Pedro Calderón de la Barca ¿Quién hallará mujer fuerte? Auto historial alegórico intitulado Personas LA SABIDURÍA. EL MUNDO. LA PRUDENCIA. BARAC. LA TEMPLANZA. SÍSARA. LA JUSTICIA. LA JAEL. LA FORTALEZA. HABER. LA DÉBORA. EL MORFUZ. EL TURPÍN. DOS HOMBRES. MÚSICA. Sale la SABIDURÍA, dama bizarra, con guirnalda de flores y estrellas, y los MÚSICOS con instrumentos. Aquí de la ciencia mía la cláusula se oiga. Advierte que intenta, ¡oh Mundo!, este día saber la Sabiduría quién hallará mujer fuerte. De una invencible mujer palabra el Génesis da, que la frente ha de romper al dragón, y aunque en mí está prevista la que ha de ser, con todo, mientras no dora su luz, intento apurar si sabe el Mundo o ignora las sombras que han de pasar para que venga esta aurora, y aunque la duda no es mía la pregunta sí, de suerte, que es lo que intenta este día… …saber la Sabiduría, quién hallará mujer fuerte. Y pues la han de prevenir anuncios cuya apariencia la enseñe antes de venir, ¿quién hoy al Mundo decir sabrá alguno? Dentro canta. La Prudencia. No dudo que ella sabrá mas, ¿quién me asegurará, que crea el Mundo su noticia? Dentro canta. La Justicia. Mas quisiera mi deidad que lo hiciera la piedad, ¿quién me dará otra esperanza? Dentro canta. La Templanza. Mejor me suena esta voz ¿y quién, oh acento veloz, da de uno y otro certeza? Dentro canta. La Fortaleza. No mal mi pregunta empieza, poniéndome en confianza de que anuncien su belleza… Cantado. La Prudencia. Sale. La Templanza. Sale. La Justicia. Sale. Y Fortaleza. Sale. Ya que cuatro cardinales virtudes queréis iguales con antevisto arrebol, antes que amanezca el sol dar de su aurora señales, sabed… Cantan. Nada nos advierte… …porque para obedecerte… …baste oír… …que quiera este día… saber la Sabiduría, quién hallará mujer fuerte. Cantado. Y siendo así, es evidencia, que la diga la Prudencia. Cantado. Más claramente se indicia que lo sepa la Justicia. Cantado. Más segura es la esperanza de que la halle la Templanza. Cantado. Una invencible belleza más toca a la Fortaleza. Canta. De mí aguarda… De mí fía… De mí espera… De mí advierte… Cantan. … que logre este feliz día… saber la Sabiduría, quién hallará mujer fuerte. Sale el MUNDO. ¿«Que logre este feliz día, saber la Sabiduría, quién hallará mujer fuerte»? ¿Qué dulces sonoras voces, cuando yace en las tinieblas de sombras y de figuras, hasta que el sol le amanezca, sepultado el Mundo, son las que a sus oídos suenan tan lejanas, que no sabe si mal despierto las sueña, o mal dormido las oye? ¿Mas qué me admira que sea tal mi suspensión, si es la salva que me despierta, al más bello sol que vieron jamás ni montes ni selvas? Hermosísima deidad, que verte del Mundo dejas, no sé si realmente o si en fantástica apariencia, a efecto quizá de que usando de las licencias, que la retórica admite en alegórica idea, quieras mostrar algún rasgo, algún viso, alguna seña de aquel gran prometimiento que hizo Dios por sus profetas tantos siglos ha. ¿Quién eres, que el rubio Ofir de tus trenzas de tantos rayos coronas que duda la competencia si son estrellas o flores?; ¿quién eres que de tan bellas hermosuras asistida te avienes con todas ellas bien como la blanca rosa que en cumbres y valles reina con el vulgo de las plantas? Y perdona a mi rudeza ignorarte y ignorar qué dulce música es esta con que todas te saludan, qué misterioso problema el que sus ecos publican, porque es para mí tan nueva su voz como tu hermosura, con que no sabe, suspensa el alma en tus perfecciones, en qué estilo hablarte deba, porque elevado el oído y porque la vista ciega se han levantado con todos los imperios de la lengua. Inferior ámbito, centro del orbe, que hoy entre densas nieblas sepultado yaces, porque en tu esperanza tengas firme fe, piadoso el cielo quiere que mientras no llega al cumplimiento felice de su inefable promesa el constituido tiempo que ha reservado su ciencia, las vislumbres te consuelen que en pardas nubes envueltas esconden la Sunamitis debajo de la corteza de sombras y de figuras. Y porque mejor lo veas quiero responderte a todo, que en tan sagradas materias el confesar ignorarlas ya es empezar a saberlas. Yo soy del eterno Padre una substancia a su esencia tan una, que soy con él, sin fin ni principio, eterna. En su mente estoy, y como al Hijo en su mente engendra, soy atributo del Hijo, y para más excelencia soy del Espíritu Santo alto don, como Job muestra y Salomón lo publica cuando piden que yo sea la dádiva liberal de su mano, de manera que en la comunicación de personas, dando en ellas la atribución de las gentes para más inteligencia al Espíritu el amor, al Padre la omnipotencia y la sabiduría al Hijo, vengo yo a ser, por ser ésta de uno, palabra y concepto; de otro, don; de otro, riqueza, pero riqueza escondida por ahora a las primeras leyes y sólo enseñada en sombras a los profetas. Hasta aquí he dicho quién soy, conque habiendo mi presciencia visto en una parte una mujer, que la planta puesta en la cerviz del dragón quebrantará su soberbia y habiendo dictado en otra a la más infusa ciencia el proverbio en que pregunta quién habrá que a hallar se atreva mujer fuerte, intento de ambos textos careando la letra ver si en tu consuelo, como tú presumiste, a ver llegas una seña, un rasgo, un viso, que tu esperanza entretenga, y como es uso del día que la noche le preceda y que amanezca el aurora para que el sol amanezca, quise, antes que al sol viese, parar la veloz carrera de los siglos en la aurora, confiada en que no deja de ser fiesta para el sol la que es de su aurora fiesta. A este fin fueron las voces, que de mi pregunta llevan los ecos, y a este fin son las que me dan la respuesta, las de las cuatro virtudes, prometiéndose anteverla la Fortaleza y Templanza, la Justicia y la Prudencia, y porque nada me quede por decir, llegar sus bellas consonancias a tu oído tan sonoramente tiernas que a su concento no hay viento que no se suspenda, es que como son virtudes hablan muy de otra manera que los humanos, y así siempre su dulzura suena interiormente al oído en blanda música puesta. Este principio asentado, vuelvo a que es la competencia en que las hallas fiar cada una de sí mesma que la mujer fuerte halle, conque yo al afecto atenta con que todas se prefieren a hacer por mí la fineza de buscarla, me prefiero también a que premio tenga la que la logre. Y así, Dale la guirnalda. aquesta guirnalda bella en tu mano deposito, que siendo tú quien esperas la respuesta, en tu favor es bien, Mundo, que tú seas quien la dé a quien traiga