El escondido y la tapada Comedia Famosa Personas que hablan en ella: Don CÉSAR, galán Don FÉLIX, galán Don JUAN, galán Don DIEGO, viejo OCTAVIO, viejo OTÁÑEZ, escudero MOSQUITO, gracioso CASTAÑO, gracioso GONZALO, cochero LISARDA, dama CELIA, dama BEATRIZ, criada INÉS, criada Dos ALGUACILES ESCRIBANO Tres CRIADOS Jornada Primera Salen haciendo algún ruido don CÉSAR y MOSQUITO, vestidos de camino, con botas y espuelas Pues no podemos entrar en Madrid, hasta que sea de noche ya, ata las mulas a esos troncos; y sobre esta tejida alfombra de flores que bordó la primavera, entre estos estanques donde la Casa del Campo ostenta tanta variedad podemos esperar a que anochezca. Ya están las mulas atadas; y aun fuera más justo que ellas nos ataran a nosotros. ¿Por qué? Porque son más cuerdas. Luego ¿los dos somos locos? Concedo la consecuencia; mas con una distinción. ¿Cuál? Tú por naturaleza, y yo por concomitancia; que es por lo que se me pega de andar contigo. ¿Aquí, pues, qué hay que locura sea? ¡Cuerpo de Cristo conmigo! Habrá tres meses apenas que salimos de Madrid, por haber dejado en ella muerto a un noble caballero, que era hermano, por más señas, de una de aquellas dos damas que a un mismo tiempo festejas, y por celos de la otra; que, como autor de comedias, tienes en tu compañía segunda dama y primera. Pasamos a Portugal y, porque en una estafeta nos vino un pliego --que yo aun no sé lo que contenga-- sin mirar inconvenientes, dimos a Madrid la vuelta; y dices que ¿qué locura hay aquí?¿No consideras que no hay alcalde de corte que no esté echando centellas por aquella boca, y que juran que hemos de ver puestas, tú la cabeza a tus plantas, las plantas yo a otras cabezas? Confieso que dices bien en que mi vida se arriesga hoy en Madrid, pero donde mi vida trae una pena misma, habiendo de morir en Lisboa de una ausencia o en Madrid de mis desdichas, ya que dos muertes me cercan y que me dan a escoger el modo de morir, deja que muera contento donde Lisarda hermosa lo vea. Yo, aunque el martirologio romano aquí me trajeran, para que escogiera muerte a mi propósito, fuera, sin agradarme ninguna, vanísima diligencia, porque no hay tan bien prendida muerte que bien me parezca. ¿Qué culpa tengo de que tú a morir contento vengas para traerme de reata? Pues dime ¿tú qué recelas, si tú en nada estás culpado ni te hallaste en la pendencia? Pues si un triunfo matador arrastra los que se encuentra, ¿un amo matador, dime, no arrastrará --cosa es cierta-- cualquiera triunfo crïado? ¡No vi locura más necia! Y esto a una parte, señor, ¿qué razón hay de que sea tan cerrado tu capricho que, ya que me traes, no sepa a qué me traes?Dime, pues, ¿qué es lo que en Madrid intentas? Eso te diré, no tanto, Mosquito, porque lo sepas, como por descansar yo con decirlo; que las penas no tienen otro consuelo sino el rato que se cuentan; que, como mujeres son, le despican con la lengua. Lisarda, raro milagro, donde la naturaleza para modelo compuso de una hermosura perfecta la belleza y el ingenio, haciendo paces en ella, que hasta allí estaban reñidos el ingenio y la belleza, fue --ya lo sabes-- del templo de amor la deidad más bella, a cuyas aras no hay vida y alma que no sea mudo sacrificio.Bien tantas víctimas lo muestran como yacen a sus ojos rendidas, si no sangrientas. Yo, que entre el mortal consuelo de sus victorias apenas la vi cuando con la mía hizo número y no cuenta, idolatrando su imagen viví, sin que mereciera perdón por el sacrificio ni mérito por la ofrenda. Desvalido amante, pues, de este hermoso hechizo, de esta hermosa mujer, mi vida a tanto esplendor atenta, la Clicie fue de sus rayos y el imán de sus estrellas. Viendo, pues, que a todo un sol alas fïaba de cera, y que al generoso vuelo sólo monumento era el mar de mi llanto, donde se apagaban sus centellas, dispuse olvidarla, como, --¡qué error!-- como si estuviera el olvidarla en la mano de quien no estuvo el quererla; y por hacerme en efecto contraveneno a mis penas, venciendo amor con amor, puse los ojos en Celia; Celia, que fuera milagro de hermosura, si no fuera porque Lisarda se alzó con todo el imperio della. Si donde amé fui infelice, y los afectos se truecan, donde no amé ¿qué sería? Saca tú la consecuencia. ¡Oh Amor!Si te llaman dios, ¿cómo de Dios desemejas tanto que los fingimientos y no las verdades premias? O deja, Amor, de ser dios, o de ser ingrato deja; porque decir dios e ingrato o suena mal o no suena. De Celia en fin admitido, estaba siempre con Celia como extranjero mi amor, dejando a Lisarda bella acá en lo mejor del alma, donde adorada estuviera, cierto lugar reservado. Escucha de qué manera. Tiene un príncipe, un señor lejos de sí un gran palacio y en el suntuoso espacio cerrado el cuarto mejor. Éste se guarda en rigor; y, aunque igual huésped por él pase, el alcaide fïel dice, "Este cuarto oportuno es de mi rey, y ninguno ha de aposentarse en él." Así el alma toda, que era el palacio de mi amor, dejó a Lisarda el mejor cuarto, aunque no le viviera. Éste guarda de manera el corazón, que nombró su alcaide que, aunque hospedó dentro a Celia, considero que fue en otro cuarto; pero en el de Lisarda no. De aquella, pues, despreciado y favorecido de esta, engañado en ésta el gusto con la memoria de aquélla, neutral estaba mi vida, cuando en esta competencia sucedió que don Alonso, hermano infeliz de aquella bellísima ingratitud, que no ablandaron mis quejas, a Celia sirvió.¿Habrá dicho algún hombre que es la fuerza de los celos tal que, donde no hubo amor, haber pudiera celos?Sí; porque los celos son un género de ofensa que se hace a quien se dan, y no es menester que sean hijos de Amor; que tal vez el pundonor los engendra; si bien estos dos linajes son con una diferencia, que el alma en los del amor anda por saber la pena, y en los del pundonor anda el alma por no saberla. Dígolo porque mil veces, aunque vi acciones y señas sólo de parte de él, yo cuidé poco de entenderlas hasta que, saliendo un día de la hermosa primavera Celia al parque, don Alonso al parque bajó con Celia. Yo, que en el sitio esperaba, y le vi venir con ella, por ella y por él no pude disimular más, sin mengua de mi valor; y, llegando a los dos, pronuncié apenas la primera razón cuando Celia dijo, "Seáis, don César, bien venido; que os deseo, porque con vuestra presencia me dejará don Alonso, ya que a hacerlo no le fuerzan tantos desengaños."Él, mal pensada la respuesta, dijo....Mas no sé qué dijo; que nunca un noble se acuerda de palabras que el enojo pronuncia desde la lengua a las espadas; mas luego sacamos los dos las nuestras. De una estocada cayó en el suelo. Entonces Celia, confundida con la gente que acudía a la pendencia, pudo, sin ser conocida, dar a su casa la vuelta, y yo libre fui a tomar en la Encarnación iglesia, donde estuve hasta que fuimos a Portugal. Todas estas cosas sabes.Desde aquí las que no sabes empiezan. Estando, pues, en Lisboa, recibí por la estafeta de Celia una carta, en que dice....Mas la carta es ésta. Lee Si no estuviera satisfecha de que vos lo estáis de la poca culpa que tuve en vuestra desgracia, fuera mi vida la segunda que hubiérades quitado.Mi hermano, como sabéis, está ausente; y no podéis tener retraimiento mejor que mi casa; que en ella no os han de buscar. Y así, para tratar más cerca de vuestros negocios, os podéis venir a ella, donde estaréis secreto como deseáis, si no servido como merecéis.Celia Esta carta me ha obligado a que hoy a Madrid me venga; pues no hay retraimiento donde seguro un hombre estar pueda, Mosquito, como una casa particular; y desde ella podré de noche salir a las cosas de mi hacienda y de mi composición; pues no negocia en ausencia el pariente ni el amigo lo que el mismo dueño.Fuera de que, si he de hablar verdad, ni esto ni aquello me fuerza tanto como parecerme que podré adorar las rejas de Lisarda alguna noche, ya que dispuso mi estrella que, dando muerte a su hermano, toda la esperanza pierda de merecer su hermosura; pues la que adorada era cruel conmigo, ¿qué será ofendida?La que fiera procedía a los halagos ¿qué ha de hacer a las ofensas? Esto a Madrid me ha traído; pues, para adorar en ella las paredes de Lisarda, estaré en casa de Celia. Siempre fui de parecer que por lo menos tuviera dos damas un hombre; porque de dos la una, como apuesta, no se puede errar el tiro. Beatricilla e Inés sean testigos también; pues siendo las dos de Lisarda y Celia un algo más que fregonas, y algo menos que doncellas, por si se pierde la una que la otra no se pierda las traigo en el corazón duplicadas como letras. Pero dime ¿qué papel me toca en esta comedia del caballero escondido? Pues no estás culpado, fuera te quedarás a avisarme de todo lo que suceda. ¿Y si, mientras se averigua si lo estoy o no, me pescan el coleto? Suena mucho ruido. Dentro LISARDA y BEATRIZ Para. ¡Tente, borracho!¿Qué haces? Espera... Por mi nombre me llamaron. ...que en una zanja de aquéllas se ha atascado un coche. Y todo sobre el arroyo se vuelca. Mujeres son; fuerza es acudir a socorrerlas. Vase Dios te haga caballero parante, por su clemencia; que harto tiempo has sido andante. Ya la encerrada ballena, para escupir sus Jonases, por un costado revienta. Beatricilla es, ¡vive Dios!, la que sacaron primera. Sin duda está aquí su ama. Escóndese. Salen BEATRIZ, en brazos de GONZALO, y OTÁÑEZ ¡Ay de mí!Yo salgo muerta, roto el manto, la basquiña manchada, y en la cabeza más de cuatro mil chichones. ¡Voto a Dios...! Gonzalo, buena cuenta has dado de nosotras. Aquésta es la vez primera que me ha sucedido. Cierto; que si de esta suerte empieza, que dentro de un año puede, a mi ver, poner escuela de volcar coches. Parece que toda su vida entera no ha hecho otra cosa, según el primor con que los vuelca. ¿Y señora? Un caballero la ha sacado medio muerta. Voy a avisar a mi amo que allá en los jardines queda. Vase Yo a la torre de las guardas, para que a ayudarme vengan. Vase. Sale MOSQUITO ¡Beatriz! ¡Mosquito!¿Qué es esto? Breve será la respuesta, "vengo de lejas tierras, niña, por verte; hállote volcada, quiero volverme." ¿Y tu señor? Vesle allí. Pues ¿cómo de esta manera? ¿Qué sé yo?Mas lo que importa es, Beatriz, atar la lengua. Haz cuenta que deslenguada estoy. Pues no es buena cuenta; que las deslenguadas hablan más que las lenguadas mesmas. Saca a LISARDA don CÉSAR Bien de océano español blasonar podrá esta esfera, pues acaba su carrera despeñado en ella el sol. Cobre en su bello arrebol el nácar; no triunfe así hoy de tan bello rubí. ¡Ay Lisarda!¿Quién pensara que yo en mis brazos llegara a verte? Mas ¡ay de mí! que, como estás sin sentido, estoy con ventura yo; pues tú con sentido no me lo hubieras consentido. Desdichada dicha ha sido la que tanto bien me ha dado; pues ya me cuesta el cuidado de verte así, que es forzoso que esté, aun cuando más dichoso, desdichado el desdichado. Hermosísimo desvelo, a cuyo desmayo pierde el suelo su pompa verde, y su pompa azul el cielo, desentumeced el hielo al fuego de vuestro ardor. Ved que lloran el rigor de tanto mortal desmayo todo el cielo rayo a rayo, todo el suelo flor a flor. Aquestas campañas bellas sin luz están ni arrebol. Anocheced, si sois sol; pero dejadnos estrellas. Vuelve en sí LISARDA ¡Ay de mi infeliz! Ya en ellas hay nueva luz.Pues volvió en sí, mi dicha acabó; mi desdicha digo esquiva, que, a precio de que ella viva, no importa que muera yo. ¿Qué es lo que pasa por mí? Aparte (Cielos, pues se ha de ofender de verme, no me ha de ver. Cúbrese el rostro ¿Qué es esto?