Personajes SAN JUAN, baptista LA SINAGOGA EL JUDAÍSMO LA IGLESIA SAN PEDRO SAN ANDRÉS SANTIAGO SAN JUAN, evangelista SAN PABLO LA INOCENCIA EMANUEL PEREGRINO MÚSICOS Sale toda la música en tropa y detrás san Juan Baptista con un bastón y en él una tarjeta con esta letra: «Omnes prophetae et lex, usque ad Ioannem propheta verunt, Matthei, cap. 11, num. 13» Canta Venid, mortales, venid, venid, venid a oponeros… …que en la nueva ley de la gracia prebendas hay vacas, laureles y premios. Venid, venid que la Iglesia que es el católico gremio, Canta hoy en públicos edictos llama a todos los ingenios. Venid, venid, que la causa es a proveer en ellos los lugares que han vacado del Antiguo Testamento. Venid, mortales, venid, venid a oponeros… …que en la nueva ley de la gracia prebendas hay vacas, laureles y premios. Este altivo, este eminente poblado monte soberbio, que coronado de nubes monstruo es de cuatro elementos, pues con su estatura sombra hace al mar, pues con su peso la tierra estremece, pues con su bulto estrecha el viento y mariposa sin alas, porque no se alabe el fuego naciendo le ciñe el sol y el sol le ciñe muriendo, sea público teatro de nuestro pregón haciendo notorio al mundo este edicto, pues como profeta puedo anticipar sus noticias hasta que se llegue el tiempo que el sol que hoy anuncio pueda señalar, a cuyo efecto entre aquestas dos montañas, que polos del universo estrella a estrella examinan las luces del firmamento, fijo quedará después que en repetidos acentos le publiquen nuestras voces una y otra vez diciendo: Canta Venid, mortales, venid, venid, venid a oponeros… …que en la nueva ley de la gracia prebendas hay vacas, laureles y premios. Vanse dejando el edicto fijo en medio del tablado y sale la Sinagoga como oyendo las voces, vestida a lo judío. ¿Que en la nueva ley de la gracia prebendas hay vacas, laureles y premios? ¿Qué nuevo pregón es este, o qué edicto es este nuevo, a cuyo escándalo todo el orbe se pasma viendo que pronunciados del aire y no gastadas del eco llevan cabales sus voces con la música el estruendo? Nueva ley de gracia dice que las publica, ¿qué es esto? Nueva ley de gracia, ¿cómo es posible haberla —¡cielos!— siendo yo la Sinagoga, que la escrita reverencio, después que la natural ley vacó para mi pueblo cuando en Sinaí Moisén extendió sus dos preceptos en el decálogo a diez, de quien fue buril el dedo de Dios y lámina el mármol que hasta hoy los conserva impresos con vara y maná, tesoros del arca del testamento? Pero ¿qué dudo? ¿Qué dudo que edicto sea, teniendo hoy mi Sinagoga tantos doctos insignes sujetos que sabrán interpretarme deste pregón los misterios? Bando de Israel, amado del gran Dios de los portentos: ¿Judaísmo? Sale el Judaísmo ¿Quién me llama? Tu Sinagoga, que habiendo oído una voz en los montes, porque es voz de los desiertos, de ti pretende saber: ¿con qué razón, con qué intento nueva ley publica, a cuyo fin aqueste edicto ha puesto? Aguarda, leeré el edicto, porque con más fundamento te responda. Dice así: ¡Ya de su sentido tiemblo! Lee Omnes Prophetae et lex usque, ad Ioannem prophetaverunt. ¿Quién le firma? Uno de cuatro secretarios. ¿Cuál? Mateo. Pues ¿cómo a decir se atreve que hasta Juan durar pudieron mis profetas, dando así a entender que a falta dellos llama a quien en lugar suyo venga a oponerse a sus puestos, prebendas y dignidades? Ni lo alcanzo, ni lo entiendo; pero de quien esas voces articula lo sabremos. ¡Oh tú confuso, oh tú errado vulgo de gentes compuesto!, ¿qué edicto es este que vas publicando? Dentro El verdadero edicto de nueva ley. ¿Todos respondéis a un tiempo? Vuelven a salir todos los del edicto Sí, porque un cuerpo no más todos juntos componemos. Pues si solamente es el que componéis un cuerpo místico de todos, todos responded en un supuesto que de todos producido por todos hable. Sí haremos. ¿Y quién será aquese? Sale de entre todos la Iglesia con manto y corona imperial. Yo. ¿Quién eres, prodigio bello? ¿Quién eres, divino asombro? Estadme los dos atentos: Yo soy la que en el principio del mundo fui y la que tengo de ser hasta el fin del mundo, pues fui, y soy, y seré gremio y congregación de fieles que hubo, y hay, y ha de haber, pero con diferencia de estados, circunstancias y sucesos. Allá en la ley natural tuve el estado primero, donde sujeta nací a las leyes y preceptos de la razón natural y sobrenatural, puesto que Dios la naturaleza crió humana, dirigiendo y elevando para sí su ser con poder inmenso. Y este fin, no solamente natural fue por su objeto sino sobrenatural, pues ya miraba a lo eterno. Y así, le fue necesario a Dios disponerla medios ordenados a estos fines; estos por entonces fueron leyes naturales, leyes sobrenaturales, pero no visiblemente escritas ni dadas en aquel tiempo, sino impresas en el alma con los caracteres cuerdos de gracia y naturaleza. Mas como en cualquiera imperio o república no todos son doctos, sabios y atentos (y aunque lo sean, se ofrecen ya dudas y ya argumentos acerca de la observancia de la