Personajes LA CULPA. LA NATURALEZA. LA GRACIA. LA HIDALGA. EL CONTENTO. EL FUROR. AMOR DIVINO. JOB. DAVID. MÚSICA. Sale LA CULPA con bastón y saca a LA NATURALEZA herrada con clavos, como esclava. Villanos, hijos de Adán, los que sois, los que habéis sido, y habéis de ser para siempre en pecado concebidos; villanos, hijos de Adán (segunda vez os lo digo), los que pagáis a mi imperio pechos del primer delito; oíd, que con todos hablo, pues por que a mi voz rendidos estéis todos, y ninguno pueda excusarse de oírlo: a vuestra naturaleza, mi esclava, traigo conmigo, herrada con esos duros hierros que en su rostro imprimo. Yo soy la Culpa, yo soy la serpiente, de quien dijo en el Génesis Moisés que andaba en el paraíso disimulada. Yo soy aquel hermoso prodigio, que, coronada en un monstruo de siete cuellos distintos, Juan vio en el Apocalipsis, con un vaso de oro rico, brindar mortales venenos de inficionados hechizos. Yo soy, yo misma, en efecto; y pues hoy mi aliento altivo lo ha dicho en públicas voces, no sin vanidad lo ha dicho. No vengo a engañaros hoy, y así mi nombre no finjo; a supeditaros vengo, y así a voces lo repito. Cuando yo en el mundo estaba sin imperio y sin dominio, arrastrando por la tierra el pecho escamado mío, me resbalaba en las flores, temerosa de mi ruido, y mis alientos cobardes eran callados gemidos, disfrazándome engañosa, por temor, o por arbitrio, en las grutas de los valles, o en las quiebras de los riscos; porque como andaba entonces de traición, era preciso disimular los intentos y recatar los designios. Pero ya que victoriosa con tantos aplausos vivo, que erguido el pecho levanto, que el cuello enroscado vibro, la cerviz, que alta sacudo, la frente, que altiva rijo, dando, no gemidos roncos, ya no callados bramidos, sino declaradas voces, en articulados silbos. Sabed, mortales, sabed que no sin causa ha nacido hoy en mí la vanidad que victoriosa publico; pues hoy en una campaña, que era verde laberinto, la Gracia, y yo, cuerpo a cuerpo, y cara a cara nos vimos, no partido el sol, las dos entramos en desafío, que como le tiene entero, ella partirle no quiso; pero no importa, que yo con las nubes de mi abismo le empañe la luz al sol, y con igual maña y brío, ella a la luz, yo a la sombra, en el hermoso distrito, brazo a brazo forcejeamos, y fuerza a fuerza reñimos; hasta que viendo que era la suya mayor, previno mi ingenio contra su fuerza un ardid; reconocido de la Gracia, se ausentó, teniendo ya por indigno (viendo el sitio por mi parte) quedarse ella en aquel sitio. Ausentóse, en fin, dejando la campaña a mi albedrío, llena de inmensos despojos, y trofeos infinitos, quedando, por mayor triunfo, mayor blasón de mi invicto aliento, por prisionera de mis cadenas, y grillos la naturaleza humana, siendo en eterno martirio esclava vil de la Culpa, en cuyo grande conflicto, por escapar con la vida, pleito homenaje me hizo, de que un pecho eternamente me pagarían sus hijos, tan común, tan absoluto, tan entero, tan cumplido, que sin exceptuar persona, todos claramente dijo; y así, cualquiera embrión apenas en el abrigo materno (primer sepulcro del hombre) señas de vivo dará, al informarse en él del alma el vital suspiro, cuando se nombre mi esclavo, se confiese mi cautivo, siendo, aun antes de nacer, en aquel natural limbo, señalado con mis hierros y marcado con mis signos, sin que pueda haber jamás mortal ser que sea excluido de este pecho este tributo, pues hasta los reyes mismos con villanaje de humanos acudirán al servicio. Piadosamente crüel he aceptado los partidos; y así a cobrar el tributo ambiciosa el aire giro, iluminándole a rayos, tornasolándole a visos. Dezmera soy de mí mesma, pues yo mesma a mí me envío a cobrar mis rentas; éste es el padrón donde alisto mis vasallos, y por que ninguno pueda atrevido excusarse de la paga, aquesta esclava he traído a que me avise de cuantos se engendraren, pues ya miro que ella no podrá engañarse de saber cuántos han sido engendrados, siendo éste de naturaleza oficio; y así a concurrir con ella en el instante e improviso de cualquiera concepción, con ella voy de continuo, corriendo parejas toda la carrera de los siglos. Ya a vista del mundo estamos; su fábrica descubrimos, una emulación hermosa de ese alcázar cristalino. Tres puertas tiene, las dos todas abiertas las miro, y la tercera cerrada. Y pues que desde el principio del mundo, hasta el fin del mundo dilato el imperio mío, desde la primera quiero ir asentando en mi libro los tributarios vasallos, que en mis padrones registro. Llama a esa primera puerta, reconozcan sus vecinos en su semblante mi horror, y vean cuántos han sido, son y serán, que las dos a vasallarlos venimos; tú esclava, yo victoriosa; tú con temor, yo con brío; tú rendida, yo triunfante; tú con yerros, yo con ricos despojos; tú humilde, yo altiva; tú con suspiros, yo con voces; tú con llantos, y yo, en fin, con regocijos; por que vean los mortales, postrados hoy, y rendidos, que Culpa y Naturaleza, con dos afectos distintos, en cualquiera concepción, igualmente concurrimos. Estas dos puertas, señora, que ya cursadas has visto, son de la ley natural y escrita; mas la que admiro cerrada, no sé yo quién viva en ella, e imagino