¿Quién está aquí? Quien, viendo, señora, allí que su vereda el sol ciego errada llevaba, luego llegó a enmendar el acaso; porque no era digno ocaso tan poca agua a tanto fuego. Pues ¿cómo, habiendo vos sido quien mi vida ha restaurado, la voz habéis recatado, el rostro habéis escondido? Lo que decís no he creído, o son medios poco sabios, que esconder semblante y labios ni han sido ni son oficios de quien hace beneficios, sino de quien hace agravios. Quien sirve por merecer no merece por servir; pues ya se da a presumir que se lo han de agradecer. Tan hidalgo proceder ya es otro mérito, en quien hace suspensión el bien. Decid quién sois. No haré tal. ¿Y he de proceder yo mal porque vos procedáis bien? No; y así he de ver ahora quién sois. Pues no lo veáis, si agradecer deseáis este secreto, señora. Duda el alma, el pecho ignora por qué. Porque, si me veis, de verme os ofenderéis y así el decirlo dilato por no perder este rato que en duda lo agradecéis. ¿Ofenderme yo de veros? Como holgarme yo de hablaros. ¿Pesarme a mí de miraros? Sí, como a mí de perderos. ¿Yo sentir el conoceros? Como yo el riesgo en que estoy. Pues yo tengo de ver hoy por qué el pesar ha de ser, el sentir y el ofender. Porque yo, señora, soy... Descúbrese Bien dijisteis, sí, que había de ofenderme al veros; bien, que el conoceros también pesar para mí sería; bien, que la ventura mía había de sentir hablaros; pues ya, sólo por sacaros verdadero, siento veros, me pesa de conoceros y me ofendo de miraros. ¿Cómo, cómo habéis tenido atrevimiento de estar en tan público lugar? ¿Cuándo no fui yo atrevido? ¿Cómo hasta aquí habéis venido? Como, igualando a los dos, si, por darle muerte --¡ay Dios!-- a vuestro hermano, me fui, bien volví, pues que volví por daros la vida a vos. Tanto a sentir he llegado verla de vos defendida que he de aborrecer mi vida por habérmela vos dado. Lisonja de mi cuidado será ver tratar así vuestra vida desde aquí; pues consuelo me parece; que quien su vida aborrece ¿por qué ha de quererme a mí? Mi señor, que se quedó en esos jardines, viene hacia acá. ¿Qué haré? Aparte (Conviene proceder yo como yo.) Don César, no penséis, no, que en mí más poder alcanza de mi enojo la esperanza que la de mi rendimiento. Obre el agradecimiento primero que la venganza. Yo le tendré; idos de aquí. Sí haré, pues vos lo mandáis. Y si una vida me dais, ya mi obligación cumplí; pero advertid desde aquí que no estáis libre en lugar ninguno. Considerar debéis que aqueso es decir... ¿Qué? ...que os busque. El despedir ¿cómo puede ser llamar? Piérdese una noche oscura en un monte un caminante; y, cuando con planta errante hallar la senda procura, más se ofusca en la espesura. El can, que despierto está, siente el ruido, y a hacer va que huya dél con pies veloces, llamándole con las voces que, para que huya, da. Yo así confuso y perdido camino ni senda sé; bien, que no veo, se ve, pues a tus pies he venido. Tú, despierta siempre al ruido del desdén, velando estás; voces, porque huya, me das; mas como perdido estoy, dondo oyendo la voz voy, me voy acercando más. Vanse don CÉSAR y MOSQUITO. Salen don DIEGO y GONZALO Lisarda, ¿qué ha sido aquesto? Que ese coche se cayó. ¿Hízote mucho mal? No. Volvamos a casa presto. Volvamos, si está dispuesto el coche. Vos, majadero, mirad lo que hacéis. No quiero que presumas... No seáis, pues, desvergonzado. Eso es decir que no sea cochero. Vanse. Salen don FÉLIX, CELIA e INÉS Extraña es tu condición. ¿Por qué no ha de ser extraña, si tú, para que lo sea, Celia, me has dado la causa? ¿Yo la causa, para que de la guerra, donde estabas, te hayas venido a Madrid, a sólo hacer en la casa donde me mata tu ausencia y donde viviendo me hallas, prevenciones de cerrar las puertas y las ventanas, de modo que en los tejados aun no has dejado una guarda sin reja?Pues, ¿a qué efeto, siendo yo, Félix, tu hermana, sin mirar que en mi respeto tu mismo respeto agravias, tan neciamente me celas, tan locamente me guardas? Celia, no puedo negar que es necedad asentada la desconfianza.Es cierto; pero, no habiendo ventanas, es menor; pues, en efecto, si no asegura, descansa. ¡Buena disculpa has hallado de haber dado desde Italia vuelta a Madrid, tan a costa de tu opinión y tu fama. Partístete de la corte, lleno de plumas y galas; no te debió de sonar bien el ruido de las cajas, ni oler la pólvora bien, echando menos el ámbar, y vienes haciendo extremos por dar disculpa a tu... Basta, Celia.Salte tú allá fuera, Inés. Aparte (De esta vez descansa su corazón.) Vase Pues baldonas mi honor con soberbia tanta, diré lo que he pretendido disimular, aunque es baja acción que celos de honor se pidan tan cara a cara. En Italia estaba, Celia, cuando la loca arrogancia del francés sobre Valencia del Po... Pero ¡qué ignorancia ponerme contigo a hablar yo de guerras y de armas! En Italia estaba, digo, cuando recibí una carta de alguno que, interesado en el honor de esta casa, me escribió, Celia, que un día de los que el abril traslada al parque toda la corte, tú saliste disfrazada, y don Alonso tras ti; y que, habiendo --¡suerte ingrata!-- llegado al parque con él, sacó otro galán la espada y le dio la muerte, siendo dicha entonces --¡pena extraña!-- no ser conocida; pues a serlo allí, cosa es clara que tu honor en opiniones con la justicia quedara. Estas cosas y otras, Celia, causa han sido de que haya vuelto; porque ¿qué me importa que yo gane honor y fama, si tú en mi ausencia los pierdes? ¿Qué me importa que yo haga acciones que generosas soliciten mi alabanza, si me las desluces tú con acciones tan livianas? No decir pensé mis penas; callar presumí mis ansias, pero ya que tú me obligas a que de los labios salgan, advierte, Celia, que sólo una diligencia falta, y es enmendar con las obras lo que erraron las palabras. ¿Pensarás que convencida me dejan tus amenazas? Pues no, Félix; porque donde la proposición es falsa no se sigue el argumento. ¿Yo he salido al parque al alba? ¿Yo seguida de ninguno? ¿Yo ocasión de cuchilladas? Quien dices que lo escribió te mintió; y yo... Sale INÉS Aquí te llama don Juan de Silva, tu amigo. Aparte (Celia, no entienda Inés nada de esto; que no es menester que lo que entre los dos pasa lo sepan de ningún modo ni crïados ni crïadas; y retírate a tu cuarto, porque entre en aquesta sala don Juan. Vase ¡Ay de mí! Señora, ¿que una plática tan larga hayáis tenido? Don Félix ha sabido cuanto pasa. ¿Y lo del tabique? No; eso sólo se le escapa. Por si hablan los dos en mí, escuchemos lo que hablan. Salen don JUAN, alborotado, y DON FÉLIX Seas, don Félix, bien hallado. Y vos, don Juan, bien venido. ¡Gran dicha hallaros ha sido! ¿De qué venís tan turbado? Ya sabéis que de Lisarda amante y primo adoré la hermosura, mientras que la dispensación, que hoy tarda, viene a hacerme tan dichoso que, premiando mi constante amor, de primo y amante, me llega a llamar esposo. Ya sabéis cómo mató a su hermano y primo mío don César en desafío, por una mujer que yo nunca conocí.Pues hoy, por vencer esta tristeza, salió al campo su belleza. Yo, que de sus luces soy flor que la vive adorando, a la casa la seguía del campo, donde ella había con su padre ido; mas, cuando iba la puente a bajar, el coche encontré en la puente, porque no sé qué accidente tan presto la hizo tornar. Llegando al sol que conquisto a sacrificar mi vida, de mi primo al homicida me pareció que había visto entrar de camino.Yo le quise reconocer; mas, siendo al anochecer, no fue posible; y por no errarlo, si no era él, todo el lugar le seguimos ese criado y yo, y vimos apear --¡pena crüel!-- adonde a ver si es o no es quiero que vamos los dos, y que entréis delante vos, porque no se esconda, pues de vos no se ha de guardar. Esto habéis de hacer por mí, ya que de vos me valí, pues es forzoso amparar un amigo a un caballero, cuando no lo fuera yo, a cualquiera que... No, no digáis más... Aparte (Si considero, aunque hoy no es mucho el error, que si ésta la muerte fue por Celia, así vengaré con otra causa mi honor.) ...que ya sé que es recibida necedad que, sin dudar ni saber ni preguntar, ofrezca un hombre su vida a quien le llama; y así, ahorrad pláticas conmigo y guïad; que ya yo os sigo. Menos de vos no creí. Vamos; veréis, ¡vive el cielo!, si el venir mi honor castiga. Aparte (¡Oh, a qué cosas obliga esta necia ley del duelo!) Vanse. Salen CELIA e INÉS ¡Ay, Inés, esto he escuchado! ¿De qué me hubiera servido servir, si no hubiera sido de saber cuanto han hablado? A César van a buscar --¡pena injusta, dura suerte!-- para darle los dos muerte. ¿Quién pudiera imaginar que yo a don César llamara a que en mi casa viviera, que antes mi hermano viniera que él, y él mismo le buscara para matarle, y así satisficiera mi hermano sus celos, pues es tan llano que fue la muerte por mí? No des por hecho, señora, lo que, para haber de ser, aun faltan por suceder más de mil cosas ahora; el ser verdad su venida, que los dos le hayan de hallar luego, y luego le han de dar por la tetilla la herida. Bien mi temor desconfía, porque es tirana mi estrella. Hacen ruido dentro Aguárdate.¿No es aquélla la seña que antes solía don César hacer? Sí. ¡Dios mejora los días! Pues métele tú en casa, Inés, mientras le buscan los dos. Vase INÉS Que hoy verá César, es llano, cómo mi ingenio le guarda de su padre de Lisarda, de su primo y de mi hermano. Salen INÉS, don CÉSAR y MOSQUITO Hasta llegar a tus brazos, hermosa Celia, no sé si tuve vida; y así, pues que mis ojos te ven, dame, señora, a besar todo el chapín de tus pies. Y a mí todo el ponleví de tus zapatos, Inés. Seas, don César, bien venido a aquesta casa; que, aunqué no pueda servirte en ella hoy como yo imaginé, por causa de haber venido mi hermano... ¡La voz detén! ¿Qué dices?