Personajes EL VERBO EL AMOR EL HOMBRE LA JUSTICIA LA MISERICORDIA EL GÉNERO HUMANO LA DUDA LA VERDAD LA PAZ LA MISERIA LA ENVIDIA, preso LA GULA, preso EL MUNDO Salen la Justicia, la Misericordia, la Paz y la Verdad, de galanes Digo que debe morir por su culpa y su malicia, y no hay que contradecir. Pues yo espero aquí, Justicia, a la demanda salir, que Misericordia soy, y en virtud de haber llorado larga esperanza le doy. Tiene a Dios muy enojado. Por eso, Verdad, estoy yo aquí, que paces haré; que soy la paz y tendré el premio de aquesta hazaña. Ya la presumpción te engaña, piadosa Paz. Di, ¿por qué? Porque no puede faltar su palabra en Dios, y así se le debe castigar. Misericordia está aquí que a Dios le hará perdonar. ¿Por qué, si un ingrato ha sido? Y, pues quebrantó el precepto, merece ser destruido. Quien pierde a Dios el respeto, loco, necio y inadvertido, sólo por satisfacer su apetito, no merece perdón de sus culpas ver. Verdad, pues aquí se ofrece, te quiero dar a entender que, aunque está Dios enojado, en fin el hombre es su hechura. Ya perdió por el pecado la gracia, el bien, la ventura, la corona y el estado, y de justicia es forzoso se le dé al Hombre castigo como a ingrato y alevoso. Lo propio, Justicia, digo. Será misericordioso Dios, Justicia; ya está bueno. De gracia está el hombre ajeno y fundada en razón voy. Tan igual como tú soy y tanta crueldad condeno; que las hojas de mi oliva, en quien su esperanza estriba, siempre verdes las verán todos los hijos de Adán con fe y esperanza viva. Pues bien sabes que el acero de los filos de mi espada siempre está limpio y entero. Yo, palabra por Dios dada, eterna la considero. Tú verás, Verdad, que vengo a hacer las paces con Dios. Yo aquesta verdad mantengo. ¡Qué necias andáis las dos!, y yo, ¡qué paciencia tengo! ¿Por qué, si ha de castigar, tiene Dios misericordia? Y si no ha de perdonar cualquier desgracia u discordia, ¿cómo tiene de mostrar ser Dios y que reine en mí un atributo tan grande? Si no hace justicia aquí Dios del hombre, ¿es bien que ande siempre ofendiéndole ansí? Si en mí tiene su Justicia, ¿por qué no ha de castigar a quien en pecar se envicia, pues que pudo reparar en el pecado y malicia? Si Dios al Hombre crïara sin gracia ni entendimiento, no me espanto que pecara, y por no tener talento su culpa le perdonara; mas si fue en gracia crïado con ciencia infusa, ¿por qué así se arrojó al pecado? Yo no defiendo que fue cortés ni considerado, sino que no ha de faltar la misericordia en Dios. Todo en paz vendrá a parar. Justicia y verdad son dos que no se pueden negar. Sale el Hombre, vestido de hojas ¿Adónde me esconderé, que no hay en Cielos ni en Tierra lugar que, como criador, a Dios patente no sea? ¿En qué cumbre del Olimpo, en qué lóbrega caverna, qué mares iré surcando, en qué montaña haré cueva? ¡Ay de mí, no estoy seguro! Cuanto veo me amedrenta: las plantas, hojas y ramas parece que me vocean y con animales y aves me dicen: «Mira que cerca viene de Dios el castigo, que ha sido grande la ofensa». Mas, ¡ay, que he dado en las manos de la Justicia y con ella está la Verdad, que nunca, aunque adelgaza, se quiebra! Mas consuélome, que está la Misericordia inmensa con la Paz; yo aquestas busco, que mi sagrado está en éstas. Aquéste es el homicida. ¡Date a prisión! Esta presa es de los dos, pues llegamos a un mismo tiempo. Quien llega antes a hacer la prisión, aquese el preso se lleva. Yo llegué. No, sino yo. Aquí no ha de haber pendencia; la prisión es de los dos. Así es la verdad; concierta la Paz muy bien estas cosas. Jurisdición sobre él tenga Misericordia y Justicia. ¡Alto! ¿Queda así? Así queda. Dinos, criatura de Dios, ¿en qué imaginas, qué piensas, que