Personajes LA IDOLATRÍA GOLIAT, filisteo OFNÍ, hebreo IRÁN, hebreo FINEÉS, hebreo ABIUD, hebreo SAMUEL, sacerdote hebreo TURPÍN, villano CINCO VILLANOS SEGADORES SOLDADOS, hebreos SOLDADOS, filisteos MÚSICOS LEY DE GRACIA DOS NIÑOS UN ÁNGEL Tocan cajas y trompetas y sale la Idolatría con corona de laurel, espada, plumas y bengala Desusado portento, baldón de la común naturaleza, en quien tal vez ociosa la grandeza es su falta la sobra de su augmento, desusado portento, espúreo hijo del odio y de la guerra, pasmo del fuego, asombro de la tierra, susto del mar y escándalo del viento, caos racional, pues de uno a otro elemento, el fuego tiene, para más desmayos, en tu ceño la forja de sus rayos; la tierra sus temblores, cuando en ella agobia un nuevo monte en cada huella; su breve espejo el mar, si en él te miras; su corta esfera el aire, si respiras; siendo todo, a un bostezo de tu aliento, ojeriza del alto firmamento, de quien huyen medrosas las estrellas temiendo que, a roballas o a rompellas cuando a la cumbre subes, deslustras flores y coronas nubes. Desusado portento (otra vez lo repita y otras ciento), de quien… mas ¿para qué te habla por señas mi voz, pues todas te vendrán pequeñas si ajustarlas procura al disforme embrión de tu estatura? Y así, porque tu nombre sólo asombre, callen tus señas, dígate tu nombre, valiente Goliat, a cuya fama es corto ámbito el orbe. Sale Goliat ¿Quién me llama, voz dando y cuerpo a mi confusa idea? ¿Quién quieres, di, que sea quien a la luz de pavorosa llama, que el pecho hiela, el corazón inflama, te hable en representable fantasía que no sea tu misma Idolatría? Yo soy aquella deidad a quien dio altar, culto y ara en Babilonia de Belo la adoración de una estatua. ¿No acaso allí nací, en tiempo de Abraham, un patriarca a quien, padre de creyentes, el pueblo de Israel aclama? Dar a entender que nací a oposición suya (a causa de que, si hay quien un Dios crea, quien crea muchos dioses haya), dígalo el que desde Belo de un ídolo en otro nazcan Bel, Bahalín, Bal, Belfegor, cuya primitiva infancia, haciendo la consecuencia a tantas naciones cuantas contiene el orbe, creció a multiplicidad tanta que, por el número inmenso con que me adoran extrañas gentes, la gentilidad me nombra la antonomasia de los que en su culto austeros sienten ver que, en mi alabanza, contra un Dios suyo, los míos de treinta mil dioses pasan. De esta, pues, inumerable tropa de imágenes varias, que tal vez el bronce animan, tal el oro, tal la plata, y tal el leño, la piedra o el barro (que no hay tan baja materia a quien reverente no supla el celo la falta), la que me envanece más, más me ilustra, más me exalta, es la de Dagón, por ser la que el filisteo idolatra en dos especies, mostrando que domina tierra y agua; medio cuerpo ninfa y sol, medio cuerpo pez y escama, a imitación de sirena que con sus voces encanta; bien que tal vez me perturba, me asusta y me sobresalta la etimología del nombre, porque Dagón en la hebraica lengua el trigo significa, y esto de trigo me causa no sé qué pavor, no sé qué miedo, qué horror, qué ansia; pero en vano, cuando vuelven los ojos mis confianzas a que seas, Goliat, tú el general de mis armas. Y así, en aparentes sombras de iluminados fantasmas, hoy a valerme de ti vengo con mayor instancia, porque en mi mayor empeño con mayor esfuerzo salgas. Ese pueblo de Israel, que ha tantos años que vaga peregrino y forajido por las ásperas estancias de los desiertos, habiendo llegado a las cumbres altas de Filistín, y tú en ellas defendídole la entrada con tantas vitorias como ellos lloran y tú cantas, viéndose de ti vencido en esa última batalla de los pedriscos de Afebe, y que rotas sus escuadras, desbaratadas sus huestes la fuga los desengaña, de que contra tu valor humanas fuerzas no bastan, valerse de las divinas solicita, y así traza que el arca del Testamento al ejército se traiga. Preguntarás qué arca es ésta, y diréte yo que el arca del tesoro de su Dios, que en los desiertos de Amara de los cedros de Setín labrar a Moisés le manda, su arquitectura en medidas al arte proporcionadas. Regulares sus adornos son, que oro puro la esmalta por de dentro y por de fuera, con cuatro ángulos que abrazan sus cuatro esquinas, y dos querubines, cuyas alas, volando unas y cubriendo otras los cuerpos, son basa de una corona que sobre su cúpula se levanta; su tabernáculo, como al fin tienda de campaña, portátil fue hasta llegar a Siló, donde hoy descansa. También me preguntarás ahora qué tesoro guarda, y también te diré yo que es lo primero la vara de los prodigios, que en sangre tiñó del Nilo las aguas, y la que, después de haber cubierto a Egipto de plagas, abrió las del mar Bermejo; a quien se siguen las Tablas de la Ley, que, según cree su pueblo, en la dura plancha de un mármol, buril el dedo de Dios esculpe y estampa. No aquí, pues, para el tesoro, que a vara y ley acompaña una urna del maná, que en menudos granos cuaja o bien de la aurora el llanto o bien la risa del alba, cuando en manteles de nieve, sobre mesas de esmeralda, fue el banquete de su Dios neutral sabor de viandas. Tal es el arca y tal es el tesoro a quien consagran (como en prendas de que sean sus misteriosas alhajas visos, sombras y figuras del venturo Dios que aguardan) las víctimas, los cuchillos, las súplicas y las gracias. Y como tan sólo en ella tienen toda su esperanza han dispuesto (como dije) que al ejército se traiga, porque a vista de su Dios, y en defensa de su causa, ¿qué espíritu no se anima? ¿qué corazón se acobarda? Elí, su gran sacerdote y juez, que por edad larga no puede venir con ella, a sus dos hijos la encarga, Ofní y Fineés, mas debajo de homenaje, fe y palabra de volvérsela a Siló o morir en la demanda; conque, habiendo apresurado los tránsitos de la marcha, llegará a sus reales hoy. Mira en qué empeño te hallas, supuesto que en esas sombras le creen, le adoran y aman. El día que todo un dios sale contra ti a campaña, lidiar hombres y vencer hombres ya es pequeña hazaña para ti; crezca el trofeo sin que mengüe la jactancia, pues si bien lo miras, bien lo atiendes, bien lo reparas, concurren para este triunfo amigas dos circunstancias: una es la facción que yo tengo entre esa gente ingrata a su Dios, pues desde Oreb, donde sembré mi cizaña, prendió en su pecho raíces tales que hasta hoy no se arrancan, pues idólatras hebreos desde el becerro no faltan; otra es el vaticinio de tu nombre. ¿No te llamas Goliat? ¿Decir no quiere (si nuestro idioma trasladas al suyo) transmigración? ¿Transmigración no es que pasa a captiva esclavitud una patria de otra patria? Pues ¿qué hay que temer, si en una parte Goliat dice esclava a ajena nación, y en otra tengo yo allá de mi banda espías que a mí me adulan y a su mismo Dios agravian, que en su amparo y no castigo venga? Pues es cosa clara que la voz de Sabaot y Jehová dicen, entrambas, que si es Dios de las piedades también lo es de las venganzas. Adorada beldad mía (bien dije, pues a su dama nadie con más verdad dijo el requiebro de adorada), adorada beldad mía, y de todos, con la salva de que ninguno me ofenda por más que todos te aplaudan. ¿Qué albricias te podrá dar de que esas nuevas le traigas el que, antes de oír las nuevas, ya te había dado el alma? No sólo, pues, me estremece, me atemoriza o me espanta que su Dios contra mí venga; pero me encumbra y ensalza el cuidado que le doy. Si a la descendiente raza de los nietos de Canaán, cuando pusieron escalas al cielo, envió unas voces que confundan y deshagan su fábrica, ¡cuánto más me reconoce ventajas a mí que a Nembrot, supuesto que contra Nembrot le bastan voces para que no suba y contra mí él mismo baja! Pues le obligo a que, en persona, si es verdad que se disfraza en maná, vara, arca y ley, deje de Siló el alcázar y a nuestros montes descienda, donde serán a tus plantas trofeo de mis laureles, arca, maná, ley y vara. Cajas y trompetas Apenas mañana el día… pero ¿qué trompas y cajas serán las que en su real suenan? A lo que de aquí se alcanza, a lo largo han descubierto el plaustro en que viene el arca, y así, a su primera vista, Instrumentos, músicos y grita saludan con esa salva. Oye, que entre los estruendos de las trompetas bastardas y heridos parches parece que suenan voces más blandas. Apliquemos el oído por si podemos lograrlas. Dentro cantan los del Coro 1 ¿Quién ha de ser contra nos si está con nosotros Dios? ¿Haslo escuchado? Sí, pero no lo he temido, aunque añadan a militares estruendos y sonoras consonancias popular aclamación los demás, diciendo en altas voces una vez y otra sus festivas algazaras: ¿Quién ha de ser contra nos si está con nosotros Dios? Fácil será la respuesta si allá mis voces se alargan tanto como acá las suyas: Goliat, que él solo basta contra su pueblo y su Dios cuando… pero ¿a las espaldas cajan y trompetas también no se oyen? Cajas y trompetas a la otra parte Sí, mas ¿qué extrañas el que respondan por ti tus gentes? Y, si no, aguarda, verás que dicen lo que ibas tú a decir. Atiende y calla. Segundo Coro dentro, triste, y cajas roncas ¿Quién será contra Israel si está ya su Dios con él? Mal discurres que, al contrario, la sordina destemplada y ronco el tambor, muy otro es de lo que tú pensabas; y si no, vuelve a escuchar, verás que dicen sus ansias: ¿Quién será contra Israel si está ya su Dios con él? ¿Qué será aquello? Sin duda, temiendo las amenazas de los castigos que el Dios de Israel hizo en las gitanas riberas, viendo que de él se favorecen y amparan, desesperados, algún motín contra ti levantan. Iré a atajar el peligro que tales tumultos causan en sus principios. Bien dices, que, si en ellos no se atajan desmanes del vulgo, mal, tarde o nunca se restauran. ¿No vienes conmigo? ¿Cuándo la Idolatría se aparta de ti? Contigo voy, puesto que me llevas en el alma; pero permíteme, ya que donde estás no hago falta, que en representable idea también de otro disfraz vaya a introducir en el pueblo sediciosas asechanzas, que, como a mí me halle en él su Dios y como mi maña consiga que mis parciales me sigan, no dudo que haga de favores que se esperan castigos que no se aguardan. Ve, pues, y de mí no temas que temo sus amenazas, por más que esas voces digan tan festivamente ufanas: ¿Quién ha de ser contra nos si está con nosotros Dios? Lo mismo digo, y tampoco no temas tú que te falta mi favor, por más que diga tu gente atemorizada: ¿Quién será contra Israel si está ya su Dios con él? Pues al arma, aunque unas y otras voces repitan contrarias. Pues al arma, aunque publiquen en opuestos ecos ambas: ¿Quién ha de ser contra nos… ¿Quién será contra Israel… … si está con nosotros Dios? … si está ya su Dios con él? ¿Quién será contra Israel si está ya su Dios con él? ¿Quién ha de ser contra nos si está con nosotros Dios? Con esta repetición, en que han de sonar juntos los coros, las voces, cajas y trompetas, se van los dos, y salen cantando y bailando Irán, Abiud, Turpín y otros, y luego Ofní y Fineés, a cuyo tiempo se verá en lo bajo de un carro sobre una peña el arca, en la mejor forma que se pueda imitar según los versos Ofní Amado pueblo del grande Adonaí, ya la sacra arca, que por tantos días peregrinó soberana extranjeros horizontes sin domicilio ni casa, ara ni templo, del templo, casa, domicilio y ara que halló en Siló, en favor vuestro hoy vuelve a verse en campaña; y pues aquesta fineza a Dios debéis sobre tantas, no hay sino poner en él segura la confianza. Vuestro sumo sacerdote Elí, que venir nos manda con ella, y que no volvamos sin ella a verle la cara, que arrojéis la idolatría de vosotros os encarga, pues con eso lograréis todas vuestras esperanzas. Así lo ofrecemos todos. Sino yo, a quien hacen falta las bellezas de Moab. Sino yo, en quien nunca pasan las memorias de Bahalín. En fe de que su llegada mos regocija, de baile, himnos y cánticos vaya. A nadie más que a los dos les tocan sus alabanzas. Si nos asiste el portento… Bailando … del arca del Testamento, que en un alto sacramento ha de ser el cumplimiento de la palabra de Dios, ¿quién ha de ser contra nos? Si nos asiste la bella vara invencible y con ella la süave ley de aquella urna, que en sí incluye y sella la mayor obra de Dios, ¿quién ha de ser contra nos? Trocar los puestos Cantando Nadie se asombre, ni espante, aunque se ponga delante aquel soberbio gigante que en su talle y su semblante es uno y parece dos, si está con nosotros Dios. Si en aplaudir no se yerra el tesoro que en sí encierra, digan el cielo y la tierra: Dentro ¡Arma, arma! ¡Guerra,guerra! Deshacerlos y corro Ya esta voz dice, ¡por Dios!, Cajas y trompetas ¿quién ha de ser contra nos? ¿Qué nuevo rumor es este? Dentro ¡Guerra, guerra, al arma, al arma! Sale la Idolatría Infelices israelitas, a quien la fortuna arrastra de peregrinos a esclavos con la pequeña distancia que hay de vivir en desiertos a fallecer en campañas, no esperéis de ese robusto jayán la hidrópica saña de humana sangre con que, a presentar la batalla, en formados escuadrones con dobladas tropas marcha. Para cada uno de vuestros soldados tray su arrogancia ciento y más; de suerte que, víctimas sacrificadas, podéis pensar que tenéis ya el cuchillo a la garganta. Bueno es esperar en vuestro Dios, pero