Personajes EL LUCERO LA DISCORDIA EL SEMBRADOR UN SACERDOTE DOS LABRADORES MÚSICOS JOSEPH MELQUISEDECH ABRAHAM BOOZ, viejo venerable LEVI, mayoral NOEMÍ RUTH ZAFIO, villano rústico CELFA, villana SIMEÓN, pastor galán SEGADORES MÚSICOS Canta dentro la MÚSICA con grita y fiesta de segadores y sale el LUCERO ¡Ven, hermosa aurora en quien se alivian nuestras fatigas, ven a dorar las espigas de los campos de Belén! ¡Ven, hermosa aurora ven! ¡Ven a dorar las espigas de los campos de Belén! ¡Ven, hermosa aurora, ven! ¡Oh, nunca hubiera a mi oído llegado este alegre acento! ¡Oh, nunca le hubiera el viento a mis noticias traído! Hubiérasle suspendido, eco, entre las enemigas ansias que a sentir obligas siempre que escuchando estén. ¡Ven, hermosa aurora, en quien se alivian nuestras fatigas! Llamando están a la aurora, clara, pura, limpia y bella los gañanes, al ver que ella las tareas les mejora, cuando de sus mieses dora los campos en que hoy se ven primeros frutos; ¡oh, quien, voz, borrara el que la digas! ¡Ven a dorar las espigas de los campos de Belén! ¿No bastaba, eco enemigo, el pavor con que me asombras siempre que espigas me nombras y más espigas de trigo sino, tirano conmigo, aurora añadir también para que juntos estén luchando en mi pecho agora no sé qué espiga, qué aurora, que al oír temor me den? ¡Ven, hermosa aurora, ven! Mas ¿quién de la sombra mía pisando la falda oyó mis tristes lamentos? Sale la DISCORDIA Yo. ¿Discordia? Pues ¿quién podía venirte a hacer compañía cuando oír tienes por desdén? ¡Ven, hermosa aurora, en quien se alivian nuestras fatigas, ven a dorar las espigas de los campos de Belén! ¡Ven, hermosa aurora, ven! Y puesto que la Discordia siempre te asiste, ¡oh Lucero de la tarde!, que este nombre te da Isaías, en viendo que vacilado el discurso, que ofuscado el pensamiento en discordes conjeturas batallas contigo mesmo ¿de qué te extrañas que agora te siga? Y pues tras ti vengo, adivinando ilusiones que yo ni alcanzo ni entiendo, háblame claro, descansa conmigo; quizá mi ingenio, caviloso siempre, siempre mañoso, astuto y inquieto (pues es dádiva de un triste avivarle el sentimiento), dará a tus iras rencores ya que no pueda remedios. Apenas, Discordia, en toda la sacra página encuentro la voz semilla, que no esté brotando misterios; ¿y para qué es otra prueba que ser cualquiera en naciendo acetado sacrificio de Dios? Pues las tribus vemos que a la sacerdotal tribu de Leví, en rendido feudo de consagrado tributo, primicias le dan y diezmos. Dejemos doblada aquí la hoja, en que hoy las traiga el eco en las rústicas canciones de esos bárbaros acentos de la aurora acompañadas, porque confundir no quiero un pasmo con otro, y pues queda por ahora suspenso el discurso de la aurora al de las semillas vuelvo. Apenas, Discordia, digo otra vez, su nombre encuentro cuando me parece que hallo en cada arista un misterio, en cada grano un prodigio y en cada espiga un portento; de suerte que para mí todo ese sacro contexto no es más que una mies de Dios, en cuyas cosechas viendo que al trigo, como más noble, más familiar alimento, vasallos los demás granos le dan el estivo imperio, di en discurrir si tendría algún divino secreto en sí encerrado, y hallé en cuatro distintos tiempos de sus cuatro edades cuatro lugares, en cuyo inmenso piélago de confusiones, aun yo (con ser yo) me pierdo. El primero es... pero aguarda, que al ver que perciben menos los oídos que los ojos no solamente pretendo, Discordia, que los escuches mas que los veas, supuesto que de mágicos encantos usar a tu vista puedo, bien como a la de Esaúl usé, hablando en Samuel muerto; prevente, pues, al asombro, pero ha de ser advirtiendo que ni tiempos ni lugares he de guardar, pues es cierto que los retóricos tropos no dan lugares ni tiempos, mayormente cuando importa para el orden del concepto posponer o adelantar citas al discurso; y siendo así que aquesta licencia por primer principio asiento, a una parábola vamos de la Ley del Evangelio que ha de ser (como primera edad del trigo, en quien tengo de correr las cuatro edades) hoy el primer fundamento. ¿Qué ves en esa campaña? Mil labradas tierras veo, que dispuestas para el grano, sobre sus sulcados senos, un divino sembrador le arroja al aire, diciendo: Ábrese el medio carro primero, y vese el SEMBRADOR, vestido de villano, con una cestilla, y como va cantando va como sembrando el trigo que traerá en ella; la pintura deste carro son parvas y mieses. Fértil tierra, que el blando rocío en copa de flores le bebes al cielo cuando en ti le vierte y le enjuga la aurora llorando y el alba riyendo. En confianza de Dios, este grano a tus piadosas entrañas ofrezco. ¡Ay de ti si, tierra viciosa, le mezclas con yerba que no es de provecho! ¡Ay de ti si, estéril y dura, en corazón de piedra le siembro! ¡Y ay de ti, si a camino le sacas que hollado no pueda llegar a su aumento! Mas (¡oh venturosa de ti!) si, fecunda y llena de gracia, le abriga tu centro, pues no dará sólo a ciento por uno, pero a millar de millares por ciento. Y si harás, pues de Dios en el nombre, a él se le fío aunque a ti te le entrego. ¡Descienda sobre él el rocío, que traigan la aurora llorando y el alba riyendo! Ciérrase el carro, desapareciendo el SEMBRADOR ¿Qué has visto? Que el sembrador, hablando con tierra y cielo, al viento da la semilla, mas no la esperanza al viento. Pues en parábola ya sembrado el trigo tenemos, para mirarle nacido al Levítico pasemos. ¿Qué ves hacia estotra parte? Unos labradores veo que alegremente piadosos, cantando a su modo versos de rústicos himnos, llegan hasta las puertas de un templo, donde anciano sacerdote, benignamente halagüeño, los admite y los abraza al ver que, postrados ellos, le dan ya segados haces de espigas. Pues escuchemos, que en esa segunda edad has de ver, sobre el precepto de la ofrenda, ceremonia que aumenta mis sentimientos. Ábrese el segundo carro y vense, como han dicho los versos, a las puertas de un templo un SACERDOTE anciano, abrazando a dos labradores que estarán de rodillas con un haz de espigas de trigo, cada uno en la mano. Y dicen cantando. Estas tempranas primicias que ha dado de nuestra fatiga el provido anhelo, como don que, prestado o gracioso de Dios recibimos, a Dios le volvemos; admite en su nombre la ofrenda, no solo porque es justa ley pagarle este feudo mas porque es sacrificio segundo seguir a la ley voluntario el afecto. Toma el SACERDOTE los dos haces y levanta con ellos las manos al cielo con la acción y reverencia que el sacerdote levanta la hostia Representando En nombre de Dios, labradores, le admito