aquese pecho no rompes llamándole? Danos cuenta de tu suceso infelice. Y mira cómo lo cuentas, porque yo soy la Verdad. ¿Qué entrañas habrá que puedan? Ya sabéis, santas virtudes, como el Génesis lo cuenta, que a Luzbel de su lugar le derribó la soberbia, y porque ocupasen luego aquellas sillas que dejan los que fueron de su parte, que fue la parte tercera, me crió el Señor de nada, que a ser de algo no fuera criado, y así me hizo con el limo de la tierra. Primero que el ser me diese, para mostrar su grandeza hizo esta fábrica rica de cielos, mares y tierra, porque, siendo un caos confuso, siendo una tiniebla densa, le dividió en seis lugares donde distinto se muestra. Los bajíos dio a las aguas, a los altos dio las sierras, a los vientos su región, y el fuego subió a su esfera; y en el lugar más hermoso, en la más amable selva, a mí me crió; ¡ay de mí! Llora No llores. Di lo que resta. Diome para compañía de mi hueso y carne a Eva, tan hermosa como fácil y tan fácil como necia. Púsome Dios un precepto, y fue de que no comiera la hermosa fruta de un árbol que tanto llanto me cuesta. ¡Ay, y mi esposa ignorante, mujer al fin, sin que advierta de la serpiente el engaño, tras su apetito se lleva! Comió y yo también comí, no más de por complacerla, que, no mirando en el daño, un enamorado es bestia. Pequé, pequé y luego al punto tuve temor y vergüenza. Cubrí mis carnes con hojas, eché de ver que es afrenta, sentí notable inquietud, heladas todas las venas. El cabello se me eriza, temblaron brazos y piernas, los vientos se me atrevieron, espantáronme las fieras, de mí las aves huían, las aguas claras me cercan, hiriome el suelo descalzo, la sed y hambre me aqueja, volviose el gusto en pesar, la memoria me atormenta. Ya de mi trabajo como y todo sudor me cuesta, que quien a Dios ha ofendido en nada tiene defensa. Huyendo voy, y no puedo, porque mis pasos tropiezan con la carga del pecado, que ya traigo siempre a cuestas. Misericordia, ¿qué haré? Vete; yo te doy licencia. Yo no, sin ser castigado. Vete en paz. Con Dios te queda. Vase ¿Por qué diste al homicida libertad? Siempre que sea menester, yo le pondré, Justicia, en tus manos mesmas. Sale el Verbo ¡Misericordia amada! ¡Oh, mi Justicia! ¿qué pleito se codicia difinir las dos juntas? Bien sabemos, Señor, que aunque preguntas con modos tan süaves, que todo lo penetras y lo sabes. Verdad, querida Paz; di lo que hablaban. Que a vuestro nombre alaban las aves y animales, los angélicos coros celestiales, repitiendo tu nombre, y en todo ven desconocido al Hombre. Confïado, Señor, en tu grandeza, pasa con tal pobreza, que a todos causa llanto, tanto es ya su pesar, su dolor tanto. No es mucho se le esquive el bien mayor si en mi desgracia vive. Mirada ya la ofensa cometida, fuimos con atrevida carrera hasta los cielos, pisando siempre turquesados velos, haciendo tu mandado, y no hay quien satisfaga este pecado. Los nueve coros que en el Cielo asisten y de gracia se visten, entre gloriosas nubes visitamos; arcángeles, querubes, tronos, dominaciones, adornados de gracias y de dones, con grande admiración los visitamos; mas en ninguno hallamos quien pudiera hacer paga que a vuestra ofensa cuadre o satisfaga, porque, siendo infinita, lo que es finito ni la salva o quita. Y así digo, Señor, que el Hombre muera, porque de esta manera vos quedaréis vengado, el Padre satisfecho y castigado el ingrato homicida, pues no hay más recompensa que su vida. Que se le dé castigo es justa cosa; tu palabra es forzosa, de ella faltar no puedes. Al Hombre da castigo; porque quedes de la ofensa vengado levanta con la espada el brazo airado. Si destruyes ejércitos, ciudades, que casi de crueldades tienen tus hechos nombre, ¿cómo