ley) dispuso el cielo que hubiese siempre visibles oráculos verdaderos a quien todos consultasen. Y así fue Adán el primero prevendado de la ley natural, a quien siguieron en ella los patriarcas y los sacerdotes, siendo doctos intérpretes suyos, hasta que llegando el tiempo de Moisén la natural ley (que era en el universo común a todos) vacó respeto del pueblo hebreo, porque habiendo de tomar Dios carne humana y habiendo elegido para sí la familia deste pueblo, quiso ilustrarle con nueva ley. Y así, en el monte excelso de Sinaí dio a Moisén la escrita, el cual, sucediendo a Adán, ocupó el lugar de aquel preeminente puesto, mas con esta diferencia: que fue en este cargo electo debajo de luz visible y escrita, cuyos misterios del grande Mesías venturo, eran sombras y bosquejos, especialmente en los ritos ceremoniales, pues vemos que son figuras y enigmas de la luz del Evangelio. Esta, pues, segunda ley en quien tras Moisén tuvieron en vez de los patriarcas los profetas el gobierno con la venida de Juan también ha vacado, viendo que ya no tardará el sol pues hemos visto el lucero que le ha de manifestar no en visos, sombras y lejos venturo, sino presente, como lo asegura el texto de ese edicto en quien dirá por su escritura Mateo: Quae onmes prophetae et lex, usque ad Ioannem prophetaverunt. Y aunque es verdad que yo nunca un solo instante, un momento vacar pude, porque siempre permanecí, con todo eso, parece que da licencia este espacio, este intermedio que hay desde el lucero al sol para decir (con el tiento permitido a la precisa explicación de un concepto) que hay hoy vacante, pues hoy cesan los profetas vuestros. Porque siendo, como he dicho, su cargo y su ministerio solo anunciar al Mesías, y ya tan cerca le vemos en Juan pues, aunque él no es luz, testimonio es de luz, cierto será que a su vista vayan las sombras desvaneciendo los horrores y que vaquen las dignidades y puestos de los profetas. Y así, con esta causa pretendo llamar a la oposición a los más doctos ingenios en cuya lid mi justicia será su merecimiento. Y asentada la vacante, para que nada dejemos por decir, a los principios de mi principio me vuelvo. Aquí, curiosos, aquí os he menester atentos porque siendo yo en común y no dejando de serlo en particular la Iglesia, con dos sentidos a un tiempo, hoy a dos luces habéis de entender un pensamiento. Yo primeramente fui madre de ciencias, supuesto que la gran sabiduría es el alma deste cuerpo místico, luego si quiso decir en idioma ajeno Maredit, madre de ciencias, no será mucho que siendo yo en común la Iglesia, sea en particular el centro, el dosel, la silla, el plaustro de toda ella y, en efecto, la corte donde al juicio de sus mejores consejos se provean las vacantes. Y así, Maredit (mas esto no ha de decirlo la voz, si no lo ha dicho el silencio) sobre las más altas cimas, los collados más excelsos de los montes coronada me vi de los rayos bellos del sol allá en los Cantares; mas a esto tampoco quiero dar explicación, pues ya he asentado por lo menos tras darme Maredit nombre darme los montes asiento sobre tostadas alfómbras de pedernales de fuego. La principal puerta mía es por agua; y así tengo un ancho puente por donde han de entrar los forasteros que vengan a mí pasando por el agua lo primero, para entrar después por puerta cerrada que ahora está. Pero aunque se abra para todos, para uno solo sospecho que ha de ser puerta cerrada antes y después. No quiero dar más señas; y así agora a atar el discurso vuelvo. A ese fin se ha publicado ese edicto, porque habiendo vacado en mí los lugares que Elías y Moisén tuvieron y Jonás, que son las tres sillas que en la Iglesia fueron siempre por oposición dadas al merecimiento, porque son la doctoral, la penitenciaria, y luego la magistral dignidades que hoy están vacas. Supuesto que la doctoral de leyes tuvo Moisén en el pueblo; la penitenciaria Elías habitando en el desierto y Jonás la magistral de predicación haciendo a Nínive, antes ciudad sin Dios, ciudad de Dios, quiero darlas por oposición, a ella desde aquí admitiendo cuantos a oponerse vengan llamados de los acentos de esa música que dando va mis edictos al viento diciendo en estos carteles y en esas voces diciendo: Venid, mortales, venid venid, venid a oponeros… …que en la nueva ley de la gracia prebendas hay vacas, laureles y premios. Vanse todos cantando, habiendo quitado el edicto, y quedan solos la Sinagoga y Judaísmo Oye. Espera. Escucha. Aguarda. Que asombrada… Que suspenso… …al oírte… …al escucharte… …¡de ira rabio! …¡de horror tiemblo! ¿Judaísmo? ¿Sinagoga? ¿Qué prodigio…? ¿Qué portento…? ¿…es el que así te ha turbado? Pregúntate a ti lo mesmo, pues la venida de Juan de una misma suerte ha puesto en dudas y confusiones la Sinagoga y el pueblo: ¿si será aqueste el Mesías? No, que viene sin estruendo, como Isaías le aguarda, de relámpagos y truenos y aún no miramos cumplidas en los cómputos del tiempo las semanas de Daniel. Uno y otro considero, y uno y otro me obscurecen la luz del entendimiento; porque ¿en quién piensa ocupar de la ley el magisterio que tuvo Moisén? ¿Quién puede ser cabeza della? Descúbrese en el primer carro una barca y en ella Pedro con el timón, Andrés con la vela, y Juan y Diego con los remos, vestidos de pescadores. Pedro, cuidado con el timón pues te ha tocado el gobierno de aquesta pequeña nave en que tormenta corremos. Aguarda, que a mi pregunta, sea acaso o sea proverbio, parece que han respondido. Acaso ha sido, pues vemos que de humildes pescadores el fácil errado leño en el mar de Galilea está tormenta corriendo, cuando nosotros dudando. Pues a mi discurso vuelvo; ¿quién (dejo a Moisén) podrá llegar a ocupar el puesto de su hermano Aarón? Andrés, coge la vela con tiento que la vara de la entena con las ráfagas del viento enreda en aspas y cruces todas las jarcias. ¿Qué es esto? ¿Al nombrar a Aarón responden tocando, no sin misterio, en su vara? No hagas caso de los acasos; pues ellos en términos de faena hablan por tomar el puerto. Pues ¿quién, si el discurso sigo, podrá ahora, ni otro tiempo, suceder al gran David, que interpretamos dilecto, que es de Dios amado? Juan, con la pluma de ese remo, en el papel de las ondas dejarás tu nombre impreso, si de la mareta vences con él los embates. ¿Y esto ha sido también acaso? Claro está. Mucho lo temo oír metáforas de pluma, cuando de David me acuerdo; mas, ¿quién al gran Josué, valiente lidiador nuestro, podrá suceder jamás en tantas victorias? Diego, por ti habemos de vencer guerra de dos elementos. También de guerra han hablado cuando a Josué nombro. Presto verás que todas tus dudas han sido sin fundamento, pues ya cercana la quilla de tierra está. Con todo eso, por el susto que me han dado no quiero hablarlos ni verlos. Vamos por estotra parte. Pásase al carro de enfrente, donde se descubre un caballo y en él Pablo y un criado a su lado, y a su tiempo baja el caballo y él se apea. Y el discurso prosiguiendo; la predicación de Jonás, rebelde a Dios algún tiempo, ¿quién la sucederá? Pablo, tu vida está en grande riesgo, pues, rebelde ese caballo a la obediencia del freno despeñarte intenta. Yo le fatigaré el aliento de suerte que cuando caiga, aun de montes más soberbios, sea feliz mi caída. Todo es prodigios y agüeros para mí, montes y mares. Caminantes son que huyendo la tempestad apresuran el paso. Oírlos no quiero; ven por aquí, Sinagoga. Pásase al otro carro, y en lo alto dél pasan Emanuel, vestido de peregrino, y la Inocencia de villano Y dime: ¿quién, en efecto, en la nueva ley será, si del principio me acuerdo de la natural de quien procedió la escrita luego, segundo Adán? Emanuel, las ruinas de aquel deshecho portal podrán albergarnos de las iras del invierno. Ven, Inocencia, conmigo porque desde él voces demos a todos los peregrinos que van errados. Primero daré, porque el cielo y tierra aplaquen rigor tan fiero: ¡Gloria a Dios en las alturas y paz al hombre en el suelo! ¡Otro prodigio, otro asombro! La Inocencia, a lo que veo, de unos pastores allí un peregrino extranjero guía a un portal que le abrigue de las cóleras del cierzo. Pues ven por estotra parte, veré a quién en ella encuentro. Pasase al carro de san Juan Baptista Venid, mortales, venid, venid a oponeros… …que en la nueva ley de la gracia prebendas hay vacas, laureles y premios. Otra vez con Juan he dado, mas este ya no es agüero que, pues a la oposición convida, oponerme pienso en dos sentidos: el uno, como rabino y maestro; y el otro, como enemigo. Pues si Sinagoga y pueblo contra todos se conjuran… …qué importarán los proverbios… …del pescador en el golfo… …del caminante en el riesgo… …del peregrino en las ruinas… …ni de Juan en el desierto… …aunque en nueva Babilonia… …repitan todos a un tiempo: Bajan los cuatro ¡A tierra, a tierra, que ya vencimos el mar soberbio! Apease del caballo Aquí bruto queda en tanto que yo me informo qué es esto. Venid, venid a albergaros, peregrinos extranjeros, tomad mi cruz y seguidme. Vase Venid, venid a oponeros… Dentro …que en la nueva ley de la gracia prebendas hay vacas, laureles y premios. Bajan al tablado Pedro, Andrés, Juan y Diego; y por la otra parte Pablo, vestidos ellos de pescadores, y el otro de romano ¡Gracias, cielo divino, que vencido ese monstruo cristalino, a tierra hemos llegado! Si tú, Pedro, el timón has gobernado, siendo nuestro piloto, ¿qué mucho que aquilón, ábrego y noto te hayan obedecido? Grave el rigor del huracán ha sido, que contra nuestra nave se levantó. Por más que fuese grave su cólera atrevida, zozobrada la vio, no sumergida, salvándose a pesar de sus rigores. Decidme, humildes pobres pescadores, que de Genezared hoy en la playa, freno de arena que detiene a raya ese del mar caballo desbocado siempre de sus espumas argentado, vivís de la marítima tarea: ¿qué maravilla sea la de un público edicto, en papel de aire con la voz escrito, de un profeta que incierto clama desde las cumbres del desierto? Que con deseo de saber qué ha sido a solo preguntároslo he venido, arredrado dejando aquel caballo por