él también se agrada de que se apliquen los medios que son sus segundas causas. Huid, pues, el no dudoso peligro que os amenaza, que es temeridad pedir a Dios que milagros haga cuando sin milagros quiere vuestras vidas restaurarlas avisándooslo por mí. Una rústica villana hija de estos montes soy, a quien la luz soberana, de común natural ley, obliga a que, lastimada de ver cuanto sea forzoso haber de pisar mañana en cada flor un cadáver, un sepulcro en cada planta, venga a daros el aviso, y con el aviso traza que de esclavitud o muerte os redima; ¿qué intrincada senda, qué fragoso seno o qué escabrosa maraña contiene el monte que yo no penetre? Conque es llana cosa que, entre sus malezas, quien siga de mis pisadas las huellas halle el camino que no solamente salva de tanto infalible riesgo las vidas sino las almas. Sígame, pues, quien quisiere vivir. (Si este engaño fragua, Aparte el que fíen más de mí que de su Dios, verá en clara práctica experiencia el mundo que tantas personas cuantas a la Idolatría siguieron desampararon el arca). Vase Oye, aguarda. Escucha, espera. ¿Dónde vais? Tras esa rara beldad a salvar las vidas. ¿De una idólatra villana os creéis? Pues ¿por qué no? Las villanas idólatras ¿por qué han de entrar en el uso de señoras cortesanas que hacen gala del mentir porque hacen del mentir gala? Dice bien; si su piedad nos avisa las ventajas del enemigo y previene medios para repararlas, ¿por qué no hemos de creerla? Porque astutamente incauta, como la primer serpiente, con rostro y con voz humana, quiere, siguiéndola a ella, que entréis en desconfianza de que ha de ampararnos Dios; en que no sólo declara el ser idólatra, pero idólatra que retrata a toda la idolatría. Y si esa razón no os basta, acordaos de las moabitas que halagüeñamente falsas prevaricaron al pueblo. No siempre ha de ser ingrata la hermosura; y pues no son vuestras costumbres tan santas que también venir no puedan por ellas nuestras desgracias, ¿qué nos reprendéis? Aunque es verdad, lo es con la distancia que hay de negar a ofender; y pues una vida mala enmienda una buena muerte, muera el cuerpo y no la fama. Dentro ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra! Dentro las cajas Quita, Ofní. Fineés, aparta. Cuando veis que el enemigo con todo su grueso avanza, y que rotas y deshechas las compañías de guardia a abrigarse de nosotros vienen tomando la carga, ¿dejarnos queréis? Las cajas El mismo trance con que nos disfamas es con el que nos disculpas; hermosa beldad, aguarda. Vanse Dentro A la montaña, israelitas. Hebreos, a la montaña. No solamente ellos, pero de todas nuestras escuadras grande número les sigue. Y al mirar que desamparan sus puestos, los demás vuelven cobardemente la espalda. Sino yo, que no la vuelvo ni para ir tras la zagala ni para entrar en la lid, sino para irme a mi casa, que, mal por mal, mejor es que la guerra la labranza. Vase Dentro Mueran todos. Las cajas ¡Guerra, guerra! Ninguno escape. ¡Arma, arma! Infelices de nosotros, que, ya toda la vanguardia rota, llega Goliat al centro de la batalla donde el arca está; ¿qué haremos? Reducir la desmandada gente y, a más no poder, cuerpo a cuerpo y cara a cara morir, que es mejor con honra que no vivir con infamia. Sale Goliat Mueran todos, con la vida ninguno escape, que hasta que el campo de Afebe se inunde de hebrea púrpura y sus varias flores no sepan que hay otros matices que el nácar, no se ha de apagar la sed de mi venenosa rabia. Sale la Idolatría en su traje primero Contra quién, si ya no queda nadie en toda la campaña, que unos en mi seguimiento y otros porque ellos les faltan todos en fuga se han puesto. Aún más hay que eso; repara que entre los varios despojos de cadáveres, de armas y de haberes que abandonan, si la vista no me engaña o las señas no me mienten, sin guarda ha quedado el arca. Que el arca ha quedado es cierto, mas no es cierto que sin guarda. Pues ¿quién en su guarda queda? Quien en su defensa basta. Y cuando él no baste, quien sacrificado a sus aras perderá mil vidas. Locos jóvenes, cuya ignorancia, si yo hubiera de temer, temiera, porque pensara que sólo un joven sin juicio pudiera emprender la hazaña de competirme a mí, en cuya imaginación la espada, que sin duda se templó en la venenosa fragua en que debió de fundirse la tijera de la Parca, suspensa ha quedado. ¿Cómo suspensa? ¿A ti pudo nada ponerte en pavor? Bien dices, y en premio de su arrogancia lleven el honor de ser Goliat el que los mata. Riñen los cuatro y caen los dos con ansias de muerte Idolatría Entre ti y tu Idolatría se partirá esa alabanza. Y entre Ofní y Fineés la gloria de morir en tal demanda. Pues logradla con morir de una vez. ¡Qué pena! ¡Qué ansia! No dirás, ¡oh padre mío!, que no cumplo mi palabra. Pelean cayendo y levantando Y yo, pues sin la arca no volveré a verte la cara. ¡Oh justo juicio de Dios! ¡Oh misteriosa enseñanza! Lo que descubres al ver… Que cuantos por su desgracia… … a la Idolatría siguieron fueron pérdida del arca. Retíranlos los soldados y luego cargan con el arca Retiradlos, y ahora ella captiva entre todos vaya al gran templo de Dagón. Y todos en voces altas decid conmigo, cantando al gran Goliat la gala. Cantado ¡Viva la gloria, viva… ¡Viva la gloria, viva… … del caudillo valiente… … del caudillo valiente… … que en culto reverente… … que en culto reverente… … de Dagón lleva en oblación festiva el arca del gran Dios de Israel captiva! … de Dagón lleva en oblación festiva el arca del gran Dios de Israel captiva! Con esta repetición, cajas y trompetas, dan vuelta al tablado, y a este tiempo suenan en el otro carro destempladas las cajas y trompetas, y música triste, y dice Samuel representando ¡Muera la gloria, muera… ¡Muera la gloria, muera… … de Israel en el día… … de Israel en el día… … que por su idolatría… … que por su idolatría… … ve de Dagón sacrílega la esfera, cautiva el arca que cobrar no espera! … ve de Dagón sacrílega la esfera, cautiva el arca que cobrar no espera! Oíd, ¿qué lamentables ecos nuestro alborozo embarazan? Esto es ser teatro el mundo de la fortuna voltaria; pues el hebreo que ayer cantó con alegres salvas, fugitivo por los montes, de donde a vernos alcanza, hoy llora fatales ruinas; y tus gentes, que lloraban ayer ventajosos riesgos, hoy gloriosos triunfos cantan. Pues si tan breve es la edad que hay de dichas a desgracias, gocemos las dichas de hoy sin temer las de mañana. Lloren ellos y cantad vosotros hasta la falda del monte en que yace el templo, diciendo ambas consonancias. Éntranse por una puerta y salen por otra ¡Viva la gloria, viva! ¡Muera la gloria, muera! Que