Personajes LA IDOLATRÍA ÁNGEL 1 ÁNGEL 2 BAAL, demonio MOISÉS, hebreo venerable AARÓN, sacerdote venerable MARÍA, su hermana FINÉS, hebreo ZAMBRÍ, hebreo NACOR, hebreo HELEACOR, hebreo LIBIO, gitano DOS NIÑOS MÚSICOS HEBREOS SOLDADOS Salen dos ángeles con las espadas desnudas y la Idolatría en medio mirándolos con asombro ¿Dónde, enojados querubes, sangrientas vuestras espadas, discurrís? Donde la suma justicia de Dios nos manda. Si es de Dios suma Justicia, que hoy a la décima plaga de Egipto la del acero suceda, que en sangre mancha, ¿cómo, si a todos comunes de aquellas fueron las ansias, las ansias de ésta no a todos comunes son? Pues en tantas vidas como se os ofrecen, tú unas quitas, tú otras guardas, y donde matas, perdonas, y donde perdonas, matas. Como en esta última quiere mostrar su presciencia sabia. Que es Dios de misericordias, aun cuando es Dios de venganzas. Pues ya que alternando vidas y muertes, de casa en casa todo Egipto corréis, donde a vuestra divina saña, esta triste, esta funesta lacrimosa noche infausta de la primogenitura mueren juventud y infancia, ¿cómo de las casas mismas no igual el castigo alcanza, y primogénito habiendo en ésta, adelante pasa sin entrar en ella? Como en esa no puede. ¿Qué halla a su umbral, que de su umbral tanto la vista os espanta, que tú humilde te retiras, tú reverencial te apartas? ¿Qué más que ver de sus postes, colunas, frisos y basas, la pequeña arquitectura con la sangre salpicada del cordero, que inmolado dentro está? Y pues la señala de su púrpura inocente el sacrificado nácar, ¿cómo ha de entrar la justicia en ella? Si es cosa clara... ...que la sangre del cordero... ...la sirve de salvaguardia... ...que la preserva a la ira y la mantiene en la Gracia. Vanse Oíd, esperad. Mas ¡ay triste! Mas ¡ay infeliz! ¡Qué vana presunción querer mis dudas parar, y tener a raya resoluciones de Dios, y más en cosas tan altas, que, ni el saber las penetra, ni el discurrir las alcanza! Y así, de otras conjeturas más poderosas me valga. ¡O tú, espíritu, que impuro, ya el oro animes, la plata inspires, el bronce alientes, al barro des vida, alma al leño, voz a la piedra, en consentidas estatuas del juicio de Dios, quizá por castigo a la ignorancia de quien se labra sus dioses, y no a su bien se los labra, oye de tu Idolatría la voz, que en común te llamas, y en particular aquellas, que dio altar, construyó ara al ídolo Baalfegor, que el que hoy me importa es! Sale Baal, demonio ¿Qué mandas? Que pues que tú el simulacro vives, que Egipto idolatra, mayormente cuando invocan seguridad sus demandas contra esclavos fugitivos, y hoy es tan tuya la instancia, que fugitivos esclavos son de mis penas la causa, atento me oigas. Sí haré; alienta pues, y descansa. De sus hermanos Josef vendido... No acuerdo me hagas de que vendido y comprado vino a esta extranjera patria de Egipto, donde lasciva, viciosa hermosura incasta, le redujo a vil prisión. De ella... Tampoco me añadas que de ella aquel misterioso sueño de Faraón le saca; pasando de extremo a extremo tan no medida distancia su fortuna, cuanto va de esclavitud a privanza. En esa, pues, de los hados, prodigiosa escena varia llegó el tiempo... ...de la hambre vas a decir, que restaura su providencia. Avisados sus hermanos... Por la paja que mandó arrojar al Nilo, en señal de la abundancia que había en Egipto. Vinieron, donde perdonados... Traza, que asombra de sus fortunas, a Egipto a su padre traigan. Setenta personas fueron las que con hijos y casa y familia Jacob trujo, cuyo número... Adelanta tanto Dios, que en ciento y cuarenta y cuatro años pasan de seiscientas mil personas las que hoy en Egipto se hallan de armas tomar, sin mujeres, y niños. Multitud tanta puso a Faraón en celo. Que si contra él conspiraran, pudieran de su nación y ley coronar monarca. Con este temor mandó... No sólo que trabajaran como esclavos en las obras, sin más sueldo, ni más paga, que un tosco alimento bruto, porque del sustento a falta, y a sobra de la tarea, muriesen a manos de ambas. Pero por público edicto, que mueran luego que nazcan cuantos varones naciesen de su abatida prosapia. Debajo de ese crüel pregón, esa ley tirana, en la tribu de Leví, ilustre familia clara, de Amrán hijo y Jocabet Joaquín nació, a quien hoy llaman todos Moisés. ¿Para qué en repetirme te cansas lo que sé? Pues sé que el nombre Moisés traduce la hebraica letra «hijo de agua»; y él, tan hijo nació del agua, que de ella segunda vez tuvo ser, por la embreada mimbre en que le echó su madre al Nilo, cuya inconstancia, si le meció como cuna, le zozobró como barca. Termute, de Faraón hija, que a la orilla andaba del río. Viendo en sus ondas una cosa tan extraña, curiosa, mandó que a tierra la sacasen. Apiadada, no a señas de su nación, sino a su hermosura y gracia, ama, que al infante críe, hizo buscar. Y su hermana, que hasta perderle de vista no se apartó de la playa, mañosamente introdujo su misma madre por ama. Creció, pues, hijo adoptado de Termute, en cuya infancia... Le dio de las ciencias maestros... En cuya juventud... armas para las lides. Y en cuya perfecta edad... Honras tantas, que en sátrapas y magnates envidia excitaron, cuanta bastó a que los agoreros, creídos en fe de sus magias, al rey en temor pusieron de que había su arrogancia de quitarle la corona. Temeroso a la amenaza, que se cree más fácilmente que una dicha, una desgracia, dio en aborrecerle. Y él, no sólo por esa causa, sino porque su nación, su Dios y ley le llamaban, que se hablan interiormente allá corazón y alma, a los términos de Egipto, donde despeñado baja de Etiopia el Nilo, huyó. De Jetró, pues, en la casa etíope, mayoral de toda aquella comarca, aportó... Donde no sólo le admite, pero le casa con Séfora su hija, al ver cuanto le era de importancia en el ganado a las crías, y en el campo a las labranzas. Un día, que pastoreando sus ovejas, a la falda del Oreb, llegó en lo inculto de sus breñas... Calla, calla, no prosigas, cesa, cesa, y advierte, atiende y repara, que cuanto hasta aquí, ¡ay de mí!, mi voz tu discurso ataja, quitándote, como dicen, de la boca las palabras, a efeto fue, de que viendo que las atropello, vayas al fin de lo que te aflige, sin que antiguas circunstancias de tus noticias me toquen en la visión de la zarza. ¿Por qué? Porque su prodigio entre otras señales varias del prometido Mesías, es el que más me acobarda, más me estremece y angustia, más me aflige y más me espanta. ¿Cómo? Como en ella hallo dos cosas, contra mí ambas: una ser zarza, que es tan débil y inútil rama, que ni el escoplo la pule, ni el cepillo la desbasta, ni el cincel la perficiona, para que de ella se hagan ídolos en honra mía; y otra, el que en divina llama, sin deshacerse ilumine, y sin consumirse arda; ¿fuego que vive y no quema, fuego