¿Tu hermano está hoy en Madrid? El día que escribí que tú vinieras, supe cómo venía él; que no te enviara a llamar a no saberlo después. ¿No estaba en la guerra? Sí; y lo que le hizo volver tan presto fue haberle escrito el suceso tuyo. Pues según eso en mayor riesgo en tu casa estoy. ¿Por qué? Porque no es posible estar un punto en ella. Sí es; que pueden, don César, mucho amor, ingenio y mujer. Yo en casa, don César, tengo prevenido donde estés, si no bien acomodado, seguro a lo menos bien. ¿De qué suerte? De esta suerte. Aquesta casa que ves tiene dos cuartos, el bajo y el alto, que es éste, en que yo vivo; porque en esotro vive un extranjero, a quien vienen despachos de Roma. Esto convino saber por si acaso el dueño hallaba para toda ella alquiler. Por de dentro de ella tiene secreta escalera que comunica los dos cuartos, aunque condenada esté, por ser los huéspedes dos. Aqueste tabique, pues, por la parte está de abajo; de suerte, don César, que yo por la parte de arriba con mil trastos le ocupé el día que por mi carta a mi casa te llamé, y de que venía mi hermano aviso tuve también. Me hallé confusa, sitiada de los dos, por no saber qué hacer con los dos; y así escucha lo que pensé. Cerrar hice la escalera por acá arriba muy bien, tabicando sobre tabla una puerta; que no fue difícil tomar el yeso sobre tomiza o cordel; de suerte que no quedó ni aun señal en la pared; mayormente que la cuadra donde cae sirve también de tocador mío y la tengo colgada toda, con que está más disimulada. Aquí estarás, César, bien todo el tiempo que mi hermano dentro de casa no esté; y en estando en casa, dentro de esta escalera. ¡Pardiez, que habrá lindo San Alejo! ¿Qué dices? ¿Qué hay que temer? Mil inconvenientes, Celia. Di cuáles son. Vamos, pues, salvando dificultades. ¿Es posible no saber tu hermano que esa escalera estaba aquí? Sí; porqué en ausencia suya yo aqueste cuarto alquilé; y así no sabe don Félix todos los secretos de él. ¿Cómo, si vino celoso tu hermano, te dejó hacer esa pared? Un crïado, viendo su cuidado, fiel me avisó; y así ya estaba hecho cuando llegó él. Yo estimo, Celia, en el alma el cuidado y la merced, mas ya que vino tu hermano a este tiempo, ¿para qué hemos de estar con cuidado tan grande?Y así me iré contento de haberte visto. Quédate con Dios. Detén los pasos, César; que no de aquí has de salir, ni es bien; que está a gran riesgo tu vida. ¿De qué suerte? Has de saber que en la posada que estás te van a matar. Pues ¿quién? Quisiera saber. Don Félix; que aquí se lo dijo a él don Juan. Llaman dentro Pero ¿qué, llamaron? Sí; y mi señor mismo es. Pues ya no puedes salir, por fuerza te has de esconder. El tabique sirva ahora, ya que no sirva después. Por tu opinión solamente me escondo ahora; mas después que se haya acostado, Celia, he de salir. A INÉS Presto ve, mientras allá abren la puerta, y en esa escalera, Inés, encierra a los dos. ¿A mí han de encerrarme también? Claro está; y no abras en tanto que recogida no esté la casa, y en lo más bajo estad sin ruido. ¡Ah, poder de la Fortuna, mi vida acabe ya de una vez! Vanse don CÉSAR y MOSQUITO con INÉS. Salen don JUAN y don FÉLIX Ya estoy en mi casa.Idos, don Juan. Pues de ella os saqué, y os conocieron a vos y a mí no, hasta que quedéis seguro, no he de dejaros. Aparte (Pues viene don Juan con él, sin duda a buscar a César vienen los dos.) Sí ha de ser. --¡Hola! Sale un CRIADO ¿Señor? Esta hacienda toda en salvo la poned abajo en el cuarto de ese caballero milanés, en tanto que hablo a mi hermana. Yo el primero a todo iré. Vanse don JUAN y CRIADO Aparte (La casa van despojando; buscarle sin duda es.) ¡Hermana! Félix, ¿qué traes? Traigo una pena cruel. Aparte (Los dos han sabido allá que aquí don César esté.) Llamóme don Juan de Silva, para que fuera con él a buscar a su enemigo; --¡dijera el mío más bien!--. Al fin llegué a la posada y al huésped le pregunté dónde un forastero estaba que hoy después de anochecer llegó a su casa.Que no había hecho más que haber dejádole allí dos mulas dijo, e ídose después. Esperándole estuvimos más de dos horas o tres, hasta que un hombre llegó de color y, al parecer de don Juan, que yo jamás le vi, dijo que era él. Embestímosle los dos, desembarazóse bien, y al ruido de las espadas llegó justicia a querer conocernos, y don Juan dio con el uno a sus pies. Resistímonos, en fin, hasta que no faltó quien entre las voces decía, Don Félix de Acuña es. Habiéndome conocido, apelamos a los pies. A riesgo traigo la vida, por ser una muerte, y ser en resistencia; y así, pues ausentarme ha de ser fuerza, no has de quedar, Celia, donde me escriban después alguna cosa de ti que no lo esté a mi honor bien. Y así conmigo al instante en casa de mi tío ven, donde quedarás guardada de su cuidado; porque no he de ausentarme yo, en tanto que tú segura no estés. Don Félix... No hay que decirme. ...advierte... Aquesto ha de ser. No hay, Celia, que replicar. Sale INÉS Aparte (En un instante se ve mudada toda la casa. ¿Qué es lo que intentan hacer?) Salen dos CRIADOS Baja tú aquese escritorio. Tira de este brocatel; que hasta las camas están ya desarmadas también abajo, y no quede aquí sólo un clavo en la pared. Quitan las colgaduras, y queda debajo una pared blanca, con dos puertas a los lados, y en medio una blanqueada disimulada Celia, vamos; que esto es fuerza. Vente con tu ama, Inés. Aparte (¿A quién, cielos, en el mundo esto pudo suceder?) Aparte (¿Mas que a los de la escalera los han de mudar también?) Vanse. Sale don JUAN No se quede aquí ninguno; salid, y cerrad después. Vanse todos. Abren la puerta de en medio don CÉSAR y MOSQUITO Más de medianoche es ya. ¿Si se habrá olvidado Inés de que nos tiene escondidos? Pues ya tan quieta se ve la casa, abre aquesa puerta; despega un poco el cancel; que, teniendo colgadura encima de la pared, no nos podrán ver; sabremos qué ruido el que han hecho es. ¿Dónde está la colgadura? Llama a Inés. ¡Inés!¡Ce, ce! ¡Quedo! No te vean ni oigan. ¿Quién nos ha de oír ni ver, si estamos en el desierto? Por Dios, que a mi parecer alemanes han entrado en esta casa. ¿Por qué lo dices? Porque ha quedado desvalijada. ¿Que estés tan loco que digas eso? Más lo estás tú, en buena fe, si dices esotro. Sal, y verás que no hay que ver; pues, para que tú lo veas, sin duda, si es o no es, sólo han dejado una luz por descuido o por merced. Ni una silla, ni un bufete, ni un cuadro, ni un escabel, ni un baúl, ni un escritorio, ni una cama, ni un cordel, ni un jergón, ni una cortina, ni una Celia, ni una Inés nos han dejado. ¿Qué es esto? Que, aunque yo el ruido escuché, los golpes, sin las palabras, no se daban a entender. Gran novedad habrá sido la que a esto ha obligado. Aun bien que viviremos más anchos. Pero pudieran haber Inés y Celia dejado siquiera un pan que comer. ¡Que estés ahora de gracia! Esto de desgracia es. Y así, viendo lo que ha sido, y lo que aquí importa hacer, es irnos; porque, si Félix ha llegado ya a entender que por causa de su hermana a don Alonso maté, y que hoy estoy en Madrid, ¿quién duda que aquesto es por vengarse? Pues ¿por dónde hemos de salir? ¿No ves cerradas todas las puertas? Por las ventanas. También son todas rejas. Por una guarda del tejado.Ven conmigo. Yo ruego a Dios que una gatada no dé. ¡Cielos! ¿Semejante caso a quién pudo suceder? Jornada Segunda Salen por una de las dos puertas don CÉSAR y MOSQUITO Ésta es la casa, sin duda, que aquel famoso estremeño Carrizales fabricó a medida de sus celos; pues no hay puerta ni ventana, guarda, patio ni agujero por donde salga un Mosquito. Dígalo yo. Si el ingenio quisiera inventar un caso extraño, ¿pudiera hacerlo con mayores requisitos fingidos que verdaderos están presentes?¿Habrá quien crea que es verdad esto? Venir llamado de Celia; tener aviso a este tiempo de que su hermano venía; hacer con tanto secreto este tabique; llegar Félix a Madrid primero que yo; esconderme por fuerza; y, en estando una vez dentro, mudarse toda la casa; dejarme aquí; y en efecto no haber por donde salir; cosas son, ¡viven los cielos!, que han menester más paciencia que la mía. Pues no es eso lo peor. Pues ¿qué será, si esto no es? Que no tenemos que comer; porque el gigote que se olvidó en un puchero a la lumbre, el medio pan de la alacena, ya dieron fin.Y así es fuerza rendirnos por hambre; porque no hay dentro del sitio para dos horas munición ni bastimiento. ¡Que tuviese yo una llave maestra de casa, al tiempo que, ausente su hermano, entraba a hablar a Celia, y que luego se la volviese el día que de aquí me ausenté!Mas esto ¿quién lo pudo prevenir con humano entendimiento? Ya mal distinta la luz en los distintos reflejos se va declarando.En fin, ¿qué piensas hacer? Un medio solamente se me ofrece. ¿Y es, señor...? Escucha atento. En este cuarto de abajo a Celia oí que un extranjero, hombre de negocios, vive. A éste declararme pienso; que menos importará que sepa uno más aquesto que dejarme matar; pues no dudo que es el intento éste de haberse mudado don Félix. Y ¿cómo haremos para llamarle? Dar golpes por la escalera. Yo apuesto que piensan que andan ladrones al primer golpe que demos, y que nos matan a palos antes de oírnos. No creo que hay otra cosa que hacer. Voy a llamar.Mas ¿qué es esto? Al ir a llamar él, llaman de dentro El extranjero de abajo, que llama antes que llamemos nosotros.Mas ¿cuánto va que nos mudaron a un tiempo y, estando él también cerrado, ha pensado allá lo mesmo? Llaman otra vez Esto es llamar a la puerta. ¿Quién es? ¡Tente!¿Qué haces, necio? Responder a quien nos llama; que la llave no tenemos; que vaya por ella. Espera; que responder no es acierto. Déjame sólo llegar a ver por el agujero de la llave quién es. Mira. ¡Buena hacienda habemos hecho! ¡Ay, señores! ¿Qué hay, Mosquito? La justicia por lo menos es quien llama. ¿La justicia? Sí, señor. ¡Por Dios, que es cierto! ¿Quién presumiera que así se vengara un caballero? Celia, señor, te ha vendido. Golpe de martillo ¡Vive Dios, que aun no lo creo de Celia! Yo sí; ya escampa. ¿No es descerrajar aquello? Sí.Yo conozco los golpes; que estos son los golpes mesmos que, al empezar las comedias, se dan en los aposentos. ¿Qué hemos de hacer? Confesarnos es el más útil remedio. Por si acaso es otra cosa, lo mejor es escondernos; y no sea lo de anoche, oír el ruido y no el suceso. Abren la puerta, y salen OCTAVIO, dos ALGUACILES, un ESCRIBANO y gente ¿Para qué es romper la puerta? Que, pues yo las llaves tengo, yo abriré.Y ya que lo está, díganme, sobre qué es esto, vuesas mercedes; que yo, a los golpes que he oído, vengo desde ese cuarto, en que vivo. Buscamos un caballero, don Félix de Acuña es su nombre, por haber muerto anoche un hombre en mi calle. Aparte (Aquí importa el fingimiento.) ¿Dón Félix de Acuña? Sí. Pues ya ha más de mes y medio que no vive en esta casa, y que yo las llaves tengo del cuarto para alquilarle, con poderes de su dueño. Bien lo muestra el verle así. Tarde venimos. ¿Qué haremos? Poner esta diligencia por escrito. Sale OTÁÑEZ Aquí don Diego, mi señor, viene a saber qué hay de aquel despacho. Necio, ¿que estoy ahora no veis con estos señores?Luego bajaré; que en mi escritorio me espere. Vase OTÁÑEZ Aquí no tenemos que hacer.Vuesasted se quede con Dios. Si hubiéramos hecho anoche la diligencia, quizás no se hubiera puesto en salvo. Nadie nos dijo, aunque se anduvo inquiriendo anoche, dónde vivía. Vanse los ALGUACILES y el ESCRIBANO. Salen don DIEGO y OTÁÑEZ Señor Octavio, viniendo tan de mañana a saber si había venido en el pliego, que anoche llegó de Italia, la dispensación que espero para casar a mi hija con su primo, que deseo salir ya de este cuidado; y esperando, por saberlo, allá abajo, vi bajar justicia; y así me atrevo a subir acá por ver si en algo serviros puedo. En cuanto a vuestros despachos, muy bien las albricias puedo pediros; que ya han venido. Mil años os guarde el cielo. En esto de la justicia, es que un noble caballero aseguró su persona y su hacienda; que él, atento a su