Pedro Calderón de la Barca Loa para el auto sacramental intitulado El gran teatro del mundo Personas LA APOSTASÍA. ESPAÑA. TESTAMENTO ANTIGUO. TESTAMENTO NUEVO. ISAAC. SANSÓN. LEY NATURAL. LEY ESCRITA. LEY DE GRACIA. MÚSICA. Sale ESPAÑA con un coro de danza. Memoria de sus prodigios hizo Dios sumo y clemente en el día suyo, dando sustento a los que le temen. Teatro insigne de Europa, yo soy España, en quien tiene su metrópoli la Fe, la Religión su eminente solio augusto, de quien es basa el trono de mis reyes. Y pues el día del Señor en júbilos resplandece más mi celo a todo el orbe que mis acciones atiende. Y no hay en el orbe parte adonde más se celebre la institución del más alto sacramento en este jueves, haciendo en danzas y en himnos culto también de lo alegre; ni parte tampoco donde con fiestas se represente este misterio en los autos con que festejarse suele. A un auto nuevo os convido; pues que a esto alude, parece, aquel psalmo de David en que está fundado este himno que mis coros cantan, y a esparcir al aire vuelve. Memoria de sus prodigios hizo el sumo Dios clemente en el día suyo, dando sustento a los que le temen. Aguarda, aguarda, que a eso mi curiosidad pretende que mi escándalo te explique un argumento. Sale. ¿Quién eres? Soy una nación del norte, que entre sus dogmas defiende la religión reformada. ¿Cómo a mi corte te atreves, sin que de aquel Tribunal Supremo de la Fe tiembles de la espada de dos cortes los filos resplandecientes, y no solo a estar en ella, sino a argüir te resuelves contra la fe en un teatro tan público? Porque quiere la alegoría, que en mi retórica comprehende a toda la apostasía. Que hoy tu celo me tolere sin duda para mayor blasón tuyo, si se advierte que es personaje del triunfo el contrario que se vence, y mis argumentos más este misterio engrandecen. Hecha esa salva (no a mí, sino a los demás) di. Atiende, no solo me escandaliza que un asumpto se festeje, hoy en ti tan doloroso como aquel que de la muerte de Cristo, que lloró el mundo. Nos renueva las especies, siendo aquel un trance en que todo el orbe se estremece, los cielos se desencajan y los dos polos se mueven cuando esta máquina cruje, en fe del dolor que sienten. En fuego, tierra, aire y agua, luces, flores, aves, peces, pálidas, lánguidas, mustias, porque su Rey le confiesen. ¡Oh, ya en relámpagos brillen! ¡Oh, ya giman en vaivenes! ¡Oh, ya en huracanes bramen! ¡Oh, ya en tempestades truenen! Cuantas luces rayos vibren, cuantos picos plumas peinen, cuanta espuma perlas sude, cuanta flor ámbar bostece, no solo me escandaliza, esto digo otra y mil veces, sino que ya que a alegría pasar el dolor intentes, hagas representaciones del dolor, donde se cree, que quieres hoy hacer gala de lo que Cristo padece. No menos en esto extraño, que esta opinión rara asientes en el Psalmo de David, que aunque dice claramente que Dios hace cuando da sustento a los que le temen, memoria de sus milagros, no esa memoria se infiere. Sea representación, pues antes della se entiende que dando a la idea bulto en figuras aparentes es menester que el prodigio se vea, porque se acuerde. Cuanto a lo primero hay dos cosas que considere en este misterio sacro; una de Cristo la muerte, cuyo dolor por dolor traslada el rito a otro jueves; y otra el efecto que della y la Institución Solemne del sacramento mayor debajo de dos especies, se siguió al género humano. Esta segunda compete solo al asumpto de hoy, y esta es tal, que no se puede explicar sin que en el gozo los corazones se aneguen, por cuya causa, una pluma sagrada tanto se enciende en celo deste misterio, que porque della procede. Llamo feliz a la culpa que tal Redemptor merece, todo amor es interior, gozo y más amor celeste, que no hay en el alma espacio, que de sus rayos no llene. Este es misterio de amor, pues Dios nos dijo que fuese la última y mayor fineza que ejecuta por las gentes, mas se explica aquel amor, que al centro no se contiene del corazón, y al semblante y a las acciones se vierte. Y así Dios en alegrías quiere que hoy solo se muestre nuestro amor, y no en dolor, porque en lo humano parecen afectos incompatibles lo compungido y lo ardiente. Cuanto a lo segundo, es fácil que en la Escritura se pruebe cuanto Dios en todos siglos gustó de que el Cielo viese autos del misterio de hoy. ¿Cómo puede ser? Atiende. Salen por un lado el TESTAMENTO ANTIGUO de barba, a lo Hebreo, y por otro el NUEVO, joven a lo Romano. El Antiguo Testamento soy, que desterrado duerme, como quien desde hoy no sirve, retirado a oculto albergue, sino es que para mis sombras el ingenio me despierte. Y yo el Testamento Nuevo soy, que porque me concede Dios al gentil, el romano traje mi esplendor guarnece. El circular Coliseo desta máquina terrestre a quien cubre la techumbre de ese artesón transparente, para una comedia suya dispuso Dios, donde fuese su grandeza conocida en los prodigios que ostente el breve espacio que dure. Pues según se comprehende acá, es de su eternidad el tiempo una tarde breve. Para una tarde del mundo dispuso su poder este teatro, que dividido la mitad, hace que deje a la Tierra, para que máquinas en ella asienten, de templos y de palacios, de jardines y de fuentes, y la otra mitad a tantas perspectivas de bajeles, como en scenas distintas