que alumbra y no abrasa, no dice divino ser? ¿Fuego de caridad, planta tan humilde, que quizá Dios por humilde la ensalza? ¿No dice humana criatura, que exenta y privilegiada del común hierro de todas, solamente ella se salva? ¿Pues, qué más razones quieres que para mi dolor haya, que una luz, luz de divina naturaleza y humana? Y pues excusar no pude que a la memoria la traigas, importa a tu intento ir sentando noticias varias, en vez de que te oiga, oye, que en fin la más viva llaga, si propia mano la toca, menos que la ajena agravia. Arde, pues, incombustible, y viendo sus luces claras Moisés, acercarse intenta a ver qué misterio guarda. Humana divina voz, que se detenga le manda, hasta descalzarse, atento a que no grosera abarca del villanaje de Adán güella imprima en tierra santa. Descálzase, pues, y llega donde oye que se apiada Dios de su pueblo, y que quiere, compadecido a sus ansias, sacarle de tantas penas, librarle de angustias tantas, como padece en Egipto, llevándole a la esperada prometida tierra, en fe de cumplirle la palabra de Isaac, Jacob y Abraham; y que así, de parte vaya suya a Faraón, y diga que Dios a su pueblo manda, que en el desierto de Tánais, su gran corte tres jornadas le consagre sacrificios, que no impida que a ellos salga. «¿Quién diré que me lo dice?» responde, la voz turbada, y ella, «di, que el que te envía, es el que es». No asegurada su turbación, le responde: «¿si no me creen?» «Esa vara arroja al suelo», le dice, y en serpiente transformada la ve, hasta que vuelta a asir, vara vuelve a verla; pasa adelante su temor, con que balbuciente el habla, no sabrá darse a entender. «Para tu intérprete vaya, le dice, contigo Aarón»: y al ver, que aun esto no basta a asegurarle, prosigue, quien diga airado, no falta, «mete la mano en el seno»; métela, y llena la saca de lepra; vuelve a meterla, y vuelve a sacarla sana. Con estas dos maravillas, que también me afligen ambas, pues vara ya, una vez sierpe, vara otra vez, lepra infausta, ya una vez lepra, y otra cura y salud, bien declaran que hubo vara, y vara habrá, que la sierpe haga y deshaga, y haga y deshaga la lepra que causó en Adán incauta. Con estas dos maravillas, vuelvo a decir, alentada su obediencia, a Faraón llega, que oída la embajada, temiendo que si se ve tanto gentío en campaña, junto una vez, cumpla el hado los riesgos que le amenazan, la desprecia y no la admite, con que empezando las raras señas, de que Dios le envía, vuelve a ser sierpe la vara. Dos mágicos sacerdotes, que a esto presentes estaban, de sus báculos también sierpes hicieron, mas tanta de las tres la diferencia fue, que a las dos despedaza y traga la de Moisés. ¡Oh, inescrutable! ¡Oh, alta sabiduría de Dios! ¿Quién tus secretos alcanza? ¡Mas ay!, que aunque sabia ciencia no hay que los alcance, hay sabia ciencia que los investigue; pues hay pluma, que compara al demonio a un can rabioso, a quien atraílla y ata dura cadena, y no puede extender a más su rabia, que el eslabón a que el dueño, o la retira o la alarga. Dígalo el que en sangre vueltas de todo el Nilo las aguas, por Moisés, también los magos sangre hicieron otras balsas. Dígalo el que si Moisés a Egipto inunda de ranas, de ranas ellos a Egipto también inundan y abrasan, Y dígalo finalmente, el que cubriendo la vaga esfera de venenosos átomos de trompas y alas, ellos, cínifes y moscas, con ser criaturas mas bajas, no los hicieron, mostrando que hasta allí llegó a su raya la cadena de Dios, pues desde allí el poder les falta, con que por más que una peste ven que sus ganados mata, otra sus gentes, que horribles, granizo, y langosta talan sus campos, que todo el cielo se cubre de sombras pardas, tres días, sin que continuas sepan seis noches de una alba, la competencia desisten, por vencidas, y postradas dando sus mágicas, bien que no las duras entrañas de Faraón, pues aun no les da licencia a que salgan a sacrificar al monte; con que Dios conmutar manda el sacrificio a un cordero, que por familias y casas esta noche... Cesa, cesa, no prosigas, calla, calla, que si de una zarza viva a ti el misterio te pasma, a mí el de un muerto cordero. Y si tú a hablar te adelantas, por descansar en tus penas, la consecuencia está clara: que quiera hablar yo en las mías, por ver si también descansan. Ofendida la paciencia de Dios, que aunque soberana y infinita, también tiene, si no ella, el pecar distancia, ¿a qué llegar? (¡Ay de quien todo el término la gasta!) Ofendida la paciencia de Dios, de que a diez aldabas de diez plagas, no responda un corazón, a quien llama con espera de diez meses, pues junio vio sangre el agua, julio vio ranas la tierra, agosto y setiembre aladas molestias el aire, otubre la peste en brutos y plantas, noviembre en mujeres y hombres diciembre y enero en talas de granizos y langostas, y hebrero, en fin, en opacas nieblas, hoy en marzo quiere a la undécima llegarlas. Y así, en la equinocial línea de marzo, a quien Nisán llama el hebreo, y cuya nueva Luna, a quien también traslada el mismo idioma, Neomenia, años cumple a la crianza del mundo; pues marzo fue quien vio el todo de la nada. ¡Oh!, no sea para que vuelva del marzo la estancia de la nada a ver el todo, si en luna de marzo encarna, y en luna de marzo muere el Dios que ese pueblo aguarda. Y pues en marzo (volviendo al discurso) desenvaina la espada de su justicia; oye con qué circunstancias, y no me pierdas ninguna, que importa mucho observarlas. Primeramente a Moisés y a sus sacerdotes manda Dios, que a todas las familias de Israel diciendo vayan, que del Nisán a los diez cada una un cordero traiga que, ni por naturaleza ni collar, padezca mancha; que a los catorce, su lleno, en sus domésticas casas cada una le sacrifique, sin que en ningún güeso le hagan, ni rotura ni fragción, que con su sangre rociadas tengan todos sus viviendas; que no le cuezan en agua, sino que le asen al fuego; que para comerle, haldas en cinta (baja es la voz, pero propia no hay voz baja) todos le coman, y en pie, entre lechugas amargas, y pan ácimo, teniendo al consumir su vianda, los báculos en las manos, y ceñidas las sandalias de la peregrinación, que si acaso alguno se halla presente, no de su ley, de él no coma hasta acetarla, en ella bien instruido; que si es la familia tanta, que no baste para cena, con un bocado les basta para sacrificio; y si es tan corta, que no le hayan de comer todo, al vecino llamen, que este sea, señala, al del lado, no al de enfrente, de suerte que, conformadas pobres y ricas familias, el cordero las iguala para que en su consunción, ni haya sobra ni haya falta; que en habiéndole cenado, a una seña suya salgan al desierto, que él será en él su custodia y guarda, con que al tiempo (aquí mis dudas te invocan con más instancia) que ellos esta legal cena celebran, de