honor, dejar no quiso sola a su hermana; y, diciendo estaba que no vivían ya aquí. ¡Ay de mí, lo que siento el traer a la memoria, a vista de este suceso, mis penas!Siempre son muchas, cada instante que me acuerdo de la muerte de mi hijo, y que el que le mató huyendo también se libró de mí; que yo le hiciera... En efecto, ¿nunca de él habéis sabido? Hásele tragado el centro de la tierra.Mas dejadme, y no hablemos más en esto. Yo hablo porque hablabais vos. Vamos.Mas ¿qué tan atento miráis en aqueste cuarto? En que he venido a hacer, pienso, de un camino, como dicen, dos mandados; porque, habiendo la dispensación venido, he de traer desde luego a mi sobrino a mi casa; y la que yo ahora tengo no es capaz; demás que ha un mes que ando buscándola, y creo que este cuarto, por el barrio y vecindad, será bueno. Yo me holgaré que os agrade, por lo mucho que intereso. ¿Qué más vivienda que aquésta tiene? No sé; que os prometo que, aunque días ha que vivo en él, es hoy el primero que en él he entrado. Entran por una puerta y salen por otra En verdad que me agrada, sí por cierto; mayormente por tener estos dos cuartos diversos, pues en éste, hasta casarse, estará don Juan, y luego yo estaré, dejando esotro, que es el mayor, para ellos. ¿Qué gana este cuarto? Gana dos mil reales. Es gran precio; que están baratas las casas. Decidme quién es el dueño, porque lo vaya con él a concertar. Para eso haced cuenta que yo soy; Pues de un amigo es, que a un pleito está a Granada, y poder para sus negocios tengo; y así conmigo no más se ha de tratar. Según eso, ya queda el cuarto por mío, porque yo con vos no tengo de regatear; y así haced, porque vengan al momento a colgarle, que las llaves se den. Si ha de ser tan presto mejor es que os las llevéis, porque hoy una holgura tengo en el campo, y en mi casa no queda nadie.Bajemos donde la dispensación os dé y las llaves. Contento voy del cuarto. No creeréis cuánto en que lo estéis me huelgo. Tendréis un criado en mí, y en Lisarda un ángel bello por vuestra, que es muy hermosa. Vanse cerrando. Salen don CÉSAR y MOSQUITO ¿Haslo entendido? Algo de ello. ¿Habrá más y más acasos? ¿Habrá más y más sucesos que eslabonen mis desdichas, que logren mis sentimientos? Un hombre mató don Félix; el mudarse nació de esto; y, buscando los despachos para hacer el casamiento de Lisarda y de su primo, su padre --¡muero de celos!-- a Octavio subió a buscar a este cuarto; y al momento se contentó de él, y de él llevó las llaves él mesmo; y por remate de todo, porque aun sólo este remedio de llamar abajo falte, todos se van fuera.¡Cielos! ¿Hasta dónde echada está la línea a mi sufrimiento? Alquilar un hombre un cuarto con ropa y servicio vemos en la corte cada día; pero el alquiler más nuevo es alquilar uno un cuarto con amo y crïado dentro. Mas bien que en estos acasos de pesar hay de consuelo otros. ¿Cuáles son? No haber Octavio visto antes de esto esta escalera, y estar de esta casa ausente el dueño; pues si él viniera a alquilarla, su escalera echara menos, y fuera fuerza el hallarnos escalerados don Diego. En fin, para haber de ser un tan extraño suceso, no hay inconveniente alguno, según todo se ha dispuesto; pero no se ha de rendir hoy el valor de mi pecho a fáciles imposibles. Saca la daga para abrir la puerta ¿Qué haces? Declavar pretendo con esta daga la puerta, y salir de aquí primero que mi enemigo me cierre hoy el paso, aunque sea al riesgo de que en la primera calle me prendan; que ya no quiero vida, casada Lisarda con don Juan; ni quiero --¡ay cielos!-- esperar a ser testigo ya del daño que me ha muerto. Dices bien, señor.Salgamos de aquí, aunque descerrajemos la puerta. No he de esperar más desdichas.Mas ¿qué veo? Por la parte de allá fuera abren. Pues, al retraimiento. Por si es don Diego, es forzoso. ¡Mucho nos quiere don Diego, pues que nos guarda con llave! ¡Que viniese a tan mal tiempo! Según todo se hace apriesa, que sea el adrede pienso. Escóndense los dos. Salen BEATRIZ y OTÁÑEZ ¿Aquésta es la casa? Sí. Santíguome, y entro a vella con el pie derecho en ella. Malo es abrirse hacia aquí la puerta, y los escalones toman la vuelta al revés, bien o mal: una, dos, tres; y las vigas no son nones. Otáñez, vuelva a señor y diga que, si no ha dado el dinero adelantado de esta casa, será error, si al dueño no se le obliga a mudar la puerta, es llano, la escalera hacia esta mano y añadir aquí una viga. ¡Mala mano te dé Dios, y mala viga también! Mas ¿esto del mal y el bien, esto de la una y las dos, el pie derecho por guía, mirar puertas y escalones, son, por tu vida, lecciones de la dueña de tu tía? Claro está.¿Qué pensáis vos? Como eso, cuando acá estaba, cada día me enseñaba, porque era un alma de Dios. Y se le echa bien de ver en la cristiana doctrina que enseñaba a la sobrina. Mas, Beatriz, lo que has de hacer es solamente tratar de barrer la casa, y no contar sus vigas; que yo tengo un chozno familiar que da de mí testimonio. Si él es familiar y está con vos... Dilo. No será familiar sino demonio. ¡Picudita, bachillera, que desde vuestra niñez tenéis para la vejez hecho el gasto de hechicera, hablad como habéis de hablar! Arrendajo de don Bueso, anatomía de hueso, almanac particular; vos, que sois en el abismo de esa calcilla neutral de vos mismo el orinal, y el músico de vos mismo, flaca cecina de yegua, baúl de tabla y pellejo, me recorderis de viejo, parce mihi de la legua, puerto seco de la tos, quiroteca de Caifás, y trescientas cosas más, ¿cómo se ha de hablar con vos? Relamidilla, embustera, agradeced que ha llegado el coche, y que se ha apeado señora; que yo os hiciera llevar a la Inquisición. Sale LISARDA con manto Notable priesa ha tenido mi padre, pues ha querido mudarse sin dilación, y que venga la primera yo a ver la casa y mandar cómo se ha de aderezar. Tal huésped en ella espera. Muy cuerdo mi señor anda en que tú vengas ahora, pues no agrada a una señora, sino sólo lo que manda; que, si yo hubiera empezado a poner algo, sospecho que, de cuanto hubiera hecho, nada te hubiera agradado. Buena la casa parece. En este cuarto ha de estar don Juan hasta efectuar las dichas que Amor ofrece. Acudid, Otáñez, vos a ver apear la ropa del carro. Si en esto topa, ya acuden, ¡válgame Dios! Vase No me traigan nada aquí. Pues esta pieza ha de ser tocador, no es menester colgarla. Guárdate allí del polvo. ¡Oh, qué triste estoy! ¿Hoy, que pedirte quisiera albricias, de esa manera suspiras? Sí; porque hoy mirando mis penas voy. ¿Quién, señora, las causó? Oye.Don Juan... Sale don JUAN Feliz yo, que a tan buen tiempo llegué que en tus labios escuché mi nombre. ¿Y no pudo no ser dicha, y desdicha sí, el acordarme de vos? No; que siempre es dicha... Aparte (¡Ay Dios!) ...que tú te acuerdes de mí; pues, aunque haya sido aquí en daño mío, sospecho que en el pecho satisfecho estoy; que el reloj veloz obedece con la voz al artificio del pecho. Sí; pero ninguno ignora que con otro tal indicio muestra una hora el artificio y da la voz otra hora. Pues ¿por qué, prima y señora, hoy tanto rigor? No sé; que a vos os lo callaré por el autoridad mía. Yo a Beatriz se lo decía, y a Beatriz se lo diré-- Beatriz, mi primo don Juan sin duda alguna ha creído que el entrar a ser marido es salir de ser galán. Poco cuidado le dan finezas, poco cuidado festejos; pues, olvidado está ya de que se infiere que no quiere el que no quiere un poco desconfïado. Ayer al campo salí, y a don Juan en él no hallé; en el campo peligré, y de otro amparada fui. Y si a aquél agradecí la fineza de mi vida, a éste, que de mí se olvida, castigarle puedo, pues no es con éste cruel quien es con aquél agradecida. Vine a casa, como viste, y don Juan no pareció en toda la noche.Yo, que ya sé que esto consiste en ese festejo, triste, no celosa, estoy, por ver que don Juan, antes de ser mi esposo, verme dilata, y que desde ahora me trata ya como propia mujer. Si supieras la razón, tú me disculparas ya. Buenos testigos quizá aquestas paredes son. Digan ellas la ocasión, digan ellas... ¿Para qué, si yo con Beatriz hablé, me respondéis? Culpa es mía. Yo a Beatriz se lo decía, y a Beatriz se lo diré. Bajando anoche a buscar a mi prima, vi al que dio muerte a don Alonso, y yo, con ánimo de vengar mi pena, le fui a buscar, llevando en mi compañía a Félix, el que vivía en esta casa.Llegamos donde a César esperamos, hasta que la rabia mía me hizo embestir a otro hombre por él.Justicia llegó; conocernos pretendió, y uno quedó --no te asombre-- muerto, cuando oímos el nombre de don Félix repetido y, viéndose conocido, fuerza el ausentarse fue. Ésta es la causa; porque de honrado y de agradecido yo no le pude dejar hasta que en salvo estuviese él y su casa e hiciese diligencias de alcanzar, si de mí llegaba a hablar la justicia.Se ha sabido que yo no fui conocido; con lo cual me he asegurado; que mal pudo otro cuidado tenerme a mí divertido. Pues yo, que he sido la oidora en sala de competencia, fallo por mí la sentencia, que, pues el uno a otro adora, os deis por buenos ahora. Yo obedezco; y si hay disculpa, cese el rigor que me culpa. Yo creo que así será; que para nada me está bien que vos tengáis más culpa. Ya que estás desenojada, de la caída de ayer la sangría... Eso es querer volver a verme enojada. Vase ...será para una criada.-- Castaño, dale a guardar aqueso a Beatriz. Sale CASTAÑO El dar tanto el ánimo recrea, que, aunque para mí no sea, lo tomaré, por tomar. Y pues tan revuelta está la casa toda, en aqueste aposento que ha de ser o tocador o retrete de mi señora, poniendo ve, Castaño, sutilmente, no sé qué que a mi ama traes. Son más de mil no-sé-qué-es. Espera; irélos trayendo; que aquí unos mozos los tienen. Para ponerlos mejor, pongamos aquí un bufete. Sacan un bufete, y desde la puerta van tomando unos azafates cubiertos Estos son de Portugal dulces. Di dulces dos veces, pues dos veces lo serán por dulces y portugueses. Chocolate de Guajaca esto y éstos, que aquí vienen, tocados, cintas y medias, guantes, pastillas, pebetes, faldriqueras, zapatillas, y bolsos éstos. Bien huelen. Toda esta salsa, Beatriz, han menester las mujeres para que no huelan mal, y más las propias. Tú mientes. Esto es cuanto a esto; que aquí vienen joyas excelentes en este contador que hoy es contador de mercedes. Bien está; pero aquí falta una alhaja. ¿Qué es? Atiende. Un cierto vestido mío, que de estas bodas alegres de ribete se me da. Forzoso era que lo fuese; porque ya, Beatriz, di, ¿cuál vestido no es de ribete? Mas no le quise traer; que hay un grande inconveniente. Di, ¿cuál? A mí me han parlado que de un bergantón ausente, que por Colada y Tizona era Mosquito dos veces, fuiste --sin ser la violada Violante de Navarrete-- de sus botones ojal y de sus cintas ojete. Hame dado pesadumbre el caso, y no me parece que será puesto en razón que de Castaño se cuente con él te vistes y con otro te desnudas. ¡Tente! Pues ¿dasme el vestido tú? No; pero basta el traerle, que es como dar por tablilla a la bola que está enfrente. Aun siendo eso, no hay razón; que Mosquito solamente fue, en hacer faltas con él, pelota de mi trinquete. Y, si va a decir verdad, tú solamente me debes más lágrimas en un hora que Mosquito en treinta meses; que de lástima le quise, sólo por ser buen pobrete, mientras hallaba otra cosa. Tanto cuanto me enterneces. Éste es, Beatriz, el vestido hecho y derecho, y aquéste el manto. Y éste, un abrazo. En fin ¿sólo a mí me quieres? No está en uso querer solo a nadie; basta quererte. Y, pues con tu amo hoy en casa vives, advierte que, si hay dares y tomares, habrá dimes y diretes. Y adiós por ahora; que es bien que aqueste aposento cierre con llave, porque ninguno aquí no salga ni entre. Adiós. Vase Quédese el vestido con lo demás.