canta lisonjera… Que llora compasiva… … el arca del gran Dios de Israel captiva. … captiva el arca que cobrar no espera. ¡Viva, viva! ¡Muera, muera! Repiten todo ambos coros Quien llora compasiva, quien canta lisonjera, el arca del gran Dios de Israel captiva, captiva el arca que cobrar no espera. Con esta repetición en la muestra entrando por una puerta y saliendo por otra, y en los carros dando vuelta al tablado, se corre en el carro 1 una cortina que ha de cubrir toda su fachada, y verse detrás de ella un retablo de altar, bien imitado de jaspes, bronces y columnas, y en su principal nicho la estatua de Dagón como dijeron los versos, medio ninfa y medio pez Ya las aceradas puertas del gran templo de Dagón están a la aclamación de nuestras voces abiertas. Ha de haber en el tablado una pira de jaspes delante del altar en que pondrán el arca Grande dios de Filistín, quien más te venera fiel el tesoro de Israel en parias te ofrece, a fin de que en la pira que fue ara de tus sacrificios dé al mundo claros indicios de su valor y su fe; de su valor, pues ganado en campal guerra le tray; de su fe, pues que no hay otro que haya a su Dios dado igual don, cuyo laurel ¿quién podrá ya de los dos dividir? Dentro «¿Quién como Dios?» Que es la empresa de Miguel. ¿Oíste una extraña voz? No. Ni nadie la oirá, ¡ay de mí!, Aparte porque ninguno es aquí espíritu sino yo. Ya el arca en la pira está. ¡Oh cuánto me desvanece lo bien que en ella parece! En un bofetón, por un lado del carro, sale sobre un nubarrón Miguel con la espada desnuda en proporción que pueda alcanzar con ella a dar en la estatua Calle el temor que me da. Pues que Dios por ministerio siempre de ángeles obró sus maravillas, bien yo, ministro de este misterio, muestro que la guarda soy de la sinagoga bella y que en las reliquias de ella obligado a su honra estoy. Y así, infausto bronce, en quien réprobo espíritu vive, segunda vez te derribe el «quién como Dios», que es bien que ante su arca postrado rindas la cerviz altiva, que donde ella está captiva no has de estar tú colocado. Da a la estatua y cay del altar a los pies de la pira donde está el arca ¡Valednos, cielos! ¿Qué ha sido? Volviendo el arca a mirar, hallamos que del altar la estatua en tierra ha caído sin llegar ninguno a ella. Aparte (Enmiende esto.) ¿Qué os espanta? Su cólera sería tanta llegando en su templo a vella, que, a fin de despedazalla, del trono se arrojaría. Vuelven la estatua a su lado Bien piensas, Idolatría, volved, pues, a colocalla, que, si se da por sentido Dagón que en su templo esté, yo le desenojaré delante de ella, teñido su adorno en sangre mañana de las víctimas que yo a él sacrifique; y pues no da hoy lugar la sombra vana de la noche, que ya va rematando con el día, quédate tú, Idolatría, de guarda en el templo y da a Dagón satisfacción de en qué le pudo ofender cumplir Goliat con ser su nombre transmigración. Vanse y los soldados A mi pesar quedaré en el templo, y la presencia de aquella alta inteligencia que sola mi vista ve, como espíritu también que representable asiste a esta gente, en quien reviste sus iras; y pues se ven en mi poder entregados a mi adoración cruel, ¿qué quieres de ellos, Miguel? Dejarlos desengañados, conque esta luz soberana al más olvidado acuerde que el fiel que peca a Dios pierde; mas no por eso le gana el infiel, que a fiel y infiel igual asiste a los dos; pero, si él está sin Dios, ¿qué importa estar Dios con él? De esta verdad sea testigo el que captivar su honor no es de Filistín favor sino de Israel castigo; conque, vengado en los dos, gima este y llore aquel: uno el que Dios falta de él, otro el que está con él Dios. ¿Qué ha de llorar ni gemir el que sin temer tu daño le mantengo yo en mi engaño? Eso es lo que ha de decir, pues veloz la noche vuela el primer albor del día. Poco a la soberbia mía tu amenaza la desvela, porque, si cuando tu obras el ministerio que he visto y que ellos no ven, resisto con mis industrias tus obras, ¿qué has de hacer? Pues ¿no bastó derribar la estatua al pie del arca de Dios en fe de que al verla la adoró, destrozalla con más fuerte golpe y que no vuelva a estar delante de ella en altar? ¿De qué suerte? Dala otra vez y cay deshecha la estatua, y desmayada la Idolatría De esta suerte. ¡Ay, infelice de mí! A esos mortales desmayos Ruido de terremoto sucedan truenos y rayos; y aún no ha de parar aquí tu ruina; esterelidades, ansias, angustias, pasiones, hambres, sedes, aflicciones, pestes y calamidades tu pueblo padecerá en merecido castigo de entenderse en Dagón trigo a la vista del maná. Desaparece con terremoto, suenan Voces dentro y sale Goliat como despavorido ¡Qué pena, qué ansia, qué horror! Cuando para dar ejemplo con el día vuelvo al templo a volver por vuestro honor, ¿qué súbito terremoto queréis, ¡oh dioses!, que deje u del orbe roto el eje u el eje del cielo roto? Según uno estremecido, según de otro ajado el velo, están la tierra y el cielo para dar un estallido. ¿Por qué, Dagón? Mas ¡qué veo! ¿Por qué, Idolatría? ¡Qué miro! Allí a él destroncado admiro, desmayada a ella allí creo. ¡Qué infausto para mí el día con tales horrores nace! Pues al ver que él se deshace desmaya la Idolatría; y aun el pueblo, pues de un modo dice en pavoroso llanto: El terremoto Dentro ¡Qué asombro! ¡Qué horror! ¡Qué espanto! No temáis, que contra todo basto yo; ¿quién, beldad, fue quien tu ídolo ultrajó? ¿Quién, di, tu sol me eclipsó? Vuelve con asombro No sé (¡ay infeliz!), no sé, pues sólo sé (¡qué dolor!) que hablar no puedo (¡qué injuria!), porque el corazón (¡qué furia!) me ha embargado (¡qué rigor!) los alientos (¡qué tormento!) y avaro de ellos (¡qué ira!) para sí se los retira al verse (¡qué sentimiento!) desamparado de mí; conque nada te diré, porque si de mí no sé, mal sabré decirte a ti que con hechos soberanos ese dios de los hebreos hace hoy con los filisteos lo que ayer con los gitanos. Dígalo, tras mis desmayos y esos destrozos, ver llenos los horizontes de truenos, El terremoto de relámpagos y rayos. Temed sus iras, temed sus plagas, pues os espera que el aire infestado hiera con pestes, con hambre y sed la tierra, cuando animales inmundos talen sus frutos, y en vez de claros tributos corran sangre los cristales de sus ríos y sus fuentes; y pues no quiere viva su arca en Filistín captiva, esgrimiendo sus ardientes armas también con nosotros, volvédsela, imaginad el cómo y con brevedad arrojadla de vosotros, que ella es la causa quizá porque (¡a mi pesar lo digo!) no sea nuestro Dagón trigo a vista de su maná. Vase Oye, espera, que hasta ver claro ese enigma, deshecho