más en tu favor la respuesta. Vase. Cantado. Oye… Aguarda… Espera… Escucha. No la sigáis, y estad ciertas que aunque la merezcáis todas, la dé a quien más la merezca. Cantado todo. Deme el sacro texto tan feliz letra que haya de ser el lauro de la Prudencia. Deme el sacro volumen tan feliz línea que haya de ser el triunfo de la Justicia. Deme el sacro eloquio tan feliz plana que haya de ser el premio de la Templanza. Deme la sacra historia tan feliz senda que haya de ver el palio la Fortaleza. Pues que vais amigas con ir opuestas, id diciendo todas: «Aurora bella, aunque sea en imagen danos tus señas; mira que el sol aguarda que tú amanezcas». Aurora bella, aunque sea en imagen danos tus señas; mira que el sol aguarda que tú amanezcas. Qué bien suenan sus voces y qué bien suenan ecos que repiten. Vanse todos, quedando solo el MUNDO, y suenan cajas y trompetas. Dentro. ¡Arma, arma, guerra, guerra! Mas ¿qué militar estruendo es el que horroroso trueca a la caja la armonía y a la lira la trompeta? Ninguno extrañe que el Mundo, siendo, como es, en su esfera el escándalo, le dude, que es tan cruel, tan sangrienta, y tan tirana la lid que el Asia mueve soberbia, que estremecido al mirarla, que despavorido al verla, siendo en una parte, en todas las cuatro del orbe tiembla. Las cajas y trompetas. Jabín, hoy Rey de Canán (¡oh historial, qué presto dejas lo alegórico, si ya no es porque entrambos convengan!); Jabín, pues, Rey de Canán, que en Asor su corte reina, patria de la idolatría, no contento con que sea el pueblo de Israel sujeto a sus tiranas violencias tributario esclavo suyo, obligándole a que ofrezca culto a su ídolo Bahalín, acabar con él intenta tan de una vez, que entregando nuevas tropas, nuevas levas a Sísara, su más fiero bruto caudillo, le ordena o que idolatre o que todo el pueblo de Dios perezca, conque oyendo en una parte… Dentro. ¡Arma, arma, guerra, guerra! Las cajas. … y en otra al amenazado pueblo… Dentro. ¡Clemencia, clemencia! … es fuerza que atento a todo, su juicio el Mundo suspenda, y pues al Mundo no toca que los casos antevea, hasta que el tiempo los diga diga el tiempo lo que resta, al oír allí… La caja. ¡Arma, arma! Y allí… ¡Clemencia, clemencia! … y entre uno y otro a otros ecos… ¡Al monte! ¡Al valle, a la selva! …con que Babilonia todo el orbe en voces diversas todo es confusión oyendo… Vase. ¡Clemencia, Señor, clemencia! ¡Guerra, guerra, al arma, al arma! ¡Al monte, al valle! Sonando a un tiempo cajas, voces y música, salen huyendo unos VILLANOS, y con ellos BARAC, viejo venerable. ¡A las selvas! Pastores de Haber, mirad cuánto el peligro se acerca, pues ya Sísara al Cisón marcha doblando la vuelta. No esperéis que fronterizos de Canán tan sin defensa os halle que a ser vengáis de su cólera sangrienta primer despojo. ¡A los montes huyamos! Seguidme, y sea nuestro asilo el de Efraín, que es donde asiste la excelsa Débora, que profetisa el pueblo hoy de Israel gobierna por falta de Lapidot, su esposo; y pues a la inmensa sombra de fértiles palmas su trono en la cumbre asienta a donde las causas juzga y a donde da las audiencias, mostrando que no ha de haber para el pretendiente puertas que no estén a todas horas como las del campo abiertas. ¿Quién duda, puesto que a todo atiende prudente y cuerda, que oyendo nuestras desdichas a nuestro reparo atienda? Bien dices, a Efraín, pastores. A Efraín. Si a freír dijeran y el tal freír fueran huevos y torreznos, aunque fuera jodío pecado, tras ellos fuera yo, ¿mas quién me aprienta para dejar a los amos?, que para morir cualquiera lugar basta. Venid, pues, diciendo: «Débora bella… «Débora bella… … el pueblo de Dios perece, trata tú de su defensa». …el pueblo de Dios perece, trata tú de su defensa». Pues cuando otros: «¡arma, arma!»… Dentro. ¡Arma, arma! …dice él: «¡clemencia, clemencia!». Dentro. ¡Clemencia, clemencia! Sonando las cajas y trompetas y la MÚSICA, se van todos y sale HABER, y JAEL deteniéndole No huyáis, esperad, villanos, que más vuestra muerte es cierta huyendo que no quedando conmigo. ¿Qué es lo que intentas, Haber, en quedarte solo, cuando tus gañanes dejan a persuasión de Barac, que tras sus voces los lleva, los ganados en los montes y las mieses en las eras a la idólatra invasión de un tirano, sin que adviertas cuánto importa más salvar las vidas que las herencias? Si sabes, Jael, que tengo con Jabín correspondencia y con Sísara amistad, ¿qué hay que dudes, qué hay que temas mi seguridad? Pues no sólo huiré de su presencia, pero saldré a recibirle. Y pues esta alquería nuestra que a orillas del Cisón yace parte lindes con las selvas del Tabor y de Efraín, iré a ofrecerle que sea su campal alojamiento. ¿Qué dices? ¿De qué te alteras? De que ya que alguna vez la política consienta al infiel comercio, no cuando el comercio se encuentra con la religión. ¿A un monstruo a quien juzga su soberbia igual a su rey y viene en odio de la ley nuestra, imitación del primero rebelión de las estrellas, a entablar idolatrías en tu casa y… Cesa, cesa, que menos, Jael, importa dar a Jabín reverencia, dar a Sísara hospedaje, y dar a Bahalín ofrenda, que aventurar todo el resto de la vida y de la hacienda. Vente tú, Morfuz, conmigo. Vase. Sí haré alegre con que sepa que estoy seguro con dar al rey Jabón obediencia, a su Chíchara hospedaje, y a su dios Badil ofertas. Vase. Tan absorta, tan confusa su proposición me deja, que no sé que fantasía en él se me representa. ¿Mas qué me admiro, si Haber, equivocando una letra, dice Heber, de quien tomó nombre la nación hebrea, que en él se me signifique el hebreo pueblo y sean sus torpes idolatrías las que hoy Dios castiga? Inmensa piedad, hazte sorda, no oigas su sacrílega propuesta, antes que mi llanto, puesto que entre mi llanto y su ofensa, si eres Dios de las venganzas, también Dios de las clemencias. Duélete dél y de mí y no permitas que pueda hospedar mi casa menos que para matarle en ella a ese padre de las iras, a ese autor de las tragedias, caudillo de las discordias y campión de las soberbias, a ese abominable monstruo, de tan sañuda fiereza que parece que de sangre hidrópico se alimenta, según aborrece a toda la humana naturaleza, a ese Sísara, ahora todo lo dije, pues se interpreta el que ve al ave que pasa dando a entender que no vuela tan remontada ninguna que sus venenosas flechas no la registren y abatan. ¡Oh venga, Señor, oh venga ave que vuele tan alta que de la vista la pierda! Quédase elevada; sale la TEMPLANZA cantando Sí vendrá, si tu pena clama, llora, suspira, gime y anhela. Sí