Pedro Calderón de la Barca A Dios por razón de estado Personas EL INGENIO, galán. EL PENSAMIENTO, loco. LA GENTILIDAD. LA SINAGOGA. ÁFRICA. EL ATEÍSMO. SAN PABLO. EL BAUTISMO. LA CONFIRMACIÓN. LA PENITENCIA. LA EXTREMAUNCIÓN. EL ORDEN SACERDOTAL. EL MATRIMONIO. LA LEY NATURAL. LA LEY ESCRITA. LA LEY DE GRACIA. Tres mujeres que cantan. Coros de música. Suenan instrumentos, y mientras se canta la primera copla sale al tablado EL PENSAMIENTO, vestido de loco, como huyendo del INGENIO, que procura detenerlo. Gran Dios, que ignoramos, abrevia el tiempo y haz que te conozcamos, pues te creemos. ¿Dónde, Pensamiento, vas? Detente. Si eres tan necio que haces pretensión de que se detenga el Pensamiento, ¿cómo de sabio blasonas y altivamente soberbio Ingenio te llamas? Como una cosa es que el Ingenio parar te quiera, y otra es que tú pares; y püesto que son actos encontrados tu libertad y mi afecto, pues cuando te he menester en las esferas del Cielo sabes bajarte al abismo, y si en el abismo quiero hallarte, está ya de esotra parte del mar, revolviendo de uno a otro instante la inmensa fábrica del universo, tan veloz que el viento aún no te alcanza, con ser tú el viento. Con todo, esta vez permite que tenga, no digo imperio en ti, sino voluntad, y conmovido a mi ruego, párate, porque tú quieras pararte, no porque quiero pararte yo. Sí lo haré, persuadido, no sujeto; que quiero aquesta vez, dócil, hacer verdad el proverbio de que no hay loco tan loco que no esté algún rato cuerdo. ¿Qué me quieres, pues? Saber adónde vas, que, violento, hoy más que nunca, me llevas tras ti. Los dulces acentos de una métrica armonía (que es en repetidos ecos sonoro enigma del aire, cuyo sentido no entiendo), me arrebatan a saber qué quieren decir, diciendo. Gran Dios, que ignoramos, abrevia el tiempo, y haz que te conozcamos, pues te creemos. La misma duda que tienes es también la que yo tengo, y la misma confusión que tú padeces, padezco; a Dios, que ignoran, aclaman estas gentes. Sí, pues vemos cuán claramente sus voces lo publican, repitiendo. Gran Dios, que ignoramos, abrevia el tiempo... Pues ¿cómo es posible que den, o bárbaros, o ciegos, culto a Dios, de quien no saben que Dios sea, prosiguiendo? Haz que te conozcamos, pues te creemos. Eso es lo que yo no sé, y saber quisiera. Luego, yendo a un mismo fin los dos, ¿así no iremos opuestos? Claro está, pues a un fin mismo van Ingenio y Pensamiento, fuerza es por aquel instante avenirse. Según ello, ya por este instante amigos, ¿juntos hoy los dos podremos penetrar lo enmarañado de ese monte, en cuyo centro las voces se escuchan? Sí, y de mi parte te ofrezco asistirte hasta que apures del sacrificio tan nuevo la causa, pues a los dos, en alcance del misterio, a mí me toca el pensarlo y a ti te toca el saberlo. Pues para que con mejor noticia pueda el concepto (que embrión del alma, aún no informa órganos del cuerpo) en lo que ha de discurrir hacerse capaz, primero que lo discurra a esta parte ocultos examinemos voces y acciones. Bien dices y es a propósito el puesto, que ya de aquí se descubre, en el más oculto seno de esa bárbara montaña, un edificio soberbio. Descúbrese una montaña y vese la fábrica de un templo abierto a todas partes, y en el frontispicio esta letra: «Ignoto Deo». Rústica casa, sus riscos son de la joya de un templo, que en sus entrañas construye la Gentilidad de aquellos ingeniosos moradores de la Grecia. Y aunque abierto a cuatro vientos está, ni ara, ni altar tiene dentro, ni imagen, ni simulacro de quien se intitule dueño de su culto. Solamente en el frontispicio veo, por clave a su medio punto, de un tarjetón el letrero, como inscripción que dedica la fábrica de su bello edificio. ¿Y cómo dice la inscripción? «Ignoto Deo». ¿Al Dios ignorado? Sí. Pues ¿cómo puede ser eso? Dios ignorado, ¿no implica contradicción? Y es tan cierto que a no ser comunicable, Dios no fuera Dios, lo pruebo; con que imperfecto el bien fuera no comunicado; luego no pudiendo el ser de Dios ser nunca bien imperfecto, ha de ser comunicado; hable allá entre los hebreos aquel Texto de Abacuc, en que le espera su pueblo, no sólo como hoy le adora en tantas obras inmenso, pero tan comunicable, que le trate el alma y cuerpo; pero esto es de otro lugar; y así, desde éste escuchemos qué género de hostia dan al Dios ignorado esos que, ignorándole, le aclaman, y ya alumbrados, y ciegos, de su templo a los umbrales dicen cantando y tañendo. Dios no sabido hasta ahora, pues solamente por Fe. Sale la MÚSICA cantando y los hombres que puedan y mujeres vestidas a lo romano, bailando, y detrás LA GENTILIDAD, con corona de laurel, manto imperial, espada y bengala, y mientras cantan va hacia el templo.;Cantando.; Gran Dios, que ignoramos, abrevia el tiempo. la Gentilidad te cree entre los dioses que adora, permite que quien te ignora te conozca, a cuyo efecto. Bailando, cruzados atravesados. Ser, que sólo imaginado te adivina la noticia tal vez Dios de la justicia, y tal vez Dios del agrado: permite que declarado te merezca el amor nuestro. Y haz que te conozcamos, pues te creemos. Dios de pocos prevenido y de pocos esperado, a cuyas aras postrado todo este pueblo ha venido: ya que el templo te ha ofrecido, ven a poseer el templo. Y haz que te conozcamos, pues... Deteneos, suspended los regocijos, las músicas y los versos que al viento entregados, leve patrimonio son del viento, y permitid a un errado peregrino, a quien suspenso trae del acento el imán (si es que es imán el acento), una razón de dudar en vuestros ritos, oyendo que a un Dios, de quien no sabéis, dais religiosos obsequios. ¿Cómo es posible, que haya en la ignorancia pretexto que a eso os persuada? ¿Quién eres, advenedizo extranjero, que sacrílego en dudarlo, eres curioso en saberlo? Si de dudar la razón no lo ha dicho, pues es cierto que la razón de dudar sólo le es dada al Ingenio, el día que duda, al fin, de saber, a cuyo efecto trae, no sin causa, hoy así aplicado el Pensamiento; el Ingenio soy humano, cuyo nombre compusieron de tres etimologías tres idiomas, pues el griego dice que el Ingenio es extensión de entendimiento, y por la divinidad del alma dice el hebreo que es un no engendrado ser del alma misma, añadiendo el latino, a que es del alma parte, no engendrado, siendo el ingénito de donde el nombre toma, supuesto