Personajes EL PODER LA SABIDURÍA EL AMOR LA SOMBRA LA LUZ EL PECADO EL HOMBRE LA TIERRA EL AIRE EL FUEGO LA AGUA EL ENTENDIMIENTO EL ALBEDRÍO MÚSICOS Salen los Elementos, luchando en rueda, asidos de una corona. ¡Mía ha de ser la corona! ¡El laurel ha de ser mío! ¡No hará, mientras yo no muero! ¡No será, mientras yo vivo! Este lazo, de los cuatro nunca hasta aquí dividido, no ha de romperse, si yo no reino. Que en el principio Dios hizo el Cielo y la Tierra se dirá, luego debido me es el vasallaje, siendo la que a los tres me anticipo, pues será de fe que a mí a par del Cielo me hizo. Tierra que árida y vacía estás, que así ha de decirlo la misma letra, si soy el Aire, a cuyos alivios has de beber los alientos, ¿por qué compites conmigo? El espíritu de Dios, inspirado de sí mismo, sobre las aguas fluctúa, que son la faz del abismo; luego, si sobre las aguas el espíritu divino de Dios es llevado, al Agua debéis los demás rendiros. Un globo y masa confusa, que poéticos estilos llamarán caos y nada los profetas, compusimos los cuatro; pues, ¿por qué, siendo hija hermosa de mis visos la luz, la primer criatura con que a todos ilumino, queréis que el Fuego no sea de los cuatro el preferido? Luchan los cuatro. ¿Tú el preferido, Agua? ¡Deja libres los términos míos! ¡Déjeme el Aire los brazos de mis mares y mis ríos! ¡En dejándome a mí el Fuego la presa de mis suspiros! ¡Cuando me deje la Tierra, opaco cuerpo que ciño, resplandecer y lucir! Luchando siempre. ¡Con Aire y Agua compito! ¡Yo con el Agua y el Fuego, que son los dos con quien lidio! ¡Yo con el Aire y la Tierra! ¡Yo con la Tierra y contigo! Dicen dentro a un mismo tiempo iguales Poder, Sabiduría y Amor los versos que repetirá la música y los cuatro se suspenden. ¡Agua, Tierra, Fuego y Aire… Agua, Tierra, Fuego y Aire… …que contrariamente unidos… …que contrariamente unidos… …y unidamente contrarios… …y unidamente contrarios… …en lucha estáis, dividíos! ¿Quién nos lo manda? Déjanse partiendo la corona y salen el Poder, anciano venerable, y Sabiduría y Amor de galanes. El Poder, que, eternamente infinito, pudo. La Sabiduría, que supo desde el principio disponerlo así. El amor, que, de los dos procedido, también lo quiso. ¿De suerte, que un mismo poder… …que un mismo saber… …que un mismo querer… …en tres personas distinto… …y en sola una voluntad… …juntarnos y dividirnos… …quiso, supo y pudo? Sí, porque pudo, supo y quiso. A esa voz… A ese precepto… A ese imperio… A ese dominio… …yo me humillo. …yo obedezco. …yo me postro. …y yo me rindo. Y de la pasada lid en la pretensión desisto. Oíd, que no por eso cesa vuestro campal desafío, que, aunque enemigos no os quiero, tampoco no os quiero amigos. A ser vuestras cualidades una, ¿no fuera preciso con natural simpatía uno en otro convertiros y que os mezclárades juntos para no durar distintos? Y ahora, a contrario, a ser varias las cualidades, ¿no es visto que también había de hacer la antipatía lo mismo y os desavinierais, para no conservaros contiguos? Luego, convino que haya cualidades en que uniros y que haya cualidades en que oponeros convino; pues, en una parte opuestos y en otra parte benignos, es fuerza que eslabonados, cuando vaya a dividiros el odio, os tenga el amor; y que amigos y enemigos duréis conformes y opuestos lo que duraren los siglos. Y ya que el sumo Poder a los cuatro ha dividido, mantenidos en igual balanza, igual equilibrio, entre la Sabiduría a dar los puestos y oficios que habéis de tener; vea el orbe que, si la creación ha sido atribución del poder, lo es de la ciencia el arbitrio. Divididas, pues, las aguas de las aguas, su nativo curso, en el cielo un hermoso firmamento cristalino formen, para que elevado el Fuego a eminente sitio, en él temple sus ardores, comunicándose tibio al Aire; el Aire ciñendo en vagaroso circuito al Agua, que se quedó inferior, haga lo mismo, templando sus humedades; y ella, en undoso recinto, componga una agregación de cristales, cuyos vidrios, siempre inquietos, nunca rompan de sus márgenes los grillos, para que, desocupados de la Tierra los distritos, los hombros descubra, en quien descanse el grave, el prolijo peso de tanto eminente universal edificio. Y ya que la agregación de alegóricos sentidos da la creación al Poder y el orden de sus disignios a la Sabiduría, bien dará al Amor el cariño de verlos con nuevos dones ufanos y enriquecidos. Y así, al Fuego adorne el sol y luna, estrellas y signos, presidiendo al día y la noche, uno en rayos y otro en visos. Al Aire pueblen las aves, hermoseando sus vacíos los matices de las alas, los cánticos de los picos. Al Agua habiten los peces, primeros bajeles vivos, que sulquen su esfera a tornos, que naden su seno a giros. Troncos, plantas, frutos, flores en vistosos laberintos la tierra cubran, en quien, ya familiares, ya esquivos, diversos brutos habiten, teniendo para su asilo los domésticos las selvas, los montaraces los riscos. Y, pues del Poder criados y de la Ciencia instruidos y adornados del Amor os veis, sed agradecidos al Señor, cuyo poder, ciencia y amor os bendijo. Bendecidle, pues, vosotros en dulces cantos y himnos. Sí haremos, porque en el día del Señor los regocijos también son culto y, supuesto que las cuatro esferas fuimos, organizadas debajo de compás métrico y ritmo, vaya de música y baile, diciendo todas conmigo… Cantando. Cuanto en Fuego, Agua, Aire y Tierra… Cuanto en Fuego, Agua, Aire y Tierra… …vuela, sulca, nada y yerra… …vuela, sulca, nada y yerra… …y en sí las obras encierra… …y en sí las obras encierra… …de Poder, Ciencia y Amor… …de Poder, Ciencia y Amor… …¡bendecid al Señor! …¡bendecid al Señor! Ángeles, criaturas bellas, cielo, sol, luna y estrellas, con vuestro hermoso esplendor… …¡bendecid al Señor! Canta Nubes de blando rocío, primavera, invierno, estío, niebla, luz, sombra y albor… …¡bendecid al Señor! Canta Montes, valles y collados y cuanto en selvas y prados hay desde el cedro a la flor… …¡bendecid al Señor! Canta Mares, ríos, balsas, fuentes y cuanto en vuestras corrientes vive a merced de su amor… …¡bendecid al Señor! Ya, Señor, que el hacimiento de gracias abrió el camino para que, quebrado el hielo del temor, pueda contigo, o por ser lenguas el Fuego, o por ser el más activo, a hablar de parte de todos, que me escuches te suplico. El duelo en que nos hallaste fue no tan solo nacido de nuestras contrariedades, mas también de nuestros bríos, procurando cada uno ser al otro preferido; porque, siendo, como es, este inferior edificio de la fábrica del orbe un conquistado dominio, reino aparte de tu imperio y colonia de tu Impirio, para mantenerse en paz, y justicia le es preciso tener uno que prefiera a los demás, pues no ha sido posible que se conserve neutral un cetro diviso. Y, no