Personajes EL LUCERO EL HOMBRE LA GRACIA LA VISTA EL OÍDO EL OLFATO EL GUSTO EL TACTO LA CULPA LA ENVIDIA LA LISONJA LA MURMURACIÓN LA GULA LA LASCIVIA FEBO, galán MÚSICOS Sale el LUCERO de una gruta muy horrorosa con manto de estrellas, plumas, banda y bastón ¡Oh tú, parda columna del venenoso monte de la Luna, cuya pálida tez lóbrega y fría sobre los verdes tósigos que cría de la cicuta, el opio y el beleño catres le mulle a la deidad del sueño! Del sueño cuyo blando pasmo fuerte éxtasis es de una prestada muerte. ¡Oh tú, otra vez te digo, triste, funesto, pavoroso abrigo y adormecido embargo del mortal que con pálido letargo yace a su no sensible parasismo! ¡Oh tú, accesoria fija del abismo, prisión del susto, cárcel del quebranto, adonde huésped de aposento el llanto gime de disonantes quejas lleno, rasga al conjuro de mi voz el seno que en sí contiene aquella hechicera beldad, mágica bella que el águila divina verá, si al sol sus rayos examina, con halagos incautamente bellos brindar sobre el dragón de siete cuellos los venenos que dulcemente impura conficionó su voz en su hermosura! ¡Oh tú, si te he de dar tu propio nombre, inordenada voluntad del Hombre, complacido receso de la primera ley, amable exceso que adúltero engendró aquel elocuente pacto de la mujer y la serpiente, coloreado delito de la afectada faz del apetito, doméstico homicida, familiar enemigo de la vida! ¡Oh tú, mil veces tú, que no hay extrañas, que no hay comunes señas que te vengan mejor! ¡Rompe esas breñas y, abortado embrión de sus entrañas, vean esas montañas que me aclaman su rey cuánto ligera al eco del león viene la fiera como vasalla suya sin que tu orgullo huya el rostro a lid que faz a faz no luches! ¡Culpa en común! ¿Qué quieres? Que me escuches. Del segundo carro, que será un peñasco muy horroroso, sale la CULPA Ya sabes, según a todos Isaías se lo cuenta, aquella primer batalla que allá en mi patria primera tuve cuando, comunero del Impíreo, puse en guerra su alta curia; también sabes que inflexible mi soberbia, aun cuando más castigada menos reducida, intenta pasar el odio de Dios al de la naturaleza humana, de que no poco triunfo conseguí en aquella del primer vergel segunda lid, que aquí al silencio deja fiada mi voz por lugar común, pues no hay quien no sepa que si en esotra vencido quedé vencedor en esta. Y siendo así que no es bien en repetidas materias desaprovechar el tiempo que quizá para más nueva, más recóndita noticia ha menester mi impaciencia, entremos en el asumpto desde luego porque veas que aun con ser victoria mía no deja de ser tragedia. Ofendido Dios de ver la golosa inobediencia, que fue sugestión de Adán por no contristar a Eva, entre otras maldiciones que echó a la incauta culebra en quien revestido yo fingí humano rostro y lengua fue no la menor —bien como en piadosa recompensa de que una mujer produzca la culpa y otra la enmienda— que había de haber alguna que del común daño esempta mi cerviz quebrantaría en ella la planta puesta. Aquesta amenaza en una parte, en otra ver que llega el hombre a llorar su culpa y en ambas que de sus tiernas lágrimas compadecido Dios le dé por sus profetas ya en palabras y ya en sombras cierta y segura promesa, restituido a su gracia, de satisfacer su deuda, a mí tan desesperado y a él tan consolado dejan que él, de la gracia asistido, en tranquila paz serena vive, en fe de la esperanza, cuando yo negado a ella no solo la tengo, pero ni esperanza de tenerla. De este rencor, de esta ira el recurso que me queda es, valiéndome de ti, que tú… Pero aguarda, espera, que antes que yo te lo diga —pues no compadecen penas oídas tanto como vistas— quiero, porque más te muevan los ojos que los oídos, que en fantásticas ideas ya que estás viendo mis ansias sus felicidades veas y teniendo de él la envidia, de mí la lástima tengas. Vuelve a ese valle, que siendo de lágrimas es ya selva de delicias, según que saben convertir tristezas en alegrías. ¡Oh, nunca el hombre, Culpa, supiera lo mucho que con Dios valen y lo poco que a él le cuestan! Vuelve a ese valle los ojos, digo, porque en él adviertas la paz de ánimo, quietud de corazón, avenencia de espíritu y concordia de sentidos y potencias con que la tranquilidad de una segura conciencia, de la suficiente gracia asistida, goza quieta en el campo de la vida la florida primavera de una edad a quien no dan ni aun escrúpulos molestia, mayormente cuando en laudes del Criador la mente eleva en sus obras la criatura diciendo en voces diversas: Salen atravesando el tablado la VISTA , con un espejo; el OÍDO , con un instrumento; el OLFATO , con un azafate de flores; el GUSTO , con otro de frutas; y el TACTO , con otro y en él un vellón; detrás el HOMBRE y la GRACIA . El LUCERO y la CULPA se retiran y pasan sin mirarse unos a otros En el cielo y en la tierra te bendigan, Señor, tus obras mesmas. En el cielo y en la tierra te bendigan, Señor, tus obras mesmas. Bendígante tus alados espíritus en la excelsa majestad tuya, la luz te bendiga en las esferas del fuego, con Sol y Luna, luceros, signos y estrellas porque en ellos y en ellas… te bendigan, Señor, tus obras mesmas. ¡Cuánto me alegro de que las bendigas sin que sea el afecto de ensalzarlas vanidad de poseerlas! ¡Qué vanidad puede el Hombre tener si de la grandeza de Dios es dádiva cuanto ve, toca, gusta y alienta? Si lo recibe, ¿de qué se ha de gloriar, pues es cierta cosa que no es nada suyo? Todo es de Dios, Él lo emplea en quien quiere y como quiere y cuando quiere; que esta de su liberalidad es la mayor providencia: criarlo todo y darlo todo sin que nada le merezca el Hombre, y el ser la Gracia suya tú. Nada en respuesta diré, por no interrumpir que alegre al cántico vuelvas. En las vagas impresiones del aire y las nubes densas te bendigan sus rocíos, escarchas, granizos, nieblas, lluvias y rayos. Toca en el instrumento algunas fantasías sin dejar de representar Porque más templado objeto tengas que en los espacios del aire te fervorice, que atiendas será bien a que le debes las dulces cláusulas tiernas de las hojas y las guijas, cuando unísonas concuerdan las copas y los arroyos y en fantasías diversas el sentido del Oído te regala y te deleita. Los montes y los collados con cuanto en su centro engendran los valles de varias frutas, de varias flores las selvas te bendigan, pues no pudo sino tu divina ciencia de sabores y matices unir tan vistosa mezcla