y agora en su nombre, y el mío y el vuestro, para que todos piadosos cumplamos la ceremonia al Levítico atentos, a Dios se la doy, alzando las manos como lo manda su canon al cielo; en nombre, Señor, de vuestras criaturas, de vuestros dones, esta hostia os ofrezco. Los tres juntos, representando el SACERDOTE y cantando los VILLANOS Admite, Señor, la ofrenda no solo porque es justa ley pagarte este feudo mas porque es sacrificio segundo seguir a la ley voluntario el afecto. Ciérrase el carro con los tres Desvanézcanse esas luces (sombras a decir no acierto) porque no sé lo que incluya en sí este alto, este secreto rito de que el sacerdote, por sí orando y por el pueblo, alce la oblación, que siempre que lo miro me estremezco. Pues pasa para borrar esas especies siguiendo edades a la tercera, ya que sembrado tenemos y segado el trigo. ¿Qué se sigue, Discordia, a eso? El encerrarle en las trojes. Aun en encerrarle pienso después de alzarle, que hay visos también; mas pasemos. ¿Dónde? Al Génesis ¿Qué miras? Un gran tumulto diciendo a las puertas de un palacio: Dentro ¡Viva el gran redentor nuestro! ¡No hallara voz que no fuera redentor! Pero, en efeto, ¿qué ves más? Un bello joven que en los fantasmas de un sueño la fecundidad vio, y vio la esterelidad, haciendo que su nombre con sus obras convenga, pues en hebreo frase quien dijo Joseph es visto que dijo aumento. Este, atesorando el trigo, que fue abundancia de un tiempo, la necesidad de otro repara, y oyendo al pueblo Dentro. ¡Nuestro gran redentor viva! Reparte el trigo, diciendo: Ábrese el tercer carro y vese en él la fábrica de un palacio a cuya puerta estará JOSEPH vestido de galán, y dice cantando Cantando. Venid, moradores de Egipto, venid, venid a mi voz, pues en mí, Dios inmenso, si como juez previno el castigo también como padre previno el remedio. Acudid, acudid al tesoro del trigo encerrado, pues ya contra el fiero embotado cuchillo del hambre, ministro de Dios, en custodia le tengo. Llegad y veréis que igual le reparto al rico y al pobre, al grande y pequeño, que si es en común de todos el daño, de todos también en común el remedio, sin escetar personas; abiertas las puertas tenéis del erario, que el cielo, si como juez previno el castigo, también como padre previno el remedio. Dentro. ¡Nuestro gran redentor viva! ¡Viva el gran redentor nuestro! Ciérrase el carro quedando como primero. Sobre ser tesoro el trigo y, encerrado, verle abierto para todos y aclamar redentor al tesorero que le tiene en su custodia ¿qué hay más que discurrir? Puesto que ya sembrado, segado y encerrado le tenemos ¿qué falta ahora? Verle pan. ¿Y quién lo dirá? Cajas y trompetas Ese estruendo, que en el Génesis también toca al arma a mis tormentos. Dentro ¡Melchisedech y Abrahám vivan, caudillo y rey nuestro! ¿Qué ves? A Abrahám, gobernando un ejército que lleno de vitoriosos despojos y militares trofeos de cinco idólatras reyes, que rotos deja y deshechos, a la ciudad de Salén marcha, en cuyo campo ameno, Melchisedech, sacerdote y rey, le sale al encuentro, donde en tienda de campaña, portátil altar dispuesto de vino y pan, sacrificio pone a Dios, en hacimiento de gracias de sus vitorias. Las cajas y trompetas Si tú te atreves a verlo, velo tú, que yo, Discordia, ni puedo (¡ay de mí!) ni quiero, porque en gracias de enemigos vencidos que lo soy pienso y, aunque todo es sombras, esa es la sombra que más temo. Cajas y trompetas. Y ábrese el cuarto carro y vese en él un altar con unos panes y redomas de vino, y a un lado MELCHISEDECH, vestido de sacerdote, con corona y cetro, y al otro ABRAHAM con bastón de general. ¡Melchisedech y Abrahám vivan, caudillo y rey nuestro! Venga en hora feliz el capitán del vitorioso pueblo de Israel. Esté en hora feliz el que laurel y sacerdocio igual adorno dan. En sacrificio a Dios de vino y pan por ti las gracias le consagro fiel. Y yo le adoro, por pensar que a él con la fee ha de llegarse de Abrahám. Admítele, oh divino Sabaot. Acétale, oh sagrado Adonaí. De un padre rey, que esto es Abimelech. Y contra infieles hijos de Behemot. Sacerdotes le ofrezcan de Leví. Según el orden de Melchisedech. Dentro ¡Melchisedech y Abrahám vivan, caudillo y rey nuestro! Con estas voces, cajas y trompetas se cierra el carro. ¿Huyó ya ese asombro? Sí, mas, aunque él huya, me quedo yo con él. ¿Cómo? Dudando a qué fin va todo esto. A fin de que hayas sabido, Discordia, los fundamentos con que siempre que oigo espigas, y más las de trigo, tiemblo; y ya que asentaron cuatro autoridades, si tengo razón de tener razón, al primer discurso vuelvo. Estos campos de Belén, que por fértiles y amenos del blasón de la excelencia gozaron los privilegios, pues quien dijo Belén dijo casa de pan, en sus bellos confines veneran hoy por su mayoral supremo a Booz, un gran patriarca, rama ilustre del excelso tronco de Judá, de quien, según los prometimientos de Abrahám, Isac, Jacob, el Mesías verdadero ha de venir; este, pues, enriquecido, no menos de dotes de la fortuna que de favores del cielo, grande padre de familias, justo, liberal, honesto, piadoso, benigno, manso, caritativo y atento, al ver que su casa es albergue, refugio y puerto, no a los jornaleros solos, a quien paga iguales feudos o vengan tarde o temprano; pero sin ser jornaleros a todos los peregrinos que a su umbral llegan, me ha puesto en presución de que en él se va ya acercando el tiempo en que de tantas virtudes descienda encarnado el Verbo. Y aunque esto para mis ansias bastaba, sobre ser dueño de los campos de Belén, que como dije primero (no obste el repetirlo) están brotando siempre misterios, aun hay hoy otra razón que añadir a mis recelos, que es venir hoy a sus lindes casi limosna pidiendo Noemí, la que un tiempo fue hermosa lisonja de ellos y se ve tan destruida que sin humano remedio de los campos de Moab vuelve a los de Belén huyendo la hambre y la sed; mas ¿qué mucho, si en Noemí a dos luces leo una vez la hermosa y otra la amarga (estarás diciendo tú agora entre ti) el temor en que esta mujer le ha puesto es que feliz y infeliz hoy vuelva a su patrio suelo adonde ejerza piedades y crezca merecimientos benignamente piadoso con ella Booz? Pues no es eso, sino que venga con ella llorando sus desconsuelos sin querer desampararla en todos sus sentimientos Ruth. Al nombrarla, llegó el tiempo en que desdoblemos la hoja que doblé al aurora ¡oh nunca llegara el tiempo! Ruth (digo) su hija, que, aunque no es sino nuera, bien puedo darla de propia hija el nombre, pues que se le da el derecho, amparando como a hijas las nueras y, aparte esto, es Ruth, sobre la