que hasta ahora no se ha abierto pues no hay gente en su edificio. Si la hubiere, pagará el tributo; haz lo que digo. ¿Ha de la Ley Natural candor, y yugo sencillo de nuestros primeros padres? En lo alto de la torre está una fábrica de tres puertas, las dos abiertas y la una cerrada, y JOB sale por una y dice sin bajar. ¿Quién con míseros gemidos llama a estas puertas? Yo soy. No te había conocido hasta que te vi los hierros que traes en el rostro escritos, Humana Naturaleza. Sin mis señas; no me admiro, pues ya que han de conocerme, sé, por mis hierros, mis hijos. Paciencia habrás menester; ¿quién es quien viene contigo, Naturaleza? La Culpa, a quien ya de esclava sirvo. ¿Qué quieres, Culpa? Que yo habiendo la voz oído, que a los de la Natural ley ha llamado, he salido por todos ellos. Cobrar el pecho, a que reducidos estáis todos los humanos, es el intento que sigo, empezando en la primera Ley Natural, pues ha sido Ley Natural el pagarle, y no quiero otro testigo, en abono de que soy yo el origen, y el principio de todas las aficiones, probando que de los vicios yo soy el original, y ellos son retratos míos, que el universal diluvio, que empezando en un rocío, de la aurora, se hizo lluvia; la lluvia (cobrando bríos), fuentes; las fuentes, arroyos; los arroyos, anchos ríos; los ríos, inmensos mares; que entre piélagos y abismos, al gran cadáver del mundo dieron en su centro frío, en monumentos de plata, salobres tumbas de vidrio. Es la verdad; pero un arca, a los desdenes esquivos del mar, exenta se vio sobre los crespos, y rizos de las espumas, saliendo intacta de su peligro. Calla, calla, que no sé qué hielo han introducido en mis venas tus razones, o qué fuego en mis sentidos, qué monstruo de fuego, y nieve, tan mal a los dos resisto, que tiemblo, y me abraso a un tiempo; un volcán, un Etna vivo soy, pues de la nieve saco el fuego con que respiro. ¿Quién te metió en responder por todos los comprendidos (a ti) en la Ley Natural? Mis trabajos infinitos, que como por ti padezco más que todos, todos (visto mi dolor) poder me dieron para que hablase contigo. Pues habla conmigo, Job, en el fin que solicito, y las réplicas dejemos de argumentos dicursivos. A cobrar el pecho vengo; ¿qué dices a aquesto? Digo que te le debo, y que en nombre de toda mi Ley le rindo; Escribe LA CULPA. toma la congoja, el llanto, la miseria y el conflicto, la desnudez, hambre y sed, que padezco; y sean malditos la noche y día en que fui en pecado concebido. Vase. Ya faltó a Job la paciencia, pues desesperado hizo tal acción. No faltó, que él por el pecado lo dijo. Ya de la Ley Natural cobrado el tributo miro, y confesado por Job el vasallaje a que aspiro. A las puertas de la Ley Escrita llama. Es preciso obedecerte forzada. ¡Ah del gran pueblo escogido de Jehová e Israel, a quien en un terso mármol liso, buril el dedo de Dios dejó el Decálogo escrito! Sale DAVID a la otra puerta. ¿Quién llama? David, responder por todos, como su invicto rey. Yo soy la que llamo, aunque las voces han sido de vuestra Naturaleza. No te pregunto, advertido, quién eres; y así, no habrás menester, Culpa, decirlo, porque ya has llegado a tiempo que mi Culpa he conocido. Según eso, ya sabrás el intento que he traído, que es de cobrar el tributo que ha impuesto el común delito a todos los de tu ley, cuyo gran crédito afirmo en las peregrinaciones, que pasaron afligidos en el desierto, sacados de la esclavitud de Egipto; pues en él tuvieron hambre, sed, desnudez y martirio, que causó la primer Culpa. No puedo contradecirlo; pero puedo consolarme con que los cielos divinos sus peligros, hambre y sed restituyeron benignos, lloviéndolos cada día rocío. Sí; mas rocío, que se convirtió en gusanos a otro día, corrompido. Otro rocío por eso también, sin corrupción, vimos en la piel de Gedeón cuajarle, cándido y limpio. No más, no más, que esa piel, que concibió en sus armiños el rocío intacto y puro, me ha causado un paroxismo mortal, un mortal letargo. ¡Fuerte horror! ¡Fuerte delirio! Reconóceme la deuda y no argumentes conmigo. No puedo negarla; toma las voces, que al aire envío, en señal del rendimiento que por todas significo. Escribe LA CULPA. En iniquidades fui engendrado, y concebido fui de mi madre en pecado. Vase. Ya David por todos dijo lo que yo quise, a esa puerta que siempre cerrada vimos; hasta ahora también llama, y quienquiera que haya sido dueño suyo, reconozca de mi poder el dominio. ¡Ah, de la tercera puerta! Del Mundo, ¿qué se ha seguido a la Natural y Escrita? En la puerta cerrada, LA GRACIA. Por haberte conocido, Naturaleza, en la voz, abro la casa en que vivo, esperando un huésped nuevo, para quien sólo previno todo el aparato de esas dos leyes, que has discurrido; pero como soy la Gracia, es fuerza que tu albedrío responda siempre que llames. ¿Qué quieres? Que aunque mi pío corazón darte quisiera posada, mientras te miro con ese hierro en el rostro no puedes vivir conmigo. Ni yo se lo consintiera, que es mi esclava, y no permito que viva con nadie. Pues ¿qué quieres de este retiro? ¿No basta, Culpa, que seas hoy reina de cuanto miro, viendo a la Naturaleza, que fue mía, en tu servicio? ¿Que aquí vienes a ofenderme? No; y supuesto que describo