el corazón en el pecho no sé qué me da a entender; mejor que dudar dijera cerrad el templo, no entre dentro quien su estrago encuentre y diga luego allá fuera: Vase y sale de otro carro Samuel viejo venerable, vestido a lo judío ¡Muera la gloria, muera, de Israel en el día que por su idolatría ve de Dagón sacrílega la esfera, captiva el arca que cobrar no espera! ¡Oh Señor! ¡Qué investigables son tus caminos! Si fuera posible a nuestra ignorancia leer un punto de tu ciencia, qué claro hablaría, que cuantos a la corta vista nuestra son acá abajo rigores, son allá arriba clemencias. Si yo supiera explicarme, bien a decir me atreviera que permitir tus ocultos soberanos juicios, que esas divinas prendas del arca, siendo, como son, las prendas que significan la ley que has de establecer eterna cuando la fecunda intacta vara de Jesé florezca y en vivo maná las nubes pan de ángeles nos lluevan; que permitir (otra vez y otras mil a decir vuelva) tus justos juicios, que pasen esas misteriosas señas, rasgos, visos y figuras de la venida que esperan tantas veces prometida, patriarcas y profetas, a tiranas gentes, donde captivas (¡ay de mí!) y presas padezcan los improperios de sacrílegas ofensas es un decir que se está ensayando tu paciencia en las sombras para cuando la realidad las padezca; conque mirado su ultraje a luz de tu providencia, habré de acabar en gracias lo que iba empezando en quejas. Nada al acaso, Señor, se dé en Ti, todo en Ti sea misterio que el alma goce por más que el cuerpo lo sienta. Crea la fe, aunque el sentido dude; y en fe de que crea, por mí todas tus criaturas gracias te den; la primera diga el cielo: Dentro ¡Samuel viva! Eso es responder la tierra y no el cielo, equivocando mi pregunta y su respuesta. ¡Viva Samuel! Sale Irán Irán, pues ¿qué novedad es esta? (Complaciéndome con él, Aparte mi interior culto desmienta.) Habiendo llegado a Elí la triste infelice nueva de la pérdida del arca y de la muerte violenta de sus dos hijos, cayó tan desalentado en tierra que murió de la caída, conque el pueblo, al ver que queda sin su sumo sacerdote y juez, la mira en ti puesta, desde Siló a Ramatá, donde tienes tu vivienda, juez y sacerdote suyo te aclama, y para que veas que nadie más que yo mueve elección tan justa y cuerda, adelantándome a todos cuantos ya en tu busca llegan, vengo a darte… No prosigas; y tú, ¡oh pueblo!, aguarda, espera, y, antes que a mí llegues, mira desde allá mi insuficiencia. ¿Quién soy yo para que cargues en hombros de mi flaqueza tan grave peso como una república y esa llena de sospechosos achaques que a Dios de su vista ausentan? Vuelve, vuelve, sin hacerme tan peligrosa propuesta que le ofenda el aceptarla o el no aceptarla le ofenda. Nuestro juez y sacerdote has de ser, no tu modestia te excuse. Esperad, porque antes que lleguéis yo le convenza (mejor diré le asegure Aparte de mis temidas sospechas); o admite, Samuel, el cargo o que a Dios ofendes piensa. Sale Abiud ¿Por qué? Porque siendo hijo tú de las lágrimas tiernas de Ana, tu madre, y tu nombre Samuel, que se interpreta dádiva de Dios, no es bien dejar de satisfacerla. En su templo te criaste, adonde en tu edad primera tres veces te llamó Dios para darte de profeta el espíritu, conque a Elí y a sus hijos reprehendas; pues cómo el que Dios elige para juez de la suprema dignidad puede excusarse de que el pueblo haga la mesma elección que Él hizo, puesto fuera dar consecuencia a que, si ésta fuera mala, ¿no sería la otra buena? O piensa aceptar el cargo o que a Dios ofendes piensa. ¿Qué haré, Señor, que tu pueblo me arguye con tanta fuerza como ser voz tuya? Bien trocado afecto lo muestra en mí, pues la repugnancia se va pasando a obediencia; y así, creyendo el impulso que interiormente me alienta, yo, Israel, acepto el grave don de tan rara materia que pesa con lo que alivia y alivia con lo que pesa. ¡Viva Samuel! Salen algunos con fuentes, y en ellas lo que dicen los versos ¡Samuel viva! Y en gloriosa muestra pluvial ropa… … pastoral báculo… … y sacra diadema prevenid. Aquí está todo. Ya Israel, que tú me entregas y yo admito, en tu mayor conflito, tu cargo, en prueba de que el orbe del gobierno sobre dos polos se sienta, que son premios y castigos, será la causa primera que juzgue castigo y premio del que uno y otro merezca. Tú, Irán, el primero fuiste que me trujiste la nueva; tú, Abiud, el que tomaste la voz el primero en ella, y ambos los que en mi elección pusisteis más diligencia: agradecido a los dos estoy. (Sin duda me premia.) Aparte (Sin duda algún grande puesto Aparte me da). ¿Puede hacer fineza un elegido mayor que con pública experiencia dar satisfacción de que la elección, en que se empeñan otros por él, fue acertada, prudente, advertida y cuerda, desempeñando sus votos con sus juicios? No. Pues sea, ya que en aciertos y errores castigo y premio concuerdan, premio y castigo de entrambos mandar. ¿Qué? Que entrambos mueran, en castigo de haber sido los que siguieron aquella villana ilusión que dio causa a que el arca se pierda. Y en premio de que resulte en su honor el que se sepa que fue justa su elección, pues es justa mi sentencia, prendedlos. Pues antes que… … o me maten… … o me prendan, convencidos mis errores de tan no estudiada ciencia que infusa ve el corazón desmentido de la lengua, a tus pies el perdón pido, Arrodíllase con afirmada propuesta que al ídolo Bahalfagor, que fue ruina de la hebrea nación, en Moab dé al fuego. Y yo, señor, con la mesma abrasaré el de Bahalín, escollo de la fe nuestra. Arrodíllase Alzad del suelo a mis brazos, que Dios no quiere que muera el pecador, sino que viva como se arrepienta; y baste ahora que sepáis ser mi obligación primera desterrar idolatrías, contra cuya peste fiera no habrá albergue en el poblado, no habrá en la campaña tienda, gruta en el monte ni seno en la más inculta selva que mi celo no registre, que mi cuidado no inquiera, en escrutinio de cuantos ídolos fueron herencia de Israel; conque no dudo que, entregados a la hoguera que en tribunales de fe católico siglo encienda, aplaque sus iras Dios y el arca a nosotros vuelva; porque el haber permitido que el idólatra la tenga ni es que a él quiere bien ni es que a nosotros aborrezca, sino ser padre que azota al hijo que ve que yerra por enmendarle, sin que el golpe arguya que quiera más al azote que al hijo. Y así, amigos, penitencia, que él arrojará el azote si ve en nosotros la enmienda. ¡Viva el grande Samuel! ¡Viva, reine, triunfe y venza! Reine, triunfe y viva Dios, que es quien vive, triunfa y reina; y así, no a mí, sino a él, repitan las voces vuestras. Al irse