Personajes LA FE EL JUDAÍSMO ABEL JOSEF MELQUISEDEC LA SINAGOGA EL BAUTISTA SAN JUAN LA SIMPLICIDAD LA GENTILIDAD EMANUEL PABLO ISAAC MÚSICA Sale la MÚSICA, y luego la FE, con venda en los ojos, una cruz dorada en la mano derecha, y en la izquierda una tarjeta, pintado en ella el sacramento, y alrededor esta letra: SECUNDUM ORDINEM MELCHISIDECH. Y mientras cantan, dan vuelta al tablado, y salen el JUDAÍSMO y la SINAGOGA cada uno por su puerta, vestidos a lo judío Venid, venid al examen, venid los que pretendéis ser sacerdotes según orden de Melquisedec. «¿Venid, venid al examen, venid los que pretendéis… …ser sacerdotes según orden de Melquisedec?» ¿Qué nuevo pregón es este, que a lo lejos escuché? ¿Qué nuevo edicto a lo lejos el que se publica es… …diciendo una vez y otra… …diciendo una y otra vez… …a los vientos que le escuchan… …a los cielos que lo ven… …venid, venid al examen,… …venid los que pretendéis… …ser sacerdotes, según orden de Melquisedec? A David ya yo le oí… …decir… …ya yo le escuché a David que juró Dios y no le pesó de haber jurado… …su sacerdote hablando… …con él y de él en eterno eres, según orden de Melquisedec… …pero no que se convide a otros lo vengan a ser… …pero no que a otros se llame. Y así, desde aquí he de ver… Y así, desde aquí he de oír… …cómo se dice y por quién… …venid, venid al examen, venid los que pretendéis ser sacerdotes según orden de Melquisedec. Aquí, que a vista del mundo su gran plaza de armas fue desde el antiguo Jebús, la gran ciudad de Salem, de cuyos sagrados nombres vino el suyo a componer Jebús y Salem juntando la altiva Jerusalén; aquí, que universidad su coronada altivez es del orbe cristalino real silla y sacro dosel del gran león de Judá, que en los tribus de Israel de la primogenitura el cetro goza; aquí, pues, como eminente cerviz de toda la redondez se ha de fijar el edicto Pone la Cruz fija en el tablado para que a la vista esté de todos y alegar nadie pueda ignorancia después. ¡Ea, mortales, albricias! ¡Albricias!, que ya se ven alejar sombras y enigmas de aquella natural ley, y desta escripta, pues ya se acerca la aurora fiel de cuyas puras entrañas el Sol ha de amanecer de otra ley cuyo lucero ha visto el Jordán, y… ¡Ten la voz! ¡Suspende el acento! Y otro anhélito no des… Y otro suspiro no formes… …sin que yo llegue a saber… …sin que yo llegue a inquirir… …con qué título… …con qué autoridad… …sin consejo mío… …sin mi parecer… …ley promulgas a otro rito… …das premática a otra ley. Pues que siendo yo el hebreo pueblo que libró Moisén… Porque siendo yo la tabla que Dios dio al campeón de Oreb… …¿quién, sin la licencia mía… …y sin mi decreto ¿quién… …fija edictos? …da pregones? ¿Quién eres nos di? La Fe soy de Abraham y Isaac. Pues ¿cómo, si eres fe de Isaac… ¿Por qué si eres fe de Abraham… …pretendes asentar… …das a entender… …que la ley natural que ellos observaron… …que la ley escrita que a ella siguió… …cesar puede… …y fallecer… …como sombra… …como enigma… …a otra ley, diciendo que… …nuevos sacerdotes vengan a examen? Como y porqué con la venida de Juan, que voz del desierto es (siendo así que los profetas solo han de durar hasta él), se nos vienen acercando en el puro rosicler del rocío, que allá vieron cuajar su nevada tez, Aarón en blanco maná, Gedeón en virgen piel, las luces de la tercera, como lo dan a entender en su cómputo cumplidas hebdómadas de Daniel. ¿Qué dices? Lo que no ignoro. ¿Qué aseguras? Lo que sé; y así con la fe de entrambos, siendo de entrambos la fe, que desde el limbo ha podido los cielos enternecer, la venda lo diga, puesto que se difine mi ser de las cosas esperadas, que sin mirarse se creen. La ley de gracia publico, que es la que ha de suceder a la natural y escrita; y como en ella ha de haber un sacrificio no más que el cumplimiento ha de ser de todos los sacrificios que ha habido, hay y ha de haber; y sus ministros conviene que sean espejos, en quien las repúblicas se miren. Para examinar y ver quién a tanta dignidad merece elegido ser, voy dando aqueste pregón, y fijando aqueste cartel. ¿Merece dije? Mal dije, que de tan alto interés ninguno es merecedor. Y así que retracte es bien la frase y vuelva a decir para examinar y ver quién de tanta dignidad tendrá la suerte, que es lo que cleres significa; pues para clérigo ser es preciso que la suerte de Matías caiga en él. Presbítero otros le llaman que juez se interpreta en fe que en el tribunal de culpas, siendo vice-Dios, es juez. Y porque no te parezca que siendo, como hasta hoy fue, el nombre del sacerdote derivado del haber de tratar cosas sagradas, que esto es sacerdos, y que como lo han sido los otros pudieran serlo también aquestos sin más examen, te quiero dar a entender la gran distancia que el cielo quiere que se mida y dé entre el sacerdote de hoy y el sacerdote de ayer. En todas leyes los hubo, que constando nuestro ser de luz natural y sobre- natural, preciso fue que lo sobrenatural mirase al sumo poder de su gran criador; y así, para que le hablase en él, a quien más capaz juzgaba el pueblo en la primer ley su sacerdote elegía. Vino la segunda, en quien dispuso elegirle Dios, y así, en Aarón, varón fiel, la primer elección hizo señalando en Israel para el sacerdocio, el tribu de Leví y que fuese en él hereditario; mas hoy, que en la tercera ha de ser más la dignidad, llenando las esperanzas de que se mantuvieron las dos, hasta cumplirse las tres; pues los sacerdotes de ella no han de tratar de ofrecer hostias mortales, sino inmortales, puesto que dijo David que Dios ya no se quiere mantener de la carne del cabrito, ni de la sangre del buey, no quiere que el pueblo elija ni que el sacerdocio esté a un linaje reducido, sino que tan grande bien comunicable sea a todos, delegando su poder en un sumo sacerdote, luego en sus obispos él, ellos luego en sus ministros, con examen que han de hacer de ciencia, limpieza y vida; y así, a este bien convoqué a todos los que quisieren que se vengan a oponer para recibir capaces siete dotes, que