teniendo heredero tú que pueda preferirnos, uno de los cuatro es fuerza que haya, Señor, de regirnos, si no es ya que tus favores, de nuestra razón movidos, nos provean de un virrey, alcaide, juez o ministro, a quien en tu nombre demos la obediencia, que no es digno que alumbre el Fuego, la Tierra fructifique, el centro frío divida climas, el Aire aliente y todos remisos no sepamos para quién tanto aparato previno beneficios que, no usados, dejen de ser beneficios. Esto es, Señor, lo que humildes todos a tus pies pedimos. Gran corte del universo, leales vasallos míos, desistid de la contienda que los cuatro habéis tenido, pues, por poneros en paz, quiero un secreto deciros que hasta ahora de mi mente para ninguno ha salido. Yo, que sin necesidad de criaturas, de edificios, de pompas y majestades, en principio, sin principio, para fin, también sin fin, dentro estaba de mí mismo, por ostentarme criador, saqué, con solo decirlo, del ejemplar de mi idea las obras que ya habéis visto. Estando, pues, en mi trono, cercado de los ministros que más hermosos, más puros crié para mi servicio, les revelé cómo había, por mostrarme más benigno, más liberal, más amable, para mi esposa elegido, y reina suya, a la humana naturaleza, cuyo hijo heredero por la gracia sería del imperio mío. Uno, pues, de los vasallos, el más sabio, hermoso y lindo, de su ciencia y su hermosura soberbio y desvanecido, por no jurar vasallaje a inferior ser, atrevido se opuso a mis providencias; dispuesto a sus precipicios, tocó al arma en mis estados y con opuestos caudillos vinieron a la batalla las virtudes y los vicios. Ya alentado el bronce suena, ya responde el parche herido, ya cruje armado el acero… Mas, ¿para qué lo repito, si en arrastrados despojos es con eterno castigo el clarín de mi victoria, la trompa de su gemido? Viendo mi primer cuidado en esta parte perdido, pues la criatura mejor oponerse al criador quiso; escarmentando (bien puedo en esta frase decirlo, que no es baja voz que a mí me escarmienten los delitos), quise, acudiendo a mis ciencias, consultarme a mí conmigo si en la segunda criatura, sujeto hermoso que elijo para mi heredero, había de sucederme lo mismo. A cuyo efecto mi eterna Sabiduría me dijo… Yo, que sé todas las ciencias, de que son fieles testigos los astros (pues que no hay en todo ese azul zafiro, encuadernado volumen de quien el sol es registro, ninguno que por su nombre no llame, adverso o propicio); yo, para quien el presente tiempo solamente es fijo, pues, si miro hacia el pasado y si hacia el futuro miro, es tiempo presente todo futuro o pasado siglo; habiendo, con mi presencia en ese dorado libro de once hojas de cristal, previsto al hombre, he previsto que, si del lóbrego seno de la tierra, el duro silo de sus entrañas, el ciego vientre de su obscuro limbo, donde sin ser alma y vida, discurso, elección, ni aviso, en metáfora de cárcel hasta ahora le has tenido, le sacas a luz, no menos ingrato y desconocido te será el hombre que el ángel, poniendo en tan gran conflicto a todo el género humano que a sombra de su delito, sea el ámbito del orbe tan heredad del abismo, que nazcan de sus raíces el pasmo, el susto, el peligro, el adulterio, el rencor, el hurto y el homicidio. Pero, ¿qué mucho si, habiendo una vez introducido la palidez de la muerte sus últimos parasismos, será tan universal el morir? Pues si yo mismo en tu nombre, para enmienda de sus errores, admito humano ser, aun yo… Cesa, que el Amor se ha enternecido. Sí, pero no sin consuelo que pueda servir de alivio. Los amenazados riesgos no son, Poder, tan precisos que hayan de ser, pues no fueran coarctando al hombre el arbitrio, ni mérito las virtudes, ni demérito los vicios. Si todo este sumptuoso aparato, en quien admiro en el Fuego lo brillante, en el Aire lo lucido, en el Mar lo prodigioso, como en la Tierra lo rico, para el homber lo criaste y es él el que te ha debido la tarea de seis días, ¿no disuena a un Amor pío hacerlo para él y no hacerle a él? Y, si los cinco talentos que le has de dar han de ser cinco sentidos, si tres potencias los tres y si uno razón y juicio, deja que el Entendimiento, con el racional distinto, le advierta del bien y el mal, dándole un libre albedrío con que use del mal o el bien, que, ya una vez concebido en tu soberana idea, no ser el que en ella ha sido, dejando de ser, sin ser, es darle por merecido el castigo antes del yerro; pues no puede haber castigo como no ser el que fuera. Y así, como Amor, te pido nazca el hombre y sepa el hombre que aqueste imperio y tu Impíreo por sí mismo ha de ganarle o perderle por sí mismo. Aquello (vuelvo al discurso) la Sabiduria me dijo y esto me dijo el Amor, cuando me tenía indeciso si en la segunda criatura me sucediera lo mismo que en la primera, conque de la Ciencia prevenido y movido del Amor, (que aunque en los tres no distingo mayor ni menor, primero ni postrero, siempre inclino más el Poder al Amor), a sacar me determino de la prisión del no ser, a ser, este oculto hijo que, ya de mi mente ideado y de la tierra nacido, ha de ser príncipe vuestro. Y así, sin que haya sabido quién es, por dejar abierto a la experiencia un resquicio, hoy del damasceno campo a un hermoso alcázar rico, que, a oposición de azul cielo, será verde paraíso, le trasladaré, y en él, después que con mis auxilios le haya su luz ilustrado, le daré el raro prodigio de la Gracia por esposa. Si procediere benigno, atento, prudente y cuerdo, obedecedlo y servidlo, durando en su vasallaje. Mas si procediere altivo, soberbio y inobediente, no le conozcáis dominio, arrojadle de vosotros, pues, como el Amor ha dicho, puesta su suerte en sus manos, el logro o el desperdicio o por sí le habrá ganado, o por sí le habrá perdido. ¿Juráislo así? Sí juramos. Y yo, en fee de que lo admito, de los limos de la tierra con este polvo te sirvo para su formación. Yo, para amasar ese limo, te daré el cristal. Yo luego, porque cobre el quebradizo barro en su materia forma, te daré el vital suspiro que hiriendo en su faz le anime. Y yo, aquel fuego nativo que con natural calor siempre le conserve vivo. Venid, pues, y al hombre hagamos. ¿«Hagamos» en plural dijo? Sí. Pues, ¿cómo, si con solo «hágase» todo se hizo, «hágase» no dijo al hombre? Ese es evidente indicio que puso en él más cuidado que en todo. ¿Qué aguardáis? Idos a esperarle y recibirle en el alcázar que os digo, donde, guiado de la Gracia, sean aplausos festivos su primer salva. Primero iremos, Señor, contigo hasta el damasceno campo, volviendo a decir el himno… Cuanto en Fuego, Aire, Agua y Tierra… La Sombra sale por una parte y por otra se van; y la Sombra repite lo que cantan. Cuanto en Fuego, Aire, Agua y Tierra… …vuela, brilla, sulca y