que ingénito y no engendrado viene a traducir lo mesmo, cuyo acento, corrompido en hispanismos del tiempo, de aquel infinito ser hizo síncopa el Ingenio. Y para que nada os quede que dudar al argumento, que he de poneros en sacra objeción del rito vuestro, amante soy de las ciencias, por cuyo rendido afecto, siendo Philos el amor, y Sophia la ciencia, puedo decir que Filosophía es la dama que más quiero. De ésta, pues, enamorado es mi nombre, o de serlo en la nueva alegoría del acto que hoy represento, yendo de historial sentido y alegórico compuesto. Dionisio, que significa lo acendrado y lo supremo de aquella divinidad del alma, como diciendo que es quintaesencia del alma el nombre de que me precio. Y si de curiosa acaso no lo crees, fácil es verlo, que Aquel que dijo Dionisio, dijo (hable el Sacro Texto) Divinidad destilada, que es decir lo más intenso de la porción de divina que goza el alma, y si esto no basta para saber quién soy, aunque fue mi empleo la escuela de Apolo, Marte me admite entre sus estruendos, cuando entre los aparatos de sus máquinas, de fuego no es el menos estimado el arte del ingeniero; y así, de pago, que es posesión o heredamiento, y de Aries, que es Marte, tomo el sobrenombre, añadiendo el Dionisio, que antes dije Pago, y Aries, con que haciendo a Dionisio Aries, y Pago cabal mi nombre, a ser vengo a dos luces por los dos sentidos: en el primero el de Dionisio Areopago, en el segundo el Ingenio; el Pensamiento, este loco, que pocas veces atento se ve a obedecer, me asiste, con él y mi ciencia vengo deseoso de saber qué culto, qué rendimiento es este que dais a un Dios, si a la aclamación atiendo, que ignoráis, porque quisiera saber con qué fundamento se da al templo, y no al altar ni al simulacro. Oye atento, que aunque en rigor no me toca satisfacerte, pretendo, ya que a dos luces me hablas, mostrar que a una y otra atiendo. Yo soy la Gentilidad, cuyo nombre me dio el mesmo significado del nombre, pues las gentes que poseo, por su grande multitud, me aclaman así, advirtiendo que en las gentes el mayor número a mi cargo tengo, bien que negando mis dioses, el bárbaro Ateísmo ciego, muchas me llevo tras sí; pero no es del caso esto, y así, hablando de mí sola, a atar el discurso vuelvo. Yo soy la Gentilidad, y aunque corte es de mi imperio Roma, por quien a segunda luz también yo me interpreto Europa, esta parte de Asia hoy me merece, asistiendo al ceremonioso rito de los devotos festejos de un ignoto Dios, a cuya causa ves sin ara el templo, altar ni estatua, porque aunque noticia tenemos de Él, es noticia remota, y así, esperando y creyendo que próxima la tengamos, esta invocación le hacemos en fe de venturo Dios, como aclamando, y pidiendo que al desocupado solio venga a llenar el asiento. Paréceme que tú ahora entre ti estarás diciendo qué razón hay para que yo espere nuevo Dios, puesto que en la Gentilidad mía de uno el número pequeño no puedo hacer falta, cuando más de tres mil dioses tengo. Pues para que no lo digas y sepas con qué pretexto al nuevo ignorado Dios culto y fábrica prevengo, sabrás que es porque entre tantos sabios y doctos sujetos como la escuela de Atenas laureó en sus cátedras, siendo de la gran Filosofía honor, patria, lustre y centro, los que más me señalaron fueron los estoicos, siendo cuidado de sus estudios, de sus vigilias desvelo el desprecio de la vida, investigando, inquiriendo, y apurando, siempre humildes (si ya no siempre soberbios), la sacra naturaleza de los dioses discurriendo en una primera causa, a cuyo cargo quisieron que estuviese reducido el orden del universo; de éstos, pues, al creer que todo debajo está de un gobierno y que con igual arbitrio cuida algún poder inmenso, desde el hombre hasta el gusano, y desde el mayor lucero a la menor planta, dijo uno, había un Dios supremo, todo manos, todo ojos, todo oídos a que luego causa, añadió, de las causas. Otro, que dijo muriendo, ten de mí misericordia, cuyos dos altos acuerdos pusieron en esperanzas de que había de venir tiempo que este Dios, causa de causas, de ojos, manos y oídos lleno, se nos declare, y se dé a conocer y así, a efecto de persuadirle con dones y de obligarle con ruegos en este sagrado monte, que yace, eminente, en medio de Heliópoli, ciudad del sol, y Atenas, asiento de las ciencias, consagró la vecindad de esos pueblos ese alcázar, dedicando la majestad de ese templo al ignoto Dios, a cuyos umbrales cada año hacemos festivas aclamaciones, y pues que ya, satisfecho tu discurso, no le queda réplicas al argumento, nada respondas, sino ociosamente suspenso atiende al alegre culto de nuestra Música, puesto que en materias de fe, sólo toca callar al Ingenio. Bien dices, pues aunque ya quiera responder, no puedo según me deja admirado de vuestro rito el pretexto; y así, proseguid, que yo ni lo apruebo ni repruebo. ¡Ay, Pensamiento, contigo qué de cosas que hablar tengo! Pues luego me las dirás, que, por ahora, más quiero introducirme en el baile que en la duda. Según ello, ¿no me cumples la palabra, pues me dejas? No te dejo sino es póngome de esotra parte por este momento, que soy un poco alegrillo de cascos, y más deseo verme por aqueste rato bailando que discurriendo. Cuando tú no te pusieras de parte de tus festejos, tus músicas y alegrías, te pusiera yo, y aún tengo (por notarlos de más cerca) de introducirme con ellos. Pues va de máscara y baile. De tono y letra mudemos. ¿En él entras? Esto sólo es seguir mi Pensamiento. Empieza la Máscara, guiando LA GENTILIDAD y EL INGENIO, y luego EL PENSAMIENTO y los demás. Al sacrificio de Dios ignorado acude devoto y festivo el afecto. Vueltas en cruz. Mostrando si es causa de todas las causas, que humano responda a la causa el efecto. Mostrando. Al sacrificio. Pidiendo, si es manos, oídos y ojos, que venga a tocarnos, oírnos y vernos. Pidiendo. Cruzados en ala. Al sacrificio. Bandas hechas. Pues ya tres mil dioses no valen por uno, cuando el tres es uno y los otros son ceros. Bandas deshechas. Al sacrificio. Suena ruido de terremoto y se asustan. ¿Qué es esto, cielos, qué es esto? ¿Qué impensado terremoto en todos cuatro elementos se amotina contra el sol? ¡Qué prodigio! ¡Qué portento! ¡Qué maravilla! ¡Qué asombro! Suena el terremoto siempre. Abajo se viene el Cielo. A las grutas de los montes vamos todos a