo, desdichadamente muerto. Pues, ¿qué será la de otro, muerto infamemente? Habiendo de la desdicha a la culpa (cuando en mí la hubiera) extremos tales como hay de morir honrado a vivir sin serlo. Duélete de él, no de mí, que yo... ¡No más! Ea, volveos vosotros sin él, pues él mi esclavo queda. Primero que sin Benjamín volvamos a vista, señor, de nuestro venerable anciano padre, las vidas nos quita. Y si eso (que morir el desdichado ya es dicha) no merecemos, mejor para esclavo yo, de más servicio y provecho, seré; truécale por mí. Yo también por él me ofrezco. ¡Vuélveme a mí a mis prisiones! ¡Sellen mi rostro tus hierros! ¡Arrastre yo tus cadenas! ¡Ponme a mí una argolla al cuello! ¡A mí el yugo de tu carro! Que todos beber queremos..., ...confesando que esto es pena de un delito nuestro... ...nuestra muerte en este cáliz que está de amargura lleno... ...antes que sin Benjamín volver. ¿Qué aguardo, qué espero, si confesando el delito con tan llorosos extremos, en mi cáliz de amarguras bebe su arrepentimiento? Dame, Benjamín, los brazos, que ya no cabe en el pecho roto el corazón. Rubén, llega tú también a ellos. Sin haberte dicho nunca, ¿mi nombre sabes? No eso te admire. Llega Judá, Simeón, Leví, Gad... ¿Qué es esto? ...Isacar y Zabulón, Manasés y Aser, abiertos para todos están, ya que arrepentidos os veo. ¿Qué os admira, qué os espanta en mí este conocimiento si soy Josef, vuestro hermano? No os turbe verme en tal puesto, que de culpas, ya una vez confesadas, no me acuerdo. De confusos..., De turbados..., De absortos..., ...y de suspensos, ...no sabemos qué decirte. Ni yo sé qué responderos, y más cuando de estas sombras al ver la luz me enternezco. ¿Qué hago yo aquí, que no voy con estas nuevas al viejo? ¿Cuánto va que con sus años a cuestas viene corriendo a verle?; que un poco antes u después, todo es del texto. Vase, y sale el REY, ASENET, y MÚSICOS. ¿Qué es esto, Josef, pues cuando yo mismo a tu cuarto vengo con Asenet, a lograr tu mayor merecimiento, llorando estás? Sí, señor, que tal vez llora el contento. Los que ves son mis hermanos, y no solamente el verlos me arrebató el corazón, sino el pensar que anda entre ellos y entre mí un misterio. ¿Cómo? Como estar cerrado el cielo, necesitada la tierra, venir ansiosos pidiendo pan mis hermanos, y hallarle del pósito que he dispuesto encerrado en la custodia, sentarse a mi mesa, y luego ver el cáliz de ella en manos del que se durmió en mi pecho, que es el menor de los doce; ser él en su sentimiento el áspid de su delito; llorarle a voces, diciendo que es pena de su pecado: visos son, sombras y lejos del prometido Mesías que a nuestros padres y abuelos en vino y pan han previsto el más alto sacramento. ¿Qué sacramento haber puede en el pan y el vino? Descúbrese un monte, y en él al SUEÑO en un carro triunfal. Eso dirán mis ideas. Yo, que desde este monte excelso, adonde la Castidad me dejó, por irse al pecho de Asenet, estoy mirando, no sólo que quiere el cielo que a quien venció un torpe amor, corone un amor honesto; pero en cuatro sueños míos, las señas deste misterio. ¿En cuatro sueños? Sí. ¿Cuáles son esos cuatro? El primero, el de Jacob, cuando llegue a ver a Josef, diciendo: Salen JACOB y BATO. Dame, mi Josef, los brazos. ¿Es posible que te veo vivo, al fin de tantos días como te he llorado muerto? Habla al Rey y a Asenet, antes que a mí. Perdone el respecto, señor, que no estoy en mí, que me parece que sueño, como cuando vi una escala en que los cielos abiertos se abrazaban con la tierra, explicando ángeles bellos al hombre cuándo subían, cuándo bajaban, al Verbo. Ese el primer sueño es de los cuatro, a quien siguieron después del Verbo Encarnado, el segundo y el tercero, que al propósito de hoy son los del pan y el sarmiento en quien muerte y vida da, se explicarán, repitiendo: Aparecen las dos primeras SOMBRAS, de gala, en el carro del abanico, elevadas en el aire. El pan, a quien devoraron las aves, para que el reo coma en él su juicio... El vino, que exprimió racimo bello para dar la vida... ...ya es pan que baja del cielo, como se mira en aquel sacrificio que incruento es divina carne. ...ya es la sangre del cordero, sacrificado en el ara de la cruz, de cuyo pecho se recogió el cáliz. ¿Quién asegura todo eso? Descúbrese en un carro un altar, con sacrificio de panes; y al decir los versos de arriba, da vuelta el escotillón, y vese una Forma grande; y en otro carro, un sacrificio de vino; y dando vuelta, se descubre un cáliz, y la FE, elevada entre las dos SOMBRAS. Yo lo aseguro, que soy la Fe, que interior lo veo, teniendo por el oído captivo el entendimiento. Y el cuarto sueño que falta, ¿cuál es? Es tu mismo sueño; pues a la grande abundancia en cuyo siglo primero gozó la naturaleza descanso, paz, y sosiego, sucedió (por sus pecados) la esterilidad del tiempo, y pudo la Providencia reparar sus daños, siendo la Iglesia la troj del pan que en general alimento de los hermanos de Cristo, hizo la gracia herederos, explicada en Asenet, que es de Castidad ejemplo. ¿Cuándo aqueso ha de ser? Cuando descendiendo de uno de esos doce linajes o tribus, hombre y Dios en alma y cuerpo, y en cuerpo y alma se dé en tan alto sacramento. A tanto prodigio yo, con ser gentil, me convierto. Eso es la gentilidad ser de la viña heredero. Yo, a tanto pasmo vencida, ofrezco ser tuya. Eso es, con cada virtud Cristo celebrar su casamiento. Todos a tan grande asombro..., Todos a tan gran portento, por convencidos nos damos. Pues sea, todos diciendo: Albricias, mortal, albricias, que aunque los sueños son sueños, sueños hay que verdad son. Perdonad sus muchos yerros.