ver si luces o si sombras hallo contra lo que entendí de aquellas voces que más escandalosas que veloces de aquí espacio sonaron no distante. Galán, bizarro, heroico caminante, cuya presencia a presumir nos mueve que el amor de justicia se te debe, mal responder podemos porque la misma duda padecemos. Ese sonoro acento, que con sola una voz ocupó el viento, dentro del mar oímos y con deseo de saber salimos qué sirena esta música ha causado. Según eso, no solo mi cuidado hoy podrá de vosotros informarse, pero en obligación de declararse está en aqueste punto y deciros lo mismo que os pregunto. Hasta aquella perdida parte, aquella que pendiente a la voz percibí della, sabed, a lo que oí, que su sentido es decir que han vacado y perecido las sombras y figuras de que llenas están las Escrituras. Con cuya novedad dar vuelta quiero hoy a Jerusalén, adonde espero oponerme a los ritos de esos nuevos escándalos y edictos, que falsamente intima ese o hombre, o lucero, o voz, o enigma. Pues decid, ¿no pudiera ser que fuese doctrina verdadera? Pues, si el cómputo hacemos de los días, en vísperas estamos del Mesías, con que de los profetas considero vacar el cargo. ¿Tú eres el primero que crédito le ha dado? En mucho estimo haberlo yo empezado; pues si él de los profetas nos da indicio que ha empezado a vacar el santo oficio, esperanza me queda cuando otro Santo Oficio le suceda de que en fe de haber sido yo el primero en su fe, de agradecido haga las señas mías marca de su rebaño a las impías ovejas que apartadas dél se salen, cuando de Andrés las armas las señalen. A todo respondiera, si con vosotros argüir no fuera inútil bizarría. No tanto despreciéis la grosería de humildes pescadores, que yo, Juan, el menor de sus menores, tengo espíritu tal, tal fe, tal celo, que del águila juzgo corto el vuelo; aunque lidiar presuma, con el sol, rayo a rayo y pluma a pluma. Sí será; pero ved, que es gran distancia la que hay desde el valor a la arrogancia. Si del valor a oír desprecios llego, mirad que habrá de responderos Diego haciendo ya ese mar, ya esa campaña, árbitros de una hazaña y otra hazaña. Pues si con tales modos de fe, ingenio y valor blasonáis todos, ¿por qué, decid, al veros con méritos no vais? ¿A qué? A oponeros a esas vacas prebendas que dejan los profetas. Porque entiendas que no desconfiamos y creemos, a otra voz que nos llame nos iremos. ¿Qué voz ha de ser esa, si la de Juan, que por Mateo confiesa que hasta él durar pudieron los profetas, aún no os satisfacieron? La que siguiendo ese concepto diga… Dentro …tome su cruz y mis pisadas siga quien pescador dos veces lo será de los hombres y los peces. Nueva voz el discurso ha interrumpido. De un sentido pasando a otro sentido, parece que nos llama. No es la de Juan, aunque en desiertos clama, sino de un peregrino que de un pobre portal sale al camino. Aunque no sea de Juan, de Juan espero el misterio entender; y así, primero le he de buscar. Vase Para ir tras ti quisiera que sus plumas el águila me diera. Vase Yo, que su actividad me diera el fuego, pues soy hijo del trueno. Vase Espera, Diego. Perdonad, que, aunque os dejo desta suerte, vuestro amigo he de ser hasta la muerte. Vase Yo, pues solo me hallo, cobraré mi caballo y del mal que me ahoga noticia le daré a la Sinagoga, de quien ministro fiero ser desta ley persecución espero, aunque desconfiado de ver que a Juan los cuatro hayan llegado, a quien ha sucedido al primero cartel otro sentido mudando, pues ahora dice donde entonces dijo: Usque ad Ioannem… Canta dentro Ecce Agnus Dei, qui tollit peccata mundi. ¿Aqueste es el Cordero que quita los pecados? ¡De ira muero! ¿Qué Cordero es aqueste? Yo lo sabré y, aunque correr me cueste el orbe y alma y vida aventure al rigor de una caída, este ligero céfiro animado he de desalentar desesperado hasta saber qué sentido es aqueste que en sí incluye el decir… Ecce Agnus Dei. Ecce Agnus Dei. Qui tollit peccata mundi. Qui tollit peccata mundi. Cantando uno y representando otro se van y salen Emanuel, vestido de peregrino, y la Inocencia de villano, como oyendo el verso ¿Qué te parece, Inocencia, desta tierra a que he venido? Ingrata en extremo ha sido, o dígalo la inclemencia con que te recibe; pues en mariposas de hielo abajo se viene el cielo. Frío, hambre y cansancio es lo que a buscar vengo. Yo nunca esas cosas buscara, sin buscarlas las hallara, y más aquí donde no hay quien sin zozobras viva; nunca yo viniera acá a estar en mi mano ya que una vez me vi allá arriba. En el Paraíso nací de la original Justicia, dél me arrojó la Malicia y a los cielos me subí. La Inocencia soy, licencia tengo de ser siempre; pues va de preguntas, que esta es la pensión de la Inocencia: ¿por qué de allá me has traído? Porque importó haber bajado de Inocencia acompañado, puesto que el cordero he sido, símbolo suyo fiel, de que esa voz es indicio desde el primer sacrificio de los corderos de Abel. Pues ya que al mundo veniste en traje tan peregrino, ¿a qué ha sido este camino? ¿La primera voz no