escondernos. Vanse, y quedan LA GENTILIDAD, EL INGENIO y EL PENSAMIENTO. De iras de Dios no es posible. ¿Cómo pudo en un momento, estando del sol y luna la interposición tan lejos, haberse eclipsado el sol sin que ella se ponga en medio? No eres el Ingenio. Sí. Pues dínoslo tú. No puedo, que el Ingenio humano aún no se halla capaz de saberlo; mas veme tú preguntando, quizá iré yo respondiendo. Y esté yo a lo que discurren absorto, mudo y suspenso. ¿Qué quiere ser, que el cielo oscurecido a media tarde de un tupido velo, en parda sombra el manto azul teñido, envuelto en rubio ardor el negro suelo, bien como para dar un estallido, si se cae, o no se cae el cielo, se turba, se desploma o se estremece? Que expira el cielo, o su Hacedor padece. ¿Qué quiere ser, que el Sol sin el ocaso siente tan melancólica agonía, que, bandida la noche, le está al paso para robarle la mitad del día, y que el cobarde, a vista del fracaso se deje de su trágica osadía tanto ultrajar, que súbito fallece? Terremoto. Que expira el Sol, o su Hacedor padece. ¿Qué quiere ser, que errantes las estrellas, cómplices de su robo al mismo punto que yace el día, no resulte en ellas para la noche aun el menor trasunto, quedando todas las esferas bellas como casa de príncipe difunto, adonde nada en su lugar parece? Que expiran hoy, o su Hacedor padece. ¿Qué quiere ser, que en desigual fortuna la Luna, al ver al Sol, tan decaída atrás vuelve, y retrógrada la Luna, la media edad se eclipse de la vida, pues sin piedad, sin lástima ninguna, de sí misma sacrílega homicida, baja la luz con que ella resplandece? La Luna expira, o su Hacedor padece. ¿Qué quiere ser, que el mar gima violento, dando a la tierra horror, y que la tierra, abiertos uno y otro monumento, aborte los cadáveres que encierra, que el fuego gire a escándalos del viento, que el tiempo se haga a ráfagas la guerra, con que del mundo el paroxismo crece? Terremoto. Que el Mundo expira, o su Hacedor padece. ¿Cubrirse el Cielo, el Sol oscurecerse, faltar la luz, la luna ensangrentarse, los astros irse, el mar embravecerse, la tierra piedra a piedra quebrantarse, el fuego helarse, el aire entumecerse, y todo, en fin, que quiere ser turbarse tanto que vuelve todo el caos parece? Que todo expira, o su Hacedor padece. ¿Que todo expira y su Hacedor padece sólo me respondes? Sí. ¿Pues cómo puede ser ello? Quien dice Hacedor, ¿no dice primer principio? Concedo. Quien dice primer principio, ¿no dice poder inmenso, de quien se origina todo antes y después Eterno? Concedo también. Pues, cómo, ¿si sólo un Dios puede serlo, ha de padecer? ¿No implica Dios, y pasible? Mal puedo negarte la consecuencia si ya no es que a tu argumento tu argumento te responda. ¿De qué suerte? Con el mesmo, si Dios ignorado implica y tú crees que puede haberlo, qué mucho que dude yo que haya, el ejemplar siguiendo Dios y pasible. Y así, entre tu yerro y mi yerro, tú creyendo y yo dudando, a discurrir me resuelvo. ¿Qué? Que aunque implique, uno y otro puede haber. Di. Fundamento, pues tú le estás ignorando para estar él padeciendo. Entre una y otra razón ambas dudo y ambas creo. Y así, sin parar en una, de una en otra voy y vengo. Dando vueltas entre los dos. Yo no he de creer que haya Dios pasible. A ti me atengo. Yo que haya ignorado Dios tampoco creeré. A ti vuelvo. Bien puede ser ignorado de mí y de otro no. Esto es cierto. También puede padecer no como Dios. También esto. ¿Pues ha de ser otra cosa siendo Dios? Tu duda apruebo. No sé; mas, siendo Dios, todo lo podrá. La tuya aprecio. Ése es error. Tras ti voy. Es engaño. A ti me acerco. ¡Oh, cuál anda entre los dos vacilando el Pensamiento! ¿Qué ha de hacer si ambos iguales tiráis de mí, tan a un tiempo, que yendo y viniendo a entrambos descanso en ninguno tengo? Vente conmigo, que yo, que en mí lo hallarás, te ofrezco. ¿Cómo? Como desvelada la confusión de mi ingenio en dos extremos tan grandes como tu extremo y mi extremo. En ti imaginando un Dios de ojos, manos y oídos lleno, que, como dijiste, sea causa de causas, y luego en mí un Dios imaginado a la vista de este estruendo, que sea pasible, he de hacer de ambas dudas un compuesto para asunto de este acto. ¿De qué suerte? Discurriendo el Mundo por cuantas Leyes, cuantos Ritos, cuantos Fueros una y otra Religión tienen, hasta que mi anhelo, haciendo razón de estado, la que ahora de dudar tengo, la causa halle de las causas, que tenga (toda oídos siendo, toda ojos, toda manos) la conveniencia de serlo para padecer. Si intentas hallar tal Dios, ¿dónde, ciego, le has de hallar si no es en mí, que en todas partes le tengo? En mí, pues Ingenio soy. Mercurio es dios del Ingenio. Pues iré al Cielo a buscarlo. Júpiter el Dios del Cielo. Pues buscaréle en la tierra. Ceres diosa es de su centro. Iré a buscarle en los mares. Neptuno es Dios de su Imperio. En el fuego le hallaré. Apolo es el Dios del Fuego. El viento me dirá de él. Juno es la diosa del viento. Buscaréle en las campañas. Marte es dios de sus estruendos. Quizá estará en los jardines. Sus diosas son Flora y Venus. En las paces de las Cortes. Minerva está en su gobierno. En los bosques más incultos. Diana es la diosa de ellos. Pues el tiempo sabrá de él. Saturno es el dios del Tiempo; de suerte que no hallarás en todos cuantos objetos te represente la idea, te imagine el pensamiento, parte donde no esté un dios que yo adore. Y aun por eso no le he de buscar en ti. ¿Por qué? Porque considero que quien tiene muchos dioses no tiene al que yo pretendo, mayormente cuando en todos los que me has nombrado advierto que a las dos contradicciones de los dos discursos nuestros añades otra imposible de vencer. Eso no entiendo. ¿Cómo? ¿Cómo en lo ignorado y en lo pasible cubierto puede algún misterio haber que por ahora no comprendo? Pero en lo pecaminoso no es posible haber misterio que a la razón natural no repugne, pues más cierto es de un Dios en los delitos quitarlos que cometerlos. Hablen en Mercurio robos; en Júpiter, fingimientos; en Apolo, ansias y amores; en Ceres, envidia; celos en Juno; en Saturno, iras; en Diana, devaneos; avaricias en Neptuno, y entre Proserpina y Venus hable de Plutón el robo y de Marte el adulterio, pues, ¿cómo he de hallar en ti efecto útil si en ti veo pecaminosas las causas de las causas? El aliento suspende; no, no prosigas, pues