¡Quién sirviese un ama que fuera novia cada mes una o dos veces! Vase. Salen a la puerta con CÉSAR y MOSQUITO ¡Vive Dios, que he de salir! ¿Dónde has de salir?¡Detente! Si hemos oído cerrar la puerta de este retrete, y que han dejado en él dulces, ¿cómo podrás detenerme cuando, aunque fueran amargas, me supieran lindamente? No hagas ruido. Saca la mano y arroja el un azafate al tomar otro, y derriba el bufete ¿Cómo no, si no me deja el bufete abrir la trampa?Ya alcanzo un azafate.¡Oh, si fuese el de los dulces!Los guantes son.¡El demonio los lleve! A echar vuelvo la redada. ¿Qué has hecho? Ruido. ¿Tú quieres destrüirme? Comer quiero, como tú. Daréte muerte; que es veneno para mí todo lo que está presente. Morir de veneno o hambre, muere a lo más conveniente. Harásme que todo junto lo arroje, lo rompa y queme con el fuego de mi pecho, o que lo inunde y anegue con el llanto de mis ojos. Si tanto fuego tuvieses y si tanta agua llorases, ¡que hacer pudiéramos este chocolate!¡Oh, Jesús mío! ¡Que darse quejas oyese don Juan y Lisarda, cielos, ella con dulces desdenes, él con amantes finezas, y yo escucharlo pudiese! Pues, si a eso va, yo también he escuchado claramente pisar al frisón Castaño, y al haca morcilla en este pesebre de amor; empero, digan lo que se dijeren, que de lástima me quiso, sea buen pobrete o riquete, y coma yo lo que él trae; que otro despique no tienen celos sino valer algo, porque sabe lindamente lo que otro compra. En efecto, ya aquí lo más conveniente es dejar anochecer y, despechado o valiente, determinarme a salir. Si tú en la calle tuvieses prevenidos para todo tus amigos y parientes, fuera seguro el empeño. Tú, Mosquito, que no eres conocido, bien pudieras --pues hoy anda tanta gente revuelta en aquesta casa-- a salir de aquí atreverte. Por salir a beber algo, no habrá cosa que no intente. Tú has de salir y avisar de esto a quien yo te dijere. Yo sí hiciera, pero temo... Tú, aunque te vean, ¿qué temes? Ser tan rey que en la capilla me diga misa un Bonete. Pero algo he de hacer por ti; y una cosa se me ofrece para salir encubierto, que no puedan conocerme. El vestido de Beatriz me disfrazará.A ponerle ayuda. La puerta abren. Ya, por mal que nos suced[e], hay que comer y vestir. Venga ahora lo que viniere. Éntranse los dos en la escalera. Salen a la puerta LISARDA y BEATRIZ Digo que en toda mi vida no he visto tan excelentes y aliñados azafates. Verélos, porque no piense don Juan que no los estimo. Pero ¿qué estrago es aquéste? Esto ya es hecho, porque es paso de La dama duende, y no he de pasar por él. ¿Quién entró que de esta suerte lo ha puesto, Beatriz? Ninguno pudo entrar, porque yo siempre tuve la llave conmigo. Pues, siendo eso así, tú tienes la culpa, que lo dejaste de modo que se cayese. ¿Cómo pudo? ¿Quién querías que para esto sólo abriese? Quien no abrió para esto sólo. ¿Hay más desdichada suerte, señores? Pues ¿qué más falta? Mi vestido, y sin ponerle. ¿Qué vestido? El que me dio don Juan. Llora. Salen don DIEGO y OTÁÑEZ ¿Qué ruido es aquéste? ¡Y el manto también! Aquí puso Beatriz todo este regalo que envió don Juan, y le hallamos de esta suerte, y falta un vestido suyo. ¡Ay, señor, y sin ponerle! Sí; pero no sin quitarle. Si una viga más tuviese esta casa, no faltara, Beatriz, tu vestido. Siempre en las mudanzas de casa aquestas cosas suceden. Id cogiendo todo eso; y tú, trata recogerte en tu cuarto; porque el tiempo que aquí don Juan estuviere sin desposarse ha de ser el que menos ha de verte. Tanto obedecerte estimo que, porque a verme no entre de noche en mi cuarto, quiero estar recogida.--Venme a desnudar, Beatriz. Quien me ha desnudado a mí puede; que sabrá mejor que yo. Llora No llores; que fácilmente se remediará. Aparte (Aunque he dicho que tengo de recogerme, no lo he de hacer hasta ver a qué hora don Juan viene.) Trae luz, Beatriz. ¡Ay, señores, mi vestido, y sin ponerle! ¡Notable desdicha ha sido! Vanse LISARDA y BEATRIZ Ha estado aquí tanta gente hoy que no es mucho que falte aun más que esto. Otáñez, ¿tiene prevenido ya su cuarto don Juan? Y curiosamente aderezado. Id a ver si en él falta algo, y ponedle luces; porque ya la noche cerrando baja. Vase OTÁÑEZ ¡Oh, qué alegre día fuera para mí, si mi hijo viviera éste! ¡Oh, si me viera vengado del traidor que le dio muerte! Mas no quiso mi fortuna tantas dichas concederme que llegase... Sale CELIA con manto Caballero, si el amparar las mujeres heredada obligación es de todos los que tienen noble sangre, pues con ella nacieron a ser corteses, amparad una mujer, ya que la trajo su suerte a vuestros pies; que no en vano esta dicha he de deberle. Un hombre, que de mi honor le hicieron dueño las leyes bárbaras que dispusieron que padezca el inocente los delitos del culpado, siguiéndome --¡ay de mí!-- viene, y está en que no me conozca el honor suyo y mi muerte. Haced, por quien sois, señor, que hasta aquí --¡ay cielos!-- no entre; porque yo, si no... Callad, no digáis más; que no deben escuchar los caballeros más razón a las mujeres, para ampararlas, que verlas afligidas.A tenerle saldré, y aun a desvelarle las sospechas que trajere. Y, a no poder con razones, podré con la espada; que este pecho volcán es que ostenta dentro fuego y fuera nieve. Aquí esperad.Más de aquí no habéis de pasar; que en este cuarto una hija mía vive y no quiero yo que llegue a saber que hoy en el mundo aquestas cosas suceden. Vase Bien hasta aquí ha sucedido este atrevimiento.Déme fortuna Amor, si es que Amor fortuna para sí tiene. Acercaréme al tabique de la escalera. Abre la puerta. Salen don CÉSAR, y MOSQUITO vestido de mujer Ahora puedes salir mejor porque, siendo ahora cuando anochece, antes que se enciendan luces, podrá ser salir sin verte; que yo, hasta que eche de ver que estás fuera, por si vuelves, no me quitaré de aquí, a todo trance valiente. ¡Dios vaya conmigo, amén! La seña, Mosquito, advierte que ha de ser, cuando en la calle estés con armas y gente, disparar una pistola, porque a mi noticia llegue, para que yo salga. Salga yo ahora, que es lo que conviene. Un bulto se ve acercando a mí. Un bulto hacia mí viene. No podré llamar a César en tanto que no se fuere. Truecan lugares CELIA y MOSQUITO Él no me ha visto, pues no me habla nada. ¡Oh, si se fuese! ¡Oh, si encontrase la puerta! Sale don DIEGO, y llégase a MOSQUITO Señora, seguramente podréis salir; que en la calle no hay un hombre que os espere. Aparte (Es grande merced que me hacen.) Este portal, el de enfrente y todos están seguros. Aparte (Lindamente me parece. Si hay ángeles entrecanos, el de mi guarda es aquéste.) Venid conmigo; que yo hasta donde vos quisiereis iré con vos. Aparte (Que me place. Si esto ahora me sucede por un vestido inhumano, que a media pierna me viene, yo juro de no traer otro traje eternamente. Bien hayan los tres poetas que piadosos y corteses sacaron a luz los "Pri- vilegios de las mujeres".) ¡Pobre señora afligida! Aun a hablarme no se atreve. Vanse Ya se van los que allí hablaban; razón no pude entenderles. Ahora por la noticia de esta casa en pasos breves llegaré hasta la escalera.-- César, señor... ¿Por qué vuelves, Mosquito? No soy quien juzgas, don César. ¿No? Pues ¿quién eres? Detente; no te alborotes. Celia soy. ¿Celia? Sí; que este extremo de amor no más que Celia supiera hacerle. Dejéte anoche --fue fuerza-- cerrado --¡raro accidente!-- y he enviado esta mañana a Inés, para que te diese aquella llave maestra con que tú salir pudieses de aquí, donde a tus desdichas les fuera más conveniente. Halló la justicia aquí, volvió después --¡dura suerte!-- y halló alquilada la casa a tu enemigo en tan breve tiempo.Mas ¿cuándo desdichas gastaron más tiempo que éste? No se atrevió a entrar en ella. Yo, viéndote en tan urgente peligro, aunque en casa estoy de quien guardada me tiene, de ella he salido.No importa el cómo; basta que puede mi ingenio haber hecho que el mismo don Diego fuese quien me trajese hasta aquí, y a esta causa detenerme no puedo.La llave es ésta; con ella, cuando pudieres, saldrás.Y adiós, César; que si donde me dejó, vuelve don Diego, y no me halla allí, podrá ser que algo sospeche. Oye, escucha. No es posible; y más ahora que viene con luz.Cierra tú esa puerta, porque a ti no puedan verte; que a mí no importa, supuesto que aquí don Diego me tiene; pues el llegar hasta aquí disculpará fácilmente el mismo temor. ¡Ay, Celia, mucho mi vida te debe! Amor, déjame pagar obligaciones tan fuertes. Cierra la puerta. Sale con luz OTÁÑEZ, don JUAN y don DIEGO No quiso, en fin, la mujer que acompañándola fuese más que a esa primera calle. ¡Extrañas cosas suceden! Aparte (No llego a hablar a don Diego, hasta que sólo se quede.) Llevad esa luz al cuarto de don Juan, ya que merece mi casa desde este día tan noble y honrado huésped... La dicha, señor, es mía. ...que yo he de quedarme en éste. Vase Aparte (Pues ¿cómo, sin acordarse don Diego de que me tiene aquí, en su cuarto ha entrado? Sin duda, volviendo a verme adonde me dejó y viendo que faltaba, le parece que me fui, sin esperarle.) Hoy tengo de recogerme temprano, porque Lisarda no se enoje. Aparte (Si ha de verme don Juan, mejor es contarle lo que ha pasado; no lleguen a echarme menos en casa, que es ya muy tarde.) Sale CASTAÑO Aquí viene un caballero a buscarte. ¿A estas horas?Dile que entre. Entrad. Sale don FÉLIX A solas me importa hablaros. Aparte (¡Mi hermano es éste!) Salíos los dos, y dejad la luz sobre ese bufete. Vanse OTÁÑEZ y CASTAÑO Aparte (En extraño aprieto estoy. Ni a salir puedo atreverme ni [a] estar aquí.Aquí me escondo, hasta que se vaya Félix.) Ya estáis solo.¿Qué traéis? Hablad. Sí haré, si pudiere. Apasionado venís. Mejor estaréis en este cuarto; entrad donde os sentéis. Aparte (¡Ay de mí, si llega a verme!) No he venido tan despacio. Escuchad; yo seré breve. Don Juan, si sois mi amigo, y si de que lo soy vuestro es testigo aquesta casa, donde --¡voz no tengo!-- vos me buscasteis, y a buscaros vengo, que en un día no más están trocados en los dos con la casa los cuidados; oídme, aunque parezca villanía, venir tan puntüal la pena mía a cobrar una deuda a que obligado estáis. A todo estoy determinado. Decidme; ¿qué mandáis? Una fineza digna de ese valor y esa nobleza. Decis, pues, ¿qué queréis? Que, si habéis hecho más diligencias, como yo sospecho, de saber de don César, homicida, que a vuestro primo le quitó la vida; si habéis rastreado --¡ay cielos!