han de ser de los cuatro grados antes, de la epístola después, luego de evangelio, y misa, último estado, ya que llamar a órdenes según orden de Melquisedec tiene causa en haber sido sumo sacerdote y rey cuyos padres se ignoraron para darnos a entender que ha de estar el sacerdote desasido de cuanto es natural afecto humano. Y hay más razón para que según orden suya sea la elección, puesto que fue superior su sacrificio a los demás; mas no es bien que a quien sin fe los escucha se hable en misterios de fe. Y ansí, examínalos tú, pueblo hebreo, pues poder tienes de examinador como quien ádbitro es de la guerra y de la paz, que en llegándolo a creer seré tuya. Y hasta entonces venid vosotros a hacer público el edicto en Roma, pues lo está en Jerusalén para quien primero viene: sea de él capaz también la Gentilidad, diciendo vuestro confuso tropel al aire, a la tierra, al fuego, y al agua, para que estén por testigos contra el hombre, ave, bruto, rayo y pez: ¡Venid, venid al examen, venid los que pretendéis ser sacerdotes según orden de Melquisedec! Vuelve la cruz y la tarjeta, y vase Oye. Aguarda. Escucha. Espera. Mas, ¡ay de mí! Mal podré seguirla… Mas, ¡ay de mí!, que en vano alcanzarla es… …porque en mis hombros un monte estriba. …porque en mis pies una cadena hay de hierro. ¡Pena injusta! ¡Ira cruel! ¡Suerte impía! ¡Duro asombro! ¡Fiero pasmo! ¡Rabia infiel! ¡Un puñal tengo en el pecho! ¡Yo en la garganta un cordel! ¡Sinagoga! ¡Judaísmo! ¿Qué quiso decir…? No sé. ¿Antes que te lo pregunte me respondes? Sí, porqué si no sé nada que dijo, ¿cómo lo puedo saber? ¿Con quién he de descansar si no contigo? Habla, pues. ¿Qué quiso esa fe, que yo no conozco pues no es, trayendo en su cuenta erradas las semanas de Daniel, la de Abraham y Isaac, como nos quiso dar a entender, en decir que el sacerdote de aquesta tercera ley según Melquisedec debe ordenarse porque fue eminente sacrificio el suyo y, que no era bien, que a quien sin fe la escuchaba se lo dijera la fe? ¿Qué tendrá aquel sacrificio más que muchos? Dudas bien; y porque a vista unos de otros podamos mejor hacer de este a los otros cotejo para examinar y ver en qué prefiere, memoria hagamos de algunos. Pues si hacer memoria habemos tan aprensiva ha de ser que actualmente los veamos. ¿Cómo? ¿Eso dudas al ver que mi superstición tuvo mil pitonisas de quién la magia aprendí en Saúl, como lo dijo Samuel? Vuelve a ese monte los ojos y tú, ¡oh, rústica preñez!, desde aquí empezando dinos el sacrificio de Abel. Descúbrese un nicho donde se aparece ABEL vestido de blanco pastor con el sacrificio sobre una peña. Canta El primer sacrificio un cordero fue, en señal que el postrero lo será también. Representa Este blanco recental que entre una y otra res del más cándido vellón vistió sin mancha la piel, Señor, a ofreceros vengo, cuya pura candidez quisiera que fuera mía para dárosla también. De su púrpura inocente sacrificio os hago, haced vos, gran Dios de Sabahot, que yo la vierta con él, porque el primer sacrificio que los humanos os den sea una inocente sangre por quien se dice después: Canta El primer sacrificio un cordero fue en señal que el postrero lo será también. Ya este sacrificio vimos y a nuestro intento saber que fue de un cordero basta. Pues vuelve a esta parte y ve el sacrificio de Isaac. Veamos qué sacamos de él. En otro nicho aparecerá un sacrificio de leña, ISAAC de rodillas, y vendados los ojos Canta Esta leña que al hombro contra mí cargué que en mi favor sea vos, Señor, haced. Representa Alto, divino Jeová, ya que el golpe no rehusé, y pendiente del amor vos por vos le suspendéis, substituyendo por mí la víctima por quien fue mi padre, humilde os suplico, Señor, que no me quitéis con el filo del acero el mérito de la fe. Este haz de uno y otro leño cruzado os consagro; ved, que aunque es nada lo que os doy, puede en vos ser mucho pues: Canta esta leña que al hombro contra mí cargué que en mi favor sea vos, Señor, haced. Leña y cordero tenemos hasta aquí. Pues vuelve a ver, por ir variando materias, la ofrenda que hace Josef. En otro nicho se verán unas haces de mieses y JOSEF. Canta Esta mies que en las trojes de Egipto guardé, pues es casa de trigo pasad a Belén. Representa Grande Dios de Adonaí, soberano Abimelec, que es Rey y Padre, pues siempre fuisteis Padre y fuisteis Rey, aunque ingratos mis hermanos me vendieron, al saber que en Mesopotamia tienen hambre, os suplico les deis luz de mí porque de mí se vengan a socorrer. Por su ingratitud ofrezco esta blanca, rubia mies; no, pues, de ingratos hermanos venganza, Señor, toméis, porque perecerá todo el género humano, pues todo es ingrato con vos. Y así vos por vos haced Canta que esta mies que en las trojes de Egipto guardé, pues es casa de trigo pasad a Belén. Cordero, leña y espigas tenemos. Pues si se ven animal, árbol y fruto en la ofrenda de los tres y a estas se reducen todas, ya será tiempo de ver que más preeminencias que estas estotra podrá tener. En otro nicho se aparecerá una mesa, unos panes, y unos vasos, todo dorado, y MELQUISEDEC. Canta Pan y vino os consagro, gran Dios de Israel, porque pienso que en ellos está nuestro bien. Representa De pan y vino, Señor, sacrificio os hago en fe de que el pan de las espigas de Ruth se amasó y de que en la viga del lagar que Isaías nos prevee, para aquella vuestra viña se exprimió el vino al poner pendiente de su madero el racimo de Caleb. Aceptad mi sacrificio pues por Abraham, de quien prometido está el Mesías, y por mí le ofrezco al ver que de cinco reyes viene coronado de laurel. Canta Pan y vino os consagro, gran Dios de Israel, por pensar que está en ellos todo nuestro bien. Ya está esto visto, bien puedes el conjuro deshacer para que a solas podamos discurrir. Desvaneced sagradas sombras las luces vivas hoy al parecer, y para que yo hable en ellas id respondiendo otra vez. El primer sacrificio un cordero fue en señal que el postrero lo será también. Esta leña que al hombro contra mí cargué que en mi favor sea