basta que tan soberbio, siendo mío, de mí huyas sin que hagas de mí desprecio. Ven, Pensamiento, conmigo; deja ese loco. No puedo ir tras de ti. ¿Por qué? Porque la agudeza soy del Ingenio; tras la natural razón me arrebata el Pensamiento. Pues dejaréte con él, que si la verdad confieso tampoco puedo apartarte yo de tu Discurso. ¡Cielos!, si acaso, como imagino, algún grande agravio vuestro fue de este eclipse la causa, yo os vengaré, y para esto serán Tito y Vespasiano los Césares de mi Imperio. ¡Ea, Pensamiento, vamos! ¿Dónde hemos de ir? Transcendiendo, supuesto que no se da en lo alegórico tiempo, ni lugar, todos los ritos, hasta que halle Ley en ellos de un dios ignoto y pasible le cuadre a mi entendimiento. No ha sido muy mal arbitrio para entablar este intento acompañarte de mí. ¿Cómo? Como el más severo crítico no hará censura de ver, que el mundo corremos, si su pensamiento viene siguiendo a tu Pensamiento. Dices bien, pues viendo al suyo volar dejará el ajeno. Sin que el Ingenio padezca la objeción de otros Ingenios. Pues en esa confianza ven, y ya que a tu concepto desagradan muchos dioses, pasemos de extremo a extremo, vamos donde no hay ninguno. ¿Cómo eso puede ser? Viendo que aquel que de brutas pieles, por significar tu afecto, en lo bárbaro del traje indio bozal y grosero se muestra, es el Ateísmo. Descúbrese un peñasco, y se ve en él EL ATEÍSMO en el traje que dicen los versos. ¿Qué hace? Rendido está al sueño. ¿Día de tan grande asombro duerme? Sí. Yo le despierto, más del sosiego admirado que envidioso del sosiego. ¿Ateísmo? ¿Quién me llama? Yo, que en busca tuya vengo. ¿Quién eres y qué me quieres tú, que me das tantas voces? ¿Al Ingenio no conoces? Bien se ve cuán bruto eres. ¿Tú eres el Ingenio? Sí, y de ti saber quisiera. Si eres el Ingenio, espera. ¿Cómo dudas que yo oí que el Ingenio respondía cuando se le preguntaba, no que el Ingenio dudaba? Ésa es la excelencia mía. Di, ¿cuál? Saber preguntar para saber responder. Pues di, ¿qué quieres saber de mí? De este singular eclipse, que no hay persona a quien no haya estremecido viendo al sol oscurecido desde la sexta a la nona, ¿qué es lo que has investigado? Porque reducir quisiera (y en la tuya la primera) las opiniones que he hallado para todo el Orbe. Pues si la mía he de decir lo que he llegado a inferir de este gran delirio es que como este cuerpo humano, compuesto de cualidades, sujeto está a enfermedades que le ocasiona el hermano, temple de sus cuatro humores a que responden atentos todos los cuatro Elementos, así a los hielos o ardores de su destemplanza, está el Universo sujeto, a cuya causa este efeto asombro a los otros da, no a mí, que su novedad no me asusta al ver que es llano que dio, como al cuerpo humano, al Mundo una enfermedad. Y así, por no discurrir si moría o si sanaba de ella, mientras se pasaba la ascensión me eché a dormir. ¿Luego tú no has discurrido en que efecto ser pudiera de alguna causa primera? ¿Quién primera causa ha sido? Un dios, que vamos buscando por todo el mundo los dos. ¿Un dios? Sí. ¿Qué cosa es Dios? Eso voy investigando. Nunca en eso me cansara yo, porque nunca creyera que le hallara ni pudiera. En lo que dices repara, que esta opinión satisfizo a cuantos el mundo ven criado. A mí, no. Pues di, ¿quién hizo este mundo? Él se hizo. ¿Quién para nuestros provechos hizo con fábrica igual esos orbes de cristal? Ahí nos los hallamos hechos. ¿Quién aquese luminar del sol, que es alma del día, y quién de la noche fría concurso tan regular, que del Oriente al Ocaso accidente tal no ha habido que los haya pervertido? Uno y otro sería acaso. Y di, ¿el acaso podía darte a ti vida, alma y ser? Quien dio ojos para ver todo ojos no sería. ¿Quien dio oídos, todo oídos? Quïen manos, ¿manos todo? ¿Y de aquese mismo modo es todos cuantos sentidos con superior armonía le dieron ser al no ser? Yo no hice más que nacer, sin saber a qué nacía, cómo ni cuándo, y así no habrá razón que me cuadre: como otro engendró a mi padre, mi padre me engendró a mí. Sí; pero al primero, ¿quién? Del uno la corrupción, dime, ¿no es generación del otro? Sí. Luego bien puedo pensar que la prima materia se corrompió y al primer hombre engendró. Y el alma que en él anima, ¿pudo de corrupción tal engendrarse? ¿No lo ves, siendo inmortal como es? ¿Luego el alma es inmortal? Bien nos lo deja inferir la Divinidad que trae consigo. Yo no sé que hay más que nacer y morir. Y así argumentos dejemos, y por que amigos seamos comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos. Calla, calla, que tan ciega doctrina no se ha de oír, pues no se debe argüir con quien los principios niega. Discursos buenos ni malos con él no tienes que hacer, que éstos no se han de vencer a razones, sino a palos. Amigo, si no hay primera causa, ¿quién mueve mi acción a darte este mojicón? ;Dale un golpe.; Loco. Pensamiento, espera. Pensamiento, de él intento huir, que no me ha de dar a mí placer ni penar en mi vida el Pensamiento. ;Huye. ; ¿Qué dices de esto? No en vano confieso sus devaneos de Theos Dios y Antitheos el contradiós, con que es llano que los ateístas son por quien David repetía que el no haber Dios lo decía el necio en su corazón. Y aun ése es el argumento con que una canción que oí lo prueba bien claro. Di la canción. Escucha atento. En su corazón el necio dijo a sus solas: «No hay Dios»; luego hay Dios, pues hay quien supo lo que él dijo a solas en su corazón. Cantar. Huir de este error conviene. ¿Y dónde habrá en quien reposes si huyes de quien tiene dioses y huyes de quien no los tiene? En quien tenga sólo uno, que si un error a otro igualo, tener muchos es tan malo como no tener ninguno. Pues si uno quieres hallar, África sus montes llenos de ismaelitas y agarenos tiene, que de Ismael y Agar descienden, y sólo un Dios adora, a quien llama Alá, que es Dios grande. Sí, pues ya muero, por que a ver los dos lleguemos al fundamento de esa ley. Presto podrás, puesto que para eso vas en alas del pensamiento, verla allí; en bailes, amores y banquetes divertida pasa lo más de su vida. Dentro instrumentos. Aunque adore un Dios errores debe padecer, pües canta cuando todo llora. Atiende a su zambra ahora, que de eso hablarás después. Sale ÁFRICA de mora, y en el mismo traje músicos, hombres y mujeres, bailando todos los que