vendrá, y pues tu nombre, ¡oh, Jael!, se interpreta la que asciende, no dudes que tú también asciendas, ya que no a ser el ave de tanta gracia llena que vuele remontada sin que él alcance a verla, a ser imagen suya, si dando al tiempo treguas, el grito del dolor con el silencio templas. Quien derrama sus ansias, quien arroja sus quejas, avisa al enemigo para que se prevenga, y así, pues la Templanza (por si acaso en ti encuentra una mujer que busca) es la que te aconseja: recata el sentimiento, que para que merezca, sin que le sepa el hombre, basta que Dios le sepa. A él sólo sabia y cuerda, clama, llora, suspira, gime y anhela. Interior consonancia que en mis sentidos suenas sin saber quién te inspira, ya que obligarme intentas a que sintiendo calle, a que callando sienta, dame también los medios, porque no sé que pueda hacer un corazón tan noble resistencia que sienta y calle. Sale la FORTALEZA. Eso no podrá por sí mesma la Templanza. Pues, ¿quién podrá? Canta. La Fortaleza; que cuando concurrimos en igual conferencia ella da los consejos, pero yo doy las fuerzas, y así a mi voz atenta lidia, anima, resiste, vive y alienta. Para la gran victoria de vencerse a sí mesma, bien podrá la Templanza intimarte la guerra, mas no podrá sin mí conseguirla, que si ella te ha empeñado en que lidies, yo en que lidies y venzas, no sin grande misterio, que si en Jael se encierra, en metáfora de ave, «la que ascendiendo vuela», quien Fortaleza dijo, dijo Gabriel, y es fuerza, que haya misterio donde ave y Gabriel concuerdan. Y así, en tan alta empresa lidia, anima, resiste, vive y alienta. ¡Cielos! ¿Qué suspensión tan misteriosa es ésta? Ya que en su sentimiento, viendo que a Dios apela, entrambas concurrimos por presumir que en ella la mujer fuerte hallemos, yo a templarla en su pena, y tú a esforzarla, el Mundo juicio hará de cuál tenga más derecho a la hermosa guirnalda. ¿Pues qué esperas a seguir tus motivos? Que tú a los tuyos vuelvas. Mejor será que iguales, pues nuestra competencia nos ha de hallar amigas aunque nos busque opuestas, ambas digamos juntas: Jael hermosa... Jael bella… …prudente a la Templanza… …sabia a la Fortaleza… …clama, llora, suspira, gime y anhela, lidia, anima, resiste, vive y alienta. Vanse las dos, tocan a marchar y dicen dentro los primeros versos. Alto, y pase la palabra. Alto, y pase la palabra. ¿Qué escucho (¡ay de mí!) que en esta militar marcha, no sólo me da el horror de oírla cerca, pero me quita el consuelo de oír no sé qué lisonjera suspensión, en que juzgara dentro de mí, de mí ajena, que haya decirme al oído… Dentro. Ya que las cumbres excelsas de Efraín y del Tabor saludó la salva nuestra, orillas del Cisón, id frente haciendo de banderas, mientras yo en casa de Haber paso el rigor de la siesta, y para no perder tiempo oigan todas las fronteras de Israel el bando en que mueran todos. La caja a bando. Todos mueran, sin reservar a ninguno que a Sísara no obedezca. ¿Sin reservar a ninguno? ¡Oh humana dicha, qué apriesa pasa el instante que un triste en que es venturoso piensa! Salen HABER y SOLDADOS y SÍSARA, que tropezando cae a los pies de JAEL. Ésta, señor, ya no mía, es la humilde casa vuestra. Huiré de verle, ¡mas, cielos, no es posible, que ya entra! Por vuestra, Haber, ¡mas ay triste! ¿Qué ha sido? Al entrar en ella, no sé cómo tropecé en el umbral de sus puertas. Pésame que con azar… ¿Dónde hay azar que yo tema; y más cuando mi caída es a fin de que me vea a tales plantas? (¡Qué rara hermosura!) (¡Qué fiereza tan horrorosa!) (¡En mi vida vi más divina belleza!) (¡En mi vida vi más fiero semblante!) (¡Suspenso al verla…) (¡Absorta al mirarle…) (…no, no puedo, según me eleva…) (…no puedo, según me asombra…) (…adelantar hacia ella el primer paso.) (…al primero instante no estar suspensa.) (¡Qué pasmo!) (¡Qué temor!) (¡Qué ansia!) (¡Qué aflicción!) Jael, ¿qué esperas? ¿Ésta es Jael? Llega a hablarle. Esto es… (voz, ¿qué me aconsejas templar el dolor, si cuando…) (¡Qué turbación tan honesta! Ahora bien quite la voz el horror de la presencia.) Bella divina Jael, no en mirarme te suspendas como enemigo, que aunque contra todo el pueblo venga, no contra ti: esos edictos, que mis pretextos honestan, no se han de entender contigo, que su amenaza severa no es por ti, sino por todos, que tú has de vivir exempta de las generales leyes. No es temor, sino vergüenza mi turbación, que no dudo que haya gracia con reserva, para que esa general ley conmigo no se entienda. Claro está, que a tu respeto no habrá nadie que se atreva. Aparte. (Ni aun yo pues aún no me atrevo a mirarla de más cerca. Cuando a mover voy la planta no sé qué superior fuerza a mi pesar la retira, como diciendo…) Dentro. A la excelsa cumbre, que ella sola puede ser nuestro asilo. Las cajas y las trompetas. Dentro. ¡Arma, guerra! ¿Pero qué nuevo alboroto es éste? Sale un SOLDADO. De esas desiertas montañas, los moradores para ponerse en defensa van en desmandadas tropas a ocupar las eminencias, conque adelantados tercios cortarles el paso intentan, en cuyo encuentro repiten unos y otros. ¡Arma, guerra! Iré a ver en lo que para; en paz, ¡oh Jael!, te queda, mientras que más victorioso otra vez a tus pies vuelva. Vase, y los SOLDADOS. Jael, ya ves lo que te importa, templa tu enojo, y paciencia. ¿Qué más le puedo templar? Y pues sufriendo mis penas te he obedecido, Templanza, no me faltes, Fortaleza, hasta que en otra ocasión a ti también te obedezca. Vase. Instrumentos y chirimías, y aparece en un trono, debajo de una palma DÉBORA sentada, y salen al tablado una MUJER y dos HOMBRES. Suenen tus voces, ¡oh Fama!, y al gran pueblo de Israel, que vengan cuantos en él ser oídos quieran, llama. Venid, israelitas, venid a la audiencia adonde hallaréis Justicia y Prudencia. Venid a la audiencia, venid israelitas adonde hallaréis Prudencia y Justicia. Divina Débora bella, de una querella que tengo a pedir justicia vengo. Sepa yo qué es la querella. Estos dos hombres servían con familia tan escasa a mi padre, que en su casa ellos tres solos vivían. Sin que constase en su puerta seña de que otro la abrió, de una herida amaneció muerto, conque es cosa cierta, que el uno el agresor fue, porque si entrambos lo fueran, no el uno al otro se hicieran el cargo; y siendo así que uno de otro delató, haciendo uno y otro empeño de que de su muerto dueño pida la justicia yo, ante ti parezco, a efecto de que castigo le des al que hubiere sido. ¿Qué es lo que vos decís respeto desta acusación? Que no fui el que a mi dueño maté. ¿Y vos que decís? Que