casa en casa espíritus percucientes, desnudo el acero, andan, dejando las que la roja sangre del cordero esmalta, y entrando en las que no tienen de su púrpura la marca, donde del egipcio gremio (como en castigo y venganza de los que ellos dieron muerte) los primogénitos matan, después de haberles pedido los hebreos sus alhajas, para irse huyendo con ellas, en fe de que el hurto salva, el ser sueldos de su afán. Mira, pues, si tienen hartas causas mis penas, mis dudas, mis sentimientos, mis ansias, mis angustias, mis congojas, mis desdichas, mis desgracias, para procurar saber de ti qué misterio guardan tan no vistas ceremonias; y porque más fuerza te hagan los ojos que los oídos, cuando unos allí levantan el grito, a sus hijos muertos llorando (pues no hay cerrada puerta a los dos), mira allí como otros cenando cantan himnos a su Dios, diciendo de unos y otros voces varias. Dentro Infelices nosotros, pues nueva plaga las haciendas nos roba, los hijos mata. Venturosos nosotros, pues nos ampara... ...Dios, que de cautivo su pueblo saca. Con estas voces a una parte y a otra la música; se descubre una mesa con un cordero, pan y lechugas. Y alrededor de ella Moisés, Aarón, María y otros vestidos a lo judío, en pie y con báculos en las manos. Al pie de la mesa Libio, gitano Absorto, elevado y mudo, sin ser, sin vida y sin alma estoy a lo que oigo y veo. Pues atiende, que aún más falta. Antes que a comer ninguno llegue la sacrificada carne del legal cordero, confiese las alabanzas del gran Jehová, Dios de dioses; Sabaot, Dios de batallas; Adonaí, Dios de ciencias, tres nombres, uno en sustancia, diciendo todos conmigo en hacimiento de gracias: venturosos nosotros... Venturosos nosotros... ...pues nos ampara... ...pues nos ampara... ...Dios, que de cautivo... ...Dios, que de cautivo... ...su pueblo saca... ...su pueblo saca... ...en la salida de Egipto... ...en la salida de Egipto... ...Israel, de Jacob casa... ...Israel, de Jacob casa... ...huyendo bárbaro pueblo... ...huyendo bárbaro pueblo... ...que le aflige y le maltrata... ...que le aflige y le maltrata... ...de la potestad de Dios... ...de la potestad de Dios... ...Judea santificada... ...Judea santificada... ...en la cena del Phasé... ...en la cena del Phasé... ...cuando Egipto llora, canta... ...cuando Egipto llora, canta... ...infelices nosotros, pues nueva plaga las haciendas roba, los hijos mata. ...venturosos nosotros, pues nos ampara Dios que de cautivo su pueblo saca. Si yo, que como otros muchos gitanos, al ver las plagas no dañaros a vosotros cuando a nosotros nos dañan, seguir vuestra ley intento, a cuyo efeto a esta casa me he retraído, quizá con mas disculpable causa que los demás, pues a mí se venían con más rabia las ranas y los mosquitos, bien que con razón contraria: ellos, porque a vino olía, y ellas, porque no olía a agua. Si yo, en fin, tuviera en esta tan no vista, tan no usada cena, licencia de hablar, una cosa preguntara. ¿Qué fuera? ¿Por qué la cena del Phasé, señor, la llamas? «Phasé» es tránsito en hebreo, la «ph» pronunciada con fuerza de «efe», y sin ella «Pascha», con que se declara, que vienen a ser lo mismo «Phasé» que «tránsito» o «Pascha»; Y siendo así, que a esta cena estamos tan de jornada, como en pie y báculos dicen, bien ser la última señala, que habemos de hacer cautivos; y pues para que se salga de prisión, Dios nos previene viático en esta vianda, que también «Parascevé», que es preparación, se llama, para que más preparados viadores, a la esperada Tierra de la Promisión caminemos, como a patria en que para siempre habemos de vivir, quede asentada la razón de que el que hacer último tránsito aguarda, por viático reciba el cordero de la Pascua. Y ya que a esto respondido estás, para que se vaya en todo la ceremonia cumpliendo; pues cena hay harta, ve, y a nuestros dos vecinos que viven al lado llama. Lo del mal mandado mozo entra aquí, pues ir me mandas a llamarlos, cuando está puesta la mesa, y la gana dispuesta, cumpliendo aquello que el refrán dice por chanza: «Al mozo mal mandado, ponle la mesa, y envíale al recado». Ya que llamar los vecinos quieres, ¿por qué ser encargas los del lado? ¿Los de enfrente no son vecinos? Sí, hermana, pero aún en eso hay misterio. ¿Qué misterio? Oye, y repara. Sí haré, pues cualquier razón tras ti mi discurso arrastra. El vecino que está al lado, tal vez oye lo que se habla en mi casa, el que está enfrente tal ve lo que en ella pasa; uno oye y otro ve, porque registran mi estancia, si el uno por la pared, el otro por la ventana: este es misterio de fe; la fe entra por la palabra al oído, donde hay vista no hay fe, y así en soberana sombra suya, es bien se atienda, que al misterio que retrata, se llama al vecino que oye; y no al que mira se llama. Salen con Libio, Finés y Zambrí, hebreos ¡Sálvete el cielo, Moisés! Seas, Zambrí, bienvenido. La mano, Moisés, te pido. Seas bienvenido, Finés. Y no sin causa los dos, pues en festividad tanta, Zambrí se explica el que canta, Finés confidencia en Dios; y así, llamarlos tu amor también su misterio alcanza, cantando uno en su alabanza, fiando otro en su favor. Pues para que ambos extremos, Aarón, a un tiempo veamos, cantemos, mientras cenamos. Mientras cenamos, cantemos. Lléganse a la mesa en pie y con los báculos, y comen representando con las acciones que dicen los versos. Venturosos nosotros, pues nos ampara Dios, que de cautivo su pueblo saca. ¿Qué haces, Libio? Procurar coger siquiera un bocado. Tente, que aún no has profesado nuestra ley. Para cenar, ¿qué importa no ser profeso? ¿Novicio no basta? No; cordero que se inmoló a Dios, fue mandato expreso que no le llegue a comer quien de nuestra ley no sea, y en ella hasta que se vea bien instruido, tener parte ninguna conviene; catecúmeno eres, no israelita. ¿Y quién quitó que el catecúmeno cene? Quien al no adulto declara, que este manjar se prohibe hasta saber qué recibe. No me encatecumenara yo, si supiera que había el encatecumenar de dejarme sin cenar; fuera de que bien podía, si en saberlo ha consistido, la hambre templar, de que muero, pues sé, que este es un cordero que está asado, y no cocido. Hay mucho más que saber. A lo que él sabe, quisiera saber, y no más. Espera, y para que sin comer algo no quedes, podrás esa lechuga. ¿Soy yo grillo? Y ese pan, que aún no carne es. ¡Lindas cosas das! Ella amarga, él sin sazón, conque a fuer de Noche Buena, la colación se hace cena, y la cena colación. De su razón de dudar, ha resultado la mía, y saber, Moisés, quería, pues nos hiciste llamar por agasajo, ¿por qué el pan ácimo nos das, y amargas lechugas? Más en razón responderé que a Libio a ti: porque son símbolos de penitencia, y a este cordero, indecencia fuera y sacrílega acción, llegarle a comer sin ella, que ha de preceder primero