indeciso estás? Castiga al Hombre, que a quedar sin castigo en poco estimará ser tu enemigo. ¡Qué dura petición! Justicia mía, ¿otro medio no habría? Yo, Señor, no le siento, ya han bajado al terrestre fundamento en varias aventuras, y no han hallado en todas las criaturas persona alguna que el delito abone, que en fin se le antepone la carga del agravio, y del niño más tierno hasta el más sabio, discreto y elegante no es a la paga que pedís bastante. Poderoso Señor de Cielo y Tierra, siempre mi pecho encierra deseo de hacer paces, pues sé que con la paz tanto te aplaces; no estés tan riguroso, mira al pobre deudor menesteroso. Si en los Cielos y Tierra es imposible hallar a tan terrible agravio recompensa, el Hombre muera, ¡muera!, que la ofensa es grande y así quiero que muera al punto. En tu palabra espero. ¿Por qué se ha de quedar sin el castigo un bárbaro enemigo a quien hice heredero y me ofendió con término grosero? ¿No le hice señor de cuanto había? ¿Imperio y monarquía no le di sobre todo? Pues, ¿por qué me ha ofendido? De ese modo la sentencia está dada. Yo te daré mi oliva. Yo mi espada. Si el maná en el desierto te enviaba cuando el alba mostraba crepúsculos al día y a cuanto tú gustabas te sabía, muy ingrato has andado; mereces con razón ser castigado. Si en la noche más lóbrega y obscura te daba de luz pura una columna hermosa de fulminantes rayos luminosa, y para el sol del día de pardas nubes pabellón te hacía; si el mar Bermejo dividir me viste, donde pasar pudiste sus aguas a pie enjuto, pagando Faraón triste tributo, y en su curso ligero los anegué a caballo y caballero; si de la esclavitud del enemigo, donde el mayor abrigo era tirar de un carro, haciendo adobes y pisando barro, te he sacado, ¿a qué efecto me ofendiste, perdiéndome el respeto? Digo que estando de mi gracia ajeno, al hombre le condeno a muerte, que ansí paga. Digo, Señor, que muera; satisfaga la ofensa cometida. Pagar debe el delito con la vida. Tocan un clarín ¿Qué clarín es aqueste que da al viento su voz? Ya de contento no quepo, Paz amiga. Armado y galán viene. ¿Qué le obliga? Un hecho peregrino. En tu presencia está el Amor Divino. Tocan, y sale el Amor Divino por la plaza a caballo Señor de Cielos y Tierra, del Padre divino Verbo, sustancia de su sustancia y como Él ab eterno; Señor sin principio y fin, en quien juntamente vemos misericordia y justicia, verdad y paz en un tiempo. Si misericordia en ti tan atributo la vemos como la justicia, dime ¿por qué te muestras severo? Verdad es que pecó el Hombre, mas ha de hallar en tu pecho como trïaca clemencia, hacienda como heredero. Condenado le has a muerte; no pienso pasar por ello, que soy tu Divino Amor, y tanto como tú puedo. Al campo te desafío; sal, pues eres caballero, y así te daré a entender, Señor, la razón que tengo. Vase Espérame, Amor Divino, que contigo salir quiero. Vase Tras el Amor va el Señor; en todo seguirlos tengo. Vase Yo quiero ver en qué para desafío tan inmenso. Vase El bien del hombre se ordena, que en las señales lo veo. Vase Amor está de su parte; el Hombre tiene remedio. Vase. Sale el Hombre, vestido de pieles Montañas donde habita la fúnebre miseria y tiene aquí su lóbrega morada, que en la tristeza imita con llanto y con laceria del Infierno los cóncavos, ¿no es nada que viva desterrada la majestad del Hombre, y entre espinas y abrojos augmente sus enojos, y cuanto pisa y mira que le asombre, y con dolor de entrañas habite en estas míseras montañas? Aquí estoy desterrado, pasando tristemente la ya cansada y miserable vida, y por el bien pasado conozco el mal presente que a lágrimas eternas me convida. Bien es que a un homicida le falte en esta tierra el debido