yerra… …vuela, brilla, sulca y yerra… …y en sí las obras encierra… …y en sí las obras encierra… …de Poder, Ciencia y Amor… ¡bendecid al Señor! …de Poder, Ciencia y Amor… ¿bendecid al Señor? ¿Cuándo el acento fue rayo veloz, trueno el eco, relámpago la voz, flecha el aire, dogal el suspiro, el anhélito puñal, sino hoy, que contra mí las cláusulas del cántico que oí el relámpago, rayo, el trueno son dogal, flecha y puñal del corazón? ¡Oh, qué mal ejemplar al áspid mi quebranto ha de dejar, pues, siendo el áspid yo, que de la luz huyendo se escondió, resulta ser en él la música el conjuro más cruel! Pero miente el dolor, que si él se da a partido, no el furor, la ira, la rabia, el pasmo, el frenesí, que ha introducido en mí que, del no ser pasando el Hombre al ser, esposo de la Luz haya de ser, siendo la Sombra en tálamo feliz a su opuesta, jurada emperatriz del universo; pero no haré tal, o máteme el dolor antes que el mal. ¡Ah del profundo horror, cuna del susto y tumba del pavor, en quien es el vivir morir eterno para no morir! ¡Patria horrible y cruel del odio infame, del rencor infiel, escuela del penar, mansión del llanto, casa del pesar, reino de confusión, Babel del siglo, lóbrega mansión del espanto, el asombro y la crueldad! ¡Ah del centro, de cuya obscuridad la Sombra arrastra el lóbrego capuz! ¡Ah del negado auxilio de la luz, línea del mal, antípoda del bien, ciudad sin Dios! ¡Ah del abismo! Sale el Príncipede las tinieblas. ¿Quién pudo a su invocación obligarme, rompiendo la prisión de infaustos calabozos, a salir a perturbar de tanto azul zafir el puro rosicler, pues demudaron, al llegarme a ver, desde el mayor hasta el menor farol, su faz la luna y su semblante el sol? ¿Quién, pues, quién me llamó? ¿Quién pudiera, Lucero, sino yo, que Sombra soy, valerme de quien es Príncipe de tinieblas? Dime, pues, ¿qué es tu intento? Yo fui pálida tez del caos… Ya lo vi, cuando en pálida tez apagó mi esplendor tu lobreguez. Nació la Luz, con que, arrugándome el manto… Ya lo sé, huyendo della con cobarde ardid, rodeaste el orbe. Rota, pues, la lid entre los dos, el cuarto día llegó… …en que el sol de la Luz se apoderó. Viéndose, pues, con ella iluminar… …los ámbitos de aire, tierra y mar… …se tomó para sí… …el día y te dejó la noche a ti. No solamente esa disparidad… …os tiene en interior enemistad… …pero causa mayor nos tiene en otra enemistad peor. Esa es la que no sé… No me atajes, que yo te la diré. En la magia que aprendí en el Monte de la Luna, templo de la noche, una proposición anteví, en que autoridades sumas (que ahora no importa alegar, pues su fama ha de volar con las alas de sus plumas), símbolo a la Luz harán de gracia, de culpa a mí. Mira si con causa aquí místicos sentidos dan a mis rencores disculpa; pues la Luz, por mi desgracia, será imagen de la gracia y la Sombra, de la culpa. Este principio asentado a que Luz y Sombra son culpa y gracia, mi pasión pase a segundo cuidado. Ese rey, cuyo poder, cuya ciencia y cuyo amor le han obstentado Señor de cuanto se llega a ver, tiene un hijo. No te asombre que hasta hoy oculto le encierra en el vientre de la tierra, primera madre del hombre; asómbrete que de todo príncipe quiere que sea, a cuyo efecto su idea le está sacando del lodo en que yace, para hacer que, de todo el mundo dueño, sea otro mundo pequeño, última obra del Poder, última obra de la Ciencia en alma y vida que cobra, del Amor última obra en la divina asistencia. Que… mas decirlo no es bien a quien puede verlo; llega, pues a los dos no se niega ver lo que espíritus ven. Mira el seno en que le tuvo, después de haberle formado en su mente, encarcelado. Mira, después que le hubo dado la materia el limo, cómo, informe el embrión, quedó sin vital acción. Mira… Pasmo, lloro y gimo al verlo. …cuán liberal, después que la estatua obró y en un suspiro la dio vida y alma racional, cómo, en su gracia criado en original justicia, le da contra mi malicia luz la Luz; con que guiado le traslada a un paraíso, adonde cobre, después que haya sabido quién es, sobrenatural aviso de ciencias del mal y el bien. ¡Oh, humana naturaleza, con qué horror, con qué tristeza mis pasadas ruinas ven tus dichas ya; y más después que sé que es, por mi desgracia, la hermosa Luz de la Gracia la primer cosa que ves! Descúbrese un peñasco y el Hombre vestido de pieles y la Gracia con un hacha. Hombre, imagen de tu autor, desa inorme cárcel dura rompe la prisión obscura a la voz de tu criador. ¿Qué acento, qué resplandor vi, si es esto ver; oí, si es oír esto; que, hasta aquí, del no ser pasando al ser, no sé más que no saber qué soy, qué seré o qué fui? Sigue esta Luz y sabrás della lo que fuiste y eres; mas della saber no esperes lo que adelante serás, que eso tú solo podrás hacer que sea malo o bueno. De mil confusiones lleno te sigo. ¡Oh, qué torpe el paso primero doy! No es acaso que de libertad ajeno nazca el hombre. Pues, ¿por qué, si ese hermoso luminar, que a un tiempo ver y cegar hace, otra criatura fue, apenas nacer se ve, cuando con la majestad de su hermosa claridad azules campos corrió, teniendo más alma yo, tengo menos libertad? ¿Por qué, si es que es ave, aquella que, ramillete de pluma, va con ligereza suma por esa campaña bella, nace apenas, cuando en ella con libre velocidad discurre la variedad del espacio en que nació, teniendo más vida yo, tengo menos libertad? ¿Por qué, si es bruto el que a bellas manchas salpica la piel, gracias al docto pincel que aun puso primor en ellas, apenas nace y las huellas estampa, cuando, a piedad de bruta capacidad, uno y otro laberinto corre, yo con más distinto tengo menos libertad? ¿Por qué, si es pez el que en frío seno nace y vive en él, siendo argentado bajel, siendo escamado navío, con alas que le dan brío sulca la vaga humedad de tan grande inmensidad como todo un elemento, teniendo yo más aliento, tengo menos libertad? ¿Qué mucho, pues, si se ve torpe el Hombre en su creación, que tropiece la razón donde ha tropezado el pie? Y, pues hasta ahora no sé quién soy, quién seré, quién fui, ni más de que vi y oí, vuelva a sepultarme dentro ese risco, en cuyo centro se duela mi autor de mí. Sí hará y, aunque te ha dejado a manera de dormido, tus sentidos sin sentido, de mirarte a ti admirado, desa suerte transformado irás tras mi Luz al real palacio, donde leal aplausos todos te den. Dentro música. ¡Ven, Hombre, ven! Y pues en ventura igual la Gracia te lleva a que sepas del bien, no apagues su Luz y sepas del mal. Y pues en ventura igual la Gracia te lleva a que sepas del bien, no apagues su Luz y sepas del mal. ¿Qué dirás, si el juicio aplicas a una obra tan superior? ¿Quién es el hombre, Señor, que tanto le magnificas? Pues, aunque en barro le diste primer materia, si toco lo inmortal