-- o sabido dónde en todo Madrid está escondido, pues le habéis de buscar determinado... ¿Qué? Que habéis de llevarme a vuestro lado. Eso, Félix, yo había de pedíroslo a vos. La pena mía esto os ruega, porque --¡desdicha fuerte!-- me importa, más que a vos, darle la muerte. Pues ¿qué os ha sucedido con él de anoche acá, que os ha movido a salir sólo a esto? Yo os dijera la causa, si la causa lo sufriera; que pronuncian de un noble--¡ay Dios!--los labios, o mal o tarde o nunca los agravios. ¿Agravios, Félix? Sí. No sois mi amigo si más claro no habláis aquí conmigo. Sí hablaré, aunque el honor con la voz lucha. Hablad, pues otro vos sólo os escucha. Yo tengo --¡dudo, ay Dios, cómo lo diga!-- una aleve, una fiera, una enemiga, una injusta tirana, una --¿qué sirven frases?-- una hermana. Ya lo dije, y en la ansia que me aflige, sólo es consuelo ver que a vos lo dije. Esta, pues, causa fiera de que yo desde Italia me viniera, en Madrid me ha tenido, hermano, con cuidado de marido. ¡Mal haya parentesco tan injusto que es tan todo al pesar, tan nada al gusto! Que otros celosos tienen ocasiones de engañar con halagos sus pasiones; mas no un hermano, que, entre sus desvelos, halagos no halla en que engañar sus celos. En fin, anoche a Celia --ya los visteis-- llevé a una casa --testigo fuisteis--; pues hoy de ella ha faltado --¡ay enemiga!--, diciendo que iba a ver a cierta amiga, y volviendo por ella, no estaba de visita ya con ella. La amiga, pues, turbada dijo que de su casa disfrazada salió, porque la dijo ser su intento el irme a verme a mí al retraimiento, y que importaba mucho sola fuese, porque, al verla, de mí nadie supiese. Diréis que esta desdicha ¿en qué ha tocado a César?Pues de él nace mi cuidado, cuando en la guerra yo de paz gozaba, el dueño de la casa en que hoy estaba me escribió que la muerte que a vuestro primo dio César --¡oh fuerte dolor!-- por ella fue, yo he inferido que, habiendo ayer --¡ay Dios!-- César venido, y hoy mi hermana faltado, no le dé aquella causa este cuidado. Y así, pues a vos hoy en esto alcanza un enojo venganza, y en mí mi desagravio, cuerdo solicitad e inquirid sabio dónde está.Deudos tiene, amigos tiene, y buscarle entre todos nos conviene; que yo, desesperado, ya que tan claramente aquí os he hablado, me voy huyendo, porque en tanto abismo aun yo tengo vergüenza de mí mismo. Vase Esperad; que no tengo de dejaros ir solo, y es preciso acompañaros.-- Cerrad --¡hola!-- esta puerta y, hasta que vuelva yo, a nadie esté abierta. Vase ¿Habrá, cielos más desdichas? ¿Habrá, cielos, más temores que en mi agravio se conjuren, que en mi daño se convoquen? ¿Qué he de hacer aquí? Salen medio vestidas LISARDA y BEATRIZ ¿Qué dices, Beatriz? Digo lo que oyes ¿Don Juan ha vuelto a salir de casa a la media noche? Sí, señora. Aparte (Mas ¿qué dudo? Estas ciegas confusiones, si no...) LISARDA repara en CELIA Mas ¡ay de mí!) Aguarda. Pues ¿qué hay que así te alborote? ¿Quién eres? Una mujer. ¿A quién buscas aquí? A un hombre. Descúbrete. No haré. Éntrase. Gritando BEATRIZ Ésta es, sin duda,... No des voces. ...la que me hurtó mi vestido. Huyendo de mí, se esconde. No entres allí, sin llamar gente. ¡Qué poco conoces de celos! Toma esa luz. Donde hay celos, no hay temores. Éntranse LISARDA y BEATRIZ tras CELIA. Sale don CÉSAR Ya que, tan quieta la casa, ruido ninguno se oye, saldré, pues que tengo llave con que abrir, para ir adonde repare el daño de Celia que escuché.¿Ahora estáis torpes, pies?Mirad que las desdichas tienen pasos de ladrones. La puerta hallé ya.Adiós, pues, infelices confusiones de un desdichado. ¡Ay, Lisarda, goza feliz tus amores, sin verlo yo! Al abrir la puerta don CÉSAR, sale don JUAN ¿Quién va allá? Aparte (¡Ay de mí!) ¿Quién es? Un hombre. ¿Qué hombre en esta casa? Uno que, si el mundo se le opone, ha de salir, sin que nadie le conozca ni lo estorbe. Sí hiciera, a no ser yo quien a estorbarlo se dispone. Vuelve a salir CELIA, y LISARDA tras ella Tengo de verte la cara. No harás, aunque a eso te arrojes. ¿Cómo has de estorbarlo? Así. Mata CELIA la luz, y sacan don CÉSAR y don JUAN las espadas y riñen. Habla dentro BEATRIZ Ruido de espadas se oye. Alborotada la casa está.Vuelvo a entrarme donde no me vean. ¡Hola!¡Luces! El mismo secreto logre, escondiéndome en él. No te siguen mis pies veloces por no dejar esta puerta. Porque la puerta no tomes, de ella no me he de apartar. ¡Traed luces! ¿Nadie me oye? ¿Quién va? ¡César! Entra, Celia, y en la escalera te esconde. Éntranse LISARDA y don JUAN por las puertas de los lados, y don CÉSAR y CELIA por la de la escalera Jornada Tercera Salen don CÉSAR de la escalera, como acabó la jornada segunda, y saca a CELIA desmayada Apenas...--Sin reparar mis desdichas en la ociosa murmuración del que diga que no está bien a la honra de Celia haberse ocultado, iré pasando por todas estas calumnias injustas, atento a su vida sola.-- Desmayada o muerta, en fin, ha estado apenas un hora; y, aunque rendida, y al susto de que a su hermano le oiga que la ha de dar muerte, ya a la pasión rigurosa de verse en ajena casa, donde sus peligros nota, mire yo qué medio pueden darme mis ansias dudosas. Llamar a quien con piedad la vida a Celia socorra no es posible;pues dejarla morir sin remedio y sola será crueldad.Si de cuantos oyeren después mi historia alguno ha de haber que diga qué tuve que hacer, no esconda su ingenio, sino anticipe el consejo a la congoja. Irme y dejarla es bajeza; y más habiendo ella propia venido a darme la vida. Declararme es acción loca. Si a darme la libertad has venido, oh Celia hermosa, ¿cómo eres tú misma, cómo la que me la quita ahora? ¿En quién hallaré consuelo? Mas a una persona sola me puedo fiar.Beatriz, en quien mi pena amorosa halló favor, o le hallaron mis dádivas generosas, valerla podrá; que, en fin, cualquier mujer es piadosa, y de la que está alfigida el mejor médico es otra. Yerre o acierte, a ella quiero declararme; que, aunque ponga a riesgo todo el secreto, ¿a qué más riesgo que ahora puede estar entonces? Haga leal a mi pena traidora. Este medio elijo, pues no me dan otro que escoja; y, pues aclarando el día viene en brazos de la aurora, a buscar voy un remedio. Ya vuelvo.Celia, perdona. Déjala sentada y vase, y vuelve CELIA en sí ¡Ayde mí!Mi propio aliento es el que hoy más me ahoga; pues aun para respirar le niega al pecho la boca. Sin vida estoy; y con alma, toda viva y muerta toda. ¿A quién dieron sus desdichas en aire a beber ponzoña? César, si acaso...¿Qué es esto? ¿Fuera del tabique y sola estoy, sin hablar con nadie que me escuche y me responda? ¡César!¡César!Me ha dejado, hase ido, es cierta cosa; pues él de aquí no saliera con tal riesgo su persona sino para irse...¿Qué dudan mis desdichas, o qué ignoran? Pues dos veces serán ciertas, por ser desdichas y propias. ¡Ay ingrato, que primero que a mí, tú en salvo te pongas! ¿Qué he de hacer?Si hablo a Lisarda, estando de mí celosa, es error; si a don Juan hablo, siendo don Juan quien hoy toma a cargo el honor de Félix, es aventurarme loca. Sólo a don Diego pudiera decir menos temerosa todo el suceso; que al fin es noble, y sólo a la sombra de las canas del honor seguramente reposa. Esto es, si no lo mejor, lo menos malo, aunque ahora ejecutarse no pueda; porque ya una puerta y otra de Lisarda y de don Juan abren.Otra vez me esconda este sepulcro que yo, al rigor de mis congojas, como gusano de seda, fabriqué para mí propia. Éntrase en la escalera. Salen LISARDA, BEATRIZ, don JUAN y CASTAÑO, por las puertas de los lados Mira si está ya vestido mi padre.¡Triste cuidado! Mira si está levantado don Diego.¡Pierdo el sentido! En su aposento hay ruido. Ruido en su cuarto sentí. Contaréle lo que vi. Sin declararle por qué, licencia le pediré. ¿Es don Juan? ¿Lisarda? Sí. ¿Qué es esto?¿Tan desvelada te tiene aquel embozado...? ¿Tan necio a ti te ha dejado aquella dama tapada...? ¿...que a estas horas levantada estás? ¿...que me hablas así? Yo digo lo que yo vi. Yo digo lo que vi yo. Y eso ¿no es mentira? No. Pero esotro ¿es verdad? Sí. Mira, no me hagas, don Juan, perder el juicio, por Dios. Perderémosle los dos, si en eso tus cosas dan. Pues que presentes están sólo los que han entendido todo lo que ha sucedido, hablemos con más acuerdo. ¿Cómo he de hablar, cuando pierdo de imaginarlo el sentido? Pues ¿qué viste? Un hombre vi que de este cuarto salía, y con una llave abría. Pues escucha ahora. Di. Si ayer, don Juan, vine aquí, ¿qué tiempo tuve, don Juan, para dar a ese galán llave del cuarto?¿No ves cuánto mejor pensar es que son ladrones, que están más hechos a esos excesos? No son en las ocasiones tan valientes los ladrones. Valientes hacen sucesos; y ayuda también a esos discursos haber habido un hurto, si ya no ha sido que quieres decir también que mi galán era quien hurtó a Beatriz el vestido. ¡Y nuevo! Más fundamento hubiera en lo que vi aquí. ¿Qué viste? Una mujer vi recogida en tu aposento. ¿Fuera tal mi atrevimiento que yo a tu casa trajera mujer la noche primera que era huésped? Quien le tiene tal que a media noche viene, tenerle en todo pudiera. Si de una a otra queja pasa, ambas las he de amparar. ¿Qué había de ir a buscar si estaba mi dama en casa? Luego en suerte tan escasa bien claro te da a entender el que yo tuve que hacer otra cosa, o que no ha sido mi dama la que he escondido, pues que fuera la iba a ver, si no soy tan infeliz y tengo tan mala fama que presumas que mi dama le hurtó el vestido a Beatriz. ¡Y sin ponerle! Un matiz viste con igual porfía tu queja y la mía este día, porque haya quien arguya, para creída la tuya, [y] para duda la mía. Porque no tiene en la ira tan grande facilidad el decir una verdad como oír una mentira. Fuera de que, si se mira igual la queja al dolor, aun en lo igual es mayor la mía, y apurar es justo que la tuya toca al gusto, Lisarda, y la mía al honor. Bien sabe mi vanidad que de tal hombre no sé. Verdad cuanto dije fue. Será de otra calidad tu verdad de mi verdad. Sí; que en mí duda el honor. En mí acredita el valor. Yo sé que un hombre he encontrado. Yo, que una tapada he hablado. Sale don DIEGO ¿Qué es esto? Nada, señor. ¿Tan presto los dos --¡ay Dios!-- levantados?Don Juan ¿pues tan mal hospedaje es esta casa para vos, y aun para ti, que los dos estáis a esta hora vestidos? Aparte (Disimulen mis sentidos.) ¿No miras que, desvelados, mal amorosos cuidados consienten ojos dormidos? Si a mí me estuviera bien, la misma respuesta diera. Aparte (¡Oh quién creerla pudiera!) Aparte (¡Oh quién no dudarla, quién!) La disculpa está muy bien fundada; y, porque veáis si en obligación me estáis, para sacar madrugué una licencia, con que hoy desposaros podáis, de las amonestaciones supliendo la dilación. Yo estimo, como es razón, las muchas obligaciones en que cada día me pones; pero basta haber traído la dispensa, que ha suplido el parentesco, y no es bien hacer dispensar también el tiempo, que... Y yo te pido que lo dilates, señor, todo cuanto tú pudieres. Si esto pides y esto quieres, aun nunca será mejor. Pero paréceme error madrugar para tan vana, tan inútil, tan liviana pretensión;y, en fin, si no queréis hoy casaros, yo quizá no querré mañana. Yo, señor, siempre... Aparte (¡Ay de mí!) ...me tendré por muy dichoso en ser de mi prima esposo. Excusarte pretendí nuevos cuidados; y así... Claro está que no habrá sido otra la causa que ha habido; porque --aquí para los dos-- ni me la dijerais vos, no, ni yo la hubiera oído. Vase Bien ves cuán necio has estado. ¿Has tú acaso, por tu vida estado más entendida? Sí; pues he disimulado tanta parte a mi cuidado. Yo no sé disimular a mi costa mi pesar; y, hasta que sepa después quién el embozado es, no me tengo de casar. Vanse don JUAN y CASTAÑO ¡Cielos!