sustento, todo le dé tormento, no halle nada, todo le dé guerra, y que con triste canto secas raíces coma, beba llanto. ¡Ay, patria amada mía, adonde fui crïado por príncipe de todo conocido! Respeto me tenía el animal airado y el ave montaraz en viento o nido. Si necio y atrevido y tierno enamorado, llevado de mi gusto, rompí el precepto, es justo esté por atrevido castigado y que por mi malicia diga el pregón: «¡Aquésta es la justicia!» Sale la Miseria, de villano ¿Hombre? ¿Quién me llama? Yo, si no te causo molestia. «Hombre» no digas, di «bestia» a quien como bestia erró. ¿Cómo te va en mis montañas, entre aquestos riscos pobres, entre estas aguas salobres y encarceladas castañas? Aquí todo es trabajar, pasando con tu sudor comer el pan de dolor, todo es llanto y suspirar. Ya sé, Miseria, que aquí no hay contento, todo es llanto. ¿Cómo lo pasas? Me espanto que me lo preguntes; di, ¿adonde todo me falta puedo tener alegría? Desde que amanece el día hasta que su luz le falta, me atormenta la memoria del bien que un tiempo tenía. Toda aquesta tierra es mía, más de penas que de gloria, y si alcanzan algún bien los habitadores de ella, son de tan mísera estrella que te prometo no hay quien a nadie placer le haga aunque le vean morir, sino intentan adquirir prestando al doble la paga; si llegáis con una prenda... No quiero pasar de aquí ni ser satírico. Di, sin que el prójimo se ofenda. Aquí, en son de santidad disfrazan la hipocresía, y ni un día ni otro día remedian necesidad; buenos consejos, yo os juro que os los den por buen camino, mas lo que toca un comino... bien podéis vivir seguro. Y así os digo, si podéis, aunque con tanta aspereza, viváis con vuestra pobreza y que a nadie os sujetéis, porque cuando sepan clara vuestra desdicha o pesar, solo os habréis de quedar con la vergüenza en la cara. ¡Dichoso el rico que da porque así a Dios se parece! Pues, hermano, no apetece nadie ese camino acá. Nadie quiere parecer a Dios si tiene de dar. No quieren sino guardar porque su dios es tener; y aun de haberos dicho a vos esto poco, me ha pesado, mas dígolo confiado que estamos solos los dos. Suena un clarín y música Grande ruido es aqueste: pífanos, trompas y cajas escucho, y los cielos once su cerúleo manto rasgan. Unas banderas diviso. Es que entran en la estacada Amor Divino y el Verbo, que tu remedio se traza. Dios contigo está enojado, Amor de amistades trata, que aunque aqueste es desafío, no han de llegar a las armas. Con Dios vienen por padrinos Justicia y Verdad, que aguardan que en ti el golpe se ejecute. Ya tengo confusa el alma. Apadrinando al Amor, llenas de plumas y galas, la Paz y Misericordia, que de tu parte se hallan. Tocan, y entran por una parte la Verdad, con bandera colorada o tarjeta, y la Justicia, con bastón, y detrás el Verbo; por la otra parte la Paz, con tarjeta blanca, y la Misericordia, con bastón, y detrás el Amor Divino, y toman unos el un lado y el otro los otros. Amor, di: ¿cómo te atreves a ponerme tal demanda, si merece por justicia muerte el Hombre? Señor, basta, que esta guerra no ha de ser con lanzas ni con espadas, sino conforme a mi nombre, que en fin soy tu Amor. Aguarda, y di qué quieres hacer. Que con valor y eficacia, pues es tan grande en los dos, unir, si es que así lo manda, Justicia y Misericordia, porque aunque extremos se hallan, compañeras las haré. Amor, yo di mi palabra; no puede faltar. Justicia del Hombre es bien que se haga. Pues ha de ser lo que digo. Abrázale ¿Cómo conmigo te abrazas? Si ya he juntado con vos mi pecho, dadme palabra de perdonar la criatura sin que en él defecto haya; que aunque sois omnipotente... ¡Suelta, Amor! ¡Bien Amor anda! Si a hacer cosas principales la Naturaleza