como hay en flores y frutas. El Gusto lo diga en estas. Y en estotras el Olfato. Quítate de mi presencia, que no eres Gusto sino pesar si en frutas me acuerdas mi original culpa y temo que haya algún veneno en ellas. Al OLFATO Y llégate tú, que al ver lirios, rosas y azucenas no sé entre frutas y flores qué hay, que el pensar me consuela que de aquellas el veneno tendrá su antídoto en estas. Ya que en su cenit el Sol nos hiere con mayor fuerza tomemos por esta parte a mis jardines la vuelta. Guía tú, que con mis cinco sentidos yo, Gracia bella, te seguiré, repitiendo todos en voces diversas… … que en el cielo y en la tierra te bendigan, Señor, tus obras mesmas. Vanse y salen el LUCERO y la CULPA ¿Haslo escuchado? Y absorta, confusa, helada y suspensa me tendrás mientras no sé qué es lo que contra esto intentas. ¿En qué quedamos? Quedamos en que, si bien se me acuerda, el hombre llora su culpa, que Dios se conduele de ella, que le restaura a su gracia, que le hace firme promesa de venir, siendo infinita, a pagar por él la deuda, y que en fe desta esperanza él vive en gracia y tú en pena, y yo en duda hasta saber qué quieres de mí. Oye atenta. Sobre el principio de que Dios satisfaga la deuda del hombre, mis conjeturas —que aunque perdí la belleza y la gracia de ángel, no perdí de querub la ciencia— me han puesto en temor de que ha de venir cuando venga encarnado en tan intacta, en tan virginal pureza, que no la toque el contagio de la miserable herencia de hija de Adán: una zarza que se abrasa y no se quema me lo predice; un vellón que en no manchada piel tersa concibe el rocío al alba que cae llanto y sube perla me lo propone; una escala que desde el cielo a la tierra y desde la tierra al cielo subir y bajar por ella ve espíritus me lo anuncia, significando en su senda ser el que la ascienda el hombre y el Verbo el que la descienda. Estas y otras muchas sombras de que la Escritura llena está me han hecho pensar cómo formaré una idea, cómo dispondré una industria en quien hacer experiencia de cómo he de cautelarme para que cuando suceda venir a pagar por él le halle tan de otra manera prevaricado que no le conozca ni le crea, de suerte que haya quien diga que vino al mundo y las mesmas gentes que crió no solo le admitan pero le ofendan. A este fin es el sacarle la primera diligencia del regazo de la gracia; a cuyo efecto —ahora entras tú— de ti me valgo, pues para que la gracia pierda el que intervenga la culpa en su precipicio es deuda. La industria y la idea que dije —aquí no te me diviertas— en una fábula intento fundarla que, para prueba de que es tuya y mía, no obsta ser fabulosa materia; demás de que cuando haya a quien disuene nos queda en la autoridad de Pablo abonada la respuesta cuando diga que a su gremio vendrán gentes tan perversas que las más puras verdades en fábulas se conviertan. Y pues para una fingida o representable scena la retórica nos da alegórica licencia, no sin propiedad la fundo en las diabólicas ciencias tuyas, pues de encantadora, de mágica y hechicera te dan nombre los venenos de tu voz y tu belleza. David dijo de ellos que era tan grande su fuerza que hacía de los hombres brutos, y sobre David, que sea —Ambrosio dirá— tu voz la de la incauta sirena cuando «voluntad del siglo» te llame y ser te prevenga música adulación que para dar muerte deleitas. La misma Sabiduría en sus Proverbios asienta el ser falaz la hermosura; y pues la latina lengua me da lo falaz a tiempo que es mi ira quien te alienta, de mi ira y tu falacia componte tú el nombre y sea la fábula que sigamos de falaz y ira compuesta la de Falerina cuando de estas montañas la hiena, la Caribdis destos mares y la Esfinge destas selvas, de faleira en Falerina bárbaro el vulgo convierta tu nombre; y pues se convienen ya con el nombre las señas, convéngante las traiciones, los engaños, las cautelas, los hechizos, los encantos y las sañas; de manera que del jardín de la Gracia salga el Hombre donde vea que el jardín de Falerina en otro estado le alberga. ¿Nada me respondes? No, que no quiero que me debas palabras hoy, sino obras. ¿Cómo? De aquesta manera: Canta ¡Oh tú, que por el oído el corazón avenenas y monstruo de los palacios matas con lo que recreas! ¡Lisonja! Sale ¿Qué es lo que mandas? Luego lo sabrás, espera. Canta ¡Áspid del siglo encubierto en caducas flores bellas que al tacto que las elige le pagas con que le muerdas! ¡Lascivia! Sale ¿Qué es lo que quieres? Solamente que me atiendas. Canta ¡Tú que con la vista matas y ser basilisco aprecias criando propia ponzoña solo de la dicha ajena! ¡Envidia! Sale ¿Por qué me invocas? Aguarda. ¿Qué es lo que intentas? canta ¡Tú que víbora nociva traes el tósigo en la lengua, pues halagando el oído al más dormido despiertas! ¡Murmuración! Sale ¿Qué pretendes? Que calles. Si yo pudiera no fuera murmuración. El que ahora calles es fuerza. Canta ¡Oh tú, Gula, que insaciable de manjares avarienta al paladar rindes cultos y del cielo no te acuerdas! Sale ¿En qué te sirvo? Las cinco me seguid, que en una empresa os he menester. Si eres la Culpa en común, ¿no es fuerza el que en particular todas estemos a tu obediencia? Guía, que ya te seguimos. Venid. Tú, Lucero, espera siempre a la mira: verás si soy o no soy aquella meretriz que sobre el fiero monstruo de siete cabezas brinda con dorada copa de sangre de áspides llena. Y aunque veas que con cinco culpas voy a triunfar della, cabal el número va, que yo he de regir la sexta rienda suya y dejar libre la setena a tu obediencia, pues tu soberbia no tiene quien le tire de la rienda. Vanse ella y los vicios ¡Oh, si ya que no es posible que yo consolarme pueda, lo fuese el poder vengarme de los sustos que me cuesta el ver en felicidades al Hombre! Que aunque hay quien sienta que son padecer y ver padecer una ansia mesma, es tan al contrario en mí que el dolor que me atormenta no tiene otro alivio más que el ver que otros le padezcan; y más cuando tan gozoso veo que a sombra se sienta en el jardín de la Gracia de un dosel que al verle tiembla el corazón siempre que perspicaz mi vista entra por resquicios de delicias a ver abismos de penas. Iré de su vista huyendo, de voces que otra vez suenan sin ser otras… ¿Hasta cuándo del Criador las excelencias han de durar en sus laudes sin que a repetirme vuelvan…? En el cielo y en la tierra te bendigan, Señor, tus obras mesmas. Aquí puedes a la sombra de esta hermosa