del alma, poco menos que el ángel le hiciste. Y aun en más le sublimaste, pues, siguiendo el esplendor de la Gracia, de tu honor y gloria le coronaste, vistiendo su desnudez rico aparente vestido, que en el místico sentido significará tal vez la cándida estola hermosa, que de virtudes tesoro será, en el ropaje de oro que dé el esposo a la esposa. Y esto en trono soberano, donde tan liberal obras, que sobre todas las obras de tu poderosa mano rey le constituyes; pues en tu terrenal esfera, desde el ave hasta la fiera, todo se rinde a sus pies. ¡Venid, corred, volad, Elementos, a dar la obediencia al príncipe vuestro! ¡Y tan de balde, ay de mí, como que no esté sujeto a más que a un leve precepto! ¿«Precepto» dijiste? Sí. Pues contra todo ese ser, majestad, pompa y honor, vuelva a vivir mi dolor, si hay precepto que romper. No en sofistería aparente lo fundo. Dímelo, pues. La sombra, ¿imagen no es de la culpa? Es evidente. La culpa, si introducida se ve, ¿que será, no advierte, otra imagen de la muerte? Es cierto. Mientras la vida durare, ¿también el sueño de la muerte no será otra imagen? Claro está. Luego, posible es mi empeño, si al hombre en su paz le asombra sueño que de muerte es imagen, muerte, después, que es culpa y culpa que es sombra. Conficionemos, pues, lleno de opio, beleño y cicuta, en flor, en planta o en fruta, tal hechizo o tal veneno, que de sentidos ajeno rompa el precepto y, postrado, deshecho y aniquilado, duerma letargo tan fiero, que inhábil para heredero despierte del real estado. El veneno o el hechizo fácil a los dos será de conficionar; mas ya que suponga que se hizo, ¿cómo ha de lograr su fin? Si a mí «áspid» me han de llamar y a ti «basilisco», ¿entrar quién nos quitará al jardín? Ven y el disfraz pensaremos, que entre sus troncos y flores oculte nuestros rencores, por más que ahora escuchemos… ¡Venid, corred, volad, Elementos a dar la obediencia al príncipe vuestro! Vanse. Salen los Elementos, cantando, con losvestidos y el Entendimiento y Albedrío, la Luz con el hacha y el Hombre detrás; y, mientras cantan, le van vistiendo como dicen los versos. ¡Venid, corred, volad, Elementos, a dar la obediencia al príncipe vuestro! Flores, sus sendas cubrid; ¡venid, venid! Fuentes, sus espejos sed; ¡corred, corred! Auras, su calor templad; ¡volad, volad! Rayos, su pompa asistid; ¡lucid, lucid! Y, en fin, jurándole rey de alcázar, monte y jardín, ¡venid, corred, volad, lucid! Ya que en vuestro poder queda donde antes de confirmarme, o por sí pueda ganarme, o por sí perderme pueda, servidle, hasta ver si, atento, para rey y esposo mío, usa bien de su Albedrío o mal de su Entendimiento. Por ti a su obediencia todas le ofrecemos… Vase. Cantan las cuatro. …la Tierra sus flores… …el Agua su espejo… …sus auras el Aire… …sus luces el Fuego… …sirviéndole, a un tiempo, luces, auras, espejos y flores, el Agua, la Tierra, el Aire y el Fuego. Cielos, ¿qué es esto que veo? ¿qué es esto, cielos, que miro, que, si lo dudo, me admiro y me admiro, si lo creo? ¿Yo, de galas adornado, de músicas aplaudido, de sentidos guarnecido, de potencias ilustrado? ¿En este instante no era del centro la masa dura mi triste prisión obscura? Pues, ¿quién me trujo a una esfera tan rica, tan sumptüosa y tan florida, que en ella la más reluciente estrella aun no se atreve a ser rosa? ¿Otra vez vuelva a dudar, y otras mil, quién soy, quién fui o quién seré? Deso a mí me ha tocado el informar: polvo fuiste, polvo eres, y polvo después serás. Al Entendimiento Ya que en su servicio estás, ¿para qué afligirle quieres, sin ver cuánto escandaliza, que pase tu mal humor el que es jueves del Señor a miércoles de ceniza? Al Hombre Si fuiste polvo, ya eres la más perfecta criatura que vio del sol la luz pura; y pues a todas prefieres, no solo en lo humano, no solo en lo racional, pero en ser príncipe heredero del rey, que hoy te declaró, ¡goza la felicidad, sin que te entristezca nada! Más tu despejo me agrada que aquella severidad. Saber de los dos intento, quién sois en servicio mío. Yo soy tu libre albedrío. ¿Y tú, quién? Tu entendimiento. ¿Cómo el primer día tan cano estás? Ese es claro indicio de que las canas del juicio amanecen más temprano que las del poco saber. Si por mí lo dices, yo sé lo que me basta. No más; y pues que mi ser sé ya que a todas prefiere, ¿quién me mete en discurrir? dejarme quiero servir y venga lo que viniere. ¡Cantad! Sea la canción algún verso que le acuerde lo que gana o lo que pierde en seguir más mi opinión que no la del Albedrío. Tú, mientras me halaga el canto, vuelve a encarecerme cuánto es superior el ser mío. Vanle vistiendo, mientras cantan, y sale la Sombra, y el Pecado, de villanos. Sobre áspid y basilisco seguro pisará el hombre, si de basilisco y áspid los peligros reconoce. Y, atento al precepto, mira que se esconden, infestando flores y frutos, el uno en los frutos y el otro en las flores. A mala ocasión venimos, pues le avisa en esas voces sagaz el Entendimiento que si el precepto no rompe… …sobre áspid y basilisco seguro pisará el hombre. Ya que aquí de jardineros el disfraz nos desconoce, no nos demos por vencidos del Entendimiento noble… …si de basilisco y áspid los peligros reconoce… …pues villano, el Albedrío será posible le informe al contrario; y así, ocultos hasta tener ocasiones de introducir el veneno, prosigan nuestros rencores… …infestando las flores y frutos, el uno en los frutos y el otro en las flores. En fin ¿que heredero soy deste imperio? ¿Quién lo duda? Quien sepa que no lo eres, hasta lograr la ventura de que, confirmado en Gracia, ella sea esposa tuya. Bien esa letra lo ha dicho, pues ha dicho que se ocultan basilisco y áspid donde puede ser que alguna fruta avenenada… ¡Suspende la voz! ¡Cuánto me disgusta su anciano temor! Y dime tú, porque su enfado suplas, ¿cómo, si príncipe soy, un sepulcro fue mi cuna? Si el Albedrío en las penas no es posible que concurra, no le toca al Albedrío responder a esa pregunta. Al Entendimiento sí, que a él le es dado que discurra. Los justos juicios del rey, tu padre, por causas justas hasta hoy no te declararon; y ser las entrañas duras de la tierra tu prisión fue porque en alta fortuna tengas entendido… ¿Qué? Que si a la ley no te ajustas, quedó en la cuna labrada la materia de la tumba. Ya temía yo que había de ser tu respuesta angustia: no me hables más, que me afliges. Y dime tú, que me adulas, ¿sobre príncipe heredero, es verdad que la criatura más perfecta soy del orbe? Tú mismo al verte lo juzga; ¡Agua, el espejo! Va a llegar la Sombra y, al ver el espejo, se retira. En él puedes, pues basilisco me anuncian que es veneno de la vista, poner la mortal cicuta. Sí haré, mas, ¡ay infelice! ¿De qué te asombras y turbas? De haber visto