hermosura mayor que los montes vieron (aunque vieron azucenas, rosas y lirios, tejiendo listados iris, aunque vieron plátanos y cedros, narcisos, de hojas y flores enamorarse al espejo de no manchados cristales) menos perfecta en el cuerpo que en el alma, porque llena de gracia la canta un verso, toda pura y toda hermosa; conque, si juntos revuelvo sembrador que esparce el grano, ministro que le alza al cielo, redemptor que le atesora, rey sacerdote que hecho pan le consagra con vino; Belén, casa de pan, dueño suyo el padre de familias y añado sobre todo esto amarga hermosura, a quien consuela prodigio bello, que a Belén peregrinando viene al abrigo de un viejo anciano, pariente suyo, misericordias pidiendo para dar misericordias; y esto a ocasión que esos ecos llamando a la aurora están; ¿qué mucho (¡ay de mí!) compuesto de tantas partes un todo, que turbadamente ciego, absorto, elevado, mudo, triste, confuso, suspenso presuma que en esta lid más que en la pasada pierdo? Pues si allí hermosura y gracia perdí, saqué por lo menos la ciencia que no hallo aquí, pues no es posible que, huyendo el entendimiento, haya ciencia sin entendimiento. De todas tus conjeturas sólo he sacado, Lucero, que los varios aparatos de tantos visos y lejos van a dar en el temor de que anda embozado en ellos el prometido Mesías. Y pues ilustrado ingenio dijo que el amenazado dardo no hiere violento tanto como el improviso, pues al fin permite tiempo para embrazar el escudo, prevengámonos, haciendo experiencias en las sombras que nos defiendan los riesgos cuando lleguen de esas luces. ¿Cómo? Tú, hasta aquí ¿del texto no has dicho lo literal? Sí. Pues yo desde aquí quiero lo alegórico decir, conque el escudo previendo el amago antes del golpe cautelar los dos podemos, al ver que vienen a herirnos, el modo de defendernos. Di. Con una condición. ¿Qué es? Que me has de estar atento. Supongamos que en Booz, que significa en hebreo sobre padre de familias fortaleza, pues a un tiempo concurren en él de Dios dos atributos excelsos, está Dios representado. Supongamos, después de esto, que en Noemí, un tiempo la hermosa y ya la amarga, sintiendo por donde quiera que va hambre, sed, calor y yelo, representada la humana naturaleza está; luego en Ruth su hija, y no su hija, supongamos un supuesto tan divinamente humano que, sin negar lo primero que en lo humano sea su hija, goce de tal privilegio que en lo divino parezca que lo es y deja de serlo. El nombre que hemos de darla nos dará su nombre mesmo: ¿Ruth no es en todo rigor (perdonando lo grosero por lo propio) la Harta? ¿La Harta no es (perifraseando luego la voz a mejor sentido) la Llena? Pues si la has hecho la Llena de Gracia tú gracia por nombre la demos; y quizá podrá importarnos que haya gracia a nuestro intento, para que andando a la mira veamos que obran sus efetos cuando la Naturaleza llegue a las puertas pidiendo del gran padre de familias y, si es lo que tememos, que la dé el socorro en trigo pues es propio oficio fiero de la Discordia sembrar cizañas, yo te prometo (sin dudar que también haya parábola para esto) viciársele de manera que, en inútil yerba envuelto, en varias sendas hollado, en duras piedras deshecho de dogmas y de opiniones, silogismos y argumentos, o él no se le dé o a ella no lo sean de provecho. Si a tanto te atreves, modo de introducirnos busquemos en su familia y labranza distintos, porque no demos sospecha al mirarnos juntos. Dentro la MÚSICA y grita Has dicho bien y sea presto, que ya aquella mies segada a esta vienen prosiguiendo la tarea y la canción. Si me ayudas, nada temo. Si me vales, nada dudo. Por más que diga ese acento. Por más que esas voces digan. Repetidas de los ecos. En cláusulas enemigas. Que a los dos temor nos den. Representando los unos y cantando los otros. Se van LUCERO y DISCORDIA y salen vestidos de segadores todos los MÚSICOS y MÚSICAS que puedan, y con ellos LEVI viejo, rústico mayoral, y SIMEÓN, segador galán, y CELFA, villana. ¡Ven, hermosa aurora, en quien se alivian nuestras fatigas, ven a dorar las espigas de los campos de Belén! ¡Ven, hermosa aurora, ven! Ya que queda segada esa primera mies de la cebada como primero fruto que al dueño dan los campos por tributo la del trigo empecemos, pues en cambios de Dios trocados vemos, de ese monte en la falda, a golfos de oro arroyos de esmeralda. No sin grande provecho de su labranza mayoral te ha hecho Leví, mi tío, pues que quieres sea principio de una el fin de otra tarea. Bien vengado tenemos el sueldo de hoy; deja que descansemos hasta comer en esta sombra el ardor siquiera de la siesta. Yo el descanso no os quito, la tregua una y mil veces os permito, porque el decir que a otra labor pasemos no es decir sea tan presto que no demos alivio a la fatiga, y hasta comer el orden no os obliga. Si ese plazo nos das, despacio estamos ¿Qué va que todo el día descansamos? ¿Por qué, Celfa? Porque quien hoy ha ido por la comida es Zafio, mi marido, cuya grande simpreza en su vida hizo cosa sin pereza. Mira cuánto te engaña la pasión, que ya al pie de la montaña le descubro cargado de olla y banasta. El sea bien llegado. El parabién le demos. Y desde aquí a la olla saludemos. De repente me obrigo a hacer las copras yo. Decid conmigo. ¿Qué sepa, oh providencia de Dios pía!, la casa del afán el alegría? Cantado Es venir Zafio presto tal maravilla que en él vemos estrellas al mediodía. Es venir Zafio presto tal maravilla que en el vemos estrellas a mediodía. La gran olla madre que es de familias, pues en su labranza todos fatigan. ¡Sea bien venida! La que aunque esté negra parece linda pues la quieren todos como a su vida. ¡Sea bien venida! La que de otros manjares es bello enigma pues está más sabrosa si está podrida. ¡Sea bien venida! La que para esposa fuera de estima, pues no cansa el ser una todos los días. ¡Sea bien venida! La que de sus alhajas es tan perdida que empobrece a todos sin quedar rica. ¡Sea bien venida! Sale ZAFIO, villano rústico, con una cesta y en ella una olla, bota y horteras, y todos le reciben bailando alrededor dél. Es venir Zafio presto tal maravilla que en él vemos estrellas a mediodía. Seas, Zafio, bien venido. Todos bien hallados sean y, pus hoy me toca ser el motilón de la era que reparte las pitanzas, pónganse todos en rueda, y para que vaya dando aperciban las horteras sin rebatiña y con orden. Norabuena. Norabuena. Tomad el primero vos. ¿Caldo sin más porción echas? No hay otra cosa, y así por hoy, amigos, paciencia y sorber y no mascar. ¿Cómo? Si decirlo es fuerza, como digo de mi cuento, sabréis, érase que se