copa bella desquitar en los jardines las fatigas de la selva. Vase el LUCERO , y descúbrese el tercero carro del árbol sin sierpe y la GRACIA , el HOMBRE y los sentidos se sientan a sombra de él GRACIA ¿Qué fatigas, si contigo no hay estancia que no sea descanso y consuelo? Bien que, si es posible que crezcan, es cuando a la sombra deste árbol defiende en la siesta las sañas del sol, y más si advierto que su corteza en lo vegetable escribe de sus arrugadas quiebras algún gran misterio, pues de tres especies compuestas, de una parte es cedro y de otra ciprés, de otra palma: señas que me dan que discurrir que algún enigma contenga. Tú lo sabrás algún día cuando venturoso sepas que el cedro en lo incorruptible dice duración eterna; la palma, triunfo glorioso; y el ciprés, muerte funesta. Y no para aquí si adviertes que esas mal formadas letras también en tres lenguas hablan, griega, latina y hebrea. Y pues de su enigma aguardas que el velo corra y se vean, desmarañando las nubes, desvaneciendo las nieblas, sus claras luces que hoy andan en altas sombras envueltas, en la paz de los sentidos que te hallas persevera, que no tiene la esperanza mérito sin la paciencia. Si el uso dellos es quien me ha de dar su inteligencia, no ceséis en la alabanza de Dios; mudad tono y letra y proseguid con sus laudes. Justo es que en tu obediencia se vea que a los sentidos la voluntad los gobierna. Pues ya que hemos de mudar letra y tono, ¿que se vea no será justo también que tienen las voces nuestras en los méritos del Hombre parte? ¿Cómo? Haciendo que ellas con nosotros de nosotros se complazcan en sí mesmas, diciendo tal vez… Canta la CULPA dentro y responden los cinco sentidos A mi brindis, sentidos, venid, volad, corred. Venid, volad, corred. Y veréis que el licor desta copa apaga la sed. Apaga la sed. Del oler, del gustar, del tocar, del oír y del ver. Oíd: ¿qué dulces voces son las que se oyen responder anticipadas del eco antes que las pronunciéis? ¡Oh, nunca lo sepan! No percibimos más de que al ir a hablar de nosotros con nosotros hablan. Pues ¿cúyas serán, que han podido mis sentidos suspender? Vuelve a tu descanso y no lo solicites saber. ¿Cómo no? Vista, a esos montes te dilata y di qué ves. En la fiera de sus fieras, que ya se sabe que es la hidra, veo que triunfante viene una hermosa mujer acompañada de otras. Sin duda dar a entender en metáfora de libro de caballería que es alguna mágica intenta. ¡Qué diera yo por no ser Olfato al verla venir en tan fiero palafrén! ¿Oído? ¿Qué es lo que quieres? Aplícate tú porque sepamos qué dice. Todos con el Oído atended. Mira, Hombre, que está la Gracia viendo si obras mal o bien. Ábrese el cuarto carro, que será peñasco, y salen dél la CULPA en la hidra de siete cabezas; las cinco de muje-res que hacen las cinco culpas traerán unas colonias en las manos que vendrán pendientes de las cinco cabezas; la otra traerá la CULPA y la principal cabeza sin colonia; y así mesmo en la otra mano de la rienda traerá la CULPA una copa dorada donde a sus tiempos saltará un áspid; y canta ella y repiten todas A mi brindis, sentidos, venid, volad, corred. Venid, volad, corred. Y veréis que el licor desta copa apaga la sed. Apaga la sed. Del oler. Del oler. Del gustar. Del gustar. Del tocar. Del tocar. Del oír. Del oír. Y del ver. Y del ver. ¡Qué música y qué hermosura! Ni la veáis ni escuchéis. ¿Por qué, si süave dice desmintiendo lo cruel…? Repiten esto todos menos la GRACIA A mi brindis, sentidos, venid, volad, corred, y veréis que el licor desta copa apaga la sed del oler, del gustar, del tocar, del oír y del ver. Ni la escuchéis ni veáis, vuelvo a deciros. ¿Por qué? Porque a ese mortal pestífero brindis hacer la razón es dejarla de hacer. Canta la CULPA sin moverse más que lo que baste a dejarse ver Cuenta Esdras que en un emblema preguntó al mundo una vez qué era la cosa más fuerte de cuanto se hallaba en él. Uno dijo que el león, de todos los brutos rey; otro, el hombre que al león prende en cautelosa red; la mujer, prosiguió otro, fundado en que es ella quien vence al hombre que venció al león con su poder; a que otro añadió que el vino era lo más fuerte, pues si la mujer vence al hombre, él al hombre y la mujer. Luego la cosa más fuerte del mundo vengo yo a ser, pues de la mujer y el vino jeroglífico me veis. Y así, venid, volad, corred, y veréis que el licor desta copa… … apaga la sed. El agrado de mi voz, de mi hermosura el desdén, el agrio al azar destila y a esotras flores la miel. Volad, corred. Baja al tablado el GUSTO ¿Miel dijo? Ya el Gusto viene a tu voz; prosigue pues. Canta Alambicados aromas en su néctar beberéis porque siempre al paladar vecino el Olfato esté. Volad, corred. Baja el OLFATO ¿Aromas hay? Ya el Olfato tras tu voz viene también. Canta Si tras la bebida el sueño os perturbare tendréis la nieve que os dé en holandas del ampo hilada la tez. Volad, corred. ¿Pues qué esperan mis delicias? Baja LASCIVIA Ya el Tacto tu triunfo fue. Que el placer os agüe el llanto aquí no temáis, porque aun una lágrima sola no ha de costar el placer. Volad, corred. ¿Qué aguarda el Oído donde todo lisonja ha de ser? Baja Canta Tan igual será la dicha que todos en mí logréis que en materia de envidiar la Vista aun no tenga qué. Volad, corred. Si he de adquirir cuanto vea, ¿qué aguardo? ¡Tras ella iré! Baja Ya de los cinco sentidos seguida, Culpa, te ves. Pues porque el Hombre a cobrarlos venga, prosiga el tropel de nuestra música. Todos diremos juntos con él: A mi brindis, sentidos, venid, volad, corred, y veréis que el licor desta copa apaga la sed del oler, del gustar, del tocar, del oír y del ver. Con esta repetición se bajan todos del carro donde salió la hidra, y bajan del suyo la GRACIA y el HOMBRE ¿Dónde vas? Tan sin sentidos estoy que apenas lo sé. Detente. ¿Cómo es posible no seguirlos? Como es mejor si te escandalizan tus ojos sacarlos que dejarte escandalizar. Esa es piedad muy cruel. Mira… ¡Aparta! Advierte… En vano me procuras detener, que aquella hermosura, aquella sonora música, aquel prodigio de avasallar tanta indómita altivez me arrastra tras mis sentidos. Mira que es una cruel falaz hija de la ira. Y aun por eso es menester acudir a restaurarlos. Quita, que después vendré a buscarte. ¿Y de qué sabes si hallarme podrás después? ¿Por qué no? Porque la Gracia es más fácil de perder que de cobrar. ¿Cómo? Como puede el que quiebra la ley perderme