oíste en la nueva alegoría de oposición a que hoy llama? Sí. Pues si yo soy la eterna Sabiduría, puesto que la omnipotencia de mi Padre es sumo honor, de su Espíritu el amor, como de su Hijo la ciencia, y este soy yo, claro está que a certamen donde oí llamar los sabios a mí venir me ha tocado. Ya a aqueso estoy respondido: mas cuando oponerte quieras donde dignamente esperas ser laureado y aplaudido, ¿por qué tan pobre veniste y a pretensiones? Porqué así en favor no se ve que mi mérito consiste quiero que luzga por mí y no por mi autoridad de mis ciencias la verdad. Y pues veo desde aquí en la más excelsa cumbre de aquel coronado monte, que aguja deste horizonte, registra del sol la lumbre, la gran corte hermosa y bella de la Iglesia, cuya fama madre de ciencias la llama; y por ceñirla la estrella del Héspero, que en luz baña de uno y otro rosicler sus torres, mereció ser por el Héspero de España cabeza, cuyo edificio para campaña eligió la lid del ingenio. Yo, dando de mi ciencia indicio, llegar quiero a presentarme en su oposición y ver qué puntos tengo de leer para llegar a sentarme en las sillas de su coro. ¿Qué crédito te han de dar viéndote pobre llegar desnudo y solo? No ignoro que estilo es y autoridad que el que a oponerse prevenga con algún séquito venga. Y así, a la universidad del mundo de parte mía envié a Juan diciendo que aquí espero para que entren en mi compañía. Mucho temen mis sentidos que de su voz informados sean muchos los llamados y pocos los escogidos. Sale el Baptista con la vara y en ella el «Ecce Agnus Dei» Dame tus pies de quien no el lazo tocar merezco pues solamente me ofrezco a siempre seguirlos yo. Juan, ¿a quién tu claro acento en busca mía ha traído?; ¿quién son los que me han seguido? Escucha, Señor, atento: en el desierto la voz de un público edicto di, en cuyos ecos corrí por todo el aire veloz. Los príncipes y señores dél noticia no tuvieron y solamente me oyeron cuatro humildes pescadores; dijo la Gentilidad que estaba en sus sacrificios, cuando ellos redes y oficios dejaron por tu verdad; el Judaísmo desprecio de mí hizo, habiéndome oído. Si los pobres han venido, esos estimo, esos precio; y así, que lleguen te digo a la oposición porqué iluminados de fe entren al templo conmigo. Un clarín será mi voz que los convoque a este fin. Atención con el clarín cortando el aire veloz. Canta Si toca la caja, si suena la trompa, destrozo de guerra cual aire rimbomba y bélicas voces convocan la gente, ya más dulcemente acentos veloces. Llega, bando amado, que enseñarte quiero que este es el Cordero que quita el pecado. Si toca la caja, si suena la trompa, destrozo de guerra cual aire rimbomba y bélicas voces convocan la gente, ya más dulcemente acentos veloces. Llega, bando amado, que enseñarte quiero que este es el Cordero que quita el pecado. Salen oyendo esta voz Pedro, Andrés, Juan y Diego Si de maravillas tantas ser testigos merecemos, humildemente ponemos nuestras vidas a tus plantas. A la oposición venimos y, aunque humildes pescadores, fiados en tus favores esperanza y fe trajimos de merecer y triunfar en aquesta competencia. Y no en vano, que mi ciencia solo está en creer y obrar; y así lugares pedid a oposición de tal fama. ¡Ah de la Iglesia! Dentro una voz ¿Quién llama? Cantado esto Abrid las puertas, abrid. ¿A quién? Al príncipe vuestro, y publicando vitoria entrará el rey de la gloria. Sale el Judaísmo, alborotado Esperad, ¿quién es rey nuestro y de la gloria a quien hoy aplaudís de aquesta suerte? A él, que es poderoso y fuerte. ¿Eres tú acaso? Yo soy. Cae el Judaísmo en tierra ¡Ay de mí! Tu voz ha sido trueno que en mortal desmayo trajo disfrazado el rayo que me ha postrado y rendido. Si eres príncipe y señor poderoso y fuerte, así recibirte es bien; mas di: ¿quién eres? Opositor desta vacante a que hoy edictos se han publicado. Levántase Yo también, y me ha pesado de ver que a tus pies estoy; y así, el honor que te di vuelvo atrás. No vuelvas tal, Saca el alfanje o en tu sangre este puñal… Envaina, Pedro; no así me defiendas. Detiénele Por maestro te obedezco ya. Proseguid. Abrid las puertas, abrid. Canta ¿A quién? Al príncipe vuestro. Yo también (¡mi voz me ahoga!) llamaré (¡fiera fatiga!) gente que mi bando siga. ¡Ah confusa Sinagoga! Sale la Sinagoga y Pablo Turbada tus voces sigo, aunque con satisfacción de que a aquesta oposición a Pablo traigo conmigo. Así mis afectos muestro. Tercera vez proseguid. Abrid las puertas, abrid. Canta ¿A quién? Al príncipe vuestro. Aparece la Iglesia en un trono con un libro en la mano y corona y cetro Abrid las puertas, que ya veo en bandos diferentes que a oponerse varias gentes vienen. Los puntos nos da a todos que hemos de leer, nueva deidad de la ciencia. Ten tú este libro, Inocencia. Dale el libro ¿Qué libro es éste? El que ser mereció por su presencia de memoria, en que asentados están los predestinados. De casos es de conciencia. Llegad que, porque malicia no se arguya al elegir, la Inocencia le ha de abrir y yo he de guardar