el orbe, cobrando el pecho a mi majestad debido y que he llegado a tus puertas, aunque desiertas las miro por ahora, por si acaso se poblaren de vecinos (que siendo la casa esta que a las leyes se ha seguido, Natural y Escrita, bien al verte en ella adivino que la Ley de Gracia sea) algún tiempo, determino que de sus habitadores fiadora salgas, escrito dejando en este cuaderno paguen, aunque sean mis hijos; pues para reconocer de su pecado el principio, basta conocer el fin que han de tener, rayo vivo, llama pura ha de acabar con todos, cuando el impío diluvio segundo arroje en desatados prodigios iras, culebreando a rayos; rayos, culebreando a giros. De ese furor, de ese incendio, en los profetas previsto, sin ofenderle las almas, se quedará un verde sitio, bien como allá en el diluvio se reservó el paraíso, luego si ha de reservarse algo del incendio altivo, mal haré en firmar por todos, pues podrá ser (y aun lo afirmo) que alguna humana criatura en la hoguera de los siglos, salamandra de ese fuego, tenga los rayos por tibios. No prosigas, no prosigas, que de escucharte me aflijo; un áspid tengo en el pecho, y a la garganta un cuchillo. ¿Cómo (soy toda furor), Gracia (toda soy abismos) osada (¡rabiando muero!), niegas (¡volcanes respiro!) darme (¡quiero hablar, y lloro!) tú (voy a llorar, y gimo) el pecho (¡toda soy rayos!), que (¡toda soy basiliscos!) me han dado (¡toda soy furia!) cuantas hasta hoy han nacido? Como ya lo figurado de quien figuras han sido, y sombras esas dos leyes (que atrás has dejado), miro acercarse, a cuyo efecto aquesta casa fabrico; y podrá ser que a ella venga huésped tal, que su divino ser no quiera pagar pecho, por ser hidalgo y ser limpio; y así por todos no tengo de obligarme en tus registros. Vase. ¿Cómo en este humano valle de lágrimas y suspiros, ninguna hidalga criatura ha de negar mi dominio? Como es Dios quien puede hacerlo, y es su poder infinito. Riéndose. ¿Tú también, esclava vil, te atreves a presumirlo, y alegre en mi cautiverio te regocija el oírlo? Sí; que la Naturaleza, habiendo a la Gracia oído que su ley se acerca, toda ha de ser hoy regocijos, desde la más tierna flor, al más destroncado lirio. Vivo yo, que no ha de serlo; Aparte. pero en vano solicito estorbárselo, que yo, señora de su albedrío, no soy, ni de sus afectos; ¿pero podrá el furor mío castigárselos, Furor? Habiendo tu voz oído, vengo a saber qué me quieres. Sale. Esta esclava se ha atrevido a reír, cuando yo lloro; pues de mis iras ministro eres, castiga esa esclava. Sí haré, pero suspendido el brazo en la misma acción, parece que la ha tenido. ¿Qué hay en ti, Naturaleza, hoy más que ayer que remiso, siendo el Furor de la Culpa o te respeto, o te admiro? No en vano de sus efectos confuso y triste he venido hoy a buscarte. Furor, ¿pues qué es lo que ha sucedido? Escucha, que a ti te importa más que a todos, el aviso. Del Tribu de Leví, de la gran casa de David, y los reyes de Judea (en vivo fuego el pecho se me abrasa en nombrarlos, no sé qué causa sea), con poca hacienda y con familia escasa, en Nazareth, ciudad de Galilea, Él y Joaquín nació, siendo su padre Mataht y su parienta Esthá su madre. De esta misma familia soberana, en la ciudad a quien Belén llamaron, de Estolano nació y Merecïana una infanta a quien Ana apellidaron. Ya jóvenes los dos, Joaquín y Ana, como a deudos, sus deudos concertaron casarlos, que en fin hoy es ley forzosa que de su misma tribu sea la esposa. Casados, pues, en matrimonio santo, castamente los dos siempre vivieron, con tanta paz, con tanto amor, con tanto placer, que envidia religiosa fueron; si bien, como a la risa sigue el llanto, a sus gustos las lágrimas siguieron, que estéril Ana, consumió sin hijos la luenga edad de términos prolijos. Al templo iban los dos, no sin vergüenza de la gente, que estériles les veía, y en él (aquí tu confusión comienza) a su Dios le rogaban (¡pena mía!) que liberal sus sentimientos venza; y cada uno, llorando, le ofrecía el fruto consagrarle por tributo si ya de bendición les diese el fruto. Con estas esperanzas, engañados sus deseos, los dos juntos vivieron, hasta que de su afecto arrebatados a la consagración del templo fueron allá a Jerusalén, donde, notados de la esterilidad, echar se vieron del sacerdote, a cuyo celo santo su humildad respondió con sólo el llanto. Desconsolados, pues, determinaron apartarse los dos, y con extraña ternura para sí, los dos tomaron ella una gruta, y él una montaña. En su ruego, aun allí perseveraron, y viendo el cielo que su lecho baña continuo el llanto, envuelto en sus gemidos los escuchó, que el cielo es todo oídos. Un ángel, con inmensas alegrías, a los dos anunció, de luz vestido (bien como fue anunciado Jeremías y bien como Sansón fue bendecido), que Ana concebiría (¡oh ansias mías!), en tan mayor edad (¡pierdo el sentido!), una niña esta noche, hermosa y bella, poniendo el cielo su atención en ella. Que aunque es verdad que yo saber no pude aquesta anunciación, por milagrosa y sobrenatural, no es bien se dude, que la sé, no por verla misteriosa, sino porque después uno a otro acude, ella alegre, él ufano, ella piadosa; él felice, y allí me informé de ello, que en llegándolo a hablar, pude