¿Habrá sufrimiento para tanta sinrazón? ¿Sospechas en mi opinión, en mi fe deslucimiento, cuando mi honor, siempre atento a su vanidad, ha sido risco del mar combatido, roble del viento azotado, donde uno y otro cuidado se quedaron con el ruido? Dígalo aquél que, sitiada, por agua y viento movida, de lágrimas combatida, de suspiros asaltada, en vano solicitada la admiró sin titubear; que al temer y al suspirar no la hicieron movimiento ni las ráfagas del viento, ni las ondas de la mar. Sentir, señora, es error las cosas con tanto extremo. A nadie más que a mí temo. Entra en este tocador [a aderezarte] mejor, que ya de ir a misa es hora. Poco gusto tengo ahora de tocarme; así me iré. Dame tú el manto, porqué no he de ir tarde así. Señora, el manto está aquí; que yo limpiándole ahora estaba. Ponle, y ponte el tuyo.Acaba, y llama a Otáñez. Vase BEATRIZ ¿Quién vio más pesares?¿En mí halló entrada indicio tan grave? Mas, ¡ay!, que no hay quien se alabe de que se libró a esta ofensa, donde es vicio que se piensa más que virtud que se sabe. ¿Hombre en mi casa escondido que pudo dar tal cuidado? Tiene puesto el manto, siéntase en una silla y quédase suspensa. Sale don CÉSAR Ocasión de hablar no he hallado a Beatriz; pero harto ha sido no ser de nadie sentido, y vuelvo --¡ay Dios!-- porque no a Celia, que aquí quedó desmayada, hallen aquí.-- ¿Todavía estás así, mi bien? ¿Quién me habla así? Yo. Pues ¿tú, don César...? ¡Qué azar! ¿...en mi casa? ¡Qué temor! ¿Tú en mi cuarto? ¡Qué rigor! Responde. No acierto a hablar, porque, helado... ¡Qué pesar! ...el labio... ¡Qué sinrazón! ...enmudece... ¡Qué traición! ...y al verte... ¡Qué atrevimiento! ...le falta aliento al aliento, y razón a la razón. ¿Cómo, di, el rostro encubierto, César, --¡ay cielos!-- tuviste, cuando la vida me diste, y no ahora, que me has muerto? Erradas, César, advierto tus acciones, por indicios de trocados ejercicios; pues hacen tu voz y labios cara a cara los agravios, pero no los beneficios. Si, cuando más me adoraste, de mí más dejado fuiste, si del todo me perdiste, cuando a mi hermano mataste, baste ya, don César, baste la porfía; que ésta fue tu estrella.Ya me casé; ya no te queda esperanza. Si no vienes por venganza, di, ¿por qué vienes, por qué? Hable tu temeridad. Aparte (¿Cómo la he de responder? Pues, cuando yo quiera hacer virtud la necesidad, echando a su voluntad la culpa, para movella, Celia, pues no llego a vella, cobrada al desmayo, está, sin duda, oyéndome ya. ¡Oh qué tirana es mi estrella!) ¿Qué dices? Si yo supiera decir a lo que he venido, mi discurso enmudecido ¡qué buen retórico fuera! Solamente considera, pues que yo mismo lo ignoro, pues no lo digo y lo lloro, que vendré en mal tan severo o a vivir con lo que quiero, o a morir con lo que adoro. Si está en esta casa el bien que yo adoré y yo perdí... César, no me hables así; que ya no es justo ni es bien. Cobarde la voz detén, y dime si anoche fuiste el que a esta casa veniste a darme la muerte. No. Pues déte dos vidas yo, por una que tú me diste. Vete ya de aquí; porqué, si mi padre o si mi primo, a quien como esposo estimo, ya uno o ya otro te ve, es fuerza que yo les dé satisfacción. Aparte (¡Que esto haya! Parad, desdichas, a raya.) Vete, antes que a verte lleguen. Aparte (¿Quién creerá que ya me rueguen que me vaya, y no me vaya? Pues no he de dejar en tal peligro [a] Celia.) Sale BEATRIZ alborotada ¡Ay señora! ¿Esto tenemos ahora? ¿Qué hay, Beatriz?¿Es otro mal? Pendencia hay en el portal; y en las voces y el rumor es... ¿Quién? Don Juan, mi señor, con un hombre que ha encontrado en la calle. Aparte (Mi cuidado siempre viene a ser mayor.) Aparte (¡Ay de mí! Si ve salir de aquí a don César don Juan, a evidencias pasarán sus sospechas; pues decir que él se ha atrevido a venir sin mí a estar aquí conmigo, haciendo a mi honor testigo, otra sospecha es cruel; pues no se viniera él en casa de su enemigo a no tener ocasión mayor que a esto le obligara.) Déjame salir. Repara que estoy en gran confusión. Mi opinión por mi opinión hoy aventurar intento.-- A BEATRIZ Llévale tú a tu aposento. Más seguro aquí estaré. Déjame aquí. ¿Para qué? Que esto es público a mi intento. Aparte (Si le descubro el secreto, no sé después lo que hará por librarse; y, pues está libre Celia de este aprieto, callarle quiero en efeto.) Ya sube por la escalera don Juan con otros. ¿Qué espera tu vida?Escóndete, pues, por mi honor hasta después. Sólo por tu honor lo hiciera. Vase con BEATRIZ don CÉSAR. Salen OTÁÑEZ y CASTAÑO, que traen agarrado a MOSQUITO, y don JUAN Traedle los dos de esa suerte hasta que en este aposento diga dónde está su amo. ¡Séame testigo el cielo de que se han hecho justicia! Sin vara y sin mandamiento, ¿cómo me pueden prender vuesas mercedes? ¿Qué es esto? Dos alguaciles, señora, porfían, a lo que entiendo, por no decir que hacen punta, pues a estocadas me han muerto, en traerme aquí, sin saber por qué. Aparte (¡Ay de mí!Ya sospecho la causa. Aquéste es criado de César.Cuando aquí dentro entró, se quedó en la calle, adonde le conocieron.) Yo te diré lo que ha sido. Este hombre que traemos es de don César crïado. Aparte (Bien discurrí yo en lo cierto.) Pasaba por esta calle mirando y reconociendo esta casa; y es, sin duda, que, estando aquí de secreto César y habiendo sabido que yo le busco resuelto, envía a saber mi casa para matarme; y yo quiero que este criado me diga dónde está su amo... Aparte (¡Hoy muero, si él lo dice!) ...porque yo madrugue y mate primero. Metíle en este portal, donde amenazas y ruegos no han torcido su lealtad. Y así por fuerza pretendo que me lo diga; pues hoy he de matarle, si luego no dice dónde está César. Aparte (Yo lo dijera bien presto, si no me hubieran traído donde él mismo me está oyendo.) ¿Dónde está tu amo?Dilo. Sí diré. Aparte (¡Válgame el cielo! Hoy acabará mi vida si dice que está aquí dentro.) No está muy lejos de aquí. Aparte (Y es verdad.) Aparte (¡Ay de mí!) ¡Ea, presto! ¡Dilo, pues! En Portugal entretenido le dejo en ver unos folijones que le dan mucho contento. Si yo sé que está en Madrid y que ha venido encubierto tres días ha, que se apeó en una posada, y luego sé que Celia está con él, ¿cómo solicitas, necio, encubrirlo? Pues ¿hay más de que me den un tormento? ¿Quién querrá hacerse verdugo, ya que lo demás se han hecho, sin más títulos? Yo sé lo que se ha de hacer en esto. Palabra a Félix he dado que en público ni en secreto no haré diligencia alguna sin darle cuenta primero, como más interesado en la venganza que emprendo; y así me importa avisarle de que a este criado tengo en mi poder; y entre tanto que aquí con don Félix vuelvo, que en un coche será fácil, quedará en este aposento o retrete, que al fin es más recogido y secreto, pues que sólo tiene paso a mi cuarto;y así cierro porque, hasta hablar a mi amigo, el lance apurar no puedo. Aparte (¡Quiera el cielo que se vaya, porque pueda en este tiempo echar a César de casa!) Don Juan, en todo obedezco. Dejadle solo los dos y, a que nadie salga atentos, no os quitéis de ese portal. En él, señor, estaremos, para que ninguno entre ni el bergante salga. Quedo; que prender pueden ustedes, mas no hablar mal, caballeros. Que, si la verdad no dices, morirás.Solo te dejo a que pienses lo mejor. Aconséjate a ti mismo o el secreto descubrir o dar la vida a este acero. Vanse todos, cerrando la puerta, menos MOSQUITO ¿"Dar a este acero la vida o descubrir el secreto", y "aconséjate contigo"? Aquéste es --¡viven los cielos!-- un lance muy apretado. Pero ¿qué dudo ni temo, si la cárcel donde estoy es la misma que le dieron a mi amo sus desdichas? Y que él lo sabe ya es cierto, pues esperando estará la diligencia que dejo hecha para aventurarse a salir.Llamarle quiero.-- ¡Ah de la escalera! Bien puedes salir sin recelo; que yo solo estoy aquí, porque no es nadie mi miedo. Sale CELIA tapada por la puerta de la escalera Aparte (Fuerza es abrir, porque no dé más golpes este necio, y porque razón me falta.) Señor, pues ¿qué ha sido esto? ¿Has hurtado otro vestido para salir encubierto como yo?Has hecho muy bien; que vive aquí un señor viejo que anda sacando mujeres con grandísimo respeto. Ni una mano me tomó. Pero las burlas dejemos. ¿Has sabido lo que pasa? ¡Habla, vive Dios!¿Qué es esto? ¡Ay de mí! La voz también has hurtado, a lo que entiendo, con el vestido.¿Has estado acaso en muda este tiempo? Porque yo te dejé bajo, y tiple, señor, te encuentro. Mas cuánto va que Lisarda, agradecida a aquel tiempo que la quisiste, te ha dado... Calla; que aqueso me ha muerto. ¡Santo Dios, mujer es ésta! Yo mil veces he oído un cuento de una monja a quien salió una escupidura, haciendo una fuerza, y que de monja quedó monjo en un momento; pero de un galán hacerse una dama no me acuerdo haberlo visto en mi vida. Calla, si no quieres, necio, que te dé muerte mi rabia. ¿Celia? Sí. Pues ¿qué es aquesto? Es haber venido a ver, de mi honor y vida al riesgo, la mayor traición de un hombre. Harto así te lo encarezco. César, a quien vine a dar la vida, en pago me ha muerto; que, sabiendo que yo estaba en tan riguroso aprieto, me dejó, por declararse con Lisarda, donde --¡ay cielos!-- le oí decir que era su amor el que le trajo a este puesto. Salir quise, cuando oí las gentes que te trajeron, y disimulé, a pesar de mi amor y de mis celos, hasta que tú me llamaste. ¿Y mi amo? Estará a este tiempo dando quejas a Lisarda. ¿De qué? De su casamiento. Mas porque no se dilaten los inconvenientes nuestros, he de decir la verdad a voces, porque con esto, desengañado don Juan de sus bien fundados celos y asegurada Lisarda, los mire César más presto. ¿Ahora de celos te acuerdas ni de amor, cuando tenemos más cosas a que acudir que agentes con muchos pleitos? Pues dime tú, ¿cómo fue el venir tú aquí? Encubierto salí de aquí.A don Rodrigo, de César amigo y deudo, avisé de todo el caso, porque viniese resuelto a guardarle las espaldas esta noche.