justicia. Tres sillas, tres puestos son, tres prebendas las que aquí hoy están vacas y en mí se dan por oposición. La una es la doctoral de leyes. Pues a esa quiero oponerme yo el primero; pues de la ley natural, hasta la escrita pasé y en ellas soy graduado. Yo también, pues soy laureado en ambas y lo seré en otra que ha de seguir a las dos. Llegan los dos Abre, Inocencia, ese libro de la ciencia, y para leer y argüir da los puntos a los dos de los cánones sagrados que están en leyes fundados. Por esta parte abro a Dios y a ventura. Abre el libro ¿Qué ha salido? La materia léela, pues. Lee La de Sacramentis es. Era fuerza haberlo sido, que esa es la de mis intentos. Y la de los míos también, que es argüir contra quien viene haciendo sacramentos. Retíranse estos y llegan Pablo y Juan La otra de la oposición de aquestos lugares tres es la magistral, que es la de la predicación. Pues en esa es bien que intentes darme puntos para leer, que solamente ha de ser Pablo el doctor de las gentes. También oposición mía es, pues nombre me darán a mí del teólogo Juan. Abre por la teología, dales los puntos que pide ciencia de misterios llena. Abre el libro Dios me la depare buena. ¿Qué materia es? Lee La de Fide. Bien a propósito fue de mi ingenio singular. Sí, que para predicar es primer punto la fe. Mis epístolas dirán quién a Pablo se prefiere. Más lo dirá quien leyere los Evangelios de Juan. Retíranse los dos y llegan los demás y la Sinagoga La Penitenciaria agora es la que vaca tenemos. Todos a esa pretendemos hoy oponernos, señora. Yo también, pues contra todos los que seguís ese bando he de oponerme dudando tan nuevos y extraños modos. De Penitencia veamos qué lee quien a ella se opone. Lee De Attritione et Contritione. Pues ya que juntos estamos y que el ingenio excelente tanto brilla, luce tanto en estas materias cuanto discurre más promptamente, no hay que esperar: argüid en los puntos que han salido. Supuesto que soy y he sido en todo el primero, oíd: La materia deste día, que ha tocado a mis intentos, es la de los sacramentos, ley es de la ciencia mía, en que defiendo, que son dos del hombre las fortunas: por generación las unas y por regeneración las otras. Pues aunque viva por generación cualquiera, ninguno vivir espera sin que por agua reciba renaciendo nuevo ser, cuya regeneración es de la confirmación revalidada al tener adulta edad; a quien sigue la penitencia, que a ser viene más que renacer, porque el que a hacerla se obligue no solamente renace pero, si bien la ejercita, a nuevo ser resucita de culpa en que muerto yace. Y aquesta resurrección trae por mayor excelencia después de la penitencia el paso a la comunión. Aguarda, espera, que aunque desde sus principios niego tan nuevas proposiciones, como las que vas haciendo, a esa cuarta he de argüirte, o dejando o remitiendo poder renacer el hombre o vivir después de muerto. Y así, siendo, como soy, del gran Judaísmo el pueblo, quiero con razones suyas empezar el argumento. Atención, que todo es traducción del Evangelio. ¿Quién eres tú para que o creamos o dudemos que tienes autoridad de hacer sin más fundamentos opiniones? ¿Eres Elías? No soy Elías. Di presto, ¿quién eres? La luz del mundo; quien fuere en mi seguimiento no pisará las tinieblas, luz de vida tendrá. Bueno; ¿y eres tú, dime, el que trae testimonio de todo eso? Yo de mí mismo le traigo y es el mejor y más cierto. ¿Tú solo eres quien lo dices? Conmigo a mi Padre tengo y en tu ley escrito está: testimonio verdadero, el testimonio es de Dios. ¿Dónde está tu Padre? Necio, sabe de mí, sabrás dél. ¿Qué quieres decirme en eso? ¿Qué eres el Mesías? Tú lo dices. Pues no lo creo, ni creeré nada que digas. Si verdad te digo, pueblo, ¿por qué no me crees? Porqué samaritano eres pienso; y aun pienso, sí, que demonio tienes. Demonio no tengo; honro a mi Padre y por él te sufro tales desprecios. Él por mí dice que quien admita mis sacramentos y mis pasos siga, crea que no morirá en eterno. ¿Cómo ha de admitirlos nadie (ya que a la cuestión volvemos, punto de la oposición) si asentado en el primero que el hombre renace, pasas a la confirmación luego, que es el segundo; y después asientas en el tercero que la penitencia puede resucitarle? A mí eso de la penitencia toca y así la réplica quiero tomar, pues esto no es salir del discurso vuestro. Renacer el hombre de agua de Espíritu Santo Inmenso por el bautismo no es materialmente entendiendo que vuelve a nacer, sino espiritualmente, siendo ser segundo el que recibe. La penitencia es lo mesmo porque allí no resucita a segunda vida el cuerpo, sino el alma. Contra, yo desta manera argumento: bautismo ni penitencia no dan vida, ni ser nuevo; luego es falso cuanto dices. El antecedente niego. Yo pruebo el antecedente: quien te enseña ese precepto no ha tenido autoridad para establecerle, luego con achaques de atentado, de sospechoso y superfluo, es falso. Niego; que a mí nadie me ha enseñado esto, que la razón natural y sobrenatural, puesto que ambas en el hombre asisten, me lo ha