vos, Señor, haced. Esta mies que en las trojes de Egipto guardé, pues es casa de trigo pasadla a Belén. Pan y vino os consagro, gran Dios de Israel, por pensar que está en ellos todo nuestro bien. Desaparece cada uno con su copla Ya que hemos quedado a solas, dime, ¿qué puede tener pan y vino que no sea más el cordero de Abel, el haz de leña de Isaac, y el del trigo de Josef? Pues antes parece que estos ofrecieron más al ver que la una es víctima viva, la otra humana, y la otra es víctima de los mejores frutos del cielo. No sé, pero al ver el pan y el vino tan sin sentido quedé que un letargo, un pasmo pienso, introdujo en mí embriaguez, sobre el sueño de Behemoth, la confusión de Babel. Y si vuelvo a hacer memoria de lo que antes escuché, ¿qué tiene que ver el vino y el pan con que hayan de ser las órdenes siete? Y de ellas ¿quién podrá en el mundo, quién, tener los primeros grados? Dentro Baptista, a la orilla ve del Jordán, donde te esperan los que han de renacer de tu Baptismo. ¡Qué oí! ¿Eso te da que temer? Sí; pues los grados primeros dan a un Baptista. No fue vaticinio el que fue acaso, y ese de la voz no es sujeto de dar temor, pues de un camello la piel viste y le sustentan pardas langostas y bruta miel. Pues si a las órdenes vuelvo, ¿quién será el que ha de tener la de la epístola? Dentro Pablo, la rienda al bruto detén, no te despeñe. Dentro No hará y cuando llegue a caer, yo me sabré levantar. ¿También fue acaso? También, pues este es un noble joven, que va de Tarso a aprender (que yo le conozco) ciencias del maestro Gamaliel; y antes es tan observante mío que se ha de oponer a cuantos digan que hay órdenes de nueva ley. Si es así al discurso vuelvo; ¿quién será quien tenga, pues, orden de evangelio? Dentro Juan, saca a la arena la red, que el mar se alborota. Dentro En ella ya está varado el batel. ¿También es acaso? Sí; un pobre pescador es, que habla con otro a la orilla del mar de Genezaret. Pues, ¿quién (si he de hacer desprecio de lo que tanto hay que hacer misterio) el último grado tendrá de misa?; ¿ni qué es misa? Cuando yo lo ignoro, ¿quién, di, lo sabrá? Dentro Emanuel, no te alejes. Dentro Al Jordán por aquesta senda ven. ¡Ay de mí! ¿Qué es lo que oí? ¿De qué te asustas, si ves que todo es acaso? ¡Ay triste! ¡Que eso solo no lo es! ¿Por qué? Porque es pena mía. Dime cómo. Porque aquel peregrino, que de un monte al Jordán ves descender, a quien un villano llama, que es su misma sencillez, es un joven (¡ay de mí!) natural de Nazaret que disfrazado ha venido por mí, fino, amante fiel, siendo el esposo a quien yo prometida estoy; y al ver que hoy haga ausencia me ha dado que sospechar y temer. Y así, seguirle me importa. Pues mientras tú vas tras dél, iré yo, puesto que tengo de examinador poder, a ver si alguien al edicto acude a Jerusalén. ¡Un Etna llevo en el alma! ¡Yo un volcán! Que al oír… Que al ver… …tal ausencia… …tal mudanza… …no me queda más que hacer… …que decir al corazón… …que lo escucha… …que lo ve… …arded, corazón, arded que yo no os puedo valer. Vanse y salen por diferentes partes el BAPTISTA y SAN JUAN, cada uno por sí y SAN PABLO vestido a lo romano Llegad, llegad veloces, a una voz que compuesta de otras voces del Jordán a la margen os convida hoy con nueva salud y nueva vida. El caballo a esos olmos arredrado aliento cobra que, algo fatigado, al ocio quiero darle en recompensa; y no es mal don el ocio a quien no piensa. Varada en esa orilla descansa un rato, ¡oh mísera barquilla¡, del temporal con que la mar te asombra, mientras busco al cansancio alguna sombra. Dentro ¡Ah del monte, que al sol turba la lumbre! ¡Ah del valle, pilastra de su cumbre! ¡Ah del mar, que furioso gime y brama! ¡Ah de la orilla del Jordán! Sale la GENTILIDAD a lo romano con corona de laurel, bastón y manto ¿Quién llama? Quien en todo el perfil de este horizonte, ni en mar, ni en valle, ni en Jordán, ni en monte, senda halla ni camino, y vagando al adbitrio y al destino, turbada la razón, la vista ciega, perdido de su gente a veros llega. Y pues perdido dije, procuro en la congoja que me aflige que el que el camino real mejor supiere se le enseñe a un errado, por que espere llegar antes a ver la militante Sión, que figura fue de la triunfante, cuya cima eminente los laureles coronan de mi frente. Si el real camino hallar queréis, yo puedo desde aquí señalarle con el dedo. Bien veis por donde va aquel peregrino, seguidle: él es verdad, vida y camino. En qué lo fundas tú saber yo quiero. En que es aquel el cándido cordero (no sin razón lo fundo) que los pecados quitará del mundo. Su misma voz lo diga: Dentro Tome su cruz y mis pisadas siga quien con Melquisedec gozar espera el sacerdocio de la ley tercera. Lo que tú enseñas y él publica, dudo. Y yo también. Yo no, pues tanto pudo en mi obrar que, no siendo el que va errado, presumo que soy yo con quien ha hablado. No de ellos caso hagáis, venid conmigo, pues el rumbo que vais siguiendo, sigo; y no solo guiaros podré, pero también acompañaros porque a Jerusalén es mi camino. Más a ir con vos que no con él me inclino. Ved, que siendo llamados, vais perdidos. Siempre habrá más llamados que escogidos. Ya no ese afecto me debéis en vano, porque en veros en traje de romano me mueve por mí mismo. ¿Por vos? Sí. ¿Pues quién sois? El Gentilismo, que en todo este hemisferio los feudos cobro del Romano Imperio. Pues no el afecto os tiranice el traje, que no he de hacer a Benjamín ultraje negando el tribu en que he nacido hebreo. ¿Pues cómo en tan ajeno hábito os veo? Como en Tarso mi pobre padre anciano los privilegios goza de romano. Pablo y Gentilidad son los que miro. ¡Qué fin junta a los dos confuso admiro! Pero ¿qué es lo que os lleva hoy a Jerusalén? La extraña nueva de no sé que pregón, no sé que edito en papel de aire con la voz escrito, de una ley que ignorada desde hoy pretende verse coronada las sienes de laureles inmortales, órdenes celebrando generales, de quien aquella voz que ahora oímos algo quiso decir que no