Él, para hacerlo, me dijo que le enseñase la casa en que estaba, pero que no pasásemos juntos por ella los dos.Con esto venimos por las dos ceras y yo quedémela viendo, porque él reparara en ella. Pasó adelante.A este tiempo don Juan venía a su casa. Conocióme, y muy soberbio en su portal me metió. Negar quise, y en efecto él y todos sus crïados a esta parte me trajeron, donde pensé que él estaba todavía, y donde al juego de esta escalera he jugado mete ruin y saca bueno. ¿Y qué hemos de hacer ahora los dos aquí? ¿Qué sé de eso? Antes que mi hermano venga, llamar a esta puerta quiero y descubrirme a Lisarda de una vez, porque don Diego en casa no está a estas horas; que Lisarda, por lo menos, es mujer noble y será piadosa. Y es lo más cierto. Llama CELIA a la puerta. Dentro BEATRIZ Mosquito, no puedo abrirte; sabe Dios si lo deseo, porque se llevó don Juan la llave; mas lo que puedo asegurarte es que César, que ahora está en mi aposento con mi ama hablando, no quiere irse, dejándote dentro. Ésta es Beatriz, la criada de Lisarda. ¡Nada, cielos, he de escuchar y he de ver que no sea otro tormento! Mira si puedes abrirme; que estoy con piedra sospecho, pues es el abrirme cura. Ya te he dicho que no puedo. Mucho me pesa el verte en tan riguroso aprieto; pero no puedo llorar. Y yo, pícara, lo creo; porque yo soy un pobrete, a quien de lástima un tiempo quisiste. A eso respondiera; pero no me toca hacerlo a quien encerrado garla. Cerró el paso a mi remedio llevarse don Juan la llave, y abrióle a mi sentimiento. Encomiéndate, Mosquito, a Dios; que don Juan ha vuelto con aquel amigo suyo que le buscó anoche. ¡Cielos, mi hermano es! Aquí, señora, lo mejor es escondernos. Vivamos un rato más, mientras buscan el secreto. Dices bien.Mas ¡ay de mí! que tropezando y cayendo voy. Cerraré yo la trampa, pues que no llegas a tiempo. Éntrase MOSQUITO, dejando fuera a CELIA ¡Hombre ruin, en fin...! Salen don JUAN y don FÉLIX Aquí, como os he dicho, le tengo encerrado. Pues cerrad la puerta ahora por de dentro, y quedémonos con él solos; que ¡viven los cielos! que ha de decir de su amo o hemos de dejarle muerto. Ya veis el riesgo en que estáis, hidalgo... Pero ¿qué es esto? Donde un criado dejé, ¿tapada una dama encuentro? ¿No me dijisteis que estaba cerrado en un aposento el criado, y que no había por donde salir? Y es cierto. No mucho, pues él se ha ido, y una dama es la que vemos. ¡Vive el cielo, que la llave llevé conmigo! Apuremos de una vez el desengaño. Don FÉLIX se queda junto a la puerta, y llega don JUAN a hablar a CELIA Señora, aunque es el respeto alma de un noble, tal vez rompe a las leyes el fuero la necesidad. Aparte (¡Ay triste!) Hoy es fuerza conoceros, saber cómo estáis aquí, con qué fin, con qué intento; que me costáis dos pesares ya, si sois la que sospecho; y he de saber de un criado, que aquí quedó, qué se ha hecho, cómo se fue y vos entrasteis. Descubríos, o grosero me haréis ser con vos. Aparte (Huir ya no puedo.)Deteneos, señor don Juan, y advertid que me debéis más respeto por quien sois y por quien soy. Ni os conozco ni os entiendo. ¿Quién sois?¿Cómo estáis aquí? ¿Dónde el crïado?¿Qué es esto? Tres cosas me preguntáis, y a dos he de responderos. Yo he venido a buscaros, don Juan, porque me importa mucho hablaros. Entrando en esta casa, vi que había en este cuarto un hombre, y de él salía. presumiendo que fuera algún crïado vuestro, le pregunté por vos.Turbado me dijo el tal, "Aquí vendrá al momento; si le habéis de esperar, a este aposento entrad.Dejóme en él, y por de fuera volvió a cerrar la puerta, de manera que la llave que él tuvo acaso ha sido causa de quedar yo y haberse él ido. Con que respuesta he dado al cómo estoy aquí, y él ha faltado. Quién soy y a lo que vengo no lo puedo decir. Pues de eso tengo más deseo, y es tanto que no he de ir a buscarle, aunque he sabido que de casa no puede haber salido; y así quitad el manto del rostro. Ved, don Juan... Quitad el velo. ...lo que hacéis; que soy yo. Descúbrese CELIA y tápase luego ¡Válgame el cielo! Para haceros hoy dueño de mi honor os busqué.De aqueste empeño me sacad; que ya veis que, si he venido aquí, sólo en confianza vuestra ha sido. Nada deciros quiero. Mi hermano es, mujer yo, y vos caballero. ¡Cielos!¿En qué me miro? Aparte (Nuevo semblante ya en don Juan admiro. ¿Quién será esta embozada que le asombra tapada y destapada?) Aparte (¿Qué debo yo hacer aquí en tan fiera, en tan tirana ocasión como me vi? Celia, de Félix hermana, viene a valerse de mí; Félix, buscando a un traidor, para alentar con valor su venganza y mi venganza, puso en mí la confianza de su vida y de su honor.) Grande confusión ha sido la que hoy en vos ha infundido esa dama. Sí lo es; y tan grande que, después de haberla vos prevenido, la habéis de hallar, os prometo, mayor que la imagináis; porque no cabe en conceto humano lo que miráis, que sólo cabe en su efeto. Pueda yo, don Juan, tener parte en tal pena, por ver si en ella os puedo servir. Ni yo os lo puedo decir, ni vos lo podéis saber. ¿No soy vuestro amigo? Sí. ¿Y no soy noble? También. Pues fiaos, don Juan, de mí. Aparte (Don Juan, mirad que no es bien que yo...) Dentro don DIEGO Abrid, don Juan, aquí. Éste es don Diego. Abrid, pues. Aparte (Fuerza es preguntar quién es esta dama; y si la mira Lisarda, hará su mentira verdad. Con esto después, si satisfacerla quiero con decir quién es --¡hoy muero, que está su hermano delante!--, seré, por ser buen amante ahora, mal caballero. Y así nadie la ha de ver.) Don Félix, esta mujer he de encubrir de Lisarda. Que este aposento la guarda a nadie deis a entender.-- Entraos, mi señora, ahí. (¡Duélase el cielo de mí!) Éntrase CELIA ¿Queréis que entre a estarme yo con ella? No, por Dios, no, don Félix. ¿No abrís aquí? Ya está abierto. Abre don JUAN y salen don DIEGO y criados ¿Qué es aquesto, don Juan?¿Qué?¿Todavía andas lleno de locos discursos, de imaginaciones varias? ¿Dónde está aquese crïado? Señor, cuando le buscaba aquí, se había ya salido con alguna llave falsa. Tú te disculpas con eso, por no empeñarme a mí en nada; y haces mal, porque de nadie puedes fïarte con tanta satisfacción. A FÉLIX Perdonad, caballero; que, aunque haya de fiarse de vos don Juan, puedo con tal confïanza hablar. Podéis con razón, y nadie verdad tan clara negará; pero el buscarme don Juan es por otras causas que a mí en hallar a don César también hoy, señor, me alcanzan. Pues decid qué habéis sabido los dos; que ya es excusada diligencia aquí encubrirme el criado. Si mi palabra te doy de que, cuando entré a buscarle, aquí no estaba,... ¿Cómo, si aquesos criados nunca de la puerta faltan, pudo salir?--Id, a ver si se oculta dentro en casa, por esa puerta, y nosotros por esotra. Vanse los criados ¡Tente! ¡Aguarda! Se acerca don DIEGO a la puerta donde está escondida CELIA. Don JUAN y don FÉLIX lo detienen. Por la otra puerta salen LISARDA y BEATRIZ y se quedan cerca de la puerta En fin, ¿no pudo salir? No, señora, porque estaban los crïados a la puerta con mil prevenciones y armas. ¡Oh, permita la Fortuna que bien de este empeño salga! Si así teme una inocente, ¿cómo teme una culpada? ¡Vive Dios, que he de ser yo aquí el primero que haga diligencias de saber...! ¿Quién dice que no las hagas? Mas ya este cuarto está visto; miremos toda la casa. Aparte (¿Mirar la casa?¡Ay de mí! Sin duda a saber alcanza algo.Apuremos el caso.) Señor, ¿tú das voces tantas? ¿A qué has venido tú aquí? A ver qué es esto en que andas. En busca de un hombre. Aparte (¡Ay cielos!) Y este aposento me guardan más que todos, y he de verle. No has de entrar aquí. Repara que... Los dos me lo estorbáis por conseguir la venganza sin mí.¡Apartaos, por Dios! ¡Qué resistencia tan vana! ¿Quién está aquí? Se acerca a la puerta. Sale CELIA Una mujer infeliz y desdichada. Aparte (Aquí, cielos soberanos, echó el resto mi desgracia.) Aparte (Muriendo estoy por saber quién es aquesta tapada.) Por cierto, señor don Juan, que no os merece mi casa tan poco respeto como guardáis en ella a Lisarda. ¿Una mujercilla dentro de su cuarto?¡Enhoramala! ¿Harto Madrid no tenéis? ¿Yo mujer?Señor, repara... Mira, don Juan, si fue todo cuanto dije verdad clara. Tú no has visto, por lo menos --en vano se alienta el alma-- al escondido que dices, y yo he visto la tapada. Aparte (Ni hablar puedo ni callar.) Señora, el embozo basta; que he de saber quién me hace este pesar en mi casa. Aparte (Pues no lo perdamos todo.) A LISARDA Tente; que no has de mirarla. ¿Tú la defiendes? Es fuerza. (¿Hay mujer más desdichada?) Dentro CASTAÑO Toma esta puerta, porque por ella, Otáñez, no salga. Dentro don CÉSAR Sí saldré. ¿Qué ruido es éste en el cuarto de Lisarda? Con un empeño se olvida otro, según los que andan. Sale OTÁÑEZ Señor, el hombre que buscas hallamos.Sacó la espada para hacer paso con ella por donde a la calle salga. Sale don CÉSAR cubierto el rostro con la capa y la espada desnuda. Dime, ¿es aquéste, don Juan, el crïado que buscabas? No, señor; otro hombre es éste. Bien el talle, el brío, las galas dan a entender que no es el que encerrado quedó en casa. Aparte (Éste es don César.) Aparte a CÉSAR Señor, mi vida y la tuya ampara. Hombre que de tanto honor la reputación agravias, ¿quién eres? Un hombre soy. Quita del rostro la capa. No puedo; porque encubierto, sin que me veas la cara, me has de dar la muerte aquí en la defensa bizarra de esta mujer.Ella y yo habemos de aquesta casa de salir, si con mi muerte mis intentos no se atajan. ¿Qué mujer? Esta mujer; que yo no digo Lisarda; ni la conozco ni sé quién es.Y si esto no basta para que segura quede, habré de llevarme a entrambas. Hombre, demonio, o quien eres, aunque en algo satisfagas esta sospecha, conviene, para que quede asentada, el que sepamos quién eres. Aquésa es pretensión vana por ahora. También lo es que sea tal tu arrogancia que pienses que entre nosotros te has de llevar esa dama, sin que sepamos por qué y cómo en aquesta casa estáis tú y ella? No puedo decirlo. Pues las espadas harán bocas en tu pecho por donde la verdad salga. Disparan dentro ¿Qué pistola es ésta, cielos? ¿Aun los sustos no acaban? Ésta es la seña que espero. Ninguno allá fuera salga. Deteneos, caballeros.-- Hombre, yo te doy palabra de ampararte y de valerte si de estas dudas me sacas. ¿Dasme esa palabra? Sí. Desembózase don CÉSAR Don César soy.¿Qué os espanta? ¿Tú diste muerte a mi hijo? ¿Tú me robaste a mi hermana? ¿Tú en casa estás de mi prima? Sí; pero a ninguno agravia mi valor.Si a don Alonso di muerte, fue cara a cara, riñendo solo con él; si en casa estoy de Lisarda, es porque me dejó Celia oculto en aquesta sala; y, si esto de Celia digo, es porque no importa nada, que casado estoy con ella, que es esta misma tapada. Y si estas satisfacciones para tus quejas no bastan, yo he de salir; que ya tengo quien me guarde las espaldas; que esa pistola es la seña de la gente que me aguarda. Cuando no hubiera ninguno, César, yo solo bastara; que, siendo mi hermano ya, es obligación hidalga. Yo soy, don Félix, tu amigo; mas por don Diego mi espada... Yo la palabra le di y he de cumplir mi palabra.-- Mas decid ¿dónde estuvisteis escondido en esta casa? Sale MOSQUITO de la escalera Eso yo lo he de decir. Aquí estuvo. ¡Cosa extraña! ¿Hurtásteme tú el vestido? Y el azafate y las cajas. Con cuyo gran desengaño aquí la comedia... Aguarda; que falta el decir ahora a todos una palabra; y es, porque nada se ignore, que don Félix, concertada la parte de aquella muerte, que fue de tanta importancia, a pagar de su dinero quedó libre; con que acaba, por empeño escrita, El escondido y la tapada. Fin de la comedia