por sí y sin Dios, no hallarme por sí sin Él. Si mis sentidos me llevan tras sí, ¿qué puedo yo hacer? No irte tú tras tus sentidos sino obligarlos a que ellos se vengan tras ti, que para eso el hombre es rey de todo el pequeño mundo de sí mismo. Dices bien: piérdanse ellos y yo no, pues cuando… Dentro Ven, Hombre, ven donde todo es contento, alegría, agrado, festejo, solaz y placer. ¿«Donde todo es contento, alegría, agrado, festejo, solaz y placer»? Perdona, que estos acentos me arrastran segunda vez. ¿Quién puede hacer que ellos puedan tu alto espíritu mover más que mis suspiros? Sale Yo. ¿Pues cómo, equívoco infiel de la ira y la falacia, si conmigo al Hombre ves a él te atreves? Como siempre que afecto a mi afecto esté no me puedes tú cerrar la entrada que me da él. Sí, mas podré suspenderle porque libre siga a quien le dictare su albedrío. ¿Te vas? No. ¿Pues eso qué es? Que temas no dé la Gracia atrás los pasos que dé hacia delante la Culpa; que ella y yo no puede ser que estemos contigo iguales. Dónde me incline no sé. Donde todo es contento, alegría, agrado, festejo, solaz y placer. Mortal, no ese dulce engaño te detenga; tras mí ven. Sí haré, que ese llanto imán es del alma. Bien se ve que estás ciego. ¿En qué? En que vas baldonado de tu ser adonde mortal te llama. ¿No es piedad de amante fiel si tú de lo que es le olvidas acordarle yo lo que es? Dices bien, y pues mortal soy, la Gracia seguiré. Eso es serlo ahora pudiendo dejarlo para después. También dices bien tú. El tiempo no da fianzas de que ha de esperar. Canta ¡Ay de ti, si sus desengaños crees! ¡Si no los crees, ay de ti! Llora ¿De qué calmado bajel se oyó ser música y llanto la rémora de sus pies? Breve es tu ser, no malogres lo florido de tu ser. No por deleitar lo breve lo eterno pierdas. ¿Qué haré? Seguirme a mí. Ya te sigo; mas la senda tuya aunque ha poco que era de rosas ya se ha escabroseado, pues toda es de abrojos y espinas. Pues sigue estotra. Sí haré, pues por la que tú me llevas ya es otro nuevo vergel. Llorando la GRACIA y así lo que se sigue Sí, pero contiene el áspid entre el jazmín y el clavel. El encanto de mi voz se le sabrá adormecer. Entre estas espinas llora la aurora su rosicler. Y entre estas flores el alba ríe el que llorar la ve. Aquí el pesar no es pesar, pues será gozo después. Aquí el placer desde luego empieza siendo placer. Lo cruel quizá es piedad. Lo cruel siempre es cruel. Al desdén sigue el favor. Bueno es favor sin desdén. No la sigas. No la veas. Y ven tras mí. Tras mí ven… … donde todo es contento, alegría, agrado, festejo, solaz y placer. En fin, ¿en qué te resuelves? A ir, pues me dais a escoger, adonde están mis sentidos tan solazados, porque ¡fuera muy necio en dejar lo que es por lo que ha de ser! Guía pues que ya te sigo; tú perdona… ¿Mas con quién hablo? ¿Qué se hizo la Gracia? Vase la GRACIA Sin ser sentida se fue, pero no te desconsuele su ausencia; alégrete el ver desde aquí de mis jardines ya el florido abril en quien hallarás tan bien hallados tus sentidos que me des las gracias, pues con mis damas, cada una admitiendo aquel que la festeja, en alegre festín se dan parabién de que te vengas tras ellos. Pues di que no me le den si no es de venir contigo, que entonces caerá más bien. Ven, Hombre, ven donde todo es contento, alegría, agrado, festejo, solaz y placer. Salen cantando y bailando los cinco sentidos y los cinco vicios Canta Ven adonde veas cuán feliz goza el Oído favores de la Lisonja. Canta Ven adonde mires cuánto rendido está el Tacto al incendio de su sentido. Canta Ven adonde la fama, que es el buen olor, vuelve en humo al Olfato la Murmuración. Canta Ven adonde felice logra la Vista tal favor que no tiene qué hacer la Envidia. Canta Ven, verás de la Gula cuánto tributo a pedir de boca le sirve el Gusto. Y pues te debemos gozar tanto bien, ven, Hombre… No más, parad, suspended el baile porque quiero que me dejéis a mí halagüeña con él lo alegre del festín. Aparte Esto es que al retirarse la Gracia hacer le vi no sé qué acción de echarla menos; y siendo así, porque ningún acuerdo della tenga, añadir fuego al fuego me importa.) Vosotras repetid mis cláusulas finales para que beba aquí más dorado el veneno de mi traidor ardid. Canta Breve animado mundo, desde el día feliz que tu primera patria te desterró de sí, de ti compadecida… Aún más iba a decir, pero mejor será que lo digan por mí en sonrosadas voces… … de callado carmín lágrimas ciento a ciento, suspiros mil a mil. De ti compadecida —digo otra vez— me vi obligada a ampararte, cuyo afecto impedir pudo quien te albergó, conque envidiosa a fin de sacarte de aquel aunque ameno jardín no jardín deleitoso… … nos mandó prevenir a luces de otro Sol, rayos de otro cenit. Y para que mejor pudiese conseguir, apartándote de otra beldad, atraerte a mí, quise que desde luego me vieses discurrir como deidad que soy de todo este confín, sobre el más fiero monstruo… … de cuantos hasta aquí al soberano yugo doblaron la cerviz. Ufanos tus sentidos, digan si les cumplí aquella liberal palabra que les di a efecto de que sean terceros para unir a tu espíritu noble mi espíritu gentil, siendo de nuestras bodas… … todo ese azul viril dosel de rosicler, tálamo de zafir. Y hasta entonces conmigo goza deste país donde dichoso vivas sin llegarte a afligir memorias de otro dueño que sabrán divertir en fuentes el cristal, en flores el matiz, pues todo primavera… … el año será aquí, sin que de doce meses sepas más que el abril. Canta Ese campo lo diga, cuya menor raíz da en hojas de esmeralda claveles de rubí. Aroma es de coral cada flor carmesí, zafiro cada lirio, oro cada alhelí, siendo de cada aurora… … perla cada jazmín que se engendró al llorar y se cuajó al reír. U dígalo ese alcázar que labró para ti arquitecto el amor, en cuyo camarín son el bronce y el jaspe el material más vil, pues de pórfido y oro contienen entre sí columnas y dinteles… … razón de competir cuál desangró más venas, el Catay o el Ofir. En él a todas horas tendrás, tras el festín, poéticas academias en que puedan lucir tus ciencias, que mis damas te sabrán argüir, que no es la del ingenio la menos dulce lid, pues todas estudiosas… … las verás añadir al primor de lo bello del alma lo sutil. Y en fin, tendrás, no humano —pero mal dije «en fin», pues semi-dios conmigo eterno has de vivir mientras de colocarte no llega el tiempo— en mí un alma que te adore cuando