en el cristal un rasgo, viso o figura de un espejo no manchado, cuya siempre intacta luna no ha de empañar el aliento de la Sombra de la culpa. Llega la Tierra y se mira al espejo. En este cuajado vidrio del Agua que el valle inunda puedes verte al natural retrato. ¡Oh sabia, oh suma omnipotencia! ¿yo soy aquel que allí se dibuja? Como aquellos, que hasta aquí no llegué a mirarlos nunca, son los ojos que lo ven, los labios que lo pronuncian, y así las demás facciones, otra vez repite, y muchas, que es verdad que soy la obra que la potencia absoluta guardó para la postrera. ¡Qué fábrica tan augusta! Si fuera primera, no llegara a tener segunda. Dices bien: la más perfecta criatura soy. Es sin duda, supuesto que el Hacedor te hizo a semejanza suya; pero, si dél recibiste la perfección que te ilustra, ¿de qué te glorias, supuesto que la gozas sin ser tuya? Sí es, supuesto que la gozo, y no tu vejez caduca siempre a mis gustos opuesta esté o podrá ser que alguna vez me halles… ¡Fuego, la espada! Pon el veneno en su punta, pues áspid de acero es cualquiera espada desnuda. Va a llegar la Sombra y se retira al ver la espada. Sí haré; mas… no, no haré tal. ¿Otra vez al ir te asustas? Sí, que está en su guarnición un adorno que la cruza, de quien es fuerza que yo atemorizada huya. Llega el Fuego y cíñele la espada. Esta, señor, es la espada de aquellos dos cortes, cuya cuchilla, templada al fuego está del alma, tan pura, que no hay yerro que no ablande, no deshaga, no consuma y purifique. Sí, pero advierte que, si la empuñas, se significan en ella las cuatro virtudes juntas: la hoja es la Justicia, el pomo la Fortaleza y se aúnan en ser la Templanza el puño, y la vaina la Cordura. Si usas mal della, con ella te herirás; mas si bien usas, vencerás tus enemigos. ¿Qué enemigos? ¿Habrá alguna criatura que contra mí ni imagine, ni presuma oponerse? ¡Aire, el sombrero! Puesto que en el aire triunfas del ave, cuando tus sombras sus resplandores sepultan, y son del aire las aves, pon el hechizo en sus plumas. Va a llegar y también se retira. Sí haré… Mas tampoco puedo. ¿Tercera vez te atribulas? Sí, que entre las demás aves volar miro al cielo una, tan remontada, que llena de gracia hasta el sol se encumbra, donde no puede alcanzarla todo el vuelo de la culpa. Las plumas que de tu fama serán alas con que subas al más eminente solio, el día que en reales nupcias, siendo esposo de la Gracia, te corone su hermosura, son estas. ¡Qué bien te está de sus tremoladas plumas el rizado airón! Alhajas de aire adornan, mas no ilustran; digalo el pavón y toma ejemplo en la pompa suya, no sea su deshecha rueda la rueda de tu fortuna. Este sabio Entendimiento mucho mi paciencia apura. Pues para que te diviertas, sin que su vejez te pudra, Tierra, llega, llega, y goce en tus flores la blandura de sus aromas. ¿Y en flores, que son edades caducas, pondrás el veneno? Sí; pero también me perturba una cándida azucena, junto a una rosa purpúrea, de cuyo virgen albor quiere el cielo se produzga un enamorado lirio que en lo cárdeno me ofusca, sombra de mi misma sombra. Si hasta las flores te angustian, deste prodigioso árbol, que a su sombra nos oculta, toma esta manzana; en ella nuestras iras ejecuta y, ya que en la flor no puedas, pon el veneno en la fruta. Muestra… que nunca más áspid… si es que me vale la industria… En estas flores la Tierra, para tu halago, tributa sus matices y… Eso a mí toca, que tú, Tierra inculta, silvestres flores le dieras, a no ser mi agricultura la que diera a sus primores arreboles que las pulan. Y pues te toca el que nazcan y a mí me toca el que luzcan, más mías son. ¿Cuándo la Tierra rendir sus frutos rehusa? ¿Quién eres, bella zagala, que sobre la Tierra triunfas, tan dueño de sus caudales, que para ti los usurpas, sin que ella te los defienda y, nueva aurora segunda, das a entender que amaneces en bella oposición suya, compitiendo con las selvas donde las flores madrugan? Soy no tan solo en la tierra agricultora que estudia esmerar sus obras, pero tan sabia, que en ella apura, y en los demás elementos, la cualidades ocultas. Caracteres para mí en valles, montes y grutas, son sus plantas; las estrellas, en su campaña cerúlea, mis oráculos de fuego son; del agua las espumas mis libros; y porque lea lo que sus vuelos anuncian, siendo para mí del año cualquiera estación fecunda, los pájaros en el viento forman abriles de plumas. ¡Qué raro bello prodigio! Albedrío, ¿viste nunca hermosura más discreta? Yo no entiendo de hermosuras, mas, para que a mí me agrade, basta ver que a ti te gusta. Y para que a mí me ofenda, ver que tú no lo repugnas. Advierte, señor, que anda con humano rostro una serpiente en estos jardines, tan incautamente astuta, que Agua, Fuego, Tierra y Aire, siendo negra noche obscura, de su belleza engañados, por aurora la saludan. Teme, pues, que puede ser, si la miras, si la escuchas, tu culpa escucharla y verla. ¿Qué importará, si, en disculpa de esa culpa, mis sentidos, por más que tú los acusas, en viendo sus bellos ojos, quedan vanos de su culpa? Pues porque tú, Entendimiento, no cauteloso me arguyas y la verdad de mis magias a experiencia se reduzga, toma esta dorada poma; si una vez su sabor gustas, verás que no solamente en ti mis ciencias infunda, pero que inmortal te haga, para que no puedas nunca, igualándote al poder del rey, perder desta augusta majestad la acción, que hoy no puedes decir que es tuya. Del tiempo que allá en la tierra te ocultó venga la injuria: come y como el rey serás eterno edades futuras. Mucho me ofreces y mucho de la poma la dulzura brindando está al apetito. Pues, ¿qué esperas? Pues, ¿qué dudas? llega y come della… No, Albedrío, a eso le induzgas, ni tú a tocarle te atrevas. De rodillas. No entre los dos te introduzcas a embarazarlo tú. Mira que quizá en el aire fundas altas torres y que suelen ser soñadas las venturas; y podrá ser, si despiertas, que entre fantasmas confusas todo esto vuelva a la nada. Ya ese es tema de locura, más que lealtad. ¡Quita, quita, villano! Atiende, que usas muy mal de tu Entendimiento, si atropellado le injurias. Peor usas tú de tu dueño, pues atrevido le luchas, sin ver que desde ese muro puedo arrojarte a esas duras peñas. No podrás sin que a ti mismo te destruyas. ¿Cómo que no podré?