entendimos. Y aunque a mí no me lleva su misterio siendo, como es, colonia del Imperio toda la Palestina, solicito examinar si hay cuerpo de delito en las alteraciones, pareceres, contiendas y opiniones que la voz introduce y… Deteneos, que al mismo fin caminan mis deseos, bien que es otra razón la que los mueve. A Gamaliel mi corto ingenio debe el saber la Escritura, en ella soy doctor, y esa locura de decir que dos leyes expiraron y que ya los profetas se acabaron voy, no solo a argüilla y convencella, pero a ganar decretos contra ella; porque he de destruilla, deshacerla, ultrajarla y consumilla con mi valor y con mi ciencia suma, tomando o ya la espada, o ya la pluma. Pues decid, ¿no pudiera ser que fuese doctrina verdadera? Pues, si el cómputo hacemos de los días en vísperas andamos del Mesías. A aqueso os respondiera, si el ponerme a argüir con vos no fuera inútil bizarría. No tanto despreciéis la grosería de pobres pescadores, que yo, Juan, el menor de los menores que hay en la playa, tengo tanto celo que del águila juzgo corto el vuelo, aunque lidiar presuma con el sol rayo a rayo y pluma a pluma. Pues por qué, me decid, ¿por qué al hallaros con méritos no vais? ¿A qué? A ordenaros. Quizá iré cuando a mí la voz me diga… Dentro …tome su cruz y mis pisadas siga quien con Melquisedec gozar espera el sacerdocio de la ley tercera. Veis ahí que ya os lo dice. Veis aquí que ya voy. Como temblando ¡Ay infelice! ¿Qué os ha dado? No sé. Sol que aún no veo, déjate hallar. Si hallarle es tu deseo ven conmigo a buscarle. Sí haré, seguro de que pueda hallarle, pues bien contigo espero topar el sol si voy con el lucero. Y tú, déjate ver, pues sé quién eres y el cáliz beberé que tú bebieres. Vanse los dos No caso de estos rústicos hagamos, vamos los dos por otra senda. Vamos, que aunque el metal de aquella voz ha sido cual trueno sin relámpago a mi oído, no me ha de dar desmayo esta vez el relámpago y el rayo. Tampoco a mí. Por más que esta voz diga… Dentro Tome su cruz, y mis pisadas siga… …quien con Melquisedec gozar espera el sacerdocio de la ley tercera. Vanse. Al irse los dos, sale EMANUEL por una parte de peregrino y por la otra la SINAGOGA …quien con Melquisedec gozar espera… No me des celos con la ley tercera, pues el ausencia basta a mis desvelos y es mucho mal para añadido celos. Emanuel, cuyo divino ser tantos méritos cobra, que el ser peregrino sobra aun para ser peregrino; ¿qué destino por esos mares te lleva a hacer prueba de mi amor? Mira que sé, que a la fe buscas y dejas la fe, pues dejas la antigua y buscas la nueva. No solo huyendo te vas de mí, pero vas buscando familia para otro bando con quien los celos me das. Vuelve atrás, y no tu mudanza quiera que yo muera de ti despreciada, viendo que esposa segunda la Iglesia sea, siendo la Sinagoga la esposa primera. ¿De qué están las profecías llenas, cuando las arguyas, sino de palabras tuyas que han de ser finezas mías?; ¿Isaías no dice que para mí vienes? Sí. ¿Que soy yo la esposa Oseas no afirma? ¿Pues cómo que falte deseas ni el crédito en ellas, ni el crédito en mí? Cuantas bodas celebraron los que más amantes fueron, ¿por los dos no se entendieron?, ¿a los dos no se aplicaron? ¿No mostraron Jacob, Asuero, Sansón y Abraham que son debajo de aquellos velos nuestros amores, los suyos con celos? Pues ¿cómo sin celos se ve mi pastor? Sinagoga, yo te di (verdad es) mi voluntad y siendo yo la verdad, no puede faltar en mí. Viendo en ti que hoy a ser infiel acudas, ¿cómo dudas que libre al contrato quedo?; no porque yo me mudo, ni puedo, mas porque tú, que puedes, te mudas. La infidelidad que hallé en la esquivez de tu pecho, la repugnancia que ha hecho al crédito de la fe, que ella fue la que en los dos te ofrecí, siendo así, mira si es bien que la dejes. Y si la dejas, de mí no te quejes, pues no eres quien fuiste y yo soy quien fui. Si de Asuero la afición con Bastí fue sombra mía, si casó Jacob con Lía, y con Dalida Sansón, si la pasión de Abraham dio a Agar entrada, no fiada estés, pues viste en su vida a Agar desterrada, a Dalida huida, a Lía celosa, a Bastí repudiada. Eso es decirme (¡ah cruel!) que otra ley será (¡ay de mí!) hoy la Ester de esta Bastí, de esta Lía la Raquel, la Sara fiel de esta Agar y… Juzgas mal que si leal la fe admites que te doy, la misma que ayer verás que eres hoy, pues tú… No prosigas, que no he de hacer tal. Y antes el verte mudado me ha desmentido las señas que tenía, y no pequeñas, de que eras tú el deseado dueño amado, que esperaba para empleo; y pues te veo tan otro ya, tan extraño, me has de pagar (¡vive Dios!) el engaño de haber pretendido burlar mi deseo. Pues con el nombre fingido del esposo que esperé faltaste a palabra y fe traidoramente atrevido. No ofendido tu amor se juzgue de mí. ¿Cómo, di, si has disfamado mi honor, no siendo el que dices? Sí soy. Es error. ¿Que no lo crees? No. ¿De mí dudas? Sí. Pues mira que dirán… ¿Qué? …que pues la fe en ti faltó por ser de la Iglesia yo la Sinagoga dejé. Y así iré a sus órdenes. Primero, ¡rigor fiero!, no ya celosa, ofendida, a costa, tirano, has de ver de tu vida, que no hay peor rencor que el que fue amor primero. Vase y sale la SIMPLICIDAD de villano ¿Era hora de alcanzarte? La sencillez, ¿quién ignora, que me alcance a cualquier hora? Con todo eso, en esta parte no es fácil para mí, pues sin comer cuarenta días fallecen las fuerzas mías. Sed, hambre y cansancio es lo que a buscar vengo. Yo nunca esas cosas buscara, sin buscarlas las hallara; y más aquí donde no hay quien sin zozobra viva. Nunca yo volviera acá (a estar en mi mano) ya que una vez me vi allá arriba. En el Paraíso nací de la original Justicia desterrome la Malicia y a los cielos me subí; y pues me da facultad la falta de la razón, va de pregunta, (pensión de toda Simplicidad): ¿a qué de allá me has traído? A que importó haber bajado, Sencillez, acompañado de ti, supuesto que has sido el símbolo del cordero que por imagen mía Juan señala desde el Jordán. Él es… ¿Qué es? …un buen