de esposo el sí desplegar haga el iris… … para bajar por ti las hojas de esmeralda, de gualda y de carmín. Hermoso enigma en quien no sin asombro vi que hay casos en que es más el ver que el discurrir: si esas felicidades el sí esperan de mí de ser tu esposo, en vano lo intentas conseguir. aparte ¡Qué escucho! Si de humanos nos puedes convertir en divinos sentidos, ¿qué dudas? Advertid que no soy tan grosero, tan bárbaro o tan vil que sin cortés disculpa me atreviera a decir a tan bello prodigio desaire tan civil como que el sí de esposo no he de darla. Pues di: ¿con qué disculpa puedes sanearlo? Con decir que el sí de esposo, no; pero el de esclavo, sí. Arrodíllase A tus plantas rendido beso una vez y mil la estampa de tu huella, pues con solo esto fui tan feliz que no quiero pasar a más feliz. Alza del suelo, llega a mis brazos, no así estés; y ya que supo tu ingenio desmentir con dichas que gocé desdenes que temí, en fe de que te acepto la voluntad que aquí me ofrece tu albedrío, tengo de hacer por ti yo también la fineza que generosa oí usar de su laurel el rito del gentil cuando allá juran dos alianza entre sí de que ya al bien, ya al mal, en la paz o en la lid, han eternos amigos de vivir y morir. Para que sea inviolable haberla de cumplir, la ceremonia es que más los hace unir beber en una misma copa, conque hoy aquí para hacer manifiesto a todos mi sentir la he de revalidar, que aunque pueda decir alguno que ya esto se vio otra vez, no a mí usar de un mismo medio, si voy a un mismo fin me hace fuerza, que no es hurtar el repetir. Aquella copa en cuyo esférico perfil la majestad del oro, a precio de lucir grabada del cincel obedeció al buril traed, y el néctar en ella de dioses le servid. A obedecerte voy, que eso me toca a mí. Vase Claro es que lo potable, Gula, te toque a ti si vivir por beber es beber por vivir. Desde hoy con tal favor podremos presumir de inmortales. Es cierto. Sale la GULA con la copa Ya está la copa aquí. Llega y bebe. No sé cómo deba admitir tal favor. En bebiendo lo sabrás. Repetid mientras bebe aquel canto a quien ya otra vez di fuerza de entorpecer sentidos. cantan ¡Ay de ti!… ¡Ay de mí!… Abre el vaso, salta el áspid y suena terremoto … que al quedar sin sentidos… … que al quedar sin sentidos… … te queda que sentir. … me queda que sentir. ¿Qué es esto, cielos! Es cerrarse para ti su impíreo alcázar viendo derramar y infundir en todos el veneno del áspid que encubrí en mi copa. Suena terremoto ¡Qué pasmo! ¡Qué ansia! ¡Qué frenesí! ¡Qué rabia! ¡Qué ira! ¿Vista? No te acuerdes de mí, que ya ver no merezco ni aun ese azul zafir. ¿Oído? Sentir el rayo puedo, mas sin oír el trueno. ¿Olfato? ¿Qué intentas conseguir de mí, si en humo leve mi ser desvanecí! ¿Gusto? No lo es quien no le tiene para sí. ¿Tacto? Aparta, que ya es mi halagar herir. ¡Ay de ti!, que al quedar sin sentidos te queda que sentir. Huyamos de él. ¿Pues cómo rebeldes contra mí? ¿No vine tras vosotros a cobraros, decid? ¿Pues cómo es a perderos? Pregúntatelo a ti… … que al quedar sin sentidos te queda que sentir. Vanse ¡Ay de mí!, ¿«que al quedar sin sentidos, me queda que sentir»? ¿Qué insensible torpeza es la que ha entrado en mí que no permite ¡ay triste! ni hablar ni discurrir? ¡Ay de ti!, que al quedar sin sentidos te queda que sentir. ¿Qué letargo mortal este traidor motín de sentidos me deja tan sin mí mismo a mí? ¡Ay de ti!, que al quedar sin sentidos te queda que sentir. Trabado el corazón late tan sin latir que a no animar anima y vive a no vivir. ¡Ay de ti!, que al quedar sin sentidos te queda que sentir. Estatua viva soy, pues tengo ¡ay infeliz! ojos para no ver, oídos para no oír, labios para no hablar, plantas para no huir, para no tocar manos, para no discurrir memoria, entendimiento para no obrar. Así en ídolos de bronce te difinió David. Falaz sirena, incauta Esfinge, hiena vil, ¿por qué para llorar halagas con reír? Porque es lo uno atraer y lo otro es destruir. Y para que lo veas —que a nadie cegar vi para no ver desdichas— vuelve a ver el pensil que tan florido viste y verás presidir de sus ya mustias flores al caduco matiz aquel árbol de cuya infestada raíz la desdichada herencia te quedó de seguir a mi voz tus sentidos y tú a ellos; mira allí la enroscada serpiente en su tronco. ¡Ay de mí!, que al quedar sin sentidos me queda que sentir. Y pues ya nueva estatua del mágico jardín de Falerina eres, retiradle de aquí, inmoble al pie del árbol le colocad, sea allí padrón vegetativo su tronco en que escribir podréis el «Aquí yace quien murió sin morir.» ¡Ay de mí!, que al quedar sin sentidos me queda que sentir. Y por si acaso hubiere tan valiente adalid que intente de ese alcázar en su favor rendir los altos homenajes, cada una de por sí —pues texto hay que lo diga— en brutos convertid los sentidos que yo a vuestro cargo di, porque lo formidable de hacerle guarda a huir obligue a quien tuviere tan alto varonil espíritu que asalte ni aun el primer fortín de mi menor encanto. Pues estamos en ti comprometidas, fuerza es la obediencia. Id. Llévanle como por fuerza Ven, mortal. Mientras yo todo aqueste confín siembro de venenadas plantas que al más sutil contacto del pie broten abrojos. ¡Ay de mí!… … que al quedar sin sentidos te queda que sentir. No queda, pues me queda vida para pedir perdón al cielo y él se dolerá de mí al verme tan postrado. Sus voces confundid con las vuestras, no le oiga. ¡Ay de ti! ¿Cómo haber de vivir… ¡Ay de ti! … entre brutos sentidos… ¡Ay de ti! … sin ver, tocar, oler, gustar ni oír? Representan No tienes que clamar; ven pues, ven a vivir entre brutos sentidos… … sin ver, tocar, oler, gustar ni oír. Con esta repetición, cantando unos y representando otros, se van los vicios, llevando al HOMBRE por una parte, y sale la GRACIA como oyendo a lo lejos «No queda, pues me queda vida para pedir perdón al cielo y él se dolerá de mí al verme tan postrado. ¿Cómo haber de vivir entre brutos sentidos, sin ver, tocar, oler, gustar ni oír?» Gemidos del hombre son que lamentan su desgracia. ¡Oh cuánto desea la Gracia consolarle en su aflicción! Mas no son bastantes las ansias mías, si no envías, Señor, Tú aquel consuelo que tan prometido de parte del cielo le tienen las sombras de tus profecías. Y pues el mundo abreviado que tu mayor obra ha sido, de una belleza atraído, de una traición engañado, tan postrado yace en mágico vergel donde fiel su voz clama, en la