sabello. De aquesta cuenta, que los dos se han dado, un común regocijo se ha seguido; el sol, un manto azul, todo estrellado, con recamados visos se ha vestido; la luna, de topacios se ha calzado; el cielo, de diamantes se ha lucido (yo no sé para quién); coronas bellas de doce en doce hicieron las estrellas; la tierra, de sus galas envidiosa, se ha vestido también de mil colores, y siendo por diciembre, tan hermosa está, que brota anticipadas flores; la azucena, jazmín, clavel y rosa, al mayo le han robado los primores, dando (no sé por qué) la enhorabuena clavel, rosa y jazmín a la azucena. Las fuentes, con tal risa, sus cristales ofrecen hoy, que cuando fugitivas corren tan lindas, pues tan liberales que selladas son pozo de aguas vivas. El peso de los orbes celestiales son (sin hierbas ni aromas ofensivas, siendo, no sé a qué fin) bello traslado, cifra hermosa de todo lo criado. A pesar de la esfera, te florece el más estéril prado, el más desierto monte; éste escalar el sol parece, y aquél parece el más cerrado huerto. Y el cielo con la oliva reverdece, la palma crece, y el ciprés experto; luce el plátano, y todos cobran alma: cedro, oliva, ciprés, plátano y palma. Las aves, con canciones más süaves, pasmados tienen a su voz los vientos, y aun músicos más suaves que las aves, articulados forman los acentos. Alegres una vez, y otra vez graves, son a compás templados instrumentos, haciendo armoniosa y dulce salva a la noche, más métrica que el alba. ¿Mas para qué te informa la voz mía de aquesta novedad, de esta extrañeza, si lo puedes saber de la alegría que ha ostentado esa vil Naturaleza? Efectos suyos son los de este día, pues de su esclavitud en la tristeza, feliz, contenta, alegre está, y ufana, siendo, cual es, Naturaleza humana. ¿Qué importa? Que yo altiva, osada y fuerte, de esta que humilde está, presa y cautiva, los triunfos borraré, y aun de otra suerte he de vencer su vanidad altiva: si en esa anunciación su gloria advierte, presto en la Concepción haré que escriba en mi libro esa niña el vasallaje que debe, por nacer de su linaje. Anunciado Sansón, pero ha pagado; Jeremías también lo ha concedido; pues para concebirse con pecado, ¿anunciada qué importa que hayas sido? De mí, ningún viviente se ha exceptuado; de ti, ningún humano se ha excluido. Camina, pues, Naturaleza humana, en casa (con los dos) de Joaquín y Ana. Verán el sol, la luna y las estrellas, la azucena, los lirios y las rosas, las claras fuentes y las plantas bellas, músicas dulces y aves amorosas, con eclipses, desmayos y querellas, con estragos, con ruinas lastimosas, que esa anunciada luz tan prevenida ha de ser en pecado concebida. Vanse, y suena música, y sale EL PLACER, escuchándola. Por que de Gracia y de Fe eterno tu aplauso sea, tota pulchra, amica mea; macula non est in te. ¡Válgame el cielo! ¿Qué voces me están hablando al oído, llevándome suspendido de sus acentos veloces? Tú, Placer, ¿no las conoces? No, que mis ojos no ven quién es quien canta, ni a quién es la Música tampoco, pues sólo examino, y toco (si en ello reparo bien), que en los cantares habrá, que he escuchado de una esposa, toda limpia, y toda hermosa; pues la primera palabra, que en ella el esposo habla, y yo del tono escuché, en raro concepto fue, para que ser así crea. Tota pulchra, amica mea; macula non est in te. Toda eres hermosa, dice, y en ti no hay mancha ninguna, a Fe de buena fortuna, bien dichosa, y bien felice ser aquella a quien predice la canción misterio tanto, aquella a quien este canto se dedica, y bien perfeta, pues el músico y poeta es el Espíritu Santo, ¿qué trae consigo este día, que todo el orbe es contento, es música todo el viento, es todo el valle alegría, toda la tierra armonía, todas las nubes colores, belleza todas las flores, risa todos los cristales, paz todos los animales, todos los cielos favores? Pues, mariposas aladas, infinitos niños bellos suben, y bajan a ellos con alas tornasoladas, las frentes traen coronadas con flor de otra primavera. ¡Quién uno coger pudiera! Que a fe que si le agarrara, que nunca allá se tornara; y pienso que le estuviera aun mejor a él que no a mí, que aunque soy pobre, no dudo que no anduviera desnudo, como en el aire le vi, yo le vistiera (¡ay de mí!) si vestirse puede un rayo, pues el copete que el mayo teje, un sayo mi Placer le hiciera, si el Placer ser puede de su capa un sayo. En la casa de Joaquín, donde yo a servir he entrado, es a donde se han parado, convirtiéndole en jardín todos: ¿yo no sé a qué fin, ni con qué causa colijo que haya en ella regocijo tan grande? ¿Ni para qué yo en ella a servir entré? ¿Si por la falta de un hijo, tristes, y desconsolados, él y su esposa vivieron, desde que del templo fueron en Jerusalén echados, no penetran mis cuidados a quien se hace este festín, ni tampoco sé a qué fin, viviendo en la soledad aparte, hoy en la ciudad se han buscado Ana y Joaquín? ¿Pero quién os mete a vos en discurrir ni pensar, Placer, que os haréis pesar? Éstas son cosas de Dios; no discurramos los dos pergeño, que soy grosero, y vos muy sutil; empero, pues el primer día ha sido que Joaquín me ha recibido, hacerle falta no quiero; y, pardiez, que no el cuidado de servir sólo me lleva, que