Juan; pero ya que a eso me respondiste, ¿a qué ha sido este camino en traje de peregrino? ¿Aquel edicto no oíste en la nueva alegoría de las órdenes que hoy fijó la fe? Pues si soy la Eterna Sabiduría, puesto que la omnipotencia es del Padre sumo honor, del Espíritu el amor, como del Hijo la ciencia, ¿qué es lo que dudando estás? Pues a examen donde vi llamar los sabios, a mí venir ha tocado; y más cuando las órdenes son para su celebridad témporas de Trinidad, o dominica en pasión. ¿Y a qué título, me dí, te ordenas? Mas yo no quiero saberlo, que ya lo infiero sin oírlo. ¿Cómo así? Como mis discursos ciegos saben ya el título, pues se ve que este mundo es patronato ya de legos, y Hijo de varón llamado eres; mas no te lo envidio, pues has de pagar subsidio, y no es tanto el excusado de temer y de sentir como el no excusado. Pues ¿cuál el no excusado es? El ama que has de sufrir siendo clérigo. Decía uno que cuando ordenaba el obispo, el diablo andaba buscando amas y decía: «si contra mis mismas llamas se están ordenando aquellos, huélguense que contra ellos yo también ordeno amas». Pero ya que a esto veniste, ¿por qué tan solo? Porqué así el poder no se ve, que mi mérito consiste quiero que luzca mi ciencia por mí y no por mi favor, pues el título mejor es el de la suficiencia; fuera de que ya encargué al Baptista que llamara gente que me acompañara. ¡Qué pocos serán! ¿Por qué? Porque uno apenas la palma lleva de cuantos están llamados. También es Juan. Será otro Juan de buen alma. Salen el Baptista y San Juan Dame los pies cuyos lazos desatar aun no merezco. Los brazos, primo, te ofrezco. Días ha que son tus brazos centro mío, pues gozé de ellos antes de nacido. Yo, no tan solo te pido los brazos si no es el pie, poco de mí satisfecho no me atreveré a tocar. Pues bien puedes, Juan, pasar desde los brazos al pecho, Abrázale, quedándose un poco reclinado en el pecho de Emanuel que para ti prevenido mi amor le reserva fiel. Tanto se recrea en él que pienso que se ha dormido. Bautista, ¿quién a tu voz viene a acompañarme? Fue tan del desierto, que aunque penetró el aire veloz, y a príncipes y a señores de ella los ecos llegaron, solamente la escucharon cuatro humildes pescadores. Con esos solos abonas el fin que mi amor previene; y mostrando que no tiene así excepción de personas, con ellos he de cenar. Y pues ya al gran frontispicio del sumptuoso edificio, que es alcázar singular de la fe, da señas ciertas en doce piedras fundado, de doce torres murado, ceñido de doce puertas, de que es la Nueva Sión, cuyo templo militante, a la acción será triunfante, y aquí las órdenes son, con un verso de David «dad noticia de mi fama». ¡Ah de la Iglesia! Dentro ¿Quién llama? Abrid las puertas, abrid. ¿A quién? Al príncipe vuestro, y publicando vitoria entrará el rey de la gloria. ¿Quién es el príncipe nuestro y el rey de la gloria? Quien es, si mi seña se advierte, señor poderoso y fuerte, y por decillo más bien, ya con el dedo os le muestro; ese es, en él advertid. Señala con el dedo y dice la FE dentro Abrid las puertas, abrid. ¿A quién? Al príncipe nuestro, que ya yo le he conocido por las señas que me dan a un tiempo David y Juan. Y pues su Baptismo ha sido el que abre la puerta ya es de grados, cosa es cierta, pues poder abrir la puerta entre los grados se da. Y así, a dicípulo y maestro una y otra vez decid: Sale y saca un libro en la mano Abrid las puertas, abrid. ¿A quién? Al príncipe vuestro. Salen la GENTILIDAD, JUDAÍSMO y PABLO cada uno por su parte Suspended el armonía… Parad el sonoro estruendo… …que en los piélagos del aire… …que en las campañas del viento… …deshecha tormenta corre… …halla prevenido riesgo… …cuando hecho el monte pirata… …cuando hecho bandido el eco… …sus cláusulas echa a fondo… …hurta y roba sus acentos… …que quiero saber, pues soy de todo Israel el pueblo… …que quiero saber, pues gozo de Palestina el gobierno… …a quién las puertas abrís. …quién es el Príncipe vuestro. ¿Eres tú acaso? Yo soy. ¡De solo escucharle tiemblo desfallecido a su voz! ¿Quién eres? Yo soy quien puedo con solo su eco rendirte, y haberte postrado al suelo. ¡Ay infeliz, que me falta a tanto asombro el aliento! A mí no, y he de saber quién es, cómo y con qué intento viene hoy a este nuevo alcázar. Yo también, ya que en mí he vuelto de aquel primero desmayo de la voz. Mucho me huelgo que hagáis los dos el examen, porque cierta ciencia tengo de lo bien que responder sabrá a vuestros argumentos, a cuya causa yo el libro para todos tengo abierto. ¿Qué libro es? En el que escritos los predestinados tengo y a los precitos borrados. Misal será, a lo que pienso, que dicen que ese es el libro de la presencia del cielo. Hasta que toque el hablar a todo he de estar atento. Pues va de examen: ¿quién eres? ¿A qué vienes? ¿Qué es tu intento? Yo hablaré, Gentilidad, después contigo, en habiendo respondido al Judaísmo para quién vine primero. Pues si conmigo has de hablar a la pregunta me vuelvo: ¿Quién eres?, di, y ¿a qué vienes? Soy quien soy y a lo que vengo debajo de alegoría pensada no sin misterio, es a ordenarme de todas órdenes hasta el supremo grado de misa. No tiene todo el Levítico nuestro tal sacrificio; ¿qué es misa? De la pregunta me huelgo porque en su santo y bendito día es día de saberlo. De dos nombres se compone su difinición: hebreo el uno y el otro latino. El latino le da el verbo mitto, que es enviar, sacando su participio y poniendo oblación, con que a ser viene Missa Oblatio cuyo efecto es oblación enviada. Missae, que es el hacimiento de gracias en hebreo idioma, y así viene a ser lo mesmo un hacimiento de gracias que oblación enviada al cielo. Y ¿qué sacrificio viene a ser ese? El cumplimiento de todos los sacrificios. Pues ¿de qué ha de estar compuesto? De pan y vino, según el sacerdote supremo Melquisedec. ¡Ay de mí! ¡Que a temblar y temer vuelvo! Pues si de pan y de vino ha de ser, ¿ya no está hecho ese sacrificio? No, que el pan ha de ser mi cuerpo y el vino ha de ser mi sangre. Pues ¿cómo puede ser eso de que se nos de a comer tu carne y tu sangre? Siendo sobrenatural el modo de sacrificio incruento, transustanciada mi carne debajo de un blanco velo que dejará de ser pan, que dél la sustancia huyendo quedarán los accidentes y yo en cuerpo y alma en ellos. ¿Quién lo asegura? La Fe. Yo lo aseguro y lo creo. ¿Tú? ¿Qué te admiras? ¿Es mucho que con iguales extremos haga admiraciones yo cuando tú haces sacramentos? Es la principal materia a que a examinarme vengo. ¿La de sacramentos? Sí. Pues al examen volviendo, ¿qué es sacramento? Es un signo que en cosas sagradas hecho santifica el alma y da gracia. De qué consta quiero saber. De materia y forma. ¿Qué es materia? El instrumento exterior. Y forma, ¿qué es? Las palabras. Da un ejemplo. En el Baptismo es el agua la materia; y forma, luego, las palabras. Pues ¿qué es Bautismo? Ablución del cuerpo debajo de aquellas voces que efecto obran, concurriendo Padre, Hijo, Espíritu Santo. ¿Y qué viene a ser su efecto? Renacer a Nueva Vida. ¿Renacer? Sí. Según eso, el que le recibe anciano ¿volverá al vientre materno de nuevo a vivir? No hará. Mas del agua renaciendo a la Vida de la gracia, volverá a vivir de nuevo sin la mancha original de aquel pecado primero que fue muerte; y así es vida la que en él le ofrezco. Pues nuestra circuncisión ¿no bastaba para eso? Distingo: bastaba en fe de que había de haber tiempo en que el Baptismo llegase; porque aunque hubo sacramentos en tu ley, fueron ensayos, como prevenciones de estos solamente. Otra y mil veces, ni te alcanzo, ni te entiendo. Gentilidad, yo remito a ti el examen, no quiero escandalizarme de oír a este que casi blasfemo habla en mi ley. Llegue a mí, que yo el examen acepto. Esto es mostrar que sus jueces fueron gentiles y hebreos. A aquellas proposiciones que asentaste estuve atento no más que a la mira. Ahora que estás en mi juicio quiero saber qué confirmación das a ellas. La que yo tengo: un sacramento segundo que confirmará el primero. ¿Cómo? Di. Como aquel que le reciba infante tierno en fe de padres, ya adulto le aceptará por sí mesmo, quedando en él confirmado. ¿Confirmado? Según eso, si aquel dio gracia y en él se confirma, ¿será cierto que confirmado en la gracia ya no podrá pecar? Niego, que el confirmarse en la ley no es en la gracia; supuesto que es sacramento una cosa y otra, gracia y sacramento, y le queda el albedrío para obrar bien o mal. Luego, si obra mal, ¿de qué le sirve la gracia de los primeros? Al poder convalecer del pecado que haya hecho. ¿Con qué? Con la penitencia, que es sacramento tercero. ¿Qué es su materia? Las culpas. ¿Y la forma? El «Yo te absuelvo». ¿Quién lo ha de decir? El digno sacerdote. ¿Hombre terreno podrá perdonar a otro sus pecados? Sí, teniendo delegada potestad. Tampoco yo te comprehendo, bien que parece que llevan tus razones fundamento. Judaísmo, tú eres docto, examina sus intentos que yo no hallo causa que repugne mi entendimiento. Reprobado, ni aprobado a tu juicio te le vuelvo. Desde Herodes a Pilatos me parece que anda esto. ¿Pablo? ¿Qué quieres? Valerme de tu ciencia y tu consejo. Doctor eres en mi Ley, toma, toma mis decretos, prosigue el examen tú sus errores destruyendo. Si haré, pues que no se da en lo alegórico tiempo, contra tu proposición en que asientas lo primero, que bautismo y penitencia vida dan, así argumento: en buena filosofía cada causa obra un efecto, pues ¿cómo dos causas pueden obrar uno a un mismo tiempo, dando dos cosas distantes una misma vida? Siendo ordenadas a un fin mismo, como lo son estas, puesto que para que una dé gracia y otras gracia y vida fueron instituídas. Y así, hay entre los sacramentos unos de muertos y otros de vivos. Los de los muertos, son penitencia y bautismo, porque dan la vida a aquellos que están muertos en la culpa; los demás no, porque estos dan solo augmento de gracia. Y así, son para su premio los unos de medio, los otros de necesidad de medio. Y ¿cuáles son los que augmentan la gracia? Todos son, pero el superior a los otros es la comunión. Por esto eucaristía se llama, que es decir de gracia augmento. ¿Qué es eucaristía?, ni ¿qué es comunión? Esto es volvernos a la pasada cuestión de la misa, en cuyo inmenso sacrificio se ha de dar la comunión de mi cuerpo en vino y pan. Calla, calla, que aunque no se da mi ingenio a partidos de vencido, escucharte no me atrevo sin horror. Y así, apelando desde la pluma al acero, a él me remito y con él castigaré tus intentos. Entonces y agora yo postrarte y rendirte pienso con solo una voz. ¿A mí con voz? Sí. ¿Cómo? Diciendo Saulo, ¿por qué me persigues? Cae en el suelo Pablo ¡Siguió el relámpago al trueno! Del desbocado caballo de mi altivo pensamiento que por el aire corría desvanecido y soberbio, intelectualmente caigo; nadie lo real eche menos, lo metafísico baste para verme a una voz muerto. Mas no, la vida me ha dado, pues iluminado veo en favor de mi fortuna todos los cielos abiertos. ¡Qué maravilla! ¡Qué asombro! ¡Qué prodigio! ¡Qué portento! A la vista yo de todo turbado estoy y suspenso. A él el accidente ha dado y a mí el temblor; ¿qué es aquesto, Pablo? Ya Pablo no soy ya no vivo yo en mí mesmo, Levántase como ciego. porque vive Cristo en mí. ¿Qué dices? Lo que es tan cierto que si estoy ciego a los ojos lince estoy a los misterios, con que en ellos ilustrado bien te puedo hablar en ellos y he de hablarte por escrito. Y para no perder tiempo, Fe divina, pues ya sabes que a tus órdenes me acerco, dame la que tú quisieres que yo al examen me ofrezco. Y para que veas si sé lo suficiente, te ruego me fíes el libro que está hoy para todos abierto, para que yo en él traduzga una epístola que pienso escribir contando a todos aquel divino misterio de la eucaristía, que ya, como he visto, reverencio; pues cuanto escriba, me ha dicho a mí, sin mí, el tercer cielo. Toma el libro, que yo a nadie negué la entrada a mi gremio, Dale el misal y si la epístola escribes, sea a los que no vinieron de mí llamados. ¿Quién son? Los de