enseñado. Contra eso: de ese peregrino vienes en el bando, ¿luego es cierto que aprendiste sus errores? Esa consecuencia niego, porque apenas le conozco. Dél lo has aprendido. No he hecho. Ya tres veces has negado la fuerza de mi argumento. Pedro, ¿que no me conoces? No me mires tan severo, que ya, ya de tu justicia los graves rigores tiemblo. ¿Por mi justicia no más sientes negarme? Sí siento; por tu amor también me pesa y ser quien eres, y espero llorar mi culpa de suerte que alcance perdón. Con eso de atrición y contrición has leído con acierto y pues tras la penitencia la comunión viene a tiempo; proseguid los dos. La duda es en que confuso encuentro más repugnancias: ¿qué es comunión? Bueno va esto, poco a poco ya del día se han entrado en el misterio. Es una unión que ha de hacerse entre el hombre y Dios, subiendo el hombre a ser Dios, bajando Dios a ser hombre. ¿Qué medios son los de esa comunión? Un bocado en que mi cuerpo sacramentado ha de estar en las especies y velos de pan, no ya pan, sino carne y sangre; porque huyendo la substancia, el accidente queda. Contra, así argumento: en buena filosofía principio es que todo cuerpo ocupar debe lugar, el pan tiene cuerpo; ¿luego la carne en él no le ocupa? La mayor distingo. ¡Ea!, presto. En buena filosofía principio es que todo cuerpo ocupar debe lugar; el cuerpo extenso, concedo; el cuerpo que está con modo indivisible, eso niego. ¿Quién me podrá asegurar, engañándome a mí mesmo, que sea carne el pan? La fe. ¿Qué es fe? Yo ese punto tengo, y así la réplica es mía. Fe es un sacrificio ciego del alma por el oído cautivo el entendimiento. Contra: ¿cómo, di, es posible, si pan gusto, si pan veo, si pan huelo, si pan toco, comer carne y sangre? Haciendo que esta fe supla piadosa del sentido los defectos. No es posible, y no ya solo con la pluma mi desvelo lidiará; mas con la espada, cuando animoso y soberbio contra los incircuncisos esgrima el templado acero. Entonces y agora yo rendirte y postrarte pienso con sola una voz. ¿A mí con voz? Sí. ¿Cómo? Diciendo Pablo, ¿por qué me persigues? Cae en el suelo Calla, que esa voz me ha muerto. Mas no, la vida me ha dado, pues ilumiunado veo en favor de mi fortuna todos los cielos abiertos. ¿Pablo? Ya Pablo no soy, ya no vivo yo en mí mesmo, porque vive Cristo en mí; huid, Sinagoga y pueblo, o yo de los dos huiré. ¿Qué tienes? Decirlo intento, pero fáltame la voz y así por escrito quiero, Judaísmo, hablar contigo. Suelta el libro. Quita el libro a la Inocencia y escribe mirando al Judaísmo Ya le suelto, por ver la epístola que Pablo escribe a los hebreos. Mil veces antiguamente y de mil modos diversos a nuestros padres habló Dios por los profetas nuestros, pero nuevamente hoy no nos habla en boca dellos, porque más claro se explica en boca de su Hijo mesmo. El cual, como es esplendor de su gloria y es concepto de su substancia, ha enviado su virtud toda en el Verbo. Si a los ángeles creímos antes de ahora siendo menos, al Hijo de Dios creamos. Solo él por siglos eternos es Dios y tener no pueden sus años fallecimiento. ¿Eso me escribes a mí? Y a los romanos y efesos. Primero muerto a mis manos te verás. Pasaré huyendo deste lado, en que ya dije la Epístola, al Evangelio. Pasa al otro lado Esto es pasarse la escrita a la ley de gracia. Y eso, ¿qué texto me lo asegura de la Escritura? Toma San Juan el libro y lee Este texto; dame, Pablo, el libro. Atiende: en el principio era el Verbo, el Verbo estaba tan uno en Dios que Dios era el mesmo Verbo. Esto era en el principio, que todo por él fue hecho y sin él no fue hecho nada. Cuanto hizo en un momento fue vida y luz de las gentes; la luz luce en sombras, pero las sombras ni las tinieblas esta luz no comprendieron. Antes de ahora fue enviado a alumbrar el universo un hombre, de quien el nombre era Juan, como Lucero. Señala al Baptista Este vino en testimonio de la luz y para efecto de que todos la creyesen; por él no era luz, el mesmo testimonio de luz sí, y de luz cuyos reflejos iluminan los vivientes. En el mundo estaba, habiendo hecho al mundo, pero el mundo no le conoció y viniendo a lo que crió sus propios mismos le desconocieron. Y así, a los que le adoraron y su doctrina admitieron les dio potestad de hacerse regenerados de nuevo por la gracia hijos de Dios. Y porque su fe creyeron, nacieron segunda vez, no del natural deseo y voluntad de la carne, que de Dios mismo nacieron. Y subiendo el hombre a Dios, bajó a hacerse carne el Verbo, Hinca la rodilla que habitando entre nosotros como de gloria heredero del Padre, su gloria vimos de gracia y de verdad lleno. Aunque tú como escribano legal de ese bando ciego me lo des por testimonio, no lo creo, no lo creo. Ya que en esta competencia la confesión dijo Pedro y atrición y contrición cifró en su arrepentimiento, la epístola dijo Pablo y escribiendo a los hebreos, el libro ha pasado donde Juan ha dicho el Evangelio, a mí proseguir me toca el sacrificio. Y supuesto que el principal punto es cerca de los sacramentos para el mayor os