él fue, porque no le maté yo. ¿Hay alguna información de que hubiese con él uno antes reñido? En ninguno cayó aquesa presumpción, que la que en ambos cayó fue que tal alevosía para robarle sería, cuyo efecto embarazó el no culpado, que viendo muerto a su dueño detuvo al culpado, y como no hubo más testigo que el estruendo, a que la gente acudió, cuando uno y otro decía que él al otro detenía, la Justicia a ambos prendió; conque a tu gran tribunal viene a pedir mi dolor castigo para un traidor y premio para un leal. Aquí solamente Dios ve al fiel y ve al homicida; el delito es una herida que no pudieron dar dos. Dejarle de castigar no es justicia, castigalle en el uno sin que halle indicio particular contra él, tampoco lo es; suspenda juicio y sentencia. Quédase como pensativa y sale la PRUDENCIA. Aquí entra bien la Prudencia, para coronar después del sacro laurel la frente, pues que halló, se prueba bien, a la mujer fuerte quien halló a la mujer prudente. Canta. Divina profetisa, a quien tan divinamente aclamó todo el pueblo, para que tú le rijas y gobiernes, desempeñando en ti el yerro que padece, quien no juzga capaces de armas, letras y mando a las mujeres, pues tu gobernación ya en levas y ya en leyes, capítulo hará a parte en el sagrado libro de los Jueces, divina profetisa, repita otra y mil veces, mal en el juicio de hoy dentro de ti, tú misma te suspendes. Búscate en ti, hallarás que es más inconveniente, que muera el no culpado que no que quede vivo el delincuente. ¿Será mejor que el vicio tras sí a la virtud lleve, que no que la virtud el vicio traiga, en fe de que se enmiende? Perdonar un delito acción es de los reyes, principalmente cuando no hay parte que jurídica le pruebe, mas condenar sin él, ni lo es, ni serlo puede, que restringir los males es rigor, y piedad ampliar los bienes. Y así, vivan entrambos, y llegará a deberte la Prudencia que vean tejer entre tus palmas sus laureles. Habiendo considerado, suspensa en tan nuevo juicio, que en favor ni en contra indicio me dan ni el fiel ni el culpado, resuelvo, no sin consejo que ya consulté conmigo, que ni premio ni castigo me toca dar; y así, dejo el castigo o premio a Dios y pues en juicio oportuno castigar no puedo a uno he de perdonar a dos. Libres estáis, idos, pues, que a la parte algún gran don la dará satisfación. Uno alegre besa la tierra, otro, triste, se va. Por alfombra de tus pies mil veces la tierra beso. Oíd, ¿cómo vos me volvéis la espalda y no agradecéis el ir libre? Si confieso la verdad, como por mí nada ha hecho la prudencia de tu piadosa sentencia, que yo vine libre aquí y en volver libre no tengo, señora, que agradecer. No os vais ninguno, que hacer segundo juicio prevengo; ¿volver el uno la espalda y otro agradecer, qué indicia? Vuelve a suspenderse y sale la JUSTICIA. Aquí entra bien la Justicia al premio de la guirnalda. Canta. Débora, cuyo nombre, sobre sacerdotisa, en el idioma hebreo la argumentosa abeja significa; no sin grande alusión de tus méritos digna, pues tiene en su formada república ave reina que la rija, en cuya real tarea tanto al afán se aplica, que son para ella graves y para todos dulces sus fatigas. No este juicio suspensa te tenga ni indecisa, que ya de la Prudencia viene hollando la senda la Justicia. Quien no estima el perdón, bien claramente explica que no comete osado la culpa de quien tímido le estima. La conciencia acusada fiscal es de sí misma, y así le trata el uno como acaso y el otro como dicha. No se indicia de aquél lo que deste se indicia, pues como no esperada, brota hallada de balde la alegría. El reconocimiento, aunque es virtud, se vicia cuando afectado muestra que cae sobre piedad no merecida. Alborozadas gracias, que pasan de la línea de agradecidas se hacen sospechosas de puro agradecidas. Anima, pues, de espacio lo que él aborta aprisa: verás que los temores a las seguridades se anticipan, y veré yo si el Mundo, de la sabiduría da el laurel a Prudencia que omite o a Justicia que averigua. En segunda suspensión a nueva luz solicito, no sin iluminación, ver si el cuerpo del delito hace sombra hacia el perdón. Y así, libre aquel criado, a éste a la cárcel volved, que sin duda es el culpado el que tiene por merced el mirarse perdonado. Un tormento la malicia purgue, que desto se indicia si no es que llegue a evidencia, que el cetro de la Prudencia es vara de la Justicia; vaya pues. Si en el tormento tengo de perder la vida, mejor es que al alma atento diga mi arrepentimiento, que es verdad que el homicida de mi anciano dueño fui. Vase. Volvió mi verdad por mí. Vase. También por mí mi dolor. Vase. Dentro. ¡Piedad, Débora, y favor! ¿Barac, qué es ésto? Salen BARAC y los VILLANOS. Oye. Di. Sísara, aquel general de Jabín, de quien la Fama tantos torpes triunfos cuenta, tantos viles hechos canta que de su bronce los ecos, que de sus plumas las alas ni bastan para escribirlos, ni para contarlos bastan, las riberas del Cisón ocupa con gente tanta, que de sus armadas tiendas hecha ciudad la campaña, se desvanecen los montes, pues desde sus cimas altas, mirando hacia abajo, vuelta en acero la esmeralda, no hay cumbre que no se dude desconocida en su falda. Sobre número infinito de batallones y escuadras, noventa falcados carros (así en términos se llaman) consigo trae ingeniosa máquina tan nueva y rara que elefantes, de madera sufriendo sobre su espalda fortificaciones, son cada uno un castillo que anda, un rebellín que discurre, y un baluarte que vaga, y aún no es ésta su mayor fuerza; la que más espanta para que los moradores, dejando familias, casas, mieses y ganados, vengan señora, a echarse a tus plantas, es la de su edicto, pues en públicos bandos manda, que mueran cuantos no den a las sacrílegas aras de Bahalín adoración, cuyo terror… Baja al tablado y tras ella la PRUDENCIA y JUSTICIA. Calla, calla, no prosigas, cesa, cesa, Barac, que en llegando a que haya ofensa de Dios, me anima no sé que espíritu que habla en mi corazón diciendo: Canta la PRUDENCIA, y ella representa lo que canta. ¿Qué os turba, qué os acobarda… ¿Qué os turba, qué os acobarda… …de sus armas el poder… …de sus armas el poder… …pues si el poder de sus armas… …pues si el poder de sus armas… …le trae contra Dios, es fuerza… …le trae contra Dios, es fuerza… …contra sí mismo le traiga. …contra sí mismo le traiga. Canta la JUSTICIA y ella representa. Y aunque es prudencia poner… Y aunque es prudencia poner… …sólo en Dios la confianza… …sólo en Dios la confianza… …tal vez su causa primera… …tal vez su causa primera… …remite