Corinto y Efeso. Escribe Lección de epístola, que Pablo escribe… ¡Rigor fiero! …a los corintos. ¡Si fuere la del día! Fuerza es serlo. Hermanos, yo recibí del Señor lo que os entrego: pues la noche antes que hubiese de ser entregado y preso tomando el pan en sus manos y haciendo gracias al cielo le bendijo y le partió, «comed y bebed» diciendo, «que este es mi cuerpo que ha de ser por vosotros mesmos entregado. Aquesto haced (dijo) en mi memoria». Y luego después de cenar, tomando el cáliz fue prosiguiendo: «este cáliz en mi sangre es el Nuevo Testamento. Siempre que comáis y siempre que bebáis, haced aquesto en mi conmemoración; pues cuantas veces comiendo este pan y bebiendo este vino se haga, estáis haciendo de la muerte del Señor un anuncio verdadero hasta que él venga. Mas ved, que el que indigno… ¡De oírlo tiemblo! …coma de este pan y beba de este cáliz, será reo del cuerpo y sangre de Cristo. Examínese primero el hombre; y así de este pan y vino pruebe cuerdo, y no indigno coma y beba el juicio contra sí mesmo. ¿Eso escribes? Esto escribo. Paréceme que con esto de epístola y grados ya las dos órdenes tenemos. ¿Qué importa si no hay quien dé testimonio de todo eso? Sí hay. ¿Quién puede darle? Yo. ¿De qué suerte? Escucha atento que esto y más me ha revelado al reclinarme en su pecho. Pablo, envíame ese libro que examinarme pretendo yo también. Y tú, divina Fe, al examen de mi ingenio el orden da que te agrade. Yo, pues solos grados tengo, ministro seré que pase el misal. Pues, sea advirtiendo que el libro llevas del lado adonde está el pueblo hebreo, que es mano siniestra mía, a la derecha en que veo hoy a la Gentilidad. No acaso, pues es diciendo lo ceremonial de aquesa acción, que de uno a otro pueblo la predicación se pasa. Pues significa lo mesmo de la epístola irá el libro al lado del evangelio. ¿Qué evangelio? El que se sigue según Juan: «En aquel tiempo dijo Jesús a las tropas de escribas y fariseos: “Verdaderamente es manjar mi carne y sustento, como verdaderamente mi sangre bebida. Siendo así, quien mi carne coma y beba mi sangre, es cierto que en mí se queda y yo en él, bien como mi Padre eterno viviendo en mí me envió y yo en él vine viviendo. Y así, el que a mí me coma, en mí vivirá, supuesto que come en mi carne el vivo pan que decendió del cielo, no ya como aquel maná que vuestros padres comieron y murieron, pues quien come este pan, vive en eterno”». Pues ya tenemos los grados y epístola y evangelio, ¿quién será de misa? Yo. ¿Cómo tú pretendes serlo si yo que te he examinado no solamente te apruebo, mas te repruebo porqué no estás suficiente? Yendo a la Gentilidad que me apruebe. Yo no me meto en reprobar ni aprobar; por ahora el voto suspendo. Quizá en eso que tardas diré la misa más presto. ¡Oh, quién hallara entretanto algún criminal pretexto con que quitarle la vida! Dentro ¡Romped las puertas! ¿Qué es esto? Sale la SINAGOGA de luto, suelto el cabello Arrastrando luengos lutos, la voz muda, helado el pecho, titubeando el labio, presa la lengua, torpe el aliento, entumecida la planta, atado el discurso, yerto el corazón, y por luto del alma suelto el cabello, a tus pies, Gentilidad, a tus pies, Hebraico Pueblo, como ádbitros que sois de la ley y del gobierno político y religioso, ofendido mi respeto, mi decoro profanado, mi antiguo esplendor deshecho, triste, ofendida y quejosa, a pedir justicia vengo. De ese aleve peregrino, de ese infame galileo, es de quien venganza pido, de quien desagravio espero, y de quien criminalmente ante los dos me querello, y en forma de acusación en vuestro juicio parezco. Palabra me dio de esposo ese príncipe extranjero que ha que espero tantos días, cuyos contratos hicieron Oseas, ante quien dijo «ser tu esposo te prometo en fe y justicia»; Isaías, ante quien su padre mesmo promete a la Sinagoga en dote todos sus reinos; Salomón, en los Cantares cuando fino amante tierno desde el Líbano me llama; sin otros sagrados textos que por notorios no digo o por muchos no refiero. Y siendo así que a mil vidas iba dilatando el tiempo este aleve, este tirano, este engañoso, este fiero traidoramente falseó las firmas de todos estos testimonios con tan grande, tan osado atrevimiento, que me hizo creer algún día que era él mismo, consiguiendo que le recibiese en palmas todo el aplauso del pueblo. Con esta fe de mi honor por entonces se hizo dueño, hasta que de sus engaños examiné sus intentos. Pues a nueva ley me quiere obligar, reconociendo a la Iglesia por esposa en mi oprobio y mi desprecio. Ordenarse en ella trata, dejando su fingimiento amancillado mi honor, a las censuras expuesto de la entrada que le di. Y así, a sus órdenes vengo livianamente engañada a poner impedimento, y acusarle de alevoso y falsario que, no siendo quien dice que es, alborota con escándalos al pueblo, a cuya novedad toda la república, advirtiendo sus engaños, alterada contra él clama, siendo ecos de mis lamentos cansados sus no cansados lamentos. Atajad las disensiones con que amotinarse veo en bandos cuantas familias de nobles y de plebeyos hoy la gran Jerusalén contiene a mi llanto atentos. Justicia y venganza pido, arrastrando por el suelo toda la pompa que fue candor y yugo primero de los adornos del día. Y si no basta a ti Hebreo Pueblo, a ti Imperio Romano, la habré de pedir al cielo, al sol, a la luna, estrellas, agua, tierra, fuego y viento, peces, aves, fieras, plantas, a cuyo favor apelo cuando en desagravio mío hagan por él sentimiento, estremecidos los ejes, desplomado el firmamento, titubeadas las estrellas en confusas sombras viendo túmulo la noche al grande cadáver del universo. No prosigas, que ha venido tu querella al mejor tiempo que pude desear. Tú a ella ¿qué dices? Que el verdadero esposo soy y no pudo nunca en mí estar el defecto de no cumplir mi palabra sino en ella, procediendo infiel, pues me desconoce. Mientras se averigua eso, pues eres el acusado, es preciso que estés preso. Date a prisión. Va asirle Ya lo estoy. Pues ven conmigo. No