… Pero las fuerzas lo dificultan, no el valor. Llega, Albedrío; tú a despeñarle me ayuda. Sí haré, pues sin mí no puedes. Mira… Advierte… Atiende… Escucha… ¡Nadie a mi furia se oponga, o teman todos mi furia! Arrójanle entre los dos al vestuario, como precipitado. Dentro. ¡Ay de ti, más que de mí! Bien se ha logrado la industria. ¿Qué has hecho, Hombre? Despeñar a mi Entendimiento y, una vez despeñado, sin él comer la vedada fruta; Muestra. Mas ¿qué es esto, cielos? Come. Terremoto. Es que mis rayos se anublan. Que se estremecen mis montes. Que mis cristales se enturbian. Que mis vientos se embravecen. Sale la Luz con un hacha. Pues todo el orbe caduca, grande daño hay. Elementos, ¿qué es esto? ¿A quién lo preguntas, si mejor de ti podrás saberlo, viendo la pura Luz de la gracia apagada de la Sombra de la culpa? Vase, apagada la hacha. ¡Ay de mí, infeliz, que todo el orbe he dejado a escuras! ¡Ay dél, pues será tu error miserable herencia suya! Albedrío, ¿dónde, ¡ay triste!, estás? En vano me buscas, que nadie con Albedrío padece; él a las holguras induce, mas no a las penas. Vase. ¿Tierra? ¿Qué es lo que procuras de mí, si ya son sangrientas espinas mis rosas rubias? ¿Agua? No esperes de mí sino procelosas lluvias que tal vez el mundo aneguen. ¿Fuego?, ¿Aire? En mí no presumas más que ráfagas que talen. Y en mí rayos que destruyan. Todos ¡ay de mí! sus iras sin Albedrío ejecutan; mas no sin Entendimiento, que aun despeñado me acusa. ¿Qué frenesí, qué letargo, qué ira, qué rabia, qué furia se va de mí apoderando? El áspid era, sin duda, el que con humano rostro, bien que inhumana hermosura, me dio la hechizada poma; pues helado el pecho, muda la voz, balbuciente el labio, turbada la vista, ruda la razón, ciego el discurso, torpe el sentido, confusa la vida y suspensa el alma, me han dejado la escultura del barro no más, pues solo bronca informe estatua bruta, tengo ojos, y no ven; tengo oídos y no escuchan; tengo manos y no tocan; tengo labios y no gustan; tengo pies y no se mueven; tengo voz y no pronuncia; y en fin, sin Entendimiento ni Albedrío que me acudan, tengo aliento que no alienta y corazón que no pulsa. Hasta la piadosa llama que a estos jardines me alumbra, a fuer de luz recién muerta, ya no arde, sino ahúma. ¿Qué mucho, pues, ¡ay de mí!, si todos me desahücian, que en brazos de letal sueño, negra Sombra de la culpa, pues dejó a la muerte viva, deje a la vida difunta? ¡Qué asombro! ¡Qué pasmo! ¡Qué ansia! ¡Qué pena! ¡Qué desventura! Salen Poder, Ciencia y Amor. ¿De qué son vuestros lamentos? Si a humano modo te ajustas a preguntar lo que sabes, dígalo esta Luz ya obscura… Dígalo la mía eclipsada… Díganlo mis flores mustias… Destemplados mis alientos… Mis claras corrientes turbias… Y, en fin, dígalo, Señor, ver que, deshecha tu hechura… …dejando viva a la muerte, dejó a la vida difunta. ¡Oh, eterna Sabiduría, bien sus peligros anuncias! ¡Oh, eterno Amor, mal el Hombre de tus beneficios usa! ¿Qué mucho, pues, que tal vez digan sacras Escrituras, que me pesó de haber hecho al hombre? Y pues su fortuna, puesta en sus manos, no fue bastante a que se reduzca, retírate, Gracia, tú. Vosotros, ya sin ninguna obediencia, retiradle a él también, que a la profunda tierra de donde salió es bien que se restituya. Dejádsele allí a esa fiera poderosa Sombra injusta, que contra su Entendimiento cuatelosamente triunfa. Sufra, llore, gima y sienta cuánto un pecado le muda, al ver de un instante a otro, que el que en su primera cuna durmió en brazos de la Gracia, despierta en los de la Culpa. Sufra, llore, gima, sienta… …el que por su desventura… …dejando a la muerte viva… …dejó a la vida difunta. Sufra, sienta, gima y llore… …quien, malogrando fortunas… …vino en brazos de la Gracia y vuelve en los de la Culpa. Sienta, gima, llore y sufra… ¿Todavía enternecido, Amor, te muestras? ¿Quién duda que el Amor siempre es Amor? Y, aunque tu sentencia es justa, también lo es su apelación, que, si en la celeste curia decretado está que el Hombre la falta del ángel supla, capaz está de la enmienda. Es infinita la injuria contra infinito Poder y no puede dar ninguna satisfación infinita por sí el Hombre. Pues es una la voluntad en los tres, si el Poder pone la suya, si la Sabiduria pone con la obediencia la industria y el Amor pone la obra, persona hay que enmiende y supla la insuficiencia del hombre, pues, la humanidad conjunta a la Sabiduria, como hipostáticas se unan, satisfación infinita tendrá la infinita culpa. ¿Qué determinas, pues? Que lo decretado se cumpla. Vase. ¡Albricias, Hombre, que yo, que, anteviendo tus fortunas, también anteví el reparo, iré a enmendar tus angustias! Vase. ¡Albricias, Hombre, que ya puedes pensar que se escuchan, anticipando sus tiempos a las edades futuras, angélicas voces que den a todas las criaturas con paz al Hombre en la tierra, gloria a Dios en las alturas! Salen los Elementos con el Hombre como primero, vestido de pieles. Aquí le hemos de dejar. ¡Oh humana naturaleza! Vuelva su ser donde empieza, como río que del mar sale y vuelve al mar después. Bien es, pues salió de mí, que a mí se me vuelva. Así lo dirá el Eclesiastés. Vanse. Durmiendo el Hombre. Ya, ya sé quién soy y, aunque la Tierra fuese mi madre, competir puedo a mi padre, pues sé sus ciencias y sé que inmortal príncipe soy del orbe. Y pues ya me vi su dueño… Mas ¡ay de mí, infeliz! ¿Adónde estoy? ¿Esta no es de mi fortuna la primera prisión fiera? ¿No es esta aquella primera bóveda que fue mi cuna? ¿No es esta la desnudez en que primero me vi? ¿Qué se hicieron, ¡ay de mí! la majestad, la altivez, el obsequio, el aparato, las músicas, los olores, plumas, cristales y flores, y, en fin, el sublime ornato de reales ropas, cercado de gentes, cuyo desvelo me asistió? ¡Válgame el cielo, qué de cosas he soñado!… Pero ¿qué me desconfía presumir que sueño fue, si por lo menos saqué dél, según mi fantasía, saber quién soy? No encerrado viva, pues; salga a buscar el alcázar y a cobrar, pues es mío, el alto estado en que me vi… Pero, cielos, el orgullo reprimamos, por si ahora también soñamos… Mas no, que heroicos anhelos me llaman y así iré; ¡ay, triste, que aún es hoy mayor mi pena, de lo que fue! ¿Qué cadena es esta, que me resiste que salir pueda? Y aun no para en eso mi fortuna, pues no hay criatura ninguna de quien ya no tiemble yo, viendo en todas cuatro esferas, que afilan contra mí graves uñas y picos las aves, presas y garras las fieras. Si miro al sol, me da enojos, pues no me alumbra y me abrasa; frío el aire me traspasa; si piso, toda es abrojos la tierra; el agua, que fue claro espejo, me retrata feo; si la sed me mata, turbia está; y si el hambre ve frutas, que a ellas no me atreva dice, y por partido toma que pan de dolores coma y agua de lágrimas beba. ¿Quién me dirá cuál ha sido en mis mudanzas más cierto, lo que allá soñé despierto o lo que aquí veo dormido? ¡Oh Luz, cuya llama bella, deslumbrado, me alumbró! ¿Quién me dirá de ti? Sale la Sombra. Yo, que ya estoy en lugar della. ¡Horrible aspecto que asombra, mira que es contrario asumpto que lo que a la Luz pregunto me lo responda la Sombra! ¿Quién eres? ¿No me conoces? No, porque nunca te vi, ni aun a lo lejos oí el sonido