a segundas causas. …remite a segundas causas. Y así, en natural Justicia… Y así, en natural Justicia… …es bien que dellas te valgas… …es bien que dellas me valga… …que aunque la fe basta a todo… …que aunque la fe basta a todo… …la fe sin obras no basta. …la fe sin obras no basta. Tú, Barac, pues en Barac el frase hebreo declara al rayo, mi general has de ser, que de tus canas quiero fiar la prudencia que disponga la jornada, y del rayo de tu acero la justicia de lograrla. Del tribu de Neptalí cinco mil hombres señala y otros cinco mil del tribu de Zabulón, cuya marcha a ocupar la cumbre sea del Tabor y en ella aguarda fortificado hasta que mi segunda orden te vaya del día que Dios señale para que des la batalla. Aunque de tu pie, señora, mil veces beso la estampa por tanto honor, no sé cómo te diga que la esperanza de la victoria flaquea, mientras tú misma no salgas a la campaña en persona, pues viéndote en la campaña, no habrá nadie que no dé por ti mil vidas, mil almas. Cantando las dos. ¡Extraña proposición! No la tengas por extraña. Cantado. Que más veces la prudencia suele vencer que las armas. Que más veces la justicia de la lid el lauro alcanza. ¡Al arma, pues! ¡Al arma! Y suenen con tu nombre al compás de las cajas. Sonoro el clarín. La trompa bastarda. Diciendo a este fin, sonoro el clarín… Diciendo a esta causa la trompa bastarda… ¡Al arma, al arma, guerra, al arma, al arma! Pues es la causa de Dios y Dios mi espíritu inflama, yo iré contigo; mas mira que es contra tu misma fama, pues siendo tú el general sera mía la alabanza. Para ti la quiero yo. ¿Y será bien que se esparza por los ámbitos del orbe que hombre que rayo se llama no venció, y venció una humilde mujer? Sí, señora. Aguarda, ¿en qué lo fundas? En que no sé qué vislumbres andan aquí, que envueltas en sombras de imaginados fantasmas, me dan a entender que cuando el pueblo de Dios se halla en mayor conflicto, sea una mujer quien le salva. Aunque como profetisa mi fe a lo lejos alcanza a ver esa mujer fuerte, cuya no mordida planta pise al dragón, no soy digna yo de ser su semejanza, que tan soberana idea otra es para quien se guarda. Pero ya que me resuelvo a ir contigo a la campaña, bengala y espada vengan. Si es la bengala la vara, que a pobres y ricos mide iguales, bien la bengala a la Prudencia le toca. Pónese espada y bengala. Y a la Justicia la espada, pues es su acero el espejo de armar en que se retrata. Ea, Barac, mientras tú a juntar las tropas vayas, iré yo a hacer sacrificios al Sabaot de las batallas, Adonaí de las ciencias y Jehová de las venganzas, para que el pueblo se ponga en más cierta confianza, que del número del ruego. ¿Pues qué esperas? ¿Pues qué aguardas? Que diga el estruendo en ecos y diga el gemido en ansias llevando mi nombre al compás de las cajas, sonoro el clarín y la trompa bastarda: ¡Arma, arma, guerra, guerra! ¡Guerra, guerra, al arma, al arma!, y lleven su nombre al compás de las cajas, sonoro el clarín y la trompa bastarda, diciendo a este fin sonoro el clarín, diciendo a esta causa la trompa bastarda: ¡Al arma, al arma! Con esta repetición, volviendo a sonar juntos instrumentos, cajas y trompetas y música, se van todos, y sale SÍSARA y SOLDADOS que traen preso a MORFUZ, VILLANO. ¡Al arma, al arma, y a fuego y sangre no quede de todas estas montañas, desde su centro a su cima, tronco, flor, hoja ni planta, o que no vuele en pavesas o que en cenizas no arda, llevándose, no tan sólo tras sí tantas vidas cuantas su intrincado seno alberga, su eminente cumbre guarda, pero hasta las mismas peñas, que de su centro arrancadas con la actividad del fuego al aire suban tan altas que empañando con el humo la tez de ese azul alcázar, apaguen la llama al sol temerosa de sus llamas! De todos cuantos villanos entre sus riscos se amparan por si algún aviso lleva, prendimos a éste en la falda desmandado. ¿Desmandado yo? Mire usted cómo habla porque muy mandado voy donde me manda mi ama, y mandado y desmandado son dos cosas muy contrarias. Ven acá, villano. Tanto hay de esa estancia a esta estancia como desta estancia a ésa; y pues yo no tengo nada que hacer allá y usted tiene que hacer acá, cosa es crara que a usted le importa el que venga, primero que a mí el que vaya. Éste debe de ser loco. Algo hay de eso. De esas ramas le ahorcad que para escarmiento, o loco o cuerdo me basta. Ahora yo me llegaré pues soy el de la importancia; ¿por qué han de ahorcarme, si yo adoraré si le agrada no sólo al dios Badil pero al dios Badil y Tenaza, que soy criado de Haber, y él a todos mos encarga que así lo hagamos? ¿Criado de Haber eres? ¿Qué te espanta, si Haber es mancebo rico y yo borrico sin blanca, que él me mande y yo le sirva, pues en el Mundo que pasa entre el Haber y no Haber, no Haber sirve y Haber manda? ¿Cómo te llamas? Yo nunca me llamo a mí, otros me llaman. ¿Cómo? Morfuz. ¿Y Haber dónde queda? Persumo que anda, porque confitente tuyo no le cautive la patria, dando a entender que él también huye de ti y que en su casa sin su voluntad te alojas, ya que no te limonadas ni garapiñas. ¿Y dónde ibas? A traer de la granja unas manadas de trigo antes, según mos las talan tus soldados, que no quede una espiga de que haga Jael el pan de tu regalo. ¿Luego Jael de ella no falta? No señor. Dame los brazos, y ese sagrado te valga, que no digo yo un villano tan vil como tú… A Dios gracias. …mas si a ti se redujese toda la infame canalla del hebreo pueblo, fuera su salvamento el nombrarla; vete pues. Ahora no quiero irme, que si otros me agarran, podrá ser que a ahorcar me lleven primero que a ti me traigan. Seguro irás; dad a este villano una salvaguardia para que en todos mis reales entre libremente y salga, y de ellos para sus dueños lleve todo cuanto haya menester. La tierra beso que pisas: ¿yo gordasalva para que en sus reales pueda entrar y salir? Mañana no sólo los balsopetos, la caperuza y polainas de reales llenaré pero cosidas las boquimangas, el sayo y los zarafuelles. Vase. Vuelva a proseguir la saña del incendio porque nunca me importó más acabarla que cuando sé que Jael sola en su quinta me aguarda. Cajas a lo lejos. ¿Pero qué cajas son éstas, que del Tabor a la espalda, por la parte de Efraín se escuchan? Sale HABER. Dame tus plantas. Haber turbado vienes ¿qué hay de nuevo? Apenas a contártelo me atrevo: por salvar la sospecha y hacer para con todos la deshecha, yo también de ti huido me fingí en esos montes retraído. Una perdida espía que de la parte de Efraín venía, nos dijo que sabiendo Débora el militar bélico