la penitencia al cordero. Supuesto que para hacella lo amargo y desabrido de pan y lechugas fue harto: el cordero ¿por qué es asado y no cocido? ¿Para que con más sabor menos seco se comiera, pan ácimo no tuviera cocido salsa mejor? ¿Pues el gusto nos cebara lo pingüe, que de sí diera, u otro guisado cualquiera? No. ¿Por qué? Atiende, y repara en esto. Nada me digas, bien atento a todo estoy. La esclavitud en que hoy de opresiones enemigas Dios nos saca, ejemplo es... Di. ...del pecador que ha estado cautivo de su pecado, y aún del pecador, después que sale de aquesta vida, en que el alma presa está de la carne, y pues nos da para una y otra salida su viático cordero Dios, si en agua se cociera, más tiempo se detuviera que en asarse; con que infiero que, pues que le manda asar y no cocer, es que quiere dar a entender que no espere el pecador más lugar que el más breve, porque es en nuestra naturaleza el ocio de la pereza gran contrario, y aún después de esta segunda razón, ¿hay más fuerte y más segura, en su sombra y su figura, de aquella gran promisión? ¿Qué es? Que vista a mejor luz la forma de cualquier res asada en manos y pies, se semeja al puesto en cruz: y cordero en ella puesto, sin agua al fuego, bien da a entender, que al fuego está puro de su amor dispuesto, para padecer enojos, sin agua, porque ella luego allá no apague su fuego, y acá encienda nuestros ojos. Aunque me hayas respondido, no, Moisés, me has satisfecho. A este ha de hacer mal provecho el cordero que ha comido. Porque aunque tu profecía me quiera dar a entender misterios, ahora comer, más que discurrir quería lo que está por ver. No está, si el alma, Zambrí, lo ve con los ojos de la fe. Muy bien me sustentará, y más cuando voy camino, refacción que para él tomo, si la oigo y no la como. Eso es ser manjar divino. Supiérame bien a mí, y más que nunca lo fuera. ¿Cómo hablas de esa manera? ¿Quién te mete en eso a ti? Sentir que seas ingrato, y sin temer tu castigo, en mal ánimo conmigo metas la mano en un plato, que tanto misterio encierra. Yo... Yo... ... restado... ... dispuesto... Dentro terremoto Finés y Zambrí, ¿qué es esto? Temblar el cielo y la tierra, pues ambos rasgan sus senos, dando en mortales desmayos, de horrores los aires llenos, atribulados a rayos, de relámpagos y truenos. El terremoto Todo el universo entero parece se desordena, volviendo al caos primero, al consumarse la cena del viático cordero. El terremoto ¡Qué asombro! ¡Qué admiración! ¡Qué maravilla! ¡Qué espanto! ¡Traición, egipcios, traición! Todo el reino es pena y llanto. El terremoto Y todo yo confusión. No os asustéis, que esta es la seña, conque acabadas las cenas, el cielo avisa que el pueblo al desierto salga. El terremoto ¡Pues al desierto! ¡Al desierto! ¡Traición, traición! Entre ansias y lamentos, con que Egipto ruinas y hijos llora, salva hagan a Dios nuestras voces; no cesen sus alabanzas. Desdichados nosotros, pues nueva plaga las haciendas roba, los hijos mata. Venturosos nosotros, pues nos ampara Dios, que de cautivo su pueblo saca. Con esta repetición, sonando a un tiempo las voces, la música y el terremoto, se van todos y se descubren las mesas, quedando Idolatría y Baal. Bien ves, admiración tanta como dan al ver la aurora, Israel con lo que canta, Egipto con lo que llora, y el cielo con lo que espanta; pues, ni uno ni otro alboroto, con haber el terremoto, en tanto fatal conflicto de los altares de Egipto todos los ídolos roto, tanto temor me ha causado, como oír, que esta salida arguya la del pecado, y para ella sea comida cordero sacrificado. Si de esa salida a ti la sombra te asombra, a mí que me asombre más es bien el significar también la de esta vida, en quien vi la amargura, y desazón de aquella tribulación, a ácimo pan reducida, y que para la salida de más estrecha prisión, no solo significado tenga un alivio, mas dos; pues come el sacrificado cordero con pan a Dios, ofrecido y consagrado. Contra salida, que encierra los dos últimos extremos de esta vida y de esta tierra, ¿qué medios poner podemos? ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra! Cajas y trompetas El eco te ha respondido. Pues los medios nos ofrece haber Faraón salido contra aquese forajido pueblo, donde no parece posible de su furor librarse; pues desarmado, sin defensa y sin valor se mira en un despoblado, donde no puede el temor, aún puesto en fuga, escapar, que todo el bermejo mar el paso para huir le cierra. ¡Piedad, cielos! ¡Arma, guerra! Las cajas ¡Ay, Baal, que ese pesar socorre otra maravilla, aún mayor que cuantas vi en su favor hasta aquí!, pues al llegar a la orilla el mar los admite en sí, abriéndose con extrañas veredas en dos montañas, que amontonando las olas, piadosamente ellas solas se descubren las entrañas. ¿No ves en piramidal cumbre elevar hasta el cielo muros de agua, espuma y sal, siendo a redutos de hielo, rebellines de cristal, cuya surtida desagua sus fosos en horizontes, que dudan cuando los fragua, si son piélagos de montes, o si son montes de agua? Si, y aún más, pues veo los lazos rotos de sus embarazos, que hallando sus alborozos doce sendas, doce trozos, en que el mar se ha hecho pedazos. La tribu de Judá es la primera que se atreve a hollar con enjutos pies sus galerías de nieve. Por cuyo valor, después temo su príncipe sea el gran león de Judea, de quien el Mesías vendrá. No lo temas, pues que ya el rey que vengar desea su enojo en todo Israel, las sendas de agua en que yerra, ocupa entrando tras él. ¡Cielos, piedad! ¡Arma, guerra! Las cajas ¡Ay, que es para más cruel pena!, pues vueltos los canos montes a ser golfos llanos, hechos ruinas los trofeos, el paso de los hebreos es tumba de los gitanos, Pues aunque vea anegar su ejército en el furor de las ondas, no he de dar por postrado mi dolor, por vencido mi pesar. ¿Yo no soy la Idolatría? Pues tras ese pueblo iré de embozo, que si este día suya la vitoria fue, quizás otra será mía. ¿Yo también alma no soy de los ídolos, que hoy derriba Egipto? Pues quien quizá como otros, también ver, que tras ti y ellos voy, donde averiguar espero. Ven, pues, donde apurar quiero. Hecho un Etna. Un volcán hecha. A quien hace daño, y a quien aprovecha el ácimo pan de inmolado cordero. Vanse. Salen los dos ángeles cantando cada uno por su parte, y mientras cantan van saliendo Moisés, Aarón, María, Zambrí, Finés, Nacor, Heleacor y Libio y los demás hombres y mujeres que puedan, todos con báculos y vasijas. Alerta, mortales... Mortales, alerta... ...que intenta saber... ...quien os viene siguiendo... ...a quien hace daño, y a quien aprovecha el ácimo pan de inmolado cordero. Si fueron tribulaciones... ...las aguas en un concepto... ...cuando Dios purifique con ellas, en otro serán alivio y consuelo. Dígalo el ver que las ondas... ...el