de tus voces. Esa es tu pena más fiera y esta mi astucia más rara, porque, ¿qué al Hombre faltara, si su culpa conociera? Luego, ¿eres mi culpa? Sí. De ti huiré. ¿Cómo podrás, si donde quiera que vas se va tu culpa tras ti? ¿Ni dónde has de ir, si, aherrojado, llevas arrastrando al pie la cadena que forjé del yerro de tu pecado? Ahora vi, a su yerro atento, ser por quien mi desvarío, aplaudiendo al Albedrío, despeñó al Entendimiento. Es verdad. Luego, ¿no fue sueño? Sí fue, que, pasada, ¿qué ventura no es soñada? La que pasó bien se ve en la distancia que haber suele entre cierto y fingido, que uno no ha sido, otro ha sido, aunque ha dejado de ser. Y así, pues sé que es verdad que, aunque en este estado estoy, príncipe heredero soy y que aquella majestad no fue sueño, iré a cobralla. Sueño fue para ese empeño, que toda la vida es sueño. Luego esta lo es, con que se halla tu réplica convencida, porque, si la vida es sueño, ¿no es fuerza, después que duerma esta triste vida, que a mejor vida despierte? No, que si para esos lazos despertaste allá en mis brazos, será aquí en los de la muerte. ¡Quién, para pedir aliento al Poder que me ha criado, en tal lucha despeñado no hubiera a su Entendimiento! Sale. ¿Qué importa que me despeñes tú para que yo no muera y en cualquier conflito quiera que por mí te desempeñes? ¡Qué lealtad! Es vano intento, porque, ¿qué importa a mi brío, si no cobra su Albedrío, que cobre a su Entendimiento el día que merecer, ni desmerecer podrá sin él? Llámale y vendrá. No me querrá obedecer, que es vasallo muy infiel. Aunque no quiera, pues… Di. Como él te llevó tras sí, tras ti puedes traerle a él, o yo le traeré arrastrando, como tú el afecto des. Sí doy. Saca el Entendimiento al Albedrío como por fuerza. Pues ya está a tus pies. Fuerza es que obedezca, cuando trocado tu afecto vi, pues del modo que cruel puedes despeñarle a él, puede él arrastrame a mí. ¿Qué me quieres, pues? Que apliques una vez tu libre acción al fuero de la razón… Que voluntario supliques al Poder que me crió, que perdone mi delito. Siendo, como es, infinito, pues lo infinito ofendió, ¿qué satisfación podrás dar tú que infinita sea, por más que cobrarte vea tu Entendimiento y por más que vea que tu Albedrío se sujeta a la razón? Ya que dar satisfación no pueda, podrá su pío llanto al cielo enternecer, para que la dé quien pueda, pues poder al Poder queda, saber le queda al Saber, y amor al Amor, con que entera satisfación le saque de tu prisión. ¿Quién ha dicho eso? La Fe. ¿Y cuándo eso será? Cuando en este valle que hoy ves, que de las lágrimas es, logre, gimiendo y llorando, que, haciendo al abismo guerra, digan edades futuras… Dentro. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al Hombre en la tierra! ¿Qué lejanas voces, cielos, tan desde otro siglo suenan misteriosas, que aún en este me afligen y me atormentan? Cielos, ¿qué lejanas voces tan misteriosas son estas, que, aun a vista del peligro, me alivian y me consuelan? Si de Sombra pasé a sueño, si de sueño a culpa y de ella a muerte, que introducida me trujo a matar resuelta… Si de miserias pasé a dichas, si luego de ellas a las miserias volví… ¿Qué me acobardan suspensas unas dulces voces?… Bien puede ser de las miserias volver a cobrar las dichas, pues dulces voces me alientan… Por más que digan sonoras… Puesto que repitan tiernas… ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al Hombre en la tierra! Y pues él queda seguro, en fee de que mis cadenas no podrán su Entendimiento ni su Albedrío romperlas, iré a saber del Lucero (pues siempre fueron sus ciencias mi oráculo), dónde o cómo se oyen y quién las alienta. Vase. Pues la Sombra se retira sin proseguir en mi ofensa, ¿quién duda que nueva aurora con nuevo sol amanezca? Llega, Entendimiento, tú; tú, Albedrío, llega, llega; desatadme estas prisiones. No es posible deshacerlas, por más que los dos pongamos él la maña y yo la fuerza. ¡Ay, infeliz, que venturas que por mí pude perderlas por mí no pueda ganarlas! ¿De quién, siendo así, te quejas? De ti, villano. ¿Hice yo más que estar a tu obediencia? Sí, pues entre bien y el mal, al mal le inclinaste. Hicieras lo que ahora, que el Albedrío inclina, pero no fuerza. Calla, calla, que me afliges. Dime tú, que me consuelas, ¿cúya aquella voz sería? No sé, pero alguna seña, o viso, o rasgo, o bosquejo en alegórica idea hoy de místico sentido pienso que nos representa futuras venturas, pues dijo, si bien se me acuerda… Dentro. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al Hombre en la tierra! Sale la Sabiduría de peregrino. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al Hombre en la tierra! Oid, que un galán peregrino, las incultas asperezas penetrando del desierto, hacia esta parte atraviesa. Fatigado del camino, por estar todas sus sendas llenas de abrojos y espinas, bien en el cansancio muestra que desnudez, hambre y sed le afligen. Si es en las penas consuelo, bien que penoso, tener compañero en ellas, llamadle ambos. ¡Peregrino! Si las dos voces concuerdan, a un tiempo, de Entendimiento y Albedrío, bien espera el Hombre que a ellas responda. ¿Quién me llama? Quien desea valerse de vos en tantas desdichas como le cercan. El Hombre soy, despojado de la más feliz herencia por sugestión de un delito. Pues le llora y le confiesa, ¿qué aguarda mi piedad? Una pálida, triste, funesta, no sé si sombra, si culpa, o muerte, que todo en ella concurre, en esta prisión, amarrado a sus cadenas, me tiene, sin que Albedrío ni Entendimiento romperlas puedan; ved si podéis vos, porque, una vez rota, pueda ir en busca de mi patria, que su perdida grandeza, aunque pasó como sueño, como verdad atormenta. Quítale la cadena. Ya estás libre, que yo solo quebrantarlas pude. Deja que, humildemente rendido, me eche a tus plantas y en ellas confiese que tú rompiste las ataduras, que eran eslabones de mi culpa; y, porque en su recompensa sacrificios de alabanzas, tu nombre invocado, vea el mundo que en hacimientos de gracias, gracias te vuelva, voto hago… Pero no puedo proseguir, porque la negra Sombra que dije en mi busca vuelve; sal a detenerla al paso, mientras que destos montes la fuga me ausenta, donde, en fee de tu piedad, su ira de vista me pierda. ¡Entendimiento, Albedrío, venid, de aquí huyamos! Esa palabra gozando está de Dios. En fin, Hombre, dejas tus prisiones en mis manos, bien que con la diferencia de estar en ti como propias, y estar en mí como ajenas. Pónese la cadena; recuéstase en la gruta. Mas yo las haré tan mías, que a la Culpa lo parezcan, hallándome en tu lugar: sea cabal la fineza, ¡oh Poder! ¡oh Amor!, ya que tosca piel y basta jerga vistió la Sabiduría de humana naturaleza. Sale Lucero y Sombra. En fin, Lucero, ¿no sabes quién fuese