era, amigos míos de mi alma, que al bajar por una cuesta, como venía cargado, di al traste con olla y cesta; quiso Dios y mi ventura que, sin que cascos se hiciera, tan sólo se derramase; yo, viendo la olli-tragedia, lo que pude recogí, que fue el caldo. ¿Pues no era más fácil coger la carne? Embebiósela la tierra toda así como cayó, de suerte que sólo de ella pude el caldo recoger. Muy linda disculpa es esa. Apelemos a la bota, que esta por lo menos llena viene. ¿No había de venirlo si hay fuentes? Bebe tú y venga. ¿Qué ha de ir si aun el vino es agua? ¿Qué vino hay que no lo sea? Aquí no hay sino que pague la burla: una manta venga. Volando por ella voy a la cabaña. Cremencia, que yo diré la verdad. La olla olía de manera que la abrí por un ladito el paño en que venía envuelta; la cobertera cayose (¡oh qué de cosas mal hechas se escosaran en el mundo si no hubiera coberteras!) en fin, ya de par en par, echándole vaho con más fuerza oí que me estaba diciendo cómeme, la boca abierta. Saqué una presa. Esta, dije, no hará falta, tampoco esta; proseguí y volví por otra. Esta es chica y no entra en cuenta; esta es gorda y empalaga; esta es fraca y no sostenta; esta ni fraca ni gorda, vaya; conque, presa a presa, si la olla era su cárcel y yo, hecho una pascua, era su vesita general, quedó la cárcel desierta. Ya está allí la manta. Vaya de vuelo. Socorro, Celfa. Pluguiera al cielo te echaran tan alto que te comieran las aves en el camino. Fuera eso hacer de mí ellas lo que yo hice de la olla. Dejalde, que su simpleza le excusa de todo y yo haré que luego os provean de otra comida. Hará usted una cosa tan bien hecha, tan heroica y tan soblime, como poner freno y rienda a una gente desollada. Sale el LUCERO, vestido de segador Empiece aquí mi cautela. Labradores de Booz, decidme, por vida vuestra, ¿dónde hallaré al mayoral? ¿Qué mandais? Saber quisiera si un extranjero gayán que dado al trabajo intenta, arrojado de su patria, lugar hacerse en la ajena, habrá en qué pueda servir. Nuestro gran dueño no exceta personas ni sexos, todos en su familia se albergan: en ella podéis quedaros desde hoy que, aunque la tarea empecéis a media tarde, la paga tendréis entera. ¡Qué poco la espero yo! Y pues ya pasó la siesta, mientras que yo voy a hacer que otra comida os prevengan y a esperar a Booz, que pienso que a ver hoy las parvas venga, la mies del trigo empezad a segar. ¡Que aun hasta en esta circunstancia haya misterio! Mas no es de aquí. Norabuena vengáis, galán segador. ¡Noramala! ¿la primera le deis vos la bienvenida? ¿Ser cortés es indecencia? No, mas es decencia alonje. Segador de extrañas tierras, seáis muy bien venido. Adonde a todos servir pretenda. Hacen la acción como si segaran. Pues habemos de empezar, canción y cansancio vuelvan. Ven, hermosa aurora, en quien... No prosigáis, que ya esa canción parece que está de más, pues la aurora bella ya vino. Salen NOEMÍ y RUTH, de peregrinas Dos peregrinas, atravesando la senda del camino hacia la haza que segamos (y ya llevan hechos manojos los carros) vienen. Pues templar es fuerza con algo cansancio y sol, el tono en vaya se vuelva. ¿Dónde van las peregrinas? Anciana caduca vieja ¿vas a buscar con la hermosa la Vida? Cosa es bien cierta que la Vida va buscando y aun la de todos. Aparte Alienta, que ya está, según las parvas, la ciudad de Belén cerca donde descanses. Mal puedo alentar, hija, que pesan mucho desdichas y años. A mí te arrima, que fuerzas y auxilios me dará el cielo con que sustentarte pueda hasta llegar a tu patria. Pasan por delante de los segadores arrimándose sobre el hombro de RUTH NOEMÍ ¡Qué mal la esperiencia empieza de Naturaleza y Gracia, pues lo primero que encuentra es ver que la Gracia al hombro lleve a la Naturaleza! ¿De cuándo acá se han dolido las hermosas de las feas? Por cierto que habéis cargado con lindo montón de tierra. Aun si lo supierais bien, pues en lo que representa tierra es y tierra será. Aparte Pasemos la humana senda de la vida, sin hacer de achaques del mundo cuenta. Deja la vieja caduca, hermosa beldad. La lengua suspended, y no la vaya a estas mujeres se atreva, que no ha de decirse que hubo jamás quien las hizo ofensa. ¿Por qué? Porque, si no mal la memoria me la acuerda, la anciana mujer que miro es Noemí que, ilustre y bella, lisonja fue destos prados. ¿Eres por ventura aquella que en otro tiempo la hermosa, huyendo del hambre fiera, con Elimelech tu esposo y tus hijos desta tierra te fuiste a la de Moab, que por su idolatría ciega fue propensión del pecado? Sí, mas ya no son mis señas la hermosa sino la amarga, por fortunas tan adversas como he pasado, pues muertos marido y hijos no queda más consuelo a mis desdichas para que a mi patria vuelva, sólo en fee de sus piedades, que esta singular belleza, que fue de mi primer hijo Mahalón mejorada herencia, bien como divina esposa del espíritu, en quien quedan de Elimelech las cenizas guardadas para quien quiera en ella resucitarlas como heroica rama excelsa del gran tronco de Judá, de cuya tribu se espera el prometido Mesías. ¡Lástima me ha dado el verla! ¡Compasión hace el mirarla! ¡Qué trocada está! ¡Qué ajena de lo que fue! ¡Qué infelice! ¡Qué postrada! ¡Y que deshecha! ¡En esto para una hermosa! Mira lo que somos, Celfa. Todos la miran y nadie la alivia ni la consuela. Sobrino de Elimelech, su esposo, fui, por la mesma línea que de Booz; mas viendo sus desdichas, conocerla por deuda no me está bien. Sólo esto bien me suceda, y es que no haya en el humano linaje que representa, oyendo que es deuda suya, quien reconozca que es deuda. Para no compadeceros de mí y ofrecer siquiera, en cortesía o posada, o alivio o limosna, en muestra de alguna misericordia ¿me preguntastis si era o no era yo? ¿Qué podemos hacer a tantas miserias como haber perdido esposo y hijos? ¡Dios os favorezca! Vase. Id con Dios, que harto en el llanto que nos causastis nos queda que sentir. Vase. ¡Dios os ampare! Vase. ¡Él os valga! Vase. ¡Él os provea! Vase. Esto es mostrar que a su daño no bastan humanas fuerzas. Vamos, Ruth, que el corazón se me arranca de vergüenza de haberles dicho quien soy. Aunque todos te desprecian, yo no he de desampararte y, porque mejor lo veas, vete poco a poco tú, Noemí, a esperarme a la puerta de la ciudad, mientras yo de aquella segada era, en quien ya los carros cargan, con otras espigaderas que los deshechos mendigan que dejó la Providencia en los rastrojos, procuro hacer un haz que, aunque hoy sea de cebada, nos sustente, mientras el trigo no venga. A esperar voy, pues no tengo otro consuelo en mis penas que tus piedades. Vase