Humana camina, Vos que sois Dios hacedlas en la de Gracia. ¡Oh, Amor, muy grande es tu fuerza!, mas mira que está obligada mi palabra a mi Justicia, y es bien justicia se haga. Señor, si la causa fue Luzbel, no dio el Hombre causa, que persuadido pecó; y con astucias y mañas quiso borrar vuestra hechura. Amor, a mi gusto andas. No saldrás con la vitoria. Amor, no dejes que salga, porque fue engañado el Hombre. No fuera si lo mirara. Pues ¿quién a mi Padre habrá, Divino Amor, satisfaga? Pues no se halla crïatura en la angélica y humana que si tal como mi Padre en bondad o amor se hallara pudiera, siendo infinito, pagar infinita causa. Muy recio este golpe ha sido, mas no hayas miedo que caiga ni por vencido me dé, que si no se ha hallado un alma tan pura, vos lo seréis. ¿Cómo, si dones se hallan en mí de ser impasible? Encarnando en las entrañas de una virgen, y daréis con esta hazaña tan alta al Padre satisfación pagando la carne humana. ¡Oh Amor, y qué bien peleas; con esta lucha te ensalzas, con mi voluntad me vences: yo tomaré carne humana! Dame los brazos, Justicia, pues Dios se ha puesto a la paga. Todo lo puede el amor. Abrázanse Ya Misericordia abraza a la Justicia. En los dos es bien lo propio se haga. Abrázanse Señor, bastará os hagáis hombre sin que paséis tantas angustias, muerte y afrentas, que yo y Justicia alabanzas os daremos por tal hecho, digno de laurel y palma, que no es bien que padezcáis tal rigor, penas amargas, cosa que lo han de llorar los cielos, la tierra y aguas. Satisfación ha de dar con muerte, con pena y ansias al Padre Eterno. Justicia, bien sabes que Dios hallara en mí bastantes caminos, pues se entretiene y espacia siempre en la Misericordia, y pues al Hombre de nada graciosamente le hizo, bien pudo hacerle esta gracia; que no era deuda el morir si el Amor no le obligara. Vamos, amigas Virtudes, que quiero a tan alta hazaña dar principio. En fin os hice torcer de vuestra palabra. Dame los brazos, Justicia. Ya gusto que no se haga del Hombre. Paz, vos también los brazos me dad. Y el alma. Vanse ¿Cómo no me das los brazos, Hombre, di? Miseria humana, estoy de contento loco viendo que Dios por mí paga. En fin no hay pariente pobre, pues de miserias te sacan y vuelven a darte el reino que perdiste por desgracia. Mas quiero darte un consejo, y es que estando levantada tu humildad, no vuelva a ser Luzbel con soberbia tanta; no mude de condición el estado, que es villana costumbre, que en muchos vemos que les notan esta falta; que cuando próspero estés, digo que no hagas mudanza porque siempre la humildad es lo que a Dios más agrada. Repara en estas miserias de esta lóbrega montaña, y así el bien estimarás. Miseria, mucho me espantas en pensar que soy ingrato. Temo mudanza no hagas; no mudes de condición. No hayas miedo. ¿Qué me mandas? Que tengas siempre humildad y no hayas miedo que caigas. Vanse, y suena ruido de cárcel y dicen dentro ¡Ábrannos esta puerta! Aún es temprano. ¡Abra este calabozo, señor Mundo, que nos abrasan penas del profundo! Sale la Envidia, de preso, a lo valiente, cantando «No hay lugar en el Mundo donde no asista, porque en todos reina siempre la Envidia». Por otra parte sale la Gula, de preso, cantando «Ya todos los regalos me dan tristeza, porque no hay contento si no estoy llena». Señora Gula, ¿qué flor...? Allá dejo a Baltasar; epicúreo profanar quiere el Templo con rigor, cogiendo todos los vasos, dando de glotón indicio. Comer y beber es vicio. No en los banquetes escasos. Decidme, ¿por qué estáis preso? Porque no hago resistencia al ayuno y penitencia. ¿Por eso? Sólo por eso. Yo los brindo con manjares y tengo puesta la mesa. No quieren... Disculpa es esa. Y en mesas particulares