convido: conmigo venid aquellos que seguirme queráis. Todos tus pisadas seguiremos. Yo, que no te he de seguir (por ahora, por lo menos) y que desta oposición no aguardo a ganar el premio para que veas cuán poco he de sentir el desprecio, la silla en que has de asentarte darte de mi mano quiero. Dale una cruz Toma, toma, que ésta es la cátedra que yo pierdo y tú ganas. Al tomar la cruz Emanuel, suena ruido como truenos y terremoto De tu mano la recibo muy contento. Yo no, pues ya mueven guerra contra mí los elementos, amotinada la inmensa fábrica del universo. ¡Qué maravilla! ¡Qué asombro! ¡Qué prodigio! ¡Qué portento! En tanto que yo consulto al compás de tanto estruendo para ocupar los lugares conmigo los votos, quiero ir cantando en tu alabanza por si así aplacan los cielos las cóleras de sus rayos, himnos, canciones y versos. Mi voz será la primera. Y todos te ayudaremos. Pues de tres lugares vaya este cántico compuesto. Hincándose de rodillas canta mientras Emanuel con la cruz pasa por medio triunfando Omnes Prophetas et lex, usque… …ad Ioannem phophetaverunt. Eso dijiste a las sombras, agora en su cumplimiento ¿qué dirás? Ecce Agnus Dei. Y después que con el dedo le enseñas, ¿qué hay qué decir? Tantum ergo Sacramentum. Vanse ¿Esto sufres? ¡Ah cobarde, infame, abatido pueblo! Aun sin mí te has de quedar que, ofendida del desprecio con que has quedado vencido, confuso, turbado y ciego, he de dejarte sin aras, sin altares y sin templos. Prófugo y vago has de andar siempre en el mundo, extranjero sin casa ni domicilio por las ajenas huyendo. Vase. Vuelve la tempestad Sinagoga, escucha, espera, oye, aguarda. Mas… ¿qué es esto? Sin Sinagoga el pueblo perseguido, sin ley el pueblo en sangre salpicado, yo, con ser yo, me siento confundido de que tú, con ser tú, me hayas dejado; y más agora que de horror vestido el sol se mira en nubes rebozado, con tan mortal, tan gran melancolía, que no parece que nos trae el día. Fuente que a las orillas del mar nace, flor que a las puertas del abril fallece, llama que al encenderse se deshace, hoy la temprana edad del sol parece, pues al primero paso en sombras yace, pues al primero albor se desvanece, andando cielo y tierra todo junto como casa de príncipe difunto. Bandolera del sol ha parecido la noche que a matarle estaba al paso; y es verdad que en su púrpura teñido le deja, ¡triste horror!, ¡triste fracaso!, la faz sangrienta, el corazón herido. ¿Quién sabrá si es oriente o si es ocaso aquel porque mezclándose a porfia en cifra el sol hoy nos ha escrito el día? Cobarde el mar, las verdinegras plumas que le rizan fingiendo hermosos mayos asimismo abrevió porque entre sumas angustias teme y pálidos desmayos que han de ser monumento las espumas que la cólera apaguen de los rayos, y está esperando su nevado hielo a si se cae o no se cae el cielo. Las chirimías Y más agora que al son de sonoros instrumentos que han sucedido en el aire a relámpagos y truenos veo mi competidor sentado en el alto asiento que yo por baldón le di, donde triunfando y venciendo nubes de carmín y rosa le enseñan a todo el gremio de su bando que cantando le dan el víctor a tiempo que la Iglesia, ya su esposa, el cántico repitiendo de la oposición publica a quien se han de dar los premios. Ábrese una nube y vese Emanuel, sentado en un trono con la cruz a las espaldas Venid, mortales, venid, venid, pero no a oponeros, sino a ver en la ley de la gracia a quien da la Iglesia laureles y premios. Ábrese otra nube y aparece la Iglesia sentada en una mesa donde está un cordero que, a su tiempo, como dicen los versos, se convierte en hostia y cáliz, y todos salen al tablado con la Música Peregrino, peregrino, el claustro de tu colegio la doctoral de las leyes rinde a tus merecimientos, y aceptando la de gracia te adora en aquese asiento. Triunfante en él hago trono, Judaísmo, del desprecio. La de penitencia da al arrepentido Pedro porque él de la penitencia ejercerá el ministerio con futura sucesión de la silla en que te veo. La doctoral le da a Pablo, a quien gentílico el pueblo deba la predicación. Ufano estoy. Yo contento. Y porque desta vacante ninguno quede sin puesto, el Evangelista Juan de Patmos tendrá el gobierno, donde águila remontada escriba arcanos misterios dándole la teología la cátedra de su imperio. El Baptista, del Jordán sirena y cisne en un tiempo, dará admiración cantando en sus últimos acentos. La grande Jerusalén será prebenda de Diego, hasta que España le tenga en sagrado monumento. Y como fueren llegando unos a otros sucediendo será el ámbito del mundo república de mi gremio. Y para que tan festivo día tenga el cumplimiento de alegría que merece, yo a todos convido, pero al pan que tú has convertido, siendo antes legal cordero, en sacrificio inefable de tan alto Sacramento. Suenen mil veces las voces para que acabe con esto La vacante general todos a un tiempo diciendo: Venid, mortales, venid, venid, venid, no a oponeros, sino a ver en la ley de la gracia, a quien da la Iglesia laureles y premios.