fuera cosa muy nueva tener cuidado un criado (y más el Placer, que es dado a servir mal, y a faltar), sino el ansia de mirar si asir pueden mis solaces, uno de aquellos rapaces que han dado en salir y entrar en su casa; éste bailando, riendo de mí se fue éste, y todo, ¿pues por qué, muchachos, que andáis jugando, de mí os estáis retirando? Mirad, que soy el Placer; ¿aún no, aún no os dejáis coger? ¿Qué hicierais más al pesar? Mirad que me haréis pensar que no me habéis menester. Pero gente es la que viene; quiero quedarme en la puerta de la casa de Joaquín, que ya es celestial Esfera. Y pues hoy me ha recibido con cariñosas promesas, y le sirve mi ignorancia, el no hacerle falta es fuerza, por si por dicha hay visita, que venga esta noche a ella, no tengan que llamar; pero aunque en confusas tinieblas, que ya la noche, a pesar de tantas luces, dispensa, he conocido quién son, que en fin soy Inteligencia, pues el divino Placer allá en el cielo se engendra, que pensar y que admirar me han dado las tres, que llegan, pues la Gracia, acompañada del Divino Amor que en ella vive, por aquesta parte hacia la casa se acerca; la Culpa de su Furor, que un instante no le deja, por esotra, y admirada, confusa, absorta y suspensa, entre la Culpa y la Gracia viene la Naturaleza; de grandes misterios son prevenciones, pues revelas tus misterios al humilde, haz, Señor, que aquéste entienda. Salen LA GRACIA y EL DIVINO AMOR por una parte; y por la otra, LA CULPA, y EL FUROR y LA NATURALEZA un poco más adelante, y van andando como hacia la casa de Joaquín. De una música llamada, que acordadamente suena, y guiada del Divino Amor (que tras sí me lleva), he penetrado los aires, siempre a obedecer dispuesta. Ya prevenida la Gracia, humilde está a mi obediencia. Guiada de aquesta esclava, que está a mis leyes sujeta, y acompañada también del Furor, que en mí se engendra, penetrado he los abismos. Bárbaras inteligencias, ya prevenida la Culpa, sigue a la Naturaleza. Absorta entre mil afectos, con temor y reverencia voy a misterio tan grande, mientras con más luz me ciega. Por dar horror a la Culpa, y que a esta ocasión no venga, canta, Gracia; oiga tu voz. Cantando. Tota pulchra, amica mea. Quien dijo toda es hermosa no previno mancha en ella. Ésta es la voz de la Gracia. Por que no esté tan contenta y huya de aquí, canta, Culpa, otro verso también. Cantando. Pereat dies, in qua natus sum. Que sea maldito y perezca el día, en que es concebido el hombre. Mi Culpa es ésta. Prosigue, Gracia, prosigue la confusión, que le aumentas. Macula non est in te. Ya sin mancha la confiesa el mismo Espíritu Santo. Prosigue, por que convenzas su ignorancia. Cantando. Et in peccatis concepit me mater mea. ¡Entre la Culpa y la Gracia absorta estoy y suspensa! ¿Naturaleza, qué aguardas? Dentro de esa casa entra, por que contigo entre yo. Adelántase LA NATURALEZA y va LA CULPA tras ella. El obedecerte es fuerza. ¡Qué dispuesta a obedecer está la Naturaleza! Llega, Gracia, porque viene la Culpa a tomar la puerta. Párase LA NATURALEZA. No sé qué me ha suspendido. Partió la Naturaleza y esperó un poco la Gracia. ¿Naturaleza, qué esperas? Entra dentro. Entra conmigo. Al dar la mano LA NATURALEZA a LA CULPA, tómala LA GRACIA y se entra, cerrándose una puerta que ha de haber. Sí haré. Tente, aguarda, espera, Naturaleza engañada, que no soy yo la que llevas; otra primero que yo entró y cerróme las puertas. Adelantóse la Gracia, dejando a la Culpa fuera, por que la Culpa y la Gracia estar juntas no pudieran. ¡Ay de mí! ¿Qué concepción puede ser, mortales, esta que sin mí se hace? No es posible, sin culpa, hacerla. Es verdad; y pues contigo está tu Furor, no temas; entra dentro. No es posible, porque está de Gracia llena esta casa; tanto, que no puedo caber yo en ella. Yo te haré lugar. Quítale EL AMOR la espada al FUROR y se pone a guardar la puerta. Primero te quitaré yo las fuerzas, y con tu espada seré el querubín de esta puerta. Vase. Sin armas quedó el poder de la Culpa, por haberlas quitado el Amor Divino al Furor de su soberbia. ¿Qué has conseguido en quitarme esa espada que te llevas, si aunque me dejes sin armas conmigo mismo me dejas? Entra, Culpa, que mi aliento te inspira llamas eternas. Sí haré, a pesar de la Gracia, y con mi rabia sangrienta morderé (serpiente altiva) la planta a esa niña bella. Paréceme que te pone la tal planta en la cabeza. Vase. Para hablar en esto, es muy grande vuestra simpleza. En el Paraíso entré, estando en su verde esfera también entonces la Gracia; ¿pues qué mucho que me atreva (de mi Furor persuadida) a esta casa, aunque esté en ella la Gracia ahora? Mas como que trabadas en la tierra tengo las plantas, no puedo, no puedo (¡ay de mí!) moverlas; que tiene echadas raíces la Culpa en la tierra, es cierta proposición, pues soy tronco y no puedo andar en ella. León he sido, la cuartana me ha dado ahora, pues tiemblan todos mis miembros helados discurriendo por mis venas un ardor, que helado abrasa; un hielo, que ardiente hiela; Furor, llega a mí. No puedo, que en maravilla como ésta tú tienes el accidente, y yo desmayo las fuerzas. No en vano (¡ay de mí!), no en vano, al ir cobrando las rentas del común pecho del hombre, encontré