paso os den en su centro... ...como anteviendo que el agua ha de daros la libertad del común cautiverio. Y pues del primero os saca... ...como peligro primero... ...el agua, que incluye en sus lejos y visos, materia feliz del primer sacramento. Para salir del segundo... ...que es la esclavitud del cuerpo... ...no menos incluyan lechugas amargas la penitencia en sus visos y lejos. Y así, alerta, mortales, alerta, que intenta saber quien os viene siguiendo... Que intenta saber quien nos viene siguiendo... ...a quien hace daño, y a quien aprovecha... ... a quien hace daño, y a quien aprovecha el ácimo pan de inmolado cordero... ... el ácimo pan de inmolado cordero. Vanse los dos ángeles Restaurados Israelitas, en quien hoy ostenta el cielo sus favores a prodigios, sus milagros a portentos; ya que Moisés, hijo de agua, me llama el idioma hebreo, y hoy hijos del agua todos somos, pues todos nacemos de ella, a nueva vida sea, para ser todos un cuerpo, una alma, una ley, un Dios, y en noble agradecimiento, mientras altar le eregís, cantalde amorosos versos. Si náufragos peregrinos, del bermejo mar al puerto hemos llegado, bajeles vivos de nosotros mesmos, ¿qué haremos en darle gracias? Nada, y pues que nada hacemos, poca falta le haré yo; y así, pues salgo sediento del mar, iré a buscar agua que apague mi sed. Vase Atento a su alabanza, empezar tú el cántico puedes, luego proseguiremos nosotros. Yo al compás de mi instrumento, que aún esos no nos dejamos en prendas al cautiverio, le entonaré, en fe de que siendo el gran día a quien dieron nombre de jueves, por Jove, feria quinta en algún tiempo, el canto de Moisés hallen los laudes de su salterio. Empieza, pues. Id conmigo alabando a Dios. Primero que tu cántico, Moisés, acompañe el blando acento del adufe de María, oye, que advertirte quiero una gran ponderación que importa hacer. ¿Qué es? Que siendo bermejo el mar, que a pie enjuto hemos pasado, haya hecho cosa buena en esta vida; dígalo el sabido cuento del juez, que a un bermejo hizo azotar, y en el jumento ser testimonio el delito constó y dijo, sabio y recto: «De los doscientos de hoy no le den más que los ciento, y pónganselo a cuenta de otro delito, supuesto que si este no hizo, otro hará, pues le basta ser bermejo». De albricias del alborozo en que hoy dichosos nos vemos, te perdono esa locura. Hoy es día de festejo, y no hay alegre licencia que no la admita el contento; y así, va de canto y baile. Va de baile y canto. Empiezo. Bendito el Dios de Israel... Bendito el Dios de Israel... ... que ahogó en ondas del mar fiero... ... que ahogó en ondas del mar fiero... ... al caballo y caballero. ... al caballo y caballero. No fuera pesado él. Bailan Bendito el Dios de Israel, que ahogó en ondas del mar fiero al caballo y caballero. No fuera pesado él. Cantando y bailando Cantemos gloriosamente al Señor, cuyo supremo poder fortaleza es nuestra, salud, amparo y remedio. Gloriosamente su poder cantemos. Cantemos gloriosamente al lidiador, cuyo esfuerzo deshizo a sus enemigos, bien como a la arista el viento. Gloriosamente su valor cantemos. Cantemos gloriosamente. Al que en virtud del aliento, su espíritu, se humillan mares y montes soberbios. Gloriosamente su virtud cantemos. Cantemos golosamente al que con ser tan ligeros los gitanos, los hundió pajaritos de plomo hechos. Gloriosamente su poder. Lloremos. Amargamente nosotros nuestras desdichas. Sale Zambrí ¿Qué es esto? ¿Qué ha de ser sino quejarse en herida voz el pueblo, de ver que le hayas traído a perecer a un desierto tan árido que, aún el agua que le da, no es de provecho? Apenas los doce tribus en doce tropas hicieron desmantelados albergues los campos de Sur, expuestos a sañas del sol de día, de noche a injurias del hielo, cuando sobre irles faltando el limitado alimento, que traer pudieron consigo, aún no es su mayor asedio el hambre, sino la sed; pues desalados corriendo a una balsa, que de arroyos compone intricado el seno, de un remanso, en quien descansa el afán de su despeño, no solo en consuelo suyo, a ella se abalanza, pero en su desconsuelo; pues la gusta su desconsuelo, tan amarga, que le es más tósigo que refrigerio, con que al verse perecer de sed, dice, y yo con ellos. ¡Cuanto mejor nos estaba Dentro vivir en Egipto presos, que morir libres en Sur! No extraño, Zambrí, que un ciego vulgo, monstruo alimentado de humores de malcontento, se queje, sino que tú, príncipe en la tribu siendo de Simeón, de la plebe tomes la voz. No atendiendo, que es desconfiar de Dios su mayor injuria; puesto que es usurparle al poder los atributos de inmenso. A cuenta suya vivimos, si de Él fiamos, es cierto que cuidará de nosotros, pues sabe cuidar, en medio de dos peñas, de un gusano. Cuanto, Finés, te agradezco, esa fe, y cuanto (¡ay de mí!) voy en unos y otros viendo a quien hace daño, a quien aprovecha el ácimo pan de inmolado cordero. Ese duelo no es conmigo, con Israel es el duelo; a él se lo responde, pues él es el que está diciendo. ¿Faltábanle sepolturas Dentro a Egipto para traernos a enterrar a extraños montes? Oigan con el sentimiento que están de que el agua amargue; de mí aprended, majaderos, que siempre me amargó el agua, y no me quejo por eso. ¡U darnos agua, o a Egipto, que para morir de cierto, mejor es vivir en duda! Ya que del rebaño vuestro, Señor, me hicistes pastor, dadme de regirle medios, cuando en Amarad de Sur, primera estación, le veo ya contra mí amotinado; ¿qué haré? Elegir un madero, que eleve las aguas en prendas de otro, que trueque amarguras a dulces consuelos. ¿Elegir un madero, que eleve las aguas en prendas de otro, que trueque amarguras a dulces consuelos? Ya que vuestra inspiración me da, Señor, el remedio, déme el acierto también; mas con Vos, ¿qué no es acierto? Llegad todos. ¿Pues qué intentas? Que aqueste tronco arranquemos de su raíz. Abrázase con un árbol ¿A qué fin? A fin de otro alto misterio que quiere mostrarnos Dios. Ya dio su copa en el suelo. Arrancan el árbol Pues apartad, que en mis brazos le he de llevar. Es su peso muy grande, y arrodillar te hace. ¿Qué mucho, supuesto que voy hacia la amargura, ir tropezando y cayendo? Arrodilla Moisés con el árbol y llegan a ayudarle Finés por la mano derecha y por la izquierda Zambrí, María y Aarón; a los lados están como suspensos, y en esta acción salen Idolatría y Baal Ayúdeme uno a llevarle. Por ver en qué para, quiero ayudarle yo. Yo, y todo; pero no, Zambrí, por verlo. ¿Pues por qué? Por admirarlo. Hasta llegar a su efeto, absorta estoy y elevada. Y yo confuso y suspenso. Yo no sé cómo me estoy; pero sé que estoy contento con la esperanza de que, si hoy milagro en agua veo, le veré en vino otro día. A mal tiempo en seguimiento de este pueblo hemos llegado. ¡Y cómo que es a mal tiempo, pues no sé que signifique