a entrar, grita y música de labradores A la siega, a la siega, zagales, zagales venid, venid a la siega, que el trigo en la parva es la mesa del cielo, y mesa tan franca que a todos sustenta. Venid, venid a la siega. Oíd, ¿qué festivos acentos hacia aquella parte suenan? Labradores de Betsaida son, y a lo que ver se deja, cumpliendo la ceremonia en que el Levítico ordena dar al sacerdote, en sacras primicias, de sus cosechas fértiles haces, ¿quién duda que en el camino la nueva les cogió de tu elección y que en busca tuya vengan alegremente festivos para entregarte la ofrenda? ¡Oh, Señor, gracias os doy de que mi oblación primera sacrificio sea de trigo; quizá en alta recompensa de que en mi nombre os agrade, ya que en Dagón os ofenda! Esperemos a que lleguen. ¿Qué hay que esperar si ya llegan? Salen cantando y bailando cinco segadores y entre ellos la Idolatría de segador y Turpín en medio con unas espigas A la siega, a la siega, zagales, zagales venid, venid a la siega, que el trigo en la parva es la mesa del cielo, y mesa tan franca que a todos sustenta. Venid, venid a la siega. Segunda vez disfrazada Aparte sembrar cizañas pretenda entre este trigo, no el nuevo juez y sacerdote crea que han de poder desterrarme sus prometidas violencias. Pues que tu espada, Turpín, sólo trujo de la guerra el pomo con un tornillo y la hoja con una vuelta, con todo eso no has dejado de mejorar algo en ella, que, en efecto, la milicia es la más ilustre escuela de los hombres en la parte del estilo de la lengua; y así te habemos fiado que por todos hables. Llega y venera su persona. Llegarán, que no son bestias; pero, porque no me enturbie lo grave de su presencia, con mósicas y instromentos meted a bulla la arenga. Coro grande A la siega, a la siega, zagales, zagales venid, venid a la siega, que el trigo en la parva es la mesa del cielo, y mesa tan franca que a todos sustenta. Venid, venid a la siega. Señor, sumo sacerdote que el pueblo concha o venera, puesto que venera o concha todo es una cosa mesma, del más encogido trigo, no del que cayó en las piedras donde no prendió raíces, no del que en viciosa hierba se sufocó, ni del que se holló pisado en la senda, del más encogido trigo (otra vez a decir vuelva), que a darmos ciento por uno cayó en sazonada tierra, los betsamitas (aun antes que el bieldo aviente la era ni el trillo quebrante el grano) estas espigas presentan para que en su nombre a Dios de su parte las ofrezcas, en fe de que a merced suya arrojado nazca y crezca, deciendo porque a su ejempro otros labradores vengan: A la siega, a la siega, zagales, zagales venid, venid a la siega, que el trigo en la parva es la mesa del cielo, y mesa tan franca que a todos sustenta. Venid, venid a la siega. Cruzado largo Yo en nombre de Dios lo acepto, y porque un punto no pierda de mérito el sacrificio, en el ara de esta peña Pónelo sobre una peña a quien en altar construyo (que no será la primera vez que la peña sea altar), le pongo y, para que ejerza en todo la ceremonia como el Levítico enseña, orad, hermanos, en tanto que yo bendigo la ofrenda. Aparte Atenta me importa estar a ver qué función es esta. Cantan todos de rodillas y Samuel levanta las espigas en alto Reciba Dios de tus manos nuestro sacrificio, y sea para laude y gloria suya y para utilidad nuestra. Decid todos «Sancto, sancto», mientras que yo en alto ofrezca su hostia al cielo. Sancto, sancto, Dios de Sabaot, la tierra y el cielo llenos estén de tu majestad inmensa. Aparte ¿Qué es esto? ¡Ay de mí! Que al ver que el trigo en su mano eleva el sacerdote, he quedado absorta, muda y suspensa. Ahora, para que en el templo quede esta memoria eterna, llevaré aquestas espigas a que en sus paredes pendan. ¡Oh, Señor, qué dicha mía fuera, y de todos, si fuera su sacrificio ante el arca! Supla el afecto la ausencia con ferviente caridad, fe firme, esperanza cierta, de que nos la volveréis cuando a vuestro honor convenga. Acompañémosle todos hasta el templo. Norabuena. Sí, mas diciendo otra vez, y otras mil y otras milenta: A la siega, a la siega, zagales, zagales venid, venid a la siega, que el trigo en la parva es la mesa del cielo, y mesa tan franca que a todos sustenta. Venid, venid a la siega. Bajar dos a dos y vanse todos cantando y bailando de-lante No en vano, ¡ay de mí!, no en vano recelé siempre que aquella interpretación de trigo en Dagón era violenta. Dígalo el que, cuando halla superior inteligencia, le destruye y le aniquila, le consagra y le celebra aquí el sacerdote; pero no porque misterios tema he de darme por vencida: tras él iré hasta que vea resquicios por donde entren mis cismas en sus clemencias; mas, ¡ay de mí!, que la planta, en grillos de hielo presa, me embarga, como diciendo no pases, porque hay enmienda que ha dado a la Idolatría en los ojos con la puerta. Al entrarse, topa con Goliat Y pues pasar adelante no puedo, tome la vuelta hacia Filistín. ¿A qué? ¿A ver desdichas, a oír quejas? Y estragos, pestes y hambres, ruinas, ansias y miserias tales que me han obligado, antes que al templo la nueva estatua de Dagón lleve, por si es que le enoja el verla, a que echemos de nosotros esa arca. ¿De qué manera lo has dispuesto? Enriquecida (sea vanidad o sea miedo, o miedo y vanidad, que bien caben en mis penas, sobre miedo que la arroje, vanidad que la enriquezca); enriquecida, pues, de unas láminas de oro y, entre ellas, haciendo gala del daño y desprecio de la ofensa, tallada también en oro esa inmunda, esa perversa plaga de animales que, putrefacción de la tierra, todos los fructales talan, todas las mieses asuelan, mandé ponerla en un carro hecho a su medida mesma y, porque nadie la lleve, ni los hebreos entiendan que yo se la restituyo, mandé que en el yugo puestas dos nuevas recientes vacas, que nunca sufrido hubieran ni de la coyunda el lazo ni del pértigo la fuerza, la llevasen a su arbitrio, donde quiera y como quiera que el instinto las guiase, como fuera salir fuera de nuestros distritos; bien que, por ver dónde la llevan, la voy siguiendo a lo largo, con admiración tan nueva y tan rara como ver que a ningún poblado llega a dar vista que lo mismo que nosotros no padezca; y aun no para aquí el prodigio, transcendiendo mi advertencia a que vacas tan cerriles y no domadas no tuerzan el camino ni a una parte ni a otra, siguiendo la senda de Siló sin que declinen a diestra mano o siniestra, como si alguien las guiase. Aparte ¡Y cómo que guía! Mas ésa maravilla es que yo sola puedo ver: callarla es fuerza. Salen los cuatro segadores y Turpín Ya que con la ceremonia cumplimos, a la tarea será justo que