procuro al brindis se haga la razón. Yo, ¿qué he de hacer? Ven, que el comer y beber al cuatro doble se paga. Vos, Envidia, ¿por qué estáis?, que es para mí confusión. Direos, Gula, la razón, pues que me la preguntáis. Quiere el Mundo que a Caín todos los hombres imiten, y unos a otros se inciten con acelerado fin. Ya viven todos contentos: el más humilde ermitaño viste, alegre, tosco paño, y no fundan en los vientos su esperanza; satisfecho vive el pobre, ya no lidia, porque dicen que es la envidia un pecado sin provecho. Y así, enojado conmigo, el Mundo en prisión me tiene. ¿Sabéis como preso viene del Hombre el más alto amigo? ¿Quién? La Segunda Persona del Padre, porque encarnó y humana forma tomó. Pagará, si al Hombre abona. Su amor le hizo encarnar sin tener obligación, y así viene a la prisión. ¡Pues a fe que ha de pagar!, aunque como Envidia soy me pesa del bien del Hombre. Muriendo le da renombre. Digo que espantada estoy de ver que viene a morir, pudiendo hallar otro medio. Amor buscó este remedio para que pueda vivir el Hombre. Ya es Dios humano y por el Hombre se ofrece, que por librarle padece. ¡Oh, misterio soberano! ¡Allá va un preso! ¿Por qué viene? Por enamorado. Éste es el Verbo encarnado, que ya en la tierra se ve. Sale el Verbo Desconocida criatura, ya puedes estar contenta, pues que tomo por mi cuenta paga que así te asegura. Por tu amor he descendido de mi Padre soberano. Ya por ti soy hombre humano. Sed, hidalgo, bien venido. Bien venido soy, pues vengo a ser en esta ocasión la universal redempción, que ya por mi cuenta tengo. Y agora vengo a pagar por el hombre. ¿Qué le obliga? Una amorosa fatiga, un querer, un tierno amar. La Envidia y la Gula estamos en aquesta cárcel presos por no pequeños excesos y pobremente pasamos, y así queremos que haga la razón voacé al presente. Pues, ¿qué pedís? La patente, que todo preso la paga. ¿Patente? Yo siempre estoy patente en cuanto hay crïado. Mirad si tengo cuidado, pues a todo el ser le doy. Pague voacé, si es servido, limpieza y luz. Si yo soy limpieza y luz donde estoy, ¿para qué se me ha pedido? Yo soy la misma limpieza, pues veis que soy impecable, y luz siempre viva, estable, donde conmigo hay firmeza; que no soy la luz que hallaron muerta en el templo las gentes que fueron desobedientes cuando a su patria tornaron. Mas yo quiero que veáis que os quiero satisfacer. ¿Qué queréis, Gula? Comer, pues a tanto os obligáis, que yo, Señor, no limito vuestro poder increado. Pues yo te daré un bocado que corrija tu apetito. ¿Y tú, Envidia? Si ocasión tienes, pues eres mortal, que me quites este mal que me muerde el corazón. Yo te daré, pues aplaca tu mal, no remedio ajeno a tu envidia, que es veneno: mi caridad, que es trïaca. Y así veréis como os doy de esta prisión los derechos. Ya quedamos satisfechos. Yo a hacerlo obligado estoy; y gustaré solo aquí por un rato me dejéis. En mí un esclavo tenéis; mandarme podéis. Y a mí. Vanse Ya quiere subir al monte Isaac el haz de la leña; ya la serpiente se enseña en el más alto horizonte; ya el verdadero maná le apresura mi afición; y el panal que vio Sansón patente en la mesa está; la escala que vio Jacob, florida vara en Jesé, el racimo de Caleb y la paciencia de Job; ya está Josef empozado y Jonás en la ballena. Sale el Amor Estéis, Señor, norabuena. Seas, Amor, bien llegado. ¿Cómo en la prisión os va? Bien, pues con gusto la tengo. Tú, Amor, ¿a qué vienes? Vengo a deciros que, pues ya os consta ver la pobreza con que el Hombre vive y pasa, pues no es vuestra mano escasa, si es la inefable riqueza que alimentos le dejéis como a propincuo heredero. Pues, ¿qué quieres? Señor, quiero que acá en la Tierra os quedéis para sustento del