estruendo con que al Cisón ocupas las riberas, hecha su margen frente de banderas para impedir la entrada en sus estados de dos tribus listó diez mil soldados y dando por su esfuerzo y su consejo a Barac de las armas el manejo, no contenta con verse profetisa, pasando de política a herotisa a hallarse en la campaña ella misma en persona le acompaña. Mal mis triunfos codicias, pues eso dices, sin pedirme albricias; ¿qué más mi orgullo pudo desear que su venida?, pues no dudo, que Débora vencida, no habrá después quien mi invasión impida, quedando o presa o muerta su belleza, todo el pueblo hecho un monstruo sin cabeza. ¿Qué son diez mil soldados, para cien mil que traigo yo alistados? Pues aunque se trocara el número y lidiara yo con los diez, cuando ella con los ciento, aún tuviera seguro el vencimiento, que no vale en armados escuadrones tanto, Haber, al medir de los aceros, un cordero, caudillo de leones, cuanto un león, caudillo de corderos. Si éste es principio en militares fueros, mira tú cuán en vano Sísara temerá a un caduco anciano y a una flaca mujer, tan inferiores en valor y poder; y así no ignores cuánto esa nueva es en lisonja mía: ¡oh si no fuese al espirar del día el habérmela dado, qué presto me verías coronado de su palma! Y pues ya la noche baja envolviendo en su lóbrega mortaja al cadáver del sol, y que no es hora de salirla al encuentro hasta la aurora, retírese la gente cada una a su cuartel, no sea que intente (pues dueño del país no habrá surtida que no sepa) valida de la noche enmendar de su fortuna la falta con alguna sorpresa, que tal vez en la campaña suele suplir al número la maña. Yo he de ser el primero que en vela esté; ni aun en tu casa quiero retirarme al descanso ni al abrigo que estando ya en campaña el enemigo, fuera mal ejemplar que falte della su capitán. ¡Oh, tú, primera estrella, que eres contra la obscura hueste fría, madrugadora embajatriz del día, adelanta en tu esfera a mi ruego la rápida carrera, que yo te ofrezco dar a tu memoria de oro una estatua en fe de la victoria, que ya ni la inconstancia de la luna, la ojeriza del Sol, de la fortuna la saña, ni el anhelo del hado, ni el poder de todo el cielo, harán que no sea mía! Vase y sale la SABIDURÍA en un trono en lo alto. Sí harán, que está la gran Sabiduría, cuando tú tan soberbiamente vano, viendo desde su trono soberano la humildad con que allí Débora orando la noche pasa; allí Jael clamando también a Dios, partida la asistencia, una de la Justicia y la Prudencia como gobernadora, y otra, como señora de su casa y familia, en confianza de que haya Fortaleza en la Templanza. ¡Oye, Señor, sus voces… Una parte, lo más distante que puedan, DÉBORA, JUSTICIA y PRUDENCIA, y a otro JAEL, FORTALEZA y TEMPLANZA, y en medio la SABIDURÍA. Cantan. ¡Oye, Señor, sus voces… ...que tiernamente dulces y veloces… ...que tiernamente dulces y veloces… …para mi triunfo inmenso suben como la vara del incienso! …para su triunfo inmenso suben como la vara del incienso! ¿Cuándo, Señor, será el día que en virtud de tu piedad, puesto el pueblo en libertad, de la opresa tiranía en que hoy yace se vea,… ¿Cuándo, Señor inmenso, en virtud tuya, sin esclavitud se verá tu pueblo,… ...dando al Mundo aquella divina fuerte mujer singular que le ha de restaurar. ..dando aquella peregrina mujer fuerte que al dragón ha de quebrantar la frente. Y ya que en tu eterna mente conviene la dilación… Y ya que de tu tardanza alto misterio se cree… …para confirmar mi fe… …para alentar mi esperanza… …danos siquiera en loor de tal aurora reflejos. ...danos siquiera a lo lejos la luz de su resplandor. Danos, Señor,… Danos, Señor,… …ya en vislumbres… …ya en reflejos… …siquiera en sombras y lejos la luz de su resplandor. Danos el candor que encierra el cuajado vellocino. Danos el ángel divino que ha de dominar la tierra. Contra el triste mortal susto que padece el pueblo mío… …den los cielos su rocío, lluevan las nubes al justo. Contra el rabioso furor de tanta tirana guerra… …abra sus senos la tierra y produzga al Salvador. Duélate su esclavitud. Su llanto enjuga prolijo. Danos, Señor, a tu hijo. Envíanos la salud. Y para ver que destierra… …deste tirano el horror, decir oye a su clamor… Las cajas. Dentro. ¡Arma, arma, guerra, guerra! ¡Mas, ay!, que apenas la aurora da su primero esplendor… ¡Mas, ay!, que apenas esparce su primera lumbre el sol… …cuando en mi busca esa fiera marcha. …cuando ese feroz monstruo todo el campo a un tiempo mueve. No tengáis temor; lidia tú, Débora, y tú, Jael, clama al cielo, que yo oración y lid iré a presentar ante Dios dejando ejemplar al Mundo. ¿De qué? De que no dejó… …de ser religión la lid si es la lid por religión. Vase. Las cajas. Pero aunque más me estremezca de aquestas cajas el son… Pero aunque más me amenace este bélico rumor… …pues mi espíritu me anima… …pues me habla mi inspiración… …no ha de perturbarme a que al cielo no clame. Vase. …no ha de impedirme, que al paso no salga. Representan. Venced las dos lidiando y orando; vea el Mundo, que no dejó Cantan. de ser religión la lid si es la lid por religión. Vanse, quedando sola DÉBORA, y sale BARAC. ¿Barac? ¿Qué mandas? Descienda todo el formado escuadrón al valle del Terebinto de la cumbre del Tabor, que no solamente intento esperarle en él, sino al opósito salirle. Si ves cuánto superior en número viene, pues casi cien soldados son los que hay para cada uno de los nuestros, ¿no es mejor esperarle en la eminencia más fortificados? No, que quizá es aqueste el día que me ha prometido Dios; toca al arma. Las cajas, y sale SÍSARA y SOLDADOS. Toca al arma, pues he de ser, o pues soy, buscando a quien devorar aquel rugiente león que ha de circundar el Mundo, signifique al Mundo hoy del Tabor el monte: todo le sitiad alrededor, porque por ninguna parte a nadie pueda el temor poner en fuga. No sólo le pone en ella tu horror, pero del monte desciende con tan vana presumpción que es presentando batalla. No lo imagines, que no será sino que rendido vendrá buscando el perdón pidiendo a merced las vidas. Si aqueso fuera, señor, no a banderas desplegadas marchando viniera al son de cajas y trompas; oye si esto es salva o es terror. Suena terremoto en todos cuatro carros. Terror es, pues ya sus trompas y cajas los vientos son y las nubes, que improviso terremoto confundió tanto la noche y el día, que al batallado pavor, sobresaltado parece que ha muerto súbito el sol. En trémula obscuridad tanto mi vista cegó, que sólo ver me permite no sé qué raro esplendor que desciende sobre mí de