en la edad primera sobre las ondas del mar, que hidrópicas, y sedientas, bebieron el universo, aquella arca hermosa, aquella que corrió sobre las ondas, sin temor de la tormenta. No en vano, no, en la segunda, entre el destierro y miseria de los peregrinos hijos de Israel, vi al alba bella llorar un manso rocío sobre una cándida y tersa piel, siendo el llanto del alba, al caer, lágrimas tiernas; al llegar, menudo aljófar, y al irse cuajando, perlas. Y no en vano se imagina en la Ley de Gracia eterna reservada del incendio alguna mansión inmensa; ¿pero qué digo? ¿Qué digo? Miente mi voz si confiesa que es verdad que sin mi Culpa puede ser Concepción ésta, por más figuras y sombras, y por más que con diversas gracias presuma la Gracia pasmar la Naturaleza. Privilegio de Dios tengo (su mano me lo dio mesma) de que nadie nacería sin reconocer la deuda que como pecheros pagan los descendientes de Eva. Aqueste valle no es posible que exentos tenga, porque todo es behetría, y todos pagan en ella; y así, a aquesta Concepción pondré pleito ante su eterna Cancillería. No dudes que salgas con la sentencia (haz notorio el privilegio de que están las leyes llenas) en tu favor, pues en todas hay quien la Culpa confiesa, y en todas tres tus letrados Job, David y Pablo sean; y habiéndola requerido con él a sus mismas puertas, si no te le obedecieren, saca desde luego prendas, que serán las opiniones encontradas que padezca; y si quisiere cobrarlas por hidalga o por exenta, litigue a ejecutoria, pruebe hidalguía y limpieza. Sale. Entra EL PLACER. Si probara que eso sólo, me vuelve a echar acá fuera. ¿Adónde está el privilegio que tu justicia sustenta? En el Génesis está; ve por él. Aquí me espera. Vase. Por buen privilegio va, pues está al pie de la letra cuando a la mujer castiga el Señor su inobediencia, que pondrá la mujer, dijo, las plantas en la cabeza de la serpiente, que entonces la engañó. Yo he de ponerla pleito. Pues mal pleito tienes, viborilla, en mi conciencia. ¿Por qué, villano? ¿Por qué? Por mil cosas, que son éstas: La una, porque lo metéis a voces, que es mala seña de quien no tiene buen pleito: las dos, porque sois blasfemas, pues decís que Dios no pudo (siendo suma Omnipotencia) hacerlo; sí quiso hacerlo; las tres, porque es indecencia decir que pudo y no quiso; las cuatro... Déjame. Advierta que he dicho por mil razones, y me faltan novecientas y noventa y siete. ¿Quién eres tú que a hablar me llegas, sin temor de mis enojos, sin pavor de mis dolencias? Un algo tan venturoso, que a conocerme no llegas. ¿Pues qué quieres de mí? Quiero pedirte que no te metas en poner pleito a esta niña, en razón de su nobleza, porque no saldrás con él. Muy grande es vuestra simpleza para hablar conmigo; ¿pues por qué no, si es ley severa y general que a ninguna humana criatura exceptas? Porque es criatura divina, y no se entiende con ella. Humana es, pues se concibe de humana Naturaleza. Divina es, pues que por gracia Dios de Culpa la reserva. Humana es, pues que naciendo dolor a su madre cuesta. Divina es, pues antes que nazca, nace su belleza bendita entre las mujeres. Humana es, pues que la llevan a presentar en el templo como a víctima y ofrenda. Divina es, pues es su vida integridad y pureza. Humana es, puesto que esposo le dan de su sangre mesma. Divina es, pues que desposada su virginidad conserva. Humana es, pues que concibe dentro de sus entrañas mesmas. Divina es, pues que concibiendo virgen intacta se queda. Humana es, pues que a su esposo ya le da celos y penas. Divina es, pues que le informa un ángel de su inocencia. Humana es, pues peregrina va a los montes de Judea. Divina es, pues santifica al Bautista su presencia. Humana es, pues pare al hombre en una casa desierta. Divina es, pues sin dolor lo pare y queda doncella. Humana es, pues los pastores se duelen de su miseria. Divina es, pues que los reyes la adoran y reverencian. Humana es, pues de ese parto a purificarse llega. Divina es, pues que lo hace por cumplir con la obediencia. Humana es, pues que huye a Egipto, temerosa de una fuerza. Divina es, pues que derriba cuantos ídolos encuentra. Humana es, pues pierde al hijo, que es la cosa que más precia. Divina es, pues disputando le halla las más doctas ciencias. Humana es, pues que le ve prender, y no le remedia. Divina es, pues su pasión la hace mártir de paciencia. Humana es, pues que permite que allí su sangre se vierta. Divina es, pues del pecado redime al hombre con ella, que es el mérito mayor que es posible que merezca. Luego si tú mismo dices que es la mayor excelencia del hombre ser redimido con la Sangre de Dios, de ésta excluyes hoy a su madre, pues procuras que no sea en pecado concebida, para que parte no tenga en la Sangre derramada de Dios; pues naciendo de ella sin pecado, no hay de qué lavarse; con que se prueba que concebida en pecado ha de ser su madre mesma; o no ha de ser redimida con su sangre; considera cuál la puede estar mejor, o cuál es más preeminencia: ser concebida en pecado, o no ser (aquesto es fuerza) partícipe de la Sangre de Dios; y por que no pierda tiempo, a buscar el Furor voy, piensa bien la respuesta. Vase. ¿Quién me metió en argüir (siendo un mentecato yo) en lo