Hombre, porque vivir sin comer ya veis que no puede ser, y es darle eterno renombre. Dime cómo. En las especies de pan y vino. Ya escucho tu razón, y gusto mucho que tanto a mi hechura precies. Carne y sangre, en pan y vino, para divino sustento le habéis de dar. Soy contento. ¿Quieres más, Amor Divino? Mira si puedo hacer más, pues ya en la prisión me tienes. Mas di, ¿a conocer no vienes, ya que de su parte estás, que si hago aquesta grandeza reparando su desgracia, queda el Hombre Dios por Gracia, cual yo por Naturaleza? Pues, Señor, yo aquesto quiero: que os deis al alma en manjar. No te quiero replicar; si tú lo quieres, yo quiero. ¿Hay más que pedir? Ya sé que al Hombre sacáis de pena. Amor, pide, manda, ordena; cuanto quisieres haré. Toma un instrumento y ya canta aquesta redempción. Es muy propio en la prisión cantar el que preso está. Canta «Sirvió Jacob siete años al padre de Raquel, serrana bella, y resistiendo engaños, a Dalida Sansón, porque atropella amor las sinrazones, echando al corazón tiernas prisiones». Bien dices, que al corazón echa amor tiernas prisiones. Salen la Justicia, con vara, y el Género Humano Suplícote nos perdones Señor, en esta ocasión. Pues bien, Justicia, ¿qué quieres? Notificar la sentencia. Aquí no hay sino paciencia. Como por tu gusto mueres, divino Señor, no es mucho ser en aquesta ocasión la universal redempción Leedla, que ya os escucho. Lee «Nos, el Padre Eterno, y su divina Justicia, atento la culpa del Hombre, y que por ser tan grande no se halla en la naturaleza angélica ni humana quien pueda satisfacer, por ser criatura, la ofensa hecha al Criador, y que el Verbo, de su Amor obligado, salió a la fianza y paga: hallamos de condenar y condenamos a que muera afrentosamente. Notifícasele en vista y revista, sin embargo de apelación.» ¿Qué respondéis? Que no apelo, sino que quiero morir; aquesto podéis decir. ¡Alábeos la Tierra y Cielo! Vamos amigos. Tú, Amor, este misterio publica. La Humanidad queda rica. Ya es hidalgo el pecador. Quedarse Dios en el pan ha sido el mayor misterio; hoy goza el Hombre un imperio, pues tal sustento le dan. Vanse. Salen la Verdad y la Duda Digo, Verdad, que es imposible cosa y hazaña fabulosa decir que en un bocado Dios se dé al pecador. Duda, tú has dado en negar lo que ha sido de Dios ha tantos tiempos prometido. Sale el Amor Dame los brazos, ¡oh verdad cristiana!, pues tu valor allana con invencible diestra al que de Dios por émulo se muestra. ¡Ay, amigo!, ya veo en tus tiernas razones el deseo. Serena el rostro y cuéntame el camino; las lágrimas detén. Amor Divino, no importa que hagan surco en mi rostro, si hebreo, hereje y turco, naciones diferentes, me responden inhábiles que mientes, y tienen tu Santísimo Misterio por mengua y vituperio, diciendo que es mentira, que Dios no baja al pan. Esto me admira. Si con firmes razones sus argumentos a tus plantas pones, ¿cómo te niegan tantos la obediencia? Si mi rara excelencia puede humillar sus bríos y son bajar a Dios efectos míos, ¿cómo esa gente ciega tan peligroso piélago navega? Si Dios por Daniel les dijo un día, hablando en profecía, «tiempo vendrá cuando no le habéis de creer y estéis mirando, entre confuso miedo, el milagro mayor que yo hacer puedo, y éste se ha de gustar, tocar y dalle y con la fe miralle», ¿quién hay que inadvertido no tenga aqueste tiempo por venido, y, ensalzando su nombre, que Dios ni baje al pan ni se dé al Hombre? Yo, Amor Divino, lo contrario digo, y a sustentar me obligo que no es posible baje del Cielo Dios, y el humanal linaje le coma en un bocado al que la Tierra y Cielos ha crïado. A defender aquesto es bien que acuda. ¿Quién eres tú? La Duda. Ésta con su aspereza ha puesto en mil