las cumbres del Tabor. Cajas y terremoto. No sólo a ti pero a todos ciega su iluminación, y pues que yo entre Canán y Israel neutral estoy, falte hasta ver el suceso. Vase. No os turbe la admiración, pues por más que se declare (se esconda diré mejor) contra mí el cielo, contra él sabré resistirme yo; toca al arma. Cajas y trompetas. Dentro. Toca al arma y embiste, pues en favor nuestro vemos que pelea, Barac, el brazo de Dios. Dentro. Rayo es mi nombre; no en balde hiciste de mí elección, pues a mi ejemplar los rayos, listados soldados son. ¡Viva Israel! ¡Canán viva! Salen DÉBORA y BARAC y SOLDADOS, y hacen la batalla con SÍSARA y los suyos, sonando a un tiempo las cajas, las trompetas y el terremoto. A ellos, que sin duda hoy el día del Señor es, porque no quede objección, que el día que el Señor vence no es el día del Señor. Danse la batalla, retirándose SÍSARA y los demás, y salen el MUNDO como despavorido y asombrado. ¡Viva Canán! ¡Israel viva! ¡Arma, arma! ¿Qué confusión, qué parasismo, qué pasmo, qué frenesí, qué temblor es el que el Mundo padece tan despavorido hoy que no sabe si el diluvio en que antes agonizó repite, según la lluvia le roba al campo el verdor, o si es el amenazado día a su última aflicción, según los rayos que vibra toda la ardiente región en globos de fuego? Pero convalezca mi temor que no es común el estrago, pues a lo que viendo estoy, sobre el campo de Canán sólo desciende el furor, cobrando sobre el incendio que sus tiendas abrasó tan nunca vista avenida las corrientes del Cisón que de sus carros la inmensa vaga fortificación, despedazada a fragmentos la lleva la inundación, sin que el campo de Barac ofenda, conque en veloz fuga el de Sísara huyendo va de un riesgo a otro mayor, pues el que del fuego escapa no escapa del agua, y son agua y fuego sus sepulcros, todos diciendo a una voz. Las cajas y terremoto. Dentro. ¡Que me ahogo! ¡Que me abraso! ¡Gran Dios de Bahalín, favor! ¡Victoria, Débora viva! Dentro. Ved que erráis la aclamación, que no es mía la victoria, que sólo quien vence es Dios; y pues que Sísara huyendo sus gentes desamparó, seguid su alcance. Sin duda, para quien depositó en mí la Sabiduría de su guirnalda el honor Débora es, pues redemptora del pueblo, le pone hoy en salvo, mas qué virtud es la que el triunfo la dio no sé; y así, pues entre ellas será noble la cuestión, pendiente el Mundo y pendiente de los cedros de Sión, esperando a ver el fin habrá de estar, mientras yo en todos cuatro elementos la lid padezco. La caja, el terremoto, y yéndose el MUNDO, sale JAEL asustada oyendo a lo lejos. El temor de los rayos en el fuego, del agua en la inundación, de los truenos en el aire, de la tierra en el temblor, por más que quiera, (¡ay de mí!) retirada en mi oración perseverar, no es posible que no sufre el corazón dejar de saber en qué tanto escándalo paró; y así, a puertas de la quinta salgo a ver. Sale MORFUZ con unos manojos de trigo y un esquino, en que vendrán clavos y martillo. Gracias a Dios, que aunque en carbón se me han vuelto los reales que me ofreció Chíchara, los cuartos míos no se me han vuelto en carbón. ¿Morfuz, qué hay de lid? No sé, que viendo que en casa no había pan, por estos haces de trigo, llegué a la troj, que a falta de pan oí que buenas sus tortas son. ¿Y qué traes aquí? Un martillo y clavos. ¿A qué ocasión? De clavar todas las puertas a la susodicha troj, porque le cueste siquiera ese trabajo al ladrón que quiera entrar a robarla. ¡Qué villana prevención! Quítale espigas y clavos. Mas déjame haces y esquino y ve a ver en qué paró la batalla, que entretanto ahechando sus granos yo me quedaré, porque ociosa no me acuse ese clamor, de que el pueblo está peleando y yo cuidando no estoy de tener a los soldados que aquí traiga su aflicción, pan que darles. ¿Yo ir a ver lo que allá pasa? Eso no, que aunque aquí estar no quisiera a donde llega la voz que entre su escándalo dice. Dentro. ¡Gran dios de Bahalín, favor! Bien teme, pues quien invoca a Bahalín, no a Sabaot infiel es. Y tan infiel, si no es que enturbiado estoy, que el que despeñado cae desde el risco superior del monte Chíchara es. Al verle tiemblo. Sale SÍSARA como despeñado. ¿Quién vio en el vientre de una nube tan monstruoso embrión, que aborte de un mismo parto el granizo y el ardor? Y pues, ni hueste con hueste, ni escuadrón con escuadrón me queda, ¿dónde podré guarecer la vida? No, porque la vida deseo tan sin fama y sin honor, Cayendo y tropezando vencido de una mujer, mas porque viviendo yo viva de Israel la ruina, vengando en otra ocasión el desdén desta, por más que milite en su favor el cielo, pues cuando me halle sin más armas, sabré atroz, para escupírsele al cielo, arrancarme el corazón. Cae a los pies de JAEL. Dentro. Por aquesta parte fue por donde Sísara huyó. No quede en su alcance peña, risco, gruta, tronco o flor que no examinéis. En vano la fuga me aseguró, pues cuando desalentado oigo tan cerca la voz de quien me sigue, no sé por dónde ni a dónde voy. ¿Qué noble envidia, nacida de generoso valor es la que ha engendrado en mí, ver huyendo a este feroz monstruo, sin que tenga parte en su vencimiento yo? ¿Quién va? ¿Quién es? ¿Qué te asombra el mirarme? ¿Cómo no me he de asombrar, si segunda vez a tus plantas estoy? ¿Qué importa si es para hallar en mí tu auxilio y favor? Aparte. (¡Oh tú, piadosa Templanza, dale halagos a mi voz, y ayúdame, Fortaleza, tú para una ilustre acción!) No temas, pues. No, no es fácil no tener temor a cualquier mujer, después que una mujer me venció. Dígalo el que siendo tú la sola a quien no tocó ni de mi rabia el contagio ni de mi edicto el pregón, al verte con ese haz de trigo al pecho (¡qué horror!), con esos clavos (¡qué angustia!) y ese martillo, en mayor pasmo, en mayor sentimiento me pones que el que me dio Débora vibrando rayos, dándome a entender que son martillo, clavos y espigas segundas armas de Dios. No vanamente te dejes persuadir de la aprehensión que trae las ruinas tras sí, que de verme exempta yo de tus sañas, solicito cumplir con la obligación. Entra en mi albergue y en él descansa, cobra el valor y el aliento, que yo ofrezco dar a tu vida favor tal que a nadie contra ella le quede ninguna acción. Agradecerte quisiera, Jael, la piedad, pero estoy tan rendido a la fatiga del cansancio, a la pasión de la sed que apenas puedo formar la respiración; manda que un jarro de agua sólo me den. Fuera error que el agua es veneno… ¡Y cómo que es! …tras cansancio y sudor. Y aun antes, y así, por él volando a traérsele voy. Vase. Ven