NOEMÍ Empiece a recoger de la mesa de Dios las breves migajas que liberalmente deja que se caigan para el pobre. ¿Qué es lo que allí miro? Señas son de aquel previsto anuncio de espigas y aurora. Suelta estas espigas, mujer. Va RUTH cogiendo unas espigas que habrá en el tablado; velo el LUCERO y, llegando a quitárselas, sale BOOZ, viejo venerable vestido a lo judío, y hállalos como luchando. Defendiéndolas ella salen con él todos los SEGADORES ¿Por qué impides la clemencia de Dios cuando él para el pobre que caigan permite? Ella es hacienda de mi dueño, y no es bien que yo consienta el robársela a mis ojos. No es ya. Sí es. ¿Qué lucha es esta? La de un nuevo obrero tuyo que, mirando por tu hacienda, impide que estas prolijas hormigas de tus cosechas, codiciosamente avaras, vengan y carguen con ella en su provecho y tu daño. ¿Quién os ha dicho que esas espigas, que ya una vez el haz le volvió a la tierra, es hacienda mía? ¿La ley, segador, no se os acuerda en que el Levítico manda que el mismo dueño aun no pueda levantarlas, porque ya una vez al suelo vueltas del pobre son y no suyas? Pues de la misma manera que él me las robara a mí, arrancadas de la tierra, se las robara yo a él alzadas del suelo, en prueba de que el pobre también tiene en la Suma Providencia de Dios mieses y labores; en que al rico es cosa cierta, que no se le disminuye la mies si no se le aumenta, pues no es tesoro tan suyo el que en las trojes se encierra como el que se lleva el pobre, que la más segura hacienda no es la que el rico atesora sino la que el pobre lleva, tan a logro que lo mismo que se va es lo que se queda, seguro de que el gorgojo ni la polilla lo pierdan. Mirando a LEVÍ Y no me espanto de vos, sino de quien os consienta en mi familia; y no sólo esto reñiros intenta a vos mi piedad, Leví, sino a todos, como advierta cuan a raíz de la haza segada dejáis aquella mies. ¿La Ley también no manda que no entre de manera codiciosa la hoz, cortando a solo el provecho atenta las cañas de la macolla que no se queden en ellas sus provechos a los pobres en la paja, con que puedan sustentar sus jumentillos o ablandar en sus tristezas ¡oh gran cuidado de Dios! los lechos en que se acuestan? ¿No basta que duerman mal sino tan mal que aun no duerman? Yo, señor... Señor, yo... Basta, que esto no tiene respuesta. Dios sobre todo, y el pobre luego, que a Dios representa. ¡De verle enojado, el alma pasma, duda, gime y tiembla! Y vos, bella peregrina, de cuya virtud en muestra la necesidad me basta, ¿quién sois? Una forastera de aquesta patria, a quien trujo solo la piedad, atenta a sustentar una madre anciana, pobre y enferma (quien es calle, porque no segundo desdén padezca) sin querer desampararla en desconsuelos y penas, ansias y calamidades, tanto que aun esta miseria aun no es para mí, señor, sino para darla a ella, porque el pedir para dar es mi blasón. De manera que puedo decir que sois, siendo hija de obediencia, madre de misericordia, pues peregrina extranjera, y dos veces peregrina por el traje y la belleza, no acudáis a otra labranza sino venid siempre a esta, que quiero tener yo parte también en vuestra clemencia. ¿De dónde, señor, que a mí tan grande dicha me venga De rodillas como que hallar gracia yo en vuestros ojos merezca? ¿Qué mucho la halléis en mí si vos sois la gracia mesma y vos con vos la traeis, mostrando de gracia llena que el Señor está con vos? No soy más que esclava vuestra: vuestra voluntad se cumpla siempre en mí. Alzad de la tierra, y todos vosotros ved que os mando, siempre que venga a la heredad, que la hagáis agasajo y no molestia; a las horas del comer con vosotros coma, en prueba de que ya es de mi familia. Quedará bien satisfecha como yo traiga la olla. Y vos, Leví, tened cuenta, Aparte los dos siempre que aquí la veais, de que vayan por la senda que ella siguiere, dejando caer con mañosa desecha espigas, que ella recoja más que otras, porque vean que algún privilegio más que todas las demás tenga. Id en paz, porque dar quiero a toda la heredad vuelta. En paz quedad. ¡Qué hermosura tan peregrina y honesta! ¡Qué afabilidad piadosa Yéndose los dos y venerable presencia! ¡Con cuan lícitos afectos tras sí los ojos me lleva! ¡Con cuan honestos cariños amable respeto engendra! ¡Qué agradable! ¡Qué apacible! ¡Es su vista! ¡Es su clemencia! ¡Tierno hechizo! ¡Dulce halago! ¡Qué luz! ¡Qué paz! ¡Qué modestia! ¡La vida tras él se va! ¡El alma se va tras ella! Id norabuena, señora. Quedad, señor, norabuena. Vanse los dos Pues hoy con su vista el padre de familias nos alegra, prevengámosle algún baile para cuando al valle vuelva. Dices bien. No os quedéis vos, que habéis de entrar en la fiesta. ¿Quién te mete en eso así? ¿Ser cortés es indecencia? Que no, dije otra vez; pero el palo lo dirá esta. ¡Ay, que me quiere morir! Teneos. Ya la costa hecha de la acción, dejadme darla aqueste palo siquiera, que no he de quedarme así toda la vida. Huye, Celfa. Vase CELFA huyendo y todos deteniendo a ZAFIO y queda solo LUCERO ¿Quién creerá que contra mí tanto mi industria se vuelva que víbora de mí mismo me mate, bien como a ella su mismo veneno mata si fuera de sí le encuentra? Sale la DISCORDIA de espigadera ¿Lucero? ¿Discordia? ¿Qué hay de tu examen? Porque sepas que hay del mío. Que muy mal va saliendo la experiencia. Gracia (en el primer instante que el padre la vio de aquesas familias) halló en sus ojos y, aunque de cebada sean las espigas que hoy recoge, con que ya a la ciudad llega en consuelo de su madre, Mirando adentro a quien los favores cuenta que halló en la vista de Booz, no por de cebada dejan de darme pesar, que hay también consecuencia en ellas para mi mal. ¿En espigas de cebada consecuencia? Sí, que no en vano los cielos, si sus edades me acuerdan, quieren que el pan de cebada antes que el del trigo crezca. ¿Qué es? Que áspero y desabrido significa penitencia, siendo su escabrosidad el silicio de la lengua. ¡Con qué dolor qué vocal dispone la gracia! Queda para aumento de ella cuando por el pan de trigo vuelva, que será presto, según de instante a instante la aumenta. Pues no temas que la halle en él, porque yo encubierta, como ves, tomando el traje de esotras espigaderas (bien como ella, pues al ver Mirando dentro que en serlo hallo convenencia se le viste, porque el uso con el hábito convenga) he sembrado tal cizaña que, entre los trigos envuelta, dejará poco, y a pocos de provecho, y de manera ha cundido (porque al fin crece como mala yerba) que no hay tierra en que no nazca; conque yo, Lucero, al verla que, hipócrita de verdores, afeitada por defuera, brindaba