el jeroglífico, cielos!, de llegar, cuando miramos a vista del pueblo hebreo su redentor abrazado a un árbol, y a su derecho lado Finés, cuyo nombre confidencia es de Dios, luego al izquierdo Zambrí, que es si el suyo también advierto, el que canta, que es ser dado a vicios y pasatiempos, conque, uno réprobo y otro elegido, los dos genios representan de la vida. Y añade después a eso, para mayor confusión del torpe discurso nuestro, que su hermana, cuyo nombre María es, le está asistiendo de una parte y de otra Aarón; siendo el suyo monte excelso, sin asperezas, bien como quien dice fértil y ameno, que se interpreta en su monte, el monte del Testamento. Atiende, por si inferimos algo. Pues vuestro remedio ya va en este árbol, seguilde, una y otra vez diciendo: Este es el madero... Este es el Madero... ...que eleva las aguas en prendas de otro... ... que eleva las aguas en prendas de otro... ... que trueca amarguras en dulces consuelos. ... que trueca amarguras en dulces consuelos. Vanse como en procesión cantando ¿Qué madero será éste, que endulce del universo las amarguras? No sé pero atiende hasta su efeto. A la balsa de agua llega, y arrojando el tronco dentro, dice. Llegad a beber, llegad los que estáis sedientos, y veréis que Dios es fuente de aguas vivas. De ira tiemblo al ver que bebiendo hallan agua, que les fue primero tósigo amargo, suave antídoto a sus alientos. ¡Viva Moisés! ¡Moisés viva! Sale. Pasan el tablado No a mí las gracias, al cielo se han de dar, y para que no os dure el fastidio, el tedio del sabor de la amargura, marche de Sur al momento La caja dentro a Sin el pueblo, dejando en él por padrón eterno, nombre de amarga mansión. Marche el pueblo. Marche el pueblo, La caja la vuelta de Sin. Baal, pues impedir no podemos que cada paso no sea en su favor un portento, no con ver lo misterioso suceder nos contentemos, que es infame cobardía dejarse hollar indefensos. ¿Pues qué hemos de hacer? Que donde no hay poder, haya... ¿Qué? Ingenio. ¿De qué manera? Oye. Di. Israel, todo aquel tiempo que amigo de Dios esté, durándole del cordero los viáticos auxilios, no hay que esperar que podremos acabar con él, por más que le salgan al encuentro opuestos reyes; y así, pongamos todo el esfuerzo en que prevarique, pues perdido el merecimiento, será el enojo de Dios, ruina suya y triunfo nuestro. Sí, mas ¿cómo lo imaginas? La marcha que va siguiendo es fuerza dar en Moab, y Madián, cuyo fiero idólatra rey Balac tan grande número viendo vecino, es fuerza también, y más con el escarmiento de las noticias de Egipto, que tema invadirle el reino. Con este temor por una parte, y por otra sabiendo que el mal profeta Balán le asiste, a inspirar me atrevo que el rey su consejo pida, y que sea su consejo que le reciba de paz, festivamente saliendo a saludarle al camino, con músicas y instrumentos; sus madianitas, en fe de que a su amistad atento, quiere jurar su alianza. Yo, pues, en él y ellas reino con el nombre de Corbí; delante saldré, que puesto que quien dijo Corbí dijo Mentira; no altera el texto Mentira e Idolatría hacer hoy un papel mesmo, conque no dudo, una vez admitidos los festejos de las idólatras, sea su hermosura su veneno, y más llevando por orden no escuchar al que primero, a su ídolo Belfegor... Dentro Adelante no pasemos, pues es, si un riesgo escapamos, para dar en otro riesgo. La caja Alto, y pase la palabra. Parece que nos oyeron, pues ir al riesgo rehusan. Mas parece motín nuevo que hacer intentan. Porqué allá no perdamos tiempo, ni aquí ignoremos noticias, mientras yo a observar me quedo sus acciones, parte tú a ejecutar tus intentos. Sí haré, que no me haces falta. ¿Cómo? Como si pretendo valerme de los hermosos ídolos de amor, es cierto que donde hay una hermosura más, no hay un ídolo menos. Vase Alto, y pase la palabra. La caja y sale Moisés y todos con él Hijos, amigos, ¿qué es esto? ¿Como agora os suspendéis sin ver que en buenos deseos, es no pasar adelante volver atrás? Dar pretendo, pues como muchos le sigo introducido con ellos, fuerza también al tumulto. Como no hemos... Como no hemos de pasar de aquí. ¿Por qué? Ya una vez perdido el miedo de haber de hablar yo por todos; porque es sumo el resistero del sol, y sobre no ser agua bastante alimento para caminar, es sumo rigor también, que el pequeño alivio de sola el agua, exhalado desde el pecho en sudor al rostro, quieras que aún ese le gaste presto. ¿Quien medios dio de templar la sed, no nos dará medios de templar el calor? Sí. ¿Quién lo asegura? Sube en una coluna una nube y abriéndose en el aire se ve en ella el Ángel 2.º. Con una bandera en la mano a Baal El efeto del congelado vapor, que vago pabellón hecho, os hace sombra. Hay de quien ve el motor y no el misterio. Cantando Esta parda coluna de nubes, ya en campos de hielo, bandera es de paz, que contra los rayos tremolan los vientos. Caminad, caminad a la sombra. Tremola la bandera Pues diáfanos velos tupidas pantallas del sol os defienden su ardiente reflejo. Y pues no ha de haber viador peregrino, que al prometimiento que hizo Dios una vez, deje de ir por falta de medios. Caminad, caminad a la sombra, que ya este trofeo... ...bandera es de paz, que contra los rayos tremolan los vientos. Mucho esta sombra me dice, pues cuando de ella cubierto un sol se mira, quizá es otro el que incluye dentro. Ya bien podéis caminar, pues para llegar al centro de la prometida tierra, sombras tenéis. A buen tiempo cuando ya declina el sol, y son sus cóleras menos; con que parece, que más vino la nube a traernos anticipada la noche, que a aliviarnos. En efeto, ¿has de ser siempre, Zambrí, el que haya de hablar opuesto? Como es día de pasión, y él hace la voz del pueblo, no te espantes. ¿Qué esperáis? Ya el sol no os ofende. Demos pasos adelante, amigos, que importa mucho. ¿Dónde hemos de ir, si ya la noche cierra, por ignorados desiertos, que no sea cada paso un precipicio, un despeño? Perversa generación, de dura cerviz, de cuello no domado, ¿a quien no faltan sombras, faltaranle luego luces que le ilustren? No. ¿Quién lo asegura? En otra coluna sube el Ángel 1.