mía infiero que le oigas por ver si una dicha que espero los plazos abrevia a su pena cruel. Y así ¡oh Señor que increado del nada el todo formaste y en el Hombre solo hallaste recreación a tu cuidado!, del pecado se mira al rigor impío mármol frío, tal que no vuelva a su augusto candor si no llueven las nubes al justo y el alba más bella le da su rocío. Tal la fuerza es del encanto llorando su suerte esquiva que al jardín estatua viva le sirve de fuente el llanto; si el mío tanto puede contigo, Señor, porque el rigor venza que en vida le entierra, haz que abra sus senos fecunda la tierra y que nos produzga le di al Salvador. Y pues en alegoría hoy solicita el Lucero de aquel siglo venidero ver el esperado día de quien fía cautelarse, que vea es bien yo también si a una idea nos reduces que a mí los consuelos me den en tus luces las penas que a él en sus sombras le den. Sol eres, conque me atrevo a llamarte Febo, pues Febo nombre de Sol es; y más cuando sobre Febo, si al fin llevo el concepto, te hallo en él coronado de laurel, caballero militar; pues con la cruz que es tu insignia triunfar te vio victorioso a caballo Ezequiel. Ven pues, ven tan disfrazado que esa fiera, ese león, vean en su oposición en lejos representado que el deseado día tal misterio encierra que haciendo al abismo guerra darán en él las criaturas… Dentro … gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra. Sale el LUCERO ¿«Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra»? ¿Qué voces, cielos, serán las que mi espíritu alegran tanto al oírlas? ¿Qué voces serán las que me atormentan tanto al escucharlas? ¿Qué querrán decirme sus tiernas cláusulas… ¿Qué sus discordes acentos decirme intentan… … cuando sonoras repiten: … cuando horrorosas alientan: «Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra»? Dime tú… (¿Pero el Lucero no es este?) (¿Pero no es esta la Gracia?) Huya de él y vaya a solicitar qué nueva es la que la tierra y cielo de tantos consuelos llena no solo a mí pero a toda la humana naturaleza. Vase Huyó la Gracia al mirarme, pero no es la vez primera que huye la Gracia de mí; y más cuando es consecuencia de que la Gracia se aparta ver que la Culpa se acerca. Culpa, ¿dónde vas? Sale la CULPA Sembrando voy montes, valles y selvas de venenosas cicutas y ponzoñosas adelfas porque nadie de mis cotos pasar las márgenes pueda sin mortal daño; que aunque —a tu invocación atenta— tengo al Hombre en mis jardines tan borrada y tan deshecha en él la imagen de Dios que ni respira ni alienta, convertidos sus sentidos en varias formas de fieras… —pues la Envidia al de la Vista en tigre le representa cuya piel es toda ojos; la Lisonja toda lenguas al del Oído en un vario camaleón de diversas colores, bruto en fin que solo de aire se alimenta; la Murmuración, que es quien a perder en la honra echa el buen olor de la fama, al Olfato le semeja en un león cuyo aliento daña todo cuanto encuentra; al Tacto en un torpe erizo la Lascivia, pues no llega nadie a tocarle que él mismo voluntario no se hiera; en fin, la Gula al sentido del Gusto en la voraz bestia que ásperamente cerdosa no levanta de la tierra los ojos al cielo y solo de lo inmundo se alimenta—. Conque volviendo a enlazar el discurso: aunque deshecha tengo la imagen de Dios y en guarda suya sus mesmas pasiones, con todo eso, para que nadie se atreva a llegar a restaurarla siendo su horror su defensa, voy sembrando —como dije— por montes, valles y selvas un hechizo en cada planta y un veneno en cada yerba. No en vano lo intentas, pues no sé qué voces que suenan dando a Dios en las alturas gloria y al hombre en la tierra paz tanto mis conjeturas han confundido, mis ciencias, que andan delirando sobre si el cumplimiento se acerca de aquella palabra; y más ¡ay Culpa! si consideras vestida de fiesta y gala toda la naturaleza en la más árida estancia del año; mira la tierra reverdecida a pesar de escarchas, nieves y nieblas; mira entre heladas aristas allí una blanca azucena dar en desplegadas hojas de bruñida plata tersa granos de acendrado oro sin que el cierzo a su pureza la tez empañe; una rosa allí en virgen edad tierna mira que aún no el botón roto encarnado albor obstenta; el cedro, el lirio, la palma, ciprés y plátano muestran hoy más su pompa que nunca. Y pasando de la esfera de la tierra al agua, mira cuando más sus ondas hiela que no ufanas con ser vidrios se van elevando a perlas. ¿Sierpecilla de cristal aquel arroyo no era? ¿Pues cómo al pie de un jazmín haciendo remanso deja de ser sierpe y no manchado espejo se representa? El aire mira que cuando con más ráfagas violentas arrancar suele los troncos blando inspira, suave alienta haciendo a la tarde salva de aurora a un ave que vuela tan sobre todas que juzgo ser de todas la ave reina. La esfera del fuego mira también a sola una estrella reducida, pues supliendo cuando él declina la ausencia del Sol, estrella del mar, le domina de manera favorable en sus influjos que sin padecer tormenta —con significar las ondas tribulaciones y penas— allí una nave tomando viene el puerto tan serena que libre de sus embates, de sus vaivenes esempta, juzgo que es en quien decir se oyó en las lejanas selvas: «Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra». Aguarda, que no el prodigio con que tome puerto cesa esa nave, sino en que solo un hombre salga della a tomar puerto. ¿Quién es? Aunque percibo las señas de hombre, qué hombre sea no sé. ¿Pues cómo en tus cotos entra, Culpa, sin que en tus registros a ti te conste quién sea? ¿No bastó que una mujer pasase sin saber della, sino que también un hombre tan en salvamento venga que tú le ignores? No sé qué puedo darte en respuesta sino que, pues él es solo el que de mí se reserva, no extrañes que solo él tan sin otros tome tierra que en su embarcación segura nadie le haga consecuencia. Pues antes que llegue entona tu mágica voz y sea también prisionero tuyo. Sí haré; letra y tono vuelvan: Canta la CULPA desentonada y como tartamuda Canta A mi brindis, sentidos, venid, venid, volad. (¿Quién destempla el órgano de mi voz?) Venid que la sed… (la lengua muda, balbuciente el labio, tartamudeando, me hielan voz y pecho)… satisface esta copa. ¿De qué tiemblas? De que a vista de ese asombro perdió mi encanto la fuerza. Y pues para cautelarnos de cuando el remedio venga al Hombre en el Hombre hicimos esta imaginada idea, no de vista le perdamos que algún