para otro año, no con el uno contenta, con David pasé al segundo en el verso que lamenta que toda la tierra está de lazos y de hoyos llena en que tropiecen y caigan los mortales; y así, fiera, disimulé hoyos y lazos de opios, cicutas y adelfas, conque no dudo que todos den de ojos en mis cautelas. ¡Oh, quiera mi horror, que en ellos caigan, y más hoy que intentan a su dueño festejar en la siempre verde esfera Dentro grita y instrumentos deste valle! Pues no dudes que de lágrimas lo sea, por más que hacerle presuman de músicas y de fiestas, diciendo una y otra vez en dulces voces diversas: Dentro Norabuena el padre de familias venga a ver sus sembrados, venga norabuena. Hacia aquí vienen. Pues no los pongamos en sospecha de ver que nosotros solos sentimos el que se guelgan. Dices bien y así, a pesar del pesar que me atormenta, con los demás nos mezclemos, diciendo en sus voces mesmas. Venga norabuena, norabuena venga. Salen NOEMÍ y RUTH de espigaderas villanas ¿Tan presto en tal traje quieres volver? Sí, que no es bien pierda la gracia que hallé en sus ojos y en la omisión de su ausencia falte a la perseverancia; y es bien, pues de espigadera me dio licencia en sus mieses, siga el traje a la licencia. ¿Qué? ¿Tan gran favor te hizo? Como es suya la excelencia de hacerme grande el favor, no aventuro la modestia yo en decirlo. De su ausilio es justo que yo agradezca la parte que a mí me toca; y así, a conocerle atenta, por ti y contigo he venido. Dentro los instrumentos y grita Hacia esta parte se acerca el regocijo y, pues todos con la venida se alegran de su dueño, no en nosotras reparen que de su fiesta nos desdeñamos, y así, introducidas en ella, la celebremos. Será impropiedad que en mí vean alegría. Antes será como exceso de fineza, que en el Día del Señor, que criados le festejan, no hay canas que alegres bien a sus ojos no parezcan. Siendo así, con esa salva dé de agradecida muestras. Salen todos los segadores y segadoras que puedan bailando y entre ellos SIMEÓN, LEVI, CELFA y ZAFIO. Detrás de todos BOOZ, LUCERO y DISCORDIA se mezclan con ellos guiando una banda y RUTH y NOEMÍ otra Norabuena el padre de familias venga a ver las labranzas que gozó en herencia. Venga norabuena, norabuena venga. Toda la vida es mudanzas y, pues sin que tiempo pierda bien desde aquesta era estoy mirando todas las eras, permita que estos criados a mi vista se diviertan. A mirar sus gentes y ver las tareas, y si en su servicio van malas o buenas norabuena venga. Cay el LUCERO ¡Ay de mí! El primero hubiste de caer en mis lazos. ¿Esa que novedad es, ¡ay triste!, si mi caída primera fue el lazo de la discordia? Levantaos. Quiere levantarse y no puede quedando en el suelo fuera del corro Si yo pudiera levantarme ¿qué faltaba a mi dicha? Pues se queda fuera del corro estropeado, sin él vuelva el baile. Vuelva. A ver lo primero arada la tierra y arrojado el grano, o prenda o no prenda. Cae NOEMÍ a los pies de BOOZ y él la levanta dándola la mano ¡Ay infelice de mí! ¿Qué bailáis vos, buena vieja? Aun bien, que tras mí cayó toda la naturaleza. Sí, pero tú no pudiste levantarte como ella. ¿Qué mucho si hay quien la mano la dé? Vuelva el baile. Vuelva. Al segar las mieses con el alba y verlas, joyas de esmeraldas cuajadas de perlas. Venga norabuena. Como van bailando van cayendo todos y levantándose sin dejar el baile ¡Ay, que me he hecho las narices! ¡Ay, que me he roto una pierna! Todos cayn donde cay. Nada es. Vuelva al baile. Vuelva. A ver cómo ya acaba la siega y quebranta el trillo lo que el bieldo avienta. Venga norabuena. ¡No hay ninguno que no caiga! Como quebrada la tierra y llena de hoyos está cayn todos. Si no es Ruth bella. Donde a poner el pie agora va, hay lazo que caiga es fuerza. Proguiendo los lazos del baile con esta última copla, va a caer RUTH y BOOZ ataja la música a tiempo que ella sin caer queda puesto el pie sobre LUCERO Al ver limpio el grano, que la paja vuela. Detente y no se prosiga el baile, que ya la negra noche acercándose va. Que para mí será eterna, pues no la dejo que caiga estando del lazo cerca, parándola cuando tiene la planta sobre mí puesta. Él cay y no se levanta; todos aunque cayn se esfuerzan; Rut sola antes de caer la tienen ¿qué enigma es esta? Déjala sin apurarla y entiéndala quien la entienda. Levántase ¿Leví? ¿Qué, señor, me mandas? Que en una cabaña de esas me hagan un lecho de haces en que la noche divierta, que quiero con el aurora ver también cómo la siega va del trigo. Aunque la mía es tan pobre, tan pequeña como las demás. No importa que no será la postrera noche que otro mejor dueño en pajas de Belén duerma; idos a recoger todos. ¡Ay, hermosa espigadera, cuanto tu beldad me inclina! Pues en el campo se queda, ven adonde sepas, Ruth, lo que mi amor te aconseja. Siempre haré lo que me ordenes, que soy hija de obediencia. Vanse los dos Hasta ir a la cabaña la música y baile vuelvan. Norabuena el padre de familias venga, a ver las labranzas que gozó en herencia, venga norabuena. Vanse todos bailando delante dél y quedan LUCERO y DISCORDIA En fin, Discordia ¿no da este rasgo, este bosquejo de lo que hoy es ni un reflejo solo de lo que será que no sea contra mí? No me espanto que te dé pavor, porque aún yo no sé qué hallé, qué noté, qué vi en cuanto hasta aquí he advertido, que con tu mismo cuidado absorta y muda he quedado, mas no te des por vencido sino prosigue hasta ver de quién en tu hado enemigo es. Di. Símbolo este trigo y imagen esta mujer. Pues si hemos de proseguir, veamos en qué a parar va el consejo que la da su madre, ya que advertir puede en la obscura tristeza de la noche mi desgracia, donde movida la gracia va de la naturaleza. Mirando dentro como que ven lo que dicen los versos Hacia la cabaña va sola y oscura, en quien esta noche a Booz Belén pajizo albergue le da. A sus plantas se reclina. Y él al contacto o al ruido, mal despierto o mal dormido, averiguar determina lo que aún no sus ojos ven, diciendo en baja voz leve. Salen como oscuras representando con recato y misterio BOOZ y RUTH ¿Quién a transcender se atreve aquestos umbrales? Quien, si no la socorréis vos, sin duda perecerá. Para mí la gracia está llamando a puertas de Dios. ¿Quién eres, dime, y qué quieres? Una mujer afligida soy, que a estas puertas la vida piensa hallar. Sepa quién eres. La espigadera que halló primera gracia en tus ojos y sin temer los enojos de la noche aquí quedó como tus piedades ven, por salir a mejor hora a coger con el aurora las espigas de Belén; de la noche el duro yelo aquí me obligó a amparar. Y aún a mí me hace llorar el ver