º con una hacha en la mano Aquel bello encendido rasgo hermoso, que alumbra la noche. ¡Cielos!, ¿qué luces y sombras son estas que miro y no entiendo? Esta clara, esta hermosa, esta bella coluna de fuego, dirá que si el día se vale de sombras, la noche de incendios. Navegad, navegad de este norte al fijo lucero, que fanal que ilumina en el golfo bien sabe del puerto. Y pues suficientes auxilios a todos os sirven de ejemplo, y del prometido felice descanso la tierra es el cielo, navegad, navegad de esta abuja al imán, advirtiendo... ...que si el día se vale de sombras, la noche de incendios. ¿Tendrás ya de qué quejarte, pueblo ingrato, cuando dueño te ves de sombras y luces? Sí tendrá, y pues que me ha hecho voz del pueblo una Malicia, ¿qué voy a perder en serlo? Si sólo el ácimo pan, con que se comió el cordero, por siete días mandaste ser de todos alimento; si ayunos de siete días, se hallan pálidos y yertos, ¿hanles de sustentar sombras y luces en un desierto tan áspero, tan inculto, tan despoblado y tan seco? ¿Podrá Dios ponernos mesa a tantos como nos vemos, gastado el ácimo pan, desfallecidos y hambrientos? Y pues las rústicas ollas de Egipto aún echamos menos, di, a quien sombras nos envía y luces, que envíe del cielo amasado pan; veamos sus providencias en esto, no en luces y sombras, pues todos a una voz queremos más sustento sin milagro que milagro sin sustento. ¡Oh fuerza de la razón!, perdóname porque tengo de ponerme de su parte, pues diera aqueste momento por una cebolla, cuanto por ella pidiera en precio la verdulera, que es el sumo encarecimiento: o comer, o vuelta a Egipto. Todos decimos lo mesmo. ¿Señor, para qué me distis de ingrato vulgo el gobierno, tanto que, a vista de un bien, no se da por satisfecho si no le sucede otro? Y ya que él, el avariento es, sed Vos el liberal, conózcanse los extremos que hay de él a Vos. Sí hará, pues enternecido a tus ruegos... ...la nube, que dio primero las sombras, templando ardimientos... ...la nube que dio primero las luces, tinieblas venciendo... ...en blanco candor que virgen aurora concibe en su seno... ...en blando rocío que aurora fecunda abriga en su pecho... ...verás que te ofrece en los cándidos granos, de aljófares tiernos... ...tan vario manjar, que le guste el sentido, y le coma el deseo. Esperad, esperad, que ya el alba se viene riyendo. Esperad, esperad, pues llorando va el alba viniendo. Veréis que el maná que mis sombras. ...mis luces... ...lloraron... ...riyeron... ...pan de ángeles es que, a que el hombre le coma, desciende del cielo. Pan de ángeles es que, a que el hombre le coma, desciende del cielo. Cúbrense las nubes y colunas ¿Qué podéis decir agora, ingratos, si aún no rayado el sol, os sube cuajado el rocío del aurora? De las lágrimas que llora, ya el pardo, ya el azul velo, mesa os pone todo el suelo, y el albor que en él asoma. Pan de ángeles es que, a que el hombre le coma, desciende del cielo. Llegar a probarle quiero. ¡Tente hasta que Aarón le pruebe, que por sacerdote, debe ser quien le toque primero. ¿Tenemos otro cordero, para tener otro duelo? Tenemos otro consuelo, tal, que pues nuestra hambre doma. Pan de ángeles es que, a que el hombre le coma, desciende del cielo. Llegad, bien podéis llegar; veréis cifrados en él sabores de leche y miel. ¡Qué soberano manjar! ¡Qué gusto tan singular! ¡Qué alegría! ¡Qué consuelo! Diga, pues ve vuestro celo, en cada grano un aroma. Pan de ángeles es que, a que el hombre le coma, desciende del cielo. Aunque por deshecha debo yo como todos gustarle, no solamente a tocarle, pero a verle aún no me atrevo. ¿Qué manjar es este nuevo en que el peregrino anhelo de Israel en blanco velo segundo viático coma? Pan de ángeles es que, a que el hombre le coma, desciende del cielo. Todos se alimentan de él, mas no a todos un sabor tiene; mejor o peor sabe al réprobo que al fiel, si éste coge más que aquél, más no lleva, igual se ha hecho la porción, mas no el provecho; y al que de desconfiado para mañana ha guardado, en gusanillos deshecho le antevé la ciencia mía, y no sin causa; porqué perseverando en su fe, pida el pan de cada día. Bellísima Idolatría, anticipe tu desvelo traiciones al desconsuelo, de que quien mi cerviz doma... ...pan de ángeles es. Aunque el hombre le coma... ...cantad, porque trueque en castigo el consuelo. Dentro instrumentos y música En hora dichosa venga el glorioso capitán de los tribus de Israel, a los campos de Moab. Oíd, esperad, ¿qué instrumentos son estos? De Madián festivas tropas parece, que con alegre solaz nos reciben; pues que dice su voz de más cerca ya. En hora dichosa venga el glorioso capitán de los tribus de Israel, a los campos de Moab. Venga en hora dichosa a donde Balac, su rey, le reciba, y admita de paz, ciñendo sus sienes, en fe de amistad, pacifica oliva y laurel inmortal. Salen bailando la Idolatría y todas las mujeres que puedan Noble pueblo de Israel, sabiendo el gran rey Balac, que a Jericó peregrino por límites suyos vas, en fe de que quiere ser amigo tuyo, y jurar contigo alianza, envía con tanta festividad, como ves, por esos montes tu ejército a saludar, en primer muestra de que fino contigo y leal... Bailan ... te admite de paz, ciñendo tus sienes, en fe de amistad, pacífica oliva y laurel inmortal. ¡Qué peregrina hermosura! ¡Qué soberana beldad! De tus fatigadas marchas puedes aquí descansar, seguro de que en manjares, lechos y albergues tendrás las delicias de la vida, cuanto tiempo quieras dar tregua al cansancio; y si viendo la fértil amenidad de la tierra, en ella quieres quedarte a vivir, verás, cuan de otra suerte, que Egipto, traza la felicidad de tenerte por su güésped, pues para seguridad de que tu nación no sea desprecio aquí, como allá, yo Corbí, que hija de Urí, soy de lo más principal, no desdeñaré mi mano al que con solo adorar a Belfegor hacer quiera, que asegure la amistad el deudo, con que seremos todos unos, pues. No más. Ya para mí no es hermosa sino la misma fealdad. El oírla sobre el verla, del alma es segundo imán. Engañosas hermosuras, que con falsa suavidad, de sirenas de la tierra excedéis las de la mar, a vuestro rey le decid que el pueblo de Israel no da plática a idólatras gentes, que su camino se va, donde le manda su Dios, y...; mas no le digáis más. Venid, venid, y no deis oídos a esa ceguedad. ¿Eso las respondes? Sí; y pues de peligro tal, la fuga es vitoria, todos huid, huid. Cantad, cantad. ¿Dónde vas, Israel peregrino?, Bailan ¿a la hambre, a la sed, al cansancio, al afán, cuando aquí te llama el agrado, el gusto, el contento, el placer y el solaz? Mezclándome yo con ellos el primero, he de causar el escándalo, y no en vano, pues el primero ejemplar fui del pecado; ¿quién deja de admitir ventura igual? Nadie, pues no querrá nadie volver a peregrinar. A la hambre, a la sed, al cansancio, al afán. ¿Qué hacéis? Ved que son gentiles esas mujeres, y hará mal quien se mezcle con ellas. ¿Porque son gentiles mal? Pues por alabanza, ¿no suelen decir por acá, qué gentil mujer? ¡Teneos! ¿Quién ha de ir hacia el pesar... ... cuando aquí te llama el agrado, el gusto, el placer, el contento, el solaz? No las escuchéis, y vea Quiriéndolos retirar por fuerza, y ellos resistiendo y porfiando para pasar donde están las mujeres el cielo la novedad, de que siendo a los conjuros las bellezas de Moab los áspides, sois vosotros quien los oídos tapáis. Si de promisión la tierra buscando vamos, ¿qué más tierra de promisión puede darnos la