gran misterio encierra hombre a quien no conocemos tú ni yo; y así en defensa nos pongamos: tú, Lucero, de mis jardines la puerta guarda; yo poblaré el monte de dobladas centinelas que velen toda la noche por si a su muro se acerca, y en amaneciendo el día atalaya de mí mesma sobre la copa del árbol donde está su estatua puesta registrando la campaña reconoceré la senda que toma, para saber si viene o no en busca nuestra. Bien lo dispones; y así, Falerina, ¡alerta! ¡Alerta, Lucero! Que si en su amparo viene… Si librarle intenta… … hallándonos prevenidos… … de mi saña y mi cautela… … veremos lo que consigue… … sabremos lo que aprovecha… … nave que sulca los mares segura de la tormenta;… … hombre que sin ejemplar de otro hombre toma tierra;… … y en fin qué quiere decirnos… … toda la naturaleza… … en tierra, agua, fuego y aire cuando da en su enhorabuena… … «gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en la tierra». Vanse repitiendo la música los cuatro, y salen por una parte FEBO y por otra la GRACIA escuchando Allí son las voces; justo es ir la Gracia tras ellas. Mal la tierra me recibe, pues apenas en su arena la planta pongo cuando es verdad que la pongo a penas, según que al primero paso de carámbanos cubierta al aire que le traspasa aterido el pecho tiembla. ¿Dónde podré reclinarme que algún dulce abrigo tenga mi desnudez? En mis brazos. ¡Ay Gracia divina y bella! Si quien «Gracia» dijo, dijo «María», preciso era que en los brazos de María alivio mis ansias tengan. Mas ¡ay! que al paso segundo no hay pedernal que no sea cuchillo de piedra en que la primera sangre vierta en primicias de más sangre. ¿Tú, Señor, lágrimas tiernas? Si cuantos entran al mundo sin saber a lo que entran lloran, ¿qué haré yo que sé los peligros que me esperan el día que tus lamentos me han conmovido a que venga con el nombre que me da —luz de luz— la luz febea en metáfora de Febo, donde los encantos venza de esa falaz hija de ira porque aun en sombras no tenga duda la verdad de que tú por el Hombre me ruegas, de que él llora destruido y que yo me compadezca? Y así, en esa hermosa nave —que a dos luces representa la nave del mercader y la nave de la Iglesia, pues viene de pan cargada, y si paso a la tercera la del diluvio, pues sulca del común peligro esempta— me embarqué para venir a tus dulces voces tiernas. Que mis lamentos, Señor, te traigan con la fineza que siempre a tu amor debí, no lo dudo; mas que adviertas te suplico que no fueron míos, porque si no hubieran sido primero del Hombre nunca yo los repitiera, que no interviene la Gracia sin que el Hombre se arrepienta. Y aunque Tú todo lo ves, ya que tu suma clemencia a humano modo se ajusta a obrar, para que le veas en la miseria que yace y oigas las piadosas quejas con que te clama, los ojos vuelve a la lóbrega esfera de ese encantado jardín y mira cuánto deshecha tu imagen está y cuán brutos sus sentidos cuando, emblema del pecador, con lo mismo que le halagan le atormentan. Y pues en lo racional del alma libre le queda siempre el uso al albedrío, oye cómo se lamenta: Al pie del tronco de la sierpe aparece el HOMBRE como en éxtasis, a manera de estatua, y alrededor un león, un tigre, un espín, un erizo y un camaleón Si este pasmo, este horror hacer pudiera por Dios que el cuerpo y alma le pasara aunque pudiera no lo remediara, fuera elección y no violencia fuera. Ni el interés del cielo me moviera ni el temor del infierno me obligara; solo por ser quien es le conservara cuando ni premio ni castigo hubiera. Y si el cielo y infierno en este día abiertos viera, cuya pena o cuya gloria estuviera en mí, si presumía ser voluntad de Dios que me destruya, al infierno me fuera por la mía y no entrara en el cielo sin la suya. Mira, pecador, por más que incauta la Culpa tenga encantados tus sentidos, cuánto está mi Gracia atenta a que te enternezcas tú para que yo me enternezca. Y pues ya las sombras bajan en pardos velos envueltas y tus jardines están ahora para mí no cerca, llévame donde esta noche descanse. Tiene tan yerma, tan árida y despoblada la Culpa destas riberas la playa que solo una pequeña choza desierta hay en toda su campaña. En ella, Gracia, me alberga, que por ti y contigo no hay choza que alcázar no sea. Sígueme. ¡Ay de mí! ¿Qué sientes? De abrojos está tan llena, zarzas, espinas y cardos la maraña destas selvas que sus aceradas puntas me taladran la cabeza, y si a apartarlas las manos van, las manos me penetran a tiempo que de los pies los abrojos me atraviesan también las plantas. Allí un huerto miro; en él entra para restañar la sangre. ¡Ay, que más será a verterla!, pues en él también maraña habrá quizá que me prenda. Cinco mil y más heridas todo el cuerpo me ensangrientan. Bien dijo quien dijo que no ocupan lugar las penas, pues en una noche sola caben tantas. Dentro cantan Vela. Vela. Dentro en ecos Vela. Vela. Vela. ¿Hablan con nosotros? No; repartidas centinelas son que, por dar a entender cada una que está despierta, pasan la voz de una en otra repitiendo: Alerta. Alerta. Alerta. Pues vamos, que con el día en tu jardín, Gracia bella, me hospedaré, desde donde subiendo a la copa excelsa de aquel árbol de la vida que en él sobre todo reina, siendo en la primera aurora de mí mismo centinela, reconoceré el terreno para ver por dónde pueda introducirme al jardín de esa venenosa fiera para vencer los encantos de su mágica cautela. Vela, vela. Pues me ha de costar la vida el verla a mis manos muerta… Alerta, alerta. … ¡ay, Hombre, lo que me debes! … ¡ay, Hombre, lo que me cuestas! Vanse y salen la LISONJA y la GULA cantando ¡Hola, hau, ah del jardín! ¡Hola, hau, ah de la selva! ¿Atalaya de la vida? ¿De la muerte centinela? Vela, vela. Vela en defensa del Hombre… Vela del Hombre en defensa… … y pues decir que le guardes… … es decirte que le pierdas… … alerta, alerta. De la muerte y de la vida voces en el aire suenan; ¡bien previno el que previno que yo sin sentidos sienta! ¿Qué he de hacer en tanto mal como el que me desconsuela? Vela, vela. ¿Qué más velar? Y no siendo posible que el alma duerma, ¿cómo ha de estar si no basta el estar siempre despierta? Alerta, alerta. Si alerta ha de ser, al cielo clame hasta ver si mi pena del tribunal de justicia para el de piedad apela. Vela, vela. Y pues solo en la esperanza puede estar segura y cierta… Alerta, alerta. Centinelas de la vida, de la muerte centinelas, pues decir que al Hombre