pudieren. Bailad, africanos, bailad, que ya se os acerca el profeta de Alá. Dos cruzados. Ya que en turbadas estrellas la mágica nuestra vio aquel profeta que yo previne en sus luces bellas, diciendo este eclipse en ellas que presto a vernos vendrá. Vueltas. Bailad, africanos, bailad. De nubes los aires llenos ni os den sustos ni desmayos, que son su salva los rayos, los relámpagos y truenos, y pues los cielos serenos aplacan su enojo ya. Bailad, africanos, bailad. Tente, ¿dónde vas? ¿No es llano que en oyendo son no es posible irme yo a los pies como otros van a la mano? Y pues tenerme es en vano, ya estamos todos acá. Bailad, africanos, bailad. ¿Cómo, África hermosa, el día de tan grande sentimiento en tierra, agua, fuego y viento, celebras con alegría? ¿Qué causa te mueve? ¿Quién eres, que aunque ya te vi no bien te conozco? A mí pocos me conocen bien. El Ingenio soy humano. Así en casa de Abraham, cuyas aras culto dan a un solo Dios soberano, te vi en Ismael, de quien desciende mi monarquía por señas, que desde el día que con sagrado desdén le echó de casa porque unos ídolos le halló, no te vi más. Es que yo ese día le falté, pues con Ingenio mal pudo los ídolos adorar. Que un Dios se ha de venerar ni lo niego ni lo dudo. Vida los cielos te den. ¿De qué ese gozo le da? De que parece que ya me vas conociendo bien, y puesto que un pensamiento en la adoración de un Dios hasta aquí asiste a los dos, ¿qué fiesta es ésta? Oye atento: Descendiente de Ismael, ya lo dije, herencia mía la agarena monarquía es en África, y aunque él varios dioses adoró, porque era gentil Agar, su madre, volvió a adorar a un solo Dios, a quien yo hasta hoy veneré, bien que sin preceptos, porque espero que de este Dios verdadero un profeta me los dé, que en las ciencias prometido de mis morabitos sabios (cuyos doctos astrolabios agujas del sol han sido). Es cierto vendrá, bien como allá para el mismo empleo su Dios espera el hebreo, de quien los principios tomo para mi ley, aunque inquieta la esperanza de los dos dista en que él aguarda a un Dios y yo aguardo su profeta. De esta, pues, fija esperanza de que ha de venir pendiente vivo, y siendo en mí evidente la fe de mi confianza, con relámpagos y truenos le esperan las ansias mías como esotro a su Mesías. Y así, al ver los aires llenos hoy de horror, he presumido que son aparatos ciertos de su venida, y abiertos los claustros de mi sentido fiestas le haga, como quien con escándalo le espera. Pues siendo de esa manera aún no me conoces bien. ¿Por qué? Porque si buscando hoy a un Dios vamos los dos, adonde no hay ley no hay Dios, y pues le estás esperando, es precisa consecuencia que mientras sin ley estés, estés sin Dios, con que es más justo hacer de ti ausencia que no asistirte. ¿Pues qué importa en mí ley no haya para que errada no vaya; si primer principio fue, que a mi opinión satisface, pues no escogió ser ninguno que se salve cada uno en la religión que nace? ¿Qué dices? Lo que yo creo, y si este dogma nos dan los ritos del Alcorán, que ya profesar deseo, ¿no la he de admitir? Pues di, ¿no dices que hay sólo un Dios? Sí. ¿Pues cómo puede en dos leyes servirse? Ve aquí que una ley me da un preceto y que otra no lo aceta; ¿es justo que me prometa de dos causas un efeto? No, si a los dos desigualo, y para salvarme fiel como si es bueno sin él, y como con él, si es malo, no te hace fuerza pensar que Ateo que un Dios ignora; y un Gentil, que a otros adora, ¿no se pueden conformar a un fin mismo? Siendo así, que error en los tres se arguya, ¿quién podrá en desgracia suya de él gozar sin él? A mí no me toca disputar ley, que espero no tener; sólo el acero ha de ser el que la ha de sustentar; y así, si apurar no quieres, mira, has de ver y callar, vuelva a cantar y bailar cada uno con sus mujeres. ¿Sus mujeres? Sí. ¿Pues cuántas hay que ese rito conceda? Las que uno sustentar pueda. ¡Linda ley! ¿De qué te espantas? De que a la razón no impida que yo en dos esposas quiera que me den un alma entera y yo se la dé partida. Si es contrato natural amor que confirma el trato, ¿cómo puede ser contrato lícito el que no es igual? ¿Yo he de querer y ofender a sus ojos lo que quiero? ¿Pues cómo ofendida espero que no ofenda la mujer? Si aun obligada no es prenda segura en ellas amor, ¿cómo lo será el honor ofendido? No te ofenda eso a ti, pues peor hallar será (si apurarlo quieres) que tenga un hombre mujeres que no pueda sustentar. ¿Y este precepto también has de conservar en ti venido el Profeta? Sí. De aquí, Pensamiento, ven, que ley que ya me propongo, fundar uno y otro error no será ley en rigor. ¿Qué será? Secta. Y aun hongo. Y si en ello has de creer, que pueda el que nazca y muera salvarse en otra cualquiera, ¿para qué la has menester? Para mayor perfección. ¿Perfección habrá en aquella ley que me salva sin ella? Sí, pues no fuera blasón de Alá que me condenara en el rito que naciera sin culpa mía. Sí fuera. ¿Cómo? La razón es clara: el Dios que hallar imagino ha de ser un ente. Di. De sí solo, en sí y por sí, incomprensible y divino, y siendo tal cierto es que dará su Fe verdadera a quien quiera, y como quiera, y cuando quiera, sin que éste se pueda quejar de que al otro se la dio, puesto que a todos dotó de razón para buscar la mejor, y más el día, que haya quien a todos fiel nos dé testimonio de él y basta el que nos envía cada día su cuidado en Tierra, Aire, Fuego y Mar. Ya digo que argumentar no es a mi cólera dado; cantad y bailad y no hagáis caso, sino desprecio de Filósofo tan necio. Lo mismo me hiciera yo, si pudiera, y por si no vuelva otra vez a cantar. Bailad, africanos, bailad, que ya se os acerca el profeta Alá. Que ya se os acerca. Bailad. ¿De un abismo en otro abismo, dónde, Pensamiento, vas? Pues un Dios tiene no más. Pero sin Ley es lo mismo que el no tenerle. Aun bien, que es la Sinagoga aquella, y hay un Dios y Ley en ella. Ley y un Dios. Conmigo ven; mas ¿no es Pablo con quien viene, de quien me hizo amigo fiel la escuela de Gamaliel por el Ingenio que tiene? Sí, llega. Envuelto está en ira; retírate hasta después. No es bueno lo que hablan, pues el Ingenio se retira. Sale LA SINAGOGA a lo judío y SAN PABLO a lo romano. Aunque el Centurión me asombre, diciendo con voz severa: «Verdaderamente era hijo de Dios este hombre»; y aunque por su rey le nombre, después de