vuestro desconsuelo, tomad, pues, y de frío tanto os reparad. ¿Qué hay que diga, al ver que el padre la abriga, de familias con su manto? Dale el gabán o manto y ella le toma Bien explicado se ve el cielo en su amago breve, pues a nadie da la nieve que la lana no le dé. El haber yo recebido la ropa que me ofrecéis es porque me la debéis. Decís bien, que os la he debido, que sois pobre y mal podría negar yo cuan vuestra era. Aunque por pobre no fuera la tomara porque es mía. ¿Vuestra? Sí. ¿Cómo? ¿Que habéis frustrado lo liberal? Como es la ropa nubcial que a mi sangre le debéis: Noemí la amarga y la hermosa, que es la madre que alimento, por quien lloro, gimo y siento, fue de Abimelech esposa, vuestro deudo, y de Mahalón su hijo yo, en quien hoy está del gran tronco de Judá la rama sin sucesión; y siendo así, que en la bella lección de las profecías el prometido Mesías es de fee que vendrá della, bien por ley y obligación debéis revivir en mí las cenizas de Noemí, Abimelech y Mahalón; conque, aunque de liberal la capa y caritativo vos me la deis, la recibo yo como ropa nubcial. Vuelve BOOZ a cobrar el manto Como tal en vuestra mano desde luego la dejara, si contra mi amor no hallara otro deudo más cercano a quien le toca esa acción; y así, hasta que sepa dél, si en vos quiere atento y fiel cumplir ley y obligación, no me atreveré a dejalla, porque en fee de mi poder violencia a nadie he de hacer; y pues el silencio calla de la noche que hasta aquí lleguéis, no en resolución que nació de inspiración demos que glosar; y así idos, conmigo a deshora nadie os vea. Y pues que ya veis que descifrando va los enigmas el aura de las sombras de los dos, hasta que en tan soberana duda os responda mañana, id con Dios. Vase BOOZ Quedad con Dios. En misteriosos extremos paso, Discordia, no damos sin un asombro. Atendamos, que después discurriremos. Dentro Levi. ¡Ah de chozas y cabañas, jornaleros de Booz, buenos días! Buenos días. Para ir a la labor despertad, que ya viene el alba. Despertad, que ya viene el alba. Despertad, que ya viene el sol. Despertad, que ya viene el sol. Del afán a que los llaman han compuesto la canción. Porque con ella otra vez padezca escuchando yo que ya viene el alba. Que ya viene el alba. Que ya viene el sol. Que ya viene el sol. Pues que de la obscura fría noche, huyendo las tinieblas, de las tropas de sus nieblas triunfa vitorioso el día; y la voz del mayoral, perezosamente alerta, alegre el afán despierta a vivir de su jornal, vuelva a mi ejercicio, pues en la fatiga que sigo ya el rastrojo de aquel trigo me está franqueando la mies; ¡quién a más bello arrebol supiera hacer mejor salva! Despertad, que ya viene el alba, despertad, que ya viene el sol. ¡Qué lozana la campaña a merced de Dios está! Lucero, atención, que ya va donde el trigo es cizaña. Empieza RUTH a coger algunas espigas y sale LEVI con un haz de ellas y por detrás de RUTH la va arrojando y ella va cogiendo las que arroja sin verle Mandome Booz que, si viera esta espigadera aquí, como al descuido de mí siempre que llevar tuviera, y así en la senda que va espigas iré dejando caer. ¡Qué es lo que estoy mirando! Los socorros que la da de parte de su señor el que para sus fatigas arroja a sus pies espigas. ¡Qué inmenso es vuestro favor, oh soberano Jehová! Pues en el pobre deshecho de un ya segado barbecho tan grandes frutos me da. ¿Qué acaso es, piensa? Y los dos vemos, porque nos asombre, que los acasos del hombre aun son cuidados de Dios. Bien claro nos desengaña si aquí las llega a gozar. Que no tiene que llegar adonde está la... ¡Cizaña en los trigos ha nacido! ¿Qué oigo? ¿Qué escucho? No hay mata que sin mala yerba esté. ¡Qué desdicha! ¡Qué desgracia! Sale BOOZ, alborotado por una parte, y por otra SIMEÓN y los demás segadores ¿Qué voces aquestas son? Que apenas aquesa haza, de cuyos lozanos trigos pensamos colmar tus parvas empezó a romper la hoz, cuando en su primera tala la descubrimos cubierta de viciosa yerba, en tanta multitud que será inútil el trabajo de segarla, pues apenas queda espiga que en la raíz de su caña no intente infestar el fiero contagio de la cizaña que en ellas nace; sin duda no fue en su primer labranza buena, señor, la semilla que en ella sembraste. Calla, que buena fue, y tanto que, si hubiera de compararla algún místico sentido, sólo fuera a la palabra de Dios, de cuya dotrina el mejor fruto se aguarda. Pues algún traidor obrero de los que en tu labor andan, heréticamente (ya que a doctrina la comparas) la cizaña de sus dogmas sembró en ellas. Mientras se halla el agresor, vamos todos, procuremos arrancarla de las prendidas raíces que hasta aquí echó. Espera, aguarda, que no ha de arrancarse así. ¿Por qué? Porque, si están malas yerbas mezcladas con buenas en la raíz, cosa es clara que unas se destruyan si otras con violenta acción se arrancan. La República de Dios permite, tolera y guarda a los malos por los buenos; y así, con esta enseñanza, mejor será que igualmente se sieguen a un tiempo entrambas semillas, y no padezcan con la fuerza de arrancarlas violentamente las unas por las otras; que segadas una vez entrará el juicio, conque verás que se apartan mejor las malas y buenas, y que las buenas se guardan y las malas se condenan siendo materia a las llamas ellas mismas de la hoguera, donde para siempre ardan. Vamos allá, yo diré lo que se ha de hacer. Vanse BOOZ, LEVI y SIMEÓN ¡Turbada de pensar que este socorro falte no muevo las plantas! Ya por lo menos, Lucero, al ver cómo se separan las buenas y malas yerbas lograremos ver que haya que echar al fuego ¿Qué importa si a las espigas no alcanza que, escogidas para Ruth, en fee de suyas se salvan de tu contagio? En su mano verás que aun llego a infestarlas. Alguna vez lo intenté y no lo conseguí. Retírase el LUCERO y adelántase la DISCORDIA ¿Cuántas bastan otros a delitos a que el demonio no basta? Peregrina espigadera, que advenediza y extraña de estos montes has venido a quitar esas migajas (que de la mesa de Dios él permite que se caigan) a tantas espigaderas como a merced de la patria nos sustentaron sus mieses, presumiendo que se guardan sólo para ti las que hoy se han conservado sin mancha, suelta, que a todos nos tocan estos derechos. Repara que porque son de otra pobre, a quien yo debo llevarla viendo que la tuya no es necesidad sino rabia, no te entrego estas espigas. ¿Qué importa si yo tomarlas puedo? Sabré defenderlas. Abrázase con el haz de las espigas, cruzando los brazos, y retírase la DISCORDIA Sí sabrás, pues que me matas en vez de que mate yo; ¿quién eres, oh imaginada mujer, en