donde un jarro de leche sea antídoto mejor a entrambas ansias. Fortuna, no desesperes, pues hoy a ejemplo de todo el mundo, cifrado en mi confusión, si una mujer fue tu ruina otra será tu blasón, guardando mi vida para que el padecido baldón vengue, que no ha de haber siempre eclipses contra mí. Vase. ¡Oh, si la bebida logrando su natural propensión, le adormeciese el sentido! Pues me da, inmenso Señor, la Templanza el medio, deme la Fortaleza el valor y el acaso destas armas el instrumento. Vase y salen DÉBORA, BARAC y SOLDADOS que traen preso a HABER. ¿En fin, no parece Sísara? Todas las montañas discurrió tu gente, y sólo en su centro a Haber escondido halló, con que oyendo a todo el pueblo la común acusación de ser confidente suyo, y quizá por quien movió las armas contra Israel, a ti le trae en prisión. Haber, que del pueblo hebreo tomaste el bando peor, pues idólatra las puertas abriste a la indignación del cielo, ya ves que el cielo a Sísara castigó y que el castigarte a ti me toca. A tus pies estoy y arrepentido, la enmienda prometo y pido el perdón. Libre está quien perdón pide y enmienda ofrece. Pues hoy, Débora, no sólo el pueblo redime de la opresión en que le tenía un tirano, pero en cuanto a religión, su error destierra, salvando la esclavitud y el error, ¿quién duda que a voces diga el Mundo en su aclamación… Sale el MUNDO con la guirnalda. Débora es la mujer fuerte, que en los Proverbios buscó la gran sabiduría; pero el laurel que en mí dejó, fue para aquella virtud que en más eminente loor suyo el premio la adquiriese: por eso no se la doy hasta que este fin la Fama con lo dulce de su voz convoque de las virtudes el coro, a ver cuál logró conseguir desta guirnalda el lauro; suene veloz la dulzura de tu acento. La FAMA en bofetón en lo alto de un carro. Canta. ¡Pues atención! ¡Atención! ¡Ah de la esfera del fuego! ¡Ah de la vaga región del aire, montes y mares, cielo, estrellas, luna y sol! ¡Atención! ¡Atención! ¿Qué virtud es la que más gloriosa resplandeció para haber hallado el Mundo a la mujer fuerte? Ábrense dos carros y vense en el uno la JUSTICIA y la PRUDENCIA, y en el otro la TEMPLANZA y la FORTALEZA, y todas cuatro en dos rastrillos, que bajen al tablado sentadas en un iris de nubes con araceli de flores. Cantan. Yo. Todas cuatro respondieron varias en acorde unión. Y todas cuatro triunfantes se dejan de dos en dos ver en dos iris, en cuyo cambiante tornasol, cada flor es una estrella y cada estrella una flor. Bellas virtudes, si el Mundo árbitro es de la elección, sepa el Mundo quién el dueño es desta guirnalda. Yo. Canta. Yo, que siendo la Prudencia, di a Débora inspiración para que su triunfo fuese efecto de su oración. Canta. Yo, que siendo la Justicia, y la Justicia de Dios truenos y rayos, la di las armas con que venció. Canta. Yo, que siendo la Templanza, templé en Jael el dolor de ver cautivo su pueblo, hasta lograr la ocasión de acabar con su enemigo. Canta. Yo, que de esa ilustre acción el dueño fui, pues fui quien a su espíritu le dio la fortaleza, añadiendo aún circunstancia mayor a que no llegó ninguna. Representan. ¿Cómo? Como fue a ocasión, que para amasar el pan, cuando Sísara llegó, ahechaba el trigo que había reservado en fértil troj, para que fuese sustento del ejército de Dios, con que queda destruido de una vez el fiero horror de tanto contrario. ¿Cómo? Dígalo su misma acción. Ábrese en un carro un pabellón de campaña, y vese como en un lecho SÍSARA con un clavo en la frente, y JAEL en acción de estarle enclavando. Volved los ojos, veréis el trágico pabellón. Muere, tirano, a las armas, que aunque el acaso las dio, no hay acaso sin misterio. ¡Ay de mí! No siento, no, tanto el morir, como a manos de una mujer, con baldón tan vil como que vea el Mundo clavo en mi frente y que hoy muera con señas de esclavo el que ayer era señor. ¡Qué prodigio! ¡Qué portento! ¡Qué asombro! ¡Qué admiración! Más que admiración, asombro, portento y prodigio son para mí. ¿Por qué? Porque como profetisa, estoy viendo en aquel misterioso jeroglífico un borrón, un rasgo, un viso, una seña, que en bosquejado primor me dice el prometimiento que hizo en el Génesis Dios, de que una mujer quebrante la cabeza del dragón. Aunque el fin es quien corona la obra, con todo eso yo desta preciosa guirnalda no me atrevo a dar el don sin que la Sabiduría atienda a mi invocación. En el carro de la palma donde estuvo sentada DÉBORA, sube sentada por elevación la SABIDURÍA con hostia y cáliz en la mano. ¿Dónde, alta deidad, estás? Sentada en la silla estoy que por sede de sapiencia prestada a Débora doy, desde el día que del pueblo la di la gobernación. De Prudencia y de Justicia, ella asistida, sacó de esclavitud a Israel, en cuya prosecución de Templanza y Fortaleza Jael asistida, mató a Sísara; ¿a quién daré tu laurel? Aunque en las dos se explican los dos lugares que quise confrontar yo, en consuelo de que veas sombras de tu redempción, pues Débora es la mujer fuerte, por quien preguntó el proverbio, puesto que ella al enemigo venció y Jael la que invencible el Génesis prometió, puesto que es la que quebranta la frente al monstruo feroz, ¿quién duda, que conviniendo los dos visos en las dos, que una es redempción al pueblo y otra al Mundo es redempción? Y así, pues más general fue de Jael el favor, puesto que a gentil y hebreo igualmente aprovechó la limosna de su trigo, reparando la aflicción del hebreo y del gentil que a sus umbrales llegó, en fe de que su materia, siendo hebrea traducción, casa de trigo Belén, habían de gozar los dos el fruto, que en su escondido tesoro reserva Dios, hasta el difinido tiempo, que amanezca su esplendor a ser su carne este pan y su sangre este licor, ¿quién duda que viva sombra Jael es y Débora no, de aquella en primero instante pura y limpia concepción, que en siempre virgen aurora nos ha de parir el sol? Désele a su Fortaleza la guirnalda. Es justa acción. Las tres te lo agradecemos. Con que de nuestra cuestión… … todas quedamos iguales… …todas diciendo a una voz: Jael viva, sombra de aquella pura y limpia concepción, que en siempre virgen aurora nos ha de parir el sol. Bendita entre las mujeres la aclamad. Eso mejor el cántico de Barac lo dirá. Felice yo, que he llegado a merecer tan gloriosa aclamación. Pues que del Señor el día no pierde ser del Señor porque en gloria de su madre le vuelva la devoción, digamos todos, pidiendo de nuestras faltas perdón. Jael viva, sombra de aquella pura y limpia concepción, que en siempre virgen aurora nos ha de parir el sol.