volvamos. Gente hacia esta parte llega. Segadores son que, habiendo ido con no sé qué ofrenda de Betsaida a Ramatá, dan a sus parvas la vuelta. Mucho la curiosidad de ver hasta dónde llegan las vaquillas con el carro me ha empeñado a entrar en tierra de hebreos solo, bien que nunca está a solas mi soberbia. Con todo eso será bien… ¿Qué? Que en aquella maleza nos recatemos, supuesto que se descubre desde ella a dónde el arca camina sin que esa gente nos vea. No dices mal, allí estemos en tanto que no se pierda ella de vista. Ya que volver al afán es fuerza, aventemos esta parva porque algún turbión no venga de verano que el montón en arroyo nos convierta. Sólo en esas avenidas de que en agosto le llueva sobra al labrador el agua. En abril me sobra ella a mí. Luego, ¿bebes vino? Concedo la consecuencia. ¿Vino siendo judío? Pues, ¿quién quita al jodío que beba vino sino el tabernero según el agua le echa? Conque a las fuentes pusiesen un ramo o una carpeta se pudieran jobilar todas las demás tabernas. No os entretenga ese loco, horquillas y bieldos vengan y a aventar todos la parva. Ya que él no nos entretenga, entreténganos alguna tonadilla. Toman bieldos y hacen la acción de aventar el trigo, cantando Norabuena. ¡Qué bien se repite, qué bien se remeda, alegre el favonio, el aura risueña, en las hojas del álamo siendo trompeta del monte, clarín de la selva! ¡Qué bien se repite, qué bien se remeda, al compás el ruido que hacen el bieldo en el aire y el trillo en la tierra cuando, apartada la paja del grano, el grano se abate o la paja se vuela! ¡Qué bien se repite, qué bien se remeda, alegre el favonio, el aura risueña, en las hojas del álamo siendo trompeta del monte, clarín de la selva! Dentro ¡Qué asombro! ¡Qué pena! Aquel es otro cantar. ¿Qué novedad será esta de quejarse todos? Otra lo es más; ¿no veis una bella carreta de oro que al valle baja venciendo la cuesta? ¿Qué será aquello? ¿Quién duda, según todos se lamentan por donde quiera que pasa, y según también las señas de corona que la ilustra y de oro que la hermosea, que el arca que el filisteo llevó captiva es aquella que viene por el camino? Yo no dudo que lo sea, por haber oído decir que, mal hallados con ella, de sí arrojarla trataban. Sí, mas ¿tan sola? ¿Siquiera alguno que la guiase con ella no enviaran? Esa duda, con que no querían más que ausentarla, se absuelva. Ella es, que bien la conozco. Yo desde Siló las nuevas le llevaré a Samuel porque a recibirla venga. Vase ¿No veremos, ya que sola hacia nosotros se acerca y en todo este despoblado no hay persona que nos vea, que es lo que contiene arca de quien tantas cosas cuentan? Bien ha dicho. No ha hecho tal, que yo he oído que en sí encierra los más arcanos, más graves tesoros de la ley nuestra, y no es bien que a ellos lleguemos. Antes por la razón mesma debemos verlos, por ver lo que de ellos creer convenga. Por quererlos ver he oído que mil castigos sucedan. Todo lo has oído, en ti sin duda alguna se esmera el sentido del oído más que otro alguno. Pues llega ya a nosotros, tocar tengo yo su dorada madera descerrajándola. Yo he de ver lo que en sí encierra. Yo he de gustar su maná. Yo su fragrancia sabea apuraré, hasta saber EL ARCA DE DIOS CAUTIVA de qué aromas se alimentan sus holocaustos. Salgamos al paso. Detente, espera, que mejor es que esperemos a que en lo inculto de aquellas matas se enfrasque, porque no pase alguien que nos pueda censurar. Allí escondidos esperemos. Ello es fuerza que los siga, bien que no lo será que me convenzan. Retíranse a una parte sin dejar el tablado y sale el arca como han dicho los versos, guiada del Ángel Si cuando Israel salía del triste captiverio de Egipto, el ministerio de la asistencia mía fue ser del mar su capitán y guía, bien cuando el arca sale Va caminando poco a poco del captiverio triste de Filistín, la asiste también, pues equivale lo mismo que esta acción a aquella iguale. Y si allá en la vanguardia fui su amparo y su abrigo hasta que el enemigo picó en la retaguardia, donde mudando puesto entré de guardia, piedad será se crea que yo en custodia suya a Dios la restituya, porque mejor se vea explicado el concepto de su idea, viendo que allá ha dejado a Dagón destruido y que aquí, arrepentido el pueblo y perdonado, cobra la gracia que perdió el pecado. Conque ausentarse esquiva, mostrarse poderosa para volver piadosa, claramente motiva por qué el arca de Dios se vio captiva. Ahora podemos salir y su curso detener. Salen los cinco y ponen el arca Esto en mí no es conceder, porque es en Dios permitir; de guarda debo asistir, retirarme a nadie asombre, pues, aunque guarda me nombre cuidadosa y vigilante, con eso yerra delante del ángel de guarda el hombre. Yo el primero he de llegar Hace él y los demás las demonstraciones que dicen los versos a descerrajarla, pero ¡ay de mí!, pasmado muero, helado y yerto (¡qué azar!). Apenas (¡fiero pesar!) tocarla (¡qué angustia!) trato, cuando el morir no dilato. ¿Yo entumecido? ¿Por qué? Porque misterios de fe no los averigüe el tacto. Si cobarde te retiras, yo llegaré, que he de ver lo que en sí pudo esconder; mas ¡ay infeliz! ¿Qué admiras? Que en mí ejecuta más iras, pues, sin que el dolor resista, ni discurra en qué consista, ciego estoy. ¿Por qué? No sé. Porque misterios de fe no los inquiera la vista. Aunque sin tocalla y vella pudistis los dos dejalla, yo, sin vella ni tocalla, con sólo acercarme a olella, sabré los aromas de ella; mas ¡ay triste! que embriagado el sentido me ha privado de juicio. Cielos, ¿por qué? Porque es misterio de fe aun al olfato negado. Aunque algún pavor me da el pasmo que en los tres veo, le ha de vencer el deseo de gustar de su maná; mas ¡ay! que al decirlo está trabada la lengua ¡oh susto mortal!, ¡oh dolor injusto!, balbuciente yo, ¿por qué? Porque misterios de fe no los examina el gusto. ¡Ay de mí! Aterido muero. ¡Ay de mí! Que ciego voy. ¡Ay de mí! Sin juicio estoy. ¡Ay de mí! Que hablar no espero. ¿No os advertí yo primero los asombros que había oído de esa arca? ¿Por qué eximido tú quedas de ellos? Porque en los misterios de fe sólo se salva el oído. Sale la Idolatría deteniendo a Goliat ¿Dónde vas? Habiendo estado siempre a la mira y habiendo visto que los betsamitas el arca paran, intento averiguar a qué fin. Tu riesgo teme (el que temo Aparte dijera mejor, mirando allí a Miguel). Nada arriesgo el día que voy conmigo. Villanos, ¿qué atrevimiento es que cuando de mí arrojo esa arca yo, con deseo de que se aparte de mí lo más aprisa y más lejos, Huyen de él cada uno en la acción de su mal vosotros la detengáis? ¿No me respondéis? Si es miedo