que tanto importó estudiar y discurrir? No sé qué me he de decir; mi ignorancia está vencida: ¿que no ha de ser redimida con la sangre esta mujer de Dios-Hombre, o ha de ser en pecado concebida? Dejar de gozar favor tan sumo, como llegar su sangre a participar, ya es un defecto, en rigor; ser de la Culpa al Furor avasallada, y rendida, ya es otro; pues elegida de Dios, ¿no le ha de tener, luego en Gracia puede ser redimida y concebida? Sí; pues con eterno aviso (no lo extraño ni lo dudo) Dios quiso hacer cuanto pudo, y pudo hacer cuanto quiso; luego que sea, es preciso, esta Virgen escogida para Madre, preferida en todo, siendo en su estado concebida sin pecado, y con sangre redimida. ¡Oh, quién supiera explicar el cómo esto puede ser! Que en mi modo de entender ya lo he llegado a alcanzar; esta azada he de tomar, Toma un azadón y cava. y un hoyo en la tierra herida he de hacer; o si mi vida mostrarse al volver los dos, que es redimida de Dios, y sin Culpa concebida Salen LA GRACIA, LA NATURALEZA y EL AMOR DIVINO y los músicos. Pues victoriosos nos vemos con el eterno blasón de esta pura Concepción, al cielo mil gracias demos. Himnos en su loor cantemos por tal dicha y gloria tal. Esta Niña celestial, de los cielos escogida, es la sola concebida, sin pecado original. ¿Qué es esto, Placer? ¿El día que más te hube menester trabajas, siendo Placer, y faltas de mi alegría? Sí, que esta fatiga mía estudio es, para llegar una experiencia a tocar que hasta que una duda venza, no soy Placer de vergüenza, siendo dolor de pesar. Cava. Cavando la tierra dura, ¿qué es lo que intentas hacer? Si he de morir, o vencer, labrarme mi sepultura. ¿Qué es lo que tu afán procura? Estudiar un argumento y cavando en él, intento ahondar una sutileza. ¿De la tierra la aspereza penetras? Ése es mi intento. Pues que ya la Culpa tengo de estos umbrales ausente, a la fábrica eminente iré, que al huésped prevengo. ¿Vaste? Tú verás que vengo, si me llamas con piedad. Vase. Lloraré tu soledad. Para que entendáis mejor mi intento, pues el Furor viene, de aquí os retirad. A un lado EL AMOR y LA NATURALEZA, y sale EL FUROR con un libro en la mano. Ya el privilegio está aquí: Moisés (que al fin es letrado, en las leyes gradüado) habló en derecho por ti, Culpa; con él (¡ay de mí!) Cae en el hoyo, y se ha de hundir el medio cuerpo. en mí mismo tropecé; hasta el abismo bajé; no me puedo levantar sin quien me llegue a ayudar. Pues yo, Furor, llegaré; levanta, y ahora quiero limpiarte el polvo. Levántale y límpiale. Es piedad, cuya liberalidad siempre agradecerte espero. ¿Haste hecho mal? Dolor fiero tuve, mas ya se ha aplacado con haberme levantado tú, pues queda mi temor sin manchas, y sin dolor. Eso es lo que he procurado. Sale LA CULPA. No puedo al Furor hallar, que anda la soberbia mía sin Furor todo este día. Va a caer y la detiene EL PLACER. Tente, Culpa, sin llegar a caer, ni a tropezar en ese hoyo, que es abismo, a donde tu Furor mismo en este instante cayó. Siempre agradecida yo. Ya está puesto el silogismo. Pues me has redimido ahora de tan extraña caída, he de estar toda mi vida. Pues aun su piedad ignora tu pecho, porque a mí ahora de ese hoyo me sacó; si por él no fuera, no pienso que me levantara en mi vida. Cosa es clara que le he debido más yo, pues antes de haber caído me ha excusado de caer. Más tiene que agradecer quien, viéndose ya perdido, es de alguno socorrido, que el que no se vio jamás perdido; pues que verás que a uno el favor le llegó padeciendo, y a otro no, sino temido no más; y ningún dolor ha habido, ningún tormento se ha hallado, que tan grande imaginado sea como padecido; luego el que le haya tenido, y ha sentido su tormento, agradece más atento al que padeció el rigor, porque al paso del dolor mide el agradecimiento. Si después de haber caído todo el favor que te ha dado es haberte levantado; sin caer, me ha socorrido a mí, que no ha permitido que caiga. Luego en mi ser, más tengo aún que agradecer, pues estoy como tú estás, y tengo de más a más no haber llegado a caer. El que algún dolor padece, la cura no ha agradecido, pues con lo que ha padecido que la ha pagado parece, y ya en esto desmerece el modo de agradecer; mas no en quien se llega a ver la cura antes del dolor; luego viene a ser mejor preservar que socorrer. ¿De manera que ya aquí hoy los dos me confesáis que en obligación me estáis? ¿Y tú, mayor? Es así. ¿Y confesáis que es en mí igual siempre la fineza en socorrer la tristeza en que estábades? Sí. Pues para hablar conmigo es muy grande vuestra simpleza; porque si llego a mirar, que yo he podido tener un modo de socorrer, y otro aquí de preservar, en Dios piedad singular es preciso que confiese ya vuestra lengua con ese ejemplo: que dos ha habido, a uno por haber caído, y otro por que no cayese... El levantaros postrado, y limpiaros, da a entender que en no dejaros caer limpiados he, y levantado; una atención, un cuidado me habéis costado los dos: vos, porque caísteis; vos, porque no os dejé caer; pues si esto hace mi poder, ¿qué no hará el poder de Dios? Luego de Dios reservada está la que no cayó, y sin caer se levantó limpia, antes de estar manchada: una piedad imitada es alzar a uno, y tener al otro