hazañas tan feas, un ladrón y en las ideas de su mortal frenesí diga: «Acuérdate de mí cuando en tu reino te veas.» Aunque la naturaleza haga el estreno que admiro, cuando al último suspiro le ve inclinar la cabeza, cubriéndose de tristeza uno y otro luminar, ni le he de creer ni he de dar a partido mi rencor, pues muerto ha de ser mayor contra cuantos promulgar su Ley intentan; y así, Pablo, pues de ti me fío, toma este decreto mío. Parte a Damasco, que allí crédito haber dado oí sus bárbaros moradores a los extraños errores de aquella ley, que infestando el orbe van publicando cuatro humildes pescadores. ;Dásele. ; Estimo honor y decreto, y cree que es con una acción, ya en mi mano ejecución, lo que era en tu voz preceto; gentil y hebreo a este efeto, un y otro aplauso gano, pues que me hicieron, no en vano, gentil y hebreo a este fin la tribu de Benjamín y los fueros del romano. Y así, cumpliendo con dos causas, dirá mi cuidado, si Dios y Crucificado son buenas señas de Dios, salid por fiadora vos, hermosa esfera, de que tan ira vuestra seré, que sea como un desmayo, relámpago, trueno y rayo, Pablo de esa nueva fe. ;Quédase como suspenso y que habla consigo. ; Así lo creo de ti. Dame los brazos y adiós. Ya se despiden los dos. ¿No es Pablo tu amigo? Sí. Llega a hablarle, quizá aquí buen padrino en él tendrás. ¿Pablo? ¿Ingenio? ¿Dónde vas? No puedo en el fin que sigo detenerme a hablar contigo; otro día lo sabrás. ¿Pues así al Ingenio dejas, que amigo tan tuyo fue? Otra vez satisfaré con más espacio a tus quejas. Mira que de quien te alejas soy yo. Ya lo veo, mas hoy déjame, Ingenio, que voy tan veloz que hacer quisiera que mi pensamiento fuera mi caballo. Yo lo soy, pues bruto es el Pensamiento de quien el Ingenio va atrás dejándose. Ya. Que huye mi conocimiento sin él a ella haberla intento; mas, ¡ay!, que al mirarla, ¡asombra! Sinagoga. ¿Quién me nombra? ;Vuelve con espanto. ; El Ingenio soy. ¿De qué temes? Cualquier sombra fue hoy de mi cadáver sombra, según hoy del Sabaot, la ira introduce cruel la confusión de Babel en el pueblo de Nembrot. Los sueños son de Beemot cuantos padece mi pena, y ya que a mí me enajena de mí, mi discurso, di si Ingenio eres, ya que aquí llegaste, que causa ordena, o por decirlo mejor desordena, tierra y cielo, que desde el pasado hielo de aquel súbito temblor, que cubrió el mundo de horror, en mí no he vuelto, y así tú, si lo sabes, me di, ¿qué se hizo el día aquel día? A eso también yo venía. ¿A qué? A preguntarte a ti; pero ya que me has ganado hoy de mano en la pregunta lo que mi Ingenio barrunta; viendo el orbe desahuciado es haber el fin llegado o haber su autor padecido, y pues él restituido se ve en su primer vigor, no ha sido él, sino su autor, el que... No ha sido, no ha sido, si ya no quieres que sea autor suyo un sedicioso nazareno, escandaloso, que en Palestina y Judea, en Samaria y Galilea, predicando aquestos días dio a entender que era el Mesías, Hijo de Dios verdadero, que ha tantos siglos que espero. ¿Y qué es de él? Las ansias mías en un palo le pusieron en el mismo día que fue el eclipse, para que los que bárbaros oyeron su doctrina y la creyeron misterio hagan del fracaso, que acaso les salió al paso al expirar. ¿Luego el día el sol murió, que él moría? Sí. Pues no fue muy acaso. Sólo me faltaba ahora el que tú quisieses ser a dos sentidos, en uno Ingenio y en otro infiel, para atreverte a dudar, para arrojarte a creer con los necios de mi pueblo si hice mal o hice bien. Hasta pensar e inferir, ¿a quién se ha negado? A quien infiera o piense que yo no soy del Dios de Israel el bando favorecido desde el prodigio de Oreb, tribunal de luz, en cuya consulta salió Moisés por general de sus tropas, hasta llegarse a poner en la prometida tierra que abunda de leche y miel. Si en esta, pues, prodigiosa peregrinación le hallé todo ojos a mi mal, todo manos a mi bien, todo oídos a mi voz, tan primera causa que todas las causas segundas me obedecieron en él, ¿quién me había de trocar de agradecida en cruel? Del bermejo mar lo diga la enjuta vereda al ver que fue amontonando ondas en uno y otro cancel, montaña y pared. ¿Quién nunca fue montaña ni pared? Entre una y otra columna el fuego lo diga, pues tal vez me sirvió de antorcha y de pabellón tal vez. La tierra lo diga, herida en Raídin, pues correr vio agua a las piedras, y el aire, al ver nevada su tez de aquella neutral vianda en nubes de rosicler, cuajaba en maná la Aurora, lloviendo al amanecer, el aire el reparo al hambre como la tierra la sed; si entre tantos beneficios fue el mayor darme su ley en mármol escrita, siendo su mismo dedo el pincel, por quien la Ley Natural vino a elevar y a crecer su primer candor, subiendo de dos preceptos a diez; como a tanto repetido favor, a tanta merced (como antes dije), trocando el beneficio en desdén, ingrata la Sinagoga había de proceder, dándole muerte a su Hijo. ¿Ni cómo podía ser el que sin estar cumplidas las semanas de Daniel viniese sin aparatos que Isaías los prevé, diciendo que ha de venir con majestad y poder de relámpagos y truenos? Si al venir habían de ser ¿qué importara que al morir los viésemos para que lo que fue acaso nos haga sentir, dudar o temer, que lo que hubo de ser antes bastó que fuese después? Y así, Ingenio, o lo que eres (que yo no me he de meter en si lo eres o no), piensa que a quien di la muerte fue a un escandaloso joven, que sedicioso, que infiel y amotinador del pueblo, para coronarse rey en virtud de Belcebú obró algún milagro en fe, de cuyo mágico arte nos quiso dar a entender que el prometido Mesías estaba cumplido; y pues no pudo salvarse a sí, discurre en si podrá ser que a otros salvase. Esto he dicho por que astrólogo otra vez no en el eclipse me arguyas, que habrá para ti también otro rencor, otra ira, otra saña, otra esquivez, otro azote u otro acero, otra cruz u otro cordel. ;Vase. ; ¿Pensamiento? Nada digas, que todas tus dudas sé. Pues, ¿qué sabes? Que has hallado en la Sinagoga ley. Que adora a un Dios primer causa, que ojos, manos y oídos es, y con todo eso te queda de averiguar y saber lo que a lo posible toca. Dices, Pensamiento, bien; mas fáltate de añadir a esas dos razones... ¿Qué? Que si adora, como dijo, sólo un Dios, ¿cómo después dijo que a su Hijo esperaba? Hijo y padre, ¿fuerza no es que sean