naciones tal tibieza y tanto les admira que dejan la verdad por la mentira. ¿Conoces quién es Dios? Decirte puedo que más confuso quedo, que Él sólo en sí se entiende, dice Agustín, y nadie comprehende de Dios la esencia santa, ni a tal la crïatura se levanta. Yo confieso que es todopoderoso y que con milagroso valor en todo asiste. Con la propia verdad contradijiste tu duda. ¿En qué manera puedo contradecirme, Amor? Espera; si acabas de decir que en todo asiste, ¿cómo aunque, Duda, viste verdad tan limpia y clara y que no está en el pan... Detén, repara, no digo que en el pan no asiste y todo, mas dudo yo en el modo. Pues de nuevo te informa. Dime, Divino Amor, dime en qué forma se vuelve Dios en pan. Andas errado, que Dios el ser de Dios no le ha dejado, el pan deja el ser pan y en Dios se vuelve. Esa duda me absuelve. Oye, Duda ignorante, el misterio más alto y elegante: la sustancia del pan y la del vino, por modo peregrino y hecho incomprehensible, se vuelve en carne y sangre, aunque invisible a la vista se ofrece, porque sólo la fe verlo merece, y como el pan en Dios se transustancia, se hace Dios la sustancia, y de este ayuntamiento se nos viene a ofrecer en sacramento, que Él sólo hacerlo pudo. En sólo eso reparo, aqueso dudo. Dios te vuelva el sentido y te acompañe, te alumbre y desengañe. Verdad y Amor Divino, tengo lo que decís por desatino. Pues mudando tu suerte de Duda en Desengaño pienso verte. Sale el Hombre, de galán, y las Virtudes ¡Atadme, amigas Virtudes, que estoy loco de contento, pues Dios tras morir por mí, obró tan alto misterio! En fin, ya pagó el Señor por tu culpa en un madero. Lavó la culpa del hombre. ¡Ah, Señor de Tierra y Cielo, qué piadoso habéis andado, pues os miramos Cordero siendo León de Judá! Con Dios las paces he hecho. Conoce este beneficio y ten agradecimiento. La Paz dice la verdad, pues Dios ha mostrado el pecho tan amoroso y tan franco siendo Fénix en su fuego. Ya, amiga Misericordia, no tiene fuerza el acero de mi espada. Ya mi oliva levanta su rama al Cielo. Tocan chirimías y aparece en lo alto un altar con la insignia del Santísimo Sacramento, y el Verbo de gloria. Hombre, llégate a comer, que vinculado te dejo carne y sangre en pan y vino para divino sustento. Por ti al mundo descendí y por ti he nacido al hielo, resistiendo por tu amor las inclemencias del tiempo; peregriné por el mundo a las afrentas sujeto, que a quien ama como yo le son gustos los tormentos; por redimir tu pecado me vieron el pecho abierto cual pelícano amoroso, y entre dos ladrones puesto. Glorioso resucité y, aunque me voy a mi imperio, en el pan y vino hoy transubstanciado me veo. Llégate a comer en gracia pues agora te concedo ser Dios por ella cual yo por naturaleza, siendo trïaca contra la culpa y, si en pecado, veneno, que liberal determino los tesoros de mi reino. Divino Señor, Señor, alabaos vos a vos mesmo pues vos solo os entendéis, porque yo solo no puedo; que si el serafín alado, abrasado en vuestro fuego, por ser vos incomprehensible «Sanctus, Sanctus» repitiendo está, yo, que es mi materia de un poco de barro o menos -por tan altas maravillas fui formado-, no me atrevo. Ya os confieso por mi Dios, y que en el pan estáis creo. Duda, vista la Verdad, en Desengaño te has vuelto. Si la Duda [es] Desengaño, dificultades rompiendo, si bien verdades tan claras y obras al fin de tal pecho conoce, pueblo cristiano, donde singulares vemos, más que avaras, abundantes, las influencias del Cielo, aquí en público os suplico que vaya siempre en augmento fiesta a misterio tan alto, norte a quien seguir debemos. Y aquí las faltas que ha habido por los mayordomos, ruego las perdonéis, si las obras no han llegado a los deseos.