que va a caer. ¿Luego si para librar al que cayó en su pesar fue su Sangre menester, para detener a quien va a caer, es bien se arguya que puso la Sangre suya, que fue menester también? Luego en su Sangre hoy es bien que esta Niña comprendida sea antes de la caída; y es, pues Dios la ha preservado, concebida sin pecado, y en su Sangre redimida. Es vana sofistería querer que esta Niña humana de la Sangre de Dios goce, antes que esté derramada. No es, porque si menester fuera (para derramarla) tenerla, y se la han de dar sus purísimas entrañas, ¿cómo pudiera verterla antes, y después tomarla? Pues si por ser más no había de ser menos, cosa es clara que así le da anticipado este mérito de Gracia. No es más, de que yo tengo esta escritura firmada de su nombre ante Moisés, y a las puertas de su casa la he de hacer pública hoy, y si el pecho no me paga, la obligaré que litigue si es hidalga o no es hidalga. Presente su ejecutoria, haya un texto solo, haya un evangelio, que diga que ha nacido preservada. Las asentadas noblezas, las ilustrísimas casas, no tienen ejecutorias, la notoriedad les basta; y por que esta estimación no pierda, ni esta alabanza, antes que le den sentencia en su favor publicada, te pondrán silencio, a que no hables en aquesta causa. El Amor Divino soy, el Espíritu me inflama; y pues es él quien asiste a los pontífices, calla, no hables en esto; en su nombre es mi voz la que lo manda. Es justicia (hablar no puedo muda estoy) que me la hagan. ¡Reviento! ¡Muero de pena! ¡Toda soy ira, y soy rabia! ¿Furor? No puedo, no puedo articular las palabras. ¡Un puñal tengo en el pecho y un cordel en la garganta! Mudos quedaron los dos, pues sólo por señas hablan. Esto no toca al silencio; entraré en su misma casa, y a sus puertas clavaré el privilegio, en venganza de este rigor; mas ¿qué es esto? Sobre mí se cae la casa; y aun el cielo sobre mí cae, que estas esferas altas todas sobre mí parece que se trastornan y bajan, Va a subir por una escalera, y ábrese la apariencia y baja por una tramoya LA HIDALGA, que lo hará UNA NIÑA, hasta ponerse encima de LA CULPA, como se pinta. desasidas de sus polos, de sus ejes desquiciadas se deshacen, se desploman, se quiebran, se desencajan, para que ponga esta Niña sobre mi cerviz las plantas. El privilegio que traes tú misma, es en esta causa contra mí; pues dice él mismo, con misteriosas palabras, que habrá entre ti y la mujer disensiones y asechanzas, y que ella a poner vendrá los pies sobre tu garganta; ya se ha cumplido, pues piso tu frente, sin que tu rabia pueda atreverse a morderme, con ser víbora pisada, porque en este inmenso valle de lágrimas soy la Hidalga. ¿Cómo, estando con mis hierros la Naturaleza herrada, y siendo en la común Culpa antes, y después mi esclava, nadie de mi sentimiento y de mi Furor se guarda? ¡Ay de mí!, toda soy fuego. ¡Ay de mí!, toda soy rabia. Presto la Naturaleza será libre, y rescatada de tu esclavitud, que ya la Gracia ha vuelto a la casa, que fabrica para el huésped, que ya tan benigno aguarda. En un bodegón del otro carro se descubre LA GRACIA. Ya tiene hecho el aposento, prevenido antes en tantas sombras y figuras vivas de las dos leyes que pasan. Pues cuando venga ese huésped (que tú tan divino aguardas), ¿cómo la podrá quitar estos hierros de la cara? Lavándola en el bautismo. ¿Con qué? Con el agua clara Del tocado de LA GRACIA salen siete caños de agua. de estos siete caños, que son la fuente de la Gracia. Siete sacramentos son; y aunque todos me dan tanta confusión, sólo el primero a atemorizarme basta, porque es el que misterioso mi original Culpa lava. ¡Ay de mí!, toda soy fuego. ¡Ay de mí!, toda soy rabia. ¡Oh, llegue el día en que pueda en ellos lavar mi mancha! Ahora sí, que soy Placer, en músicas acordadas suene este triunfo, diciendo a esta Niña soberana, con más afecto que ingenio, mil rendidas alabanzas. ¿Quién sabrá decirme, quién, por qué una sacra canción a esta Niña, nuestro bien, la llama vara de Aarón, y no vara de Moisén? Yo lo sé bien. Aunque de Moisés la vara tantos prodigios obró, nunca hermosa floreció: la de Aarón, sí; luego es clara la evidencia de que es rara sombra esta vara, de quien fruto y flor dará en Belén, y así, por esta razón la llaman vara de Aarón, y no vara de Moisén. No ha dicho bien. Aunque la vara divina de Moisés el mar abrió, y paso a su palacio dio (república cristalina), plaga causó peregrina en Egipto, este desdén ser su atributo no es bien, y así, con más perfección, la llaman vara de Aarón, y no vara de Moisén. No ha dicho bien. Si de los que van diciendo los conceptos no te agradan, diré yo uno, que viene bien, pues estoy a tus plantas. Aunque la vara eminente de Moisés, tan liberal del contagio universal, escapó a la humana gente, fue convertida en serpiente, y la Serpiente no es bien que, aun por sombra, se la den. Y así, por mayor blasón, la llaman vara de Aarón, y no vara de Moisén. Ha dicho bien. ¿Quién sabrá decirme, quién, por qué una sacra canción a esta Niña, nuestro bien, la llama vara de Aarón y no vara de Moisén? Y sólo perdón merezca, pues no merece alabanza don Pedro Calderón, pues le pide humilde a esas plantas. Tocan chirimías, y cerrándose los carros da fin el auto.