felicidad? Dices bien; ¿quién a merced de las nubes volverá a cansancio, hambre y sed? Quien, para la cautividad, que significa el pecado; y para la brevedad, que significa la vida, vea, que el cielo le da el viático cordero, con las lechugas y el pan de la Penitencia. Quien ve vencida al agua el mar, elevarla de la tierra. Y quien para honrarle más, hijo de sombras y luces, ve el rocío del maná, feliz pasto de la aurora. Si todo eso va a parar en que al descanso lleguemos, yo hallé mi descanso ya. Pasan atropellando a Moisés, Aarón y Finés Bellísima madianita, licencia a mi amor le da de tomarte la palabra, de que siendo principal, pueda merecer tu mano; para esta seguridad, príncipe soy de mi tribu. Sí; pero falta lo más. ¿Qué es? Que a Belfegor, dios nuestro, sacrifiques. El que ya idolatró tu hermosura, ¿qué tiene que idolatrar? Ven donde a vista del pueblo de Israel, que doy, verás, a Belfegor sacrificios. Pásanse al bando de las mujeres Y contigo los demás, que a vista del placer no quieren volver al pesar. Sacrílegos israelitas, oíd, ved, atended, mirad. Es en vano. Si va a eso, todos estamos acá, que quien es dado a fregonas, es muy fácil de adorar al ídolo Vil-fregón. Seguidme, pues, los que ya sois de mi bando, diciendo a todos los de demás... ... ¿dónde vas, Israel peregrino, a la hambre, a la sed, al cansancio, al afán, cuando aquí te llama el agrado, el gusto, el contento, el placer, el solaz? Vanse cantando y bailando Al ejemplo de Zambrí, de todos los tribus van siguiéndolas varias tropas. Ve, Aarón, intenta atajar por esa parte tu el daño, mientras que yo por acá atajarle intento; tú, Finés, con los de demás que no prevarican, ve tras esa tropa, en que va el sacrílego Zambrí. Vase Aarón Vase Moisés Sí haré, aunque en vano será, pues por más que ligera de mi celo la voz seguirle quiera, y persuadirle, creo, que vuela más su error con mi deseo, y es verdad, pues teniendo fabricado en un risco un altar, ante él postrado, con los demás enciende pequeña hoguera, con que dar pretende satisfación a la beldad traidora, de que a ella a un tiempo, ya su dios adora: ya al culto agradecida la viva estatua, más que la mentida, le da la mano, y a una tienda bella, adúltero de Dios, llega con ella, a un pueblo, y otro, su torpeza dando, casi escándalo igual. ¡Oh, para cuándo, oh, para cuándo, Señor, guarda generoso el cielo, la ojeriza de sus rayos, la cólera de sus truenos! ¿Para cuándo, pardas nubes, concibe el preñado seno de vuestro vientre vapores, hijos del sol y del viento? Si agora (¡ay de mí!), si agora no los abortáis, rompiendo las entrañas, y a pedazos, embriones de humo y fuego, los malparís, hechos monstruos de terror y del incendio... Mas para qué de las nubes, ni de los rayos me quejo, cuando puedo de mí mismo, que con mas entendimiento viendo ofensas de mi Dios, ni las castigo ni vengo. Hermosa me pareciste, madianita, pero luego que conocí el traidor áspid que traían encubierto las flores de tu hermosura, arrojé de mí mi afecto, acordándome que era deudor a Dios del cordero legal, el ácimo pan, agua dulce, y maná tierno. Esto digo, porque vean, quitando la «ese» a mis celos, y poniéndomela al rostro, que esclavo de noble dueño mis motivos, sin la «ese», no son celos, sino celo de la honra de Dios; y así Toma una lanza esta asta sea instrumento, que sustituya sus iras, siendo su templado acero al bramido de mi voz, blandido rayo de fresno, sacrílego destruidor de la ley, que torpe y ciego, por gozar lo temporal, abandonaste lo eterno; Dios te castiga, yo no, que aunque yo la ación aliento, Él es quien me da el impulso. Salen los dos ángeles Es verdad, pues yo la muevo. Es verdad, pues yo la animo. Dentro ¡Ay de mí, infeliz, que muero a manos de mi pecado! ¡Vitoria por todo el cielo! ¿De qué cantáis la vitoria, hermosos querubes bellos, que confirmados en gracia gozáis mi perdido imperio? Si aunque en brazos de Corbí, Finés haya a Zambrí muerto, es tan mía como suya, pues explicados en ellos los dos bandos de la vida, mío el malo y suyo el bueno, parto vitorias con Dios. De dar al mundo el ejemplo, de que sepan los mortales viendo el castigo y el premio, que para salir no bastan de uno y otro cautiverio, del pecado y de la vida, los viáticos, si reo de Sacramentos el hombre, los pierde. ¿Qué Sacramentos? Los que dijeron mis sombras... Los que mis luces dijeron... ... desde el cordero a las aguas... ...desde las aguas al leño... ...y desde el leño al maná. ¿Pues que incluye todo eso? Yo, a quien las sombras tocaron, en ellas dicho lo tengo, pues el agua es el Bautismo, y la Confirmación luego, su elevación de las aguas, las lechugas del cordero Penitencia y Comunión. ¿Y dónde está todo eso? Yo, a quien tocaron las luces, lo diré, cuando los cielos, enternecidos escuchen decir desde obscuro centro... Dentro música y voces ... misericordia, Señor. Y pues los tristes acentos de ese pueblo arrepentido, de aquel idólatra yerro, con la muerte de Zambrí, misericordia pidiendo, clama a Dios, ejemplo sea hoy del limbo, y porque al verlo llegue mejor, para más pena tuya, y triunfo nuestro, mira como cuando clama una y otra vez diciendo... ... misericordia, Señor. Salen todos con este verso Moisés, suspende el severo azote de la justicia a cuyo piadoso tiempo, mira también como allí, herido Zambrí y sangriento, dice al pie del sacrificio de que hacer no supo aprecio. Vuelve a abrirse el carro donde estuvo la cena del cor-dero y vese un niño en una cruz y a sus pies Zambrí y Idolatría ¡Ay infelice de mí!, que en el tránsito postrero, no me valió haber comido el viático cordero. Ni a mí mi astucia, porque es pan de vida y muerte a un tiempo. Es verdad, pues este árbol, en que hoy el amor me ha puesto, es el que endulzó las aguas siendo Yo el cordero, al fuego de mi amor sacrificado en holocausto cruento. Sí, pero el ácimo pan, ¿dónde está, que no le veo? Ábrese otro carro y vese otro niño debajo de un araceli con el cáliz y hostia delante y Finés a su lado En otra mesa Finés le esta a todos repartiendo, como en quien ha de quedar, en satisfación del celo, con que vengar supo a Dios, el sacerdocio perpetuo. Feliz yo, que administrar en este cándido velo llegué el maná de la aurora. En que en otro feliz tiempo gozar merecerá el hombre mi ser en alma y en cuerpo. A tanto golfo de sombras, de luces a tanto incendio, tiemble y dude, gima y muera, considerando, advirtiendo a quien hace daño, y a quien aprovecha el ácimo pan de inmolado cordero. Conque esperando que a todos ha de perdonar los yerros. Y a piadosa imitación suya, vosotros los nuestros. Digamos todos humildes... ... sombras y luces uniendo... ... que el blanco maná, inmolado cordero, amargas lechugas, sagrado madero, todo es el pan vivo del gran Sacramento, que a que el hombre le coma bajó del cielo.