de verme, yo os lo perdono, que es culto de los soberbios el ser temidos. Aparte Aquí el mirarme a mí suspenso a todos suspenda. ¿Aún no habláis? Llega tú. No puedo, no puedo porque, impedido, inmoble, pasmado y yerto, el sentido de sentir me tiene sin sentimiento. Mira tú. ¿Qué he de mirar si por mirar estoy ciego? Tú dime. Mal podré yo, que sin discurso ni acuerdo vivo desde que el olfato me turbó el entendimiento. Habla tú; ¿sólo por señas respondes? Sí, porque siendo la lengua del paladar el principal instrumento, padece achaques del gusto, a cuya causa enmudezco. Ya no hay otro que lo diga sino tú; dime ¿qué es esto? Esto es honestar castigos ese perdido respeto, viendo lo que otros padecen en lo que padecen estos: tocar, ver, oler, gustar lo que en sí incluye quisieron, conque el singular sentido pasa a común escarmiento. ¿Qué escarmiento? ¡Vivo yo, villanos, viles, groseros, que a mis manos… Dentro Allí está, mirad agora si miento. Sin duda por ti lo dicen. Dentro Lleguemos todos. Dentro Lleguemos. ¿Qué importa? Llegad. De gentes se van los campos cubriendo. No te cojan aquí solo, huye Goliat. No quiero, que jamás el león huyó y si es rey de los desiertos yo también lo que hace haré, que es en ventajoso empeño irse a vista, poco a poco, retirando, mas no huyendo. Salen Samuel y todos De finojos arrojado, ante tus aras y pecho, por tierra, Señor, mil veces con blandos suspiros beso, con dulces ansias abrazo, con tiernas lágrimas riego la que imprimieron estampas de las huellas que os han vuelto a nuestros ojos. Y todos hacemos, Señor, lo mesmo. Misericordia, Señor, pues nuestro error conocemos, y que en materias de fe el oído es el rey nuestro. Esa confesión os vuelva a vuestro estado primero. ¡Qué dicha! ¡Qué bien! ¡Qué gozo! ¡Ya me falta el sufrimiento! Ni aun retirarme haré ya. ¿Qué religiosos extremos, miserables israelitas, son los que hacéis en obsequio de un arca que no cobráis pues soy yo quien os la vuelvo? ¿Aquí estás tú? ¿Qué sé yo si estoy o no estoy, mas eso de si fue pues pudo ser, qué quita o pone al concepto? ¿Qué extremos, pues, religiosos son los que en recibimiento hacéis de un arca que yo de mí arrojo con desprecio? Los que debemos hacer y aun no son los que debemos, porque a su inmenso tesoro nada es mucho y todo es menos. Porque a mí no me conozcan, Aparte habla tú, que yo te aliento. ¿Qué inmenso tesoro es más… ¿Qué inmenso tesoro es más… … que un mármol, un tronco y luego… … que un mármol, un tronco y luego… … una urna del maná que os fue llovido alimento? … una urna del maná que os fue llovido alimento? Responde, que yo te inspiro. Aparte Para hablar en loor vuestro abrid, vos, Señor, los labios. Ese puro mármol terso… Ese puro mármol terso… … vara y urna soberanas… … vara y urnas soberanas… … misterios son. … son misterios. [¿Son misterios?] ¿Qué misterios contra quien no pueda el humo del volcán que arde en mi pecho, de alto espíritu influido, borrarlos y obscurecerlos? Los que a profética luz, de más amoroso fuego y de espíritu más noble, más ilustrado y excelso que arde en el mío podrá gozar el bien de anteverlos. ¿Qué has de antever en un mármol? Grabados los diez preceptos que hoy, Ley Escrita, serán Ley de Gracia. ¿Cuándo? Eso lo dirá la Sinagoga en sus últimos alientos, cuando al expirar en brazos de la Iglesia esté diciendo: Ábrese un carro y vese en él la Iglesia, con tiara y báculo de tres cruces, y a sus pies la Sinagoga, entregándola unas tablas, como las que pintan en manos de Moisés Estas son las joyas que durante mi casamiento en el decálogo Dios me dio en dote, y pues fallezco a manos de mis desdichas su primera esposa siendo, y tú su esposa segunda vas a ser, en ti las dejo, como cláusula forzosa de mi último testamento. Yo las recibo porque el mundo conozca en esto que, símbolo de la Iglesia, esa arca contiene dentro depositados tesoros para aquel felice tiempo en que el documento antiguo ceda al nuevo documento. Cuando eso (que yo lo dudo) sea, ¿qué merecimiento tendrá una vara que, cuando mucho, será de algún seco leño cortada, teñida con sangre de sus portentos? En otro carro, un Niño de Pasión con los pasos de ella El infinito, que yo daré a otro sagrado leño teñido también en sangre, no de portentosos ceños sino antes de portentosas piedades, cuando cordero en él inmolado sea, rescate del universo. En fin, cruento sacrificio vendrás a ser cuando… Pero cruento sacrificio que el maná le hará incruento. Pues ¿qué el maná significa? Otro Niño de Gloria con hostia y cáliz en el otro carro Ese alto sacramento, prodigio de los prodigios, misterio de los misterios, fineza de las finezas y extremo de los extremos de amor, en quien yo realmente asistiré en alma y cuerpo. Mira ahora si son corridos los velos. El arca, la Iglesia. La tabla, el precepto. La vara, la cruz. El maná, el sacramento. ¿Qué esperáis que todos en dulces acentos no aplaudís que sean corridos los velos? El arca, la Iglesia. La tabla, el precepto. La vara, la cruz. El maná, el sacramento. Contra todo ese aparato de sombras, luces, bosquejos, rasgos, visos y figuras, antes que yo llegue a verlos acabaré con vosotros retándoos a campal duelo, con ley de que el que venciere (que es el más fuerte argumento de que fuese Goliat caudillo del filisteo, pues no pudiera dar ley el que no llegara a serlo), con ley, digo, de que aquel que venciere cuerpo a cuerpo lleve el pueblo del vencido esclavo del otro pueblo. Cuando eso llegue, no dudo caiga contra ti del cielo, bien como piedra arrojada del Monte del Testamento, otra piedra que derribe tu soberbia. ¿Cómo es eso de otra piedra? Que al oír sólo el nombre me estremezco; mas no por eso podrán volver atrás mis intentos, por más que al imaginarlo pasmo, lloro, gimo y tiemblo. Vase No menos yo tiemblo, gimo, lloro y pasmo a los reflejos de quien, apagada llama, en humo me desvanezco. Vase Y, aunque ya restituida a Israel el arca dejo, para velar en su guarda no me ausento aunque me ausento. Vase Ya que igual dicha gozamos y que en Siló no tenemos seguro nuestro cobrado tesoro, es bien le llevemos en casa de Aminadab, de donde en más feliz tiempo pase a la de Obededón, y de ella al glorioso templo, que Salomón lo fabrique; y aun no han de parar en esto sus triunfos, pues habrá Rey Católico en venideros siglos que el vivo Maná hospede en su Alcázar mesmo. Acompañémosla todos. Sí, pero todos diciendo, después que habíamos pedido el perdón de nuestros yerros: Venturoso el siglo que ve el cumplimiento de ser en nosotros corridos los velos: el arca, la Iglesia; la tabla, el precepto; la vara, la cruz y el maná, el sacramento.