dos? ¿Pues cómo a uno adora sólo? No sé. Y dejando esta razón pendiente, ¿a qué causa, a qué efecto espera a que venga, según nos los dio a entender, de su Dios el hijo al mundo? Y cuando halla para qué, ¿cómo pudo un hombre humano introducir que era él si lo era como hombre y Dios? Si no, ¿cómo al padecer (túmulo de sus exequias) vistieron de lobreguez la tierra su verde alfombra y el cielo su azul dosel? En tan grandes confusiones, ¿quién, cielos divinos, quién sabrá responder? Pablo. Suena dentro un trueno y vese como una luz de un relámpago. ¿Qué estruendo es éste? ¿Por qué me persigues? ¡Ay de mí! ¿Qué voz, qué ruido es aquél, que parece que los cielos se han desplegado otra vez, aquí para iluminar y allá para oscurecer? A las vislumbres de una nube, que ha dado al romper hojas de jazmín y rosa, luz y voz al parecer, sobresaltado el caballo de Pablo le arrastra. Ve, pues eres tú más veloz; llégale a favorecer. Sí haré, por si cae en mí. Descúbrese a PABLO a caballo y vase cayendo, y recíbele EL PENSAMIENTO, y le pasa, según los versos, al INGENIO. El rayo, señor, detén; basta el trueno de tu voz. Ayúdamele a tener, que no basto, Ingenio, yo a levantarle. Sí haré. Sale LA SINAGOGA. Si Pablo muere, yo muero. ¿Qué es esto, Pablo? Caer en el Pensamiento antes y en el Ingenio después. Ciego estoy; pero mal digo, que nunca he llegado a ver más que cuando estoy más ciego. ;Levántase como ciego. ; Pues di, no viendo, ¿qué ves? No conviene que lo diga el hombre al hombre. ¿Por qué? Porque no es fácil decir lo que es difícil saber. Sólo diré que yo solo me he levantado al revés, pues otros caen al subir y yo he subido al caer. Al tercer cielo he llegado; si fue en espíritu o fue en cuerpo no sé, que yo sólo sé que no lo sé. Ven a mis brazos, adonde descanses. La acción detén, no halagüeñamente fiera te acerques. ;Huye.; ¿Con tal desdén de tu Sinagoga huyes? Sí escandalosa, sí infiel, sí tirana, sí alevosa, sí traidora, sí crüel. ¡Pablo! Ya Pablo no soy ni vivo yo en mí. ¿Pues quién? Cristo es el que vive en mí. ¿No es contra quien te envié? Sí; pero a luz de eficaz auxilio he sabido que es el crucificado Cristo, que sentenció tu esquivez, hijo de Dios verdadero. Bien que estás ciego se ve, o yo lo estoy, pues lo escucho sin darte la muerte. Ten el acero, que por ti lo quiero yo convencer. Argúyele, Ingenio, tú, que yo ni puedo ni sé. ¿El Crucificado dices que era Hijo de Dios? Sí. Pues, ¿hay más de un Dios? No. ¿Pues cómo es Hijo de Dios sin ser Dios también? También es Dios. ¿Pues, cómo, si es Dios también, sólo un Dios son dos personas? Aún más son, porque son tres. ¿Tres, y un Dios sólo? Sí. ¿Cómo? A aquesto importa atender, por si es Pablo el que a Dionisio le llega a satisfacer. El bien no comunicado, ¿no fuera imperfecto bien? Proposición es que yo dejé pendiente otra vez. Ser, que fuera comprendido de quien infinito no es, ¿fuera infinito ser? No. Claro está, porque caber lo más no podía en lo menos. Pues siendo infinito ser, Dios, y siendo bien perfecto, fuerza en una parte fue comunicarse, y en otra el comunicarse a quien, siendo el infinito, fuera infinito como él; pues si se comunicara a quien no lo podía ser, quedara imperfecta toda aquella distancia que lo finito a lo infinito dejara de comprender: luego para que no haya en Dios imperfección, es conveniencia de su esencia y precisión de su ser por acto de entendimiento engendrar un hijo, a quien se comunique infinito: el Padre, que al hijo ve; el hijo, que mira al padre, llegándose a complacer uno en otro, no es preciso proceda de amor tan fiel un espíritu, que sea igual a los dos, y que precedido de los dos, no pueda entre ellos haber por la comunicación de personas, ni después ni antes, primero, o postrero; mayor, o menor. Sí. Pues una en los tres la deidad, uno en los tres el poder, uno en los tres el amor y uno en los tres el saber, cierto es que en la esencia es uno, siendo en las personas tres. Sobre la natural luz, el Ingenio, que al fin es parte del alma, he quedado satisfecho, al parecer, hasta aquí. Y hasta aquí yo poco me debo ofender, pues ver tres y adorar uno me enseñó de Abraham la fe. ¿Pero ese hijo a qué a la tierra había de venir? A que, siendo infinita la culpa del hombre, satisfacer lo finito a lo infinito no podía, y así fue piedad que el Hijo de Dios satisficiese por él, encarnando en una Virgen Madre, que antes y después, y entonces, permaneciese siempre virgen, sin romper grosero cierzo de humano contacto la candidez del botón de la azucena, ni el capillo del clavel. Hasta aquí por respondido también me doy. Yo también, pues es cierto que vendrá. Y aunque ha venido, lo es. ¿Cómo que ha venido? Como al que diste muerte fue, siendo el divino Mesías que esperaba. No era él; pues que no trajo cumplidas las semanas de Daniel. Sí era; pues tú no supiste hacer los cómputos bien. No era; pues no vino en nube, como Isaías prevé. Sí era; pues traje de siervo dijo que traería también. No era; pues que había de dar su venida qué temer. Sí era; pues ese temor dará al venir como juez. No era; pues de humilde madre al hielo le vi nacer. Sí era; pues quedó en el parto virgen, antes y después. No era; pues simples pastores le adoraron en Belén. Sí era; pues a Belén vino a verle uno y otro rey. No era; pues a Egipto huye, temiendo ajeno poder. Sí era; pues derriba huyendo los ídolos de Beel. No era; pues su madre llora el que le llegó a perder. Sí era; pues le halló explicando los misterios de la Ley. No era; pues en un desierto se rindió al hambre y la sed. Sí era; pues huye vencido espíritu inmundo de él. No era; pues ver su peligro no supo al irlo a prender. Sí era; pues todo era ojos haciendo a los ciegos ver. No era; pues de pies y manos le atan nudoso cordel. Sí era; pues al impedido todo era manos y pies. No era; pues o sordo, o mudo, no sabe qué responder. Sí era; pues al mudo y sordo, todo lenguas y oídos fue. No era; pues muere pasible. Sí era; pues fue el padecer como hombre, no como Dios. No era. Sí era. Suspended la cuestión, que escuchar de ti que pasible fue como hombre, no como Dios, siendo Dios y hombre después; de ti, que en el mundo el mundo no le supo conocer en lo ignoto y lo pasible, la réplica tomaré. ¿Que era manos, oídos y ojos ese hombre de Dios (o quien es) concedes? ;A PABLO. ;;A LA SINAGOGA. ; Negar no