el dueño de aquellas misteriosas voces? No, que sin duda aquí se encierra algún misterio que Dios para sí solo reserva. Ya que el dueño no me digas, dime lo que infieres dellas. Que si al Hombre no le damos la muerte, antes que suceda su cumplimiento, perdido es nuestro rencor. Pues muera en su prisión, antes que ese socorro le venga. Llega, que rendido, o bien al sueño, o a la tristeza, allí está. ¿No había de estar, si se forjó la cadena de su yerro y de su llama? ¿Quién había de romperla? Toma y, pues su culpa fue de un árbol la fruta, sea de otro la rama el castigo. No sé si podré… ¿Ahora tiemblas? ¿Siempre prompta al daño y tarda siempre a la ejecución? Llega, que contigo estoy. Si tú me influyes, ¿qué aguardo? ¡Muera en su culpa el Hombre! Antes será para que sin ella viva, siendo en ambos troncos, dél la culpa y mía la pena. ¿Qué es esto, cielos? Terremoto. Mejor «¿Qué es esto, abismos?» dijeras, pues cielos y abismos unos se obscurecen y otros tiemblan. ¿A quién heriste? Terremoto. No sé; engañáronme las señas de humano traje y prisiones; pero bien caro me cuesta, pues, muerta la vida, vino a ser la muerte la muerta. Caen a sus pies Sombra y Pecado. Muerta la muerte, el Pecado con ella morir es fuerza. Salen como asombrados Hombre, Entendimiento y Albedrío. ¿Qué mortal terror o eclipse los Elementos alteran segunda vez contra mí? Toda la naturaleza sentimiento hace. ¡Qué asombro! Si es porque rompí la fiera prisión, a ella volveré… mas ¿qué es lo que miro en ella? Al peregrino abrazado a un cruzado leño, y puesta la Sombra a sus pies y el fiero Príncipe de las Tinieblas. ¿Quién me dirá si teatro que a la vista representa viva muerte y muerta vida es victoria o es tragedia? Victoria y tragedia es, puesto que, porque no te siguiera y tú pudieras salvarte, en tu prisión, con tus señas, ellos me han dado la muerte y yo a ellos; de manera que es tragedia y es victoria, pues que, supliendo tu ausencia, he dado a infinita culpa infinita recompensa. Ya que, sincopado el tiempo en representable escena, el término de tres días a solo un instante abrevias, volviendo de mí triunfante a segunda vida, vuelva también yo a segunda ira. Y yo a segunda soberbia. ¿Cómo su culpa en tu muerte pudo quedar satisfecha, no pudiendo el Hombre en culpa merecer satisfacerla? Pudiendo en Gracia; pues siendo verdadero Hombre, a quien ella ni llegó, ni llegar pudo el que hizo propria la ajena, bien el Hombre por el Hombre la deuda pagada deja. Si, corrompida la masa de su formación primera, comprehende su primer culpa a toda su descendencia, ¿cómo, si es deuda pagada, queda obligado a la deuda? Como contra la común mancha desa triste herencia habrá elemento que dé a la gracia tal materia, que en el umbral de la vida esté a cobrarla a la puerta. Si todos los Elementos se amotinan y rebelan contra él, ¿qué Elemento habrá que estar en su favor quiera? Vuelto él a la gracia, todos volverán a la obediencia. Con que volviendo a vivir la Luz que dejaste muerta, pues ya es materia de gracia, dé la gracia la repuesta. El Agua es el Elemento y, porque mejor lo veas, ella misma lo dirá, ¡armonïosa sirena de las ondas del Jordán! Sale el Agua con una concha. Esta clara, pura, tersa, natural agua, que yo del Jordán en las riberas en esta concha cogí, lave del Hombre la ofensa, Canta. pues que, santificadas sus ondas bellas, a mejor Paraíso le abren las puertas. Cuando esa primera mancha lavarse con agua pueda, ¿quién de la culpa actüal librarle podrá, si es fuerza volverle ella a la prisión siempre que él a pecar vuelva? Pues es obra del Poder dar poder a quien absuelva, como él su culpa confiese, elemento habrá que tenga materia también en quien otro sacramento sea preservación dese daño, dando al espíritu fuerzas con que en aumentos de Gracia pueda durar en la enmienda. ¿Qué materia, o qué elemento puede ser? El de la Tierra, que en las espigas y vides dará remota materia al más alto sacramento, diciendo cuando la ofrezca: Canta. Creced, vides y espigas, pues os espera la ventura de veros viandas eternas. ¿Qué es ser eterna vianda? ¿Vides y espigas sustentan más que al cuerpo? Sí, que al alma sustentan también. ¿Cuándo esa maravilla será? Cuando esa remota materia sea próxima y al Aire formar y pronunciar veas tan misteriosas palabras, que el pan en carne convierta, y el vino en sangre, la voz de la Sabiduria inmensa el día que diga… …Esto es mi carne y mi sangre mesma. Que el vino que es vino, el pan que es pan, carne y sangre sea, es dura proposición. No es. ¿Por qué razón? Por esta: Canta. ¿Qué mucho de una cosa que otra hacer pueda voz que de nada hizo cielos y tierra? ¿Y quién me dirá en qué forma maravilla tan inmensa se manifestará? El Fuego, si atiendes, si consideras que el Fuego es Amor. Sale el Amor. Ya Amor el que hace la fineza, puesto que, amando hasta el fin, dejó ese tesoro en prendas; y pues la forma preguntas, la forma, Sombra, es aquella. Debajo de cuya blanca nube de cándida oblea, el fuego de Amor contiene, con real, divina asistencia, en carne y sangre, alma y vida; porque mires, porque adviertas, Canta. si en finezas varias Amor se muestra, ¿qué será en la fineza de las finezas? ¿De suerte, ¡ay de mí! ¡Ay de mí! que en Aire, Agua, Fuego y Tierra… …concha, espiga, voz y afecto… …tiene, goza, incluye y sella… …perdón, venía, amparo, asilo… …piedad, refugio y clemencia… …el Hombre en su culpa? Sí. Pues, ¿qué aguarda… Pues, ¿qué espera… …mi ira… …mi rabia… …mi furia… …que a no mirar no se ausenta? ¿La luz de la gracia viva, cuando va la culpa muerta? Absorto y confuso estoy, gran Poder, Amor y Ciencia: si esto también es dormir, a nunca despertar duerma. Hombre, que hice a imagen mía, yo te saqué de la tierra, en real alcázar te puse, perdiole tu inobediencia, a la tierra te volví y vuelvo a buscarte en ella, donde, cobrado en mi Gracia, quiero que tu esposa sea; mira, pues, lo que me debes. Mira lo que a mí me cuestas. Mira lo que yo te amo. Y pues cuanto vives sueñas, porque al fin la vida es sueño, no otra vez tanto bien pierdas, porque volverás a verte aun en prisión más estrecha, si con culpa en el letal último sueño despiertas. La enmienda ofrezco a tus plantas. Yo, aconsejarle a la enmienda. Yo, inclinarle a lo mejor. Yo, a que siempre en mi luz tenga auxilios que le iluminen. Pues en feliz norabuena… …porque a todo el universo… …conste en todas cuatro esferas… …se publique cómo el Hombre… Cantan las cuatro. …en Aire, Agua, Fuego y Tierra, concha, espiga, voz y afecto, tiene, goza, incluye y sella, gracia, venia, amparo, asilo, piedad, refugio y clemencia. Y pues es de perdón día, nuestros defectos le tengan, para que puedan mejor repetir las voces nuestras… ¡Gloria a Dios en las alturas, y paz al Hombre en la tierra!