guarden es decir que al Hombre pierdan, vela, vela, alerta, alerta, alerta, alerta, vela, vela. Ábrese el carro y vese la CULPA en la copa del árbol y se eleva Ya que la aurora llorando el azul manto despliega porque con cendales de oro el sol enjugue sus perlas, en la copa deste árbol, pues cátedra es de mis ciencias, trono de mi majestad y dosel de mi soberbia, del Hombre y de sus sentidos es bien triunfante me vea el peregrino del mar, que aunque mi voz enmudezca no mi espíritu acobarda; y ya que en mis lindes entra sin que yo sepa quién es, es justo que quién soy sepa; y sea quien fuere al mirarme a acercarse no se atreva a estos muros viendo cuánto en ellos su vida arriesga. Ábrese el carro del árbol donde estaba el HOMBREal principio y se ve FEBO sobre la copa del árbol y se va le-vantando y ha de haber una cruz en su remate Ya que del alba a la risa perezoso el sol despierta restituyendo colores a prados, montes y selvas, desde la copa deste árbol, pues trono es de mi clemencia, siendo como es de la Gracia el jardín que la conserva, descubriré de la Culpa las cautelosas defensas de sus mágicos encantos para lograr el vencerla. ¡Pero qué es esto que miro! ¿Cuando pensé que la senda torciera por otra parte no solo ¡cielos! se alberga en el jardín de la Gracia, mas favorecido della sobre la eminente copa también del árbol se asienta que tantas veces me dio al verle asombros y penas? ¡Pero qué digo! ¿Yo temo? ¡Ah de la escabrosa esfera de la Gracia, cuyas flores yo dejé en espinas vueltas! Peregrino de esos mares de la vida que interpretan tribulaciones, ya que tomaste en mis montes tierra, si ves cómo tengo al Hombre sin sentidos ni potencias estatua de mis jardines amarrado a la corteza del árbol cuya raíz toda su familia infesta, ¿cómo siendo como él verdadero hombre no tiemblas de mis sañas, de mis iras y a vista suya te quedas en ese jardín de donde, si otra vez la horrible bestia oprimo, podré sacarte? No podrás, incauta fiera, que a mí no puede tocarme de tus encantos la fuerza. Enmudecida tu voz lo diga al verme, y no ella solo lo diga sino todas tus mágicas ciencias, pues he de vencerlas todas al Hombre sacando de esa prisión; que el día que él llora no es justo que tú le tengas en tu poder. Mal podrás, que es infinita la deuda que en aqueste árbol contrajo cuya desdichada herencia me le dio para que yo en mis encantos le prenda. Infinito en este árbol será el mérito que pueda aplicar a lo infinito infinita recompensa. ¿Quién ha de abonarle? Yo. Si bien percibo las señas de la mala noche que has pasado en las duras breñas de mis términos, no solo bañado en sangre te muestras, herido de pies y manos, pero desnudo, depuestas las vestiduras a puros abrojos. ¿Pues en qué piensas, siendo así, fundar la paga? En aquesa sangre mesma, pues cuando más desangrado en este tronco fallezca más segura está. Pues siendo así que el satisfacerla muriendo ha de ser, estotro es el de la muerte; llega. Será escusado, que aunque este el de mi muerte sea, el de la vida es del Hombre porque en términos se vea, si en un árbol le venciste, que él en otro árbol te venza muriendo yo porque él viva. ¿Cómo? De aquesta manera: rayo es mi voz. ¡Ay de mí! Pues libre ya el Hombre queda, en tus manos, Padre mío, mi espíritu se encomienda. ¡Qué asombro! ¡Qué horror! ¡Qué espanto! Desaparecen FEBO y CULPA, huyen los animales y suena ruido de terremoto y vase la GULA ¿Qué confusión será esta que a la voz de un trueno toda nuestra gran fábrica tiembla! Baja al tablado el HOMBRE ¿De qué profundo letargo ¡cielos! el alma despierta? ¿Quién en mí me restituye? Quien guardando yo esta puerta pudo por puerta cerrada entrar sin que yo le viera a dar la muerte a la Culpa. Salen los cinco sentidos en sus trajes como luchando con los cinco vicios, cada uno con el que le toca ¡Qué ansia! ¡Qué dolor! ¡Qué pena! ¡Qué dicha! ¡Y qué gozo! ¡Tente! ¡Oye! ¡Aguarda! ¡Escucha! ¡Espera! ¡Envidia, quita! ¡Lisonja, aparta! ¡Lascivia, suelta! ¡No, Gula, a mí toques! ¡No, Murmuración, me detengas! Y pues que libres nos vemos ya de las traiciones vuestras, a nuestro dueño volvamos. ¡Que esto mi furor padezca! Van hacia donde está el HOMBRE y los vicios se retiran ¿Quién cobrando mis sentidos rompió la bruta cadena de la prisión en que estaba? ¿Quién quieres, Hombre, que sea sino el amor de la Gracia quien en tu acuerdo te vuelva? Pues cuando más me dejaste por ir siguiendo una fiera más clamé al cielo por ti; u dígalo la experiencia, pues libre tú de ese encanto ella está en su encanto muerta. ¿Qué le aseguras? Que como original culpa muera, si como culpa actual libre el derecho me queda de volverle a la prisión cada y cuando que cometa culpa mortal. Para eso dejará Cristo en su Iglesia —cuando lo que ahora es figura realidad entonces sea— dos sacramentos de muertos: contra la culpa primera el del bautismo; y después también el de penitencia contra la segunda culpa. Y para que el hombre tenga aumento de gracia, en otro de vivos, por la excelencia, aquel que «aumento de gracia» su difinición perfecta será, que esto Eucaristía significa. Qué contenga no sé. Debajo de especies de pan y vino, su mesma carne y sangre en cuerpo y alma vivo con real asistencia. Ábrese el carro del árbol de la vida y se ve FEBO en él, vestido de resurrección, con cáliz y hostia ¿Quién eso asegura? Yo, pues debajo de esta tersa blanca nube y esta copa a la de la Culpa opuesta estoy en cuerpo, alma y vida; porque si al jardín aquella le llevó de falaz ira al de la Gracia le vuelva estotra para que en todo la oposición resplandezca de que quien venció en un leño en otro leño se venza. ¿A tanto asombro de luces que a resplandores me ciegan qué oposición puede haber si no es la de las tinieblas? ¿Ni qué satisfación puedo dar yo, hermosa Gracia bella, sino a las aras postrado de aquella piedad inmensa, milagro de los milagros, grandeza de las grandezas de Dios, poner mis sentidos? Nosotros las culpas nuestras. Y nosotras una firme proposición de la enmienda. Pues en su alabanza todos decid en voces diversas: Canten la victoria cielos y tierra y con el Sol y Luna, luces y estrellas. Canten la victoria montes y selvas y con peces y aves, brutos y fieras. Canten la victoria las flores bellas a los árboles dando la enhorabuena, pues en uno vencida la Culpa queda, perdonándose en otro las faltas nuestras. Con esta repetición y al son de las chirimías se da fin al auto