puedo que hizo andar, oír y ver. ¿Pues de qué le hiciste causa? De que dar quiso a entender (escandalizando al pueblo) que era Hijo de Dios. Saber conviene si le esperabas. Sí esperaba. ¿Pues en quién, esperándole, podías mejores señas tener, pues no vino por tu mal quien vino a otros a hacer bien? Pero quizá habrá otra causa para condenarle: ¿Qué delitos le averiguaste? ¿No bastó éste? No, porque hombre tan malo, que quiso Hijo de Dios parecer, no siéndolo, fuerza era de dañada intención ser, de maligno corazón, de depravado interés, y lo había de mostrar en otras costumbres; pues los efectos manifiestan de los pechos el doblez. ¿Qué ambición tuvo? Ninguna; descalzo de pierna y pie, peregrino en pobre traje. ¿Qué valimiento tener con príncipes intentó? Ninguno, pues sólo fue con humildes pescadores. ¿Y qué medraron con él? Sola la necesidad de volverse al barco y red. ¿A qué humano afecto le viste? Ninguno sé. Luego convencida estás; pues no había de querer hacer tal delito antes, para ser bueno después. Y así, oh tú, Gentilidad, que traes por Roma el poder de Europa; Asia, que invencible lo traes por Jerusalén; ciega secta, a quien le dio por el África Ismael, por América Ateísmo, que vives sin Dios ni Ley. Salen LOS CUATRO. ¿Para qué otra vez nos llamas? Para que todos notéis, sin que ninguno alegar pueda ignorancia después, que el Dios ignoto pasible, que ojos, manos y oídos es, y primer causa de causas, en boca de Pablo hallé. Primero que se lo digas, muerte a uno y otro daré. Saca la espada y se amparan LOS DOS de LA GENTILIDAD. Primero, no. Pues, ¿adónde habéis de huir? A mis pies. ¿Quién eres, deidad hermosa, que, ceñida de laurel, temor y respeto infundes a la Sinagoga? ¿Quién, sino la Gentilidad tuviera en ti ese poder? Es verdad, colonia hoy es la gran Jerusalén de Roma, ¿pero a qué causa aquí en persona te ves, si hasta aquí sólo asististe en ella por su virrey? A causa de que, sabiendo cuanto apasionado juez has dado la muerte a un hombre no sustanciándole bien el proceso, cuya injusta sentencia ojeriza fue de los dioses, pues los cielos en uno y otro vaivén, al expirar titubearon, casi arrancados del es, a residenciarte traigo ese ejército que ves, de cuyas tropas llamada de aquella voz que escuché a defender estas vidas me he adelantado. Y es bien que viendo la Sinagoga me defiendas tú. ¿Por qué? Por que la predicación hoy de la tercera Ley, que a la Gentilidad pasa con esto explicada esté. ¿Qué tercera Ley? A mí eso me toca entender, y pues a residenciarte vengo, conviene saber, ¿qué tercera Ley ese hombre quiso introducir? La Ley misma que yo me tenía (como ya dije) en Moisés, creciendo la natural de dos preceptos a diez. Y la natural, ¿cuál era? Ella lo dirá más bien, que entre las caducas ruinas de esta deshecha pared yace lamentando el siglo que tan sin ella se ve. Descúbrese LA LEY NATURAL al pie de un árbol, el cual ha de tener revuelta una serpiente. Ah, de la Ley natural, atiende a mis voces. ¿Quién, de las malicias del mundo huyendo el vago tropel, vuelve a pisar mis umbrales? Quien de ti intenta saber los fundamentos que Dios puso en tu primero ser. Que amase a Dios más que a mí y a mi prójimo después como a mí, cuyo suave yugo, paz y sencillez se perturbó en este árbol, pues desde entonces quedé sujeta a las inclemencias de saber del mal y el bien. Sobre esos dos fundamentos, los que tuvisteis después cuáles son? La Ley Escrita también lo dirá. Sí haré. Pues a la Ley natural seguir la Escrita se ve, no tendrás ajeno Dios, ni el nombre jurarás de él, santifícale sus fiestas, honra a quien te ha dado el ser, ni homicida, ni lascivo seas, el ajeno bien no envidies, ni quieras de otro la hacienda, ni la mujer. Ábrese el segundo carro, y en otro peñasco LA LEY ESCRITA, con las Tablas en la mano y la serpiente de metal, como pintan a Moisés. ¿Qué quitó o añadió a esto? Descúbrese LA LEY DE GRACIA con una cruz en la mano, como pintan a la FE, con los ojos vendados. Eso yo lo explicaré, pues por Ley de Gracia soy la superior a las tres; no sólo esos diez preceptos confirmó en mí, mas por que su cumplimiento tuviese fianza a no fallecer, la fortaleció de siete Sacramentos, que allí ves, de la fuente de la gracia perennemente correr. Descúbrese una fuente, cuyo remate será hostia y cáliz, y alrededor los siete sacramentos, teniendo cada uno en la mano una cinta blanca, como caños que salen de la hostia. ¿Y cuándo lo estableció? El Bautismo claro es que en el Jordán, donde el hombre renace segunda vez. El de la Confirmación, cuando la mano a poner llegó a la frente al infante, diciendo que para ser perfecto el varón, volviese al puerto de la niñez. El de Penitencia, cuando a Pedro le dio el poder de ligar y desligar, de hacer y de deshacer. Y el de Extremaunción al mismo tiempo, pues, segundo de él, el de todas sus reliquias es la verdadera red. El Orden sacerdotal, cuando en la Cena le ven decir: esto siempre en mi conmemoración haced. Y el del Matrimonio cuando Architriclino le ve autorizar el estado con su presencia, y en él convertir el agua en vino que sombra, y figura fiel es del de la Comunión, que es el que en la fuente ves por corona de los siete más eminente a los seis, reduciendo a un sacrificio sólo de una, y otra ley todo lo ceremoniado, por estar cifrado en él cuerpo y sangre de quien quiso por nosotros padecer. Hasta aquí todo es tan justo, y tan suave yugo es el de una Ley que conserva los preceptos de las tres, que debe el ingenio humano, restituido al papel de Dionisio Areopagita, llegándose a convencer de la doctrina de Pablo, con la experiencia de que nada su Ley nos propone que bien a todos no esté el creerlo, y el amarlo, llegando a amar y creer, por razón de estado, cuando faltara la de la fe. Primero que yo lo crea veré al mundo fallecer con mayor ruina, que cuando le vi expirar. Yo también. Yo no; que haber Dios no dudo, cuando que hay también Dios sé. Ni yo, pues a uno no más reduzco mi parecer. Y lo mismo harán los dos cuando el mundo venga a ser sólo un pastor y un rebaño. Yo, que hasta ahora callé (porque el pensamiento es fuerza que en esto pasmado esté), con fiestas, con regocijos la verdad celebraré de esta verdad. Y contigo todos, diciendo otra vez que debe el ingenio humano llegarlo a amar y creer por razón de estado cuando faltara la de la fe.