cuyos vislumbres no sé qué visos se esmaltan de futura luz, que siendo unas espigas tus armas parece que rayos vibran? ¡Lucero, mi vida ampara! ¿Huyendo vuelves? Al ver que al hacecillo se abraza del trigo en Belén nacido y que a sus pechos le guardan en forma de cruz los brazos, en mí tus primeras ansias se han revestido. ¿Quién eres, mujer, que a los dos espantas? No sé más de mí que ser la humilde, y de ambos me salva quien derriba los soberbios y los humildes levanta. Y si el cielo me ilumina soy quien aun en sombras basta para poneros temor. ¿De quién? De otra soberana Rud, que a sus pechos tendrá el trigo que en Belén nazca, fruto de aquel sembrador que en la era desta haza Llega al primero carro viste tú arrojar el trigo. ¡De buena siembra te alabas, de una era en quien cayó el trigo en partes tan varias que uno en corazón de piedra no prendió, ni otro en ollada senda, ni otro en tan viciosa tierra que admitió cizaña! Por eso, si se perdió en esas tierras ingratas a su dueño, se cobró en las fecundas entrañas de otra virgen tierra. Yo, si vuelvo a correr mis sañas, al sembrador solo veo, no a la tierra que señalas fecunda y virgen. Ábrese el primero medio carro y vese el SEMBRADOR en la misma acción que se vio al principio, y dando vuelta, como dicen los versos, se ven en el reverso del otro medio carro una NIÑA, con manto azul, y un ÁNGEL de rodillas, figurando lo mejor que se pueda un cuadro de encarnación. Sí ves si de la figura pasas a lo figurado. ¿Dónde está? En esa tierra intacta que vendrá después de mí, en quien siembre la palabra de Dios mejor sembrador. No veo nada. No veo nada, que sin duda este misterio es el que Dios me recata tanto que toda mi vista ni mi ciencia no le alcanzan. Pues aunque tú no le veas, diciendo está en voces altas: «Ave María, llena de gracia». «Ave María, llena de gracia». «Bendita tú eres». «Llena de gracia». «Entre las mujeres». «Llena de gracia». «Y bendito es el fruto de tus entrañas». «Ave María, llena de gracia». Esclava soy del Señor, en mí su voluntad se haga. «Ave María, llena de gracia». Aunque hay luces que me yelan donde hay sombras que me abrasan, para dejar de seguirte me asustan, mas no me espantan. Iré donde vi que al cielo la sembrada mies levanta en ofrenda el sacerdote. ¿Qué hallarás, cuando allá vayas? Si para llegar al fruto el segado trigo es clara cosa que ha de deshacerse el grano y, deshecho, nada me puede dar que temer. Ábrese el segundo medio carro y vese en él los VILLANOS y el SACERDOTE en la acción que primero, levantando las espigas, y con los versos da vuelta el carro y vese en el otro medio un NIÑO en una cruz Tú lo verás, si reparas lo figurado también de aquesta figura santa. ¿Qué es? Cristo, mortificado grano para el fruto, en la ara de la cruz, a quien diciendo himnos, cielo y tierra cantan. «Ave, cruz bella, divina vara». «Ave, cruz bella, divina vara». «Precioso ligno». «Divina vara». «Bandera de paz». «Divina vara». «De Jesús, lira; de David, arpa». «Ave, cruz bella, divina vara». Yo soy el mortificado grano que su fruto ensalza cuando a la vista del pueblo la hostia el sacerdote alza. «Ave, cruz bella, divina vara». Nuestro obstinado furor aún no detiene ni para tanto asombro. Pues iré donde este trigo se guarda a que me guarde de entrambos. Veremos lo que dél sacas. Ábrese el tercero medio carro y vese en él JOSEPH como primero, y dando vuelta se ve en el otro medio carro una fuente en un jardín con siete caños Para hambre de siete años, de siete años la abundancia, en los siete sacramentos que perenemente manan de la fuente de la Iglesia, donde a todos se repartan, siendo el tesoro escondido de quién dirá la alabanza «Ave, tesoro de mejor arca». «Erario feliz». «De la mejor arca». «Alto secreto». «De la mejor arca». «Llave divina de fuente sellada». «Ave, tesoro de la mejor arca». Por lo menos, ya que sea tesoro, verle pan falta, pisando yo esas espigas. No harás si de ti las guardan Melchisedech y Abrahám. ¿Dónde? Vense los dos en el cuarto medio carro y dando vuelta se ve en el otro medio un altar con sacramento debajo de araceli Yo, en esta campaña, que vencí la Idolatría. Y yo en la obra más alta de esos siete sacramentos, que en hacimiento de gracias sacrifiqué en pan y vino. ¿Cuál es? El de esa hostia blanca. Que es la santa eucaristía. Por quien dicen voces altas: «Ave pan vivo de hostia sagrada». «Ave pan vivo de hostia sagrada». «Maná de las nubes». «Hostia sagrada». «Rocío del cielo». «Hostia sagrada». «Gracia de Dios y aumento de gracia». «Gracia de Dios y aumento de gracia». ¡Ay de mí, infeliz, que al verle todo es paz, Discordia falta! Ahí verás que no fue en vano el asombro que me daban las espigas de Belén, pues cuando llego a mirarlas hoy en las manos de Ruth su siembra hallo, en tierra intacta, su siega en alzada cruz, su troj en fecunda guarda y su pan en sacramento repitiendo voces varias: Los de cada carro con la MÚSICA repiten los versos que les tocan, dando todos vuelta «Ave María, llena de gracia». «Ave cruz bella, divina vara». «Ave tesoro de la mejor arca». «Ave pan vivo, hostia sagrada». ¿A qué más pudo llegar mi pena? A lo que ahora falta. Salen todos La cizaña que nos dio cuidado fácil se arranca, sin que los frutos destruya en fee de las soberanas espigas de Ruth, de quien todo este triunfo se aguarda. Y en fee de que Noemí sí es la naturaleza humana, al amparo de tal hija dichosa llega a tus plantas. Y dichoso tú, sobrino. ¿Por qué dichoso me llamas? Porque siendo el más cercano deudo suyo, debes darla la mano de esposo. Cuando yo merezca dicha tanta, la acetaré, por cumplir la ley, mas para dejarla con sólo el nombre de esposo para ti pura y intacta, que siendo tú el padre destas familias, y hallando gracia en tus ojos, sólo tu alto spíritu ha de lograrla, porque se diga también que a un pariente ser le mandas esposo sólo en el nombre, cuando para ti la ensalzas. Siendo así, a mis brazos llega. Mejor estoy a tus plantas. ¿Ya qué hay que esperar si veo que destas virtudes nazca nieto David, de quien hijo llamará después la fama al prometido Mesías? Que para mayores ansias el triunfo de las espigas de Ruth esas voces altas repitan Diciendo todos, humildes a vuestras plantas: «Ave María, llena de gracia. Ave cruz bella, divina vara. Ave tesoro de la mejor arca. Ave pan vivo y hostia sagrada, gracia de Dios y aumento de gracia». Con esta repetición dan vuelta los cuatro carros viéndose a un tiempo sembrador y encarnación, sacerdote y cruz, erario y fuente, sacrificio y sacramento y cerrándose las apariencias acaban el auto los que están en el tablado.