al teatro van y vienen. La scena del aire ocupan, porque más hermosa quede las bambalinas de nubes, que el sol en cambiantes vuelve, ya se cele en tornasoles, o ya en incendios se muestre. Los celestes luminares de Sol y Luna, y las leves centellas con que tachona todo el óvalo sus ejes, son luces deste teatro. Y en su esfera refulgente el ingeniero es el tiempo, que como al acto conviene, ya con fulgores le aclara, ya con truenos le obscurece, ya las tempestades forma, ya hace que el golfo serene sus ondas, ya que bramando al Cielo su espuma eleven, y forma las mutaciones, pues donde estaba la verde confusión de unos jardines, en la primavera fértil, apenas empieza cano a hacer su papel diciembre, cuando se muda el teatro en la pálida y estéril hoja seca, que a los troncos el cierzo a soplos repele. El monte que se ostentaba en cándidas caduqueces yerto y cano con la blanca ancianidad de la nieve. Papel de mozo el estío hace, porque el sol ardiente, o las canas le derrite, o la edad le desvanece, y él, en fin, lo muda todo: imperios, cortes, poderes, palacios, islas, montañas, porque su inventiva ostente en la comedia del siglo, donde solo puede verse lo aparatoso en lo vario, lo hermoso en lo diferente. Sale LEY NATURAL. Dígalo yo, que la Ley Natural soy, porque empiece en mí el artificio desta gran comedia que se teje. Siendo su primer jornada, que la mutación contiene del jardín, que en un instante en áspero monte vuelve, donde el galán desta farsa el alto poder destierre por un delito de amor, y en sus cumbres eminentes, solo pan de sudor come, agua de lágrimas bebe, hasta que mude el teatro de mar, donde solo puede una tabla ser sagrado de su zozobrada suerte. Sale ISAAC. Y desta primer jornada, Isaac repetiros puede los actos del sacramento que en sombras pudieron verse en el cordero de Abel, en pan y vino que ofrece Melchisedech, y aun en mí que vi el cuchillo a mis sienes, y en otros que fueron sombras, si a lo místico se atiende, que en la primera jornada su misterio representen. La Ley Escrita es segunda jornada, donde se advierte con la mutación de Egipto, la del desierto, y contiene en sí el cordero, el maná y la vara de la sierpe, Moisés, Gedeón y Aarón, y otras figuras que deben representar este acto. De cuyas scenas héroe puede ser Sansón mejor, pues en la que le compete, parece que fue su vida entre alusivas especies comedia del día de hoy. Dígalo el ver que se muere de amores de una gentil, que le mata ingratamente. Dígalo el ver que de Judas la tribu también le vende. Dígalo el ser nazareno como Cristo, y que en su muerte el templo profano arruine, cuyo ídolo desvanece. Dígalo, no solo el trigo que atado a la piedra muele, sino el panal que obligó a que el enigma dijese. Salió el manjar del que come, y la dulzura del fuerte. La Ley de Gracia es tercera jornada, que más ostente la mutación de ciudad en los altos capiteles de Jerusalén, en donde con aparato solemne llegó el acto a consumarse y la idea a fenecerse. Habiendo tenido en ti, porque el asumpto se llene, las parábolas de Cristo que son alusivamente ciertas representaciones. Y la continuada serie de todas las tres jornadas advertiréis que se muestren llenas de apariencias, hablen tantas formas en que verse dejó de Deidad la sombra, ya en Iris que resplandece, ya en fuego que no consume, y ya en el maná que llueve. Hasta que sobre el Jordán se abrió el globo transparente, de cuya apariencia sacra cándida paloma vuele, con que no hay en la Escritura sombra o viso que no fuese viva representación del concepto de su mente. Probado que gustó Dios, como me habéis dicho siempre, de que en sombras este acto al mundo se represente. ¿Cómo figuras sagradas al teatro sacar puede la pluma atrevida? Como el Pontífice en el breve, en que desta Institución la fiesta al orbe concede, dice que dance la Fe, que la Caridad se alegre, y que la Esperanza cante, explicando cuanto debe este asumpto festejarse y este bien encarecerse. Y las figuras sagradas es lícito que se empleen en personas, que... No más, Dios no puede comprehenderse, y es fuerza para nosotros que a nuestro modo se deje concebir en formas que más su grandeza revelen. Todas son para explicarle a su Deidad indecentes igualmente, pues si en troncos permite que le veneren, y a un leño que signifique su majestad le consiente, ¿qué criatura hay más noble que el hombre? ¿qué humana especie más le alude, ni quién más le explicará reverente? Pues es imagen de Dios el hombre, sea el que fuere. Convencido, tanto asumpto será bien que yo festeje en el auto. Sea, pues, el que mi poder ofrece: El Gran Teatro del Mundo, nueva idea en que pretende su ingenio, no que lo antiguo con lo nuevo se coteje sino que todos los doctos, discretos como corteses, no estén mal con lo que viven, ni con el siglo que tienen, pues jamás que hay en el suyo cosa razonable creen. Y que siendo este un misterio que Dios incesantemente le ejecuta cada día, cada día también quiere que le aplaudamos y que sus alabanzas no cesen por no ser el día suyo. Pues también David previene en sus psalmos que le alaben en todos tiempos las gentes. Con que los acentos todos otra vez a decir vuelven. Memoria de sus prodigios hizo el Sumo Dios clemente en el día suyo, dando sustento a los que le temen.