tengo de rehusarlo que, aunque piensas que a engañarte, vine a esto. ¡Ay de mí! No temas Fe, pues tú eres por quien padezco. Vase Ven, Gentilidad, a hacerle tú la causa. Yo no tengo causa que hacerle; hazla tú, que no ha de decir el tiempo que la Gentilidad tuvo parte en su persiguimiento. Vase Sí dirá, pues que forzado habrás de venir en ello; o yo me vengaré solo, pues ya en mi poder le tengo. Vase Aunque me cueste la vida, hablar en su verdad pienso libremente al Judaísmo. Vase Yo, a la mira del suceso, le asistiré hasta las aras como amigo verdadero. Vase Yo a escribir en su descargo iré a romanos y hebreos. Vase Traza tiene de escribir ¡voto a diez!, y aun adefesios. Aunque no es simplicidad saberse escapar del riesgo, huiré de aquí, que no hay simple, que lo sea en su provecho. Vase ¡Ah ingrata! ¿Qué has conseguido con la demanda que has puesto? Vengarme de él y de ti atajando sus intentos de que al orden se me llegue ni sea tuyo. Antes pienso, que nunca ha sido más mío que cuando está padeciendo. Por lo menos no será tu Sacerdote Supremo, como preso. Sí será, y nunca más cerca a serlo. No será, pues que vendados los ojos le cubre un velo. Sí será, pues es amito, que es de fortaleza yelmo. No será, pues por escarnio blanca toga le han cubierto. Sí será, pues es el alba uno de sus ornamentos. No será, pues en las manos un cordel atarle advierto. Sí será, pues ese es del manípulo el aprecio. No será, pues una infame soga le han echado al cuello. Sí será, pues es la estola, que le está cruzando el pecho. No será, pues a una dura coluna amarrarle veo. Sí será, pues esos lazos son un cíngulo perfecto. No será, pues en sus sienes bronca corona le han puesto. Sí será, pues sus espinas la corona le han abierto. No será, pues una cruz al hombro le están poniendo. Sí será, pues la casulla y ella son el yugo nuestro. No será, pues al Calvario va tropezando y cayendo. Sí será, pues ese es el plano al altar dispuesto. No será, pues en él ya ponen la cruz en el suelo. Sí será, pues es tenerla el tabernáculo en medio. No será, pues desmayado se confiesa de su pecho. Sí será, pues es estar ya la confesión diciendo. No será, pues ya desnudo sobre ella ajustan el cuerpo. Sí será, pues sobre el ara ve el corporal descubierto. No será, pues el tumulto clama desde lo más lejos. Sí será, pues son los kiries, de los profetas los ruegos. No será, pues pies y manos ofrece al clavo sangriento. Sí será, pues ese es el ofertorio que ha hecho. No será, pues fallecido yace en profundo silencio. Sí será, pues es que está en el memento primero. No será, pues ya le alzan enclavado en un madero. Sí será, pues eso es alzar la hostia a todo el pueblo. No será, pues amarguras le dan cuando está sediento. Sí será, pues es el cáliz, que va a la hostia sucediendo. No será, pues perdonando dice que ya está muriendo. Sí será, pues de difuntos es el segundo memento. No será, pues que ya expira, dividiéndose alma y cuerpo. Sí será, pues eso es partir la hostia por en medio. No será, pues una lanza saca agua y sangre del pecho. Sí será, pues ese es el lavatorio postrero. No será, pues un sepulcro le recibe helado y yerto. Sí será, pues de él glorioso sale triunfando y venciendo. ¿Cómo triunfando y venciendo? Como tú verás al tiempo que venga segunda vez a juzgar vivos y muertos, que de esta primera misa será el postrer evangelio. Vase ¿Que de esta primera misa será el postrer evangelio? ¿Cómo? ¡Ay de mí! ¡Qué furor! Sale el JUDAÍSMO ¿Cómo? ¡ay de mí! ¡Qué tormento! ¿Quién los acentos me hurta? Porque aun me faltan acentos en que pueda desahogarme. ¡Sin duda, sin duda, cielos! Verdaderamente era este hombre Hijo de Dios mesmo. Si eso dijo el centurión, no has de decirlo ni creerlo. ¿Quién eres? Tu Sinagoga. Ni te conozco ni puedo ya conocerte porqué desde este instante te pierdo. ¿Cómo? Como forajido, prófugo y vago no tengo patria ya en que aposentarme, ni casa, ni ara, ni templo: todo lo perdí. No todo, que si a hacer memoria vuelvo aún se están mis sacrificios vivos: vamos a acogernos al de Abel. Con el sacrificio y con el cáliz se aparece ABEL y el BAPTISTA en su nicho Ya no hallarás en mí el abrigo primero. ¿Por qué? Porque como a sombra me ha llegado el cumplimiento. ¿Quién eso te ha dicho? Yo, que fui el que enseñó el Cordero de este sacrificio al mundo, cuya sangre está pidiendo con la mía y la de Abel justicia y piedad al cielo en ese cáliz en quien ya es divino sacramento. Vamos al de Isaac Aparecen ISAAC y PABLO con el sacrificio Ya no hallaréis en él el mesmo. ¿Cómo? Como yo que dije que en nada gloriarme debo sino en la cruz, en el haz de leña hallé este madero Descúbrese la cruz labrado, en que se vertió aquella sangre cumpliendo mi epístola, pues de todo fue la cruz el fundamento. Al trigo de Josef vamos. Con las espigas aparecen JUAN y JOSEF en el trono Ya el trigo es pan de los cielos. ¿Cómo? Como se cumplió en él todo mi evangelio, siendo el pan de sus espigas, pan de los ángeles bellos. Descúbrese la hostia ¿De qué suerte? Aparece EMANUEL de gala en el carro donde estuvo Melquisedec con el sacrificio de pan y vino con una hostia De esta suerte: bien veis que presentes tengo aquel cáliz con la sangre en que se manchó aquel leño y esta hostia que se hizo del pan de Josef, a tiempo que está de Melquisedec el sacrificio compuesto de pan y vino, a quien yo ahora sostituyo, siendo según orden suya sumo sacerdote. Pues mi cuerpo y mi sangre es la que veis, juntando en un sacramento el cordero, leña y trigo, porque vea el universo reducido al pan y al vino el mayor de los misterios que a la Sinagoga hice, pues no quiso ella creerlos. ¡Qué pena! ¡Qué ansia! ¡Qué ira! ¡Qué confusión! ¡Qué tormento! Yo, que soy la Fe, esposa suya, le adoro y lo creo a cuya eucaristía, pues ella es de gracia el augmento, acompañando mis voces todos me seguid diciendo: A las órdenes todos vengan de la Fe, donde están pan y vino de Melquisedec en mejor sacrificio que se encierra en él carne y sangre, el cordero, la leña y la mies.